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¿Qué podemos esperar de las nuevas asociaciones entre empresas mixtas estatales y privadas?

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empresas estatales
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Durante la Asamblea Nacional del Poder Popular de diciembre de 2023, el primer ministro cubano Manuel Marrero preguntaba: «¿Cómo es posible que una empresa estatal alquile sus talleres, en vez de encadenarse? Eso es ceder su capacidad productiva. ¿Qué futuro tienen esos trabajadores?». Luego agregaba: «Proponemos el encadenamiento, pero el verdadero encadenamiento productivo. ‘Tengo el taller, los mecánicos, pero no las piezas. Y usted, de la MIPYME, tiene financiamiento para arreglar maquinaria y echar a andar de conjunto, repartir beneficios, rescatar capacidades subutilizadas’».

Recientemente se ha publicado el Decreto-Ley 114/2025, que aprueba la creación de asociaciones entre empresas estatales y del sector privado cubano, podría estar encaminado a dar respuesta a esas preguntas y planteamientos hechos en diciembre de 2023.

No profundizo en las posibles causas sobre la demora en promulgarse las nuevas normativas, más de un año después de esa reunión en la Asamblea Nacional, o el porqué se aprueban desde finales de 2025 pero salen publicadas en el último mes del primer trimestre de 2026. El tiempo para los hacedores de política es al parecer muy distinto al deterioro que viene atravesando la economía cubana.

Lo que más desconcierta es que se mantiene recurrente —al igual que en diciembre de 2023—, tanto para hablar de la inversión extranjera como para la nacional, la idea de que lo que falta a la empresa estatal —y a Cuba, en general— es financiamiento en divisas. Por tanto, si un privado, o un empresario extranjero, aporta financiamiento, es visto como una varita mágica: rápidamente se solucionarán los problemas, las empresas comenzarán a producir y todos contentos y satisfechos.

¿Y dónde quedan las «distorsiones» que hacen que las empresas no funcionen como deberían, tengan pérdidas, no devuelvan financiamientos, pierdan trabajadores experimentados, enfrenten otras realidades y, al final, vuelvan al mismo estado inicial? Entrecomillo la palabra «distorsiones» porque ya hasta quedó eliminada del recientemente renovado Programa de Gobierno, sin nunca aclararse cuáles eran las «distorsiones» diagnosticadas y cómo erradicarlas. ¿Ya dejaron de existir?

¿Dónde quedaron la falta de autonomía empresarial, la complicada estructura empresarial —como ministerios, OSDE, UEB—, los precios centralizados, las plantillas abultadas, las tasas de cambio que no favorecen sus exportaciones, el límite de gastos (el llamado Certificado de Liquidez), entre otras cuestiones, generalmente relacionadas con la hipercentralización, que siguen siendo la base de la ineficiencia de muchísimas empresas estatales?

Cabe aclarar que la norma en sí es positiva, pues se les permite a las nuevas asociaciones, entre otros aspectos, la importación y exportación directa, la desvinculación del plan centralizado de la economía, la contratación de personal y otras libertades. Pero lo preocupante de la norma no es lo que dice, sino lo que deja de decir: ¿cómo podrán las contrapartes estatales seguir el ritmo habitual de las empresas privadas, acostumbradas a una toma rápida de decisiones, asumir riesgos y buscar soluciones —incluso en el mercado informal— con tal de no parar la producción? ¿Cómo podrán establecer cuentas conjuntas empresas estatales y privadas cuando ambas operan con mercados cambiarios diferentes, ninguno totalmente funcional? Son solo dos de las tantas preguntas que surgen.

Entonces, ver al privado o al extranjero solo como una fuente de financiamiento, sin entender sus propósitos y naturaleza productiva, es un error de base. Una alianza debe implicar ganancia para ambas partes. Y no solo financiamiento es lo que necesitan las empresas estatales, sino mucho más:

  • Agilidad en la toma de decisiones. ¿Qué facultades tendrá, o cómo se inmiscuirá, el representante de la empresa estatal en el día a día de la nueva asociación?
  • ¿A qué mercados podrá dirigir su producción? ¿Con qué precios, con qué moneda o monedas podrá operar y con qué tipo de cambio?
  • ¿Por qué vías obtendrá las divisas necesarias para pagar las materias primas y continuar con la producción?
  • ¿Cómo se devolverán los financiamientos recibidos en divisas?

Tal vez los decisores lo tengan claro, pero el documento aprobado y hecho público deja muchísimos vacíos imprescindibles para que un empresario tome la decisión de entablar una alianza con una empresa estatal.

Por otro lado, es de todos sabido que las empresas estatales y las privadas funcionan como en galaxias diferentes:

• objeto social restringido vs. objeto social más amplio o más fácil de actualizar;
• precios aprobados a nivel central vs. precios liberados;
• inversiones a aprobar a niveles superiores vs. aprobación a nivel de la propia empresa;
• mercados dirigidos vs. mercados libres;
• distintos tratamientos en cuanto al acceso a la materia prima, la moneda de las ventas, conversión de CUP a divisas, transferencias hacia el exterior, salarios, disponibilidad de electricidad, agua, gas o combustible, y muchas otras variables.

También está presente la competencia muy dispareja entre uno y otro sector, porque si bien las empresas privadas pueden tomar decisiones que no pueden ni imaginar las empresas estatales (aunque no pocas veces arriesgándose a infringir la ley, como pasa en la conversión de CUP a divisas o el traslado de divisas desde Cuba hacia el exterior), también las estatales suelen obtener prerrogativas no otorgadas a las empresas privadas, como el pago de aranceles y otras ejecuciones aplicándose el tipo de cambio USD/CUP del segmento 1 (24:1), o el rescate con el presupuesto del Estado en caso de irrentabilidad.

¿Hacia qué galaxia harán que se inclinen las nuevas empresas y asociaciones de capital estatal y mixto? ¿Habrá muchos privados interesados en probar suerte y poner su capital a disposición de estos emprendimientos mixtos, sin conocer el ámbito de actuación y prerrogativas de estas asociaciones?

En otras ocasiones se ha mencionado que las empresas, por supuesto, necesitan financiación, pero no es lo que más necesitan, porque cuando todo lo demás funciona —un producto demandado, un mercado, un salario atractivo, unos directivos bien preparados y dispuestos a tomar decisiones audaces—, el capital aparece con mayor facilidad, y con un capital menor se puede ir creciendo a medida que la empresa genera ganancias. En cambio, cuando estos elementos no operan correctamente, puede haber la mayor inversión del mundo que terminará dilapidada.

Igualmente, el Decreto-Ley 114 es un reconocimiento indirecto de que el modelo con el que funcionan las empresas estatales presenta tantas trabas que les impide desarrollarse con normalidad y, por tanto, se necesita «otro tipo de empresas» que puedan operar en un ambiente de menor centralización y con libertades básicas como elegir proveedores, poner precios y decidir el salario a los trabajadores. Entonces, si se considera que las nuevas asociaciones de capital mixto van a ser exitosas, debido a las prerrogativas y ámbitos de actuación que se les han aprobado, ¿por qué no se aprueban las mismas condiciones para las empresas estatales, llamadas a ser la forma fundamental de producción del país?

Algunas de estas propuestas estaban en la Ley de Empresas que sigue dormida en alguna oficina. Pero que se apruebe un mecanismo de asociación entre entidades estatales y privadas, sin darle a las estatales verdadera autonomía, es limitar el alcance de la medida, pues pronto aparecerán las contradicciones entre dos modelos que operan en mundos completamente opuestos. Muy distinto sería si ambos sectores tuvieran reglas del juego similares.

Por último, en estos días se ha mencionado que por largo tiempo se esperaba la aprobación de negocios mixtos entre el Estado y el sector privado. Y es cierto, pero más todavía se ha clamado por la aprobación de negocios mixtos entre el sector privado cubano y empresas extranjeras. Una unión más natural entre empresas del mismo «universo», y donde es más fácil encontrar ese capital abundante que se persigue. ¿Para cuándo se puede esperar algo así?

Cubanos en Ecuador, migrantes sin embajada

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Embajada Cuba Ecuador
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El gobierno de Ecuador declaró el 5 de marzo de 2026, persona non grata al embajador de Cuba en Quito, Basilio Antonio Gutiérrez García, y ordenó la expulsión de toda la misión diplomática cubana. La decisión fue comunicada por la cancillería ecuatoriana, que concedió 48 horas para que los 21 integrantes de la delegación abandonaran la embajada y el país, invocando el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que permite declarar persona non grata a diplomáticos extranjeros sin necesidad de justificar la medida. 

De manera simultánea, el Ejecutivo ecuatoriano también puso fin a las funciones de su embajador en La Habana, una decisión que profundiza el deterioro de las relaciones bilaterales. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) calificó la medida de «arbitraria e injustificada» y denunció que constituye un acto «inamistoso y sin precedentes» que daña las históricas relaciones entre ambos países. La cancillería cubana señaló, además, que fue comunicado sin presentar argumentos que lo justificaran y que se trata de una acción que rompe con las prácticas diplomáticas habituales. 

Este hecho marca uno de los momentos más tensos en la relación entre Cuba y Ecuador en los últimos años y abre un escenario de incertidumbre para los servicios consulares y los programas de cooperación bilateral que permanecían activos, pero sobre todo desampara a los migrantes cubanos que residen en el país andino. 

Una persona a la que llamaré Roxana para proteger su identidad es cubana y vive en Quito desde hace más de 20 años. Es cercana a integrantes del cuerpo diplomático y conoce de primera mano la experiencia de quienes tuvieron que partir tras la ruptura abrupta de relaciones entre Cuba y Ecuador. Según relata, a los funcionarios se les impidió salir de la embajada incluso para resolver necesidades básicas, a pesar de que algunos tenían niños pequeños. 

También cuenta que los últimos funcionarios tuvieron que llegar al aeropuerto el viernes a las ocho de la mañana, aunque su vuelo salía a las seis de la tarde, porque a las 10 de la mañana se cumplían las 48 horas que tenían para abandonar el país.

En entrevista con La Joven Cuba, advierte sobre la orfandad que significa para los cubanos la ausencia de representación consular. Se pregunta, por ejemplo, ¿qué va a pasar con los cubanos que fallecen en el Ecuador y cómo se van a realizar trámites urgentes de este tipo? Tras más de dos décadas viviendo en el país, asegura que la decisión le tomó por sorpresa.

 «Yo llevo 26 años en Ecuador y jamás había visto algo así», comenta. A su juicio, durante años han llegado al país misiones de médicos, deportistas y docentes universitarios cubanos, y sostiene que los migrantes de la Isla han contribuido a la economía y a la sociedad ecuatoriana. «Nosotros hemos venido a crear, a hacer, a ayudar», concluye.

La decisión del gobierno ecuatoriano no es casual. Responde al  alineamiento con la política exterior de los EE.UU., y se produceen un momento en que Donald Trump ha desplegado ataques militares contra Venezuela e Irán y ha declarado que Cuba es el siguiente país en su lista. 

No es fortuito que solo un día después de la ruptura de relaciones con Cuba se le viese a Noboa junto a Trump en la Cumbre Escudo de las Américas en Miami saludando la bandera y posteriormente reunido con Kristi Noem, exsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y actual enviada especial para el Escudo de las Américas. Paralelamente, el mandatario ecuatoriano anunció que el 13 de marzo firmará el acuerdo comercial recíproco con EE.UU., que baja notoriamente los aranceles entre ambos países. 

A pesar de este escenario, en Quito se congregaron personas frente a la embajada cubana para protestar contra la medida de Noboa. El movimiento Revolución Ciudadana (RC) expresó en un comunicado que el Gobierno adoptó esa postura en sintonía con la política de la administración estadounidense de Donald Trump. La RC consideró que la decisión «no responde a los intereses ni al sentir del pueblo ecuatoriano». Artistas e intelectuales ecuatorianos también se reunieron en la Casa de las Culturas en una jornada de solidaridad con Cuba. 

¿Cómo afecta a los cubanos estar sin embajada en Ecuador?

Laura vive en Quito desde hace tres años, es ciudadana ecuatoriana porque su padre vive en Ecuador desde hace mucho. Ahorró durante el 2024 para que su mamá pudiera venir a visitarla y pensaba comenzar el trámite para que ella obtuviera una visa de turista el próximo mes. El pasaporte cubano de Laura vence pronto y no puede entrar a Cuba con el pasaporte ecuatoriano. Laura no sabe cuándo verá de nuevo a su madre porque no puede ni solicitar una visa para ella, ni renovar su pasaporte en suelo ecuatoriano. 

El abogado Dr. h. c. Frank Braña Fernández, especialista en derechos humanos, políticas públicas y movilidad humana es el asesor legal por excelencia de los migrantes cubanos en Ecuador. Braña advierte que las decisiones adoptadas en las últimas horas tendrán efectos directos sobre su comunidad.

Uno de los principales problemas, para él, está relacionado con la imposibilidad de legalizar documentos necesarios para numerosos trámites migratorios y civiles. «No hay un trámite a realizar que no lleve documentos del país de origen», afirma. Incluso quienes llevan años viviendo en Ecuador deben presentar certificaciones emitidas en Cuba para procesos como naturalización, solicitudes de visa o cambios de categoría migratoria.

Entre los documentos requeridos figuran certificaciones de nacimiento, antecedentes penales o constancias de estado civil. «Si va a hacer la naturalización, necesita certificación de nacimiento, aunque lleve diez años viviendo en el Ecuador. Si va a ser un proceso de visado o de cambio de categoría migratoria, va a necesitar documentos tales como antecedentes penales, en los casos que corresponda, certificaciones de nacimiento», dice. También menciona trámites civiles: «Para inscribir un matrimonio en el Ecuador hay que traer la certificación de matrimonio de Cuba. Para casarse hay que traer la fe de soltería de Cuba».

Todos esos documentos deben atravesar un sistema de validación consular, « tienen que pasar por el sistema de legalización, tanto allá como aquí, y se ha cortado esa posibilidad de legalizar», advierte, lo que a su juicio «da una afectación a la comunidad cubana en el Ecuador».

Braña subraya además que existe confusión sobre los mecanismos de validación documental. «Hay un falso concepto cuando se dice “voy a apostillar”. Los documentos no se apostillan, los documentos se legalizan porque Cuba no es signataria del Convenio de La Haya», aclara.

En ese procedimiento, el consulado cubano cumplía un papel clave. «Cuando se hace aquí va a haber un paso intermedio que obligatoriamente le corresponde al consulado de Cuba, que es el reconocimiento de firma», señala. Sin ese paso, los documentos no pueden continuar el proceso de validación en Ecuador.

El retiro de la representación consular, advierte, elimina ese mecanismo. «En el momento en que se retira el consulado se deja de prestar el servicio de legalización y el servicio de reconocimiento de firma». La consecuencia es directa: «Ni bien se puede traer un documento emitido en Cuba y ya legalizado por el Minjus para legalizarlo en el Ecuador, porque no existe el ente que reconozca firma».

El abogado también considera que la situación diplomática ha ido escalando en los últimos días. «Aunque no hay un documento oficial que diga ruptura de relaciones diplomáticas, lo que se ha hecho es una ruptura de relaciones diplomáticas», sostiene.A su juicio, el retiro del personal diplomático y la entrega del inmueble que ocupaba en Quito indica que la crisis ha escalado y que no se prevé una solución inmediata. 

El diplomático y profesor cubano Carlos Alzugaray también advirtió en entrevista con LJC que la ruptura de relaciones entre Cuba y Ecuador afectará de manera directa la atención a los ciudadanos cubanos residentes en Quito y las gestiones consulares. Señaló que, en este tipo de situaciones, lo habitual es que un tercer país asuma la representación de los intereses del Estado afectado. Sin embargo, reconoció que aún no está claro qué nación podría encargarse de esa función. 

Alzugaray recordó que históricamente las relaciones entre ambos países han sido cercanas, especialmente durante el gobierno de Rafael Correa, cuando existían fuertes vínculos políticos y culturales. En ese contexto, mencionó la relación histórica de Cuba con el entorno del artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamín y su familia, así como el acercamiento tradicional de diversos actores políticos ecuatorianos con La Habana. No obstante, el diplomático consideró que el actual deterioro de las relaciones responde principalmente a cambios políticos internos en Ecuador. «En la medida en que Ecuador se mueve hacia la derecha, todo eso se va a afectar», afirmó.

Como es usual, la política de EE.UU. contra Cuba deja a los cubanos en una mayor situación de vulnerabilidad. Los migrantes somos nuevamente una carta más en el juego geopolítico de los estados. He visto a cubanos que no viven en Ecuador celebrando la decisión de Noboa como una forma de apoyo al pueblo para derrocar al régimen y llamando a otros presidentes latinoamericanos a hacer lo mismo. Cubanos que desde Miami llaman a quienes están en la Isla a salir a las calles y cuyos derechos como migrantes no han sido socavados. 

Sin embajada ni consulado, miles de cubanos en Ecuador quedamos en una situación de orfandad institucional que complica desde trámites básicos, hasta situaciones humanitarias urgentes. Lejos de representar un golpe directo al gobierno cubano, la expulsión de la misión diplomática termina trasladando el costo de la disputa política a la vida cotidiana de los ciudadanos de a pie. 

Cuando se habla de violencia de género hay un término que habla de cómo las mujeres son doblemente violentadas por sus maltratadores y las instituciones cuando deciden denunciar: revictimización simbólica. Los cubanos somos revictimizados de tantas formas, nos revictimiza el gobierno cubano con falta de libertades democráticas y criminalización de la protesta, nos revictimiza los EE.UU. con su cuento de salvador humanitario, que dice luchar contra un sistema autoritario privando a un pueblo entero de la capacidad de desarrollarse y vivir dignamente, y nos revictimiza parte de la oposición que entona alto y claro el mismo coro, como si de un matutino se tratase. A veces irse de Cuba no es suficiente, pues ese ciclo de violencia y orfandad política nos persigue también a los migrantes. 

Economistas opinan sobre nuevas reglas para asociar empresas estatales y privadas en Cuba

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La asociación entre empresas estatales y privadas en Cuba —incluidas mipymes y cooperativas— cuenta desde ahora con un marco jurídico que modifica en cierta medida las reglas del juego del entramado empresarial vigente, al permitir dos modalidades principales: la creación de Sociedades de Responsabilidad Limitada (SRL) mixtas, mediante las cuales ambos sectores pueden constituir una nueva entidad con capital compartido y los Contratos de Asociación Económica, fórmula más flexible que permite cooperar en un proyecto común sin crear una nueva persona jurídica.

En La Joven Cuba consultamos a tres economistas para conocer cómo valoran este nuevo marco regulatorio, establecido en el Decreto-Ley 114/2025, publicado en la Gaceta Oficial No. 24 este 3 de marzo, junto con la Resolución 8 del Ministerio de Economía y Planificación, fechada el 23 de enero, donde se recoge el procedimiento para la evaluación y aprobación de estas modalidades. 

Para la Dra. Ileana Díaz Fernández es una norma «largamente esperada y no por ello menos importante su publicación».

«Puede ser muy bien recibida para determinados negocios, sin embargo, algunos aspectos llaman la atención: a) discrecionalidad, b) exceso de armazón administrativa y c) la gran interrogante es ¿tendrá la empresa estatal toda la autonomía necesaria para tomar decisiones sin necesidad de pedir permisos y que por tanto sean tan rápidas como en el sector privado?, en cualquier modalidad, y peor cuando se crea una personalidad jurídica nueva.

»En la última reunión del Consejo de Ministros se habló de que la empresa no hace uso de la autonomía que se le ha otorgado, pero no es toda la que necesita, y se distancia mucho de la que posee el sector privado.

La economista, que se ha especializado en estudiar el mundo empresarial cubano, destaca que «hoy hay empresas estatales y privadas que hacen negocios con buenos resultados», sin embargo cree que estas relaciones deberían hacerse «con menos carga de aprobaciones». 

»Ojalá funcionen esas asociaciones, significaría un cambio en el desempeño eficiente de las empresas estatales, que tanto se necesita. Puede ser beneficioso para los privados, entre otras cosas, por la escala, pero con riesgo».

No obstante, la Dra. apunta que lo que se requiere, y no se entiende por qué no se hace, es la transformación de las empresas estatales y la aprobación de la Ley, todo ello en los marcos de una reforma integral.

A diferencia de Ileana Díaz, el economista Omar Everleny Pérez coloca el énfasis sobre el sector privado. Opina que el Decreto «intenta poner en vigencia lo que se viene proponiendo en los últimos años por parte de un grupo de economistas, para salir de la crisis económica profunda que atraviesa Cuba, que es el desarrollo del sector no estatal de la economía.

»Es muy ilustrativo el artículo 1.1 en su inciso a), que permite la constitución de sociedades de responsabilidad limitada mixtas, es decir, la creación de una nueva empresa, donde las entidades que se asocien podrán aportar bienes o derechos, o transmitir sus respectivos patrimonios sociales a esta nueva empresa. Es evidente que el Estado tiene muchas instalaciones que hoy están paradas o semi utilizadas por falta de divisas para la compra de sus insumos, y aquí la parte privada puede contribuir a su recuperación. 

»Lo que sucede es que el Estado cubano ha tenido varias reformas y contrarreformas durante los últimos años, y es muy difícil en esas condiciones romper la creencia de que cuando no le convenga al Estado esa asociación se puede romper. Ejemplos sobran de esta afirmación, le ha sucedido a muchas empresas mixtas entre el Estado y el empresariado privado extranjero, que después de un tiempo prudencial y de avance de la compañía, se les cancele el contrato, como ciertas producciones o entidades de Suchel, de la Alimentaria, etc.

»Resulta atractivo el artículo 29.1 del Decreto, en su aspecto de la autonomía empresarial. Precisa que la nueva entidad de SRL creada pueda importar o exportar directamente sin la necesidad de utilizar otra empresa intermediaria, como hoy funciona para las mipymes privadas. Y es beneficioso conocer que la cantidad de trabajadores de la plantilla se decide por la propia empresa creada.

»En general, si se sigue fielmente lo aprobado, esto pudiera contribuir a incrementar producciones de bienes y servicios, aunque las experiencias pasadas no han sido halagüeñas. Aunque, el momento en que se encuentra la economía cubana, casi en bancarrota y con un asedio más fuerte que nunca por parte de Estados Unidos, conlleva profundizar en una reforma más integral, que abarque también la esfera monetaria financiera y otras pendientes», punto de contacto con la opinión de la Dra. Ileana Díaz.

Para el economista Carlos Enrique González «se trata de una propuesta que se venía haciendo desde hacía tiempo, pues brindaría un ámbito para la conjugación real de la propiedad social (estatal) y privada (no estatal), más allá de los limitados mecanismos existentes hoy para alquileres de locales o financiamiento de producciones. A partir de ahora se podrá contar con verdaderas empresas que vinculen la propiedad social y privada, orientadas a la producción y el desarrollo de Cuba, es un paso trascendental en el proceso de reforma que vive el país.

»Es válido aclarar que este tipo de empresas en ningún caso nos alejan de los objetivos de construcción socialista, ni representan retroceso alguno en la propiedad social, ni en su papel principal dentro de los medios de producción en Cuba. Todo lo contrario. En las condiciones actuales, el sector productivo social o estatal se encuentra en pésimas condiciones, y con importantes limitantes para su funcionamiento y financiamiento. Una propuesta como esta ayudará a fortalecer y potenciar la capacidad productiva del sector estatal, al mismo tiempo que creará un vínculo entre este sector y el sector privado nacional, que solo puede ser positivo para el futuro de Cuba.

»Algunos elementos a destacar de la propuesta aprobada:

–          La aprobación a través del MEP y el Instituto de Actores No Estatales, puede representar una limitación, que en lugar de ayudar a que el proceso fluya, le incorpore barreras adicionales, no vinculadas a temas empresariales.

–          La difusión en quien ejerce la propiedad sobre el sector productivo de propiedad social, es una limitante importante. ¿Quién actuará de contrapartida ante el dueño del negocio privado? ¿Un OSDE, un ministerio ramal, el MFP, o el MEP?, no queda claro. La existencia de un órgano que concentrara la propiedad empresarial estatal o social, y que ejerciera el papel de representante claro y definido del dueño, hubiera sido una ventaja importante para este tipo de asociación.

–          Una ventaja muy importante de este tipo de asociaciones, es que brindan un camino legal para el crecimiento de las empresas privadas en Cuba, que ahora, asociadas a empresas estatales, podrán tener un campo de desarrollo mucho más amplio y profundo, sin que ello represente obligatoriamente competir con el sector estatal, sino que ahora podrán crecer junto a él.

–          Se rompe el fetiche de que la propiedad social solo es aquella en que el Estado tiene un 100% de propiedad. Cualquier empresa u asociación, donde el Estado tenga una participación, esa parte, es también propiedad social.

–          Que se aclare expresamente que estas empresas de asociación no serán sujetos del plan de la economía, es fundamental y muy ventajoso. Sobre todo, teniendo en cuenta que ser sujeto del Plan, hoy representa solo estar vinculado a las asignaciones que este hace y que en la práctica representan limitaciones empresariales importantes».Para este economista, «en el futuro, cuando la forma de hacer planificación en Cuba se transforme y esta tenga un carácter verdaderamente financiero y que sea capaz de marcar las sendas del desarrollo de Cuba, estas nuevas empresas que se están creando hoy, deberán ser tomadas en cuenta y jugarán un papel fundamental en el desarrollo de Cuba como país y el avance de su proceso de construcción socialista».

Abel Tablada y las expulsiones en Cuba

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Expulsion del profesor Abel Tablada de la universidad
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Se ha sabido a través de las redes sociales que Abel Tablada, arquitecto y profesor titular de la Universidad Tecnológica de La Habana (CUJAE) fue separado de sus funciones docentes por sus opiniones políticas. 

Desde que se dio a conocer la noticia, varios de sus estudiantes, colegas, conocidos y lectores de sus textos en redes se han pronunciado para reclamar por algo que es una gran injusticia contra un profesional a todas luces brillante y decente. 

La historia de las separaciones y expulsiones por dogmatismo en las universidades cubanas no es corta. Tiene varias décadas. Contrario a lo que se pudiera pensar, las universidades en general son espacios conservadores en sus funcionamientos institucionales. Sus rutinas son casi decimonónicas y en muchos casos las leyes no escritas tienden a la conservación de prácticas no siempre emancipadoras. En los tiempos de mis padres y abuelos expulsaban por motivos religiosos, por tener preferencias sexuales no heteronormativas o por expresar desacuerdos con el sistema político. 

Aunque, por suerte, siempre hubo profesores que trataron de romper esos esquemas a través de la docencia, en actividades de extensión e incluso hubo casos que se volvieron prácticamente familia de muchos de sus estudiantes en una etapa crucial para la vida de los jóvenes. 

Hace unos días fue expulsado también del Instituto Superior de Arte (ISA) el dramaturgo y profesor Roberto Viñas, también por sus opiniones políticas. Puede ser que estas dos expulsiones sean casualidades, pero en Cuba hay muy pocas casualidades en política. ¿Se estará tratando de volver a una etapa aún más represiva en las libertades civiles de la nación? 

Yo no conozco personalmente a Abel Tablada, ni a Roberto Viñas, pero de ambos he leído muy buenos textos cuestionadores de la sociedad en que viven. En unos aspectos estoy de acuerdo y en otros no tanto, pero son dos de los pensadores cubanos que, entre otros intelectuales críticos, ayudan a pensar la sociedad contemporánea y sus múltiples desafíos. 

Me alegraba que fuesen profesores universitarios porque esto significaba que enseñaban a pensar a sus estudiantes con cabeza propia, no de forma unilateral en un mundo tan dañado por ese tipo de pensamiento. Ese pensamiento unilateral es muchas veces el que hace a esos mismos estudiantes irse a la extrema derecha cuando cambian de contexto, porque cuando te acostumbras a repetir, en vez de a cuestionar, sustituir un dogma por otro es lo más fácil. Ahora parece que ya no podrán continuar educando en el aula, y tendrán que seguir su ministerio en otros formatos o lares, y con esto no solo pierde la institución que los expulsa, perdemos todos los que creemos que un país próspero se construye desde la pluralidad de voces honestas y decentes. 

El tema de las sanciones y expulsiones de la universidad y otras instituciones lo conozco muy bien. Demasiado bien. Estuve a punto de ser expulsado de la universidad varias veces mientras estudiaba Periodismo en la Facultad de Comunicación y después, ya como licenciado, fui separado de la dirección de la revista Somos Jóvenes y después expulsado de la revista El Caimán Barbudo por orientación de los órganos políticos que dirigen a la prensa estatal. 

En la universidad no me lograron expulsar porque tuve, además del apoyo irrestricto de la Federación de Estudiantes Universitarios de mi facultad, también la brillante gestión de dos decanos que supieron gestionar muy bien los entresijos políticos de la institución para que no me sacaran de la escuela. Y sé de muy buena tinta que se emplearon a fondo ambos para que no sucediera. Incluso uno de ellos fue mi tutor de la tesis de grado. A ambos les agradezco con el alma. Soy un profesional gracias a ellos y a varios de mis mejores profesores. 

Después en la vida profesional las cosas no fueron igual. Aunque tuve el apoyo absoluto de mis jefes inmediatos en las revistas en las que trabajé, las sanciones venían del Olimpo, como se dice en tono tragicómico, cuando la orientación viene de la dirección de las organizaciones políticas. Incluso el director de El Caimán Barbudo de aquel momento, Fidel Díaz Pérez, renunció a su cargo después de 20 años de ejercicio cuando me expulsaron y me prohibieron volver a la Editorial Abril por cuatro años. 

Yo no era un estudiante de derecha, no fui y no soy un periodista con opiniones políticas de derecha. Pero siempre fui muy inquieto, respondón, a veces irónico y me gustaba hacer las preguntas más complicadas e investigar temas complejos a nivel periodístico. También tengo un defecto a los ojos de los burócratas dogmáticos: respeto todas las opiniones que no vulneren los derechos de los demás, coincidan o no con las mías. 

Han pasado algunos años y las aguas han cogido su nivel, pero el dolor por lo que pudo ser y no fue no se me ha quitado nunca. Hubiera estado toda la vida en esas revistas escribiendo, si por mí hubiera sido. La burocracia cubana no quiso. 

Ahora leo que muchos estudiantes, e incluso la FEU, exigen que Abel Tablada sea reintegrado a sus funciones. Leo tanta gente en las redes que lo apoyan y reclaman para que se rectifique la decisión de separarlo de la docencia, y no dejo de preguntarme cuándo acabarán estas decisiones tan torpes y que tanto daño hacen a los profesionales cubanos. 

Cuba está en uno de los momentos más graves de su historia. La sociedad cubana necesita unión, concordia, tolerancia, respeto, libertad y prosperidad. Todos los esfuerzos que se hagan para mantener y conseguir mayores cuotas de esas virtudes serán pocas. Todo esfuerzo que se haga en contra de ese objetivo debe rectificarse. Es incluso suicida, desde el punto de vista político, para un gobierno que ha visto mermar parte del apoyo popular con que contaba, dejar que algo así suceda. Un mínimo análisis desde el sentido común deja claro que es nefasto agregar más enemigos de los usuales, que son muy poderosos. 

Por este tipo de noticias es que muchos de quienes honestamente no queremos ver destruirse lo poco que queda de ese proyecto humanista que fue la Revolución decimos que Cuba necesita un diálogo nacional. No se puede seguir gobernando en el siglo XXI como se gobernaba en el XX. Tenemos que ser mejores. Los jóvenes se están yendo de Cuba, varias de las mejores mentes están saliendo de la Isla y los pocos que se quedan y tienen inquietudes los expulsan. ¿A quién le beneficia algo así? 

Por mi parte espero que la dirección de la CUJAE rectifique y posicione de nuevo al profesor Abel Tablada en su claustro. Cuba lo necesita. Espero que el ISA rectifique y le ofrezca a Roberto Viñas volver al claustro. Cuba lo necesita. Pero si así no fuera, si eso no ocurriese, espero que sigan escribiendo, pensando, investigando, aportando tanto o más como lo han hecho hasta ahora porque la verdad es que Cuba, o sea, nosotros los necesitamos. 

Ojalá no se amarguen ni se cansen. Ojalá se haga justicia. Ojalá.  

El costo de la escalada militar en Irán

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Foto: New York Times

La ofensiva iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán ha dejado un saldo provisional de centenares de víctimas y ha reactivado alertas sobre la legalidad del uso de la fuerza y la estabilidad internacional.

Alternativas estratégicas a este escenario, como las negociaciones diplomáticas indirectas entre Washington y Teherán que se llevaban a cabo, la protección de aliados regionales sin intervención directa, y el apoyo a movimientos democráticos iraníes sin injerencia abierta, fueron desestimadas unilateralmente por la administración republicana de Donald Trump.

Esta escalada militar, con implicaciones globales, tiene riesgos inminentes, no solo para el país persa, sino para todo el mundo. Además del agravamiento de la crisis humanitaria, y la radicalización de sectores extremistas a lo interno del territorio, se avecina una desestabilización de los mercados energéticos con el probable cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial y una proporción significativa de gas natural licuado.

Diversos diplomáticos y expertos señalan que el inicio de la ofensiva vulnera el marco del derecho internacional y podría encuadrarse como acto de agresión, especialmente cuando incluye la eliminación de altos dirigentes políticos. No hubo autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no se ha presentado evidencia pública de un ataque inminente que justificara la legítima defensa preventiva, y las negociaciones indirectas entre Washington y Teherán estaban en curso al momento del ataque.

En medios y plataformas occidentales se tiende a excusar las agresiones militares porque Irán mantiene un sistema teocrático con severas restricciones a libertades civiles, sobre todo a las mujeres. Organizaciones como Amnistía Internacional documentan represión violenta de protestas, detenciones arbitrarias masivas, incremento significativo de ejecuciones, censura y restricciones informativas. Sin embargo, una situación similar coexiste en varios países de Oriente Medio y Norte de África, algunos de ellos, como Arabia Saudita, aliados de Estados Unidos.

Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha recurrido a la intervención militar como eje de su política exterior, con efectos cuestionables en derechos y estabilidad. En Afganistán, primero armó a facciones extremistas para debilitar a la URSS y, tras la invasión de 2001, prometió una democracia que colapsó con su retirada en 2021, devolviendo el poder a los talibanes y consolidando un régimen de apartheid de género. En Irak, la invasión de 2003 —justificada por armas de destrucción masiva inexistentes— dejó miles de soldados estadounidenses en el terreno y más de 200.000 civiles iraquíes muertos, asimismo, desató un vacío institucional y favoreció el auge del extremismo. En ninguno de los dos casos los derechos civiles y políticos salieron fortalecidos.

A las justificaciones para los ataques a Irán —como el desarrollo de su programa nuclear— se suman a intereses estratégicos históricos en la región: el componente energético, el control de rutas comerciales, la estabilidad de aliados y una arquitectura ventajosa para ellos de seguridad regional.

Un recurso discursivo frecuente para la riposta de las muertes de civiles en este tipo de agresiones es que «el objetivo era militar, por tanto las víctimas civiles eran inevitables». Sin embargo, el derecho internacional humanitario no reconoce el «daño colateral» como categoría eximente. Esta narrativa deshumaniza y diluye responsabilidad, reduce muertes civiles a «externalidades técnicas», evita nombrar víctimas como civiles protegidos por el derecho internacional, y desplaza el debate desde la legalidad hacia la inevitabilidad.

Cuba no está exenta de este peligro, que ahora mismo vive un cerco de combustible por parte de Estados Unidos como mecanismo de presión para que transforme su modelo económico y político. Desde organizaciones opositoras —la mayoría enclavadas en la Florida— se pide una estrategia similar a la adoptada en Irán y Venezuela.

No obstante, las políticas de intervención militar, cuando no están basadas en principios de legalidad internacional, casi siempre han derivado en graves amenazas a la libertad y la democracia. Al socavar las normas internacionales se legitiman prácticas imperialistas bajo el disfraz de la seguridad o la democratización, que terminan desestabilizando los territorios invadidos donde luego proliferan nuevos extremismos y autoritarismos por la falta de institucionalidad y las heridas provocadas por la violencia. Tanto en la guerra como con las sanciones económicas el costo suele pagarlo la sociedad civil. 

La lancha rápida y la fantasía de una incursión redentora

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Tropas guardafronteras cubanas / Tomada de Cubadebate

En la mañana del 25 de febrero, una lancha rápida con matrícula del estado de Florida intentó entrar sin autorización en aguas territoriales cubanas. Las autoridades de Cuba informaron que, al ser interceptada por una patrulla de las Tropas Guardafronteras, la embarcación infractora no acató las órdenes de alto y abrió fuego contra los efectivos cubanos, hiriendo a un comandante de la patrulla.

En el enfrentamiento que siguió, cuatro de los tripulantes murieron y seis resultaron heridos y fueron posteriormente detenidos. Además, fue arrestado en la Isla un ciudadano cubanoamericano acusado de facilitar la entrada ilegal del grupo armado.

El gobierno cubano afirmó que, según declaraciones preliminares de los detenidos, el grupo planeaba una infiltración con fines «terroristas» y portaba armas automáticas, armas cortas, explosivos caseros, chalecos antibalas, mirillas telescópicas y uniformes de camuflaje que fueron confiscados por las autoridades.

Según el periodista Javier Díaz, «Una persona cuya identidad no puedo aún revelar, dice que su pareja se estaba preparando para ir a luchar junto a un grupo de cubanos que se organizaban por TikTok». También afirmó que «habrían estado entrenando en una finca en Miami cuya dirección aún no puedo revelar».

Hasta ahora no se ha tenido acceso independiente a testimonios de los tripulantes. Tampoco el gobierno cubano ha relacionado la acción con algún plan de los servicios de inteligencia estadounidenses, ni ninguna organización opositora ha señalado su participación en los hechos. Por lo que no es posible afirmar si se trata de una acción organizada por privados, o si forma parte de una red más organizada. 

Funcionarios estadounidenses —incluido el secretario de Estado Marco Rubio— han señalado que múltiples agencias del gobierno, entre ellas la Guardia Costera y el Departamento de Seguridad Nacional, investigan lo ocurrido y que aún se esperan más datos antes de emitir conclusiones oficiales.

El incidente ocurre en medio de una creciente tensión entre Cuba y Estados Unidos a partir del bloqueo naval de petróleo que ha impuesto la administración Trump a la Isla, lo cual ha generado una crisis de abastecimiento que impacta sectores básicos de la economía y servicios públicos.

Sin embargo, en los últimos días se dio a conocer por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) una política de licencias favorable para solicitudes que busquen autorización para la reventa de petróleo de origen venezolano destinado al sector privado cubano. El gobierno cubano había anunciado anteriormente una apertura histórica en la que permitiría a las formas de gestión no estatal importar combustible para mitigar la profunda crisis energética que afecta al país.

Al mismo tiempo, la administración estadounidense, que había amenazado con imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo a Cuba, tras un fallo judicial, derogó la amenaza de esos aranceles, aunque otras herramientas de presión económica permanecen vigentes.

En este contexto, es importante tener en cuenta que cualquier incidente puede ser invocado como justificación para endurecer aún más la política de presión desde Estados Unidos, y afectar la implementación práctica de disposiciones que se interpreten como flexibilizaciones.

Desde el derecho internacional, el ingreso no autorizado de cualquier embarcación en aguas territoriales de un Estado constituye una violación de su soberanía. El derecho de paso inocente previsto en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar se limita a navegaciones continuas y no hostiles, por tanto, el uso de armas o la amenaza del uso de la fuerza elimina esa condición y faculta al Estado ribereño a tomar medidas proporcionales para restablecer el orden y defender su seguridad nacional.

Más allá del plano jurídico, el suceso pone en evidencia las consecuencias del extremismo y las narrativas polarizadas en entornos sumamente sensibles a ellas, como el clima político de Florida. Estos discursos que promueven soluciones simplificadas, y épicas violentas frente a problemas complejos, pueden alimentar percepciones distorsionadas de la realidad que motivan acciones cuyo resultado es trágico para las personas involucradas y sus familias.

En este caso, la idea de que un pequeño grupo armado, a bordo de una lancha rápida, pudiera provocar un cambio estratégico en la política o el orden de un Estado soberano refleja una desconexión profunda con la correlación real de fuerzas y con la complejidad de los procesos políticos.

Las narrativas extremistas construyen héroes y enemigos mientras desplazan el análisis racional sobre las posibilidades de llevar a cabo lo que se propone, y a menudo dejando en segundo plano el costo humano de las acciones violentas. 

Los individuos que emprenden estas iniciativas suelen ser presentados posteriormente como mártires por promotores externos, mientras quienes impulsan tales discursos permanecen en espacios seguros desde los cuales continúan amplificando emociones y agravios. 

Este fenómeno incrementa el riesgo de nuevos episodios de violencia y refuerza también las respuestas policiales por parte del Estado agredido que tensan más el clima político. Incidentes como este no son nuevos en la historia cubana. En distintos momentos, acciones armadas concebidas como detonantes de cambios políticos terminaron produciendo el efecto contrario: más cierre, más controles, más desconfianza y menos espacio para salidas fundamentadas en el diálogo.

Y, como ha ocurrido otras veces, quienes pagan el costo inmediato no suelen ser quienes extraen rédito político del suceso. Las consecuencias recaen sobre los que mueren, los que quedan heridos, y los que enfrentan procesos penales. Mientras tanto, el hecho pasa a engrosar el ciclo de confrontación que históricamente ha servido para justificar nuevas restricciones y endurecer posiciones, sin traducirse en avances democráticos ni en soluciones duraderas a los conflictos de fondo.

Ley de vivienda en clave política

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Cuba está discutiendo una Ley de Vivienda que cambia las reglas del juego con respecto a quién puede acceder a una casa, cómo se transmite, cómo se financia, y con qué se protege —o no— a quien vive alquilado.

Con un déficit superior a las 900 000 viviendas, y con más de un tercio del fondo habitacional en estado regular o malo, es innegable que el país necesita cambios urgentes en la política de viviendas, pero la pregunta es qué tipo de cambios, con qué lógica, y cómo se mueven las protecciones en medio de la actual situación.

La nueva normativa trae varios elementos positivos, y sería injusto no decirlos.

Uno de los más importantes es la eliminación de la confiscación de viviendas por salida definitiva del país. Por primera vez, los cubanos emigrados podrían conservar, heredar y transmitir sus propiedades sin perderlas por el hecho de establecer residencia permanente en el extranjero. Eso corrige una injusticia histórica y, además, reconoce la Cuba real, una nación donde la emigración es parte del tejido social.

El anteproyecto también permite a las personas naturales ser propietarias de hasta dos viviendas, sin contar la llamada “vivienda de descanso” —en playa, campo o montaña—, que podría poseerse de manera independiente. Esto, en la práctica, pone la ley más cerca de las dinámicas familiares actuales, que implican separaciones, recomposición de hogares, compras de inmuebles para alquilar o poner un negocio, entre otras.

La propuesta igualmente promete simplificar los procesos de transmisión. Se flexibilizan las reglas para venta, donación, permuta y herencia, y las viviendas de descanso tendrían iguales derechos de transmisión que las residenciales. En un país donde la gente pasa años «arreglando papeles» para poder tomar decisiones básicas, cualquier simplificación real es una buena noticia.

Otra gran novedad es que la ley introduce por primera vez la figura del financiamiento hipotecario. En teoría, permitiría a las familias adquirir o construir viviendas mediante créditos a largo plazo garantizados con el propio inmueble. Hasta ahora, las opciones han sido el ahorro personal, las remesas o la construcción progresiva, algo que dejaba a muchísimos cubanos imposibilitados a adquirir más de una casa por los altos precios en relación a los salarios.

Ese mecanismo, dice el texto, se complementaría con créditos bancarios tradicionales y subsidios estatales para sectores vulnerables, entre los que se incluyen, damnificados por desastres naturales, familias en hacinamiento, jóvenes en edad laboral, familias numerosas, adultos mayores, personas con discapacidad y víctimas de violencia doméstica.

Más allá de las posibilidades reales de implementación, que ahora mismo son escasas, estas novedades implican un reconocimiento de la dificultad de adquirir hoy una casa “al contado” y de que hay grupos para los que el mercado, por sí solo, no es solución.

Otro punto a tener en cuenta es que la vivienda de residencia familiar se protege ante cualquier caso de embargo, lo que impediría los desahucios a familias vulnerables. Aunque, claro, habrá que ver cómo se articula este principio con el financiamiento hipotecario, en caso de impagos.

El texto también permite el subarrendamiento de habitaciones con aprobación del propietario. Y acá de nuevo se legaliza y ordena algo que ya existe en la práctica.

Ahora, dicho todo eso, vienen las preguntas complejas.

La primera nota crítica está relacionada con las hipotecas. Aún no sabemos cuánto presta el banco, en qué moneda, y bajo qué requisitos. Recordemos que el precio de las viviendas ahora mismo tiene un valor referencial para el pago de impuestos por su compraventa y donación, y otro diferente y mucho más alto en el mercado real, que la mayoría de las veces funciona dolarizado.

Si el anteproyecto no establece un mecanismo claro y obligatorio de actualización periódica que acerque el valor formal del inmueble al valor real del mercado, entonces el financiamiento hipotecario nace torcido.

Pero hay algo más, para nadie es un secreto que los bancos cubanos están en crisis, y resulta difícil creer que en ese contexto puedan prestar las sumas necesarias para adquirir una casa.  Aquí no basta con decir “habrá hipoteca”, hay que aclarar cómo se tasa, con qué reglas, con qué límites de endeudamiento, en qué moneda operarán los créditos, qué pasa en caso de impago… Si no, será de esos tantos mecanismos que tenemos en papeles pero que en la práctica nunca se ejecutan.

Luego está el otro gran vacío del documento jurídico: el alquiler.

Aunque el anteproyecto amplía el mercado de alquiler y exige formalización contractual, hay un asunto notablemente austente, los derechos de los inquilinos. La norma no fija plazos mínimos de duración del contrato, ni límites a la subida del precio de la renta, ni términos obligatorios de preaviso para el desalojo, tan importante para que nadie se vea en la cale de un día al otro, y tampoco se incluyen causales para la terminación, ni impulsa un régimen de desahucio con garantías sociales.

Por tanto, el arrendador puede subir el precio abruptamente sin ningún tipo de frenos o sacar a los inquilinos de un día para otro. La permanencia en la vivienda queda esencialmente sujeta a lo que acuerden las partes, en una relación donde el inquilino casi siempre tendrá las de perder. Con el déficit habitacional que tenemos, eso no es un detalle simple que puede dejarse de lado, es más bien una puerta abierta a la especulación con necesidades básicas.

En Cuba cualquiera que haya estado alquilado sabe de lo que estoy hablando: precios que suben de un día para otro, desalojos que se avisan con días de anticipación, exigencias discriminatorias como no niños o mascotas, caseros que invaden la privacidad de sus inquilinos, entre muchas otras.

Otro riesgo importante es que el anteproyecto no incorpora una política específica frente a la vivienda desocupada. No se prevén impuestos adicionales para inmuebles vacíos, ni plazos máximos de ociosidad, ni incentivos u obligaciones para ponerlos en alquiler. Tampoco se establece un sistema de monitoreo que permita identificar y activar esas viviendas como parte de la oferta disponible.

El sentido común diría: «bueno, que el dueño decida». Pero con tanta gente necesitando dónde vivir, una casa vacía, además de un asunto privado, es también un problema público, porque añade presión adicional sobre los alquileres o sobre el hacinamiento. 

Por tanto, si la vivienda va a moverse cada vez más por mercado, entonces las reglas a este mercado son necesarias para poder garantizar el acceso a un bien elemental para una vida digna. Y creo que esa es la principal carencia del proyecto, se trata de un mero mecanismo técnico que no incorpora el carácter político, imprescindible cuando se está legislando sobre un derecho humano.

No debemos olvidar que al triunfo de la Revolución, la Ley de Reforma Urbana eliminó los alquileres e hizo propietarios a los cubanos de sus casas. Eso vino acompañado de construcción de vivienda social por parte del Estado. En aquel entonces, las casas no se podían comprar ni vender, ni alquilar. Por tanto, el mercado dejó de ser quien asignaba, y esta función pasó a manos del Estado, que lo hacía teniendo en cuenta la necesidad de la persona, sus méritos laborales, y digámoslo todo, también su fidelidad al sistema.

Este mecanismo, con sus luces y sombras —pues también potenció la corrupción y el favoritismo—, hizo propietarios a muchísimos cubanos de sus hogares. Sin embargo, con la crisis de los 90 el panorama cambió. Se empezó a reducir la construcción de viviendas, luego se reabrieron espacios para el alquiler, y más adelante se autorizó la compraventa de casas.

En los últimos años, el papel del Estado como garante de viviendas ha retrocedido a mínimos históricos. Y ese vacío ha sido llenado por la lógica mercantil. La solución no está en desconocer o volver prohibir ese mercado, sino regularlo, a la par de que se implementen políticas públicas para el incentivo y la construcción de vivienda social: planes maestros, cooperativismo, auto-construcción, rehabilitación, rescate y adaptación de técnicas constructivas tradicionales, entre otras

Y aquí es donde conviene mirar las soluciones que se han intentado dar en otros lugares, no para copiarlas mecánicamente, sino para aprovechar la experiencia con problemas nuevos que seguramente surgirán. Recordemos que en política el cambio de una variable, sin ajustes, puede desestabilizar muchísimos otros sectores.

En España, por ejemplo, en los últimos años se han aplicado herramientas para intervenir el mercado del alquiler, incluyendo límites a la actualización anual y mayores garantías para familias vulnerables ante desalojos. Además, incluso cuando el contrato de arrendamiento no está formalizado por escrito, si puede demostrarse la existencia de una relación arrendaticia —por ejemplo, mediante pagos acreditables— el inquilino queda protegido por la ley, lo que impide que el propietario lo desaloje arbitrariamente o sin causa legal.

En Brasil se han implementado instrumentos urbanísticos y fiscales —como impuestos progresivos— para presionar a que suelo ocioso o subutilizado se ponga en uso. No es que el Estado “confisque” porque sí, es que el sistema reconoce que la ciudad y la vivienda no pueden ser solo un activo financiero cuando hay déficit, porque entonces la especulación se come el derecho.

Y en México, aunque es un país federal y la regulación varía, su capital aprobó recientemente una medida que regula la subida de rentas estableciendo que los aumentos no pueden rebasar la inflación.

No podemos decir que estas medidas hayan garantizado el acceso pleno a la vivienda, pero son mecanismos que protegen, sobre todo a los inquilinos, que son el lado más débil en esa relación.

Si estas garantías están ausentes en el anteproyecto cubano, en un contexto donde se está abriendo la puerta a que sea el mercado el regulador de quién puede tener una casa y quién no, y en medio de un creciente déficit habitacional, pues la ley no servirá para garantizar más viviendas a más personas, sino para que quienes ya tengan los recursos pueden especular mejor con un recurso, que no es solo activo financiero y patrimonial sino un derecho. 

Hoy no sabemos con precisión cuántas personas se encuentran alquiladas en Cuba, ya sea porque migraron internamente buscando oportunidades, por desavenencias con sus familiares o deseos de independencia, por estudio… existen tantas razones como inquilinos. Tampoco sabemos cuántas personas hay en situación de calle. Para ellos, esta ley no les cambia demasiado la vida. Moderniza propiedad y transmisión, sí, pero deja sin protección a quien vive bajo la amenaza permanente de una subida de precio o un desalojo.

Si Cuba decide seguir definiéndose como un país socialista, entonces esa definición no puede quedarse en el plano simbólico ni en la retórica política. Tiene que expresarse con claridad en la arquitectura concreta de sus leyes.

Modernizar, flexibilizar, reconocer nuevas dinámicas familiares y económicas es necesario. Nadie discute que el país de 2026 no es el de 1988, cuando se promulgó la ley vigente. Pero actualizar no puede significar desproteger. Si el mercado va a tener un papel creciente en la asignación de la vivienda, entonces el Estado —sobre todo un Estado que se reivindica progresista— tiene la obligación de corregir sus fallas, contener sus abusos y blindar a quienes menos capacidad tienen de negociar en igualdad de condiciones.

Legislar en materia de vivienda no es regular cualquier mercancía, es legislar sobre un derecho humano, es decidir bajo qué condiciones una familia puede echar raíces, criar hijos, y envejecer con dignidad.

Si la nueva ley no coloca en el centro a quienes viven alquilados, a quienes sobreviven con salarios estatales insuficientes, a quienes no tienen acceso a remesas ni a capital inicial, entonces corre el riesgo de modernizar la propiedad sin democratizar el acceso.

La cuestión no radica en elegir entre Estado o mercado como si fueran polos absolutos, sino diseñar reglas que, aun reconociendo la existencia del mercado, impidan que la necesidad se convierta en oportunidad de especulación. Porque al final, la legitimidad de un proyecto político de izquierdas no se mide por cómo protege a quienes ya tienen, sino por cómo cuida a quienes, aún trabajando más, siguen teniendo menos. 

Tráiler de La Reunión: nuevo podcast de LJC

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La Reunión

Tres voces, una mesa y la actualidad cubana como punto de partida. Un espacio para intercambiar desde ángulos distintos, donde no se levantan actas, ni manos, y donde todo es desaprobado por unanimidad. 📍Hecho en Cuba.

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