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La propiedad privada bajo el reflector

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Desde hace ya bastante tiempo, el tema de la propiedad privada es uno de los que sacan chispas en el debate público cubano. Lo cual es comprensible, si se tiene en cuenta que vivimos en un país que en su momento declaró como un objetivo la eliminación de la propiedad privada sobre los medios de producción. El papel que puede tener esa forma de propiedad en la vida económica de la nación, el desarrollo que puede o no acompañarla, las consecuencias sociales de su expansión, son asuntos que nos conciernen a todos directamente. Es por eso que vale la pena poner la atención de nuevo sobre la propiedad privada, para encontrar las escurridizas respuestas.

Lo primero que hay que decir es que hay mucha confusión y pánico absurdo en lo referido a la relación entre propiedad privada y capitalismo. Son muchos los que asocian una cosa a la otra mecánicamente, llevados por su falta de comprensión y prejuicios. Ciertamente, la propiedad privada, el mercado y el capitalismo conforman en la sociedad moderna una constelación, pero no son necesariamente incluyentes los unos de los otros. Desde tiempos antiguos hubo propiedad privada, desde el momento en que el desarrollo de las fuerzas productivas favoreció la división del trabajo y surgió un excedente del que se pudieron apropiar las clases dominantes. El mercado surgió como una manera en que las personas pertenecientes a unidades económicas aisladas entre sí podían intercambiar sus productos, convirtiéndose en parte de una misma totalidad económica.

El capitalismo, por su parte, aunque presupone la existencia del mercado, es un sistema en el que la propiedad privada sobre los medios de producción adquiere una cualidad muy particular. Allí, los productores son apartados masivamente de los medios de producción, los cuales se concentran en las manos de aquellos que poseen además el capital. Los productores enajenados, no encuentran otro camino para sobrevivir que vender su fuerza de trabajo al capitalista, para que este pueda así obtener plusvalía y acrecentar su capital. En este sistema, la acumulación de capital (en sus diferentes formas) se convierte en la relación social fundamental que define el modo de producción. No solo es la principal relación económica, sino que es la principal vía para la acumulación de poder y para la construcción de significado.

Como puede verse, las relaciones y las diferencias son muy fáciles de identificar. Del mismo modo, puede entenderse cuál es el camino que lleva más allá del capitalismo. No se trata de eliminar la propiedad privada, sino de eliminar la acumulación de capital como relación fundamental de la sociedad. E incluso no basta con tener claro el aspecto negativo de la cuestión, sino que también es necesario plantear el lado positivo, es decir, la necesidad de crear un nuevo sistema de relaciones económicas que tomen el papel central. Para que la transición al socialismo pueda tener una posibilidad de éxito, no basta con crear formas políticas comprometidas con el socialismo, sino que es necesario construir formas económicas socialistas que generen la nueva sociedad “desde la base”.

Para que haya socialismo es necesario, sí, que exista un Sector Social de la economía, en el que se desarrollen formas de economía que favorezcan la solidaridad y la cooperación. Estas formas no deben incluir la propiedad privada, pues ella pertenece completamente al pasado, posee una carga de desconexión y autosuficiencia que es contraria a una producción basada en la planificación solidaria. Pero eso no quiere decir que el Sector Social deba necesariamente estar conformado solo por empresas estatales, ni que la planificación deba ejecutarla el estado.

Históricamente, los sistemas de planificación central estatal han generado sociedades con fuertes jerarquías y asimetrías de poder

El tipo de economía que desarrolló la Unión Soviética, y que desgraciadamente ha sido considerado por muchos como el modelo de socialismo, ciertamente no puede ser llamado capitalista, pero solo puede ser considerado socialista de un modo muy limitado, algo así como una forma embrionaria que en su imperfección se queda por debajo de las más modestas expectativas.

Para hablar de una transición al socialismo realmente sólida, la sociedad debería experimentar con formas de propiedad verdaderamente socializadas, en las que los productores se sientan dueños de los medios de producción. Puede tratarse de cooperativas, que deben ser verdaderas cooperativas, pero también de empresas públicas en las que exista un principio de democracia obrera. Se le debe dar todo el poder a las Asambleas de Trabajadores. La planificación, tanto de la producción como de la distribución, debe hacerse sobre la base de un diálogo nacional, en la que participen por supuesto la vanguardia política y los representantes del gobierno, pero también los sindicatos y toda la masa de los trabajadores.

La planificación tiene que ser un diálogo, basado en la horizontalidad y donde todas las propuestas tengan un carácter vinculante

Ahora bien, la existencia de ese Sector Social no significa que deban desaparecer totalmente las formas tradicionales de propiedad y gestión económica. Los experimentos sociales son estimulantes y necesarios, pero hay mucho que no sabemos sobre nosotros mismos los seres humanos, y la economía es algo de mucho impacto sobre la vida de las personas. La existencia del mercado y de relaciones mercantiles, de un modo subalterno, puede ayudar a llenar los espacios vacíos de la realidad económica que el Sector Social no logre abarcar. Muchas personas pueden desarrollar su vida dentro de esos espacios.

Del mismo modo, puede ser válida la existencia de una empresa privada, que acumule capital sobre la base del trabajo asalariado, siempre y cuando su acción sea tenida en cuenta dentro de la planificación consciente que lleve a cabo la totalidad del pueblo. Justamente la existencia de un Sector Social hegemónico impide que la acumulación de capital se convierta en la relación fundamental de la sociedad, así como ayuda a mitigar los posibles efectos sociales negativos de la explotación. Su presencia puede constituir un problema para la sociedad socialista, es cierto, pero también puede brindar ciertos beneficios estratégicos.

Es necesario recordar que vivimos en un mundo capitalista, por lo que no podemos desvincularnos completamente del lenguaje de la economía mundial, que es el lenguaje de las inversiones, los créditos, las divisas, etc. Contar con un sector privado (incluyendo empresas mixtas) pudiera servir para mantener una puerta abierta hacia el viejo mundo, una vía a través de la cual pudieran entrar financiamientos y tecnología que estuvieran fuera del alcance de nuestras empresas socialistas. Por otro lado, no se puede dejar de reconocer el estímulo a la creatividad que en ciertas condiciones permite la iniciativa privada.

El socialismo, para desarrollarse, puede aprovechar la inventiva y la tenacidad constructiva sin importar de donde estas vengan

El Sector Social debe predominar, pero lo mejor es poseer un complejo sistema en el que cada forma de propiedad aporte algo al conjunto de la economía. En otro lugar, he dicho que debemos pasar de la lógica de la dictadura del proletariado a la lógica de la república socialista. Eso significa que, aunque lo social sea priorizado, no se puede estigmatizar a aquellas personas que practiquen formas tradicionales de economía. Se trata de un equilibrio difícil de lograr, pero que es fundamental para la salud republicana de nuestra sociedad. Ese es el principal reto que plantea para nosotros los socialistas la aceptación de la propiedad privada: ejercer la hegemonía respetando al mismo tiempo la dignidad absoluta de cada persona.

Traicionar la voluntad del pueblo

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Foto: Jean Fruth / National Baseball Hall of Fame

Ser acusado en Cuba de contrarrevolucionario tiene una connotación mayor que cualquier otra parte del mundo. La oposición en Cuba está asociada a cada una de las acciones del gobierno de los Estados Unidos contra nuestro país, desde el terrorismo que costó más de 3000 muertos hasta la manipulación de la realidad que ha servido para mantener el acoso contra la Revolución. Traicionar la voluntad del pueblo siempre ha estado mal visto.

Los más avispados dentro de la derecha cubana últimamente se presentan como «revolucionarios», necesitan los códigos de la izquierda para ser creíbles. Esto genera un área gris donde un contrarrevolucionario puede pasar por lo contrario y un revolucionario que haga críticas puede ser confundido con ellos. Podemos diferenciarlos respondiendo a la pregunta: ¿quién se beneficia con lo que hace y dice esa persona?

Podría parecer que el contrarrevolucionario solo pretende un cambio un sistema en Cuba, pero es mas que eso. La revolución es un proceso que pretende dar la mayor suma de felicidad posible, y la están saboteando. ¿Cómo llamarle a quien provocan la infelicidad de su pueblo?

Algunas medidas en Cuba son impopulares pero inevitables, en estos casos se impone una amplia explicación a la sociedad, sin ocultar la verdad. En otros temas como la unificación monetaria, existe voluntad política pero la realidad se impone. No me refiero a quienes deben hacer lo que toca sino a los que ocupan un cargo específico y en lugar de responder a los intereses del pueblo, toman decisiones contra la voluntad de este.

No es la primera vez que abordo el tema del deporte en Cuba y algunas decisiones que se toman, pero es que lejos de transformarse para bien, el tema sigue empeorando. Lo peor es que además de no responder a los intereses del pueblo, lo que hacen es tomar medidas que benefician a los detractores de nuestro proyecto social.

¿Cómo es posible que el juego más importante de la selección nacional de fútbol en los últimos años no sea puesto en vivo por la televisión cubana y tengamos que verlo diferido? Sobre todo, cuando hace apenas una semana se puso en vivo el partido Barcelona – Real Madrid. Yo no sé en qué se basaron los responsables de esa decisión, pero las gradas copadas del estadio Pedro Marrero demuestran que existe interés popular por el ver el fútbol cubano.

Para crear aun más malestar, la convocatoria de jugadores al partido se anunció el día antes y en contra de las expectativas de los aficionados, no se convocaron cubanos emigrados que tienen ganas de vestir nuestro uniforme.

Tenemos deportistas cubanos regados por el mundo, algunos incluidos entre los mejores del orbe en sus deportes, por ejemplo el voleibol o el béisbol, la inmensa mayoría de ellos dispuestos y deseosos de representar al país.

Ellos quieren y los aficionados lo piden a gritos. Sin embargo los funcionarios encargados de llamarlos, hacen caso omiso de eso y mantienen su actitud inepta. Sufren los aficionados, sufren los deportistas y saltan de alegría los detractores de Cuba porque utilizan los fracasos de nuestro deporte como evidencia de la supuesta inviabilidad de nuestro proyecto social.

¿Cómo llamarles también a estos que provocan infelicidad en el pueblo? Los que viven de espalda a los intereses de quienes se supone representen.

Si tenemos cubanos contratados por su cuenta en el exterior, es muestra de los errores cometidos por aquellos encargados de gestionar su contratación. Que no estén contratados por nuestro sistema deportivo no puede ser, bajo ningún concepto, una limitante para no ser llamados a representar a su país.

Lo que se debe hacer es lograr que las contrataciones realizadas por el INDER sean tan atractivas que aquellos que lo hagan queden satisfechos y los que no lo estén se sientan atraídos a hacerlo.

Conspirar con un gobierno extranjero para subvertir el orden interno en Cuba es contrarrevolución, pero ¿cómo llamamos a estos que a conciencia crean también infelicidad en el pueblo? ¿Qué vías tiene el pueblo para obligar a esos funcionarios a que nos escuchen y si no sustituirlos?

La fiesta del Guatao

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El fenómeno de la propiedad privada ocupa a muchos hoy. Diversas voces se alzan, para en su nombre pedir el mercado mayorista. Este, puede que en determinados contextos no genere el efecto deseado.

Como la economía tiende a ser una ciencia ahistórica, basada normalmente en lógicas trascendentales, las cuales confunden mucho, propongo pensar en un caso hipotético para que ayude a ilustrar esto. Así, que de la misma manera que algunos libros de macroeconomía y microeconomía exponen sus puntos a partir de ejemplos sencillos, podemos hacer lo mismo aquí.

Imagínese una comunidad no céntrica de cualquier zona de la capital o de cualquier ciudad de otra provincia, con apenas mil habitantes, y que depende del transporte público para su desplazamiento. En los alrededores, digamos 4 cuadras a la redonda, hay una única cafetería. En ella, se venden nuestras típicas pizas, refrescos gaseados, dulces y panes.

Como su dueño es un compañero honesto y comprometido con el orden, compra el pan y la masa de piza en la panadería; el tomate y el queso en el agro-mercado estatal, el refresco en la pipa que va a la comunidad; y los dulces, bueno, se los compra a alguien en el cual confía en su honestidad.

Con esas condiciones, su cafetería es rentable, y da buenos ingresos. Todos los días en las mañanas compran los padres de los niños la merienda para la escuela, otros desayunan, en fin, tiene su utilidad social. Ofrece buen servicio, por lo que además de ser la única cafetería, vende bastante, aunque ciertamente no satisface la demanda de la comunidad, y ya a las 5 de la tarde cierra porque se quedó sin productos para vender.

Si de pronto, gracias a un mercado mayorista, su dueño puede comprar todo lo mencionado antes a mitad de precio, su rentabilidad se multiplicará. ¿Cuál sería el comportamiento normal de esta persona  con su política de precios?

En su sano juicio, como sabe que tiene la única cafetería, entiende que no debe bajar los precios, si de todos modos, todo el mundo le comprará. Este dueño, a nivel de la comunidad, ejerce como productor una posición de monopolio, así que se impone.

Con sus precios de venta iguales y menores costos, sus ganancias y rentabilidad aumentarán significativamente; no por un aumento de su esfuerzo, sino simplemente por una reconfiguración de las reglas de juego en su favor.

Ante esta respuesta del dueño, las autoridades -y con la queja de consumidores que conocen la facilidad que este posee para adquirir sus insumos-, pudieran topar los precios o subirle los impuestos. Los primeros harán que su cafetería siga siendo rentable, al menos desde un punto de vista meramente contable. Sin embargo el dueño, en el ejercicio del criterio, considera a sus restricciones un costo de oportunidad, por lo que cree que son pérdidas que está teniendo. En esa lógica, al compararse con los condiciones antes de que se le aplicarán esas políticas, piensa que ya no le da negocio, por tanto, en esas circunstancias prefiere parar la cafetería.

Así, decide cerrar. Como era la única cafetería, la demanda que suplía ahora queda insatisfecha, y la función social que cumplía se ve afectada. Con ello, se puso límite a un enriquecimiento-que no tiene que ser malo- que la propia política económica estimuló, se dejó sin oferta a la población de esa comunidad, y desapareció una fuente de cierta riqueza. Ahora, ni dinero para el dueño, ni oferta para la gente, ni cobro de impuestos para redistribuir. Circunstancia esta, claro, que no tiene que ser una regla, pero que no es ajena a nuestra realidad.

La cuestión es que con  este ejemplo, se muestra cuál puede ser uno de los posibles escenarios dado un mal manejo del mercado mayorista. Este es necesario, pero cuando se trata de sociedad, nada es automático, y en cada contexto, los resultados pueden ser diferentes. Por eso, si su objetivo es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de a pie, debe mirarse bien no vaya a ser que solo beneficie a los privados, o que termine -como en el ejemplo descrito- como la fiesta del Guatao.

Ya no es antes

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antes

En la década del ochenta, cuando estudiaba Marxismo Leninismo e Historia en el Instituto Superior Pedagógico de Matanzas, era raro que en cada grupo universitario no existiera un comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). A veces más de la mitad de los alumnos eran militantes. Esa era la cantera natural de entrada al Partido Comunista de Cuba (PCC), aunque también había otras vías, como la selección de trabajadores en sus centros laborales que no hubieran sido previamente militantes de la UJC, pero que por su actitud social y profesional fueran aceptados para “hacerles el proceso”.

Esa situación ha cambiado desde entonces. Es mi apreciación personal, que se apoya en las preguntas realizadas a varios colegas, profesores de Universidades en diversas provincias de Cuba, sobre la presencia de militantes entre sus alumnos. Las respuestas que me ofrecen son indicadoras de que existe una disminución ostensible de la membresía. Por ejemplo, en una misma carrera, entre tres grupos de más de veinticinco estudiantes cada uno, hay solo seis militantes. Ya no es posible en esos casos conformar un comité de base grupal, y tiene que ser organizado a nivel de facultad.

Ello no es exclusivo del ámbito universitario, igual ocurre en centros de trabajo donde no existen militantes de la UJC, o son muy pocos y tienen que conformar los comités de base incluyendo a personas que laboran en centros cercanos y con los que no tienen vinculación personal ni profesional. Por otra parte, en ocasiones algunos miembros de la UJC no desean ingresar al Partido y, dado que el proceso es voluntario, causan lo que se conoce como “baja natural”.

En las filas del PCC ocurre asimismo un proceso de disminución de su militancia. Conozco a numerosas personas en mi entorno profesional (instituciones culturales), y también en medios universitarios, que han solicitado la “desactivación” de la organización. Así se denomina en los estatutos del Partido a la decisión de abandonar sus filas.

Ante la disminución de su membresía, el PCC ha matizado ciertas decisiones. Si durante largo tiempo no aceptaron entre sus militantes a personas que asumieran otra ciudadanía además de la cubana,[1]han modificado esa actitud y ya se admite a los que estén en la referida situación, lo que indica que el Partido se adapta al cambio de contexto. Sin embargo, las personas que obtienen otra ciudadanía muchas veces se radican por determinados períodos fuera de Cuba, o viajan con frecuencia, y su pertenencia al PCC les ocasiona una molesta consecuencia: la obligación de informar y solicitar autorización de su núcleo del Partido cada vez que decidan salir del país. Esta información la obtuve al indagar entre ex militantes que se dedican a importar mercancías desde el exterior, o que viajan a visitar a familiares, y que optaron por la desactivación.

Otra causa de desactivación parece ser la jubilación. Aunque existen núcleos zonales del PCC que agrupan a los jubilados, de acuerdo a los testimonios ofrecidos, algunos sienten que “son personas extrañas, ajenas, porque no las une relación alguna, apenas se conocen”.

El PCC declara una membresía de poco más de 600.000 militantes, y la UJC se atribuye una cifra equivalente. Pero existen aspectos que indican, con toda lógica, que las trasformaciones que sufre nuestra sociedad deben haber influido en una reducción de esos números. Las altas tasas de emigración definitiva de cubanos, residencia temporal en otro país, constantes viajes al exterior o decisión de causar baja natural o desactivarse, le restan militantes, efectivos o potenciales, a ambas organizaciones. Si además tenemos en cuenta la ampliación del sector privado en nuestra economía, también es un factor que puede limitar el ingreso a las filas del PCC, pues este acostumbra a seleccionar a sus militantes entre los trabajadores ejemplares elegidos en asambleas realizadas al efecto en sus centros laborales, sobre la base del principio de la voluntariedad. ¿Cómo se materializará esto en la empresa privada? No conozco de ningún caso en que en una de ellas se haya efectuado una asamblea de trabajadores ejemplares, lo que no quiere decir que no ocurra, simplemente no tengo los datos.

Comprendo perfectamente que estos análisis no establecen tendencias. ¿Cuáles son las cifras reales de ingresos al PCC y a la UJC? ¿Cuáles las de aquellos que asumen la decisión de no entrar o de desactivarse de sus filas? ¿Cuál es la edad promedio de la militancia del PCC? No las tengo, y advierto que este análisis las requeriría para ser verdaderamente objetivo, pero si los científicos sociales cubanos no nos acercáramos a un tema por falta de cifras e información veraz, pasaríamos buena parte del tiempo cruzados de manos.

Lo cierto es que el PCC se considera, de acuerdo a sus estatutos, “máxima expresión de la voluntad unitaria del pueblo cubano de cuyos mejores hijos nutre sus filas (…)”. Sería útil conocer más acerca de cómo se constituyen esas filas.

[1]Lo que era un contrasentido, ya que el PCC original fue fundado en 1925 principalmente por extranjeros residentes en la Isla, en su mayoría españoles y hebreos. Su primer secretario general fue precisamente el español José Miguel Pérez.

Salario y desigualdad

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En las últimas estadística del anuario, un cambio en particular me llama la atención. El salario medio sigue creciendo. Esta estadística no tiene que ser precisamente algo favorable.

El salario, a mi juicio -y al de muchos seguro- es el problema central de nuestro sistema. Si sus niveles fueran los necesarios, desaparecería la migración de cubanos al exterior por su inverso; y cuestiones como la burocracia y la autocensura no se notarían. Después de todo, en otras sociedades, al que piensa diferente y hace mucho ruido lo desaparecen -literalmente- y solo los ricos llegan a presidente.

Como es entonces  un tema casi trascendental hay que prestarle más atención, digo, nosotros, todos los que de una forma u otra debatimos sobre la realidad, pero también, economistas, sociólogos, politólogos, y sobre todo, nuestros cuadros políticos, que son los que en definitiva cortan el bacalao.

Por eso, al caer en mis manos -en mi pantalla- el anuario estadístico me remití a la estadística del salario. Lo relevante, era ese aumento del salario medio del cubano, donde en tan solo par de años pasó de 687 a 767. Válido aclarar que está cifra solo recoge al sector estatal.

Durante dos semanas he estado preguntando a quienes conozco que trabajan en el sector estatal, obreros promedio, para saber si sus salarios habían ascendido. Para mi sorpresa, encontré siempre una respuesta negativa, a ninguno de ellos se les había subido el salario. Confiando en mi muestra, me preocupé.

Fue entonces cuando me acordé de aquel ministro inglés, Benjamin Disraeli, quien afirmó que existían las mentiras de la estadística. El dato del anuario no estaba mal, por lo que el problema está en la medida promedio.

Con una mini dosis de matemática, se conoce que la media es una medida de distribución, que  habla de una igualdad cuantitativa ideal e irreal. Ilustrando eso, el expresidente Correa, contaba el hipotético caso de un hombre que tenía la mitad de su cuerpo en un horno y la otra en un congelador, como promedio, esta a buena temperatura.

Por eso, ese salario que dice que todos ahora ganamos más pero no es real, para que haya gente ganando 320, el medio sea de 687 y suba a 746, y los salarios más bajos no suban, es evidente que los que ha ocurrido es, o el aumento de los salarios que ya estaban por encima de la media, o la creación de nuevos salarios de cuantía elevada. Para que haya alguien con trescientos y pico , tiene que haber otro con más de mil doscientos para obtener nuestro medio, esta simple distancia entre extremos es un brecha de desigualdad.

Si se me preguntara que objeto al respecto, respondería con otra pregunta, ¿qué política social estamos siguiendo?

El movimiento de la estructura salarial, además de su insufiencia para garantizar la reproducción del trabajador, no en acto casual está reproduciendo una desigualdad. Este mecanismo, de mantenerse así en el tiempo, puede hacer de la desigualdad -en el sector estatal- algo crónica. Cosa que no será generada ni por el bloqueo, ni por el malvado mercado, ni por el neoliberalismo, sino por nuestro propio manejo de la economía.

Creo que se está en tiempo de rediseñar esas cuestiones, al menos, para que vayan en sincronía con el espíritu de la Revolución.

El deber de un hombre

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Leopold Trepper en un programa de la televisión francesa el 23 de octubre de 1974

Durante años Lejb Domb, más conocido por Leopold Trepper organizó y dirigió la red de espionaje soviética conocida como La Orquesta Roja en la lucha contra el fascismo durante la segunda guerra mundial. Los propios servicios secretos alemanes calculaban que esa red costó más de 300 000 muertos a Alemania. Al concluir la guerra, Trepper regresó a la Unión Soviética y cumplió 10 años de prisión antes de que se demostrara su inocencia.

No es mi intención explicar los antecedentes, sugiero que, para tener más información, leer La Orquesta Roja del escritor francés Gilles Perrault o El Gran Juego, escrito por el propio Leopold Trepper. Tampoco pretendo adentrarme en los errores del socialismo en esa etapa y sus consecuencias porque lo que motiva este post es una frase Gilles Perrault para describir a Trepper al salir de la cárcel:

Dejó la cárcel tan comunista como antes de ingresar a ella y aunque nosotros no somos comunistas, nos gusta que haya mantenido su fe porque la derrota de un hombre a quien sus vicisitudes llevan a arrojar sus convicciones como un fardo demasiado pesado, es la derrota de todos los hombres…”

Cuando leí esta frase me vinieron a la mente varios nombres de personas que confundieron el problema de un día con el de toda la vida y los sucesos acaecidos con una persona con todo el sistema. Se fueron de Cuba varias décadas después de la UMAP, pero justifican su decisión con la existencia de estas. Hoy dicen God Bless America y olvidan que en los años en que en Cuba existía la UMAP, en Estados Unidos había baños para blancos y baños para negros y estos últimos estaban luchando por su derecho a votar.

Aquel que pierde sus convicciones tan fácilmente es que nunca las tuvo. Puede tratar de convencerse de lo contrario, pero no puede obligar a los demás a que le crean. Reducir la Revolución al policía grosero, el médico indolente, el administrador corrupto y el funcionario obtuso, es una grave simplificación. El proyecto que estamos construyendo, tiene errores pero también muchas virtudes que pasan inadvertidas por ser cotidianas. Se recuerda más a un mal policía o médico que a los muchos buenos que nos encontramos antes.

Hay que ser consecuentes con nuestras ideas, un funcionario que comete un error o injusticia no es la Revolución. La costumbre de endilgarle al sistema político cada uno de los males sociales, se aplica convenientemente a los países de izquierda. Quienes dicen que la Revolución les falló o el Socialismo no funciona por un evento determinado, luego buscan explicaciones no ideológicas cuando quien les falla sistemáticamente es el Capitalismo.

El deber de un hombre es ser consecuente a sus ideas y no andar buscando pretextos para aborrecerlas. La victoria de Leopold Trepper fue esa, estar por encima de cualquier error o injusticia, y seguir su propio camino.

La copia del soberano

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Gracias al programa especial Hacemos Cuba se ha podido conocer cómo funciona la comisión encargada de tabular y analizar el total de modificaciones, adiciones, eliminaciones y dudas que plantea la población en cada asamblea. Así supimos que esta comisión de 30 miembros se divide en 11 equipos, uno por cada capítulo, que luego pasa a discutir sus conclusiones parciales con el denominado grupo central. Es en ese espacio donde se decide qué planteamientos clasifican para el informe final. Como hubiera dicho mi abuelita: es ahí donde se corta el bacalao.

Tras procesarse de este modo toda la información, se elaborará un informe general que se entregará a la Comisión de los 33 para que reelabore el proyecto constitucional y lo presente de nuevo a los diputados, quienes efectuarán el análisis y aprobación final del proyecto que será sometido a referéndum popular.

En esta era de internet y televisión digital, es de esperar que esas sesiones de la ANPP sean trasmitidas en vivo y en directo, de manera tal que el pueblo pueda seguir la marcha de un debate tan importante como el que, a juzgar por lo que ha ocurrido en todo el país, deberá suscitarse entre los diputados-constituyentistas.

Mas, ahora me asaltan algunas dudas: ¿el informe que se entregue a los diputados será de libre acceso para el resto de los cubanos y cubanas?, ¿por qué no se hacen públicos también los resultados estadísticos que con tanta dedicación y creatividad han obtenido los informáticos entrevistados?, ¿no será conveniente que los responsables de la tarea informen públicamente cuáles fueron los planteamientos principales de la población, cómo se movieron las tendencias de opinión a medida que transcurrió la consulta, y por qué unos planteamientos pasaron al informe final y otros no?

Existen temas peliagudos en la deliberación popular que también valdría la pena saber cómo se comportaron estadísticamente; desde el llevado y traído artículo del matrimonio igualitario, al tribunal de garantías constitucionales y sociales; la ampliación de los derechos ideo-políticos y las actitudes consideradas discriminatorias; la obligación del Estado de pagar salarios dignos y volver a disminuir la edad de jubilación; la eliminación de los anacrónicos términos de gobernador e intendente, y los límites de edad y mandatos para ocupar cargos, entre otros.

Al no existir muchos puntos de contacto entre los temas que presenta la televisión y los que circulan por las redes sociales y los emails (como si se tratara de mundos paralelos) sería muy conveniente disponer de las cifras que ?frías y tozudas como son?, permitirían a cada uno, no solo sacar conclusiones per se, sino hacer comparaciones entre lo planteado en los diferentes territorios, sectores sociales y grupos etáreos y cotejarlo con la versión final del proyecto.

Hallo que lo que han dicho millones no debe quedar solo para la reflexión y decisión de 33 comisionados, o el pleno de la ANPP, pues el principio que guía este proceso es que el pueblo es el único y legítimo soberano y, por serlo, debe tener acceso pleno al texto completo del informe final. Si todos los ciudadanos y ciudadanas somos constituyentistas, todos debemos disponer de esa información.

A la hora del referéndum cada uno va a votar solo ante su conciencia, y para ello debe sentirse totalmente preparado y acompañado por las opiniones de los otros ciudadanos constituyentistas. Es preciso que cada votante pueda llegar a ese momento crucial con razones suficientes que avalen su decisión de aceptar, rechazar, o votar en blanco el proyecto constitucional más popularmente debatido de la historia de Cuba. Así el pueblo todo, y cada uno de sus ciudadanos y ciudadanas, podrá sentirse orgulloso de haber construido una constitución.

Homófobo o revolucionario pero imposible los dos

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No lo puedo decir más claro. En el siglo XXI cubano si usted es homófobo, ni es progresista, ni es revolucionario, ni es de izquierda. Para que se me entienda: no hay ninguna justificación ética, moral, religiosa o científica que pueda resistir un segundo de debate sobre el derecho de todas las personas a casarse con quien le dé su más intrínseca y vulgar gana.

La unión civil de dos seres humanos es un derecho y la homofobia es un crimen de lesa humanidad. El homófobo, incluso ese que a todas luces es buen ciudadano o buena persona, no es distinto al racista, al machista o al xenófobo. El homófobo lacera la condición humana por el único motivo de que se siente superior, de que cree los otros no deben tener los mismos derechos que él.

Si usted se opone al matrimonio igualitario, bien podría haber sido de los que en distintos momentos de la historia se negó a que los esclavos fueran libres, a que las mujeres votaran o a la jornada laboral de ocho horas y las vacaciones pagadas.

En el caso de Cuba, es incluso peor. He visto gente en la discusión del nuevo proyecto de Constitución abogar porque se elimine la capacidad del matrimonio igualitario… y no cualquier gente: hablo de gente que esgrime como logros de la Revolución igual salario para hombres, mujeres, blancos y negros por igual trabajo, la salud y la educación gratuitas y universales; pero que se escandalizan con la posibilidad de que un hombre se case con otro.

He escuchado a algunos decir que no votarán por la nueva Constitución de la República de Cuba si no se cambia el artículo 68. Y yo lo siento, pero si usted está dispuesto a comprometer un proyecto de país que se está pensando para hacer de esta una nación mejor por el solo hecho de que su pequeña y ridícula hombría se siente amenazada, le informo que tiene más de homófobo que de revolucionario y patriota.

Tengo un contrargumento para cualquiera de las justificaciones contra el matrimonio igualitario: las sociales, las políticas, las económicas, las religiosas; pero no voy a dar ninguno. Es un derecho y punto, y los derechos son para todos por igual, porque sí.

matrimonio lgtb cuba

Es más, si por mí fuera, deberían establecer el matrimonio y dejar a las personas vivir en comunas felices con igualdad de responsabilidades en el hogar y la familia. A lo mejor así se acaban la infidelidad, las dobles vidas y los crímenes pasionales producto de repentinos ataques de tarros. Nada sería más subversivo y revolucionario que atacar desde el núcleo a la institución burguesa, conservadora y dogmáticamente religiosa que es el matrimonio monógamo y heterosexual.

¿Se me nota indignado? Es que lo estoy.

En las últimas décadas la gente en este país se ha manifestado en público como protesta en rarísimas ocasiones. Es desconcertante para mí que en un contexto donde hay tantas cuestiones económicas y sociales sobre las que expresarse constantemente, aquellos que callan todo el tiempo, alcen su voz para privar de un derecho a otros.

No hay manifestaciones por lo mala que están las guaguas, ni contra los desmanes de Etecsa, ni contra los precios del agromercado. No. Algunos dejan sus problemas cotidianos en manos de Dios, pero en nombre de Dios agreden, sin que esta los afecte para nada, a la solución del problema cotidiano del otro.

Pero nada hay que temer, todo es culpa del dogma y los dogmas tienen fecha de caducidad. Esos que hoy le dejan de hablar a sus hijos por maricones, son los que les tiraron huevos a los balseros y luego los abrazaron cuando volvieron porque se morían de la nostalgia, son los que despotricaron contra el trabajo por cuenta propia y cuando se jubilaron se metieron a taxistas con los carros que les dio el Estado porque se morían de hambre.

Nada hay que temer, la Historia lo pone todo en su sitio y, cueste lo que cueste, el artículo 68 va porque la vocación de este país es que los derechos que se garantizan, se garantizan para todos y porque la Iglesia está separada del Estado.

El 68 va.

Patria o Muerte.

Amén.

Tomado de: Western Congrí