En los XIX Juegos Panamericanos de Chile, Cuba enfrentará otro examen de rigor que pondrá al desnudo, una vez más, la realidad actual de su movimiento deportivo y, de seguro, demolerá los pilotes de prestigio y rendimientos que aun la sostienen como paradigma de la actividad del músculo en América.
Desde la edición de Cali (Colombia, 1971) y hasta Guadalajara (México, 2011), los representantes de la Isla se adjudicaron la segunda posición por países a la escolta de Estados Unidos (EE.UU.), con excepción de aquel pletórico triunfo en calidad de anfitriones en La Habana 1991.
De hecho, la mayor de las Antillas sostiene el segundo lugar del medallero histórico por países, en citas multideportivas continentales, avalada por 908 oros, 620 platas y 596 bronces, precisamente detrás de los estadounidenses (2.064-1.542 y 1.107).
Para dilucidar en qué condiciones llega Cuba a Santiago de Chile, es necesario radiografiar algunas de las variables de mayor peso que seguramente incidirán en un posible resultado final.
Para muchos campeones como la ciclista de ruta Arlenis Sierra, será muy difícil repetir el oro de Lima en un escenario sumamente exigente. / Foto: Telesur.
Sin embargo, el declive del deporte antillano ya venía patentándose desde Río de Janeiro 2007, cuando se alcanzaron 13 primeros puestos menos que en la versión de Santo Domingo 2003. Pero el descenso fue más contundente en Toronto 2015, cuando pasó de la segunda a la cuarta posición, al amparo de solo 36 coronas.
Por una razón u otra, en esas tres ediciones los países que directamente pugnaban con Cuba por posiciones de privilegio obtuvieron la sede de la cita panamericana: Brasil ancló tercera en Río de Janeiro 2007 con (52-40-65); México fue merecedor del cuarto escaño (42-41-50) en Guadalajara 2011; y Canadá terminó de segundo en Toronto 2015 (78-70-71).
Este último performance ganó extrema notoriedad si tomamos en cuenta el quinto escaño de los canadienses en Jalisco y su cuarta plaza en Río de Janeiro, llamada también la Ciudad Maravillosa; en ambos casos por debajo de los 40 vellocinos.
Esta situación de Cuba se torna mucho más preocupante si se consideran las probabilidades de que Argentina devenga «un hueso duro de roer», como ocurrió en Lima, donde nos arrebató el quinto escaño. A esto se suma el desarrollo alcanzado por Colombia en calidad de potencia continental emergente, que ya asestó una estocada de autoridad a Cuba en los Centroamericanos y del Caribe de San Salvador, al relegarla a la tercera plaza.
Habría que agregar, además, el posible desempeño de los deportistas chilenos, quienes de seguro patentarán uno de sus mejores performances históricos, dada su condición de anfitriones.
Todo este cambio en la «geopolítica» deportiva de América ha estado condicionado por la evolución del deporte en el plano mercantil hacia una esfera muy lucrativa, con sumas de dinero cada vez mayores puestas en función de su desarrollo en cuanto a infraestructura, tecnología de punta, contratación de entrenadores, asesores o personal altamente calificado, y hasta compra de deportistas bajo el amparo del fenómeno de nacionalización.
En mayor o menor medida, esos países se han insertado en semejante espiral, lo cual ha venido aparejado con el estancamiento del sistema cubano y su pirámide, a la que apenas le quedan algunas piedras colocadas de forma asimétrica.
La triplista Leyanis Pérez irá en busca de un debut dorado en Juegos Panamericanos, luego de fijar su tope personal en 14.98 metros. / Foto: Oncuba.
Poder de fuego disminuido
Hecho el recorrido por el escenario continental, Cuba asistirá a la capital chilena con 365 atletas para incursionar en 227 pruebas de las 425 que incluye el programa de los Juegos, contempladas en 38 de las 60 disciplinas deportivas convocadas.
Hay una cuestión para nada despreciable de cara a una actuación presumible de muchas de las principales cartas de triunfo cubanas: el hecho de haber atravesado por una temporada atípica, larga y que les ha acarreado un notorio desgaste. Hablamos de Juegos Centroamericanos y del Caribe en junio, mundiales del año anterior a los Juegos Olímpicos en muchas disciplinas, circuitos internacionales y certámenes ligueros de clubes en no pocos casos y, ahora, en una fecha sui generis, la celebración de los Panamericanos.
Contrario a lo evidenciado en las listas de inscripción en San Salvador, en Chile muchas figuras de relieve de otros países han declinado participar en la cita multideportiva continental. Ello se evidencia, sobre todo, en las especialidades no contempladas entre las 18 que concederán boletos directos a París 2024 o que, en su defecto, ya gozan de su pasaporte, así como de las otras 11 que concederán puntos para el ranking de clasificación olímpica.
Contrario a esta lógica, las autoridades deportivas de la Isla, en su afán de maquillar el resquebrajamiento por el cual atraviesa la actividad del músculo, decidieron ir con todo el «arsenal» de que disponían a ambos eventos, aferrados a los arquetipos de compromiso, responsabilidad, entrega y resultados; y quizás, poniendo en riesgo el estado físico y la capacidad de asimilación de cargas por un periodo en extremo prolongado de no pocas figuras.
Para reforzar este criterio, tenemos que el alcance de Cuba como potencia prácticamente ha desaparecido. Me refiero al adquirido al amparo del impulso que le confirieron los saberes, escenarios de intercambio, confrontación y medios aportados por la extinta Unión Soviética y los restantes países del Campo Socialista, o la llamada Europa del Este.
Una muestra de ello se encuentra en que, en las ediciones de Santo Domingo 2003 y Río 2007, constituyeron 16 los deportes que aportaron títulos, mientras en Toronto 2015 fueron 12 y, en la pasada versión de Lima 2019, la cifra se redujo a nueve.
De cara a la cruenta porfía que se sostendrá en Santiago de Chile, este cronista deposita las opciones de cetro en el atletismo, boxeo, lucha, judo, canotaje, tiro deportivo y ciclismo, con la esgrima, el clavado y la gimnasia artística en un segundo grupo de opciones.
Mientras, entre las disciplinas colectivas, el voleibol masculino se perfila como el de mayores oportunidades de acceder a lo más alto del podio. Por el béisbol cuesta apostar, luego del fatídico sexto peldaño de la capital peruana y los sucesivos performances al más alto nivel, con excepción del V Clásico Mundial.
El corazón del deporte y lo extradeportivo
Hemos venido despejando incógnitas sobre la posible actuación de Cuba en los Panamericanos. A los argumentos esgrimidos anteriormente, caben añadir los constantes procesos de renovación a los que se han sometido los equipos nacionales de muchas disciplinas, incluso varias de las que poseen mayor tradición y empuje al máximo nivel en el continente o el mundo.
El creciente auge migratorio y la solicitud de baja de un volumen considerable de atletas, en su mayoría urgidos de alcanzar mayor bienestar económico para sí mismos y sus familias, ha profundizado el agujero negro dentro del movimiento deportivo cubano.
A propósito, el vicepresidente del Inder, Ariel Saínz, remarcó que durante el año 2022, un total de 109 deportistas se desligaron del movimiento deportivo cubano y otros 78 lo han hecho en lo que va del presente 2023. De esas bajas, aseguró el funcionario que 33 tienen un impacto directo en el medallero del certamen continental.
La lucha, y en especial el estilo grecorromano, se perfila como bujía de rendimiento para Cuba en la cita continental, luego de su foja de (5-2-9) en la edición precedente. Foto: United World Wrestling.
Por otra parte, el deporte no escapa de la crisis general que vive la nación, con su estructura de preparación y competitiva en extremo deteriorada, las matrículas de las Escuelas de Iniciación Deportiva (EIDE) contraídas en extremo, a lo que se adicionan las precarias condiciones de las preselecciones nacionales, y la pobre inversión tanto del Estado como del Inder en función de desarrollar el deporte, pese a los ingresos derivados de la contratación de deportistas y entrenadores en el exterior.
Presupuesto destinado a la inversión en Cuba en el primer semestre de 2022. Fuente: ONEI
No se puede esperar mucho más en este sentido cuando el país no invierte lo necesario en otros sectores tan medulares como la alimentación, salud y educación.
Todas y cada una de las cuestiones esgrimidas funcionan como un émbolo de presión de cara a los posibles rendimientos de nuestros atletas. El barco del deporte cubano navega a la deriva. Solo resta encomendarse a la providencia y esperar que no ocurra un naufragio catastrófico en aguas chilenas.
Autonomía municipal y soberanía alimentaria, sueños pendientes
La noticia es que el presidente Miguel Díaz-Canel, en una visita en la provincia de Granma declaró que «La principal fuente de alimentación del pueblo tiene que lograrse en los territorios».
Además de esto, Marcelo Resende, el representante de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Fao) en nuestro país manifestó esta semana el compromiso que tiene Fao de «acompañar» a Cuba en el camino hacia la soberanía alimentaria. A su vez, Etienne Labande, representante del Programa Mundial de Alimentos (PMA), se refirió, según Prensa Latina, al trabajo de Naciones Unidas de conjunto con el gobierno cubano para «ampliar la disponibilidad y el acceso a alimentos».
Esto significa que la descentralización, declarada como un objetivo de desarrollo por el discurso oficial, sigue siendo un proyecto que no se concreta a pesar de estar planteada en la Constitución de 2019. Una rápida ojeada a los medios cubanos muestra a funcionarios de la administración central del Estado recordándoles a las autoridades municipales que la ley les concede autonomía y que tienen que usarla.
Por otra parte, la soberanía alimentaria, una meta con rango de ley desde 2022, y que cuenta con varios programas de cooperación internacional, hasta el momento no ha tenido éxito. Esto ha sido admitido en las últimas sesiones del parlamento, el viceprimer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca.
Nuestra opinión es que los vicios de la excesiva centralización, arraigados por décadas, no se resolverán fácilmente. Asimismo, los potenciales productivos locales, así sean estimulados por la autogestión de los territorios, no rendirán los mejores resultados mientras los agricultores mantengan las dificultades infraestructuras, de transporte, acceso a materiales, además de una relación desventajosa con el Grupo Empresarial Acopio.
Si las agencias de Naciones Unidas, la Unión Europea y otros colaboradores llevan muchos años invirtiendo en el campo cubano, ¿cuáles han sido los resultados? ¿Qué ha fallado? ¿Por qué esa inversión parece inversamente proporcional a los niveles de producción actuales?
Energías privilegiadas
La noticia esque el gobierno está decidido a estimular el uso de fuentes de energía renovables, como la solar y la eólica, y para lograrlo el Ministerio de Finanzas y Precios (MFP) adoptó varias medidas que entraron en vigor este 16 de octubre.
La resolución del MFP aumentó el precio que tendrá la energía «limpia», sea producida tanto por empresas estatales como por entidades no estatales, e incluso por simples ciudadanos que posean generadores y decidan vender electricidad al Sistema Electroenergético Nacional (Sen).
La tarifa más alta beneficiará a los centrales azucareros, que recibirán 9 pesos cubanos por cada kilowatt-hora vendido entre la mañana y la tarde. Otros productores del «sector no residencial» recibirán apenas 3 pesos cubanos, mientras que la energía entregada por el sector residencial, con cualquier tecnología, costará 6 pesos por cada kilowatt-hora.
La resolución declara que las tecnologías relacionadas con fuentes renovables de energía —como los paneles solares—, no se venderán con fines recaudatorios. Sólo se exceptúan de esta lógica, por el momento, los vehículos eléctricos.
Otro incentivo notable será que, tanto las entidades estatales como las no estatales involucradas en proyectos para usar energías renovables, no tendrán que pagar el impuesto sobre utilidades mientras estén recuperando la inversión, en un plazo que podría extenderse hasta los 8 años.
Esto significa que el gobierno se está tomando muy en serio las energías renovables como una opción esencial, no un simple complemento, para resolver crisis energética actual.
Nuestra opinión es que, a pesar de que la estrategia es correcta y merece el apoyo de todos, pues el gobierno se está imponiendo una meta difícil de cumplir. Desde 2014 Cuba cuenta con una política para el desarrollo de las fuentes renovables. A casi 10 años, apenas el 5% de la electricidad se genera con energía limpia.
El plan que impulsa el gobierno es un hermoso sueño: la independencia de los combustibles fósiles. Por ahora, planifican utilizar un 37% de energía limpia en 2030. Faltan apenas 7 años. De no ser posible, ¿cuál sería el plan B para mejorar la eficiencia de las centrales generadoras que usan combustibles fósiles?
Más digitales que nunca
Fue noticia esta semana que Cuba está más cerca de aprobar su Política de Transformación Digital y junto con ella la Agenda Digital que la pondrá en práctica.
Lo dijo Ernesto Rodríguez Hernández, viceministro de Comunicaciones, en el III Congreso Internacional Cibersociedad 2023 que fue clausurado el 20 de octubre.
Esto significa que, a pesar del deficiente servicio de Internet y de las nulas perspectivas de mejoría que se avizoran a corto plazo, el gobierno está decidido a dar un paso decisivo en su plan de informatizar la vida cotidiana.
Opinamos que esta política, en efecto, es indispensable para el desarrollo del país y siempre será oportuna, incluso en medio de la crisis económica. Falta que la Agenda Digital Cubana 2030 sea viable y sirva para resolver problemas habituales de los cubanos, no para complicarlos.
Aunque actualmente, según declaran las autoridades, el 70% de la ciudadanía tiene acceso a Internet y el 83% a la telefonía, queda un gran grupo excluido. Tanto por razones de edad como por sus limitados ingresos económicos, estos grupos deberían ser estar en el foco de una estrategia de «inclusión digital» que no ha sido declarada por el momento.
Que muchos servicios, pagos, solicitudes de documentos, estén digitalizados no significa que deban desaparecer o empeorar la oferta presencial para quienes no tienen acceso a la opción digital. La implementación de esta política debe ser gradual y coherente.
Cultura sin presupuesto
La noticia es que que se celebró este viernes el Día de la Cultura Cubana en todo el país, en medio de una crisis que afecta decisivamente a las instituciones culturales y educativas.
Esto significa que el gobierno y sus operadores no están dispuestos a renunciar a utilizar a la cultura como dispositivo político, aunque se trate de un recurso cada vez más costoso e insostenible.
Al presentar el anteproyecto para el Presupuesto del Estado correspondiente a 2023, la ministra de Finanzas y Precios dijo: «Podemos reducir el déficit fiscal sin cerrar escuelas, sin cerrar hospitales, ni institucionales culturales, sin aplicar terapias de choque». El déficit fiscal al que se refirió la ministra Meisi Bolaños fue estimado en más de 68.126 millones de pesos para este año.
El deseo de no cerrar instituciones culturales no ha sido posible. Ya han cerrado y se siguen cerrando, o viven como si estuvieran cerradas. Y eso a pesar de que el presupuesto para Actividades culturales en 2023 (6.780 millones de pesos) supera al de Asistencia social (6.000 millones de pesos).
Nuestra opinión es que el sistema de instituciones culturales, con el diseño homogéneo que se le dio en todos los territorios del país, nunca fue rentable. La cultura no se puede reducir a sencillos cálculos económicos por su valor espiritual, pero hay que aceptar que algunas actividades necesitan ser subvencionadas, y en el caso cubano, esa misión la ha asumido fundamentalmente el Estado.
Hay experiencias de rentabilidad en algunas empresas culturales, mas siguen siendo minoritarias. La racionalidad debe imponerse, no puede esperarse que todas las instituciones culturales sean rentables económicamente. No obstante, la administración del país debería hacer un análisis sobre qué actividades valdría la pena conservar con el modelo actual. Otras podrían funcionar, si fuera interés de las comunidades donde funcionan, bajo otro tipo de gestión.
En adición, urge un modelo de gestión cultural que combine la inversión y subvención del presupuesto público, con el apoyo de empresas —estatales y privadas— sumado a la cooperación internacional; al tiempo que permitan la gestión autónoma de esos espacios. La producción cultural institucionalizada de forma burocrática y estadocéntrica se estanca.
Uno de los sketches que con más frecuencia representábamos en los primeros años de Nos-Y-Otros (grupo fundado en 1982 por José León, Luis Felipe Calvo, Aldo Busto y yo) se llamaba Los cortadores de películas. Como el nombre abiertamente indica, abordaba la rutina de dos compañeros encargados de sustraer de una obra cinematográfica ciertos fragmentos como requisito previo al nihil obstat para su exhibición televisiva. Los funcionarios comentaban indignados los trozos conflictivos —de carácter erótico o notoria incorrección política— y luego procedían a guardárselos en el bolsillo, «para que no cayeran en malas manos». Ninguno de nosotros tenía entonces relación con el cine, pero suponíamos que así ocurría en ese-sitio-en-que-se-mutilaban-las-películas.
Llevados por la curiosidad, ateniéndonos al principio de «inténtalo, o luego no digas que lo has hecho todo en la vida», los Nos-Y-Otros incluso filmamos algo a mediados de los 80 con una cámara de Super 8 mm, actuando los cuatro y mi primera esposa, sin posibilidad de iluminación adicional, de hacer más de una toma o tener diversos encuadres de una escena, ni siquiera de grabar sonido… para ver luego el resultado mediante un proyector barato. Por otra parte, como no teníamos posibilidad de editar, hubo que filmar según el orden del relato. Creo recordar que fue una breve historia de tintes oníricos. De cualquier forma, más tarde la película se estropeó y hubo que tirarla. En honor a la verdad, lo hicimos porque queríamos explorar diversas posibilidades artísticas, y como evidentemente la danza y la arquitectura no estaban a nuestro alcance, y cámaras y proyectores alemanes y soviéticos se vendían en las tiendas nacionales, nos pareció que el cine era más fácil. Ah, criaturas inocentes…
Aunque todos estudiamos carreras de Humanidades y a cada rato nos sonábamos algo de Antonioni en la Cinemateca, la verdad es que nuestra aspiración era ser escritores. Por lo menos la mía. Así, cuando una tarde de 1987 nos llamaron del DDT para decirnos que Daniel Díaz Torres nos estaba localizando porque le interesaba un cuento nuestro, aquello resultó tan inesperado como descubrir de pronto que Zuckerberg acaba de declararte su heredero universal.
Tuvimos una primera reunión donde nos propuso, sin más, escribir un guion en conjunto. Los cuatro Nos-Y-Otros alucinamos; enseguida empezamos a sugerir historias, en un delirante brainstorm que continuó en encuentros sucesivos. Daniel tenía la idea de hacer una película de tres cuentos: uno basado en Usted es un hombre feliz (el texto que le interesó en DDT) otro a partir de una historia suya acerca de un trabajador modelo que un día comete una falta que desde entonces lo estigmatiza, y un tercero, que salió durante los encuentros, acerca de una joven graduada universitaria que va a hacer su servicio social a un pueblo de tronados. Poco a poco, sin embargo, la última historia pasó a englobar a las demás: Usted… se convirtió en el drama de Pérez, un funcionario interpretado por Carlos Cruz; el trabajador modelo ganó porte y aliño de Raúl Pomares, y la estudiante de nombre Alicia, sustanciada en Thais Valdés, se enfrentó a ellos en ese dantesco pueblo de Maravillas que dio título a la tercera y más osada película de Daniel, terminada en medio de la borrasca llamada Período Especial.
A la hora de filmar, yo era el único de Nos-Y-Otros que seguía vinculado al proyecto. La verdad es que apenas si fui un par de veces a los rodajes. En el set, el guionista estorba, y casi siempre se molesta porque la escena no está saliendo exactamente como él quería. Ahora bien, ver trabajar a los profesionales (como el gran Raúl Pérez Ureta, quien después me hizo el honor de dirigir la fotografía en un par de trabajos míos), a los actores, a sonidistas e iluminadores, fue todo un privilegio. Y un hechizo.
El 13 de junio de 1991 se estrenó Alicia en el pueblo de Maravillas en las salas habaneras. No imaginábamos todo lo que se nos vendría encima. Desde febrero del mismo año, en que obtuviera un par de premios en el Festival de Berlín, los rumores hablaban de una película agresiva, misteriosa, que atacaba la sociedad de arriba abajo. Durante los días que siguieron, los militantes del Partido y la Juventud fueron masivamente movilizados a las salas oscuras para contrarrestar cualquier brote de disidencia. Los periódicos acusaron a la obra y sus autores de contrarrevolucionarios, de hacer el juego al enemigo, en medio de una de las más feroces campañas de censura contra una obra artística concreta que conociera la cultura cubana. La suspicacia del rebaño en JR, firmado por el más tarde canciller Bruno Rodríguez; Alicia, un festín para los rajados de Roxana Pollo, en Granma; un artículo de Ada Oramas en Tribuna de la Habana donde pintorescamente nos tildaba de larvas coleteantes en el pantano del oportunismo; otro en Trabajadores, etcétera: todos atacaban la película y casi todos a quienes la hicimos. Entonces no había redes sociales, no podíamos ripostar: si de arriba decían eso, estabas jodido. Cuatro días después (dos en provincias) era retirada de los cines. En ese lapso la gente vio lo que ya esperaba ver, encontrando significados ocultos y sorprendentes en cada fotograma; ciertamente, no suponíamos que harían tantas lecturas inesperadas:
-que si cuando el personaje huye al principio por un terreno con baches llenos de agua significaba que quería brincar el charco;
-que el chino que sale un par de veces (en realidad mera ilustración de la popular frase tener un chino atrás) aludía a cierta persona, concreta y encumbrada;
-que el director del Sanatorio, interpretado por Reynaldo Miravalles, aludía a otra persona más concreta y encumbrada todavía, de la que copió actitudes y maneras. En realidad, para construir el personaje, el actor estudió mucho más al Papa…
-que en cierto momento el director, concebido como una especie de Satanás demagogo y manipulador, le decía a Alicia «llámame animal». En realidad, lo que dice es «llámame César, o Arimán». Arimán es la palabra persa para designar al mal (la película está llena de este tipo de referencias: la oficina del director es la 9 —por el noveno círculo del infierno—, la hija del personaje interpretado por Alberto Pujol se llama Esperanza y no le permiten el paso al Sanatorio —aludiendo al texto a la entrada del Infierno de Dante, aquello de que los que entran han de dejar fuera toda esperanza);
etcétera. Llegó un punto en que dejamos de sorprendernos; entendí que también había que asumir esas interpretaciones, aun cuando no fueran las que concebimos inicialmente.
El arte es polisémico.
La realidad es incómoda, la bola es poesía.
Yo era por entonces profesor en la Facultad de Artes y Letras de la UH: no perdí mi trabajo, pero no fue fácil encarar, con 28 años, semejante anatema. Sin embargo, seguí adelante, enfrenté la censura, escribí nuevos guiones, algunos para Daniel (incluyendo La película de Ana, su último esfuerzo antes de la desaparición prematura), otros para Fernando Pérez (La vida es silbar, Madrigal) y Gerardo Chijona (Perfecto amor equivocado) y, a partir de cierto punto, también para mí. Elegí mis armas y mis batallas. Como diría Silvio, he hecho lo mío a tiempo y sonriente.
Afuera no es lo que la gente se piensa. Yo veo gente y gente que coge y parte vendiendo casa, vendiéndolo todo, sin saber en dónde va a caer. Veo gente que no tiene en cuenta la idiosincrasia del país a donde va, que buscan un solo requisito: que no sea Cuba.
Y yo te digo algo, hay quien cae de pie, pero la mayoría se escacha. Llegan a un atolladero y después se ven con el agua al cuello y no viran, porque ni virar pueden. Yo sé de lo que yo hablo porque mi hijo vive en Francia y está muy bien allá, no le falta de nada, pero lo que soy yo, he ido dos veces y ninguna de las dos he aguantado el mes entero.
Hay cosas buenas, muchas. Eso yo no te lo voy a discutir. Yo llegué y me quedé maravillada. Yo había estudiado en la escuela La Revolución Francesa, y le entré escéptica a aquello. Pero yo te juro que allí, por más que tu mires, no se ve la más ligera huella de que haya habido una revolución en algún momento.
Y la hubo. De que la hubo la hubo. Está en los libros. Yo tengo vagos recuerdos de cuando lo di en la escuela. Ahora no quieras que te lo recite de memoria como si yo fuera la doctora Ortiz, que yo tengo arriba cincuenta y ocho palos muy mal llevados. Bueno, pues te decía que yo recuerdo vagamente que en la Revolución Francesa el pueblo salió para la calle endemoniado, porque creo que la gente se había tomado unas pastillas ahí, no sé. Vaya usted a saber qué pastillas eran, que les dio por salir a machacar a los ricos.
¿Tú te imaginas que a mí me dé un arrebato así aquí en Luyanó? ¿Que me dé por irle parriba a cortarle la cabeza a todo el que tenga mejor situación que yo? Lo primero que tendría que hacer es poner una soga en la calzada de lado a lado para llevarle la cabeza a todo el que pase en moto eléctrica, que tú sabes que ya eso aquí es clase media alta.
Se pusieron a gritar cosas en francés, que si la liberté, que si la igualité, parece que esa gente no aguantaba un apagoné más. Fue una carnicería, una barbarie. Hasta el rey perdió la cabeza. Sí, sí, li te ral. Se la cortaron. Luis algo. No me acuerdo ahora. Los reyes en Francia se llamaban Luis y el apellido era un número. Y hacían las cosas como le daba la gana. Uno de esos luises dijo que el estado era él. Fíjate tú qué nivel de no soltar. Y la revolución los cogió por sorpresa, porque en aquella época no había los medios que hay ahora para controlar a las multitudes. Por ejemplo, no había gas pimienta. Había gas y había pimienta, pero todavía a nadie se le había ocurrido unir las dos cosas. Además, ante el tumulto, el rey no podía tumbar el internet, porque en aquella época el internet no existía, así que ¿Qué internet vas a tumbar?
Francia es un país con sus más y sus menos. Eso sí, qué rico huele la ropa. La ropa sucia de allá huele mejor que la acabada de lavar de aquí. No te sé explicar por qué. Ahora, se te rompe el colchón, o te empiezan a salir cucarachas por los tragantes, que a mi hijo nunca le ha pasado ninguna de las dos cosas, pero eso le pasa a cualquiera, y tienes que tomarte el trabajo de ir a la tienda. No te puedes quedar dándote sillón hasta que pase el reparador de colchones o el vendedor de veneno de cucarachas, porque no pasan. Dice mi hijo que no hace falta, que eso se compra online, pero tú y yo sabemos que el veneno de cucarachas hay que probarlo con el vendedor delante, que la gente es muy rata.
Otra cosa, la gente se piensa que va a llegar a los países y va a encontrar trabajo al otro día. Eso no es así. Mi hijo es ingeniero, y se metió dos meses buscando trabajo. No es como aquí que un amigo te resuelve en su trabajo, no. Allí tienes que mandar tus datos a una pila de lugares y ver si esa gente sin verte la cara, se quiere creer que las cosas que tú dices son verdad. Por cierto, me viene a la mente la cantidad de certificados de 12 grado falsos que yo vendí cuando trabajaba en la secretaría del tecnológico. Este juego de sala salió de ahí. No me da ningún cargo de conciencia. De todas maneras los que se graduaban, también se graduaban sin saber nada. Me vas a hacer un cuento a mí.
En Francia sí no hay cuento. Lo que pongas ahí tiene que ser verdad, y eso complica todo. Suerte que hay otras gestiones que allá las eliminaron. Por ejemplo, no hay que llevar la carta del partido. Menos mal, porque en Francia hay como cuatro partidos. Tú te imaginas, uno yendo a ver a un gordo por cada partido a pedirle la carta, para que el tipo te diga lo mismo de siempre: «Hazla tú, que yo te la firmo». Tienes que hacer la misma carta cuatro veces cambiando las palabras, eso es una pincha.
Otra cosa que la gente no sabe, y te la digo por si vas afuera para que no pases la misma pena que pasé yo. Escucha bien: al médico no se le regala nada. Ni un jabón, ni un paquete de café. Es otra cultura, no te lo aceptan. Se indignan. Cosa que yo no entiendo, porque un jabón no le sobra a nadie. A nadie que se bañe, quiero decir.
Y por último, mi amiga, que no te quiero demorar más y ya va a empezar la novela. Lo que sí a mí me dejó con la quijá en el ombligo fueron las cosas de calidad que la gente bota. Cosas buenas. Ollas arroceras, televisores, lavadoras. No las botan, porque allí la basura se separa; ni me preguntes que tampoco tengo la menor idea. Las dejan así como en la acera. ¿Qué? No, que va. Yo no recogí nada. En esos países uno tiene que comportarse acorde a la cultura del lugar. Hacer lo que haga la gente de allí. Y la gente de allí no recoge esas cosas. Le pasan por el lado como si no las vieran. ¿Quieres que te diga algo? Para mí esos objetos en las calles son la brujería de allá.
Te repito, yo veo a la gente coge avión y coge avión, y a mí, el primer refrán que me enseñaron fue: mejor malo conocido…
El 24 de septiembre de 2023 la embajada de Cuba en Estados Unidos (EE.UU.) fue blanco de un ataque con dos cocteles molotov. Una cámara de vigilancia captó a una persona en horas de la noche, mientras preparaba los artefactos frente a la sede diplomática y ante la vista de otros transeúntes que pasaban por el lugar.
El incidente sucedió en medio de un clima de tensiones por la presencia del presidente Miguel Díaz-Canel en Nueva York, quien participaba en el 78 periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En esos días ocurrieron protestas de cubanos residentes en EE.UU. que rechazaban la estancia del mandatario en ese territorio, y manifestaciones de grupos que apoyan al gobierno de la Isla.
Hasta el momento, se desconoce la identidad del atacante y existe una investigación en marcha para esclarecer los hechos; pero esta no es la primera vez que la embajada de Cuba en EE.UU. es blanco de agresiones. En abril de 2020, una persona de origen cubano que residía en ese país desde 2010, disparó una treintena de veces contra el mismo edificio.
El ataque perpetrado hace semanas fue calificado por Cuba como terrorista y, contrario a lo ocurrido en 2020, cuando sólo el gobierno cubano condenó públicamente la agresión, en esta ocasión ha sido rechazada por las representaciones gubernamentales de ambos países.
Escudriñando en el concepto de radicalización violenta y su relación con el extremismo
Como concepto, la radicalización ha sido difícil de definir. Su significado etimológico está asociado a «ir a la raíz de algo», en adición, la Real Academia de la Lengua le atribuye múltiples significaciones al adjetivo radical, las cuales pueden ir desde «fundamental o esencial» hasta «extremoso, tajante, intransigente».
Por su parte, el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico define la radicalización como el «fenómeno por el que las personas se adhieren a opiniones, puntos de vista e ideas que pueden conducirles a cometer actos terroristas». No obstante, otras fuentes refieren la radicalización como un proceso de cambios que operan inicialmente en el nivel psicológico con tendencia a apoyar una determinada causa, sin que ello implique en primera instancia el uso de la violencia.
Foto: Ilustopía
En este sentido, el investigador Manuel Moyano destaca que pueden existir personas con ideas extremistas, que no llegan a radicalizarse, pues «la radicalización no ocurre “de la noche a la mañana”, sino que se desarrolla a lo largo del tiempo. A veces son necesarias escasas semanas o meses para que una persona se radicalice. En otras ocasiones, pueden pasar años».
Es así como la radicalización adquiere matices, en dependencia del grado de intensidad en que se produce. Puede hablarse entonces de una radicalización no violenta, motivada por movilizaciones en el marco de lo legal, hasta la adopción de una postura más radical, matizada por acciones ilegales, violentas o terroristas.
Cuando los individuos llegan a radicalizarse, progresivamente se asumen posturas inflexibles que dificultan la comunicación y el diálogo, lacerando las oportunidades para que otros puedan ejercer la crítica hacia sus posturas y consolidando los prototipos y tabúes hacia los que no simpatizan con su pensamiento radical. De esta manera, se construyen discursos que deshumanizan a estas personas y justifican las acciones violentas como formas de polarización.
Es así como, aunque los autores que se han acercado al fenómeno de la radicalización violenta coinciden en las implicaciones políticas y legales del término, argumentan que se trata de un proceso con dos componentes bien diferenciados: el pensamiento y la acción. Según los investigadores Isabel Bazaga y Manuel Tamayo, «implica la aceptación de una ideología radical a nivel cognitivo y una pauta de conducta que consiste en involucrarse, participar, sustentar o apoyar acciones violentas».
De ahí se deduce que los procesos de radicalización de las ideologías suelen ser violentos, no lineales y dinámicos, a la vez que responden a multiplicidad de factores económicos, sociales, políticos, culturales, religiosos, entre otros, cuando se dan en determinados contextos. Lo anterior se sustenta en el investigador alemán Daniel Koehler, al asegurar que «existen ciertos factores sociobiográficos ? desempleo, escasa educación, problemas mentales, etc. ? que pueden motivar la radicalización».
Tampoco se deben desestimar factores como la humillación, las necesidades no cubiertas, la percepción de injusticias o discriminaciones, la convivencia en espacios de conflictos, la exclusión social, la necesidad de afiliación a un grupo, la migración, la falta de apoyo social, de empatía y de educación moral con anclajes en el respeto y la tolerancia. Estos elementos inciden en que un individuo busque satisfacer sus necesidades de reconocimiento social y de resignificación personal mediante el vínculo con grupos extremistas que pudieran llegar a radicalizarse.
Terrorismo y cultura de la violencia como fines de la radicalización
Como proceso, la radicalización violenta busca legitimar o asumir la violencia con el propósito de lograr objetivos políticos de cualquier índole y, asociada al terrorismo, tiene impactos negativos en la convivencia de las sociedades y en la polarización de los grupos ideológicos.
El propósito del terrorismo es provocar daños a las instituciones o los Estados, además de generar una psicosis de inseguridad. Esto incide negativamente en la vida del organismo social y, en consecuencia, en los ciudadanos.
En el Manual de Investigación del Terrorismo de Routledge, el especialista Alex Schmid se refiere al término como una «doctrina acerca de la efectividad esperada de una forma o táctica especial de violencia política coercitiva que tiene como fin generar miedo». Asimismo, este autor destaca que se trata de una «práctica conspirativa de violencia calculada, demostrativa y directa, ejercida sin ninguna constricción legal o moral».
Aunque instancias como la ONU o prestigiosas instituciones internacionales han realizado acercamientos al concepto de terrorismo en busca del consenso en su definición, no existe un acuerdo debido al carácter diverso de los actos terroristas, la transformación en la estructura de las organizaciones que los ejecutan, los métodos y las herramientas que emplean.
Sin embargo, existe cierto consenso en torno a la propuesta de Bruce Hoffman, quien en su texto InsideTerrorism, publicado en 2006, propuso cinco elementos generales que caracterizan al terrorismo y que lo distinguen de otros hechos criminales:
Tiene fines y motivos ineludiblemente políticos.
Emplea medios violentos o amenaza con el uso de la violencia.
Tiene repercusiones psicológicas que trascienden a la(s) víctima(s) o los objetivos.
Es dirigido por una organización, con una cadena de mando que puede estar estructurada en células, motivadas por objetivos ideológicos.
Suele perpetrarse por un grupo transnacional.
Isabel Bazaga y Manuel Tamayo alertan que, tras la ejecución de actos terroristas, «subyacen procesos más o menos duraderos de radicalización y de aceptación de la violencia como forma de actuar y reivindicar ideologías políticas, sean estas ideologías de extrema izquierda o anarquistas, de extrema derecha, independentistas, separatistas, nacionalistas o anticoloniales».
Imagen generada con Inteligencia Artificial mediante leonardo.ai
Lo anterior indica que las acciones terroristas se sostienen en bases extremistas e ideológicas fundamentadas en los procesos de radicalización que, en ocasiones, legitiman una cultura de la violencia que mina los sistemas de normas y valores como elementos otorgadores de sentido a la vida de los seres humanos y destruyen desde la autoestima personal hasta la confianza en los otros, generando inestabilidad en el orden social.
Esta cultura de la violencia tiene como finalidad la imposición y el ejercicio del control sobre otras personas, grupos o sociedades a través del miedo y, en el caso del terrorismo, obligar a asumir posicionamientos ideológicos en determinados contextos sociopolíticos, pues la violencia terrorista está al servicio de una causa, y puede ocurrir en paralelo a otras iniciativas de carácter aparentemente pacífico, con propósitos similares.
De este modo, la violencia asociada al terrorismo tiene un carácter instrumental, pues entre sus fines pueden encontrarse el cambio del status quo imperante en la sociedad, la creación de estados de alarmas e incertidumbres, la ganancia de protagonismo político, la demanda de cambios en la estructura social, la toma de conciencia ante injusticias o la eliminación de adversarios políticos. En este sentido, Alex Schmid refiere que el terrorismo no es más que una manifestación de esa cultura de la violencia en el escenario político.
Cuba: sabotajes y terrorismo
En un escenario internacional donde los actos terroristas amenazan la seguridad de las naciones y complejizan cada vez más los conflictos sociales, Cuba no queda excluida de esta realidad, en la que surgen actores con ideologías diversas que dejan su impronta de violencia tanto dentro como fuera de la geografía insular.
A mediados del siglo XX, principalmente en el proceso de luchas que inició contra la dictadura de Fulgencio Batista, el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) emprendió acciones de sabotaje como parte de extender la guerra desde las montañas a las ciudades, que incluían la explosión de artefactos en cines, cabarets y otros espacios públicos, donde algunas personas ? mayoritariamente jóvenes ? perecieron o resultaron heridas tanto en La Habana como en el interior del país. Algunas de ellas militaban en las filas del M-26-7.
Hay muy poco registro histórico sobre las personas fallecidas durante estos actos. No obstante entre los ejemplos más documentados figuran la explosión que tuvo lugar el 4 de agosto de 1957 en una fábrica artesanal de bombas, petardos, niples, cocteles molotov y otros artefactos en el centro de la ciudad de Guantánamo, por presuntos errores en la manipulación de los explosivos, que provocó la muerte instantánea de cinco jóvenes que trabajaban en la manufactura clandestina; el 3 de septiembre de ese mismo año, Urselia Díaz Báez perdió la vida cuando intentaba poner una bomba en un baño del Teatro América, en La Habana; en 1958, fallecieron en Matanzas los luchadores clandestinos Enrique Hart Dávalos, Juan Alberto Morales García y Carlos García, al estallar una bomba tras el fallo de su mecanismo cuando se manipulaba.
A fines de la década de los ´50 fue común además el secuestro de personas y aeronaves como prácticas de violencia política. Aún se recuerda el secuestro, en La Habana, del campeón argentino de Fórmula 1 Juan Manuel Fangio, con el fin de que el M-26-7 ganase notoriedad internacional y demostrase que era capaz de sabotear la celebración del Gran Premio de Cuba, y a la vez, quedasen al descubierto las vulnerabilidades de la dictadura batistiana. Asimismo, en 1958 fue noticia el secuestro de un DC-3 con 14 pasajeros y, un mes después, un Viscount-755 que se precipitó en la Bahía de Nipe y solo sobrevivieron tres de sus 20 tripulantes.
Cobertura de Bohemia al secuestro de Juan Manuel Fangio / Foto: BBC
En estos actos, el propósito era dañar instalaciones, servicios y lograr que el M-26-7 ganase notoriedad, a la vez que constituyen formas de radicalización violenta en medio de una guerra contra un gobierno que empleaba de forma sostenida la violencia extrema —principalmente asesinatos y tortura— como forma de lucha y principal estrategia para mantenerse en el poder.
Siguiendo esta lógica, las acciones del M-26-7 se explican a partir de las tres condicionantes que establece Alex Schmid como impulsoras de la radicalización violenta: 1) la existencia de un status quo problemático, 2) la obligación de resolver esos problemas a través de la defensa de un ideario y 3) la violencia como medio para alcanzar ese propósito de cambio.
Asimismo, estos fragmentos de la historia insular constatan la existencia de un proceso de radicalización doméstico en un sector de la población, que tiene sus raíces en la concepción ideológica independentista de figuras como Félix Varela, Carlos Manuel de Céspedes o José Martí, basados en ideales que asumieron también los jóvenes revolucionarios de la década del ‘30 del siglo XX.
Ernesto Che Guevara, en su texto La guerra de guerrillas, exponía sus criterios sobre las diferencias entre el terrorismo y el sabotaje en un contexto de lucha: «es preciso diferenciar claramente el sabotaje, medida revolucionaria de guerra, altamente eficaz, y el terrorismo, medida bastante ineficaz, en general, indiscriminada en sus consecuencias, pues hace víctima de sus efectos a gente inocente en muchos casos y que cuesta gran número de vidas valiosas para la revolución».
Con el triunfo de la Revolución en 1959 no tardaron en agudizarse contradicciones del nuevo poder, tanto con el gobierno de los Estados Unidos como con grupos nacionales probatistianos o que se oponían a las reformas implantadas por Fidel Castro, los cuales se exiliaron principalmente en el sur de la Florida. En este momento, la Isla comenzó a ser blanco de ataques terroristas, financiados desde el exterior, con el fin de generar inestabilidad en la población e intentar derrocar mediante la fuerza el Estado naciente y el nuevo sistema político establecido.
En los primeros años, se destaca el rol de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el respaldo económico de operaciones militares y encubiertas de inteligencia para derrocar o asesinar a Fidel Castro, e instaurar una junta gubernamental favorable a los intereses de Estados Unidos que posteriormente convocase a elecciones.
En paralelo, la CIA destina fondos para el entrenamiento paramilitar de grupos anticomunistas fuera de la isla, el desarrollo de redes de inteligencia en el territorio cubano y la creación de una estrategia propagandística en contra del gobierno, con el propósito de sembrar el descontento, la desaprobación popular y garantizar de modo más certero el desmoronamiento del modelo político cubano.
Las formas de terrorismo en esta etapa van desde las acciones de sabotaje contra instalaciones de interés económico; atentados contra representaciones de organismos e instituciones cubanas en el exterior, incluido el personal diplomático; intentos de asesinato a dirigentes políticos; secuestros de aeronaves con el propósito de desviarlas hacia territorio estadounidense, hasta indicios de bioterrorismo mediante la introducción de plagas que han afectado la producción de alimentos y la salud de las personas.
El atentado contra el avión que transportaba desde Barbados a Jamaica a guyaneses, norcoreanos y miembros de la selección nacional del equipo de esgrima, el 6 de octubre de 1976, es recordado como el peor de su tipo en la región. En el año 2005, archivos desclasificados de la CIA daban cuenta de que ese ente «tenía inteligencia concreta de avanzada, tan temprano como junio de 1976, sobre planes de grupos terroristas cubanos exiliados, de atacar con una bomba de línea de Cubana».
Honores a los fallecidos en el acto terrorista conocido como crímen de Barbados.
A inicios de la década de los ‘80 se creó la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) que, apoyada por la CIA, también destinó fondos para derrocar al gobierno de la isla y financió atentados contra hoteles en la capital cubana a fines de los años ‘90, que dejó como saldo la muerte de un turista italiano. En esos años, el mundo vivía el fin de la Guerra Fría tras el colapso del socialismo en Europa del Este por lo que, aunque la tensión política había disminuido notoriamente a escala internacional, se realizaron en distintas zonas de Cuba infiltraciones de grupos armados de cubanos residentes en EE.UU. Sin embargo, en periodos más recientes, las acciones terroristas tanto dentro como fuera de la Isla han tomado otras características, pues la actitud de EE.UU. ante el terrorismo cambió drásticamente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Si bien en las décadas anteriores la CIA entrenaba directamente a cubanos que residían en el exterior con el fin de una intervención armada ? que dejaron una filosofía de que «contra el gobierno cubano todo vale», reforzada con la tolerancia de las autoridades norteamericanas hacia quienes entrenó para emprender esas acciones violentas ? , en la actualidad grupos de la oposición que operan desde EE.UU. o algunos países europeos reclutan a cubanos residentes en la Isla para acometer acciones terroristas dentro del territorio nacional.
En este contexto, han aparecido procesos de radicalización ideológica asociados a las distintas fuerzas políticas que confluyen en el escenario cubano tanto fuera como dentro del territorio nacional. La crisis económica y de migración a gran escala, que han agudizado el descontento y la desesperanza popular, el discurso agresivo hacia el gobierno cubano que imperó en Estados Unidos durante de época de Donald Trump —y con numerosos amplificadores en la Florida—, sumado a las acciones de violencia política acometidas por el Estado cubano contra personas o grupos disidentes que ha trascendido a la agenda pública —reclusión domiciliaria, actos de repudio, interrogatorios por órganos de la Seguridad, exposición pública, y encarcelamientos— han incidido en el desplazamiento tanto individual como grupal hacia los extremos del espectro político.
De este modo, ha sido común en los últimos años el reclutamiento de personas por parte de sectores de la oposición cubana en el exterior, para emprender acciones violentas en algunas ciudades de la Isla. El descarrilamiento de un tren de carga que procedía de la terminal de contenedores de Mariel; el lanzamiento de piedras contra vidrieras de centros donde se comercializan productos en Moneda Libremente Convertible (MLC) en La Habana, Santiago de Cuba y Matanzas, o de cocteles molotov contra archivos del Tribunal Municipal de Centro Habana, una cafetería, una barbería y una bodega en San Miguel del Padrón; además de las vejaciones a bustos de José Martí en la capital cubana, constituyen ejemplos de estas acciones en el territorio cubano.
Bustos de José Martí vandalizados / Foto: Diario de Cuba
Esta situación de radicalización política ha sido aún más aguda luego del estallido violento del 11 de julio de 2021 y la posterior respuesta altamente punitivista del Estado cubano que se materializó en altas condenas a múltiples manifestantes mediante sentencias que han sido consideradas como exageradas y atravesadas por un fuerte matiz político y de escarmiento público por parte de organizaciones internacionales y grupos ciudadanos.
El gobierno cubano ha declarado en la mayoría de los casos que estos son actos de terrorismo financiados desde el exterior para el cambio de régimen. No obstante, a diferencia de los atentados implementados en los primeros años de la Revolución, la relación directa con agencias de inteligencia extranjeras de estas últimas acciones no ha sido totalmente probada hasta el momento, cuando más, se ha demostrado vínculo directo de los comisores con grupos radicales del exilio.
Otro de los elementos a debate es la edad de quienes protagonizan estas formas de terrorismo y vandalismo. Según alertan los estudiosos Manuel Moyano e Irene González, en las sociedades, los jóvenes son «actores proactivos» por lo que corren mayor riesgo de ser «socializados en entornos vulnerables, expuestos a propaganda violenta y en riesgo real de captación y reclutamiento».
Algunos puntos de partida para prevenir la radicalización violenta y el terrorismo
Hasta el momento, los procesos de radicalización vinculados al tema Cuba de años recientes no han provocado actos terroristas dentro de la Isla que arrojen saldos de víctimas masivas, pero para evitar que esto llegue a suceder, es necesario contar con una estrategia que apueste por la colaboración e intervención de los actores involucrados. Ello supone disponer de mecanismos de alerta temprana que ayuden a detectar cuándo un sector se encuentra en un proceso de radicalización que puede conducir a la violencia.
Las investigaciones a escala internacional que se han acercado al fenómeno en otros contextos, apuestan por desarrollar programas de comunicación estratégicos y coordinados, que prioricen la puesta en práctica de contra-narrativas discursivas como respuesta proactiva a los discursos extremistas que pudieran incidir en un proceso de radicalización a corto, mediano o largo plazo.
Sobre la base de lo anterior, la prevención de la radicalización violenta y el terrorismo vinculado al tema Cuba pudiera enfocarse en tres aspectos fundamentales:
1) fomentar narrativas que apuesten por historias positivas y de resiliencia, donde se muestren valores asociados a la tolerancia, la libertad de expresión, de pensamiento y la democracia;
2) orientar el trabajo hacia lo educativo, para ofrecer apoyo, orientación y formación y así prevenir formas de radicalización violenta en escenarios presentes y futuros;
3) emplear de modo articulado las redes sociales digitales o humanas para difundir información y experiencias que promuevan la reflexión y protejan a las personas o grupos en riesgo de ser radicalizados, al ser posibles espacios que favorecen los procesos de radicalización, por su probada eficacia para difundir ideas y narrativas extremistas.
Lo anterior demandaría un trabajo donde confluyan, de modo colaborativo, todas las instancias y esferas de la sociedad, que se encaminen a la creación de equipos de trabajo interdisciplinares y asesoría especializada para promover una convivencia social libre de extremismos que corren el riesgo de desencadenar procesos de radicalización violenta.
La noticiaes que la subdirectora de la Dirección General de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), Johana Tablada reiteró durante una visita en Estados Unidos la voluntad de Cuba de cooperar con ese país.
Este recorrido de la diplomática cubana sucede solo un mes después de que su jefe, el Viceministro Carlos Fernández de Cossío, experimentado diplomático a cargo de los asuntos de Estados Unidos en ese ministerio, visitara ese país y compareciera ante diferentes medios de prensa y audiencias para reiterar los tres elementos fundamentales y que de manera consistente repiten los funcionarios cubanos: la necesidad de sacar a Cuba de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo; eliminar o revertir las más de 200 medidas impuestas en la era Trump, que aún se mantienen; vincular la crisis económica que padece la Isla, incluyendo la energética, que ha suscitado una creciente migración hacia Estados Unidos, con la asfixia económica que supone la sanciones y la inclusión de Cuba en la mencionada lista.
Cossío se reunió con el Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Brian A. Nichols, mientras que Tablada conversó con el Vicesecretario Asistente para el Hemisferio Occidental, Eric Jacobstein, con quien habló de las sedes diplomáticas, así como de la migración irregular.
Mientras tanto, en La Habana, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, presentó ante el cuerpo diplomático acreditado en el país el Informe que detalla el impacto de las sanciones en cada sector de la economía, como parte de la ofensiva diplomática anual que antecede a la votación de la resolución en la Asamblea General de la ONU, que exige el levantamiento del cerco económico sobre la Isla. La votación sucederá en la primera semana de noviembre, y se prevé que Cuba vuelva a recibir un abrumador apoyo de la comunidad internacional
Estosignifica que La Habana incrementa sus acciones políticas y diplomáticas para dejar claro ante la opinión pública y el gobierno de Biden que la Isla está dispuesta a conversar.
Durante su visita a Washington DC, Tablada ofreció una entrevista a The Hill, en la cual se mostró especialmente conciliadora: «Queremos convertir esta relación en una relación no de agresión, sino de respeto, respeto y cooperación». Incluso mencionó el hecho de que Estados Unidos mantiene relaciones provechosas con países que no cumplen con «sus estándares de derechos humanos».
Sin embargo, es conocido que Estados Unidos pone sobre la mesa temas que constituyen líneas rojas para La Habana, como la existencia de presos políticos en cárceles cubanas, así como el sistema político cubano de partido único.
Nuestra opiniónes que el gobierno de La Habana necesita entablar un diálogo con Washington de manera urgente, debido a la severa crisis que golpea a los cubanos, y porque los acuerdos de Cuba con otros países avanzan menos debido al entramado sancionatorio que limita las relaciones comerciales con compañías de todo el mundo. No obstante, tal como ha dicho el gobierno cubano más de una vez, las conversaciones deben ser en condiciones de respeto.
El hilito que se convirtió en gota
La noticiaes que las exportaciones de alimentos y productos agrícolas de Estados Unidos a Cuba aumentaron un 35% si se comparan las cifras de agosto de 2022 y agosto 2023. Los reportes indican que en agosto de 2023 Estados Unidos exportó productos agrícolas y alimentos por un valor de 39 913 983 millones de dólares, mientras que un año antes fue de 29 383 675.
Las exportaciones incluyeron: pollo, arroz, café, galletas, cerveza, aceite, jamones, pasta, refrescos, azúcar y sal.
Estosignifica que Cuba continúa importando productos de Estados Unidos, aunque en volúmenes muy inferiores a los que se reportaron un quinquenio atrás. La información no especifica si se exporta a empresas estatales o a mipymes privadas.
Las importaciones solo describen el monto que las compañías estadounidenses recibieron, no los costos de transportación, o los cargos financieros de lidiar con empresas de un país sancionado, que implican el pago por adelantado y la búsqueda de entidades financieras que quieran correr con ese riesgo.
Los productos y este proceso de exportación se circunscriben a las estrechas posibilidades que ofrece la Ley de Reforma a las Sanciones Comerciales y Ampliación de las Exportaciones del año 2000, la Ley de la Democracia Cubana conocida como Ley Torricelli, así como otras disposiciones del Departamento del Tesoro y de Comercio.
Nuestra opiniónes que este frágil vínculo comercial demuestra que el régimen de sanciones ofrece puertas, y que de flexibilizarse el asunto financiero y quitar a Cuba de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo, pudiera crear una avalancha que rompa diques en la tan limitada relación para detrimento del pueblo cubano, que no tiene acceso al mercado natural para una gran gama de productos. Si bien los cubanos sí comen pollo estadounidense, eso no significa que las sanciones no sean una realidad que cierra la pila a cualquier intento de expandir significativamente el comercio exterior de Cuba, no solo con Estados Unidos sino con el resto del mundo.
Sanos límites
La noticiaes que el gobierno de México exigirá visa de tránsito para cubanos, mientras el presidente de ese país, Andrés Manuel López Obrador, afirma que su país nunca le dará la espalda a Cuba, «incluido el petróleo».
El líder de Morena desmintió una noticia que dio a conocer la congresista de origen cubano María Elvira Salazar, afirmando que una agencia crediticia estadounidense había suspendido un crédito a México de un valor de 800 millones de dólares debido a que PEMEX vendió o donó petróleo a Cuba.
La primera noticia significa que los cubanos que antes estaban utilizando aerolíneas mexicanas para llegar a Nicaragua, que no exige visado a cubanos, y probablemente, tomar la ruta de migración irregular hacia Estados Unidos, ya no podrán hacerlo sin antes hacer el trámite de visado de tránsito en México.
Antes, ya Alemania había también comenzado a exigir visa de tránsito, por el incremento de cubanos que pedían asilo al pasar por la nación germánica.
Hasta ahora, los cubanos que tomaban una aerolínea mexicana que hacía escala en Cancún y luego iban a Nicaragua podían hacer esa travesía sin necesidad de una visa mexicana de tránsito. Esa opción se había convertido en una oportunidad más de viajes a Nicaragua, considerando la poca disponibilidad de vuelos, en comparación con la demanda. Esta exigencia de visa de tránsito responde al hecho de que México ha reportado un incremento de emigrantes cubanos que pasan por territorio azteca desde Nicaragua, y de esta manera intentan limitar el uso del territorio mexicano como escala de esas aerolíneas, sabiendo que si continúan permitiendo la escala para llegar a Nicaragua, esos migrantes terminarán en territorio mexicano pidiendo asilo o intentando cruzar la frontera con Estados Unidos.
Los vuelos de Cuba a Nicaragua fueron ya limitados por la aerolínea Copa, que no hace conexiones con Managua, además de los altos precios para viajar a ese país centroamericano usando otras aerolíneas. Los vuelos a Managua pueden oscilar entre 2000 y 3000 dólares.
En otro sentido, obtener una cita para aplicar a una visa mexicana es uno de los procesos más difíciles para los cubanos que tengan la intención y la posibilidad de viajar. En más de una ocasión la Embajada ha recibido acusaciones de manejos inadecuados de ese proceso, y no son pocas las personas que tienen la percepción de que no es posible conseguir una cita por las vías establecidas para quienes porten el pasaporte ordinario —México no exige visa para cubanos que viajen con el pasaporte oficial o diplomático.
Por otro lado, las expresiones públicas de apoyo a Cuba por parte del gobierno mexicano significan que el vínculo político entre México y la Habana están más sólidos que nunca, al punto que AMLO se ha convertido en una de las figuras políticas no cubanas que con más vehemencia denuncia el peso de las sanciones.
Nuestra opiniónes que México ha optado por un enfoque pragmático, aunque solidario con el gobierno de la Habana. Se ha convertido en uno de los proveedores de petróleo más importantes para Cuba, sobrepasando incluso a Venezuela. No obstante, el gobierno prefiere limitar de todas las maneras posibles la afluencia de cubanos a México, un destino muy codiciado debido a que obtener una visa para Estados Unidos, de cualquier tipo, es prácticamente imposible desde La Habana.
When the wall CAME down
La noticiaes que en Cuba será posible pagar por tarjeta en rublos próximamente, según anunció Boris Titov, comisionado presidencial ruso para los derechos de los empresarios, que se encuentra de visita en La Habana.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel lo recibió y reiteró la voluntad de ambos gobiernos de fortalecer el vínculo comercial y político.
Titov dijo a la agencia rusa de noticias TASS que ambos países trabajan para poder habilitar el procedimiento de pagar en rublos con la tarjeta Mir rusa, de manera que en un corto tiempo eso sea una posibilidad, un paso más en la creación de condiciones para que los turistas rusos prefieran la Isla como destino de vacaciones.
Cuba ha ofrecido varios incentivos a los empresarios rusos para que inviertan en la isla, especialmente en sectores como el transporte, la construcción, la agricultura, el azúcar y el turismo.
Estosignifica que el camino de acercamiento entre los dos países persiste a pesar de la crisis ruso-ucraniana y de las críticas de que este vínculo puede ser un reciclaje de vínculos del pasado. Sin embargo, los encargados de hacer real este vínculo comercial serán empresas privadas que actuarán de acuerdo a sus intereses.
Nuestra opiniónes que Rusia supone una oportunidad para Cuba, y si bien su presencia en la Isla ha sido hiperbolizada por políticos y medios occidentales, es evidente el aumento de las frecuencias de visitas en ambos sentidos. El éxito de esta nueva temporada de amistad dependerá de con cuánta inteligencia el gobierno de la Habana conduzca las oportunidades de inversión.
La ruta china
La noticia es que el Viceprimer Ministro de la República de Cuba y Ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Ricardo Cabrisas Ruiz, presidirá la trigésima Sesión de la Comisión Intergubernamental para las relaciones económicas, comerciales y financieras entre Cuba y China.
Un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores señala que el propósito es «avanzar en la implementación efectiva de los consensos alcanzados durante la visita de Estado del presidente cubano» en diciembre de 2022.
Autoridades del gigante asiático recibieron también esta semana al vic de Educación Superior, Walter Baluja, que visitó ese país para inaugurar el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Inteligencia Artificial, un centro en el que Cuba tiene participación. El Centro se ideó en 2019 y cuenta con la colaboración de varias universidades de la Isla, entre ellas las de Camagüey, Villa Clara, Cienfuegos y La Habana. El Instituto estará presidido por la miembro de la Academia Mundial Yailé Caballero, directora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Camagüey.
La visita de Cabrisas significa que La Habana prioriza el comercio exterior con China, y ofrece especial atención a la potencialidad del vínculo entre empresas biofarmacéuticas.
Al momento de cierre de este boletín, Cabrisas había visitado la cede de la plataforma tecnológica JD y también la empresa biofarmacéutica Biotech Pharmaceutical Limited (PBL), la cual lanzó el anticuerpo monoclonal cubano Nimotuzumab para el tratamiento del cáncer de páncreas.
Es importante mencionar que Cabrisas ha sido por décadas el principal negociador de la deuda externa cubana, y ahora preside además varias comisiones intergubernamentales, entre ellas con aliados clave para Cuba, como Vietnam y Rusia.
Nuestra opiniónes que el gobierno cubano asume una posición más proactiva en la búsqueda de opciones para solventar una dura crisis. China siempre ha ofrecido oportunidades para el comercio y la inversión. No obstante, históricamente, el gigante asiático ha sido un aliado político, pero pragmático, asegurando el retorno de sus inversiones, y evaluando la factibilidad de los proyectos conjuntos.
Los idiomas se enriquecen al incorporar nuevas palabras, que varían sus significados en el proceso de asimilación y adaptación por los hablantes en las circunstancias sociales en que son empleadas. Esto ha ocurrido con el término socialismo desde su aparición hasta la actualidad. Bajo este término se han concebido formas disímiles de organizar la sociedad para beneficio de las mayorías, o se han cobijado aspiraciones deleznables de grupos o sectores minoritarios que han aspirado al encumbramiento propio, en detrimento de las aspiraciones populares.
La utilización del término socialismo apareció en la década de ’30 del siglo XIX para identificar una de las tendencias de esta forma de concebir la solución de las dificultades de los más necesitados. El concepto evolucionó en menos de una década hasta adquirir una connotación inclusiva, la cual abarcó a la generalidad de los grupos que aspiraban a cambios sociales contrarios al individualismo.[1]
La palabra socialismo no aparece en los textos de José Martí hasta su estancia en México (1875-1876). Durante la etapa inmediatamente anterior, desterrado en España, debió conocer los acontecimientos de la Comuna de París, ocurridos entre marzo y mayo de 1871, pero no publicó comentario alguno ni hemos hallado anotaciones en sus cuadernos de apuntes, sino solamente unas pocas referencias indirectas en toda su obra.[2]
La prensa española difundía noticias manipuladas sobre los hechos, e identificaba a los socialistas franceses con la violencia destructiva. Tales tergiversaciones carecieron de una respuesta efectiva, pues el movimiento obrero se hallaba dividido, con predominio de los sectores anarquistas. El joven Martí se mantuvo distante de tales pugnas intestinas que condujeron a los desaciertos de los bakuninistas[3] durante las insurrecciones cantonales de 1873.[4] Desde entonces, el patriota cubano se manifestó contra la búsqueda de la justicia social por métodos violentos, característicos de los anarquistas extremistas.
En México, la generalidad del movimiento obrero optaba por vías reformistas y apoyaba al gobierno de Lerdo de Tejada. Entre los trabajadores urbanos prevalecían dos corrientes, orientadas por ideas confusas: una cercana al anarquismo, con el periódico El hijo del Trabajo como su principal difusor; y otra unionista, mutualista, cooperativista, denominada socialista o socialcristiana, agrupada en torno al Gran Círculo de Obreros de México y su medio El Socialista.
Foto: Gobierno de México
Este peculiar «socialismo» mexicano abogaba por reformas sociales y morales como la instrucción, el establecimiento de agrupaciones mutualistas, garantías políticas y sociales, así como procuraba el bienestar de los trabajadores en justa armonía con los propietarios, con la finalidad de lograr beneficios sin trastornos violentos.
Dirigentes del Gran Círculo identificaban a Martí como defensor de los derechos de los proletarios, por lo que a principios de junio fue escogido delegado al primer Congreso Obrero por la Sociedad Esperanza, formada por empleados públicos de la capital federal. Las actas del encuentro han desaparecido, por lo que no consta su participación en las sesiones, quizás por percibir con disgusto la división entre los asistentes, con predominio de tendencias extremas.[5]
Los dirigentes anarquistas incrementaron los llamados a no participar en las luchas políticas, lo que se unió a la debilidad del gobierno ante el empuje de la reacción armada que encabezaba el general Porfirio Díaz, quien tomó el poder. Martí se marchó de México, y las referencias al movimiento obrero sólo volvieron a ocupar lugar en su obra durante su larga permanencia en Estados Unidos, desde 1880 hasta principios de 1895.
La evolución de las apreciaciones martianas del fenómeno ha sido analizada por diversos autores, lo que permite sintetizar su comprensión paulatina de las razones que asistían a los desposeídos para luchar por alcanzar salarios justos y condiciones humanas de vida, a la vez que condenaba tanto las formas violentas de pedirlas como la represión policial para eliminarlas.
La situación estadounidense hacia 1880 se caracterizaba por la concentración obrera en grandes ciudades —Nueva York, Chicago, Detroit, Cleveland, Milwakee—, en las cuales casi el 80% eran inmigrantes europeos, seguidores de diversas formas de socialismo. Paralelamente se fortalecían agrupaciones dirigidas por oriundos del país, como los Caballeros del Trabajo y la Federación Americana del Trabajo, sustentadas en un discurso democrático, capaces de negociar y colaborar con los propietarios.
Los pocos resultados efectivos alcanzados por estos métodos provocaron grandes huelgas en las que primaban las acciones violentas contra los esquiroles, las instalaciones fabriles y los agentes contratados y la policía, utilizados por los propietarios para restablecer el orden que les convenía a sus intereses. Ante aquella situación, Martí expresó: «Estamos en plena lucha de capitalistas y obreros». [OC, t. 9, p. 322] [6]
La situación contribuía a generalizar confusiones acerca del ideal socialista, denominación asumida por diferentes tendencias. El patriota cubano, siempre en defensa de los más necesitados, llegó a identificarse espiritualmente con algunas ideas del socialismo utópico, como puede constatarse en este fragmento:
«¿Quién, con nobles empeños, no ha aderezado a sus solas cuadros de distribución de los productos, de modo que el dueño holgado toque a un poco menos, y el apurado obrero a un poco más? […] ¿Quién no se ha levantado impetuoso, y retrocedido con desmayo, de ver cuánta barrera cierra el paso a los que sin más caudal que una estrella en la frente y un himno en los labios, quieren lanzarse a encender el amor y a pregonar la redención por toda la tierra? ¿Quién no ha reconstruido con su cerebro la “Utopía” de Moro, y la “Occeana” de Harrington?» [OC, t. 5, p. 105] [7]
Apreciaba en aquellos intentos aspiraciones nobles que merecían respeto y reconocimiento, aunque no consideraba entre las soluciones la eliminación de la propiedad —«el dueño holgado toque a menos»—. Recordemos que entre 1800 y 1900 hubo más de cien comunidades socialistas utópicas en Estados Unidos, y que algunas se instauraron en varios países de América Latina.8Tanto en el norte como en el sur del continente fracasaron, lo que Martí valoró como intentos fallidos para el logro del equilibrio social, sin demeritar a sus promotores.
Foto: Wendy Pérez Breijo
Compartía las confusiones prevalecientes en la época. En uno de sus Cuadernos de apuntes expresa: «Socialismo.?Lo primero que hay que saber es de qué clase de socialismo se trata, si de la Icaria cristiana de Cabet, o las visiones socráticas de Alcott, o el mutualismo de Prudhomme, o el familisterio de Guisa, o el Colins-ismo de Bélgica, o el de los jóvenes hegelianos de Alemania». Y más adelante, en la misma anotación, incluye otras concepciones, también diferentes entre sí, como «Los Zadrugas de los búlgaros» y «Los ‘mirs’ rusos.» [OC, t. 21, p. 386].[9]
No obstante, por sobre la ausencia de información y de precisiones acerca de las diferencias entre las distintas corrientes del socialismo, prevaleció su concepción de hallar soluciones propias aplicables en Cuba, pues consideraba ajenas las provenientes de países con realidades y problemas diferentes a los de la isla antillana sometida al colonialismo español.
Al respecto escribió: «Cada pueblo se cura conforme a su naturaleza, que pide diversos grados de medicina, según falte este u otro factor en el mal, o medicina diferente. Ni Saint-Simon, ni Karl Marx, ni Merlo, ni Bakunin. Las reformas que nos vengan al cuerpo». Además, añadió: «Asimilar lo útil es tan juicioso, como insensato imitar a ciegas». [OC, t. 12, p. 378]
A pesar de sus objeciones, y de considerar aquellas formas de socialismo inapropiadas para su país en aquellos momentos, en sus convicciones democráticas no había lugar para el rechazo y la condena a quienes concebían ideas diferentes a las suyas; por el contrario, dejaba un amplio margen para la discusión y el diálogo, beneficioso para quienes se empeñan en la búsqueda de la verdad, de las mejores opciones, sin imponer criterios, condenas prehechas ni consignas absurdas.
El Maestro siempre afirmó su «respeto por todas las doctrinas, sean cualesquiera sus nombres, que busquen, con respeto a las de los demás, la plenitud del derecho humano». [OC, t. 2, p. 144]
NOTAS Y REFERENCIAS
[1] Ver G. D. H. Cole: Historia del pensamiento socialista, México, 1975, tomo I, p. 9-11. (Utilizamos la palabra “Ver” para indicar el uso de fuentes no tomadas textualmente.)
[2] Ver María Caridad Pacheco: «Glosas en torno a José Martí, la Comuna de París y los sucesos de Chicago», en Anuario del Centro de Estudios Martianos, no. 41, La Habana, 2018, p. 300-392.
[3] El bakuninismo es una corriente de pensamiento anarquista, basada las ideas del pensador ruso Mijaíl Bakunin (1814-1976).
[4] Ver Paul Estrade: José Martí. Los fundamentos de la democracia en Latinoamérica, Madrid, 2000, p. 322; e Ibrahim Hidalgo: Martí en España. España en Martí (1871-1874), La Habana, 2007, p. 132-134.
[5] Ver P. Estrade: ibídem, p. 272, 274-282; y 321; y «Un “socialista” mexicano: José Martí», en Casa de las Américas, no. 82, La Habana, enero-febrero, 1974, pp. 40-50.
[6] Datos tomados de Erika Pani: Historia minima de Estados Unidos de América, México, 2018, pp. 159-172.
[7] Ver Rafael Almanza Alonso: En torno al pensamiento económico de José Martí, La Habana, 1989, p. 222-228.
[8] Carlos M. Rama: «El utopismo socialista en América Latina», en Utopismo socialista (1830-1893), Caracas, 1985, pp. XI-LXXI.
La noticia corría por La Habana sin que ninguno de los medios de la prensa oficial pudiera o quisiera confirmarla. De no ser por el fervor con el cual se dispersaba, podría creerse que era una invención más, un chisme o una broma acerca de un atrevimiento improbable. Pero lo que se difundía de boca en boca era cierto: en la pequeña sala de un apartamento del Vedado, se estaba presentando un espectáculo teatral que cada noche podían presenciar no más de ocho espectadores.
La puesta antes mencionada se llamaba La Cuarta Pared y estaba a cargo de un joven que hasta ese momento no tenía más que un espectáculo anterior en su curriculum ante el público habanero. Los Gatos, ese montaje previo, se había presentado en varios espacios, incluida la sala Hubert de Blanck por autorización de Raquel Revuelta, su directora. Pero La Cuarta Pared fue más allá, y poder entrar a ese espacio tan reducido durante dos horas en alguna de esas noches de 1988, devino en sí una suerte de iniciación que removió la estructura de lo que por décadas había sido una idea del teatro cubano, y aún mucho más que eso.
Víctor Varela fue el director de ese núcleo que durante meses ensayó y estrenó, a partir de una primera idea basada en Seis personajes en busca de un autor, la célebre pieza de Pirandello, que fue luego desechada para dar origen a La Cuarta Pared. Sin palabras, mediante cadenas de acciones y sonidos guturales, una violencia contenida y un desgarramiento que ponía en duda la imagen promisoria de una juventud educada bajo los patrones de la Cuba socialista, el espectáculo sacudió a sus espectadores y marcó un punto de giro en la relación entre la escena y sus receptores.
Cartel de La Cuarta Pared, 1988
Si ello no fuera poco como concepto, añádase a su impacto que la puesta se creó fuera del sistema de control y subvención del Ministerio de Cultura, y que sus representaciones en el domicilio de la coreógrafa Marianela Boán —en aquel momento pareja de Víctor Varela—, se salían de todos los márgenes concebibles para la época. La mera idea de un teatro alternativo o independiente en Cuba rompía el molde de un férreo espacio de sobre/protección, promoción y censura más o menos disimulada, que operaba como una maquinaria sólida, y que de repente no tenía respuestas ante el desacato que implicaba la noticia de ese espectáculo.
Los orígenes del teatro independiente cubano
Para 1959, cuando el ejército de los rebeldes llega a La Habana y toma el control del país, el teatro cubano se dividía en dos zonas muy claras: las puestas de entretenimiento y las que se iban acumulando en una cartelera que aspiraba a una noción más «artística». Pero en realidad el panorama era mucho más complejo, porque a veces ambos conceptos se entrecruzaban. Si los comediantes y artistas provenientes de la tradición vernácula aparecían en el Teatro Nacional —hoy Alicia Alonso— o en el Martí, en las pequeñas salitas que se iban abriendo a partir de fines de los 40 y sobre todo en la década del 50, directores como Andrés Castro, Francisco Morín, Modesto Centeno, Paco Alfonso o Adolfo de Luis, pugnaban por crear un movimiento teatral más diverso, acudiendo a textos de Tennesse Williams, García Lorca, William Inge, Jean Cocteau, Alberto Moravia o Jean Paul Sartre, entre algunos escasos dramaturgos criollos. Con esto se proponían dar aliento a sus grupos, que sobrevivían por lo general sin más apoyo que el que sus integrantes aportaban con gran sacrificio, y la mínima ganancia de la taquilla. Prometeo, Las Máscaras, Arlequín, eran algunos de los puntos cardinales de ese intento, al que se añadieron también grupos de teatro para niños y de títeres, como La Carreta o el Guiñol Nacional de Cuba, fundado en 1957 por Carucha y Pepe Camejo junto a Pepe Carril.
Los hermanos Camejo Foto: Blog de Gina Picart
Con una pieza de Sartre, precisamente, Erick Santamaría había obrado el milagro de la función diaria, a partir de su éxito con La ramera respetuosa, en 1954. Ese fue el detonante de una idea más novedosa en dicho contexto, y las pequeñas salas en el Vedado o las cercanías del Prado habanero, abrieron poco a poco el diapasón a nuevas ambiciones y discusiones. Pero eso operaba en una especie de burbuja, en la que no pocas veces muchos de esos grupos morían casi apenas creados, ante la indiferencia oficial, la falta de subvención o el desinterés de los espectadores.
Como una revolución que precede a las otras, Teatro Estudio había surgido a fines de 1958, y Vicente Revuelta, su fundador, dirigió Largo viaje de un día hacia la noche, de Eugene O´Neill, consiguiendo algo más que una puesta en escena. El espectáculo se estrenó en la sala Hubert de Black y fue un golpe de viento en ese ámbito; anunció nuevas posibilidades que la irrupción de un nuevo concepto político asimiló o no, en distintos casos.
En el Museo Nacional de Bellas Artes funcionaba el Instituto Nacional de Cultura, y en su salita se presentaron numerosos creadores, a los que luego, por tal cosa, se les tildó generalmente de afiliados al batistato. Era una de las pocas opciones de patrocinio oficial de aquel momento. La Revolución desechó ese Instituto, reajustó las cosas con rapidez y en 1959, en ese mismo escenario, Vicente Revuelta estrenó el primer texto de Bertolt Brecht que se veía en Cuba: El alma buena de Se Chuán, con su hermana Raquel en el rol protagónico. A una revolución, también deberían seguirla otras. Y ese fue el inicio de una discusión intensa acerca del papel del teatro en Cuba, de lo cubano en el teatro, y de lo teatral en lo cubano, que perdura hasta hoy.
Estatalización y regulación
Cuando se crea el Consejo Nacional de Cultura, en enero de 1961, la realidad del teatro había pasado a la coexistencia de compañías oficiales reconocidas y amparadas por dicha entidad que dirigía Edith García Buchaca, y a la persistencia de los grupos independientes que seguían presentándose en aquellas pequeñas salitas, no pocas veces contra viento y marea. En su imprescindible volumen Por amor al arte, Francisco Morín describe con amargura el cierre de su sala Prometeo, cuando se dictó la Ofensiva Revolucionaria en 1968 que cerró los negocios de carácter privado. No se le permitió siquiera —cuenta— entrar a recoger la escenografía de la pieza a punto de estrenarse, y tuvo que entregar las llaves a Lisandro Otero, el comisario encargado de hacer cumplir la orden.
Portada de Verde Olivo, Ofensiva Revolucionaria, 1968
Ya para ese entonces varios de sus colegas, que venían de hacer teatro tras su paso por la Academia de Arte Dramático de La Habana (1940-1943) o de la Academia Municipal de Arte Dramático creada en 1947, se habían ido al exilio. A partir de ese momento, toda acción escénica en el país quedaría bajo el control de esa entidad, cuya directora terminaría defenestrada en un célebre proceso. Pero eso es otra historia, aunque no menos dramática.
Pensar, a partir de ahí, en un teatro alternativo o independiente en Cuba se hizo casi imposible. Hacer teatro en casa, rentar un espacio para convertirlo en escenario, representar ciertos autores, era algo negado desde esa noción. Poco a poco fueron asentándose los grupos a lo largo del país, a partir de estructuras que repetían la noción de un Conjunto Dramático, grupos de teatro para niños y grupos titiriteros, amén de compañías danzarias.
La estructura era rígida, y las plantillas de trabajo obligaron a no pocos a decidir si se quedaban en el teatro, la radio o la televisión, o pasaban a la muy selecta nómina del ICAIC. El resultado más o menos inmediato fue la distancia que terminó imponiéndose entre tales medios. Y a partir del I Congreso Nacional de Educación y Cultura, y el proceso de parametración que tanto daño hizo al teatro cubano y a la cultura del país en general, esas normas se hicieron aún más asfixiantes.
Bajo la égida de Luis Pavón y Armando Quesada, entre otros personajes de infame recuerdo, se impuso una visión reduccionista de la creación artística, de la que fueron expulsados nombres que por su sexualidad, filiación política o cualquier elemento que les hiciera sospechosos, quedaban anulados o desplazados hacia oficios no relacionados con el arte o la enseñanza.
Luis Pavón (Izquierda) y Armando Quesada (Derecha)
De esas heridas y traumas hablaré aquí en otro momento. También habría que hablar del pesado control que ejercían quienes revisaban libretos, autorizaban o no ciertos estrenos, promovían a figuras de menor talento en sustitución de directores, actrices, autores, etcétera, que quedaban «parametrados», y por supuesto, no se autorizaba nada de teatro fuera de las sedes oficiales. A Pepe Camejo, director del Teatro Nacional de Guiñol, se le encausó legalmente, entre otros motivos, por hacer teatro en su domicilio cuando se le despojó de su cargo. En 1976, con la fundación del Ministerio de Cultura bajo la dirección de Armando Hart, y la apertura del Instituto Superior de Arte, comienza un nuevo proceso, no tan rápido como se ha descrito a veces, que empezó a disolver las aguas turbias de la parametración.
Un resurgir tempestuoso
Cuando se estrena La Cuarta Pared, ese joven director ya había mostrado su visión crítica y poco ligada a una noción idealizada de la juventud cubana con Los Gatos. Para ese momento artistas de la plástica ya habían empezado a fracturar el estado de cosas al salirse de las galerías y las academias con atrevidos performances, y esa puesta trajo el eco de los espectáculos experimentales que tanto habían espantado a funcionarios, no solo del sector de la cultura, sobre todo tras el indudable triunfo artístico de La Noche de los Asesinos, estrenada por Vicente Revuelta con Teatro Estudio a partir del texto de Pepe Triana, en 1966. Numerosas discusiones desencadenaron aquel montaje que se veía en la (otra) salita del Vedado. Una de ellas era fundamental: ¿podía haber un teatro fuera de los márgenes ya trazados? ¿Podrían los artistas cubanos imaginar su obra fuera del amparo y el marco de la institución?
La Cuarta Pared, elenco de 1988. Foto de Héctor Molina.
Finalmente, el núcleo creado por Víctor Varela acabaría pasando a ser uno de los proyectos aprobados por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, fundado en 1989 con Raquel Revuelta a la cabeza. La asimilación de Teatro Obstáculo por dicha entidad no rebajó su carácter experimental ni sus riesgos, como demostró la polémica que su espectáculo El Arca activó en 1996, a su paso por el Festival de Camagüey, poco antes de que Varela decidiera salir hacia Argentina. El panorama ya se le hacía irrespirable, y la Seguridad del Estado le había prohibido hacer teatro en su casa. Fue un ejemplo excepcional en su momento, que además demostró de qué manera se intentó rápidamente asimilar, por la noción oficial de la cultura, cualquier iniciativa de ese carácter.
El tiempo ha confirmado, curiosamente, que mientras otras expresiones —la música, el audiovisual y las artes plásticas— han logrado ganar independencia a la hora de producir y promover sus creaciones, no pocas veces con mucha terquedad y oposición, el teatro y la literatura siguen bajo una suerte de inspección y vigilancia que no les ha permitido lo mismo. Ni editoriales independientes ni compañías escénicas que pervivan en ese concepto.
No es que se carezca de referentes en tal sentido. Pensemos, por supuesto, en el surgimiento y desaparición de Ediciones El Puente, creadas y animadas por el poeta José Mario entre 1961-1965. O en Ediciones Vigía, nacidas en Matanzas, en 1985, con el propósito de dar a conocer la obra de una nueva oleada de escritores que las editoriales del país se tardaban en divulgar, hoy ya asimiladas también por el sistema oficial de reconocimiento a poetas, narradores, dramaturgos, etcétera. Y tampoco deja de ser significativo que cualquier intento en esa dirección termine siendo coartado con rapidez, como si se tuviera un recelo mayor hacia lo que podría encontrar el lector en esas páginas, o lo que sucede en el espacio siempre impredecible de los escenarios.
Ya se sabe que el cambio de tono al decir un parlamento, una pausa cargada de intención y subrayado, una transición o un gesto, es cosa que la escena magnifica, y el público cubano tiene un largo entrenamiento, proveniente desde el teatro bufo en la colonia, para leer entre líneas e interpretar determinados códigos. Ninguna función es idéntica a la otra ni queda libre de la contaminación que trae el público consigo desde esa realidad que el escenario repite como metáfora subversiva o paródica. Nada más parecido a una manifestación pública que lo que se activa entre el tablado y la platea, bajo ciertas circunstancias: el escenario como ágora.
***
El recelo hacia un teatro que logre filtrar algunos de esos elementos para el espectador, sigue operando, esencialmente como un temor ideológico/político, más que como un debate estético, aunque tampoco eso haya faltado, incluso con producciones venidas de la mano de directores del viejo mundo socialista que eran invitados a Cuba entre los años 70 y 80.
Paradójicamente, cuando La Cuarta Pared se estrena, ya se estaba gestando el nacimiento del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, con el que se activaría la aprobación de proyectos artísticos por obra, a fin de dar nuevas libertades a creadores que quisieran ir más allá del estratificado sistema de grandes compañías, que ya no podía dar respuesta a los anhelos de cambio.
El espectáculo de Víctor Varela aceleró todo eso, a su manera, y al plantear la discusión sobre un teatro independiente o alternativo, que pudiera sobrevivir sin ese amparo, sin la dependencia de un salario garantizado por el Estado, y encontrar un área de representación más allá de las sedes reconocidas por ese engranaje controlado por el Ministerio de Cultura y los agentes ideológicos de turno, sacó a la luz otras problemáticas que la sociedad cubana se estaba preguntando, y callando, desde hacía ya un buen tiempo.
Referente solitario por un periodo, La Cuarta Pared fue mucho más que un montaje polémico y premiado. Fue un antes y un después con el que se conectarían, en esta discusión, otros directores a partir de la década del 90, tratando de activar nuevos módulos de creación y gestión cultural que tendrían por delante batallas no menos arduas.
El temor y el recelo ante una idea de lo alternativo, como un discurso que se encamine a cierta idea de la disidencia, siguen operando en la realidad de hoy. No obstante, algunos directores, cuyos testimonios se incluirán en la próxima entrega de este abordaje a un posible concepto de teatro independiente en Cuba, han sabido responder a esas sospechas con sus propias fórmulas de creatividad. Y sobre todo, de desafío.