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El papel de las tribunas

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tribunas

No es un secreto para nadie que, a nivel mundial, la política en sí misma ha entrado en crisis. Los viejos partidos han perdido buena parte de su credibilidad, mucha gente ya no va a votar, y son cada vez menos los jóvenes que participan. La percepción general es que la política no resuelve nada, que se trata de un show propagandístico guiado por oportunistas corruptos. Las viejas ideologías pierden su brillo y se tornan incomprensibles para las nuevas generaciones de milenials. El tiempo va pasando, y las personas se van entregando a un confortable conformismo apolítico.

Por razones diferentes, aunque no tanto, también en Cuba la política se ha visto en crisis. Esto puede parecer extraño, sobre todo cuando uno recuerda que en Cuba se vive con un sistema nacido de una revolución, y que supuestamente se encuentra en “transición al socialismo”. Además, aquí durante años vivimos desayunando, almorzando y comiendo política, con inmensos discursos de Fidel y horas de pie en la Plaza de la Revolución. En esos años se forjó una larga tradición de conversaciones de política, a la orilla de la mesa de dominó, en la terraza, con los amigos o la familia. De un tiempo para acá, sin embargo, los motores de la política parecen haberse apagado. Las discusiones Barza-Madrid y las conversaciones por imo han ocupado el lugar protagónico.

Pueden detectarse varias causas para este fenómeno. En primer lugar, el pueblo cubano se encuentra hasta cierto punto saturado de política. Fueron muchos años de continuas movilizaciones que al final no culminaron con una mejora de las condiciones económicas. Pero además, se trata de un discurso político que se quedó estancado. La fábrica de símbolos de la revolución cubana tenía un nombre: Fidel Castro. Una vez que Fidel estuvo fuera de la escena, no quedó nadie que pudiese pararse en la tribuna y hacerle parir al espíritu de la revolución nuevas verdades. Esto solo se explica, además, a la luz de los errores cometidos durante años en política de cuadros, que favorecieron el surgimiento de burócratas en lugar de la formación de nuevos políticos.

En esta época que estamos viviendo, pueden observarse algunos indicios que también permiten explicar la crisis de la política en Cuba. Al parecer, nuestra dirigencia, surgida del proceso de actualización del modelo que fomentó Raúl, comparte una concepción relativamente hostil hacia la actividad política como tal. Existe una subestimación, que en parte se relaciona con una concepción economicista que ve en todo acto de masas un mero derroche de combustible. Y también existe la idea de que es más importante dedicar los esfuerzos a la administración racional de los recursos, porque la política es hablar sin resolver nada. Esta manera de pensar, no obstante, puede entenderse como algo natural en cuadros que nunca fueron preparados para la lucha política, que no son políticos.

De arriba a abajo, la sociedad cubana parece imbuida en el espíritu de la posmodernidad, para el que la política y las ideologías son cosa del pasado. Existe un gran escepticismo hacia todo lo que viene de la vida pública. Las personas se encierran masivamente en sus vidas privadas, se desentienden de lo que pasa en las altas esferas. El surgimiento de un fenómeno como lo es “el paquete” se puede entender como un catalizador cultural para la actitud escapista que empieza a predominar entre los cubanos.

La crisis de la política, sin embargo, no tiene otra consecuencia que el abandono por las personas de una de las mejores herramientas de que disponen para defenderse de los peligros y para encauzar su futuro hacia la mejoría. Lo primero que es necesario tener claro, es que la política es una esfera de lo humano hasta ahora tan necesaria e inevitable como lo pueden ser el arte o la religión. Como dijo un gran sabio, tú puedes desocuparte de la política pero la política se ocupará de ti. La indiferencia apolítica tiene como consecuencia política el avance sin problemas del atropello y la explotación.

También constituye un error querer sustituir la política por la administración, confiarse al manejo de los burócratas por desprecio al espectáculo de la lucha política. Sobre eso, vale la pena recordar la distinción que hizo Carl Schmidt de la política como actividad destinada a la diferenciación entre amigos y enemigos. Cualquier acto administrativo, que va “realmente” a resolver un problema concreto, presupone la existencia de una comunidad política. Y la comunidad política no puede darse nunca por sentada: la sociedad produce espontáneamente conflictos, conflictos que deben ser gestionados si se quiere sostener (o destruir) una comunidad política. Este es el trabajo de los políticos. El que va a gobernar debe mantener a los gobernados seguros de que él y no otro es “el bueno”.

¿De qué manera se gestiona un conflicto? O dicho en términos marxistas: ¿de qué manera se construye hegemonía? Ciertamente existen muchos métodos, pero no puede negarse que uno de los más efectivos sigue siendo el uso de la palabra ante un gran público. Ese es el papel de las tribunas, servir de palestra para que pueda efectuarse la lucha política, lucha en la que habrá por supuesto demagogos, pero donde cabe también que líderes comprometidos con sus bases puedan competir con habilidad y vencer a sus adversarios. Una tribuna puede ser física, hecha de concreto, madera o metal, pero puede ser también virtual, y puede tratarse de un blog o de un muro de Facebook.

Los cubanos somos herederos también de la cultura occidental, tenemos un legado que nos viene desde los tiempos de la antigua Roma. Nos ha llegado algo de esa tendencia romana a transformarlo todo en cosa pública, y a defender con argumentos afilados toda posición. La palabra usada al viejo modo occidental, para la construcción de juicios racionales, es una parte integrada de nuestra cultura. Difícilmente podremos desprendernos de nuestra naturaleza discutidora. No tiene mucho sentido que renunciemos a las tribunas como herramienta para la construcción de nuestra comunidad política.

La dirigencia cubana actual parece estar subestimando la necesidad de fortalecer la lucha política e ideológica. Ciertamente necesitamos buenos administradores. Pero uno de los problemas que ha tenido el proceso cubano de actualización es que la dirigencia revolucionaria no ha capitalizado políticamente los cambios, no los ha logrado transformar en un renovado entusiasmo popular hacia el proceso. Lo hizo al principio, pero la ausencia de un discurso político renovado y bien hecho hizo que se perdiera la iniciativa. La costumbre, que ya parece asentada, de leer los discursos- y no leerlos usando un teleprompter, sino al viejo estilo del papelito-, solo ha contribuido a confirmar la percepción popular de que los cuadros cubanos son unos burócratas sin carisma.

Es posible que en China o en Vietnam, con una cultura tan diferente a la nuestra, las cosas hayan sido de otra manera. Pero es una ilusión creer que en Cuba se puede sacar un proceso adelante sin hacer política revolucionaria, sin encender a las masas. Porque sin ese ingrediente la comunidad política va muriendo, y puede llegar el día en que a las masas les sea indiferente lo que ocurra en el gobierno. Entonces podrá pasar como en la Unión Soviética, el derrumbe del sistema sin que nadie haga algo por evitarlo.

Las tribunas son necesarias. Puede ser que nuestra experiencia con las tribunas abiertas de la Batalla de Ideas haya dejado mucho que desear. Pero la batalla de las ideas, en sí misma, sigue siendo imprescindible. Y esa lucha nadie estaría mejor preparado para encabezarla que los políticos revolucionarios de la Cuba futura.

Naciones Unidas y la salud en Cuba

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salud

Las noticias actualmente me llenan de ojerizas por el poder que tienen los medios de comunicación. Casi todo el mundo se convenció del ataque a Irak porque el criminal de Hussein usó armas químicas  y después…nunca aparecieron las armas químicas. Hace poco Trump lanza más de cien cohetazos a Siria; sin tener en cuenta al Congreso, ni al Consejo de Seguridad, porque según dice él usaron armas químicas contra el pueblo. Los grandes medios no preguntan por las pruebas, ni qué lo autoriza a actuar como si hubieran derramado algo en un pasillo en la torre que lleva su nombre. Ya esos medios no hablan más de los cohetazos.

Me sorprende que funcionarios de la ONU,  caracterizados por ser muy medidos en sus declaraciones,  cuando hablan de la salud de Cuba, lo hagan de forma extremadamente elogiosa.

Cristián Morales Fuhrimann, representante en Cuba de las organizaciones Panamericana y Mundial de la Salud (OPS/OMS), en conferencia de prensa con motivo de la celebración del Día Mundial de la Salud, este 7 de abril expresó: “Cuando se hable de una cobertura universal de la salud, del derecho de todas las personas a recibir atención médica sin distinción, Cuba es ejemplo, en tanto promueve un sistema también equitativo, accesible y en transformación constante para satisfacer las necesidades de la población e incrementar su calidad de vida. El funcionario elogió los resultados del país, llevando los servicios de salud a cada rincón de la geografía cubana, aun cuando a nivel mundial la mitad de la población carece del acceso a este tipo de servicios o tiene que destinar cuantiosas cantidades de dinero para recibirlos”.

Ahora el Director General de la OMS doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha dicho en La Habana: “No puedo más que agradecer a Cuba por el sistema de salud modelo que tiene, que lo hace situarse entre los mejores del mundo”. Añadió que aunque es un derecho humano “más de la mitad del mundo carece de servicios médicos”

Carissa Etienne, directora del a Organización Panamericana dela Salud añadió: “Más de la  tercera parte de los habitantes de esta región no tienen acceso a los servicios de salud integrales. En los años 2013 y 2014 se produjeron más de 1,2 millones de muertes que hubieran podido evitarse”

Sé que la salud en Cuba ha dado un cambio de 180 grados después de 1959 (lo he vivido), pero lo dicen estos numeritos: En 1958 contábamos con 1076 habitantes por médico (mucho menor en La Habana y las capitales de provincia y mucho mayor en el campo); en 1970 teníamos 1393 (recuerden que en los primeros años de la Revolución se llevaron la mitad de nuestros médicos), pero con los 3000 patriotas que no se fueron, trabajamos y trabajamos y hoy tenemos 125 habitantes por médico.

Bueno, pensé, muchos en La Joven Cuba comentan que han pasado 60 años, que el mundo ha cambiado, que esas comparaciones no son válidas. Estos directivos de la ONU viajan por el mundo, pero… ¿no estarán influenciados por los medios cubanos, porque dicen lo mismo que Granma y la Mesa Redonda? Entonces me dio por buscar en Internet la situación de la salud en varios países (no dispongo de mucho tiempo). Busqué países de los que en este blog alaban porque son democráticos, tienen muchos partidos, eligen al presidente directamente y creo que “esa democracia” debe servir para algo y no tienen bloqueo de la nación de mayores recursos técnicos en la salud. Me encontré lo siguiente:

http://hoy.com.do/sistema-salud-publica-de-rd-esta-plagado-de-deficiencias/

La salud pública de la República Dominicana es altamente deficiente, lo que se evidencia por una alta mortalidad de pacientes, por la falta de equipos o medicamentos en los hospitales, debilidad en la atención y bajos niveles de calidad. (…)
Esos conceptos fueron emitidos ayer por el doctor Fulgencio Severino en el panel sobre la “Situación y perspectiva de la salud pública en el país”, organizado por el Centro Bonó. (…)Sostuvo que no se le puede decir a una persona de Elías Piña que cada vez que quiera un servicio se traslade a la capital “porque se va a morir en el camino y no puede ser y si busca una ambulancia tienen que pagarle viáticos al chofer y echar gasolina”.

http://www.ssm.gob.mx/portal/pdf/Informe%20Ejecutivo%20SPSS%202016.pdf

(..) Estas cifras nos indican que en México todavía hay más de 30 millones de personas sin protección social en salud. Esta población recurre, para atender sus necesidades de salud, a los servicios de la SSa, los SESA e IMSS-O. Alrededor de 24 millones se consideran responsabilidad de la SSa y los SESA, y alrededor de siete millones se atienden en las unidades del programa IMSS-O.

https://www.elconfidencial.com/mundo/2015-09-07/sanidad-publica-en-brasil-una-odisea-con-tintes-de-pesadilla_1001446/

“Las personas enferman por el hambre, por la falta de saneamiento, y cuando buscan ayuda en hospitales, cargan sobre nosotros sus frustraciones. La violencia es una constante en los centros médicos brasileños, sobre todo en los que se encuentran cerca de favelas en guerra. Isabela, una Mir procedente del Nordeste, trabajaba hasta hace dos meses en un centro de la periferia de Río de Janeiro. Acaba de dejar su trabajo. “Había un tiroteo por día. Nos pasábamos el tiempo debajo de una mesa esperando que los tiros acabasen pronto. No hay derecho, no se puede trabajar en estas condiciones. Yo lo siento por los pacientes que he dejado atrás, pero no quiero morir por ejercer mi profesión”, reconoce Isabela.

A esta situación de crisis constante, se suma una falta crónica de médicos, por una falla en la planificación desde el Estado Federal. Es una lacra que el Gobierno de Dilma Rousseff ha intentado paliar con la ‘importación’ de facultativos desde Cuba a través del programa ‘Más médicos’. Desde que arrancó hace dos años, este programa ha traído a Brasil a 18.240 profesionales, en su mayoría médicos de cabecera que trabajan en las áreas rurales deprimidas del norte y el nordeste del país. (Cuando llegué a aquí, pensé… ¿será por esto que está preso Lula?)

La razón de este programa, ampliamente criticado por la oposición (¡Qué democracia!)  y por muchos médicos brasileños, radica en la esencia elitista de la universidad brasileña. A pesar de los avances de la era del PT, hoy solo el 11% de la población llega a la universidad, y eso que en la última década se ha duplicado la población universitaria en el país tropical. Estudiar medicina a día de hoy sigue siendo un privilegio para las clases altas.”

A esto que viene a continuación no le tomé el link, pero puedo asegurarles que no ocurre en el país de un solo partido y sin democracia que “dicen que es  Cuba”:

“La mortalidad materna, neonatal, infantil y en la niñez ha tendido al descenso alcanzando los valores más bajos del decenio; sin embargo, estas muertes son evitables, innecesarias y consideradas injustas. Se proyecta que manteniendo las variables constantes, para 2020 su comportamiento continuará decreciente.

Variables como la ubicación geográfica, la etnia, la pobreza y el porcentaje de analfabetismo han demostrado ser determinantes de estas muertes; por lo tanto, su intervención debe estar enfocada al mejoramiento de las condiciones sociales que generan brechas de desigualdad.”

Resulta evidente, los funcionarios de la OMS y la OPS no hacen esas declaraciones porque lean Granma o vean la Mesa Redonda, sino porque recorren muchos “países democráticos” y saben la situación que tiene en ellos la atención a la salud de la población que no dista mucho de la que tenía Cuba hace 60 años.

Prohibir o autorizar

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Cuando un ambicioso macho alfa de una manada de pitecántropos decidía formar un nuevo clan con sus hembras favoritas y algunos machos guatacones,  empezaba a imponer prohibiciones a sus subordinados que coartaran su libre albedrío y limitaran el relajo. Para lograrlo apelaba a gruñidos, cocotazos y puntapiés, pues todavía no se habían inventado las leyes, decretos y cartas circulares. Pura violencia física animal como antecedente de la futura coerción cultural propia del homo sapiens.

Cuando surgieron los estados, las prohibiciones se perfeccionaron y fueron aplicadas al campo de la economía y la política, siempre con tino, para no matar la libre iniciativa de las personas que concurrían al mercado y cooperaban entre sí de manera natural, aún en sociedades sin dinero, pero bien administradas, como la del Antiguo Egipto, que no en balde duró algo más de dos mil años. Por lo general, siempre se prohíbe lo que es pernicioso para la supervivencia de la sociedad y se deja hacer todo lo demás. Mas, ¿qué ocurre cuando en una sociedad se parte de prohibirlo casi todo y autorizar solo lo que parezca bien a los gobernantes? Veamos el caso cubano de nuestros días.

Desde los 60, el estado cubano llevó el proceso de socialización de la producción a niveles extremos, incluso en los marcos de la antigua comunidad socialista. Así, casi toda la economía se estatizó y se rigió por orientaciones venidas del nivel central –soy reacio a denominar plana lo que realmente fueron directivas sin un basamento científico y no negociadas con los colectivos laborales. Este modo de pensar pronto se extendió a todo el universo sociocultural y se instaló sólidamente en el subconsciente colectivo, al punto en que la gente se acostumbró a preguntar siempre si está autorizado a hacer algo, cualquier cosa, antes de actuar.

Tal es así que, como tendencia principal, los cubanos no empujan las puertas para entrar a un establecimiento público porque le temen a la ira de los custodios y empleados;  no preguntan por qué no se vende carne de res por la libre aunque ya no viene por la libreta hace veinte años; tampoco responden lo que piensan cuando les preguntan su opinión y prefieren que les digan primero de qué va eso para no meterse en problemas; y menos todavía osan criticar a las autoridades de cualquier nivel, aun cuando el discurso oficial insista en la necesidad de entrarle a la solución de los problemas con la manga al codo.

En el campo económico esto es fatal. El problema no es de propiedad privada o social, sino de que la burocracia fosilizada pretende seguir dictándole pautas sobre el más mínimo detalle de la producción, circulación, cambio y consumo a todos los productores: estatales, cooperativos, o privados. Para ello no cesa de poner nuevas trabas a cada solución, en pos de no perder los monopolios alcanzados tras tantos años de estructuración burocrática de los asuntos, que torna asfixiante el entorno económico dondequiera que se mire.

Tanto el jefe de núcleo familiar que pretende poner una cafetería en el portal para completar sus ingresos del mes, el obrero que quiere reorganizar la línea de producción para hacerla más eficiente, el científico que tiene tres patentes de garbanzos cubanos y quiere producirlos para no comprárselos más a Turquía, o el empresario extranjero que viene a instalarse en la Zona de Desarrollo del Mariel; todos chocan con la pachorraburocrática para tramitar cualquier asunto y, al final, autorizan solo algunos de manera excepcional, para que no digan.

Si de verdad el gobierno quiere desarrollar las fuerzas productivas tendrá que mirar más hacia adentro, abrirle cauces a lo que tiene disponible en el país y dejar que crezca el mercado interno. El mundo se está haciendo cada vez más proteccionista y parece que ahora es que algunos añoran las supuestas libertades del mercado global. Mejor es estimular las libertades de los sujetos económicos internos que soñar con un maná que nos caerá del cielo. Ojalá empecemos a ver listas de prohibiciones y no de autorizaciones.

Atendiendo las diferencias individuales

La didáctica, ciencia de la enseñanza, tiene entre sus principios el de la atención a las diferencias individuales. Hay que partir del hecho de que el profesor encontrará, dentro de un mismo grupo, a estudiantes con diversos niveles de aprendizaje, en algunos casos por encima y en otros por debajo de la media grupal. Debe entonces dirigirse, en el proceso docente, hacia todos los tipos de alumnos.

Me considero maestra por vocación. Es por ello que no he tomado como un acto de mala fe el criterio de un lector del blog LJC –de los que no escribe en los comentarios sino en su muro de Facebook– que evidentemente necesita una demostración mucho más pormenorizada del siguiente argumento: “¿Dónde estaba fijada la línea cuando aceptamos el alineamiento con la URSS luego de que ese país negociara con el gobierno norteamericano la retirada de los misiles sin incluir a Cuba en la mesa de conversaciones?” (Ver en El ojo de Sauron).

Tras la crisis de los misiles y un período de relativo enfriamiento de las relaciones entre ambos países, nunca ruptura, ocurrieron todas estas formas de alineamiento que me permito utilizar como tesis individuales, y que, por sí solas, pudieran abrirse en nuevas fundamentaciones:

  • Alineamiento legal: en nuestra constitución de 1976 se declaraba explícitamente la relación con la URSS, a pesar que en la letra de una constitución no se debe mencionar a otro país.
  • Alineamiento económico: Cuba dependió económicamente de la URSS, lo que se acentuó desde su entrada al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). Recibíamos petróleo en grandes cantidades y exportábamos azúcar. El desarrollo de una rama como el turismo, que comenzó su auge en la región caribeña desde los setenta, no se admitió en nuestro país hasta después de la caída del campo socialista, con la consiguiente llegada tarde a ese proceso. Fuimos un gran mercado receptor de mercancías provenientes de la URSS y el campo socialista. El 85 porciento de nuestros intercambios comerciales era con ellos.
  • Alineamiento tecnológico: Recibíamos del campo socialista las tecnologías y piezas de repuesto. La dependencia del petróleo soviético, que tomábamos a precios inferiores que los del mercado mundial tras el boom del alza por la crisis energética de 1973, no conllevó a que requiriéramos una tecnología ahorradora y mucho menos competitiva, lo que sería fatal tras el derrumbe.
  • Alineamiento militar: Cuba no perteneció nunca al Pacto de Varsovia, pero recibió de la URSS tecnología militar, capacitación de oficiales, llegada de asesores militares y de una base de telecomunicaciones cerca de San Antonio de los baños.
  • Alineamiento ideológico: La enseñanza del marxismo leninismo a través de manuales soviéticos con la consiguiente carga de dogmas que aún se mantienen vivos. La existencia de asesores soviéticos en los departamentos de filosofía de casi todo el país (tengo vivencias personales en la facultad de Marxismo-Leninismo e Historia del Instituto Superior Pedagógico Juan Marinello de Matanzas).
  • Alineamiento cultural: Productos culturales como cinematografía, literatura y prensa provenientes del campo socialista, fueron muy influyentes hasta la caída del mismo.
  • Alineamiento en política exterior: Reitero el caso de Checoslovaquia, especie de parteaguas que escindió a la izquierda y que no fue condenado por nosotros. Cuba apoyó de manera incondicional a la URSS y al campo socialista en todos los foros mundiales. En honor a la verdad, quizás en esta esfera estuvieron las mayores diferencias con los soviéticos, aunque muy bien camufladas para el exterior. Estos últimos no aceptaban, si bien se cuidaron siempre de que no trascendiera públicamente, el apoyo de Cuba a la guerra de guerrillas en América. A la larga, y después de muchos gastos, Cuba debió abandonar esa estrategia y hoy funge como mediadora de conflictos entre el gobierno y la guerrilla colombiana.

La comunión con los soviéticos fue de tal magnitud que aún hoy, tras casi treinta años de la desaparición de la URSS, seguimos acunando como hijo propio al modelo burocrático de socialismo que colapsó allí.

Si tras estos argumentos el lector de marras insiste en afirmar que el alineamiento con los soviéticos es una invención, ya esto pasaría al campo de la fe, y no al de la didáctica, que como dije, es una ciencia.

Una bandera entre los muros

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Por estos días se remueve una vez más el terreno de la blogosfera cubana. Al parecer, está de moda que respetables intelectuales hagan gala de providencial miopía y se dediquen a pedir que caiga maná de los cielos. Es hora de hacerlos salir de su burbuja: no, señores intelectuales, este año tampoco hará su aparición el elefante rosa.

Los años ciertamente van pasando, y ya parecen acumularse bastantes desde que La Joven Cuba (LJC) hizo su aparición en el terreno público. En aquel momento, el blog le dio voz a una clase específica de personas: aquellos revolucionarios cubanos de izquierda que se sentían inconformes con algunas de las situaciones que enfrentaba el país, y que querían escuchar algo más que la monolítica letanía de las consignas. Pero por sobre todo, sentó el precedente de que ser revolucionario y defensor de la revolución cubana no está reñido con alzar una voz propia. Desde mi punto de vista, ese es el mayor mérito de La Joven Cuba.

Me parece que con lo que voy a decir a continuación estoy repitiendo algo obvio, pero lo voy a hacer de todas formas. Cuba es un país en permanente estado de excepción, un país en conflicto controlado con la mayor potencia que conoce la historia. Algunos podrán creer que el gobierno cubano es tan malo que se merece el conflicto -lógica mezquina, ya que el pueblo es quien pone las víctimas-, pero lo que nadie podrá borrar es que el conflicto surgió porque el establishment norteamericano nunca aceptó el supremo acto de libertad que fue la revolución de hace sesenta años.

¿Acaso alguien cree que el pueblo cubano iba a poder ser libre sin eliminar la dependencia económica que tenía con Estados Unidos? Esta es la verdad, y existe una gigantesca contradicción en que justamente quienes negaron nuestra libertad quieran proponerse hoy como sus defensores.

Muchos excelsos intelectuales hoy nos invitan a pensar a Cuba sin meter a Estados Unidos en el asunto. Pero la verdad es que ese país se mete materialmente en la vida de nuestro país, y que dejarlo fuera con un simple proceso del pensamiento sería la mayor falacia en la que se pudiera caer. Existe una cosa que se llama razón de Estado. Para Cuba, aceptar el modelo liberal de sociedad implicaría reconocer que no tiene libertad para elegir su modelo de sociedad. Sería bajar la cabeza.

Por todas esas razones, ejercer la crítica y el activismo dentro de Cuba precisa de una inmensa responsabilidad. Es muy difícil no dejarse arrastrar por los esquemas de “todo es blanco” o “todo es negro”. Para las nuevas generaciones, y para todos aquellos que se sienten jóvenes de espíritu, el reto es no renunciar al sueño de una continua renovación de la esperanza. Los inquietos jóvenes revolucionarios cubanos, indignados por lo mal hecho a su alrededor, deben alzar su propia bandera, si es que pretenden algún día ser dignos por sus propios méritos. Pero deben hacerlo sin perder la cabeza, sin olvidar que vivimos entre muros. Como es bien sabido, la vida dentro de una ciudad bajo asedio se torna difícil, y cualquiera puede caer víctima de las sospechas.

Uno puede tener sus opiniones personales sobre la calidad de los textos de La Joven Cuba, o sobre Harold Cárdenas, uno de sus editores. A todos nos han hecho ver ciertas fotos, noticias de una beca, etc. Pero La Joven Cuba, por vocación propia, representa algo más que la persona de sus editores. Me atrevería a decir que le pertenece ya también a todos aquellos que se sintieron inspirados por ella en algún momento. LJC fue el proyecto pionero en el surgimiento de una nueva ola de movimientos renovadores en la izquierda cubana. Es por ello que quien escribe estas líneas se siente orgulloso de ser un autor más de los que han pasado por ese blog.

Si de algo pudiera servir esta nueva escaramuza, es para llamarnos la atención de la necesidad, también en Cuba, de una contraofensiva de la izquierda. Los dorados días en los que íbamos de cambio en cambio, con la esperanza de sacar el país adelante, parecen haber quedado atrás. Ahora, se construyen con fuerza nuevos sentidos comunes tanto en el lado de los extremistas que pululan por las instituciones como del lado de la vieja derecha. Es por eso que hace falta reunir a las fuerzas, librarnos de todo lo que sea lastre y atacar.

A nuestros queridos intelectuales, autores de un dossier sobre LJC en Cuba Posible, no queda más remedio que decirles: no, señores, todavía no se van a unir el Mar del Sur y el Mar del Norte, ni va a nacer una serpiente del huevo de un águila.

El mensaje actual

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Apenas un tercio de la población cubana tiene acceso regular a internet. De ella, la inmensa mayoría  lo usa para redes sociales, Imo y fines académicos. El espacio que queda para los blogs es apenas muy reducido. Siendo así, ¿a dónde llegan los mensajes y debates de estos espacios alternativos? ¿Qué efecto pueden tener en la vida política nacional? ¿Lo aprovechamos racionalmente?

Entre las cosas que están claras, es que los blogs vienen a satisfacer la necesidad de polémica y pluralidad de criterios que los medios tradicionales no cubren, por razones que no vale la pena mencionar. Una de las esencias de estos es enriquecer el proceso de construcción social en Cuba a partir de cierto debate responsable.

¿Qué hacemos con estos espacios conquistados en la red? Los cubanos tenemos muchas virtudes, pero últimamente no hemos formado mucha cultura de debate y eso nos está pasando la cuenta, convirtiendo estos espacios en arena para el descrédito de otros.

No sé si los orígenes de eso está en el autoritarismo de algunos -quiero pensar que sí y que no es algo propio del cubano-, pero lo cierto es que no quedó muy claro lo que era -lo de dentro de la Revolución- y muchos se están aprovechando de eso para ejercer su poco poder de diálogo.

Por suerte hay sectores no tan extremistas que aceptan posturas alternativas y se presentan bastante abiertos en materia de criterios políticos. Sin embargo, lo que ocurre es que muy pocos están dispuestos -según la doctrina de dentro de la Revolución todo- a dialogar con los que están “fuera” de esta. Es ahí donde se acusa de contrarrevolucionarios a cualquiera y se dice que no se tiene nada que hablar con ese, y toda una serie de encadenamientos basados en el dime con quién andas.

Lo anterior me conduce a otra pregunta, ¿hay límites estrechos para el diálogo o es que realmente no sabemos hacerlo? El resultado es que cada cierto tiempo (ya se puede hacer una función matemática para registrarlo) ocurren querellas en los espacios alternativos y comienzan las acusaciones.

Mi opinión como miembro de La Joven Cuba es no dejar que eso nos distraiga de los verdaderos problemas

No se puede andar por ahí diciéndole contrarrevolucionario (o reformista según el caso) a todo el que tenga pensamiento crítico o sea un idealista de la libertad que hoy en Cuba no podemos permitirnos. Por eso apoyo que se deba uno defender de los ataques y considero legítima la respuesta de Osmany ante lo acontecido recientemente con las críticas hechas por Cuba Posible. Ahora, mi opinión como parte de La Joven Cuba, es el llamado a no dejar que eso distraiga la atención de los verdaderos problemas. No somos hinchas de un club de futbol que juegan a agredirse con otros, somos cubanos con la responsabilidad de trasmitir un mensaje.

Mientras esto transcurre, sigue ese modelo que no se actualiza, ese nuevo hotel en construcción en el Vedado -que es para preocuparse-, algunos disidentes revueltos y pares de corruptos sueltos. Eso es suficiente como para no dedicarle tiempo a andar  diciendo que este o aquel es tal adjetivo, solo porque no le gusta o no está de acuerdo con cómo se hacen las cosas en Cuba. O mejor dicho, porque no somos del mismo séquito.

Si nuestro alcance sobre la población en general no es muy amplio, no enfoquemos la labor política en etiquetas y fraseologías, eso puede convertirse en la venda que no nos deje ver el bosque. El poder de la comunicación y el ejercicio del criterio debemos usarlo para enriquecer nuestra cultura política y aprovecharlo racionalmente en debates fértiles. Ese debe ser el contenido de los mensajes que se intenten trasmitir.

La defensa es válida siempre que no desvíen  los objetivos del combate. ¡Ya se verá quienes son los verdaderos revolucionarios!

El dilema de los empresarios

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Yamil Lage | AFP | Getty Images

La solución racional al tema de la empresa privada cubana parece estar en la misma carpeta de asuntos pendientes que la nueva constitución y otras propuestas de leyes postergadas en la ANPP, la supresión del perjudicial impuesto al dólar en la CADECA, o la eliminación de la dualidad monetaria, pero: ¿quién le pone el cascabel al gato? Si bien el tema es poco abordado en los medios, los académicos lo reiteran en entrevistas, artículos y libros,[1] mientras que los aspirantes a empresarios lo reclaman a la menor oportunidad.

Aunque desde el 2009 comenzaron a ser emitidas licencias a vendedores de alimentos y se empezaron estudios para transferir pequeños servicios y producciones a cooperativas, fue la publicación de aquella lista de autorizaciones del 2011, que parecía un censo de ocupaciones de una aldea feudal lo que abrió las puertas decisivamente a la formalización de actividades económicas que se venían haciendo ilegalmente.

Con este paso el estado obtuvo una fuente adicional de ingresos fiscales a personas naturales que no serían reconocidas como empresarias y, por tanto, no tendrían los deberes y derechos de las personas jurídicas. En aquel momento pocos advirtieron los pros y los contras de esa decisión, tanto para los TCP y los consumidores como para el propio estado.

Pronto la reproducción ampliada capitalista y la competencia entre los productores hicieron lo suyo: los más débiles  quebraron y los prósperos crecieron. Hoy, los sectores del turismo, la gastronomía y la producción agropecuaria están sostenidos sobre la base de miles de fincas, hostales y paladares que explotan fuerza de trabajo asalariada y de las cuales depende toda una red de proveedores y agentes que actúan en la economía formal y la sumergida con probada eficacia.

Con más de medio millón de ocupados oficiales y sabe Dios cuantos por la izquierda, este sector privado de pymes cubanas parece haber llegado para quedarse. Aunque se discute mucho sobre sus ventajas y desventajas respecto al sector estatal, hay al menos una que salta a la vista y el gobierno parece obviar en sus análisis. Si la mayoría de los estudiosos estiman que la mitad del ingreso por remesas se convierte en capital de trabajo para este sector, entonces debe haber recibido casi mil millones de dólares en 2017. Más del doble que el monto total de las  inversiones estatales declaradas por la ONEI en ese año.

Y problema más grave con eso para los cálculos de la hacienda pública es que esos préstamos productivos hay que devolverlos con su interés correspondiente, o pagarles sus dividendos a los familiares y socios que pusieron el capital. Si es así es posible que hoy estén saliendo para el exterior cientos de millones de dólares y euros que el estado cubano no ve pasar.

Si pudieran estimarse los millones que se llevan los ahora nombrados oficialmente turistas comerciales cubanos para traer de afuera lo que las TRD no venden dentro, más los pagos puntuales de la renegociada deuda externa, es posible incluso que Cuba sea una exportadora neta de capital. A esto se añade que los inversionistas extranjeros no acaban de alumbrarnos con su maná de dinero fresco, a pesar de leyes, ferias y apelaciones a la agilización de los contratos trabados por la burocracia.

Quizás la formalización jurídica de las pymes, con su correspondiente mercado mayorista y de créditos, cree mejores condiciones para fiscalizar las fuentes de sus inversiones, ingresos y gastos. Así se situarían en el lugar que les corresponde en una economía mixta donde el sector estatal socialista se focalice en lo que siempre se declara y nunca se cumple: impulsar las áreas claves, de alto nivel de socialización de la producción, donde se concentran los indefinidos medios de producción fundamentales.

[1]Un buen ejemplo es el compendio “Miradas a la economía cubana”, de Omar Everleny y Ricardo Torres, Edit. Caminos, 2016.

El ojo de Sauron

Me encanta Tolkien. Releo El señor de los anillos cuando necesito descansar, tras editar o escribir durante horas. Se dice que el texto contiene una serie de símbolos que hacen reconocible la Europa de la época del fascismo. Pero una obra es universal si trasciende su contexto. Debe ser cierto, pues en los últimos días una imagen ha venido a mi mente de forma recurrente al ver cómo se ha tratado de manipular y estimular la diferencia de criterios ideológicos entre Cuba Posible y el blog La Joven Cuba.

En una torre muy alta, un ojo sin párpado, con la pupila en llamas, mira a lo lejos. Se siente amenazado y no sabe dónde está el peligro, así que desconfía de todos y a todos amenaza. No logro apartar esa descripción cuando percibo cuán vivas están las antiguas costumbres que fijan posiciones inmutables, cercados de ideas, en el campo ideológico.

Esas posturas desconocen el apotegma filosófico que afirma que cualquier principio, cuando es llevado a su máxima expresión, se convierte en su contrario. Olvidan además que los posicionamientos ideológicos que les exigen fijar a otros para ser considerados confiables, han sido muchas veces relegados por ellos cuando ha convenido.

¿Dónde estaba fijada la línea cuando aceptamos el  alineamiento con la URSS luego de que ese país negociara con el gobierno norteamericano la retirada de los misiles sin incluir a  Cuba en la mesa de conversaciones?, ¿dónde cuando hace medio siglo hicimos a un lado el principio de soberanía y no injerencia en los asuntos de otras naciones y no condenamos la intervención soviética en Checoslovaquia? Historiadora al fin, no puedo dejar de recurrir a un interesante intercambio epistolar, de diciembre de 1935, entre Pablo de la Torriente Brau y Raúl Roa, ambos simpatizantes de la línea del Partido Comunista, aunque sin ser miembros.

Sus cartas permiten ilustrar uno de aquellos momentos en que la línea se borraba. A Pablo le preocupaban algunos acercamientos recientes del Partido hacia sectores políticos no revolucionarios y los argumentos débiles que manejaba para hacerlo. “Porque yo creo que la dialéctica también tiene moral”, escribió. “Para nosotros la dialéctica debe ser una espada flexible: flexible, pero de acero. Y siempre una espada”.[1] No se dijo en qué consistían los “acercamientos” del Partido, ni cuáles eran los “sectores políticos no revolucionarios” con los que se producían; a pesar de ello, las alianzas posteriores con Batista permiten llenar estos vacíos.

La cruzada ideológica de la que se ocupan cada día los habitantes de la torre en permanente vigilia, los torna más dogmáticos e incapaces de ejercer la crítica con objetividad. Se muestran de ese modo insensibles a las necesidades inmediatas del pueblo al que dicen representar. Esto explica que no dediquen el menor espacio a nuestros problemas internos. Tampoco se atreven a analizar los de sus aliados ideológicos, por graves que estos sean.

La respuesta a su cruzada no se ha hecho esperar, y se aprecia entre otros hechos en la disminución de la cantidad de visitas que tienen. Si la gente va a pagar muy caro el acceso a internet, ¿qué sitios visitará?, ¿aquellos donde percibe que se dirimen sus preocupaciones y se analiza el complejo panorama de Cuba; o los que, provistos de un catalejo, solo pueden ver las dificultades de otros?

Y hablando de cadáveres políticos. ¿La respuesta de sus lectores no los alerta de que ha ocurrido un agotamiento de su estrategia?, de que no convencen con los deslucidos expedientes de almacenar correos y fotos para intentar desacreditar a los que indudablemente van ganando en credibilidad, porque quien no es capaz de cambiar de opinión no puede cambiar nada. Sí, es una frase de Churchill pero muy atinada.

Consideraron al 2017 como “el año que vivimos en peligro”, pues el cambio perceptible del enemigo exterior hacia nosotros debilitó la noción de plaza sitiada de la que tanto gustan por puro sentido utilitario; y dieron así la espalda a Martí que entendía que “Ni la política ha de ser arte de escarceos, retazos y tráficos, ni es digno de la confianza de su país el que mira más a parecer bien a sus adversarios, -por su seguridad y gloria de hombre hábil,- que a intentar y realizar todas las mejoras que crea beneficiosas a su pueblo”.

En un lúcido discurso pronunciado el año 2005 en la Universidad de La Habana, Fidel reconocía la posibilidad de que el proceso revolucionario pudiera ser derrotado desde dentro.[2] Hacia ello tienden aptitudes como las de los eternos guardianes de la fe que intentan echar leña al fuego ideológico de los medios digitales y no distinguen la punta de su meñique.

Adoro a Tolkien ¿Recuerdan el final de El señor de los anillos? La pupila llameante del ojo sin párpado que escrutaba la lejanía, mirando a lo lejos, cada vez más lejos, sintiéndose superior a todos; sin percatarse de que la destrucción estaba muy cerca, detrás de él, en la mano de un pequeñito de pies peludos que portaba el anillo único.

[1]Citada por Fernando Martínez Heredia en “El héroe romántico de la revolución proletaria”, La Revolución Cubana  del 30 Ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2012, pp.183-184.

[2]Discurso pronunciado en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, con motivo del aniversario de su matricula al alto centro de estudios.