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El activista de El Nuevo Herald

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En lo que concierne a Cuba, la prensa de Estados Unidos puede ser bipolar. Lo mismo profundiza un día en aspectos cruciales de la realidad cubana, que al siguiente publican textos políticamente parcializados. En su plantilla coexisten periodistas y activistas, aunque todos se presentan como lo primero.

Ayer un texto publicado en El Nuevo Herald sugirió que La Joven Cuba es un medio subordinado al gobierno de la isla y que su editor Harold Cárdenas Lema realiza activismo en Estados Unidos. Minutos después, Cárdenas le respondió al autor del texto: Mario J. Pentón dice que La Joven Cuba es una “revista a favor del gobierno cubano” y me llama activista. No Pentón, soy analista con una maestría en Columbia, el activista eres tú. Yo he criticado y elogiado al gobierno cubano y el estadounidense cuando les toca, eso es análisis. Lo que tú haces en El Nuevo Herald, de criticar exclusivamente a uno y elogiar exclusivamente al otro, eso sí es activismo. Y mediocre.

Desde La Joven Cuba queremos recordarle al periódico estadounidense, que en fechas recientes ha replicado artículos de esta revista “pro-gobierno cubano”, lo que nos deja con muchas preguntas sobre su línea editorial. Los medios radicados en la Florida durante la administración Trump, deben ser cautos en no ser cómplices de las agendas que fomentan el odio entre cubanos y la radicalización política de los migrantes que llegan al país.

No está de más sugerirle a El Nuevo Herald que cuide más que las preferencias políticas de sus periodistas no superen sus estándares profesionales. Y en el caso de un activista como este, que con sus textos hace favores a la política de sanciones a Cuba y cambio de régimen político en la isla, que le brinde un curso de superación con motivo del Día Internacional del Trabajo. Este defensor de la libertad conservadora y anticomunista profesional, persiguiendo a quienes tienen ideas independientes de ambos gobiernos, parece más miembro de la PNR de Miami y coordinador de un CDR en Hialeah, que periodista. Porque es sólo eso, un activista.

Bicho malo

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Foto: @Nodar via Twenty20

No hay dudas de que estamos viviendo un momento trascendental con esto del virus coronado. Todo el mundo se equivoca y acierta mientras muchos se afanan por encontrar soluciones. No dudo de sus buenas intenciones.

Hace días apareció en YouTube un cubano de Miami dando la solución preventivo-curativa para el Covid-19: ponga en el microwave por 5 minutos una taza de agua con un limón picado y tres aspirinas; bébase una taza diaria y estará curado e inmune. Otra youtubera latina, tenía una solución más mística: abra la Biblia por la mitad, encontrará un pelo. Hiérvalo en un caldero con agua y tome abundante de ese líquido. Abrí mi Biblia y no encontré el pelito salvador. ¿Será que estoy condenado? No sé qué castigo espera a los ateos, tal vez sea la hora.

Nosotros, que tanto bien estamos haciendo, también tuvimos una embarrada con el Prevengho-Vir que nos costó algunos cocotazos. Y en esta línea salvadora Donald Trump recomendaba desinfectante y luz ultravioleta, por dentro del cuerpo, enfatizó en un tremendous effort para resolver este problema que lo trae tan disgustado. Después que le cayó el mundo encima dijo que era en broma, pero no lo aclaró en el momento y ya los servicios de toxicología comienzan a recibir víctimas con el esófago en flecos, pero libres de Covid. Bicho malo.

Hablando pues de bichos, nos inclinamos a pensar que este coronavirus es un bicho malo por el daño que nos hace, pero atención, tiene muchos matices. Para empezar, un virus es apenas un bicho. Mucho se discute sobre si son o no seres vivos. Se reproducen si, pero solo dentro de otras células utilizando la maquinaria celular de replicación de otro. Porque los viruses no tienen organitos celulares ni metabolismo.

Son una carta molecular de ADN o ARN dentro de una botella proteica. Si alguien la encuentra y abre la botella está perdido, condenado a copiar hasta la muerte por agotamiento el mensaje de la botella. Si no, el “bicho” se desarma en poco tiempo. Evito decir muere porque solo puede morir lo que está vivo.

Eso por un lado. Por el otro lado su maldad. Es malo, claro que sí, es malo para nosotros por el daño que nos ocasiona, pero eso no significa que sea un ente perverso con la intención de matarnos. Los virus y bacterias no tienen intención. Son seres que se reproducen solo porque pueden hacerlo y si tienen condiciones para ello.

Solo actúan INTENCIONALMENTE los seres que tienen conciencia de sí mismos, es decir, nosotros. Los seres humanos y solo nosotros concebimos escalas de valor ético para juzgar nuestras acciones: solo ahí caben las etiquetas de bueno o malo. Y si miramos los resultados de nuestra presencia en el planeta debemos reconocer que de todos los bichos con quienes lo compartimos, somos el peor. Bicho malo.

Cuba vista por un socialista democrático

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Foto: @451Photo via Twenty20

Recientemente hubo un supuesto escándalo en la primaria del Partido Demócrata de Estados Unidos. El asunto eran los comentarios de Bernie Sanders, el candidato socialdemócrata, con respecto a Cuba. En un programa importante, el presentador recordó que en los años ochenta Sanders observó que Fidel Castro “le dio educación a los niños y atención médica a la gente de Cuba.” Por supuesto, aludiendo a estos antiguos comentarios de Bernie, el presentador quería insinuar que este tenía tendencias autoritarias preocupantes.

El intercambio entre ellos es esclarecedor al respecto. Sanders dijo que “estamos muy opuestos a la naturaleza autoritaria de [l régimen de] Cuba” pero notó a la vez que “cuando Fidel Castro asumió su cargo… tuvo un programa de alfabetización masiva” y “es injusto decir que todo está mal” en Cuba. Su interlocutor respondió que hay “muchos disidentes encarcelados”. Sanders contestó rotundamente: “Eso es cierto. Y lo condenamos.” No obstante, hubo numerosos artículos críticos cuestionando la relación entre Sanders y el autoritarismo.

Como nos muestra el diálogo anterior, el discurso convencional sobre política exterior en los Estados Unidos es lamentablemente simplista. La corriente principal tiende a generalizar sobre Cuba, tratando el régimen actual como un mal absoluto e ignorando el papel problemático que los EE.UU. han desempeñado en la historia del país. Además, por lo general, al público estadounidense le falta muchísimo conocimiento de hechos básicos sobre nuestros vecinos de Latinoamérica y el comportamiento despreciable de los Estados Unidos en el hemisferio.

No existe ningún consenso entre los ciudadanos estadounidenses sobre Cuba.

Por esta razón, lo siguiente solo refleja el punto de vista de un segmento de la izquierda estadounidense, un intento de apreciar la complejidad de la situación existente y dar cuenta de las dificultades que impiden que realicemos un análisis verdaderamente justo.

Desde el punto de vista de un socialista democrático, la historia humana hasta ahora ha sido una larga cadena de decepciones. En países capitalistas, las grandes empresas dominan el proceso político, crean enormes desigualdades económicas y frustran la posibilidad de una democracia genuina, obstaculizando cada avance hacia la justicia para preservar sus ganancias y aumentar su poder.

Algunos países capitalistas—particularmente los escandinavos—son más humanos y tienen beneficios sociales generosos; algunos menos. Otros países capitalistas tienen democracia formal y libertad de expresión; algunos son autoritarios y represivos políticamente. Pero al final, incluso en los países más socialdemócratas, el control se queda en las manos de una pequeña élite.

Por otro lado, en países supuestamente “socialistas” la adopción de una retórica socialista, el vocabulario de la lucha de clases y algunas medidas económicas asociadas al socialismo, ha venido de la mano con la imposición de medidas autoritarias que pisotean derechos humanos fundamentales, en particular la libertad de expresión y el derecho a asociarse libremente, incluso en sindicatos que no estén controlados por el gobierno. Sin embargo, en muchos casos, aunque sean autoritarios, estos países han tenido cierto éxito en mejorar las condiciones materiales de su gente, a veces de una manera sorprendente.

La simpatía con los logros económicos y sociales de estos regímenes, incompletos pero encomiables, acompañados por sus historias de antiimperialismo, crea una tentación para la izquierda: apoyar estos regímenes incondicionalmente, sin indagar en sus violaciones de libertades individuales fundamentales. Pero la razón por ser socialista demócratico en primer lugar es una creencia profunda en la necesidad de liberar las posibilidades de cada individuo.

A los socialistas democráticos nos importan el cuerpo y el alma a la vez: valoramos el bienestar material pero también la salud cultural y espiritual. Así que la democracia formal sí es requisito para la creación de una sociedad socialista de verdad. Regímenes que se identifican socialista pero no respetan los principios de democracia formal, faltan al espíritu de un proyecto socialista.

Todo esto tiene mucho que ver con la cuestión de cómo analizar la situación cubana. Tenemos que considerar la larga y trágica historia del colonialismo estadounidense en Cuba; incluyendo la Guerra Hispano-Americana, las tres ocupaciones militares, el plattismo, el establecimiento de la base militar en Guantánamo, la invasión de la Bahía de Cochinos y otras manifestaciones de interferencia imperialista.

También debemos tener en cuenta la influencia que el bloqueo y marginalización de Cuba en el escenario internacional ha ejercido en su desarrollo económico y social, incluso en algunas características del régimen actual. El sentimiento de estar rodeado por una superpotencia hostil tiene que ser un factor en el análisis. También los efectos extremadamente perjudiciales del bloqueo estadounidense en la calidad de vida de los cubanos.

Con razón, el bloqueo ha estado condenado por las Naciones Unidas anualmente desde 1992.

El régimen de Fulgencio Batista fue atroz y corrupto. Cuba necesitaba un cambio drástico para liberar a su gente de la pobreza grotesca, la dominación corporativa y neoimperialista, y una represión feroz. El inicio de la Revolución y algunos pasos como la reforma agraria, la revisión comprensiva del sistema educativo, la protección de recursos naturales, la institución de un sistema de atención médica universal, y la adopción de medidas antirracistas y antisexistas, incluso la legalización y provisión de abortos, definitivamente eran beneficiosos.

Aunque las estadísticas oficiales no necesariamente son confiables, al parecer han tenido resultados impresionantes: la calidad de atención médica, la tasa de alfabetismo, el nivel de biodiversidad e integridad de la naturaleza, y la representación política de las mujeres son innegablemente mejores que antes de la revolución, especialmente en comparación a otros países de Latinoamérica y el Caribe (por ejemplo, Haití, la República Dominicana, y Guatemala). Adicionalmente, Cuba ha mandado médicos a muchos otros países en desarrollo y ha jugado un papel extraordinario en respuestas internacionales a varios desastres y en el campo de salud mundial.

Sin embargo, el defecto fatal que ha ensombrecido la sociedad posrevolucionaria desde su comienzo ha sido la ausencia de democracia auténtica y el abuso de poder. La disolución de los partidos políticos excepto el Partido Comunista, la persecución de otros revolucionarios, la institución de Comités de Defensa de la Revolución, la consolidación del control gubernamental sobre los sindicatos, la detención y hostigamiento de periodistas y opositores políticos, así como el encarcelamiento y ejecución de disidentes después del derrocamiento del régimen de Batista, pusieron fin al sueño de una sociedad democrática por completo después de la Revolución.

El socialismo se debe basar en la responsibilidad pública y la distribución igual del poder decisorio en todos los niveles de la sociedad, ni jerarquía vertical ni impunidad. La centralización de poder en órganos estatales sin mecanismos bien definidos para responsabilizar al Estado, así como una planificación económica sin que los trabajadores y ciudadanos puedan participar y tomar decisiones juntos, no son medidas socialistas, sino medidas de corporativismo. Una revolución exitosa no necesita violencia ni vigilancia para seguir viva y segura, y un buen sistema de gerencia económica requiere que la gente participe activamente.

Ahora, medio siglo después de la Revolución, hay la oportunidad de facilitar cambios positivos en Cuba, mientras la isla preserva y amplía sus considerables logros en atención médica, educación, y servicios sociales. Las libertades de expresión, de prensa y competencia política abierta, son imprescindibles para que los cubanos avancen. El autoritarismo no es la expresión de los deseos originales del pueblo cubano, y como tal, es hora de empezar un nuevo capítulo en su historia.

Para ayudar a Cuba, EE.UU. tiene que poner fin al bloqueo y normalizar relaciones cuanto antes.

Esto no es decir que Cuba debería adoptar ningún “consenso de Washington.” Encontrar el equilibrio perfecto entre la planificación y el mercado es indudablemente difícil. Las recientes acciones del gobierno cubano para aumentar el papel del mercado en la economía parecen necesarias, ya que el balance antes parecía inclinado demasiado en la dirección del control estatal. Es preciso que las reformas hacia la liberalización de ciertos sectores económicos no resulte en un aumento innecesario de la desigualdad económica, ni en el resurgimiento de la explotación por parte de las multinacionales, ni en la contaminación del medioambiente.

Los problemas graves que el mundo enfrenta actualmente exigen cooperación y solidaridad, y la lucha por justicia social no tiene fronteras. Si Cuba puede demostrar de manera definitiva su compromiso con la libertad de expresión plena y el debate abierto, facilitaría el establecimiento de relaciones más amistosas entre nuestros países, particularmente si el Partido Demócrata triunfa en las elecciones de noviembre. De todos modos, aun si Trump gana otra vez y el bloqueo sigue en pie, intentar cumplir la promesa de un socialismo no autoritario vale la pena y serviría como un ejemplo para el resto del mundo.

La vida en la postnormalidad

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Foto: @9_fingers_ via Twenty20

La Covid-19 ha de cambiar nuestra forma de ver la vida y la muerte. Un pueblo alegre, solidario y alejado del tema por razones culturales, se estremece cuando seis de sus miembros mueren por la epidemia en una jornada, pero en el mundo mueren de hambre 6000 infantes en ese lapsus, y no pasa nada. En la Isla, cada día “normal” del 2018 falleció una media de 291 compatriotas por diversas causas. Solo por influenza y neumonía –cuarta causa de muerte? lo hicieron 8248, 22 por día.[1]

Claro que lo importante para todos en este momento es respetar el aislamiento para evitar la explosión del contagio y que vayan a colapsar los servicios de cuidados intensivos, con su triste corolario de muertes evitables. Pero, cuando esto pase, sería bueno que hiciéramos una relectura de nuestros conocimientos, puntos de vista y valores sobre la vida y la muerte, la cuestión más importante para los seres humanos desde que Zeus nos la impuso como castigo por aceptar  el fuego que el generoso Prometeo nos había obsequiado.

Cuando muchos sueñan con regresar a la normalidad yo me digo: “No, la normalidad no funcionaba. Ella fue la causa del problema”.

En primer lugar, porque si el virus viene de los animales salvajes, como afirman la OMS y la mayoría de los científicos, fue la explotación desmedida del planeta la que, al destruir cada vez más terreno virgen, puso en contacto directo a la fauna silvestre con personas que la compran habitualmente para comer. Por eso existen esos infectos mercados populares en China y otras regiones de Asia, África y América Latina, adonde acuden los proletarios ante la falta de dinero para comprarse una alimentación adecuada.

Las hermosas imágenes de mares y ríos transparentes, animales creídos extintos que reaparecen, y otros silvestres que inundan los espacios temporalmente vacíos de personas en campos y ciudades, en lugar de parecernos regalos de Dios para embellecer nuestro temporal encierro, nos debían llenar de vergüenza y hacernos meditar largamente. Mientras muchos disfrutamos de verlos, otros engrasan sus fusiles y afilan sus arpones para la fácil matanza que harán el día que puedan caer sobre los desprevenidos animales.

¡Cuanta razón tenían los ecologistas y defensores de la permacultura y que mal los hemos tratado! ¡Cuánto nos reímos de ellos, tildándolos de irresponsables, retrógrados y ecoanarquistas, ante sus reclamos de salvar el planeta! ¡Gloria a las “locas” distopías de la ciencia ficción que nos prepararon para lo que venía mucho mejor que los gobiernos! En Cuba, nos alcanzó el sars-cov-2 sin haber avanzado lo suficiente en la reforma del modelo.

Ahora surge la pregunta clave: ¿hay que congelar las reformas y continuar con los viejos métodos –si es eso posible aún?, o hay que seguir adelante a marchas forzadas y hacer en tiempos de pandemia lo que se podía haber hecho en la normalidad?

Ahora, las cosas se tornan más claras para tirios y troyanos: el sistema primario de salud, los grandes centros de investigación y sus colectivos de científicos y la industria biofarmacéutica, frutos del alto grado de socialización socialista que permite la propiedad estatal, son las grandes fortalezas que el pueblo agradece y la mayor parte del mundo admira. Pero, la agricultura estancada, el desbarajuste de acopio, la industria minimizada y la escasez sempiterna de los mercados populares, se muestran incapaces de hacer frente a las demandas de una población en cuarentena.

Durante décadas se han escrito artículos, ensayos y libros enteros llenos de propuestas viables para dar solución a esos problemas mediante el fomento de la autogestión empresarial, cooperativas en diferentes sectores, fomento de las pymes y una reforma general de la circulación monetario-mercantil que facilite el funcionamiento económico. Están engavetados casi todos, sometidos a lo que Engels llamara con sorna: “la crítica demoledora de los roedores”.

Espero que esta crisis vírica nos lleve a acelerar las reformas y alcanzar un estadio superior en el funcionamiento del modelo cubano. No: “regresar a la normalidad”, sino alcanzar un estado de postnormalidad que permita superar la época de las inversiones inexplicables, la gobernanza por decretos, la televisión feliz y la soberbia burocrática. ¡Si hasta el planeta parece resetearse al paso de la Covid-19 y se habla de un inevitable reacomodo de las potencias y sus esferas de influencia global, es lícito pensar que en Cuba también se harán las cosas de otra forma!

Espero que novedades como: el teletrabajo, la relación más directa del productor agropecuario con los mercados, el “descubrimiento” oficial de que no se puede tratar por igual a proletarios y burgueses como TCP, el poder de las redes sociales, y la revalorización del lugar que ocupan los científicos, artistas y el personal de servicios en la sociedad, formen parte habitual de la vida en la postnormalidad.

También, que mirar la muerte a los ojos es parte del día a día y prepararse para ella ha de ser parte de la vida desde la niñez. Por eso hay que facilitarle oportunidades a la gente para lograr la mayor cuota de prosperidad y felicidad posible en el breve lapsus de sus vidas, no en un futuro incierto cuyo horizonte se aleja cada vez más.

[1] Anuario Estadístico de Cuba 2019, Cuadros 3.15: “Defunciones por edades quinquenales y sexo”, 19.18: “Tasas de las principales causas de muerte”; Anuario Estadístico de Salud de Cuba 2018: Cuadro 19: “Mortalidad según primeras 35 causas de muerte. Ambos sexos” y cálculos del autor.

La cola de mi barrio

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Foto: La Demajagua

“¿Tienes la cámara con carga?”, me pregunta El Viejo. “Si saco la cámara aquí les estoy dando el pretexto perfecto para que me la decomisen. Y la cámara es un regalo de mi mujer por mi cumpleaños que no vale la pena exponer por algo harto conocido”. “Pero mira eso, compay, la cola comienza en el kiosco, a más de 200 metros, y llega hasta la otra esquina”. “Papi, ¿Y tú no crees que hasta El Presidente no está consciente de la incapacidad del Ministerio de Comercio Interior para organizar la distribución de las mercancías de primera necesidad?”

Cinco minutos antes llegaba a la finca de un amigo al que ayudo a cambio de alimentos. Cinco agentes de la PNR y un militar con boina negra, rodean a uno de mis vecinos que discute con ellos. Mi vecino es de esos hombres que “no comen miedo”. Fue chofer de caravana en Angola, estuvo en el Sur, vino condecorado  e imposibilitado de desprenderse del alcohol. Intervengo y lo convenzo de que entre para su desvencijada casa, que es lo que le exigen los policías. Pero ya el mal, al parecer, está hecho, y un rato después llega el carro patrullero a llevárselo.

Me asomo al balcón. Contesto un mensaje en el teléfono. El guardia de la boina negra me mira. Yo lo miro. Y como no nos conocemos ni nos caemos bien, no nos saludamos. Unos minutos después se presenta frente a mi casa acompañado por un oficial de la PNR: “Haz el favor, baja”, me tutea  el de la PNR. Voy al cuarto a ponerme una camiseta  y escucho que le dice al Viejo: “Dile que traiga el teléfono”. Bajo pero no abandono mi escalera.  Legalmente, estoy aun dentro de mi casa.

Enséñame las fotos dentro de tu teléfono”, me dice el de azul.

“Mire, le puedo enseñar las fotos de mi teléfono, no tengo nada que ocultar, pero usted no tiene derecho a hurgar en mi información privada sin la orden de un instructor o un fiscal. Yo estudié derecho”.

Tú podrás ser abogado, fiscal o lo que seas, pero yo soy tu jefe de sector, y nos vamos a seguir viendo”.

El de la boina negra, detrás del nasobuco, me mira como quien está listo, inclusive deseoso, de que me ponga violento. Cuando uno practica un deporte de combate desde la adolescencia, sabe cuando el otro está ansioso porque uno rompa la postura defensiva, cree que  eso es lo que necesita para mostrar sus dotes.

“Le repito que usted no tiene derecho a solicitarme el teléfono”. Se hace silencio por un instante. Visualizo mi futuro inmediato. La discusión. Mi detención. El posterior registro en mi casa al no poder cortarme el dedo para que decodifique el teléfono con mis huellas dactilares. Pienso: “¿Tengo papeles de la cámara? Sí, los de la aduana. ¿Y de la bicicleta? También, la factura de la compra. ¿Y del aire acondicionado y el Televisor? También, las cartas de Aerovaradero…”

Entonces recuerdo las palabras de un amigo abogado y militante del PCC: “Giordan, ándate al hilo estos días, mi socio,  en este país donde comienza la política se jode el derecho”. Imagino a Isarel Rojas, el hermano de la Buena Fé, sintiendo vergüenza ajena ante la noticia de que me han guardado por negarme a que me revisen el teléfono. Y ante mi pasa la imagen de otro hermano, el Doctor en Ciencias Jurídicas René Fidel Gonzalez, allá en su Santiago, escribiendo un artículo con mi caso para algún sitio de izquierda.

rene fidel gonzalez garcia
Profesor René Fidel González García

Si de verdad quieren ser ejemplarizantes, al registro traerán a alguno de los Si-Periodistas de la provincia a los que vivo criticando en mi muro de Facebook. Seguro al camarógrafo de Golfovisión le asignarán la cobertura, me mirará apenado, pues con todos he colaborado cordialmente cuando hemos coincidido en actividades culturales.

Mi tío en la Habana, jubilado del MININT que se jugara la vida en medio mundo como radista de la inteligencia,  verá el reporte en el NTV y se preguntará con amargura cómo hemos llegado al punto de condenar en los medios a ciudadanos que ni siquiera han sido instruidos judicialmente. Y presentarlos como criminales ante la opinión pública sin haberles probado su causa en debido proceso, más o menos como hizo la prensa amarilla de Miami con los Cinco Héroes. Capaces que quieran decomisar la latop que me regalaron para cuando mi hija entre a la universidad. O algunos instrumentos de medición que El Viejo tiene en su tallercito desde hace más de 50 años.

¿Y todo por un par de fotos?

¿Un par de fotos de una cola resultante de la combinación entre el bloqueo y la mala administración? ¿Una cola donde se supone que los agentes de la PNR estén en función de que la gente guarde un metro de distancia entre cada uno y no preocupados por si tiro fotos o no? ¿Una cola donde lo mismo ancianos, jóvenes y madres trabajadoras están ahora mismo tirados sobre las aceras, casi uno encima del otro, esperando desde las cinco de la mañana que traigan el aceite?

Sí, el mismo aceite que pudieron vender en cualquier TRD del centro de la ciudad, pero que llevan a mi barrio para decir que están cumpliendo con la indicación de acercar los productos a las personas, como si el molote y el riesgo de propagación no fuera el mismo aquí que en el paseo manzanillero?

Entonces paso mi dedo por la pantalla del teléfono y le enseño las fotos. El de la boina negra, ante la decepción, va a preguntar algo sobre mi objetivo pero el jefe de sector recibe una llamada telefónica. La contesta. Me mira. Lo miro, y como no nos conocemos da la espalda y se va, y el de la boina negra junto con él.

En la noche algunos vecinos y yo nos sentamos en un contén a intercambiar acerca de los sucesos del día. Me entero de la estudiante de medicina a la que obligaron a borrar imágenes de su teléfono. Del vendedor de filetes de pescado que pasó en bicicleta, pregonando sin nasobuco, “y lo fueron a detener y se dio a la fuga loma abajo, y el carrito de la patrulla con pirulo y todo le cayó detrás, y lo capturó, y luego lo trajeron para que la gente de la cola viera que lo habían cogido”.

Alguien nos llama la atención porque estamos violando el aislamiento social. Miro el frente de mi casa donde desde esta madrugada la gente se arremolinaba en espera de que vendieran dos pomos de aceite, y pienso: “Total, si el virus hoy estuvo aquí”. En eso dan las 9 PM y comenzamos a aplaudir.

Una pandemia sin vacuna

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Foto: @heather_lee_wilson

Desde hace unos meses el mundo modifica su forma de relacionarse. Como albañiles en apuros, desde que se declaró pandemia al COVID-19, los gobiernos ponen andamios de soporte para que no se desplome el mundo tal y como lo conocemos. Somos 4000 millones de personas en confinamiento. Junto al coronavirus, las mujeres también visualizamos con temor el aumento de otra pandemia: la violencia de género.

Y digo pandemia porque el saldo de muertes anuales en todo el mundo son considerables, al menos 3000 mujeres han sido víctima de femicidio en América Latina durante el 2019. Es por esta razón que el Secretario General de la ONU ha pedido a los gobiernos que la prevención al aumento de la misma sea considerada dentro de las estrategias durante el aislamiento.

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Campaña de la ONU “La pandemia en la sombra”

¿Qué sucede cuando la casa es el lugar donde se está en peligro?

En América Latina, en promedio 1 de cada 3 mujeres ha padecido violencia física o sexual en una relación íntima a lo largo de su vida y advierten que una de las principales estrategias de control de los perpetradores de violencia doméstica es la de aislar a la víctima. A pesar de las medidas tomadas, las denuncias a través de las líneas telefónicas y el funcionamiento de los refugios para contrarrestar la violencia doméstica tuvieron un incremento considerable.

Los femicidios lamentablemente también. Los países de la Unión Europea alertaron sobre este comportamiento al comenzar la pandemia y en América Latina sabíamos que debíamos tener especial cuidado por las características de la violencia de género en nuestra región. En Argentina, en un mes de cuarentena obligatoria se han cometido veintidós femicidios. Similares han sido los casos en México, Chile y Colombia.

Ante esta situación los gobiernos, ONG’s, organizaciones de masa e incluso la sociedad civil han tomado ciertas medidas. Se ampliaron el horario de las línea de atención a mujeres víctimas de violencia. Colombia (155), El Salvador (2510-4300), Chile (1455), Costa Rica (911), Argentina (144), Paraguay (137), Guatemala (1572), Perú (100), México (01 800 422 5256), Panamá (5006172), Bolivia (800 14 0348) y Brasil (180); además de Uruguay (0800 4141 o *4141 desde celular) y Ecuador (09 992 8032).

Se lanzaron campañas en conjunto con las farmacéuticas para que aquellas mujeres imposibilitadas de llamar sin ser escuchadas, pudiesen acercarse a la farmacia y pedir un barbijo específico como código de ayuda, activando de esta forma el protocolo de atención.

El aislamiento provoca tensiones y efectos psicológicos ante una situación de tensión como es la cuarentena obligatoria. Propicia el sometimiento, el maltrato físico y psicológico, así como la dificultad de pedir ayuda o denunciar debido al confinamiento. En Cuba, si bien no tenemos una línea gubernamental para la atención a víctimas de violencia, se han potenciado vías de ayuda ya vigentes: Se encuentran a disposición las 174 Casas de Atención a la Mujer y la Familia de la Federación de Mujeres Cubanas, que funcionan en todas las provincias.

La campaña Evoluciona, mantiene un llamado de atención sobre la sobrecarga de trabajo doméstico no remunerado en tiempos de confinamiento, agravante que sufren nuestras mujeres. Así como pone a disposición una consejería vía mail.

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Foto: Evoluciona. Campaña Cubana por la NO Violencia hacia Mujeres

En estos momentos, se hacen vitales también las redes sociales que seamos capaces de generar para prevenir, orientar y socorrer de ser necesario a las mujeres que sufren de violencia. Desde la plataforma digital Yo si te creo en Cuba se difunde una línea telefónica para asesoramiento legal y psicológico, así como un protocolo de acompañamiento para saber cómo proceder si no tenemos acceso a estos medios.

Nuestra herramienta más potente será siempre la empatía y la sororidad. Quizás en estos momentos lo tomemos como una urgencia; sin embargo constituye un aprendizaje ante la necesidad de cambiar la forma en que vemos socialmente la violencia en nuestro país. La violencia doméstica es minimizada y legitimada cada vez que miramos a un costado cuando escuchamos que alguna vecina o conocida puede estar siendo violentada.

Contextualizarla como un hecho frecuente del que pocas veces somos conscientes y ante el cual nunca debemos ser cómplices por la escucha pasiva o la mirada evasiva, nos hará sentir más seguras y atentas. Tenemos una pandemia que no cesa con vacunas y donde nuestra única posibilidad es un cambio de paradigma.

Guerra de nuevo

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Foto: Angus Mordant / Bloomberg

A través de los años, la codicia y el miedo han convertido a los hombres en lobos. En lugar de convivir en armonía y compartir los abundantes recursos de la Naturaleza con equidad, su ansiedad de tener cada día más y más los empujó a esta contienda. Unos a otros se mostraron los colmillos lo más ferozmente posible para ver quién se achicaba primero.

Esto permitiría a los ganadores ocupar el territorio, las frutas y los animales de presa de los derrotados. Además los vencidos tendrían que trabajar y luchar a favor de los vencedores. El afán de prevalecer hizo que los ganadores desarrollaran tecnología. Esta era una forma de crear colmillos más grandes y más afilados de manera más rápida, lo que les garantizaba mantener su posición dominante.

El desafío constante por el predominio empujó a los hombres lobos a numerosas peleas que gradualmente produjeron una escalada de violencia que terminó en dos guerras mundiales letales. Una vez alcanzado un punto de dominio tan alto, se necesitaban nuevas formas para mantener la supremacía. Así es como los hombres lobos llegaron a producir el colmillo superior, la bomba atómica. La idea era que los hombres lobos que la tuvieran, pudieran controlar el mundo entero. Entonces, la competencia aumentó para ver quién desarrollaría este supercolmillo primero.

Finalmente cada manada de hombres lobos consiguió su propia bomba. Cuando las dos manadas principales de lobos lograron tener el arma poderosa, se dividieron el mundo en dos parcelas y se encargaron de las tierras, los recursos y las vidas de su parcela correspondiente.

Pero los hombres lobos no podían dejar de querer más. Se dedicaron a jactarse de poseer el mayor poder y estar listos para usarlo cuando sus intereses se viesen amenazados. De vez en cuando cada uno hacía estallar una bomba para intimidar a la otra manada. Tener la bomba significaba disuadir a la manada opuesta de usar su propia bomba. El solo hecho de tenerla implicaba, por su potencial destructivo, mantener la situación en equilibrio.

Esto fue etiquetado como la Guerra Fría: significaba que cada grupo contaba con los medios para destruir todo y, aunque cada uno tenía medios equivalentes, nadie cometería el suicidio de entrar en la verdadera Guerra Caliente.

Para lograr sus objetivos, los hombres lobos cada vez más saquearon y abusaron de la Naturaleza. Concibieron a esta como un enorme almacén inagotable que les proporcionaría todo lo que necesitaban para regir y alimentar su codicia. Los lobos nunca consideraron la naturaleza como una fuerza viviente. Día tras día, la explotaron, la lastimaron y la desgastaron. Nunca se detuvieron a pensar en ella con amabilidad y preocupación. Entonces, un día la naturaleza decidió contraatacar. Repentinamente, los hombres lobos se vieron envueltos en una batalla feroz. La Tercera Guerra Mundial finalmente estaba en acción.

Las bombas atómicas no resultan útiles contra millones de minúsculos soldados invisibles que saben luchar de manera eficiente.

Esos soldados mortales del Imperio Corona atacaron rápida, fantasmal, devastadoramente en lugares nunca esperados. Diezmaron tanto a hombres como a mujeres, ancianos y jóvenes, destruyeron ciudades, sin importar si eran de países pobres o ricos, paralizaron industrias, pusieron fin a los viajes, mermaron la riqueza acumulada, convirtieron el miedo en la forma común de respiración, hicieron del progreso una fantasía inútil y de la idea del futuro solo un gran signo de interrogación. La posibilidad misma de que la civilización continúe se ha convertido en una gran nube de tiniebla. El dolor, el sufrimiento, la incertidumbre, nos han hecho caer de rodillas.

Durante siglos, los hombres han herido el alma de los humanos y también la de la naturaleza. No podemos curar el alma de los hombres si no curamos el alma de la naturaleza al mismo tiempo. La gran lección, si al final todavía habrá alguien que pueda aprender algo, es que el hombre no es el señor del mundo. No somos dueños de nada, sino solo seres semejantes de cada criatura pequeña o grande en el reino infinito de la naturaleza. La solución no se puede encontrar a través del poder financiero, tecnológico, militar, ideológico, religioso o de cualquier otro tipo.

La solución se encuentra en el humanismo ecuménico, uno que va más allá de la división obsoleta entre la izquierda y la derecha y en su lugar considera como un principio básico el pleno desarrollo de los potencialidades de los seres humanos en armonía con la naturaleza, la cual no solo es su hogar, sino su fuente de sustento y bienestar. Por lo tanto, para resucitar la civilización, debemos ser humildes, unir esfuerzos para emprendimientos reales y beneficiosos, y tratar cada pequeña cosa del universo con respeto y afecto.

No hay otro Señor en la Naturaleza sino la Vida. Solo somos transeúntes y debemos aprovechar al máximo nuestro tiempo para sumergirnos en el río de la existencia, hacer lo mejor de nuestro viaje y luego salir dejando que el río siga fluyendo fuerte y generosamente para que pueda irrigar eternamente las divinas semillas del ser.

LJC en Telegram y WhatsApp

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Foto: @Mehaniq via Twenty20


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