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A ese hombre hay que respetarlo

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Cuando un cubano que vive en Cuba va a buscar un nuevo trabajo en el sector estatal, que es el que ofrece la mayoría de los empleos en nuestra sociedad, tiene que pasar determinados procesos. Dentro de estos, está el de las llamadas verificaciones. ¿Son verdaderos diagnósticos en aras de velar por una correcta contratación o un anacronismo heredado de épocas más dogmáticas?

Si bien es cierto que el proceso no se da en muchas ocasiones de la manera ideal, sí juega un papel importante en la contratación del ciudadano. Durante el proceso, en los CDR se debe buscar información sobre su comportamiento en el  barrio. Si es buen vecino, si hace las guardias, si tiene una actitud político-ideológica correcta, es parte de lo que se averigua. ¿Cuál es el origen de semejante cosa? ¿Por qué se mantiene en nuestra sociedad? ¿Para qué sirve?

Todo empezó en épocas de euforia revolucionaria, -de paranoia e ignorancia diría yo-, donde el que no estaba con el proceso, es decir, el que verbalmente no expresaba su simpatía, era rechazado. Nuestra sociedad en su política, no podía convivir con esas personas. Solo podíamos construir el socialismo, se pensaba, con quienes estuvieran de acuerdo. ¿Es esa una concepción correcta?

No todo el que vive en el capitalismo está perdidamente convencido de que el capitalismo es el último estadio social y el más avanzado. Incluso, muchos extranjeros del capitalismo del primer mundo vienen a decirnos a los cubanos ‘’el paraíso’’ que tenemos, y según ellos es mejor, pero viven en ese capitalismo y regresan a él. El hecho de que vivan ahí, es lo que fortalece al capitalismo, y aunque digan que les gusta Cuba, todo su aporte es este, y solo contribuyen al proceso de construcción socialista con ahorros vacacionales.

Digo esto porque tiene que quedar claro, quién aporta a una sociedad y quién no. Marx afirmó que un sistema se valida cuando las mejores mentes trabajan para él. Eso llevado a un plano más amplio, nos conduce a pensar que se fortalece una sociedad que suma, socializa, logra incorporar individuos, no excluirlos. Al capitalismo en los marcos de estado nación, le importa que produzcan y consuman, solo quien atente contra esto representa un enemigo.

Debemos aprender alguna de esas cosas. No tiene que ser una persona simpatizante de la máxima dirección del país y de las políticas que se llevan a cabo, para que aporte a la sociedad su trabajo. Si lo excluimos, lo estamos privando del derecho laboral, incitando a la tan condenada “disidencia” y la sociedad pierde el aprovechamiento de una capacidad productiva más.

Siempre habrá quien haga uso oportunista del gastado recurso de “la plaza sitiada”, y plantee que posturas como las defendida en este post van contra la tradición revolucionaria. Sin embargo, el más puro pensamiento revolucionario, el de Ernesto Guevara, pudiera responder ante el rechazo y la negación de empleo a quien no apoya al gobierno:

“De tal manera que hay que reconocer la realidad actual, y reconocer que hay una cantidad, una determinada categoría del pueblo de Cuba que no está con la revolución, que no tiene mucha simpatía o que no tiene ninguna simpatía, pero como individuos que venden su trabajo o su fuerza de trabajo durante determinadas horas, que percibe un sueldo, y que si lo dejan tranquilo, con su mujer y sus hijos, su forma de educarlos, él se queda en su casa. A ESE HOMBRE HAY QUE RESPETARLO.” (1 p. 171)

Bibliografía

  1. Borrego, Orlando. El camino del fuego. La Habana : Imagen Contemporánea, 2011.

SOS demográfico

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Durante mucho tiempo, los políticos y medios de difusión en Cuba presumieron ante la constante disminución de la tasa de natalidad, éramos únicos en América Latina y parecíamos más cercanos en ese campo a las naciones desarrolladas, nos decían.

Por suerte, desde hace varios años comenzaron a escuchar a los académicos y especialistas en demografía que mostraban las luces rojas de la alarma: no teníamos nada de que enorgullecernos, todo lo contrario, para el 2025 Cuba será el país más envejecido de América Latina. Su población refleja un irreversible proceso de envejecimiento, causado fundamentalmente por el acentuado y prolongado descenso de la fecundidad, lo que se vincula con el desarrollo económico y social del país.

El interesante trabajo “Las tendencias de la población cubana y la situación económica y social actual”, de un colectivo de autores encabezado por Aida Rodríguez Cabrera, muestra gran preocupación por el tema de la migración, pues, como bien explican, esa variable demográfica es poco considerada en el sector de la salud, que prioriza los análisis demográficos enfocándose en las variables mortalidad y fecundidad.

El proceso migratorio en Cuba ha desempeñado un rol determinante en el crecimiento demográfico, pero  hace varias décadas tal proceso evidencia una tasa negativa, con un valor cercano a 3,3 por mil habitantes, es decir hay más emigración que inmigración. En los años noventa del pasado siglo aumentaron peligrosamente los niveles migratorios, con nuevas características según explican los autores del citado trabajo:

La migración es fundamentalmente joven, con una tendencia a la feminización en todas sus formas de migración, con excepción de los abandonos durante misiones de trabajo en el extranjero en las cuales hay predominio del sexo masculino. Son más frecuentes los blancos, aunque en algunos destinos (fuera de los Estados Unidos) los mestizos y negros se han incrementado. En lo relativo al nivel de escolaridad, predominan los niveles medio y medio superior. En el caso de las salidas ilegales, los niveles de escolaridad son inferiores en comparación con aquellos que participan en las otras formas y vías de emigración.

De acuerdo a los especialistas “El país nunca llegará a 12 millones de habitantes, por lo que existe la posibilidad de haber alcanzado ya el tamaño máximo de población”.

Dada la disminución de la población cubana, ¿es correcto hablar de presión demográfica en Cuba? La respuesta debiera ser negativa, pues la presión demográfica relaciona el número de habitantes con los recursos y el territorio disponibles para la vida, y la lógica más elemental presupone que siendo cada vez menos deberíamos disponer de mayor cantidad de recursos.

Sin embargo, antes de apresurarnos a negar, sería prudente atender a las tesis del materialismo cultural, una estrategia de investigación que sostiene que la tarea principal de la antropología es dar explicaciones causales a las diferencias y semejanzas entre los grupos humanos en el pensamiento y la conducta.

Para los defensores del materialismo cultural, las causas más probables de la variación, en los aspectos mentales o espirituales de la vida humana, son las variaciones de los imperativos materiales, que afectan la manera en que la gente se enfrenta a los problemas de satisfacer necesidades básicas en un hábitat concreto.

Según esa concepción, la presión demográfica no depende solo del tamaño demográfico, ni estrictamente del territorio que se ocupa, sino de la relación entre el tamaño y los recursos disponibles en un territorio. De acuerdo a esto, no solo pueden sufrir presión demográfica las poblaciones que crecen en tamaño (caso de China), sino aquellas que no crecen, incluso pueden decrecer, pero que ven disminuir sostenidamente sus recursos o su nivel de vida, como es el caso de Cuba.

Lo preocupante es que las estrategias asumidas en la Isla intentan influir sobre la variable natalidad (atención a la infertilidad, pues una de cada cinco parejas no logra concebir sin ayuda; restricciones al aborto, sin que ello implique su prohibición);  pero no parece haber demasiado éxito en la declarada intención de mejorar los niveles de vida de la población, y el proceso de reformas conocido como “actualización de la economía cubana” padece una insoportable lentitud.

El despegue económico de China permitió que las medidas de control de la reproducción que aplicaran por décadas -prohibición legal de un segundo hijo-, fueran eliminadas, así su población crece nuevamente en proporción directa al crecimiento de su economía.

Nuestros decisores, tan preocupados por el aumento de la natalidad, deberían tomar nota de ello, pues la constante sangría que significa la migración de jóvenes en edad fértil, mujeres en muchos casos, tornará crítica la ya preocupante situación demográfica. Y pueden estar seguros de que mientras los cubanos no mejoren sus depreciados niveles de vida, empezando por un salario que permita el sustento de las familias, no deben esperar una disminución de la migración –que aun sin Ley de ajuste sigue in crescendo y se dirige a otros muchos países- y tampoco un aumento de la natalidad.

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Compartimos el número decimotercero de nuestra revista digital. Dedicada al relevo generacional en la dirigencia de la Revolución y el modelo de Socialismo que buscamos los cubanos. Para descargar los doce números anteriores puede visitar la página de nuestra revista en el blog: https://jovencuba.comrevista/

Esta revista se distribuye por el Paquete Semanal y por correo electrónico a más de 400 suscriptores. Para quienes prefieran tenerla en un formato más reducido, una versión más ligera es enviada por correo electrónico, si desea recibirla así puede escribirnos a jovencuba@gmail.com. O descargar la versión completa en el siguiente link: https://goo.gl/U2Rd3y

La Joven Cuba es una plataforma abierta a colaboraciones para todos los que deseen publicar en ella. Si tiene alguna propuesta o texto que desea compartir puede enviarlo también a nuestro correo.

¿Qué hacer con los ismos?

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A lo largo de mi vida me he encontrado con personas que aseguran no creer en ningún «ismo», sea socialismo, comunismo, capitalismo o fascismo. Son personas plenamente integradas a la postmodernidad. El discurso de estos plenamente integrados individuos es tan autorreferencial, que normalmente no vale la pena discutir con ellos. Sin embargo, puede resultar útil analizar la parte de razón que llevan. ¿Tiene alguna vigencia el lenguaje de los ismos en el siglo XXI? ¿No estarán los movimientos sociales progresistas enganchados a la bola de hierro de una lengua muerta?

Siempre me ha llamado la atención que los políticos capitalistas no han adoptado nunca de buen grado las denominaciones que implican un «ismo», como capitalismo o neoliberalismo. Ellos prefieren usar palabras más viejas, pero que conservan mucho más brillo, como democracia, derechos o libertad. Resulta interesante observar cómo los socialistas han sido incapaces de hacer lo mismo, cuando podrían recurrir a expresiones como la de justicia social, o disputar el sentido de la palabra libertad. Por el contrario, estos siguen comprometidos con un discurso que los hace entender el mundo como una arena en la que distintos «ismos» se enfrentan a muerte. Se da la paradoja de que los progresistas parecen ser quienes están atados al gris pasado de la guerra fría.

Para entender de dónde vienen los «ismos» se hace necesario descender hasta las raíces mismas de la modernidad. En la Europa de comienzos del segundo milenio se dieron las condiciones para que un grupo humano- la burguesía- aprendiese a vivir de un modo nuevo. Al surgir el capital como relación social, surgió la posibilidad de que el individuo entendiese el mundo como un espacio de realización suyo y potencialmente infinito. Se dieron las condiciones para que aquellas dimensiones conceptuales y valorativas que habían sido puestas en la figura de la divinidad pudiesen ser pensadas como parte del mundo terrenal.

Sin embargo, la estructura ideológica de la modernidad capitalista siempre ha tenido un defecto. La base de su fortaleza constituye también su debilidad. Como proyecto metafísico, la modernidad nació vinculada a la noción de un individuo autónomo que se encuentra esencialmente en oposición al resto de la especie. Esto era especialmente funcional a una sociedad necesitada de la existencia de individuos que pudiesen vender libremente su fuerza de trabajo.  Sin embargo, el auge de esta noción contribuyó a potenciar aquello que Hegel llamó la escisión: una sociedad dónde los hombres han perdido la idea de “comunidad” y se enfrentan en una guerra de todos contra todos.

La modernidad nació así con una paradoja implícita. El mismo principio de la libertad, que permitía los más grandes avances en la ciencia, el descubrimiento geográfico o el crecimiento económico, resultaba torpe a la hora de ofrecer una idea de comunidad que pudiese sustituir a la vieja comunidad premoderna. En ayuda de los hombres modernos, por supuesto, vinieron los conceptos de la antigüedad clásica, sobre todo el de república. Pero la tarea de generar un proyecto de comunidad moderna fue de los grandes pensadores racionalistas, que se dedicaron a idear un mundo en el que la libertad no fuese ya algo solo individual, sino también general.

Es necesario entender que, a pesar del auge del individuo moderno autónomo, las sociedades capitalistas siguen necesitando de la idea de comunidad. Incluso, como sociedades que poseen normalmente un alto grado de antagonismo social, las naciones capitalistas están más necesitadas que muchas otras de una idea “identitaria” de comunidad que contrarreste y les quite fuerza a los conflictos. De manera habitual, este papel lo juegan los nacionalismos- y aquí vamos vislumbrando cual es el papel de los “ismos”-, lo cual se ve en el ejemplo del Reino Unido, que todavía hoy es un reino con leyes semifeudales. El amor a la Corona ha sido imprescindible en ese país para mantener la paz social. Pero también puede ser que la idea de comunidad humana sea restablecida a través de un proyecto utópico de sociedad racional de hombres libres, con el lema de: ¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!

Así vemos como la propia modernidad, más allá de su nacimiento originario en las manufacturas de los burgueses europeos, generó una serie de proyectos de comunidad dotados de una fuerza tremenda. Estos proyectos son los “ismos” que conocemos: nacionalismo, liberalismo, socialismo, comunismo, feminismo, anarquismo, etc. Tienen que ser fuertes, porque surgen con el fin de contrarrestar la tendencia inmanente a la disolución individualista. No actúan solo a nivel nacional, sino que pueden elevarse al plano internacional (internacionalismo), así como pueden servir de bandera para cualquier minoría (feminismo, indigenismo), e incluso pueden tener metas totalmente opuestas entre sí. Lo común a todos ellos es que generan una militancia, llevan a quienes los asumen a unirse a causas colectivas.

El surgimiento de “ismos” fue tan natural a la modernidad como el auge del individuo autónomo, aunque parezcan dos procesos opuestos. A esto no escapa ni siquiera el comunismo marxista mismo, a pesar de sus pretensiones de superación total del capitalismo. El socialismo también es un hijo de la modernidad capitalista. E incluso se puede decir lo mismo para el actual posmodernismo, la utopía de un mundo sin utopías ni causas colectivas.

No obstante, el tiempo ha pasado, y la humanidad ya pasó por el siglo XX, un siglo marcado por una lucha entre “ismos” de proporciones descomunales. Surgió incluso un “ismo” anti-moderno y anti-racionalista: el fascismo, que en su variante nazi pretendía durar mil años. La gente, cuando oye hablar hoy de comunismo o socialismo, normalmente piensa en primer plano en el Muro de Berlín, en torres de vigilancia, ladrillos al descubierto y alarmas antiaéreas. Eso cuando no piensa en campos de concentración. La propaganda del capitalismo tardío también se ha encargado de afianzar esa percepción. Continuar hablando en el lenguaje de los “ismos” es arriesgarse a una malinterpretación radical.

Actualmente se hace más necesario que nunca quitar por un momento los ojos de la bandera propia y recordar por qué se lucha. El socialismo parte de una crítica al mundo de la modernidad capitalista, que promete la libertad y solo ofrece un mundo de antagonismo y acumulación. El socialismo es la inconformidad con que el infinito entre a la realidad solo como cuenta bancaria, es la pretensión de que el “infinito amor” de la divinidad premoderna penetre verdaderamente a la realidad como “infinita justicia”. Por eso no se le puede desechar: la idea del Bien Supremo no puede ser abandonada por la política, que se encuentra bajo el asecho del conformismo, el verdadero Mal Supremo de nuestra época.

No se puede desechar del todo el lenguaje de los “ismos”, ya que son muchas las personas que solo pueden reconocer una bandera cuando viene diseñada de esa forma. Pero es necesario poner el acento sobre qué es lo que queremos y nos proponemos. Los socialistas somos aquellos que tomamos partido por el maximalismo de la justicia, ya que creemos que es un valor absoluto que no puede ser desechado y que debe entrar de lleno a la realidad. Que alrededor de ese programa hemos construido una bandera y un oasis en medio del océano individualista, como han hecho todos los creadores de “ismos”, es cierto. Pero no por eso debemos olvidar que luchamos por un día en el que no hagan falta “ismos”, porque el sol brillará generoso por igual para todos.

Universidad revolucionaria: Debate sobre la constitución

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universidad

El debate político es complicado y mucho más si el objeto de discusión es el presente y el futuro de Cuba. Sobre varios temas es muy difícil ponerse de acuerdo ya no con los extremistas de derecha que solo piden volver al pasado, sino dentro de las propias filas de izquierda.

Los cambios ocurridos en Cuba en los últimos años hacen necesaria una inmediata actualización de nuestra constitución, en eso estamos todos de acuerdo, en lo que a veces no concordamos mucho es en los cambios que se le deben hacer.

No puede ser el mismo análisis el de un profesional del derecho, con años de experiencia en estudios constitucionales al que pueda hacer alguien alejado a esa rama como yo, por eso a veces cuesta entender algunos artículos cargados de tecnicismos y que al concluir la lectura no se entiende concretamente qué es lo que se pide.

El artículo publicado originalmente en Rebelión bajo el título “La lealtad constitucional no es elección, es deber” aborda el tema pero a diferencia de otros textos del mismo corte, nos trae un ejemplo, lo que facilita la interpretación para los neófitos en la materia.

Al referirse a la expulsión de una estudiante de una universidad cubana se plantea que viola el Artículo 1 de la constitución y se afirma que: “Ningún constitucionalista en Cuba se habría atrevido –ni se atrevió– públicamente a convalidar ese acto brutal e incivil, ese despropósito, ese expediente de incapacidad y debilidad, de impotencia política, sin huir para siempre de la marca de la afrenta y la infamia.”

Vayamos al contexto, como he pedido otras veces. En mis años de estudiante y posteriormente de profesor en la universidad, he conocido a muchísimos jóvenes que no estaban de acuerdo con alguna o con ninguna de las medidas tomadas por el gobierno cubano. En las reuniones de discusión de los lineamientos para la política económica cubana –realizadas en todas las aulas de la universidad- vi estudiantes tomar la palabra y decir que el Socialismo no era viable, que el Capitalismo en cambio había demostrado su potencial.

Cito ejemplos que viví personalmente y a ninguno de ellos se le expulsó de la universidad. Estudiaron, se graduaron y se convirtieron en excelentes profesionales. Hoy algunos están fuera del país y otros decidieron quedarse, sin el menor problema.

Desconozco los detalles del proceso llevado a cabo en aquella universidad y quizás algunas cosas se pudieron hacer diferentes. No es mi intención revivir la discusión del tema porque en su momento bastante se debatió sino recordar que no se trata de una estudiante a la que expulsaron por “no comulgar con las ideas comunistas” como afirmó ella, sino por formar parte de grupos que buscan lograr un cambio de sistema político en Cuba.

La propia constitución dice que:

“CONSCIENTES

de que todos los regímenes sustentados en la explotación del hombre por el hombre determinan la humillación de los explotados y la degradación de la condición humana de los explotadores;

de que sólo en el socialismo y el comunismo, cuando el hombre ha sido liberado de todas las formas de explotación: de la esclavitud, de la servidumbre y del capitalismo, se alcanza la entera dignidad del ser humano;

y de que nuestra Revolución elevo la dignidad de la patria y del cubano a superior altura;”

Para entrar en una universidad cubana no se piden certificados de “revolucionaridad”. Todo depende de la inteligencia y la capacidad de cada cual, pero si la inmensa mayoría del pueblo cubano eligió el Socialismo como vía, entonces no se permitirá que nuestras aulas se conviertan en tribuna para los que abogan por el cambio de sistema, vinculados siempre a potencias extranjeras.

¿Somos por eso un país antidemocrático? No lo creo, cada gobierno tiene el derecho a protegerse y así lo hacen.

El joven Kerem Schamberger no pudo cumplir su sueño de trabajar en una universidad alemana por una ley promulgada en 1972 que establece que todas las personas que trabajan en el sector público deben de ser controladas ante un posible radicalismo, por lo que deben presentar un certificado de validez expendido por el servicio secreto alemán interno.

El gran pecado de Kerem Schamberger es ser comunista y si bien el partido comunista alemán DKP es un partido legal, a pesar de ello está vigilado por la Oficina Federal de Protección de la Constitución, que califica el partido de extremista.

El Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre «la comunicación estratégica de la Unión para contrarrestar la propaganda de terceros en su contra«. Esta resolución está dirigida expresamente contra los medios de comunicación rusos porque según ellos Russia Today (RT) o la agencia Sputnik están diseñados para hacer una “propaganda hostil”, “poner en duda los valores democráticos y dividir Europa«.

Somos una ciudad sitiada. Unos lo utilizan para ocultar su ineptitud y otros lo rechazan, pero la realidad está ahí y es innegable. Millones de dólares dedicados a subvertir el orden interno, bloqueo económico, la prensa corporativa en contra, en fin, que los necesarios cambios en la constitución deben estar en función de proteger nuestro proyecto no para debilitarlo.

La Universidad para los revolucionarios no plantea la exclusión de quien piense diferente, aunque algunos pretendan utilizar el slogan para desacreditar nuestro proyecto social. Se puede estar en la universidad y no hacer revolución, pero no habrá lugar en nuestras universidades para quien pretenda hacer contrarrevolución.

Mañana en el firmamento

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firmamento

El pasado martes tuve la oportunidad de participar  en el acto realizado en el centro de entrenamiento de alto rendimiento Cerro Pelado, donde el profesor Raúl Trujillo, entrenador del equipo nacional de Lucha Greco, recibió la categoría especial de Profesor Invitado otorgada por la Universidad de Matanzas.

Dicha condición se le otorgó al profesor Trujillo por sus vínculos con esta universidad de la que fue estudiante de pregrado y de postgrado y ha mantenido una relación sistemática con el claustro de profesores que en algunos casos fueron sus alumnos cuando trabajaba en la EIDE matancera.

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En dicho acto también fueron recordados los jóvenes que asaltaron el Palacio Presidencial y la emisora Radio Reloj el 13 de marzo de 1957 y donde muchos ofrendaron sus vidas por la Cuba que tenemos hoy, porque jóvenes como los que estudian en ese centro no tengan que enfrentar a tiranos y explotadores.

Actos de este tipo siempre son emocionantes, pues se reconocen a personas que han dedicado una vida a la educación de las nuevas generaciones. Muy emocionado el profesor Trujillo,  al dirigirse a los presentes dijo que “tenía más emoción que palabras”, también fue impactante que al recibir  el certificado que  lo acredita como Profesor Invitado, los atletas de los equipos de lucha en pleno acudieron a abrazarlo, así como otros compañeros presentes.

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Pero el acto del Cerro Pelado tuvo una característica muy peculiar. Allí estaban muchas, muchas estrellas que nos han hecho saltar de alegría, que nos han hecho sentirnos orgullosos de ser cubanos en múltiples ocasiones. A Mijail, Driulis, Sibelis, Milián, Asley, Idalis, muchos otros y a los más jóvenes,  estamos acostumbrados a verlos por TV y que más allá de su méritos deportivos uno a veces se pregunta, cómo será una persona con tanta gloria  y con tanta fama.

Pero la respuesta es que son como el resto del pueblo cubano: humildes, sencillos, como diría cualquier joven, no se creen cosas ¡y eso los hace más grandes todavía!

Felicidades al profesor Trujillo y gracias a todos los atletas, profesores y trabajadores del Cerro Pelado por habernos permitido pasar una mañana en el firmamento, pero sintiendo a las estrellas tan cerca y tan nuestras.

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Análisis de las elecciones

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Antes que todo trasmitir mis felicidades a todos los que
creemos que la única vía hacia el desarrollo sostenible es un sistema
verdaderamente socialista. Dicho lo anterior es importantes no pecar de algún
tipo de fanatismo, ya que con solo fe ciega y voluntarismo nunca llegaran a
vivir, con la calidad de vida que se merecen, todos los cubanos que seguimos
trabajando en centros, escuelas y empresas estatales de vital importancia para
nuestro desarrollo.

Sin más enfoquémonos en los datos que destacan, los cuales aproximé para no perdernos en detalles números y enfocarnos en conclusiones sobre el contexto social en el que vivimos dentro de Cuba:

  1. A) 7.2 millones de cubanos, de manera libre y democrática, siguen llevando las boletas de manera correcta (ya que todos sabemos que nadie te ve si llenas las boletas bien o no).
  2. B) 321 mil cubanos decidieron, de manera libre y democrática, dejar sus boletas en blanco

Les invito a juntos interpretar estos datos, sobre estos mis modestos puntos de vista subjetivos son:

1. Que la mayoría de los cubanos aún confían en la revolución y que creen que juntos podremos construir algún día un sistema económico verdaderamente socialista.

2. Que es altamente preocupante que unos pocos cientos de miles de cubanos (pocos pero que continúan creciendo si comparamos datos arrojados por pasadas elecciones) oponiéndose a la forma en que se están haciendo las cosas y prefieren caer en anarquía antes de seguir así.

¿Qué nos dejó la URSS: estalinismo o brezhnevismo?

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Bandera soviética ondea en restaurante Nazdarovie en la Habana. © AFP 2018/ YAMIL LAGE

Aunque Stalin ha pasado a la historia como una especie de Señor Oscuro del Socialismo, no todos los males del modelo soviético pueden achacársele. Lo cierto es que durante su largo mandato (1924-1953) la URSS vivió el milagro económico más grande que se haya visto jamás, al convertirse de país atrasado y secundario a nivel europeo, en la segunda potencia económica mundial, con independencia de la falta de legitimidad -y humanidad- de muchos de los métodos empleados para lograrlo. Ningún otro gobernante soviético tuvo tales éxitos y, en cambio, ni superaron radicalmente los errores del estalinismo, ni dejaron de añadirle otros nuevos al devenir del llamado Socialismo Real.

Al triunfar la Revolución Cubana, el sucesor de Stalin, Nikita Kruschov, ejecutaba la etapa conocida por El Deshielo (1955-1964), un proceso tímido y parcial de desestalinización de la sociedad soviética y del campo socialista, iniciado con su famoso Informe Especial –realmente nunca fue secreto- al XX Congreso del PCUS (25-2-1956). Su mandato estuvo salpicado por los arranques y timonazos del líder en política interna y externa, que condujeron a su sustitución tras un golpe de estado palaciego mientras se encontraba de vacaciones. De este modo se le abrieron las puertas al poder máximo a Leonid Brezhnev, quien condujo a la URSS durante casi veinte años (1964-1982), época en que se fortaleció la relación cubano-soviética, sobre todo a partir de 1971.

brezhnev castro
Eduard Pesov/RIA Novosti

Si los males del estalinismo se asocian a la muerte de millones de personas por asesinatos, hambrunas y trabajos forzados, es imposible identificar a la experiencia de la Revolución Cubana con tales desmanes. Sin embargo, de la era Brehznev es bastante lo que se ha heredado y mantenido hasta los días de hoy. Uno de estos elementos es el de priorizar el desarrollo por métodos extensivos (extensionismo), en detrimento de los intensivos.

Prueba de ello fueron, en los años 70, las campañas masivas de desmonte  para extender las tierras de labranza y pastoreo más allá de las posibilidades reales de las granjas estatales, que trajeron consigo la proliferación del marabú y el aroma en los campos desatendidos. Aún puede apreciarse el afán extensionista en las costosas e interminables inversiones por hacer un trasvase este-oeste en Holguín a fin de hacer fértiles tierras áridas, mientras las mejores del país siguen improductivas o poco explotadas.

En este aspecto quizás lo peor haya sido la adopción extensiva de maquinarias altamente derrochadoras de combustible, pues este llegaba a raudales y barato de la URSS en momentos en que el mundo pasaba a aplicar tecnologías ahorradoras para superar la crisis mundial del petróleo de los 70 que apenas conocimos en Cuba.

Otro aspecto del brezhnevismo que se aplatanó fue el del triunfalismo, que allá alcanzara el cenit con la nueva Constitución de la URSS (1977) donde se decretaba la llegada a la “sociedad socialista desarrollada [como] paso natural, lógico en el camino hacia el comunismo”. Esto se hacía cuando ya era evidente, dentro y fuera del país, el creciente estancamiento de la economía y la sociedad soviéticas. En Cuba, las declaraciones triunfalistas en lo económico se sucedían sin cesar con el expediente de tomar hechos aislados para fundamentar supuestos éxitos que no lo eran.

De la era Brehznev es bastante lo que se ha heredado y mantenido hasta los días de hoy

Así, el esfuerzo por alcanzar una Zafra de Diez Millones de toneladas (1969-1970) se presentaba como la puerta al desarrollo industrial del país; el vuelo de un cosmonauta cubano (1980) en una nave soviética ponía a Cuba como pionera de la investigación espacial en Latinoamérica, mientras que el record Guinness de la vaca Ubre Blanca en la producción de leche (1982) nos hacía ver como una potencia mundial en la ganadería. Todas eran quimeras sin fundamento real.

Pero lo más terrible de la influencia brezhneviana fue la creciente burocratización del país, inspirada en la copia de los sistemas de organización estatal y partidista de la época en la URSS, que llenaron las plantillas de cargos y responsabilidades similares en ambas instituciones, mientras descendían los niveles de personas ocupadas en la esfera productiva, sobre todo en la agricultura. Aún se sienten esas influencias perniciosas que es imprescindible atajar y transformar en pos de un socialismo más moderno y cubano.

Stalin pudo ser el Voldemort del Socialismo en el siglo XX pero no influyó tanto en Cuba como su homólogo Brezhnev. Al final el triunfalismo, la economía extensiva y la burocratización, han perdurado en el tiempo más que la ayuda soviética.