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¿La revolución perdida?

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Foto: Envato

El artículo de Anthony DePalma en el New York Times es excelente en sus ambiciones, pero no explica algunas causas fundamentales de lo que está tratando de ilustrar. DePalma describe bien el proceso por el cual generaciones de cubanos, como el personaje de la historia que nos cuenta, han perdido la fe en la Revolución y sus numerosos programas. Al centrarse en el récit de vie de la Sra. Caridad Limonta, DePalma nos presenta el declive de una clase que históricamente se ha beneficiado de un sistema político que favorece a los que están comprometidos con el proceso revolucionario y excluye a los que están en contra. Ahora, desilusionados con la Revolución, dejan de lado en lo que alguna vez creyeron y están buscando nuevas formas de adaptarse a la crisis de desesperanza que parece endémica de Cuba.

En este sistema político, argumenta DePalma, las personas que están desencantadas con la Revolución, como la Sra. Limonta, tienen meramente tres opciones: 1) arriesgar sus vidas tratando de llegar ilegalmente a los Estados Unidos; 2) practicar la autocensura para adaptarse y sobrevivir; 3) luchar contra el sistema político e «invitar al acoso» a sus vidas. El personaje de DePalma ha elegido el silencio y las alternativas de supervivencia. Luego sigue la historia al mostrar cómo Limonta renunció a la Revolución, comenzó emprendimientos capitalistas en Cuba y recibió calurosamente al Presidente Obama durante su visita a La Habana en 2016. Esto, argumenta el autor, ilustra un gran cambio en la ideología de un personaje cuyo punto de partida fue el de una fe «absoluta» en la Revolución, y ahora está convencido de que «la revolución está perdida».

DePalma tiene razón cuando dice que la mayoría de los cubanos han perdido su fe en la Revolución y se están desencantando cada vez más con las duras condiciones de vida que aún padecen. Pero la miseria es desencantadora en cualquier sistema político. Y, sinceramente, el desencanto popular ha sido el elemento principal de la guerra psicológica que Estados Unidos ha estado llevando a cabo contra Cuba desde el comienzo de las hostilidades entre los dos países. Al imponer sanciones económicas y políticas a Cuba, las administraciones de la Casa Blanca están tratando de inducir desde el exterior tanto el resentimiento popular como el alzamiento interno tan deseado, que conducirá a un gobierno provisional amigo de los Estados Unidos.

Una gran cantidad de documentos, ahora desclasificados, muestran cómo los deseos de Washington de crear resentimiento entre la población cubana han sido un elemento clave en el proceso de toma de decisiones de las opciones de política exterior contra Cuba (1). El objetivo principal del Embargo impuesto a Cuba era precisamente aislar al país del hemisferio occidental y crear las duras condiciones económicas que contribuirían a una crisis política dentro del país. La administración de Kennedy sabía muy bien que la ayuda de la Unión Soviética no era suficiente para el desarrollo de Cuba y solo servía para asegurar el poder político de Castro. Entonces, incluso con la ayuda de la Unión Soviética, Cuba no estaba en condiciones de desarrollarse de manera autónoma y, desafortunadamente, los recursos críticos se dirigieron principalmente al complejo militar. Es más, la industria cubana en ese momento dependía en gran medida de la tecnología estadounidense y esta dependencia tecnológica causó problemas significativos para el desarrollo industrial de Cuba.

De esta manera, la miseria del pueblo cubano estuvo originada por una relación asimétrica con los Estados Unidos. Al poner a Cuba bajo «asedio», Washington implementó una serie de políticas restrictivas que produjeron, y aún producen, mucho sufrimiento en la vida cotidiana de las personas. Si la pregunta sobre el desencanto debe formularse y responderse, cada explicación debe incluir el papel fundamental que han jugado los Estados Unidos en este proceso. Y esto es algo que Anthony DePalma evita hacer bien en su análisis de la historia de Caridad Limonta.

Muchos cubanos han perdido su fe en la Revolución y muchos otros están convencidos de que la maldición de Cuba tiene sus raíces en la ideología e instituciones comunistas. Podrían tener razón o no. Yo realmente no sé. Sin embargo, cada panqueque tiene dos lados y ninguna variable independiente debe dejarse de lado en un análisis serio.

Al igual que la Sra. Limonta, yo también tengo muchas preguntas. Por ejemplo:

¿Por qué Eisenhower no recibió a Fidel Castro cuando visitó los Estados Unidos por primera vez en 1959? ¿Por qué, por ejemplo, las primeras reformas cubanas no fueron reconocidas como legítimas, ya que la mayoría de esas reformas, principalmente reformas agrarias, fueron promovidas en América Latina por la Alianza para el Progreso durante la administración Kennedy? ¿Por qué los Estados Unidos no escucharon, y aún no escuchan, las propuestas para una «coexistencia pacífica» proveniente del liderazgo cubano? ¿Cómo Washington logró aislar a Cuba de América Latina en 1962 y cuáles son los efectos de esta política exterior en el desarrollo político y económico de Cuba? ¿Cuál fue el propósito de los misiles nucleares instalados en 1962? ¿Tenía razón el gobierno cubano, o no, al tratar de asegurar la supervivencia de la Revolución?

Todos recuerdan la guerra casi nuclear que la humanidad sobrevivió en esos tiempos históricos, así como el telegrama aparentemente irracional que Fidel Castro envió a Jruschov en octubre de 1962 (2). Aún así, nadie parecía estar interesado en los planes de invasión e intervención que la CIA, el Departamento de Estado y la Casa Blanca estaban tramando después del desastre de Bahía de Cochinos. En el mundo de los estados soberanos, la política exterior llevada a cabo por los Estados Unidos contra Cuba no es legítima y no respeta plenamente los principios que dieron origen a las Naciones Unidas.

Por todas esas razones, realmente creo que la «verdad incómoda» para Estados Unidos es esta: el acoso sistemático, político y económico, proveniente de los Estados Unidos, la nación más poderosa en la historia del mundo, y dirigido a la población cubana, ha estado causando un gran resentimiento en la población cubana desde hace décadas. Esto fue intencional y muy bien planeado por la CIA, el Departamento de Estado y la Casa Blanca. El resentimiento popular contra la Revolución en Cuba ha sido inducido históricamente a través de la guerra psicológica que Estados Unidos ha impuesto contra lo que debería llamarse un microestado.

Como ciudadano cubano, no desarrollaré un síndrome internacional de Estocolmo. No apoyo la política exterior que Estados Unidos ha seguido históricamente contra Cuba. Creo que es malo tanto para los cubanos como para los Estados Unidos. Después de todo, la autorreflexión del presidente Bush Jr. después del 11 de septiembre – «por qué nos odian» – es una poderosa ilustración de las consecuencias negativas para la grandeza de América que ha generado la práctica sistemática del acoso internacional sobre los estados subdesarrollados y nominalmente soberanos.

Para volver a los tiempos de grandeza, Estados Unidos necesitará el apoyo de la mayoría de los estados del sistema internacional. De lo contrario, podría convertirse en un estado global autoritario, al recurrir siempre a la fuerza militar y el acoso internacional para hacer cumplir su voluntad. Claro, la Revolución Cubana parece ahora «perdida». Entonces, ¡larga vida al abusador!

(1) Informe sobre la Política de los Estados Unidos hacia Cuba, 15 marzo 1962, Archivo Digital del Programa de Historia y Políticas Públicas, Archivo del Servicio Federal de Inteligencia de la Federación Rusa, Archivo 88497, vol. 1, http://digitalarchive.wilsoncenter.org/document/114513

(2) Telegrama de Fidel Castro a Khrushchev, octubre 1962, Archivo Digital del Programa de Historia y Políticas Públicas, Archivo de Política Exterior, Federación Rusa, http://digitalarchive.wilsoncenter.org/document/114501

Para contactar al autor: rainer_ricardo@hotmail.com

Recapitulación

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La dialéctica aplicada al estudio de la sociedad se parece un poco a la sabiduría oriental. Ambas nos enseñan que cada tiempo trae a la orilla del devenir lo que las aguas del río movían en su seno de largo tiempo, y que aunque la realidad puede tomar diferentes caminos, estos no son otros que los que laten como potencia en la semilla de cada instante. Eso se aplica también a la sociedad cubana actual, en el momento concreto que es el enfrentamiento a la pandemia de coronavirus. Ahora que el presidente Díaz-Canel anunció, el pasado 11 de junio, el cercano comienzo del proceso de recuperación, es buen momento para recapitular.

La llegada del Covid19, como todas las crisis, difuminó muchas de las apariencias de la vida cotidiana y sacó a la luz lo esencial. Entre otras cosas, puso de manifiesto que sigue vigente el pacto social según el cual el Estado garantiza lo mínimo para la reproducción de la vida de los ciudadanos. Pueden cerrarse los hoteles, los negocios particulares, puede intervenirse hasta el mercado negro, pero el Estado no puede permitirse dejar a merced de una epidemia a la población.

El pacto social es la base de legitimidad misma del Estado.

La legitimidad de un sistema político se fundamenta en un mito fundacional: eso en el caso cubano, está muy claro. Pero esa legitimidad tiene que reactualizarse cada cierto tiempo, es por eso que existen ritualidades, en las que se escenifica nuevamente la situación narrada en el mito. Es como si se reviviera la situación fundacional, para que el sistema mantenga un asidero en la experiencia de las personas. En otros países las elecciones pluripartidistas juegan ese papel. En Cuba, la ritualidad que le da vida al sistema político es la experiencia de la crisis, enfrentada de manera colectiva y exitosa bajo la dirección del Estado.

Si alguien se hubiera guiado por las apariencias, luego de posar una mirada superficial en La Habana de los últimos años, podría haber llegado a la conclusión de que la base del poder social se encontraba en el empresariado dedicado al turismo, tanto estatal como privado. Su diagnóstico estaría relativamente justificado, pues alrededor del turismo y algunos otros renglones económicos se habían dado los fenómenos más novedosos e incisivos en el plano social. La imagen de opulencia de los hoteles y las paladares, frente a la pobreza de una ciudad en deterioro constructivo, parecía ser la imagen que mostraba la realidad de lo que era Cuba.

Sin embargo, ha llegado la pandemia para demostrar que aún no son los nuevos ricos los que le ponen el ritmo de su reproducción a la realidad cubana. El racionamiento, lógica ajena a cualquier burguesía, se impuso en todos los niveles, incluso en una TRD que en su creación no se suponía que fueran para el pueblo. La cola del pollo se convirtió en el fenómeno más característico de la cotidianidad pandémica. En las nuevas condiciones, las nuevas clases acomodadas trataron de hacer valer sus privilegios utilizando el poder de su dinero: comprando turnos, comprando directo en los almacenes, haciendo componendas mafiosas para ser siempre los primeros en comprar cualquier mercancía preciada. No obstante, aparecieron entonces las autoridades, el Partido, el poder popular, el MININT, para restablecer la justicia en la cola.

Cada cola se convirtió en un sutil escenario de lucha de clases.

El Estado respondió de manera relativamente eficaz en defensa de la clase trabajadora. De esa clase todavía mayoritaria que trabaja para el Estado y para la que los productos de la libreta todavía son una parte significativa de su renta. Y para que el pollo llegara a la mesa de esas personas fueron enviados el  miembro del Partido, la funcionaria del poder popular, el capitán del Ministerio del Interior, revelando su verdadera función social. Es significativo que las personas de sectores pudientes tuviesen que recurrir a la corrupción, una especie de robo de la propiedad social, para poder mantener sus niveles de consumo, en lugar de tener al Estado en función de sus intereses, lo cual es lo normal en el mundo capitalista.

Pero he aquí que, incluso la corrupción y el mercado negro, fueron enfrentados con especial dureza durante la pandemia, llevándose el asunto incluso ante las cámaras de la televisión. Se puso de manifiesto una de las funciones de los medios de comunicación: ser una herramienta de poder, en manos de unos sectores, en su lucha por el desplazamiento de otros. El Estado cubano de tiempos pandémicos puso el puño sobre la mesa, y declaró abierta la temporada de caza del intermediario acaparador. Es cierto que algunos quisiéramos ver caer a más peces gordos de las empresas estatales que participan en el mercado negro, pero lo importante es que se trata de una demostración de fuerza del Estado, para mostrar su capacidad de imponer los mecanismos de la reproducción social, y enviar un mensaje visible a las clases sociales sobre las que descansa su poder político.

Nada de esto puede analizarse, por cierto, fuera del contexto de lo que es el relevo generacional. Ahora más que nunca, cuando la generación histórica se está preparando para abandonar las principales posiciones, los nuevos dirigentes del Estado necesitan validar ante el pueblo el pacto social. En ese sentido puede decirse que

La pandemia ha servido para fortalecer la nueva arquitectura del Estado y a sus rostros más visibles.

No solo eso. Si hubo un momento interesante y significativo en la intervención de Díaz-Canel el 11 de junio, fue ese en el que mencionó la importancia de “la unión civil y militar”. Y es que no se puede pasar por alto uno de los principales impactos de la pandemia en lo que se refiere a las relaciones sociales expresadas también a nivel de Estado: el redimensionamiento y empoderamiento del sector civil de la sociedad. De un momento en el que estaban en un primer plano nuestros heroicos militares, depositarios del honor de pasadas epopeyas, y también gestores de una buena parte de las empresas turísticas, hemos pasado a un momento en que el turismo demuestra su falibilidad, a la vez que son los médicos, epidemiólogos y científicos los que han pasado a primer plano. Esto no puede verse separado de otro de los hechos principales de los últimos tiempos: la presencia de un civil en el más alto cargo del Estado.

No quiero caer aquí en ninguna teoría conspiranoica. La unidad no es una figura retórica de nuestros políticos, sino uno de los principios de funcionamiento del Estado cubano. Como un iceberg que se mueve, el paso de este Estado será lo suficientemente lento para que no se parta, porque hay muchos intereses puestos en que no se parta. Pero de que se mueve se mueve. ¿Cuándo, en las últimas épocas, hemos escuchado una declaración que enfatice en el honor de lo civil, a la misma altura que lo militar?

La pandemia ha sido además el escenario perfecto para la puesta en funcionamiento de las nuevas estructuras nacidas de la Constitución del 2019. Las nuevas instancias en el municipio y en la provincia han respondido favorablemente, aprendiendo a coordinarse con el resto de las instituciones y organizaciones en ese arco organizativo que ha permitido la respuesta eficaz frente al coronavirus. Pero también en lo que se refiere a las relaciones entre el Estado y la sociedad civil, la realidad cubana se ha movido dentro de los causes que se desprenden de esa Constitución.

La libertad de expresión en el ámbito digital se ha convertido en una realidad de facto, a pesar de torpes intentos por contenerla.

Mientras en el mundo analógico seguimos teniendo el mismo puñado de periódicos oficiales de siempre, en las redes se ha desarrollado una dinámica de espacio público abierto, y prácticamente cada cual pone lo que quiere. Tanto es así que incluso ya tenemos fenómenos negativos asociados a las redes sociales, similares a otras latitudes, como el tribalismo, el sensacionalismo y el bullying.

Estas redes sociales han sido una de las vías a través de las cuales se ha canalizado el descontento público. Entre las insatisfacciones de los cubanos que han encontrado una voz en las redes, ha estado la necesidad de cerrar las fronteras en su momento, el desabastecimiento, los precios de Etecsa, los problemas de la plataforma Tu envío, etc. Esas son las cuestiones que realmente han preocupado o molestado a la ciudadanía, y que han encontrado una expresión en las redes sociales. Demandas ante las cuales el Estado, en la medida de sus capacidades, ha respondido, poniéndose de manifiesto lo importante que es para él el sostenimiento del pacto social.

Esta es la realidad del momento social y político en que vivimos. Muchas veces los intelectuales hacemos hincapié en nuestras inconformidades con el sistema político, con la manera en que se respetan o no los derechos políticos individuales. Y es positivo y necesario que se hable al respecto. Pero yo creo que hay que cuidarse también de no caer en un debate enajenado. Nada llegará antes de que llegue su momento. Los pueblos luchan por las causas que pueden entender como colectividad, aquellas cuya pertinencia les plantea la vida cotidiana. En Cuba, la lucha que está puesta sobre la mesa es la que define de qué manera se reparte el pollo.

¿Qué sectores de la economía serán los más beneficiados en la normalidad post-pandemia? ¿Cómo se hará para aumentar la producción de alimentos? ¿Qué papel tendrán las pequeñas y medianas empresas? ¿Cómo serán las relaciones de poder a nivel de Estado? Estas son cuestiones que se están planteando de una manera más inmediata.

Meta-discrimination or Cyberpunk Fantasy

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The future is here, we may safely say, when from the tactile screen of our smartphone we interact and find out what’s happening all the way around the world; and although saying it is ontologically incoherent, we really believe so. In this Future, lack of information is no longer a problem; instead we have information overload.

Everyone reports about everything at every moment: there’s news, fake news, overblown news and diminished news. We’re a civilization of pro bono journalists, with a gleam of humanism when denouncing injustice –or what we believe is injustice, as each one’s subjectivity comes into play. But when something equally reaches most subjectivities, a wonderful phenomenon takes place: the content becomes viral (if you pardon the adjective) or turns into a trending topic. Essentially, the content becomes massively popular, like when you film your dog chasing its own tail. That’s so funny.

If the content is infuriating, as is the case with the murder of American citizen George Floyd, the reaction is almost unanimous: indignation; an indignation yours truly shares for obvious reasons. The reactions in this future are then proportional to the fact that we all see what happens all the time everywhere: network campaigns, blackouts on behalf of the victim or to protest racism, millions of comments condemning the fateful event, thousands marching in several US cities, while others take advantage and loot in the name of the former.

We’re talking about a global event.

Therein lies the advantage of our interconnected future. If in the United States a racist cop murders a black man live, public opinion takes over, civil organizations take on their roles as never before and groups that had never agreed on one issue coalesce: nuns, the Amish, radical advocacy groups, thousands of honest cops, homosexuals, prison inmates, advocates of the family, governors, otakus, nerds, hackers; the list goes on and on, and it encompasses most of the world’s population. That’s wonderful.

But in our future, even just protests are fragmented. There’s discrimination against discrimination. If George Floyd had been a citizen of Haiti, Somalia, Yemen or Palestine, all the online activity and the millions of pro bono journalists wouldn’t have been enough, or they would have revoltingly ignored the news, and the puppy chasing its own tail would’ve beaten it by one or two million viewers. Here comes into play the phenomenon of visibilization, which responds to variables such as: geographical location, age group and social level.

In only one month of 2018, more than 100 Palestinians were killed by the Israeli army.

If 2018 is included within that future, meaning we all saw what was happening all the time everywhere, if logic had a solid grip on our societies, the worldwide reaction should have been the same as the one George Floyd’s murder unleashed, times a hundred, plus a coefficient related to genocide extended over time, since according to Rawan Sulaiman, Palestinian ambassador at The Hague, from 2000 to that date, 9,476 Palestinians had been killed by the armed forces; that is, the world should have taken Israel by storm and saturated social media until dogs chasing their own tails lost all meaning to mankind.

In this future it’s also possible that some troublemaker should point out that Palestine is a warzone, while in Floyd’s case the event happened in a civilized country at peace; and that reminds me of other areas at peace, such as the mountains of Central America, where every year hundreds of social leaders are killed by armed forces, or the large areas around Mexican bonded assembly plants, where every day dozens of bodies of women are found and disinterred in front of the impassive looks of the press and the locals. To be honest, the cyberpunk future we live in not only discriminates on the basis of religion, race, gender, economic level or sexual orientation. It also discriminates against the types of discrimination, and segregates them into intolerable discrimination and discrimination of the well-it’s-sad-but-what-can-you-do kind.

For now, let us settle for the fact that one murder –at least one– will not go unpunished.

Translated from the original

El coronel no tiene quien lo siga

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coronel

Tres meses atrás, no habría visto un live de Paula Massola. La hermana de Diván permanecería en el anonimato. La tapadura de boca de Paula Massola a su cuñada es de sobra conocida. Tres meses atrás, la habría dejado hablar. Sin la frase viral, pocos se habrían preguntado qué hacían ahí. La pregunta, era irrelevante tres meses atrás. Tres meses atrás, no era de gran importancia tener un amigo coronel.

La reacción colectiva ante el video fue inmediata. Se conjugaron todos los factores para sacudir la estructura social: una situación de crisis, una niña inocente, expectativas por las playas, y sesenta años de igualitarismo revolucionario.

El suceso, podría dar pie a la justa crítica hecha a la inutilidad de las celebridades en tiempos de coronavirus. La enajenación tras el video es completa. Muestra más de lo mismo: la supervivencia y actitud ante la pandemia dependen de la clase social de los individuos.

El mensaje no cae muy bien, si el emisor lo envía desde una mansión y el receptor lo recibe en un cuarto de solar. Reitérese la idea: las celebridades han sido inútiles durante el coronavirus. Pero, sería limitado permenecer en este problema. Un trasfondo más importante se impone al análisis: las contradicciones generadas hacia el interior del igualitarismo revolucionario cubano.

Historia primero. El escenario es ideal. El descubrimiento de las ventajas de los coronoles no pudo tener mejor lugar: las playas. A estas, les cabe un gran mérito histórico, fueron el primer servicio en hacerse público con el triunfo de la Revolución. La ley de Reforma Agraria no se había firmado, faltaba mucho para la ley de Reforma Urbana, y ya las privadas e inaccesibles playas eran públicas. No se volvió al estado anterior.  

En los noventa, el turismo amenazó ese derecho. Cayos y hoteles de Varadero, eran prohibitivos, en precio y permiso. En el año 2008, el permiso fue otorgado, bajo la evocación del igualitarismo. Para los precios no servía permiso alguno, pero se puso fin a un debate empezado siempre desde las arraigadas premisas de la igualdad. Las playas, son un derecho tan arraigado, que su cierre o prohibición, sólo generan incomprensión y frustración.

cuba playa

Presente ahora. Coronavirus. Crisis económica. Lucha por sostener la estructura social del igualitarismo. El Ministerio del Interior asegurando las colas. Momento perfecto para tener un amigo coronel. Amistad perfecta para hacer que una niña revele las contradicciones  sociales en catorce palabras.

La reacción social fue inmediata. El choteo supo qué chistes hacer. Y supo del explote de un coronel. Tal asunción, de seguro correcta, lleva a preguntarse por qué fue hecha con tanta rapidez. ¿Por qué todos supimos que había explotado un coronel? Un rápido vistazo a las funciones del Ministerio del Interior en esta etapa de coronavirus, nos dará la respuesta.

Un objetivo ha perseguido el Estado desde el inicio de la pandemia: proteger las garantías del igualitarismo revolucionario. Volcar el sistema de salud al tratamiento de la enfermedad y mostrar por televisión el castigo a acaparadores y receptadores, son dos partes de esa intención. El Estado, se ha visto forzado a cumplir con los deberes contraídos en un pacto social de sesenta años, origen real de su poder. Las colas, no son la excepción. 

Sorprendente sí ha sido, el traslado del igualitarismo a un sector por décadas fuera de él: la red de tiendas en divisa. Libreta de Abastecimiento sí, acceso a divisas no. Era y es esta la línea de la igualdad garantizada. Pero en tiempos de pandemia, cualquier tienda es igualitaria. El Estado, asumió una tarea sorprendente para cualquier gobierno neoliberal: intervino el mercado. Llegó más lejos: lo militarizó. Bajo un único y el único principio posible: todos tenemos derecho.

Una estructura impensable fue trasladada a la red de tiendas en divisa: la cuota. Práctica exclusiva del igualitarismo, estructura básica de su principal figura, la libreta; la cuota entró en el mercado e impuso un cambio de hábitos en un sector al que era ajeno. Puede afirmarse que impuso sus hábitos. Y reveló las verdaderas relaciones de poder en Cuba.

Ante la incapacidad del mercado igualitario tradicional, se trasladó y se apoderó del mercado tradicionalmente desigual. El proceso, no fue cuestionado, por el contrario, fue una demanda. Y se cumplió. 

Frente a la tarea, se situó el Ministerio del Interior. Con más o menos contradicciones. Con desempeños en unos lugares mejor que en otros. Con personal más o menos capacitado. Con decisones acertadas o de risa. Ha cumplido con sus dos objetivos: garantizar el traslado de los hábitos del igualitarismo a la red de tiendas en divisa, y mantener el orden social. En una estructura de planificación y de control funcionarial, los oficiales del Ministerio del Interior, se convirtieron en planificadores y funcionarios de un mercado ahora dominado por las estructuras del igualitarismo. En tres meses, se convirtieron en actores sociales.

A nuevas relaciones sociales, le surgen nuevas contradicciones. La toma del mercado en divisas por el igualitarismo, generó un nuevo funcionario: el oficial del MININT. Y adquirió cada característica de esa condición. Poder de decisión y dominio de información se convirtieron en sus rasgos más notables. Y propio de las sociedades de distribución centralizada y planificada, conscientes o no, a gusto con ello o no, adquirieron influencia social. Hecho consumado desde la primera petición de un favor, búsqueda de su amistad o intento de soborno.

La presencia del MININT en la red de tiendas en divisas, constituye el ejercicio directo del poder del igualitarismo revolucionario sobre el mercado. Su correcto funcionamiento, ofrece legitimidad al Estado. El coronavirus, ha evidenciado todas las contradicciones sociales. Las ha puesto a flor de piel y en cualquier parte se notan y molestan. Entre ellas, destacan las diferencias de clases sociales. Diluidas y a la vez muy claras en este contexto. 

En tiempos de coronavirus, el Estado y el consenso social, sólo han dejado espacio para el igualitarismo. Antes del coronavirus, crearon grandes espacios para clases sociales ajenas a la igualdad. Cuotas y límites, son palabras extrañas a los oídos de tales clases. La burguesía, no encaja en el igualitarismo. Es su condición antagónica. 

El igualitarismo, es la fuente de poder del Estado. Este rasgo, imperceptible en circunstancias anteriores, se hace más evidente en momentos peligrosos para su puesta en práctica. La incapacidad del mercado igualitario tradicional para satisfacer las necesidades sociales, el traslado del igualitarismo al mercado en divisas y su mediocre comportamiento, y, en general, la búsqueda desesperada por el Estado de conservar las bases igualitarias de la sociedad, ponen en alerta ante cualquier indicio de resquebrajamiento de tan arraigada estructura.

En tal percepción, no participa sólo el Estado. El coronavirus, ha demostrado la dependencia de la mayor parte de la sociedad hacia las garantías del igualitarismo revolucionario. Incluso, las clases habituadas a la compra de productos en la red de tiendas en divisas, se han visto perjudicadas y a la vez beneficiadas por el traslado del igualitarismo.

Perjudicadas, por los límites a la capacidad de compra; beneficiadas, por un derecho al alcance de todos. Si un último hecho queda demostrado, es la invariable respuesta social igualitaria en Cuba ante los problemas económicos y sociales.

Paula Massola y su cuñada, encarnan una forma de vida, de todo menos igualitaria. Su live, además de su alto nivel de enajenación y desentendimiento de los problemas sociales, es la muestra de comportamientos intolerables por el poder nacido del igualitarismo. Tal poder, sólo percibirá en las palabras de la niña, y en los favores del amigo coronel, una amenaza. La medida tomada, será en reafirmación de ese poder.

Sea cual sea el destino del coronel, dependeremos por un buen tiempo del igualitarismo. Momento correcto para pensar y hacerse preguntas sobre cuál variante económica elegir ¿Más mercado? ¿Para quién? ¿Más igualitarismo? ¿Para quién? ¿Producir? ¿Qué, de dónde y para quién? Son todas preguntas imprescindibles, pues Cuba es la única sin un amigo coronel.

How Can a Jurist Maintain Dignity in the Pandemic?

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Jurists have a bad reputation. A good part of that notoriety comes from the constant and decades-long promotion by TV series and movies of a carnivore and ruthless version of the work carried out by those in the legal profession, especially lawyers.

To make things worse, the legal life we mostly see in Cuba is that of the United States, which creates in the Cuban population an image of jurists with attitudes that are sometimes alien to our legal system, not because we’re fairer, but because we’re different.

Law is a science, but it’s also a political and technical practice, which seems to be only about the moment when oral trials are staged, but which encompasses a lot more than that. It gathers more than two thousand years of learning, of text output about its institutions, of professional work by its specialists, of accumulation of experiences in forums and courts, which means that it also amasses a large history of justice and its opposite.

The image of jurists deciding over the lives of people in cold negotiations, brought to us above all by TV shows, where important lawyers from private American firms win cases and millions of dollars along with them, creates in the public the perception that jurists are bandits or vultures, though it’s a reality that there might be cheating, mischievous and immoral jurists anywhere, same as it happens with doctors, political leaders, sportspeople, artists or scientists.

The profession of those of us who study Law doesn’t make us more honest, or more just, or more fraudulent, or more heartless. It just so happens that in the world of Law it is legal, legitimate and necessary that killers be defended, that those caught red-handed have an impartial trial, that self-confessed offenders may be absolved, and that apparently won cases be lost on a procedural technicality.

The very existence of Law does not guarantee the presence of justice. Roman jurists in imperial times used to say that Law was the art of what’s good and fair, that Law should attempt to make men good, and not only by means of sanctions, but also by means of rewards, that justice was the constant will to give to each what is due them, that jurists should be treated as priests, and that the Law brought to the extreme of literal interpretation can sometimes be unjust.

For those reasons, those very jurists created equity, the justice of the specific case, that which in the hands of those who may interpret each case can help the least adequate law yield required and healing justice.

The very Roman magistrates who had jurisdictional authority, at the time in which judges were private citizens and not legal professionals, gradually established the practice of defending the weakest, of the presumption of good faith in cases of patrimonial nature, of benefits for debtors who already bear the burden of an obligation to comply. Therefore, Law was born at the base of our judicial system, to defend the needy and not to enrich those who already own all the wealth.

In Cuba the Law is written down, we do not accept custom as a source of law nor we allow judges to create legal precedent in the act of judging, so it is fundamental for judges to be independent, and for the prosecutors and magistrates tasked with interpreting the norms which only the people can legalize to exercise wisdom, sound judgment and ethics.

There’s no private practice of the legal profession here either, so the lawyers who must represent private individuals in litigations or other kinds of processes, must be hired by Collective Practices which work within the technical framework of the Ministry of Justice and are a non-governmental organization, and in which specialists in civil, penal, labor, administrative and family matters earn salaries thousands of times lower than those of their private firm counterparts almost everywhere.

The popular wisdom in Cuba is sometimes not that wise, like when it believes and repeats that every law has a loophole, or when it despairs faced with the horrible truth that everything here is forbidden, or when it believes that Cuban notaries line their pockets and are a band of thieves worse than those in One Thousand and One Nights, when in reality the Law in Cuba is written by the legislators in the National Assembly, and they have no way to cheat. Some things are just forbidden because of our self-censorship, and notaries are public officials with government-assigned salaries and significant possibilities of going to jail for the slightest mistake.

Cuban jurists, men and women of the Law, are as necessary in the Republic as equality, dignity, democracy and lemonade, all of these indispensable in my opinion.

In times of pandemic, contrary to what many believe and repeat –that what’s important isn’t norms or legality or the measures taken by the government–, Law is an urgent necessity to preserve the decency of society, tolerance, respect for our fellow people, solidarity –even if imposed–, peace, harmony, safety and the justice that appeases the demons stirred up by isolation.

Jurists know about legal norms, but they must be helped by the justice of the social system in behaving as agents of truth and equality, because otherwise they’d become gendarmes of corruption and arbitrariness.

Today I want to pay homage to my father, who taught me both the virtues and defects of Law. He used to say that one can spend life in ill health, fighting an ailment or a condition over a lifetime, but one cannot endure existence without justice.

For justice, the sun of our moral universe and the crystalline lake where we quench our civic thirst, we must sacrifice our peace and awaken the jurist within us all.

Translated from the original

Martí y la catequesis del Granma

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granma

Ernesto Estévez Rams vuelve a motivarme a escribirle, luego de su polémica «silla voladora«. Esta vez, el Granma publica una visión particular del autor sobre la frase martiana «con todos y para el bien de todos».

Es un derecho legítimo de Estévez Rams exponer públicamente sus opiniones. Si hubiese un decreto que le reprimiera esa libertad, yo me opondría decididamente. También es un derecho de Granma sostener su línea editorial, aunque a algunos nos parezca cada vez más fosilizada y ajena a la diversidad que caracteriza la expresión del pensamiento en la Cuba de hoy.

En mi opinión, el texto de Rams abunda en contrasentidos. Expone al inicio una visión martiana que luego intenta reducir y ajustar a su propia postura ideológica. El autor trilla la obra del Apóstol y escoge, para formular su tesis, solo la parte que le resulta cómoda.

El singular liberalismo republicano de Martí, lo hizo echar su suerte con los pobres de la tierra. Y en sus críticas a la idea socialista casi siempre mostró su empatía con políticas que atendieran las demandas de los más humildes. Pero NUNCA ignoró los peligros del funcionarismo autocrático.

En su artículo, Estévez pretende dividirnos en tres castas: los iluminados que trabajan «para el bien de todos»; los adeptos a «vilezas» que deben ser excluidos; y los que debemos hacernos a un lado para no «estorbar» a los primeros.

¿En qué casta ubica Rams a los monopolios de la Cuba actual, a la «ocupación privilegiada y pingüe» de ciertos funcionarios, a los que aspiran a reducirnos a «siervos silenciosos del Estado»?

Afortunadamente, a nuestro Martí no hay que traducirlo desde el hebreo, el arameo o el griego. Su obra no está encriptada en un lenguaje hermético que nos haga depender de eruditos o iluminados evangelizadores. TODOS tenemos la posibilidad de acercarnos a sus textos y llegar a conclusiones propias.

Por suerte, nadie ha sido designado por poderes celestiales para decidir quienes caben o no en ese «con todos» que definió el Apóstol. Y tampoco nadie, ni Rams ni el Granma, logran convencernos de desistir en nuestro derecho de expresar lo que entendemos como «el bien de todos».

La República que soñó Martí, también fue imaginada contemplando una puesta de Sol. Y a esa NOCHE oscura, pero profunda, compleja y diversa, también le llamó Patria.

Neoliberalismo y racismo en USA

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neoliberalismo

Recientemente leí en Facebook un texto plagado de errores de Liu Santiesteban y otros autores sobre el problema racial en los Estados Unidos. Hay errores, aunque también intencionalidades. Su error principal consiste en no considerar al racismo como un fenómeno estructural dentro de la sociedad norteamericana.

Su tesis principal es que los negros debemos ser aconsejados a depender de sus propios esfuerzos y ello es más que suficiente para lograr el triunfo. El consejo no es malo, pero sí bastante perverso e ingenuo.

Mencionaban entonces un largo listado de artistas negros de la música y el cine, que habían ascendido por sus esfuerzos, con independencia de su color de la piel. Cosa que es cierta, pero que nada tiene que ver con la existencia y el funcionamiento del racismo en los Estados Unidos.

El error esencial de sus formulaciones, más bien neoliberales para endulzar a la sociedad norteamericana, consiste en olvidarse de que el racismo en los Estados Unidos es un fenómeno estructural. Es decir, forma parte y funciona como elemento integrante dentro del sistema de relaciones capitalistas de la sociedad norteamericana.

El ejemplo de los que logran cruzar las dificultades para alcanzar el éxito, dentro de esa sociedad, no niega la existencia del racismo ni de la discriminación racial; todo lo contrario, lo reafirma. Por ley de los contrarios.

Por lo que situar y tomar como ejemplo a los que han llegado a triunfar, no es más que una forma de endulzamiento de la realidad, que es mucho más compleja y contradictoria de lo que los autores asumen.

El racismo no nació del capitalismo, vino de la mano de la sociedad colonial esclavista, aunque al capitalismo le brinda un servicio inestimable. Adueñándose de él para sostener su régimen de explotación. Al convertir el color de la piel, en una variable de diferenciación social. Acción más sofisticada y difícil de superar que la esclavitud.

En la sociedad colonial el esclavo podía obtener su libertad, en el capitalismo no. Pues se encuentra sometido a una estructura social en la que su lugar esta predeterminado, liberándose de ella solo por excepción.

Los argumentos esgrimidos, resultan además la tergiversación de una larga historia, en la que el negro norteamericano comenzó siendo esclavo y pago un alto precio por participar en la vida económica y más tarde en la política, para lograr ejercer el voto. Sobre todo, la mujer negra. Ello no hizo más que darle formas de participación social, pero sin liberarlo de las ataduras sociales que su condición de negro implica. Es decir, sin liberarlo de los prejuicios al color de la piel, la discriminación y el racismo.

El racismo es un fenómeno estructural de la sociedad norteamericana.

Es parte integra de la institucionalidad de esa sociedad y solo con la terminación del capitalismo podrán crearse las condiciones para comenzar a eliminarlo de la vida social del país. Pero tampoco desaparece automáticamente, al desaparecer el capitalismo, dado que permanece en la cultura heredada.

Cuba con una revolución radical y más de 50 años de lucha por su eliminación, no ha logrado terminar con el racismo, ni la discriminación racial. Funcionando como un paradigma para la comprensión de que, con el fin del capitalismo, solo comienza el periodo histórico para crear las condiciones que posibiliten eliminar el racismo.

Cierto que el negro norteamericano nos aventaja en que posee por lo general una gran conciencia racial, pero no nos aventaja en como Cuba ha ido paulatinamente creando las condiciones para eliminar el racismo. Ahora, con una conciencia social más avanzada en cuanto a la necesidad de su eliminación y una conciencia, en parte importante de su dirección política, de que la tarea de eliminar el racismo y la discriminación racial se debe llevar adelante. Contándose ya con una Resolución Gubernamental como instrumento para formular una estrategia de lucha contra el racismo y la discriminación racial.

Luego se equivocan los Autores del artículo cuando nos aconsejan. Púes no se trata de un asunto individual sino de toda la sociedad. No se trata de que la sociedad les permita o facilite a unos individuos llegar. No se trata de que algunos por su esfuerzo lleguen. Tampoco de que algunos pasen las barreras para ser tratados como iguales, sino de que todos puedan alcanzar la igualdad y la justicia.

Ni siquiera estadísticamente es válido el análisis de los autores.

En la sociedad norteamericana, los negros ocupan el penúltimo escalon en la pirámide demográfico-social. Por encima solo de los pueblos originarios y de los esquimales, que ocupan los últimos escalones. Por lo que, ni habiendo alcanzado el éxito, un negro en los Estados Unidos llega al nivel de consideración que esa sociedad solo reserva al blanco.

Los datos estadísticos muestran claramente las diferencias para los negros, en términos de desempleo, acceso a la salud, acceso a la justicia, etc.

No se trata de que un negro pueda o no económicamente y hasta socialmente llegar a vivir como un blanco. No, es que la estructura social ha quedado diseñada para darle un lugar como negro.

Lo demás es una circunstancia o una casualidad de la vida. El negro no llega a conseguir nunca la posición del blanco dentro de la sociedad capitalista norteamericana y cuando lo logra, se trata de una circunstancia excepcional, que no hace más que confirmar la regla. La regla es que el negro este por debajo y los años más recientes la han confirmado.

Por eso el artículo de marras, no es más que un intento neoliberal, de quitarle, de limpiar al capitalismo de las lacras del racismo.

El Día Cero y una carta al Presidente

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carta

A finales de febrero del presente año, muchos manzanilleros habían visto ya un vídeo relativo a la discusión en el Consejo de Ministros sobre la unificación monetaria, la reforma salarial y el impacto que tales medidas habrían de tener en los cubanos residentes en la isla; pues, el mismo había llegado a sus manos como generalmente llegan las cosas en estos tiempos: de mano en mano.

Después de visionar dos veces el material audiovisual y en soberano e impostergable ejercicio ciudadano, escribí y envié al regente nacional, a través de su cuenta de correo electrónico, mis consideraciones sobre el material; empero, la crisis desatada por la COVID-19 no solo suspendió, felizmente, lo que parecía inminente; sino, la atención que las autoridades daban a dichos temas. Era lógico, el sentido común indicaba que atender prioritariamente la inusual coyuntura era «sentido del momento histórico».

Sin embargo, tres meses después y como quiera que el escenario al cual estará abocado el país, a posteriori de la situación actual, llevará de la mano a enfrentar este y otros desafíos, es preciso una proactiva acción ciudadana no solo porque las propuestas necesitan evidentes ajustes antes de su puesta en práctica; sino, miradas y evaluaciones que traspasen lo meramente económico, ámbito que elevado en la actualidad a condición «demiúrgica» parece obnubilar el hecho de que este es creación humana y no a la inversa.

Ni ira ni abulia, ha de ser la máxima cívica frente a monumentales retos que conducen a la implicación de todos los ciudadanos con capacidad para ello, porque en verdad la diversidad de variables directas, indirectas e intervinientes, exigen mucho más que la discusión en cenáculos estatales; los cuales, por las dimensiones y amplitud de los factores que inciden en la vida social actual se verán sobrepasados. La experiencia histórica humana demuestra cuán amargo resultan las emanaciones desde tales conciliábulos.

No es que falte confianza, es que la gobernanza moderna requiere, si quiere perdurar, participación efectiva, inclusión verdadera y transparencia incuestionable, máxime cuando lo que está en juego son los medios y modos para reproducir la vida de manera digna y ello solo podrá lograrse con la implicación consciente de los afectados porque nadie puede ponerse en el lugar del otro; además, el  altruismo o el sentimiento de justicia emanado desde las estructuras de poder estará siempre mediada por una circunstancia vital: los hombre piensan como viven, no viven como piensan.

Es cierto, del mismo modo que la historia total resulta quimera, la justicia absoluta deviene ensoñación; empero, podríase esquivar el imposible acudiendo a una elección hipocrática: si no se puede hacer bien, tampoco debe hacerse daño.

La líneas, convertidas en carta al presidente cubano, son, como ejercicio intelectual y ciudadano, expresión de una creencia hecha pública en más de un sitio: la Revolución cubana y su experiencia gobernativa resultante, vista en perspectiva histórica, son lo menos malo que le ha sucedido al país; sin embargo, ello no puede hacernos perder el horizonte porque «lo malo», en su condición gangrenante, posee capacidad invasiva y puede terminar destruyendo todo el organismo.

Por tanto, ofrecer remedios y soluciones para mejorar y desestancar el medio: la Revolución, es una contribución directa al País: el fin, entidad existente antes de la revolución y que seguirá existiendo después de ella; no obstante, como dijera José Martí: «No debe abandonarse por descuido lo que luego habrá de reconquistarse a gran costa». Si es que logra reconquistarse.

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Manzanillo de Cuba, jueves 5 de marzo de 2020.
Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez.
Presidente de la República de Cuba.
Su Despacho

Presidente:

A mis manos llegó un vídeo que ya circula profusamente, por lo menos aquí en Manzanillo, sobre las medidas a adoptar para el saneamiento de la economía y el intento de hacer del trabajo la única fuente cierta, perdurable y constante de riqueza.  La reunión, presidida por el Vice-Presidente de la República Salvador Valdés Mesa y Marino Murillo Jorge, Presidente de la Comisión Permanente para la Implemetación y Desarrollo, se basó en diapositivas y las intervenciones principales de Betsy Díaz Velázquez, Ministra de Comercio Interior y de Margarita González Fernández, Ministra de Trabajo y Seguridad Social.

La Ministra de Comercio Interior expuso el estudio realizado para llegar a fijar la Canasta Básica de Bienes y Servicios de Referencia (CBBR) y el monto en dinero (1,528.00 Pesos Cubanos) para que una persona en la Cuba de hoy pueda cubrir las necesidades básicas con el objeto de reproducir su fuerza de trabajo y de media persona más, en el caso de los que trabajan; quienes soportan sobre sus espaldas, como bien dice el estudio, un peso extraordinario, pues deben, a veces, sostener a dos o tres personas más.

La Ministra de Trabajo y Seguridad Social, por su parte, abordó el tema de la transformación en los ingresos, especialmente el salario, pensiones y prestaciones, las condiciones básicas sobre las cuales estos se van a fijar y las afectaciones que, sin duda alguna, se van a sentir en algunos segmentos de la población cubana al eliminar subsidios y gratuidades; también las medidas y el procedimiento para paliar los efectos de las decisiones que se han de tomar a partir del llamado «Día cero».

Durante las 2 horas y 18 minutos que duró el material audiovisual, se escucharon intervenciones aclaratorias de Marino Murillo y del Vice-Presidente Valdés Mesa, las de este último relacionadas con los seminarios, la capacitación y que se seguirían buscando experiencias en América Latina, Europa y otros países.

Como cubano, comprometido con el destino de mi país y mi país, en este caso específico, son los hombres y mujeres que lo habitan, tengo dos preocupaciones y dos propuestas, ideas aderezadas con soluciones y posibles beneficios porque de nada sirve denunciar o alertar si no se ofrecen remedios.

PRIMERA PREOCUPACIÓN: Las medidas para paliar las afectaciones a más de un millón de personas, principalmente a mujeres amas de casa que realizan un trabajo extraordinario; pues, si las mismas se decidieran a hacer una huelga el país quiebra porque no habría quien lavara, quien preparara los niños para la escuela, quien cocinara, quien atendiera a ancianos y niños, ya enfermos o sin Círculo Infantil, etc… se deja a un mecanismo que, en teoría, debe dar una respuesta en 72 horas.

La experiencia cubana -no me interesa la de otros países en tanto deviene consuelo de tontos-, demuestra lo robusta y eficiente que es nuestra burocracia. El botón de muestra de un campesino que presentó su jubilación en enero del 2019 y murió en noviembre de ese mismo año sin poder disfrutar un derecho justamente ganado, habla de la ineficiencia e indolencia de un aparato sobre el cual ha de recaer, de sopetón, un aluvión de solicitudes y creo, ojalá me equivoque, este no cuenta con la actitud (voluntad) para hacerlo.

La experiencia es maestra de la pedagogía y no tenemos por qué creer que ahora será distinto.

SOLUCIÓN  A LA PRIMERA PREOCUPACIÓN: Es preciso engrasar y muy bien el mecanismo para dar solución, no respuesta, a un problema que tiene que ver con la vida de las personas. Cualquier dilación, indolencia, demora o negligencia es un acto contra la nación, su seguridad y pervivencia y en consecuencia debe ser juzgado.

SEGUNDA PREOCUPACIÓN: Estoy consciente que demorar es agravar; pero, la discusión del anteproyecto constitucional devino muestra de participación ciudadana. ¿Por qué no incluir en las consultas a economistas cubanos, sociólogos, politólogos, intelectuales y no solo de La Habana; sino, de otras partes del país para escuchar su parecer y tomar algunas ideas que puedan ser de utilidad? A fin de cuentas, se trata de decisiones que afectarán su vida y destino y no deben dejarse a un grupo de personas, por muy bien intencionados que sean.

SOLUCIÓN A LA SEGUNDA PREOCUPACIÓN: Ampliar a otros cubanos la discusión de las medidas a tomar; pues, esta pluralidad de opiniones, ideas y sugerencias, no solo puede dar más trigo y oportunidad de dar en el blanco; sino, involucrar a más personas con el natural componente de responsabilidad compartida, cualidad básica del gobierno colegiado.

PRIMERA PROPUESTA:  Subsidiar la canasta básica a niños y jóvenes hasta la mayoría de edad; o sea, los 16 años y pagar solo al trabajador lo que corresponde a la reproducción de su fuerza de trabajo; pues, si en su familia existiese alguien imposibilitado de trabajar, se le asistiría. Luego, si el hijo o los hijos acceden a la universidad, pagar, durante el tiempo que el hijo o los hijos estudien, el medio salario para ayudarlo a sostener al hijo o hijos que serán los futuros profesionales que demanda el país.

Esta decisión podría:

1.-Ser un estímulo a la maternidad en tanto aliviaría la tensión de los padres; quienes, solo podrán mantener con los nuevos salarios a 1,5 personas; o sea, a él mismo y sólo medio hijo.
2.-Si no se subvenciona la infancia y la juventud, estarán esperando, si ya no se hace, llegar a la mayoría de edad para empezar a trabajar y olvidarse de los estudios porque lo que hace falta es «ganar dinero», no prepararse para el futuro.
3.-Es esta una manera concreta de proteger personas y no productos, además de resultar una apuesta clara por el futuro y seguir demostrando el carácter humanitario y justiciero de Cuba.

SEGUNDA PROPUESTA: Mantener la actual tarifa de consumo de energía eléctrica para el sector residencial hasta los 500 KW; en tanto este es un bien vital para la sociedad moderna y porque en Cuba:

1.-La electricidad es la principal fuente de cocción de alimentos; además, en una casa no solo se cocinan alimentos, también se calienta o hierve agua por diferentes razones, básicamente sanitarias.
2.-Gran parte del solaz y entretenimiento del cubano está vinculado a la televisión, el vídeo o la escucha de música con dispositivos cuya alimentación es la electricidad.
3.-Diversas tareas hogareñas como el lavado, planchado y la limpieza (uso de turbinas) demandan del consumo de energía eléctrica.

No soy ajeno a la situación que atraviesa el país -vivo en él hace 53 años-, pero ello no turba mi vista ni mi razón y apuesto decididamente al postulado de una economía al servicio del hombre, no el hombre esclavizado por la economía.