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El aleteo de un cardumen

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El 27 de noviembre de 2020 será un día glorioso en la memoria de la cultura cubana –la verdadera cultura, no lo que priorizan las agendas políticas del Movimiento San Isidro o del Partido Comunista–. Será como Polvo en el Viento, la novela de Leonardo Padura que rompe records de ventas en España y no se menciona en el sistema de medios propagandísticos de izquierda y derecha que inunda la mayor isla del Caribe. Será romántico hablar de él y será inspirador regresar a él. Será como los jóvenes artistas cubanos quieran que sea.

Vamos a intentar llegar al fondo de un asunto que hasta este momento no tiene fondo. Calar los acontecimientos que han estremecido la sede central del Ministerio de Cultura de la República de Cuba en el Vedado habanero, es el objetivo de La Joven Cuba para fomentar una visión integral del contexto y los hechos.

Sobre las 20 horas del 26 de noviembre de 2020 un equipo de médicos y agentes de la Seguridad del Estado irrumpieron en la sede del Movimiento San Isidro donde se encontraban un grupo de jóvenes en huelga de hambre por la falta de garantías en el encierro de uno de sus miembros, el rapero Denis Solís.

Se llevaron a todas las personas que estaban allí con el pretexto de supuestas violaciones al protocolo sanitario de arribo al país por parte del periodista y escritor Carlos Manuel Álvarez. Sacaron a todos por la fuerza de la casa sita en Damas, No. 955, y los montaron en varios vehículos mientras un apagón de internet en la capital y en otras partes del país impedía seguir los acontecimientos.

Al cabo de 4 o 5 horas, la mayoría habían sido liberados. Ya estaban separados y dispersados, usando una excusa «sanitaria». La desarticulación del Movimiento San Isidro y su huelga de hambre fue eficiente. Digno es de reconocer que utilizar el enfrentamiento a la Covid-19 como motivo para ingresar en una casa y desalojarla, fue un pretexto inmejorable en medio de una pandemia, pero ningún chequeo profundo a un grupo de personas en contacto con otros dura tan poco tiempo, ni se hace con tal operativo policial.

La violencia ejercida contra este grupo de manifestantes mostró un método gubernamental que creíamos superado. Algunos artistas como Leoni Torres, Haydeé Milanés y Carlos Varela, publicaron en sus muros de Facebook mensajes de rechazo a la violencia ejercida por las autoridades. En paralelo, un grupo de jóvenes artistas cubanos habían visitado varias veces la sede del Ministerio de Cultura de Cuba para quejarse formalmente de los abusos de poder. Una vez enterados de los sucesos de San Isidro, con la premeditada vuelta a la normalidad del Internet, no perdieron tiempo y convocaron a una manifestación frente a la sede principal del MINCULT.

Los reunidos ya tenían su historia y no empezaron a nadar contra la corriente esa mañana. El Cardumen –así se hacían llamar– surgió desde los tristes acontecimientos acaecidos en febrero de 2020 con la Muestra Joven del ICAIC. La afiliación de cineastas involucrados o solidarizados con el desfallecer de la muestra, devino en un colegio de intereses contrarios a la censura y la marginación artística. En carta firmada el 23 de noviembre por 240 cineastas, dirigida a la AHS, a la UNEAC y al propio MINCULT, exigían a esas instituciones que mediaran en la situación del Movimiento San Isidro.

Ninguna posición firme nace de la nada. El contexto creado por la ola de violencia de la Seguridad del Estado y el cúmulo de censuras y atropellos recibidos por el gremio, les dio la fuerza a esos artistas para plantarle cara al sistema. Establecidos frente a la casona de la calle 2, entre 11 y 13, del Vedado, el grupo tenía un objetivo bien definido: hacerse escuchar. Las propuestas serían depositadas sobre la mesa del ministro y este debía emitir una respuesta inmediata a los reclamos.

11:00 a.m.: En un principio no eran más de 50, pero poco a poco llegaban y plantaban un saludo efusivo en el rostro de sus amigos. La masa era heterogénea y muy colorida. Los que tenían menos brillo en la piel vestían ligeros, el resto sudaba la gota gorda porque la sombra de los árboles del parterre no cubría a todos. Tatuajes, pitzers, tenis harapientos y gafas excéntricas configuraban el paisaje que tenía boquiabiertos a los vecinos.

3:00 p.m.: El dramaturgo Yunior García Aguilera y Camila Lobón, coordinadora del Instituto de Activismo Hannah Arendt, entraron a la sede del MINCULT para dialogar con el viceministro Fernando Rojas. Los jóvenes entraron nerviosos, pero entraron. Sus compañeros los despidieron también nerviosos, pero orgullosos.

Un aplauso colectivo generaba escalofríos y Cuba parecía estremecerse toda, desde Maisí hasta San Antonio. Hace 30 años –desde el proyecto PAIDEA– no existía un diálogo con las instituciones promovido por el gremio, mucho menos exigido por el gremio. El aleteo de «El Cardumen» empezaba a hacer historia.

Paradójicamente, quien atendió a los intrépidos artistas de PAIDEA cuando en pleno Período Especial plantearon cambios profundos en la política cultural del gobierno, fue Fernando Rojas. En aquel momento dirigente de la UJC, demostró dotes excepcionales para lidiar con las revueltas intelectuales y esa capacidad lo ha mantenido en altos cargos de la cultura por más de 25 años.

La gente pasaba y miraba a los muchachos sentados en el contén o en el muro de la reja gigante que tapiaba la sede del MINCULT. Las señoras empujaban sus gafas hacia abajo para ver en colores lo que no admitía matices de blanco o negro. Ver a cubanos en protesta ante una sede institucional de alto rango es un privilegio que no muchos han podido tener en los últimos sesenta años.

Varias manzanas a la redonda de esa cuadra de la calle 2 exhibían filas interminables de vehículos raros. Muchos tenían chapa estatal y no contaban con identificador en la puerta, algunos eran sospechosamente particulares y otros, abiertamente paramilitares. De estos últimos se bajaban personas vestidas de civil con guayaberas, pullovers de rayas o camisas a cuadros; caminaban juntos sin hablar una palabra hasta pararse en una esquina con los brazos cruzados sobre la ingle y clavaban sus ojos en la masa redentora y viril. Hasta ellos parecían asombrados.

Cuarenta y cinco minutos después salieron Yunior y Camila y todos se agruparon en torno con ansiedad. Rojas los invitó a reunirse con 40 de ellos en la cercana sala Adolfo Llauradó; los voceros del grupo propusieron un encuentro de todos los allí congregados con el ministro Alpidio Alonso Grau la próxima semana. A la masa no le sirvió ni una ni otra y empezaron a debatir qué opciones tenían.

Del debate salieron unos cuantos aplausos acompañados del grito « ¡Patio! ¡Patio!», para que los recibieran en el amplio jardín del ministerio. Uno se alteró de más e intentó posicionar la consigna: « ¡Respeten al pueblo, respeten al pueblo!» Ipso facto todos se alejaron de él y dejaron de aplaudir, lo que demostraba que el grupo quería mantenerse al margen de mensajes netamente políticos. Eso los fortalecía. Al focalizar sus reclamos en temas puntuales como el cese del acoso y el derecho al disenso, tendrían más posibilidades de ser escuchados.

El ambiente era muy tranquilo y muchos estaban sentados. Después de varias horas de pie, sin comer y a la intemperie, el cuerpo siente el cansancio. Algunos, los menos, llevaron agua o algún bocadillo. Algunos iban a comprar algo de comer o tomar y luego regresaban. Otros se fueron. La falta de experiencia en manifestaciones hizo que pocos se prepararan para largas horas en las cuales la resistencia física sería la dama a conquistar.

Sin embargo, la tendencia de la multitud era a incrementarse y solidificarse como una masa heterogénea, pero unida, como las demandas que leyeron a las 11:00 p.m. antes de que treinta representantes entraran al MINCULT para seguir el debate. Eran inclusivas y permisivas.

12:00 a.m.: Se estimaba en 300 el número de manifestantes y grandes personalidades de la cultura cubana que estaban presentes frente al MINCULT: Tania Bruguera, Julio Cesar Llópiz, Fernando Pérez, Jorge Perugorría, Carlos Lechuga, Mario Guerra, René de la Cruz y Ulises Padrón.

Fernando Pérez se paraba con la misma postura y facha que muestra José Martí en el retrato de 1891 en Jamaica: manos a la espalda, ropa cualquiera y mirada perdida.

Quitaron la electricidad en la zona y la cuadra se sumió en la total oscuridad. Los jóvenes se sentaron. La maniobra apagonera del gobierno tuvo una respuesta inmediata: con una guitarra cantaron El breve espacio, de Pablo Milanés, y hasta la frase revolución somos tú y yo fue rapeada a golpe de las seis cuerdas.

La policía política vestida de civil comenzó a internarse en el conjunto y empezaron las provocaciones. La cordura premió a la multitud y convirtieron a las canciones en el mejor antídoto para frenar la maniobra. Fueron corajudos e impenetrables, fueron cubanos de antaño.

2:00 a.m.: Los representantes salieron del ministerio y Yunior García leyó los principales acuerdos tomados:

  • Se va a abrir un canal de diálogo con las instituciones.
  • Se van a interesar por las situaciones de Denis Solís y Luis Otero Alcántara con urgencia.
  • Se va a organizar una agenda de trabajo múltiple con propuestas de temas por ambas partes –todos los temas culturales con todos los artistas cubanos–.
  • Se va a revisar la declaración de la AHS a raíz de lo acontecido con el MSI.
  • Podrán reunirse en los espacios independientes sin ser hostigados.
  • Se abre una tregua con los espacios independientes.
  • A partir del miércoles de la semana que viene el ministro de Cultura, Alpidio Alonso, se va a reunir con el grupo y otros artistas que quieran incorporarse.
  • Se garantiza la dispersión total de los manifestantes sin que interfiera la policía que rodeaba el lugar.

Los representantes del grupo explicaron a los funcionarios el hostigamiento que recibe cualquier variante de arte independiente dentro de la Isla y abogaron por el cese inmediato de ese actuar gubernamental.

El grupo de manifestantes va a seguir activo y con sus integrantes conectados. El colectivo seguirá abierto al debate a través de las redes sociales para llevar propuestas concretas a los encuentros con las autoridades. Con los acuerdos tomados se elaborará un comunicado oficial para que todos puedan consultar la información.

Cuando Fernando Pérez y Jorge Perugorría atravesaban el portón de la verja del Ministerio, el grupo reunido ante ellos comenzó a cantar el Himno Nacional. Fernando se lamía el bigote mientras entonaba la histórica arenga al combate, pero sus ojos seguían igual de tristes. Hay cosas que no sanan con una simple reunión.

En articulación plebeya

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articulacion
Foto: Envato

Noviembre 27, 2020

Hemos seguido con atención los sucesos de los últimos días y ahora en el Ministerio de Cultura en La Habana. Los que abajo suscribimos la presente declaración, concurrimos desde posiciones diversas, pero movidos por una demanda ética compartida de rechazo a toda acción estatal violenta. Estas son ideas y propuestas de ciudadanos que quieren acompañar y participar en el diálogo a pesar de no estar físicamente.

Todos los saberes comprometidos con el bien de Cuba y la conservación de la soberanía nacional, la independencia y la integridad de la patria, son bien recibidos.

Nuestro horizonte es crear una referencia ética, política, humana, de justicia social, de inclusión, de democracia, de rechazo a todas las formas de discriminación, para posibilitar un ambiente de diálogo y reconciliación en Cuba y en todos los lugares del mundo donde vivan cubanos y cubanas.

Por la realización plena de la República democrática, la legalidad, el Estado de Derecho y los derechos humanos para todos y todas, por el respeto al pluralismo político, por la reconciliación con el medio ambiente y con la vida, por la paz y el bienestar humanos, pedimos: que se cumpla el cronograma legislativo violado y la disposición constitucional transitoria decimosegunda, y que se revise la constitucionalidad de todas las normas de inferior jerarquía que contradigan la Constitución y el desarrollo de un modelo propio de Estado de Derecho, sus derechos, libertades y garantías.

Creemos indispensable crear puentes de diálogo, en un primer momento en la sociedad civil cubana, tal como vemos en esta experiencia espontánea y autónoma de organización en los exteriores del Ministerio de Cultura, para avanzar hacia el consenso con otros sujetos sociales.

Creemos necesario fomentar una cultura cívica de respeto por los derechos humanos y de relación fraterna, que supere el lenguaje político polarizante, como condición para la superación de todas las formas de violencia y desigualdad.

Será muy importante que esta articulación tenga alcance nacional y transnacional, y la diversidad de ideologías y credos.

Rechazamos cualquier acción violenta y represiva, y reivindicamos el respeto a los espacios de diálogo dentro del marco de las leyes y la constitución. Nuestra vía es pacífica, confrontacional, pero mediante el diálogo.

Suscriben la presente, en articulación plebeya,

    1. Ahmed Correa Álvarez
    2. Alina Bárbara López Hernández
    3. Amalia Pérez Martín
    4. Eloy Viera Cañive
    5. Julio Antonio Fernández
    6. Lilian Rosa Burgos Martínez
    7. Mario Juan Valdez Navia
    8. Michel Fernández Pérez
    9. René Fidel González García
    10. Aaron Casas
    11. Abel Somohano
    12. Adiel González Maimó
    13. Adrián Fuentes Mederos
    14. Adriana Choy León
    15. Ailynn Torres Santana
    16. Alain Espinosa Santana
    17. Alberto Álvarez García
    18. Alejandro Arango Milán
    19. Alejandro Mainegra Reyes
    20. Alejandro Ruiz Chang
    21. Alex Correa Iglesias
    22. Alexander García Milián
    23. Aliet Arzola Lima
    24. Alina Castillo Domínguez
    25. Alina Fraguela
    26. Aloima López Cotarelo
    27. Álvaro Pixa Aliaga
    28. Amado R. Díaz Velázquez
    29. Amanda Chang Pages
    30. Amaya Álvarez González
    31. Amel Martínez
    32. Ana Beatriz Santana
    33. Ana Isabel Moras
    34. Ana Leyva Dehesa
    35. Ana Margarita Moras Puig
    36. Anidelys Rodríguez Brito
    37. Aram Zaldívar Rodríguez
    38. Aramis Milan Palomo
    39. Ariel Dacal
    40. Armando Chaguaceda
    41. Atelier Morales
    42. Atilio Caballero
    43. Aymara Aymerich
    44. Beatriz Batista
    45. Beatriz Rosales Vicente
    46. Beatriz Valdés
    47. Camila Cabrera Rodríguez
    48. Camilo Correa
    49. Camila Hernández
    50. Caridad Díaz Beltrán
    51. Carlos Alzugaray
    52. Carolina de la Torre
    53. Claudia Karina Ricardo Samada
    54. Claudia Rodríguez Herrera
    55. Claudia Sánchez Silva
    56. Claudia Uria Gómez
    57. Dailyn Llerena
    58. Dairis Gómez
    59. Danae C. Dieguez
    60. Danae Mora
    61. Danilo Pérez
    62. Dante Roche Álvarez
    63. David Corcho
    64. Daylen Rodríguez Hernández
    65. Deyni Terry Abreu
    66. Edel Figueredo Cruz
    67. Edmundo del Pozo
    68. Eduardo Carmelo
    69. Eduardo Llorens Núñez
    70. Eduardo Pita Yglesias
    71. Eduardo Sánchez González
    72. Elaine Acosta
    73. Elaine Díaz Rodríguez
    74. Elaine Morales Fraginals
    75. Enrique González Castello
    76. Enrique Guzmán Karell
    77. Ernesto Estévez García
    78. Ernesto Javier Fernández Zalacain
    79. Ernesto Pablo Carulla
    80. Esther Suárez Durán
    81. Evarina Deulofeu Zamorano
    82. Fiodor Rodríguez Mancebo
    83. Gabriela Victoria Santos
    84. Geidy Guzmán Gibert
    85. Georgina Rivero Dubié
    86. Gessler Camilo Toscano Orbea
    87. Gisela Daesa Gallo
    88. Gladys Marel García Pérez
    89. Glenda Caridad Boza Ibarra
    90. Grettel Morales Quevedo
    91. Grisel Cristina Antelo
    92. Grisell Monzón
    93. Gustavo Arcos Fernández-Britto
    94. Hans Carrillo Guach
    95. Harold Cárdenas Lema
    96. Haroldo Dilla
    97. Hilberto Nistal Zaldívar
    98. Hiram Hernández Castro
    99. Indra Cantillo
    100. Ingrid Ravelo
    101. Ingrid Rodríguez Escalante
    102. Inti Santana
    103. Isyoen Díaz Bequer
    104. Ivet García González
    105. Ivet González Lemes
    106. Jagger Zayas Querol
    107. Janis Reyes
    108. Javier Jiménez Alemán
    109. Jessica Abreu Matos
    110. Jessica Castro Burunate
    111. Jessica Domínguez Delgado
    112. Jesús Arencibia Lorenzo
    113. Johanna Cilano
    114. Jorge Ferdecaz
    115. Jorge González Arocha
    116. Jorge Luis Marrero Carbajal
    117. Jorge Morejón Guillama
    118. Jorge Peláez
    119. José Antonio Arias
    120. José M. Bande
    121. José Manuel González-Rubines
    122. José Otoniel Vázquez Monnart
    123. Juan Carlos González
    124. Juan Carlos Suarez Peña
    125. Juan Esperon Díaz
    126. Julián Bravo Rodríguez
    127. Julio César Guanche
    128. Julio Martínez Rivas
    129. Kaloian Santos Cabrera
    130. Karel Negrete Vázquez
    131. Katia Valdés Berrocal
    132. Kyn Torres
    133. Laura Moras Artidiello
    134. Lázaro González González
    135. Ledanis Contreras Valles
    136. Legna Otero Hernández
    137. Leidys Cordero Ferrer
    138. Leonardo M. Fernández Otaño
    139. Leordanis Hernández
    140. Lesly Jorge López
    141. Lídice Migueles Vilariño
    142. Lidice Soñora
    143. Liliam Marrero
    144. Lissette Bustamante García
    145. Livio Delgado
    146. Lorenzo Alejandro Blanco Valdés
    147. Lydis Sandianes
    148. Lynnard Sarduy Díaz
    149. Mabel Cuesta
    150. Malem Rodríguez Pájaro
    151. Manuel García Pérez
    152. María Idalia Gibert González
    153. María Isabel Alfonso
    154. María Karla Fernández Pérez
    155. María Santucho
    156. Mariela Pentón Machado
    157. Mariela Porro Fernández
    158. Mario Armando Morales Pacheco
    159. Mario Oscar Llerena
    160. Maritza Hernández
    161. Martha Ballon Sosa
    162. Martin García Rodríguez
    163. Mauricio de Miranda Parrondo
    164. Maylin Inerairitis Hernández
    165. Maysel Bello Cruz
    166. Melmarys Mora Hernández
    167. Miguel de Oca
    168. Mila Rodríguez
    169. Milena Antón Torres
    170. Milena Recio
    171. Mirelia Pérez Sánchez
    172. Mirlis Reyes Salarichs
    173. Miyelis Souto
    174. Mónica Baró Sánchez
    175. Mónica Leyva
    176. Mylai Burgos Matamoros
    177. Myléne Mylu M.
    178. Nelson Aboy Domingo
    179. Néstor Campos Bruzón
    180. Néstor Fernández Chacón
    181. Nilda Bouzo
    182. Niurys Silva
    183. Nivia Marina Brismat
    184. Odette Fernández
    185. Olaysi Pérez Machado
    186. Olga Peláez
    187. Oscar González
    188. Oscar Luis Moret
    189. Otmaro Rodríguez
    190. Pedro Calderón
    191. Pedro Enrique Rodríguez Uz
    192. Pedro Pérez
    193. Rafael Baró Pérez
    194. Ramón García Guerra
    195. Randys Alfonso Díaz
    196. Raydel Tundidor Camba
    197. Rene Javier Domínguez Morales
    198. Renier Estevez
    199. Rigel Fernández Valle
    200. Roberto González Felipe
    201. Roberto Ramos Mori
    202. Rocío Baró Guerra
    203. Roger Grau Ricardo
    204. Rolando Peña Altamirano
    205. Romy Díaz
    206. Rosa Muñoz Kiel
    207. Rosario María Cruz Matos
    208. Salvador Salazar Navarro
    209. Samuel Burgos Martínez
    210. Sarahi Amorós Ramos
    211. Saskia Muguercia González
    212. Sayuri Martinez Ishikawa
    213. Sergio Acosta Peña
    214. Sergio Miguel Castillo Díaz
    215. Tahimi Arboleya Delgado
    216. Tamara Pérez Díaz
    217. Tania Menéndez Collazo
    218. Teresa Aguiar
    219. Teresa Díaz Canals
    220. Wilfredo Cancio Isla
    221. Xiomara García Machado
    222. Yampier Durañoa
    223. Yanet Rodríguez
    224. Yelanis Hernández Fuste
    225. Yerisleydys Menéndez García
    226. Yoan Rivero Olivera
    227. Yoelkis Torres
    228. Yudith Vargas Riverón

MIPYMES: licencia para hacer

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No debe ser responsabilidad del Estado manejar hasta el más mínimo detalle de las redes gastronómicas. Las experiencias privadas en ese sector son muy positivas (Foto: EFE/Alejandro Ernesto)

Hablemos de MIPYMES. La opción cero consistía en declarar un estado de «sálvese quien pueda», «búsquese la vida», «cace su comida», «acarree agua desde un río y quite los marcos de puertas y ventanas para hacer leña, alumbrarse y cocinar». Puede parecer la trama de un libro post apocalíptico, pero en la década de los noventa estuvimos a un paso

¿Por qué nos salvamos? Porque el país se reinventó, se implementaron nuevas política económicas: primero, la inversión extranjera y la total apertura al turismo; luego, la legalización de unos pocos negocios por cuenta propia, y, cuando hizo falta, la ampliación de ese trabajo hasta convertirlo en un cuasi sector económico.

Fue una evolución progresiva y necesaria, que se iba renovando a medida que hacía falta, una revolución en la economía hasta ese momento híper-regulada y centralizada de la Isla. Pero en algún momento se detuvo la inventiva y, aunque hacía falta y las fuerzas productivas estaban maduras y la psicología individual estaba lista, no se dio el siguiente paso, ese que pudiera ayudar a convertir la economía cubana en economía funcional: la implementación de un verdadero sector privado, encarnado en las micro, pequeñas y medianas empresas, o MIPYMES.

No se trata de un tema actual ni surgió de la crisis generada por Trump y el coronavirus –o Coronatrump directamente–, sino que es un tema más antiguo que el patógeno y el magnate –valga la redundancia–, y que, con la tragedia económica devengada, toma vigencia nuevamente. Es necesario repensar nuestras formas de gestión y las MIPYMES son una respuesta lógica y una evolución natural a lo que se ha venido haciendo en Cuba en materia económica, porque estas no entran en contradicción con el modelo socialista, al contrario, pueden aportarle mucho.

No se trata de potenciar una oligarquía ni fundar grandes consorcios privados. Las MIPYMES pueden dividirse en tres grupos: microempresas, con sólo 10 trabajadores; pequeñas empresas, que pueden emplear hasta 50 trabajadores; y mediana empresa, que pueden tener en nómina hasta 250 empleados. ¿Por qué no se implementa esta forma de gestión?

Quizás sea temor gubernamental. Si es así, es un temor basado en la política y no en la economía –sin desestimar la primera–. A la vez, los medios de difusión nacionales promueven comprensibles campañas a favor del trabajo digno y honrado y del crecimiento económico que este traería a la sociedad, pero en Cuba actualmente existe un proto-modelo del sector privado, muy rudimentario, llamado trabajo por cuenta propia (TPC), que no tiene la capacidad de ofrecer desarrollo económico real al país porque, amén excepciones –y las hay–, el trabajo por cuenta propia no rebasa lo micro, ni tiene una perspectiva de desarrollo más allá de la subsistencia.

Por demás, no logra el abaratamiento de los costos, ni la generación progresiva de ingresos. Entonces, el TCP tiene una influencia muy limitada en el crecimiento económico nacional.

Una de las cosas que más lastran esta forma de gestión es el sistema de licencias, restringido y muy caprichoso, ya que la emisión o no de estas, muchas veces obedece a misteriosas políticas estatales y no a la importancia de la misión social de un negocio o a la generación de bienes.

Así sucede que si se te ocurre una idea o un producto innovador que cubrirá una demanda y aportará al país por concepto de bienes, impuestos y puestos de empleo, debes cruzar los dedos de las manos para que esté tipificado en la lista de licencias. Si lo está, cruzar entonces los dedos de los pies para que no esté sujeta a restricciones. De lo contrario, ¡quieto!, o estarás contraviniendo leyes y serías, por definición, en vez de un emprendedor, un delincuente. Así de escuálida es la frontera entre los dos términos.

Por otra parte, el sector estatal tampoco es todo lo productivo que pudiera. Para empezar, cuenta con un superávit de trabajadores, y este es uno de los pocos casos donde superávit no significa nada bueno. Este exceso de plantilla quedó demostrado con el advenimiento de la epidemia –la viral, no la presidencial republicana– cuando quedaron cesantes temporalmente centenas de miles de trabajadores –con remuneración, por supuesto– y el aparato estatal siguió funcionando como antes.

Claro que cantidad y calidad aquí son términos sin relación alguna y se pagan miles de salarios de más y a cada trabajador estatal, según la matemática euclidiana de pañoleta azul, le tocan miles de pesos menos.

Este exceso de nóminas saltará con la inflación resultante de la unificación monetaria, que obligará a las empresas estatales a prescindir de muchos trabajadores. Por supuesto, la política no puede ser tirarlos a la calle, el deber estatal sería ofrecerles ayuda económica y, en resumen, seguirían siendo asalariados del Estado, vía seguridad social, con la curiosa característica de que no trabajarían.

La implementación de las MIPYMES podría emplear a esta masa laboral, experimentada y en muchos casos con altos niveles de formación –incluso el proto-sector del TCP, con todas sus limitaciones, redujo el clásico empleo estatal a un 75% en sólo una década–. A la vez, los trabajadores que queden en el sector estatal podrán asumir de forma menos traumática la inflación, ya que la remuneración por su trabajo se incrementaría al disminuir la responsabilidad estatal de pagar miles y miles de nóminas improductivas.

En esencia, uno de los mayores beneficiarios de la completa implementación de las MIPYMES sería el propio Estado. Se establece aquí una relación simbiótica entre ambas formas de gestión que se aleja mucho del pensamiento tradicionalista que opone lo estatal a lo privado.

Las MIPYMES pueden llegar a ser generadoras de innovación científica y grandes bancos de soluciones en cuya búsqueda se desangra el país, muchas veces sin encontrarlas, con un coste económico y político prohibitivo y, en este momento, peligroso. Manejar hasta sus últimos resquicios las redes gastronómicas y comerciales; ser el responsable de cada complemento, objeto y pieza, no debe ser –excepto donde sea pertinente– la labor del Estado.

He aquí la causa de una hemorragia que luego se nota en la anemia de sus verdaderas responsabilidades, a saber, la salud, la educación, la seguridad social, la explotación y el manejo de los recursos del país, la industria farmacéutica, el medio ambiente, la seguridad de sus ciudadanos.

La implementación completa de las MIPYMES puede liberar a la dirección del país de deberes fútiles y reorientar la voluntad política y las cuentas nacionales hacia donde pueda potenciar con más eficacia el socialismo, que no es precisamente en una cafetería, ni en una fábrica de conservas. He ahí otro aspecto a tener en cuenta a la hora de hablar de simbiosis y sinergia entre las formas de gestión.

El tema no es que el Estado cubano considere al mercado como protagonista de la economía. Sería una contradicción con el modelo socialista, además, el rotundo fracaso del Bloque del Este, mal aplicando este híbrido –con más política entonces que economía– les sirvió de ejemplo a los legisladores y economistas cubanos para saber lo que no se debe hacer. 

No obstante, no parece haber tal contradicción entre el modelo socialista y las formas de gestión de las MIPYMES, que sí han mostrado excelentes resultados en otras partes del mundo, tanto en países socialistas como capitalistas. Por supuesto, estos países responden a otras realidades y la implementación de esa forma de gestión encierra ciertos peligros, como el del surgimiento de una pequeña burguesía, por ejemplo.  

Es algo que debe manejarse con inteligencia, pero es mucho más peligrosa la burguesía informal e invisible que ya existe, cuya única materia prima es la incómoda posición económica en que se encuentra el país desde hace décadas, la improductividad, el desabastecimiento. Entonces, lo ideal, lo inteligente, lo justo, sería quitarles la materia prima, desabastecerlos, y si de tipificar licencias se trata, tipificar una sola: la licencia para hacer.

Para articular la ciudadanía por el Estado de Derecho en Cuba

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ciudadania
Si usted lucha por los derechos y las libertades, lo hará para todos y tendrá que enfrentar siempre al odio

1. Para encontrar y reunir a los que creen en lo que usted cree, tiene que ser capaz de decir en lo que cree claramente y sin desfallecer. Ellos, probablemente, no han tenido sus mismas experiencias, ni piensan igual a usted en distintas cuestiones, pero creen en lo mismo que cree.

2. Para lograr la atención de los que son o han sido siempre indiferentes a lo que cree, tienes que ser capaz de decir serenamente por qué cree en lo que cree. Nadie es absolutamente indiferente cuando se convierte en un espectador. A veces, basta con eso para lograr el cambio: la injusticia puede transformar al indiferente, pero la serenidad le hace respetar.

3. Para entender a los que adversan lo que cree, el porqué de su posicionamiento y argumentos, tiene que ponerse en el lugar de ellos. La empatía es el kilómetro cero del diálogo.

4. Para ofrecer respeto a quienes adversan a lo que cree, tiene que entender que las personas no son, ni acaban en la diferencia de opinión política que se tienen.

5. Para recibir el respeto de los que adversan, son indiferentes, o comparten lo que cree, debe lograr ser siempre consecuente y coherente con las ideas que defiende. No puede simplificar o hacer parecer vulgar y caprichoso su comportamiento y esperar a cambio respeto. Todo tejido es siempre un resultado de la constancia. Todo proceso expresa una voluntad –o muchas– sostenida en el tiempo.

6. El dramaturgo alemán Bertolt Brecht escribió: «El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo?». Ser protagonista de algo no es lo mismo que alimentar su ego. Este suele ser realmente insaciable. No lo subestime, pues acabará haciendo únicamente eso y se quedará solo. Haga entonces su parte con humildad, después de todo, el placer es siempre íntimo.

7. Ser (parte de) una minoría (política) no es lo mismo que estar en minoría. Lo primero puede procurar una identidad, lo segundo es siempre una circunstancia. No lo olvide cuando logre alcanzar estar en mayoría. Tampoco olvide que una cosa y otra son muchas veces el resultado de sus propias prácticas: es posible escogerlas. Sea consciente de ello.

Por eso, absténgase de amenazar a otros con convertirlos en una minoría o de intentar proscribirlos y limitarlos en sus ejercicios ciudadanos cuando usted llegue a ser la mayoría. Si lo hace, no importa cuánto tiempo tarde, sus ideas dejarán de ser para hacer el bien y acabarán siendo ideas para hacer el poder. 

Es conocido que el poder corrompe. También que el poder absoluto corrompe absolutamente. Pero es menos conocido que la ausencia de poder corrompe, y que la ausencia absoluta de este corrompe también absolutamente. 

Un maestro le preguntó a sus alumnos, dibujando círculos en el talco que cubría el sendero: «No se trata de la mayoría sobre la minoría; menos, de la mayoría contra la minoría, ni viceversa. Se trata de la mayoría junto a la minoría. Se trata de la mayoría con la minoría y viceversa. ¿Hablo de la política, de la democracia, de ambas cosas, o de lo que es posible?».

8. Es imposible negociar si no se tiene un propósito y no se está dispuesto a ceder en todo lo superfluo e intrascendente a este. Relájate. Ciertos dogmas policiales afirman que no se negocia con terroristas, por eso es necesario distinguir entre los propósitos y las circunstancias del otro, y si se puede, cambiarlas. Sea paciente y perseverante.

9. Si no puede escoger o aplazar la batalla, haga su mejor esfuerzo antes de librarla, despliegue todos sus recursos, banderas y fuerzas. Nunca las divida o disperse, reúnalas. Si logra vencer en ello, vencerá en todo. Es posible que cuando llegue el día, encuentre abandonado y vacío el campo del desafío. Si así no fuera, es seguro que dará siempre una impresionante pelea. Ese será su prestigio, pero también una senda por la que sus ideas serán descubiertas por una nueva generación.

10. Ame, no se canse de amar. Es lo único que lo hará realmente libre. Cuando se quede solo o sea derrotado, amar lo hará volver a la pelea y, si no, será su paz. De todo lo que se pierde es lo único realmente importante.

11. No discrimine a sus aliados, pero sea firme y conozca sus propósitos. Nadie apoya un ejército en desbandada o vacilante, pero confundir a los enemigos con aliados es lo único peor a estar solo o a ser derrotado. Si lo hace, no será traicionado, se habrá traicionado usted mismo. Recuerde que lo único que fragua la unidad, al menos por un tiempo, es la victoria. Triunfe.                   

12. La unidad no es una exigencia, es una oportunidad, ofrézcala. Si tiene que exigirla es porque apenas logrará por un tiempo –alguna vez– la obediencia. Saber que solo se puede unir lo diferente o separado, es un buen dato para entender la unidad.

Es preciso rehacerla, renovarla, pues la unidad es dinámica y perecedera. Esto es peligroso y evitado por los que cultivan el poder adquirido, pero cualquier cosa que pueda ser dañada por el pétalo de una flor no debería recibir el nombre de unidad. Es, acaso, una coreografía o peor, una escenografía hueca.

13. El poeta José Luis Martín Descalzo escribió: «Llego, dolor, a donde tú no alcanzas. Yo decido mi sangre y su espesura. Yo soy el dueño de mis esperanzas». Es importante escoger. Insisto. Hágalo. Por eso ponga a un lado todo lo que le estorbe a su propósito, lo que le lastre: rencores, odios, heridas abiertas, humillaciones, las memorias desgraciadas. Decídalo. Luche.

Como afirmara un joven filósofo crítico del Derecho, desde México: «La visión de los vencedores sigue intacta, y no va a cambiar por la de los vencidos en un acto de reflexión o de compasión. Ni en un ejercicio ético o lingüístico. La visión de los vencedores prevalecerá hasta que sean vencidos».

Cada derecho conseguido es un paso hacia ello. Derróteles. Siempre se paga un precio, hágalo: no hay forma de conseguir o defender los derechos y las libertades mendigándolas, pero tampoco odiando.

Esto no es un dilema, es una cuestión de principios. El odio puede ser usado y convertido en casi cualquier cosa, incluso en un privilegio, incluso en un arma, pero no olvide que el odio es en realidad un detritus, nunca un derecho, menos una libertad.

Si usted lucha por los derechos y las libertades, lo hará para todos y tendrá que enfrentar siempre al odio, no lo olvide. Está advertido: el odio contagia y se reproduce. Es el precio que no podrá pagar: luchar por principios no es nunca, ni se trata en ningún caso, de una lucha entre los principios sin poder y el poder sin principios. Consérvelos.

Un hombre sabio dijo una vez: «Mientras más fuertes sean, más flexibles podrán ser con sus principios; mientras más débiles sean, más coherentes con ellos deberán ser». La flexibilidad es un arte; la coherencia, disciplina. Ninguna de las dos son posibles sin la constancia en el aprendizaje. Aprenda siempre. Regino Boti, el bardo oriental, confesaba: «Yo soy mi diamante, yo tallo mi diamante, yo hago arte en silencio».

14. Como escribiera Erich Fromm: «Tener esperanza significa estar listo en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida». Esté listo, no se desespere, pero dele sentido a la única vida que tiene. No dude. Es lo que cuenta al final.

Día cero: el momento bisagra de Cuba

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La incapacidad del sector productivo para abastecer la demanda interna es uno de los grandes problemas que debe resolver la economía cubana (Foto: Yamil Lage/AFP/Getty Images)

Después de largos años de hacer oídos sordos a los que abogamos por la reunificación monetaria y cambiaria, o posponer una y otra vez la decisión de hacerla, parece que ahora es inminente el Día Cero. Para la economía cubana se trata de lo que los ecologistas llaman un «momento bisagra» en el devenir, tanto del planeta todo, como de países, familias, o personas. Ese en que la línea de desarrollo que se venía siguiendo –para bien o mal? tuerce el rumbo y queda abocada a escenarios radicalmente distintos.

Como bien se ha señalado por altos funcionarios y expertos, la apuesta fundamental es a que, tras ese momento, no se desate una espiral inflacionaria descontrolada que desarticule el aparato productivo y comercial del país y dificulte aún más el consumo social y familiar. La mayor amenaza es que se combinen cuatro jinetes del Apocalipsis –palabra griega que significa develamiento, no destrucción ni extinción, como se suele interpretar– capaces de sumir a Cuba en una verdadera tormenta perfecta: devaluación del peso, incapacidad del sector productivo para abastecer la demanda interna, disminución de los ingresos en MLC y mengua de las importaciones.

La devaluación del peso ha sido declarada como el objetivo de la reunificación, sin precisar si se trata solo del estatal, que se cambia 1×1 con el CUC, o también incluye el de las personas naturales que lo hace a 25×1. La tasa que se apruebe el día cero debe estar entre esas dos, pero aún no se conoce. Luego habría que ver a cuanto llegará a colocarse el peso respecto al USD, pues de ahí dependerán los precios del mercado libre y del negro –ignorado oficialmente y poco estudiado–.

La entrada de USD con el reinicio de remesas, vuelos y turismo es necesaria para compensar tal desequilibrio, de lo contrario podríamos rebasar los topes de 150-180 pesos por dólar de los años 1993-1994.

Los déficits en la producción para el mercado interno constituyen la variable dependiente sobre la que más se puede influir a partir del día cero. El problema es que las medidas previas que podrían blindarnos ante esta amenaza latente no se acaban de tomar. Mejor dicho, de aplicar, porque casi todas están previstas en los documentos aprobados por el gobierno/Partido/Estado, las publicaciones de los especialistas y la opinión popular, expresada en múltiples asambleas desde hace más de una década, como mínimo.

Entre ellas sobresale la aprobación de una Ley de empresas, que incluya una mayor autonomía y poder de decisión para los colectivos obreros, ampliación del TCP y la creación de las mpymes, tantas veces reconocida de palabra y nunca aceptada ?ni de hecho ni de derecho–. Solo poniendo a competir en el mercado a los diferentes sectores económicos en igualdad de condiciones, podrá funcionar una economía mixta nacional.

En eso nadie puede influir desde fuera, pero los intereses egoístas creados dentro han ganado hasta ahora la apuesta por prohibirlo.

La disminución de los ingresos en MLC y, con ello, de la capacidad importadora del país es más difícil de resolver. Cuando era niño, a inicios de los 70, recuerdo que el tropel de mercancías de todo tipo que fluyó del campo socialista llenó súbitamente almacenes, mostradores y vidrieras que llevaban años en la inopia. Esto contribuyó decisivamente a equilibrar la oferta-demanda y pronto los precios bajaron a niveles asequibles a la mayoría y se estabilizaron. Ahora, sin países que otorguen créditos blandos y precios preferenciales, es un escenario inconcebible.

No obstante, al menos dos cosas se podrían hacer de inmediato: conceder patentes de importación a las guerrillas comerciales que han demostrado su eficacia para abastecer el mercado interno. No prohibir, sino legalizar a los buhoneros cubanos —que por algo recibieron hasta una licencia del presidente de Panamá para viajar libremente a hacer sus compras en la Zona Libre del Canal–.

Lo otro sería otorgar franquicias para operar en el mercado interno cubano a firmas comerciales de países que son grandes mercaderes mundiales, como China, Rusia, Irán, España, etc.

Crear tiendas en MLC como solución al déficit de ingresos frescos del Estado ha sido una burla a la prometida reunificación monetaria y a la mayoría de los consumidores, que solo reciben ingresos en pesos. La divisa cubana es una sola, y la búsqueda y obtención de las internacionales debe hacerse en el sector externo, o con la exportación en fronteras. Hacerlo en el mercado interno es seguir opacando nuestra moneda y violando los derechos económicos más elementales de los trabajadores cubanos.

Con la contracción de la exportación de servicios médicos y turismo, y la consiguiente falta de liquidez del país en MLC, se deben emplear otros métodos. Si no se aplicaron las reformas necesarias durante el auge de los gobiernos populares en América Latina –la llamada Década Ganada?, ni durante el deshielo del gobierno de Obama, ahora hay que buscar y encontrar nuevos derroteros para salir adelante en la postnormalidad.

Lo otro sería hacer más de lo mismo y rezar para que la administración Biden nos quiera bien y decida ampliar el comercio y las visitas a cambio de nada. Como no creo en ninguna de las dos opciones, sostengo que hay que aprovechar el actual momento bisagra y el día cero para enderezar el rumbo sobre bases propias, aunque se lastimen los intereses de los que consideran que así todo marcha a pedir de boca y que es preferible continuar esperando por las calendas griegas.

La libertad de expresión

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La libertad de expresión es el nervio central de un Estado democrático de derecho (Foto: solidcolours/Getty Images/iStockphoto)

La libertad de expresión, ciertamente, no es una entelequia, tampoco es un concepto ideológico, es un derecho fundamental.

¿Qué les dice esto?

«Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva». Constitución de la República, Artículo 1.

¿Y esto?

«El Estado reconoce, respeta y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresión». Constitución de la República, Artículo 54.

La ley no es un juego de palabras cuyo significado se puede cambiar con el discurso, por muy apasionado que sea, porque dejaría de ser ley. No se puede decir, imbuido en euforia patriotera: «a este caso sí y a este no»; salvo que sea porque uno sí, y otro no, constituye el hecho o situación que condiciona la aplicación de la norma. Eso puede que no lo sepan los legos, por muy cultos que sean, pero no lo deben ignorar los juristas que aplauden.

Las leyes son, en sí mismas, una expresión concentrada de la política, el derecho es la voluntad de la clase dominante erigida en ley. Lo dice el Manifiesto Comunista. No caben, entonces, reinterpretaciones políticas sobre la manifestación política que es la ley, mucho menos, sobre la más política de las leyes, que es la Constitución.

Concretamente, ahora no se pueden aparecer algunas damas y caballeros, como han aparecido por las redes, y no tarda que en otros medios, a decir que el artículo 54 de la Constitución no dice lo que dice. O sí, lo pueden hacer, pero en tal caso no pueden afirmar que nuestro Estado es un Estado de derecho.

También pueden criticar la democracia, como concepto y como práctica, pero no pueden expresar que la categoría democrático, que también se utiliza en el artículo 1, antes visto, no es lo que esa categoría significa jurídica y filosóficamente, porque lo que habría que cambiar no sería su concepto, tan frecuentemente vilipendiado, sino su práctica, su ejecución; no justificando, con el mal de otros, hacer mal también.

La libertad de expresión no tiene otro contenido y alcance que no sea el que, con letra clara, establece el artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, firmado –no ratificado aún– por Cuba el 28 de febrero de 2008, ocasión en que declara que los derechos protegidos en ese pacto están consagrados en la Constitución de la República y en la legislación nacional; y que las políticas y programas del Estado garantizan el efectivo ejercicio y protección de estos derechos para todos los cubanos.

Entonces, es ineludible concluir que el derecho de expresión que el Estado cubano «reconoce, respeta y garantiza» consiste en la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.

Así se aprobó en referéndum el día 24 de febrero de 2019. Así se proclamó el 10 de abril de 2019. No hay términos medios, no hay retrocesos, no hay arrepentimientos. Ahora, usted que votó , puede decir que no le gusta, pero no puede pretender que no se aplique, ni puede impedir que se ejerza; si votó No, tal vez pueda decir que no le gusta, pero tiene que cumplirla porque es ley del Estado.

El Código Penal vigente protege este derecho en su artículo 291. «Delito contra la libre emisión del pensamiento», así se denomina la norma, que prohíbe y sanciona, impedir a otro, en cualquier forma, el ejercicio del derecho de libertad de palabra o prensa garantizado por la Constitución y las leyes; con una modalidad que dispensa una sanción superior cuando el delito se comete por un funcionario público, con abuso de su cargo.

Un Estado democrático de derecho, no es un concepto que podemos reinventar, porque está dotado de contenido, por la ley y por la doctrina. Lo único que podemos hacer es marcar la diferencia en su desarrollo, en su práctica. La libertad de expresión es el nervio central de un Estado democrático de derecho.

No hace mucho reflexionaba, inspirado en la frase de Rosa Luxemburgo: «La libertad es siempre libertad para el que piensa diferente». Entonces, la utilidad de la libertad de expresión está en poder manifestar la opinión diferente, porque para apoyar al que gobierna, para incorporarse a la opinión social establecida, para emitir ideas políticamente correctas que refuercen la opinión publica vigente, no se requiere libertad alguna ni se necesita protección o, por lo menos, no de la misma intensidad.

Los instrumentos internacionales y la Constitución, no solo consagran y protegen la libertad de expresión para difundir informaciones o ideas aceptadas favorablemente o consideradas inofensivas o indiferentes, sino también para aquellas que chocan, lastiman o inquietan, pues así resulta del pluralismo, la tolerancia y el espíritu de apertura sin los cuales no existe una sociedad democrática, ha reiterado el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Los derechos fundamentales, si bien tienen límites, no están ni pueden estar sujetos a condicionamientos para su ejercicio, porque perderían su naturaleza esencial y validez. ¿Cómo sería posible exigir y quién podría calificar la corrección de una idea u opinión para autorizar su ejercicio? Es un contrasentido.

El derecho a la libertad de expresión posibilita la realización de la persona en un doble sentido: por una parte, como sujeto individual, al permitir que exprese sus ideas y opiniones, defendiendo y potenciando su autonomía individual; por la otra, como sujeto político, al contribuir a la formación de la opinión pública y participar en las decisiones políticas.

Este y no otro es el sentido y fundamento de la libertad de expresión, construido, admitido y consensuado por la comunidad internacional, el que se considera en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de la que nuestro país es miembro. De manera que la alternativa que tienen los amigos que ahora dicen «a este caso sí», «a este caso no», es la de utilizar sus influencias y conseguir consenso para una reforma constitucional —que sería bastante prematura, por cierto— para derogar el artículo 54 de la Constitución, de paso modificar el 3 e instar a que el país denuncie el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Pero mientras esto no ocurra, no tienen otra alternativa que respetar la Constitución del país que dicen defender y honrar al pueblo soberano que la votó, del cual forman parte.

Ciertamente, tiene razón quien dijo que la libertad de expresión no es una entelequia, es un derecho fundamental. Y falta mucho machete por dar, mucha consciencia por inquietar y mucha vergüenza por comprometer, para que sea una realidad plena. Los hechos lo demuestran.

La paja en el ojo ajeno

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La mayoría de los países de nuestra región parecen convencidos de que la superación de sus problemas sociales y económicos no debe implicar el sacrificio de la democracia (Foto: Antonio Augusto/Ascom/TSE)

Desde los medios estatales cubanos, algunos periodistas y analistas del acontecer internacional, acordes a su rol de propagandistas del Partido, suelen simplificar los sistemas políticos y electorales de los países considerados democráticos. Recientemente, durante la emisión vespertina del Noticiero de Televisión correspondiente al día 6 de noviembre de 2020, la presentadora afirmó, al referirse al sistema electoral estadounidense, que «se ha querido vender como el más democrático del mundo, pero que en esencia está diseñado para perpetuar una élite en el poder […] que se diferencia entre distintas facciones, que no coinciden en métodos, formas, etc., pero sí coinciden en esencia».

Es posible que la joven periodista o los editores del noticiero hayan confundido los conceptos de régimen político, sistema electoral y sistema político. Lo cierto es que existe el consenso de que en los Estados Unidos está en vigor una democracia de corte liberal, con un sistema político presidencialista y un sistema electoral que, efectivamente, en la actualidad puede considerarse injusto y anacrónico.

Con todo, afirmar que el sistema electoral fue diseñado para perpetuar una élite en el poder es una simplificación que se vuelve más problemática cuando se habla desde un país con un sistema electoral donde el rol principal no lo ejercen los ciudadanos, sino una Comisión de Candidatura, la cual, tal madre superiora de un convento, preelige, con base en criterios de lealtad política e idoneidad ideológica, a todos los aspirantes a ocupar un asiento en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Tal como fue concebido, en el sistema electoral cubano los ciudadanos en lugar de elegir, ratifican o no, una decisión ya consumada. A su vez, corresponde a los diputados y no a los electores, elegir entre ellos quiénes serán los presidentes de la República y de la propia Asamblea Nacional. Este último, según la actual Constitución, asume también la presidencia del Consejo de Estado.

Ese sistema de voto indirecto poco tiene que ver con el establecido en democracias parlamentaristas, como es el caso de España, Holanda, Reino Unido o Canadá, donde no se vota por una figura en sí, sino por el partido político que tendrá la responsabilidad de conformar un gobierno, a veces, en alianza con otros partidos que integran el parlamento.

En otro ejercicio de simplificación, ciertos «analistas» pretenden justificar la reelección presidencial ilimitada en Venezuela, alegando los 15 años que lleva Angela Merkel al frente del gobierno alemán. No hay muchos chances de establecer sinonimias entre sistemas políticos tan diferentes. Tampoco puede decirse que las votaciones en Cuba son una versión tropicalizada del sistema electoral de las democracias parlamentarias, en las que, como se sabe, existe más de un partido político legalizado y apto para disputar el poder a través de las urnas, previa conquista del voto de una parte significativa de la ciudadanía.

Como demuestran Singapur, Emiratos Árabes Unidos, China y Vietnam, la democracia puede no ser un valor universal, ni condición sine qua non para alcanzar indicadores económicos positivos y llevar a buena parte de sus ciudadanos unos mínimos de prosperidad. Una prosperidad esa que sigue pendiente en no pocas democracias de América Latina.

No obstante el pasado marcado por dictaduras y guerras civiles sangrientas, la mayoría de los países de nuestra región parecen convencidos de que la superación de sus problemas sociales y económicos no debe implicar el sacrificio de la democracia. La calidad de esas democracias y su compromiso con la justicia social merecen una evaluación aparte.

Independientemente del sistema electoral establecido en cada país, el aspecto más importante de las elecciones es que son la vía legal para renovar o ratificar la máxima dirección política de las naciones donde con más o menor éxito, rige la democracia en su vertiente liberal, socialdemócrata, etc. 

La renovación del poder político no se reduce al cambio de presidente o de la formación política que dirige los destinos de una nación, sino que es reflejo de la evolución y retroceso de las sociedades. En ese sentido, existen ejemplos positivos harto elocuentes, como la elección de Cristina Fernández de Kirchner y de Dilma Rousseff, primeras mujeres electas para la presidencia en Argentina y Brasil, respectivamente; el triunfo de Evo Morales, el primer indígena en presidir Bolivia; y, por qué no, la icónica llegada de Barak Obama a máxima magistratura de Estados Unidos. Y también hay ejemplos negativos, como el ascenso de Viktor Orbán en Hungría, Donald Trump en los Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil.

Con la reciente victoria electoral del candidato Joe Biden, no solo llega a la Casa Blanca Kamala Harris, la primera mujer negra e hija de inmigrantes en asumir la vicepresidencia de ese país, sino que se plantea la conformación de un gabinete con afroamericanos, latinos y con un equilibrio entre el número de mujeres y hombres. Y no solo eso. El presidente electo colocó en su equipo de transición a Shawn Skelly, mujer transexual quien fue, además, veterana de la Marina. Por si fuera poco, en esas elecciones «diseñadas para la perpetuación de una elite en el poder», en Delaware, Sarah McBride, otra mujer trans, fue electa senadora estadual.

En la papilla ideológica que los medios estatales cubanos reparten, se habla del carácter imperialista de Estados Unidos, pero allá, a diferencia de Cuba, la Corte Suprema legalizó en 2015 las uniones de personas del mismo sexo sin que mediara consulta popular alguna, pues los derechos no se plebiscitan. Vale decir que, considerando el carácter laico del Estado cubano y la poca influencia de las iglesias cristianas en el gobierno, otros factores, como el conservadurismo social de los máximos decisores y el cálculo político, determinaron la forma y el tiempo que tomará el reconocimiento legal de las uniones homoafectivas.

Bastante más al sur, más de 147 millones de brasileños fueron convocados para 17 de noviembre pasado a elecciones municipales, calificadas como un referéndum a la gestión del presidente Jair Bolsonaro. Para que se tenga una idea del cambio el mapa político de Brasil y de la renovación que ya está en curso, conviene comentar brevemente unos números. Bolsonaro fue electo con 55.13% de los votos válidos, frente al 44.87% de Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores.

Sin embargo, parte del electorado que en 2018 escogió al llamado «Trump de los trópicos» para presidir la República, en estas municipales impuso una derrota significativa a los candidatos que recibieron su apoyo.

Según el sitio de noticias G1, de los 45 concejales de diferentes municipios que recibieron el respaldo público de Bolsonaro, solo 10 consiguieron la reelección. En la ciudad de Río de Janeiro, apenas Carlos Bolsonaro, hijo del presidente, mantuvo su curul en la Cámara Municipal. Los 106 mil 647 votos que Carlos Bolsonaro recibió en 2016, la mayor cantidad de la historia, contrasta con los actuales 70 mil que lo dejaron en segunda posición entre los más votados, justo detrás de Tarcíssio Motta, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Para colmo de males, los bolsonaristas candidatos a alcalde consiguieron no ganar las elecciones en ninguna de las principales ciudades del país. En São Paulo, el bolsonarista Celso Russomanno quedó fuera del segundo turno, en el que medirá fuerzas el actual alcalde Bruno Covas, de centro-derecha, y Guilherme Boulos, socialista. 

En Río de Janeiro se espera que Eduardo Paes, quien fuera alcalde en la época de los Juegos Olímpicos, se enfrentará en segundo turno al actual alcalde Marcelo Crivella, pastor evangélico fundamentalista, enemigo jurado del Carnaval carioca y tal vez, uno de los peores gobernantes que ese municipio ha tenido.

Y en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais y ciudad natal de Dilma Roussef, Frei Betto y Milton de Nascimento, resultó reelecto Alexandre Kalil con el 63% de los votos válidos. Bruno Engler, pupilo de Bolsonaro, obtuvo el segundo lugar con el 9.95%.

La actitud negligente de Jair Bolsonaro ante el avance de la Covid-19, su falta de sensibilidad y de respeto hacia las más de 160 mil víctimas mortales y sus familiares, su forma de [in]gobernar y las denuncias de peculado, lavado de dinero y organización criminal que envuelven a su hijo, el senador Flávio, no solo hicieron naufragar las posibilidades de sus pupilos en las elecciones municipales, sino que, parafraseando aquella canción de José José, es posible que para Bolsonaro, lo que un día de 2018 fue, no será en 2022.

La renovación no solo se hace evidente en el retroceso de los bolsonaristas, sino también de partidos tradicionales, como el PT de Lula y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso, en contraste con el ascenso del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), considerado la locomotora de la nueva izquierda democrática, y otras formaciones de la derecha moderada. .

Aunque bienvenida, la derrota de la extrema derecha brasileña no fue el resultado más significativo de estas municipales. Medios locales informaron que varios candidatos transexuales obtuvieron votaciones históricas en São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, las tres mayores ciudades de la región sudeste. Esto ha sido posible, entre otros factores, gracias a que el órgano electoral permitió por primera vez que personas trans usaran su nombre social, no el que aparece en su registro de nacimiento, en la candidatura.

En São Paulo, hasta hace poco uno de los bastiones del bolsonarismo, de los diez candidatos al legislativo municipal más votados, dos son transexuales. En Belo Horizonte, desde donde escribo, Duda Salabert, una mujer trans y profesora de enseñanza media, fue la candidata a concejal que más votos recibió –37 mil613– en la historia del legislativo de esta ciudad.

Para Duda se trata, según afirmó, de «una victoria de los derechos humanos, porque formo parte de un grupo históricamente excluido y marginado de la sociedad. Pero es, sobre todo, una victoria para la educación, ya que soy profesora desde hace 20 años. Colocar a un docente en el centro de las políticas públicas de esta ciudad demuestra que Belo Horizonte crece desde el punto de vista educacional».

Si bien es cierto que los Estados Unidos a través de la industria cultural, la diplomacia y la guerra se han presentado como una de las naciones más democráticas y libres del mundo, por más que me esforcé, no pude localizar en mi memoria alguna referencia concreta a la presunta superioridad indiscutible del sistema electoral estadounidense. Sin embargo, sí recuerdo perfectamente que Fidel Castro Ruz dijo en más de una tribuna que el cubano era el modelo más democrático del mundo.

Esa afirmación es bastante discutible. Más allá de los procedimientos, de las singularidades del modelo cubano, de sus déficits democráticos y del blindaje que le proporciona a la vanguardia política del país –léase élite–, analicemos en qué medida las votaciones en Cuba coadyuvan a la renovación de las instituciones políticas. Y como de democracia hablamos, pensemos en la participación activa de la sociedad civil cubana en la elaboración de las leyes y normas legales que regulan su día a día. Participación activa no debe confundirse con consulta popular.

La primera significa ejercer la iniciativa legislativa que permite elaborar proyectos de ley para que el parlamento los discuta, y estar en diálogo constante con los legisladores que han de representar nuestros intereses. La consulta consiste en discutir algo ya elaborado y hacer propuestas que, por lo menos en Cuba, no tienen carácter vinculante.

¿Es el parlamento cubano un reflejo de la diversidad y la pluralidad presentes en la sociedad civil cubana? Por supuesto que no. La morosidad de los diputados en particular, y del parlamento en general, contrasta con la resolución de los activismos ciudadanos que demandan una ley que reconozca y proteja los derechos de los animales, la adopción de medidas que prevengan y combatan la violencia contra la mujer, la aprobación de normas que criminalicen el racismo en cualquiera de sus manifestaciones o denuncian la censura que el Decreto 349 y el Decreto-ley 370 imponen a los artistas y los usuarios de Internet, respectivamente.

Sin embargo, las y los diputados seleccionados por la Comisión de Candidatura representan el amplio sector de la sociedad civil a los que la Revolución y el modelo social que la sucedió, acostumbró al ejercicio de una ciudadanía que prácticamente se activa previa convocatoria estatal-partidista. Así lo demuestra el debate de los Lineamientos de la Política Económica y Social y la consulta en torno al proyecto de nueva Constitución. El resto del tiempo, la ciudadanía cubana ha de esperar pasivamente las decisiones del gobierno.  

Si aceptamos que la perpetuación de una élite política en el poder es el denominador común de los sistemas electorales aquí comentados, también es verdad que lo que distingue al sistema electoral cubano es la perpetuación del inmovilismo político, incompatible con la evolución y dinamismo de la sociedad cubana contemporánea.

El soberano sin trono

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El presidente llama constantemente a pensar como país, pero… ¿cómo piensa el país? (Foto: RTVE.es/EFE)

-I-

Nunca fue más honesta —cínicamente honesta—, nuestra clase dirigente que cuando presentó a la aprobación de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) el proyecto de Constitución, antes de que pasara a discutirse en consulta popular. La Comisión de los 33, responsable de la redacción y revisión del documento, había permutado del lugar 3 (que tenía en la Constitución del 76), al 10, el artículo que declaraba que la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado.

Era un desliz conceptual y estructural tan evidente en el texto de una Constitución que, por demás, declara irrevocable al socialismo, que de la obediente Asamblea se levantó una voz. La diputada por Santiago de Cuba Mariucha Eduviges Lenzano Pascual, con toda razón, manifestó su discrepancia con que la declaración de soberanía popular se pusiera por debajo de la del papel del PCC, la UJC, las organizaciones políticas y de masas, el Estado, etc.; ya que si todo el poder emana del pueblo —explicó— entonces las instituciones y organización que este se dé para gobernarse derivan de su carácter soberano y, en consecuencia, deberían ir después en la estructura del articulado constitucional.

Si ya era escandalosa la modificación, la discusión del asunto alcanzó ribetes impúdicos cuando José Luis Toledo Santander —paradójicamente el presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la ANPP—, defendió el criterio de los redactores e instó a dejar en el décimo lugar al referido artículo. Lo que ocurrió a partir de ese momento fue digno de análisis y motivó un artículo que en su momento escribí, «El orden de los factores», y del que cito un fragmento:

Al preguntarle Homero Acosta [secretario de la ANPP y del Consejo de Estado] si mantenía su propuesta, la legisladora, contrariando la actitud habitual en la mayoría de sus colegas, insistió en su tesis, por lo que hubo que someterlo a votación por la Asamblea. Resultado: igual que Fuenteovejuna, todos a una contra el planteamiento. En consecuencia: las manos arriba, el pueblo abajo (en el orden del articulado quiero decir).

Ya fueran las críticas recibidas en artículos de opinión de medios alternativos, redes y sitios digitales, o los planteamientos hechos en consultas públicas; lo cierto es que en la versión definitiva de la Ley de leyes, el artículo subió de nuevo a ocupar su lugar preeminente. Pero cambiar la letra y el lugar de esta es fácil, lo verdaderamente difícil es cambiar el espíritu de la ley.

A fin de cuentas, el único pecado de nuestra burocracia fue su exceso de transparencia, porque si algún lugar ocupa el pueblo es evidentemente por debajo de todo el aparato del Partido/Estado/Gobierno. No importa que nos hayan ascendido astutamente para darse golpes de pecho de democracia socialista y participativa.

-II-

El Buró Político del Partido (BP) se reunió hace pocos días. Debatieron allí los documentos que deberán presentar en el VIII Congreso de la organización. Uno de ellos se relaciona con la «“Evaluación del cumplimiento de la Resolución del VII Congreso del Partido acerca de los objetivos de trabajo de la Primera Conferencia, relacionados con el funcionamiento, la actividad ideológica y la vinculación con las masas. Proyecciones para perfeccionar el trabajo en las actuales y futuras circunstancias”. También formó parte de la agenda un análisis del “Estudio del clima sociopolítico de la sociedad cubana”», según reseñó Cubadebate.

Me parece una idea excelente que el BP, máximo órgano real de dirección del país, tome en cuenta el clima sociopolítico de la sociedad cubana. Me parece mejor aún que traten de concebir la actividad ideológica relacionada con el clima sociopolítico de la sociedad, cosa que evidentemente no logran hoy. Pero me parecería todavía mejor que compartieran con nosotros, con «el soberano», con los que estamos por encima de ustedes en el articulado constitucional, lo que saben de nosotros o, para ser más precisos, lo que creen saber.

¿Cómo se diagnostica el clima sociopolítico de la sociedad? ¿Quiénes lo hacen? ¿Con qué frecuencia? ¿Se tienen en cuenta esos datos a la hora de tomar decisiones e implementar políticas públicas? Tales interrogantes son cruciales. En mi artículo «Asignatura Pendiente», escrito hace más de dos años, alertaba:

Los estudios masivos de opinión a través de encuestas que respeten el anonimato para la implementación y evaluación de decisiones políticas, resultan una asignatura pendiente en Cuba. Habiendo pasado por años iniciales de efervescencia revolucionaria, en los que pocos cuestionaban el modo colectivo y multitudinario de aprobar determinaciones gubernamentales en plazas, desfiles y actos políticos; convertimos este proceder en una manera controvertible de legitimar las disposiciones de nuestro gobierno.

A tenor con esa práctica, extendida en etapas como la actual en que ya los consensos no son tan evidentes, hemos perdido la posibilidad de conocer las opiniones reales de las personas y sus tendencias porcentuales, desaprovechamos entonces al verdadero asesor de la política de los gobiernos: la ciudadanía.

Es común que los estudios de opinión se usen como herramientas para medir los índices de aprobación de una política o de una figura de gobierno, o para predecir la elección de un candidato. El primer ejemplo conocido de un estudio de opinión fue una encuesta sin valor científico realizada en 1824 por el Harrisburg Pennsylvanian, que mostraba una preferencia en la intención de voto por Andrew Jackson sobre John Quincy Adams para la presidencia de los EE.UU.

En 1916, el Literary Digest predijo correctamente la elección de Woodrow Wilson y de las siguientes cuatro elecciones en aquel país; pero en 1936 utilizó una muestra de 2.3 millones de votantes que indicaban una preferencia por el Partido Republicano, que a la postre resultó equivocada. En esa misma contienda electoral, George Gallup condujo una encuesta más pequeña, pero con mejor base científica, ya que utilizaba muestras demográficas representativas. De ese modo logró predecir la victoria de Roosevelt y convertirse en una encuestadora muy utilizada.

Para la década del cincuenta las encuestadoras se habían extendido, y a comienzos del siglo XXI tienen presencia en casi todos los países del mundo. Los estudios de opinión no poseen relevancia solo para la política sino también para el mercado y el comercio. Por mucho tiempo se realizaban cara a cara, tanto en las calles como en los hogares de las personas.

En algunos países se ha hecho común el uso de llamadas telefónicas por ser una vía más fácil, rápida y barata. En las últimas décadas se van tornando populares los sondeos vía internet, a pesar de las dificultades para lograr muestras científicas representativas, en gran medida por la dificultad del acceso de sectores significativos.  

En Cuba no ocurre así. El estudio de las opiniones políticas es competencia exclusiva de las Oficinas de Opinión de la Población, adscriptas a las direcciones provinciales del PCC. El Partido es juez y parte del proceso, lo que enrarece la confiabilidad de los resultados, que en general tampoco son difundidos, sino utilizados internamente.

Por otra parte, hasta donde conozco, los métodos que se emplean para obtención de datos no se basan en instrumentos como el cuestionario o la entrevista, sino en recibir criterios de informantes sobre los principales comentarios que pueden generarse entre un grupo de personas que conversa en una parada de guaguas, una cola u otro lugar similar.  

Los científicos sociales cubanos no podemos realizar estudios de opinión sobre el gobierno y sus políticas. Hasta para aplicar una encuesta masiva relativa a la utilización del tiempo libre o a los hábitos de lectura debemos ser autorizados previamente.

Hace alrededor de quince años, una profesora de la Universidad de Matanzas desarrollaba su investigación para una tesis doctoral en Ciencias Filosóficas. Estudiaba la participación popular en una circunscripción del Poder Popular del Reparto Armando Mestre de esa ciudad. A pesar de que su tema había seguido el camino establecido para ser aprobado: Consejo Científico de la Universidad, del Instituto de Filosofía y finalmente del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA); en determinado momento, ya comenzada la investigación, se le orientó detener el proceso y presentar toda la documentación sobre la misma a la ANPP, que durante tres meses analizó las pretensiones de lo que no era más que un Estudio de Caso, una metodología que impide apreciar tendencias y generalizar opiniones sobre determinados aspectos o fenómenos. Solo después de ello pudo concluir y defender su doctorado, con tres meses de retraso en el cronograma.

Sirva este ejemplo para comprender que en Cuba, saber lo que piensan las personas sobre el gobierno es tarea y ámbito exclusivo de este. Al menos lo era hasta que las redes sociales comenzaron a funcionar como un termómetro social.

-III-

La frase Clima sociopolítico de la sociedad cubana no es más que un eufemismo para disfrazar que de lo que se trata es de las opiniones de las personas sobre el modo en que se gobierna el país. Porque en Cuba, por razones obvias, no hay que hacer predicciones de candidatos elegidos. Entonces, ¿qué datos ofrecería a la burocracia política el informe presentado por el BP? Si la soberanía popular es el criterio primero que guía a la República, ¿por qué ocultar esa información?

Si las opiniones no son positivas —lo que cabe esperar ante una crisis enorme debida principalmente a la lentitud del gobierno en poner a funcionar el proyecto de reformas que excede a una década de promesas incumplidas, muy anteriores a Trump y a la Covid-19—; si la gente impugnara decisiones que dan una peligrosa vuelta atrás y dejan indefensas a millones de personas, como la apertura de tiendas en MLC para desamparar, en plena escasez, a las tiendas en CUC; si la ciudadanía impugnara le demora de la ANPP en habilitar los derechos jurídicos como ordenó la Constitución; si fuera rechazada la conducta de los órganos de Seguridad del Estado y la represión desmedida e ilegal a los opositores; si se demuestra que ha crecido la desconfianza en los dirigentes… Aun así, tenemos todo el derecho a conocerlo y a exigir al gobierno que actúe en consecuencia.

Los habitantes de este país, que algunos dicen empujar, se han dado cuenta del verdadero lugar que ocupan. Y no les gusta. El presidente llama constantemente a pensar como país, pero… ¿cómo piensa el país? Sería muy saludable divulgarlo. ¿Quién es el soberano aquí?, o mejor, ¿quién está ocupando un trono que no le pertenece?