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Medicamentos en Cuba ¿subsidio o libre mercado?

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medicamentos Cuba venta informal
Foto: La Joven Cuba

La resiliencia del pueblo cubano es inmedible. ¿Cómo medir una economía que se dirime entre el sector informal, la solidaridad y la subsistencia? ¿Cómo se calcula la subsistencia? Hay índices que contabilizan brechas sociales empleando datos macroeconómicos, estudios de caso, encuestas gubernamentales y datos de organizaciones no gubernamentales; pero qué sucede en el momento en que salvar la vida de una persona depende de algo simple y encapsulado: un medicamento. ¿Lo compra en las farmacias estatales? ¿Lo intercambia por comida? ¿Lo busca en el mercado informal?

La crisis y sus salidas

La pandemia de covid-19 afectó la economía mundial al punto de precarizar la vida, tanto en los países primermundistas como en el tercer mundo, en los cuales tuvo su mayor erosión. En el caso de Cuba se combinan factores como el recrudecimiento de las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos, con más de 247 restricciones del comercio exterior, adoptadas por la administración Trump.

Durante este período fue doblemente difícil para el Estado sustentar la demanda de medicamentos e insumos médicos que requería la población, ya que desde los inicios de la covid-19 fue política del gobierno la creación de centros de aislamiento para recluir a los enfermos, en los cuales se les proveía de manera gratuita medicamentos, alimentos y atención.

En 2021, tras un año y medio de adoptadas esas medidas, sostenerlas era inviable para el país y se hizo evidente el deterioro de la calidad de vida de la población. En julio de 2022, la empresa cubana Biocubafarma dijo a la prensa que retiraban de las farmacias cubanas 142 de los 369 medicamentos que hasta el momento garantizaba, debido a la falta de insumos, materias primas y porque algunos fabricantes extranjeros dejaron de hacer componentes fundamentales para su producción.

En ello vuelve a influir el bloqueo norteamericano que restringe la participación de Cuba en el mercado mundial con plenos derechos y posibilidades, por lo que el Estado debe importar las materias primas a través de terceros países y a costos superiores.

La crisis que ya existía antes de la pandemia se agudizó con ella, pues el 50% de los insumos para la fabricación de medicamentos regulares fueron destinados a la creación de vacunas contra la covid-19, informó la Agencia Cubana de Noticias.

Con todo, también se reforzó el mercado informal de medicamentos a través de las redes sociales y especialmente mediante grupos de compra-venta en la aplicación de mensajería Telegram.  En estos espacios, que están al margen de las regulaciones estatales, se dan diversas formas de transacción económica, desde la compra y venta, hasta el intercambio de unos fármacos por otros, o por productos esenciales.

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Farmacias sin medicamentos durante la covid19 / Foto: Diario de las Américas

Tras el estallido del 11J de 2021, en el cual la escasez de medicamentos fue una de las demandas principales de la población, el Estado cubano eliminó temporalmente las restricciones aduaneras para la entrada de medicamentos y alimentos al país. Esta medida facilitó la iniciativa de la diáspora cubana de organizar contingentes de donaciones de medicamentos, y en adición, consolidó las redes informales de importación de medicinas para abastecer los espacios creados —también informales— para comerciar con ellas.

Con el agravamiento de la crisis, las plataformas digitales de compra-venta cobraron protagonismo, pues los usuarios publican sus necesidades específicas y esperan respuesta de algún otro integrante dispuesto a vender o intercambiar el medicamento por otro, o por comida. No existen leyes que regulen los precios o que establezcan equivalencias en el intercambio, por ende, se trata de un proceso de negociación entre las partes.  

El precio de los medicamentos

En febrero de 2021 el Estado fijó los precios que tendrían los medicamentos a partir de la llamada «tarea ordenamiento». Se mantuvieron los montos para la mayoría de las medicinas destinadas a tratar enfermedades crónicas, como la diabetes o la hipertensión arterial, conocidas en Cuba como «de tarjetón» por la forma en que es regulada su venta.

No obstante, los otros productos farmacéuticos subieron considerablemente de precio en comparación con el valor que tenían hasta el momento. A pesar de ello, el incremento de los salarios también fue considerable, por tanto, no parecían tan caros con el presunto poder adquisitivo que tendría la población. Meses más tarde, hubo una actualización del precio de las medicinas que no modificó considerablemente los montos a cobrar. 

Sin embargo, la crisis antes descrita tuvo un grave impacto en el abastecimiento de medicinas, y el mercado informal terminó supliendo las necesidades que el Estado era incapaz de satisfacer. Para explicar cómo esto ha impactado en la adquisición de medicamentos, puede citarse el ejemplo de un antibiótico de uso común: la amoxicilina.

El «Informe sobre los precios de medicamentos en América Latina», afirma que el precio de la amoxicilina varía en dependencia del país donde se comercializa, no obstante «va de 0.29 a 7.2 dólares entre Panamá y Uruguay», por unidad. En Panamá tiene el mayor valor de comercialización, donde la caja equivale a 17, 8 dólares.

El precio oficial de ese medicamento en Cuba es de 25 pesos 20 cápsulas (aproximadamente un centavo de dólar según el cambio informal actual de 250 pesos por un dólar, que indica el medio no estatal el Toque). No obstante, por los anuncios revisados en los grupos de compra-venta, su precio actual oscila entre los 600 y 800 pesos (de 2,4 a 3,2 dólares según la tasa antes citada).

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Si utilizamos otro indicador importante como comparación, como lo es el salario medio, podremos ver lo que representa para un trabajador invertir en la compra de medicamentos por vías informales. Según los últimos datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en 2022 el salario medio era de 4 219 pesos cubanos. Por tanto, estas 20 tabletas de amoxicilina, al precio oficial, serían aproximadamente un 0,6% del salario medio, empero, el precio informal oscilaría entre un 14,2% y un 18,9%. Si estos números son contrastados con la pensión mínima para jubilados establecida en la Isla (1 528 pesos), nos encontramos que el precio formal del medicamento es un 1,6% y el informal oscila entre un 39,2% y un 52,3%.

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Para el gráfico se utilizó el precio mínimo encontrado por 20 tabletas (600 pesos).

Las reglas del trueque

Ante la crisis, la población cubana buscó alternativas para suplir la carestía de medicamentos y mercancías, entre ellas el intercambio de todo tipo de insumos médicos por víveres.

El antropólogo estadounidense, David Graeber establece que «la alternativa a la economía monetaria es el trueque»; donde la gente intercambia «bienes y servicios directamente por otros bienes y servicios en lugar de hacerlo mediante dinero». También especifica que «un sistema de trueque requiere una doble coincidencia de necesidades de mercado para tener lugar». Para ello debe cumplirse que una persona tenga lo que deseo y desee lo que tengo.

Pongamos como ejemplo que Raúl, un anciano pensionado, necesite amoxicilina y tenga aceite. Este producto, en cualquier país de América Latina, puede comprarse por menos de dos dólares el litro. Antes de la pandemia y de la implementación del Ordenamiento Económico, se podía adquirir por dos CUC, o 50 pesos cubanos que, a su vez, equivalían a dos dólares, por tanto, valía más o menos lo mismo que en el continente. Tras la crisis, se activó un proceso inflacionario tal que paulatinamente hizo ascender su valor hasta 800 pesos en la actualidad. En algunas ocasiones ha llegado a superar los 1000.

Cambio medicamentos

Sin embargo, ¿qué sucedería si para suplir la necesidad de no tener el medicamento para curar una dolencia, Raúl no tuviera a mano el litro de aceite para intercambiar? La respuesta es simple, si Raúl no encontrara otra vía para adquirir el medicamento, tendría que comprar el litro de aceite en ese mismo mercado negro para luego trocarlo por el medicamento que necesita.

Raúl vive en Cuba, una nación afectada por el bloqueo económico norteamericano, que decidió hacer su propia vacuna durante la pandemia y por tanto destinó el 50% de sus recursos asignados a la producción de medicamentos para contrarrestarla. Raúl está vacunado contra la covid-19, pero su necesidad inmediata es la amoxicilina.

Probablemente, la pensión no le alcance a Raúl para solventar sus gastos del mes, pero tendrá que destinar entre 3 y 4 dólares de sus ingresos para comprar el aceite que intercambiará por amoxicilina y curar su dolencia inmediata, o en su defecto, utilizar la botella que el Estado le vende de forma subsidiada una vez al mes.

Del trueque a la mercantilización

Tanto el economista político vienés Karl Polany como el sociólogo francés Michael Callon asumen que el mercado es un espacio concreto y no abstracto donde interactúan sujetos, que a su vez tienen capacidad de agencia. Polanyi explica que el mercado libre desarrollado en el siglo XIX es una construcción social, más que un hecho natural, pues este depende de políticas, normas e instituciones para desarrollarse, por ende, la existencia y funcionamiento adecuado de estas estructuras es fundamental para proteger a la sociedad de las injusticias y desequilibrios del mercado.

Si bien durante la cuarentena el trueque cobró un rol central como método de obtención de los medicamentos ante la falta de abastecimiento de las farmacias estatales y el instrumental médico en los hospitales, posteriormente es sustituido por su venta directa en el mercado informal.

Recientemente, María, una fuente que prefiere mantener su identidad en el anonimato, descubrió que tenía un quiste ovárico y necesitaba intervención quirúrgica, pero el médico le dijo que debía comprar por su cuenta todo el instrumental necesario para su operación y luego empezarían a hablar de fechas y procederes.

María, no tiene familiares en el extranjero que le ayuden, así que tuvo que acudir al mercado informal para adquirir de a poco todo lo necesario. La forma de adquisición del material en cuanto a lo económico vino de la conjunción entre la solidaridad de algunos —una prima que tenía gaza en su casa o medicamentos conseguidos a través de donaciones— y la compra a través de grupos de Telegram y anuncios en redes sociales.

Los precios de los medicamentos que adquirió tienen el valor agregado de haber sido conseguidos «por la izquierda» o traídos desde el extranjero. El naproxeno —un antiinflamatorio que se emplea en el tratamiento del dolor— en Ecuador, por ejemplo, cuesta 3.40 usd el blíster de 10 unidades. Sin embargo, un frasco de 400 unidades en Cuba se comercializa en revolico por 20 usd aproximadamente, es decir: 0, 20 centavos la unidad, mientras en Ecuador cuesta 0, 34. Entonces ¿dónde, de qué forma y a qué costo se adquieren los medicamentos que se comercializan en el mercado informal?

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Foto: Anuncio en Revolico

Un médico cubano que prefiere permanecer en el anonimato explica que los medicamentos se adquieren en destinos como México, Panamá o la India y se compran al por mayor y en muchos casos en rebaja. El naproxeno en México tiene un costo aproximado de 66 pesos, que equivalen a 3, 62 dólares estadounidenses por 45 tabletas, por tanto, cada tableta cuesta 0.08 centavos en México aproximadamente. Es decir, 80 centavos por diez tabletas.

Para realizar este trabajo, La Joven Cuba contactó a una vendedora de medicamentos que los comercializa a través de grupos de Telegram. Con ella, el Naproxeno procedente de México tiene un costo de 500 pesos diez tabletas, es decir, 2 dólares. La diferencia entre el costo del medicamento en México y su venta en Cuba es de 1. 20 dólares. Ahí está la ganancia.

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Vale preguntarse entonces si es posible afirmar que en Cuba existe por debajo de la estructura de salud subsidiada por el Estado, un sistema privado y autogestionado, que emerge ante la incapacidad de ese Estado de mantener uno de los pilares elementales del ideario de la Revolución: la salud pública.

El precio de venta del mercado informal no funciona de manera distinta al mercado liberal tradicional. Se incluye en el precio final el costo inicial del medicamento, su transportación, la ganancia de quien vende y la condicionante de no tener una competencia sustantiva.

Al moverse todo este andamiaje por estructuras paralelas a las formales, el Estado no regula ni incide sobre esta dinámica. El intercambio se da en la medida de la necesidad de las partes, solo que en este caso hay una de las partes que tiene poder sobre la otra, porque tiene en sus manos un producto vital que escasea.

Unida a la desregulación del precio, este sistema informal implica otro peligro. Se están comercializando de manera informal medicamentos que requieren prescripción médica. ¿Quién garantiza la calidad del medicamento en una cadena informal de venta que opera fuera de cualquier regulación estatal? ¿Cómo impedir el mal uso de estos o el abuso por automedicación?

Más allá de los análisis académicos, María sentencia lo que ha vivido: «Aquí estamos sobreviviendo como se puede y la que vende el naproxeno me salvó de pasar dolores».

El dilema del libro en Cuba

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libro en Cuba
Foto: La Joven Cuba

A cualquier usuario cubano le podría llamar la atención un fenómeno que se ha hecho visible en los últimos meses, sobre todo en la capital del país: el surgimiento de diversas librerías virtuales que mantienen una circulación sorprendente de ejemplares, de diversos tipos. La nueva tendencia, que es también una forma de aliviar espacios en casas tradicionalmente lectoras, y de fortalecer un poco las magras economías particulares, coloca frente a frente dos formas de distribuir la lectura: a través del escenario digital y mediante el trabajo tradicional de las librerías estatales.

Por otro lado, La Habana tiene una red de librerías presupuestadas y subordinadas al Instituto Cubano del Libro (ICL) que rondan las 40, ya que cada municipio posee una, aunque en sitios como Centro Habana, Playa, Habana Vieja y Plaza existen entre tres y cuatro. Estas intentan mantener el comercio del libro y la lectura, pero realmente malviven en una situación de poca renovación, donde, además, no hay esperanzas de avance. Tal vez en este contexto le encontremos sentido a que las librerías particulares —que no exceden la veintena— hayan resistido al tiempo, las coyunturas y las crisis.

Desde la democratización de internet en el país se ha dado un incremento de estos negocios, que en un primer momento fueron grupos de WhatsApp de las librerías tradicionales de segunda mano, que se encontraban en La Habana Vieja. Ya iniciada la cuarentena en el año 2020 y sobre todo la implementación de la Tarea Ordenamiento en enero de 2021, la venta de libros se convirtió en un negocio rentable que no requería mano de obra especializada, ni materia prima para procesar. A mediados de ese año la situación económica se agravó y la inflación se hizo más visible, lo cual trajo como resultado que las librerías estatales prácticamente detuvieran la venta, y las particulares, de cierta forma, monopolizaran el negocio.

Librería la Moderna Poesía
Librería La Moderna Poesía en proceso de destrucción

Las personas que han tenido una tradición de lectura a lo largo de su vida, pasado cierto tiempo, han comenzado a preguntarse qué sucederá con el libro físico en Cuba, cómo será en un futuro cercano el nivel de acceso a la lectura, pues resulta bastante complicado darse el placer de leer. En los grupos de Facebook Compra y venta de libros, Venta de libros usados o Venta de libros en La Habana, han existido caldeados debates debido a que muchas veces, a causa de los precios de ciertas obras, se vuelven imposibles de comprar. Y conste que no nos referimos a primeras ediciones, ni a libros que por su rareza o escasez puedan valerlo. Se trata de, sobre todo, impresiones particulares que llegan a rondar los 3 000 pesos, o que exclusivamente se vendan en divisas. También en Habana Libro, comunidad de libreros en WhatsApp, se han encendido los ánimos por el precio privativo de muchos ejemplares.

Más allá de los datos que puedan ofrecerse de manera oficial, la librería estatal es parte de una estructura burocrática que establece la edición, publicación y distribución del libro. Para ello no parece tomarse en consideración al lector potencial en el terreno; más bien, tomando como base la edición e impresión de libros sobre temas que no responden a la demanda de los lectores, parece que se cuenta con estadísticas de segunda y tercera mano, o que se trabaja bajo premisas parciales e informes que generalmente están marcados con sesgos e ideas preconcebidas, en cuanto a la decisión de qué géneros y autores publicar. Sirva de ejemplo que, a día de hoy, existe una ingente cantidad de libros de carga ideológica que responde a la voluntad estatal, y cubre tanto temas políticos o históricos, como biografía de personajes desconocidos, que duermen el sueño de la eternidad en los anaqueles de las librerías.

Si a esto le sumamos que no existe un espacio de promoción masiva para estas publicaciones, tenemos como resultado libros sobre los mismos temas, publicados, por ejemplo, en 2017, que se han ido rebajando hasta llegar a su costo de producción, y que ni en esas condiciones se venden.

Aunque el libro de una librería estatal tiene precios subvencionados, las propuestas —en cuanto a títulos y calidad— no siempre responden a las expectativas y exigencias del lector. Para ilustrar esto puede servirnos de ejemplo un evento como la Feria Internacional del Libro de La Habana, en la cual casi toda la atención se dirige hacia los stands extranjeros, aunque los precios, como norma, sean cuantiosamente superior a los de las librerías estatales, y en algunas ocasiones excedan al salario mínimo en la Isla. Muchas veces se alega que, en comparación, los libros foráneos tienen mejor calidad, diseño y, sobre todo, son obras de escritores contemporáneos, o cuando menos, títulos considerados clásicos.

Al libro producido bajo lógicas estatales, y por contingencia al lector promedio, lo golpea también la crisis de papel, la falta de creatividad y el empecinamiento de intermediarios. Durante la publicación de las archiconocidas ediciones Huracán y Cocuyo circularon ejemplares de clásicos y contemporáneos: Esquilo, Stendhal, las hermanas Brontë, Salinger, Benedetti, Camus, Süskind e incluso, ya del siglo XXI, Stephen King. Sin embargo, la extinción de la materia prima, así como la paulatina desaparición de espacios para la venta, han provocado en los últimos años que muchos cubanos tomen distancia del libro producido por instituciones estatales, a lo que ayuda el poco atractivo de los diseños de las ediciones.

Todo esto a pesar de que el ICL es de las instituciones más comprometidas con su labor en el ámbito cultural. La crisis, eso sí, no tiene compromisos literarios. Esta situación responde, en grandísima medida, al encarecimiento de los costos de producción, incrementados además a partir de la pandemia de Covid y agudizada tras de la implementación de la Tarea Ordenamiento, cuando las editoriales empezaron a ver reducida su tirada y, en muchos casos, detenidos los procesos de publicación, ya que se necesitaba mantener los índices de rentabilidad de un producto que se insiste siga siendo subsidiado.

Este titánico esfuerzo pudo mantenerse muy poco tiempo. Ya en la Feria de este 2023 fue posible ver cómo la mayoría de las editoriales llevaron casi todo lo que tenían almacenado, ante la imposibilidad de nuevas impresiones. Sirva para ilustrar que una editorial como Arte y Literatura ha realizado sus últimas entregas en formato digital.

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E-books en Cuba / Foto: Periódico 5 de Septiembre

Tal vez la solución sea realizar una selección basada en encuestas y estados de opinión, o no subsidiar todos los títulos, para saber qué debería publicarse y generar la menor cantidad de pérdidas monetarias. Incluso pudiera establecerse una cooperación entre los negocios de impresión y las editoriales, que logre una puesta en librería de ejemplares demandados por la población. No sería la misma cantidad de libros, pero sí representaría una solución para el público lector, que es la prioridad.

Hoy también vemos librerías, sobre todo las «de barrio», engrosando la lista de locales desahuciados. Las razones son varias: deterioro, reconstrucciones infinitas, litigios, etc., en todos los casos son una mácula más en la situación actual del libro, y una espada de Damocles sobre el cuello de los lectores.

Es en este punto crítico que aparecen las librerías particulares: negocios privados que han estado coexistiendo junto al ICL en la labor de promover la literatura, en un país donde el derecho a leer se considera un derecho humano.

En esta nueva forma de gestión, es importante aclarar, se han ramificado un grupo de revendedores libres, gracias a la democratización de los espacios digitales. Esto, que está sucediendo de forma diaria, enturbia el trabajo del librero, sea del lado que sea, aunque a veces se trate de personas cuyo único fin sea deshacerse de una biblioteca heredada, posiblemente desconocedoras, y que se insertan en el negocio sin intención de promover la literatura, dinamitando el mercado del libro con precios excesivos y ediciones de cualquier condición y estado.

Por ello librerías como Isla bonita, De Yndias o Kether han establecido de manera fáctica considerar un negocio de venta de libros como librería, teniendo en cuenta cinco elementos: legalidad, tiempo de funcionamiento, ofertas, constancia y el reconocimiento del público lector. Esto ayudaría a no confundir la existencia de espacios para venta de libros (sobre todo online) donde generalmente solo existe el fin económico, con la objetividad de una librería y las funciones que ella cumple, no solo como negocio, sino como espacio de difusión, debate y entretenimiento.

Actualmente, aunque algunas tienen un espacio físico como La Tertulia y Nautillus en el Vedado, de manera general se sitúan en el mundo virtual. Librería De Yndias, Buena Vista Social Book, Libro Habana y la comunidad Libros de Uso, utilizan grupos de WhatsApp y Telegram para publicar las ofertas, e Instagram como red social de promoción. Este tipo de librerías tiene como tendencia la venta de ejemplares de buena calidad y factura —lo que en muchos casos se promociona como ediciones extranjeras— que resultan ser también libros muy demandados. Esto sería tal vez un rasgo positivo, si no viniera de la mano el precio privativo que supone una cantidad limitada de títulos, por regla general, a un solo ejemplar.

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Librería La Tertulia / Foto: El Caimán Barbudo

Sucede también que mediante convenios tripartitos se imprimen libros de manera no industrial por otros negocios privados y que, debido al precio del papel y las tintas, se venden a precios exorbitantes, teniendo una calidad ínfima. En estos casos asistimos a un problema de oferta y demanda donde sucede la anteposición de la visión del libro como objeto —cosa para mostrar y fotografiar para publicar en redes sociales— a la del libro como sujeto —entidad contenedora de información, aprendizaje, ocio y cultura.

Pasado varios años del surgimiento de estos sitios, grupos de libreros como De Yndias o la comunidad Buena Vista Social Book, han ido reclamando la pertinencia de trabajar como un gremio —recordando a los extintos libreros de la Plaza de Armas, hoy relegados al desconocido callejón de Jústiz— y crear una comunidad literaria, expandir el acceso a la lectura o generar espacios para el debate cultural, que responda genuinamente a los consumidores. Sin embargo, prima, generalmente, una voluntad económica que engulle en muchos casos la voluntad espiritual de distribuir conocimiento. El ICL por otro lado, ha intentado alejarse del móvil monetario teniendo una línea sociocultural en cuanto a venta y distribución.

Desde el año 2020 el papel del libro y la literatura se ha transformado. La pandemia logró que la permanencia de la población en casa funcionara como fórmula de reencuentro con actividades que de a poco se estaban perdiendo o, en muchos casos, relegando a un sector específico de la población cubana. Se desempolvaron las bibliotecas del hogar, se desterró la lectura digital y el libro físico ocupó un lugar primordial en varios momentos del día.

Si bien es cierto que la lectura puede entenderse como una cuestión de status y su acceso no está aún disponible para todos, actualmente asistimos a un escenario donde se encuentran dos maneras de distribución y promoción frente a un público ávido y potencialmente dispuesto.

No debe perderse de vista, sin embargo, que, tanto en la esfera estatal como en la particular, existen un conjunto de dificultades genuinas y apreciables que frenan la entrada al universo literario del pueblo llano. El libro de calidad, en el amplio sentido de la palabra, se ha convertido en un objeto de lujo y en muchos casos ese pueblo no identifica la necesidad de la lectura como un elemento básico que contribuya al mejoramiento necesario de la sociedad contemporánea. Cuba hoy necesita nuevas maneras para la distribución democrática del leer, y tomar referencias propias: rememorar las décadas del 70 y 80 del siglo anterior, donde era algo normal ver a un grupo de personas leyendo dentro de una guagua.

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Librería estatal Fayad Jamís / Foto: Radio Enciclopedia

La agudización de la crisis trajo consigo una división no solo económica, sino intelectual. Hoy las librerías populares no ofertan lo que el público de a pie desea leer y las privadas no son accesibles para todos. El resultado es que el libro se convierte en un objeto con el que se miden capacidades en cuanto a lo exitoso y privilegiado. De mantenerse esa tendencia, llegará un momento donde no solo valdrá tener MLC y comprar en MYPIMES, también contará saber cuántos libros compraste en la Feria o en la librería particular. Contribuye a ese peligro la subida constante de las divisas y la eventual dolarización de los negocios privados, junto a una inflación que cada día devalúa más los salarios.

Varias acciones pudieran llevarse a cabo para que el libro no se convierta en un elemento más, identitario de las diferencias económicas en Cuba, como la vestimenta y los medicamentos. Tal vez reducir tiradas sería una primera solución para que el Estado no pierda recursos y dinero con ejemplares que no se vendan, y el público tenga acceso, al menos, a obras deseadas.

Además, pudieran crearse convenios con diferentes espacios, estatales o no, donde se promocione la lectura de manera regular y al nivel del cubano de a pie, como han hecho librerías como La Tertulia, Nautillus y De Yndias en bares, cafés y centros culturales. También, como sucedía en los años 90 con la crisis del Periodo Especial, se debería fomentar la asistencia a las bibliotecas públicas y promocionarlas como un sitio de fácil acceso para aquellos a quien les sea completamente imposible comprar un libro; allí podrían al menos leerlo en igualdad de condiciones con quien lo adquirió en una librería.

Debiera asimismo revisarse el listado de obras ya publicadas que siguen siendo demandadas para reeditarlas. Así no habría que pensar en un tema como el derecho de autor, que ha sido el dolor de cabeza de todas las editoriales cubanas que tienen, por otro lado, catálogos muy respetables.

Finalmente sería interesante y novedoso iniciar procesos de colaboración con la red de librerías de Latinoamérica o España, e instalar franquicias —como sucede con la librería Tuxpán, del Fondo de Cultura Económica, de México, en L y 27—. Esto no solo anularía el carísimo proceso de impresión (el principal problema de las editoriales hoy) y resolvería el acceso a libros y/o autores demandados, si no que revitalizaría locales subutilizados, otorgándole a la ciudad un aspecto más agradable.

De no implementar estas u otras soluciones, el acceso a la lectura se podría tornar, incluso, más restrictivo: por un lado, las mosqueadas ofertas estatales, y por otro, las privativas ofertas particulares. El libro, como en el principio de la imprenta, volvería a ser un objeto de poder y no de pasión. Y nuestro país, que tanta pasión necesita, se convertiría en una tierra baldía y de corazón de piedra.

Mipymes, morosos, una protesta con linternas y más

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Fábrica de Arte, protestas, pymes
Foto: La Joven Cuba

«Regulados» por no pagar

La noticia es que unos 600 contribuyentes que han incumplido con el pago de impuestos no podrán salir del país, ni siquiera temporalmente, mientras no liquiden la deuda.

La medida fue informada por la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (Onat). Hasta el momento, la institución sólo había impuesto sanciones de carácter económico como recargos y multas, pero a finales de septiembre comunicó que tenía facultades para impedir la salida del país a quienes han incumplan con el fisco.

Esto significa que la morosidad en el pago de compromisos, la subdeclaración de ingresos y, en general, la evasión fiscal, son problemas que se han hecho muy preocupantes para el Estado.

Hace un año, la Onat reveló que la deuda por cobrar superaba en ese momento los mil millones de pesos y que unos 338.200 contribuyentes no habían pagado sus impuestos.R

Nuestra opinión es que Cuba tiene derecho a adoptar medidas contra la evasión fiscal, como hacen la mayoría de los países, incluso los que tienen economías más grandes. Sin embargo, en medio de la crisis económica que enfrentamos, además de demandar precisión en las declaraciones de ingresos y el pago puntual de las deudas, la Onat debería apostar por una estrategia de beneficios fiscales más amplia que la actual. El castigo, aunque sea justo, también desestimula la inversión.

 

Cientos de nuevas mipymes y una sola cooperativa

La noticia es que Cuba cuenta con 192 «nuevos actores económicos» aprobados por el Ministerio de Economía y Planificación este 12 de octubre de 2023.

La mayoría, 186, son mipymes privadas. El resto fueron 5 mipymes estatales y una cooperativa no agropecuaria. Se informó que estas empresas se dedicarán, como ha sido común hasta ahora, a servicios gastronómicos, al transporte de pasajeros y a la producción de materiales de construcción.

Esto significa que el gobierno sigue aprobando empresas privadas, a pesar de los rumores, polémicas y críticas que provocan tanto en sectores de la oficialidad como en la oposición.

Con las de esta semana, ya suman 8.951 las micro, pequeñas y medianas empresas autorizadas en el país. No obstante, su peso en Producto Interno Bruto, según datos revelados en junio pasado por la viceministra de Economía y Planificación Johana Odriozola Guitart, es apenas el 13%.  

Asimismo, el monto de las importaciones, según el ministro Alejandro Gil alcanzó 166.6 millones de dólares por parte de mipymes no estatales en los primeros meses de 2023, frente a las exportaciones, de sólo 4.8 millones de dólares.

Nuestra opinión es que las mipymes están lejos de tener una influencia decisiva en la macroeconomía cubana en el momento actual, pero abren un camino que podría rendir mejores resultados en el futuro. El desbalance entre las exportaciones importaciones expresa la deformación tradicional de nuestro sistema económico. No es una novedad, ni mucho menos un problema que trajeron estas empresas. Los expertos coinciden en que tampoco son responsables de la inflación.

Sin pretender que sean la tabla de salvación, todo indica que traerán más beneficios que daños. Un paisaje tan deformado y paralizado agradece este pequeño terremoto.

Llama la atención, por otra parte, que formas de organización económica de carácter más «socialista», como las cooperativas, no estén siendo promovidas ni estimuladas con beneficios particulares. Este síntoma probablemente apunta, no sólo a realidades económicas, sino también simbólicas o culturales.

 

La política antirracista

Fue noticia la inauguración del Laboratorio Social Color Cubano este 12 de octubre de 2023, como parte del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial. Ese programa está a cargo de la viceprimera ministra Inés María Chapman y cuenta con un plan de acciones hasta 2030.

A la inauguración del laboratorio, que tiene su sede en el Centro Cultural Quintín Banderas Betancourt del barrio habanero de Jesús María, asistieron el ministro de Cultura y otros funcionarios.

Esto significa que el antirracismo sigue siendo una bandera política, un argumento de legitimidad para la actual generación de dirigentes. Y si bien durante mucho tiempo se intentó ocultar en el discurso oficial la prevalencia de actitudes racistas en la Cuba post-1959 bajo el mito de que «La Revolución acabó con el racismo», hoy están más dispuestos a reconocer el problema.

Nuestra opinión es que la respuesta a un problema estructural obliga a transformar las estructuras que, más allá de la voluntad política, sostienen el racismo y lo naturalizan.

En un país donde es bastante común que no tengamos acceso a estadísticas imprescindibles para comprender nuestro contexto, deberíamos establecer con exactitud cuál es la relación entre pobreza y color de la piel, y en consecuencia, implementar políticas públicas que faciliten la movilidad social. Asimismo, deben esclarecerse las garantías y caminos que tienen las personas que sufren el racismo para denunciar conductas, actitudes y mensajes lesivos a su dignidad.  

 

Una protesta con oportunidades

La noticia es que Fábrica de Arte Cubano (Fac), un centro cultural muy particular por su dimensión, influencia y carácter multiempresarial, fue cerrado por excederse en el consumo eléctrico.

Como reacción a la decisión de las autoridades, Fac publicó un comunicado en sus redes sociales donde declara que «mantendrá abiertas sus puertas, buscando soluciones creativas que no afecten el Sistema Energético Nacional». Aclaran que usarán los generadores eléctricos que poseen además de «las linternas, lámparas y celulares» de los trabajadores, quienes si el lugar cerrara, quedarían desempleados.

Esto significa, primero, que la crisis energética de los últimos meses está alcanzando espacios que hasta el momento no habían sido afectados. Un nota de la Agencia Cubana de Noticias, publicada este 13 de octubre confirma que el Sistema Eléctrico Nacional vive al día.    

No obstante, lo más relevante de este incidente es que el colectivo de Fac, con los gestores a la cabeza, decidió contradecir la decisión de las autoridades y anunciar una salida que —con cierto sarcasmo al discurso oficial promovido por el presidente Diáz-Canel sobre «resistencia creativa»— alude a «apostar por la búsqueda de soluciones creativas sin generar cargas adicionales, considerando el impacto del arte y la cultura en una sociedad que necesita belleza y esperanza para seguir avanzando y resistiendo».

Unido a esto, demuestra que una parte del sector privado enfrenta la crisis y las medidas de ahorro con una actitud que contrasta con la mayoría de las organizaciones estatales —al menos dentro del sector presupuestado—, pues, para estos primeros, dejar de trabajar, implica también dejar de cobrar.

Nuestra opinión es que Fac use precisamente este lenguaje para proponer una singular protesta por el corte eléctrico, a la que convocaron a cientos o miles de clientes habituales con teléfonos y linternas, en tono festivo, es un gesto atrevido e inteligente.

Aunque lo político esté gravitado todo el tiempo sobre el discurso utilizado para presionar a las autoridades, tiene posibilidades de resolverse a favor de los protestantes. Se trata también de un caso muy particular de emprendimiento a gran escala que goza de un reconocimiento que rebasa las fronteras de Cuba. Habría que ver qué pasaría si algo similar hubiera ocurrido en un proyecto menos conocido enclavado en una comunidad en situación de vulnerabilidad.

En la Cuba de las empresas privadas y la rentabilidad económica, este tipo de estrategias serán comunes, incluso si no se legisla sobre el derecho a la protesta. Habrá más intereses económicos en juego, y en correspondencia, surgirán nuevos modos de protestar en nombre de los negocios y de la «resistencia creativa».

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Ilustración: Brady

Al menos para mí, hay algo fascinante en las malas películas, aquellas que de tan burdas devienen joyitas de coleccionista. Muchas son de ciencia ficción, realizadas en los años 40 y 50, cuando el género conoció un auge que trajo a la luz tanto maravillas auténticas como bodrios memorables; de este último y nutrido grupo baste citar Teenagers from outer space, Cat women of the moon, Bride of the gorilla, The beast of Hollow mountain (que enfrentaba dinosaurios y vaqueros), Robot monster (con un extraterrestre vestido de gorila y con un casco por única prenda) y la inigualable Plan 9 from outer space del mejor mal director de la historia, Ed Wood. Décadas posteriores trajeron las ouvres de Ishiro Honda: Godzilla, Gorath, Latitude zero (Godzilla fue resucitada luego, entre otros, por un pésimo director de nuestros días, Roland Emmerich); la increíble Cannibal women in the avocado jungle of death y mi favorita, la reina de todas, Attack of the killer tomatoes.

Ahora bien, esas películas son malas desde cualquier punto de vista, y si me fascinan es porque la chapucería de la que hacen gala termina resultando divertidísima. Eso no significa que solo por cargar con la culpa primigenia de haber sido producidas antes de la era digital, todas las historias con monstruos, decorados fantasiosos y efectos especiales basados en la física, sean inferiores a las de hoy y deban ser consideradas con paternalismo y sonrisitas burlonas. Sin ir más lejos, la King Kong de Schoedsack y Cooper, de 1933, conserva una magia, ilustra el espíritu de aventura de los grandes exploradores del pasado en forma infinitamente superior a la de los desabridos remakes de John Guillermin (con una debutante Jessica Lange) y Peter Jackson (con un imperdonable Jack Black).  

La aceleración de la vida moderna, Internet y el Paquete Semanal han llevado a consumir, casi en exclusiva, los productos culturales aparecidos en la última semana. Es como si el acervo artístico de la Humanidad fuese equivalente a un par de zapatos gastados que no se usan sino ocasionalmente, y cuyo mejor destino es el olvido. Hay que estar en la última, hay que ver los Óscars del año, y con eso ya se sabe de cine. Un socio joven me comentó hace poco que acababa de ver una película vieja (del siglo pasado, aclaró, figúrense qué antigualla) y que le gustó, pero que los efectos especiales le parecían de palo. Indagué; la película resultó ser Alien, de Ridley Scott.

Vértigo, de Hitchcock, es una pieza inagotable, que suele estar en el top ten, y a veces encabeza esas listas de mejores películas que algunos expertos compilan a cada rato. Aun teniendo una buena copia en DVD, hace un tiempo fui a la Cinemateca a verla en comunión con otros devotos… y no faltó el comemierda que rió con los efectos de la caída y las alucinaciones del personaje de James Stewart. Como si la historia del arte —y la tecnología— no existieran, como si en cada momento no hubiera un state of the art y solo el presente, moviéndose como el haz de una linterna sobre la pared de una cueva, legitimara calidades y saberes.

Hay películas que envejecen mal, es cierto. Y géneros que necesitan reinventarse casi a diario para funcionar con el público. Las comedias y las historias románticas sobrenadan mucho mejor que el terror y la ciencia ficción: en su momento, la gente aullaba de puro espanto en la sala oscura con la antológica escena de Psicosis (Hitchcock, 1960) en que se revela la naturaleza de la señora Bates; hoy día, es poco probable que dicha secuencia arranque algo más que una risita nerviosa, en el mejor de los casos. Ahora bien, de la misma manera que el hiperrealismo no es mejor que el manierismo, eso no significa que ahora seamos mejores o más inteligentes, sino que reaccionamos frente a otros códigos, a otro set de referencias. Para hacer soñar a sus contemporáneos, los encargados de efectos especiales en décadas pasadas echaban mano a lo que había, y a menudo se aparecían con soluciones muy ingeniosas.

El maestro fue, desde luego, Georges Méliès (a quien mucha gente vino a descubrir con Hugo, de Scorsese). Gente como Ray Harryhausen en Estados Unidos (amigo de toda la vida, por cierto, de otro enorme Ray, escritor este, y con tanta imaginación el uno como el otro: Bradbury) o Karel Zeman en la antigua Checoslovaquia eran auténticos artesanos que enfrentaban retos para llevar a la pantalla criaturas de fantasía, para transportarnos a otros mundos y otras épocas sin otros recursos que su imaginación, algunas maquetas y efectos ópticos. Tengo para mí que la insuperable escena de combate con los esqueletos creada por Harryhausen para Jasón y los argonautas (1963) y las epopeyas arraigadas en la obra de Verne Una invención diabólica (1958) y El dirigible robado (1967), en que Zeman pone a interactuar a intérpretes vivos con decorados que se inspiraban en grabados decimonónicos, perderían su encanto de ser reinterpretados en VFX. Coppola concibió su extraordinaria Drácula sin efectos digitales, centrándose en el maquillaje y los efectos ópticos tradicionales. En un mundo devorado por el 3D, todo lo de Aardman y el corto cubano 20 años (2009) son apuestas por la animación en stop motion a la vieja usanza.

Como sucede con la moral, analizar el pasado desde la lógica del presente lleva a simplificaciones absurdas, a un sentimiento de superioridad que no refleja sino ignorancia. Estoy convencido de que cuando se examine el cine de hoy desde el futuro (sin ir más lejos, esos monstruos políticamente correctos, ese King Kong ecologista, ese Godzilla defensor de la Humanidad frente a lagartos feos y antisociales) suscitará críticas implacables y mucho más justas.

Y ojo: no digo que la imaginación y el talento no sean igualmente importantes a la hora de usar las herramientas digitales; mi punto es que la historia del cine no empezó con los Óscars de este año, y desestimar a los clásicos porque los efectos parezcan de palo, es más o menos como echar a Mozart a un lado porque compuso antes del invento de la guitarra eléctrica.

Llegar al fondo, en la playa de tus sueños

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Foto: Néster Núñez

Has llegado a la playa de tus sueños. Sabes que necesitas lanzarte. Sabes que esas aguas y ese tiempo sumergido, te curarán. Miras al cielo despejado y azul. El sol aún está suave en la mañana. El bote reposa sobre un mar sereno y transparente. El canto lejano de un ave te transmite calma. Aguantas la respiración. Te dejas caer a lo profundo.

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Foto: Néster Núñez

Años atrás tuve un amigo poeta que siempre llevaba puestos unos audífonos tipo cascos. Así iba al trabajo o a casa de la novia. Así lo veías caminando por cualquier calle de la ciudad, o subido en una guagua o sentado en el malecón del río o en un banco del parque. Cuando veía al poeta con los audífonos puestos, le hacía algún gesto para saludarlo, pero no lo molestaba. Lo dejaba tranquilo con su música, con sus audiolibros o con lo que fuera que escuchara. Hasta que una tarde, la curiosidad me venció:

—¿Qué es lo que escuchas tanto? —le pregunté. No me oyó a la primera, por supuesto— Que ¿qué estás escuchando?

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Foto: Néster Núñez

Mi amigo se quitó los cascos y me los puso sin sonreír, sin decir una palabra, sin cambiar su expresión tranquila. Yo no escuchaba nada. Ninguna música, ningún audiolibro. Le dije que pusiera a reproducir aquello. Él se llevó la mano al bolsillo y sacó el extremo del cable, todo mordisqueado. Creo que me explicó qué había sucedido, pero no logré escucharlo. Los cascos apretaban bien. Aislaban los sonidos de un modo que asustaba.

Un hombre que vive a ratos en una ciudad sin sonidos. Un hombre que a ratos ve en blanco y negro. Un hombre, una mujer, que amortigua a voluntad el sentido del oído, presta más atención a los olores, a lo que ven sus ojos, al tacto. Una persona así no teme acceder a las ideas y emociones que genera su cerebro. Es un ser humano que experimenta distintos modos de ser libre. De vez en vez regreso a leer su poesía.

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Foto: Néster Núñez

El agua fría eriza tu piel. Tu instinto de conservación se activa. Sientes los pulmones cargados de oxígeno. El fondo del mar te atrae. El movimiento de tus brazos y piernas te llevan abajo. Con la primera brazada dejas atrás el ruido de los motores de los autos. Con la segunda, toda la música se convierte en latido de corazón. Desciendes. Las voces humanas suenan como burbujas de aire en el mar. Tu mente está tranquila, relajada. Los apagones no existen. Los niños no tienen que ir a clases. No tienes que buscar comida para esta noche. Tu mente está tranquila, relajada. Eres solo un cuerpo húmedo acogido por una profundidad agradable. Has regresado como al vientre de tu madre. La placenta te protege.

Una vez tuve un amigo diabético que disolvía los límites. Bebía ron mientras el Ballet Nacional de Cuba bailaba Coppelia en el teatro. De noche, buscaba en el cementerio las carabelas de su madre y de su abuela para tenerlas de regreso en su casa. Apagaba los cigarros en la piel de su brazo. Pintó cuadros de bichos grotescos sobre la cúpula de la catedral católica, sin pretensiones de éxito o de dinero, solo por sacarse los demonios que llevaba dentro. «¡Abandonad toda esperanza!», decía junto a la puerta de su casa.

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Foto: Néster Núñez

La gente lo adoraba o lo odiaba, sin matices intermedios. Es difícil tener un amigo que te demuestre constantemente que se puede vivir de una forma distinta; que el entorno te asfixia solo si tú lo permites; que el poder estableció a su conveniencia límites y normas, y que quebrarlos no es tan difícil como parece. Yo era un muchacho normal: pertenecía al bando de los que lo llamaban loco. Aún no me había abandonado a mí mismo durante tres minutos en el fondo del mar, ni había conocido a aquel que llevaba audífonos tipo cascos.

Ves las algas fluir con el vaivén de la corriente. Los peces de colores juguetean frente a tus ojos. Los rayos del sol llegan dispersos a ti. Es como estar en un sueño. Treinta segundos, dos minutos, todos los años de tu vida: el tiempo que has pasado en esa especie de útero materno ha sido placentero, pero ya es demasiado. Lo que fue zona de confort ahora te oprime. Te falta el oxígeno y te revienta el exceso de dióxido de carbono. Tu cuerpo y tu mente no resisten la presión. Quedarse abajo es cosa de locos. Te quitas el cinto de plomo y comienzas el ascenso, desesperado por llegar arriba.

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Foto: Néster Núñez

El amigo poeta emigró de la isla. El pintor irrespetuoso de los límites, murió.

Dondequiera que estén, los imagino felices.

La vida es esa inmediata bocanada de aire después de salir del mar (del mal) que te rodea.

(A veces, a los recién nacidos hay que darles una nalgada.)

Y está el amanecer también, la familia y los amigos.

Has llegado a la playa de tus sueños: sabes que necesitas curarte.

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Foto: Néster Núñez

Lo que trajo el barco y más

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Agenda Global
Foto: La Joven Cuba

Lo que trajo el barco

La noticia es que un banco estadounidense retiró un crédito de unos 800 millones de dólares a la empresa estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX) como represalia por enviar petróleo gratis a Cuba durante los meses de junio y julio de este año, informó Milenio.

Mientras tanto, PEMEX ha tenido que salir al paso de las críticas de parlamentarios por haber «donado» crudo a Cuba: «Petróleos Mexicanos no ha donado petróleo a ningún gobierno extranjero», dijo un alto funcionario de esa empresa azteca.

Sin embargo, esa fuente refiere que PEMEX habría intentado ocultar este envío, y no se conoce cómo fue el método de pago.

Esto significa que las sanciones de Estados Unidos a Cuba continúan persiguiendo las importaciones de petróleo a Cuba y multando a quien se atreva a vender o donar combustible a la Isla, con el consecuente efecto disuasivo para otras compañías y navieras de que no lo hagan. Esta continuada persecución a las importaciones cubanas de combustible sucede en medio de una severa crisis energética que obliga al gobierno cubano a utilizar crudo para la generación distribuida. Solo esta semana se reportó que al menos cinco unidades de diferentes termoeléctricas estaban fuera de servicio.

Esta noticia confirma también que la voluntad de México de suministrar crudo a Cuba, continúa a pesar de las presiones y riesgos de no hacerlo. De acuerdo con Reuters, en lo que va de año, México ha exportado 2.8 millones de barriles de petróleo a Cuba, mucho más que los dos buques enviados el año pasado, cuando sí envió petróleo a la Isla y la calificó como «ayuda humanitaria».

Nuestra opinión es que estas multas demuestran la vitalidad del sistema de sanciones, y el efecto disuasivo que genera en empresas públicas y privadas, así como en las navieras que transportan las cargas. Para Cuba, la situación electroenergética es un problema de seguridad nacional debido a que la estabilidad social está estrechamente relacionada con la disponibilidad de electricidad. Las protestas en Cuba en los últimos 35 años han estado vinculadas con largos apagones.

 

¿Diplomacia o desempeño doméstico?: Cuba es elegida por 6ta vez al Consejo de Derechos Humanos

La noticia es que Cuba ha sido elegida por sexta vez al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, órgano de la ONU que tiene como mandato proteger y promover el cumplimiento de los derechos humanos en el mundo.

Otros 14 miembros fueron elegidos para este Consejo en un proceso que el gobierno cubano ha interpretado como un reconocimiento al trabajo del gobierno en materia de derechos humanos y como apoyo internacional a Cuba.

Mientras tanto, sectores opuestos al gobierno han criticado esta elección, debido a cuestionamientos por supuestas violaciones de derechos humanos cometidas en la Isla, así como la presencia de presos políticos, especialmente tras los sucesos de las protestas multitudinarias del 11 de julio de 2021.

Esto significa que Cuba continúa teniendo músculo en el escenario multilateral, y habla más de su acertada maquinaria diplomática que de su desempeño en materia de derechos humanos.

Desde la desaparición de la Comisión y la fundación del actual Consejo, Cuba aseguró un asiento desde el comienzo, y ha sido reelecta cada vez que ha sido posible por los estatutos. Ha tenido un récord de votación coherente con su política exterior, de respeto a la no injerencia y a no condenar violaciones de derechos humanos en países aliados.

Cuba se someterá el próximo 15 de noviembre al examen periódico universal de los derechos humanos, un ejercicio de evaluación que realizan en el Consejo basado en un informe presentado por el país que se somete a evaluación, un reporte compilado por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, así como una recopilación de reportes de organizaciones no gubernamentales y otras aliadas de la ONU. También cada Estado miembro tiene derecho a hacer recomendaciones y preguntas al país evaluado, que suele convertirse en una sesión relámpago en la que cada país puede hacer uso de la palabra solo durante 3 minutos.

Nuestra opinión es que esta elección de Cuba ofrece al gobierno de La Habana un elemento más que desacredita el discurso de que la Isla está aislada del mundo, y es un escenario más que Cuba utilizará para enarbolar los temas prioritarios de su política exterior: la condena a las sanciones de Estados Unidos y la exigencia de retirar a la Isla de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo. Sin embargo, las verdaderas deudas en materia de derechos humanos continuarán fuera del discurso oficial cubano, que tiende a culpar al sistema de sanciones de Estados Unidos como el principal factor que viola los derechos humanos de los cubanos.

 

Cuba-Rusia: en mi casa mando yo

La noticia es que los ministros de Justicia de Rusia y de Cuba firmaron un memorándum de entendimiento para la colaboración en la esfera jurídica, un nuevo paso que confirma la voluntad política de estrechar los lazos entre ambas naciones.

La última visita de alto nivel conocida fue la del presidente del Consejo de Estado y de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo Hernández, que representó a la Isla en la primera conferencia parlamentaria Rusia-América Latina, que sesionó del 29 de septiembre al 2 de octubre en Moscú.

Anteriormente, el Ministro cubano de las Fuerzas Armadas, General Álvaro López Miera, visitó Moscú y se reunió con el Ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, siendo el primer visitante internacional que recibiera tras la insurrección del grupo Wagner. Díaz antes, el Primer Ministro cubano, Manuel Marrero, visitó tres ciudades rusas en una gira de 11 días.

Esto significa que hay una voluntad de acercarse políticamente y crear vínculos entre las instituciones de cada país; una relación renovada que Estados Unidos y Europa miran con ojeriza. El Ministro de Defensa ruso dijo a la prensa que durante la visita del General Ministro de las FAR. que Cuba era el principal aliado de Rusia en la región.

Nuestra opinión es que La Habana intenta encontrar un aliado que ofrezca oportunidades para la estancada y empobrecida economía cubana, sometida a una tormenta perfecta que ha suscitado una marcada disminución de la calidad de los servicios públicos y ha limitado el acceso a la comida.

Por otro lado, Cuba necesita continuar en un fluido diálogo con Moscú y así mantener el acuerdo de reestructuración de la deuda aprobado por la Duma rusa en febrero de 2022, según reportó AFP.

Sin embargo, en términos de inversiones en el país, en cuanto a empresas establecidas y presencia real en el entramado industrial cubano, Rusia tiene una presencia menor en comparación con las empresas de origen vietnamita y mexicanas, por ejemplo.

 

Kenya: una puerta que se cierra para la cooperación médica cubana

La noticia es que la ministra de salud de Kenya, Nakumicha Wafula, anunció que su gobierno no renovará el acuerdo de cooperación médica con Cuba, que durante seis años ha permitido que decenas de médicos cubanos ofrezcan atención médica en zonas intrincadas de ese país africano, así como la posibilidad de estudio en especialidades médicas para galeno kenyanos.

El acuerdo se implementó en 2018, cuando unos 100 médicos cubanos arribaron a Nairobi tras un acuerdo alcanzado durante la visita del presidente kenyano unos meses antes.

Sin embargo, organizaciones sindicales de médicos, enfermeras y dentistas han protestado por la presencia de los especialistas cubanos, pues, afirman, hay muchos profesionales de la salud desempleados en Kenya, y que quienes tienen empleo cobran menos de la mitad de lo que se paga por el trabajo de los cubanos.

La Comisión de Remuneración y Salarios de Kenya afirma que cada profesional de la salud recibía un pago mensual de 5.300 USD, cuando los locales reciben entre 1.600 y 2.300 USD.

El gobierno cubano ha recibido críticas debido a que una parte de los ingresos percibidos por estos profesionales es recaudada por el gobierno, y de hecho, la exportación de servicios profesionales es una de las principales fuentes de ingreso de la economía en el sector estatal, diezmada tras el cierre de varias misiones médicas en diferentes momentos y por distintas causas.

Esto significa que el Estado cubano ha perdido una fuente de ingresos en tiempos en que la crisis del turismo y la disminución de las exportaciones de servicios médicos ha supuesto un duro golpe para los fondos estatales.

Hasta el momento, el gobierno cubano no se ha pronunciado oficialmente sobre el tema.

Nuestra opinión es en muchas ocasiones los galenos cubanos prestan atención de salud en localidades a los que los médicos del propio país no llegan, debido a las condiciones de vida en esos lugares o lo peligroso que son.

Dos de los médicos que prestaban servicios en zonas intrincadas de Kenya eran los galenos Landy Rodríguez Hernández y Assel Herrera Correa que hace 4 años fueron secuestrados en territorio kenyano sin que aún se sepa nada de su paradero. Ni en el anuncio del cese de la misión, ni posterior a él, el gobierno de ese país ofreció actualización alguna sobre esta investigación, aunque según los últimos reportes los cubanos se encontraban en territorio somalí.

Gabriel Solano: «América Latina solo se puede unir sobre la base de gobiernos de los trabajadores»

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Gabriel Solano
Gabriel Solano / Foto: Ella Fernández

Organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, dirigentes sindicales y partidos políticos se dan cita frente a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, el 4 de septiembre de 2023. Es lunes y la convocatoria está pactada para las 17 horas en la calle Perú al 160. Un cordón de la policía bonaerense —innecesariamente armado— separa a los manifestantes del recinto. Prevalece la presencia de un vallado metálico donde cuelgan pañuelos blancos y carteles que leen: «30 mil detenidxs y desaparecidxs», «Memoria, verdad y justicia», «No fue una guerra, fue un genocidio».

«No a la reivindicación de la tortura y exterminio en centros clandestinos de detención», entonan los presentes entre el repique de los bombos. 

A solo unos pasos de la concentración, dentro de la Legislatura porteña, específicamente en el Salón Dorado, se desarrolla un homenaje a la última dictadura cívico-militar-eclesiástica argentina y a sus perpetuadores. Un acto convocado por Victoria Villarruel, candidata a vicepresidenta del libertario Javier Milei. Su objetivo —según dice— es reivindicar la «memoria completa». Esta etiqueta la ayuda a accionar como defensora de genocidas en tiempos de democracia. 

«Nuevamente nos encontraremos en este punto de la historia», me comenta una señora que sostiene en su pecho un cartel con la imagen de un desaparecido. Y habría que preguntarse si, efectivamente, la historia de la humanidad está condenada a repetirse. 

Para analizar el avance por parte de los sectores negacionistas, los ajustes que vienen implementando los partidos tradicionales, el estado de la lucha de clase obrera en América Latina y el panorama político y social en Cuba, dialogamos con Gabriel Solano, militante trotskista argentino, legislador porteño, dirigente del Partido Obrero y excandidato a presidente.

Javier Milei, líder de La Libertad Avanza, salió como ganador de las elecciones primarias —también conocidas como PASO—, con más del 30 por ciento del apoyo del padrón electoral, superando a los radicales de Juntos por el Cambio y al oficialista Unión por la Patria. ¿Cuáles cree que sean las condiciones que llevaron a esta intención de voto?

Son varios temas. Primero, lo que primó en la elección —algo que se viene manifestando en la Argentina de hace mucho tiempo para acá— es un retroceso histórico del peronismo. Recientemente, se votó en la provincia de Santa Fe, el tercer valor electoral del país, y el peronismo —que gobernaba— perdió ampliamente. Este año el peronismo perdió muchas provincias. Perdió en San Luis, San Juan, Chubut, Chaco. Perdió las PASO en Entre Ríos. Si vos ves el voto que sacó Sergio Massa como candidato de Unión por la Patria, en relación al padrón total de los votos —al 100% del padrón, no a los que fueron a votar—, sacó menos del 15%. Esto para el peronismo es una situación anómala, es un retroceso muy fuerte. 

A esto se le agrega también el retroceso del macrismo y el radicalismo, mimetizados en una especie de coalición más derechista: Cambiemos o Juntos por el Cambio. Ellos gobernaron entre 2015 y 2019 en Argentina y les fue muy mal. 

Entonces, como que a las dos fuerzas tradicionales del país, a los dos bloques tradicionales, en las elecciones fueron repudiados. Y gana una lista como la de Milei. Es una característica peculiar, porque en esta bronca han explotado por derecha, con un planteamiento muy reaccionario en relación a los derechos sociales, derechos civiles, a la política internacional. Y la pregunta es ¿por qué lo canalizó la derecha y no la izquierda? 

Creo que ahí imperaron varios factores. Por un lado, cierta contención, pasividad del pueblo en el último tiempo. Argentina sufre un ajuste muy fuerte y no hay una reacción popular frente a esto. No es que no haya luchas —las hay—, pero no de la envergadura necesaria. Segundo, la pandemia desorganizó aún más al pueblo y afectó especialmente al sector de trabajadores no registrados de Argentina, que están entre el 40 y 50% de la fuerza de trabajo. Un sector que casi no tiene ningún tipo de asistencia. Y esos fueron los que más votaron a Milei. 

El actual gobierno se describe como una especie de «estado presente» —así se hacen llamar los kirchneristas—. Sin embargo, la experiencia ha sido muy negativa y eso desilusionó mucho al pueblo. Esto facilitó el fracaso del kirchnerismo y que la canalización del llamado «voto bronca» sea por derecha. Algo así se ve en América Latina, ¿no? Cuando rige un gobierno tipo kirchneristas, en general, las reacciones van más por derecha que por izquierda. Se ve en Venezuela, con el caso del chavismo. Posiblemente, en Cuba también. 

Uno de los recursos retóricos más importantes de Milei ha sido venderse como un «outsider» de la «casta política» tradicional ¿Cuánto de cierto hay en esto? ¿Quiénes serían los beneficiados de su gestión, en el caso de que ganara?

Milei se llama a sí mismo «libertario». Es un concepto complicado. Originalmente, los libertarios estaban relacionados con el anarquismo. En Argentina el anarquismo tuvo un peso importante en el movimiento obrero, especialmente, a fines del siglo XIX y a principios de XX. De hecho, el propio Milei originalmente se autodenominaba como anarquista-capitalista. Después modificó su forma de autodenominación y ahora se llama minarquistas. Son aquellos anarquistas capitalistas que dicen: «bueno, vamos a reconocer un Estado, pero lo mínimo y necesario». Ser anarquista-capitalista es una contradicción, porque el anarquismo y el socialismo comparten el objetivo de una sociedad sin Estado, porque el Estado existe cuando hay una clase que oprime a otra. Solo que los anarquistas históricamente querían constituir eso de un día para el otro y el socialismo entendía que era necesario un proceso histórico. 

Un anarquista-capitalista no existe porque el capitalismo se trata justamente de eso: la explotación de la fuerza de trabajo y la existencia de una clase que oprime a la otra. Eso requiere de un estado sí o sí. Es una contradicción. Una especie de oxímoron. 

Milei creció originalmente como una especie de economicista que iba a programas de televisión y luego se fue rodeando de un grupo de economistas vinculados al menemismo. El menemismo en Argentina fue una fuerza dentro del peronismo que gobernó durante la década del 90. Hablamos de economistas como Roque Fernández, ministro economía del presidente Carlos Menem; Domingo Cavallo; Carlos Rodríguez, expresidente del Banco Central. Y después hay un grupo de empresarios importantes: los que manejan los aeropuertos, la obra pública, la explotación de energía. 

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Foto: AP Foto/Natacha Pisarenko

Uno puede suponer que el planteamiento de liberalización beneficiaría en Argentina a un sector financiero. No obstante, las propuestas más importantes de él no son compartidas por la mayoría de la clase capitalista argentina, ni internacional. En los últimos días, periódicos internacionales —como The Economist—, la Reserva Federal de Estados Unidos y el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), le han retirado su apoyo. Prefieren a Sergio Massa, de Unión por la Patria, o a Patricia Bullrich, de Juntos por el Cambio. 

Milei, por lo tanto, se ha visto obligado a modificar su programa. La dolarización, que iba a ser un acto inicial, ahora la promete para un futuro lejano, sin demasiada claridad. Supuestamente iba a terminar con el régimen de coparticipación federal y de transferencia del Estado Nacional a las provincias. Ahora dice que eso no sería así. Empieza a modificar su programa para que sea aceptado por la clase capitalista. Iba a destruir el Banco Central. «Voy y pongo una bomba en el Banco Central, lo prendo fuego», dijo. Pero los banqueros no quieren eso, porque los banqueros viven del Banco Central. 

Con la llegada de Javier Milei a la carrera presidencial y la creciente cifra de seguidores, ¿es posible evidenciar un aumento de tendencias fascistas y negacionistas en Argentina? 

Negacionistas, seguro. Sobre todo en relación al terrorismo de Estado de la década del 70. Y fascista también, pero con la siguiente salvedad: Milei es un «facho». La candidata a vicepresidenta de él, Victoria Villarruel, es una defensora acérrima de los genocidas de la dictadura. Pero eso no es suficiente para encauzar un movimiento fascista. 

Para encabezar un movimiento fascista tiene que haber condiciones sociales para que ese movimiento se quede. Argentina no tiene esas condiciones. Cuando uno ve lo que es el fascismo —las dos experiencia más conocidas son la de Italia con Mussolini y la de Hitler en Alemania—, eran movimientos donde la clase media y la pequeña burguesía, muy golpeadas por el capitalismo, avanzaban contra la clase trabajadora. Los textos de Trotsky sobre el fascismo, precisamente en Alemania, demuestran con claridad que es un régimen de guerra civil contra la clase obrera. No solo contra su vanguardia socialista o comunista, sino contra la clase obrera como tal, contra los sindicatos. Es un régimen de exterminio de la clase obrera y de derrota física a la clase obrera. 

En Argentina no está eso. Estamos muy lejos de eso todavía. Que Milei sea un «facho», insisto, no se traduce necesariamente en un movimiento fascista en el país. Esas cosas hay que verlas con detenimiento y con cuidado. Yo no soy partidario de bajar la guardia frente al peligro de un eventual gobierno de Milei, pero tampoco soy partidario de atribuirle una fuerza que no tiene, porque eso lleva al derrotismo. Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos, no se pudieron mantener en el poder. Y eso que Trump tenía el Partido Republicano y que Bolsonaro tenía el apoyo de las Fuerzas Armadas. Hoy Milei no tiene el apoyo de nadie. De momento, es todavía algo que se tiene que constituir como fuerza. Veremos. 

Si se revisan los números de las PASO puede evidenciarse que múltiples partidos de izquierda se presentaron de forma fragmentada. ¿Cuánto afecta esa fragmentación a la victoria de las izquierdas en los procesos electorales? ¿Qué caminos cree necesarios para lograr la unidad? ¿Qué diferencia la propuesta del Frente de Izquierda de otros partidos?

En Argentina existe un Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT) que se formó en el año 2011 y continúa hasta el día de hoy. Al FIT lo integran cuatro partidos de la izquierda, y como en Argentina existe una legislación donde primero están las PASO y después  las Generales, permite una competencia interna y luego unificamos una lista común en las generales. También está la ley electoral, que establece un piso mínimo del 1,5% de los votos para acceder a las generales, y las fuerzas que fueron por fuera del FIT (Política Obrera y el MAS) no lo pasaron. Al final lo que tenés en octubre es una sola lista de izquierda. 

No creo que el problema de la izquierda sea a nivel de división. El problema de la izquierda es si es capaz de organizar la clase trabajadora y a los explotados como una fuerza sólida, masiva, con una penetración de las ideas socialista. 

Hay una diferencia sistémica entre el FIT y el macrismo y el kirchnerismo: ellos defienden el capitalismo. Nuestro programa plantea un gobierno de trabajo y socialismo. La diferencia es absolutamente de principios. 

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Foto: El Destape

Cuba siempre ha sido un referente para los movimientos de izquierda. No obstante, actualmente vive una de los contextos más complejos desde el 59, con un incremento en la desigualdad social y económica. A ello se le suma la opresión política y el ahogamiento de varias libertades democráticas. Dicho panorama se vio exacerbado con el estallido social del 11 de julio.  ¿Cómo se posiciona el Partido Obrero frente al actual contexto cubano? ¿Ha sido materia de análisis dentro sus filas?

Por supuesto, la Revolución Cubana es un tema clave de la izquierda latinoamericana. De todas maneras, nosotros no tenemos a la dirección del Partido Comunista de Cuba (PCC) como referencia política. No ahora, hace mucho tiempo. Primero, somos troskistas. Si bien la dirección cubana, en el momento de mayor aproximación al planteamiento revolucionario, desarrolló posiciones foquistas, eso rápidamente quedó en el pasado. 

En la historia del Partido Obrero hay un momento importante en relación a Cuba, que tiene que ver con cuando Fidel Castro termina apoyando la invasión de Rusia a Checoslovaquia. Va a aplastar militarmente la Primavera de Praga, un momento muy significativo de la historia del siglo XX, muy parecido al mayo francés. La unión de la clase obrera más allá de la división del muro de Berlín. Ese hecho fue para nosotros un dato muy significativo de la orientación de la dirección castrista. Estamos hablando de la década del 70. Pasó mucha agua bajo el puente, pero ese hecho mostró que la división cubana se asimilaba rápidamente al estalinismo. Entonces, a partir de ahí, la dirección cubana va a llevar adelante un planteamiento de asimilación, por un lado, de la burocracia rusa, y por otro, a las burguesías latinoamericanas. 

Justo se cumplen 50 años del golpe de Augusto Pinochet, y es interesante porque en su momento la dirección cubana fue una de las que más intercedió frente al Partido Comunista chileno para defender la vía democrática del socialismo en Chile, lo cual terminó en tragedia porque llevó a Salvador Allende a colocar a Pinochet como general en jefe de la fuerzas armadas. Algo similar se va a repetir —según nuestra comprensión— en Nicaragua con el sandinismo. Una famosa frase de Fidel: «no hagan de Nicaragua una nueva Cuba». Y eso llevó al Pacto de Contadora en 1983, en el cual participaron todas las burguesías latinoamericanas y sirvió para desarmar las guerrillas de Centroamérica. Y después se formó el Foro de San Pablo, en el cual participa el PCC pero con el Partido Brasilero, el Frente Amplio, las fuerzas de Evo Morales, el Farabundo Martí de Salvador, los sandinistas de Nicaragua y ya se estructuran como una fuerza en defensa del capitalismo. Una izquierda, pero una izquierda capitalista. 

Nosotros no tenemos una visión crítica de la dirección cubana por los últimos acontecimientos. Nosotros tenemos una diferencia estratégica con la división cubana desde el inicio; siempre reconociendo que hicieron una revolución. 

Somos un partido de luchas. Sabemos que participar de un acontecimiento te permite palpar las cosas de un modo muy distinto. Te permite diferenciar lo que es una lucha contra la burocracia cubana por reivindicaciones justas, de lo que puede ser una manipulación del imperialismo. 

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Foto: El Mundo De Berisso

¿Cómo cree que podría avanzarse y lograr soberanía en un país que además de sufrir la inacción o mala gestión gubernamental, también resiste los efectos de medidas unilaterales coercitivas por parte de un país extranjero?

Hay dos problemas fundamentales acá. Cuba necesita que los sindicatos sean autónomos. La realidad material de Cuba es: una enorme decadencia de sus fuerzas productivas. Cuba necesita de inversiones internacionales, posiblemente. Nosotros, como Partido Obrero, siendo una fuerza socialista, no rechazamos de un modo explícito cualquier tipo de inversión internacional. A veces puede ser necesaria. Ahora, los trabajadores se van a defender de esa inversión internacional. ¿Tienen sindicatos para defenderse? Lo peor que puede tener un trabajador es que haya una inversión internacional y no la libertad de asociación. Entonces, el problema de luchar por sindicatos autónomos e independientes es fundamental. 

Lo segundo, es formar un propio partido de trabajadores, que no lo es el Partido Comunista de Cuba. El PCC no lo es desde hace mucho tiempo ¿Por qué? Porque un partido de trabajadores o un partido comunista de verdad tiene que funcionar sobre la base de un programa, de una deliberación democrática de sus afiliados, de un reclutamiento sobre la base de los trabajadores que están luchando y su nivel de conciencia. No ser un partido de funcionarios. 

Hace falta un partido de trabajadores y hace falta sindicatos libres. Los sindicatos libres significan —insisto— que sean independientes del Estado y que sean un instrumento para que los trabajadores puedan defenderse y reivindicarse. Esto es un principio muy fuerte para nosotros. Pensá que en la Revolución Rusa esto fue un debate y no dirigía el Estado ruso un burócrata, lo dirigía Lennin y Trotsky. Lenin en su momento hizo una crítica muy fuerte «somos un Estado obrero, pero con deformaciones burocráticas». Entonces, los trabajadores necesitan defenderse de su propio Estado. Hoy, en Cuba, esto vale más todavía porque el Estado cubano es un estado restauracionista del capital. No es un estado obrero, es un estado que impulsa la penetración del capital internacional dentro de Cuba. Entonces, más que nunca necesitamos sindicatos independientes. 

La oposición de izquierda es minoritaria entre los cubanos, pues, además de resistir el hostigamiento de las estructuras del Estado Cubano, debe también enfrentarse al descrédito de la mayoría de los sectores del llamado exilio, marcados por un fuerte anticomunismo y apegados a la derecha radical. Bajo este contexto, las organizaciones o militantes de esta tendencia quedan en tierra de nadie y sin los necesarios apoyos para hacer activismo. ¿Qué consejos pudiera darle a los movimientos u organizaciones cubanas que no están de acuerdo con las políticas del Estado, pero que tampoco quieren alinearse a la derecha?

La cuestión táctica en política es muy importante. Si no, la estrategia queda como algo abstracto. En forma muy genérica, habría que tener un programa. 

Hablo de un programa que cuente con varios factores. Por un lado, las reivindicaciones más acuciantes del pueblo cubano. ¿Cómo se va a organizar el pueblo?, ¿sobre qué base?, ¿qué plataforma? Un programa más estratégico de a dónde queremos llevar la revolución y que nos permita diferenciarnos de la otra parte opositora del régimen, que es la derecha. Una plataforma que sea materia de permanente agitación, propaganda y organización. 

Y así se irá formando el punto de partida de un verdadero partido comunista, un  partido de  trabajadores en Cuba. Porque lo que va a organizar a los trabajadores —insisto— es un programa que muestre una comprensión de lo que pasa, a dónde queremos llevar la Revolución, pero que también contemple acciones más inmediatas a los problemas que está viviendo el pueblo; que desarme los privilegios de la burocracia; que defienda el derecho a organizarse de los trabajadores, y que organice a la juventud. 

solanoFM
Foto: FM del Pueblo Azul

Hoy en varios lugares de América Latina se evidencia el avance de los discursos de la ultraderecha, tras el fallo por parte de los gobiernos progresistas o tradicionales a la hora de generar bienestar social. ¿Cuál pudiera ser el camino a seguir de la clase trabajadora y los movimientos de izquierda para convertirse en una alternativa real que transforme las estructuras que provocan estas inconformidades y problemáticas?

En los últimos 15 años ha habido un intercambio entre gobiernos progresistas y de derecha de una manera media permanente. Ahora gobierna Lula en Brasil. Gobierna la derecha en Uruguay. Gobierna la izquierda en Chile, lo cual es toda una novedad, pero con una posición fuertemente capitalista, muy reaccionaria y muy represiva frente a los pueblos originarios. Y en Argentina existe todo el debate en torno al kirchnerismo y que ha dividido mucho a la izquierda. Porque una parte importante de la izquierda argentina está dentro del gobierno kirchnerista. El Partido Comunista Argentino, por ejemplo, los maoísta argentinos también. 

Lo que hay en toda América Latina es una disputa por un planteamiento de independencia de clase frente a los gobiernos de tipo nacionales y populares, centroizquierdistas. Y eso tiene que hacerse conformando partidos revolucionarios, que luchen por conquistar a las masas y que no se contenten con ser solamente un pequeño grupo de propaganda. 

Nosotros impulsamos eso, impulsamos en América Latina una estrategia de construcción de partidos revolucionarios que luchen por los gobiernos de los trabajadores en cada país. Y que eso, como estrategia política, lleve a la unidad socialista de América Latina. 

Trosky, por ejemplo, había pronosticado que las burguesías latinoamericanas iban a ser incapaces de unirse para enfrentar el imperialismo norteamericano, y en un momento parecía que ese pronóstico podría ser refutado por los hechos. Se hizo el Mercosur, se hizo la Unasur, la Patria Grande y terminó en nada. No pasó nada. Ahora Uruguay está firmando un acuerdo de libre comercio con China por su cuenta. Las burguesías latinoamericanas fracasaron en unificarse porque fundamentalmente son burguesías que, como toda burguesía, compiten unas con otras. Pasa en Argentina… si vos no aceptás una determinada situación de salario y condiciones de trabajo, el magnate desarma la fábrica y se va a Brasil. 

El fracaso de la burguesía vuelve a plantear el problema de que América Latina solo se puede unir sobre la base de gobiernos de los trabajadores. En su momento, la burguesía quiso adueñarse de un discurso de unificación de América Latina que no pudo llevar adelante. Para eso hace falta tener un programa. 

El hecho relativamente nuevo de América Latina es que ha pasado a ser un territorio de disputa entre Estados Unidos y China. Esto no pasaba en la década de los 80 y 90. China no tenía la relevancia mundial que tiene hoy. Muchos piensan que con los BRICS (conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tendríamos una especie de comercio Sur-Sur. Enfrentaríamos — digamos— a las potencias imperialistas tradicionales, a través de un acuerdo con China y en forma secundaria con Rusia. 

Pero ¿cuál es la naturaleza del acuerdo con China? Argentina tiene un comercio con China más fuerte que con Estados Unidos. Y la naturaleza comercial de ese acuerdo, su fundamento principal, es la exportación de materias primas. Entonces, la relación que tenemos con China es tan colonial como la que tenemos con Estados Unidos. No exactamente igual, pero reproduce eso. Es falso que América Latina va a lograr su verdadera independencia a partir de apoyarse en China. Y ese es el discurso de Evo Morales, de Nicolás Maduro en Venezuela, de los Ortega en Nicaragua. El intento de dominación de China de América Latina no tiene por propósito emancipar a los países del atraso, de la dependencia de economías de tipo cada vez más primarizadas, sin productividad. 

Entre la guerra y la paz: mirada al conflicto entre Rusia y Ucrania

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Guerra de Ucrania
Foto: LJC

Hace ya más de año y medio que este conflicto entró en su fase actual de guerra convencional, aunque no debemos olvidar que este inició su fase de agudización desde que, en la reunión de Bucarest de 2004, la OTAN hizo pública su decisión de sumar a Ucrania a su alianza. Con ello, esta organización militar continuaba su política de integrar a sus filas a la casi totalidad de la llamada, antes de 1989, «Europa socialista». Dichas acciones ocurren pese a las promesas hechas a Rusia en el 1991, que apuntaban en sentido contrario, y a los acuerdos de Minsk, los cuales solo sirvieron—según declaraciones recientes de la ex-canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés Emannuel Macron— para ganar tiempo en la preparación militar de Ucrania por parte de la OTAN.

Para Rusia, la variante de que Ucrania se incorpore a la OTAN es totalmente inaceptable; es el enemigo a sus puertas y, con ello, el despliegue de armamento nuclear de la alianza militar en territorio ucraniano, que lo colocaría a escasos minutos de Moscú. No pocos autores han comparado este dilema con el que enfrentó EE.UU. en octubre de 1962 ante el despliegue coheteril soviético en Cuba —a escasos minutos de Washington— que colocó, como nunca antes, al mundo al borde de la guerra termonuclear. ¿Aceptaría hoy mansamente EE.UU. el despliegue de fuerzas chinas o rusas en las fronteras de México o Canadá? Ni pensarlo. ¿Por qué entonces los rusos deben aceptar, no menos mansamente, la incorporación de Ucrania a la OTAN?

El diferendo entró en su fase armada desde el 2014, en las zonas del Donbass. La población rusa allí se veía sometida a toda suerte de discriminaciones y represiones, desde políticas y culturales hasta religiosas. Lo que vemos hoy no es otra cosa que su ampliación desde febrero del 2022. ¿Por qué el Donbass? Porque desde siglos antes de constituirse el Estado de Ucrania en 1924 o los primeros atisbos de nacionalismo ucraniano a fines del siglo XIX, el Donbass era claramente caracterizado como parte integral de Rusia, desde el siglo XVIII por la Emperatriz Catalina la Grande y múltiples estadistas, basado en su composición étnica y sociocultural, idioma y vocación religiosa. Unido a esto ha constituido ya desde hace varios siglos un eslabón de suma importancia para la economía rusa.

La guerra hoy se desarrolla en tres frentes bien diferenciados, norte, centro y sur, en los que Rusia ha ocupado la casi totalidad del Donbass. Con ello, se creaba para abril del 2022 una situación de fuerza que esperaban los rusos exigiría a Kiev a iniciar conversaciones, en las que se verían obligados a aceptar las demandas de Vladimir Putin de recuperar los territorios del Donbass, así como la adopción de un status de neutralidad por parte de Ucrania. El Reino Unido (Boris Johnson) y EE.UU. (administración Biden) presionaron a Ucrania para que rechazaran esas conversaciones y, en su lugar, continuaran la guerra con un apoyo monumental de parte de estos dos países y los restantes miembros de la OTAN.

Mapa Guerra de Ucrania
Avance de tropas a 5 de octubre de 2023 / Foto: RTVE

Desde entonces, se inicia una guerra de desgaste, sin cambios sustanciales a lo largo de la extensa frontera que separa al Donbass de Ucrania. El gobierno de Zelensky (Ucrania) han intentado en dos ocasiones (septiembre 2022 y junio del 2023) conducir ofensivas que infligieran severas derrotas a los rusos y así forzar una retirada de estos.

En la campaña militar de septiembre, lograron un par de limitados avances en el norte con la captura de Kupiansk y, en el sur, con la ocupación de Jerson. La ofensiva de junio ha defraudado por completo las expectativas que EE.UU. y la OTAN habían puesto en la misma. Esto último ha comenzado a ser reconocido en medios occidentales, uno de los más recientes análisis en este sentido fue publicado por el académico Mark Giuleotti en la revista The Times de Londres.

A casi tres meses de iniciada, la ofensiva apenas logra algún avance significativo. Se han quedado muy lejos de alcanzar las líneas de fortificaciones defensivas rusas; fueron derrotados en Bakmut tras meses de batallar; en el sur no han podido establecer cabezas de playa en la margen oriental del rio Dnieper y, en el norte, alrededor de Kupiansk están siendo actualmente derrotados por las fuerzas rusas. En el aire, la novedosa etapa de los ataques con drones, hace visible la supremacía de Moscú, algo similar ocurre con respecto a la aviación.

En materia de bajas, el panorama no es menos desfavorable para los ucranianos. Todas las fuentes confirman que las tropas de Kiev han sufrido entre 43 y 46 000 muertos, y se reconoce igualmente que la correlación de bajas sigue siendo de 10 u 8 ucranianos por cada ruso, sumando a ello 4 900 tanques, vehículos blindados y transportes.

La táctica de los rusos —hasta ahora— ha sido la de una defensa activa frente a la cual las fuerzas ucranianas se han ido desgastando en hombres y medios, calificada por algunos especialistas occidentales como «pérdidas horrorosas». No por casualidad el presidente Zelensky ha decretado la movilización general de la población en edades apta para el combate.

Un estimado occidental precisa que por cada 6 000 proyectiles ucranianos lanzados sobre las posiciones rusas en un día, la defensa de Putin responde con 90 000. Una y otra vez no pocos analistas puntualizan la superioridad en población y recursos de que dispone Rusia frente a Ucrania, la que sin la asistencia de la OTAN ya habría sido derrotada desde hace rato; 35 000 efectivos ucranianos entrenándose en EE.UU. y otros países de la OTAN acaban de sumarse a los combates, mientras que el presidente Biden anuncia el suministro de 24 600 millones adicionales en asistencia al gobierno de Zelensky (Ucrania), de manera que seguiremos teniendo guerra por un buen rato.

Efectos provocados por la guerra de Ucrania
Efectos provocados por la guerra de Ucrania / Foro: Reuters-Sofiia Gatilova

Escenario de negociación y la posición de Cuba

Zelensky —alentado y apoyado por la OTAN— continúa manteniendo su postura maximalista como fórmula de negociación. Desde Crimea hasta la última pulgada de las posiciones rusas, todo debe ser recuperado y Ucrania acabará sumándose a la OTAN. Y si esto es así, ¿qué queda por negociar? Aparentemente nada; sólo una victoria militar abrumadora sobre Rusia aseguraría el maximalismo de Zelensky.

De parte de Moscú se presenta un maximalismo idéntico: la región del Donbass queda bajo la jurisdicción del Kremlin, como ha sido consagrado hace meses con la incorporación de las repúblicas de Donetsk y Lugansk y Crimea como parte inseparable de Rusia mediante referéndum en el 2014, sin tener que disparar un tiro.

De prolongarse la guerra y decidir Putin lanzar ofensivas en el norte hasta capturar Jarkov y en el sur hasta ocupar Odesa, el cuadro para Zelensky se complicaría al máximo. Para Rusia, la idea de Ucrania de sumarse a la OTAN es, simplemente, inconcebible e inaceptable. Su condición de país neutral es y seguirá siendo condición sine qua non.

En semejante contexto, los esfuerzos de China y, por otra parte, de un grupo de países del Tercer Mundo reunidos en Jeddah, capital de Arabia Saudita, no han desembocado hasta ahora en ningún tipo de diálogo o negociación. Y no parece que haya ningún avance en el futuro previsible. Tendremos guerra para rato.

El estallido de este conflicto supone para Cuba dimensiones muy diferentes. Al no condenar a Rusia por sus acciones —y quede bien claro que Cuba no ha apoyado explícitamente en ningún foro internacional condena alguna a las acciones de Moscú, habiendo votado en la ONU por la abstención, posición ésta más generalizada y mayoritaria entre los países del otrora llamado Tercer Mundo— esto ha servido de base para que desde Washington y Miami se orqueste todo un discurso orientado a presentar a Cuba como cómplice activo de Rusia en este conflicto y por ello merecedora de nuevas y mayores sanciones.

En este sentido deben recordarse tres elementos:

  1. El buen estado de las relaciones actuales entre Rusia y Cuba viene articulándose desde hace más de una década.
  2. En ningún momento Cuba se ha pronunciado en apoyo explícito de Rusia, ni siquiera durante la visita oficial del presidente Díaz-Canel a Moscú el pasado noviembre.
  3. La política exterior de Rusia valora altamente como elemento positivo favorable a ella en la actualidad la abrumadora vertiente que se pronuncia por la abstención y no culpan a Moscú por el actual conflicto y propician fórmulas de arreglo.
Miguel Díaz Canel junto a Vladimir Putin
Miguel Díaz Canel junto a Vladimir Putin / Foto: Prensa Latina

En el plano bilateral, determinados flujos comerciales enfrentan inevitables alzas de precios —como ha ocurrido en todo el mundo como reacción a las sanciones occidentales impuestas contra Rusia, incluidos los combustibles. El componente representado por el creciente turismo ruso —estimado en un 20%— se vio afectado severamente por las restricciones occidentales sobre vuelos rusos sobre Europa Occidental en dirección a Cuba, factor éste que hizo desplomarse por más de un año el turismo desde ese país a Cuba y que sólo ahora comienza a normalizarse.

El ascenso actual de las relaciones económicas y de colaboración entre Cuba y Rusia está llamado a compensar en una cuantía importante los trastornos antes mencionados. El comercio bilateral —de acuerdo a fuentes del Kremlin— se triplicó el pasado año, alcanzando los $730 millones de dólares y se ha cuadruplicado en los primeros cuatro meses del presente año.

Algunas cabezas bien sensatas en Occidente comienzan a razonar e insisten en que la ruta hacia una solución negociada, deberá estar más en consonancia con los reclamos rusos que con el maximalismo de Zelensky. La última palabra será ventilada en el campo de batalla. Hasta entonces, no habrá arreglo definitivo. Un último ángulo que pudiera introducir una variante hacia una solución pactada, pero de lo que nadie habla hasta ahora sería la destitución de Zelensky y su gobierno (por vía consitucional o golpista) y la instalación de un gobierno mejor, dispuesto a considerar las concesiones antes mencionadas.

Veamos cómo se presenta el futuro…