Solo en casos excepcionales puede hacerse uso de la fuerza

Con pesar compartimos la noticia de que un amigo y comentarista de La Joven Cuba ha fallecido

He dicho en otras ocasiones que ignoro el ahorro económico que significó la eliminación de las cartas para la compra de autos de los profesores –entre otros- pero que de lo que estaba convencido es de que el costo político fue enorme. Sé de un profesor que era uno antes de esa medida y otro diferente por completo en la actualidad y no solo desde el punto de vista motivacional sino también ideológico.

Nota de LJC: Los cambios que se están realizando en Cuba han exacerbado los deseos de unos cuantos […]

24 de marzo de 1976 – 24 de marzo de 2013 37 años del golpe de Estado en […]

Fernando Ravsberg durante un encuentro con miembros de La Joven Cuba

ENTREVISTA A FERNANDO RAVSBERG (*)

Por Joseba Macías (**)

Dos décadas trabajando como periodista extranjero en Cuba dan para mucho. El uruguayo Fernando Ravsberg (1957), actual corresponsal de la BBC en la Isla, trata de acercar al resto del mundo la verdadera realidad de la Revolución en estos tiempos de cambios y transformaciones.

Admirado por unos, rechazado por otros, sus crónicas desde la cotidianidad caribeña no dejan indiferente a nadie. Con él estuvimos una larga tarde-noche de tertulia y café en su casa de La Habana charlando en torno a cuestiones tan diversas como el periodismo en Cuba, la situación económica o el futuro político inmediato de la Revolución. Ravsberg habla claro y directo: “Aquí hay una burocracia corrupta a la que no le interesa el socialismo”.

– Llevas veinte años en Cuba, Fernando, en tareas de periodista. Creo que tu primer trabajo fue con la radiotelevisión sueca Sí, así es. Me enviaron porque entonces en todo el mundo se consideraba que la caída de Fidel Castro era inminente. Además, las expectativas de los medios de comunicación occidentales eran que ese cambio de gobierno iba a ser, sin duda, violento.

Yo había vivido el final de Pinochet en Chile, había estado en Perú en los años de Sendero Luminoso, había trabajado en Centroamérica… Tenía una cierta experiencia y por eso me propusieron venir a la Isla. En cuanto llegué, pude ver enseguida que lo que aquí ocurría no tenía nada que ver con la visión que nosotros teníamos en Europa.

Recuerdo bien una conversación que tuve con mi jefe en la que él me hablaba de la toma de las embajadas en La Habana. “Es verdad” –le dije–, “dentro de la embajada de España hay ahora mismo veinte personas en señal de protesta… Y a 50 metros está pasando el Carnaval en el que están participando como unos 300.000 cubanos bailando y tomando cerveza. ¿Cuál es la verdadera Cuba?” Yo, realmente, no

Por: Gabriela (Estudiante de periodismo Universidad de Matanzas)

Nuestro presente constituirá la historia de nuestro futuro. Todos los seres de este mundo formamos parte de ella, de sus giros y volteretas, que en fin no son caprichos de dioses, sino el producto de las leyes y principios que rigen al hombre, a la naturaleza y la sociedad. Mas, existen algunos que tuvieron en su presente la oportunidad de ser testigos de grandes hechos históricos o poseyeron la dicha de conocer a hombres que cambiarían la historia del mundo para siempre. Un niño cubano de once años, de nombre Orlando González Cuesta, junto con otros seis pioneros experimentó el regocijo de viajar a Chile y estrechar sus manos con las de Salvador Allende, de palpar en vida al primer presidente marxista que democráticamente alcanzó el poder.

9/11: el día que nunca olvidaremos

Por: Eduardo

 “Septiembre aúlla todavía su doble saldo escalofriante
Todo sucede el mismo día, gracias a un odio semejante
El mismo ángel que allá en Chile, vio bombardear al Presidente
Ve las dos Torres con sus miles, cayendo inolvidablemente”
 Cita con ángeles. Fragmento
Silvio Rodríguez

 El 11 de septiembre la historia del mundo cambió dramáticamente. Cuando han transcurrido 10 años, la gran mayoría de los ciudadanos de bien de este planeta, se suman al dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos en la tragedia. Cuando ocurrieron los terribles atentados de las Torres Gemelas del World Trade Center, me encontraba en los días en que empezaba a escribir la primera versión de mi tesis de Doctorado, la que debía presentar en febrero de 2002 al ejercicio de la predefensa en la Universidad Central de las Villas. Tal como ahora, simultaneaba el trabajo científico en la computadora con la lectura de noticias provenientes de las páginas de los más importantes medios de prensa del mundo.

Esa mañana, yo no presentía que fuese a ocurrir nada extraordinario. En mi mente solo tenía espacio para el análisis de los resultados obtenidos en los diversos experimentos, que desarrollé durante un año de inmenso esfuerzo. De ello dependía que el cumplimiento de los objetivos trazados al inicio de la investigación, permitieran validar la hipótesis científica que me tracé al inicio de los trabajos de la misma. A eso de las 9 de la mañana, un amigo se acerca al local donde trabajaba, y me levanta de la computadora con una noticia: – Edu, por la Revista de la Mañana están retransmitiendo la señal de la CNN, un avión se estrelló contra las torres gemelas. Corrimos hacia el local del Centro de Estudio de Energía y Combustión, donde mis colegas dispuestos alrededor de un aparato de televisión comentaban el macabro espectáculo que se transmitía a todo el mundo en vivo.

Todavía existía mucha incertidumbre, y el locutor de la transmisión en inglés colocaba la posibilidad de un accidente como posible causa de la tragedia. Sin embargo, cuando yo no llevaba ni diez minutos observando las imágenes, del borde izquierdo de la pantalla del televisor apareció un avión que se incrustó contra la Torre Sur del World Trade Center. Se oyó una voz que lanzó una fuerte palabrota, de aquellas que rara vez se dicen en el ámbito universitario, seguida de la frase: – Caballeros, esto no puede ser tanta casualidad, un avión es posible, dos aviones chocando contra las Gemelas, solo si es un plan terrorista. Todos expresaban su profundo impacto y la convicción más rotunda de que nada podía justificar un crimen tan espantoso.