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Sea breve presidente

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Las diferencias ideológicas no pueden ser barreras infranqueables. Eso lo aprendí estudiando la vieja república, donde Juan Marinello y Jorge Mañach se hallaban en las antípodas en cuanto a sus ideales políticos y, sin embargo, se mantuvieron unidos en su amor por Cuba, proyectos culturales afines y una amistad que se conservó a salvo de discrepancias y vaivenes personales.

Tal convicción me permite colaborar con un blog como LJC, en el que todos los participantes somos respetados y tenemos espacio para el ejercicio del criterio, aun cuando muchas veces no compartamos las mismas opiniones o, como en esta, polemicemos fraternalmente.

El artículo “La buena semilla”, de mi amigo Yassel Padrón Kunakbaeva, posee dos elementos esenciales: por una parte, su confianza absoluta en el gobierno cubano y en la figura de su presidente, cuestión respetable –aunque discutible en muchos aspectos—; por la otra, un afán de reducir a etiquetas y denominaciones peyorativas a los que se apartan de su línea de pensamiento – elemento francamente inaceptable—.

Se molesta Yassel por lo que considera una mala interpretación de las palabras de Fidel que citara el presidente Díaz-Canel en su intervención del 10 de octubre ante la ANPP: “La Revolución no es una lucha por el presente, la Revolución es una lucha por el futuro; la Revolución tiene siempre su vista puesta en el porvenir y la patria que pensamos, la sociedad que concebimos como sociedad justa y digna de los hombres, es la patria del mañana”.

El discurso donde Fidel las pronunció data de 1962, solo tres años después del triunfo contra la tiranía y uno tras la declaración del carácter socialista del proceso. Era lógico que se expresara así, que hiciera ofrecimientos al mañana. Le prometía un futuro a la primera generación de nacidos con la Revolución y a todos los que, ya adultos, se integraron con entusiasmo y dispuestos a pasar miles de necesidades para que sus hijos y nietos disfrutaran, más delante, de una vida mejor.

Lo que debe tener claro Yassel es que una revolución, y los sacrificios que impone, se aceptan para cambiar y mejorar la vida de las personas. Los plazos para lograrlo no pueden ser eternos. Ese fue el punto de vista de la que triunfó en Cuba, que, en boca de su líder y en medio de tiempos vertiginosos, anunciaba:

“Hemos perdido más de cincuenta años, pero vamos a recobrarlos rápidamente. Los vamos a recuperar. Nos hicieron perder cincuenta años en los inicios de la República. Los volveremos a ganar”.[1]

A tenor con aquellos momentos, en 1959 las oficinas gubernamentales mostraban estos letreros: “Hemos perdido 50 años —hay que recobrarlos— sea breve”. La confianza en el futuro se hizo palpable. Según una encuesta, realizada por Hadley Cantril a mediados de la década del sesenta, el 74% de los cubanos encuestados anticipaba un futuro propicio.[2]

Dice Yassel que “Cualquier discurso posee frases que, sacadas de contexto, o puestas bajo determinada luz, hacen quedar muy mal al que las expresó”. Muy cierto, eso precisamente fue lo que ocurrió cuando el presidente Díaz-Canel —o sus ¿asesores?—,  decidieron citar algo que fue una feliz proposición para 1962 pero que ahora, en 2019 y ya nacida la cuarta generación de cubanos bajo el signo del socialismo, es una desacertada mención que pone al desnudo la falta de metas concretas a corto plazo y continúa delegando la posibilidad de transformar el presente.

¿Se atrevería el presidente de Cuba a realizar una encuesta, independiente del PCC, para constatar si la ciudadanía tiene la misma confianza en el futuro que mostró él en su discurso? Sería un ejercicio que lo retroalimentaría en su gestión.

Si de citar a Fidel se trata, prefiero sacar de mi archivo esta declaración de 1966, la que no se apunta jamás por nuestros burócratas: “Esta revolución es afortunadamente una revolución de hombres jóvenes. Y hacemos votos porque sea siempre una revolución de hombres jóvenes; hacemos votos para que todos los revolucionarios, en la medida que nos vayamos poniendo biológicamente viejos, seamos capaces de comprender que nos estamos volviendo biológica y lamentablemente viejos”.[3]

Evidentemente no fueron capaces de comprender nada de lo anterior. Son viejos ellos y lo es también su modelo de socialismo burocrático, con el cual ningún país ha podido sobrepasar las siete décadas. Nosotros acabamos de cumplir la sexta, creo que es hora de despertar.

Algunos analistas se han referido a la salida de la vieja guardia del nuevo Consejo de Estado, pero no importa que ellos se ausenten si queda un legado arcaico: sus ideas sobre el desarrollo de la sociedad. La idea de que, una vez victoriosa, la revolución socialista no puede retroceder y, en consecuencia, la sociedad marchará siempre adelante, hacia un futuro glorioso, ha impuesto una visión mecanicista de la historia que provoca confianza excesiva en el rumbo del proceso.

Lo peor de esa perspectiva teleológica es que delega todo lo importante al futuro. Desde hace casi quince años la máxima dirigencia del país reconoce públicamente la necesidad de lograr la unidad monetaria y cambiaria, condición impostergable para normalizar o actualizar la economía nacional, pero, contra todo sentido, todavía esta es una aspiración que no parece inminente. Para pensar en un futuro habría que acabar de enrumbar ese camino en el presente

Intentando defenderlo, Yassel no se percata del poco favor que le hace al modelo de socialismo cubano cuando, en pose de resignación, señala “que hay que arar con estos bueyes”. Es una tarea homérica la que propones, querido amigo. No hay que temer a nuestro pensamiento crítico, a lo que el sentido común indica.

Para el derrumbe del socialismo en la antigua URSS no fue tan decisivo el ataque de los intelectuales soviéticos al Partido como afirma Yassel, sino el hecho de que el propio Partido favoreció el proceso de retorno al capitalismo, pues tras tantos años acumulando poder político y prebendas económicas, el socialismo les estorbaba a los mismos dirigentes. Si quieres constatarlo verifica cuántos de los millonarios y empresarios rusos actuales provienen directamente de la nomenclatura o son parientes de altos dirigentes del PCUS.

En opinión de Yassel, los políticos lo que hacen es hablar de futuro. Yo observé la toma de posesión de AMLO en México en la que presentó su programa sexenal. Para el presidente azteca el futuro tiene seis años. No sé si lo logrará, pero me impresionó mejor que el discurso de nuestro presidente delegando las trasformaciones en Cuba a las calendas griegas.

Si en algo concuerdo con Yassel es en su afirmación de que el error grave que algunos cometen “es esperar demasiado” del nuevo presidente. Acepto que su estilo de trabajo es dinámico, propio de una persona más joven. Sin embargo, su peso específico en las decisiones que podrían justificar una ofrenda de futuro no lo veo tan claro con la nueva Constitución.

En Cuba existe el PCC como “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Ahora el presidente de la República no dirigirá al Consejo de Estado y pronto designará al primer ministro que se encargará del Consejo de Ministros. En mi opinión, que puede estar equivocada, sus funciones se aligeran notablemente. ¿Estará en sus manos tamaña promesa?

El presidente Miguel Díaz-Canel reiteró en la referida intervención su convencimiento en “el optimismo y la confianza de cara al futuro” que posee nuestro pueblo. Quizás yo esté en la categoría que ha creado Yassel de los “inconscientemente tendenciosos”, pero prefiero que las emociones no me nublen la lucidez y me gustaría responderle con unas palabras de Senel Paz en entrevista de 1993 a Magda Resik, válidas para este tiempo:

Un mensaje exageradamente positivo, en lugar de constituir un ejemplo y actuar como un estímulo, adquiere un carácter desmoralizador y conservador, para no mencionar lo que sucede cuando está tan fuera de la línea con la realidad que comienza a perder credibilidad. En este caso no tiene efecto en la dinámica social y puede hasta rechazarse como ridículo.

Si quiere que seamos optimistas sea breve presidente, hemos perdido demasiado tiempo en promesas de futuro. Queremos el presente.

[1] En Revolución, 7 de julio de 1959, p. 20.

[2] Citado por Louis A. Pérez Jr.: Estructura de la historia de Cuba. Significados y propósitos del pasado, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2017, p. 355.

[3] Discurso de Fidel en la Universidad de la Habana el 13 de marzo de 1966, en ocasión del IX Aniversario del Asalto al Palacio Presidencial.

Día de la Invasión Devastadora

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Foto: Página 12

El mundo mira asombrado el levantamiento heroico de los indígenas ecuatorianos ante los desmanes del gobierno neoliberal y extranjerizante de Moreno y yo me digo: ¡excelente forma de conmemorar las efemérides del 12 de octubre! Es que lo acaecido aquel lejano día de 1492, —cuando por una acumulación de azares harto conocida entraron en contacto Europa y América—, trastornó el devenir natural de los procesos mundiales.

Aún hoy se discute cómo llamar al acontecimiento y lo que vino después. Según diferentes puntos de vista se le ha denominado: Descubrimiento –unos para Europa, otros mutuo?; Encontronazo, Encuentro de culturas, Día de la Raza, o, de la Resistencia Indígena. Todos me parecen edulcorados, parciales, o sencillamente mistificadores. Por ello me animo a proponer el calificativo que me parece  más exacto: Día de la Invasión Devastadora.

Fue Martí quien logró la mejor revelación sintética de lo ocurrido el 12 y sus consecuencias históricas al afirmar:

Interrumpida por la conquista de la obra natural y majestuosa de la civilización americana, se creó con el advenimiento de los europeos un pueblo extraño, no español, porque la savia nueva rechaza el cuerpo viejo: no indígena, porque se ha sufrido la injerencia de una civilización devastadora, dos palabras que, siendo un antagonismo, constituyen un proceso;[1]

Por lo general, en la historia a ese tipo de oleadas de conquista se les llamó invasiones bárbaras, pero todo cambió cuando fue la civilizada Europa la que empezó a enviar sus nobles segundones, guerreros desocupados y otras excrecencias sociales a la bárbara América. Así, los que en propiedad no eran más que inmigrantes ilegales pasaron a ser evangelizadores, enviados reales y civilizadores de millones de infelices aborígenes idólatras.

Para Martí la conquista y colonización no fue solo un problema económico, sino fundamentalmente cultural e ideológico. Por eso insistió en que nos desembarazáramos de lo más peligroso que Europa nos trajo: “el hábito servil de creencia”. Durante siglos, los colonos nos impusieron religión, política, economía y cultura. Frente a ello, defendía el “hábito noble de examen” pues “la pregunta curiosa sigue al dogma y el dogma, que vive de autoridad, muere de crítica”.

A su criterio, los más peligrosos eran los americanos ajenos, que abjuraban de su origen y se esforzaban por aplastarnos para mantenernos sumisos a cuanto venga de Europa y la América Europea –los Estados Unidos—. Arremetía contra los que comprometían el futuro de Nuestra América al “desdeñar el sol patrio y calentarse al viejo sol de Europa (…) torciéndola a ser propia de historia y pueblos extraños” y les espetaba: “no debemos mirar con ojos de hijo lo ajeno y con ojos de apóstata lo propio”.

Ante este peligro mayor nuestro Héroe se empeñó en liberar el espíritu, la conciencia de sí de los latinoamericanos para que fueran capaces de sacudirse del letargo en que yacían. Solo de esta manera se podría revelar al mundo el verdadero pueblo joven, inteligente y robusto, que había nacido del matrimonio forzoso entre Europa y América.

Tras la independencia de España (1810-1825) no se logró la liberación efectiva de los nuevos países y los pensadores del área optaron por la copia al calco de los modelos de desarrollo europeo y estadounidense que asignaban a la región un lugar subordinado y dependiente en el nuevo mundo capitalista. A ellos se enfrentó Martí con su concepción de Nuestra América y su proyecto de alcanzar la segunda y definitiva independencia.[2]

En lo cultural esta dependencia se manifestó en cuestiones tan interesantes y polémicas como la proclamación del 12 de octubre como Día de la Raza por España y numerosos países americanos. En Cuba el debate que se suscitó fue de altura[3] y finalmente no se instauró como conmemoración oficial por la oposición de numerosos intelectuales y políticos y la terca resistencia popular a aceptarla. En contraposición se afianzó la cercana fecha del 10 de octubre como Día de la Independencia.

A esta concepción eurocentrista no escaparon las ideas socialistas en América, aunque fundadores de la talla de Mella y Mariátegui se esforzaran por crear un socialismo americano. Durante años la hegemonía del llamado marxismo-leninismo estalinista hundió a los Partidos Comunistas en la sumisión a los dictados de Moscú y el ansia de trasplantar el modelo soviético a Nuestra América. Aún hoy se percibe en algunos la añoranza vergonzosa por la época en que, supuestamente, no era necesario pensar con cabeza propia.

Hoy, cuando un presidente aimara da lecciones de buen gobierno al resto del continente y los aborígenes ecuatorianos amotinados, poniendo el pecho a las balas, obligan a un presidente entreguista a derogar un decreto antinacional, la conmemoración del 12 de octubre en medio de la lucha contra la invasión devastadora de los nuevos colonialistas globales cobra una connotación trascendental e inolvidable.

[1] “Los códigos nuevos”. Guatemala. 1877. OC. T5, p.98. El subrayado es mío.

[2] “Nuestra América”. OC, T6.

[3] Alina López y Mario Valdés (2016).  Contrapunteo cubano de la identidad cultural: ¿hispanos, aborígenes, africanos, o mestizos?”, Debates americanos, Vol.1, No 1, Enero-junio.

La buena semilla

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semilla

Este 10 de octubre, Miguel Díaz-Canel fue ratificado como Presidente de la República. De su discurso de toma de posesión, los medios hicieron énfasis en una de sus frases: “La Revolución no es una lucha por el presente, la Revolución es una lucha por el futuro”. Como era de esperarse, las redes sociales reaccionaron ante el acontecimiento, con mensajes que iban desde el apoyo rotundo hasta la más profunda execración.

Algunos argumentan que, después de tantas décadas luchando por un futuro que nunca llega, ya es hora de luchar por el presente. Otros recuerdan que el presente actual es el futuro de nuestros padres y abuelos, los cuales también fueron en su momento llamados a luchar por un futuro luminoso. Tienen razón, por supuesto, y tienen todo el derecho del mundo a manifestar sus cuestionamientos al discurso del Presidente. El problema comienza, a mi entender, cuando se manifiesta la voluntad de atacar y denostar todo lo que venga del gobierno: cuando se quiere hacer quedar mal cualquier discurso, cualquier acción, cualquier gesto.

Es muy fácil ser tendencioso. Cualquier discurso posee frases que, sacadas de contexto, o puestas bajo determinada luz, hacen quedar muy mal al que las expresó. La pregunta es por qué llega alguien a ser tendencioso. Algunos son opositores profesionales y en su caso todo es fácil de entender, pues ellos tienen un interés directo en afectar al gobierno cubano. Otros, sin embargo, sin ser necesariamente antagónicos a ese gobierno, han acumulado tanta decepción y amargura que son inconscientemente tendenciosos. Estos últimos, me parece, han dejado que las emociones nublen su lucidez.

Algunas veces los intelectuales tienden a ver castillos en el aire, y se olvidan de las cosas más básicas. Lo digo como crítica y autocrítica. En el caso de la situación política cubana, por ejemplo, algunos intelectuales sueñan con fuerzas alternativas y terceras vías socialdemócratas. Pero la gente humilde, en este sentido, no se deja engañar: saben que para Cuba solo existen dos fuerzas con el poder económico, político y militar para ser tomadas en cuenta. Una es el gobernante Partido Comunista de Cuba; la otra es el exilio de la Florida, que cuenta con el apoyo de los Estados Unidos. La gente sabe que, o estás con uno o estás con el otro.

Entonces, si no estás de acuerdo con la restauración capitalista que propone Miami, si tampoco albergas sueños de una democracia perfecta y un capitalismo desarrollado al final del arcoíris, entonces tienes que darte cuenta de que hay que arar con estos bueyes. Puede que no te guste el modelo de socialismo de Estado que impera en Cuba, o que consideres que ha llegado la hora de un cambio imprescindible, pero lo que jamás puedes permitirte es caer en la trampa en que cayeron muchos de los intelectuales soviéticos en la Perestroika, que de tanto atacar al Partido favorecieron la victoria del capitalismo.

En medio de todo esto, tenemos a Díaz-Canel. El error grave que algunos cometen es esperar demasiado de él. Un hombre, por más que sea el Presidente de la República, no puede hacer lo que le corresponde a toda la sociedad. Además, él no gobierna solo, tiene que actuar en coordinación con otras fuerzas en el seno del Estado, en medio del complejo proceso del relevo generacional. Solo con el paso del tiempo, en la medida que se fortalezca su liderazgo, podremos saber con precisión qué podemos esperar de él.

También es un error esperar demasiado poco. Basta ver la eficiencia con la que ha manejado las crisis sucesivas durante su aún corta gestión, para darse cuenta de que es una suerte tener a alguien como él en la presidencia. Díaz-Canel ha sido, además, el mayor impulsor de la informatización y del Gobierno Electrónico. Ha sido de su mano que la palabra transparencia ha entrado en el discurso político. Se podría hacer, en fin, una larga lista de los méritos que ha acumulado como dirigente.

Ahora bien, más importante que Díaz-Canel mismo es lo que él representa: la posibilidad de que sea lo más noble y puro de la Revolución lo que termine primando en la fuerza dirigente cubana. Por aquí y por allá, la Revolución sembró valores que todavía están presentes en personas de todos los estratos de la sociedad. También hubo, por supuesto, quienes sembraron soberbia, intolerancia, corrupción y egoísmo. Pero la buena semilla sigue estando allí, y si se la cuida, si se combate con inteligencia a las fuerzas negativas, puede ser que germine.

Nada está claro en lo que se refiere a Cuba. Tal vez llegue un día en el que sea evidente que la Revolución se ha perdido definitivamente. Todo es posible. El propio Fidel dijo que nosotros mismos podíamos acabar con ella. Pero me parece que todavía estamos a tiempo de dar la última batalla por la regeneración y el reencauce del proceso.

Esta última batalla, como yo la veo, será una batalla que tomará un largo tiempo, y que se dará sobre todo en el campo de las ideas. La cual no se ganará, por supuesto, siendo tendenciosos, y convirtiéndonos en cajas de resonancia de la oposición radical. De lo que se trata es de regar la buena semilla allí donde se encuentre, con el cuidado de un jardinero, y de combatir la yerba mala con recias tijeras.

Por supuesto que Díaz-Canel tenía que hablar del futuro. Eso es lo que hacen los políticos. Pero además, futuro es lo único que tenemos. Solo hacia adelante podemos proyectarnos para encontrar los caminos de solución a nuestros problemas. Nunca se me olvida esa canción de Silvio Rodríguez en la que decía: Te convido a creerme, cuando digo futuro.

Electronic Government vs. Open Government

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By Gabriela Mejías Gispert

In conformity with the constitutional referendum and with the guidelines set by the 6th Congress of the PCC, Cuba has started on the path towards a public administration with greater decentralization. A summarized approach to this concept would be: the application of the State’s resources with the purpose of promoting development and the welfare of the population. By means of this structure, methods for the improvement of the public sphere are constructed, thus permitting the elimination of regulations which obstruct economic and social life, optimizing results, and replacing bureaucratic rules which make daily life difficult. The implementation of a public administration strategy enables the generation of more efficient and democratic models, leaving less room for corruption.

Public administration in Cuba is a complex issue, as nothing refers to it within the political science of Socialism. The lack of similarly-structured prototypes invites inquiry into what the appropriate foundations could be in our model under construction.

Attaining a public administration created upon such foundations poses an improvement challenge, which includes a cultural transformation and the intense training of our leaders.

In this framework, the President of the Council of State and of the Council of Ministers has spoken since the beginning about its management, about the need to implement Electronic Government (e-Government). It is evident that this has already been set in motion. We have quickly gotten used to seeing officials getting involved in social media, and it’s a luxury to be able to access the official webpage of the National Assembly. However, e-Government is much more than that.

This type of administration implies the use of ICT (Information and Communications Technology) in internal government processes and in products that the State makes available for citizens. E-Government is a paradigm shift in the way governments and states interact, getting closer to civil society through technology and the possibilities it offers.

This process comprises four main phases: presence, interaction, transaction and transformation. The first two phases constitute a technology leap, in the former of which the government makes regulations, documents and basic information about laws available online. The interaction phase will enable initial activity with respect to the information offered. Companies, the civil society and the government create communication channels through forms, comment sections, forums, etc.

The next phases constitute a cultural leap; organizations allow the population to complete and consult on procedures, pay taxes and access information that, before the implementation of ICT, could only be obtained by directly contacting the source. A smooth functioning of the previous dynamics would bring about transformation as a fourth stage. In this phase, a change arises in the relationship between the government and society, creating integration between the government-run sector, self-employed workers, NGOs and civil society, and enabling more specialized services.

Some authors refer to a fifth phase, which they call democratic participation. From the government, contributions for decision-making are encouraged; a formal willingness to involve society in a two-way dialog network.

To what extent can the relationship between government and civil society be modified with the incorporation of total and effective e-Government in Cuba?

This type of government would allow us to devise strategies and make available information which is generally hard to obtain. It would bring about greater transparency in the administration of the various institutions, more effectiveness of processes, more agility, and therefore less bureaucracy to obstruct daily procedures. It would be so nice to go to the registry office and not having to go back several other times to find out whether they found the requested information in their archive folders! But unquestionably, the greatest benefit would be better social interaction with the government, with no addressed letters which might get lost in bureaucratic mazes.

Cuba is one of the signatory countries of the Ibero-American Charter of Electronic Government (CLAD 2007). We’re still wet behind the ears, as many institutions fail to have the required presence, but completing concrete actions is the fundamental step in attaining any goal. E-Government is an objective within that process, a tool that would enable what civil society really demands: an open, democratic and socialist government.

An Open Government model must be sustained by three fundamental pillars: transparency, collaboration and participation. The importance of implementing e-Government on the path to an Open Government lies in adding value to decision-making with a more effective use of technology. The usefulness of ICT reached during e-Government will enable the setting of new objectives in accordance with the public, with time and with the means at hand, this being a main goal for the constitution of Open Government. This, in turn, would allow greater transparency, accountability of both the projects of the various institutions and of the budget set aside for public administration, as well as the implementation of greater collaboration with citizens. Attaining the goal implies a re-conditioning of government, a responsibility for officials in all sectors, and the construction of civic awareness, which is a willingness to make demands and to get involved in the transformation of the form of public administration we have gotten used to.

(Translated from the original)

Why should we be surprised?

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Photo: Trabajadores

Electing, selecting, choosing. It means taking some elements from a larger set using certain value criteria (choosing an avocado for a salad, or a hotel for a vacation, or a president for the country, from among several possibilities).

The current system in Cuba is the one of indirect presidential elections. An indirect presidential election is that in which the Head of State is chosen by a parliament from a list of candidates with several proposals (at least two) submitted by political parties or other social powers represented in parliament. As much as many of us would prefer the direct election of the president, the indirect election is a model that is just as valid and respectable.

The indirect election of the president in Cuba first appeared with the Constitution of 1976. Since a referendum has never been held to ask the citizens which model they’d prefer, we must content ourselves for the moment with the one the rulers themselves have imposed. It’s not exactly what you’d call democratic, but we make do.

The opportunity for citizens to voice their opinions about that, and perhaps to earn for ourselves the right to have direct elections, did exist. It was the discussion of the draft of the Constitution. However, the occasion was wasted because, among other reasons:

a) a large number of people (including academics) deemed more interesting to stick up against the possibility of civil marriage between people of the same sex than to defend their rights as citizens, including the one to choose on the manner of electing those who’d run the country;

b) a significant number of Cuban intellectuals had their possibility to participate as a social group on the debates reduced by the refusal of the previous leadership of the National Union of Writers and Artists of Cuba, which branded as elitist and divisive all those who tried to discuss with their peers serious and though-out proposals that covered nearly the entire content of the draft.

In an evident display of lack of civic awareness, many citizens (some quite well-educated), failing to see the seriousness of their actions, allowed themselves to be tangled in the web of discussion of an article which seemed to be in the text only to divert attention from matters of utter importance, such as the presidential election system itself, the rights of Cuban citizens residing overseas (including the right to representation in parliament), the right to freely express ideas in the media, the death penalty, and even the right of citizens to propose motions to the National Assembly, which increased from 10,000 signatures as a condition for acceptance to 50,000, an impossible number to reach without the support of the government.

What if the government didn’t agree with the motion? Nobody asked.

Few were interested in those fundamental elements of the Constitution. Then, why should we be surprised now of what will happen on October 10?

That new and original way of electing the president and all the other officials with no previous popular election of those who’d do the choosing, a system only understood by those tasked with defending it in the media, is the result of many factors, but it is also a consequence of the lack of civic awareness that smothers us and of which the discussion process of the constitutional draft was an example.

Perhaps I am wrong, but that’s what I think, and I say it. I wish someone –with arguments, not with slogans for one side or the other– were able to make me change my mind. I really do.

I come back to what will happen next October 10:

In any indirect elections system, a new parliament must be elected (TO ELECT –see the definition in the first paragraph– is not to choose three out of three, or two out of two, as it is done in Cuba against all common sense), and then this ELECTED parliament (that is, selected by voters from a candidates list in which there are more candidates than positions to be filled) should choose, from SEVERAL CANDIDATES (at least two), the president. And so on with the other positions.

Since Cuba has a one-party system, in order to have an ELECTION one assumes a candidate should be put forward by the ruling party, plus a number of other candidates proposed by the social organizations represented in the National Assembly. Considering the possibility of alliances between organizations, one might expect a number of at least three candidates for the presidency next October 10, so that delegates may choose, from among them, the one who proposes a more attractive government program.

If we mean to show the world that Cuba has a system that’s different, but no less democratic for it, that would be an option, though there are better ones. If the intention is to do something else altogether, they could have spared us the show.

Because of the smoke blown in our eyes about the article on marriage, barely anyone was able to see that two special provisions were made in the Constitution’s draft, the first of which stated: ‘The delegates of the National Assembly of People’s Power in the 9th Legislature shall remain in office until the end of their term.’ That is, something as important as the possibility of electing those who, in turn, would elect our rulers for the next five years was excluded as a civil right, and millions of people agreed to that. Therefore, whatever happens on October 10 is endorsed by the new Constitution, and those who didn’t oppose it –which is the majority of citizens–, gave their approval. I repeat: there’s nothing to be surprised about.

Yes, of course. Homophobes are happy because the possibility of constitutional marriage between people of the same sex was eliminated, which is more important for them than electing the President of the Republic or than the death penalty.

The reactionary sectors within religious denominations (luckily not within all of them) are also happy, because they were allowed to campaign freely, without police interference, even when their actions were a threat against the normal development of children. The made a test of strength, and it turned out well for them. The death penalty wasn’t important for them; they did not campaign about that. They can glimpse on the horizon other battles to be fought and won, like the one against abortion. Am I exaggerating? We shall see.

What about civil liberties? Those, apparently, interest only a few. And if they interest only a few, I repeat: we should not be surprised by what will happen on October 10. It’s what we earned for ourselves.

(Translated from the original)

Se acaba el tiempo

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Foto: El Tiempo

«La Revolución no es una lucha por el presente, es una lucha por el futuro (…) siempre lo ha sido». Ha dicho Díaz-Canel tras su designación como Presidente de la República.

Interesante.

Cabe pensar que nuestro presente es el resultado de la lucha de los revolucionarios del pasado. Si uno se vuelve pragmático y le da por comparar los precios con los de hace 20 años atrás, o la disponibilidad de medicamentos. Si uno contrasta las expectativas de vida de la juventud actual con aquella de los sesenta que, ahora peinan canas, y vieron la ofensiva del 68, el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, las transformaciones en la educación de principios de este milenio y el evangelio del país más culto del mundo. Si uno se detiene a examinar la excelente salud de la burocracia inamovible, puede preguntarse:

¿Cómo sería ese presumible futuro desde la persistente repetición más o menos espiriforme de los mismos métodos?

Me remito a la PC que no levanta el sistema operativo. El usuario la reinicia una y otra vez creyendo que, ahora sí va a suceder el milagro, y va por fin a arrancar. Pero una y otra vez la PC pone el pantallazo azul.

Espero que ese futuro del que nos habla el presidente no sea el resultado de aquella necedad de la que nos advertía Einsten: repetir y repetir la misma rutina, sin obtener los resultados esperados.

A mí, como a todos, se me está acabando el tiempo. La Historia, en cambio, es eterna, por más que Fukuyama terminar. La Historia tendrá siempre la última palabra. 

Gobierno Electrónico vs Gobierno Abierto

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Acorde al referéndum constitucional y los lineamientos establecidos en el VI Congreso del PCC, Cuba ha comenzado el proceso hacia una administración pública con mayor descentralización. Un abordaje resumido de este concepto sería: la aplicación de los recursos del Estado con el objetivo de fomentar el desarrollo y el bienestar de lxs ciudadanxs.

Mediante dicha estructura se construyen métodos de mejoramiento público, permitiendo eliminar normas que entorpecen la vida económica y social, optimizando resultados y sustituyendo regulaciones burocráticas que dificultan el día a día. La implementación de una estrategia de administración pública, permite generar modelos más eficientes y democráticos, dejando menos margen a la corrupción.

La administración pública en Cuba resulta un tema complejo, en tanto no existen referentes dentro de la ciencia política del socialismo. La carencia de prototipos de esquemas similares, nos llevan a indagar sobre bases acordes con nuestro modelo aún en construcción.

Lograr un modelo administrativo así, es un reto de perfeccionamiento que incluye una transformación cultural y preparación rigurosa de los dirigentes.

En este marco, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, ha hablado desde los comienzos de su gestión, sobre la necesidad de implementar un Gobierno Electrónico (GE). Resulta palpable su puesta en marcha. Nos hemos acostumbrado rápidamente a ver las intervenciones de funcionarios en las redes sociales, así como resulta un lujo entrar en la página oficial de la Asamblea Nacional, pero el GE es mucho más que eso.

Este tipo de administración supone la utilizar las TICs (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) en los procesos internos del gobierno y productos que brinda el Estado a la ciudadanía. Los GE constituyen un cambio de paradigma en la forma de interacción del gobierno y el estado, acercándose a la sociedad civil a través de las tecnologías y las posibilidades que ellas brindan.

Este proceso comprende cuatro fases fundamentales: presencia, interacción, transacción y transformación. Las dos primeras constituyen un salto tecnológico, donde en el primero de ellos el gobierno pone en línea información básica sobre leyes, reglamentos, documentos. La fase de interacción posibilita la primera actividad con respecto a la información brindada. Tanto las empresas, la sociedad civil y el gobierno, crean canales de comunicación a través de formularios, comentarios de opinión, foros.

Las siguientes fases constituyen un salto cultural; las organizaciones permiten completar y consultar trámites, pagos de impuestos y acceso a información que antes de irrumpir las TICs en la sociedad solo podía realizarse en el lugar.

Tener aceitadas las dinámicas anteriores propiciará la transformación como cuarta etapa. En esta instancia surge un cambio en la relación entre el gobierno y la sociedad, creando una integración entre los sectores estatales, cuentapropistas, ONGs y la ciudadanía, permitiendo servicios especializados.

Algunxs autorxs hablan de una quinta fase a la que denominan participación democrática; desde el gobierno se estimula la contribución en la toma de decisiones, una disposición formal, a implicar a la sociedad en una red de diálogo de doble dirección.

¿Hasta qué punto puede modificarse la relación del gobierno y la sociedad civil, con la incorporación total y efectiva de un GE en Cuba?

Un gobierno de este tipo nos permitirá elaborar estrategias y poner a al alcance del pueblo información que generalmente nos cuesta obtener. Una mayor transparencia de las administraciones de los diferentes organismos, eficacia en los procesos, agilidad y por ende menos burocracia que entorpece los procedimientos cotidianos.

¡Qué lindo sería ir al registro civil y no tener que volver en repetidas ocasiones, para saber si encontraron lo que buscamos entre las carpetas del archivo! Pero sin dudas el beneficio esencial lo constituye una mayor interacción sociedad-gobierno, sin cartas que puedan perderse en pasamanos burocráticos.

Cuba es uno de los países firmantes de la Carta Iberoamericana de Gobierno Electrónico (CLAD 2007). Aún estamos en pañales, muchos organismos carecen de la presencia requerida, pero concretar acciones significa el paso fundamental para conseguir una meta. El GE es un objetivo dentro de este proceso; una herramienta que posibilitará aquello que en realidad exige la sociedad civil: un Gobierno Abierto (GA), democrático y socialista.

El modelo de GA se sustenta en tres pilares fundamentales: transparencia, colaboración y participación. La importancia de implementar el GE para un GA radica en aportar un valor a la hora de tomar decisiones en el mejor uso de la tecnología.

Lograr esto requiere acondicionamiento gubernamental, la responsabilidad de funcionarixs de todos los sectores y la construcción de una conciencia ciudadana que esté dispuesta a exigir e involucrarse en la transformación de la administración pública en una forma a la que aún no estamos acostumbradxs.

Meditaciones: ¿por qué asombrarse?

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meditaciones

Elegir, seleccionar, escoger: Tomar algunos elementos de un conjunto mayor, a partir de determinados criterios de valor (elegir un aguacate para la ensalada, un hotel para las vacaciones, un presidente para el país, entre varios posibles).

En Cuba impera el sistema de elecciones presidenciales indirectas. Elección presidencial indirecta es aquella en la cual el jefe de Estado es elegido por el parlamento a partir de una candidatura con varias propuestas (cuando menos dos) presentadas por los partidos políticos u otras fuerzas sociales representados en el parlamento. Por más que muchos preferimos la elección directa del presidente, la indirecta es un modelo tan válido y respetable como otro cualquiera.

La elección del presidente la vía indirecta en Cuba aparece a partir de la Constitución de 1976. Como nunca se ha realizado un referéndum para preguntar a la ciudadanía cuál modelo prefiere, por el momento debemos conformarnos con el que los propios gobernantes han impuesto. No suena muy democrático que digamos, pero vamos andando.

La oportunidad para que los ciudadanos se pronunciaran al respecto, y tal vez ganáramos el derecho a la elección directa, existió. Fue la discusión del anteproyecto constitucional. Pero se desperdició, entre otros muchos factores, porque:

a) una gran cantidad de personas (incluidos académicos) consideró más interesante romper lanzas contra la posibilidad del matrimonio civil entre personas del mismo sexo, que defender sus derechos como ciudadanos, incluido el de decidir sobre la forma de elección de quienes dirijan el país;

b) una parte importante de la intelectualidad cubana vio cercenada su posibilidad de participar como gremio en los debates, por la negativa de la anterior directiva de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que acusó de elitistas y divisionistas a quienes pretendieron discutir con sus pares propuestas serias, bien meditadas y que abarcaban prácticamente todo el articulado del anteproyecto.

En una evidente falta de conciencia cívica, muchos ciudadanos (algunos bastante cultos), sin ver la gravedad de sus actos, se dejaron enredar en la malla de la discusión de un artículo que pareciera haber estado en el texto solo para desviar la mirada de asuntos de máxima gravedad, como el propio sistema de elección presidencial, los derechos de los ciudadanos cubanos residentes en el exterior (entre ellos el de estar representado en el parlamento), el derecho a la libre expresión de las ideas en los medios de difusión, la pena de muerte, e incluso el derecho de los ciudadanos a presentar mociones a la Asamblea Nacional, que de diez mil firmas como condición para ser aceptadas, como planteaba la Constitución de 1976, pasó a 50 mil, cifra imposible de alcanzar si no es con el apoyo del gobierno.

¿Y si el gobierno no está de acuerdo con la moción? Nadie se lo preguntó.

A pocos interesaron esos elementos medulares de la Constitución. Entonces, ¿por qué asombrarse ahora de lo que va a ocurrir el diez de octubre?

Esa novedosísima forma de elección del presidente y los demás cargos sin previa elección popular de quienes han de elegirlos, forma que solo entienden los encargados de defenderla en los medios de difusión, es resultado de muchos factores, pero también es consecuencia de la falta de conciencia ciudadana que nos asfixia y de la cual fue muestra el proceso de discusión del proyecto de Constitución.

Tal vez esté equivocado, pero es lo que pienso, y lo expreso; ojalá alguien pueda, con argumentos, no con consignas de un color o del otro, hacerme cambiar de criterio. Lo agradecería.

Retomo la idea de lo que ocurrirá el próximo diez de octubre:

En todo sistema de elecciones indirectas, primero se ha de elegir (ELEGIR, ver la definición del primer párrafo, no es tomar tres de tres, ni dos de dos, como se hace en Cuba en contra del sentido común) un nuevo parlamento, y a continuación este parlamento ELEGIDO (es decir, seleccionado por los electores sobre la base de una candidatura en la cual aparece un número mayor de candidatos que el número de escaños a ocupar) deberá elegir entonces, entre VARIOS CANDIDATOS (al menos dos) al presidente. Así sucesivamente con los demás cargos.

Como en Cuba hay un régimen unipartidista, para que haya ELECCIÓN es de suponer que se presente un candidato por el partido gobernante, más un número equis propuestos por las organizaciones sociales representadas en la Asamblea Nacional. Vista la posibilidad de alianzas entre organizaciones, podría considerarse la cantidad de no menos de tres candidatos para presidente el próximo 10 de octubre, de modo que los diputados elijan, entre ellos, aquel que proponga un programa de gobierno más atractivo.

Si lo que se pretende es mostrar al mundo que en Cuba hay un sistema democrático diferente, pero no por ello menos democrático, esa sería una opción, aunque las hay mejores. Si lo que se procura es cualquier otra cosa, podrían habernos ahorrado el espectáculo.

Por la ceniza en los ojos del artículo sobre el matrimonio, casi nadie pudo ver que en el proyecto de Constitución estaban dos disposiciones especiales, la primera de las cuales declaraba: “Los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la IX Legislatura se mantienen en sus cargos hasta tanto concluya su mandato”. Es decir: Algo tan importante como la posibilidad de elegir a quienes elegirían a su vez a nuestros gobernantes durante los próximos cinco años quedó excluido como derecho ciudadano, y millones de personas estuvieron de acuerdo. De modo que lo que ocurra el 10 de octubre está refrendado por la nueva Constitución, y quienes no se opusieron a ella, la mayoría de los ciudadanos, le dieron su aprobación. Repito: No hay de qué asombrarse.

Eso sí: Los homófobos están felices, pues se eliminó la posibilidad constitucional de que haya matrimonio entre personas del mismo sexo, lo cual para ellos es más importante que elegir al presidente de la república o la pena de muerte.

Los sectores retrógrados dentro de las denominaciones religiosas (por suerte no son todas), están felices también, pues se les permitió hacer campaña libremente, sin interferencia policial, incluso cuando sus acciones atentaban contra el normal desarrollo de la niñez. Midieron fuerzas y vieron que les fue bien. La pena de muerte no era importante para ellos, no hicieron campaña al respecto. En el horizonte ya vislumbran otras batallas que ganar, como la lucha contra el aborto. ¿Exagero? Ya veremos.

¿Y las libertades cívicas? Esas, por lo visto, a pocos interesan. Y si a pocos interesan, repito: No hay que asombrarse por lo que ocurrirá el 10 de octubre. Es lo que nos ganamos.