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LJC en Telegram y WhatsApp

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telegram
Foto: @Mehaniq via Twenty20


Informamos que La Joven Cuba (LJC) actualmente realiza el seguimiento a la propagación de la COVID-19 en Cuba y el mundo a través de sus canales oficiales en las plataformas Telegram y WhatsApp.

Además, contamos con un grupo de debate en Telegram. Un espacio de discusión pública con los autores de LJC, siempre bajo el respeto a diversas posturas u opiniones.

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Anticomunismo en tiempos de COVID19

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anticomunismo
Foto: Kiss Me Le Papayé

Un girasol de plástico en la esquina, al lado una bandera cubana con un rostro en blanco y negro de mirada acusadora, un fondo blanco en la pared, una planta sobre una mesa y un par de muchachas jóvenes. Esa es la presentación de un video que la página Kiss Me Le Papayé publicó en Facebook el 10 de abril del 2020. En este material, Ana Olema y otra chica que se hace llamar Miss Pérez (autodefinidas como artistas de Miami y anticomunistas) nos invitan a “conocer” como terminar con la pandemia. El video está dirigido al público cubano: “Esto es contigo” rezan carteles en mano. Y vamos a hacerles caso, por ahora. No faltara más.

Su tesis se basa fundamentalmente en la consiga: “En vez de quedarte en casa, sal de tu casa”. ¿Es la cuarentena parte de la solución o del problema? Se preguntan. Bajo argumentos hechos públicos por Tony Robbins un norteamericano filántropo que se autodefine como el coach y orador motivacional #1 del mundo (famoso por programas de televisión donde lleva a celebridades, gente común y hasta tres expresidentes norteamericanos) las presentadoras se cuestionan la veracidad y efectividad de las medidas que se están tomado por la mayoría de los gobiernos del mundo siguiendo los consejos de la Organización Mundial del Salud (OMS). “Este aislamiento totalitario no hará que la pandemia disminuya, la cuarentena no está funcionando” repiten. Según Olema, la OMS es cómplice de gobiernos comunistas como el de China, Cuba y Vietnam al ocultar las cifras verdaderas de los casos contagiados en estos países. Sus gobiernos no son legítimos, por tanto, no son confiables según ellas.

Para estas “comunicadoras” la Covid-19 (nombre de la enfermedad) y el SARS-Cov-2 (nombre del virus que la provoca) son la consecuencia y un crimen de lesa humanidad del comunismo, respectivamente. Otro más. Proveniente ahora de las “siniestras” manos del gobierno de China. Ilustran un banner cuyo mensaje es: “la contención y la mitigación son un error según científicos y especialistas”. ¿Cuáles? No citan a ninguno. La ONU debe ser eliminada, junto con la OMS porque solo se dedican a cobrar dinero, tampoco sirven para nada según el par de marras. Usando conceptos como Inmunidad Colectiva llaman a dejar que las personas se enfermen.

Según la revista NIH Medline Plus del gobierno norteamericano, la definición de esta inmunidad es: “la que se adquiere por una población de individuos cuando están protegidas ante una enfermedad, ya sea por vacunación o por el hecho de que estuvieron expuestos a esa enfermedad y sobrevivieron, lo que hace que la infección sea difícil de propagarse”. Y si, eventualmente dejaremos de estar enfermos si nos vacunamos contra el SARS-Cov-2 y sus variantes, y si, eventualmente los humanos tendremos la posibilidad de adquirir inmunidad contra el virus. Comparar al SARS-Cov-2 y al A H1N1 no tiene sentido puesto que aunque la enfermedad producida por ambos virus tiene características similares, la sintomatología y las consecuencias para el cuerpo humano no son las mismas, tampoco los virus son de la misma familia ni tienen el mismo origen. Pero ellas insisten.

La solución no es dejarse enfermar.

La cuarentena no está retrasando este proceso como pregonan en el video. La economía no es ahora lo más importante, sino la vida humana. La gente está muriendo, y no solo ancianos, gente joven y hasta adolescentes con problemas de salud comunes como la diabetes, la hipertensión y el asma también han muerto. Sin contar embarazadas e infantes, ya que su sistema inmunológico ya de por si se encuentra disminuido y no está en condiciones de palear la carga viral. Los que consiguen sobrevivir muestran en muchos casos dificultades para respirar, ya que el sistema inmune de estas personas en algún momento de la enfermedad comienza por atacar no solo a células infectadas por el virus sino también a células sanas, ocasionando daños múltiples en los alveolos de los pulmones, por donde ocurre el intercambio de gases.

Su contradicción es tal que llegan al punto de llegar a decir que el daño a la economía va a ser mayor que las muertes provocadas por la enfermedad, y cito: “No quiero decir que las vidas de las personas no valen, pero se está hablando de vidas de personas que están encerradas en su casa sin ayuda del gobierno, puesto que viven en un país del tercer mundo y no en todos lados se tiene la suerte de contar con un gobierno (norteamericano) que ayuda económicamente a sus ciudadanos”, todo esto mientras presentan otro banner flotante cuyo mensaje solicita : “permitir que personas menores de 65 años sin problemas de salud significativos vayan a trabajar ya que su riesgo de muerte es cercano a cero”. Mienten.

Me pregunto si estarían haciendo referencia al gobierno cubano y su pueblo. Cuyas cifras de enfermos y muertes por la Covid-19 son bajas en comparación con la de la mayoría de los países de la región. Solo en el condado de Miami-Dade las cifras dicen otra cosa, hagamos cuentas. Según una estimación de Google este condado tiene una población de 2,717 millones de habitantes para el año 2019, y el centro de información sobre la COVID-19 de la Universidad Johns Hopkins que está en línea muestra que en Miami-Dade hay 10153 enfermos confirmados (0,0037% de la población o lo que es igual 373.68 enfermos/100000 habitantes) y 240 muertes (casi 9 personas fallecidas por cada 100000 habitantes) hasta el 22 de abril. Según estas mismas fuentes Cuba tiene una población de 11, 34 millones de personas para el año 2018 y 1189 enfermos (10,5 personas enfermas por cada 100000 habitantes) y 40 fallecidos (0,35 fallecidos por cada 100000 habitantes). En el estado de la Florida solo 14% de los ciudadanos han recibido la tan sonada ayuda del gobierno federal norteamericano.

Entonces ¿De qué están hablando Ana Olema y Miss Pérez? Si hiciéramos lo que ellas predican estaríamos cometiendo un acto de imprudencia e insensatez contra nuestros respectivos sistemas de salud, y nuestras comunidades en general. Las consecuencias económicas y sociales serían muchísimo mayores que las que se estiman si comenzáramos a salir de nuestras casas. Y las cifras antes mencionadas se verían sobrepasadas.

Su objetivo es criticar al gobierno cubano incitando a romper las medidas de aislamiento, aumentar el número de contagios y de muertes, y culpar también por ellas al gobierno.

En todo el mundo se han presentado muchos casos donde las redes sociales, los influencers e Internet posibilitan que delincuentes, oportunistas y otros actores sociales aprovechen el acceso a la red de redes para crear un “estado de trastorno de la información” en el que la verdad se convierte en quimera resultando realmente muy confuso para muchas personas seguir las indicaciones de organismos confiables. Pero la combinación de una cultura pobre, datos y verdades a medias, estadísticas confusas y el mensaje claro de desobediencia a medidas gubernamentales que atentan contra la vida de los ciudadanos, no es buena. Es fatal.

Desmentir los errores, informaciones falsas, incongruencias y argumentos seudocientíficos que se usan en este video para llamarnos a todos a desobedecer al gobierno y salir de las casas, es un deber moral. No solo mío, de cada ciudadano que sienta no solo su inteligencia insultada, sino la de enfermeras y médicos y otras tantas personas que día a día están en los hospitales exponiendo su vida ante la enfermedad.

Realmente lo que importa en el video no es la vestimenta que usan, ni el lenguaje soez, ni el mal gusto de mezclar palabras del idioma inglés junto al castellano a la hora de llevar un recado a sus posibles consumidores ni su anticomunismo obsoleto, sino la irresponsabilidad garrafal de publicar un mensaje que contradice lo aconsejado por las autoridades sanitarias a nivel internacional y local. La Covid-19 no es un catarro normal como ellas lo promocionan, citando a Donald Trump. Clamar desde la base de cuestionables argumentos por la desaparición de la conducta de distanciamiento social, es un insulto al trabajo de los que hoy se desviven por cuidar la vida de sus conciudadanos, y al menos en Cuba es un delito. Estemos claros.

Deben primar la conciencia colectiva y la solidaridad entre todos en momentos en los que la vida humana, ese derecho fundamental del que gozamos está en riesgo, más cuando personas sin ningún conocimiento básico en epidemiología se demuestran activas en propagar noticias falsas que solo atentan contra el orden ciudadano, con la consecuente sobrecarga para el sistema de salud de cualquier país. Seamos responsables. Quédense en sus casas. ¿Me lees Ana Olema? No te vamos a hacer caso.

El covid-19 y las reformas en Cuba

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Foto: @rokobahat via Twenty20

Todo parece indicar que la humanidad tendrá que acostumbrarse a vivir con el covid-19 por un tiempo más largo del previsto inicialmente. Si demoró cuatro meses descubrir el primer millón de contagiados, al segundo se arribó apenas tres semanas después. Ya China prevé un rebrote en su territorio para octubre y los países que ralentizaron la expansión inicialmente, como Rusia, Islandia y Perú, ahora atraviesan por un contagio galopante. Mientras no haya vacunas eficaces solo la inmunidad poblacional/comunitaria dominará la extensión.

Cuba apuesta exitosamente por acorralar las cadenas de contagio y aplanar la curva ascendente, pero no puede impedir la expansión. Fortalezas y debilidades del país se manifiestan al unísono en este nuevo frente de batalla. Mientras el alto nivel del sistema de salud y la producción biofarmacéutica alientan la confianza, la escasez de alimentos y otros bienes de consumo obligan al pueblo/población a salir a la calle a jugársela ante el sars-cov 2.

En las redes sociales proliferan los memes que hacen mofa de la gordura y el stress que provoca el encierro en todo el mundo. De hecho, en la mayoría de los hogares cubanos estamos exentos de esas preocupaciones. Día a día, muchos salimos –siempre con nuestro necesario y agobiante nasobuco? en pos de comida y artículos indispensables que se tornan particularmente difíciles de encontrar.

Pena y vergüenza dan las críticas a personas que están en colas para comprar comida a los suyos.

Apoyo cualquier medida para castigar a indisciplinados e irresponsables, organizar el acceso y respetar las medidas de protección indicadas, pero basta de tratar de abochornar a miles de necesitados que no son ni suicidas, ni asesinos, simplemente tienen que salir a luchar por llevar algo a su mesa familiar.

En este contexto de aislamiento social el Estado fortalece su papel de distribuidor, pero hay muy pocas cosas que puedan racionarse para toda la población por la vía de la libreta de abastecimientos equitativa, o las dietas especiales. Por eso creo que la descentralización de provincias y municipios debe aumentar y que cada gobierno demuestre así su capacidad real de manejar la crisis y proteger mejor al pueblo con los recursos que logre afanar.

Algo similar ocurre con el fomento de la micro, mini y mediana empresa, así como la formación de cooperativas, postergados una y otra vez. Este es el momento de tomar acciones para liberar las fuerzas productivas, tesis que ya no se bien qué significa. Como estudiante y profesor que fui de M-L aprendí que el socialismo se hacía para eso ?en primer lugar liberar la fuerza de trabajo de los obreros?, la vida me hizo comprender mi error a tiempo.

Si hoy no se puede seguir importando tanto en comida creo que el dinero existente debía invertirse solo en los productores probadamente eficientes y eficaces, sean estatales, cooperativos o privados. De todos modos, lo de no importar ahora es cuestionable y ha de ser tratado puntualmente, pues parece que los grandes stocks de alimentos invendibles en otros lugares han provocado una caída de los precios que bien se podía explotar para las grandes compras que suele hacer Cuba.

Más que convocar al honor indiscutido de los productores, lo necesario hoy es invertir más en el agro y su industria asociada.

Los fondos multimillonarios para hacerlo están ahí: hay que paralizar ya proyectos interminables y de dudosa trascendencia ?al estilo del trasvase este-oeste? y la inversión inmobiliaria en la construcción de habitaciones turísticas cuando las existentes apenas se llenan a un 60%. Según la OIT, el turismo internacional demorará años en reestablecerse; mientras que la baja explotación de los millones de hectáreas de tierras fértiles que tenemos haría pensar dos veces al mismo Dios si es tan necesario querer transformar radicalmente el paisaje oriental.

Hasta ahora, la mayoría de las medidas que ha tomado el gobierno central han sido acertadas y fortalecen su rol de benefactor social, pero no serán suficientes si esta situación se alarga por meses y se extiende la magnitud del contagio. Para sobrevivir, todos los sujetos económicos han de incrementar su papel en el abastecimiento del deprimido y minimizado mercado interno.

Las reformas liberalizadoras son hoy más necesarias que nunca. Así, las colas podrán disminuir, habrá más que repartir a nivel de cuadras y barrios y el pueblo/población podrá estresarse por tener que quedarse en casa, y quien sabe si hasta engordar –los que quieran? en esta cuarentena.

Utopía de un “Imagine” de Lennon

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Foto: @ijeab via Twenty20

Por hoy, aquí ha muerto el Periodismo. Yace el concepto ambiguo de objetividad. Ahora escribiré lo que de mí fluya. Solo por hoy así será, total, ha muerto el periodismo aquí. Mejor, lo he matado. He aquí una historia.

***

Son las 6:53 p.m. y he estado todo el día escribiendo. Hoy es viernes, sólo recuerdo que es viernes porque sale en la pantalla de bloqueo de mi celular. Hace tiempo perdí la noción del tiempo.

17 de abril del 2020. Faltan cinco días para completar el mes. Antes, en aquel tiempo, por nuestro grupo de whatsapp incitaba a mis compañeros de aula a protestar en la facultad ante el aumento de los casos de coronavirus en Cuba y por la que -consideraba en aquel entonces- una respuesta tardía por parte de las autoridades nacionales.

En esos días Cuba acumulaba 35 casos positivos a la enfermedad que poco antes había recibido el apellido horrorizante de pandemia. Hoy hay 1137 confirmados, pero estoy seguro que hay muchos más sin detectar. Aquello que creíamos descontrolado, era solo el comienzo. Aún hoy es el comienzo.

Aquel día, tan sólo unos minutos antes había subido un estado en whatssap del que Lisandra, una amiga del aula, comentaba: “Cuando se acabe la cuarentena retornará la libertad y el descubrimiento de destinos desconocidos.” Hablaba ella en la misma oración de libertad y descubrimiento de lugares desconocidos. No se equivocaba.

Muchas conversaciones habíamos tenido sobre mis ganas de viajar por el mundo, ganas que compartíamos ambos aún con las diferencias de destino y las posibilidades reales de retorno. Le comenté que estaba mal, que mi cuerpo y alma necesitaban libertad, que estaba cautivo, encerrado en el maldito día a día. Necesitado de amor más allá de un mensaje de texto. Loco por hablar, reír, llorar…y qué sé yo.

Su respuesta: “Ahora mismo somos una especie deprimente.” Tenía razón. Siempre he pensado que lo somos. Quizás la más deprimente de todas las que habitan el planeta. Como ella, creí tener razón cuando contesté: “Pero si lo vemos desde otro punto de vista, nos lo merecemos por todo el daño que le hemos hecho a la tierra, al resto de las especies. Sé que no pasará, pero esto debería cambiar la mentalidad de muchos.”

Ese fue el verdadero comienzo de todo. A partir de ahí, esto se puso un poco más intenso.

***

Son las 11:33 a.m. y estoy escribiendo. Suena el móvil. Hoy es domingo, 19 de abril del 2020. Una notificación de mensaje en whatsapp. Es Lisy, decía: “Eso espero. Las consecuencias de nuestros actos pueden ser funestas”. No respondo. No lo haré, al menos no en ese momento.

¿Han visto la espectacularidad de estas tardes en La Habana? Últimamente, a las 6:10 p.m. hay mucha calma. Algo ha cambiado. Las calles están vacías. Ya el sol comienza a esconderse. Mientras tanto, Lisy, -escribo- “lo digo de boca para fuera. No tengo fe en el hombre. Lo del mejoramiento humano es sólo una fucking utopía. Esto es una manada de bestias, sólo sobrevive el más fuerte”.

Ella, que es tan ella, responde: “No seas tan negativo. Todos hemos aprendido una buena lección en esta cuarentena.” Es la hora de los cuestionamientos internos. ¿Será que estoy loco o soy muy negativo? ¿cuándo dejé de confiar en el hombre, en mi? ¿de veras aprendimos? No creo estar tan distante de la realidad. Es más, solo por este momento seré objetivo. Respondo: “No somos los que decidimos. Nuestros líderes son una mierda y lo peor es que nosotros somos los que los elegimos -hablo del mundo, no de Cuba-.”

“¿Aprendimos de la Primera Guerra Mundial? No ¿De la Segunda? No ¿De las guerras coloniales en África? No ¿De los desastres nucleares? No ¿De las masacres en Asia y África? No ¿De que estamos jodiendo al mundo al propiciar el fucking cambio climático? No ¿Que estamos matando gente en los países subdesarrollados todos los días por los recursos? No. En fin… temporalmente, el coronavirus marcará al hombre. Lamentablemente, en poco tiempo todo será igual”.

“Este virus muestra cómo nuestros medios nos engañan, lo fría que resulta su cobertura mediática ¿Les importa tanto el coronavirus? Si, ahora que está en Europa y Estados Unidos. Cuando estaba sólo en China, valía mierda. Igual pasa con las enfermedades contagiosas en África o los millones que mueren de hambre”.

“Nuestros líderes políticos son un reflejo de nuestras sociedades: Bolsonaro, Boris Johnson, o el HDP de Trump. Da gracia cómo Estados Unidos se aferra a un modelo consumista, caduco hace mucho tiempo. Y cuando un tipo como Sanders quiere cambiarlo, mejorar lo malo, algunos de los latinos y negros -esos a los que “el rubio HDP” ese detesta- no lo apoyan porque es mejor convertirse en clase media que aspirar a una “comunista” equidad social.”

“Mira a Obama y su soñado plan de salud. Mira cómo Trump lo desechó y ahora pagan las consecuencias con miles de muertes… y las que faltan” Siempre todo ha sido igual ¿Por qué ahora algo cambiaría? “En fin, Lisy, aunque me duela, en este mundo no funciona el “Imagine” de Lennon”.

La libertad de expresión y el monoteísmo de los valores

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Cerca de mi casa había un campo de tiro abandonado. Estaba al final del pueblo, justo en el camino a un mangal. Todavía recuerdo los montículos de tierra y los bancos oxidados. Mi vecindario era también prolífico en refugios: había uno incluso dentro de mi escuela primaria. Todo ello formaba parte de la infraestructura para combatir a un enemigo, presumiblemente de fuerza arrolladora, que en cualquier momento podía lanzar un ataque total. En ese campo de tiro y esos refugios se resumen gran parte de la cultura política cubana de las últimas décadas.

Al enemigo se le presume compacto e irredimible. No se concibe normalidad posible mientras uno de los dos exista. El imperialismo perseguirá a los comunistas y los exterminará hasta el último rincón del planeta. No queda otro remedio, en territorio liberado, que pagarles con la misma moneda. La contrarrevolución, el enemigo interno, es tratada como un brazo del enemigo externo y debe ser neutralizada por completo. Por supuesto, los tiempos han cambiado.

Antes te enfrentabas a castigos más severos, hoy puedes salir con una multa de 3000 pesos. Pero la lógica sigue siendo la misma: en Cuba solo existe un sistema de valores legítimo, y todo el que esté fuera carece de derechos. La reciente multa a la periodista Mónica Baró viene a demostrar que esa lógica de tolerancia cero a la disidencia está por encima de varios artículos de la Constitución, como el que reconoce la libertad de expresión. En este caso no se puede recurrir al argumento sobre el mercenarismo, porque no la acusan por eso, tampoco se puede decir que difunda noticias falsas, pues es evidente que no lo hacía.

A Mónica la multan por ser una periodista con posiciones disidentes y opositoras.

No es casualidad que el Decreto 370, en su artículo 68, inciso i, haga una referencia a las buenas costumbres. Las costumbres son las depositarias de la tradición, que es el principal bastión de los sistemas de valores. Entonces, postear en las redes sociales cualquier cosa que atente contra algunos de los símbolos que son importantes dentro de ese sistema de valores, puede ser considerado una contravención. Parece que los que redactan estos decretos no han entendido qué significa la libertad de expresión.

Como estudioso del marxismo que soy, no creo en la existencia de un derecho natural y eterno. Pero sí creo que las sociedades han evolucionado, y han codificado en sus sistemas jurídicos ideales axiológicos que las acercan más a la emancipación. Uno de ellos es el ideal de la universalidad de los derechos individuales. En una sociedad con vocación liberadora, no se pueden considerar los sistemas de valores, o las decisiones de la mayoría, como algo superior a los derechos del individuo. Porque la libertad de los individuos es condición para la construcción colectiva liberadora.

Está claro que nunca esa libertad va a ser completa. Toda comunidad tiene un límite a partir del cual no puede tolerar los actos de un individuo. Ese límite es el que está codificado en las leyes. Sin embargo, el quid de la cuestión está en que las leyes tienen que reflejar un consenso de mínimos, una plataforma que puedan aceptar los diferentes sistemas de valores que conviven en una sociedad.

Hay que reducir lo más posible los límites a la manifestación de la libertad individual y de los diversos sistemas de valores. Por eso el enfoque correcto es considerar al individuo a priori libre, aunque la sociedad pueda limitar a posteriori algunos de sus derechos, en base a sus acciones contrarias a la ley.

¿Qué los consensos sociales al final muestran la primacía de unos sistemas de valores sobre otros? Es verdad. Pero ahí es donde se ve lo poderosa que es una ideología, su verdadera hegemonía: cuando se muestra capaz de soportar la mayor cantidad de diversidad. Cuando los presupuestos de una ideología no son vistos solo como objetos de fe de un sistema de valores, sino como puntos en común que pueden aceptar personas que se consideran libres en materia de pensamiento, entonces estamos hablando de una ideología realmente fuerte. Aquí no hemos construido algo así.

A pesar de la hegemonía del pacto social revolucionario, las instituciones se han creado sobre la base de un monoteísmo de los valores.

Eso puede funcionar durante un tiempo, incluso durante una época, pero es sin duda un paradigma obsoleto condenado al fracaso, ya que las complejidades de las sociedades modernas las hacen irreductiblemente politeístas en materia de valores. El modelo de la imposición siempre va a ser inferior al modelo de la seducción.

En Cuba se sigue postergando el debate sobre el espacio que se le debe dar a la disidencia y la oposición. Se trata de un debate complejo, ya que tampoco la competencia política debe ser encumbrada como una panacea. La experiencia del pluripartidismo muestra que la competencia puede ser enajenante. Sin embargo, los monopolios monolíticos también son enajenantes. Lo que se debe potenciar es una democracia de construcción desde la diversidad, para lo cual, no obstante, el factor competencia no puede ser erradicado de plano.

Está en manos del bloque revolucionario avanzar en ese camino, construir las reglas del juego de la democracia cubana, de tal modo que sea reconocido el politeísmo de los valores de la sociedad cubana, los derechos de los individuos, y aun así las dinámicas sociales favorezcan las transformaciones en el campo de los valores que son fundamentales a la transición socialista. Planteo esto desde la mayor humildad, porque reconozco que tampoco tengo todas las respuestas.

En realidad no simpatizo mucho con la corriente de pensamiento que representan Mónica Baró y el Estornudo. Me parece que pertenecen al grupo de los que, como dije en otra ocasión, solo tienen ojos para el discurso de los derechos individuales, mientras que son ciegos para el legado anticolonial y de justicia social de la Revolución Cubana. También creo que cultivan un libertarismo a ultranza que puede ser muy cool en estos tiempos de postmodernidad, pero que no se detiene a pensar en los caminos reales que tienen por delante Cuba y el mundo.

No simpatizo, pero defiendo su derecho a existir y a expresar sus ideas.

Algunos considerarán que estoy defendiendo el derecho a hacer contrarrevolución, y que ese es un lujo que no nos podemos dar. Que el enemigo penetrará por cualquier fisura. Yo les respondo haciéndoles ver una paradoja: una sociedad puede aceptar la limitación radical de la libertad de expresión por una emergencia, pero cuando esa emergencia dura décadas, se convierte en tu normalidad, entonces estás aceptando una normalidad sin libertad de expresión. Comenzaste una lucha por la libertad, y el enfrentamiento a tu enemigo te obliga a vivir sin libertad, y de modo indefinido. ¿No ven lo absurdo de la situación?

Cuba tiene enemigos reales pero las construcciones ideológicas no pueden sustituir a los análisis de la situación concreta. La multa a Mónica Baró pone en evidencia los límites de nuestro sistema político, que no reconoce el pluralismo político y está fundamentado en un monoteísmo de los valores.

Dado que una parte de la sociedad cubana reconoce el valor de la diversidad y del respeto de los derechos individuales, el acontecimiento sirve a algunos actores para deslegitimar en bloque al estado cubano e incluso la Revolución. Encasillarnos en la defensa de una esencia irreductible es lo peor que podemos hacer, urgen análisis profundos y decisiones estratégicas.

Mientras algunos siguen anclados a la lógica del campo de tiro y el refugio, el mundo gira y presenta nuevos retos. Hay que estar listos por si hay que tomar el fusil, pero el futuro es de los que puedan ganar en la batalla de ideas. Y el que sea capaz de coexistir con la mayor cantidad de ideas diferentes, será el que lleve ventaja.

Para contactar con el autor: yasselpadron1@riseup.net

El coronavirus distingue de clases sociales

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Foto: @low843 via Twenty20

Las distinciones de clases están presentes y se expresan de una manera a veces catastrófica, bajo la pandemia del coronavirus. Constituyéndose en la base misma de las condiciones bajo las cuales el individuo está obligado a enfrentar la pandemia

Es cierto que cualquiera puede enfermarse, en términos biológicos, pero ni la manera de enfermarse, ni la de enfrentar la enfermedad, es la misma para todos los individuos. Ello está determinado por las condiciones sociales en que vive cada cual. Momento en que su estatus de clase es determinante.

Cualquiera puede adquirir el virus, biológicamente hablando, pero en ello desempeñan un papel determinante ciertas circunstancias que están indisolublemente ligadas al estatus de clase.

Ello es resultado de que el contagio con el virus está bastante determinado por las condiciones de vida en que sobreviven las personas y las que se han dado, ya el capitalismo las había predeterminado muy fuertemente, antes de que llegara la pandemia.

Por cierto, no me estoy refiriendo a condiciones personales, relativas al padecimiento de determinadas enfermedades crónicas, como pueden ser hipertensión, diabetes, problemas respiratorios, cardiopatías, etc.  Sino a aquellas condiciones vida, que no tienen que ver directamente con la enfermedad como tal.

Estas, preexistentes a la pandemia, son las siguientes:

  • Los ingresos monetarios que se reciben, determinan, sobre todo, las condiciones en que se vive. La barriada, la calidad de la casa, el entorno social y material y el tipo de ambiente y personas que nos rodean.
  • La atención médica que recibes, aun siendo gratuita, puede ser mejor o peor, y esto es determinante, porque contribuye en alguna medida a las condiciones, mejores o peores, en que cada persona se enfrenta al virus y a una posible enfermedad en general.
  • La alimentación y su calidad, por lo general es determinante, en las condiciones con que cada persona enfrenta cualquier enfermedad. Si estás bien alimentado, dispones de energías que son determinantes para recuperarse.
  • No es lo mismo desplazarte en carro, que en transporte colectivo. Difieren fuertemente los riesgos con que te debes enfrentar ante un posible contagio.
  • Se trata, entonces, de que en general, las condiciones de vida material en que se encuentra el individuo, son determinantes para sortear la posibilidad de adquirir el virus, o una enfermedad cualquiera.
  • Por último, la cultura del individuo también es determinante ante la realidad de la enfermedad. Pues la conciencia individual ante la posibilidad de enfermarse o para enfrentar la enfermedad como tal, están determinadas por el nivel de cultura que posea el individuo. Nivel cultural que está determinado, en primer lugar, por la procedencia social, el acceso a la educación y las condiciones de vida.

Todas las situaciones mencionadas están muy ligadas, diríase que, determinando, las condiciones en que el individuo pueda enfrentar la adversidad de enfermarse.

Todas las anteriores condiciones mencionadas están presentes en cualquier sociedad. Diríamos, lo mismo en una sociedad como la cubana, que dentro de otra sociedad cualquiera.

En todas las sociedades conocidas, hasta ahora, los individuos difieren en sus condiciones de vida, lo cual es determinante al momento de enfrentar la enfermedad.

desigualdad cuba
Foto: @andreyyalansky19 via Twenty20

La pandemia del Coronavirus ha servido para hacer aún más evidentes, diferencias sustanciales, de como un individuo se enfrenta la enfermedad dentro de una sociedad como la cubana y el resto, de la mayoría, de las sociedades existentes en el mundo.

Siendo cierto que, biológicamente hablando, el virus no hace distinción de clase, grupo social, raza, nivel cultural, etc. Pues ataca a todo aquel que se le oponga. Aunque las condiciones en que cada persona debe enfrentar tal situación, particularmente el peligro de contagiarse, difiere, dado que tales situaciones están influidas por las condiciones de vida de cada individuo, ya mencionadas más arriba.

No obstante, la pandemia también ha mostrado con claridad, que esta se desenvuelve con mayor o menor agresividad, en dependencia de la política de salud seguida por los países que la sufren. Poniéndose de manifiesto que en tales circunstancias ha influido la voluntad política de los gobiernos, para enfrentar a la pandemia. Haciéndose evidente lo siguiente:

  • Países, que, al priorizar la economía, por encima de la salud, como Estados Unidos, han comenzado a sufrir la pandemia, por falta de una política de salud eficiente, por medio del contagio, la desatención a la detección temprana del virus y la falta de condiciones materiales para la atención de los enfermos.
  • La pandemia ha puesto claramente de manifiesto también, como la política neoliberal seguida en estos años ha afectado los presupuestos de salud, sistemáticamente rebajados, trayendo como resultado que, al llegar la pandemia, muchos países mostraron carecer de políticas, presupuestos y recursos de salud para enfrentar la situación.
  • La pandemia ha evidenciado, también, que solo con la colaboración internacional y la solidaridad, es posible enfrentarla. Pero, la feroz competencia que han traído las políticas neoliberales, el duro enfrentamiento comercial, los enfrentamientos militares a nivel regional, las políticas de sanciones internacionales, las usurpaciones territoriales y el robo de recursos petroleros, entre otros, han conformado un ambiente internacional, negativo para el enfrentamiento de la pandemia. Porque tal ambiente, preponderante en las relaciones internacionales, es incompatible con el tipo de relaciones que se necesita para enfrentar la pandemia.
  • En particular, la política seguida por los Estados Unidos, no ha logrado ser más negativa, respecto al comportamiento del Presidente. Según el Washington Post del 8 de abril del 2020, “el 3 de enero ya Trump había recibido notificación formal de la existencia del virus. Trump, también fue informado por el Secretario de Salud y Servicios Humanos Alex Azar, el 18 de enero. Pero cuando se le pregunto públicamente sobre el virus, el 22 de enero, dijo: lo tenemos totalmente bajo control: es una persona que viene de China”.

Trump, después de ser alertado sobre el virus, hablo en ocho mítines y en seis ocasiones jugo Golf, como si no tuviera nada de qué preocuparse.

Trump comenzó a hablar del “Virus Chino”, descargando sobre esta nación la responsabilidad de la pandemia. Al caracterizarla de este modo, Trump, entonces nos obliga a discutir, reaccionando a una proyección racista del tipo “chivo expiatorio”. Y se trata de que eso es precisamente lo que persigue, porqué ello le permite desviar nuestra atención, de las que debieran ser ahora mismo las preguntas fundamentales:

¿Dónde están las camas que faltan? ¿Dónde están las mascarillas y los tests? ¿Dónde está la política federal que se debiera seguir para contrarrestar la pandemia? Mientras que Trump lo hace, además, logrando una caja de resonancia dentro de la sociedad norteamericana, entre muchas personas, racistas, xenófobas y neoliberales, que lo siguen y que no miden las consecuencias de sus políticas.

Trump actúa incluso en contra de la Organización Mundial de la Salud (OMS) suspendiendo su aporte financiero a la misma.

Trump, se niega rotundamente, además, a dejar a un lado la política de sanciones contra países como Cuba, Irán, Nicaragua, Venezuela, etc.; asumiendo en todo momento una actitud prepotente y no solo genocida, burlándose incluso de las predicciones y recomendaciones de la ciencia. Una política que niega, además, la colaboración con sus aliados históricos, mientras que, cínicamente, recibe y acepta ayuda solidaria que le ha llegado de China y Rusia. Sin dudas que más cínico no puede ser.

  • Los Estados Unidos no pueden ser coherentes en su política sobre la atención de la pandemia a nivel internacional, porque no lo son a nivel interno. Consecuencia de todo lo cual, han devenido en la nación más afectada por el nuevo coronavirus.
  • Los valores ideológicos preponderantes en la sociedad norteamericana ponen también hoy en crítica situación a la ciudadanía, al representar un peligro para su propia supervivencia.
  • En el orden externo, la consigna de “América primero”, e internamente, el individualismo, el consumismo, el mesianismo y otros valores muy negativos que le son propios, ponen en la peor situación a la sociedad norteamericana, para lograr el grado de coherencia política que se necesita para vencer a la pandemia. Por lo que todo ello deviene en situaciones muy difíciles de superar. Siendo la proyección más optimista de Trump, que el virus podrá matar entre 100,000 y 240,000 ciudadanos en los Estados Unidos.

Pero, además, Goldmann Sachs ha calculado, que las medidas de distanciamiento social, ya provocaran una contracción del PIB del 34%. Como si fuera poco, un 33% de los hogares, con ingresos inferiores a 50,000 dólares al año, tienen algún miembro desempleado. Hay 16,7 millones de ciudadanos sin cobertura médica.

“Según un estudio del director del Instituto Brookings, los 50 condados más golpeados por el coronavirus, aportan el 30% del empleo y el 36 % del PIB del País”. Lo cual es un serio problema a enfrentar en la perspectiva de una posible recuperación.

Se insiste en que Trump debe clasificar las muertes de la Covid, según color de la piel, pues serios estudios han arrojado, que la pandemia afecta al 70% de los afrodescendientes en Estados Unidos. Trump, en realidad, no previó la polarización que se ha producido con su política, tanto en el mundo como dentro de los Estados Unidos, pero la ha utilizado, incrementándola dramáticamente. Y es esa polarización, verdaderamente, uno de los peligros mayores que enfrenta la sociedad norteamericana.

Los Estados Unidos, y Trump en particular, no aprendieron las lecciones del 2008-2009, cuando Wall Street fue rescatado, después de la quiebra de Lehman Bross, momento en el que, como ahora, se inyectaron grandes masas de dinero. Sin embargo, no se tomaron entonces medidas para evitar que ciertos sectores de alto nivel se beneficiaran en detrimento del rescate del equilibrio financiero real.

Como tampoco se impusieron limites a los bancos de inversión en torno al modo de utilizar el rescate. Lo cual trae como resultado que el actual rescate, sea percibido, como una nueva oportunidad para las empresas hacer negocios y obtener dinero fácil.

La actitud de la administración de Donald Trump, pone en un serio peligro, tanto a los Estados Unidos como al mundo para superar la pandemia del coronavirus. Es que, para los Estados Unidos –es decir, para el sistema– lo primero es el dinero y después todo lo demás. Lo cual se ha puesto claramente de manifiesto en su política de priorizar las cuestiones financieras y la atención de la economía por encima de todo.

De aquí su insistencia a considerar que, para las pascuas de abril, ya el país, la economía en general, debía estarse recuperando, cuando hasta ahora, la situación no ha hecho más que empeorar, sin que pueda apreciarse ninguna luz al final del túnel.

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Foto: @photovs via Twenty20

Son necesarios de manera evidente, ingentes recursos y dinero para superar la pandemia, que de modo especial está resultando muy costosa, particularmente dentro de los Estados Unidos, sin que sea posible calcular aun cuanto será el costo de superar la Covid-19. No obstante, no hay en realidad en el planeta escasez de dinero ni de recursos.

Lo que hay es un orden de prioridades que, exigido por la política neoliberal seguida, prioriza el beneficio, los gastos en armamentos, el despilfarro, la concentración en pocas manos de los recursos y el dinero, por encima de la satisfacción de las básicas necesidades humanas. Razones que explican muy bien cómo la pandemia ha sobrepasado con mucho las capacidades disponibles de hospitalización y recursos para la atención médica en general, dentro de un país rico como Estados Unidos.

Mientras tanto, Cuba, Venezuela, Rusia y China, principalmente, sé están destacando por un comportamiento político ante la pandemia, que se gana el respeto de los pueblos del mundo, mostrando una gran solidaridad en esta batalla y poniendo además en evidencia el carácter profundamente negativo de la política exterior norteamericana, ante el interés del presidente Trump por sacar provecho de la pandemia, con el objetivo de avanzar en sus intenciones de controlar al mundo.

Al tratarse de un problema global, la pandemia exige un enfoque global, colaboración global y soluciones del mismo carácter. Por cuanto se requiere compartir el equipamiento médico, así como no imponer controles que afecten la exportación de medicamentos, alimentos y otros productos esenciales. Sin embargo, Estados Unidos, no reaccionan con una política en sintonía con la situación a la cual han llevado a su población y al planeta en su totalidad.

Por lo que su evidente abundancia de recursos y dinero, para ayudar al mundo y ayudarse a sí mismo, significa muy poco. Lo cualrepresenta ello un peligro incalculable, porque no es posible suponer que la pandemia pueda ser globalmente superada, si los Estados Unidos no terminan por colaborar a su superación.

La posibilidad de superar la pandemia se nos presenta como algo plagado de incertidumbres, peligros y predicciones potencialmente negativas.

La experiencia que la pandemia aporta hasta hoy no es positiva para el capitalismo. Ha puesto en evidencia las incapacidades de un sistema, que ante el peligro que afecta al mundo, parece no estar en condiciones de asumir políticas adecuadas, aunque en ello le vaya su propia salvación.

Todo lo cual es consecuencia de un modelo de acumulación, en el que se priorizan solo los beneficios del capital, las grandes corporaciones, los grandes bancos y el de una sola parte de la sociedad. Una muy minoritaria. De modo que el resto de la humanidad podría desaparecer, sin que ello provocase la más mínima preocupación.

Solo que ahora, la Covid-19, ha demostrado, que los principios económicos y valores del capitalismo, son causas potenciales de su posible destrucción. Por cuanto, como nunca antes, queda demostrado que el mundo es uno solo y que su supervivencia no depende únicamente de una sola parte de él, sino de todos los que tengan la verdadera voluntad de salvarlo.

Lo que, dialécticamente, confirma que también es cierto que el coronavirus, no hace distinciones de clase, sobre todo, a la hora de considerar como debiéramos salvarnos de la pandemia. Porque todos compartimos la misma nave espacial.

The State, the Virus and the Sewing Machine

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The idea for this article on the virus came from reading a piece by Víctor Fowler in La Jiribilla, entitled ‘Otra conversación sobre el coronavirus’ (‘Another Conversation about the Coronavirus’). I found it highly accurate in most of the ideas it brings forward, which bear indications of having elaborate and complex thought behind them. However, there’s a phrase that’s worth debating about, since stating it as it is, so categorically, may be misguided: ‘The huge mass of theories, propositions, documents, texts and critical discourses of all kinds in favor of limiting the power of state apparatuses (along with the supposed capacity of the market-civil society pair to fill power voids with their action) have been reduced to dust in correspondence with the intensity of the crisis. The complexity of the tasks (economic, legislative, political, organizational, etc.) is so big that the action of the State is not only central and organizing, but also admits no substitute.’

Apparently, while the health struggle against COVID-19 intensifies in the streets, the ideological apparatus continues its ideological battle. There have been several articles these days which have tried to draw the superiority of the Cuban social system as a teaching of the epidemic. But not all have had the acumen of finding the proper terms and landing on their feet, like Carlos Luque with his ‘¡Sólo el socialismo salva!’ (‘Only Socialism Saves!’). There’s also the uncalled for attacks on Cubasí against those who criticized ETECSA, and the general pack of those who demonize all production and dissemination of information that isn’t official.

Can one really draw the teaching, even elevated to the level of a theoretical principle, that the State is the adequate institution to organize every aspect of life? It’s certainly understandable that one may defend the idea of what the State means, faced with the blows that neoliberal capitalism has delivered in the last few decades to anything which might set a limit to its rampant accumulation. But that cannot make us forget that, within Cuban socialism, there’s a discussion about the role of civil society, let alone allow us to permanently settle that discussion in favor of state control as a result of the coronavirus.

Civil society isn’t perfect. Within it there are also relations of domination, impulses of mass psychology, ruptures and communication bubbles, etc. If civil society were far better than it is, there’d be no need for the State. The community needs a public power, a moment of power concentration that will allow it to act as a community per se.

That public power, for a number of historical reasons, has assumed the shape of a State.

In recent times we have witnessed, here in Cuba, how fake news and inventions have spread among the people, becoming magnified as they do the rounds. I’ve stood in line listening to the tale of how unscrupulous characters in another province were asking for money to vaccinate people against the coronavirus, when it was actually vaccines for pigs. Immediately afterwards, I heard another story in which a boat had docked in a Havana neighborhood to administer fake sublingual drops, which were actually poison. The culprit behind all that was –I had to laugh behind my facemask, since I hadn’t heard the word used like that in a long time– the counterrevolution. We’ve also learned that some enthusiasts have gone out to kill bats in caves in the countryside, in order to prevent infection.

All that and more is civil society: a hullabaloo of voices in the public square, some more sensible than others and some frankly irresponsible. But the presence of those voices has a raison d’être, and the State cannot replace them, because their function is to counteract the hegemonic vocation of the State and its tendency towards opacity.

The State isn’t perfect either. The temptation of wanting to sweep what was wrong under the carpet lead to terribly bad decisions in the first moments of the Chernobyl disaster. Also, in China, the first reaction of authorities was to try to silence Li Wenliang, the doctor who first warned about the coronavirus. The American government has gone to great lengths to conceal the environmental and human cost of carrying out nuclear tests in the Pacific islands. The Cuban State, from the structural point of view, isn’t so different: how many times have arbitrary decisions been made which were only reversed due to the popular rejection they generated? Over how many things we should discuss more often have they not cast a shroud of silence?

Even from the point of view of management, the superiority of the State is highly debatable. That institution has the advantage of being single-minded, of being able to embrace all of society with its instrumental rationality. That’s why it’s optimal for situations such as this one. Civil society, which is traditionally too fractured, is incapable of substituting the State in these crisis situations. It’s unfortunate; it means we human beings don’t know how to be civilized or act collectively without having someone whipping us into shape.

But the tasks the State is faced with in such situations are not the most complex ones. Not at all. It’s more complex to manage the innumerable small companies and microenterprises which make up an economy, such as barbershops and beauty salons, cafeterias, street salespeople, etc. Since it’s so complex, the State was never able to manage them efficiently, and they have mostly returned to private hands today. Civil society, with its trade relationships, is the one better suited to manage those sectors, because it multiplies the Administrator into countless administrators.

In practice, both things exist, and the usual contradictions will arise: each will pull in its own direction. What’s a little more serious is that the idea of the superiority of state control may solidify on a theoretical level, when the damage this control has caused in Cuba is widely known. It’s true that the present juncture requires a state-coordinated response, but we need our leaders to be more like Lenin, and know that there are moments when war communism must be applied, and moments when a New Economic Policy must be applied.

Meanwhile, I would only like to remind that, at times like these, civil society and the community show some of the most caring and responsible reactions. One should only see the sheer number of facemasks in the streets. A large proportion of them, which is hard to quantify, have not been distributed by the State. The sewing machines throughout the island have not ceased to work, so that many people, mostly mothers and grandmothers, may provide their families with means of protection. That’s also irreplaceable.

Translated from the original

Otaola me escribió

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Foto: Alex Otaola / Facebook

Pues sí. Un ser despreciable como pocos acaba de escribir en mi muro de Facebook. Un amigo me había advertido, mas nunca pensé que cuando Carlos Lazo se refería a cierto bombardeo digital del que sería víctima, tendría la “dicha” de ver a Otaola y su turbante en mi muro de Facebook haciéndose acompañar de uno de sus comentarios venenosos.

Hace mucho quería escribir de ese esperpento, lo confieso, pero mi amiga Celia me contuvo más de una vez por lo improductivo de semejante acción. Y he pasado el tiempo mordiéndome la lengua una y otra vez cuando me topo de pasada con una de sus estupideces llenas de ese odio visceral que continuamente destila contra Cuba.

Y yo que he tratado de apartarme de toda esa bazofia que a veces inunda las redes sociales termino encontrándome el turbante de Otaola en mi muro de Facebook. El sujeto osó asomar su rostro y mala saña en un vídeo que realicé hace algún tiempo sobre la visita de ese cubanazo que es Carlos Lazo, el maestro radicado en Seatle que enseña español a estudiantes norteamericanos con una original metodología empleando la música cubana. Con el tiempo se ha granjeado el afecto de muchos cubanos de ambas orillas, y por supuesto, el recelo y animadversión de algunos.

Quien luche por eliminar las asperezas creadas por años de enfrentamientos e incomprensiones entre Cuba y Estados Unidos bien vale tenerlo cerca. Por eso aquella vez que Carlos lazo visitó Matanzas junto a sus estudiantes se reunieron también varias personas de alma grande.

Y eso nunca lo entenderá Otaola, quien se pretende heredero de la más rancia calaña de la extrema derecha de Miami. Pero me imagino que hasta en la derecha de Miami existan varios con “dos dedos de frente”, como catalogan nuestros viejos a las personas de principios aunque no comulguen con nuestra manera de pensar.

Otaola, sin necesidad de un perfil sicológico, es un ser impresentable y cizañoso como pocos.

Hace unos días mientras el reloj se acercaba a las 11 de la mañana, pensaba yo en las tantas diferencias que separan a Miami de La Habana, ya que algunos se empeñan en ver a ese territorio norteamericano como una extensión de Cuba. Un tipo como Otaola no tendría trascendencia alguna en nuestra Isla, ni como youtubers, ni influencers, nadie “con dos dedos de frente” le seguiría el juego macabro de incitar al odio hurgando además en las intimidad de las artistas.

En Cuba despiertan simpatía y cariño sin necesidad de “likes” en las redes sociales personas como el Dr. Durán que influyen en la sociedad por su talento y entrega. Y nada de eso lo logrará este personajillo intrascendente.

El camagüeyano (y sé que más de un oriundo de la tierra del Mayor sentirá vergüenza de compartir el origen) un buen día se levantó del lado contrario de la cama y no toleró que Díaz-Canel, el Presidente cubano, asistiera a un concierto de Gente de Zona, desde ese entonces, o un poco antes, decidió arremeter contra la agrupación cubana con residencia en Miami.

Y pa’ que después no digan que es paranoia de “comuñanga”, su obcecación responde a un guión preestablecido por las altas esferas políticas del Estados Unidos para agradar al sector más extremista del Sur de Florida. Hasta funcionarios gubernamentales se sumaron al empalamiento de artistas cubanos gracias al triste desempeño de Otaola.

Ninguno de los que secundaron tal persecusión se detuvieron a pensar que con Gente de Zona, además del Presidente y su esposa, también habían miles y miles de cubanos que rozaron la felicidad que produce la música.

Pero el odio y la estupidez maligna no hallaron límites, y un Otaola envalentonado siguió alimentando los peores sentimientos de los seres humanos. Convocó a no sé cuántas cosas, sobre todo a actos de repudios, así como lo leen, y su locura desenfrenada llegó al punto de incitar a un sector de la Florida a olvidarse de los lazos familias. Pienso que en su esquizofrenia llegó a creerse la reencarnación del viejo Mas Canosa. Intentaron convertirlo en un actor político… y dudo que en algún momento haya sido tan siquiera actor.

A Otaola lo único que lo podría enaltecer es su homesexualidad militante.

Es por lo que pudiéramos sentir cierta afinidad, porque admiro a quien asume su sexualidad con entereza. Pero entonces le veo con todo ese odio desatado, alimentando calumnias, creando campañas contra los artistas y pienso que él reúne los peores defectos que pueda tener una persona. Nunca entenderá que somos prescindibles en esta vida, que lo único que nos queda son las buenas acciones que acometamos en nuestra existencia, de eso nada sabe Otaola.

Si dijeran que se encuentra en una esquina de Cuba nadie acudiría a él, en cambio a Carlos Lazo y a otros tantos que son blanco de su cizaña muchos le abren las puertas del alma. Y por lo visto el tal Otaola no tiene ni eso…solo un turbante de colores que acompaña a ese personaje mustio que se creó, y para colmo hasta le falta lo que mejor define a un cubano: la autenticidad.

Tomado de: Dicen que la Utopía