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El empobrecimiento de los pobres

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Empobrecimiento pobres
(Imagen de Referencia, 2012)

En la mente de los que repensamos los asuntos cubanos rondan varias preguntas de compleja respuesta: ¿Por qué si la naturaleza autoritaria del Gobierno/Partido/Estado data de inicios de los años sesenta, es ahora que ocurren la mayor cantidad de protestas callejeras?

Si la Revolución afectó a los ricos para beneficiar a los pobres, ¿por qué la mayoría de los manifestantes y encarcelados actualmente pertenecen a los sectores más pobres? ¿Es que antes no éramos tan pobres, o es que la naturaleza de la pobreza cambió?

La respuesta del Gobierno/Partido/Estado y sus medios oficiales es la esperada: Ni siquiera emplean el término pobreza y sus derivados al informar sobre Cuba, sino subterfugios tales como vulnerables, población en riesgo o en desventaja, deambulantes, siempre en vías de superar su inopia momentánea.

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(Foto: Lester Chang)

No obstante, los espectros de la miseria que parecían exorcizados de nuestras calles y campos han vuelto por sus fueros con su triste cortejo de limosneros, buzos, personas famélicas y viviendas paupérrimas siempre a punto de derrumbarse. Analicemos el casi invisibilizado problema de la pobreza y por qué cada vez los cubanos y cubanas pobres parecen tornarse más obstinados y revoltosos.

-I- La pobreza estatizada

En 1958, la economía cubana era de las más productivas del mundo, por tanto, sus dificultades y contradicciones no eran por escasa producción, sino por la forma tan desigual en que se creaba y redistribuía la copiosa renta nacional. De ahí que en La Historia me absolverá (1955), Fidel enfatiza en que las grandes riquezas del país se debían distribuir con más equidad y justicia.

En aras de ese objetivo, desde enero de 1959 se inició el desmantelamiento, no solo de la anterior forma de gobernanza ?alterada por un septenio de dictadura militar y guerra civil?, sino de toda la sociedad anterior. La proclamación del nuevo estatuto constitucional de 1959, que concentraba los poderes ejecutivo y legislativo en el Consejo de Ministros, debió alertar a todos de que se venía una revolución socialista, no una vuelta al status anterior al diez de marzo.

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 (Foto: Jung/ullstein bild via Getty Images)

En menos de un año, la rica y diversa vida política que caracterizó a la república y que luchaba por subsistir aún en el Batistato, fue sustituida por un nuevo modelo centrado en multitudinarias asambleas populares donde el líder supremo y la masa enardecida se fundían en un proceso de comunicación que discurría en un solo sentido.

La manera en que Fidel encarnó los más profundos anhelos de redención social y nacional de los sectores populares, mezclados a promesas incumplibles y sueños utópicos, y los presentara como tareas realizables en el lapsus de sus vidas, hizo que millones se sumaran al Gran Ejército de la Revolución y abandonaran las tradiciones cívicas de la república burguesa. Las mismas por las que apenas unos meses antes estaban dispuestos a dar la vida.

Con el nuevo concepto de Revolución en el Poder, esta ya no vendría desde abajo, sino «desde arriba» y las masas no la protagonizarían, sino que «se sumarían a ella», «se incorporarían», «participarían», «serían convocadas» y, para ello, tendrían que serle «fieles», «leales» y «estar dispuestas a cualquier sacrificio». Su marcha fue asumida como un mítico viaje nacional en pos del nuevo Vellocino de Oro: la sociedad comunista —reforzada con la imagen simbólica del yate Granma—, con apresuramientos, avances lentos y descansos antes de nuevas cargas.

Las familias humildes fueron beneficiadas con la garantía estatal de trabajo seguro, salario estable, precios fijos, distribución equitativa normada y acceso gratuito o asequible a educación, salud, centros recreativos e instituciones culturales, antes elitistas. A ello se sumaba un cuantioso régimen de becas en universidades cubanas y extranjeras que facilitaba la entrada de los hijos de familias pobres en el hasta entonces estrecho círculo de los estudios superiores. «Pobreza amparada» la llamaría Aurelio Alonso.

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Foto: MES

De esta forma, el Estado concentraba en sus manos casi todo el ingreso nacional y lo redistribuía centralmente, lo que acrecentaba su imagen paternalista de benefactor de la sociedad. En el imaginario social prevaleciente parecía que cualquier hombre o mujer del pueblo podía asegurar, como Luis XIV: «L´Etat c´est moi» («El Estado soy yo»). Tal era el sentido que adquirían, para las familias trabajadoras, los mencionados eventos derivados de la desaparición de la hegemonía de propiedad privada capitalista, con su corolario de desigualdades y vejámenes hacia los proletarios.

Sin embargo, pronto los enormes gastos de defensa por el conflicto con los Estados Unidos y los errores/horrores de los experimentos económico-sociales se unieron a otros factores adversos propios de las economías estatalizadas y centralizadas como las que primaban en Europa del Este —predominio de grandes monopolios estatales, pérdida de calidad por la falta de competencia, pocos incentivos para trabajar más y mejor…—. A causa de esto, el país entró en una espiral de crisis económica que duró hasta los años setenta.

En la etapa del socialismo real cubano (1971-1991), el nuevo pacto social que se impondría —especie de copia cubanizada del modelo soviético— aceptó la estimulación material de los trabajadores tanto por la vía salarial como por los premios y otros fondos colectivos a nivel de empresa. El fomento de un amplio mercado complementario (paralelo) permitía la realización sistemática de los ingresos adicionales de los trabajadores de forma más o menos amplia.

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Tras la aceptación del tutelaje soviético y el ingreso al CAME (1972), se asignó a Cuba el papel de suministradora a gran escala de tres productos primarios (azúcar, cítricos y níquel), a cambio de todo un tropel de mercancías y servicios a precios subvencionados que permitieron a la Isla obtener pingües ingresos y mantener, artificialmente, un elevado nivel de consumo durante casi dos decenios de vacas gordas que muchos creyeron sostenible en el tiempo.

Por eso, la primera generación de la Revolución, nacida durante el baby boom del quinquenio 1959-1964 pudo disfrutar durante su adolescencia y juventud de un entorno asegurado estatalmente que les permitió estudiar, empezar a trabajar y formarse proyectos de vida futura que luego quedarían truncos. La existencia del Estado como benefactor y repartidor de premios por buena conducta era la base para el adoctrinamiento y la obediencia de las mayorías ante la evidente falta de libertades y democracia que se manifestaba por doquier.

-II- La pobreza por cuenta propia

La desaparición del campo socialista y la URSS y el estallido de la crisis del Período Especial dieron al traste con aquel modelo y su contrato social. Ni siquiera el espejismo transitorio de la alianza con la Venezuela Bolivariana pudo suplir el incontable apoyo de los subsidios soviéticos. La pobreza estatizada mutó y se transformó cada vez más en una pobreza por cuenta propia.

En la nueva sociedad mixta imperaría la crisis de valores, fruto de la convivencia entre diferentes actores económico-sociales: sector estatal depauperado; capitalismo de Estado (empresas mixtas, asociaciones, redes de comercio mayorista y minorista…); pequeños y medianos productores (campesinos, transportistas, cuentapropistas); economía subterránea; familias y comunidades que sobreviven en el rebusque y la miseria en entornos marginales.

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 (Foto: Hypermedia Magazine)

En este nuevo escenario, la continuidad en el poder oligárquico —caracterizado por clientelismo, prebendas, devoción al jefe protector, secretismo, soborno, burocratización, etc.—, se fue tornando cada vez más insoportable para el resto de la sociedad que sufre ante el parasitismo de este grupo social devenido en clase, y clama por mecanismos democráticos transparentes, de control popular, que le pongan coto.

Para los sectores populares en su conjunto la situación ha ido de mal a peor. Desde inicios del siglo XXI, la adopción de una política de austeridad para reducir gastos del presupuesto y pagar los compromisos de la deuda externa provocó la disminución de las personas atendidas por la seguridad social. El coeficiente Gini, indicador que mide la desigualdad, no es publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) desde 1999; en 1988 era de 0,25%, en el 2005 —acorde a lo dicho por el economista José Luis Rodríguez— ascendía a 0,45%, hoy debe bajar del 0,60.

El ineficaz empleo de la agroindustria azucarera —y desvío hacia otros fines de los fondos de amortización y acumulación— la hizo quebrar estrepitosamente, lo cual condujo a su desmantelamiento por decisión gubernamental. Fue enorme el cataclismo sociocultural provocado en cientos de bateyes, poblados y municipios por el cierre de los centrales y granjas cañeras. Esta situación marcó con el sello de la inopia y el abandono a regiones enteras del país antes florecientes.

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 (Foto: Oscar Alfonso Sosa)

Para la población se hizo evidente que, si al Período Especial se había entrado como país, la salida de la crisis habría que buscarla de manera personal y/o familiar. Remesas del exterior; migración a cualquier otro lugar del mundo; conversión de más de 160 000 pobladores en «súbditos» de la corona española; posposición —a veces eternas— de los embarazos, se volvieron tendencias crecientes que no pudieron ser detenidas con anuncios de reformas salvadoras, Lineamientos, estrategias y hasta una nueva constitución para un supuesto Estado Socialista de Derecho.

La lealtad de los sectores populares se resiente en particular cuando las diferentes generaciones, en particular las más jóvenes, perciben que no podrán salir de la pobreza por mucho que aporten. Sobre todo, si se parte del enfoque desarrollado por el premio Nobel Amartya Sen, quien la define como pobreza cultural: aquella que afecta las libertades positivas de las familias y expresa la falta de capacidad del individuo para realizar a plenitud su potencial productivo.

En 2021, a los problemas en el ejercicio efectivo de la democracia y la participación política, la desestimulación al trabajo asalariado en condiciones de doble moneda y múltiples tasas de cambio, la Tarea Ordenamiento sumó una correlación lapidaria para los trabajadores: la caída del 38,2% del salario en la conformación del PIB, junto a una elevada inflación. Esto se acompañó de la disminución de todos los indicadores de la industria alimentaria nacional y la importación de alimentos. En adición, la posterior desaparición de varios medicamentos dejó su adquisición en manos del mercado informal.

Desigualdades, pobreza y posicionamientos políticos
(Foto: EFE)

Esta ecuación genera una elevación galopante de los precios de los alimentos y otros productos básicos que diluye literalmente el salario en manos de los consumidores, al punto de estimarse el salario medio real (ajustado a la inflación) de 2022 era un 39% menos que el del 2020. Salarios, pensiones y jubilaciones no alcanzan para vivir más de una semana.

Desde el punto de vista de la desigualdad social, más de tres décadas de acumulación cultural desgastante en el imaginario colectivo, y la situación particular de crisis a partir de 2019, debilitan la legitimidad del Gobierno/Partido/Estado sobre todo en aquellos sectores que han tenido menos oportunidades para aprovechar los nuevos nichos de ingresos; según la socióloga Mayra Espina: «Mujeres, negros y mestizos, los adultos mayores, y algunos territorios específicos». Una situación así, mantenida en el tiempo, sería el caldo de cultivo más propicio para un estallido social, cuyos protagonistas no serían agentes pagados por el Imperio, sino hombres y mujeres de los estratos menos favorecidos por las parciales e ineficaces reformas acometidas.  

Para superar este empobrecimiento generalizado es preciso que se asuma un proyecto de país genuinamente popular y nacional, no oligárquico y antinacional, donde los recursos de inversión pública se empleen en beneficio de las grandes mayorías. En él todas las personas serán sujetos activos y recibirían dosis cada vez mayores de empoderamiento y participación.

Urge una participación real y efectiva de la ciudadanía en los asuntos públicos, libertad para los presos políticos del 11J y otras protestas ciudadanas posteriores, y un reconocimiento de la sociedad civil independiente. Estas acciones y garantías contribuirían profundamente a la creación de una sociedad más democrática, solidaria y participativa donde los diferentes sectores sociales, principalmente los populares, recuperen las ansias de hacer y prosperar en el bien común empezando por el de sus familias, amigos y comunidades. 

20 de Mayo: entre luces y sombras

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20 de mayo república

Este 20 de mayo arriba a 121 años la fundación de la República de Cuba, una fecha usualmente ninguneada o demonizada, en su comparación con el 1° de enero de 1959. Sin embargo, más allá de las lecturas dogmáticas y las señaladas limitaciones, se trata de un acontecimiento histórico al que debe verse con sus luces y sombras.

«Día singular y ambiguo como pocos, conciliaba dos realidades opuestas», expresó el intelectual Fernando Martínez Heredia: «Por un lado, tremenda alegría popular, goce inmenso por el hecho que parecía realizar las motivaciones e ideales por los cuales un pueblo de castas, unificado por una conciencia política, se fue en masa a la gran guerra popular y al holocausto, y exigió después la retirada del ocupante extranjero con todas sus energías y de todas las formas posibles. Por otro, las angustias y desilusiones que traía consigo el nuevo Estado con una soberanía nacional muy recortada por la potencia extranjera, y la quiebra del proyecto revolucionario (…)».

Aunque la República del 20 de mayo inició con el izamiento del pabellón cubano en las dependencias oficiales, estuvo atada a los designios de los círculos de poder estadounidenses —Enmienda Platt mediante—, pero a su vez, constituyó el fin del colonialismo español en Cuba y de la ocupación militar norteña, representó una victoria sobre la corriente anexionista, otorgó valor a los símbolos patrios por los que tanta sangre se derramó en tres guerras de independencia y contribuyó —por sus muchos desperfectos— a la maduración del pensamiento político cubano en las décadas siguientes.

Acuerdo entre MLB y FCB: ¿batazo extraviado entre dos?

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Acuerdo MLB

Los números rara vez mienten. Menos si se trata de pelota y el acuerdo entre la Major League Baseball (MLB), con el consentimiento de la Asociación de Jugadores de la MLB (MLBPA) y la Federación Cubana de Béisbol (FCB). De haberse sostenido en el tiempo, actualmente contuviese la creciente hemorragia de jugadores antillanos que, por mecanismos legales o no, han partido en busca de calzar sus spikes en el mejor béisbol del mundo.  

Hablo de una media de entre 100 y 120 peloteros por año, que según datos del periodista e investigador Francys Romero, no solo pertenecen a la categoría élite. De acuerdo con Romero, una veintena iniciaron la temporada 2023 en el roster de 40 de alguno de los equipos de Grandes Ligas, como parte de los más de 180 que figuran en alguna organización perteneciente a franquicias de la MLB, cifra que hoy supera los 30 y algunos de ellos asumen liderazgos dentro de dicho circuito.  

Sucede que el pacto rubricado el 19 de diciembre de 2018, sobre el cual ambas instancias habían trabajado con mucho tino y diplomacia por más de tres años, fue anulado de un plumazo por el expresidente estadounidense Donald Trump el 9 de abril del año siguiente.

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La clínica impartida por jugadores en activo y la presencia de las principales autoridades de la MLB en Cuba en 2015, fue parte del proceso de acercamiento y construcción del acuerdo beisbolero firmado luego en diciembre de 2018. Foto: Cortesía del Autor.

En una misiva dirigida a la MLB, el entonces mandatario esgrimió que el hecho de que un club X pagara a la FCB el 25 % correspondiente a la tasa de liberación de jugadores, equivalía al financiamiento del gobierno cubano, y por tanto, violaba la Ley Comercial de los Estados Unidos.

La carta de la Casa Blanca fue publicada en su momento en la cuenta de la red social Twitter del periodista de ESPN Jeff Passan, y explicaba sobre la aplicación de una licencia general a las actividades de la MLB según el Reglamento de Control de Activos de Cuba (CACR), así como las orientaciones dictadas por el Departamento de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro al respecto:

«El CACR administrado por la OFAC prohíbe a todas las personas sujetas a la jurisdicción de los Estados Unidos comerciar con bienes en los que Cuba o un ciudadano cubano tengan intereses, salvo que estén autorizados o exentos.

La Sección 515.571 (e) del CACR autoriza las transacciones relacionadas con el Patrocinio o contratación de un nacional cubano para trabajar en los Estados Unidos en un estado de no emigrante o en virtud de otra autorización de viaje por parte del gobierno de los EE. UU. o contratación de un nacional cubano.

A la luz de los hechos que se nos presentaron recientemente, y luego de consultar con el Departamento de Estado de los EE. UU., La OFAC determinó que los pagos de las Grandes Ligas a la Federación Cubana de Béisbol no están autorizados por la sección 515.571 (e) del CACR, porque un pago a La Federación Cubana de Béisbol es un pago al gobierno cubano.

Además, ninguna otra licencia general en el CACR autoriza estos pagos. Asimismo, los pagos de la MLB a la Federación Cubana de Béisbol están prohibidos a menos que estén específicamente autorizados por la OFAC. Si MLB desea hacer estos pagos, puede solicitar una licencia específica de la OFAC».

Por su parte, la FCB es una asociación no gubernamental autónoma, inscrita ante el Ministerio de Justicia, adscrita al Comité Olímpico Cubano y miembro de varios organismos internacionales ligados el béisbol. Por estas razones, goza de independencia y prerrogativas para el ejercicio de sus funciones.

Cabe señalar que la «tasa de liberación de jugadores» previamente mencionada, sería similar a la contenida en los acuerdos de protocolo de MLB con las ligas profesionales de Japón (NPB), Corea del Sur (KBO) y Taipéi de China (CPBL), e independiente al contrato que lograse cualquier pelotero. Sin embargo, las relaciones sostenidas por nuestro béisbol con el estadounidense trascienden las fronteras de lo deportivo y encallan recurrentemente en los arrecifes de la política.

Poco duró el brillo en los ojos de quienes aunaron sus esfuerzos para materializar un convenio que rompería las politizadas cadenas que, desde una y otra administración, pesaban sobre el estrechamiento de lazos mediante un fenómeno como la pelota, que marca la cultura e identidad de ambas naciones.

También duró poco para los primeros 34 peloteros menores de 25 años y con al menos seis Series Nacionales de experiencia, que como parte de lo pactado serían elegibles para alguna de las 30 franquicias de la Gran Carpa interesadas en su talento y servicios.

Cual castillo de naipes, se derrumbaron todas las acciones que con precisión se habían tomado, sobre las que se expresarían las máximas autoridades beisboleras cubanas y estadounidenses:

«Durante años, las Grandes Ligas de Béisbol han estado buscando poner fin a la trata de jugadores de béisbol de Cuba por parte de organizaciones criminales al crear una alternativa segura y legal para que esos jugadores firmen con Clubes de las Grandes Ligas. Creemos que este acuerdo logra ese objetivo y permitirá que la próxima generación de jugadores cubanos persiga su sueño sin tener que enfrentar muchas de las dificultades experimentadas por jugadores actuales y ex jugadores cubanos que han jugado en las Grandes Ligas de Béisbol».

Rob Manfred, Comisionado de la MLB

«Establecer un proceso legal y seguro para ingresar a nuestro sistema es el paso más importante que podemos dar para poner fin a la explotación y el peligro para los jugadores cubanos que buscan una carrera en las Grandes Ligas de Béisbol».

Tony Clark, Director Ejecutivo de la MLBPA

«Esta es una victoria de la pelota cubana, de su calidad, de la entrega y valía de sus peloteros. Es también un reconocimiento a hombres como Omar Linares, y muchos otros peloteros estrellas que han prestigiado nuestras Series Nacionales…»

Higinio Vélez, entonces presidente de la FCB

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Jugadores de la talla del lanzador de los Dodgers, Klayton Kershaw, manifestaron su respeto por la pelota cubana y el deseo de ver brillar el talento de nuestros beisbolistas en la Gran Carpa. Foto: Cortesía del Autor.

Bien parados en el cajón de bateo

En no pocas ocasiones he escuchado decir que si queremos saber cómo marcha Cuba, debemos analizar cómo va su pelota.

Hoy, con una economía en extremo deprimida y con el fenómeno de la substistencia lastrando las agendas cotidianas, es comprensible que muchos peloteros ansíen probarse en escenarios beisboleros  más lucrativos.

Al declive en cuanto a nivel cualitativo de las Series Nacionales, se suman otras realidades asociadas a la infraestructura y al esquema de la competición, como problemas con el hospedaje, alimentación y traslado de las novenas, carteleras de cinco juegos en línea con programas de dobles desafíos a siete innings –esto implica desgaste excesivo y subterfugios para establecer rotaciones en un área medular y debilitada como el pitcheo, en aras de mantener su estabilidad en todas las selecciones-, entre otros aspectos.

Tras aprobarse la nueva política de remuneración, el salario básico de un pelotero de  series nacionales  es de 3.725 pesos,  equivalente a 31 dólares estadounidenses según la nueva tasa de cambio oficial implementada por el Estado cubano y en vigor desde el 4 de agosto de 2022.

En contraste, la relación de los cinco jugadores cubanos mejor pagados en la MLB es la siguiente:

  • José Abreu / Astros de Houston (19.500.000 US$).
  • Yasmani Grandal / Medias Blancas de Chicago (18.250.000 US$).
  • Yoan Moncada / Medias Blancas de Chicago (17.800.000 US$).
  • Raisel Iglesias / Bravos de Atlanta (16.000.000 US$).
  • Jorge Soler / Marlins de Miami (15.000.000 US$).

Si a eso se le suma que la búsqueda de válvulas de escape o éxodo no solo se encuentran en la Gran Carpa, el agujero negro se agudiza. En lo que va de Serie Nacional cuentan casi una treintena los peloteros que por diversas vías han recalado en certámenes ligueros del Caribe, Asia, o Europa.

A ello puede agregarse la salida de otros talentos desde las categorías sub-15 en adelante, cuyo objetivo es enrumbarse al amparo de alguna organización de Grandes Ligas.

Desde la institucionalidad de la FCB se demonizó durante mucho tiempo a todo pelotero que intentase abandonar el país para  continuar su carrera en busca de la MLB. Igualmente, todo pelotero cubano que se insertase en ese béisbol, caía en el saco del robo de talentos practicado por el “monstruo norteño”.

La otra orilla exigía a cualquier pelotero nacido o formado en Cuba tener residencia en un tercer país para ser elegible por alguna franquicia de la Gran Carpa.

Es oportuno reconocer que en los últimos tiempos, la FCB ha flexibilizado su prisma, en especial con aquellos peloteros que por una razón u otra han manifestado su intención de volver a incursionar en nuestro clásico doméstico, tras construir méritos en  otro torneo de clubes, o hacia el epílogo de sus carreras deportivas.

Mientras, recientemente y a poco más de 90 millas, la Asociación de Peloteros Cubanos Profesionales radicalizó sus posturas y ejerció presiones para conformar, de cara al V Clásico Mundial de Béisbol, un elenco integrado por jugadores que rompieron sus nexos con la FCB y militan en organizaciones de la MLB.

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El lanzador Yariel Rodríguez rompió su acuerdo con el equipo Dragones de Chunichi de la NPB y abandonó la selección cubana en EE.UU. tras su participación en el V Clásico Mundial de Béisbol. Foto: Radio Guáimaro.

Se trata de una postura igual de excluyente y desconocedora del derecho que tienen los jugadores vinculados al ente rector de la pelota cubana de empuñar el madero por su país, fundamentalmente si su talento y rendimientos les preceden.

Tras el plumazo de Trump, el acuerdo entre la MLB y la FCB no deja de ser más que un deja vù que estuvo en vigor poco menos de dos semanas, una vez iniciada la temporada 2019 de las Grandes Ligas.

Continúa entonces la pelota atada con el fuerte nudo de la política y las presiones, similar al clásico batazo entre dos que ninguno de los jardineros pide para fildear en bien del equipo. Pero, ¿el batazo seguirá rodando hasta tocar la cerca y convertirse en un extrabase? ¿Podrá retomarse el acuerdo, de ser preciso a nivel gubernamental, bajo dinámicas de diálogo constructivo?

A estas interrogantes se suman otras, así como el deseo una novena cubana realmente unificada en algún Clásico Mundial; pero es necesario desprenderse de los nudos que han frisado el plano de lo asfixiante y que hoy, décadas después, perduran.

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Yohan Moncada, fue seleccionado como el antesalista del todos estrellas del V Clásico Mundial de Béisbol. Foto:  mlb.com

Como pincelada histórica, me gustaría recordar que la presencia de peloteros estadounidenses en el béisbol cubano inició con fuerza a principios de la República, pues entre 1904 y 1905 comenzaron las conocidas Series Americanas, que se celebraban al finalizar las temporadas de Grandes Ligas, y donde uno o varios equipos de la Gran Carpa realizaban juegos de exhibición en Cuba, así como también parte de los llamados spring trainig.

Además, los Cuban Sugar Kings estuvieron a punto de insertarse como equipo en las Grandes Ligas tras pertenecer a Ligas Menores, específicamente a la Liga Internacional de la Florida (categoría Triple A), entre 1954 y 1960, cuyo lema era precisamente “Un paso más y llegamos”.

¿Cuántos pasos más se necesitarán esta vez? Me gustaría pensar que no tantos.

DC visto desde D.C.

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DC Díaz-Canel
(Imagen: Brady Izquierdo)

En los últimos cinco años, la presidencia de Miguel Díaz-Canel ha enfrentado numerosos desafíos. Su mandato comenzó en 2018 con la incidencia de una política exterior de la administración Trump caracterizada por la agresividad y la irracionalidad, imbuida en una mentalidad de suma cero. A principios de 2020, la pandemia de la Covid-19 empeoró la situación económica a nivel global, y Cuba, un país dependiente de las remesas y el turismo, no quedó inmune a los efectos de esta crisis. Recientemente, la invasión de Rusia a Ucrania ha debilitado en los planos político y económico a uno de los principales aliados del gobierno. Venezuela, el otro gran socio, también sufre una crisis política y económica, que parece ser reversible a largo plazo.

Si bien no es posible controlar el contexto internacional, sí lo es moderar la respuesta a estas condiciones. Cuando asumió la jefatura del Estado en 2018, Díaz-Canel apostó por considerarse abanderado del continuismo estático tras los aires refrescantes del 2016. Como era predecible, esa decisión (¿o imposición?) afectó negativamente la psicología social, y disminuyó la esperanza de progreso en la Isla. Si bien es humano errar, es irresponsable a estas alturas no rectificar el discurso inmovilista, en especial luego de los sucesos del 11 de julio de 2021.

Cinco años después de asumir la presidencia, Díaz-Canel aún no ha logrado trasladar a los ciudadanos una idea clara de progreso. Las manifestaciones de insatisfacción y disenso son cada vez más reprimidas por el Ministerio del Interior, bombero de los pirómanos ortodoxos del Partido Comunista.

La respuesta al inmovilismo no se hizo esperar: el 11 de julio de 2021, el mandatario recibió su primer llamado de atención. A partir de ahí, y ante la represión desatada, muchos cubanos han optado por emigrar. Da lo mismo si es a Miami, a Madrid, a México o a Montevideo. Basta confirmar que, desde octubre de 2020, más de 413.000 cubanos han arribado de manera irregular solo a los Estados Unidos (aproximadamente un 5 % del censo electoral de 2023). Un país que ve a sus mejores hijos marcharse, no deja de sospechar de aquellos que le dirigen.

Incertidumbre
(Foto: Reuters)

En un sistema cerrado a las críticas y que vive en una situación de autocomplacencia, el gobierno sigue apostando por la censura, el falso triunfalismo, la improvisación y el reconocimiento superficial de errores, sin estrategias constructivas a largo plazo. El país aún mantiene un elevado índice de economía informal y existe desconfianza generalizada hacia la política bancaria y fiscal en la nación, justificada ante la escasa preparación de sus «mandamases».

Además, con un espacio de acción muy reducido y números insuficientes, las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes) han quedado relegadas, salvo raras excepciones, a ser actores secundarios en una economía precaria.

La incertidumbre continuará. Los indicadores económicos son alarmantes, con números rojos que se acumulan. Los niveles de recuperación del turismo languidecen comparados con los otros mercados de la región (apenas el 15 % de ocupación habitacional), y de esta forma se ve comprometida la principal fuente de ingresos del país. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ubica a la Isla entre los países con más baja inversión extranjera de América Latina. La población se torna cada vez más envejecida, con las consecuentes implicaciones socioeconómicas.

Envejecemos
(Foto: Diario de las Américas)

Para colmo, el gobierno se mantiene leal a una política exterior revisionista y controvertida de la mano de Venezuela, Nicaragua, Rusia y Bielorrusia, Estados con una tensa relación con las organizaciones internacionales y buena parte de los países occidentales. La relación, pagada a conveniencia con petróleo más barato, es cuestionable ante la crisis energética actual. Incluso empeorará con un parque termoeléctrico cada vez más obsoleto y deficiente, sin perspectivas de inversión.

Con una economía empobrecida y un gobierno ideológicamente aislado, es notable la disminución de la influencia de Cuba en la región. En este contexto, la única esperanza de la élite política cubana parece ser la asunción de un papel de satélite chino en una eventual guerra fría entre China y Occidente.

Ganada la batalla por el Código de las Familias, ¿cuáles serán las próximas peleas del activismo LGBTIQ en Cuba?

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LGBTIQ

Pasó más de medio año desde el Código de las Familias. Muchos creyeron que las personas LGBTIQ, para compensar la falta de derechos en que habían vivido, irían corriendo a estrenar las opciones que ofrece la nueva ley. Todo indicaba que miles de parejas, legítimas, comprometidas y funcionales, pero sin la garantía —hasta ahora— de ser reconocidas legalmente, harían colapsar las oficinas públicas y los salones de fiestas.

Pues no. Sólo 745 parejas, la mayoría «de hombres», legalizaron su unión en este primer semestre, en un país que sigue teniendo más de 10 millones de ciudadanos dentro de sus fronteras. Apenas 35 uniones de hecho pidieron registrarse. Estas son todas las cifras oficiales, reveladas por Olga Lidia Pérez Díaz, la directora de Notarías del Ministerio de Justicia de Cuba, al periódico Trabajadores.

Fuente: IPS Cuba
Fuente: IPS Cuba

Otra hipótesis manejada fue que, después de la aprobación de la nueva ley, disminuirían las expresiones y actos de odio hacia los colectivos LGBTIQ. Varias mujeres trans con las que conversé recientemente, aseguraron que los insultos callejeros habían empeorado. «Hay gente que está picada, diciendo “esta gente se salió con la suya”, y actúan con agresividad», comentó una de ellas.

Los activistas que impulsamos el Código de las Familias siempre supimos que, aproximarnos a la igualdad jurídica con el resto de la ciudadanía, no iba a resolver de un golpe las violencias motivadas por la identidad de género y la orientación sexual. A pesar de saberlo, con la experiencia de otros países a la vista, teníamos la seguridad de que si se accedía —por decir lo más obvio— al matrimonio, estaríamos un paso más cerca de la meta.

Después de 15 años en el activismo me están fallando las previsiones y hasta las teorías. En Estados Unidos, España, Chile, México, Colombia, en vez de disminuir, aumentan las agresiones a personas LGBTIQ. Hay más crímenes de odio en comparación con años anteriores, en los cuales el nivel de visibilidad de estas personas y el respaldo legal con que contamos, se ha consolidado. Pensábamos que todo sería más sencillo.

En Cuba se han casado pocas parejas porque el matrimonio, acabemos de aceptarlo, ya no tiene el significado simbólico de antes. Su valor principal es práctico. Se casan, en general, las personas con capitales que transmitir o proteger. Se casa la gente que necesita acreditar que está en pareja para conseguir que algún Estado le reconozca beneficios: una visa, una herencia, una donación…

La mayoría de la gente LGBTIQ cubana, como la de cualquier país en la periferia capitalista, es pobre. A pesar de que hubo más acceso en los últimos años, la mayoría de las personas trans —por mencionar solo una letra de estas siglas— no pudo acceder a la enseñanza profesional, no tiene empleo estable, mucho menos uno bien remunerado.

El matrimonio es un acto que revela, más que nunca, la clase social. Las prostitutas trans que buscan clientes en la noche habanera, camagüeyana o santiaguera, no tienen planes para casarse. Las economías de subsistencia difícilmente encuentran una oportunidad en el matrimonio. Casarse, y los derechos acompañantes como adoptar, someterse a fertilización o beneficiarse de la gestación solidaria, son para la clase media.

Los activistas siempre lo supimos. También entendimos que había que pelear estos derechos, no sólo porque estremecían el orden excluyente, sino porque eran los que el sistema estaba dispuesto a reconocer, en primer lugar.

Matrimonio entre los activistas Adiel González y Lázaro González
Matrimonio entre los activistas Adiel González y Lázaro González

Es más fácil reglamentar un acto puntual con poca demanda, como el matrimonio o la adopción, que crear políticas para resolver la desventaja de toda una comunidad históricamente violentada. Es más sencillo castigar con cárcel la discriminación por orientación sexual, como hizo el Código Penal, que generar un sistema de asistencia para proteger, en sus vulnerabilidades particulares, a los adultos mayores LGBTIQ, como una forma de reparación —también— a aquellos que no pudieron acceder a las universidades o sus carreras profesionales fueron frustradas.

En plena crisis económica, aspirar a cambios estructurales, soñar con garantías y compensaciones como las que soñamos, parece más difícil que nunca.

La migración masiva, que está dejando a Cuba sin jóvenes, también nos ha dejado sin activistas. Los pequeños grupos independientes que lograron consolidarse durante las discusiones del proyecto de Constitución, en 2018, se han reducido al mínimo. Algunos desaparecieron.

El Código de las Familias vino con un sabor contradictorio, a pesar de haber sido muy peleado. Llegó en el peor momento de la crisis que empujó a cientos de miles de cubanos a la frontera de Estados Unidos. No hubo mucho ánimo para celebrar. Y desde entonces, el activismo no ha tenido fuerzas para reunirse y evaluar sus próximas metas.

Reclamar una ley de identidad de género es un punto pendiente en la agenda, pero hasta ahora, no se ve con claridad una estrategia para conseguirla. Esa ley, una de las que no aparece en el cronograma del Parlamento, debería garantizar —entre otras cosas— la atención de salud descentralizada de la Capital y eficiente que necesitan las personas trans y no binarias.

Brenda Díaz, una mujer trans sancionada por participar en las protestas del 11 de julio de 2021, ha sido tratada como un hombre en una cárcel para personas VIH positivas. Su caso ha sido denunciado como si fuera excepcional. Como ella, otras tantas personas trans —no cuantificadas— viven recluidas sin respeto a su identidad de género.

Foto: IPS Cuba
Foto: IPS Cuba

De eso, por lo menos, estamos hablando. Como hablamos, algunas veces, del derecho que tenemos a legalizar nuestras organizaciones y a actuar libremente en el espacio público para promover una cultura inclusiva. La Constitución cubana garantiza ese derecho que no podemos ejercer en la práctica.

No hemos hablado seriamente, como activistas, de la situación de los adultos mayores LGBTIQ, en particular de quienes fueron afectados por las políticas discriminatorias de las décadas de 1960 y 1970. El Estado, y la sociedad en general, tienen una deuda especialmente sensible con personas que enfrentan una vejez más vulnerable y sin redes familiares sólidas que los ayuden a subsistir en medio de la actual crisis.

Todavía no ha surgido un activismo que reflexione sobre los desafíos que enfrentan las personas VIH positivas para sobrevivir, en el mismo país que las recluyó forzadamente en sanatorios en las décadas de 1980, 1990 y todavía en la del 2000; con las consiguientes dificultades para concluir estudios y desarrollarse profesionalmente. Actualmente enfrentan las problemáticas que nos aquejan con menos recursos que otros ciudadanos.

El acceso al empleo de gente LGBTIQ con pocos capitales educacionales, es una preocupación que nos corresponde hacer valer frente al Estado, sobre todo teniendo en cuenta la emergencia de un sector privado, que, si bien ha dinamizado la economía, también ha debilitado no pocos derechos laborales.

Ilustración: Tremenda Nota
Ilustración: Tremenda Nota

Haber vivido bajo un sistema excluyente deja secuelas en la vida de la gente que no se compensan sin programas específicos, enfocados en devolver las oportunidades negadas.

No basta con que el Código Penal castigue por discriminar. Necesitamos efectuar, en serio, transformaciones que nos fortalezcan ante las discriminaciones. Y si el Estado no lo comprende de momento, le corresponde al activismo reclamárselo.

Los derechos reconocidos en el Código de las Familias son un buen comienzo para todo lo que tenemos por delante, más por lo que significan políticamente, que por los problemas estructurales resueltos en la ley. Pero ni por asomo son suficientes.

El Código es un hecho. Sin embargo, Cuba está más pobre que nosotros, con disposición política, y a la vez con menos recursos que nunca para estar a la altura de las leyes aprobadas. Es hora de citarnos en un bar, en un parque, en una «potajera», uno de esos refugios propios de nuestra tradición de resistencia, para hablar de todo esto y regresar al trabajo.

Cuba no necesita más persecución política

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Buena fe Cancelacion persecución política

En los últimos días han trascendido las cancelaciones de varios conciertos de la gira del dúo Buena Fe por España. Dichas suspensiones ocurren luego de que dos activistas opositores al gobierno cubano fueran golpeados por integrantes del público en la presentación del 12 de mayo en Madrid, por gritar consignas a favor de la liberación de presos políticos en la Isla.

Desde entonces, miembros y medios afiliados a la oposición han culpado a los músicos por las agresiones y han recalcado su afiliación al gobierno cubano como argumentos para defender la cancelación de sus conciertos. Hasta el momento, han sido suspendidas las presentaciones en Barcelona, Salamanca y Tenerife.

Los mencionados actos de violencia son totalmente condenables; no obstante, ni la agrupación es responsable de las actitudes de quienes estaban en el público. Asimismo, ni su posición u opiniones políticas deberían ser motivos para censurar su arte, más en países que se asumen como defensores de la libertad de expresión y creación.

En un comunicado publicado en la página oficial de Facebook, el grupo declaró que «Bajo el pretexto de defensa de la democracia se han desatado acosos y amenazas fascistas contra los dueños de los locales y eso ha podido más que las canciones». Las suspensiones fueron celebradas por varios medios y activistas opositores, pero también fueron repudiadas por otras figuras públicas como el cantautor Silvio Rodríguez.

Buena Fe no ha sido la única agrupación afectada por la posición política de sus integrantes. En los últimos días, también fueron visibles las presiones para evitar el concierto de la agrupación Van Van en La Florida, el cual también quedó suspendido «por problemas logísticos».

En los artículos «De autocríticas, presiones y arrepentimientos forzados» e «Intercambio cultural entre Cuba y EE.UU.: libertad vs. censura» el Observatorio sobre el Extremismo y la Polarización de La Joven Cubana ha analizado, junto a los actos de censura del gobierno cubano, las presiones cada vez más frecuentes por parte de activistas y grupos opositores, que mientras defienden la libertad de expresión, apuestan por cancelar a figuras públicas por sus presuntas posturas políticas a favor del gobierno en la Isla, negarse a hacer críticas al sistema político cubano o evitar referirse a este con el término «dictadura».

Un movimiento nunca debe convertirse en lo que critica, ni utilizar los métodos que tanto condena para lograr sus objetivos. Ningún artista o grupo debería ser censurado por sus posturas políticas, ni forzado a decir algo que no piensa para evitar la cancelación. La Joven Cuba se solidariza con Buena Fe como mismo lo ha hecho en otras ocasiones con artistas censurados en la Isla.

Daniel Ross Dieguez: El último de los taínos

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Daniel Ross Cuba Guantanamo Taína

«Estoy algo ocupado, pero será un placer darte la entrevista, me gustaría poder dedicarte más tiempo», fue la respuesta de Daniel Ross Dieguez cuando me comuniqué con él. Eran días agitados, acababa de recibir la noticia de haber ganado el Festival de Cannes, un premio por su película La Espera, grito de resistencia de la cultura taína y guantanamera, de la cual el joven realizador es adalid.

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taíno La Espera

«Yo soy un amante de la Cuba tradicional, de esa Cuba taína que se está perdiendo. Cuba es un vocablo taíno que significa tierra cultivada, tú le preguntas a muchos cubanos que significa el nombre de nuestro país y pocos van a saber. Es vergonzoso todo el patrimonio que hemos perdido, como el mismo nombre de Guantánamo que significa Ciudad entre Ríos.

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taíno

»Quiero darle vida a la cultura de la que hemos salido. Hay que entender que las Américas que encontraron los españoles empezaron por aquí, por los taínos, y Cuba empezó por Guantánamo. En gran parte es a lo que quiero dedicarme a mi provincia sin perder la perspectiva de un cubano.

»Estuve durante 35 años, hasta el 2022 viviendo en Guantánamo, y todo lo que he hecho es dedicado a mi provincia. Aunque ya no estoy ahí, seguiré dedicándole mi obra. A Guantánamo le han quitado mucho de su patrimonio, incluso la misma capital. El Cemí es el símbolo Taíno de la ciudad de Guantánamo y hoy en día se encuentra en la Universidad de La Habana. Cuando entré a la Sala Montaner, me sorprendió ver las piezas de nuestro patrimonio que han sido saqueadas de las cuevas y se encuentran aquí. Hay otra pieza arqueológica de un gran valor arqueológico que es el Ídolo de Patana, que desde 1902 se encuentra en Estados Unidos. Todo esto me ha inspirado para mi próximo documental».

La primera producción audiovisual de Daniel, en el año 2010, titulada Necesitamos ser escuchados, era un documental sobre las tribus urbanas de roqueros del parque Martí de Guantánamo. «Este era un pueblo que llevaba más de 8 años con la casa de la cultura cerrada y lo peor era que la única recreación estaba en la plaza Mariana Grajales bastante peligrosa por el vandalismo.»

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taíno

Aunque esta fue su obra novel, el amor por el cine viene desde los primeros años de su vida: «Yo prefería no salir los sábados para ver las películas que daban de 6 a 8 de la noche y luego ver la primera película del sábado en la noche. Quedé atrapado y empecé a ver cine más serio cómo La Séptima Puerta y De Nuestra América. Todos se iban a dormir y yo me quedaba viendo las películas en un televisor Krim, que era el que había en mi casa. Siempre me gustó el lenguaje poético del cine.

»Esa fue mi primera escuela, yo soy empírico de formación. Nunca he tomado un curso de cine, ni siquiera un mínimo de taller. Lo que hago es copiar la técnica y montar un algoritmo para poder contar y hacer la historia como quiero. Años más tarde, creé un estudio pequeño en mi casa que se llama StudioRoss DaRoDe que es con el que trabajo. Hoy sigo trabajando ahí, aunque se ha convertido en un espacio más grande, con set y todo lo que se necesita».

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taíno

Aunque el cine ha sido el medio que ha elegido para expresarse, también se ha formado en otras ramas del arte y la literatura: «Soy pintor de formación y pasé también el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge, que me aportó mucho. Eduardo Heras León era una persona de la cual me siento orgulloso de haber sido su alumno. En el año que cursé el Onelio fue la última ocasión en que el profe Heras fue a Guantánamo, él siempre tendrá un espacio en mi corazón. Yo estoy muy ligado a la literatura, que me ha aportado técnicas que influyen en mi obra».

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taíno

Unido a su trabajo de productor y creador, ha desarrollado, durante ya diez años, una labor como promotor del séptimo arte bajo el proyecto Cine Andante, una especie de cruzada fílmica que lleva a los rincones más intrincados de nuestra geografía las obras de los realizadores cubanos:

«Es un cine de comunidad que empecé con Adriel Bosch Cascaret, quien atiende audiovisuales por la Asociación Hermanos Saiz en la provincia. El objetivo era llevar las producciones de la muestra a las comunidades serranas, incluso comunidades de silencio en las que no entra la televisión y no hay electricidad, tenemos que proyectar desde un carro. Lo más impresionante de estos viajes fue una vez que llegamos a una comunidad que se llama Tacre, que está a la orilla de la farola. Los niños que estaban ahí no conocían ni a Elpidio Valdés en pleno 2010 o 2011. Eso es algo triste, pero pasa mucho en esas comunidades serranas».

La primera producción oficial de Daniel fue el Stop-Motion Todo Pasa, fue estrenado en Guantánamo en 2017. «Lo.envié también a La Muestra Joven ICAIC, esa muestra tan problemática para mucha gente», agregó. Sobre el resto de su obra relata: «Luego hice otro Stop-Motion a la par que realizaba mi primer cortometraje de ficción, La Noria. Este es un corto que me atreví a hacer con Regino Rodríguez Boti, nieto del poeta Regino Eladio Boti. Recibí mucho apoyo de él, y es además el actor de mi última película, La Espera, en la cual intento conectar con el corto, es un gran diálogo poético. Me gusta ver a los personajes desde esa soledad tan poética y hacer más llevadera la historia. Casi siempre mis producciones son historias desde la soledad un poco triste, que usan a la poesía y los colores para embellecerse. Me gusta colorear las historias para que no sean tan tétricas».

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taína

Aunque en su carrera ya se acumulan varias obras y reconocimientos, hacer cine en las condiciones actuales de Cuba es todo un reto, más aún, si se sale de la capital en la cual se encuentran las principales productoras. Sin embargo, para Daniel Ross, la clave para sortear estos obstáculos han sido sus amigos:

«Hago La Espera con todas las dificultades que conlleva hacer cine independiente cubano. Un largometraje es casi un sueño para mucha gente y yo esperaba que se me diera la oportunidad. Lamentablemente hubo un fondo de fomento para el que no puede ser seleccionado por la situación de la Covid en el 2021. Fui enriqueciendo la idea hasta que, a finales de noviembre, un amigo que iba a cruzar las fronteras a través de la ruta de los volcanes, me prestó sus equipos durante 4 días. Hablé con Regino Rodríguez Boti y me dediqué a hacer la película en esos 4 días lo más rápido que pude.

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taína

»En post Producción conté con la ayuda de mucha gente de Guantánamo, sobre todo de músicos que les gusta el changüí y las tradiciones locales. Usé a los amigos que tenía a mí alrededor para crear esta película que solo cuenta con cinco personajes. A pesar de las dificultades logré el filme  que quería, yo trabajo solo y voy aprendiendo de lo que me sucede y del criterio de los demás».

La película refleja desde la subjetividad y el diálogo poético la identidad de Guantánamo y sus raíces taínas; una historia local que se abre al mundo a través de Cannes. Sobre el desafío de trascender las fronteras nacionales para visibilizar y distribuir sus obras comenta: «He mandado la obra a varios festivales en el extranjero desde Cuba, pero los pagos son imposibles. Muchas veces tengo que tirar de la bondad de los amigos y otras escribir a los festivales explicándole mi situación y esperar por si me quieren admitir. Yo me volví realizador independiente por la necesidad de contar las cosas y el deseo de hacer, a pesar de las dificultades. El financiamiento lo logro trabajando en cualquier cosa y reuniendo dinero para mis producciones.

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taína

»Yo no recibo mucho apoyo de productores independientes fuera del país. Soy empírico, creo que se cuestionarían por qué trabajar conmigo si pueden hacerlo con realizadores de la escuela de cine. El apoyo que he recibido de otros creadores ha sido gracias a la Muestra Joven ICAIC. De cierta forma he tenido que abrirme el camino por mí solo, lo que hace que tenga una forma de narrar diferente, mi forma de ver el mundo y mi creación es de alguien de Guantánamo, mi origen me condiciona».

El recién premiado cineasta también agrega que nunca ha pedido el apoyo del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, aunque no descarta cualquier relación de colaboración futura: «Si algún día muestran interés en ayudarme serán bienvenidos, sí no, no creo que sea un problema para seguir con mi obra».

Daniel Ross Cuba Guantanamo Taína

La obtención de la estatuilla fue algo difícil.Se necesitó el apoyo financiero de muchas personas para lograr poder tener la estatuilla en sus manos. «Este no es solo un premio mío, sino de un grupo de amigos», recalca.

Sobre el futuro de La Espera en Cuba, pues solo aspira a seguir trabajando: «La película aún no ha ido a ningún festival cubano, voy a inscribirla en Gibara. Solo me queda esperar a que tenga suerte. Mi meta es seguir con la corriente, no me voy a mortificar si alguien no quiere estrenar mi película. Yo seguiré trabajando sin tratar de ofender a nadie. Mientras tenga una cámara en mis manos seguiré produciendo».

Del militarismo bonapartista al pretoriano

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Militarismo cuba

Pasan los días y siguen hiriendo nuestras retinas las imágenes de robustos boinas negras golpeando airadamente a indefensos protestantes civiles, hombres y mujeres, del humilde poblado de Caimanera. Con independencia de los móviles e implicaciones del suceso, me pregunto: ¿están entrenados física y espiritualmente estos soldados de élite para hacer frente a una acción terrorista, o para aporrear a ciudadanos y ciudadanas que protestan pacíficamente? ¿Acaso no existe un protocolo de fuerza debida para sofrenar las acciones de las autoridades contra civiles desarmados?

Solo la preponderancia de un militarismo extremista y descocado podría explicar tamaña ferocidad para someter a un grupo de manifestantes pacíficos en la era de Internet, a la vista de la opinión pública nacional e internacional. ¿O es qué acabamos de presenciar una deliberada acción política, como especie de performance a modo de advertencia a posibles replicantes futuros de tales osadías? Analicemos los antecedentes, orígenes y actualidad del militarismo en la realidad cubana y quizás comprendamos mejor estos hechos.

I. Antecedentes

En la historia, el militarismo aparece ligado a la cultura de las armas y su empleo directo como instrumento de dominación sobre individuos, clases y pueblos, pero se asocia directamente a la influencia del ejército en el gobierno y la tendencia a que las relaciones militares hegemonicen todas las demás. Para su existencia, es determinante que primen la práctica y/o la amenaza –real o ficticia? de la guerra, de tal forma, que la necesaria preparación para la defensa, sustente un sistema de valores que justifique la perversión del hecho militar al tomar dimensiones excesivas en la vida nacional.

Para designar las múltiples manifestaciones del militarismo se han creado varios conceptos, tales como: bonapartismo ?por Napoleón Bonaparte?, gobiernos autoritarios liderados por caudillos, casi siempre de origen militar, que aplican políticas populistas y muchas veces son respaldados por las mayorías; y pretorianismo ?por la legión de élite que custodiaba al emperador y su residencia del pretorio?, régimen donde las fuerzas armadas son utilizadas en funciones de represión interna, sin relación con acciones armadas en defensa del territorio nacional.

Bonapartismo Napoleón

En Cuba, el autoritarismo y el militarismo estuvieron presentes desde que se iniciara la conquista/colonización, empresas que fueron concebidas como una sola, arbitrada por mandos castrenses a los que la Corona entregó plenos poderes cívico-militares. Este modelo halló continuidad en el sistema despótico de administración aplicado durante más de tres siglos en la llamada Siempre Fiel Isla de Cuba.

También en lo económico, el autoritarismo militarista colonial llegó a límites extremos. En pos de beneficiarse directamente con la producción, la Monarquía y la élite burocrático/militar/comercial constituyeron la Real Compañía de Comercio de La Habana (1740-1757). Su fin era ejercer, mediante la fuerza militar, el control monopolista de la exportación de los productos del campo (azúcar, mieles, café, tabaco, cueros) y la importación de bienes manufacturados (insumos industriales y agrícolas) para el mercado cubano y su creciente agroindustria.

Una década después, cuando ya su desempeño se mostraba inviable por el contrabando y la resistencia de los productores nativos, la clarividente administración colonial dejó la actividad productiva en manos de los particulares y las leyes del mercado para concentrarse en percibir cuantiosos impuestos, particularmente de aduana, quienes nutrieron las arcas del tesoro español como nunca antes.

Real compañía comercio Habana bonapartismo pretorianismo

Desde su inicio, los movimientos separatistas cubanos nacieron desde la sociedad civil, nunca de la militar, particularmente entre las capas medias: artesanos, campesinos, pequeños propietarios urbanos y profesionales (Luz e infante, 1809; Aponte y negros libres, 1812). Sus representantes más encumbrados eran civiles: Félix Varela (sacerdote y profesor); José Antonio Saco (economista, historiador y sociólogo); José de la Luz (pedagogo); Domingo del Monte (crítico y promotor cultural). Varela y Saco fueron proscriptos y murieron en el exilio; los demás vivieron acosados por las autoridades militares, tildados injustamente de extremistas radicales por sus ideas progresistas.

El fatídico Régimen de las Facultades Omnímodas (1825-1869) representó una verdadera tiranía militar de los Capitanes Generales donde los derechos individuales fueron desconocidos, las cargas tributarias multiplicadas y finiquitadas las esperanzas de transformaciones liberales. Con estos antecedentes, al estallar las guerras de independencia el temor a sustituir la dictadura de los Capitanes Generales hispanos por la de sus congéneres criollos rondaría tempranamente los campamentos mambises.

Al inicio, se logró concertar la unidad en la Asamblea de Guáimaro mediante un equilibrio de poderes entre los partidarios del Padre de la Patria (cespedistas o militaristas) y camagüeyanos, villareños y occidentales, de tendencia más democrática-liberal (agramontistas o civilistas). Tras mucho debatir, se logró aprobar una constitución republicana y abolicionista, presidida por Carlos Manuel de Céspedes y una poderosa Cámara de Representantes facultada para legislar, fiscalizar la labor del ejecutivo y los militares, además de deponer al presidente. Confinados a la vida nómada de la manigua redentora, aquellos civilistas trataron de hacer realidad un gobierno democrático-liberal con un vasto e inoperante entramado institucional.

Guaimaro asamblea

Para Martí, la mayor amenaza dentro del campo revolucionario al logro de la república soñada radicaba en el despotismo militar surgido del empoderamiento desmedido de los jefes militares desde la propia guerra, lo cual crearía condiciones para la entronización futura de dictaduras bonapartistas. En Patria, se consagró a sembrar ideas que impidieran el renacimiento de los caudillismos localistas de la gesta anterior.

La democracia que predominaba en el Partido Revolucionario Cubano (PRC) se llevaría al gobierno de la República de Cuba en Armas para impedir que la futura nación se convirtiera en: “un nuevo modo de mantener sobre el pavés, a buena cama y mesa, a los perezosos y soberbios que, en la ruindad de su egoísmo, se creen carga natural y señores ineludibles de su pueblo inferior”.

Como uno de los ataques más sostenidos al PRC era tildarlo de ser el partido de Martí, escribió “Persona y patria” donde sentenció:

La idea de la persona redentora es de otro mundo y edades, no de un pueblo crítico y complejo, que no se lanzará de nuevo al sacrificio sino por los métodos y con la fuerza que le den la probabilidad racional de conquistar los derechos de su persona, que le faltan con el extranjero, y el orden y firmeza de su bienestar, imposibles en la confusión y rebeldía que habrían de seguir, en un pueblo de alma moderna, al triunfo de una guerra personal, más funesta a la patria mientras más gloriosa […]

El episodio más significativo de la pugna entre la forma militarista tradicional de concebir la gesta independentista y la nueva civilista preconizada por Martí fue la divergencia que tuvo con Maceo sobre la conducción de la guerra. En el Titán pesaban de forma determinante sus experiencias de la Guerra Grande y la manera en que las artimañas civilistas habían entorpecido las acciones del Ejército Libertador y el General en Jefe, por lo que priorizaba ganar la guerra primero mediante la conducción del Alto Mando castrense. Ya en la paz, se constituiría la república con sus poderes civiles y su vida democrática plenamente garantizada.

bosque

En Martí lo hacían mucho más las experiencias de las repúblicas latinoamericanas, donde el peso de las camarillas militares había entronizado un ciclo interminable de caos y destrucción, explotación de las masas populares por oligarcas nacionales y extranjeros, subordinación del pensamiento libre, guerras civiles y fronterizas, sublevaciones cruelmente reprimidas y desprecio de lo autóctono.
Desaparecidos ambos líderes y sometido el PRC a la voluntad de Estrada Palma y el Consejo de Gobierno, la extensión de la guerra abrió las puertas a la intervención estadounidense y la Ocupación Militar. A duras penas, lograron los patriotas evitar la anexión, hacer cumplir la Joint Resolution e instaurar una República con su soberanía limitada por la Enmienda Platt.

No obstante el Síndrome de la Intervención Americana pendiendo sobre Cuba, la República echó a andar aunque sometida al llamado “monopolio político del mambisado” (J. James), con caudillos bonapartistas que se turnaban en el poder al frente de liberales (José Gómez, Gerardo Machado) o conservadores (Mario García).

Tras la Revolución del Treinta, el predominio del Ejército, reorganizado y aupado por Batista, la nueva figura del bonapartismo cubano, creó el mito de que se podía hacer una revolución con el Ejército o sin él, pero nunca contra él. Los dos decenios con democracia formal (1933-1952) no estuvieron exentos de violencia política, pero en este período se mantuvo el funcionamiento del sistema representativo y se instauró la Constitución del 40, una de las más progresistas del mundo para su época.

Batista
(Foto: AP / Harold Valentine)

En estas condiciones, los sujetos de la sociedad civil disponían de variadas formas de lucha legal para promover el progreso social y enfrentar los despotismos militares, al amparo de los derechos constitucionales de 1901 y 1940: elecciones multipartidistas, generales y parciales; libertad de expresión e imprenta (prensa libre); manifestaciones públicas en calles y plazas; y derecho a la huelga, tanto económica como política.

Con independencia del grado de autoritarismo, corrupción y demagogia presente en aquellos gobiernos, la defensa y promoción de estos sacrosantos derechos dotaron al país de una rica y activa sociedad civil y una cultura política sustentada en valores como patriotismo, antimperialismo, vergüenza ciudadana y justicia social con el ideal de la añorada república martiana como horizonte a alcanzar.

En La Historia me Absolverá (1955), Fidel resumió lo que era y significaba, con sus luces y sombras, la república anterior al golpe de Estado del diez de marzo:

Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades; presidente, congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo había sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y tenía derecho a ello. Lo habían engañado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror. Creía ciegamente que éste no podría volver; estaba orgulloso de su amor a la libertad y vivía engreído de que ella sería respetada como cosa sagrada; sentía una noble confianza en la seguridad de que nadie se atrevería a cometer el crimen de atentar contra sus instituciones democráticas. Deseaba un cambio, una mejora, un avance y lo veía cerca. Toda su esperanza estaba en el futuro.

-II- Orígenes

Tras el triunfo del 1 de enero de 1959, la agudización de la lucha de clases, el conflicto con los EEUU y el acercamiento creciente a la URSS y su ideología marxista-leninista condujeron a la generalización de un discurso de guerra para encarar la dicotomía Revolución-Contrarrevolución (“Patria o Muerte”). El Síndrome del conflicto histórico con EEUU sirvió de escenario idóneo para la identificación entre caudillismo militarista/liderazgo carismático/autoritarismo/voluntarismo.

Este pretexto inmejorable encubrió la propaganda adoctrinante y el discurso amañado de la burocracia cada vez más empoderada. Adicionalmente, justificó la coyunda del pensamiento libre en un entorno de censura a opiniones divergentes y extensión del miedo entre opositores, disidentes y críticos, tratados todos como enemigos del pueblo y su Revolución.

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£Foto: Letras Libres)

Según la alegoría del Che en “El Socialismo y el Hombre en Cuba”, el pueblo/población era concebido y dirigido como un gran ejército en campaña con una estructura piramidal de ordeno y mando en cuatro niveles: Líder (Comandante en Jefe), Dirigentes (EEMM), Cuadros (oficiales) y Masa (soldados incondicionales, obedientes y leales hasta la inmolación).

La militarización de la sociedad civil se inició con el desmantelamiento de la rica y combativa precedente y su reorganización en un puñado de organizaciones de masas y sociales únicas a nivel nacional, subordinadas al PCC. Luego continuó con el adoctrinamiento para crear el Hombre Nuevo, la educación de la niñez, juventud y herejes en tradiciones militares pro patriotismo, obediencia, lealtad sumisa (confiabilidad) y trabajo militarizado.

A esto se añadió un sistema informativo de tiempo de guerra (apologético, sobrevaluando debilidades y errores enemigos y ocultando las propias, lenguaje confuso y tergiversador); la instrumentalización del arte como “arma de la Revolución” y la exportación de la revolución a partir de la teoría del foco guerrillero y las Misiones Internacionalistas.

En lo económico-social, la militarización abarcó sistemas de dirección de carácter autoritario y antimercantiles, como el Financiamiento Presupuestario (Che) y el Registro Económico (Fidel) basados en una relaciones naturales, prioridad absoluta a la “preparación para la defensa del país” por encima de las necesidades de la sociedad civil y la economía nacional, sumado a movilización de grandes grupos poblacionales tipo unidades militares (frentes, columnas, brigadas, contingentes, misiones), con el fin de cumplir órdenes/tareas del grupo militar-burocrático hegemónico.

III. Actualidad

Con la crisis de los años 90, la preponderancia de las Fuerzas Armadas sobre los demás poderes del estado se plasmó en la aparición de una supraentidad económica independiente de los poderes civiles: el holding militar GAESA, que controla los sectores más rentables de la economía nacional mediante grandes empresas monopólicas.

Desde 2017, con el retiro político del líder carismático, se acentuó la transformación del modelo bonapartista hacia un pretorianismo supeditado a la defensa de los privilegios del oligopolio GAESA y sus aliados, con acciones sumamente impopulares —como una política inversionista que se concentra en la inversión inmobiliaria en la construcción hotelera mientras descapitaliza otros sectores clave de la economía y la sustitución de tiendas en Moneda Nacional por otras en Moneda Libremente Convertible—. Esto ha ocurrido en contraposición a las recomendaciones de estudiosos de la economía, y, sumada a otras deformaciones a partir de la llamada Tarea Ordenamiento, ha traído múltiples consecuencias en la esfera social como el incremento de las desigualdades y la inseguridad alimentaria en grupos poblacionales con vulnerabilidades.

Ante la mencionada situación, agravada por el aumento de medidas unilaterales coercitivas por parte de las dos últimas administraciones norteamericanas y una situación de inestabilidad económica internacional, crece la protesta popular espontánea (11J, 6M) y la participación crítica de la creciente sociedad civil independiente en diferentes espacios físicos y virtuales (27N, blogosfera). En correspondencia, se recrudece la represión física y simbólica por parte de los instrumentos de dominación cívico-militares del Gobierno/Partido/Estado —el pretorianismo oligopólico enfrentado al creciente civilismo popular.

Nombre
Detención de Leonardo Romero el 11 de julio. (Foto: Yamil Lage/AFP)

De ahí que sea preciso, no solo exigir la aprobación de normas legales pendientes —sin justificación— para legalizar la manifestación pacífica, defender los derechos constitucionales, y divulgar y hacer cumplir los protocolos de actuación de las autoridades para ejercer la fuerza contra los manifestantes cuando incumplan lo establecido; sino también sistematizar la investigación, análisis y revelación de las prácticas extremistas del Gobierno/Partido/Estado y sus instituciones, además de promover la formación civilista y republicana del pueblo en pos de afrontar y superar los excesos del pretorianismo cada vez más presente en la realidad cubana.