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Hay que cabalgar el tigre

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Control tigre
Edificio de la Contraloría General de la República.

-I-

Cuando los sijs indios decidieron luchar por una sociedad sin castas, libre del numeroso panteón de dioses y demonios de la religión hindú que gobernaba sus vidas de manera asfixiante, tuvieron que imponerse al dogma de que: «El que monta a un tigre, no puede descabalgar». En su lugar, proclamaron que: «Hay que cabalgar el tigre», domarlo y llevarlo por buen camino.

Mil años después, entre los refranes populares convertidos en mitos fundadores de la Revolución Cubana se encuentra: «Esto no lo tumba nadie, pero no lo arregla nadie tampoco». Aunque puede interpretarse como reflejo del apoyo popular al Gobierno a pesar de sus desatinos, o un reconocimiento a la eficacia de su aparato represor, siempre me ha parecido un argumento falaz para justificar la eternización del grupo hegemónico en el poder.

Continuidad
(Foto: APF)

Siguiendo con los adagios, prefiero este atribuido al mismísimo Albert Einstein: «No podemos resolver problemas con el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando creamos ese problema». Un pretendido nuevo modelo civilizatorio que no muestre sus ventajas en lo económico y político, difícilmente podrá imponerse en los demás planos de la vida social de manera definitiva.

Sin un programa de gobierno creativo, flexible, sustentable y fiscalizado por la ciudadanía, que garantice elevados y sostenidos índices productivos y una vida cada vez más democrática, sus éxitos podrán ser grandes y sorprendentes coyunturalmente, pero, al ser efímeros, estará condenado a desaparecer más temprano que tarde. La soberbia, intolerancia, y en ocasiones ignorancia, de los grandes decisores no es apropiada para estos menesteres.

Si se trata de un gobierno de vocación socialista, donde la burocracia alta y media tiene la potestad de usufructuar la riqueza colectiva que el pueblo le ha confiado, es imprescindible establecer mecanismos reales y efectivos de control popular capaces de abortar esta tendencia. Varios han sido los proyectos diseñados para hacerlo realidad, pero los resultados han sido infructuosos. Repasemos algunos de ellos y analicemos qué podría hacerse para lograrlo en nuestro contexto actual porque los cubanos, como los sijs, hemos de cabalgar al tigre.

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El VIII Congreso del PCC tuvo como idea central la continuidad del proceso (Foto: AFP)

-II-

El triunfo de la Revolución de Octubre no llevó al poder a los soviets de obreros, campesinos y soldados, sino a un gobierno minoritario y omnímodo, el Comisariado del Pueblo, que pronto aplastó a cualquier otro oponente político, aun a los que hicieron la sublevación junto con ellos (eseristas de izquierda, mencheviques revolucionarios, anarquistas). Luego, se volvería contra sus propias disidencias internas (Oposiciones Obrera, de Izquierda, Unificada, etc.) y las extinguiría sin escatimar coerciones y violencias de todo tipo.

En sus últimos escritos, Lenin insistía en crear la Inspección Obrera-Campesina, organismo independiente del Gobierno que fiscalizaría las acciones de la burguesía y la burocracia. Con la llegada de Stalin y sus apparashicks al Poder, Trotsky comprendió tempranamente que la misión de la Inspección cambiaba y se volvía imprescindible: «Pasaron del control sobre la burguesía a la administración de la propiedad nacionalizada. De la administración obrera, al dominio de la burocracia. El nuevo control obrero significaría control sobre la burocracia.» Debería ser el paladín del pueblo ante la burocracia usurpadora, pero jamás lo fue en ningún país de vocación socialista.

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Foto: Sputnik Mundo

En países capitalistas donde el movimiento obrero y progresista adquiría determinadas cuotas de poder, como en la Cuba de los años treinta, se crearían instituciones tipo Tribunal de Cuentas, entidades fiscalizadoras superiores estructuradas como un órgano colegiado responsable de investigar y juzgar la regularidad de las cuentas y gestiones financieras públicas. Sus expertos estaban facultados para realizar la auditoría contable y financiera de todos los sujetos económicos con independencia del Gobierno, aunque la efectividad de este mecanismo para eliminar la corrupción nunca fue alta.

En Latinoamérica, su equivalente son las Contralorías Generales de la República. Con más o menos autonomía en su gestión, estas instituciones han terminando plegándose casi siempre a los poderes del Estado, o llevando a cabo una labor quijotesca que logra desenmascarar determinados negocios turbios, pero es incapaz de eliminar la corrupción como fenómeno consustancial al sistema.

La metástasis de la corrupción en varios países ha llevado a la instauración de verdaderos Estados mafiosos. En estos, una parte importante del PIB se crea por vías ilegales y turbias, lo cual permite a los grupos oligárquicos delincuenciales hacerse con grandes cuotas de Poder y subordinar al Estado/Gobierno a sus fines expoliadores.

-III-

Tras el triunfo de la Revolución el control público sobre el Gobierno, que antes se mostraba inefectivo, ha sido casi nulo. Ante la prevalencia del poder Ejecutivo sobre el Legislativo y el Judicial ? establecido en la poco mencionada Ley Fundamental de 1959? pocos resquicios quedaron para fiscalizar públicamente a los cuadros administrativos. En sectores esenciales para el país y conflictivos jurídicamente como las relaciones agrarias, las demandas ciudadanas contra el INRA y luego el MINAGRI ni siquiera irían a los tribunales; habría que resolverlas dentro del ministerio.

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Fidel junto al doctor Osvaldo Dorticos, ministro Encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias, firma la Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959. (Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas)

La inspección y el control populares sobre la burocracia quedaban en el limbo de los documentos y declaraciones de principios, pero ningún mecanismo práctico empoderaba a la sociedad civil para hacerlo. Las quejas a las autoridades y los anónimos con denuncias de casos aislados serían atendidos a discreción de los propios organismos partidista/estatales ?es decir, se cocinarían en su propia salsa? y las excepciones no se pasarían por alto.

En la posterior fecha de 1973, a raíz de un valiente fallo de la Sala de Asuntos Constitucionales favorable a artistas y escritores que habían sido parametrados, se eliminó la potestad del Tribunal Supremo de Justicia de decidir sobre la constitucionalidad de las leyes, decretos y reglamentos, cuando fueren objeto de controversias entre partes. Este fuero, que provenía de la Constitución de 1901 y fue ampliado por la del 40, nunca más se ha devuelto al sistema de justicia ni siquiera en la Constitución 2019, a pesar de ser ampliamente solicitado en la consulta popular.

Derecho
(Foto: BBC)

En lugar de alguna forma de inspección popular acorde con el carácter supuestamente socialista del Estado, en 1976 se creó el Ministerio de Auditoría y Control para «perfeccionar la vigilancia sobre los bienes patrimoniales públicos». Más de treinta años después, en 2009, con el pretexto de que «su jerarquía era asimilable a la de otros ministerios lo cual mermaba la autoridad de sus decisiones en el orden funcional», la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) promulgó la ley No. 107/09 «De la Contraloría General de la República de Cuba».

Su creación se correspondía con los postulados de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción (2003) que Cuba firmara en 2005 y ratificara en 2007. El nuevo órgano se encargaría de: «ejercer la más alta fiscalización sobre los órganos del poder público, la administración de su patrimonio y la prevención y lucha contra la corrupción administrativa». Aunque se subordina únicamente a la propia ANPP y está estructurada verticalmente en todo el país, en la práctica depende del presidente de la República, quien le encomienda hasta a quién inspeccionar.

Para demostrar su falta de potestades para combatir la corrupción de cuello blanco y poner orden en el desbarajuste económico nacional, basta saber que sus inspectores no pueden fiscalizar ninguna entidad perteneciente al holding GAESA. Esto se debe, no solo a que sus principales empresas y el conglomerado en sí están inscriptos en otros países, sino porque, al ser considerado oficialmente como parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, sus acciones están protegidas de la fiscalización civil por el manto del secreto militar; aun cuando estas entidades no produzcan, importen o comercialicen armamentos, sino otros bienes y servicios que consumen habitualmente la población civil y el turismo.

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(Foto: Cibercuba)

Como los sijs indios del medioevo vencieron al tigre teocrático hindú, los cubanos tenemos la misión histórica, no de destruir o ignorar a la burocracia, pero sí de reducirla al mínimo, someterla al control popular e impedir la eternización del empoderamiento del tigre del burocratismo. Ese camino pasa por la fiscalización popular del Gobierno/Partido/Estado mediante una versión moderna de la Inspección Obrero-Campesina bolchevique, o algún tipo de defensoría efectiva del Pueblo.

Solo una institución colegiada, legalmente constituida con poderes supra administrativos y autonomía individual, obligada a rendir cuentas públicas solo a la máxima instancia del Estado —la Asamblea Nacional del Poder Popular— podrá limitar los excesos y trapicheos de los elementos todopoderosos de la oligarquía burocrática con la propiedad pública y otras riquezas nacionales, y retrotraerlos a sus legítimos dueños y usufructuarios: los elementos populares de la nación, honestos y emprendedores, tanto de la Isla como de la diáspora.

Deporte Cubano: Encrucijada entre estructura y éxito

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Deporte cubano

«Dayana, vamos a apuntar a nuestros hijos en pelota. Tienen tremendo embullo tras ver al equipo Cuba llegar a las semifinales del Clásico Mundial de Béisbol”, comentó Rocío… Sus hijos, Damián y Alejandro, tienen seis años y asisten a la escuela José Luis Arruñada, otrora pre-EIDE (Escuelas de Iniciación Deportivas), enclavada en el barrio de Nuevo Vedado, municipio Plaza de la Revolución.

“¿Pelota? ¡Tú estás loca, Rocío! El niño de Yilian está en segundo y lo apuntaron en el área especial del Ciénaga. Antes de jugar el primer partido con el equipo, ya se habían gastado más de 100 dólares en el traje, los tacos y el guante. Me disculpas, pero ahora mismo mi esposo y yo no podemos permitirnos eso.

¿Sabes cuántas cosas podríamos hacer con esos 100 USD? Además, Damián ahora tiene tremenda furia con la pelota, pero dentro de un mes será el fútbol, con la final de la Liga Española y la Champions a todo esplendor, y su padre persiguiendo las transmisiones de los partidos…”

Indudablemente, el factor económico, la crisis que vive la nación y el flujo migratorio han impactado en la preservación de la estructura deportiva cubana, incidiendo en los contratos de talentos fichados desde edades tempranas.

Los pilotes conceptuales de Deporte, derecho de todo el pueblo promulgados por Fidel e impulsados por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) con expresión a todos los niveles desde la base, constituyen hoy un espejismo. En esto repercuten otras variables internas que han desencadenado que lo que nos convirtió en potencias deportivas a nivel mundial en las décadas del 80 y el 90 del pasado siglo, en la actualidad sean un dejavú en la bitácora de los recuerdos.

Grietas en el dique de la pirámide de formación

En aquel periodo, las escuelas primarias denominadas pre-Escuelas de Iniciación Deportivas (EIDE) eran propicias para que miles de niños conjugaran la vida estudiantil con la iniciación en el deporte. Sólo en La Habana, pueden mencionarse las José Luis Arruñada y Manuel Valdés Rodríguez en Plaza de la Revolución, la Celso Stakemann en Boyeros y la Ciudad Libertad en Marianao, aunque estaban presentes en todos los municipios. Así es como recuerdo mis albores en el judo y el tenis de mesa luego, y como yo, otros tantos Damianes y Alejandros.

Un poderoso sistema de práctica deportiva existía en aquella etapa, estructurado sobre criterios reales de masificación. Entre ellos, los juegos murales o competencias inter-escuelas; las citas municipales donde se concentraba la calidad en correspondencia con los practicantes bajo cierto rigor y constancia en los llamados Combinados Deportivos y la escalada -en dependencia de los resultados y las virtudes individuales y colectivas- al equipo municipal para encarar las lides provinciales.

De este modo, para llegar a incursionar en unos Juegos Escolares, o simplemente ocupar el podio en una competencia provincial de cualquier deporte, se trataba de un verdadero “fuego cruzado”.

Paralelamente, los técnicos de las categorías infantiles se movían en ese entramado competitivo como verdaderos “scouts”, en busca de los ejemplares con mayor talento visible. Por ello, los procesos de captación eran más precisos, tenían una muestra o cantera de la cual escoger mucho más significativa, y su ciclo de vida era más fluido.

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(Foto: Jit)

Incluso, quienes en los primeros años de su vida deportiva no explotaban todo su talento por desarrollo tardío o cualquier otra cuestión, tenían la posibilidad de continuar vinculados a los Combinados Deportivos o a las academias provinciales, como parte de su ciclo formativo.

En tal sentido, justamente eran las EIDE y las Escuelas Superiores de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) los pilares de esta estructura a nivel escolar y juvenil, como antesalas de lo que serían las preselecciones nacionales juveniles y de mayores.

Esa avalancha deportiva no era exclusiva de La Habana o los otros polos citadinos, pues en las zonas montañosas o lugares de difícil acceso existían los denominados Juegos de Montaña. Se trataba de una suerte de miniolimpiadas, que junto a otras competiciones similares, eran vitrina para visualizar, captar el talento, estimular la práctica deportiva y seguir los procesos de crecimiento.

Aunque los años 80 fueron considerados de bonanza en casi toda la vida social, incluyendo el deporte, la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la disolución del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) y la crisis del Período Especial provocaron el serio resquebrajamiento de la famosa pirámide deportiva desde sus cimientos.

La masa de niños practicantes de deportes disminuyó por distintas causas: la desaparición de las denominadas pre-EIDE; el cierre o la disminución pronunciada del quehacer de los combinados deportivos; la migración de los profesionales del deporte hacia otras latitudes o hacia actividades que garantizasen el mantenimiento de sus familias como el turismo o el trabajo por cuenta propia.

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(Foto: Cubadebate)

A lo anterior se sumó otra realidad: la encrucijada de los padres entre poner algo a diario en sus platos, y la posibilidad de dar a sus hijos una actividad deportiva como espacio lúdico y de formación de carácter y espíritu.

Dicho proceso de desmoronamiento se fue acentuando, pues a la desaparición de las pre-EIDE se sumó la de las ESPA de carácter provincial y nacional, la de las preselecciones nacionales juveniles -con excepción del boxeo-, o como mecanismo de bálsamo, su fusión con las de mayores. En algunos casos, la decisión devino en aceleración del desarrollo atlético, deterioro del trabajo individual y personalizado, y el salto a equipos nacionales con muchas lagunas por cubrir.

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(Foto: Radio Rebelde)

Por otro lado, la matrícula de las EIDE se contrajo o se redujo a aquellos territorios con mayor tradición y poderío en algunas disciplinas, como los casos del softbol en Granma, el voly de playa en Ciego de Ávila, la vela en Matanzas, La Habana y Cienfuegos, el tiro con arco en Sancti Spíritus, y el clavado durante muchos años en la propia Atenas de Cuba.

Por si eso no bastara, se detuvieron casi de golpe la Industria Deportiva nacional y las importaciones de equipamiento e infraestructura. A la vez se deterioraron las instalaciones y desaparecieron los escenarios de confrontación en estas categorías deportivas que fomentaba Cuba con países del área como las experiencias con equipos de béisbol, los intercambios de saberes en deportes de combate y atletismo, y los llamados Convivio de baloncesto, con infantiles y juveniles de Puerto Rico.

La economía tampoco cabe en la azucarera

Las bases sobre las que se edificó el sistema deportivo cubano, fundamentado en un derecho que prioriza la masividad, distan de la filosofía mercantil que mueve el mundo del músculo en nuestros días, considerada uno de los nichos de mayor crecimiento e irrupción en los distintos mercados, incluso los bursátiles.

En este sentido, se impone pensar que una economía en extremo deprimida, cuya crisis se ha acentuado en el último lustro, debería pensar en desarrollar una industria deportiva sobre criterios de clubes y mercantilización, ya sea bajo dinámicas contractuales o de patrocinios para quienes descuellen desde edades tempranas por su talento.

No resulta despreciable el hecho de que los gustos y las mentes de nuestros niños han sido penetrados por un fenómeno global denominado planeta fútbol, ya sea por concepto de transmisión en los espacios deportivos de la televisión cubana, la invasión y uso desmedido de las redes sociales y los videojuegos, o el consumo de ese deporte como entretenimiento de primer nivel.

En el mejor de los casos, nuestras series nacionales de béisbol, los torneos sub-23 y otros certámenes domésticos de calidad notoriamente inferior están por debajo de la transmisión televisiva del balompié.

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(Foto: Granma)

Aquí abro un paréntesis, pues bien pudieran dedicarse espacios a otros deportes en los que Cuba goza de mayor prestigio o poderío como el atletismo, la lucha, el judo, el boxeo, el taekwondo o el voleibol, en aras de motivar a los pequeños y plantar cara al furor desatado por el bien llamado más universal de los deportes.

Es cierto que en medio de una profunda crisis, cualquier actividad que se salga del plano de las rutinas cotidianas del cubano y que implique gastos extras habrá que pensársela mucho, y en el mejor de los casos, replanteársela en un futuro cercano.

En una azucarera donde apenas hay azúcar en estos momentos, será en extremo complejo hallar políticas acertadas de reconstrucción, inversiones o suturas a una estructura inoperante y deteriorada para lograr ese batazo que de nuevo nos coloque en planos estelares; y así no ahogar el sueño semifinalista en un Clásico Mundial de Béisbol, una Liga Mundial de Voleibol o una cita del orbe de atletismo bajo el velo gris de no haber escalado por primera vez al podio de premiaciones.

Desde lo personal, añoro mi época de niño y deportista en ciernes, en la cual el mataperreo, el judoguis, los pitenes y salir en la guagua Girón raqueta en mano a competir en cualquier escenario generaba una felicidad y adrenalina incomparables.

En el contén del barrio continuarán esperando no pocos Damianes y Alejandros, mientras para sus padres y para las instituciones a nivel de país, el deporte seguirá lejos de ser una prioridad.

Primero de Mayo en Quito: geografía de los extraños

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En mi niñez el Primero de Mayo era una fiesta. Mi casa se convertía en un espacio de confabulación que era visitado por los compañeros del sindicato de mis padres para pintar carteles o banderas. Yo solía disfrutar embarrarme de pintura, dibujar cualquier cosa y hasta le pedía a mi madre llevar mis propios garabatos a la marcha.

En Placetas (Villa Clara) las marchas no eran muy largas, porque es un pueblo pequeño, mas para mis pies diminutos aquello era todo un reto. Entonces, mi padre me cargaba en los hombros y yo miraba desde arriba: sonaba Pablo Milanés, estaba el Che a mi derecha y Camilo a mi izquierda, junto a un reclamo por la libertad de los 5 héroes delante o algún ¡Liberen a Elián! detrás. En mi cabeza todo aquello era un juego, como lo eran las consignas de Patria o Muerte y lo de ¡Aquí no queremos gusanos!, mientras sonaba la «Marcha del 26 de Julio», en la que Cuba premiaría nuestro heroísmo y hasta «La Internacional» que daba ese toque soviético, añejo, intentando demostrar que Cuba no sería Cuba si faltara el socialismo.

Años después, yo era la locutora de la marcha de mi pueblo y mucho que animé vociferando ¡Viene el sindicato de la cultura, con su carroza y sus consignas! Ahí soltaba yo la frase más repetida de Martí, «Ser cultos es el único modo de ser libres», y ¡ya llega el sindicato de educadores!

Les juro que para mi niña o adolescente temprana, el Día Internacional de los Trabajadores se trataba de consignas y apoyo a la Revolución, no de lucha, ni de reivindicaciones sociales, ni de denuncias.

Sin embargo, un día entre mis quince y diecisiete años todo aquello me empezó a parecer «cheo» porque las consignas no se correspondían con la realidad. Mi madre me levantó para ir a la marcha y le pregunté: ¿qué pasaría si alguien sale con un cartel donde dice lo mala que está la cosa? La respuesta fue: «Eso aquí no se puede». Ese día le dije: «No voy» y me quedé durmiendo.

No volví a ir hasta muchos años después. Estaba en cuarto año de la carrera y me había convertido en zurda de corazón, pero zurda de verdad: crítica, tozuda, harta de los cuentos infantiles y de las consignas repetidas; con unas ganas tremendas de hacer una revolución. Regresé a la marcha del Primero de Mayo, con un pie enyesado y rodeada de amigos de diversas organizaciones de izquierda que querían vivir un día de los trabajadores en Cuba.

No fue una sensación grata, la compañía sí lo fue, sin embargo, todos esos símbolos volvían a mí, resignificados esta vez: los «líderes» en la tribuna saludando como monarcas, la música que apela al «patriotismo», el «obrerismo» soviético forzado que permanecía, y nada tiene que ver con el espíritu criollo. Pero lo que me sobrecogió no fue tanto lo que había, sino lo que faltaba. Parecía que los obreros no tenían nada que exigirle al gobierno. Tiempo después, el 11 de julio de 2021, hubo miles de exigencias en las calles, y como consecuencia, miles de presos políticos.

Al año siguiente (2022) en vísperas del Primero de Mayo, la mayoría de quienes disienten en Cuba fueron advertidos o retenidos en sus casas. Lo sé de primera mano porque a la otrora adolescente que conducía esos desfiles en Placetas, la seguridad del estado cubana, y específicamente, la policía del municipio de 10 de Octubre en La Habana, le hizo un acta de advertencia formal con carácter preventivo para que no asistiera a la marcha, por «gusana».

Quito, donde la protesta es un privilegio

Esta es la primera vez que paso el Primero de Mayo lejos de Cuba, y es la primera vez que se cancela desde que tengo uso de razón. Dicen que por las condiciones climatológicas y francamente no les creo, porque a cuántas tribunas abiertas, a cuántas marchas pasadas por agua no habrá asistido el pueblo cubano. No estoy aquí para juzgar si es cierto o no el motivo de la cancelación, sino para señalar lo simbólico del hecho para mí.

Primero mayo quitoCuando me fui, sentía como Cuba se derrumbaba en mi imaginario, como si dejara de existir en la misma dimensión. Es como si nada estuviera en su lugar. Salí a las calles de Quito a marchar, como quien busca a Cuba y busqué allí, en la multitud, las reivindicaciones que me hubiera gustado ver en mi país natal: ¡Libertad para los presos políticos!, ¡No a la corrupción! Demandas por salud, educación, vivienda digna, seguridad social, etc…

Ciertamente, muchas de esas últimas demandas, la Revolución cubana las garantizó, pero me dolió mucho pensar que, en la Cuba de hoy, con el deterioro de las condiciones de vida y de varias garantías sociales, aquellos carteles podrían encajar perfectamente en las calles. En cuanto a las demandas políticas: libertad de disenso, lucha contra la criminalización de la protesta, pues desde hace mucho eran reivindicaciones necesarias.

Primero mayo quitoCuando llegué a la marcha en Quito, una militante que recién conocí me presentó a sus amigos. Eran miembros del Comité de Solidaridad con Cuba. Los saludé, me interrogaron con extrañeza y tuve en la garganta la pregunta: ¿se solidarizan también con la causa de los presos políticos?, pero no la hice, porque ellos enseguida me dijeron: «Estamos aquí contra el bloqueo» y esa es una solidaridad más que necesaria. Les agradecí y continué mi camino.

Luego vi a los guevaristas de Movimiento Tierra y Libertad (MGTL), que junto al Comité 15 de noviembre y el Partido Comunista Ecuatoriano prendieron fuego a un muñeco que representaba a Guillermo Lasso, recordé entonces las historias de mi amiga Gabriela Gallardo, actual presa política del MGTL, que cumple una sanción de 5 años de reclusión domiciliaria.

Gaby me contó cómo viven las presas ecuatorianas en la cárcel de Latacunga, cómo las torturan, cómo les dan azufre en la comida para que no se vean desnutridas, cómo viven sin agua, cómo las familias deben encargarse hasta de proveerles un colchón, y si no tienes familia, duermes en la litera de cemento a temperaturas de cinco y menos grados.

Avancé un poco más y la marcha era hermosa: música por doquier, batukadas feministas, banderas, carteles de ¡Abajo Lasso!, pero en los laterales de la manifestación: hordas de niños desnutridos mendigando, ancianos vendiendo hasta su alma con caras tristes,migrantes tirados en las aceras con la boca aún azul de la sobredosis de basuco.

Vi a un muchacho flaquísimo robando en una tienda y siendo golpeado por los chapas (policías) que estaban como aves de rapiña, esperando la más mínima desobediencia civil para violentar a la población, como ya lo hicieron en el paro de 2022, con un saldo de más de 5 muertos. Ahí supe que protestar es un privilegio y que este sistema capitalista margina a miles de personas. Pensé en Zygmunt Bauman y su construcción de «los extraños», los excluidos, los que deben ser temidos, de los que hay que protegerse y supe que, en ese momento, para el gobierno, los manifestantes éramos «los extraños».

Primero mayo quitoSobre nuestras cabezas sobrevolaban drones vigilándolo todo y sentí esa sensación de inseguridad que vivimos en Ecuador, después de que Guillermo Lasso legalizara el porte de armas. El asaltante podría haber estado armado —pensé—. Qué bien que lo persiguiera la policía —pensé— y luego lo vi: desnutrido, con acento colombiano, rodeado de guardias, con una bolsa de leche en la mano. Para mí, y para el resto de los manifestantes, «los extraños» eran los marginados. ¿Quién detiene a los que están matando de hambre a Latinoamérica? —pensé.

Al llegar a casa, publiqué algunas fotos de la marcha en mis redes. «Viva la democracia», comentó alguien. No obstante, el pueblo ecuatoriano estuvo hoy en las calles, como han estado desde hace 15 años frente a la Corte Constitucional sindicatos como Cervecería Nacional, pidiendo el pago de sus utilidades y siendo ignorados porque el gobierno tiene un pacto feroz con las transnacionales. Estuvo, también, como están ahora los sindicatos de plataformas peleando por derechos laborales y siendo criminalizados, como estuvieron asimismo perseguidos los opositores durante el gobierno de Rafael Correa que descorporativizó y debilitó a la sociedad civil ecuatoriana.

Primero mayo quitoDíganle a la democracia que la ando buscando, que no la conozco. Si alguien sabe dónde está, que me avise, para saber cómo es. Solo sé que no es blanca, burguesa o burócrata; que no saluda como monarca en la tribuna y en todo caso, no es un pueblo que se muere de hambre, donde el narco masacra a diario y los niños mendigan en las calles.

La democracia no es solamente libertad de manifestación. La democracia en abstracto no es garantía de nada y no será garantizada por la burocracia, más allá de su signo político. Esta lucha es constante, y la de los trabajadores cubanos por sus derechos, actualmente no se diferencia mucho de la del resto de Latinoamérica. Ojalá algún día en Cuba podamos, al menos, salir legalmente a dar la batalla, ojalá en Latinoamérica no sean asesinados o torturados cuando salen sin permiso. Solo así dejaríamos de ser «los extraños».

Primero de Mayo: desafíos y pendientes de los trabajadores cubanos

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Primero de Mayo Cuba Trabajo
(Foto: Resumen Latinoamericano)

Hoy se conmemora el Día Internacional del Trabajo a raíz de la huelga obrera que tuvo lugar en Chicago de 1886 para exigir jordana laboral de ocho horas, y que culminó con la masacre ocurrida el día 4, en la plaza de Haymarket, con varios manifestantes muertos a manos de la policía junto a otros apresados y posteriormente ejecutados.

Actualmente, en varias partes del mundo esta demanda sigue estando vigente. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, más del 46% de los empleados de sectores clave en países de ingresos bajos trabajan largas jornadas y casi el 60% carecen de protección social.

En Cuba, luego de 1959, históricamente se ha celebrado con un gran desfile que se convoca y organiza desde el Estado. Este año, debido al déficit de combustible, se sustituyó por actos de alcance local, los cuales fueron pospuestos para el día 5 —según la información oficial— por inclemencias meteorológicas.

Primero de Mayo TrabajoEsta vez, la fecha arriba en el contexto económico más desfavorable de las últimas tres décadas; con una inflación desmedida que ha minado la capacidad de compra del salario medio y las pensiones, una crisis migratoria que ha reducido parte significativa de la fuerza laboral, una privatización paulatina en ciertos sectores económicos que ha traído también un debilitamiento de los derechos laborales, y una organización sindical que continúa sin representar plenamente al pueblo trabajador.

En nuestro editorial del pasado año, nos remitíamos al artículo 31 de la Constitución de la República, que concibe al trabajo como «un valor primordial de nuestra sociedad» y establece que «debe ser la fuente principal de ingresos que sustenta condiciones de vida dignas, permite elevar el bienestar material y espiritual y la realización de los proyectos individuales, colectivos y sociales».

Un año después, sigue siendo de interés llamar a su lectura. Mientras la carta magna respalda el papel del obrero en el proceso de planificación, regulación, gestión y control de la economía; el verticalismo en las decisiones continúa primando con una estrategia inversionista y políticas públicas que desoyen demandas civiles y criterios de expertos.

El primero de mayo constituye una fecha para destacar los esfuerzos de la ciudadanía y sus conquistas en garantías para un mejor ejercicio del trabajo, pero también debería ser un motivo para la reflexión y acción por la puesta en práctica de los derechos laborales, y por contrarrestar las condicionantes sociales, políticas y estructurales que los limitan.

Congreso Nacional de Educación y Cultura: preludio a una crisis cultural

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Congreso Nacional de Educación y Cultura
'1971'. De la serie 'Re-construcción. Quinquenio gris', de Alejandro González, 2015.

La celebración del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura —ocurrido entre el 23 y el 30 de abril de 1971—, constituyó uno de los momentos más influyentes en la política cultural en los 70, e inauguró algunas de las páginas más polémicas y dolorosas de la historia artística y literaria de Cuba.

El encuentro, marcado por acontecimientos como la muerte del Che en Bolivia (1967), el apoyo —no sin reservas— de Cuba a la invasión soviética a Checoslovaquia (1968), la ofensiva revolucionaria contra la pequeña propiedad privada (1968) y el fracaso de la Zafra de los Diez Millones (1970); revivió el debate sobre el rol de los intelectuales y artistas en el naciente sistema político, y concluyó con una serie de acuerdos que marcarían una postura más extremista e intolerante, y que inaugurarían el llamado Quinquenio Gris.

En su declaración final, la directiva del Congreso expuso su definición de arte como arma de la Revolución y condenó «aquellas tendencias que se basan en un criterio de libertinaje con la finalidad de enmascarar el veneno contrarrevolucionario». A la par, propuso la revisión de las bases de los concursos literarios nacionales e internacionales, así como el análisis de las condiciones ideológicas de los integrantes del jurado y el criterio mediante el cual se otorgaban los premios.

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(Foto: Archivos del PCC)

Tal decisión respondía directamente a casos como los de Heberto Padilla y Antón Arrufat, autores premiados en los certámenes de la UNEAC de 1968, cuyas obras Fuera de Juego y Los Siete contra Tebas, fueron consideradas derrotistas, hipercriticistas y moralmente cuestionables, pese a su calidad literaria.

Al mismo tiempo que se trazaban estas directrices, los acuerdos finales del Congreso le impregnaron una visión dogmática y autoritaria a la gestión estatal de los procesos culturales. Uno de estos planteba que los medios culturales no podían servir de marco a la proliferación de falsos intelectuales «que pretenden convertir el esnobismo, la extravagancia, el homosexualismo y demás aberraciones sociales, en expresiones del arte revolucionario». Más adelante, se proponía que «en la selección de los trabajadores de las instituciones supraestructurales, tales como universidades, medios masivos de comunicación, instituciones literarias y artísticas, etc., se tomen en cuenta sus condiciones políticas e ideológicas».

Este último punto fue un antecedente directo de los procesos de «parametración» en centros educativos y culturales, y se correspondía con un pensamiento machista y homofóbico generalizado en la sociedad cubana.

Quinquenio gris
Ambrosio Fornet bautizaría al período como Quinquenio Gris. (Foto: Cubadebate)

Para intelectuales como Ambrosio Fornet, Arturo Arango, Desiderio Navarro y Guillermo Rodríguez, el Congreso Nacional de Educación y Cultura quebró la política cultural establecida por Palabras a los Intelectuales, dañaron el consenso en torno al proyecto de nueva sociedad y abrieron heridas profundas que han tardado en cicatrizar.

Su celebración marcó un antes y después en una etapa en la cual todo se consultaba y discutía –aunque no siempre se llegara a acuerdos entre las partes–, a otra signada por una política cultural impuesta por decreto que excluyó y marginó a intelectuales críticos, jóvenes admiradores del rock, y personas con creencias religiosas.

Aprender de los errores pasados para evitar repetirlos en el presente y el futuro es una lección de la historia que no deben omitir quienes tienen en sus manos la responsabilidad y el poder de dirigir un nación. Sucesos más recientes como la desintegración de espacios críticos como la Muestra Joven Icaic, el acoso a múltiples artistas e intelectuales que expresan sus inconformidades con el Estado y la censura de tres documentales programados en el espacio cultural El Ciervo Encantado, confirman que muchas de estas ideologías y procederes aún no han sido superadas.

Una sociedad justa y democrática necesita canales de diálogo y de participación ciudadana, así como espacios de inclusión para aquellos que no necesariamente comparten la ideología imperante, pero que pueden y quieren contribuir a la construcción de un mejor país.

Brutales simbolismos

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Simbolismo
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Cuando en este país suceden a diario tantas cosas absurdas y dolorosas por las que uno indignarse, no vale la pena dejarse molestar uno por los cartelitos que colgaron esta vez en los postes, previo al 1ro de mayo —pienso. Pero padezco este mal de leerlo todo, aunque trate de evitarlo, y me parecen tan absurdos, tan falta de todo, que termino haciendo unas pocas fotos que no son ni medianamente buenas, lo reconozco.

Lo bueno son los carteles. Por insulsos, en algunos casos. O por reiterativos, vacíos de sentido, y porque ofenden el sentido común y la inteligencia de los ciudadanos. No hay que explicar demasiado, según entiendo. Basta contrastar el optimismo y la falsedad de tales proclamas con la realidad que se vive, que se sufre día a día, exacerbada por estas semanas de escasez de gasolina. Tanta escasez, que decidieron suspender en todo el país las grandes marchas de “reafirmación revolucionaria” por el día de los trabajadores. No sé si había sucedido alguna vez, y bajo cuáles circunstancias.

Simbolismo
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Pues a pleno sol sigo caminando, porque me gusta y porque un taximoto que antes cobraba 80 pesos hasta mi destino ahora pide 200, en el mejor de los casos. Caminar hace bien —me digo para relajarme, y añado—: Mente sana en cuerpo sano…

Pero mi mente, que alguna vez estudió psicología social y campañas y estrategias de comunicación, y hasta creó mensajes de bien público, lee otro cartel y de inmediato le surge una pregunta que pudiera parecer insulsa, pero no: ¿Quién, o quiénes, los hizo? ¿Quién fue el genial equipo creativo?

Simbolismo
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Simbolismo
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Yo supongo que todo ocurrió un viernes, pasado ya el mediodía, en el departamento de propaganda de la institución encargada (¿el PCC?). Era viernes, y el cuerpo lo sabe. Los trabajadores estaban jugando dominó esperando a que dieran al menos las dos de la tarde, para no irse tan temprano, cuando llegó el jefe:

—¿Cómo anda por acá mi aguerrido y laborioso colectivo? No, no se detengan, ¡qué pasa! ¿No hay confianza? Pueden escucharme mientras terminan esa data… Compañeros camaradas, compañeras… hace aproximadamente tres minutos y 33 segundos nuestro esforzado colectivo recibió la honrosa misión de diseñar, elaborar y distribuir por toda la ciudad los carteles conmemorativos de este primero de mayo. No tengo que recordarles que estos carteles tienen la misión de convocar a las masas al desfile, de arrastrarlas, si se me permite la palabra, y además, deben encerrar, también, si se me permite la palabra, deben encerrar la idea de unidad esperanzadora y que al final del camino encontraremos el futuro esperado. Por cierto, se venderá cerveza de pipa al finalizar el desfile, y habrá una orquesta de primer nivel amenizando la tarde.

Simbolismo
(Foto: Néster Núñez/LJC)

 

No voy a hacer el cuento muy largo. El Jefe se fue en su Lada a resolver otro asunto importante, no sin antes proponerle al colectivo hacer un Domingo Rojo, trabajo voluntario, si no terminaban ese mismo viernes los carteles.

Con tal entusiasmo, el colectivo creativo del departamento de propaganda dio lo máximo de sí. Y no lo digo en tono de burla. Supongamos que no era un viernes, sino otro día cualquiera, incluso en horario de la mañana, acabados de llegar de casa… ¿Qué desayunó esa gente? ¿Cómo llegaron al trabajo? ¿Cuánto le pagan y cuantos días les alcanza el salario? ¿Cuántos de ellos revenden la pintura o los pinceles para llegar a fin de mes? ¿O cuántos trabajan en una Mypime como rotulista o diseñador, para hacer unos pesos extra?

La gente piensa como vive, dijo alguien. La base económica condiciona la ideología.

Para los Juegos Panamericanos de La Habana 91 se diseñó una tremenda campaña de comunicación. El estadio olímpico no se terminó, pero los jóvenes llevaban en las muñecas los pulsitos de colores chillones y se hizo famoso aquel cartel en los muros: «Somos felices aquí». Después, en plan meme, aunque no había internet, salió la ingeniosa respuesta: Imagínate allá. (respuesta que no negaba la felicidad isleña, pese a la tremenda crisis). La UJC, con Robertico Robaina al frente, hizo la tarea propagandística, que no impidió el maleconazo y la tremenda estampida de los balseros en el 94, porque, otra vez, la gente piensa como vive. La propaganda no puede cambiar esa realidad.

Simbolismo
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Y en el 96, el ahora presidente Díaz-Canel era el primer secretario del partido en Villa Clara, y convocó a un grupo de expertos en comunicación para diseñar la campaña para lograr la sede de la emulación nacional por el 26 de Julio. Así que en el departamento ideológico saben de la importancia de este asunto. Solo que la realidad es tan evidente, que los argumentos no les alcanzan para convencer a nadie.

Una muestra son los carteles en los postes. Ni los simples trabajadores que los escribieron se creen lo que ponen. Que el país avanza, dicen. ¿Hacia dónde? Que estamos ganando… ¿A quién? Que Viva Cuba libre… ¿Libre de quién o de qué?

Simbolismo
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Hay uno que sí, que me dolió porque expresa lo que sentimos muchos y porque está de cabeza y porque allí, paradójica, casualmente, había una patrulla. Brutal simbolismo en una imagen.

Simbolismo
(Foto: Néster Núñez/LJC)

Libertad de expresión, medios, manifestación y creación: un debate inconcluso

Libertad de expresión
(Imagen: Brady Izquierdo)

La libertad de expresión sigue generando debate y polémica en el contexto cubano e internacional. Aquí se abordarán cuáles son sus límites y garantías, a partir de propuestas de organismos internacionales, el análisis de instrumentos jurídicos cubanos y las acciones que han trascendido a la agenda pública.

El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos asume la libertad de expresión como «la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de comunicación e independientemente de las fronteras; ya sea oralmente, por escrito o impreso, en forma de arte, o por cualquier otro medio de su elección».

Este término se relaciona con otros derechos como la libertad de prensa, o su derivación más contemporánea llamada «libertad de medios», que presupone una regulación por parte de los Estados de los contenidos publicados, con el fin de evitar discursos de odio o desinformación, y la prerrogativa de los medios a determinar los contenidos propios de su agenda. Conjuntamente respeta el derecho de cualquier ciudadano o grupo a crear, gestionar y colaborar con medios de comunicación, así como la garantía del carácter plural de estos, lo cual, según la Organización de Naciones Unidas (ONU), «constituye una condición necesaria para la diversidad de contenidos y la promoción de la igualdad de género y la inclusión social».

Otro concepto con el que habitualmente se vincula es la libertad artística o de creación, definida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como «la libertad de imaginar, crear y distribuir expresiones culturales diversas sin censura gubernamental, interferencia política o presiones de actores no estatales», e incluye el derecho de todos los ciudadanos a acceder a esas obras.

Existe cierto consenso en los investigadores sobre el tema en torno a la necesidad de que los Estados impongan restricciones a discursos de odio, desinformación y mensajes extremistas; no obstante, las mayores discrepancias se centran en cómo delimitar las fronteras entre una opinión ciudadana o periodística y un contenido censurable por resultar discriminatorio, ofensivo o dañino a la sociedad.

Al respecto, el profesor uruguayo Martín Risso apunta la necesidad de establecer indicadores claros acerca de qué es censurable y qué no. Risso advierte que en la formulación de dichos parámetros es preciso evitar cualquier margen de ambigüedad que favorezca un uso partidista por cuenta de la élite política dominante.

Cuba en contexto internacional

Según el informe de la Unesco «Tendencias mundiales en libertad de expresión y desarrollo de los medios» (2021/2022), el 85 % de la población global ha experimentado una reducción en la libertad de prensa en su propio país. El documento registra, entre 2016 y 2021, 455 asesinatos de periodistas —123 en América Latina y el Caribe—, de los cuales solo el 13% fueron resueltos judicialmente. Asimismo, el encarcelamiento de profesionales de la comunicación ha alcanzado cifras históricas.

Libertad de expresión
Tendencias en libertad de expresión y desarrollo de los medios: Informe mundial 2021/2022

En los últimos diez años, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) registró 495 asesinatos por motivos que se vinculan a su trabajo y 225 por causas sin confirmar. Los países de la región latinoamericana y caribeña con más muertes son México (81), Brasil (27), Honduras (18) y Colombia (15); mientras que en Cuba no hay casos reportados. En cuanto a los encarcelamientos prolongados, en el pasado año en LATAM y el Caribe solo se registraron profesionales de los medios en prisión por ejercer su labor en Guatemala (2), Nicaragua (1) y Cuba (1).

Según el informe del CPJ, en la Isla se mantiene en la cárcel al periodista Lázaro Yuri Valle Roca, quien
combinaba su trabajo en medios no estatales con el activismo opositor, y fue penado en 2022 por los delitos de resistencia y propaganda enemiga.

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En contraste, la organización Reporteros sin Fronteras califica a Cuba como el octavo país del mundo con más limitaciones a la libertad de prensa, atendiendo a cinco indicadores relacionados con el contexto político, legal, económico, social y de seguridad. Las principales razones esgrimidas por esta organización son la existencia en la nación de leyes y normativas que impiden la legalización de la prensa fuera de los marcos estatales, sumada a presiones y ataques por parte de los organismos del Estado para que periodistas independientes desistan de su oficio o abandonen el territorio nacional.

Paralelamente, el antes mencionado reporte de la Unesco afirma que desde 2016 se han aprobado 57 leyes en 44 países que «contienen un lenguaje demasiado impreciso o castigos desproporcionados que amenazan la libertad de expresión y la libertad de prensa en Internet». Esta situación se hace más grave cuando existen conflictos bélicos como el actual entre Rusia y Ucrania.

Otro informe de la ONU alerta que la existencia de conflictos entre países vecinos es a menudo utilizada por los Estados como justificación para limitar la libertad de medios bajo la premisa de «luchar contra la desinformación». Este ha sido el argumento principal del gobierno cubano para sustentar políticas y acciones que obstaculizan la pluralidad de enfoques y de modelos de gestión de los medios de comunicación. En ello juega un papel fundamental el diferendo con Estados Unidos y la estrategia explícita sostenida por sucesivas administraciones de fomentar un cambio de régimen en la Isla.

Leyes y hechos: la esencia de la contradicción

El artículo 54 de la Constitución de 2019 refiere: «El Estado reconoce, respeta y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresión». Aunque el siguiente acápite «reconoce a las personas la libertad de prensa», aclara que «los medios fundamentales de comunicación social, en cualquiera de sus manifestaciones y soportes, son de propiedad socialista de todo el pueblo o de las organizaciones políticas, sociales y de masas». Sin embargo, no define qué se entiende por «fundamentales» y qué sistema de propiedad o gestión tendrían los «no fundamentales».

El no reconocimiento del ejercicio del periodismo fuera de los medios estatales o los extranjeros acreditados, se ha acompañado de la criminalización en el discurso público de los profesionales que trabajan en los referidos espacios, donde a menudo los presentan como «mercenarios». Asimismo, han sido objeto de detenciones arbitrarias, como le ocurrió recientemente al humorista, editor y articulista Jorge Fernández Era.

Muchos de estos profesionales denuncian presiones por parte de organismos del Estado sobre ellos y sus familiares, para que abandonen su oficio o emigren.

No obstante, si bien el Art. 56 de la Carta Magna otorga derechos de reunión, manifestación y asociación «con fines lícitos y pacíficos», aún no existe una ley que los garantice y regule, además de que en múltiples ocasiones las fuerzas policiales han impedido su ejercicio. Ejemplo de ello fue lo ocurrido a la Dra. Alina Bárbara López el 6 de abril cuando se manifestaba pacíficamente en el Parque de la Libertad en Matanzas.

En cuanto a la creación artística, el Art. 32 afirma que se promueve su libertad «en todas sus formas de expresión», para luego acotar que será «conforme a los principios humanistas en que se sustenta la política cultural del Estado y los valores de la sociedad socialista».

El debate en torno a la libertad de creación se tornó puntualmente confrontativo en la Isla a raíz del Decreto Ley 349 de 2018, que exigía a todos los creadores pertenecer a una institución estatal para hacer presentaciones públicas comerciales, y prohibía la utilización de medios audiovisuales que mostraran violencia, pornografía, lenguaje vulgar u ofensivo, entre otras contravenciones. El instrumento legal fue sumamente cuestionado y provocó múltiples protestas de artistas e intelectuales que alertaron de las posibles deformaciones e interpretaciones extremistas por parte del funcionariado.

Si bien no se conoce un solo caso de la aplicación del mencionado decreto —que tampoco ha sido derogado formalmente—, han trascendido múltiples episodios de censura a creadores por su posición política o por el mensaje de sus obras, que han provocado rupturas entre una parte de este sector y la institucionalidad cultural. La disolución de la Muestra Joven Icaic, luego de que su junta directiva se negara a censurar el documental Sueños al pairo, la aplicación de la Ley de Símbolos Nacionales al artista y activista opositor Luis Manuel Otero Alcántara —actualmente en prisión por los delitos imputados de ultraje a los símbolos de la patria, desacato y desórdenes públicos— o los impedimentos para la presentación de la antología La peor generación, son solo algunos ejemplos de censura institucional y estatal, mas no los únicos. En la presente semana, el espacio cultural El Ciervo Encantado anunciaba la cancelación por indicaciones del Ministerio de Cultura de las proyecciones de tres documentales programados en su sala, «sin explicaciones hacia artistas cuyas obras dignifican y conforman la cultura cubana», según relata la nota publicada en su página de Facebook.

Pasando al entorno digital, el Decreto Ley 370 de 2019 sobre «la informatización de la sociedad en Cuba», regula aspectos necesarios en relación con la seguridad informática, pero prohíbe «difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas»; términos cuya ambigüedad permite una interpretación discrecional y arbitraria por parte de los funcionarios que los apliquen y su utilización
como represalia hacia las ideas disidentes.

Por último, el Código Penal cubano también muestra artículos imprecisos que pueden dar margen a la limitación de la libertad de expresión, como el 431, inciso d, que castiga «expresiones que denigren a los consejos u otras estructuras electorales y a sus autoridades», o el 124, que condena a quien confeccione, distribuya o posea propaganda que «incite contra el orden social, la solidaridad internacional o el Estado socialista».

Bajo el homólogo de este último artículo en el instrumento legal anterior, se condenó al joven Luis Robles por portar un cartel en la vía pública que pedía la libertad, el cese de la represión y la excarcelación de un activista opositor preso por desacato. Las figuras de desórdenes públicos e instigación a delinquir también fueron utilizadas para sancionar a manifestantes que durante los sucesos del 11 de julio —a diferencia de otros condenados por delitos de mayor gravedad— no tuvieron actitudes violentas contra personas ni destruyeron bienes materiales.

***

La libertad de expresión constituye un elemento medular en el desarrollo democrático de cualquier sociedad. Además de ser un derecho humano, resulta la principal arma de la ciudadanía para exigir rendición de cuentas al poder. Los Estados tienen el derecho y el deber de regular la forma en que se ejerce en aras de evitar que sea utilizada para agredir a personas o grupos sociales en situación de desventaja o socavar el orden constitucional, pero la regulación no debería tener altos márgenes de ambigüedad e imprecisión, ni ser aplicada para limitar a la ciudadanía su derecho a colocar en agenda pública temáticas de su interés, proponer reformas o expresar abiertamente
confrontaciones o discrepancias con la administración y el sistema político.

Cuando se aplican prácticas autoritarias con el fin de imponer una determinada ideología u opinión, lejos de unificar el pensamiento y suprimir el surgimiento de voces críticas, se provocan fragmentaciones y quiebres. Un contexto así es el perfecto caldo de cultivo para que la polarización y el extremismo escalen a la violencia como única forma de resolver los conflictos, que, en cualquier Estado, se manifiestan entre la administración política y las bases populares.

Como recomienda la ONU en su informe sobre la desinformación y la libertad de opinión y de expresión: «La regulación estatal de los medios sociales debería concentrarse en la transparencia, en los derechos de los usuarios en materia de debido proceso y en el deber de precaución de las empresas respecto de los derechos humanos, y asegurar que la independencia y las competencias de las instancias reguladoras estén claramente definidas, garantizadas y limitadas por la ley».

Entre la continuidad y el inmovilismo

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Lazo continuidad
(Foto: Estudios Revolución)

El pasado día 19 de abril, la primera sesión de la X Legislatura de la Asamblea Nacional cubana “eligió” a quienes ocuparían las máximas responsabilidades del Estado y el Gobierno para los próximos cinco años. Las comillas utilizadas no son gratuitas. En realidad, no ocurrió elección alguna porque la “Comisión de Candidatura” presentó solo un candidato para cada una de las responsabilidades a elegir.

En efecto, fueron ratificados Miguel Díaz Canel Bermúdez como presidente de la República, Salvador Valdés Mesa como vicepresidente, Manuel Marrero Cruz como primer ministro y los seis viceprimeros ministros Ramiro Valdés Menéndez, Jorge Luis Perdomo Di-Lella, Inés María Chapman Waugh, Jorge Luis Tapia Fonseca, Alejandro Gil Fernández y Ricardo Cabrisas Ruíz.

 

Por otra parte, Esteban Lazo Hernández (79 años) fue ratificado como presidente de la Asamblea Nacional; Ana María Mari Machado, como vicepresidenta; y Homero Acosta Álvarez, como secretario.

En el Consejo de Ministros, además de la ratificación del primer ministro y los viceprimeros ministros, fueron ratificados diecisiete jefes de organismos centrales del Estado y nombrados seis nuevos.

Pocas personas dudaban acerca de la casi segura reelección de Díaz-Canel como presidente y de Marrero como primer ministro. Sin embargo, algunos pensaron que habría cambios en la vicepresidencia (aunque esta tenga funciones esencialmente ceremoniales). También podrían esperarse modificaciones en la presidencia de la Asamblea Nacional, dada la edad y condiciones físicas de las dos personas que han sido ratificadas en ambas posiciones.

Eslabón perdido
(Foto: Abel Rojas Barallobre / Juventud Rebelde)

Habría tenido mucho sentido, puesto que la Constitución impide a Díaz Canel ejercer un tercer período en la presidencia, —a menos que sea cambiada como ocurrió en China— que la vicepresidencia fuera ocupada por alguna persona que pudiera entrenarse para el siguiente período, teniendo en cuenta que se mantenga el actual sistema, el cual está muy lejos de ser democrático. También habría resultado lógico que la presidencia de la Asamblea Nacional fuera encargada a una persona más joven y con mejor salud, que pudiera darle un mayor dinamismo al “órgano supremo del poder del Estado”, aunque hasta ahora este solo ha sido un foro en el que todo se ratifica por unanimidad y en el que no hemos visto a diputado alguno ejercer la iniciativa legislativa con la presentación de proyectos de ley, sino que únicamente se discute lo que envía el gobierno para su ratificación.

Resulta difícil entender que, siendo un país pequeño, Cuba tenga un Consejo de Ministros integrado por seis viceprimeros ministros, y que uno de ellos tenga 91 años de edad y otro 86, este último designado además ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, una de las principales carteras económicas. No creo que sean edades adecuadas para ejercer funciones gubernamentales que requieren gran esfuerzo personal y energía, además de alta capacidad ejecutiva.

No parece lógico que si Raúl Castro y José Ramón Machado Ventura, ambos nonagenarios, carecen de responsabilidades ejecutivas, Ramiro Valdés deba continuar desempeñándolas, teniendo en cuenta su muy avanzada edad.

Raúl Castro
(Foto: AFP)

Cabrisas, por su parte, fue ministro de Comercio Exterior durante veinte años entre 1980 y 2000, y a partir de entonces se desempeñó un tiempo como ministro sin cartera (en el caso de Cuba suele llamársele ministro del Gobierno) y entre 2016 y 2018 como ministro de Economía y Planificación. Durante ese tiempo también ejerció primero como vicepresidente del Consejo de Ministros y luego como viceprimer ministro, al cambiar de denominación la nomenclatura de cargos en la administración central del Estado. Es decir, lleva más de 40 años en el gobierno de Cuba y ahora asume una función ejecutiva, también con una edad muy avanzada.

En el área económica del gobierno, además del mencionado cambio en Comercio Exterior e Inversión Extranjera en el que Rodrigo Malmierca fue reemplazado por Cabrisas, solo se produjo un movimiento en la cartera de Finanzas y Precios, donde Meysi Bolaños fue reemplazada por su viceministro primero Vladimir Regueiro Ale, quien antes se había desempeñado como director de Presupuesto. Regueiro, además, fue uno de los testigos presentados por el gobierno cubano en el reciente juicio de Londres sobre la deuda externa cubana.

Continuidad Regueiro
(Foto: Prensa Latina)

Por otra parte, hace solo dos meses había sido nombrado como ministro-presidente del Banco Central de Cuba, Joaquín Alonso Vásquez, en sustitución de Martha Sabina Wilson, quien había ejercido dicha responsabilidad desde 2019.

Aunque, como es usual en el caso cubano, casi nunca se informan las razones de los cambios realizados en posiciones de dirección, existen causas evidentes que pueden explicarlos, pero estas también habrían sido válidas para el reemplazo de otros ministros que, sin embargo, conservaron sus puestos.

El desempeño del sector externo del país es lamentable, pero lo son también los sectores productivos y de servicios. Tanto la industria, como la agricultura, transportes, comunicaciones, construcciones e incluso el turismo muestran evidentes signos de estancamiento e ineficiencia.

De igual manera, se ha deteriorado la capacidad exportadora de bienes y aunque no contamos con cifras actualizadas —porque no son ofrecidas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información— es evidente que Cuba no ha sido capaz de atraer la inversión extranjera directa que necesita para remontar la crisis. Pero eso no depende solo de un ministro, sino de las condiciones del país, los incentivos para invertir, las expectativas de los inversionistas respecto a las oportunidades de negocios, el “riesgo-país”, así como de las garantías a sus inversiones. En esos aspectos, Cuba carece de atractivo, y esto también es válido para todo su sistema económico.

Inversiones (4)
(Foto: Ricardo López Hevia)

En cuanto a la política fiscal, es sabido que en los últimos años se ha incrementado el déficit fiscal del país y la relación entre este indicador y el Producto Interno Bruto (PIB). Aunque el déficit fiscal de 2021 bajó a 11,7% del PIB de los 17,6% en 2020, es casi el doble de 2019 cuando había sido 6,2% (ONEI, 2022). Sin embargo, si bien la disciplina fiscal es parte de las funciones del ministro de Finanzas y Precios, es claro que, por las características del funcionamiento del gobierno cubano, decisiones políticas de tal calado son tomadas en niveles más altos.

Por otra parte, si de eficacia en el cumplimiento de sus responsabilidades se tratara, resulta incomprensible que se ratifique al ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, quien también se mantiene como viceprimer ministro y aunque no existen funciones públicamente delimitadas para esas responsabilidades, podría asumirse que debería estar a cargo del área económica.

MinistroEn política económica se han cometido gravísimos errores, entre ellos, la llamada «Tarea Ordenamiento, mal diseñada y mal aplicada, adoptada en el peor momento posible; la creación de tiendas en monedas libremente convertibles que ratificó la dolarización parcial de la economía, cuando lo que se necesitaba era una unificación monetaria y cambiaria; la desatención de la política inversionista hacia los sectores industrial y agrícola, priorizando el sector inmobiliario y hotelero, con bajas tasas de ocupación; el mantenimiento de excesivas restricciones a las actividades económicas privadas y cooperativas, mientras se pretende mantener al sector estatal como el pilar de la actividad económica, cuando carece de recursos financieros, tecnológicos y de materias primas para salir de su actual estancamiento. Sin embargo, lo más grave es la ausencia de una verdadera concepción estratégica para sacar a la economía de su profunda crisis estructural. Por otra parte, el ministro Gil ha sido incapaz de considerar —con espíritu autocrítico— las observaciones de muchos especialistas a raíz de estas decisiones.

En el caso del Banco Central, podía observarse que cada intervención de la anterior ministra denotaba una insuficiente preparación para la función que le habían asignado. En cualquier país del mundo, esta es una responsabilidad crucial y además de condiciones políticas —hay que tener la economía del país en la cabeza—, se requiere de solidez técnica y profesional, porque se supone que el banco central es el responsable de la política monetaria.

De una manera muy especial, la política monetaria en Cuba ha sido totalmente equivocada, sobre todo a partir del llamado «Ordenamiento» que en realidad ha significado un «Desordenamiento», en tanto ha sido incapaz de controlar la alta inflación; de adoptar un sistema monetario unificado; mantiene una moneda nacional que no puede cumplir plenamente sus funciones como dinero dentro del territorio nacional; y se han vuelto a usar tipos de cambio múltiples, cuya ineficacia está probada tanto en Cuba como en varios países latinoamericanos como Argentina y Venezuela recientemente, si bien existen muchos ejemplos en épocas anteriores.

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(Foto: Cubatel)

En la situación actual, la realidad es que la “Tarea Ordenamiento” no ha resuelto ninguno de los problemas que debía solucionar la unificación monetaria, porque no ocurrió tal cosa sino una cadena de desequilibrios macroeconómicos más graves que han impactado negativamente sobre el nivel de vida de la población.

Ahora bien, adicionalmente es necesario destacar que en Cuba el banco central es una agencia del gobierno y depende de las decisiones de su más alto nivel, mientras la experiencia internacional sugiere que el banco central sea independiente, de forma tal que si la política monetaria se basa en un objetivo de inflación determinado (inflation target), el ejecutivo no le pueda imponer al banco una política de monetizar los déficits presupuestales con emisión monetaria. Esto es lo que ha pasado en Cuba y es una de las razones principales de la alta inflación que, en este caso, es especialmente grave porque está acompañada de un estancamiento económico.

Estamos en una situación de “estanflación”, es decir, la combinación de un estancamiento económico con inflación, un fenómeno que tiene como precedente la crisis desatada en los años setenta del siglo XX como resultado del embargo petrolero y la subida de precios decretada por los principales países exportadores miembros de la OPEP, como represalia al apoyo de Estados Unidos y Europa Occidental a Israel durante la Guerra del Yom Kippur. La “estanflación” dificulta la aplicación de los instrumentos tradicionales de política económica expansiva para enfrentar las recesiones cíclicas motivadas por insuficiencia de demanda efectiva.

En el caso cubano, la crisis no está motivada por fenómenos cíclicos coyunturales, aunque la coyuntura haya actuado como agravante. Se trata de una crisis estructural y multidimensional que requiere de profundos cambios tanto en el sistema económico como en el institucional, a los que me he referido en otras publicaciones. No parece posible que un equipo de gobierno que no ha sido capaz de enfrentar la crisis del país con un programa sistémico y audaz de reformas esté en condiciones de lograrlo con las mismas personas, habituadas a mecanismos de dirección y gestión que han probado su ineficacia. En este caso pareciera que la divisa de la “continuidad” se acompaña de inmovilismo. Ahora bien, aunque las personas y sus mecanismos de trabajo juegan un rol de gran importancia, lo más importante es el sistema y si no se producen cambios profundos en él, no es viable que se solucionen las contradicciones que emanan de su interior.