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A propósito de: “Uber, el Capitalismo y los asalariados”

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Foto: Red 21

Por Carlos Olivera

Juan Grompone ha puesto el dedo en la llaga. Hace tiempo que lo escucho en “La Mesa” de “En Perspectiva”, compartiendo sus opiniones, y sobre todo el método de análisis. Ahora nos sorprende con una aproximación al fenómeno “Uber” que lleva a otro nivel el debate que se ha desatado en la sociedad uruguaya a raíz del desembarco de la aplicación.

Con tan suculenta provocación, no puedo evitar desde mi perspectiva de economista y cubano nacionalizado uruguayo, la tentación de aportar mis dos centavos.

Como los seres humanos funcionamos sobre la base de paradigmas, pienso que es importante definir uno que de cierta forma está en las entrañas de este debate y que conviene dejar en claro.

El Socialismo Real no fue un modo de producción post capitalista

El derrumbe del sistema de Europa del Este, la evolución de China hacia la economía de mercado y el fenómeno cubano parecieran evidencia empírica suficiente para fundamentar esta expresión.

¿Por qué sucedió esto?

Al considerar (como nos recuerda Grompone) a la propiedad privada como el elemento distintivo del Capitalismo, el Socialismo Real la elimina, instaurando como única la propiedad estatal, de esta forma:

  1. Convierte de golpe y porrazo a toda la sociedad en asalariada, y por tanto, la enajena de los medios de producción. El Socialismo, que debía convertirlos a todos en dueños los convirtió en empleados.
  2. Descarta la iniciativa privada, la competencia y con ellas una mejor asignación de recursos que en los modos de producción precedentes (esclavismo o feudalismo). En lugar de haber cientos de miles de propietarios (decisores), los medios de producción (supuestamente sociales) están controlados por quienes detentan el poder a través del Estado, que terminan siendo una casta minoritaria conformada por razones ideológicas.

Las sociedades en las que se instauró el Socialismo Real se convirtieron en “Ideocracias”, en las que una casta de “sacerdotes ideológicos” (jerarcas de los partidos en el poder) rigen los destinos de un pueblo (la “masa”) totalmente enajenado de los medios de producción y en una condición de “minoría de edad” que lo hace dependiente del Estado; una suerte de mezcla entre el Egipto de los faraones (teocracias a las que Marx denominó “Modo de Producción Asiático”) y un Capitalismo de Estado.

El experimento fue repetido en las más diversas latitudes y culturas, pero el resultado fue siempre el mismo, lo que parece indicar que, como modo de producción, el Socialismo Real (por más buenas intenciones que tuviera) constituyó un retroceso artificial con respecto al Capitalismo y que la sociedad post capitalista será una sociedad de sujetos económicos activos, “mayores de edad” y no de hombres-masa dependientes, “menores de edad”.

Hacia una sociedad post capitalista

El propio Marx establece que “el modo de producción post capitalista sería aquel en el que el individuo trabajador ostentara la propiedad sobre los medios de producción: el non plus ultra del sujeto económico”.

Analizando los distintos modos de producción a partir de la disolución de la Comunidad Primitiva, se puede encontrar un patrón evolutivo.

Por un lado, la clase trabajadora va incrementando su grado de independencia como sujeto económico. Así se pasa del esclavo, al siervo de la gleba y finalmente al obrero asalariado en el Capitalismo.

La tendencia va, de ser considerado literalmente un objeto, a un sujeto con plenas facultades y derechos. Esta tendencia nos lleva a pensar que en cualquiera que fuera el modo de producción que suceda al capitalismo, la que ha sido hasta el momento “clase trabajadora” continuará empoderándose hasta alcanzar finalmente el control sobre los medios con los cuales produce y terminar el camino de unificación de clases. Por esto lleva tanta razón Grompone cuando afirma que mientras exista trabajo asalariado existirán relaciones de producción capitalistas.

Después del fracaso del Socialismo Real, y con la tibia presencia de los proyectos de cooperativas, parecía que Marx se había equivocado en sus análisis. Aparentemente la socialización de los medios de producción era anti natura.

No obstante, en los últimos años, con la aparición de nuevas tecnologías y plataformas que permiten poner en contacto a clientes y proveedores surge la llamada sharing economy o economía colaborativa con implicaciones extraordinarias. El Capitalismo, que como modo de producción trajo a la humanidad el mayor crecimiento material jamás conocido, está abriendo paso a nuevas relaciones de producción no capitalistas y por tanto no condicionadas al trabajo asalariado.

Dos características que se avizoran de este nuevo modo de producción, al que pudiera llamarse “Colaborativismo” son:

  • Desde el punto de vista de los recursos, la “activación” de casi todo: Casi cualquier objeto que se posea se convierte en un medio de producción. Hoy, a través de Uber, cada auto (que hasta el momento era un costo familiar) se convierte en un medio de producción; con Air bnb cada casa se vuelve un hotel (medio de producción también) y como esos, múltiples ejemplos que siguen surgiendo cada día inundan el panorama empresarial.
  • Desde el punto de vista de las personas la crisis del trabajo asalariado: que traerá inevitablemente la reducción de la conflictividad laboral. Convengamos que en un modo de producción en el que una parte de la sociedad (los trabajadores asalariados) considera que está siendo explotada por otra parte (los empleadores) las razones para el conflicto disfuncional son muchas. Estos conflictos terminan paralizando el funcionamiento social y de ellos se sale con grandes pérdidas para las partes en antagónicas, para terceros y no siempre con las mejores soluciones pues las contrapartes se miran con recelo. El “Colaborativismo” termina siendo en este sentido, también más eficiente.

Por supuesto que esta nueva economía implica varios retos:

  • Para los individuos que antes fueron empleados y se convierten en “colaboradores”, pues con sus propios medios de producción (ya sean tangibles o intangibles) ahora se enfrentan al mercado (que sigue y seguirá existiendo) y por tanto asumen retos y riesgos que no asumían mientras eran trabajadores “dependientes”.
  • Para los empresarios empleadores, que tendrán que adaptarse ante una competencia creciente que echa por tierra las barreras de entrada de varios mercados (tal es el ejemplo de la situación generada por la llegada de Uber a Uruguay).
  • Para las autoridades, que tendrán que lidiar con el enojo de los que se verán afectados por el cambio del status quo, el reajuste de la reducción de oferta de empleo (que deberá ser sustituida con otras formas de ingreso), la adaptación del entorno regulatorio, entre otros factores.

Es importante aclarar que la aparición del “Colaborativismo” no implica (como románticamente se aclamaba con el Socialismo Real) el fin del Capitalismo, ni que se haya llegado al pináculo del desarrollo humano y este sea un sistema perfecto. Tal como hoy subsisten la Comunidad Primitiva, el Esclavismo y el Feudalismo como modos de producción, el Capitalismo, que aún es muy joven, seguirá siendo por algún tiempo el modo de producción preponderante, pero dentro de él ya estará creciendo por resultado natural una forma superior de producir.

En el plano teórico, se marca el fin de un debate: durante siglo y medio el Marx de la lucha de clases (pasional y revolucionario) se disputó el futuro con el Marx economista (analítico y evolutivo). Hoy, en el siglo XXI, queda claro que el mejor Marx ha vencido y por paliza.

(Tomado de Medium)

La honda de David

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honda
Foto: teleSUR

Siempre he creído que, para Cuba, vencer el bloqueo impuesto por los Estados Unidos no es solo sobrevivir, o constatar, año tras año, que casi todos los países lo repudian. En realidad, esto último no ocurre porque nos quieran tanto, sino por una cuestión de soberanía, intereses económicos, o dividendos geopolíticos. La verdadera victoria sería demostrarle al Imperio, y a nosotros mismos, que podemos crecer y desarrollarnos con las fuerzas propias y la integración económica al resto del mundo.

El bloqueo a Cuba es ya un corolario de la política exterior estadounidense que está por encima de demócratas y republicanos. Para la Isla ha de ser como la gravedad, la sequía o los huracanes. Está ahí y estará por mucho tiempo. Si no nos desarrollamos en estas condiciones, no lo lograremos nunca. Al menos en la forma que queremos.

En este momento los Estados Unidos no son, ni los dueños del planeta, ni los únicos que pueden brindarnos mercados, financiamientos y tecnología de punta. Para que David venza a Goliat necesita una honda apropiada, no solo voluntad de vencer. Si por más de medio siglo la Revolución ha demostrado que sabe defender la independencia y soberanía de las agresiones imperiales, no ha sido así en el campo vital de la economía. Solo crecemos cuando alguien nos ayuda.

La cuestión puede plantearse de varias formas: ¿hay condiciones reales para hacerlo, o estamos condenados a esperar que aparezca un gobierno yanqui que nos quiera bien, solidario y colaborativo, dispuesto a eliminar la Ley Helms-Burton y demás instrumentos legales que lo soportan?; ¿de dónde saca Cuba los recursos para crecer y desarrollarse en medio del bloqueo?

¿Hay tela buena para hacer la honda de David?

Con mi optimismo inagotable considero que sí. El primer retazo es la voluntad mayoritaria del pueblo de la Isla de preservar el meollo de la sociedad socialista que lleva ya casi sesenta años. Además, en Cuba hay gente que aceptaría un retorno al capitalismo, pero no un nuevo tipo de sometimiento a los Estados Unidos, que haría parecer a la Enmienda Platt un niño de teta. Ambos grupos coinciden en su postura antimperialista.

El segundo factor es ignorado por el gobierno cubano, pero existe. La mayor parte de la emigración cubana está dispuesta a ayudar a Cuba, no solo a sobrevivir, sino también a desarrollarse. Para eso habría que darles tratamientos especiales a los emigrados cubanos para que inviertan en el país, o lo representen en el extranjero. Tal y como han hecho exitosamente otros países socialistas, como China, Viet-Nam y Laos, al brindarle esas oportunidades a sus ciudadanos radicados en el exterior.

Lejos de estarlos explotando como fuente de ingresos adicionales mediante los costos de pasaportes, y otros documentos, y altas tarifas para importar, habría que tratarlos como cubanos en igualdad de derechos con los de la Isla. Con terroristas y tenedores de dinero sucio bastaría con hacer listas de personas no gratas –como hacen todos los países del mundo— para excluirlos de estos beneficios.

El tercer factor, quizás el más importante, es el de acabar de sacudirnos la pesada herencia del socialismo stalinista y reconocer que este proyecto no llegará jamás a convertirse en una sociedad socialista mientras la burocracia hegemónica no abandone el monopolio del poder. La cuestión no es eliminar la burocracia, ni menos aún a los burócratas imprescindibles ?que son personas buenas y malas como en cualquier otro oficio?, sino enfrentar resueltamente el burocratismo en el funcionamiento de toda la sociedad.

Esto permitiría, entre otras cosas, liberar las fuerzas productivas sociales al  eliminar prohibiciones absurdas y procedimientos obsoletos, como el de la mal llamada doble moneda; achicar al Estado y sus estructuras atrofiadas; empoderar a los colectivos obreros para que tomen las riendas de la gestión de sus empresas; liberar la contratación de la fuerza de trabajo de agencias explotadoras; equiparar a todos los agentes económicos: estatales, cooperativos y privados; liberalizar la sociedad civil, etc.

Un cuarto factor que se ha considerado, pero no aplicado, es el de retomar experiencias de los países socialistas de Asia antes mencionados. Lo digo con reticencias, pues prefiero el socialismo autogestionario al de mercado. Pero, lo cierto es que sin lograr crecer y desarrollarnos no habrá construcción del socialismo del modelo que sea.

Y ya no quedan mecenas dispuestos a pagarnos el viaje al desarrollo. Tenemos que comprar el pasaje con el dinero de nuestros bolsillos. Eso sí le dolerá definitivamente a los reaccionarios representantes del Imperio y el exilio retrógado, y será orgullo y sostén de nuestros hijos y nietos.

The analog shutdown

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Photo: La tecla con café

The people of Sancti Spíritus should be proud to have the radio program Con voz propia (With Our Own Voice), where journalists and the audience exchange directly and openly with officials from the province’s structures. The direction and presence on air of the renowned and popular Elsa Ramos is a guarantee of the continued existence of that spirit. The topic I heard discussed on Saturday, August 24 wasn’t for the faint of heart: the analog shutdown (AS) in the broadcasting of the Canal Educativo (Educational Channel). Whims of nature caused five municipalities of Sancti Spíritus to be selected as testing grounds from September.

From this moment, whoever doesn’t have a hybrid TV set or a converter box can no longer watch that channel. The biggest concern for the province’s audiences isn’t that, but the fact that the signal of their beloved local station Centrovisión Yayabo uses that spectrum, and it enjoys a well-earned status as a viewer favorite.

The problem comprises several aspects which were discussed by journalists and viewers in the form of three general questions: (1) How will the poor be able to buy a hybrid TV set in the TRDs (Cuba’s hard currency shops) if their price is between 10,000 and 20,000 pesos cash, or 1000 for the converter box, if you can find it? (2) When will credit be available for the purchasing of hybrid TV sets? (3) Why can’t both signals coexist for a longer time, as has been done almost everywhere, including China itself?

In favor of the Radio Cuba officials one must say that they gave answers for everything, in a clear and transparent language. That’s why it was possible to achieve fluent communication, even when dealing with technical matters which could be quite obscure for the general public. Even more surprisingly, in some cases both the journalists and the audience maintained their diverging views after they listened to the explanations of the officials.

The underlying question is that the countrywide AS was programmed for such an early date because getting rid of the costly and obsolete analog transmission and adopting the digital one would save millions of pesos. With Chinese help, there’s now good command of the technology used by Huawei, which is among the most modern worldwide. The problem is that TV sets cannot be imported from the West because they wouldn’t be compatible with it. They must be purchased at the TRDs.

The purpose of modernizing and lowering the cost of TV transmissions is quite praiseworthy; its application in such a short period of time, with the high prices of the basic technology kit and without helpful alternatives for low-income clients, strikes me as a monopolistic imposition. It is only comparable with the spreading of electrical cooking together with rising consumption rates.

The main complaints of clients are the elevated prices of the reception kit, the unavailability of credit to buy hybrid TVs, the difficulties to obtain credit and the high prices of parts and repairs. In fact the converter box’s motherboard costs 36 CUC, 90% of the total price of the equipment.

In this case, it is very positive that the State has planned the distribution of reception kits free of charge to pensioners and social cases. The problem is for the thousands of working-class families who cannot spend that sum all of a sudden –about 500 CUC/12,500 CUP in the best of cases–, because many have simply never seen that kind of money in their entire lives.

In my opinion, viable solutions in an immediate term revolve around pushing back the deadline for eliminating the analog signal, making hybrid TVs and converter boxes cheaper at the TRDs, relaxing conditions for the granting of commercial credit to those who need it in order to buy the full kit and not just the converter box, extending warranty periods and creating better material conditions for the maintenance of the equipment.

The real and definitive solution for situations such as this one should have to wait for the advent of two combined transformations: the elimination of the duality of currency and exchange rate, and a general reform of wages and prices which brings about a better correspondence between the standard of living of workers and their families and the contribution each person makes to the common welfare.

Since these have been pending for so long now, I believe it is better that we focus on those which are immediately viable. Meanwhile, the people of Sancti Spíritus should go on enjoying Con voz propia where, at least, journalists, officials and listeners learned to call a spade a spade, without subterfuges or secrecy.

(Translated from the original)

Something that must be defended

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Photo: Radio Reloj

For starters, I must say that the present juncture hasn’t been particularly harsh for me. It must have been luck, but the right bus has always turned up to get me out of a jam. I’ve managed to travel with some legroom even. That doesn’t mean I don’t understand and relate to the difficult situation people are in all over the country.

In these last few days I’ve had some time to reflect. Among the things which have drawn my attention is the solidarity of drivers who stop to give people a ride. I’m not only referring to those who stop when the authorities make them, but to those who do it of their own free will. Several officials have given me a ride, and there I am, in the back seat, feeling slightly guilty for writing articles against the bureaucracy.

This Tuesday, September 24, Donald Trump gave his speech at the United Nations General Assembly. He said, among other wacky things, that Socialism and Communism are not about helping the poor, but about one thing only: ‘power for the ruling class’. Karl Marx, wherever he is, must be completely dumbstruck. Hearing that coming from the buffoon who now sits in the imperial throne is truly infuriating.

One who is usually disappointed with the sluggishness and bureaucracy infesting the Cuban government must inevitably ask: why does Donald Trump want to destroy it? If this government is so unrevolutionary, why blockading it so vehemently, to the point of criminalizing the ships that bring oil to the island?

In my analysis I have reached the conclusion that there are two significant social contradictions in Cuba. The first one is the old struggle between socialist revolutionary power and the most reactionary forces of global capitalism, mainly based in Miami and Washington. The other one is the contradiction between the common people and the bureaucratized leadership, which has emerged as a result of the political structure created to secure that revolutionary power.

One contradiction exists within the other. That’s why the Cuban problem is so difficult to solve.

That’s the result of my analysis. However, I also understand that not everyone can see that clearly. For many people, the second contradiction, between people and bureaucracy, is the only one that matters, and thus they go all out in attacking the government. There’s an objective reason for that: in the day-to-day lives of Cubans, imperialism is a faceless ghost, something they always talk about but you never see, while the government official who comfortably drives or flies everywhere has a face and a name. Human beings tend to focus their anger on what is closest; on what affects them directly.

You need to see Trump ranting about Communism on one hand and a colonel giving people a ride on the other to realize that there’s something there that must be defended. There’s something at the heart of our Cuban reality which annoys Trump and the sycophants of the new right. That’s the question we must ask ourselves: what does Donald Trump want to destroy?

What they want to destroy is the cultural legacy of Cuban socialism. In spite of how deteriorated the revolutionary capacity of our government is, and after all the beatings life has given us, this remains a country which has experienced one of the boldest anti-capitalist revolutions. We have decades of amassed experience in everything that’s possible when a society renounces capitalist egoism. It’s been years of political independence and sovereign pride, well beyond the place we would be assigned in the map of capitalist geopolitics.

That’s what they’re aiming at; not just at the government. Their goal is to get to us, the citizens, and to present themselves as our saviors, so we give up and surrender to the way of life normalized by global capitalism. They call us sheep because what they really want is to herd us back into their pen.

Therefore, that undeviating imperialist strategy meant to steal our brains and our hearts complicates everything we can do in Cuba as activists against bureaucratism. We must keep a certain protective zeal. It’s not about defending the bureaucracy, those who precisely hide behind the blockade to keep doing things wrong. It’s about preserving that space of political sovereignty, something unthinkable in today’s world, which has been given us by the Revolution and Socialism. That’s our most precious inheritance.

We cannot strike the Cuban government as if it were an immense bronze bell. In reality, it’s a bell made of glass, and if we break it, we might just be left unprotected forever. With this I want to respectfully criticize many who also write –like myself– for alternative media, and who I believe are just dying to go around striking bells.

When you look at them closely, you can see that the two contradictions are actually two versions of the same one. That’s because bureaucratism is nothing else than the continuity of domination in socialism. It’s like a piece of capitalism that lives on with us, and that is born of our inner demons, of the egoism we have been unable to overpower as human beings. And the imperialism knows that, and encourages it. It’s in their math. Yes, when the US blockades a country, they are counting on the economic crisis bringing out the worst of human beings, even of those who have so far been revolutionaries.

Bureaucrats play along with imperialism, though they may not always be aware of that. Imperialists know it, and they approve of the debasement of revolutionaries. That, among other reasons, is why they haven’t decided to invade Venezuela and Cuba in full strength. It is more affordable to squeeze them economically, and to let bureaucratism and its outrages destroy the socialist cultural legacy.

That’s why I won’t accept either the discrediting of those of us who take it on ourselves to criticize what’s done wrong. Nor will I accept the appeals to an abstract unity. Because right now, fighting against bureaucratism and against the debasement which surfaces in us as human beings subjected to extreme situations is true anti-imperialist work. The cultural legacy of Cuban socialism deserves to be defended.

(Translated from the original)

Una preocupación

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preocupacion
Foto: Juventud Rebelde

Desde que vi en la Mesa Redonda la semana pasada (creo fue el viernes), el tema del caracol gigante africano, las medidas para erradicarlo, y escuché la primera forma que sugirió el funcionario cubano que hablaba para matar al molusco y “botarlo” en lugares donde no se pueda enterrar por falta de amplias zonas de áreas verdes, me preocupó tanto que continué viendo el programa, pero también llamé por teléfono para que rectificaran lo que considero un error, más grave si lo orienta un alto cargo en la Mesa Redonda…pero todo el tiempo me dio ocupado.

Quería decir que cómo se le ocurrió decir que era una buena solución tomar los caracoles con una jaba de nailon, triturarlos dentro y echarlos “en un dispositivo de desecho de la ciudad”. Imagino que estaba haciendo referencia a los tanques de basura.

¿No conoce este señor que en la ciudad existen cientos de personas que hurgan en los paquetes que se depositan en los tanques de basura (los llamados buzos, que hasta tengo un vecino que ese es su “trabajo” pues de eso vive) para recoger cuanta cosa les convenga vender, no solo al gobierno en sus puntos de compra, sino también a vendedores ambulantes y pequeños negocios privados?

¿No sabe que (en caso de que esa fuera una forma correcta de botarlos, cuando no sea posible enterrarlos, como han repetido por la televisión) que no todos los ciudadanos tendrán el cuidado de envolverlos correctamente, y que esas jabas de nailon en su mayoría no son herméticas aun anudándolas fuertemente, y que sirven para hacer la recolecta y enterrarlas con los caracoles triturados, pero no para “dejarlas en un dispositivo de deshechos de la ciudad”, como dijo, convencido de que era la variante perfecta en las zonas urbanas donde no hay tierra suficiente?

Y en tercer lugar, ¿no conoce este hombre que nuestra ciudad está llena de gatos que viven de lo que encuentran dentro de los contenedores, y que por el hambre que pasan y la habilidad que tienen estos pobres animalitos, son capaces de desgarrar todos los paquetes que se tiran a la basura, que independientemente de que podrían ingerir este molusco (no sé el daño que pueda causarles, más que el que le causan los deshumanizados que todavía no creen necesario una Ley de Protección y Bienestar a los Animales), revolverían el caracol triturado con todo lo que recolectan los “buzos”, contaminándolos a estos, y a quienes le venden usualmente botellas para una redistribución irresponsable?

Los llamados “buzos” son un tema más preocupante de lo que ningún dirigente del gobierno se ha detenido a pensar. Pueden estar causando serios daños a la salud de los ciudadanos que compran pomos de jugo o yogurt en pequeños establecimientos privados que nadie fiscaliza la manera en que limpian los envases que requieren una esterilización adecuada. Repito que lo sé porque mi vecino es un “buzo” joven que prefiere ese “trabajo”, y me cuenta la buena ganancia que obtiene desde que se desvinculó del gobierno para venderle a los privados.

Como me preocupo por ayudar a nuestro país, en todos estos días no he podido apartar la imagen del funcionario hablando (que por cierto, y con todo respeto, lo hacía de una manera extraña que más bien parecía un robot con su discurso grabado), y me he sentido impotente al no saber a dónde dirigirme, porque tengo la experiencia de escribir a la prensa, al departamento de Atención a la Población, para tratar de alertar sobre otros temas, también importantes, y jamás he visto ninguno de mis reclamos en alguna edición, aunque los planteaba con sugerencias, acostumbrada desde mi época laboral a no intervenir sin apuntar una solución.

Por un problema generacional  (las personas con quienes podía conversar armoniosamente sobre cualquier idea, y que tenían influencia para ayudar a cambiar algo en Cuba, ya no existen físicamente), siento que solo me queda el recurso de comunicar mis preocupaciones a La Joven Cuba.

Hace mucho tiempo, desde que recibo LJC por una amiga que vive fuera sigo esta publicación con mucho interés, porque me parece la más seria y honesta de las que leo.

Pensadores vs Fanáticos

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Foto: Cubadebate

Buda dijo: “El que no quiere pensar es un fanático; el que no puede pensar es un idiota; el que no osa pensar es un cobarde”. La convocatoria del Presidente a pensar como país puede ser un acicate para superar esas posturas infames. Desde 1960, Fidel llamó a hacer de Cuba un país de hombres de ciencia y de pensamiento[1]. Lamentablemente, la segunda parte de la cita se fue disolviendo y casi siempre se recuerda mutilada.

Desde los orígenes de la nación cubana esta se concibió como un proyecto que se diseñó y enriqueció con el aporte de muchos de sus hijos e hijas de diferentes sectores sociales. Aunque se sigue hablando de los supuestos padres fundadores –al estilo estadounidense? de la famosa Generación del 90 del XVIII (Espada, Arango, Romay…) y de la del 20 del XIX (Varela, Luz, Saco…) se hace menos de Aponte, Heredia y Viriato de Covadonga, a quienes por no ser hombres de la sacarocracia se le siguen negando virtudes, aportes e influencias.

El pensamiento del mambisado aun se eclipsa por sus proezas militares, al punto que muchas veces parecen jinetes sin cabeza, sobre todo en las clases que se imparten en la educación general. Si se dedicara tanto tiempo a estudiar el pensamiento de Maceo como sus combates, todos seríamos mejores ciudadanos, y se entendería cabalmente por qué Martí aseguraba que tenía “tanta fuerza en la mente como en el brazo”.

De hecho, leer a Martí parece ser un oficio de iniciados, aunque se suelen buscar sus citas aisladas para adornar textos y discursos, pero casi siempre fuera de contexto e ignorando las esencias de su pensamiento. El problema no es fácil para los que intentan usar al Apóstol como muleta. Su vida y obra fueron tan subversivas que rompen cualquier molde al que se quieran trasplantar por la fuerza.

En la República Burguesa los voceros del poder, aliados subalternos del imperialismo, subordinaban el pensamiento nacional al logro de superganancias comerciales. Mientras, el ideario nacionalista y socialista bullía de inquietudes y propuestas de cambio para resolver los problemas acumulados. Grupos intelectuales, revistas y periódicos, revolucionarios y patriotas de diferentes corrientes, debatían sus puntos de vista a la luz pública, tanto con los pensadores oficialistas, como entre ellos.

A inicios de los años 60, eran normales los debates entre hombres de la revolución sobre problemas de la transición que implicaban adoptar diferentes caminos hacia la meta común de desarrollo socialista. Estas líneas divergentes se enfrentaron en varios campos: economía (Cálculo Económico vs Sistema de Financiamiento Presupuestario), política (socialismo nacional vs pro-soviéticos) y cultura (vanguardistas vs realismo socialista). Pero desde la adopción del modelo de socialismo burocrático, en los 70, el pensamiento creador entró en declive.

Lo provocó la importación de un modelo establecido en la URSS, que era preciso comprar llave en mano. Venía sustentado por sus famosas siete regularidades sagradas –aprobadas en la Conferencia de Partidos Comunistas de 1957?, abarcadoras de todas las esferas de la vida. Como irrisoria expresión de democracia se concedía a los recién llegados la potestad de introducir particularidades nacionales en su aplicación. Pero el paquete había que aplicarlo completo, a riesgo de ser considerado un socialismo heterodoxo.

Era todo o nada.

Lo más terrible para Cuba es que, desaparecida la URSS y el campo socialista, esta manera esquemática de pensar siguió preponderando. La centralización de las decisiones y los recursos, el desarrollo de un capitalismo de estado que tiende a la alianza con el capital trasnacional, mientras desconfía de una posible burguesía cubana, y la censura a cualquier corriente o expresión crítica que se distinga de la línea establecida por la élite del Estado/Partido-único, sometieron el pensamiento a fórceps estrechos.

En este escenario, pensar como país lo hallo equivalente a discutir todas las alternativas para desarrollar el proyecto con independencia, soberanía y justicia para el pueblo. Hacer política para un ciudadano de esta polis tropical es contribuir a resolver los problemas cardinales del país con sus ideas creadoras, no limitarse solo a los del barrio y el centro de trabajo o estudios. Si los obreros se hubieran limitado solo a cumplir los encargos que les hacían los patronos nunca hubiera existido Blas Roca. Si los médicos solo se consagraran a curar enfermos no hubiera aparecido el Che Guevara.

Para ser un representante digno de nuestra especie Homo Sapiens esta función es obligatoria. Pero no para hacerlo solo de lo intrascendente sino “de lo que pica” ?como decía Martí en El Diablo Cojuelo?. Los que no quieran pensar porque están fanatizados, los que no puedan porque están idiotizados, y los que no osen por cobardes, tendrán que cambiar; echarse a un lado y dejar pasar las nuevas ideas cuando estas se hagan pueblo.

[1] Discurso en la Sociedad Espeleológica de Cuba, 15 de enero de 1960.

Lo que merece ser defendido

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Foto: Cuba Journal

Para comenzar, debo decir que la coyuntura no me ha sido especialmente hostil. Debe ser por suerte, pero siempre me ha aparecido la guagua salvadora, para sacarme de los atolladeros. Me las he arreglado para no ir tan apretado. Lo cual no quita que comprenda y me sensibilice ante la difícil situación en la que se encuentra el pueblo, en cualquier rincón del país.

Durante estos días he tenido algo de tiempo para reflexionar. Entre las cosas que me han llamado la atención se encuentra la solidaridad de los que se mueven en autos, que se detienen a recoger personas para dar botella. No se trata solo de los que paran cuando las autoridades los obligan, sino de los que lo hacen por propia voluntad. Varios funcionarios me han montado en sus carros, y allá voy yo, en la parte de atrás, sintiéndome ligeramente culpable por escribir artículos contra la burocracia.

Este martes 24 de septiembre, Donald Trump dio su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Dijo, entre otras rocambolescas frases, que en el socialismo y el comunismo no se trata de ayudar a los humiles, sino de “solo poder para la clase dirigente”. Carlos Marx, donde quiera que esté, debe estar boquiabierto de perplejidad. Escuchar eso de la boca del bufón que se sienta en el trono imperial, en verdad indignante.

Uno, que normalmente se siente decepcionado de la lentitud y del burocratismo que carcome al gobierno cubano, tiene por fuerza que preguntarse: ¿por qué lo quiere destruir Donald Trump? Si este gobierno es tan poco revolucionario, ¿por qué bloquearlo con tanto ahínco, al punto de criminalizar a los buques que llevan petróleo a la Isla?

En mis análisis he llegado a la conclusión de que en Cuba existen dos contradicciones sociales básicas importantes: Una es la vieja disputa entre el poder revolucionario socialista y las fuerzas más reaccionarias del capitalismo global, con sedes principales en Miami y Washington. La otra es la que existe entre el pueblo y la dirigencia burocratizada, la cual ha surgido como producto de la estructura política que se creó para blindar ese poder.

Una contradicción existe dentro de la otra: por eso el problema cubano es tan difícil de resolver.

Ese es el resultado de mis análisis. No obstante, también comprendo que no todo el mundo puede verlo con claridad. Para muchas personas, la segunda contradicción, entre pueblo y burocracia es la única importante, por lo que no se miden en embestir contra el gobierno. Eso tiene una razón objetiva: es que, en la cotidianidad del cubano, el imperialismo es un fantasma sin rostro, algo de lo que se habla todo el tiempo, pero no se ve, mientras que el funcionario que no se baja del carro o del avión tiene rostro, nombre y apellidos. El ser humano tiende a dirigir su furia hacia lo que tiene más cerca, hacia lo que lo pincha directamente.

Hace falta ver a un Trump despotricando sobre el comunismo, y a un coronel dando botella, para darse cuenta de que hay algo que merece ser defendido. Hay algo en el fondo de nuestra realidad cubana que le quita el sueño a Trump y a los sicofantes de la nueva derecha. Porque esa es la pregunta que debemos hacernos: ¿qué es lo que quiere destruir Trump?

Lo que quieren arruinar es el acumulado cultural del socialismo cubano. Por más carcomida que esté la capacidad revolucionaria de nuestro gobierno, después de tantos palos que nos ha dado la vida, este sigue siendo el país que ha vivido una de las más osadas revoluciones anticapitalistas. Tenemos décadas de experiencias acumuladas de todo lo que se puede hacer en una sociedad que ha renunciado al egoísmo capitalista. Han sido años de independencia política y orgullo soberano, fuera del lugar que debería tocarnos en el mapa de la geopolítica capitalista.

Hacia allí van sus flechas, no hacia el gobierno solamente; su objetivo es llegar a nosotros, los ciudadanos, y presentarse como nuestros salvadores para que renunciemos y nos entreguemos al modo de vida normalizado por el capitalismo global. Nos dicen carneros y ovejas, porque lo que quieren en realidad es que regresemos a sus corrales.

Entonces, esa permanente estrategia imperialista para robar nuestros cerebros y corazones, complica todo lo que podemos hacer en Cuba como activistas contrarios al burocratismo. Debemos conservar cierto celo protector. No se trata de defender a la burocracia, a los que justamente se escudan en el bloqueo para seguir haciendo mal las cosas. Se trata de preservar el espacio de soberanía política, impensable dentro del mundo actual, que nos han legado la Revolución y el Socialismo. Es nuestra más preciada herencia.

No se puede golpear al gobierno cubano como si fuera una inmensa campana de bronce. En realidad, es una campana de vidrio, y si la rompemos, tal vez nos quedemos para siempre a la intemperie. Con esto quiero hacer una respetuosa crítica a muchos de los que también escriben, como yo, en medios alternativos, y que me parece mueren de ganas de golpear campanas.

Cuando se mira más de cerca, se ve que las dos contradicciones en realidad son dos variantes de la misma. Esto es, porque el burocratismo no es más que continuidad de la dominación en el socialismo, es como un pedazo de capitalismo que vive con nosotros, y que nace de nuestros demonios interiores, del egoísmo que no hemos logrado dominar como seres humanos. Y el imperialismo sabe eso, y lo fomenta, entra en sus cálculos. Sí, cuando los EE.UU. bloquean un país, están contando con que la crisis económica sacará lo peor de los seres humanos, incluso de los que hasta ayer eran supuestamente revolucionarios.

Los burócratas le hacen el juego al imperialismo, aunque no siempre sean conscientes de ello. Los imperialistas lo saben, y ven con buenos ojos el envilecimiento de los revolucionarios. Por eso, entre otros motivos, no se deciden a invadir con todas sus fuerzas a Venezuela y Cuba; les es más rentable apretarlas económicamente, y que sea el propio burocratismo con sus desmanes el que destruya el acumulado cultural socialista.

Por eso tampoco aceptaré las descalificaciones que nos hacen a los que nos dedicamos a la crítica. Ni los interesados llamados a la unidad abstracta. Porque en este momento, luchar contra el burocratismo y contra el envilecimiento que aflora en nosotros mismos como seres humanos sometidos a situaciones extremas, es una auténtica labor antimperialista. El acumulado cultural del socialismo cubano merece ser defendido.

René Fidel podría demandar funcionarios

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demanda

A partir hoy, el Dr. René Fidel González García podrá establecer demanda ante el Tribunal Supremo Popular contra la viceministra primera del Ministerio de Educación Superior (MES) por abuso de poder, o contra la Presidencia del Consejo de Estado por no atender la reclamación hecha por un ciudadano.

El doctor en Ciencias Jurídicas René Fidel González García fue expulsado de la Universidad de Oriente hace dos años, y le fue invalidada su categoría docente, por iniciativa de la actual viceministra primera del MES, Martha del Carmen Mesa Valenciano, al considerar esta que, con las publicaciones del doctor en sitios de izquierda como Rebelión y LJC, perdía prestigio como profesor.

No fueron atendidas ninguna de las peticiones y quejas presentadas por González García a las diversas instancias de la Fiscalía General de la República –órgano del que él mismo fue miembro—. Tampoco sus quejas emitidas al Consejo de Estado y a la Presidencia de la República. Según la Instrucción 245/2019 del Tribunal Supremo Popular, aparecidas el pasado 21 de junio en La Gaceta Oficial, René Fidel podría ser el primer cubano en interponer una demanda  contra el Presidente del Consejo de Estado o cualquier funcionario del más alto rango cubano, desde 1959 hasta la fecha.

Destacadas personalidades de diversas posturas ideopolíticas han manifestado de diversos modos su respaldo al doctor René Fidel, y le han pedido al gobierno que responda a sus quejas y peticiones, entre ellos el politólogo Esteban Morales.