El 17 de julio de 1816, 15 personas moribundas, emaciadas y con los ojos extraviados fueron rescatadas de una balsa a la deriva en el Atlántico, no lejos de la costa noroccidental africana, por la tripulación del bergantín Argus. Se trataba de los únicos supervivientes de alrededor de 150 hombres y mujeres que 13 días antes habían escapado por esa vía del naufragio de la fragata Méduse, perteneciente a la marina de la recién restaurada monarquía francesa. De aquellos quince, otros cinco morirían días después de su rescate.
Con su carga de horrores (asesinatos, locura, canibalismo), la tragedia de la Méduse fue inmortalizada apenas tres años más tarde por Théodore Gericault en su famoso cuadro y recreada, bien avanzado el siglo, en una de las novelas menos conocidas de Julio Verne, Le Chancellor, que a su vez debe lo suyo a The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket, del gran Poe. Tanto en el caso real (y en otros, esparcidos a lo largo de la Historia), como en las obras artísticas mencionadas, la moraleja parece ser que, abocados a privaciones increíbles, los seres humanos se convierten en las peores bestias que cabe imaginar.
Y entonces llega La sociedad de la nieve, de Juan Antonio Bayona.
Como todo el mundo sabe, la película narra lo acontecido en 1972 a pasajeros y tripulantes del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya. De las tres obras fílmicas que han abordado el suceso, he visto las dos últimas: Alive! (1993) de Frank Marshall y Kathleen Kennedy, hablada en inglés y protagonizada por Ethan Hawke, Josh Hamilton y John Malkovich, y la de 2023, que motiva estas líneas. La más reciente es, por mucho, la mejor, la más impactante, la más fiel a los hechos reales.
En 13 días, más de 130 personas murieron de hambre y sed, fueron apuñaladas, lanzadas al mar, devoradas o cometieron suicidio a bordo de la Méduse. Los jóvenes sobrevivientes del avión uruguayo permanecieron 72 días a 4 000 metros de altura, en lo más remoto y helado de la cordillera de los Andes; rescatados 16, murieron 29. Aunque es imposible llevar más allá cualquier comparación entre las circunstancias de ambas tragedias, sí es justo decir que, mientras a bordo de la balsa a la deriva enseñorearon al parecer la regresión al salvajismo y el sálvese quien pueda, aquellos que se cobijaron en los restos del avión tomaron desde el principio decisiones encaminadas a proteger a los débiles y salvar a cada uno, a velar ante todo por los intereses del grupo. Y, aunque una de esas resoluciones (la más dura, sin duda) fue, a partir de cierto punto, alimentarse de carne humana, se trató de un paso aprobado por la mayoría y siempre referido a quienes hubieran muerto como consecuencia del accidente o por inanición. Por paradójico que suene, fue un acto llevado a cabo con todo el respeto posible dadas las circunstancias: resulta sintomática la escena (por demás, absolutamente apegada a la verdad histórica) en que, al momento de ser rescatados, uno de los jóvenes se niega a subir al helicóptero si no le permiten llevar consigo una valija en que atesora objetos personales de los fallecidos, para entregarlos más tarde a sus familiares.
Pero La sociedad de la nieve va mucho más allá del morbo inherente a la antropofagia como recurso extremo de supervivencia (de hecho, hay muy poco de eso), para erigirse en un estudio de lo que nos convierte en humanos, de cómo se (re)construyen los lazos y reglas que nos permiten convivir, cómo y hasta qué punto nos necesitamos unos a otros. Los momentos más conmovedores de la película (la nota que deja Numa a sus compañeros, por ejemplo) se relacionan con la cooperación e incluso el sacrificio. Cuando la religión no basta, monologa otro personaje, los dioses somos nosotros.
Es hermoso y terrible ver cómo en tan difícil coyuntura los jóvenes improvisan pésimas cuartetas, imitan el canto de diversos pájaros, evocan sus restaurantes y platos favoritos. Han decidido vivir, y la fantasía y el humor son parte de la vida.
Con un generoso pero imperceptible uso de efectos digitales y composición 3D, la eficacia de la película descansa ante todo en el guion y las actuaciones. Durante la prefilmación, Bayona no se limitó a leer y visionar cuanto se había escrito y filmado al respecto, no solo entrevistó a los supervivientes, sino que varios de ellos estuvieron presentes a lo largo del rodaje y algunos, incluso, tienen pequeños cameos en la película. Todo esto contribuyó a que, en palabras de los protagonistas reales del milagro de los Andes, si el guion no recoge —porque es imposible— todo lo que sucedió durante los 72 días de aislamiento y privaciones, sí es el más completo y cercano a la realidad.
Resulta fácil comprobar, al ver fotos y videos auténticos, la minuciosidad con que se recreó cada detalle, pero el guion nos siembra el camino de pormenores que más tarde cerrarán su arco: en las primeras escenas, durante el juego de rugby, se hace patente la importancia del trabajo en equipo; Numa es persuadido de sumarse a sus compañeros gracias a una nota en papel que le pasan en una iglesia, y al morir deja su testamento espiritual en otra nota, que también va de mano en mano…
Como queda dicho, las actuaciones son otra carta de triunfo. La historia es relatada en primera persona por Numa Turcatti, interpretado por Enzo Vogrincic; aunque el personaje muere pocos días antes del rescate (de hecho, fue la última víctima del accidente), sigue narrando lo sucedido, arropando a sus compañeros con una dolorosa ternura extraterrena. Agustín Pardella y Matías Recalt encarnan a Nando Parrado y Roberto Canessa, los dos jóvenes que caminaron 11 días, venciendo un pico tras otro, hasta descender a un valle donde les salvaron un lagarto y un arriero. Más allá del parecido físico y el maquillaje realista, impresiona el verismo con que estos actores uruguayos y argentinos nos entregan a sus héroes. La cámara se empeña, e indefectiblemente logra, hacernos sentir parte del grupo, hasta el punto de que casi podemos sentir los olores y el frío. Y más cosas.
Uno se hace una pregunta macabra: los sobrevivientes se alimentaron de los cadáveres de sus amigos, y cuando los rescataron ya no quedaba de aquellos prácticamente nada. Si la salvación no hubiera llegado entonces, sino veinte días más tarde, ¿qué habría sucedido? ¿Otra escena dantesca como en la Méduse?
Yo tengo mi respuesta. Vean la película y encuentren la suya.
Tuve la suerte de encontrar excelentes profesores durante toda mi niñez y adolescencia. La educación en el hogar también fue de primera, algo que agradezco especialmente a mis padres, y que intentaré legarle a mi hijo. Agrego además que fui un niño que preguntaba sin miedo, incluso sin medida, podría decir.
Eso no me eximió de una enorme cantidad de simpáticas conclusiones sobre el mundo, que a medida que ha pasado el tiempo he ido atesorando. Como en mi aula de preescolar estudiaba un niño llamado Calixto, a mí me parecía tener todo el sentido del mundo que las voces de arrancada para correr fueran: «En su mar, Calixto, fuera», sin plantearme siquiera la versión correcta.
Mi esposa, Patricia, cuando era niña, tenía de vecino a un muchachito llamado Abdel. Cierta vez mi suegra, tratando de aleccionarla, le presentó el conocido refrán: Si ves las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo. Como el infinitivo arder suena tan parecido al nombre del niño, Patricia se preguntaba: ¿Cómo es eso, si Abdel es un niño, y los niños no tienen barba?
He sido devoto de Romance de la Niña Mala desde que tengo memoria. Tanto de la musicalización de Pedro Luis Ferrer, como del poema de Raúl Ferrer, que conocí en la escuela. Pero en esas primeras aproximaciones al poema, me rompía la cabeza con aquellos versos: «para poner al Martí que tengo a mitad del aula». Me parecía inaudito tener el busto de Martí en el centro de un aula y me imaginaba a los niños levantándose para ver la pizarra porque la estatua dificultaba la visión.
Al leopardo del apóstol, ese que tiene un abrigo en su monte seco y pardo, en mi cabeza lo dibujaba con una chaqueta puesta, como la que alguna gente le pone a los perros en invierno. La bailarina española me fascinaba. Corrijo, me fascina. Pero me demoré en descubrir que la zalamera era ella, y no el tipo de tablado que repicaba con los tacones.
Tuve un vecino de mi edad que asistió conmigo a la primera reunión para el Servicio Militar, y allí llenamos, cada uno por nuestra parte, una planilla. Al salir, me dijo: «En la parte que decía Vecino de… te puse a ti. ¿Tú a quién pusiste?» Una compañera de aula, refiriéndose al estadio universitario, me preguntó el nombre de ese mártir de apellido SEDER.
Yo mismo, con 4 años, después de que la abuela de mi hermano me contara que la montaña más alta del mundo era el Monte Everest, con 8 848 metros de altura, la dejé turbada al preguntarle cuál era la más chiquita, y Alexander, un niño que estudiaba en mi aula de 5to grado le porfió a la maestra Sofía que el río más largo de Cuba no fuera el Cauto, sino el Malecón.
Un día le pregunté a mi papá, uno de los hombres más sabios que conozco, quién ponía las bolas amarillas en las calles. Él me respondió que la gente que trabajaba en el tránsito. Yo contraataqué preguntando si esos eran buenos o malos, y él ripostó diciendo que ni buenos ni malos. ¿Entonces qué son?, seguí yo.
Mi hijo tiene ahora tres años acabados de cumplir. He ido acumulando libros que disfruté de niño, y alguna que otra serie de televisión que recuerdo con mucho cariño. Ya estoy a la espera de sus dudas, para ayudarlo a comprender el mundo, y por supuesto para deleitarme de gozo en el camino, con esas pinceladas que solo dibuja la imaginación de un pequeño.
María Elvira Salazar y Francis Suárez: sazonados por la prensa
La noticia es que dos políticos de origen cubano enfrentan escándalos por corrupción y por su actuar ético ante el escrutinio de la prensa.
En una entrevista en CBS News Miami, María Elvira Salazar tuvo que evadir el cuestionamiento de un periodista que la acusó de llevarse el crédito por el dinero que llega a su distrito, a través de leyes contra las que ella votó en el Congreso.
«Usted votó en contra de la ley que permitió obtener ese dinero, pero vino, lo entregó y se tiró la foto», le dijo con indignación Jim DeFede, periodista de dicha estación televisiva.
Salazar es una congresista de origen cubano que mantiene el discurso de extrema derecha que exige más sanciones contra Cuba, y el cumplimento a ultranza de las medidas unilaterales coercitivas codificadas en leyes ya escritas. Hace pocos días presidió una audiencia en el Senado, en la que acusó a las más de 9 000 empresas privadas de la Isla de ser un «mito».
Ante el cuestionamiento, dijo que tenía que preguntarle a su staff porque ella firmaba muchas leyes, y que lo importante era el dinero que había traído al distrito.
El periodista se refirió a la Ley de Apropiaciones Consolidadas de 2023, que ofrece fondos por un valor de 1.7 trillones de dólares para financiar funciones del gobierno federal, y también mencionó el CHIPS and Science Act, una ley que ofrece más de 52 mil millones a la investigación y producción de semiconductores en Estados Unidos. Ambas normas, que solo han pasado gracias a acuerdos bipartidistas, han permitido otorgar dinero para estos fines al distrito 27, el que Salazar representa en el Congreso, y ella votó en contra de las dos.
Aun así, la experiodista devenida política, como respuesta, le preguntó a DeFede si no se sentía orgulloso de ella por el dinero que estaba trayendo al distrito.
«Usted se alegra de las inversiones en el aeropuerto [de Miami] pero se opuso a la ley de infraestructura», le espetó DeFede, y Salazar cerró el diálogo diciendo: «Realmente no me acuerdo».
Frente a fuego periodístico ha estado también Francis Suárez, conocido en Cuba por sus llamados a la intervención militar en la Isla, tras las protestas del 11 de julio de 2021.
El alcalde de Miami está bajo investigación federal por sus vínculos con una docena de empresas que le pagan salarios mientras varias de esas compañías, o sus subsidiarias, reciben contratos para prestarle servicios a la ciudad que dirige Suárez.
El político había mantenido sus finanzas a oscuras, hasta que se lanzó infructuosamente a la carrera presidencial y tuvo que publicar sus ingresos. Ahí se supo que comenzó en ese trabajo endeudado pero se ha convertido en un multimillonario del 2017 a la fecha, y hoy está en la nómina de 12 compañías; algunas con salarios de 20 mil dólares mensuales.
Además, el alcalde ha promovido que se le dé un contrato público a varias de dichas empresas u otras más pequeñas vinculadas con ellas, para obtener contratos muy lucrativos que paga el gobierno de la ciudad, dígase los constituyentes.
El Miami Heraldreveló una serie de correos que ponen en evidencia que Suárez, o personas trabajando para él, han empujado, violando procedimientos de licitación pública, para que empresas que pagan al alcalde obtengan contratos con el gobierno local por prestación de servicios, lo cual es considerado en Estados Unidos un crimen federal.
Recientemente, tras su discurso del Estado de la Ciudad, Suárez fue conducido por la seguridad, sus movimientos fueron controlados para evitar a los periodistas, y solo dio entrevistas a algunos, pero de manera individual. En diálogo con el canal Local 10 de televisión, el republicano puso fin a la entrevista abruptamente diciendo «terminé, terminé» mientras caminaba, y rehusando responderle a la periodista que le preguntó si él estaría en la nómina de esas 12 empresas si no estuviese en el cargo.
No es la única causa que mantiene a Suárez en el ojo público. El político que pidió bombardeos aéreos a Cuba hace par de años, ha sido llamado a renunciar por sus inexplicables vínculos con Arabia Saudita, y sus continuas ausencias en la oficina. En el año 2022, estuvo 85 días fuera de Miami y la mitad de esos días en Medio Oriente. Nadie sabe haciendo qué, ni quién paga esos viajes.
Dichas noticias significan que estos políticos de origen cubano rechazan los principios de la democracia que ellos mismos piden con tal vehemencia para Cuba, y ante el escrutinio de la prensa, son evasivos o escurridizos. Además, demuestran que utilizan sus cargos públicos para beneficio personal.
Nuestra opiniónes que ellos, muchos de los cuales ocupan esas posiciones usando la catapulta de la industria del «cambio de régimen», violan la transparencia y los principios del servicio público que exigen a rajatablas para el gobierno cubano. La democracia para aquellos, pero no para mí.
En este caso, ambos —Salazar y Suárez— mantienen la política de línea dura hacia Cuba, de cara a los votantes que tienen en común, o sea, los que pertenecen a las zonas de Miami que están incluidas en el distrito 27 de la Florida.
Esto muestra además, que los elegidos llegan más alto por alimentar la industria divisionista y extremista que quiere más sanciones y presión para el gobierno de la Isla, una causa vieja y de ningún resultado, que ha fertilizado en el sur de la Florida por décadas, pero que a su vez resulta una efectiva nube de humo que oculta prácticas corruptas de enriquecimiento personal a través de cargos públicos.
Medallas y saludos para el amigo del amigo
La noticia es que el ministro de Defensa de Bielorrusia, Víctor Jrenin, visita Cuba y estrecha los vínculos con el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR).
La visita del titular de Defensa bielorruso ha sido poco o escasamente cubierta por los medios oficiales cubanos, aunque la agenda ha incluido varias actividades en la Isla.
En una ceremonia militar en el Cacahual, donde descansan los restos del héroe cubano Antonio Maceo, Jrenin afirmó que «nos une la voluntad de defender nuestra independencia» y agradeció la hospitalidad con que fue recibido.
La noticia ha despertado especulaciones sobre el supuesto interés de Cuba en la compra de los misiles llamados Polonez, que tienen un alcance de 300 kilómetros, de producción china y bielorrusa, pero sin que haya confirmación por parte de ningún medio. Hasta el momento, nada indica que pueda tratarse de una realidad.
La visita significa que las relaciones entre Minsk y La Habana se estrechan en muchas áreas, incluyendo la defensiva, aunque los resultados no han sido los esperados.
El primer ministro cubano, Manuel Marrero, lo escuchó del mismísimo Alexander Lukashenko, el presidente de ese país, durante una visita en noviembre de 2023, en la que probablemente no esperaba ser cuestionado: «Tenemos las relaciones más cálidas. A nivel político no tenemos absolutamente ninguna diferencia. Pero usted, como una persona práctica que lidera el gobierno, entiende perfectamente que la base, la fundación de todo esto, es la economía», dijo frente a cámara.
De acuerdo a publicaciones en Facebook del embajador cubano en Minsk, Santiago Pérez Benítez, ambos países mantienen un intercambio fluido de reuniones y visitas relacionadas a áreas como la agricultura y la industria láctea.
La información sobre la cooperación militar proveída por el diplomático cubano solo cubre las visitas reiteradas de la coronel Mónica Millán, agregada militar de Cuba con residencia en Moscú, que visita Minsk con cierta frecuencia.
En términos económicos, durante 2023, el intercambio comercial entre ambos países tuvo un crecimiento de un 300%, ascendiendo a la aún modesta cifra de 10,5 millones de dólares.
Nuestra opinión es que las potencialidades en esta área son amplias, pero no importa cuánto los diplomáticos y políticos empujen, si las condiciones concretas de Cuba no son propicias, será difícil que el sector privado bielorruso se anime a participar en un país que no puede ni asegurar la convertibilidad de la moneda que se ingresa.
No obstante, las cercanas relaciones políticas entre Minsk, Moscú y La Habana, acompañadas de las hasta ahora especulaciones de que Cuba podría comprar misiles de largo alcance, deberían impulsar a La Habana a desmentir o reafirmar esta afirmación, debido a las implicaciones que pudiera tener dicha decisión de tipo defensivo-militar, en sus relaciones con Europa y Estados Unidos.
Euskadi-Cuba y Manzaneda: el que desafine en el coro, se va
La noticia es que la asociación Euskadi-Cuba y José Manzaneda, periodista coordinador del sitio web vinculado a ella, Cubainformación, irán a juicio en Madrid a mediados de febrero, debido a la querella impuesta por Javier Larrondo, presidente de Prisoners Defenders (PD), por un artículo publicado en la web cubainformacion.tv, que aborda la cooperación médica cubana en el exterior. El querellante pide seis años de cárcel para Manzaneda y una indemnización de 50 mil euros.
Según explica Manzaneda en una entrevista en ese medio, la querella por «injurias, calumnias y delito de odio» se debe a una frase luego retirada, del texto «Crear una crisis sanitaria en Cuba: objetivo de la guerra contra su cooperación médica»:
«… es una frase en la que yo digo que esta persona, el querellante, es un criminal de guerra como Marco Rubio y Donald Trump; es una frase que en una revisión habitual de la redacción de los trabajos, como muchas veces hacemos, lo suprimimos».
Prisoners Defenders es una ONG española que tiene una agenda abiertamente confrontacional al gobierno cubano. En su misión declaran «promover los derechos humanos en países gobernados por tiranías» y asumen al Estado cubano como una de estas. Habitualmente recopilan informaciones y fundamentan denuncias sobre la supuesta falta de libertad religiosa o el trabajo esclavo de médicos cubanos enviados a misiones en otros países, entre otras temáticas.
El artículo de Cubainformación, de octubre de 2020, acusa a Prisoners Defenders de difundir información falsa o no confirmada sobre la colaboración médica en el exterior, y de servir a los intereses del gobierno de Estados Unidos. En dicho texto, y utilizando información pública tanto del gobierno cubano como la existente sobre PD, Manzaneda defiende la idea de por qué las supuestas denuncias de la ONG forman parte de un intento de desacreditar a Cuba en el área internacional y destruir su cooperación médica.
Euskadi-Cuba es una organización vasca no gubernamental de desarrollo, que destina fondos a programas de agricultura en Cuba, entre otros sectores. Además, colabora con expertos cubanos en diferentes temas, que viajan a España e imparten conferencias sobre la vida en la Isla.
Durante años, fue la propietaria del sitio web cubainformación.tv, que difunde contenidos explicando y apoyando la línea oficial del gobierno cubano. Ambas iniciativas están vinculadas también al Movimiento Español de Solidaridad con Cuba, que tiene redes en toda España y que aúna a cubanos y españoles.
Larrondo (el presidente de Prisoners Defenders) por su parte, es un asiduo colaborador de la oposición al gobierno cubano, por ejemplo, ayudó a fundar la organización opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) lidereada por José Daniel Ferrer. Asimismo estuvo vinculado con el conocido opositor Oswaldo Payá. Por tanto, ambas organizaciones (Euskadi-Cuba y Prisoners Defenders) se encuentran en las antípodas del espectro político en relación a Cuba.
Esta noticia significa que Prisoners Defenders ha aprovechado la publicación de una frase luego retirada, para hacer frente a una organización pequeña en tamaño, recursos y alcance, y está utilizando el fuerte aparato jurídico con el que cuenta para anular el trabajo que desarrolla Euskadi-Cuba de solidaridad.
Para José Manzaneda, el proceso es una acción de lawfare contra Cubainformación, por su labor relacionada con informar sobre Cuba, pero también es una forma de hacer desaparecer tanto a Euskadi-Cuba, como al medio de prensa conexo, por la imposibilidad de cumplir con los costos de la querella judicial.
Nuestra opinión es que Cubainformación es un medio de prensa legal en un país con medios de diferentes signos políticos. La publicación de artículos sobre Cuba —más allá del sesgo que puedan tener— no debería ser razón de cuestionamiento.
Otros medios de ese país publican también sobre la Isla protegidos bajo la supuesta libertad de medios, empleando un discurso marcadamente opositor que también rehúye de la imparcialidad periodística o los contrastes. En estos espacios también han predominado discursos agresivos contra personas aliadas el gobierno cubano, sin embargo, no se conoce de alguna demanda que haya prosperado por estos motivos.
Por el contrario, Cubainformación, muchísimo más pequeño en audiencia y recursos, por una frase retirada, es demandado con una petición de cárcel, cuando su trabajo puede leerse también como el uso del derecho a la libertad de expresión. El juicio es, por tanto, una acción jurídica excesiva cuando el enunciado que sirve de base a la querella, ni siquiera existe ya dentro del texto en cuestión.
Si bien es cierto que todo ejercicio periodístico demanda una revisión rigurosa de las afirmaciones hechas, sobre todo cuando se señala a un culpable, opinamos que el proceso judicial no solo intenta silenciar una postura distinta a la del querellante, sino propicia la desaparición de una organización que no la iguala en poder ni recursos. La disputa por la difamación parece solo una justificación para pretender unificar un solo discurso y acción en relación a la Isla.
Esta práctica autoritaria de intentar destruir a las voces discrepantes en vez de convivir con ellas y confrontarlas desde el respeto impide obtener una visión balanceada, con diversas fuentes, del complejo escenario cubano; donde lo que es considerado «la verdad» se mantiene en franca disputa desde ambas esquinas de la polarización política. Una ONG como PD, que dice apostar por la promoción de valores democráticos, debería estar bien alejada del autoritarismo que tanto cuestiona.
La propuesta que me había acercado inicialmente La Joven Cuba era escribir un texto en torno al tema de la justicia restaurativa. Reflexionar sobre este asunto para Cuba es sumamente complejo, más cuando el Código recién aprobado ha logrado lo que parecía imposible: ser aún más severo y punitivista, penalmente hablando, que el anterior. No ha superado, siquiera, la pena de muerte que, si bien en moratoria desde hace años, se mantiene en el sistema penal cubano como una espada de Damocles. Entonces, en un país que sigue gestionando los conflictos, en su enorme mayoría, a través de los tribunales penales, hablar de justicia restaurativa directamente es poner un cangrejo en un piso de azulejos.
Sobre esta base, hice la contrapropuesta de publicar un primer texto que intente analizar qué representa el sistema penal en el entramado social moderno y, en definitiva, qué críticas se le pueden hacer para que se perciba la necesidad de promover algún tipo de justicia «alternativa». En el contexto latinoamericano, y diría que mundial, es claro que la producción de una justicia alternativa a la penal debe basarse en una crítica al sistema penal que fundamente la desconfianza en el punitivismo, y asimismo, demuestre las relaciones de desigualdad que implica a partir de los procesos de exclusión.
Aclaro que no sé hacer periodismo. En mi corta carrera como historiador del Derecho he procurado escribir textos lo suficientemente técnicos como para que la gente no me lea, ni sienta el impulso de cuestionarme —algo bastante común en los entornos académicos. Sé que el editor de LJC no me lo permitirá y cortará todo aquello que crea aburrir al lector.
Algunas precisiones críticas sobre el Derecho Penal
Para empezar, debo hablar de la constitución histórica del Derecho Penal moderno, para cuya crítica me apoyaré en los postulados de Alessandro Baratta,[i] quien realizó importantes contribuciones en el campo de la Criminología y la crítica al Derecho Penal.
Baratta consideraba que la contradicción entre los principios declarados del Derecho Penal de garantizar la igualdad y su funcionamiento real de producir y sostener la desigualdad, no es resultado de errores en su aplicación, sino que era su componente ideológico; formaba parte inmanente del sistema penal mismo, sin el cual no tuviera la legitimación necesaria para actuar.[ii]
Alessandro Baratta / Foto: Introcrim
El contrato social que sustenta el sistema de justicia en la modernidad se habría legitimado a partir de una promesa de universalidad: un pacto que llegaría a todos los sujetos humanos, considerados como iguales en su ciudadanía potencial. En cambio, se trató de un pacto exclusivo de minorías iguales, que presuponía la exclusión de otros grupos sociales del concepto abstracto de ciudadanía. Dígase entonces «un pacto entre propietarios blancos, hombres y adultos, para excluir y dominar individuos pertenecientes a otras etnias, mujeres, niños y pobres».[iii]
En el mismo sentido, el Estado y el Derecho modernos se habrían configurado para controlar y anular la violencia, a través de su monopolización y enclaustramiento en la «violencia legal»; pero lejos de ello, terminaron perpetuándola y reproduciéndola como la substancia misma de las relaciones jurídicas.
En resumen, este es el problema estructural que presentaría el sistema penal moderno que, por demás, tendría un margen de «rectificación» prácticamente nulo. El jurista y criminólogo holandés Louk Hulsman, uno de los principales representantes del movimiento abolicionista penal, ante la pregunta del académico español Iñaki Rivera sobre si la desconfianza al sistema penal implicaría la desprotección a las víctimas, respondía:
…siempre se ha comentado de nosotros, los abolicionistas,[iv] que sólo pensamos en los derechos de quienes han delinquido ¡cómo si ello representara un delito! Pero, en realidad, lo que se desconoce (o no se quiere conocer) es que nosotros pensamos muchísimo en las víctimas (¿cómo no iba a ser así con nuestro propio pasado?). Empecé entonces a comprender la irracionalidad, la inutilidad de un «sistema» que no satisface los intereses de las víctimas de los delitos, ni tampoco mejora a quienes los han cometido. ¿Para qué intentar «corregir» entonces un sistema semejante?, ¿es que no ven que ese sistema está estructuralmente impedido?[v]
Para concluir este acápite y pasar al análisis sobre Cuba, veamos brevemente cuatro aspectos que Baratta propone para comprender la ineficiencia del sistema penal y garantizar condiciones de seguridad social:
El control penal interviene únicamente sobre los efectos. «No puede intervenir, ni queremos que pretenda hacerlo, en las causas de la violencia y de la violación de derechos; en resumen, actúa sobre los resultados, y no sobre las causas, de los conflictos sociales».
«El sistema penal actúa contra las personas y no sobre las situaciones; además considera a los individuos, a través del principio de culpabilidad —que es un criterio de garantía y de autolimitación del sistema— como variables independientes, y no como dependientes de situaciones». Para poner un ejemplo, en un robo, se centrará en demostrar la culpabilidad del ladrón, pero no se interesará de forma particular en las condicionantes sociales que lo llevaron a robar y que pudieran estar potenciando otros ladrones.
«Actúa de manera reactiva y no preventiva; en otras palabras, interviene cuando las consecuencias de las infracciones ya se han producido, y no para evitarlas. Procede como la venganza, simbólicamente hablando, ya que no puede olvidar la ofensa una vez que ésta se ha consumado».
«El sistema penal protege, más que a las víctimas potenciales y reales, la validez de las normas. Todas estas características definen el sistema de justicia criminal como un sistema de respuesta simbólica». No obstante, aclaraba: «lo que no quiere decir que la respuesta simbólica deba desvalorizarse como una respuesta sin influencia. Hay momentos en los cuales las respuestas punitivas, por simbólicas que sean, poseen un peso histórico decisivo».[vi]
Imagen: Canal Ciências Criminais
El autor precisaba que el sistema penal solo cumplía la función de separar al comisor del delito —entendido como una forma de violencia— de la sociedad, lo cual podía reducir temporalmente la violencia ejercida por este sobre los demás individuos, pero, más allá del miedo que puedan tener otros sujetos a ser separados también, no procuraba que esas formas de violencia dejaran de existir.
Este último punto marca, en esencia, la diferencia entre las posiciones de los dos autores que hemos citado: la abolicionista de Hulsman y la reduccionista de Baratta. Mientras que Huslman nunca esbozó ningún tipo de margen a cierta posibilidad o utilidad del ejercicio de lo punitivo, Baratta consideraba que la respuesta penal, aunque fuese solo simbólica —sin un peso real sobre la transformación positiva de la sociedad— podía llegar a ser necesaria para comportamientos sociales negativos.[vii]
Traigo este debate como una simple elucubración académica, pues no estamos en un momento histórico en el cual las sociedades se estén cuestionando en profundidad la disminución y mucho menos la abolición del sistema penal.
Acotación en torno a Cuba
Cuba tiene su propia historia en cuanto a la constitución de una serie de saberes tanto respecto a la formación de una Criminología crítico-reduccionista como de un conocimiento y ejercicios de medios para la solución de conflictos distintos al penal.
En la década de los 80’s fue común dentro de las izquierdas latinoamericanas cuestionarse la validez del sistema penal y las formas de violencias que presuponía sobre sujetos históricamente marginados. La Isla intentaba también ser ejemplo dentro de este paradigma, y ello influyó en un grupo de reformas penales ocurridas a fines de esa misma década, que, dicho mal y rápido, relativizaban la severidad del Código entonces vigente.
Esta rara tensión, resultante de las particulares características geopolíticas de Cuba, trae consigo fenómenos inentendibles en otros contextos, como que en un número de 1986 la Revista Jurídica pudiera publicar un texto decimonónico sobre «las consideraciones criminológicas de la personalidad del delincuente» y que pocos meses después diera cuenta de la celebración en el Palacio de las Convenciones del IV Encuentro de Criminología Crítica Latinoamericana, cuyas tendencias iban por alejarse del punitivismo.[viii] Esto no significaba que la revista se moviera con cierto aire «apolítico», sino exactamente lo contrario: los dos posicionamientos se vivían de forma militante.
También resulta propio de este «conflicto de intereses» que, para 1989, en unos «Programas de examen de candidatos en la Especialidad Derecho», en el tema relacionado con el desarrollo de la Criminología, «la nueva criminología» o «la criminología crítica» cayeran bajo el manto de «teorías burguesas actuales», pero la orden, o la sugestión, era «analizarlas», mientras que el punto anterior dedicado a la criminología positivista italiana lleva la precisión de: criticarla.[ix]
Y así todo el tiempo… El resultado en el contexto académico fue canalizar la dicotomía enfocando los puntos de encuentro entre la llamada Criminología socialista (de ascendencia soviética) con esta Criminología crítica (de ascendencia neomarxista occidental), para lo cual desempeñó un papel central la jurista cubana Margarita Viera, y en el terreno de los hechos, claramente, la caída de la URSS que relajó el contexto discursivo y se abrió, en las Ciencias Sociales en general, con más franqueza a la teoría crítica occidental (desde Foucault a Gramsci, pasando por la Escuela de Frankfurt, etc.).
Es lo que hace, asimismo, que en el estudio del Derecho Penal entre nosotros hayan convivido durante buen tiempo Calon Blanco ?penalista por excelencia del franquismo, que equiparaba la voluntad general a la legalidad e igualaba a esta legalidad con lo justo? y Muñoz Conde ?penalista del tardo-franquismo que introdujo en el escenario español de los 70’s la crítica a las instituciones penales y a las estructuras punitivas en general.
El debate entre los juristas más afiliados al Estado cubano siempre ha caminado en la cuerda floja de justificar un sistema penal que sigue siendo esencialmente maximalista —o sea, que apuesta principalmente por la pena privativa del libertad como salida a los delitos—, a la vez de promover en los entornos académicos en los que se insertan la Criminología y el Derecho Penal cubano, un análisis desde posturas críticas a las sociedades declaradamente capitalistas y sus formas de exclusión y marginalización; sumado a esto, muchos profesionales del derecho también forman parte de estrategias y proyectos de trabajo comunitario encaminados a la «resocialización» de los presos.
Combinado del Este (2020) / Foto: Alejandro Ernesto EFE
Es una tensión causada por el intento de sostener una hegemonía dentro la izquierda latinoamericana en este ámbito. No obstante, en el plano político, esa hegemonía se fue perdiendo a retazos en los años 90’s, cuando la crisis económica lanzó a muchos cubanos de sectores vulnerabilizados a delinquir, y el sistema penal respondió con su encarcelamiento.
Su tiro de gracia fue el fusilamiento de tres ciudadanos que el 2 de abril de 2003, haciendo uso de la violencia, pero sin víctimas mortales, y con el objetivo de llegar a costas de la Florida, trataron de desviar una lancha que habitualmente cruza la bahía de La Habana hacia el poblado de Regla.
Los años posteriores trajeron consigo una reactivación del discurso penitenciario que recuperaba la lógica conservadora —y decimonónica— de la corrección y la resocialización durante el encierro. Este espíritu, que acompañó el período más activo de la Batalla de Ideas, se tradujo en varios programas de reinserción —tanto en las prisiones, como luego de culminadas las condenas— que incluían ofertas de estudio y empleo. A sabiendas de sus aciertos y desaciertos, no se puede caer en la mezquindad de desacreditar de plano un esfuerzo por retomar dentro del proyecto revolucionario, una idea de ciudadano participativo.
Sin tiempo para detalles, el declive de la Batalla de Ideas coincidió, o más bien fue parte de él, con el abandono de una zona de este proyecto resocializador, no solo a nivel concreto sino a nivel mediático. Hay un giro perceptible en la televisión ?y demás medios? del interés por la persona resocializada, hacia redirigir los esfuerzos por generar una criminalización de cierta delincuencia económica. En primera instancia, «el luchador o luchadora» como principal factor de la poca productividad. Un tiempo después esta figura perdió relevancia ante la imagen del «magnate» ?el reportaje del «de la cebolla» debe de ser recordado aún por algunos/as? como principal traba del comercio agrícola en el país.
Por último, y definitivamente, la caricaturesca imagen del colero y, sobre todo, de la colera, como el eje sobre el que hacer girar la crisis alimentaria coincidente con el inicio del Covid, es aún reciente y fresca, a pesar de su caída estrepitosa y tajante, debido a disímiles cuestiones. De por sí, lo expuesto de forma tan breve en estos párrafos, amerita infinidad de análisis y debe presentarse dentro de su contexto nacional y global. Pero este no es el espacio.
Otro punto de inflexión fueron las protestas del 11 de julio de 2021 y el tratamiento punitivista con las que fueron abordadas desde el sistema de justicia. Amén de los delitos cometidos por algunos manifestantes, se utilizaron figuras como la «sedición» para aumentar las condenas de quienes habían cometido actos de hurto o daños a la propiedad social, u otras como «incitación a delinquir» para enjuiciar a personas que no habían estado directamente relacionadas a estos delitos. Si bien la violencia policial hacia los manifestantes no fue tan grave —teniendo en cuenta la cantidad de víctimas mortales que arrastran sucesos similares en América Latina—, la violencia jurídica sobre personas, la mayoría pertenecientes a las capas más empobrecidas de la pirámide social, es un hecho innegable, como lo es el acento punitivista predominante en el sistema de justicia cubano.
11J Cuba / Foto: El País
Punitivismo en el nuevo Código Penal
El Código Penal vigente, publicado en Gaceta Ordinaria el 1ro de septiembre de 2022 —poco más de un año después de las mencionadas protestas—, en ningún caso nos acerca a una normatividad que se (re)dirija a una justicia menos «penalizada», en tanto no promueve la solución de conflictos al margen de la justicia penal, aun cuando haya tenido en cuenta nuevos tipos de sanciones «alternativas» a la privación de libertad.
El instrumento mantiene las sanciones de trabajo correccional y limitación de libertad como sanciones alternativas con requisito de que la sanción principal no supere cinco años.[x] También serán alternativas las de reclusión domiciliaria y trabajo en servicio de la comunidad, con requisito de que la sanción principal no supere cinco y tres años respectivamente.[xi]
Ahora bien, al subir las sanciones en muchos de los tipos penales, incluido un aumento de los casos en que se concibe la pena de muerte —sobre este tema ha hablado para este mismo medio de forma certera Zuleica Romay—, se reduce la posibilidad de aplicar estas sanciones subsidiarias, pues son menos los delitos cuyo marco sancionatorio es menor a los cinco o tres años, lo cual nos aleja un poco más de una justicia, por lo menos, fuera de las prisiones.
Como historiador del Derecho, con algún tipo de experiencia en la historia de la codificación, vale aclarar que esta no nos permite saber, en buena lid, cómo se está practicando judicialmente el código en este sentido, o en general bajo qué criterio se está usando en otras instancias que se sienten interpeladas por él —desde instituciones académicas jurídicas, sociológicas, etc., hasta centros penitenciarios o de «atención a menores». Solo hemos observado lo que el codificador ha querido darnos.
Estos breves párrafos no son de forma alguna un análisis del nuevo Código en todas sus facetas, y aclaro esto porque otros temas quedan abiertos a la interpretación de cada cual. Tal vez uno de los más polémicos sea la inclusión de tipos penales en torno a la violencia de género y la familiar, pues se podría debatir hasta qué punto es o no una victoria la tipificación de este tipo de crímenes, sólo como agravantes de otras figuras delictivas, y si lo fuera, hasta qué punto es efectiva esta actitud para reducir las brechas sociales.
La burocracia penal y sus prioridades
El 10 de junio de 1831 el comisario encargado de la cárcel de La Habana se quejaba por primera vez del mal estado de la escalera de aquella institución, en una reunión ordinaria del Cabildo de La Habana. Lo hizo un par de veces más durante los meses de agosto, septiembre y octubre sin un resultado positivo. Para fines de octubre, a raíz de una sentencia a muerte, se hizo necesario el uso de la horca y resultó que también la escalera del patíbulo estaba «descompuesta». En junta extraordinaria del Cabildo, se resolvió el problemita del presupuesto y al parecer el ahorcamiento se llevó a cabo.[xii] Moraleja: la burocracia puede ser muy lenta y formalista para unas cosas y muy expedita para otras.
Un siglo y medio después, en los Países Bajos, un joven Louk Hulsman, a quien ya hemos citado, experimentaba el funcionamiento del sistema penal, «desde dentro», cuando trabajó por tres años en el Servicio Jurídico del Ministerio de Defensa. Hulsman comenta lo que le resultó más curioso:
El servicio en el que estaba, entre otras funciones, se ocupaba de las solicitudes de indulto y libertad condicional, y me sentí muy mal por tener que responder a esas solicitudes bajo la dirección de mis jefes, que parecían increíblemente estrictos: «No, no», me decían, cuando quería conceder un indulto o una libertad; «debes negarte». El Departamento de Personal también tomaba decisiones disciplinarias, algunas de las cuales me repugnaban. Y, joven como era, no dudé en perseguir a los responsables. A uno de ellos, que había decidido revocar una prestación con efecto retroactivo, le pregunté sin miramientos: «¿Qué haría usted si se viera personalmente afectado de este modo?». Mientras tanto, buscaba la manera de provocar un cambio en la política de libertad condicional que fuera favorable a los condenados.[xiii]
Con lo dicho hasta aquí, en la menor cantidad de palabras que he podido, he tratado de abordar lo que implica la existencia misma de un sistema penal. Esto no solo presupone una forma ya naturalizada de reprimir ciertos comportamientos que en un momento y lugar determinados se consideran delitos, sino que está marcado por una racionalidad burocratizada. Burocracia de la que forman parte no solo jueces/juezas, abogados/as, fiscales sino, además, una larga fila de trabajadores/as penitenciarios/as, guardias de seguridad, instructores/as penales, funcionarios/as ministeriales… que perciben un salario, que quizá han alcanzado cierta maestría en su labor, y de quienes también depende el destino de esas personas que el sistema social ha decidido excluir por «delincuentes».
Habría que sumar a esta reflexión la dimensión internacional del Derecho Penal ?cortes internacionales, tratados de extradición, etc.?, que tiene su propia burocracia y forma parte de los rejuegos de las políticas exteriores de los Estados y de las tensiones y negociaciones de sus posicionamientos en el ámbito global.
A lo dicho, quiero agregar que se trata de una racionalidad totalmente creíble y en pleno proceso de expansión. De por sí, se hace difícil en el escenario de un aula —al cual he acudido en los últimos años en mi condición de profesor— transmitir una lógica reduccionista en torno a lo penal en la discusión con las y los estudiantes. Resulta realmente complejo defender la postura de que a los que roban motorinas, por ejemplo, no hay que necesariamente colgarlos en una plaza pública o acostarlos en la calle para que una decena de moticos eléctricas los arrollen hasta la muerte. O, muy en el boom tristemente, llevarlos a prisión para ser maltratados, a pasar hambre y sed, como dicta la visión bukeliana de cómo deben ser tratadas «las marginalidades», tan alarmante como extendida en los shorts de youtube.
A todo ello se debe enfrentar la construcción de un proyecto alternativo a «la justicia penal». De ahí que escribir un texto sobre la justicia restaurativa sin antes plantear una serie de presupuestos en torno al sistema penal, se hacía realmente difícil.
Ha habido una tendencia a entender el fin del Derecho Penal como algo inminente, que sucederá en algún punto por su «propio peso». Es la misma lógica que predice el fin del capitalismo por el agotamiento del sistema en sí y que se ha topado con que el sistema tenía mucha más energía que la prevista.
[i] Baratta (1933-2002), filosofo del derecho penal, criminólogo crítico y filosofo político italiano, estableció una relación estrecha con América Latina. Su libro Criminología crítica y crítica al Derecho Penal. Introducción a la sociología jurídico-penal, publicado en español por Siglo XXI Editores en 1986, fue particularmente impactante en la circulación de las nociones de la criminología crítica de ascedencia neomarxista en el mundo iberoamaricano. Hemos trabajado ya antes sobre este autor. Puede verse: Adrian J. Cabrera Bibilonia: «Más allá del estado de los derechos: el estado mestizo de Alessandro Baratta», Quaderni Fiorentini: per la storia del pensiero giuridico moderno, Vol. 51, 2022.
[ii] Alessandro Baratta: «Viejas y nuevas estrategias en la legitimación del derecho penal». En Juan Bustos (Dir.): Prevención y teoría de la pena, Santiago de Chile, Editorial Jurídica ConoSur Ltda., 1995, pp. 80-82.
[iii] Alessandro Baratta: «El estado mestizo y la ciudadanía plural. Reflexiones para una teoría mundana de alianza». En Carlos Elbert (Dir.): Criminología y sistema penal (compilación in memoriam), Editorial BdeF, Montevideo-Buenos Aires, 2004.
[iv] Se refiere a la corriente a la que se adhería, que proponía la abolición total del sistema penal.
[v] Iñaki Rivera: «En los albores de la Criminología crítica. Entrevista a Louk Hulsman». En Fernando Pérez Álvarez: Serta: in memoriam Louk Hulsman, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2026.
[vi] Alessandro Baratta: «Política criminal: entre la política de seguridad y la política social». En Carlos Ebert (Dir.): Ob. cit., p.161.
[viii] Para el artículo véase: María V. Medina, Teresa R. González y Emma R. Ribeaux Vinent: «Consideraciones criminológicas sobre la personalidad del delincuente», Revista Jurídica, A. IV, abril-junio, 1986, pp. 167-224. Para el congreso véase: «Eventos: IV Encuentro de Criminología Crítica Latinoamericana», Revista Jurídica, A. IV, julio-septiembre, 1986, pp. 204-207.
[ix] República de Cuba. Comisión Nacional de Grados Científicos: Programa de Examen de Candidato en la Especialidad Derecho, Ciudad de La Habana, 1989, pp. 18-19, Tema IV, punto 4 para el posicionamiento en torno a la Criminología Crítica; punto 3 para el de la criminología positivista italiana.
[x] «Código penal». En Gaceta Oficial de la República de Cuba, No. 93 Ordinaria, 1ro de septiembre de 2022, artículo 31.1, inciso b.1).
[xi] Ibídem, el propio 31.1, inciso b.1) para la reclusión domiciliaria y el b.2) para el caso del trabajo en servicio de la comunidad.
[xii] Archivo Histórico de la Oficina del Historia de la Ciudad de La Habana, Fondo: Gobierno de La Habana, Actas Capitulares del Ayuntamiento de La Habana, Libro 116, folio 351 para la reunión del 10 de junio; folio 361 para otra ocurrida el 1ro de julio; folio 390 para la reunión (o más bien, diligencias) del Cabildo del 19 de agosto sobre la escalera de la horca. Todas de 1831.
[xiii] Louk Hulsman y Jacqueline Bernat de Celis: Penas perdidas o Sistema Penal en questão, Luam Editora, Brasil, 1993, p. 18. La traducción al español del portugués es nuestra apoyándonos en el Deepl Traslator.
En la tarde del 18 de enero de 2024 se conoció a través de medios no estatales, la noticia de la sanción a cinco de los seis médicos de Bayamo involucrados en un caso de fallecimiento de un paciente por presunta mala praxis por, el 17 de diciembre de 2021. El proceso culminó con penas que varían de uno a tres años de reclusión domiciliaria.
Más allá del debate ético, médico, legal y político que envuelve el caso, uno de los resultados derivados de la decisión final ha sido la conformación de tres cartas por parte de los sancionados y los colegas bayameses que se oponen a tamaña injusticia. Una de ellas hace una certera —y curiosa— petición: «Por este medio solicitamos a usted [Miguel Díaz-Canel] como máximo representante de nuestro país, la discusión en el Consejo de Ministros para aprobar la creación de los Colegios Médicos en Cuba (…)».
Qué se entiende por colegios médicos
Los Colegios Médicos (CM) son corporaciones de derecho público, con estructura democráticamente constituida, de carácter representativo, con personalidad jurídica propia e independientes de la administración del Estado, de la que no forman parte integrante, sin perjuicio de las relaciones de derecho público que legalmente existan entre ambos.
Estas organizaciones representan, no al gremio médico, sino a las especialidades fundamentales en el funcionamiento del sistema sanitario de un país. Son titulares de toda clase de derechos, con la posibilidad de ejecutar o soportar cualquier acción judicial, reclamación o recurso en todas las vías y jurisdicciones, civil, penal, laboral y económico-administrativa e incluso los recursos extraordinarios de revisión y casación en el ámbito de su competencia.
Los CM comúnmente están dirigidos por un Consejo General como órgano coordinador, cuyas decisiones, cargos y presupuesto deben decidirse de forma asamblearia, porque la acción de la junta de gobierno representa a toda la profesión en un determinado ámbito.
Muchas son las funciones de un Colegio: en primer lugar defienden y salvaguardan la legalidad del ejercicio de la Medicina, los principios deontológicos y éticos de la profesión, cuya actuación debe estar respaldada por un código de estricto cumplimiento.
Son una comunidad que simboliza y aglutina a todos los profesionales sanitarios de una especialidad determinada y reciben protección a cambio del cumplimiento de una serie de deberes. Tienen la potestad de sancionar en caso de mala praxis y de regular la matrícula profesional. Asimismo, deben velar por el nivel científico, cultural, social y económico de sus profesionales; lidiar directamente con los poderes públicos para velar por la consecución del derecho a la protección de la salud de cada ciudadano; fiscalizar cada una de las decisiones que las autoridades tomen y que afecten a los profesionales de la salud; brindar asesoramiento legal, jurídico y fiscal a sus colegiados; cooperar en la elaboración de los planes de estudio de las ciencias médicas y la continua formación de los posgraduados, y participar en la creación y aprobación de leyes, al igual que en su ejecución. En adición, son los responsables inmediatos de velar por la dignidad de sus especialistas.
La institución debe definir una serie de objetivos para que todos los profesionales puedan ejercer correctamente y en la misma dirección. De esta manera, se mejora y garantiza un ejercicio médico de calidad cumpliendo garantías básicas, tanto para el médico como para el paciente.
Uno pensaría entonces en las similitudes con los sindicatos que ya tenemos en Cuba. Sin embargo, los usos y razones son bastantes diferentes. El devenir histórico de los gremios sanitarios se puede leer con dos grandes tendencias: la transformación de Sindicato a Colegio y viceversa. Esto ocurrió a partir de que el estamento médico fuera invadido por las disposiciones políticas y económicas europeas, sobre todo con el surgimiento a finales del S XIX de los Seguros Sociales y la creación del «paciente colectivo», que desplaza las necesidades estandarizadas del individuo. Para ese momento se hizo cada vez más necesaria la asociación profesional, ya sea del tipo corporativo —como la colegiatura—, como del tipo sindical, en principio, para balancear el enfrentamiento de las entidades privadas y públicas, y manejar el ejercicio ético de la profesión. Surge así el «tercer eslabón garantizador», con el que había que debatir retribución económica, condiciones sanitarias, licenciaturas y leyes.
En la actualidad coexisten de forma armónica organizaciones profesionales médicas colegiales y sindicales. En algunos países, como España, Italia, Bélgica y Francia el deslinde de competencias ha estado bastante definido, aunque no es estricto: los Colegios Médicos se encargan de la actividad ética y disciplinaria de ordenación de la profesión, y las organizaciones sindicales responden por la actividad reivindicativa y negociadora de los aspectos laborales, aunque ambos intervengan, al menos indirectamente, en las actividades del otro como forma de balance y fiscalización. A pesar de ello, la actualidad de estas organizaciones es la mutualidad, el trabajo en conjunto y, muchas veces, la total fusión de sus deberes y derechos.
Los CM, por su carácter público, incluyen obligatoriamente a todos los profesionales habilitados para el ejercicio de su carrera. Las organizaciones sindicales, por otra parte, agrupan exclusivamente a quienes de forma voluntaria se afilian a las mismas, usualmente con afinidades políticas, y representan tan solo a sus afiliados, variando en dependencia del contexto y en función del colectivo. Cuando se trata de reivindicaciones o negociaciones de cualquier clase, que desborde el ámbito laboral —y no profesional, aunque muchas veces van ligados—, son los Colegios Médicos los que ostentan la legitimación activa. La fragmentación sindical y su base voluntaria hacen necesaria la coexistencia con la organización colegial.
La colegiatura en Cuba
El primer Colegio Médico en Cuba se fundó en Cárdenas, en los años republicanos, como consecuencia natural del Centro Médico Farmacéutico de Cárdenas, una pequeña asociación que fue intervenida por las autoridades locales y, como forma de resistencia, se unieron en frente común y no solo lograron conformar el primer Colegio de la Isla, sino que pujaron para la creación del Colegio Médico Nacional. Si bien no lograron cumplir su cometido, dieron un paso importante para que en 1926 se fundara la Federación Médica de Cuba.
No fue hasta 1945 que se dictó un decreto presidencial para la colegiación obligatoria de todo profesional universitario y entonces sí, a partir de ese año, la Federación pasó a abanderarse como Colegio Médico Nacional. Al triunfo de la revolución cubana esta era, sin lugar a dudas, la institución gremial más prestigiosa en Cuba. Tenía registrado 6406 médicos en todo el país; solo en la capital más de 3000 de sus miembros formaban parte del Colegio Municipal de La Habana, que era el más numeroso e importante.
Por otro lado, esta institución respondía de manera eficaz a los intereses de los médicos cubanos, en tanto que enfrentó al gobierno de Batista en su intento de establecer un ilegítimo seguro obligatorio de enfermedad, participó en los congresos de la Asociación Médica Mundial en los años 1957 y 1958, y promovió una declaración condenatoria al régimen dictatorial por la continua violación de los derechos ciudadanos.
Tan pronto como en julio de 1959, se cambia el nombre de la organización por el de Ministerio de Salubridad y Asistencia Hospitalaria, y en enero de 1960, por el que mantiene hasta la actualidad, de Ministerio de Salud Pública, como resultado de no pocos conflictos internos que bien valdrían varios artículos aparte.
¿Cómo podría convivir, en un futuro hipotético, el Consejo General de Colegios Médicos y el Ministerio de Salud Pública?
El Consejo General de Colegios Médicos se relacionaría con la Administración del Estado a través del Ministerio de Salud Pública. Así informaría preceptivamente sobre los proyectos de Ley o disposiciones de cualquier rango que se refieran a las condiciones generales de las funciones profesionales. Los presidentes y vicepresidentes del Consejo General y de los Colegios Médicos tendrían la condición de autoridad en el ámbito corporativo y en el ejercicio de las funciones que les están encomendadas, y estarían destinados a colaborar en la realización del bien común, gozarían del amparo de la Ley y del reconocimiento por parte del Estado.
Si bien para ello se necesita en Cuba una Ley que respalde y proteja la asociatividad, con todo lo que ello implica políticamente, la colegiatura sería la solución inmediata e ideal para lograr un frente común profesional que vele por los intereses propios, tanto del gremio como del ciudadano, y su pleno derecho a la salud pública.
Fiscalizar las disposiciones del presupuesto dedicado al sector sería un buen inicio, reclamar al Estado sus obligaciones según la nueva Ley de Salud Pública, velar por el estricto cumplimiento de los procesos legales que regulan el ejercicio de la Medicina y devolver condiciones dignas de trabajo a los profesionales cubanos. Tal vez este sería un buen primer paso al reconocimiento, incluso pudiera despertar del letargo nacional a tantos profesionales de alta valía que brindan sus servicios a sistemas sanitarios no cubanos.
Nutrir la idea de un Colegio Médico a partir del irregular ejercicio de poder ejercido contra los médicos cirujanos del Hospital Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo es un argumento sólido a presentar a las instancias gubernamentales, que muy probablemente no cedan a la idea, pero bien puede marcar un precedente en debates que reclaman nuestros esfuerzos con urgencia.
Para hablar de la Asamblea de Cineastas Cubanos es pertinente una conversación que incluya varias voces. En este nuevo audio, además de Gustavo Arcos, están con nosotros otros miembros más del grupo de representantes de la Asamblea, dos mujeres en este caso, ambas productoras: Rosa María Rodríguez y Katherine T. Gavilán. Ariel Camejo, que me acompaña como Virgilio en el purgatorio, se encarga esta vez de iniciar este encuentro en torno a la creación cultural en Cuba y el control ministerial sobre los artistas y la ciudadanía en general.
Ariel Camejo: Buen día para todos y buena tarde para los que estamos de este lado del Atlántico. Conversaba con Alejandra por la mañana, pensando sobre todo en una pregunta que pudiera ser motivadora para el diálogo. Y le decía que una de las preocupaciones centrales que está en la agenda también de la Asamblea de Cineastas, tiene que ver con cómo se está pensando ya también en un futuro otro para las instituciones que tienen que ver con el mundo de la cultura y de la producción artística de manera general. Cómo pensar la institución en un mundo en el que ya esas instituciones no tienen que ser necesariamente un correlato de la gran política del Estado y que tienen que ocuparse también de implementar políticas en minúsculas, orientadas al desarrollo de un sector específico como la creación artística y la producción cultural, de manera general. Y esas instituciones no pueden estar atadas, creo yo, a una dinámica excesivamente burocrática. Yo creo que en el caso específico de la Asamblea, por ejemplo, el gobierno cubano deja muy claro que la institución se piensa como un correlato del Estado y, por lo tanto, son sus funcionarios los que pueden tomar decisiones, más allá de lo que puedan pensar los creadores, los productores, en fin, el público también de manera general.
Ariel Camejo / Foto: Hypermedia Magazine
Creo que ahí hay una trampa en la que habría que pensar, ¿no? ¿Cuál es el futuro de esas nuevas instituciones y cómo van a insertarse también en un panorama como el cubano, que ya está —de esto conversamos también Alejandra y yo previamente—, fuera de la pauta del socialismo? El socialismo sigue siendo un relato teóricamente posible, pero que en la práctica se encuentra con muchas zonas de la realidad que contradicen constantemente la idea de un Estado socialista: una sociedad fragmentada en clases, fragmentada en términos de acceso a determinados bienes y servicios, y en la que incluso las grandes conquistas de la revolución, la educación, la salud, son hoy privativas, ¿no? Lo son ya por cuestiones internas, externas, todos sabemos que son múltiples los factores que convergen ahí.
Por tanto, creo que lo que está en la zona de discusión es cómo se van a concebir esas instituciones de manera que respondan a una realidad cada vez más compleja, a un sentido de lo cubano que no se produce hoy solamente en Cuba, que no necesariamente tiene que ser complaciente con un relato de la ideología tradicional, y que tiene que comenzar a ver cuestiones específicas como la comercialización, la inserción en mercados globales de circulación, de producción, en fin. Entonces, iría por ahí la pregunta o el tema, ¿cómo pensar un nuevo tipo de institución más democrática en el sentido de incorporar más voces también, pero más abierta también a los fenómenos de la contemporaneidad?
Katherine T. Galván: Hola Alejandra, gracias a ti y a la provocación de Ariel y su pregunta, su reflexión. Con respecto al tema de las instituciones en sí mismas y cómo repensarlas a ellas, en lo personal, yo creo y defiendo la idea de la existencia de las instituciones porque son un espacio de servicio a gremios, a comunidades artísticas; funciona así en el mundo entero. Pero creo que nuestro reto, y creo que la mirada que hemos tenido que asumir desde la no legitimidad del gobierno hacia nosotros como comunidad y como, digamos, asociación que no lo somos de manera legal, radica en la oportunidad de ocupar esos espacios a los que hacías referencia al final de tu pregunta, cuando hablabas de cómo insertarnos en un mercado cada vez más global, cada vez más múltiple, cada vez más diverso (el término diverso me lo repensaría), pero sí, se trata de un mercado o un espacio en el que los más jóvenes hemos tenido más contacto con herramientas y maneras de producir.
Katherine T. Gavilán / Tomada del Facebook de la entrevistada
Por citarte solo un ejemplo: después de un encuentro que organizó la Embajada de Francia en Madrid con los cineastas que estábamos en ese momento en España, al cual vinieron productores, distribuidores y directores de varios países, posterior a ese encuentro, creamos la posibilidad de pensar una asociación internacional de cubanos cineastas en la diáspora. Y recuerdo que en las reuniones que preparé con algunos de los colegas que estaban, por ejemplo, viviendo en los Estados Unidos, uno de ellos me comentaba de un marcado interés por plataformas muy grandes de producción y distribución y de streaming, que estaban muy interesadas en contenido caribeño, contenido latinoamericano, contenido cubano, pero que sencillamente la creación de esos contenidos no pasaba elementos tan básicos como el formato. Es decir, determinados contenidos no podían acceder ahí o no les interesaba por una cuestión de formato, no de contenido. Ese ejemplo es uno de tantos que te podemos poner, no solo yo, sino cualquiera de los colegas que estamos en este espacio, y creo que sí hay una oportunidad muy grande de ocupar, de crear ese camino que incluya, que abrace, que responda por los intereses comunes de este gremio de cineastas cubanos, dondequiera que estemos, y que la Asamblea eso lo está intentando hacer. Yo creo que nos queda un camino larguísimo por delante, que tenemos como reto definir cuáles son las estrategias que vamos a tomar para que el agotamiento no nos venza y para que esa no legitimidad no nos desanime.
Alejandra Aguirre: Buenos días a todos y gracias, Ariel, por ser el maestro de ceremonia que abre hoy la conversación. Muchas gracias también, Kathy, por tu respuesta, que hablando de instituciones y de anquilosamiento nos abre una ventana a un mundo que está más allá de ellas, ¿verdad? Imagino que tanto Rosa María como Gustavo van a añadir algo más a esta pregunta de Ariel, quizá situándonos un poco más desde Cuba, ¿no? La relación de los creadores con las instituciones dentro de Cuba.
Rosa María Rodríguez: Buen día a todos y todas. Yo creo no es de su interés romper los esquemas que tienen establecidos hasta ahora las instituciones culturales de nuestro país. Desde un inicio, en la Asamblea hemos hablado de la importancia de una discusión fluida entre las partes. Ya llevamos 10 años, la Asamblea está cumpliendo 10 años, que Juan Antonio García Borrero nos lo recordaba, en la que estamos en estas discusiones, y todas las demandas que tiene el gremio, como bien lo decías, no son las demandas solamente del gremio, porque nosotros también somos el país, somos la ciudadanía y nuestros reclamos tienen que ver con eso, con un pueblo con carencias que ya han pasado a ser como grandes males.
Rosa Maria Rodriguez / Tomada del Facebook de la entrevistada
Entonces las instituciones, en vez de unirse y ser parte, lo que se convierten es en una masa en la que todos quienes las integran piensan lo mismo y todos, de alguna manera, inciden para no escuchar. Puedo hablar, por ejemplo, de la UNEAC, en esa reunión que hubo en el cine Chaplin con Inés María Chapman, Rogelio Polanco y otros funcionarios del Ministerio de Cultura. Se le hablaba directamente al presidente de la UNEAC y se le decía, «no nos sentimos representados». Sin embargo, cuando él tomó la palabra, en vez de decir, «bueno, tenemos que trabajar para que sí se sientan representados», lo que sacó fue estadísticas y dijo que no se explicaba por qué no nos sentíamos representados, porque en otras partes del país hay muchas personas que sí se sienten representadas por la UNEAC. Y así puedo mencionar varios ejemplos sobre este tema y cómo ellos enfrentan el descontento. Y lo mismo sucedió recientemente con el ICAIC. Cuando estábamos hablando de todas nuestras demandas, quitan al presidente Ramón Samada, cuando ya fue desechable, lo quitan y ponen a una persona del Ministerio, alguien que ha sido parte de la infraestructura por la cual estamos aquí con todos los males. De ahí viene la declaración que hicimos en su momento. No estamos hablando de nombres; estamos hablando de una estructura que no funciona y que siguen reproduciéndola hasta el cansancio.
Gustavo Arcos: Gracias, Ariel, por iniciar este asunto sobre un tema que es bastante complejo y al mismo tiempo no es nuevo, porque efectivamente hay aquí un entramado, hay toda una estructura institucional que está puesta en tela de juicio, o sea, dónde estaría su alcance en estos momentos, cuáles serían todas sus limitaciones, que creo que son bastantes, y en qué medida la Asamblea puede coincidir, ejercer presión, marcha paralela o ir a contrapelo de las instituciones, porque en algún momento se van a producir o ya se están produciendo enfrentamientos entre el proceso institucional habitual en Cuba —ese modelo que está puesto en duda desde hace un tiempo—, y el propio ejercicio de la Asamblea.
Gustavo Arcos / Tomada del Facebook del entrevistado
Decía que no es nuevo, porque por lo menos en los últimos 25 años, para hacer una cifra y no viajar tanto en el tiempo, aunque estoy seguro que en los años 80 y 90 esos debates también estuvieron presentes, pero me voy a remitir a un tiempo cercano, a nuestro tiempo, sé que en varios congresos de la UNEAC y eventos relacionados con la cultura y las instituciones ha aparecido ese asunto. Recuerdo que esa es una frase bastante común: «hay que repensar las instituciones de acuerdo a los tiempos actuales». Ellos entienden que hay que cambiar, pero no cambian nada, o cambian tan poco que el cambio no se percibe.
Ese es un fenómeno que acompaña también al Estado cubano, donde muchas veces escuchamos a los propios dirigentes del partido o del gobierno decir la serie de problemas que tienen, cómo la burocracia los arrastra, cómo hay frenos desde el propio trabajo del partido, cómo hay ineficacia con las bases; hablan de toda una serie de cuestiones que tienen que ver con su propio funcionamiento de estructura, como gobierno, como parlamento, como asamblea, y son incapaces de generar el cambio, porque están entrampados.
Creo que el problema esencial, o uno de los problemas esenciales que tiene nuestro país, nuestra práctica socialista, es que todo el mundo es juez y parte: el gobierno es el que dirige el país, por supuesto, como en cualquier lugar del mundo, que se estructura a partir de un gobierno, pero de la misma forma ese gobierno en nuestro país es responsable de todo, porque está centralizado todo en él. Y no crea mecanismos independientes, autónomos, que puedan enjuiciarlo de una manera eficaz. Más allá de la crítica puntual en una reunión, una carta que escriba alguien, una declaración, una crítica en la prensa, que escasea bastante, por cierto. Realmente el gobierno tiene total control del país en todas sus áreas. Desde luego ese control está también en el área jurídica, en el área de los derechos, en el área de las acciones públicas donde el control sobre la ciudadanía es bastante brutal. Por tanto, es muy difícil ejercer un rol desde otra zona, y si se ejerce siempre está catalogado como contestatario, disidente, contrarrevolucionario. Se hace difícil cualquier operación crítica, digamos, o de posicionamiento con respecto a la labor institucional, y también a la labor de gobierno.
Alejandra Aguirre: Gustavo, ante este contexto que tú describes y que además conoces tan bien, quería pedirte, sé que has hablado mucho sobre el tema, igualmente quería pedirte que comentes el lugar y la función de la Asamblea en un contexto tan complejo. Sabemos que la Asamblea funciona como un espacio vehicular para muchas cosas y entre ellas para tomar conciencia, pero hacer esta conciencia un accionar, una herramienta cultural o contracultural si se quiere. Es un espacio donde se agrupa ya no solo el sector del cine, entendiendo que las personas que forman parte de esta Asamblea son ciudadanos comunes y, como dice Rosa María, antes que artistas, esas personas son ciudadanos a los que a cuya mesa y a cuya puerta acuden problemas diariamente.
Alejandra Aguirre / Tomada del Facebook de la entrevistadora
Estamos hablando de una Asamblea que a su vez tiene comisiones, como es el caso de la Comisión de Censura y Exclusión, de la que tú eres parte, e imagino que en ella se aborden temas que van más allá de lo cinematográfico. Sí es cierto que en un ejercicio de rigor, llegaron hacer, como me comentaste en su momento, una especie de antología con todas las obras censuradas, pero entiendo que este trabajo va más allá de eso. No es que excedan las competencias del sector, sino que van en coherencia con la realidad cubana. Y como estamos hablando precisamente de una producción artística que intenta dialogar con esa realidad y con los problemas de esa realidad y con las instituciones de esa realidad, deseo insistirte una vez más en que comentes cuál es el lugar y cuál es la función que tiene la Asamblea en un contexto así.
Gustavo Arcos: Tanto Rosi como Kathy comentaron que la Asamblea surge precisamente como una crisis que se da de la institución. La Asamblea viene a cumplir, si pudiera decirse, el espacio que dejó la UNEAC y también la Asociación de Cines, Radio y Televisión. En otros momentos, en otras décadas, a través de la UNEAC o a través de la Asociación de Cines, Radio y Televisión, se hubiesen canalizado muchos de los problemas que tienen que ver con el mundo del cine, del audiovisual, de la creación en general. Había cierta confianza en que esos espacios podían encauzar de alguna manera todo lo que se estaba viviendo en el país en materia de creación artística y de relación con el poder, y de limitaciones, exclusiones, censura y problemas realmente financieros y de carácter productivo, y todo aquello que tiene que ver con toda la industria cultural.
Pero la UNEAC se parece cada vez más al partido y su ideología. La UNEAC hoy está totalmente maniatada por intereses que ya no responden a los intereses artísticos, ni siquiera a los intereses de los artistas. La existencia de la Asamblea justamente empieza a suplantar el papel que debían jugar en Cuba, por ejemplo, los sindicatos. Sabemos que eso en Cuba prácticamente no tiene legitimidad y ni fuerza; muchas veces defienden más a la administración que a los propios trabajadores. Evidentemente eso erosiona todo el proceso de legitimidad de la organización de la Asociación de Cines, Radio y Televisión en este caso, y cuando surge esta situación relacionada con la violación de un derecho de un autor del sector audiovisual, de un artista con su película, que se exhibe [de forma ilegal] en televisión, ahí hay una evidencia cuando dos vicepresidentes de la UNEAC facilitan el asunto. Y no solo lo facilitan, sino que el propio Ministerio de Cultura, a través de la figura de Alpidio Alonso, su ministro, de Fernando Rojas, su viceministro, e incluso la presencia detrás de todo esto de Abel Prieto, todos están refrendando un posicionamiento y una violencia institucional que fue rechazada por más de 700 firmas, donde hay muchísimos, cientos, que son miembros de la propia UNEAC. Aquí, entonces, tenemos una gran paradoja.
Alejandra Aguirre: Teniendo en cuenta todo esto, ¿qué tipo de cinematografía, de producción cinematográfica, es posible hoy en Cuba al margen de las instituciones? ¿Qué tipo de posibilidades hay de crear más allá del permiso ministerial dentro de Cuba?
Katherine T. Galván: Lo primero es decir que ya esa producción está ocurriendo. Lleva años ocurriendo una producción independiente al margen del ICAIC. No solo en La Habana, sino en las provincias. Creo que tuvo mucho que ver la conexión y el alcance internacional que tiene la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. También tiene mucho que ver con la llegada de Internet y la capacidad de la búsqueda de información, sobre todo en el caso de los más jóvenes. Ya esa producción ocurre. Ya hay películas cubanas distribuyéndose en el mundo que nada tienen que ver con una producción o una coproducción con el ICAIC. Hay fondos internacionales que ya han sido otorgados a películas cubanas de cubanos residentes en Cuba o fuera de Cuba. Eso por un lado.
Por otro lado, yo me siento más cómoda con el hecho de decir que el ICAIC tiene métodos y aproximaciones obsoletas al fenómeno del cine cubano, que decir que es una institución obsoleta. Yo me siento más cómoda diciéndolo de esa manera. Creo que la Asamblea es un espacio que está, de alguna manera, conversando, dialogando con esas inquietudes. Muchos de nuestros colegas han hecho referencia a sindicatos dentro del gremio: sindicatos de actores, sindicatos de sonidistas, sindicatos de la fotografía y de la cámara, sindicatos de guionistas y así mismo con los productores y con los directores. O sea, creo que hay un espacio que algunos han estado coqueteando con la idea de crearlo y de ubicarse desde ahí.
Parte esencial de la reflexión que hemos tenido dentro del grupo de representantes y en la Asamblea en general, es la necesidad de legitimar y legalizar un estatus para la Asamblea. Hemos estado en ese camino. Creemos que estamos buscando ese lugar, nos estamos acercando a ese espacio, pero tenemos la quizás segura negativa, por la ley vigente de asociaciones de Cuba, que limita la existencia de asociaciones con objetivos similares en un mismo espacio. Dígase, si ya existe una asociación muy parecida a la que nosotros como gremio pudiéramos constituir, pues entonces desestimaría la idea de que nosotros podamos existir porque existe una asociación similar. Entonces, la ley de asociaciones de alguna manera excluye esa posibilidad justamente por lo que he comentado.
Entonces, la reflexión de si nosotros podemos crear ese espacio en Cuba, pues puedo decir que lo que nos une es que somos cubanos haciendo cine cubano, lo que ya no todos estamos en Cuba. Entonces, si el objetivo sigue siendo Cuba, la esencia sigue siendo Cuba, pero ya que sea exclusivamente surgida dentro de Cuba, es algo que yo repensaría. ¿Por qué? Porque si no estuviéramos yéndonos todos, no existiría la necesidad de crear espacios fuera de ese terruño que nos vio nacer a la mayoría de nosotros.
Alejandra Aguirre: Gracias nuevamente, Kathy, por esta respuesta tan esclarecedora. Gracias también por hacer mención del tema de la ley de asociaciones. En relación a lo que preguntaba previamente, soy consciente, claro, que se está haciendo un cine al margen de las instituciones. Soy parte de esa producción que trabajamos sin contar con el apoyo, muchas veces, de las instituciones.
Mi pregunta iba encaminada a cómo es posible hacer ese cine sin que tenga ese matiz marginal, ese matiz ilegítimo, que un día se censura, mañana se engaveta. ¿Cuál sería, desde la asamblea, el camino para acabar con esto? Gustavo ha hablado mucho de esto, se trata un poco de seguir mencionando y conversando para que todo aquel que nos escucha, y sobre todo quienes realmente tienen que escuchar, se sientan aludidos y ojalá se quitasen del medio.
Rosa María Rodríguez: Mira, Alejandra, hablando de ese tema, de cómo se puede producir cine en Cuba, cómo se puede trabajar en Cuba, tengo muchas variables. Pero al mismo tiempo yo creo que es fundamental defender los espacios y no perderlos. No puede ser que como Asamblea, y es algo que en el grupo de representantes hemos hablado mucho y hemos defendido mucho, nos pongamos en contra de los logros que existen ¿Por qué razón? Si de momento decimos «no, no vamos a aplicar al Fondo de Fomento porque es del gobierno, es del Estado», estamos dejando un espacio que es nuestro.
Entonces, cuando las personas se nos acercan y nos dicen, «no, es que tienen que romper con el sistema de producción, con las instituciones, con todo», yo digo «bueno… no estamos hablando de un país en que puedas romper fácilmente con lo institucional, ni en el que todos tengamos salarios u otro tipo de entrada económica para vivir, para sobrevivir, porque no es ni siquiera vivir. No podemos romper del todo porque la realidad es que en Cuba no existe la propiedad privada. Afirmar eso, es un error. La propiedad privada no existe. Por el hecho de que ahora se legalicen las mipyme, que al final la gran mayoría fracasa porque no hay realmente derechos para la propiedad privada, ya que desde en el momento en punto que te piden un montón de documentos, que simplemente es una manera de decir a ti no y al otro sí, no estamos hablando de un mecanismo puro de la propiedad privada, donde lo importante es que tú sepas lo que estás haciendo, que si eres mecánico sepas realmente de mecánica para hacer esa labor; no son esas capacidades lo que se valora en Cuba para lograr llevar a cabo tu trabajo como empresa privada…
Entonces, cuando las personas insisten en no aplicar a los fondos estatales, no hacerlo, sería negarnos a aplicar al único espacio que tiene el país para sostener a la mayoría de los artistas independientes que existen. Y sí, claro que somos independientes porque si no estás en una nómina del Estado, eres independiente. Lo que pasa es que como hay un analfabetismo tan grande con lo que significa independiente, hablan cualquier cosa. Yo he oído absolutamente cualquier cosa. Por ejemplo, cuando nosotros enviamos las cartas al gobierno con nuestra declaración y con nuestras demandas, a quien el gobierno respondió fue al ICAIC y ninguno de nosotros pertenece al ICAIC. Nosotros somos artistas independientes y no pertenecemos a una nómina del ICAIC.
Entonces, en ese aspecto es súper importante no perder los espacios, porque cuando uno hace una película, el dinero no viene de un solo lugar. Bienvenido sea para los que pueden, para aquellos que a dedo los llaman y les dicen «te voy a producir una película», como suele suceder en el ICAIC, y eso está muy bien. Vamos a decir que está muy bien que sea así, que es necesario, que es su dinero, todo bien. Pero el jurado que integra el Fondo de Fomento son artistas, son cineastas que buscan calidad, y de hecho, ahí está la prueba de que películas como Vicenta B., se gana el Fondo de Fomento, y hoy por hoy no se pudo estrenar en ninguna sala de cine del país. La embajada noruega tuvo que tomar la valentía de estrenarla, pero ni siquiera lo hizo el Festival de La Habana.
Es cierto que cada vez más tenemos que mostrar otras maneras de trabajar, de hacer equipo, pero hay cosas fundamentales de la producción que necesitan plata. Necesitas un presupuesto, necesitas dinero líquido, porque si no, no puedes hacer la película. Sí, hay proyectos que te puedes pasar 10 años haciéndolo en tu casa, con una infraestructura diferente, pero se trata de un proyecto aislado. Cada proyecto tiene su manera. Por tanto, no podemos satanizar los procesos. No podemos satanizar los fondos, porque de eso no se trata, porque los artistas van a abandonar esa opción, y en el momento en que empiezan a salirse los artistas, ¿qué es lo que van a premiar?, ¿qué es lo que se va a presentar al fondo?, cosas de menos nivel, y lo importante es que haya nivel en la cinematografía cubana.
Retomando el tema de las instituciones: ahora mismo yo tengo una película como productora en Ventana Sur, no pude ir por el simple hecho de que la infraestructura está creada para que nosotros estemos obligados a rendirle a un sistema, porque como independientes nos ponen muchas trabas, muchas trabas en las embajadas, muchas trabas en diferentes lugares.
Es mucho más sencillo para muchos, decir ¿pero por qué siguen pidiendo que les den permiso para esto?, ¿por qué hay que pedir permiso? Pues porque estoy ahora mismo del lado de acá. Y para nosotros movernos en otros ecosistemas también nos lo ponen extremadamente difícil. Hay que pedir permiso porque si no, no caminas. Entonces, las maneras de producción, por supuesto que pueden ser muchísimo más y alejarnos un poco de los fondos estatales, pero el único fondo actual que existe dentro de Cuba es el Fondo de Fomento para el cine cubano, y es con nuestros impuestos, es dinero de nuestros impuestos. Nosotros pagamos unos altísimos impuestos por el hecho de trabajar. Es de los impuestos más elevados, exagerados que yo he visto, cuando estudio un poco los impuestos y las maneras de trabajar en el sector audiovisual en diferentes países del mundo con los que he colaborado. Y claro, esos impuestos deberían ser para el cine también, porque el cine es fundamental y es nuestro trabajo, y es la manera de contribuir a una cultura y un pensamiento del país.
Ahora frente a eso, la pregunta es ¿por qué razón el gobierno no quiere aceptar una de nuestras propuestas? Y esa propuesta consiste en añadir el dinero de nuestros impuestos como artistas independientes a ese Fondo de Fomento. ¿Por qué no se mandan al Fondo de Fomento? Es una respuesta que no hemos tenido, entonces, creo que eso sí, tenemos que pensar en otras maneras de producción, pero nunca dejar los espacios que hemos logrado vacíos, porque se van a llenar de cosas que no queremos.
Carlos Rafael Gil Hernández y yo tenemos muchos puntos en común: el amor y la dedicación a la familia, a la profesión que escogimos, la capacidad para encarar nuevos desafíos de la vida y el esculpir una nueva etapa —por circunstancias distintas— en un país ajeno a nuestra Cuba.
Por eso escribir estas líneas me produjo una sensación de proximidad infinita, acompañado de sentimientos de tristeza, dolor, orgullo y hasta rabia, en ocasiones, derivadas de decisiones desacertadas que lo alejaron a él y a su esposa Yareimi Vázquez de conducir los hilos de las selecciones nacionales de gimnasia artística de la Isla.
Carlos Rafael y Yareimi esculpen gimnastas talentosos. Manrique Larduet, Randy Lerú, Marcia Videaux, Yesenia Ferrera y toda una generación de chicos y chicas cubanos; a la que ahora se suman Hillary Heron, Karla Navas y otros que se fraguan a diario en el gimnasio No Limits de la Ciudad de Panamá, país que los ha acogido como un segundo hogar.
Bajo su égida, la selección femenina de gimnasia artística de Panamá integrada por Hillary Heron, Karla Navas, Lucía Paulino, Lana Herrera y Valentina Brostella, se agenció plata en el concurso por equipo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023 con puntuación de 146.800. Foto: tomada del perfil de Facebook de Hillary Heron.
¿Cómo se establece el vínculo de Carlos Rafael Gil con la gimnasia artística? ¿Había algún antecedente de deportista en la familia?
No existía ningún vínculo con la gimnasia, sí recuerdo a mi padre poniéndome a practicar cualquier deporte, imagino que como todo padre con su primer hijo. Mi madre decía que como era muy intranquilo, —algo que aún mantengo— hubo momentos en que me apuntaban en tres deportes a la vez para ver si llegaba a casa cansado y no fastidiaba tanto. Practicaba simultáneamente gimnasia, taekwondo y natación.
Me llevaron a las captaciones que anunciaban por la radio para varios deportes en el CVD deportivo de Santa Clara, en la provincia de Villa Clara, un lugar al que recuerdo con mucho cariño.
Recuerdo que primero me llevaron a natación, pero no me escogieron. Al salir, el entrenador César Pascual habló con mis padres y me llevaron a hacer las pruebas para gimnasia. Y ahí me quedé. Hace ya 33 años que entré por primera vez a un gimnasio, ese lugar donde puedo estar horas y horas y es como si el tiempo no pasara.
¿Qué memorias guardas desde tus inicios como entrenador hasta conducir la selección nacional masculina de Cuba?
Muchos recuerdos. Desde los inicios trataba de hacerlo diferente o para muchas personas estar inventando. Todas las vivencias son una gran enseñanza: aprendí a ser resiliente. Si te mencionara los mejores recuerdos de mi vida, te diría, sin dudar, que todos los vividos como entrenador, desde los inicios hasta llegar a la selección de Cuba, así como los de la actualidad en Panamá. Solo uno superó todos esos momentos y fue el nacimiento de mi hija.
¿Cuánto de entrenador y cuánto de padre hay en una persona que comienza a trabajar con niños de 5 a 6 años?
Cuando amas tu trabajo y te entregas con pasión para transmitir tus conocimientos a niños desde temprana edad, obligatoriamente se te desarrolla ese paternalismo hacia tus atletas. Sin embargo, es una línea muy fina qué hay que saber delimitar, porque nunca podemos dejar de ser el entrenador.
¿Consideras que el momento de despegue a nivel de resultados fue aquel Campeonato Panamericano de Puerto Rico y Canadá del 2013-2014 y luego los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz 2014?
Por supuesto, ese Panamericano de Puerto Rico en el 2013 fue el momento clave para el resurgimiento de la gimnasia artística cubana. Justo ahí, los resultados que materializamos significaron el despegue.
¿Cómo definirías esa etapa, moviendo los hilos de una generación talentosa con Manrique Larduet y Randy Lerú como referentes?
Única. Así la definiría. Es una etapa que no se repetirá nunca, al menos desde mi opinión personal y sin dar margen a malos entendidos.
Para mí fue un sueño hecho realidad, a pesar de las disímiles situaciones que enfrentamos, pero creo que fue eso lo que nos hizo superarnos. Esa etapa fue de constante superación en todos los aspectos, pero llena de momentos felices y de satisfacción. Un periodo en el cual lo que íbamos logrando no nos hacía ver e interiorizar la magnitud de la vida tan sacrificada que llevamos… pero sí reitero que fue una etapa única.
Háblanos del Mundial de Glasgow, esa inserción definitiva en la élite de la gimnasia artística, los Panamericanos de Toronto y las fases de Copa del Mundo de 2015 y 2016.
¿Qué te puedo decir? Son sensaciones muy difíciles de explicar, incluso, a veces no tienes la real dimensión de lo que vives hasta que otros te saludan con orgullo y valoran tus resultados. No hay mayor satisfacción para un entrenador que ver a su atleta triunfar. Esa fue una etapa de constantes y ascendentes resultados, pero a la vez representó más compromiso y más dedicación al trabajo.
¿Qué valoración le concederías al rendimiento en Río de Janeiro 2016?
Reflexiono y creo que fue un excelente rendimiento, aunque tal vez pudo ser mejor. Se dio el máximo y mucho más también. Solo los ilusos dirían que un quinto y un sexto lugar olímpico no es un buen rendimiento, además de que en ese momento dos gimnastas compitieron al máximo nivel existente.
Lo realizado por Manrique fue más allá que cualquier medalla. Con el tiempo te das cuenta de que las medallas no son el único medidor para evaluar el rendimiento de un atleta. Lamentablemente, muchos de los que vivieron la hazaña que hizo Manrique —porque fue una hazaña— no lo supieron valorar, y más bajo las condiciones que tuvimos que enfrentar esa preparación.
Carlos Rafael y Yareimi comparten la vida y su pasión por la gimnasia artística. Foto: tomada del perfil de Facebook de Hillary Heron.
¿Cuán importante ha sido para ti como entrenador compartir la vida con otra entrenadora talentosa como tu esposa Yareimi Vázquez, incluso, coincidiendo al frente de las escuadras nacionales?
Creo que eso ha sido la clave de todo. Nadie más hubiera podido entenderme, tanto por el apoyo para enfrentar cualquier situación como para la propia superación profesional. Creo que juntos hemos formado y somos un gran equipo.
¿Qué representa haber inscrito en el Código Internacional de la Gimnasia un ejercicio con el nombre de Larduet?
Uno como entrenador siente la satisfacción inmensa de ver a su atleta triunfar e inscribir su nombre en la historia. Eso es lo más representativo: crear algo nuevo y exclusivo será importante para la carrera de cualquier profesional en el ámbito donde se desarrolle.
¿Cómo viviste la expulsión tuya y de Yareimi del puesto de entrenadores principales de la selección nacional? ¿Cuáles fueron las causas reales de una decisión tan drástica y, a mi juicio, desacertada?
De esa etapa no quiero hablar, pues es una herida que no sanará nunca. Afortunadamente, ya está cerrada y hablar de eso sería volver a revivir muchos momentos muy tristes de nuestras vidas.
Al final, lo más doloroso no fue lo qué pasó con mi esposa y conmigo, sino con toda esa generación de atletas talentosos llenos de sueños y aspiraciones, y con sus familias. Les causaron mucho sufrimiento, pero «de esta vida nadie se va debiendo nada».
Sí te digo que como persona resiliente que me considero, hoy les doy gracias a todos aquellos que formaron parte de tan grande injusticia. Verdaderamente, hoy cuando los veo me producen un sentimiento de lástima.
¿Crees que eso pudo haber influido en el desmoronamiento de los equipos masculinos y femenino y el posterior declive de la disciplina en Cuba?
No creo, el problema está en los directivos de la gimnasia, ellos son los causantes. En la actualidad cuentan con un buen grupo en el masculino con muchos deseos y condiciones para lograr buenos resultados, solo espero que los cuiden y les den las atenciones que merecen. Lo principal es que les den la oportunidad de competir internacionalmente. A ellos les deseo todo el éxito del mundo, esperemos que la historia no se repita una vez más. El tiempo será el mejor juez en ese sentido.
Carlos Rafael Gil considera que Manrique Larduet, Randy Lerú y el resto de ese equipo son de los gimnastas más talentosos y sacrificados que ha tenido bajo su mando. Foto: Tomada del Facebook del Gil.
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Carlos Rafael Hernández Gil habla de su etapa como entrenador principal de la escuadra masculina cubana de Gimnasia Artística con sentimientos encontrados. Es un hombre transparente, diáfano, de hablar natural y sin rodeos.
Esa misma filosofía y otros valores trató de inculcar a sus discípulos, en especial a Manrique Larduet, Randy Lerú y esa generación compacta, a la que condujo a decorosos rendimientos internacionales que comprendieron ocho finales mundiales y 15 medallas en Copas del Mundo. Las notas más sobresalientes las asumió Larduet, dueño de quinto y sextos lugares en barras paralelas y barra fija en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 y el subcampeonato en el Mundial de Glasgow 2015, respectivamente.
Mientras, su compañera de vida Yareimi clasificó a Marcia Videaux y Yessenia Ferrera a la ciudad Maravillosa, y acopió siete preseas en Copas del Mundo, así como títulos dorados podios en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y Lima 2019.
Juntos reorientaron sus carreras profesionales como entrenadores de éxito en Panamá, un país que hasta su llegada carecía de resultados de relieve en la gimnasia artística, incluso en el panorama continental.
Panamá, No Limits PTY, Analisa Arias… ¿Cuán difícil fue arrancar en esa nueva etapa en otro país sin tradición en la gimnasia artística, con tantos sueños como incertidumbres?
Siempre estaremos eternamente agradecidos con la señora Analisa Arias, con No Limits y Panamá, agradecimiento que se devuelve con compromiso dedicación, trabajo y lealtad.
Lo del sentimiento con esta nación es mucho más abarcador pues tengo una hija panameña. También le mostramos nuestra gratitud al Comité Olímpico y la Federación de Gimnasia Panameña. Al principio fue difícil, un primer año bien complicado, de mucha observación y análisis.
Poco a poco introdujimos nuestro sistema de trabajo. La mayor motivación para nosotros era justamente ir a un país sin tradición y afrontar los riesgos pues siempre nos han gustado los retos.
El esfuerzo de Gil se ha visto premiado con la inserción de Panamá en la palestra internacional de la gimnasia artística. Foto: Tomada del perfil de Facebook del entrenador.
Resultados de Primer nivel en menos de un ciclo olímpico de trabajo. Clasificación olímpica de Hillary Heron y el impulso de la gimnasia panameña a otros niveles. ¿Cuál ha sido la fórmula de Carlos y Yaremis para conseguirlo?
La fórmula es trabajar, trabajar y trabajar. No hay otra. Muchos análisis y poco a poco crear la mentalidad y capacidad de trabajo en equipo. El esfuerzo, la pasión y la entrega en el trabajo siempre han sido nuestras prioridades como entrenadores.
¿Qué proyecciones de trabajo existen en la actualidad, después de semejantes resultados con las selecciones panameñas?
Las proyecciones están claras: seguir desarrollando la gimnasia panameña al más alto nivel y disfrutar del proceso; ayudar a un país a soñar en grande y trabajar para hacer esos sueños una realidad. De eso se trata, y de por sobre todas las cosas sentirnos útiles.
¿Cómo evaluarías el estado actual del deporte cubano y más específicamente el de la gimnasia artística?
No creo ser yo el más indicado para dar un criterio sobre el estado actual del deporte cubano. Sufro con lo que sucede actualmente y confío en que el cambio para bien no llegue demasiado tarde.
Respecto a la gimnasia, las últimas demostraciones de los Centroamericanos y Panamericanos evidenciaron que hay muchachos y muchachas con potencial; pero necesitan ser atendidos y competir para seguir desarrollándose. Como todo cubano y deportista, envío mis mayores deseos de éxitos para todos los colegas y atletas.
¿Cuánto peso le confieres a la unión familiar y a tu pequeña, más en un país que no es el de uno?
Mi hija ahora mismo es un motor impulsor. Su nacimiento fue como si me inyectaran adrenalina. Contar con mis padres acá ha sido muy importante, no solo por la gran ayuda que nos brindan, porque sin ellos sería difícil, sino también por la tranquilidad de verlos bien, sin estrés ni preocupaciones.
La familia de mi esposa también pasa tiempo con nosotros. Eso nos permite estar más concentrados en los temas de entrenamientos y proyecciones. Así podemos estar más enfocados.
¿Qué crees de que Manrique Larduet relanzase su exitosa carrera compitiendo por Italia?
Me da mucha alegría y satisfacción. Manrique tiene mucho que dar todavía. Espero que pueda llegar a los Juegos Olímpicos de París. Él tiene para pelear una medalla olímpica y, si no, al menos que siga regalándole al mundo su buena gimnasia. Me hubiera gustado mucho que todos pudieran seguir sus carreras en otros países, pues todavía tenían mucha gimnasia para dar, pero también me satisface saber que están bien, disfrutan lo que hacen y llevan una vida tranquila y decorosa.
¿Qué es lo que más añoras de Cuba?
El barrio, el ambiente, el que bolá, su gente… la cubanía.
Si te pidiera que mencionaras a los tres gimnastas más talentosos que has tenido bajo tu tutela, ¿quiénes serían?
Muy difícil. Para mí, todos son talentosos, pero creo que esa generación que tuve el privilegio de dirigir, no se distingue por el talento sino por la voluntad y la disciplina. Esa idea de que vamos porque vamos.
Hablar únicamente de talento les restaría importancia a las horas de entrenamientos, a los extras para superar molestias y, en ocasiones, aguantando dolores. Le restaría importancia a todo lo que esos muchachos entregaban para cada día ser mejores y dejar el nombre de Cuba en lo más alto. No podría escoger.
Fuera de los entrenamientos, ¿cuáles son las cinco cosas que más disfrutas?
Hablar de gimnasia.
Compartir con los amigos.
Hacer asados y cocinar.
La casa, estar en casa, la tranquilidad y disfrutar de la familia y especialmente de mi hija y de mi esposa.
Ayudar a los demás.
¿Qué elementos consideras que debe poseer un entrenador de gimnasia para considerarse exitoso o labrar un camino de buenos resultados?
¿Para labrar un camino al éxito? Ser apasionado. Resiliencia al 200 %. Constante aprendizaje. Dar sin esperar nada a cambio. Empatía. Ser valiente y sacrificado. Saber escuchar. Ser analítico, sincero, leal… Considerarse exitoso y que sus atletas sean personas de bien y exitosas. Y dejar huellas en la vida de los demás.
¿Qué consideras que necesita la gimnasia, el deporte y Cuba para salir de la crisis general que los azotan?
Un cambio, como en todo. Necesita de directivos que sean personas honestas, dignas y humanas, eso. Soy del criterio de que muchos frustrados llevan las riendas del deporte cubano.
El estudio de las ideas de José Martí no tiene como objetivo el desarrollo de habilidades pragmáticas para el uso de fragmentos o páginas de sus textos como apoyo justificativo de determinados hechos o criterios del presente, sino el conocimiento de las concepciones que guiaron su actuación, los criterios políticos que le permitieron afrontar dificultades e incomprensiones, así como los principios morales que sustentaban su vida, cuya austeridad y entrega desinteresada a la patria sirvió de ejemplo a sus contemporáneos y constituye paradigma mayor en la actualidad.
Obviando las diferencias de época y de fines inmediatos, nos hallamos ante desafíos y riesgos de signos similares a los afrontados en los últimos decenios del siglo XIX. Están en peligro la independencia, la soberanía, la justicia social y la estabilidad interior de la nación, por lo que se impone acudir a todos, sin distingos ni condiciones prestablecidas, para poner coto a los factores adversos que se oponen al logro de las aspiraciones de las grandes mayorías.
En esta etapa de crisis, hallamos en el Apóstol los fundamentos de un ordenamiento más acertado de la sociedad, de una estructura socio-económica auténtica, ante el fracaso tanto del modelo capitalista dependiente como del socialismo soviético. Esta es solamente una proposición, entre muchas otras que deberían considerarse en el necesario proceso de diálogo que ha de propiciar la salida de la crisis estructural en que se halla nuestro país.
Existen posiciones extremas que se cuestionan mutuamente: en el Gobierno y el partido cubanos hay tendencias que descalifican en bloque a los diversos grupos que rechazan su gestión, y en estos hay sectores que rechazan cuanto realizan aquellas instancias de poder, e incluso consideran que no muestran intención alguna para el entendimiento.
Ambas posiciones parten de una visión reduccionista de la realidad. No han existido nunca, en país y época algunas, gobiernos ni partidos monolíticos, ni agrupaciones de oposición donde prime la unanimidad absoluta, pues unos y otros están conformados por individualidades, sectores, clases, con puntos de vista e intereses no siempre coincidentes. Esta situación impone procesos de entendimiento, coaliciones, estructuras coyunturales, múltiples formas de llegar a coincidencias, lo que supone flexibilidad y respeto mutuo en el intercambio de criterios.
Urge que todas las partes interesadas en el bien de la patria asuman una actitud favorable al diálogo. No se encuentran solamente en el Gobierno y el Partido cubanos los que niegan esta posibilidad; tampoco entre la generalidad de quienes cuestionan su gestión se busca el entendimiento mutuo, las coincidencias esenciales. La disposición a la unidad ha de constituir un objetivo improrrogable.
Quienes han querido separar, aislar a los que tienen que andar juntos, apelan a todo tipo de artimañas y argumentaciones, fomentando odios y pasiones mezquinas. Ha llegado el momento de detener estas tendencias y preguntarse a quién o quiénes beneficia la división. Martí expresó, con respecto al continente: «Puesto que la desunión fue nuestra muerte, ¿qué vulgar entendimiento, ni corazón mezquino, ha menester que se le diga que de la unión depende nuestra vida?» (O.C., t. 7, p. 11)
La unidad, concepto de máxima importancia del pensamiento político martiano, puede definirse como el logro de la confluencia de la diversidad de los componentes de la sociedad tras un objetivo común, proceso en el que debe alcanzarse el vínculo estrecho entre los distintos sectores del pueblo, cuyos diferentes intereses coincidan en la búsqueda y el logro de fines y beneficios colectivos.
José Martí puso en práctica su concepción unitaria durante toda su vida política, y dejó para la posteridad no solo el ejemplo de su proceder, sino además textos en los cuales hallamos valiosos criterios y observaciones que trascendieron su época y podrían ser de utilidad en el presente, si apreciamos las diferencias y las similitudes de objetivos a los que se enfrentó en su tiempo histórico y las que actualmente afronta el pueblo cubano, que mantiene una de las características mencionadas por el Apóstol: «Nuestro país piensa ya mucho y nada podemos hacer en él sin ganarle el pensamiento».[1]
Para lograrlo deben propiciarse las condiciones que garanticen la participación efectiva de las grandes mayorías, sin las que es imposible vencer las campañas divisionistas, así como el proceder de incapaces, oportunistas o enemigos encubiertos, quienes atribuyen sus errores y desviaciones a supuestas características negativas de nuestro pueblo. O a factores externos.
Para conjurar estos criterios y actuaciones deben propiciarse estructuras institucionales que viabilicen su enfrentamiento por parte de todos los patriotas, tarea que no corresponde a un grupo reducido, de inteligencia supuestamente ilimitada, sino a los amplios sectores populares que conforman la nación. «Las cosas de muchos hombres no se hacen con la voluntad, ni con el heroísmo, de un solo hombre» (OC, t. 5, p. 334-335).
Para generar y potenciar el diálogo es insoslayable un espacio político en el que se junten cuantos amen a la patria y estén dispuestos a actuar para su bien, sin limitación por los matices de las ideas, el grado de desarrollo de los criterios sobre el ordenamiento social, el color de la piel, el sexo, la edad, la posición social o la ubicación geográfica dentro o fuera del territorio nacional. La finalidad es obtener el consenso, vencer sobre las tendencias que desvíen o entorpezcan los esfuerzos, y lograr la confluencia de las ideas que dirijan la acción: «La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político» (OC, t. 1, p. 424).
Han de ser vencidas las prevenciones que desvían los esfuerzos, la intolerancia, la falta de respeto a la opinión ajena, la incultura. La mayoría de la población ha de tener vías que posibiliten aportar opiniones e ideas al proyecto de construcción de la nueva sociedad, y por tanto conocer los fines, los propósitos.
Esta idea constituyó para Martí una preocupación fundamental durante toda su vida política, pues solo con la implementación de métodos democráticos se alcanzaría la cohesión de las fuerzas de la patria tras un objetivo común, único modo de fortalecerla frente a quienes aspiran a su dominio.
De los peligros foráneos, ha de ser una constante en todo análisis la actuación de los sectores más conservadores del Gobierno estadounidense, que han mantenido una guerra económica durante decenios. Ha sido una política imperial secular y confesa, por lo que sería un error hacer depender planes y proyectos internos de la desaparición del andamiaje legal y político que sustenta el bloqueo impuesto sobre la economía cubana.
Por el contrario, cuanto se piense y haga, debe tener como factor constante tales imposiciones, pues esperar lo imposible equivale a desmovilizar las fuerzas y el talento de muchos, capaces de desarrollar las fuerzas productivas del país, con la consiguiente satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la población.
Paralelamente, se impone actuar contra los enemigos internos, que en modo alguno son los ciudadanos que emiten juicios, opiniones y sugerencias, coincidentes o no con los emanados del Gobierno y el partido, sino quienes actúan, con proceder entorpecedor o inacción retardataria, para hacer fracasar cuantas ideas y proyectos beneficiosos para las mayorías son generados e implementados. Son individuos, grupos o sectores que desconfían de las posibilidades del pueblo para transformar la realidad, revertirla y desarrollarla, y asumen posiciones cercanas o idénticas a los anexionistas, cuyas concepciones antinacionales se basan en el manido argumento de la incapacidad de los cubanos para gobernar nuestro propio país.
Se han de generar métodos participativos para lograr «no enajenarnos ninguno de los factores imprescindibles, de disponer cuanto en la hora suprema pueda abreviar el sacudimiento, acelerar el triunfo, y fundar la patria libre» (OC, t. 4, p. 221); propiciar y alentar cuanto favorezca la identidad nacional, con la exaltación de las mejores tradiciones cubanas, no solo del heroísmo combativo, sino también del apego y el respeto a la familia, a la convivencia cotidiana, a las virtudes, al éxito debido al esfuerzo, al talento y a las habilidades personales; la defensa de la belleza y la pureza del idioma, elemento unificador por excelencia; de nuestra cultura, sin negación absurda de sus raíces hispánicas y africanas, ni de sus componentes diversos en color y coincidentes en la nacionalidad indivisible; la defensa de los derechos iguales para todos, uno de los más eficaces modos de enfrentar y vencer los fundamentos de toda ideología antihumana.
Hombres de disímiles procedencias y de formación cultural diversa han de identificarse en estas aspiraciones, sin pretender «una unanimidad imposible en un pueblo compuesto de distintos factores, y en la misma naturaleza humana» (OC, t. 1, p. 424), sino para apretar filas basados en la diversidad propia de todo pensamiento creador, sin imponer límites propiciadores del alejamiento de quienes coinciden en el objetivo esencial: «Lo que se ha de preguntar no es si piensan como nosotros», porque en un conglomerado humano habrá siempre matices y formulaciones distintas, «sino si sirven a la patria […] con aquel estudio de los componentes del país y el modo de allegarlos en vez de dividirlos» (OC, t. 4, p. 219).
[1]José Martí: Epistolario, compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Pla, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1993, tomo I, p. 429.