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Díaz-Canel Presidente

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Un día antes de cumplir 58 años, Miguel Díaz-Canel fue electo Presidente de Cuba. Técnicamente hablando, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, título que la Constitución de 1976 da al jefe de Estado y del gobierno. Es el mismo cargo que ocuparon en su momento Fidel y Raúl Castro.

Su camino hacia el más alto puesto gubernamental estaba señalado por su responsabilidad previa. Tal y como en 1788 Alexander Hamilton explicó cuando escribía la Constitución de Estados Unidos, el propósito de un vice es poder “ocasionalmente convertirse en un sustituto para el Presidente en la suprema magistratura ejecutiva”, pues de una forma similar Raúl Castro presentó en febrero de 2013 a Díaz-Canel como su segundo al mando. Entonces, consideró que “en las circunstancias que vive el país y se ha visto obligado a desenvolverse durante más de medio siglo de Revolución, debe garantizarse en la cúspide del poder estatal y gubernamental la unidad ejecutiva frente a cualquier contingencia por la pérdida del máximo dirigente….”

Inmediatamente después, Raúl señaló la elección del entonces nuevo Primer Vicepresidente como una decisión de particular trascendencia histórica “porque representa un paso definitorio en la configuración de la dirección futura del país, mediante la transferencia paulatina y ordenada a las nuevas generaciones de los principales cargos.”

La incredulidad o ignorancia respecto a estas palabras sombrearon una incógnita innecesaria durante años, incluso cuando la biografía oficial de Raúl Castro se precisa que “la atención de politólogos y especialistas se centra en la figura del primer vicepresidente (…) Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Por su biografía de trabajo y trayectoria, hace pensar en la experiencia de China y Vietnam, donde se promueve a los cargos de responsabilidad a personas forjadas por decenios de trabajo.”

El autor de la biografía, Nikolai Leonov, escribe respecto al entonces Primer Vicepresidente que “en su vida, todo se ha ido formando de manera paulatina, lógica y sólida. Su hoja de servicio no evidencia improvisación profesional.”

No había misterio al respecto de la continuidad, esa misma garantía temida o menospreciada por quienes veían en la desaparición de la generación histórica una oportuna para avanzar en sus versiones particulares del futuro de Cuba.

La palabra clave para entender el 2018 es, precisamente, continuidad. Y no tanto la concatenación de una generación o de unas maneras determinadas de hacer las cosas, sino la continuidad de un sistema político que tiene sus raíces en 1959, y lo que es más importante, la continuidad de sus instituciones.

Díaz-Canel tiene un nivel de experiencia particular en la política cubana, porque en un período de tres décadas incluyó en su biografía el paso por varios niveles de responsabilidad política: Primer Secretario del Partido en dos de las provincias más pobladas de Cuba, miembro del Buró Político, Ministro de Educación Superior y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros. En ese camino se comprimen 23 años de experiencia en la toma de decisiones.

Algo más: a finales de 2012, Díaz-Canel podía tranquilamente permanecer por unos minutos en la entrada de un cine del Vedado habanero, como un cubano más, observado por los demás con la calmada curiosidad que despierta un alto funcionario, pero sin que nadie lo importunara ni se generara alboroto.

 Ese hombre, que era entonces un cubano más, es hoy el Presidente de Cuba.

La Asamblea que merecemos

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Una Asamblea Nacional compuesta por legisladores con experiencia, no por funcionarios y celebridades. Donde la continuidad se refiera a la incorruptibilidad y no a las malas prácticas. Donde la gestión de nuestros funcionarios públicos sea PÚBLICA, y si el debate real es en las comisiones son estas las que deben aparecer en cámaras, no el protocolo final donde se vota unánime.

No presumir de la diversidad en raza, género y edad que la componen sino prestarle más atención a la mentalidad de sus miembros, representar en ella a todos los revolucionarios cubanos y no permitir que determinadas mentalidades o grupos impongan hegemonía sobre el resto.

Transparentar la gestión, acercar los diputados y la presidencia a la sociedad, que esto se vea en las calles y en la prensa. Evitar diputados a distancia que representan una región y residen en la Habana. Y por encima de todo, HACER POLÍTICA, no basta con ser un representante del pueblo, hay que parecerlo también. Eso espero de mi Asamblea.

Pase lo que pase

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Foto: EFE/Alejandro Ernesto

Hoy ocurrirá un cambio en la máxima dirección del país. Se dará entrada a una nueva figura en un proceso de transformaciones sociales muy complicadas. En medio de la preocupación no dejo de preguntarme ¿qué pasará?

Intento buscarle un orden, dirección y sentido a lo que ocurrirá. Algunos con exceso de optimismo me dirían que toda está bien claro en esos documentos llamados lineamientos. Si pudiera responder con un emoticono a quien me diga eso, le pondría la carita que parece decir -no te entiendo nada-.

Me gustaría creer eso, pero no es así. Es más, me aterra el hecho de tener fe en los lineamientos. Me gusta su espíritu, pero ¿y el cuerpo? Solo hay que leerlos para advertir ciertas faltas que no es necesario ser académico para notarlas.

Por solo mencionar, nuestros lineamientos no están jerarquizados, ni se plantean un grado de interdependencia entre ellos. Son un listado, que dan al socialismo tal y como no debe darse: de forma abstracta. Con tal estado de las cosas, no me tranquilizan mucho esos escritos.

Debo mirar qué está pasando, y desde ahí, quizá obtenga mejores predicciones sobre mi futuro (y el de mis compatriotas). No me interesa mucho el tema de las licencias y su estancamiento (que se anunció como temporal). De hecho, si abogara en un contexto así por un asunto como ese, no dudo que me acusen de alinearme con cierta derecha pro-capitalista (al estilo años 50).

Resulta que hay cambios recientes más concretos y preocupantes. Se aprobó ese nuevo y ya famoso mercado mayorista. Ante él, muchos anuncian la felicidad del negocio privado (mal llamado muchas veces “por cuenta propia”). Acúseme de lo que se me acuse: ¿se ha pensado en la implicación de esto?

Me gustaría recordar que hasta ahora (sin el mercado mayorista) las diferencias sociales en Cuba son importantes (si alguien tiene duda intente consultar el índice de desigualdad del país[1]).  Solo hay que pensar que si ya estas  diferencias son así, ¿cómo será cuando ese privado adquiera sus insumos en precios inferiores? Su rentabilidad aumentará mucho más. En pocas palabras: el ya rico lo será más.

No tengo nada en contra de ellos pero, ¿por qué aparece una política ahora que lo que hace es fomentar la desigualdad habiendo problemas más importantes? Estoy seguro que mis compañeros economistas estarán de acuerdo en que tal medida no traerá consigo una reducción del precio de los servicios que da el sector privado.

No sé si fue consciente o no pero el efecto se verá. ¿Habrá alguna mano detrás de eso? ¿Cómo es posible que la política estatal apunte a favorecer no precisamente a los que más les hace falta?

Con semejante cosa mi proyección del futuro puede tender a pensar en un escenario similar a Rusia pos-URSS. Es un fatalismo que no quiero ni pensar, pero que es una posibilidad.

Intentaré no pensar de esa forma, pero no acepto tampoco la confianza, sobre todo por cómo vivimos, en que ahora va todo a estar mejor. Ya se cuestionaba Mario Valdés Navia el triunfalismo que heredamos de los camaradas soviéticos, y que no nos suelta todavía.

Si casi no crece nuestra economía, si la industria sigue en el mismo lugar, si el Mariel no despega, si la producción de alimentos, el transporte y toda la infraestructura no florecen, ¿cómo esperar que repentinamente un cambio en el gobierno, un mero hecho formal, mejore la realidad?

Aún cuando ya hay cosas que no son buenas señales, siempre puedo, en el  mejor de los casos, esperar un alto grado de compromiso en el nuevo gobierno. Pero de todos modos no es solo el compromiso del cirujano lo que salva a su paciente, sino también la certeza con que hace su operación. Por eso, pase lo que pase, ante el nuevo período que se avecina solo puedo, al igual que muchos, intentar ser optimista y  tener el deseo y la ilusión  casi idealistas de que mejore la vida de los cubanos.

[1]El índice de desigualdad (Gini) de Cuba no es público.

Cuba-CCCP: People to People

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© Sputnik/ Eduard Pesov

Cuando hoy los jóvenes oyen hablar de la desaparecida Unión Soviética es casi como si les hablaran del Egipto de las pirámides, pero apenas dos generaciones atrás los cubanos vivíamos en contacto sistemático con hombres y mujeres de aquel inmenso conglomerado multinacional, a los que jamás se podía nombrar por el gentilicio de sus naciones bajo peligro de caer en el diversionismo ideológico, sino como soviéticos. No importa si eran rusos o ucranianos, chechenos o armenios, para la jerga callejera de Liborio todos eran los bolos.

Con independencia de los vaivenes de la geopolítica mundial y las relaciones oficiales entre ambos países, lo cierto es que los soviéticos siempre fueron, en su inmensa mayoría, respetuosos, amables y cariñosos con el pueblo cubano. Ciertamente, el ejemplo de valentía de la Isla de la Libertad y su sueño de construir el socialismo y el comunismo a 90 millas de los EEUU y hacerlo sin caer en las garras del estalinismo y su burocracia parasitaria, parecía una tarea tan romántica para los hombres y mujeres soviéticos que su asombro por Cuba y Fidel fluía de forma honesta y natural por toda la Unión. Por el lado de acá el sentimiento fue mutuo, en casi todos.

Antecedentes ya teníamos, pues los cubanos habíamos mantenido relaciones estrechas con los pueblos de nuestra metrópoli española y de la neometrópoli yanqui. De la Madre Patria todos somos hijos por la lengua y la cultura, pero muchos lo han sido literalmente, ya que cientos de miles de hispanos vinieron para Cuba en la época republicana y, lejos de disminuir, incrementaron el componente español en la población. Respecto a los yanquis, con diferencias culturales mucho mayores y una inmigración insignificante, las relaciones people to people fueron más culturales y económicas, pero no por eso menos intensas. Entre Cuba y España, y Cuba y los USA, la hibridación cultural fue penetrante e influyente en ambos sentidos.

Con los soviéticos todo era más difícil, pues las diferencias culturales eran inmensas y las coincidencias mínimas. Nada de lenguaje, religión, tradiciones, ni costumbres comunes; todo muy politizado e ideologizado a partir del repiqueteo constante de las ventajas del socialismo y el modo de vida soviético en publicaciones de las que solo una minoría desconfiaba. Mas, con el tiempo aparecieron, primero, las relaciones interpersonales: camaradas de armas, instructores y cadetes, asesores y asesorados, compañeros y tovarich. Luego asomaron los primeros puntos comunes: vodka y ron, guitarras y balalaikas, tostones y pescado ahumado, ostiones y caviar, que empezaron a distender las relaciones y pronto la amistad sincera vino a sustituir a las exigencias oficiales de buena vecindad.

El establecimiento de numerosos técnicos y asesores soviéticos con sus familias en Cuba, en épocas en que la tenencia de divisas era un delito, convirtió a la rusa del barrio en un personaje de la comunidad al que acudía todo el que necesitara algo de la diplotienda, cuando el dólar valía entre cuatro y siete pesos. Asimismo, la enorme cantidad de cubanos que estudiaron o se recalificaron en CCCP gracias a las becas del gobierno soviético, comprobaron in situ las ventajas y desventajas reales del sistema en su versión más acabada, que difería bastante de la oficial.

Boquiabiertos nos quedamos muchos que nunca visitamos CCCP con los cuentos de los que volvían acerca de sus juergas en las noches moscovitas, o las maravillas que se podían comprar en el puerto de Odessa con unos pocos dólares. Al mismo tiempo, muchos cubanos y cubanas ?de color variopinto?, se encontraron con su media naranja por aquellos lares y empezaron a darle sabor criollo a algunas casas soviéticas. Y a la hora de regresar algunos trajeron a sus cónyuges, quienes, aunque nunca llegarían a hablar el español cubano como Dios manda, sí dieron origen a los primeros cederistas soviéticos.

Pienso que de esa época la población isleña quedó marcada, de manera indeleble, por los nombres inventados con Y inicial, intermedia y final y una pronunciación similar a la eslava. No fueron pocos los cubanos que le pusieron a sus hijos lo que eran agradables diminutivos de nombres rusos, como Petia, o Volodia; amén de los supercomunistas que llamaron a sus vástagos Lenin, sin pensar que algunos terminarían sus días en Miami.

Así, en un proceso de comunicación inter-cultural pocas veces imaginado pero intenso y legítimo, ambos pueblos sembraron una amistad y admiración mutuas que se mostraron mucho más sólidas que las pomposas declaraciones de eterna colaboración mutuamente ventajosa sin fines de lucro con que se llenaron tantas páginas de documentos oficiales a los que la Historia se encargó de dar de baja. A tantos años de la desaparición del país de los soviets: ¡tres hurras por la amistad cubano-soviética!

Cuba y el socialismo del siglo XXI

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Cuando comenzaba el tercer milenio, Cuba ya se había acostumbrado a ser un faro solitario en medio de una noche neoliberal. Fue entonces que entró en escena Hugo Chávez con su socialismo del siglo XXI, demostrando que las masas latinoamericanas eran todavía capaces de encontrar el camino de la revolución. Los cubanos siguieron los acontecimientos con atención, sorprendidos por un reverdecimiento de la izquierda que llegaba una década después de la caída del Muro de Berlín. Poco a poco, la imagen de Chávez sonriente, victorioso, rodeado de su pueblo venezolano, caló en el alma de los isleños. Solamente el sueño hecho realidad de una América Latina que se estremecía ante el grito de Bolívar pudo sacar de su adormecimiento a la Revolución Cubana.

En aquellos años, que también fueron los de la Batalla de Ideas, pareció por un instante que el socialismo cubano iba a reencontrarse consigo mismo, que iba a curarse de las heridas que le había provocado el contacto con el campo socialista, gracias a la alianza con el nuevo movimiento latinoamericano. Se hizo tanto hincapié en la solidaridad de la Revolución Cubana con América Latina, fue tan grande la promesa que se hizo con el ALBA, que pudo pensarse que el socialismo cubano había regresado a sus primeros pasos latinoamericanistas y guevarianos, allá por la década de los sesenta. En fin, pareció que se había reparado una desviación histórica y que cada cosa había vuelto a su lugar.

El latinoamericanismo que nació con el ALBA no estuvo, sin embargo, vinculado a una reflexión sobre los caminos del latinoamericanismo de décadas pasadas. No se habló sobre la relativa desconexión con Latinoamérica que significó la adopción del modelo soviético. Y cuando se pretende olvidar el pasado histórico, lo más posible es que vuelvan a repetirse los errores.

América Latina es una región cuya historia puede resumirse a solo dos caras: por un lado, la colonización, la opresión, la explotación, etc., y  por el otro la resistencia apasionada de los pueblos frente a esa colonización, esa opresión y esa explotación. Se trata de una historia que se ha construido a base de gritos de batalla, gritos de rebeldía, manos humildes alzadas con indignación. Un subcontinente entero, en el que cada trozo de libertad ha tenido que ser arrancado a costa de muchas vidas. América Latina no es nada sin sus tradiciones de lucha, sin esa magia que sale de sus selvas y montañas, canto de aborigen, gaucho y llanero mezclado con el susurro del viento en la mañana de la rebelión.

El nuevo socialismo del siglo XXI que trajo Chávez movilizó todo ese potencial de rebeldía que existía en la cultura de los pueblos latinoamericanos, aunque canalizándolo a través de métodos pacíficos. Ese movimiento fue muy exitoso, principalmente en dos aspectos: el geopolítico y el práctico-revolucionario. Por un lado, el subcontinente se llenó de gobiernos de izquierda; por el otro, surgió una nueva variante de socialismo desconectada de los dogmas soviéticos, que se alimentaba de las costumbres y tradiciones populares, incluso de las religiosas. Este socialismo del siglo XXI prometía una construcción desde abajo, no burocrática sino popular.

La emergencia de una multitud de gobiernos de izquierda en toda la región fue una de las cosas que más impactó a los cubanos. Chávez en Venezuela, Evo en Bolivia, Ortega y los sandinistas en Nicaragua, Correa en Ecuador, Lula y luego Dilma en Brasil, Pepe Mujica en Uruguay, Cristina en Argentina, entre otros, significaron el levantamiento de una nueva América Latina. Cuba pudo por primera vez sentirse a gusto en una reunión con todo el subcontinente. Más tarde, se celebraría incluso una reunión de la CELAC en La Habana, donde toda la derecha tendría que escuchar a Raúl Castro declarar a Latinoamérica como Zona de Paz. Los cubanos pudieron creer en la posibilidad de un nuevo mundo multipolar, en el que seguir siendo socialista tenía un sentido.

Por otra parte, la nueva praxis del socialismo del siglo XXI puso sobre la mesa las discusiones sobre el futuro del socialismo cubano. ¿Iba Cuba también a pasar al socialismo del siglo XXI? La situación de Cuba era diferente a la del resto de los países de la región, porque su punto de partida no era el capitalismo periférico, sino un modelo socialista del siglo XX. Hubo un serio debate, aunque desgraciadamente se quedó en los encuentros académicos y en las mesas de dominó: nunca las autoridades del partido se pronunciaron al respecto.

Hubo muchos intelectuales que pudieron ver las potencialidades que ese socialismo del siglo XXI tenía para ser una fuerza subversiva que revitalizara el socialismo cubano. Eran intelectuales como, por ejemplo, Fernando Martínez Heredia, que llevaban tiempo vinculándose a las maneras de hacer de los movimientos sociales latinoamericanos, y que al mismo tiempo conocían las debilidades del socialismo burocrático cubano. De parte de ellos vinieron las propuestas de construir también en Cuba el socialismo del siglo XXI.

Pero lo más importante es que el pueblo cubano fue receptivo al mensaje de ese socialismo latinoamericano, cuyo rostro principal era Chávez. Cada vez que ese hijo de Venezuela venía a Cuba, el pueblo lo recibía con algarabía, agradecido por los millones de barriles de petróleo, pero también por haberle devuelto algo de esperanza. Para muchos jóvenes, nacidos con el período especial, ese latinoamericanismo fue la vía para su primer acercamiento a la izquierda. Los cubanos revolucionarios se sintieron, a su manera, parte del movimiento continental.

Del ALBA vino, durante aquellos años, una de las principales fuentes de esperanza para los cubanos. Fue una esperanza que, por supuesto, no todos compartieron, y que pronto tuvo que competir con otra. Cuando comenzaron los Lineamientos, a partir del Sexto Congreso del Partido, se hizo evidente que el futuro previsto para Cuba tenía nombres chinos y vietnamitas. Se generaron expectativas de una apertura económica, que pronto se haría realidad. Sin embargo, en aquel momento confuso los abanderados del socialismo del siglo XXI no vieron en ese proceso necesariamente algo contradictorio con el movimiento continental. Los Lineamientos, según algunos, eran nuestro camino hacia la unión latinoamericana.

Entonces, un día, vimos partir al Comandante Chávez de este mundo. Los cubanos siguieron a través de las pantallas todo el transcurso de la enfermedad. Se especuló, en cada esquina de barrio, sobre las nuevas y sofisticadas armas creadas por la CIA para inocular el cáncer a los enemigos de Estados Unidos. Por último, la noticia de su fallecimiento fue motivo de respetuoso silencio para todos, incluso para quienes estaban por esos días en un campo de recogida de papas en Río Seco, Güines. Un gigantesco trozo de esperanza partió con él.

Vale la pena recordar todo esto hoy, cuando la política latinoamericana se ha convertido es un grotesco espectáculo. Tanto los errores e inconsecuencias de la izquierda como los desmanes de la derecha han contribuido a que hoy casi no quede nada de aquel hermoso sentimiento que vivimos en la década pasada. El naufragio de la izquierda, la desmoralización de los revolucionarios en general, es una consecuencia de la falta de una guía concreta, de un programa y una visión factibles. Al parecer, hoy es la izquierda latinoamericana la que necesita de Cuba. Pero para poder ayudarlos, los cubanos debemos primero ponernos en condición de poder ayudar a alguien.

Je Suis Siria

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Ayer Estados Unidos se embarcó en un nuevo ataque militar a Siria, junto a Francia y el Reino Unido. La Joven Cuba condena la arrogancia de naciones poderosas que al margen de la voluntad de la comunidad internacional siembran dolor en el Medio Oriente y desestabilizan aún más la región con tal de avanzar sus intereses geopolíticos. Peor aún, provocan un escalamiento de tensiones cuyo resultado es difícil de predecir.

En lo que se refiere a Estados Unidos, que se utilice la política exterior y se fomente la violencia hacia otra nación para desviar la atención nacional de escándalos que involucran al presidente con actrices porno o sus vínculos con Rusia, nos parece altamente irresponsable. Demasiada influencia y poder tienen naciones que juegan con los destinos del mundo según caprichos individuales y acciones egoístas.

Condenamos la acción militar de estos tres países, hoy todos somos Siria.

misiles EU
En la imagen, misil Tomahawk lanzado desde el destructor USS Porter en dirección a Siria el 7 de Abril 2017 Foto: AP

Carlos Marx: de fiesta en Miami

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Si tiene paciencia y lee el texto comprobará que el título no es un absurdo. En la segunda mitad de los setenta, hace más de 40 años, fueron fundadas en Cuba escuelas para estudiantes de alto coeficiente. Comenzaban en el nivel secundario y se extendían hasta el preuniversitario. Más adelante incluyeron solamente a este último nivel de escolaridad y confirieron mayor peso a la formación en ciencias exactas. Existen hasta hoy en la mayor parte de las provincias y son conocidos como Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVC). Al primero, creado en La Habana, se le denominó Vladimir Ilich Lénin, más popular como La Lenin. El de Matanzas es el IPVC Carlos Marx, ergo, La Carlos Marx.

Para matricular en ellos es obligatorio un riguroso proceso de exámenes. Sus egresados casi siempre son los primeros lugares en las listas del país para escoger carreras universitarias. Muchos resultan ganadores de concursos nacionales e internacionales en Matemáticas, Física y otras asignaturas. Ellos constituyen, por tanto, una cantera de talentos que Cuba necesita para su desarrollo.

Desde hace mucho, los encuentros de egresados del IPVC Carlos Marx se convirtieron en una tradición. No importa en qué provincia residan o qué edad tengan, incluso, algunos que no viven en Cuba hacen coincidir sus visitas para la fecha, que ya es una costumbre. Mi hija mayor es graduada de La Carlos Marx, y por ella estoy al tanto de la alegría de la reunión, las remembranzas, las historias graciosas y las anécdotas sobre profesores, que han pasado de una generación a otra sin perder su frescura. Este año ha ocurrido un hecho inédito. Que sepamos es la primera ocasión en que la reunión se celebra, además, fuera de Cuba. Lean la convocatoria:

Por primera vez en Miami los Egresados del IPVCE Carlos Marx convocamos a todas las generaciones a unirnos en una Megafiesta para revivir los mejores años junto a los mejores amigos. No importa en qué año te graduaste, si solo tenías un amigo que estudió allí o si solo conoces el nombre; esta fiesta es para todos los que se sienten identificados con el IPVCE, con lo que representa. Invitados UMCC, CUJAE, UH, La Lenin, y todos los que quieran pasar un buen momento. Tickets

poster vocacional miami

No es la actividad en sí misma la que despertó mi atención, sino el conjunto de significados que emanan de ella. En primer lugar está la cuestión espacial. Para los que fuimos adolescentes cuando el éxodo del Mariel, y perdimos tanta gente querida de la que no supimos durante décadas, es una compensación ver cómo en la era de las redes sociales – gracias Facebook a pesar de todo–, nadie pierde completamente a un amigo. Nada más basta ver el video y las fotos compartidas en la página del evento y, sobre todo, leer los mensajes llenos de afecto cruzados desde tantas partes del mundo, de los que seleccioné una muestra sin identificar a los autores por respeto a su privacidad. 

De los que estuvieron:

  • Muchas gracias a las personas que asistieron, a las que por X motivos no pudieron pero estaban deseándolo, a las que compartieron las publicaciones desde Cuba y de otras partes del mundo, a las que facilitaron las condiciones del evento, a Roland por la iniciativa y la constancia. Muchas gracias a todos, de corazón
  • Cuanta gente conocida… que guay se hayan reunido los egresados! Qué lindo sentimiento encontrarse con tus ex compañeros e increíble ver los pocos que quedan en Cuba!
  • Reviviendo nuestros mejores momentos de IPVCE Carlos Marx! Increíble experiencia chicos, estoy muy emocionada!
  • Oyee sii! Los kiero y me kedo corto. Ke rico la pasamos. Disfrute con coj.. lindos recuerdos familia

De los que no estuvieron:

  • Se ve q lo pasaron genial. Gracias por compartir los videos y las fotos con los que estamos más lejos. Saludos desde Holanda
  • Mucha suerte amigo!! Q todo les salga bien y se diviertan!
  • Necesito visa para estar en la fiesta ja ja. Disfruten x los que estamos del lado de acá.

Otra cuestión es la ideológica. No hay un solo reproche o crítica. Todo se ha reducido a un “del lado de acá” o “del lado de allá”, donde los valores que priman son los del afecto y la camaradería, pero nada de rivalidades en el campo de la política. Es una lección a las manipulaciones, “del lado de acá” y “del lado de allá”, que escindieron a los cubanos por mucho tiempo. Los mensajes vuelven a hablar:

  • IPVCE por siempre!/ Bien emocionante poder verlos a todos y comprobar que no importa el tiempo que pase ni donde estemos, la amistad sigue igual de fuerte/ Como se extraña esa época de la vida! q nostalgia x volver a andar sus pasillos!!! Yo también dejé un pedacito ahí/.I love you guys! Compartir con vosotros esos 3 años en el IPVCE fue una de las mejores experiencias de mi vida. Los adoro y nunca olvido/Esos son momentos q markn nuestras vidas y ustedes son mi familia escogida.los kiero, yo nunca olvidare las grandes relaciones de esa escuela ustedes son mis verdaderos amigos/ Tiempos que nunca se olvidan y nos ayudaron a crecer Besos.

No se han perdido para sus amigos, es cierto, pero sí para esta isla, un país que necesita de mucho talento para salir adelante y que ve cómo sus graduados más calificados la abandonan desmotivados por la endémica falta de prosperidad. En otros países, un estudiante de alto rendimiento es muy demandado; nosotros sin embargo, los formamos y luego no creamos las condiciones que los estimulen a permanecer como fuerza laboral altamente apreciada. Así vemos que son invitados a la fiesta los egresados de la Universidad de Matanzas (UMCC), el Centro -actual Instituto- Universitario José Antonio Echeverría (CUJAE), la Universidad de La Habana (UH), y La Lenin.

Otro tema es el simbólico. Los carteles de Marx con una bandera norteamericana en la cabeza, y el que la fiesta se convocara “Al estilo USA, nos vemos el 17”, dicen más que una tesis doctoral acerca de la ineficacia de nuestra propaganda ideológica y los medios en que se sostiene: burda, saturante, repetitiva, fraseológica, divorciada de una realidad que la supera.

Así que, dirigentes juveniles que hablan en nombre de “toda la juventud cubana”, líderes políticos, periodistas y comunicadores sociales, trabajadores del campo ideológico: SOS ¡Carlos Marx está de fiesta en Miami!

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Cumbre de los pueblos

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La Cumbre de los Pueblos comienza en Lima, Perú y con ella la campaña mediática de rigor. La prensa corporativa muestra a los representantes cubanos como hordas desenfrenadas enviadas por el gobierno cubano para imponer la violencia por aquellos lugares por donde pasen. De otro lado, está la representación del “exilio” cubano, que va desde Miami para llevar al mundo los deseos de una Cuba libre y democrática, la lucha por los derechos humanos de los cubanos, etc.

Eso dicen los medios, pero la realidad es otra. Desde Cuba van decenas de personas, la mayoría jóvenes, en representación de las diferentes esferas de la sociedad cubana. Nos representan músicos, deportistas, científicos, estudiantes… y su único objetivo es llevar la verdad de Cuba al mundo, la Cuba real, la que esconden los medios.

Los que van desde la isla son parte del pueblo, los que van desde Miami se presentan como representantes de la emigración cubana, pero nada más lejos de ello. Desde Miami va el odio contra todo lo que pueda representar una mejoría en la relación entre Cuba y los Estados Unidos. Muchos de ellos forman parte de organizaciones que reciben dinero del gobierno federal con el único objetivo de manipular la realidad cubana.

Es irónica la presencia en la delegación de un mexicano que supuestamente montó un grupo para exigir a Cuba el respeto de los derechos humanos. Debería ocuparse de exigir al gobierno de su país que lleve a la justicia a los asesinos de los 43 de Ayotzinapa o a los que cubren los campos mexicanos de fosas comunes. Debería, pero no lo hace porque es más conveniente montarse en el tren de la lucha “por la libertad de Cuba” porque para esa hay destinados millones de dólares.

Recientemente uno de esos representantes –que vive en Cuba- pidió que se le diera al problema cubano la misma solución que utilizó la OTAN allá en Yugoslavia. Debemos recordar que la solución a la que hace alusión fueron más de 70 días de bombardeos, la destrucción de la infraestructura y la muerte de miles de civiles.

Desde fuera atacarán siempre a cualquiera que piense diferente a ellos. Desde dentro algunos criticarán la delegación cubana porque se cuestionarán la forma de selección o algo así. Quizás, si hubiesen sido elegidos no criticarían.

No es momento de mezquindades. Los que están allá son parte de nuestra sociedad y deben tener nuestro apoyo. No nos dejemos confundir por los medios porque los que van desde Miami, ni nos representan a nosotros, ni a la inmensa mayoría de la emigración cubana que desea normalizar las relaciones entre los dos países y eliminar cualquier obstáculo entre las familias cubanas.