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Amartya Sen y las libertades positivas de los cubanos

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Creo que el único caso de un filósofo que ha obtenido el Premio Nobel de Economía es el de Amartya Sen, en 1998. El bengalí lo obtuvo precisamente por unir la reflexión filosófica a la económica y hacer importantes aportes a los estudios de la pobreza/bienestar, la desigualdad y el desarrollo, que superaron los estudios tradicionales basados en los índices económicos y se introdujeron en el mundo de la subjetividad humana donde el rol de lo simbólico es fundamental.

Su hallazgo científico más importante es la Teoría de las capacidades humanas, aquellas de las que cada persona dispondría para poder convertir sus derechos en libertades reales, que clasifica en positivas -capacidad real de una persona de ser o de hacer algo-, y negativas, que se expresan simplemente como la no interferencia y son las más comunes en la economía y la política. Por eso sostiene que un gobierno tiene que ser juzgado en función de las capacidades reales concretas de sus ciudadanos.

Si se aplica  esta teoría a los asuntos cubanos muchos aspectos relevantes salen  a la luz. En primer lugar, se aprecia el interés de la revolución triunfante por dotar a la mayoría del pueblo de los recursos indispensables para hacer valer sus derechos mediante el fomento de la salud, educación, alimentación, vivienda, seguridad social y participación activa en las tareas sociales. Para ello se usó lo que el propio Amartya Sen llamó el Estado Providencia, garante del empoderamiento de los sectores tradicionalmente excluidos, que implementó medidas favorecedoras como fueron: la rebaja de alquileres; el racionamiento, que garantizó la adquisición de productos alimenticios e industriales para todos; el plan de becas, que permitió la llegada de los pobres hasta la universidad; y la realización de grandes proyectos económico-sociales –unos brillantes, otros descabellados? a los que se incorporaron, de manera consciente, miles de cubanos y cubanas.

Pero en la medida que crecieron las expectativas individuales y familiares y el estado socialista fue asumiendo un modelo burocrático, este fomento de las libertades reales fue inclinándose hacia las libertades negativas y dejando a un lado las positivas. Muestra de ello es que si bien al inicio se abrieron posibilidades para que los individuos se superaran y lograran de ese modo ascender en la escala social, hoy la movilidad social se basa más en el sociolismo propio de la casta burocrática, la riqueza material disponible y el capital simbólico familiar que en el mérito individual.

Así la burocracia, como antes la oligarquía, garantiza la reproducción cultural de su clase y limita el empoderamiento de los trabajadores. Prueba de ello es que cada día más las universidades cubanas se blanquean, feminizan desproporcionadamente y se vacían de hijos de obreros y campesinos ya que la mayoría de los jóvenes pobres, negros y mulatos, tiene que trabajar desde temprano -casi siempre en el sector privado e informal-, para poder cumplir sus funciones básicas de proveedor, lo cual limita la realización de sus capacidades reales como individuo.

Por otra parte, en el plano económico, las retrancas burocráticas para pagar acorde al trabajo, de las que se habla tanto en la sobremesa familiar como en los discursos de la dirección del país, han puesto en crisis las libertades reales de los trabajadores del mayoritario sector estatal para vivir de los ingresos provenientes de su trabajo honesto y  actúan como fuerzas centrífugas que provocan el éxodo de especialistas de alto nivel y de jóvenes prometedores que se van a cualquier país –haya o no Ley de Ajuste Cubano? en pos de escenarios donde consideran que podrán poner en práctica sus libertades positivas, irrealizables en el entorno social cubano actual.

El estado socialista cubano tiene todo el poder, material y simbólico, para ser el vehículo conductor de las capacidades reales concretas de sus ciudadanos y ciudadanas ?en su inmensa mayoría, sanos, talentosos y emprendedores?, solo falta que la burocracia acabe de abrir las compuertas para la realización plena de las libertades positivas de Amartya Sen.

Para educar en Antígona

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antigona

Si te amo no es por la ciudad sitiada,
ni por el enemigo eterno,
ni por todos los dioses grandes,
ni por tus palabras y el mar,
es porque no tengo miedo,
es porque soy libre,  
incluso de ti,
tienes que entenderlo.

Y si aún te sueño,
con las dudas sin traducir en otros signos,
con la mirada limpia y los dedos rotos llenos de iniciales,
si desde el vagón de un tren siberiano
extraviado en el Caribe escribo cartas para ella,
es porque soy un ciudadano,
tienes que entenderlo.

Para buscar la felicidad no puedo ser un súbdito,
que de miedos y silencios no se hacen las mañanas,
soy una isla,
toda la isla,
y sublevo, contumaz,
contra la noche entera que acecha,
los mendrugos de luz hallados,
la alegría sin vértigo,
de eso trata el coraje sin dedal,
la serena confianza.
Soy un ciudadano,
tienes que entenderlo.

Cuenta propia o privado

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Paladar Vistamar de noche

Relata García Márquez, que los Buendía, cuando perdieron la memoria pusieron a las cosas un papel con su nombre para recordarlo. En la Cuba de hoy todavía hay cosas que no llamamos por su nombre. ¿Será necesario que nos acerquemos a Macondo y tengamos que pegarle a cada una también un papel?

Se pudo apreciar desde el inicio del llamado período especial una apertura en la economía, pero no es hasta el año 2011 que esta se ve con más fuerza,  dando paso a nuevas formas de gestión, y sobre todo de propiedad. Así surgieron una serie de negocios que van desde el tradicional zapatero, hasta bares y restaurantes.

Con todo esto, se consigue pensar que hubo cambios favorables a “la salud macroeconómica” del país y principalmente para las cuentas del estado cubano. Rápidamente, alrededor de medio millón de trabajadores salieron del sector estatal y hoy rondan el millón los que se encuentran bajo la conocida forma “por cuenta propia”. Esto hizo que el estado pudiera ahorrar una buena suma de dinero en salarios, que ahora corrían por cuenta propia.

Lo otro significativo fue que este nuevo sector, sobre todo el de la parte de los servicios, se figuraba como un gran pie de apoyo a la necesaria infraestructura que demandaba una ascendente cuota de turismo foráneo: habitaciones, cafeterías, etc.

Lo mencionado, eran los temas en boga en academia y espacios de debate cuando se respiraba el aire de la panacea del cuentapropismo. Sin embargo, tanta euforia y la conveniencia seguida del servilismo de los fraseólogos, no dejaron que voces con conciencia (o al menos conocimiento) elevaran lo suficiente las inquietudes. Así pasó por alto algo muy importante: ¿era el dueño de un restaurante de éxito un cuentapropista?

Parece que sí, realmente la ideología es una falsa conciencia, y por desgracia a veces la confundimos con fundamentalismos. Ese mismo fundamentalismo hizo que se negara un fenómeno que ni las leyes (jurídicas) reconocían: la propiedad privada en Cuba.

Es necesaria hacer una distinción: la del cuentapropista del privado. Para sorpresa de muchos, nuestro “ideología socialista” diferencia muy bien la propiedad personal de la privada. Creo que sigue siendo bastante claro: la contratación de fuerza de trabajo, condiciona la propiedad privada. Me parece redundante decirle al lector, pero hay que recordar ese emblemático Capítulo 24 de El Capital que ni siquiera me tomaré el trabajo de referenciar, donde se explica el hecho de que haya un hombre que no posea medios de producción (en el sentido que muchos lo entienden)(1) que vende su fuerza de trabajo a otro que sí los tiene. Eso se llama capitalismo, y elemental, es propiedad privada CAPITALISTA. Y digo capitalista porque claro está que no es feudal ni esclavista, no se piense que es un peyorativo.

¿No es el dueño de un bar, restaurante u otros negocios un dueño de medios de producción que contrata a otro hombre que no los posee? Yo lo veo claro, y ese dueño, no escapa de la lógica de Marx y es también, un privado. Él es diferente de ese pequeño productor que sacó su licencia y ejerce (quizá junto a su familia) un pequeño negocio sin contratar fuerza de trabajo. El cuentapropismo está sirviendo de disfraz al florecimiento de la empresa privada capitalista.

No digo que sea mala la propiedad privada, eso es un debate estéril. Lo que hay que tener en cuenta es esa diferenciación, y reconocer sin miedo alguno, la existencia de esa propiedad privada en nuestra sociedad. He podido apreciar en muchos, incluso colaboradores de LJC, la confusión mencionada. Si no conocemos lo que realmente tenemos, no sabremos actuar en coherencia con la realidad. Si es privada, dejémonos de eufemismos y llamémosle así sin más. Tal vez no nos haga falta tener que pegar papeles a las cosas con sus nombres.

(1) Yo tengo otra visión sobre qué son los medios de producción. Se puede encontrar en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=236679

El verdadero cambio

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Caña
Foto: Cubaencuentro

Ya pasó. Y sería lógica una mayor expectativa entre los cubanos. A fin de cuentas es la primera vez en casi sesenta años que no está como presidente del Consejo de Estado un miembro de la denominada generación histórica. Pero esta ha sido la crónica de un cambio anunciado, algo así como las inspecciones sorpresivas que nunca sorprenden a nadie.

La autocrítica del presidente saliente respecto a que hubo demoras en traspasar el mando a otra generación es válida. Pero si recordamos los votos que hicieran en 1966 “para que todos los revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente  viejos”,[1] entonces es una autocrítica tardía.

Lo peor no fue que con los tiempos envejecieran ellos, que es totalmente natural. La vejez puede ser también símbolo de sabiduría. Muchos son los casos de venerables ancianos que le dieron un vuelco a la política de sus países: Mahatma Gandhi y Nelson Mandela por citar dos casos. La edad del presidente anterior no hubiera sido cuestionada si las reformas que anunciara poco después de su asunción se hubieran materializado en un país próspero.

Lo dramático fue en verdad que con la generación histórica envejeció un modelo de socialismo que desde el momento en que se asumiera ya podía considerarse inoperante. Por ello, cualquier cambio que se espere, para ser efectivo, deberá incluir no solo una transformación de la persona que dirija el gobierno, sino una mutación de añejas estrategias y estructuras arcaicas.

Hace casi un año escribí:

El posible reemplazo de la primera figura en la dirección del país, prometido para el próximo año, pudiera utilizarse como ícono de cambios, cuando en realidad una simple sustitución de la dirigencia no echa por tierra una filosofía del inmovilismo. Hay que detectar lo real detrás de lo aparente, y a mi juicio lo aparente es el cambio político, pero manteniendo todo lo demás que sería lo real; es decir, la carencia de un método científico en la planeación de las transformaciones económicas y la existencia de una filosofía escolástica sobre la historia y su devenir, que apela a la pasividad, el conformismo y la incapacidad de reacción para convertir a Cuba en todo lo que los conceptos anuncian: una nación “soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible”.

Con toda sinceridad, ahora soy yo la que hago votos por equivocarme. Y es que nuestro actual dirigente tiene un contexto mucho más difícil que el que existió una década atrás, con un presidente norteamericano que intentaba caminos diferentes y una izquierda que parecía haber llegado para quedarse.

Estamos en medio de la política más indeseada del Norte y con una derecha que trata de ganar los espacios posibles, algunos de ellos perdidos por errores de la izquierda. Si seguimos apostándolo todo al contexto exterior no avanzaremos. El bloqueo no va a desaparecer y el apoyo regional no será el mismo por un tiempo.

El nuevo presidente de Cuba deberá confiar más en el contexto interno. En la gente del pueblo que de verdad quiere prosperar para que sus hijos se queden junto a ellos. Si dejan el artículo 3 del capítulo 1 de la Constitución, que declara irrevocable el carácter socialista, está bien; pero entonces, que la comisión que será encargada de proponer la nueva Carta Magna –lo que debería ser competencia de toda la sociedad– no declare irrevocable al modelo burocrático de socialismo.

Que no se piense tanto en una Ley de inversores extranjeros, cada vez menos receptivos a las invitaciones para colocar sus capitales en la isla –como ha quedado demostrado con la zona de desarrollo del Mariel–, y se permita a los cubanos salvar la nación. Que puedan contar para ello con las remesas familiares, como ha sido usual en China y Vietnam que se nos ponen como ejemplos constantemente. Para los cubanos, la familia siempre será un valor equivalente, a veces más importante, que la patria. Alrededor del diez porciento de nosotros vive fuera de Cuba, no los tratemos como extranjeros y veremos los frutos de ese nuevo trato.

No rechacemos tanto las gratuidades indebidas, que no sabemos a ciencia cierta cuáles son, y aboguemos por el control y la participación de los trabajadores en las decisiones y en la gestión de los planes de producción. Abandonemos los privilegios con que vive la burocracia, empresarial y política, para que sintiéndose más cerca del pueblo, y en condiciones similares, se apresure en lograr resultados. En fin, ahora más prisa y menos pausas. Ese es el verdadero cambio que necesitamos.

[1]Discurso de Fidel en la Universidad de la Habana el 13 de marzo de 1966, en ocasión del IX Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.

(Las opiniones expresadas en este portal son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la opinión personal de los editores)

Elecciones en Cuba: democracia bajo la lupa

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elecciones

El pasado 19 de abril, Cuba estuvo de fiesta. La elección de un nuevo presidente marcó el fin de una etapa y a la vez la continuidad del proceso revolucionario. Los adversarios de nuestro proyecto social –acompañados de la prensa corporativa, como siempre- han tratado de desacreditar esas elecciones e incluso han dicho que lo que se produjo fue un “dedazo” y no realmente una elección democrática.

¿Es realmente Cuba un país sin democracia? ¿Es Cuba el único país donde el presidente es elegido por un parlamento y no por el voto directo del pueblo? Veamos cómo se eligen a los gobernantes en algunas de los países más desarrollados del mundo, jamás acusados de falta de democracia.

España

En España las elecciones generales se celebran cada cuatro años y en ellas no se elige directamente al presidente del Gobierno sino a los representantes de las dos cámaras que forman las Cortes Generales, es decir el Congreso y el Senado. Terminada la votación se recuentan todos los votos. Los escaños en el Congreso y el Senado se reparten entonces entre los partidos que han participado en las elecciones.

El Rey de España se entrevistará entonces con los representantes de los partidos, por orden de menor a mayor según el número de escaños. Concluido este proceso el Rey propone al presidente del Congreso un candidato a Presidente del Gobierno.

Cuando el presidente del Congreso tenga la propuesta del Rey entonces convoca al pleno de este donde el candidato pronuncia un discurso y solicita la investidura. Para ser elegido el candidato debe obtener en una primera votación la mayoría absoluta de la cámara (176 votos de 350). Si no lo consigue, a las 48 horas hay una segunda votación en la que se requiere mayoría simple.

En el caso de que el candidato propuesto no consiguiera los votos suficientes en la segunda votación, entonces se tramitarían otras propuestas con el mismo procedimiento, previas consultas con el monarca. España cuenta con una población de 46 millones de habitantes, pero solo 350 personas eligen al presidente del gobierno.

Resumiendo: El Rey propone un candidato y 350 personas votan si lo aceptan o no como presidente del Gobierno.

Reino Unido

Las elecciones se celebran mediante el sistema uninominal mayoritario a una vuelta por circunscripciones; es decir se elige a un candidato entre varios y el elegido representa a esa circunscripción. A este sistema se le conoce como Sistema Westminster. 

El ganador representa a la circunscripción, los demás no tienen representación, lo que perjudica a las minorías. En Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte hay 650 circunscripciones, formadas por unos 70 000 electores. El ganador de cada circunscripción, la representa como diputado en la Cámara de los Comunes.

En caso de un empate entre dos o más candidatos en un distrito electoral, la suerte es la que decide al ganador. Los nombres de los postulados en cuestión se pueden escribir en un papel y depositar en un sombrero para que una mano inocente escoja al vencedor, se pueden lanzar unos dados y declarar diputado a quien saque el número más alto o se les puede pedir a los candidatos que seleccionen una pajilla de entre varias, y quien saque la más larga, gana.

Los electores eligen a sus diputados, pero no directamente al Primer Ministro. Si ninguno de los partidos tiene mayoría en la Cámara de los Comunes, lo que se conoce como “hung parliament”, entonces se establecen los pactos entre los partidos.

El ganador, será invitado por la Reina a formar gobierno y se convertirá en Primer Ministro. El Primer Ministro puede reelegirse cuantas veces quiera, mientras la cámara lo apoye. El cargo será sellado con un beso, cuando el Primer Ministro bese la mano de la Reina. El partido con el segundo mayor número de parlamentarios integrará “La Muy Leal Oposición de Su Majestad”

El Reino Unido cuenta con una población de alrededor 66 millones habitantes. Solo 650 personas eligen al Primer Ministro.

Alemania

Cada cuatro años los ciudadanos de los 299 distritos del país están llamados a votar por los miembros del Parlamento, conocido como Bundestag. En el momento de votar, deben emitir dos votos. En la casilla de la izquierda de la papeleta los electores eligen al diputado de su distrito, en la casilla de la derecha emiten un segundo voto en el que escogen un partido político y no una persona en concreto.

Los dos votos son independientes pero el resultado del segundo voto es el más relevante porque determina el número de escaños que recibe cada partido. El o la Canciller de Alemania no es elegido directamente por los votantes, sino por los diputados que integran el Parlamento del país. El parlamento alemán no cuenta con un número fijo de escaños, pues cuenta con 598 pero puede llegar a 800. 

La mitad de los 598 escaños del parlamento (299) serán ocupados por los diputados elegidos por cada uno de los distritos. La segunda mitad de escaños dependerá del segundo voto –la casilla de la derecha- y los escaños se reparten según el número de votos que ha obtenido cada partido. Para repartir se emplea el método Sainte-Laguë,muy parecido la Ley D’Hondt, empleada en otros países. Los partidos que reciben menos del 5% de los votos o menos de tres asientos no forman parte del Parlamento.

Los asientos adicionales se añaden para mantener la proporcionalidad entre los dos tipos de voto. Por ejemplo, si un partido consigue más escaños en la primera votación que los que le corresponden en la segunda votación, se puede compensar a los otros partidos otorgando a estos asientos adicionales. Una vez que se distribuyen los escaños, el partido con mayor representación es el encargado de formar gobierno.

Una vez que el presidente de Alemania en su papel de jefe de Estado propone oficialmente un candidato o candidata a canciller, se convoca a una sesión en la Cámara Baja donde los diputados proceden a la votación con carácter secreto. En Alemania las funciones ejecutivas las cumple la persona que ocupa el cargo de Canciller. El presidente tampoco es elegido por el voto directo del pueblo sino por la Asamblea Federal, compuesta por los diputados del Bundestag y el mismo número de representantes enviados por los Parlamentos de los Estados Federados.

Para que el aspirante propuesto por el presidente pueda ser elegido como canciller en esta primera votación tiene que obtener la mayoría absoluta. Si no se logra la mayoría absoluta el Bundestag dispone de dos semanas para elegir a otra persona, que también deberá obtener la mayoría absoluta de los votos. De no ser elegido se procederá a una última votación en que será suficiente una mayoría relativa. Una vez concluido el recuento de los votos el presidente de Alemania procede a nombrar a la persona en cuestión como canciller.

En medio de este proceso, de ser necesario se establecen los pactos y alianzas de rigor. En las elecciones del 2013 Ángela Merkel necesitó más de nueve semanas de negociación para llegar a un acuerdo y erigirse como canciller por tercera vez consecutiva. Alemania cuenta con una población de 62 millones de habitantes. Menos de 800 personas son las que eligen al Canciller del país.

Estados Unidos

Cuando el martes siguiente del primer lunes de noviembre los norteamericanos van a las urnas cada cuatro años, no eligen directamente al presidente del país sino a los 538 grandes electores que integrarán el Colegio Electoral, encargados de votar por el jefe de Estado. En las últimas elecciones Hillary Clinton obtuvo más de 2,8 millones de votos populares que Donald Trump, pero este obtuvo una mayoría de 306 grandes electores.

Quien gane un estado, aunque sea por un voto, se lleva todos los votos electorales de ese estado. Por ejemplo, California tiene 55 votos electorales, el que gane el estado, se lleva los 55 votos, aunque la ventaja haya sido de un solo voto. Los delegados son elegidos por los partidos y su única función es elegir al presidente. Según datos del Archivo Nacional de los Estados Unidos, el 99% de los delegados a lo largo de la historia han votado por el candidato de su partido y ninguno de los que no lo hizo alteró el resultado de la elección.

Si ninguno de los candidatos obtiene al menos 270 votos electorales, entonces la 12da Enmienda de la Constitución estipula que la Cámara de Representantes elige al presidente. La campaña para elegir un presidente en Estados Unidos cuesta más de 2.000 millones de dólares. Estados Unidos tiene una población de 325 millones de habitantes. Solo 538 personas son las encargadas de elegir al presidente del país.

Cuba

Como vemos, no es Cuba el único país donde los diputados al parlamento son los encargados de elegir al presidente del país, sin embargo, es el único acusado de falta de democracia. La gran diferencia está en la composición de esos parlamentos, pues mientras que en Cuba está compuesto por obreros, estudiantes, científicos, artistas, etc en otros países están integrados por políticos dispuestos a hacer pactos y coaliciones para mantener e incrementar su influencia política.

¿Cuántos estudiantes, obreros, campesinos, deportistas, científicos, gente de barrio hay en esos parlamentos? No es Cuba un país de parlamentarios elitistas, lo que sí ocurre en otros países que jamás han sido acusados por falta de democracia. La elección de presidente, jefe de gobierno, etc… no es por votación directa en los países estudiados y la composición de los parlamentos es radicalmente distinta en esas democracias representativas y Cuba, donde acceden personas de origen más diverso, representativas de la sociedad cubana.

Como siempre, a nuestra isla los poderosos la miden con una regla muy distinta a la del resto del mundo, con esa lupa que mencionara Galeano, magnificando los defectos y minimizando sus virtudes, es la música que nos quieren poner, allá quién les haga caso.

Cuba estrena liderazgo

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estrena
Foto: AFP

Tras las felicitaciones y parabienes a Miguel Díaz-Canel por su elección como Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, la Revolución Cubana entra en una nueva época llena de expectativas. Si bien ha suscitado variados criterios el hecho de que el Presidente haya puntualizado que las decisiones trascendentales estarían en manos de Raúl, solo los que no conozcan este sistema político pueden estar perplejos. En Cuba la máxima autoridad política es el Primer Secretario del Comité Central del Partido, no el Presidente.

El camino futuro está delineado: el propio Raúl explicó que abandonará ese cargo en el próximo VIII congreso del PCC, previsto para el 2021, y que Díaz-Canel deberá ser su sustituto. Entonces, el nuevo gobernante concentrará en sus manos las tres jefaturas principales (partido, estado y gobierno), como ya las tuvieron Fidel y Raúl. Por tanto, no hay nada oculto en este proceso de sucesión generacional, todo viene ocurriendo en total transparencia y legalidad y el consenso popular es indudable.

Por demás, la historia demuestra que lo más importante en un proceso socialista no es tanto el cargo oficial que se ocupe como el nivel de liderazgo que posea un individuo en las filas del partido y la sociedad. Marx nunca presidió la Liga de los Comunistas ni la Internacional, y Lenin tampoco era la máxima figura del reducido comité central bolchevique cuando ocurrió la Revolución de Octubre.

En el período 1959-1975 Fidel no fue Presidente de la República, sino el Primer Ministro, aunque desempeñaba la jefatura de las fuerzas armadas por lógica delegación de poderes del presidente Manuel Urrutia a su favor en enero de 1959. No obstante, siempre disfrutó de un liderazgo absoluto que lo acompañó desde la Sierra Maestra hasta su muerte, aunque tras su renuncia en 2006  entregó los poderes del estado y el partido a Raúl que era su vicepresidente primero y segundo secretario del partido.

La extraordinaria trayectoria histórica de Fidel lo hizo disfrutar de lo que Max Weber llamó un liderazgo carismático, que traspasó nuestras fronteras. Pero los liderazgos de este tipo no pueden sostenerse en la larga duración porque dependen de una persona, de sus dotes naturales y su historia de vida. Por eso, hallo que una parte exitosa de la obra de gobierno de Raúl ha sido el instaurar una nueva forma de liderazgo, más institucionalizado, que preparara las condiciones del natural relevo  generacional sin traumatismos fatales para el status quo creado por la transición socialista. Pero, sea de la forma que sea, el liderazgo no se hereda ni se otorga por designación.

Y aquí llega el turno a Díaz-Canel, llamado a convertirse en el nuevo líder de la Revolución Cubana. Para eso, como declarara en su investidura, dirigirá sus esfuerzos a mantener la continuidad histórica del proceso y defenderlo exitosamente contra las acechanzas del imperialismo y la contrarrevolución. Pero también tendrá que hacer muchas cosas de otra manera, porque como se han hecho hasta ahora no han funcionado y la gente lleva rato esperando cambios que no acaban de cuajar.

En las esferas de la reanimación de la economía desde dentro, la distribución y redistribución de los ingresos a los trabajadores y sus familias, los nexos inexplotados con la emigración cubana por todo el mundo y la lucha contra el burocratismo corrupto, encontrará campo abierto para liderar procesos que abran nuevos cauces al proyecto revolucionario y devuelvan el entusiasmo y la efervescencia creadora a las masas populares. Esas que siempre han estado dispuestas al sacrificio supremo por la Patria, la Revolución y el Socialismo y por eso se merecen poder vivir de los ingresos de su trabajo honesto, en un clima de mayor prosperidad y democracia participativa, sin paternalismo ni gratuidades que nunca han reclamado ni inventaron ellas.

Con el apoyo de la masa adolorida de los cubanos y cubanas, mayormente sanos, talentosos, emprendedores y revolucionarios, estoy seguro que la capacidad probada de Díaz-Canel para liderar en responsabilidades difíciles llevará a Cuba a niveles más altos de prosperidad y felicidad.

¿Se entendió a Raúl?

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Raúl Castro Ruz durante su discurso en la Asamblea Nacional. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Después de Fidel son pocas las veces que he oído a un dirigente cubano hablar públicamente al pueblo sin ceñirse a un guión, cosa que de por sí es difícil y deslumbra cuando se hace bien. Sin ánimos de dilatar, voy a concentrarme en esta pequeña parte destinada a todos los revolucionarios:

“Vivimos en un lugar y en unos tiempos donde no podemos cometer errores.  Yo soy de los que me leo y me estudio, cuando el tiempo me lo permite, todo lo que llega a mis manos de acontecimientos históricos muy nefastos que han sucedido en la historia reciente internacional, en los países, y no podemos cometer errores, no solo por la ubicación geográfica donde nos encontramos, ni por ningún otro motivo; hay errores que no podemos cometer, como los que dieron al traste con procesos importantísimos para la humanidad y cuyas consecuencias las hemos pagado muchos países; las consecuencias del desequilibrio internacional que se creó, que la hemos pagado muchos países, la seguimos pagando, entre ellos el nuestro.  ¿Se me entiende bien?”

A lo que el parlamento a coro respondió “SIII”, y yo sin embargo me decía: ¿de verdad se entiende? ¿Todas esas personas tienen claro qué cabe y que no cabe dentro un socialismo 100% cubano y sostenible? Ante una duda siempre me planteo preguntas y veo qué tan objetivas son mis respuestas, intentaré hacer lo mismo en este caso, respondiendo el siguiente ejercicio:

Responda como verdadero o falso:

  • ____ Es necesario aprobar un proyecto de ley que saque del control estatal todo aquello que no sea vital para el desarrollo del país.
  • ____ Es revolucionario permitir y legalizar otras iniciativas autóctonas que dinamicen la economía, como colaboraciones entre trabajadores estatales y emprendedores privados.
  • ____ Es necesario reconocer y usar la gigante infraestructura tecnológica que es la red pública SNET (publica y semi-gratuita), que desde hace años utilizan miles de habaneros en Cuba (que el Estado no sepa sumarse o no incluya las fuerzas de la ciudadanía dentro de los planes tecnológicos del país, es más una práctica capitalista que un medida socialista).
  • _____ Es necesario recuperar el paradigma de que el conocimiento académico y el sacrificio personal son el camino al éxito, en lugar del mercado negro u otros caminos fáciles. En un país donde la educación es gratuita y todos tienen la oportunidad de superarse, el salario debe ser una herramienta que imponga orden social y fomente valores sociales.

Tan o más importante que entender a Raúl es continuar su obra para algún día alcanzar esa Cuba revolucionaria y económicamente sostenible que nos merecemos.

Debate en Al Jazeera sobre relevo presidencial

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jazeera
Foto: The Stream / Al Jazeera English

El pasado 19 de Abril de 2018 uno de los miembros de La Joven Cuba participó en un debate en vivo en Al Jazeera en el programa The Stream. El programa estuvo dedicado al relevo presidencial en Cuba y duró aproximadamente media hora. En él participaron el profesor Arturo López-Levy (Universidad de Texas), Ramon Saúl Sánchez (Movimiento Democracia), Amalia Dache?Gerbino  (Universidad de Missouri) y Harold Cárdenas Lema uno de los editores de este blog. Otros colaboradores de LJC como Yassel A. Padrón y Luis Carlos Battista también participaron a través de tweets y videos grabados.

En orden, Arturo López Levy, Harold Cárdenas, Amalia Dache?Gerbino y Ramon Saúl Sánchez
En orden, Arturo López Levy, Harold Cárdenas, Amalia Dache?Gerbino y Ramon Saúl Sánchez

La Joven Cuba siempre ha mantenido su postura de defender fuera de nuestras fronteras la soberanía del país, y en suelo patrio tanto defender como cuestionarse lo que beneficie o perjudique a nuestra sociedad. Aunque el debate fue en inglés, Harold resumió escuetamente en su muro de Facebook varios de los puntos que abordó en el debate y los compartimos a continuación junto al video íntegro:

«Díaz-Canel es un líder por sí mismo. Ningún cambio en #Cuba puede ser producto de la presión extranjera. Hay hipocresía cuando se critica la influencia rusa en la política doméstica de #USA mientras este hace lo mismo a Cuba. Creo en la participación política de todos los cubanos que no apoyen una política de cambio de régimen con respaldo extranjero, la soberanía va primero. Socialmente #Cuba es hoy un mejor país que antes, económicamente está mal pero es difícil juzgar porque el embargo distorsiona todo. La narrativa bipolar en blanco y negro no es cierta, Cuba tiene virtudes y defectos, queremos un país con relaciones normales con #USA y así cambiar las cosas que deben cambiar, Díaz-Canel puede jugar un rol positivo en esto»