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Una respuesta algo tardía

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Foto: Mesa Redonda

Hace casi un mes que apareció en Rebelión una Carta sobre el socialismo, firmada por Yunier Mena, un militante de la UJC de la Universidad Central de Las Villas. En ella, el joven polemiza con Antonio Romero, Decano de la Facultad de Economía y Ciencias Empresariales de la Universidad de La Habana, por una intervención de este en la Mesa Redonda. La carta me pareció interesante, pues muestra una posición poco usual en el debate público cubano, y da pie para un diálogo con ciertos sectores de la izquierda radical. Hubiera querido responder antes, pero circunstancias personales me lo impidieron.

Para que los lectores puedan saber de qué va la cosa, vale la pena reproducir uno de los fragmentos más controversiales de la misiva:

“(…) usted planteó allí, como respuesta al pedido de la dirección del país de pensar Cuba, la necesidad de liberar las fuerzas productivas. Usted debe saber, puesto que es economista, que eso nos llevaría al capitalismo o a un capitalismo con nombre de socialismo”.

Para resumir, debo decir que tengo dos diferencias fundamentales con Yunier Mena, una de índole teórica y otra de carácter estratégico. Por eso, las trataré por separado.

I

Como puede observarse en la frase más arriba, Yunier establece una relación causal simple entre el acto de liberar las fuerzas productivas y la aparición del modo de producción capitalista. A mí me parece que no se puede ser tan categórico al establecer esa relación. Se trata de una condición necesaria, pero no suficiente.

Desde mi punto de vista, para criticar una consigna lo primero que hace falta es ubicarla en contexto. La consigna de “liberar las fuerzas productivas”, por ejemplo, no se puede analizar haciendo abstracción del viejo problema del estatus del mercado en el socialismo. Una impugnación de cualquier tipo debe comenzar por abordar ese problema.

Adentrémonos pues, en el viejo problema. ¿Es posible eliminar el mercado en el socialismo? ¿Es necesario hacerlo?

Toda sociedad en la cual exista la división del trabajo está obligada a efectuar la distribución de los diferentes productos entre los actores sociales. El gran problema va a ser siempre encontrar una manera racional, eficiente y eficaz, de realizar esa distribución. El mercado es una forma, ciertamente imperfecta, en la cual las sociedades han respondido a esa necesidad. A través del cambio, que ocurre en una inmensidad de actos individuales, se realiza la ley del valor, que permite hasta cierto punto un intercambio de equivalentes, lo cual garantiza cierta racionalidad al sistema.

La historia de la economía política en el socialismo es la de un intento desesperado de negar el mercado, seguido de un progresivo despertar ante la realidad objetiva. En los primeros tiempos, tanto en la URSS como en China y Cuba, se experimentó con modelos que pretendían fundar la distribución directamente en el valor objetivo de los productos, calculando el tiempo de trabajo socialmente necesario (TTSN) para la producción. Pero esos modelos resultaron un fracaso, pues los parámetros utilizados en esa medición fueron totalmente ajenos a la realidad de la economía. Su implementación condujo siempre la economía al caos y al derroche innecesario de recursos.

Por ese motivo, tanto en la URSS como en Cuba, triunfaron los enfoques que reconocían cierta pertinencia de la ley del valor en el socialismo, y que reivindicaban el cálculo económico y la contabilidad. Como se recordará, en Cuba esa era la posición de Carlos Rafael Rodríguez. Desde aquel momento, el mercado quedó reconocido como una realidad insoslayable.

Entonces, el debate en el cual se encuentra Cuba, tal y como le pasaba a la URSS en los tiempos de la Perestroika, así como a China y a Vietnam antes de las reformas, no está en decir sí o no al mercado, sino en analizar si la forma en la que está concebida la planificación económica da resultados positivos en una economía mercantil. Ahí es donde se encuentra el quid de la cuestión actualmente, porque el modelo de planificación tal y como se concibe en Cuba, así como pasaba en la URSS, está basado en mecanismos administrativos que solo son camisas de fuerza añadidas inorgánicamente a la economía, lo cual provoca un alto grado de irracionalidad, desperdicio de recursos y estancamiento.

Me parece que la economía cubana no está en condiciones de superar la división del trabajo ni el aislamiento de los productores. Tampoco creo que tengamos los medios para recopilar, procesar y socializar toda la información necesaria para que los actores sociales conozcan el valor objetivo de los productos. Por lo tanto, creo que el mercado es para Cuba una realidad insuperable, que debe utilizar a su favor de la mejor manera posible.

Cuando se habla de “liberar las fuerzas productivas”, se hace referencia a eliminar el modelo de planificación de la economía vigente hasta la actualidad, basado en mecanismos administrativos, el cual es un lastre para dicha economía. Esto lleva a dos soluciones posibles: eliminar toda forma de planificación, o crear un nuevo modelo que sea coherente con una economía mercantil. Solo la primera opción lleva al capitalismo.

Es necesario recordar que lo que define un modo de producción son las relaciones sociales de producción (RSP) fundamentales. Mientras en la sociedad cubana la RSP fundamental sea la planificación de la economía sobre la base a un proyecto de justicia social, no habrá capitalismo en Cuba, sin importar cuan desarrolladas estén las relaciones mercantiles.

Me parece que lo que le preocupa a Yunier, cuando habla de “un capitalismo con nombre de socialismo”, es que se repita en Cuba el modelo de China y de Vietnam, países a los cuales considera capitalistas. Yo enfocaría las cosas de otra manera. China y Vietnam son países que lograron crear modelos de planificación coherentes con economías mercantiles; para mí, el problema con ellos, es que siguieron planificando la economía autoritariamente desde el Estado-Partido, y no desde un sistema de democracia obrera.

Por eso le respondería a Yunier, quien hasta donde puedo ver es un defensor de la democracia obrera, que la aceptación de una economía mercantil no es algo incompatible con esa democratización. Lo fundamental sería crear un modelo de planificación desde abajo en el cual participen los diferentes tipos de propiedad: un gran sector de empresas públicas en manos de los trabajadores, el sector de las cooperativas, y el sector privado. Más adverso para la democracia obrera es el autoritarismo fundado en el abuso de la lógica de la vanguardia, el cual ha caracterizado a todas las experiencias de socialismo.

II

Mi segunda diferencia con Yunier es, como decía, de orden estratégico. Tiene que ver con lo que me parece es una mala lectura del momento sociopolítico por su parte. En general, no le respondo solo a él, sino a todo un sector de la izquierda radical que me parece algo desorientado.

Yunier increpa al profesor Romero, saliendo a la defensa del socialismo frente al capitalismo, como si las fuerzas del liberalismo estuvieran al acecho, entrando por la ventana para desactivar la Revolución. Me parece comprensible que se preocupe, ante ciertos fenómenos que se ven en la calle a menudo, como el aumento de la desigualdad y de la mendicidad, al lado de la ostentación insensible de algunos. Pero creo que Yunier no ha captado con precisión el momento político.

El General de Ejército Raúl Castro, al frente del Partido, llevó adelante un grupo de reformas que se condensaron en los Lineamientos. Ese proceso de cambios desembocó en la Conceptualización del Modelo, así como en la nueva Constitución, que reconoce el papel del mercado y contempla la existencia de la propiedad privada. La esencia del camino expresado en los Lineamientos, y que fue refrendado por los dos últimos congresos del Partido, está en crear un modelo de planificación de la economía que sea coherente con una economía mercantil.

Sin embargo, el camino no ha estado exento de baches. Han surgido fuerzas que defienden el mercado a ultranza, porque silenciosamente pugnan por el capitalismo. Pero también se ha puesto de manifiesto la resistencia pasiva de la burocracia estatal y partidista, que no sabe funcionar de otro modo que no sea con el modelo de planificación actual, basado en mecanismos administrativos. Esa burocracia tiende a una actitud continuista, que en el fondo desconoce y convierte en papel mojado lo que se aprueba por los congresos.

He aquí lo que quiero decirle a Yunier. Tal vez en el 2015 el liberalismo fuera la fuerza más peligrosa para el socialismo cubano. Pero desde el 2016, sobre todo a partir de la visita de Obama, hubo un cambio en la correlación de fuerzas dentro del escenario político cubano. Las posiciones contrarias a los cambios, o que querían quitarle radicalidad a los cambios, se hicieron predominantes. Desde entonces, el mayor peligro para el socialismo cubano es que no se logre dar el cambio en el modelo de planificación de la economía que se prometió con los Lineamientos.

Otros factores han venido a complicar la escena. La victoria de Trump, el fin del proceso de normalización de las relaciones con los Estados Unidos, y el aumento desmesurado de la agresividad imperialista contra Venezuela, Nicaragua y Cuba, han favorecido el empoderamiento de aquellos que siempre han justificado su negación al cambio con la intransigencia frente al enemigo.

También el relevo generacional, un proceso complejo en el cual se necesita que el pase del balón se lleve a cabo en condiciones de confianza absoluta, ha llevado a resaltar, por parte de la nueva dirigencia, los elementos de continuidad con el pasado revolucionario. Los elementos de discontinuidad han quedado en un segundo plano.

Por todo esto, reitero, me parece desorientada la carta de Yunier Mena, pues golpea al liberalismo en un momento en el que el mayor peligro no es el capitalismo interno. El mayor peligro en la actualidad es que, por un conjunto de circunstancias, se pierda la oportunidad histórica de cambiar el viejo modelo de planificación por uno que sea coherente con una economía mercantil.

A lo que tenemos que tenerle miedo hoy, es a un continuismo de la ineficiencia, el derroche y el estancamiento, que nos dejará sin un uso provechoso del mercado y también sin democracia obrera. Un continuismo que a la larga también nos traería el capitalismo, solo que quizá de una forma más horrible.

Por un periodismo no sexista

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sexista

Si afirmara que la función de lxs periodistas es recoger información, procesarla y encuadrarla en un contexto; luego difundirla a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico; seguramente tendríamos una larga lista de debate, sobre lo reduccionista que resulta el concepto.

Si leemos dicha definición de la Real Academia Española (RAE) quedamos recalculando como GPS que perdió el rumbo: no nos basta, pero lo dice la RAE. Las instituciones y los medios de comunicación tienen para la ciudadanía carácter verídico; no en vano algunxs autorxs consideran a estos últimos el cuarto poder (junto con el legislativo, jurídico y ejecutivo).

Independiente a la vertiginosa rapidez con que se consigue información en la actualidad, la prensa sigue teniendo una importancia fundamental. Se suele creer a lxs periodistas por encima de cualquier otra persona de los medios de comunicación, mucho más si hablamos de un periódico oficial con trayectoria reconocida.

La prensa se modificó, así como lo que buscamos en ella. Un diario de prestigio puede tanto convencernos de que alguien es un buen candidato a presidente, como crear una imagen de inseguridad del lugar donde vivimos. Por ende, resulta imprescindible que lxs periodistas posean una determinada ética; actitud cada vez más maleable en el mundo hoy.

Podemos decir que a través de los distintos soportes deviene en una especie de vocerxs, profetas, educadorxs, conciliadorxs, analistas y creadorxs de opinión, según sea el caso. Contrayendo un compromiso implícito con el conjunto de la sociedad.

En el afán de abordar de forma llamativa un hecho que se cree noticioso, muchxs periodistas –con o sin intención— reflejan y/o reproducen la discriminación por motivos de género.

Recientemente producto de una pelea entre los jugadores de béisbol de Industriales y Holguín, el periódico Trabajadores utilizó la siguiente frase:

«La pelota nunca será un juego de señoritas porque hay roce, deslizamientos de base, pelotazos de desquite y hasta alguna que otra palabrota desafiante cuando la tensión del juego lo merece…»

Dejando en un paréntesis el mensaje subliminal que contiene: la legitimación de un poco de violencia «merecida» a un juego que debería ser de goce y el análisis de la necesidad falocentrista de medirse «la fuerza» de los jugadores; leer la noticia resulta mínimamente paradójica.

Una nota que pretendía denunciar la violencia termina reproduciendo un mensaje cargado de estereotipos, haciendo uso de una discriminación positiva hacia las mujeres. Mensaje que se desliza de una crianza sobre la base de frases machistas: las mujeres no saben nada de pelota, las mujeres son delicadas, las niñas no dicen malas palabras, eso de estar tirándose en el piso y ensuciando no es cosa de niñas…

Un mensaje subliminal que queda plasmado en la sociedad, reproduciendo conductas machistas sin darse cuenta. La oración donde dice «señoritas» fue modificada por las reacciones de lxs lectorxs.

La misma situación se ha reiterado en otros medios: Radio cadena Agramonte intentando resaltar a un equipo femenino de béisbol que participaría en los panamericanos, no supo cómo dibujarnos de otra manera: Una mujer que parada en la base se pinta los labios. Mientras, el catcher y el árbitro la miran con una mezcla de asombro y desaprobación, está demorando el juego.

La subdirectora del Semanario Girón tuvo que disculparse ante un reclamo del CENESEX, por una caricatura que colocaba la orientación sexual de Luis Almagro, como motivo fundamental de su posición política.

Algo similar pasa cuando vemos las noticias en los diarios. Un paneo de cada página nos muestra como las imágenes elegidas responden a un encasillamiento estereotipado de roles. Si las noticias hablan sobre el hogar, la educación o la salud de infantes, aparecen mujeres solamente. Cuando se tocan temas sobre los juegos de ollas por núcleo familiar, muchos de los discursos apuntaban a la gran ayuda que esto supondría para las féminas, entre otros muchos ejemplos.

Se vuelve patente la necesidad de un periodismo no sexista y con perspectiva de género.

Se espera que determinados medios continúen teniendo la esencia de una búsqueda de la verdad, plasmando de manera objetiva y además que logre satisfacer la necesidad de mantenernos informadxs. Es necesario preservar el posicionamiento honesto y neutral por encima de la subjetividad de quien redacta la noticia para nuestro consumo.

La poeta y crítica feminista Adrienne Rich decía: «Objetividad es el nombre que se da en la sociedad patriarcal a la subjetividad masculina».

Generar una prensa que sea capaz de evidenciar cómo se ven representadxs todxs en una noticia, que logre salir de la objetividad patriarcal para comunicar de manera más inclusiva, debe reflejarse en nuestra prensa. Tener en cuenta al conjunto de la población al enviar un mensaje, constituye uno de los compromisos fundamentales de cada periodista.

Analysis of a slogan

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slogan
Photo: Granma

It has become a government slogan in the last few months. It was coined by the President of the Council of State and of the Council of Ministers and it is repeated today by every official or journalist tasked with making public statements. It usually comes out like this: ‘…as the President has wisely asked us to think as a country…’

In an unusual civic exercise, citizens have also been asked to voice their opinions about how to turn that phrase into a reality. Many do so in the social networks. For my part, I have given it a good measure of thought and this is my fragmented yet encompassing point of view in that regard.

 ‘Thinking as a country’

From Literature: Personification or prosopopoeia is a type of ontological metaphor and a stylistic figure consisting in the attribution of human qualities to an animal or inanimate object (whether concrete or abstract), which is made to speak, act or react as a person would.

Countries do not think. People are the ones who can think about the country that they wish or need. The function of personification as a literary resource is to be one of the figures used in fiction, but politics must challenge fiction and be realistic, otherwise it becomes demagogy, which is a political strategy that appeals, among other things, to the emotions and hopes of the public in order to garner popular support.

From Geography: In this sense, it’s reductionistic. The term country is a synonym of State and its group of political institutions having territory, population and sovereignty. The country, as the seat of the State, is a legal attainment of the nation, and the latter also includes the large number of migrants who, while not living in the country, identify Cuba as their Homeland, which means much more than an ideology, a political party and a government. It would be fairer and more inclusive then to say ‘thinking as a nation’.

From Philosophy: We’ve spent sixty years thinking what the country should be like. The first thirty years we did it under the symbol of the world socialist system; the last thirty years by experimenting unsuccessfully under the same condition of having a country-pillar to support us. Thinking has several synonyms: ponder, ruminate, contemplate, reflect; all of them communicate the idea of inaction, passiveness, stillness. Of course we must think, but we have now arrived at a time when there’s an urgent need to move on from thought to action, and that implies taking risks in decisions and changing obsolete structures. As Marx said in his eleventh thesis on Feuerbach, in which he criticizes the contemplative materialism of young Hegelians in all forms of philosophical idealism: ‘Philosophers have done nothing more than interpret the world in various fashions, but it’s about transforming it.’

From Sociology: It would be more appropriate to say express ourselves as a country. Thought is materialized though language. Thinking is not enough if we don’t manage to make our ideas, opinions and viewpoints known. And how can we do this? What happens with opinion polls in Cuba? The day after he explained the ‘present juncture’, President Miguel Díaz-Canel announced with satisfaction that opinion polls confirmed the support of the citizenry for the announced measures and the optimism of people. How can something so categorical be asserted with such promptness? How do our leaders know what we think? In an article I published some time ago I said about this:

Mass opinion polls, through surveys which respect anonymity, for the implementation and assessment of political decisions are a matter pending in Cuba. Having gone through the initial years of revolutionary effervescence, when few questioned the collective and massive way of approving government decisions in squares, parades and political rallies, we turned this course of action into a controversial way of legitimizing the resolutions of our government. In accordance with that practice, extended into stages such as the present one, in which consensus is no longer evident, we have lost the possibility of knowing the real opinions of people and their trends in percentages. We are thus failing to use the true assessor of government policy: the citizens.

In short, instead of appealing to the fanciful and empty slogan of thinking as a country, conditions should be created to enable Cubans to act as part of the nation, and to enable our government to visualize and respect our needs and opinions, so it may thus rule by obeying.

(Translated from the original)

The path of the ice ax

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In the novel The Man Who Loved Dogs there’s a passage in which an NKVD instructor puts a gun in the hand of Ramón Mercader and orders him to assassinate a teenager accused of being ‘an enemy of the people’. The holders of power have always ‘conjured up’ enemies for the class they have claimed to represent and guide, from amongst themselves, as an expedite way to perpetuate their power, lest other defenders of their same cause be more intelligent, or coherent, or well-liked, or generated doubts about the infallibility of the supreme leader, or brought the official line of thought out of its comfort zone. Stalin read compulsively, and his ideological and political alpha male instinct eventually came out on top, leaving behind a sea of suffering and blood among the very social class he claimed to defend.

I don’t know whether the passage came entirely from Leonardo Padura’s imagination or there was some reference to the NKVD’s training methods. I don’t remember either whether Mercader actually shot that pockmarked teenager. He must have. Otherwise, he wouldn’t have been entrusted with the mission of killing Trotsky. For some missions you can’t use a hesitant warrior, with scruples, with some sense of decency. The killer for hire, as well as the doctrinal killer, has to blindly follow the order of the mastermind. The victim has the life story that the mastermind told the murderer. The executioner is a sort of robot with an algorithm configured for only two options: revolutionary or counterrevolutionary, sympathizer or enemy. The killer for hire does it for money. The doctrinal killer does it out of fanaticism, because he can’t think of a solution other than extermination, because in the path of his ice ax he doesn’t see a human being, nor a revolutionary with a different point of view, nor a grandfather, nor an intellectual with transformative thinking, nor a social being who might be the bearer of a commendable alternative, nor even a member of an opposing class. In front of the doctrinal killer there are only infallible leaders or ‘enemies of the people’ in the path of the ice ax.

Some so-called cyber-warriors, supposed defenders of the Revolution, behave like Mercader. They just need to be given a ‘mark’ and they proceed to assassinate him or her on the web. This week we have detected that modus operandi being used against doctor René Fidel González García. Someone quotes an alleged post by an alleged former student of the professor who accuses him of anything from trading better grades for sexual favors, to being a schizophrenic, to being opportunistic and mentally handicapped. Although the same cyber-warrior says that ‘Facebook took down the post’ of the alleged victim of René Fidel, he had the foresight of copying and sharing the text, and it is then shared by others like him whose algorithms do not allow any semblance of a doubt. That way they carry out the ‘artillery barrage’ in advance of the publication of a statement by the Board of Directors of the University of Oriente which recognizes that they invalidated doctor René Fidel’s academic status because, and I quote: ‘since 2012, a series of published pieces by the then professor started appearing in websites such as La Joven Cuba, Rebelión, Sin Permiso, Cuba Posible, among others.’

According to this statement, the pieces by René Fidel ‘caused professors, students or citizens in general to question their content or become affiliated with his positions … something demonstrated by the subsequent review of his students’ final papers for his subject [Sociology of Democracy]. Therefore, René Fidel’s ‘crime’ is not that he requested sexual favors, or that he suffers from a psychiatric condition, or that he is opportunistic and mentally handicapped, as the virtual hitmen claim. Doctor René Fidel’s ‘crime’ is the same one committed by Soviet writer Mikhail Bulgakov, or Leon Trotsky, or Virgilio Piñera, or Lezama Lima: making us think. It’s the same ‘crime’ committed by each collaborator for La Joven Cuba or Rebelión when they do not abide by the official line of thought of the Cuban government.

That ‘crime’ could have been forgiven if René Fidel had accepted a post working in a library; if a few months later he would have written a mea culpa or ‘clarifications or explanations for his part’. But he did what –it all seems to indicate– no Cuban is allowed to do in this country under no circumstances whatsoever: lodging a complaint against those who repressed him under his constitutionally given rights. For me, it is obvious that, in this Rule of Socialist Law, the Constitution of the Republic ends whenever those in power believe that ideological and political divergence begins, which proves that, as it happens with retroviruses, Cuban Stalinism has only mutated; it still exists under a new guise.

The main problem is that, with the punishment of René Fidel for causing his students to also think beyond the official stance, with the use of character assassination, they are punishing decency at the very moment when President Díaz-Canel is making an appeal to rescue it. Along with the reputation of the ‘enemy of the Revolution’, they are mortally wounding institutionalism, the very one that Raúl Castro called to strengthen in Cuba. They are turning the Constitution of the Republic into a caricature, all of which, in the middle term, will have a political effect which would betray the just and libertarian essence of the Revolution itself. Someone has to tell them that they are killing this revolution. It’s your problem with the new generations. History, as always, will pass judgment and pronounce its sentence. Incoherence and deceitfulness will not be absolved, no matter how many cyber-warriors squeal or slander. In the same way that millions of human beings can remember Bulgakov or Trotsky, but no one can recall the name of even one of those who wrote pamphlets for Pravda or Izvestia, history will not absolve them, as it didn’t absolve Joseph Stalin.

(Translated from the original)

Más allá de la coyuntura

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Foto: Escambray

Tras el discurso del presidente cubano el pasado 11 de septiembre, una palabra inunda las redes y las calles, siempre con un tono humorístico: la coyuntura; fenómeno este que recuerda lo que ocurrió hace pocos meses con el caso del avestruz. Al parecer, las declaraciones de los dirigentes del país tampoco pueden escapar a la picardía del cubano.

El caso es que la coyuntura tomó la escena de los memes y los comentarios. Dicho sustantivo y sus conjugaciones fueron el arma del discurso político y económico oficial para caracterizar los días de dificultades –de crisis más bien— que se empezaron a ver. La declaración de arriba casi se convierte –aunque de seguro en ciertos círculos extremistas ya lo es— en un parteaguas ideológico: los que defiendan que atravesamos una coyuntura, son los más «revolucionarios», los que apoyen la idea de que va más allá, por ejemplo, que es estructural, «le hacen el juego al enemigo».

Hago abstracción de que pude constatar que lo de «coyuntural» para no pocos cubanos solo es un eufemismo de un discurso político en tránsito al anacronismo; las cosas malas, son las que vienen para quedarse, me comentaba una señora en la parada. Intento acercarme a la lectura económica que la ceguera política –como es de esperarse—, tapa.

Hasta ahora predomina la idea –sobre todo en académicos— de lo estructural. Criterio este que, si bien es mucho más acertado para describir la crisis que lo de «coyuntural», deja fuera otras posibilidades de análisis. Concuerdo con la mayoría de los economistas, pero hay otro tipo de crisis, cuyo prisma no debe desecharse.

Según parte de la literatura economía convencional, las crisis pueden ser:

  1. Cíclicas: la de los vaivenes inevitables de la gestión. Esta sería lo más parecida a la clasificación normalizadora que se defendió oficialmente, sobre todo si se tiene en cuenta que los embates del bloqueo deben ser casi una variable propia del ciclo económico y que el shock externo fue realmente el acercamiento “obamiano”
  2. Estructural: asociada la ineficiencia de la estructura en tiempo presente y sin remover las bases del sistema.
  3. Sistémica: asociada a los niveles esenciales del sistema, por lo que son un llamado a cambiar el «patrón de acumulación».

Lo estructural y lo sistémico. Invasión a la ciencia económica

Es importante aclarar que con sistémico o estructural se trata de buscar la abstracción que mejor explique la realidad del fenómeno; además, que la economía no es una ciencia básica, por tanto, toma sus armazones lógicas y de lenguaje de otros paradigmas.

El estructuralismo, que es hasta cierto punto una discursividad que venía implícita en la metafísica, marcó etapa el pasado siglo. La economía incorporó de modo que quedara visible lo que pudo de dicho estructuralismo.

La filosofía posterior superó y planteó las deficiencias de aquel ismo. La metáfora de la estructura no solo regresa al pensamiento a la dañina y jerarquización, sino que tiene siempre implícito un vacío: la dinámica interna de las estructuras. La comparación de proporciones que ofrece, no es ni remotamente suficiente.

Así, dejar el asunto en el nivel de estructura, permea hallar el fundamento y la ley, no sobre la cual se ordena esta, sino a la que responde (el objeto).

El molde de lo estructural también suele quedarse en un conjunto de partes asincrónicas y deformadas, si de crisis se trata; cuando una explicación más rigurosa llevaría a buscar la lógica del sistema, y acercarse al cómo este no es capaz de auto-generar correctamente las proporciones para moverse en plenitud (lo cual incluye tener en cuenta que se existe en determinado ecosistema económico, político, jurídico, cultural en el mundo).

Conocer las deficiencias del enfoque estructuralista como herramienta explicativa, no evita que al usarlo se escapen de ellas.

Por otro lado, el espejuelo de sistémico, visto desde la dialéctica –totalidad, automovimiento mediadores, lo multicéntrico, etc—, permite otro acercamiento a la racionalidad de un objeto en cuestión.  Con ello, se podría determinar a qué responden las dinámicas estructurales, y ver si son solo un desajuste casual por mala administración, o un resultado inevitable del sistema.

El caso de la economía cubana

La economía cubana vivió una suerte de burbuja condicionada por los términos de intercambio que tapaban la ineficiencia, improductividad y despilfarro de casi 30 años. Después de la caída del bloque socialista, el aire que daba vida a la burbuja desapareció. El shock externo terminó por develar las debilidades internas.

A pesar de las ilusiones estadísticas (el año 1997, aumento del turismo, aumento salarial, crecimiento del PIB) y la mejoría innegable respecto a los momentos de oscuridad promedio, no se ha logrado estar bien. Un salto, un cambio de gran poder, así como los ritmos que lo vaticinen, no se logran. Algo que se aprecia en el poder adquisitivo del salario, y en cuánto explica este el nivel de consumo, por ejemplo.

Luego de dos periodos consecutivos de 30 años, tenemos el mismo todo caracterizado por decisiones económicas conducidas desde el Partido y con una alta estatalización que, burocratiza de manera improductiva y crea reglas casi nunca son propicias para el desenvolvimiento eficiente de la economía. Vale la pena preguntarse si al ordenamiento esencial correspondiente a esa economía no le será inherente lo actual y sus imperfecciones estructurales.

Construir un modelo teórico totalizador del presente sería casi imposible sin terminar en la intuición intelectual, la práctica especulativa y la fe, pero al apreciar una sociedad cuyos fundamentos económicos no han arrojado resultados significativamente diferentes en un intervalo de años que incluye la duración total del proyecto vigente, da suficiente evidencia empírica para cuestionar esos mismos fundamentos y el sistema que le corresponde.

¿Será entonces el desajuste estructural propio economía cubana?

Tengo mis sospechas.

La trayectoria del piolet

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piolet
Profesor René Fidel González García. Foto: La Liga Camagüey

En la novela “El Hombre que amaba a los perros”, hay un pasaje en el cual un instructor de la NKVD le pone una pistola en la mano a Ramón Mercader, y le ordena asesinar a un adolescente acusado de “enemigo del pueblo”. Siempre los detentores del poder le “crearon” enemigos a la clase que decían representar y guiar, de entre los propios, como un modo expedito para perpetuarse, ante el terror de que defensores de su misma causa fueran más inteligentes, o coherentes, o queridos, o generaran dudas de la infalibilidad del líder supremo, o movieran el pensamiento oficial de su zona de acomodo.  Stalin leía compulsivamente y su instinto de macho alfa ideopolítico terminó por imponerse dejando un mar de sufrimientos y sangre entre la misma clase social que decía defender.

No sé si Leonardo Padura imaginó el pasaje referido o tuvo alguna referencia de los métodos de entrenamientos de la NKVD. Tampoco recuerdo si Mercader disparó o no contra aquel adolescente picado por la viruela. Debió de hacerlo. De otro modo no le hubieran confiado la misión de matar a Trotski. Para ciertas misiones no sirve el guerrero que duda, con escrúpulos, con algún sentido de la decencia. El asesino a sueldo, tanto como el asesino doctrinal, tiene que seguir ciegamente la orden del autor intelectual. La víctima tiene la historia de vida que el autor intelectual le contó al victimario. El verdugo es una especie de robot con un algoritmo configurado para dos opciones: revolucionario o contrarrevolucionario, simpatizante o enemigo. El asesino a sueldo lo hace por dinero. El doctrinal lo hace por fanatismo, porque no concibe otra solución que no sea el exterminio, porque en la trayectoria de su piolet no ve a un Ser Humano, ni a un revolucionario que tiene otro punto de vista, ni a un abuelo, ni a un intelectual con pensamiento transformador, ni a un sujeto social que pudiera ser portador de una alternativa loable, ni siquiera al sujeto de una clase antagónica. Delante del asesino doctrinal únicamente hay líderes infalibles o “enemigos del pueblo” en la trayectoria del piolet.

Algunos llamados ciberguerreros, pretendidos defensores de la Revolución, se comportan como Mercader. Basta con les “marquen” un objetivo, y proceden a asesinarle en las redes.  Esta semana hemos detectado el modus operandi contra el doctor René Fidel González García. Alguien cita una supuesta publicación de una supuesta exalumna del profesor que lo acusa, desde venderle notas a cambio de favores sexuales hasta esquizofrénico, pasando por oportunista y subnormal. Aunque el mismo ciberguerrero dice que: “Facebook le quitó la publicación” a la supuesta “víctima” de René Fidel, el cibercombatiente tuvo la precaución de copiar el texto y nos lo comparte, y lo comparten otros como él cuyo algoritmo no les permite la más mínima duda. De tal modo realizan la “preparación artillera” para la publicación de una declaración del Consejo de Dirección de la Universidad de Oriente donde se reconoce que invalidaron la categoría docente del doctor René Fidel porque, y cito: “desde el 2012, comienzan a aparecer una serie de publicaciones del entonces profesor en sitios como La Joven Cuba, Rebelión, Sin Permiso, Cuba Posible, entre otros”.

Según esta declaración, los escritos de René Fidel “provocaban que profesores, estudiantes o ciudadanos en general cuestionaran sus contenidos o se afiliaran a sus posiciones (…) evidenciándose en la posterior revisión de los trabajos de culminación de la asignatura {Sociología de la democracia} de dichos educandos”. O sea, el “crimen” de René Fidel no es que haya requerido favores sexuales, o que padezca una enfermedad psiquiátrica o sea oportunista o subnormal, como aseguran los sicarios virtuales. El “crimen” del doctor René Fidel es el mismo del escritor soviético Mijaíl Bulgákov o de León Trotski o de Virgilio Piñeira o de Lezama Lima: ponernos a pensar. Es el mismo “crimen” de cada colaborador de La Joven Cuba o de Rebelión cuando no se atiene al pensamiento oficial del gobierno cubano.

Ese “crimen” se lo hubieran podido perdonar si René Fidel hubiera aceptado la plaza de técnico en una biblioteca. Si al cabo de unos meses hubiera hecho un mea culpa o “aclaraciones o argumentaciones de su parte”. Pero hizo lo que, todo parece indicar, no se le puede admitir a un cubano de la Isla bajo ningún concepto: establecer una queja contra sus represores según sus derechos constitucionales. Es, para mí, evidente que, en este Estado Socialista del Derecho, la Constitución de la República se acaba donde el poder entiende comienzan las divergencias ideopolíticas lo cual demuestra que, como los retrovirus, el estalinismo criollo únicamente ha mutado, se ha envuelto en nuevos ropajes.

El problema esencial es que, junto con el castigo a René Fidel por propiciar que sus alumnos piensen más allá de la postura oficial también, con la aplicación del método del asesinato de la reputación, están castigando la decencia justo cuando el presidente Miguel Díaz-Canel está llamando a recuperarla. Junto con la reputación del “enemigo de la Revolución”, hieren de muerte la institucionalidad, la misma que Raúl Castro llamara a fortalecer en Cuba. Convierten la Constitución de la República en una caricatura todo lo cual, a mediano plazo, tendrá un efecto político que traicionaría la esencia libertaria y justa de la Revolución misma. Alguien tiene que decirles que están matando esta Revolución. Allá ustedes con las nuevas generaciones. La historia, como siempre, hará sus juicios y dictará sentencia. La incoherencia y la falacia no serán absueltas por muchos ciberguerreros que chillen o calumnien. Así como millones de seres humanos recuerdan a Bulgákov o Trotski, y nadie puede pronunciar el nombre de alguno de los que escribía los panfletos de Pravda o Isvetia, la historia no los absolverá. Así como no absolvió a Iosef Stalin.

Cinco reacciones a una Declaración

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reacciones

Bueno, me doy cuenta de que algunos artículos de René Fidel los leí y creo que incluso publiqué (así que debo estar en llamas, menos mal que no soy catedrático)… (Silvio Rodríguez, Segunda Cita)

 

Esto confirma las acusaciones del profesor y el enquistamiento de las autoridades. Quienes ven en la incondicionalidad una virtud en lugar de la muerte de las revoluciones, no han estudiado historia ni están a la altura de ella. ¿Mandarlo a una biblioteca? ¿En serio? Como a los intelectuales depurados en los 70? Provoca vergüenza ajena este intento de sofocar un reclamo ciudadano, pero no funcionará y habrá René para rato. El tiempo juzgará como hizo con el Quinquenio Gris (Harold Cárdenas Lema, Facebook)

 

Esto, lejos de mostrar evidencia de causas suficientes para la retirada de la categoría docente y la sanción a plazas de menor nivel, no es más que lo dicho siempre: cuando el derecho a debatir o disentir de manera profesional es limitado por un estado, caemos en un monopolio ilegítimo de la censura.

El marxismo señala que el desarrollo y la superación de los estadios precedentes sólo eran posibles cuando el sistema entraba en contradicciones insuperables. Así ocurre ahora. La democracia, término tan mal estudiado en Cuba, no concluye en el voto ciudadano. Tampoco en la prensa nacional. Qué lástima por la universidad de Oriente aunque no le queda de otra a su consejo directivo que seguir los postulados del MES.

Mella debe estar revolviéndose cuando ve fracasada la libertad de cátedra, la autonomía universitaria y el derecho a la opinión sincera. (Leduan Ramírez, Facebook)

 

Declaración de la Universidad de Oriente sobre la invalidación docente del doctor René Fidel González García, provoca que decenas de revolucionarios, luchadores antimperialistas y patriotas cubanos y latinoamericanos, se interesen por los artículos publicados por René Fidel en La Joven Cuba, Rebelión, entre otros sitios (…) 

Ahora los artículos de René Fidel, por los que la Universidad de Oriente le invalidara su condición de profesor, están circulando en la blogosfera y las redes sociales entre académicos, profesores, e intelectuales de formaciones ideológicas diversas. Probablemente, se está produciendo con mayor fuerza que nunca el movimiento de pensamiento crítico y debate que los represores ideológicos de René Fidel quisieron evitar al expulsarlo de su claustro y proponerle una plaza de acomodador de libros en una biblioteca, más o menos como le hicieron a Ambrosio Fornet hace unos 40 años durante el denominado Quinquenio Gris.

Y que la gente piense, aunque discrepe entre sí, ya es una gran victoria del doctor en Ciencias Jurídicas cubano, más allá de que el gobierno le de una respuesta a sus reclamaciones, o no, o respete la letra constitucional o no. (Giordan Rodríguez Milanés, Facebook)

 

Me gusta mucho una frase de Memorias del subdesarrollo que dice así: “Yo he visto demasiado para ser inocente, ellos tienen demasiada oscuridad en la cabeza para ser culpables”. La reciente respuesta de la UO a René Fidel deja mucho que pensar. Por supuesto que una universidad tiene derecho a quitarle la categoría a un profesor que incurra en conductas dañinas. Pero que estas personas consideren los artículos de René Fidel como una conducta dañina e irresponsable solo habla de su falta de capacidad para la tolerancia y el enfrentamiento civilizado de las ideas.

El estalinismo tiene un nombre errado, habría que llamarle autoritarismo mediocrático, porque una de sus principales características es el empoderamiento de tremenda cantidad de gente bruta. Estoy convencido de que solo personas mediocres pueden creer que una ideología se defiende guardándola con celo en un lugar alto, a salvo de toda duda, crítica o cuestionamiento.

Cuando una persona ha leído y ha bebido de las más variadas fuentes de la historia universal, o al menos ha sido educada en el respeto y la claridad mental, ve las diferencias del pensamiento como algo natural y necesario, y sabe que una idea se defiende en el debate, en el discurso, no apartando al que te cuestiona.

La declaración de paso ofende a Rebelión y Sin Permiso, medios que subsisten como valladares de la izquierda internacional. ¿Por qué el claustro de la UO no rebatió a René Fidel en esas mismas tribunas, si su pensamiento era tan contradictorio y confuso? ¿Acaso las consideran tan sucias?

Durante muchos años, hemos vivido en la imposición de un pensamiento único, reforzado por una mentalidad de colmena que abarca a toda la institucionalidad. Es cierto que no siempre las diferencias y choques llegan a situaciones como la de René Fidel. Pero esta respuesta muestra que no podemos conformarnos con pedir un poco más de tolerancia o el ataque a ciertos intolerantes. Debemos forzar un nuevo paradigma de sociedad abierta a la diversidad de pensamiento, que promueva el pensamiento libre e independiente, sin que nos detenga la existencia del conflicto con los EE.UU. (Yassel Padron Kunakbaeva, Facebook)

Análisis de una consigna

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consigna
Foto: Cadena Agramonte

Desde hace varios meses se ha convertido en una consigna gubernamental. La lanzó el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y la repite hoy cuanto funcionario o periodista tenga que hacer declaraciones públicas. Casi siempre de este modo: como bien ha convocado el presidente a que pensemos como país

En un ejercicio cívico poco usual, también se ha pedido a la ciudadanía que exprese su criterio sobre cómo hacer realidad la referida frase. Muchos lo manifiestan en las redes sociales. Por mi parte, la he sopesado bien y este es mi punto de vista, fragmentado pero abarcador, sobre ella.

“Pensar como país”

Desde la Literatura: La personificación o prosopopeya es un tipo de metáfora ontológica y una figura de estilo que consiste en atribuir propiedades humanas a un animal o a algo inanimado (objeto concreto o abstracto), a lo que se hace actuar y reaccionar, como si fuera una persona.

Un país no piensa, son las personas las que pueden pensar en el país que desean, o que necesitan. Su función como recurso literario es ser una de las figuras de ficción, pero la política debe desafiar la ficción y ser realista, de lo contrario se convierte en demagogia, que es una estrategia política que apela, entre otras cosas, a emociones y esperanzas del público para ganar apoyo popular.

Desde la Geografía: En tal sentido es reduccionista. El término país es sinónimo de Estado y su conjunto de instituciones políticas dotadas de territorio, población y soberanía. El país, como ámbito del Estado, es una consecución jurídica de la nación, y esa última incluye también a la numerosa emigración que, no habitando en el país, identifica a Cuba como su Patria, que es mucho más que una ideología, un partido político y un gobierno. Sería entonces más justo e inclusivo Pensar como nación.

Desde la Filosofía: Hemos pasado sesenta años pensando cómo debe ser el país. Los primeros treinta bajo el signo del sistema socialista mundial; los últimos treinta experimentando infructuosamente bajo la misma condición de tener un país-pilar que nos sostenga. Pensar tiene varios sinónimos: cavilar, rumiar, especular, repasar, madurar, reflexionar; todos ellos transmiten la idea de inacción, pasividad, estatismo. Claro que hay que pensar, pero ya hemos arribado a una época en que se impone pasar del pensamiento a la acción y ello implica tomar decisiones arriesgadas y cambiar estructuras obsoletas. Como dijera Marx en la tesis oncena a Feuerbach, con la que critica el materialismo contemplativo de los jóvenes hegelianos en todas las formas de idealismo filosófico: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo».

Desde la Sociología: Sería más apropiado expresarnos como país. El pensamiento se materializa a través del lenguaje. No es suficiente que pensemos si no logramos dar a conocer nuestras ideas, opiniones y puntos de vista, ¿Y cómo lograr esto? ¿Qué ocurre con los estudios de opinión en Cuba? Al día siguiente de explicar la “situación coyuntural”, el presidente Miguel Díaz-Canel anunciaba con satisfacción que los estudios de opinión confirmaban el apoyo de la ciudadanía a las medidas anunciadas y el optimismo de las personas. ¿Cómo podía afirmarse algo tan categórico con tanta celeridad? ¿Cómo saben nuestros dirigentes lo que pensamos? En un artículo que publiqué hace algún tiempo argumenté al respecto:

Los estudios masivos de opinión a través de encuestas que respeten el anonimato para la implementación y evaluación de decisiones políticas, resultan una asignatura pendiente en Cuba. Habiendo pasado por años iniciales de efervescencia revolucionaria, en los que pocos cuestionaban el modo colectivo y multitudinario de aprobar determinaciones gubernamentales en plazas, desfiles y actos políticos; convertimos este proceder en una manera controvertible de legitimar las disposiciones de nuestro gobierno. A tenor con esa práctica, extendida en etapas como la actual en que ya los consensos no son evidentes, hemos perdido la posibilidad de conocer las opiniones reales de las personas y sus tendencias porcentuales, desaprovechamos entonces al verdadero asesor de la política de los gobiernos: la ciudadanía.

En resumen, más allá de convocar a la quimérica e ilusoria consigna de pensar como país, deberían crearse las condiciones que hagan posible que cubanas y cubanos actuemos como parte de la nación, y que nuestro gobierno sea capaz de visibilizar y respetar nuestras necesidades y opiniones para, de tal modo, mandar obedeciendo.