El 27 de noviembre de 2020 será un día glorioso en la memoria de la cultura cubana –la verdadera cultura, no lo que priorizan las agendas políticas del Movimiento San Isidro o del Partido Comunista–. Será como Polvo en el Viento, la novela de Leonardo Padura que rompe records de ventas en España y no se menciona en el sistema de medios propagandísticos de izquierda y derecha que inunda la mayor isla del Caribe. Será romántico hablar de él y será inspirador regresar a él. Será como los jóvenes artistas cubanos quieran que sea.
Vamos a intentar llegar al fondo de un asunto que hasta este momento no tiene fondo. Calar los acontecimientos que han estremecido la sede central del Ministerio de Cultura de la República de Cuba en el Vedado habanero, es el objetivo de La Joven Cuba para fomentar una visión integral del contexto y los hechos.
Sobre las 20 horas del 26 de noviembre de 2020 un equipo de médicos y agentes de la Seguridad del Estado irrumpieron en la sede del Movimiento San Isidro donde se encontraban un grupo de jóvenes en huelga de hambre por la falta de garantías en el encierro de uno de sus miembros, el rapero Denis Solís.
Se llevaron a todas las personas que estaban allí con el pretexto de supuestas violaciones al protocolo sanitario de arribo al país por parte del periodista y escritor Carlos Manuel Álvarez. Sacaron a todos por la fuerza de la casa sita en Damas, No. 955, y los montaron en varios vehículos mientras un apagón de internet en la capital y en otras partes del país impedía seguir los acontecimientos.
Al cabo de 4 o 5 horas, la mayoría habían sido liberados. Ya estaban separados y dispersados, usando una excusa «sanitaria». La desarticulación del Movimiento San Isidro y su huelga de hambre fue eficiente. Digno es de reconocer que utilizar el enfrentamiento a la Covid-19 como motivo para ingresar en una casa y desalojarla, fue un pretexto inmejorable en medio de una pandemia, pero ningún chequeo profundo a un grupo de personas en contacto con otros dura tan poco tiempo, ni se hace con tal operativo policial.
La violencia ejercida contra este grupo de manifestantes mostró un método gubernamental que creíamos superado. Algunos artistas como Leoni Torres, Haydeé Milanés y Carlos Varela, publicaron en sus muros de Facebook mensajes de rechazo a la violencia ejercida por las autoridades. En paralelo, un grupo de jóvenes artistas cubanos habían visitado varias veces la sede del Ministerio de Cultura de Cuba para quejarse formalmente de los abusos de poder. Una vez enterados de los sucesos de San Isidro, con la premeditada vuelta a la normalidad del Internet, no perdieron tiempo y convocaron a una manifestación frente a la sede principal del MINCULT.
Los reunidos ya tenían su historia y no empezaron a nadar contra la corriente esa mañana. El Cardumen –así se hacían llamar– surgió desde los tristes acontecimientos acaecidos en febrero de 2020 con la Muestra Joven del ICAIC. La afiliación de cineastas involucrados o solidarizados con el desfallecer de la muestra, devino en un colegio de intereses contrarios a la censura y la marginación artística. En carta firmada el 23 de noviembre por 240 cineastas, dirigida a la AHS, a la UNEAC y al propio MINCULT, exigían a esas instituciones que mediaran en la situación del Movimiento San Isidro.
Ninguna posición firme nace de la nada. El contexto creado por la ola de violencia de la Seguridad del Estado y el cúmulo de censuras y atropellos recibidos por el gremio, les dio la fuerza a esos artistas para plantarle cara al sistema. Establecidos frente a la casona de la calle 2, entre 11 y 13, del Vedado, el grupo tenía un objetivo bien definido: hacerse escuchar. Las propuestas serían depositadas sobre la mesa del ministro y este debía emitir una respuesta inmediata a los reclamos.
11:00 a.m.: En un principio no eran más de 50, pero poco a poco llegaban y plantaban un saludo efusivo en el rostro de sus amigos. La masa era heterogénea y muy colorida. Los que tenían menos brillo en la piel vestían ligeros, el resto sudaba la gota gorda porque la sombra de los árboles del parterre no cubría a todos. Tatuajes, pitzers, tenis harapientos y gafas excéntricas configuraban el paisaje que tenía boquiabiertos a los vecinos.
3:00 p.m.: El dramaturgo Yunior García Aguilera y Camila Lobón, coordinadora del Instituto de Activismo Hannah Arendt, entraron a la sede del MINCULT para dialogar con el viceministro Fernando Rojas. Los jóvenes entraron nerviosos, pero entraron. Sus compañeros los despidieron también nerviosos, pero orgullosos.
Un aplauso colectivo generaba escalofríos y Cuba parecía estremecerse toda, desde Maisí hasta San Antonio. Hace 30 años –desde el proyecto PAIDEA– no existía un diálogo con las instituciones promovido por el gremio, mucho menos exigido por el gremio. El aleteo de «El Cardumen» empezaba a hacer historia.
Paradójicamente, quien atendió a los intrépidos artistas de PAIDEA cuando en pleno Período Especial plantearon cambios profundos en la política cultural del gobierno, fue Fernando Rojas. En aquel momento dirigente de la UJC, demostró dotes excepcionales para lidiar con las revueltas intelectuales y esa capacidad lo ha mantenido en altos cargos de la cultura por más de 25 años.
La gente pasaba y miraba a los muchachos sentados en el contén o en el muro de la reja gigante que tapiaba la sede del MINCULT. Las señoras empujaban sus gafas hacia abajo para ver en colores lo que no admitía matices de blanco o negro. Ver a cubanos en protesta ante una sede institucional de alto rango es un privilegio que no muchos han podido tener en los últimos sesenta años.
Varias manzanas a la redonda de esa cuadra de la calle 2 exhibían filas interminables de vehículos raros. Muchos tenían chapa estatal y no contaban con identificador en la puerta, algunos eran sospechosamente particulares y otros, abiertamente paramilitares. De estos últimos se bajaban personas vestidas de civil con guayaberas, pullovers de rayas o camisas a cuadros; caminaban juntos sin hablar una palabra hasta pararse en una esquina con los brazos cruzados sobre la ingle y clavaban sus ojos en la masa redentora y viril. Hasta ellos parecían asombrados.
Cuarenta y cinco minutos después salieron Yunior y Camila y todos se agruparon en torno con ansiedad. Rojas los invitó a reunirse con 40 de ellos en la cercana sala Adolfo Llauradó; los voceros del grupo propusieron un encuentro de todos los allí congregados con el ministro Alpidio Alonso Grau la próxima semana. A la masa no le sirvió ni una ni otra y empezaron a debatir qué opciones tenían.
Del debate salieron unos cuantos aplausos acompañados del grito « ¡Patio! ¡Patio!», para que los recibieran en el amplio jardín del ministerio. Uno se alteró de más e intentó posicionar la consigna: « ¡Respeten al pueblo, respeten al pueblo!» Ipso facto todos se alejaron de él y dejaron de aplaudir, lo que demostraba que el grupo quería mantenerse al margen de mensajes netamente políticos. Eso los fortalecía. Al focalizar sus reclamos en temas puntuales como el cese del acoso y el derecho al disenso, tendrían más posibilidades de ser escuchados.
El ambiente era muy tranquilo y muchos estaban sentados. Después de varias horas de pie, sin comer y a la intemperie, el cuerpo siente el cansancio. Algunos, los menos, llevaron agua o algún bocadillo. Algunos iban a comprar algo de comer o tomar y luego regresaban. Otros se fueron. La falta de experiencia en manifestaciones hizo que pocos se prepararan para largas horas en las cuales la resistencia física sería la dama a conquistar.
Sin embargo, la tendencia de la multitud era a incrementarse y solidificarse como una masa heterogénea, pero unida, como las demandas que leyeron a las 11:00 p.m. antes de que treinta representantes entraran al MINCULT para seguir el debate. Eran inclusivas y permisivas.
12:00 a.m.: Se estimaba en 300 el número de manifestantes y grandes personalidades de la cultura cubana que estaban presentes frente al MINCULT: Tania Bruguera, Julio Cesar Llópiz, Fernando Pérez, Jorge Perugorría, Carlos Lechuga, Mario Guerra, René de la Cruz y Ulises Padrón.
Fernando Pérez se paraba con la misma postura y facha que muestra José Martí en el retrato de 1891 en Jamaica: manos a la espalda, ropa cualquiera y mirada perdida.
Quitaron la electricidad en la zona y la cuadra se sumió en la total oscuridad. Los jóvenes se sentaron. La maniobra apagonera del gobierno tuvo una respuesta inmediata: con una guitarra cantaron El breve espacio, de Pablo Milanés, y hasta la frase revolución somos tú y yo fue rapeada a golpe de las seis cuerdas.
La policía política vestida de civil comenzó a internarse en el conjunto y empezaron las provocaciones. La cordura premió a la multitud y convirtieron a las canciones en el mejor antídoto para frenar la maniobra. Fueron corajudos e impenetrables, fueron cubanos de antaño.
2:00 a.m.: Los representantes salieron del ministerio y Yunior García leyó los principales acuerdos tomados:
- Se va a abrir un canal de diálogo con las instituciones.
- Se van a interesar por las situaciones de Denis Solís y Luis Otero Alcántara con urgencia.
- Se va a organizar una agenda de trabajo múltiple con propuestas de temas por ambas partes –todos los temas culturales con todos los artistas cubanos–.
- Se va a revisar la declaración de la AHS a raíz de lo acontecido con el MSI.
- Podrán reunirse en los espacios independientes sin ser hostigados.
- Se abre una tregua con los espacios independientes.
- A partir del miércoles de la semana que viene el ministro de Cultura, Alpidio Alonso, se va a reunir con el grupo y otros artistas que quieran incorporarse.
- Se garantiza la dispersión total de los manifestantes sin que interfiera la policía que rodeaba el lugar.
Los representantes del grupo explicaron a los funcionarios el hostigamiento que recibe cualquier variante de arte independiente dentro de la Isla y abogaron por el cese inmediato de ese actuar gubernamental.
El grupo de manifestantes va a seguir activo y con sus integrantes conectados. El colectivo seguirá abierto al debate a través de las redes sociales para llevar propuestas concretas a los encuentros con las autoridades. Con los acuerdos tomados se elaborará un comunicado oficial para que todos puedan consultar la información.
Cuando Fernando Pérez y Jorge Perugorría atravesaban el portón de la verja del Ministerio, el grupo reunido ante ellos comenzó a cantar el Himno Nacional. Fernando se lamía el bigote mientras entonaba la histórica arenga al combate, pero sus ojos seguían igual de tristes. Hay cosas que no sanan con una simple reunión.









