Fue noticia esta semana el lanzamiento de una nueva tarjeta en dólares estadounidenses (USD). La Tarjeta Clásica, emitida por Financiera CIMEX S.A. podrá usarse en toda la red comercial que opera terminales de punto de venta (Pos).
Uno de los datos más relevantes ofrecidos hasta el momento es que servirá para comprar combustible en la red de servicentros que operará en USD.
Los depósitos se harán tanto desde el extranjero, mediante un sitio web, como dentro de Cuba en los establecimientos de Cadeca entregando efectivo en las monedas extranjeras aceptadas. Estará disponible lo mismo para cubanos que para turistas. Podrá ser usada por cualquier persona, incluso aunque no sea el titular de la cuenta bancaria, pues basará su seguridad en una clave numérica (PIN).
La «Clásica», además, viene con el encanto de los descuentos, una opción todavía inusual en el comercio cubano. Fincimex anunció que habrá un descuento del 10% en los servicios del Grupo de Turismo Gaviota y otro de un 5% para quienes usen la tarjeta para comprar en las tiendas de CIMEX, Caribe y Trimagen.
En esta misma línea, el Banco de Crédito y Comercio (Bandec) anunció que se amplían las posibilidades de la tarjeta prepago que emiten, también en USD. Esta tarjeta de Bandec brinda opciones semejantes a la «Clásica» de Fincimex, con la diferencia de que se podrán reembolsar hasta 100 USD en caso de salida del país.
Según la información disponible hasta el momento, la principal desventaja de la tarjeta Clásica es la imposibilidad de extraer la divisa una vez depositada, ni transferirla hacia otras cuentas. Asimismo, para recargarlas no será posible utilizar la Moneda Libremente Convertible (MLC) acreditada en otra tarjeta nacional.
Esto significa, en esencia, la solución «técnica» para la venta de combustible en divisas que planteó el gobierno hace pocas semanas. Por otro lado, que la dolarización de la economía sigue en marcha, confirmando así que el fortalecimiento de la moneda nacional no es algo que vaya a ocurrir en el futuro próximo.
También significa que la Moneda Libremente Convertible no es tan «libre» como dice su nombre, pues con su saldo no es equivalente a la divisa, al existir limitaciones para hacer con estas cuentas operaciones comerciales que requieren moneda fuerte.
Opinamos que estas nuevas tarjetas podrían estar indicando el final del MLC, esa moneda electrónica que surgió en 2019 en la antesala del «ordenamiento», precisamente cuando las autoridades pretendían eliminar las distorsiones monetarias y cambiarias.
Es como si, tras una crisis agónica en la que las tiendas que venden en MLC tienen ofertas reducidas y poco competitivas, se necesitara un recurso más convincente para recaudar divisas.
Quedará por ver si las viejas tarjetas en MLC servirán para comprar en las ya avisadas tiendas rusas. Por ahora, esta moneda virtual cada vez permite menos el acceso a productos y servicios comercializados en moneda fuerte. Viene semejándose el extinto CUC (Peso Cubano Convertible), que también funcionaba como equivalente al dólar hasta que perdió su convertibilidad.
Lo problemático no son puntualmente estas tarjetas —que presuntamente traen más ventajas que desventajas— sino lo que simbolizan: una economía que no consigue crear un modelo sustentable y sólo alcanza a emular fórmulas parecidas que ya fracasaron.
Asimismo, la inestabilidad de los mecanismos financieros hará disminuir más la confianza de las personas en los bancos, y que sean más recelosas a la hora de guardar ahí sus ahorros en monedas extranjeras o cambiarlas por las monedas «sustitutas». Cuando la experiencia dice que se pueden perder equivalencias y convertibilidades, el colchón empieza a parecer un lugar más seguro.
La niña Amanda, entre la crisis y la instrumentalización
Fue noticia también la polémica en redes sociales sobre la situación de Amanda Lemus Ortiz, que llevó a la Dirección Provincial de Salud de La Habana a pronunciarse con un comunicado oficial.
Amanda es una niña de 2 años que padece una enfermedad hepática grave y necesita un trasplante.
Según lo relatado hasta ahora por medios no estatales, la familia argumenta que el hospital no dispone de los recursos necesarios para llevar a cabo la operación y no quiso aceptar insumos de donación por no haber llegado por las vías oficiales.
En contraste, la nota oficial afirma que la paciente ya fue sometida a «una cirugía de alta complejidad» y «se le han garantizado los recursos médicos e insumos necesarios para el tratamiento de su patología crónica». Agrega que necesita un trasplante hepático y «para lo cual se realizan coordinaciones con instituciones especializadas de otros países».
Activistas opositores se han hecho eco del caso, realizando convocatorias a donaciones, al tiempo que denunciaban al sistema de salud cubano por su presunta incapacidad para resolver el caso.
Esto significa que la crisis de los servicios de salud tiene un alto costo, que además de humano, es político. Tanto en la Constitución como en el imaginario ciudadano está bien claro que se trata de un derecho básico que debe ser garantizado por el Estado.
Nuestra opinión es que el gobierno cubano históricamente hizo de la salud pública un estandarte discursivo, pero ante una crisis aguda y continuada, está empezando a ser cada vez más difícil sostenerlo.
La oposición radical, por su parte, es partidaria de que se mantengan las sanciones económicas contra Cuba, y luego aprovecha tragedias como la de esta familia para demostrar la ineficiencia del gobierno. Es una postura, cuando menos, incoherente e hipócrita.
No obstante, la escueta información emitida por el Minsap deja sin responder muchas de las preguntas de la opinión pública. ¿Por qué resulta imposible hacer la operación en Cuba? ¿Con los insumos que resolvió la familia podría llevarse a cabo? ¿El hospital ha rechazado estos insumos? ¿El Estado cubano costeará el tratamiento en el exterior? ¿Podrá hacerse sin comprometer la vida de la niña?
Ante una situación como esta, la transparencia institucional es fundamental. Si ante la actual crisis el Estado está dejando de garantizar algunos servicios médicos que les resulta imposible de sostener, comunicarlo debidamente es lo más honesto y necesario. Con evadir hablar formalmente del tema, no se evitará la indignación ciudadana.
Un tren descarrilado
Y fue noticia esta semana el retroceso que sufre el ferrocarril cubano en medio de la actual crisis económica.
En el balance anual realizado por la Unión de Ferrocarriles de Cuba (UFC), se supo que, a pesar de haber sobrecumplido con un 104% en la transportación de pasajeros para 2023, esto significa un decrecimiento con respecto a 2022.
Al transporte de cargas le fue mucho peor: llegó apenas al 54% de lo previsto.
En la reunión, que estuvo presidida por el viceprimer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca, se planteó que incrementar las tarifas de transportación, perfeccionar el funcionamiento de la UFC y consolidar la «bancarización» son parte de la estrategia para sacar al ferrocarril de su parálisis. Tapia dijo también que la creación de mipymes estatales subsidiarias incentivaría a la UFC.
El viceprimer ministro reconoció que los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores están entre los grandes problemas no resueltos por el sector.
Esto significa que el ferrocarril, indispensable no sólo para el desarrollo del país, sino para su elementa funcionamiento, se encuentra en un momento crítico y sin expectativas de superarlo.
Opinamos que las soluciones expresadas por Tapia no bastan para echar a andar el ferrocarril cubano. Sin inversiones, como las que anunció Rusia en 2017, no hay salida para un conjunto de empresas paralizadas con una gran responsabilidad por delante.
El incremento en las tarifas de los pasajes no significa nada con tan pocos trenes de pasajeros en operaciones. La UFC por sí misma no podrá despegar. ¿Qué pasó con la gran inversión anunciada hace varios años?
Una aduana amigable
Fue noticia este 25 de enero que la anunciada reducción del impuesto aduanero para quienes importen materias primas, insumos o los llamados «bienes intermedios» —es decir, en ningún caso productos terminados—, ya es un hecho.
El impuesto quedó reducido al 50% y se hará efectivo a solicitud de la parte interesada, no de oficio. La resolución enfatiza que las materias primas beneficiadas deben estar destindas a «procesos productivos, con especial enfoque hacia la producción de alimentos y la producción agropecuaria».
Otra resolución publicada también el jueves, en este caso emitida por el Ministerio de Finanzas y Precios y el Ministerio de Comercio Exterior, aumentó las tarifas aduaneras para la importación de tabacos, cigarros, rones y otras bebidas alcohólicas.
La cerveza, uno de los contados productos de consumo habitual que bajó de precios en los últimos años gracias a las importaciones privadas, no está incluida en esta subida de impuestos. En el caso de las bebidas alcohólicas, la resolución solamente subió la tarifa para la importación de alcohol etílico, aguardiente de vino o de orujo de uvas, y rones o aguardientes derivados de la caña de azúcar.
Esto significa una apuesta por las producciones nacionales, una invitación a producir en Cuba con más beneficios para los productores.
Nuestra opinión es que se trata de una política inteligente, pensada para estimular a los que podrían aportar más a la economía cubana, pero diseñada con el cuidado suficiente para no perjudicar determinadas importaciones beneficiosas.
De las medidas de «estabilización» esta es una de las más atinadas, siempre que la política de aranceles sea razonable y no provoque la desaparición o el encarecimiento de productos demandados.
Un gasto que vale la pena
Por último, fue noticia que el gobierno decidió aumentarle tres meses al disfrute de prestaciones sociales por maternidad. Con la entrada en vigor de esta medida, madres y padres dispondrán de apoyo económico para estar más cerca de los bebés hasta que cumplan 15 meses de edad.
Esta decisión fue presentada como parte del programa gubernamental «para corregir distorsiones y reimpulsar la economía en 2024».
La nota publicada por Granma recuerda que en 2021, con la aprobación del Decreto Ley «De la maternidad de la trabajadora y la responsabilidad de las familias», quedaron igualadas en derechos las trabajadoras del sector estatal con las contratadas por el sector privado, por tanto, la seguridad social cubre los gastos para ambos sectores.
Esto significa otro incentivo, que no deja de tener un significado económico, aunque se trate de una garantía social. Es una invitación al incremento de la natalidad.
Nuestra opiniónes que esta es una zona de los derechos laborales en la que el gobierno cubano siempre ha sido puntero. La maternidad en Cuba siempre ha gozado de protecciones superiores a las del promedio de los países en desarrollo.
No obstante, esto no debería significar el abandono de políticas públicas que apuesten por aumentar y perfeccionar los servicios de cuidado a infantes. Deberían existir círculos infantiles que acepten niños menores al tiempo establecido por la licencia, como sí suele ocurrir en las guarderías privadas.
Separar a una persona de su puesto laboral durante un período tan prolongado puede ser una opción elegida, mas no la única posibilidad para ejercer la maternidad o paternidad.
Asimismo, si se tiene en cuenta la inflación, es discutible si esa facilidad representa una ayuda económica significativa a las familias. La principal garantía está en guardar la plaza a la persona cuidadora, algo que no siempre se cumple en los empleos fuera del sector estatal.
A pesar de todo, bienvenida sea la medida, y la honestidad de presentarla como parte del plan para sortear la crisis. Estas inversiones, que parecen pérdidas económicas, si se articulan con otras políticas, pueden representar garantías para un bienestar social que termine incentivando la producción y la retención de la fuerza laboral.
Napoleon, de Ridley Scott, es como la vieja fórmula a base de aceite de hígado de bacalao: tiene algunos efectos positivos pero, decididamente, sabe a rayos.
A mi modo de ver, la pieza homónima de 1927 dirigida por Abel Gance es insuperable, aunque sea muda, dure entre cuatro y diez horas (según la versión) y nos relate la vida del Emperador hasta 1796, esto es, ocho años antes de su coronación. Ya sé lo snob que suena una afirmación como esa, así que solo puedo recomendar que vean la película antes de opinar. Ni Waterloo (1970) de Serguéi Bondarchuk ni tantas otras dedicadas total o parcialmente al corso logran la grandeza de aquella.
Por consiguiente, Ridley Scott sabía que no la tenía fácil cuando se lanzó a la aventura. Y su versión es un gran espectáculo, qué duda cabe, con las batallas mostradas en dadivosos planos generales que alternan con perturbadores planos medios de los soldados luchando y muriendo, de caballos hundiéndose entre hielos rotos o con el pecho destrozado por una bala de cañón. La recreación de Austerlitz, en particular, es espléndida. Después de todo, estamos hablando del realizador de The duellists (1977), Alien (1979), Blade Runner (1982), Thelma and Louise (1991), Gladiator (2000)… Desde luego, Scott sabe dónde emplazar la cámara y cómo se compone una escena. Cualquiera de esos trabajos bastaría por sí solo para ganarle un lugar conspicuo en la historia del cine.
Pero vayamos al grano. Para empezar, Joaquin Phoenix es un error de casting. No me entiendan mal, se trata de un estupendo actor, con su Óscar en 2020 por Joker y todo… pero un estupendo actor demasiado viejo para el personaje del gran corso. Y no solo eso, sino que nos entrega una interpretación mediocre, como si se sintiera incómodo en el papel o estuviera todo el tiempo pensando en otra cosa. Scott no prodiga muchos primeros planos del protagonista, y los pocos que hay no nos ofrecen gran cosa más allá de un hieratismo vacuo y la certeza de que le caía mal a los responsables de maquillaje y peluquería.
Hay que ser justos: la culpa no es de Phoenix. La mayoría de los diálogos, y muchas escenas, parecen no conducir a ninguna parte, solo llenar cuartos de hora entre batalla y batalla. El guion diríase pergeñado por el doctor Frankenstein. No me desconciertan tanto los errores y reescrituras históricas que sobreabundan en el relato de Scott (en definitiva, Salieri no mató a Mozart), sino la pintura del personaje como un provinciano zafio y maleducado con instinto de estratega, y las consecuentes omisiones de aportes suyos en otros terrenos; sin ir más lejos, el encargo y supervisión del Código Civil que lleva su nombre, todavía en uso en la nación gala y que el mismo Bonaparte consideró su principal contribución a la sociedad. Vale que se nos muestren sus debilidades, obsesiones y crímenes, pero si la balanza escora de ese lado, el retrato termina por confundirse con la caricatura.
Amado y odiado por millones de personas, soberbio y ambicioso, la verdadera apoteosis de Bonaparte no ocurre tras sus victorias o durante su coronación, sino a su regreso del destierro en la isla de Elba, cuando las tropas enviadas para detenerle se le van uniendo, hechizadas por su valor, su aplomo y su hábil apelación a glorias compartidas en el pasado (en pantalla, esa transición de la burla al fervor se opera en la soldadesca demasiado rápido, lo que hasta cierto punto malogra una escena potencialmente memorable). Su familia, por otra parte, fue mucho menos complaciente con él. En el relato de Scott hay personajes que jugaron un papel clave en la vida de nuestro héroe y sin embargo aparecen poco y desaparecen de pronto, como su madre (con quien tuvo una relación particularmente complicada), y otros que ni siquiera sobreviven a una única escena, como María Luisa de Austria, su segunda esposa. Se sabe que despreciaba a las mujeres pero estaba obsesionado con Josefina; hoy describiríamos como tóxico y dependiente el vínculo entre ambos. Sin embargo, sus escenas con la Beauharnais (bien, pero tampoco excepcional, Vanessa Kirby) producen esa sensación de habernos perdido un capítulo clave de una telenovela: es difícil entender sus reacciones a partir de lo que se muestra.
Como era de esperar, la música de Martin Phipps acusa en general un tono épico, ora deslizándose, ora saltando de manera un tanto abrupta de batallas a momentos privados (hay un corte del director de cuatro horas y media, pero habrá que esperar. Y tener coraje), pero en la banda sonora también se echa mano a piezas de otros compositores, a un tema cantado por Edith Piaf (para ilustrar la decapitación de María Antonieta, nada menos, lo que introduce una nota de ligereza y humor negro que luego se diluye) y, decisión que resulta particularmente desconcertante, a una melodía compuesta por… el italiano Darío Marianelli para Pride and prejudice (2005) de Joe Wright. Es algo difícil de entender desde cualquier punto de vista: ¿por qué tomar esa partitura concreta, concebida para una película reciente, y reutilizarla aquí? ¿Acaso Phipps no podía pergeñar un tema romántico en el piano?
La pieza de Ridley Scott, como digo más arriba, no es un desastre cabal ni muchísimo menos: uno sale del cine embelesado por la magnitud del espectáculo, por la Historia que estuvo en juego. Durante algunos momentos coqueteas con la idea de que el corso podría (e incluso debería) haberle ganado en Waterloo a ese altivo zoquete del duque de Wellington (acertada elección de actor en este caso) y a los prusianos que llegaron a coger mangos bajitos. El mal sabor está ahí, pero medicina al fin, lo tragas. Las últimas palabras del malogrado Emperador (convenientemente editadas por el director británico) dejan claras sus prioridades, enumeran sus pasiones: Francia, el ejército, Josefina… Aunque, si consideramos que agonizaba, igual podría estar delirando. O recordando aquello en que se cagaba en primer lugar.
A mí, francamente, me habría gustado ver de pronto a Alien entrar corriendo a cuadro e interactuar con Joaquin. Sospecho que la película habría ganado con ello.
Cruzas la vieja puerta y llegas hasta el árbol del centro. Por su sombra, una vez al año vuelven los que andan lejos. Ves que aquel abrazo no termina, que dos bigotes se juntan sin susto en un beso breve. Miras las paredes de ladrillos, el trago compartido del ron yomenpingo o de vino casero, las estrellas, la muchacha que se acomoda la saya de flores antes de sentarse en el suelo porque va a empezar el concierto y no queda espacio en las gradas.
Foto: Néster Núñez
Será la trova, la canción que conmueve, que te hace pensar, sonreír y bailar. Es el festival Longina —dedicado en este 2024 a Pablo Milanés y a las cuatro décadas de El Mejunje— y estás en Santa Clara, en el centro del país y en el mismísimo medio de tu pecho, que se expandirá por estos días con todos los sentimientos que pueden estremecer un pecho humano. Yordan Romero, Roly Berrío, Alain Garrido, Yatsel Rodríguez, Michel Portela, Leonardo García e incluso los demás de La Trovuntivitis que andan por otros países, te hacen sentir que estás en una isla dentro de otra isla, donde siempre sueñas y eres feliz.
Foto: Néster Núñez
Mucho antes del primer acorde ya sientes que el momento es ahora y que el lugar es este y que el corazón, izando las velas, entre risa y lágrima navega. Por la música, porque los trovadores no han cejado, por muy graves que hayan sido —y que son— las circunstancias, revives aquel beso que le robaste a una guajira, sientes de nuevo el olor a monte y piensas, con ilusión, que todavía es posible, que el horizonte sí se tornará poesía. La Trovuntivitis es ese virus que te trova en la sangre y te protege de muchas enfermedades, hasta del pesimismo que produce la muerte repentina de un puerco de 80 libras y que ese mismo día se te rompa la motorina eléctrica.
Foto: Néster Núñez
Otros padecimientos, sin embargo, son más graves. La música los alivia, pero no te sana. Porque el 2023 fue un año durísimo, de despedir a tantos amigos, gente de inmensos valores; generaciones que, tan solo por existir, iban a hacer de nuestra Cuba un país mejor. Uno que no mirara hacia los cuatro puntos cardinales buscando referencias, sino hacia adentro, hacia sí mismo, y creciera, único, para el bien de todos. Ese fue el sueño. Esa, la esperanza que ya parece decapitada. Mis amigos han dejado un espacio atrás, un abrazo, un beso, una canción que aún no tiene final, dice Yatsel en esa canción que repetirá todos los días que dure el Longina…
Foto: Néster Núñez
Mientras Roly canta «Dolor», las hordas de jóvenes lo rodean como si no quisieran que se les escape el bicho raro que él es: A cada rato siento que pierdo la risa… A cada viento creo partirme los ramos… A cada rato siento perder el país, tortura de anhelos… La muchacha de la saya floreada enciende la linterna de su móvil: Siento que el latido perdió un ser querido, un castillo, un amigo, un vestido, un amor… Muchos otros del público encienden más linternas y yo meto las manos en los bolsillos porque de pronto me afecta un calor extraño en este enero y no quiero lucir optimista prendiendo mi luz: Siento que el ovillo también se ha perdido y que no hay regreso, al menos por hoy. Desde el rinconcito en lo alto al que subí para llevarme una visión panorámica del entusiasmo y de la felicidad, prefiero dejar a oscuras el cúmulo de cosas que no cesan de dolerme.
Foto: Néster Núñez
Tengo sed, tengo aquel nudo en la garganta y quiero ir al bar Tacones Lejanos a beberme una cerveza como agua, pero Roly es una bestia de fuego que absorbe para nosotros toda la oscuridad y la aridez y las convierte en una conga, en un estribillo que improvisa para que los dolores se disuelvan: A mí nadie me asfixia, yo solo me voy a asfixiar. Los muchachos bailan a un lado y al otro a ritmo de catarsis con rima y desesperación; suben al cielo los brazos, se rompen las voces coreando A mí nadie me asfixia, yo solo me voy a asfixiar. Entonces uno, que es más viejo y sabio, se saca las manos de los bolsillos y aplaude la genialidad de Roly, seguro de que el estribillo funcionará después como una alarma, como un despertador de la conciencia de todos esos jóvenes universitarios que, por fin, este año han regresado en masa.
En definitiva, estamos en El Mejunje de Silverio y este es el Longina, la fiesta de la trova, en el medio de tu pecho.
Foto: Néster Núñez
II
La Trovuntivitis nació y maduró con sus peñas semanales de los jueves en El Mejunje. Los fundadores provenían fundamentalmente del Instituto Superior Pedagógico y de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Durante unos años las peñas se hicieron en esa especie de caverna de las ideas que es el bar Tacones Lejanos, del Mejunje, hasta que la afluencia de público fue tan grande y constante que se hizo necesario trasladarla al patio. En esa época se sumaron nuevos trovadores hasta acercarse a la cifra de 15. Pero, más que la cantidad, la calidad musical y humana es lo que cuenta.
Foto: Néster Núñez
La Trovuntivitis es una entidad de muchas cabezas, de muchas estéticas y caracteres, tantos como trovadores la componen. Nadie ha dicho que ha sido fácil sobrevivir y crecer como lo han hecho en estos años. El reguetón —las prioridades del mercado— no los ha matado. Sus diferencias y contradicciones como personas y como creadores, tampoco. Algunos emigraron definitivamente. Otros han ido y regresado. Pero el núcleo, la idea fundacional, la conciencia de grupo, esa los mantiene a salvo.
Dentro de La Trovuntivitis cada trovador desempeña roles específicos que a veces varían o se adaptan según la tarea inmediata. La complicadísima preparación del Festival Longina los pone siempre a prueba; ellos mismos son los productores. No hay un jefe ni un presidente ni un delegado que ordena y manda. Hay tensiones y desencuentros pero entre todos analizan las circunstancias, discuten, colegian las decisiones. La Trovuntivitis debería ser estudiada como forma exitosa de autogestión colectiva. Nació y se desarrolló en El Mejunje, hasta que luego engendró su propia criatura fantástica: La Luna Naranja.
Foto: Néster Núñez
La Luna Naranja es, en primera instancia, el nombre de una canción de Roly Berrío. También es la sede de La Trovuntivitis. El proyecto todavía está en ejecución, pero ya brilla con luz propia. Su financiación proviene del 1% del presupuesto del municipio. Por lo que representa para la cultura y para la formación de las nuevas generaciones, es un ejemplo del buen juicio de las autoridades gubernamentales. Costó tiempo y esfuerzo lograrlo, mas auguro que en el futuro cercano Santa Clara contará con otra institución de referencia nacional, porque La Trovuntivitis atrae, aúna, se te mete dentro y ya eres tú quien no puede soltarla.
Foto: Néster Núñez
La tarde en que puse un pie en La Luna no dije: «Es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad», aunque quizá mi primera vez allí llevaba una frase igual de grandilocuente. Recorrí el salón de conciertos, los baños, el pantry, lo que serán oficinas y habitaciones con la canción de Roly dándome vueltas: la luna naranja ascendió,el amor abrió sus fauces de ansiosa enredadera, como los frijoles mágicos de Jack crecen las venas, en estampida huyen las penas, es tan feroz y tan feliz la fiera, que las tristezas se hielan.
En los conciertos, de las bocas de los trovadores salieron disparados palos, astillas, espaldares, teclas de piano y pedazos de guitarra que quedaron adheridos a las paredes de mi mente. Inti Santana, Amauri del Río, Elías Wilke, Adrián Berazaín, Rey Montalvo, Jesús Pérez, Erick Sánchez, Ariel Barreiros, Joaquín Borges Triana y Marta Campos aceptaron esta vez el convite de El Longina, de la Trovintivitis, a la que le tarareo la canción de Yordan mientras escribo, mientras camino las calles y las edificaciones que se nos rompen sin que podamos preservarlas: Aún salgo a buscar tu corazón con la furia salvaje que te atrapé. Yo puedo enfrentarme a la ciudad porque sé que me salvas.
Me salvas, Trovuntivitis. Me salvas, Longina.
(Cuántas veces tendré que decirte que sigo siendo yo bajo esta piel, el mismo aquel que tu conociste y con el mismo modo de querer… que hoy es como ayer… siempre hay un sitio al que tengo que volver).
Hoy El Mejunje de Santa Clara cumple 40 años. Tengo la fortuna ver nacer mi libro San Silverio del Mejunje, resultado de mi tesis de grado como periodista, y el acto de amor más grande que pude dar a ese espacio que me vio crecer, también es un homenaje a su creador: el artista multifacético y promotor cultural Ramón Silverio.
Si me preguntaran qué es El Mejunje diría que una casa de la que una no tiene que escapar. Y con casa me refiero a lo que siempre repite el mismo Silverio: un ensayo de sociedad.
El Mejunje me enseñó que sí es posible ser una misma y que no estaba sola en el proceso, me ayudó a creer en un mundo mejor, a crear para que ese mundo fuera posible. Es difícil imaginar el sentir de una niña rarita de pueblo que por primera vez se ve identificada con esas canciones, esas personas, y ese espacio donde hasta el disenso parece posible.
Estar ahí fue esencial en mi formación política y cultural. Me hizo entender que todos: la enfermera, la transformista, el adolescente friki, el muchacho seropositivo o el intelectual más encumbrado, no solo podían, sino que debían convivir y respetarse. Una sociedad realmente funcional los necesita y ha de brindarles oportunidades de ser y existir con dignidad.
Ese lugar me enseñó la medida de la libertad: la libertad de ser sin que me importe tu opinión, pero sin dañarte en el proceso. Es un escándalo que rompe todo prejuicio a su paso y lleva ese escándalo de bien allí donde el silencio condena a la gente al encierro. El Mejunje es el patio de mi casa dondequiera que me encuentre y sigue siendo el patio de otros que como yo también hubieron de partir a buscar, como canta Yatsel Rodríguez, la felicidad según ellos.
Todos nosotros, los que nos fuimos, sabemos que la felicidad está sentada en una mesa del patio de Teresita, rodeada de seres ausentes, cantando la última canción a la nostalgia; en el hecho simple de cultivar el huerto que hace pasajera la vida de Leo García; en ciudades de metal, donde yo no soy de metal como son los amigos de Roly Berrío; en parajes donde no habrá viejitos entonando boleros imposibles antes del perreo festivo y mucho menos un perro que venga a saludarte en medio del concierto.
San Silverio del Mejunje estará muy pronto en las librerías cubanas, pero deseo compartir con mis lectores de La Joven Cuba algunos testimonios que surgieron en mi proceso de investigación, y que no se encuentran de manera íntegra en el libro.
Portada del Libro San Silverio de El Mejunje
«Un hombre solo, que ha perdido el sueño, sale a buscar la noche y su misterio» ?poema de Alexis Castañeda, canta Alain Garrido
El escritor santaclareño Alexis Castañeda, quien estuvo durante años al servicio de El Mejunje, es testigo fiel de todo lo que aconteció en su fundación. Una tarde cualquiera, bajo la paz del framboyán del patio, me contó que cuando Silverio trabajaba en el Centro Experimental de Teatro de Las Villas, ya era un personaje público, como actor de un grupo de teatro muy importante en el país.
Él lo veía en la calle y lo reconocía. Cuando comenzó El Mejunje en el teatro Guiñol, todavía no estaba tan al tanto de la vida cultural de Santa Clara. Se decidió a ir solo a aquellas peñas misteriosas y lo atrajo el ambiente. Allí se empezaba a leer poesía para público abierto por primera vez en la ciudad y se reunían los más jóvenes y avanzados intelectuales. Poco a poco el público crecía, pero era en esencia una reunión de Silverio con sus amigos; no había cargos burocráticos, nadie recibía sueldo, era todo por amor al arte.
«En esos tiempos empezaron a aparecer personajes populares, desde Mimí Polo Norte, hasta un señor al que le decían “el hombre orquesta”, que tocaba varias laticas y cositas; había otro a quien llamaban “Jorgito Para Bárbara” porque solo cantaba esa canción, o “Pipito”, que solo cantaba Óleo de mujer con sombrero de Silvio Rodríguez. Ese era el show, unos decían poemas, se prestaban libros, cantaban, tomaban ron, eran amigos compartiendo. Además, músicos importantes de la ciudad como Pucho López, cuando terminaban sus funciones en los teatros y cabarés, pasaban por allí para descargar hasta la madrugada».
Alexis comenta que El Mejunje siempre fue mal mirado por ser una iniciativa independiente y por agrupar a un grupo de personas que no eran oficialmente reconocidas como artistas. También por el público: gente de pelo largo, con ropas anchas de lienzo, llena de detalles y aditamentos particulares. El principio de no discriminar a nadie siempre fue norma y eso también hizo que el lugar incomodase porque se comenzaron a nuclear personas no queridas ni valoradas en otros ámbitos. Los gays, expresidiarios, los que no trabajaban… todo tipo de minorías sociales encontraron refugio allí, hasta que los sacaron por supuesto peligro de derrumbe del edificio.
«Apenas conocí al poeta Williams Calero, me llevó a casa del joven escritor Ricardo Riverón y más tarde a casa de Silverio. Mi etapa de asiduidad mejunjera llega cuando ya se hacía la peña en la Biblioteca Provincial, un momento muy complicado para el proyecto porque en la biblioteca existían muchísimas trabas, horarios, por supuesto no se podía intervenir artísticamente el lugar ni escribir en las paredes, y como si fuera poco, la policía detenía a los homosexuales en la misma puerta del lugar».
Alexis Castañeda Pérez de Alejo / Foto: Perfil de Facebook del entrevistado
Castañeda recuerda con mucho cariño esa etapa. Había una señora muy pintoresca llamada Teté que vendía flores. A las diez de la noche Silverio repartía el famoso mejunje, una infusión para matar el hambre. En ese momento él era un joven graduado de Historia y se convirtió en un participante activo de aquello que surgía. Lo mismo investigaba sobre determinados temas, que hacía una sección de preguntas culturales cuyo premio eran unas maticas que Silverio traía de su casa. La casa de Silverio siempre estaba llena de personas. Era una vivienda de la época colonial, en la que entraba y salía la gente a su antojo. Por eso no sorprendió que decidiese continuar la peña allí, porque el espacio de la Biblioteca no estaba funcionando.
El Mejunje siempre tuvo fama de ser un espacio para la comunidad LGBTIQ+ porque acogía a cualquier tipo de personas. Todo comenzó en una fiesta de disfraces, cuando vinieron muchos hombres vestidos de mujer con sus parejas. Tiempo después, ya nace una peña de transformismo. Lo cierto es que desde el principio la comunidad LGBTIQ+ se integró a las actividades, sin ningún tipo de discriminación del resto, en un momento en que la homo/transfobia era casi reglamentaria en Cuba.
«Aquí ha habido de todo. Los domingos por la noche, cuando no había nada programado, se cantaba el bingo. Después estuvo la peña de los travestis del domingo a la que le decían “la noche de la bugambilia”, por como le dicen vulgarmente a quienes no se aceptan como homosexuales y son más machotes que nadie: los bugarrones».
Alexis cuenta que el primer homenaje a Freddie Mercury fue en 1992. Él estuvo entre los organizadores, junto a Alberto de Armas, el creador de la Compañía Futuro, la primera agrupación organizada de transformistas que hubo en Santa Clara. Fue el animador de esa actividad que sería el preámbulo de las noches de transformismo, porque ese día muchos vinieron vestidos así y salieron a escena modelando.
«Algunos de los que empezaron a venir eran del sanatorio de Sida. Silverio empezó a ir al sanatorio a pedir que los trajeran. Tenían un sistema de acompañantes y aquí se les acogió. Cuando los shows comenzaron de manera oficial yo no estaba en Santa Clara, pero cuando fui por primera vez me conmoví mucho al ver a Humberto Toscano, Samantha, interpretar El espejo, de la cantante Yuri».
La Trovuntivitis
En aquellos tiempos hubo también campeonatos de dominó por las tardes, presididos por el poeta y editor Juan René González Coyra, fundador de la editorial Sed de Belleza, quien llevaba a punta de lápiz los detalles del juego y al final los ganadores obtenían un trofeo que había creado el también escritor Veleta. Las parejas se ponían unos nombres graciosísimos, como «las flores del mal». Yoel La Toya era otro personaje que siempre rondaba por aquí; se puso así porque era igualito a La Toya Jackson, la hermana de Michael Jackson. Al principio hacía de Whitney Houston y de Rita Montaner en los shows.
«El bar en algún momento tuvo un letrero que decía “El bar de los tarruces” y allí se reunían Veleta, Dopico, Williams, Lázaro “el barbero” e incluso hasta yo, a tomar ron, conversar e inventar. De ahí surge el nombre de El Club de los Tarruces que devino El Club del Poste».
Alexis refiere que hace años El Mejunje era muy diferente. El bar de la planta baja estaba lleno de muchachos y de trovadores todas las tardes. La Trovuntivitis entera descargando y tomando ron, «pero ya la mayoría tiene hijos y casas que mantener, ya no es lo mismo. Había un grupito al que le pusimos El Club de la Nada, jóvenes graduados de cualquier cosa que siempre estaban allí en pose intelectual. Eran más espirituales que nadie y se regalaban un palito y un pulsito, y eran los más profundos y graves. Yo les puse “el culto a la virulilla” y de ahí el término sapingo y mi definición del sapingo santaclareño mejunjero que se ha quedado en el argot popular», comenta.
Alexis Castañeda Pérez de Alejo (a la izquierda) junto a los trovadores Diego Gutiérrez y el actor Raudel «Koky» Morales / Foto: Perfil de Facebook del entrevistado
Cuando comenzó la peña de La Trovuntivitis, habían remodelado el bar Tacones Lejanos. En ese lugar solo existían unas mesitas de troncos, unos banquitos, y en las esquinas pusieron unas tinajas de agua. Alexis rememora que a algunos les dio hasta por traer unas pistolitas de agua y jugar a mojar a cualquiera. En ese momento estaba el gran brote de conjuntivitis y a Roly Berrío se le ocurrió aquel nombre tan ocurrente. «Yo creo que aquel jueguito de tirarle agua a los ojos a la gente contribuyó a trasmitir la enfermedad», explica.
La Trovuntivitis desde el principio fue un fenómeno, iba a ser una vez al mes y el jueves siguiente ya había gente esperando a que cantaran de nuevo y la descarga se hacía a capela siempre. Para Alexis lo más importante del evento es que ha sabido superarse y acoger a figuras que han ido creciendo allí. «Ese estilo de los trovuntiviteros es lo que los ha hecho triunfar. Esa humildad y ese espíritu gremial, que lo mismo se reúnen en una casa que aquí, que en el muro del malecón,[1] que en una esquina. Ellos son una familia con diferentes estilos musicales y de vida que ha aprendido a apoyarse y respetarse», concluye.
«Luces nunca tuvo nuestra casa» ?fragmento de La casa, de Raúl Marchena
Jorge Luis Crespo Jacomino, alias Crespo, es un personaje de El Mejunje. El único ocupa legal o al menos tolerado de Santa Clara; vive, trabaja y asiste a El Mejunje como si de un culto se tratase. El Mejunje le ha dado energía para seguir viviendo.
«Yo tengo VIH desde hace 25 años. Me enfermé hace mucho y fui de los que obligatoriamente tuvo que ir para el sanatorio porque en ese momento en Cuba había un auge de la enfermedad. Aquí se hacían unas campañas enormes para concientizar a la gente, se hacían hasta tests masivos y hasta se ponían fotos de quienes habían muerto. Esas jornadas llegaban hasta el parque, eran días para recordarle a la gente lo difícil que es esto».
Para Crespo, lo grande de El Mejunje es que les abrió las puertas a los infectados y sus acompañantes, pero además hizo campaña para que se les aceptara y porque la gente se protegiera:
«Casi todos los enfermos veníamos a parar aquí porque podíamos escondernos de la sociedad. Era el único lugar donde podías encontrar un poco de escape y de aire, sin que te señalaran como un monstruo. En este lugar todos se llevaban bien y no se excluía a nadie. La primera vez que logré acercarme a las personas sin VIH, bailar, tomar y sentirme vivo de nuevo, fue aquí. La gente del sanatorio alargaba su vida cada vez que entraban por esa puerta».
Jorge Luis Crespo / Foto: Cubanet
En esa época hubo jóvenes que querían ir para el sanatorio porque eran mal mirados por la sociedad y tenían vidas muy difíciles. Sobre todo, los rockeros. Él vio a muchos adolescentes y jóvenes enfermarse porque sí: «Eso no se me olvida porque la mayoría de ellos ya no está. Se morían enseguida porque se inyectaban la sangre de personas con la enfermedad muy avanzada», explica.
«Yo no vivo, yo estoy sobreviviendo. Trato de luchar por aquí, inventar por allá y comer donde sea, porque desgraciadamente la casa se está cayendo. Me metí ilegal en donde vivo porque quería quedarme en Santa Clara. Yo no podía regresar a mi pueblo porque allí me sentía mal y en definitiva siempre he sabido que me puedo morir en cualquier momento. A Silverio tengo que agradecerle hasta que a veces me deje dormir aquí. He pasado todos los ciclones en El Mejunje, cuidándolo y cuidándome».
Su música, su ron y sus cigarros pasaron a ser su forma de vida, y con eso dice ser feliz: «Recojo a cuanto perro callejero me encuentro porque ellos son como yo. Los entiendo. Ahora no tengo ninguno porque no hay comida ni para mí».
Crespo conocía a Silverio desde antes de estar enfermo. Vivía en Ranchuelo y era el conductor del superbús hasta Santa Clara. En el último viaje tenía una hora y media de estadía para regresar a su casa. Una vez le dio por caminar para hacer tiempo y se encontró con El Mejunje. Se asomó y vio gente conocida que muchas veces había montado en su guagua, por eso entró: «El lugar me gustó mucho y me sentí como en familia. Ese día regresé a mi casa y cuando volví a hacer el viaje hacia Santa Clara, me quedé aquí para siempre».
«Yo no tenía a nadie esperando, ni familia, ni pareja, por eso vine para donde mejor me había sentido en la vida. Era un chico malo y me fajaba con todo el mundo. Incluso cuando empecé a venir a El Mejunje con más frecuencia, tuve mis buenas broncas, pero recuerdo como si fuera hoy, el día que Silverio me sentó en una silla del patio y me dijo: “Esa vida que tú llevas no es la que te toca, la vida es más que esto”. Silverio es el mejor sicólogo que he tenido y la única persona que ha logrado encauzarme. Si no fuera por él, hubiera estado media vida preso».
Jorge Luis Crespo / Foto: Cubanet
Mi entrevistado cree que Santa Clara sin El Mejunje sería una ciudad perdida. «Esos universitarios no tienen dinero y los padres se sacrifican mucho porque estudien y solo pueden divertirse aquí porque pagar una discoteca es imposible». Además, para él, El Mejunje tiene una cosa: una vez que te diviertes allí, que entiendes de qué va, no quieres, ni soportas ir a otro lado, porque todos los días te sorprendes. «Aquí hay una paz y un ambiente de aceptación que está por encima del dinero y los prejuicios», afirma.
Respecto a Silverio, Crespo habla con amor, como si de un padre se tratase: «Ese viejito es mi papá, es mi dios. Silverio no habla casi, pero cuando te dice algo, tienes que oírlo, porque nunca he visto que no tenga la razón. Él me ha sacado de El Mejunje por portarme mal. Me tiene unos meses castigado como a un niño y después me recibe de nuevo porque tiene un corazón muy grande. Yo quisiera morirme antes que Silverio porque no sé qué va a pasar después en esta ciudad».
«María de los minutos de los que soy casi eterno» ?fragmento de la canción María de mi dolor, de Alain Garrido
María Jorge, o María la portera, la madre de todos los frikis, la mujer más fuerte de alma que ha visto Santa Clara, antes de El Mejunje era una niña ama de casa.
Tuvo la suerte de pasar un curso de cuatro años en Checoslovaquia y trabajar allí como cooperante socialista, en la esfera textil. Como esos países habían quedado devastados con el fascismo, se necesitaba mano de obra para levantar la economía y ella fue una de las cubanas que se lanzó al reto. Le encantaba el idioma, aprendió eslovaco muy rápido y en el momento de esta entrevista aún lo hablaba, «aunque es un idioma muy difícil porque tiene siete declinaciones al verbo, pero yo era joven y estaba muy dispuesta a aprender», comenta.
«Cuando regresé empecé a trabajar en la textilera, pero me pasaba las noches sentada en el parque y visitaba El Mejunje desde que empezó a hacerse en la biblioteca, pero no iba diario. Más bien en esa etapa de mi vida me quedé como mirando los celajes, porque el cambio de país había sido impactante, además de la caída del campo socialista. Tenía una vida en Checoslovaquia y llegar a Santa Clara y ser reprimida, además, por mi identidad sexual, era muy difícil».
María se sentaba con sus amigos gays frente al hotel Santa Clara Libre y cuando la gente no les tiraba piedras, los recogía la Policía. «Nos dejaban casi toda la noche trancados en una guarandinga y nos soltaban por allá por la circunvalación, que era un descampado muy oscuro en las afueras de la ciudad, porque en ese momento no existía ni la autopista».
María Jorge / Foto: Redsemlac
Para poder salir a divertirse tenía que ponerse un vestido, porque en los cabarés era obligatorio para entrar. Ponerse vestido y tacones era una tortura para ella, «era como si obligaran a un hombre a vestirse de mujer y a asumirse como una mujer, cuando no se sentía de esa manera. Me quitaban mi identidad y me sentía despreciada y humillada».
«Toda la vida he sentido muy duro la discriminación, hasta en La Habana, donde no me conoce nadie, me han gritado insultos porque sí, y he sentido vergüenza porque es feo que te griten tortillera en el medio de la calle. Yo soy una persona sensible y me dolía ser ofendida públicamente sin haberle hecho nada a nadie. Un día incluso pasó un camión y nos entraron a pedradas a dos amigos gays y a mí, por gusto. Me dieron en un tobillo y tuve que ir al hospital».
María explica que al mundo le molestaba que ella defendiera su identidad, pero luchó duro y se impuso. «Estoy muy contenta con lo que he logrado, porque esas pedradas las aguanté con dignidad y nunca cambié. Gracias a que muchos decidimos alzar la voz, en esta ciudad una muchacha puede ser quien quiere ser; sé de casos que ahora mismo están haciendo la reorientación de sexo, y de otros y otras que besan a su pareja en público y hasta delante de un policía sin que a nadie le importe», comenta conmovida.
«Lloro cuando hablo de estas cosas, porque me duele lo que nos hicieron, lo que pasé, porque no nos miraron como seres humanos, nos miraban como lacras sociales. Con dieciséis años quise empezar a trabajar y Norma, una amiga que es lesbiana y trabajaba en la pizzería del centro de recreación El Arcoíris, me resolvió una plaza de dependiente, pero cuando me fueron a hacer la investigación en mi cuadra, dijeron que yo era una antisocial, a pesar de que era la vicepresidenta del CDR, la secretaria de la FMC y donaba sangre voluntariamente. Por eso me negaron el trabajo. Esa fue una de las razones por las que me fui a Checoslovaquia, porque sentía que aquí no tenía nada que hacer. Imagínate lo duro que fue mi regreso a Santa Clara y cuánto significó El Mejunje para mí, después».
Lo que más se lleva consigo de su etapa de rockera son los amigos. Algunos que ya no están, como William Fabián y los muchachos de Eskoria. William es también un personaje icónico en El Mejunje. María lo recuerda como un niñito que siempre estaba en el parque sentado en «el trono» que era el lugar de los rockeros.
«Era un niño flaquito, con el pelito rubio, que me pedía cuarenta quilos para comerse un medallón, o un cigarro, pero cada vez que me pedía para fumar, venía la Policía y me pedía el carné de identidad y yo le decía: “Coño, William, no me vuelvas a pedir para cigarros». Él iba a la casa y yo le daba comida y me pedía astillitas de jabón para bañarse en el río y lavar su ropa que se secaba en los árboles. Era un niño de quince o dieciséis años, que vivía en la calle porque su padre lo había botado de la casa por ser rockero y lo único que hacía era darle un plato de comida por la ventana».
Ese niñito después hizo historia en el rock cubano y dejó un legado. «Todos pensaban que lo iba a matar el Sida, pero lo mataron de una puñalada. Aquello fue lo más triste que he visto. Unos meses antes de morir, vi que estaba tomando mucho y lo llamé una noche, le dije. “Ven acá, asere, tú y yo somos amigos de verdad. Aquí la gente te conoció ayer y eres una estrella de rock, pero para mí eres el mismo chama. Estás bebiendo demasiado y tienes que cuidar tu imagen pública”. Ese día lo regañé duro y me escuchó. Él mejoró mucho en esos meses y lo mataron injustamente. La vida es dura».
Cuando María empezó a venir a El Mejunje con más regularidad, decidió ayudar todo lo que pudiera porque se sentía parte del lugar. Un día hubo una bronca muy grande y por eso le propuso a Silverio hacer carnés y limitar la entrada. Cada persona podía traer un invitado, pero era responsable de él o ella. «Desde ese momento empecé a cobrar en la puerta, pero sin que me pagaran un sueldo. Así estuve durante tres años, encargándome de la disciplina como ahora, pero sin cobrar. Aquí no se excluía a nadie, solo se penalizaba a quienes no se comportaban. El que tenía problemas, no entraba en dos o tres meses; actualmente se sigue haciendo así».
María Jorge / Foto: Telecubanacan
María me contó que Mariela Castro convocó a que se hiciera un grupo de mujeres lesbianas en El Mejunje y así nació Labris. «Inicialmente no encontré mujeres interesadas en reunirse, trabajar y proyectar socialmente su sexualidad, pero poco a poco aparecieron muchachas interesadas y actualmente una de ellas lo dirige porque he estado enferma y no puedo asumirlo en este momento».
«Yo soy una mujer lesbiana, religiosa y comunista. Milito en el Partido Comunista de Cuba, orgullosamente. No vivo con rencores por lo que me pasó por ser lesbiana, esos errores los cometieron personas que ya están en el lugar donde debían estar, porque la Revolución es más grande que cualquiera de ellos. Aquí se ha sabido superar eso y uno tiene que ir adelante con su país, el que quiera que se vaya, pero lo lindo es luchar y dar la guerra porque esto mejore todos los días».
Ella explica que Silverio la educó desde que llegó, la enseñó a apreciar el arte y a aceptarse sin miedo a lo que pudieran decir. «Cuando llegué solo me gustaba el rock, soy rockera de corazón, pero aprendí a apreciar y disfrutar otras manifestaciones del arte y mi gusto se diversificó. También bailaba break dancing, pero la música cubana la descubrí aquí».
Ramón Silverio, líder de El Mejunje / Foto: Periódico Vanguardia
Sobre su relación con el líder de ese proyecto convertido en su vida me dice:
«Cuando no estoy de acuerdo con algo que Silverio decida, se lo digo porque es una persona que sabe escuchar y no siempre tiene la razón, como todos los humanos. Nunca he tenido problemas con él, porque no discute. Se va a su casa y cuando regresa, tiene la solución al problema.
»Silverio es mi amigo. Mi vida sin él hubiera sido muy diferente porque no solo me cambió a mí, cambió a la sociedad, hizo que aceptaran a las personas como yo y me dio un lugar donde realizarme como mujer, un trabajo donde estoy orgullosa de estar. Él me ha dado tanto, desde comida en el medio del período especial para alimentar a mi familia, hasta apoyo emocional cuando murieron mi madre y mi hermano. Él te lleva a hacer las cosas sin obligarte, convenciéndote de lo que es mejor. Por encima de ser el director de El Mejunje es un ser humano grande, con una nobleza y un deseo de que la gente mejore que lo convierte en un maestro.
»Cuando Silverio no esté va a quedar su espíritu y el que venga a dirigir va a tener que regirse por sus ideas, amar y entender este lugar, porque si no, aquí no va a tener cabida porque no lo vamos a permitir. El Mejunje son los niños jugando los domingos por la mañana, los viejitos felices, los jóvenes escuchando rock, hip hop, trova y a Los Fakires, que son de otra generación; son los gays, lesbianas y travestis libres, somos todos. El día que eso no sea El Mejunje, voy a dar la pelea y conmigo todos los que los amamos».
María Jorge, lamentablemente, murió en mayo de 2023. Sea esta entrevista un homenaje póstumo a ella y una celebración de El Mejunje que amó.
***
Siempre que vuelvo a El Mejunje tengo rituales: me siento un jueves en el suelo, en primera fila de La Trovuntivitis y la atiendo como una niña que asiste por primera vez a clases, para que la música y el espacio me recuerden de qué va todo esto, cómo se siente estar viva y ser feliz.
Miro a mi alrededor y pienso en los que no están, miro a otros que se parecen a mis amigos corear los mismos estribillos. Los miro en medio de esa sapingá absoluta que El Mejunje otorga y es una distinción bastarda y marginal, una medalla al «No importa»: no importa que el mundo vaya en reversa, ni que se caiga el país o el planeta en pedazos, nada importa, porque en El Mejunje tengo mi balsa, la casa a la que siempre podré volver, el alivio a la soledad, que es la noche y su misterio, el árbol del centro que echó raíces en el pecho de sus hijas e hijos.
[1]El malecón de Santa Clara es el nombre que diferentes generaciones de jóvenes le han dado al muro lateral del teatro La Caridad. Es un espacio donde conviven todo tipo de subculturas y grupos sociales, caracterizado en buena medida por ser el lugar de reunión por excelencia de la bohemia y protagonista en las noches de descargas trovadorescas.
La noticia es que el ex integrante del grupo de rap Orishas, Yotuel Romero, prohibió a una asociación informal de peloteros cubanos que vive en Estados Unidos utilizar la frase «Patria y Vida» como parte de su nombre o impresa en sus implementos deportivos.
La polémica surgió a raíz de un torneo privado que se realizaría en Barranquilla, Colombia, en el que la denominada Federación Profesional Cubana de Béisbol (FEPCUBE) jugaría en nombre de Cuba. Ya esto lo contamos y vuelve a ser noticia por el debate en torno al uso del eslogan surgido de la canción que acompañó la narrativa posterior a las protestas antigubernamentales del 11 de julio de 2021, y que usaron los manifestantes.
Si bien hubo un acuerdo contractual entre la empresa de Yotuel y FEPCUBE, como indican ambos, que incluía el uso de la frase, y se le consultó la estética de cómo incluirlo en los implementos deportivos, hubo un desacuerdo público entre la asociación informal de peloteros y el artista.
A raíz de la polémica, el equipo cambió de nombre y utilizó uno en inglés que ya se usa para equipos de básquet estadounidenses: «Dream Team», o equipo sueño. Yotuel afirmó —en un post de Facebook que luego borró de su muro— que el cambio de nombre fue decisión del equipo, y que prefiere alejarse para «no dañar el movimiento Patria y Vida» que intenta «lograr la libertad absoluta de nuestra isla y ayudar a los más necesitados».
Por su parte, FEPCUBE lo contradice e informa que el contrato estipulaba todos los usos que ellos estaban haciendo.
En el post eliminado, Yotuel escribió que la asociación está buscando financiamiento abiertamente, y ese no fue el acuerdo inicial.
Para arrojar luz al asunto, investigamos sobre los orígenes de la frase, a quién pertenece, y si realmente Yotuel no lucra ya con el uso de ese eslogan que usan como etiqueta voceros políticos, ciudadanos cubanos y organizaciones en diferentes lugares del mundo, para marcar su oposición al gobierno cubano.
Si bien existen referentes del uso de la frase en el pasado por el fallecido Fidel Castro, se popularizó a partir de una canción que se interpretó de conjunto con artistas de géneros urbanos y que se escuchó en las protestas del 11J. Aunque en términos de derechos de autor pertenece a Yotuel Romero, la consigna ya trasciende la canción en sí misma, para convertirse en una etiqueta contra el gobierno cubano.
El video del tema, al momento de su lanzamiento, tuvo una visibilidad significativa gracias a plataformas de distribución que asfaltaron los caminos de la obra. Varios políticos estadounidenses la recomendaron, en un esfuerzo que más bien responde a los intereses de visibilizar cualquier esfuerzo público en contra del gobierno de la Isla.
Pero permanece la pregunta: ¿de quién es la frase? En una búsqueda en la Oficina de Patentes y Marcas del gobierno de Estados Unidos aparece como pendiente la petición de la marca «Patria y Vida», a nombre de una empresa propiedad de Yotuel Romero, radicada en la Florida.
Este registro, realizado el 13 de diciembre de 2023, que indica que está en pendiente y en proceso, significa que el propósito es utilizar la marca con fines comerciales, o impedir que otros la usen para semejante fin. Se pide el registro de la marca para usarse en implementos deportivos, el mismo uso que hubiese tenido si el equipo de la FEPCUBE lo hubiera puesto en gorras y bates de béisbol.
Esto significa que Yotuel ha registrado ya la marca, y aunque no ha sido aprobada aún, está haciendo un uso selectivo de quiénes la utilizan. Para eso la registra a su nombre y con fines específicos.
Al prohibirle a otros que la utilicen, demuestra que su discurso público de que es una marca para «lograr la libertad absoluta» es, cuando menos, engañoso, ya que realmente es propiedad de él. Además, demuestra que la utilizaría según perciba beneficio financiero o político. En cualquier caso, confirma que no es para uso abierto de quien se identifique con la posición política que defiende, sino que dependerá de que Yotuel lo permita.
En otras palabras: aunque diga tener como intención política la libertad, la marca «Patria y Vida» no es libre.
Esta querella pública entre un artista que aprovecha la oposición como combustible para aumentar sus audiencias, y una asociación informal de peloteros que no pueden jugar representando a la Isla, por decisión personal o por prohibición expresa de sus ligas empleadoras, demuestran que Cuba, como patria y elemento identitario y unificador, está en constante disputa por la comunidad que vive en la diáspora.
Llama la atención que la marca fue pedida antes, en abril de 2021, de las protestas que luego catapultaron la canción hasta los escenarios de los Grammy Latinos. En esa ocasión fue pedida por un individuo con residencia en la Florida llamado Frank Costa, e intentaba protegerla para usarla en espectáculos musicales. No obstante, esta petición aparece como cancelada debido a que el solicitante no ofreció contestación en un trámite posterior.
Nuestra opinión es que estos últimos acontecimientos representan un mal de la oposición política radical al gobierno cubano: la creación de nichos con intereses particulares, así como el permanente intento de lucrar utilizando una plataforma sólida de fondos y esquemas de financiación, para todo aquel que articule planes más o menos sofisticados de cambio de régimen.
En esta historia se duplica la exclusión: la asociación de peloteros que no acepta a los que juegan con la camiseta de Cuba, incluso si estos son emigrados, y el intento de usar exclusivamente un eslogan que sus creadores describen como integrador de una intención de lucha política.
Violencia política: ¿cuántos golpes por un like?
La noticia es que Sayde Chaling Chong, uno de los opositores que intentó agredir al dúo Buena Fe en mayo de 2023 en un Burger King de Barcelona, fue condenado por delito leve tras la denuncia de Gustavo de la Torre, quien se interpuso entre los músicos y los activistas opositores en el enfrentamiento, y a raíz de la cual se celebró un juicio que tuvo lugar el 20 de diciembre de 2023, al que Chaling Chong no asistió. En un video de Gustavo de la Torre, este muestra que la sentencia impuso el pago de una multa de 280 euros al denunciado.
Dicha gira española del grupo musical estuvo marcada por la polémica desde el comienzo. Durante una presentación en la sala Galileo Galilei de Madrid, hubo un encuentro violento cuando dos opositores políticos gritaron consignas como «Patria y Vida», y según compartieron en redes sociales, asistentes al evento de la parte cubana respondieron con golpes. A partir de ese momento, cada presentación promocionada tuvo eco en las plataformas opositoras al gobierno cubano, y más de una vez influencers y voceros políticos desde Miami pidieron acciones violentas contra el dúo guantanamero.
Chaling Chong, el protagonista del enfrentamiento en el Burger King de Barcelona, es un activista de la extrema derecha española, miembro del partido Vox, que acudió al sitio donde esperaban los artistas mientras tres mujeres que lo acompañaban transmitían o grababan con celulares. El episodio terminó con lanzamientos de objetos, golpes, y empujones, sin que hubiese contacto con los músicos porque tuvo como barrera de contención a un grupo de integrantes de colectivos simpatizantes con el gobierno cubano, entre los que estaba Gustavo de la Torre.
Rojas compartió el video en su perfil en Facebook y afirmó que «nosotros estamos y seguiremos yendo adonde nuestro artes crítico y comprometido nos lleve».
La persecución política al grupo Buena Fe debido a las posiciones políticas de su líder, Israel Rojas, han sido denunciadas por el artista más de una vez. Afirma que su obra sufre penalizaciones o shadowbannings en las plataformas de distribución digital, que disminuyen su alcance y por tanto el mercado de oyentes. Sin embargo, después de este incidente, el grupo ha llenado plazas en reiteradas ocasiones en Cuba, y ha tenido presentaciones internacionales en Centro América, y recientemente en España.
Esta noticia significa que la justicia española condenó una agresión violenta que no tiene cabida en un estado de derechos. Si bien la pena es menor, el solo hecho simbólico de que este incidente haya sido interpretado como delito, sin importar los prejuicios políticos de los operadores de la ley, confirman que la violencia por razones políticas no es justificada en ningún caso.
Nuestra opinión es que la utilización de espacios públicos que tienen como fin el disfrute de una obra artística para acciones de activismo político, sean de la índole que sean, si bien no es nuevo y es una acción manifiesta de ejercicio de la libertad de expresión, deben mantenerse dentro de los límites establecidos por la ley local, que usualmente suele prohibir comportamientos que inciten a la violencia, como es el caso de la Ley 11/2009, de regulación administrativa de los espectáculos públicos y las actividades recreativas para la comunidad de Cataluña.
Enfrentarse a dos artistas solos, que –según han dicho más de una vez— realizan giras internacionales con sus propios ingresos, e intentar utilizar su presencia para enarbolar banderas de la oposición política coherentes con los programas de cambio de régimen, que tan fértiles son para recibir apoyos financieros desde Estados Unidos, es muestra de que los espacios para el activismo opositor se reducen y padecen de falta de visibilidad.
Opinamos también que las acciones para defender a los presos del 11J, no se resolverán precisamente con actos de violencia, ni cancelaciones, ni espacios polarizados que no contribuyen de ninguna manera al debate político abierto, o a un diálogo en torno a las decisiones políticas del gobierno cubano.
Por otra parte, etiquetar obras artísticas o juzgar a quien la disfrute según la posición política de su creador, reduce su alcance y contribuye a debilitarla en términos de promoción, y es una forma de discriminación que solo encuentra sustento en el extremismo político que la etiqueta para cancelarla.
G77+China: entrega del batón
La noticia es que Cuba terminó su presidencia pro-témpore de la Cumbre del G77+China y entregó el puesto a Uganda.
Durante este año, la Isla ha demostrado que su maquinaria diplomática multilateral sigue estando muy bien aceitada, y a pesar de la crisis económica y los desafíos internos, tuvo un año de un activo liderazgo frente al grupo.
Entre los eventos de mayor importancia estuvo la Cumbre celebrada en La Habana en septiembre de 2023, que acogió a delegaciones de al menos 130 países, así como al menos 30 jefes de Estado y de Gobierno.
Las autoridades locales advirtieron que la celebración de esa Cumbre, que supuso un desafío logístico para un país en crisis alimentaria y energética, «requirió un gran esfuerzo debido a las difíciles condiciones de la economía cubana». Varias opiniones en redes sociales señalaban la marcada crisis inflacionaria y de acceso a los alimentos en momentos en que La Habana era anfitriona de semejante cita internacional.
En el evento, Cuba promovió un mensaje de transformación urgente en el sistema financiero internacional, remarcando los desafíos del sur global.
Además de la Cumbre y la participación del presidente cubano en varias citas internacionales, como resultado del trabajo de la presidencia del G77, se anota también la coordinación de la Cumbre de Líderes del Grupo en el marco de la COP-28.
Esto significa que la avanzada multilateral de la Isla que tiene como fin mantener una imagen internacional de relaciones fructíferas y diversas, y desafiar el discurso político estadounidense que la acusa de mantenerse aislada del resto de mundo, sigue teniendo efectividad en los organismos internacionales.
Nuestra opinión es que si bien demuestra el liderazgo del país en el sur global, la Cumbre y la múltiple cantidad de reuniones, así como los periplos internacionales que propiciaron, no se corresponden con el resultado, en términos concretos, que debieran tener estos esfuerzos de reverdecer viejas y nuevas alianzas. En un año en que Cuba buscó inversionistas, cooperación, y mostró sus capacidades y necesidades, hay poco que enseñar —al menos a nivel público— que indique una solución para algunos de los problemas que enfrenta la golpeada economía nacional.
La polémica en torno al papel de los deportistas cubanos emigrados se avivó nuevamente a inicios del 2024, cuando iniciaron los preparativos para realizar en Barranquilla, Colombia, la primera Serie Intercontinental de Béisbol, anunciada en septiembre de 2023.
El evento, de carácter privado y organizado por el Team Rentería USA —quien se define como una entidad a cargo de organizar, comercializar y desarrollar el béisbol profesional en Colombia»—, estaba previsto para que iniciara el próximo 26 de enero y concluyese el 1 de febrero, con la participación de seis equipos: Colombia, Cuba, Curazao, Corea del Sur, Estados Unidos (EE.UU.), Indonesia, Japón y México.
Aunque la Isla estaría representada en el torneo, se anunció que el equipo lo integrarían deportistas asociados a la Federación Profesional Cubana de Béisbol (FEPCUBE), fundada en 2023 en EE.UU., sin vínculos con la Federación Cubana de Béisbol (FCB), organización estatalmente autorizada por el Estado cubano para representar este deporte.
El Ministerio de Deportes de Colombia indicó que era imposible avalar la realización del evento, al no reconocer a los peloteros cubanos residentes en EE.UU., que carecían de la anuencia de las autoridades cubanas. El Comité Olímpico de Colombia también mantuvo esa postura, por lo que el Team Rentería USA anunció la cancelación de la Serie Intercontinental de Béisbol el pasado martes 16 de enero.
La FEPCUBE y la cuestión de los símbolos
De acuerdo con la FDC, la Isla fue invitada desde un inicio a participar en el certamen, pero una vez que las autoridades cubanas contactaron con la familia Rentería, decidieron no asistir debido a que se les exigía la firma de un contrato con una vigencia de cinco años, en el que los equipos declaraban no integrar la nómina durante ese tiempo en eventos deportivos similares, como la Serie del Caribe.
Ante la condición, la FCB decidió no involucrarse para continuar participando en la Serie del Caribe y hacer realidad sus aspiraciones de ser miembro de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe. Por otro lado, la Serie Intercontinental de Béisbol -que entre 2013 y 2019 se llamó Serie Latinoamericana-, sería un evento no contemplado en las programaciones competitivas de la MLB, la Confederación Mundial de Béisbol y Softbol, la Federación y la Liga Profesional colombianas; este aspecto también incidió en que la FCB no formase parte del certamen.
Por su parte, desde su conformación, la FEPCUBE dejó claro que no tenía vínculos con la FCB ni con el gobierno cubano, y estaría integrada por peloteros cubanos retirados, jugadores en activo nacidos en la Isla y residentes fuera de ella, principalmente en EE.UU., o peloteros que descendieran de cubanos y quisieran pertenecer a la institución.
Los antecedentes de FEPCUBE pueden hallarse en la Asociación Profesional de Beisbolistas Cubanos (ACPBP) surgida en 2022, con el propósito de mediar ante las Grandes Ligas (MLB) para crear un equipo que representase a la Isla en el V Clásico Mundial realizado en 2023, en un intento por desconocer la autoridad de la FCB.
Tras el Clásico, se disolvió la ACPBP y el 5 de octubre del pasado año surgió la FEPCUBE, con Armando Mandy Llanes como presidente, Orlando El Duque Hernández en el rol de gerente general y Brayan Peña como manager.
Logo de FEPCUBE / Imagen: SwingCompleto
Al reconocerse desde sus inicios con una institución que representa a todos los cubanos, la FEPCUBE incluyó en el isologo que la identifica a la estrella, la pelota de béisbol y la bandera cubana. Se trata de tres elementos que desde el punto de vista simbólico también son empleados por el gobierno de la Isla. Los colores del isologo coinciden con los de la enseña nacional, aunque el texto que ancla el contenido de la imagen puede leerse en inglés: Cuban Profesional Baseball Federation.
Una vez que se dio a conocer la participación de la FEPCUBE en la Serie Intercontinental de Béisbol, el equipo resultante asumió «Patria y Vida» como eslogan identificativo, que estaría también en su uniforme en el terreno de juego. En este sentido, el cantante Yotuel Romero ofreció declaraciones al diario El Nuevo Herald, donde afirmaba que era «un honor increíble» la presencia de Patria y Vida como parte del emblema del equipo de «cubanos comprometidos con la libertad».
Mientras se decidía qué peloteros integrarían la escuadra, la FCB emitió un comunicado el pasado 14 de diciembre donde denunciaba la ilegitimidad de la FEPCUBE para representar a Cuba en eventos deportivos, y aseguraba de su relación con “una campaña vinculada a la organización, financiamiento y promoción de actos violentos contra instituciones y la legalidad en Cuba con fines de desestabilización”.
Días después la cartera de deportes colombiana, aunque no impidió a la FEPCUBE participar en el torneo intercontinental, aclaró en un comunicado que la competencia se trataba de un «evento de carácter privado e invitacional» el cual no «hace parte de los eventos del calendario de la Confederación Mundial de Béisbol y Sóftbol, única organización avalada por el Comité Olímpico Internacional». Añadió también que el Team Rentería USA había pedido al Ministerio de Deportes financiar el evento, lo cual no fue viable porque la propuesta de cofinanciación no fue presentada por una federación deportiva nacional.
Asimismo, rechazó «las acciones y manifestaciones de la Federación Profesional Cubana de Beisbol —FEPCUBE—, que pretende utilizar el nombre, la representación y los símbolos patrios de la república de Cuba, sin la respectiva autorización del órgano competente del país de origen y sin tener el reconocimiento del gobierno colombiano o de las autoridades deportivas de nuestro país».
En este sentido, apuntó que el empleo de los símbolos asociados al gobierno de la Isla sería interpretado como «una clara infracción a los derechos constitucionales y deportivos de la República de Cuba».
Ante la postura del gobierno colombiano, los jugadores cubanos continuaron interesados en participar en representación de la Isla, aunque no debieran usar los símbolos patrios y cambiaron el nombre del equipo a «Dream Team». En declaraciones concedidas al diario estadounidense El Nuevo Herald, el infielder Yunel Escobar apuntó que «este es un equipo del exilio cubano. No necesitamos ni bandera ni himno. A nosotros nos reconocen en el corazón de todos los cubanos. La prioridad es jugar pelota y decir Viva Cuba Libre donde quiera que estemos».
Sin embargo, han generado polémicas tanto dentro como fuera de la Isla el anuncio de la cancelación inesperada de la Serie por parte del organizador principal y la posterior prohibición de Yotuel Romero de usar el eslogan «Patria y Vida» en torneos que se realicen en lo adelante.
La polarización, más allá del deporte
Desde el inicio de los preparativos de la Serie, el gobierno cubano calificó a la FEPCUBE de usurpadora, no sólo de las funciones y derechos que corresponden a la FCB sino también de los símbolos que emplearía en la construcción de su imagen. Esta misma estrategia discursiva fue seguida por los grupos afines al gobierno cubano, entre los que se incluyen periodistas, medios de comunicación y cuentas en las redes sociales digitales.
El carácter simbólico que tiene el béisbol para la Isla en su devenir histórico como patrimonio cultural, la presunta ilegitimidad del Team Patria y Vida como un equipo que verdaderamente representa a la Isla, así como la participación de la lid cubana en escenarios internacionales, estuvieron entre los argumentos del gobierno cubano. También salieron a relucir los acontecimientos del V Clásico Mundial de Béisbol en el cual el Team Asere (equipo representante de Cuba) fue blanco de provocaciones por parte de algunos grupos extremistas asistentes al juego que tuvo lugar contra el equipo estadounidense en la ciudad de Miami.
LA FEPCUBE fue presentada como una institución que busca objetivos políticos y comerciales, trascendiendo lo puramente deportivo, aludiendo a que decidió participar en representación de Cuba porque el equipo ganador de la Serie Intercontinental de Béisbol recibiría una suma importante de dinero como premio, financiamiento que la FEPCUBE necesitaba para sostenerse y, de paso, continuar con su propósito de dividir a la afición beisbolera tanto dentro como fuera de la Isla.
Por su parte, sectores de la oposición también acusaron al gobierno cubano de ser el verdadero usurpador de los símbolos nacionales a los nacidos en la Isla que viven actualmente en el exilio, por no simpatizar con el modelo socialista, con énfasis en la bandera y el himno. En este sentido, respaldaron que la FEPCUBE es el equipo de todos los cubanos que defienden la libertad y la democracia.
El béisbol como símbolo de cubanía también fue destacado por parte de algunos grupos de la oposición, argumentando que el gobierno cubano pretende despojar a quienes habitan en el exilio del derecho a sentirse más cerca de la Isla a través del béisbol y busca alejar cada vez más a los cubanos que residen en la Isla, de los que no.
Fue notable que tras la cancelación del evento, reconocidos influencers de la oposición construyeron estrategias en torno al buen estado de las relaciones bilaterales entre Cuba y Colombia, que preside Gustavo Petro, para argumentar la decisión de no respaldar la presencia de la FEPCUBE como jugadora en esa nación. En este sentido, destacaron las declaraciones que sobre la Isla y su gobierno han realizado representantes gubernamentales colombianos como la vicepresidenta Francia Márquez, para reforzar el estrecho vínculo diplomático que existe actualmente entre Cuba y Colombia, por lo que el país suramericano se desligó de la Serie.
Asimismo, aludieron a la presunta «presión» o intervención de figuras cubanas dentro de la Isla, vinculadas al Comité Olímpico Cubano y organizaciones regionales, para lograr que Colombia asumiera esa postura y en consecuencia, el torneo no se realizara. Igualmente, influencers cubanos de la oposición arremetieron contra miembros de la directiva de la FEPCUBE, catalogándolos de «descarados», «rajados», «caras duras» y «asquerosos» una vez que anunciaron que renunciarían a cantar el himno nacional, portar la bandera cubana y renombrar al equipo para lograr el propósito de jugar en la Serie Intercontinental de Béisbol.
Otro hecho que fue resaltado por los grupos de la oposición fue la decisión de Yotuel Romero de retirar el eslogan «Patria y Vida» de los uniformes de la FEPCUBE. El cantante había declarado que fueron los integrantes de la FEPCUBE quienes adoptaron otro título por «diferencias en comunicación, visión y objetivos», por lo que unos defendieron que «Patria y Vida» es de un movimiento por la libertad de la Isla. A esto se suma que en diálogos telefónicos que sostuvo Romero con influencers de la oposición, explicó que la decisión se había fundamentado en la solicitud de dinero que FEPCUBE realizó públicamente a nombre del equipo «Patria y Vida» por medio de un código QR a una cuenta de Paypal; pero otros resaltaron el carácter ambiguo en torno a la propiedad del eslogan, pues en un inicio Romero había avalado su uso, asegurando que pertenecía a todos los cubanos comprometidos con la libertad y luego lo retiró de la identidad del equipo, lo cual haría suponer que se trata de una marca de su propiedad.
FEPCUBE con la frase Patria y Vida. Imagen: Pelota Cubana USA
Asimismo, algunos influencers de la oposición destacaron la ausencia de identidad en el cambio de nombre del equipo, que pasó a llamarse «Dream Team», un eslogan de las escuadras nacionales que representan a los EE.UU. en el baloncesto. Sobre el tema, el manager Brayan Peña explicó que el nuevo nombre significa que todos los atletas de la FEPCUBE persiguen el mismo sueño de libertad, en un intento por resignificar el cambio de nombre.
En medio de los análisis que se hicieron en torno a los hechos, el realizador de cine Ian Padrón presentó su renuncia el lunes 22 de enero como vocero y encargado de las relaciones públicas de la FEPCUBE, alegando motivos personales. Un día antes, el pelotero Yunel Escobar había anunciado que abandonaba el equipo. Ambos incidentes fueron considerados duros golpes para el proyecto, cuestión que, tanto dentro como fuera de la Isla, ha sido interpretada como una señal de su futuro desmoronamiento.
***
Más allá de la polémica generada en torno a los símbolos y las condicionantes legales que incidieron en la decisión del gobierno colombiano de no respaldar la iniciativa, la cancelación de Serie Intercontinental de Béisbol y las matrices de opinión que ha generado, ha vuelto a enfrentar a dos grupos con posiciones radicales que se tornan extremas.
Tomando al deporte nacional como epicentro, el gobierno cubano celebró la cancelación del evento como una victoria sobre los sectores de oposición que operan desde el sur de la Florida, mientras estos culparon de la derrota a los gobiernos de Cuba y Colombia, pero también a los directivos de la FEDECUBE por no prever que el incidente podría suceder y tomar decisiones, a su juicio desacertadas y poco serias, que los ponía al equipo en una posición de desventaja.
Las consecuencias que han desencadenado los acontecimientos vinculados a la FEPCUBE son un claro ejemplo de la intolerancia y la escasa capacidad de diálogo de dos grupos polarizados, que se muestran unos a otros como negativos y laceran las posibilidades de entendimiento por el bien de la democracia.
Como resultado de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en diciembre de 2023, ya se han anunciado los nuevos precios del combustible en Cuba, a regir a partir de febrero de 2024. También se han anunciado las gasolineras que expenderán el combustible en divisas y qué tarjetas de pago se aceptarán para pagar en divisas.
Tomemos como base la gasolina especial, cuyo precio en pesos partía de un precio en divisas, de USD 1.20 el litro. Desde enero de 2021, con el «ordenamiento», ese valor se multiplicaba por un tipo de cambio oficial de venta de 25:1, dando un precio final de 30 pesos el litro.
A partir de febrero de 2024, se partirá de un precio en divisas de USD 1.30 el litro, con solo el 8.3% de incremento. Pero en lugar de multiplicarse por el tipo de cambio de 25 pesos, ahora se multiplica por el otro tipo de cambio oficial de 120 pesos por dólar, dando como resultado un precio de 156 pesos el litro.
Unos aducen que el tipo de cambio extraoficial está muy por encima de 120 pesos, y que, cambiando 1 USD a 270 pesos —como ronda el dólar en el mercado informal—, el litro de gasolina especial saldría a 0.58 USD, lo que todavía sigue siendo mucho más barato que en el mercado internacional. También podrán decir que USD 1.30 es un precio más bajo que en muchos mercados. Se podrá agregar que la gasolina no es un producto de primera necesidad —salvo para los transportistas—; o que quienes mantienen carros de por sí deben desembolsar elevadas sumas de dinero en divisa, para la compra de piezas de repuesto, pago de mecánicos, electricistas y hasta el aceite de los mantenimientos.
También se ha dicho que a los trabajadores les será imposible con sus ingresos salariales adquirir la gasolina que necesitan para moverse; que ellos no reciben USD de salario. Lo que le queda clara a muchas personas es que este tipo de medidas irremediablemente influirá en la inflación del país.
El «subsidio» al combustible
Debe aclararse un error de concepto que no se ha explicado correctamente. La gasolina no se ha estado vendiendo a precios subsidiados, como se ha mencionado por las autoridades.
Cuando se subsidia algo existe una diferencia negativa entre el precio real cobrado y el costo de adquisición, o producción, de ese bien o servicio, y esa diferencia debe asumirla —subsidiarla— alguien; en nuestro país, generalmente, el Presupuesto del Estado.
El costo de producción de la gasolina, calculando las materias primas importadas junto a otros insumos y pagos —como la fuerza de trabajo—, según el tipo de cambio oficial de USD/CUP 24:1, y vendiendo el producto final a USD 1.20 por el mismo tipo de cambio de 24:1, no implicaba pérdidas contables, y por ende, tampoco subsidios del Presupuesto del Estado para mantener ese precio final. Esto ocurría porque tanto en las compras como en las ventas se venía utilizando el mismo tipo de cambio oficial de 24:1, con una determinada ganancia contable en las transacciones.
Nuevos precios del combustible / Foto: CubadebateNuevos precios del combustible / Foto: Cubadebate
Lo que sí implicaba era un negocio desastroso para la empresa del ramo, en términos de las monedas empleadas. Al adquirir los bienes en divisas, y después comercializar el producto final en moneda nacional, la empresa comercializadora no poder convertir esos pesos a divisas, porque no existe en el país el mecanismo de compraventa de divisas. Esto también implicaba una sangría de divisas para las arcas del Estado, por la misma razón de comprar algo en divisas, venderlo en moneda nacional y no existir un mercado libre para esa transacción de canje. El resultado: un desbalance creciente en divisas para el país, pues cada venta de combustible incrementa el activo en moneda nacional, con un aumento del pasivo en divisas —si el producto se importase a crédito—, o una disminución de las reservas de moneda fuerte.
Las consecuencias
Resulta además complicado manejar una economía con diferentes tipos de precios para el combustible, no solo que hay precios mayoristas y minoristas, sino que hay precios en dólares y en monedas nacional, pero el MLC no se considera dólares, según el esquema presentado. ¿Además, se toma esa decisión en el momento de la mayor escasez de combustibles en los servicentros del país? ¿No hubiera sido más apropiado, estabilizar la entrega de combustibles a los servicentros y después proceder al incremento de precios?
Quien puede garantizar que no se produzcan movimientos de adquisición de combustibles de una moneda a otro en un servicentro mixto. Es decir que si hipotéticamente no se acaba el combustible en moneda nacional, el que tenga un dólar va al mercado informal y lo cambia a la tasa del momento que seguirá siendo superior a la de 1 usd a 120 cup que se vende en las CADECAS y con ese dólar vendido a 270 pesos en el mercado informal adquiere más combustibles en moneda nacional. No se debe descartar tampoco la existencia de un mercado negro creciente ahora de combustibles. El tiempo dirá, si fue correcta esa decisión.
Todo incremento de precios a un insumo transversal a otras actividades económicas —como lo es el combustible— trae consigo un incremento de otros productos y servicios. Las tarifas de transporte estatal ya han sido anunciadas por las autoridades y se nota especialmente un elevado incremento en la transportación interprovincial tanto terrestre como en avión. Asimismo, los choferes privados también incrementarán sus precios, como ya viene sucediendo en la capital del país, aun antes de la entrada en vigor de los nuevos precios estatales.
No hay que ser especialista para saber que, si el transporte que contrata un negocio como una dulcería para mover la harina aumenta, esa dulcería compensara ese monto aumentando el precio de los dulces. Quienes se afectarán más serán los trabajadores asalariados, los jubilados, entre otras capas de la población que tienen ingresos fijos. Por tanto, puede afirmarse que habrá un mayor deterioro del poder adquisitivo de una población que ya enfrenta desde hace tiempo la creciente crisis inflacionaria.
El dilema del cambio
Estas medidas evidencian que se vuelve a estar en una situación similar a la que existía antes del «ordenamiento» monetario, cuando no hay una convertibilidad real de la moneda nacional, ni ya es posible calcular los costos reales de las transacciones económicas-financieras. O peor, pues al existir, no ya dos tipos de cambio antes, el oficial de 1:1 y el de CADECA de 24:1), sino tres (dos oficiales estáticos de 24:1 y 120:1 y otro del mercado informal dinámico que ya sobrepasa los 270 pesos) continua caída de la cotización de la moneda nacional para los ciudadanos y el sector privado de la economía que se rige por el cambio informal.
Lo que no es muy entendible que, durante años, el país le haya estado casi «regalando» la gasolina al cuerpo diplomático extranjero, a turistas internacionales y a algunas sucursales de firmas extranjeras, con posibilidades de canjear efectivo en divisas a moneda nacional, al tipo de cambio extraoficial.
Resulta además preocupante que al anunciarse los medios de pago que ahora se emplearán, para la venta de combustible en divisas, se mencionan: las tarjetas internacionales VISA y MASTERCARD, la rusa MIR, y otras, que solo son utilizadas por viajeros internacionales; las que tienen que ver con ayudas familiares desde el exterior; las que se venderán en CADECA contra efectivo en divisas; y las de bancos cubanos en USD.
Por el momento, no se menciona que se admitirán las tarjetas habituales de bancos cubanos en MLC, solamente unas creadas recientemente con la modalidad de prepago y saldo intransferible. Tampoco se ha mencionado si las embajadas y sucursales extranjeras podrán adquirir combustible, contra sus saldos con «liquidez externa» en divisas, en bancos cubanos.
Si no se corrige este desliz, ¿significa acaso que el Gobierno no reconoce que para nutrir las cuentas en MLC, en su momento la población ingresó divisas en los bancos cubanos? ¿Desde cuándo se ha decretado que los saldos en MLC ya no son divisas? Las tarjetas en MLC sí sirven para comprar determinados productos en tiendas de CIMEX, TRD, PALCO, Caracol, que comercializan en MLC, y para la gasolina no sirven esas tarjetas; ¿por qué, si en ambos casos el país debe erogar divisas para importar desde el exterior lo que posteriormente comercializará?
El estado no ha sido preciso en el tema de las MLC, pero es que las MLC fueron dólares o euros, antes de llegar al banco. ¿Se dispone de esas divisas que deben respaldar los MLC existente en tarjetas? Las autoridades esgrimieron que eran para adquirir compras en el exterior, como pudiera ser la gasolina ahora.
Se ha comentado que las cuentas en divisas de embajadas y entidades extranjeras, desde 2021 no sirven para hacer pagos al exterior o se autorizan pocas transacciones. ¿Pero tampoco servirán ya ni para compras internas en divisas, que vienen siendo como exportaciones en frontera?
En su intervención en la Asamblea Nacional, el primer ministro Marrero, mencionaba la necesidad de «redimensionar el mercado cambiario», o de «incentivar» la captación de flujos de remesas, o de «implementar el nuevo mecanismo para la asignación y gestión de la liquidez para todos los actores económicos (CL)».
***
No hace falta inventar más la bicicleta, o el agua tibia. Todos los mecanismos diseñados hasta ahora no han sido exitosos, y no porque han estado mal diseñados, o mal implementados, sino porque los han hecho fracasar, al tomarse por el país los saldos de las empresas y de los otros cuentacorrentistas de los bancos, sean empresas nacionales, personas, o entidades extranjeras.
Podrán inventar otro nuevo mecanismo, perfecto en su diseño, pero si lo vacían de su contenido, no durará mucho tiempo su efectividad. Y eso atenta, no solo contra el prestigio de las instituciones, sino también contra la intención de captar mayor cantidad de flujos externos.
Si a 3 años de la tarea «ordenamiento», ya no se reconoce a plenitud el valor de los saldos en cuentas en MLC, para con ellos poder adquirir combustible en divisas, ¿quién creerá en los avisos de «nuevos mecanismos» para la asignación de liquidez externa, o en la redimensión del mercado cambiario?
Ha pasado un siglo entero desde que Lenin expulsó su último aliento. En 1924, fue tal la afluencia de personas, desde todos los rincones de la Unión Soviética, para rendirle un último honor al fallecido, que las autoridades consideraron pertinente construir un mausoleo en el que se conservara por siempre su cuerpo momificado. Al frente de la revolución quedó, como se sabe, un grupo de hombres con poca capacidad para ponerse de acuerdo. Los herederos del poder soviético llenaron el mundo socialista de estatuas de Lenin, pero fueron sus errores los que le dieron forma al futuro. Llegó el día en que no bastaron las glorias y las medallas de guerra, los viajes al espacio y los descubrimientos científicos, para evitar que las multitudes derribaran esas mismas estatuas. Pareciera que han pasado mil años en lugar de cien.
Cabe preguntarse: ¿Qué significa Lenin hoy? A primera vista, su imagen fue incorporada al inventario de los íconos posmodernos. Se le puede encontrar en un graffiti, en un muro de alguna oscura ciudad del planeta. De manera menos sincera, le rinden culto algunas sectas políticas y círculos académicos de izquierda. Sin embargo, la principal supervivencia del leninismo se encuentra en la estructura de la realidad misma. Ha pasado a ser un dato al mismo tiempo olvidado y omnipresente de lo real, como si se tratara de un antiguo estrato de software, indispensable para el funcionamiento de las últimas capas del sistema operativo.
Lenin revolucionó el arte de la política, al trasladar a esta la perspectiva de la totalidad social. En un tiempo en que las aristocracias europeas consideraban todavía el sufragio universal como una especie de perturbación dentro de un mundo en el que cada cosa tenía su lugar, el líder bolchevique ya percibía procesos a una vez económicos, políticos, sociales y culturales. Seguramente encontró su modelo en algunos textos de Marx, como La guerra civil en Francia o El dieciocho de brumario de Luis Bonaparte. Pero Lenin fue mucho más lejos que nadie en la modernidad antes que él, en la aplicación del conocimiento científico-social para la transformación sistemática de la sociedad.
Nuestra época es, en cierto sentido, irremediablemente leninista, porque ningún pensamiento que aspire hoy a la efectividad se permite respetar los compartimentos estancos, o darle a la tradición un aura que la coloque más allá del alcance de la instrumentalidad. Revolucionarios, conservadores y fascistas se preocupan por pensar sus estrategias de un modo integral, teniendo en cuenta todas las dimensiones de la totalidad social. Lo mismo vale para las estrategias de mercado de las empresas transnacionales. Lenin enseñó que el poder es algo que debe ser arrebatado y conservado de un modo implacable, y esa enseñanza la siguen al pie de la letra los agentes globales que se disputan el poder, los cuales han añadido a su ambición y mezquindad una posición epistemológicamente despiadada.
Este aspecto del leninismo, si bien es cierto que de un modo desnaturalizado, ha pasado a ser patrimonio común. Es como si el revolucionario ruso, a pesar de ser un adalid del «bien», hubiese desbloqueado un nuevo estado mental, ahora irreversible. Pero justo por la universalidad de este aspecto, no nos interesa tanto. ¿Qué puede decirse del ejemplo de Lenin como tal, desde un punto de vista ético?
Una mirada atenta a la biografía de Lenin, en la que se condensa el paso del siglo XIX al XX, nos presenta a un líder curiosamente superior a la mayoría de quienes siguieron el camino abierto por él. Lo que lo diferencia y distingue es su incapacidad para el autoengaño, esa potencia crítica que, incluso a la vista de sobrehumanas victorias, no podía dejar de percibir el «inmenso muro de las opresiones» que seguía estando por delante.
El siglo XX, iniciado por la Revolución de Octubre, sería testigo de tantos caudillos superficiales, revolucionarios refugiados en mitos y torpes abstracciones, contentos con gobernar sus pequeños reinos liliputienses. Pero ese no fue el caso de Lenin, quien jamás dejó de escuchar, desde un plano de igualdad, la crítica de un compañero. Alguien que, pocos días antes de morir, era capaz de vislumbrar el abismo que se abría con los problemas estructurales de su propia creación, el estado soviético.
Esto vale para la persona del líder bolchevique, pero queda una pregunta en el aire. ¿Qué hay del sueño de Lenin? ¿Tiene sentido el comunismo?
El mundo en el que vivimos se ha construido y se construye sobre las ruinas del Muro de Berlín. El fascismo es un muñeco de paja circunstancial: subestimado y secretamente anhelado. En cambio, el comunismo es el verdadero cero absoluto de la política en Occidente. Una gran cantidad de energía se dilapida día y noche en sostener el convencimiento de esa parte de la humanidad de que ese camino conduce al fracaso.
Se trata de una tarea digna de Sísifo. Lo que motivó, en última instancia, el actuar de los bolcheviques, fue la confianza en la capacidad humana para reconstruir el mundo a partir de su imaginación radical. Creyeron en la capacidad de la acción humana, no como poder ciego, sino como instauración de un plexo de ideas, valores y promesas que redefinen el modo en que se habita el mundo.
Ciertamente, esta capacidad de la colectividad humana para unir o separar las partes de la realidad puede utilizarse con consecuencias desastrosas. Se trata de un poder potencialmente más destructivo que la energía nuclear. El mundo anglosajón, particularmente, se aterrorizó con el fantasma del totalitarismo. Pero lo que ellos, firmes defensores de la libertad y los derechos humanos, olvidaron, es que también ellos viven en el mundo que como colectividad construyeron. Fue una construcción lenta, hilvanada a lo largo de siglos, hasta el punto de que resulta invisible para quienes viven al interior de esa cultura. Sin embargo, el mundo anglosajón, luego también europeo y japonés, le niega al resto de la humanidad la posibilidad de alcanzar lo mismo que ellos disfrutan.
Claro, los bolcheviques fueron más lejos en su aspiración. La orgullosa libertad anglosajona, en el fondo, oculta la realidad de una cultura presa la mayor parte del tiempo de las garras de Morfeo. Han aceptado el modo de vida del capitalismo, un juego de difícil equilibrio, en el que se reserva al mercado el papel de motor dinámico, impulsado por una libido colonizada por el egoísmo y la ambición dineraria. Por encima de ese sustrato, se elevan los valores, ideas y decisiones, como epifenómenos, a medio camino entre la mentira y la utopía. En ese mundo, la libertad, la justicia, la verdad y la belleza, no logran sacudirse su naturaleza como ensoñaciones de la bestia satisfecha.
Los bolcheviques, en cambio, a pesar de su declarado materialismo, se guiaban por un axioma con el que cualquier anglosajón, en principio, estaría de acuerdo: entre la realidad corrupta y los valores, son los valores los que deben prevalecer. Para el materialista dialéctico, las ideas son la última y más acabada floración de la materia. Lenin y sus compañeros comprendieron que la capacidad humana para producir el mundo debía ser utilizada, por primera vez, de manera consciente y verdadera, pues era probablemente la única forma de que llegara a existir un mundo que realmente incluyera hasta el último ser humano del planeta. Se trata, ciertamente, de una aventura peligrosa. Pero con su negación, quizá estamos renunciando a la más poderosa de las capacidades humanas.