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La Joven Cuba sobre el Movimiento San Isidro

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El video al final de este texto, tomado por uno de nuestros periodistas, corresponde a una de las respuestas de la Seguridad del Estado cubana al llamado a la protesta pacífica en el Parque Central de La Habana que hiciera el Movimiento San Isidro. Los congregados no son manifestantes, sino miembros de los cuerpos de la Seguridad del Estado y personal movilizado que se han desplegado en diversos puntos para impedir la llegada de manifestantes.

La protesta, convocada desde las redes sociales del MSI, hacía un llamado «a todos los cubanos y las cubanas que creen en la libertad y en el respeto a la diversidad de opiniones como principios fundamentales de la convivencia humana». Según el comunicado, los reclamos que los mueven en esta ocasión son la liberación de Denis Solís, el cese de la represión policial y el respeto a los derechos humanos.

Si bien La Joven Cuba no comparte en lo esencial los principios del Movimiento San Isidro, ni de su ideología, ni comulga con sus prácticas; rechazamos absolutamente la represión a la que están siendo sometidos sus miembros y las múltiples vejaciones de las que han sido víctimas a manos de quienes tienen el mandato constitucional de protegerlos.

Amparados en el Artículo 61 de nuestra Constitución, que establece que «Las personas tienen derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades, las que están obligadas a tramitarlas y dar las respuestas oportunas, pertinentes y funda-mentadas en el plazo y según el procedimiento establecido en la ley», protestamos ante las autoridades de la República por lo que está sucediendo con los miembros del MSI y exigimos que se tomen las medidas penales contra los órganos de la Seguridad del Estado y cualquier funcionario del Gobierno que haya infringido las leyes aprobadas por el pueblo de Cuba, en quien reside toda la soberanía de la República y de donde dimana el poder del Estado.

Los miembros del MSI están haciendo uso de su derecho, contenido en el Artículo 54 de la Constitución de 2019, que asegura que «El Estado reconoce, respeta y garantiza a las personas la libertad de pensamiento, conciencia y expresión». Es el Estado quien no está cumpliendo con su deber expresado de manera clara en el texto constitucional.

Elecciones manipuladas en EEUU y un par de premios

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elecciones manipuladas
Sidney Powell, abogada de la campaña electoral del presidente Donald Trump, acusó a Cuba, Venezuela y quizás China de interferir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos (Foto: AP/Jacquelyn Martin)

¡Muy buenas! Esta semana han tenido especial repercusión las palabras de Sidney Powell, abogada de la campaña electoral de Donald Trump, quien, en un alarde de paranoia sobre elecciones manipuladas, acusó a Cuba, Venezuela y China de interferir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Por otra parte, el dramaturgo cubano Eugenio Hernández Espinosa obtuvo el Premio Nacional de Literatura 2020, otorgado el pasado viernes 20 de noviembre. Varias de sus obras, como María Antonia o Mi socio Manolo, constituyen clásicos del repertorio teatral cubano.

Somos La Joven Cuba y este es nuestro resumen semanal de la agenda pública del país.

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Sidney Powell, abogada de la campaña electoral del presidente Donald Trump, acusó en conferencia de prensa celebrada el pasado jueves, 19 de noviembre, a Cuba, Venezuela y quizás China de interferir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Powell afirmó que la empresa proveedora del software para el conteo de votos, Dominion Voting Systems, alteró los resultados con financiamiento proveniente de esos países

Como prueba de la acusación, la abogada publicó en su cuenta de Twitter algunas capturas de pantalla incompletas que muestran una declaración jurada firmada supuestamente por un exfuncionario militar de Venezuela. Según ella, el documento estaba relacionado con las elecciones en el país sudamericano.

De igual forma, el abogado personal de Trump, Rudy Giuliani, afirmó que la empresa Dominion «está vinculada con Venezuela, Cuba y otros actores globales que no quieren que Trump continúe siendo presidente».

Hasta hace poco, la teoría conspirativa sobre la intervención de Cuba y Venezuela en las elecciones estadounidense era un rumor que navegaba en redes sociales, fundamentalmente a través de las conocidas cadenas de WhatsApp.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel manifestó desde su cuenta de Twitter que «Cuba no interfiere en el proceso electoral de otros países».

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Este viernes, 20 de noviembre, el dramaturgo cubano Eugenio Hernández Espinosa obtuvo el Premio Nacional de Literatura 2020.

Algunas de sus obras constituyen clásicos del teatro nacional. María Antonia, probablemente su pieza cumbre, ha sido representada por varias de las agrupaciones más importantes del país, además de ser versionada para el cine y la televisión. El autor ha cultivado casi todos los géneros teatrales, desde la tragedia y la farsa hasta la comedia.

Mi socio Manolo, Emelina Cundiamor y la comedia Lagarto Pisabonito son otros de sus títulos más conocidos. En 2005, Hernández Espinosa fue galardonado con el Premio Nacional de Teatro por su labor como director del grupo Teatro Caribeño.

El último autor teatral en ganar el Premio Nacional de Literatura fue Humberto Arenal en el año 2007.

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Algunas breves para finalizar:

-La Orquesta Aragón de Cuba ganó el pasado jueves, 19 de noviembre, el Grammy Latino en la categoría Álbum Tropical Tradicional. Fue la única agrupación cubana en llevarse una de las estatuillas otorgadas por la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos.

De la Isla también estuvieron nominadas las agrupaciones Changüí de Guantánamo, la Orquesta Faílde, Gente de Zona y la cantante Omara Portuondo. Por otra parte, el músico Alex Cuba fue el único artista nacional que actuó en la ceremonia online que se emitió desde las plataformas oficiales del prestigioso evento.

-La Asociación de Fútbol Cubano (AFC) incluyó por primera vez en su registro de futbolistas a cinco jugadores contratados en el exterior sin el amparo de instituciones cubanas. Con esta medida, la selección nacional podría contar por primera vez en mucho tiempo con jugadores profesionales con relativa relevancia internacional.

Los cinco jugadores son: José Luis Corrales, Carlos Vázquez (CAVAFE), Joel Apezteguía, Marcel Hernández y Onel Hernández, el futbolista más conocido del listado.

Para cualquier feedback, queja o sugerencia, recuerde que puede interactuar con nosotros en nuestro canal de Telegram: ?? https://t.me/lajovencuba

La voluntad importadora en el paraíso

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voluntad importadora
La pérdida de capital humano en los primeros años de la Revolución, trastornó el proceso productivo nacional, cuestión que trató de resolverse por vías que lo dislocaron más: el entusiasmo revolucionario, la militarización del trabajo agrícola y los procedimientos administrativos

Hablemos de voluntad importadora en Cuba. Mi valoración preferida sobre el entorno natural cubano es la que ofreciera el príncipe ruso Alexei Alexandrovich al contemplar el valle del Yumurí: «Solo faltan Adán y Eva para que sea el paraíso». Convencernos de que este vergel era impropio para desarrollar una agricultura y ganadería eficientes y que era mejor importar alimentos que producirlos aquí, ha sido una larga y deshonesta tarea, de claro perfil político, que los grupos de poder han ejercido sin descanso desde la colonia hasta hoy.

Los conquistadores/colonizadores trajeron consigo los primeros animales de cría y labor que existieron en Cuba y los abandonaron a su suerte. En pocos años, rebaños de reses, caballos y puercos proliferaban por sabanas y bosques dando lugar a la actividad económica principal de los siglos XVII y XVIII: la ganadería extensiva tropical, donde los animales eran cazados en crueles monterías.

Salazones, sebo y cueros serían canjeados a corsarios y piratas por productos manufacturados europeos en cuanta ensenada disponible hubiera. La burocracia colonial, atrincherada en su factoría de La Habana, dejaba hacer a cambio de pingües sobornos. A mediados del XVIII, llegó el régimen de plantaciones y mandó a parar. El primer monopolio comercial estatal efectivo en Cuba, la Real Compañía de Comercio de La Habana, fue metiendo en cintura a los productores locales y los obligó a vender sus productos a bajos precios y comprar bien caras las mercancías europeas, para beneficio del rey y los grandes comerciantes españoles.

La voluntad importadora tiene orígenes inesperados.

Ni siquiera el empoderamiento de la aristocracia plantacionista criolla a fines de ese siglo logró romper dicho monopolio. Lejos de ello, las facciones de la oligarquía y los gobernantes coloniales estrecharon sus vínculos hasta convertirse en el grupo de poder más importante del Imperio, con representantes en las altas instancias del poder, tanto en Cuba como en Madrid. Cuando el resto de la América Española se lanzó a bregar por la independencia, estos «prohombres» cerraron filas con la obsoleta monarquía. Al decir de Varela, que los conocía bien: «Los cubanos [oligarcas] tienen más amor a las cajas de azúcar y los sacos de café que a la independencia». Así surgió aquel indigno lema: «La siempre fiel Isla de Cuba».

Las grandes fortunas de la Isla preferían invertir en el comercio exterior que en el fomento de otras producciones. Los insumos alimenticios e industriales para las plantaciones —tasajo, harinas, grasas, vestidos, herramientas, etc. — eran comprados a sus cofrades en el extranjero (EE.UU., Suramérica, Inglaterra, España) en detrimento de la producción nacional. 

El todopoderoso oro blanco llevaría al país a la monoproducción y monoexportación, primero a España y después —aún dentro de la colonia— a los Estados Unidos. El resto de la agricultura y la industria adquirieron carácter secundario y carecieron de inversiones suficientes para florecer, en tanto pondrían en peligro el sacrosanto dominio de la sacarocracia y sus aliados extranjeros. No obstante, era tanta la riqueza que producía el dulce grano, que Cuba llegó a ser la colonia más rica de España y uno de los países más «prósperos» de América durante la República Burguesa. La conversión de la Isla en la azucarera del mundo duraría hasta después de la Primera Guerra Mundial.

En esas condiciones, el país nunca alcanzó la soberanía alimentaria. No porque no pudiera lograrlo, sino porque ello no convenía a los intereses de los poderosos de turno. Junto a renglones subtropicales como la harina de trigo —que seguimos llamando «de Castilla» aunque viniera de los Estados Unidos o la Unión Soviética—, siguieron siendo importados otros que podrían haberse garantizado con la producción local: carne, grasa vegetal y animal, lácteos y pescado.

Esta situación se debía no tanto a la diferencia de precios de los nacionales respecto al mercado mundial (ley de las ventajas comparativas), como al interés de los poderosos por preservar sus grandes negocios de importación. Así, también mantenían frenado el ascenso político de los sectores de la burguesía nacional que producían para el mercado interno, y del campesinado medio y pequeño ligado a los mercados regionales y locales. Esa voluntad importadora funcionaba como un pilar de la economía plantacionista. Florecía en los momentos de auge y decaía transitoriamente en los de crisis o ruptura del comercio internacional (Segunda Guerra Mundial, postguerra).

La Revolución de 1959 estaba llamada a superar esta artificial dependencia. De las «cinco leyes revolucionarias que serían proclamadas inmediatamente después de tomar el cuartel Moncada», que aparecen en La Historia me Absolverá, cuatro beneficiaban directamente a los productores nacionales y afectaban a los políticos corruptos, aliados a la oligarquía:

La segunda ley revolucionaria concedía la propiedad inembargable e intransferible de la tierra a todos los colonos, subcolonos, arrendatarios, aparceros y precaristas que ocupasen cinco o menos caballerías de tierra…

La tercera ley revolucionaria otorgaba a los obreros y empleados el derecho a participar del treinta por ciento de las utilidades en todas las grandes empresas industriales, mercantiles y mineras, incluyendo centrales azucareros.

La cuarta ley revolucionaria concedía a todos los colonos el derecho a participar del cincuenta y cinco por ciento del rendimiento de la caña y cuota mínima de cuarenta mil arrobas a todos los pequeños colonos que llevasen tres años o más de establecidos.

La quinta ley revolucionaria ordenaba la confiscación de bienes a todos los malversadores de todos los gobiernos y a sus causa-habientes y herederos en cuanto a bienes percibidos por testamento o abintestato de procedencia mal habida.

Más adelante, denunciaba Fidel: «Salvo unas cuantas industrias alimenticias, maderas y textiles, Cuba sigue siendo una factoría productora de materia prima. Se exporta azúcar para importar caramelos, se exportan cueros para importar zapatos, se exporta hierro para importar arados…el Estado se cruza de brazos y la industrialización espera por las calendas griegas».

En la etapa 1959-mediados de 1960, se alentó a los capitalistas nativos a que invirtieran, ya que los productos de la industria cubana contribuirían al crecimiento de la nación, y se tomaron medidas que estimulaban por diversas vías la producción para el mercado interno. La Primera Ley de Reforma Agraria, al convertir en dueños legítimos a más de cien mil campesinos arrendatarios, aparceros y precaristas y pasar el resto de las tierras a cooperativas de antiguos jornaleros, dio un impulso nunca visto a la producción agropecuaria para el mercado interno.

A mediados de ese año, la agudización del conflicto con los EEUU provocó la ruptura económica con aquel país, el inicio del bloqueo y que la URSS se ofreciera para comprar todo el azúcar dejado de adquirir por EEUU y suministrar el petróleo que necesitara Cuba. Entre agosto y octubre tuvo lugar la nacionalización de las grandes empresas, que originó el alto nivel de estatización de la economía que aún tenemos. Parecía que las condiciones para el desarrollo y diversificación de la economía agropecuaria nacional estaban dadas, pero fue todo lo contrario.

El primer problema fue la pérdida de capital humano. Entre 1960-1962 salieron del país unos 200 mil exiliados de clases medias (profesionales, directivos, propietarios medios y pequeños, técnicos, empleados). Esto trastornó el proceso productivo nacional, cuestión que trató de resolverse por vías que lo dislocaron más: el entusiasmo revolucionario, la militarización del trabajo agrícola y los procedimientos administrativos.

Después, el abandono de la variante cooperativista inicial, la Segunda Ley de Reforma Agraria y la creación de inmensas Granjas del Pueblo —que mantuvieron y multiplicaron los males del latifundio—, trabajadas por un puñado de obreros agrícolas y miles de voluntarios; la estatización forzada de numerosas fincas; la incorporación de miles de hectáreas de bosques a las tierras en explotación y las amenazas de invasión, que obligaban a sustraer de la producción a gran cantidad de mano de obra y recursos materiales; redujeron sustancialmente la tasa de productividad agropecuaria que en pocos años iría de mal en peor.

En 1962, la insuficiente oferta para la creciente demanda nacional y la congelación de precios minoristas originó la implementación del racionamiento alimenticio vía libreta de abastecimientos. Tras el acuerdo azucarero de 1963 con la URSS, que comprometía cantidades crecientes para aquel mercado hasta 1970, se abandonaron las aspiraciones de industrialización acelerada y diversificación agrícola y el «sin azúcar no hay país» se presentó nuevamente como destino manifiesto de Cuba.

En esas condiciones, unidas al fracaso de los experimentos productivos internos y al monopolio estatal del comercio exterior, los importadores cubanos estaban obligados a abastecer el mercado normado con cantidades grandes y constantes de productos en cargamentos uniformes y baratos. El mercado isleño fue inundado de productos alimenticios provenientes del CAME. La calidad y variedad fue sustituida por la cantidad y uniformidad. Los consumidores cubanos habrían de aprender a comer lo que les tocara, no lo que desearan.

Tras la debacle del Período Especial, la desaparición del mercado socialista y el desmoronamiento de la agricultura estatizada, hubo que reabrir espacios a la producción campesina que, en poco tiempo, vino a superar con creces al Estado en la mayoría de los rubros alimenticios del mercado nacional. No obstante, hasta hace poco tiempo se le mantuvo cerrado el acceso al creciente mercado exterior en fronteras que trajo consigo el desarrollo del turismo. Cuba se convirtió en uno de los países caribeños donde más espacio ocupan las importaciones en la inversión turística. 

Al llegar el siglo XXI, la dependencia de la importación de alimentos era la mayor de la historia. Con el establecimiento de la doble tasa de cambio de las monedas cubanas y la consiguiente depreciación del costo de las importaciones empresariales, la creación de las TRD y la centralización de la mayor parte del comercio exterior e interior en empresas de GAESA; las importaciones crecieron ostensiblemente mientras se desplomaba la inversión en el sector agropecuario y se desmotaban y desguazaban los hierros viejos de la industria azucarera, vendidos como chatarra a Japón.

Nuevamente los intereses monopólicos ligados a los grupos de poder hegemónicos emplean la importación de alimentos como un mecanismo de enriquecimiento fácil en un mercado cautivo, que se extiende ahora a toda la población consumidora del país. Al mismo tiempo, cierran a los productores las puertas a la inversión nacional y extranjera y desatienden los aportes de la ciencia y la experiencia internacional para hacer más eficaz nuestra agroindustria alimenticia tropical.

Hay que quebrar definitivamente el monopolio estatal, y en particular de las empresas de GAESA, sobre la importación y comercialización de alimentos. No es posible que se desarrolle una voluntad exportadora en el país sin identificar, debatir y superar las causas del surgimiento y la persistencia de la voluntad importadora durante tantos años. Parafraseando al príncipe Alexei, hoy podría decirse mirando nuestros feraces campos: «solo faltan inversores y trabajadores estimulados para que sea el paraíso».

El desempleo no es socialista ni revolucionario

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desempleo
En Cuba el número de desempleados formales es de alrededor de 1 millón 200 mil hombres y mujeres en edad laboral, el 17% de la población capaz de trabajar.

Pocas tareas hay más importantes para un gobierno que se declare continuador de la Revolución y que se encuentre al frente de un Estado cuya aspiración sea el socialismo, que combatir el desempleo para su población de hombres y mujeres. Económica y socialmente pudiera ser considerado tan importante o más que garantizar educación y salud universales y gratuitas. El problema radica en que a largo plazo puede resultar una tarea casi imposible mantener altos estándares de educación y salud sin costo para todos sin lograr el pleno empleo.

Para quien lo dude, le invito a que piense si puede encontrar una fuente mayor de creación de riqueza que el trabajo. Y si es posible sin la creación de riquezas, crear y mantener esos altos estándares de educación y salud ya referidos. En la medida que sea empleada una fuerza de trabajo más calificada, mayores serán sus posibilidades de crearla.

Hablar de planificación centralizada a mediano y largo plazo y no plantearse el problema ni buscar una vía de solución para encontrar empleo útil para la totalidad de los hombres y mujeres de cualquier edad y calificación en capacidad y posibilidades de ocupación, es negar el principio mismo de la planificación y su utilidad para guiar el desarrollo y la justicia social. No es esta una crítica hueca, estoy constatando una realidad de lo que ha estado ocurriendo en los últimos 30 años, por lo menos.

Algunas cifras ayudarán a ilustrar el problema.

Hasta el 31 de diciembre de 2019, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), la población en edad laboral ascendía a 7 millones 123 mil, de los cuales 3 millones 723 mil son hombres y 3 millones 399 mil son mujeres. Están ocupados en trabajos estatales, cooperativas, sector privado campesino y trabajadores por cuenta propia un total de 4 millones 642 mil, lo que representa el 65%. De ellos, son hombres 2 millones 830 mil, el 76% de los que tienen edad laboral; y mujeres, 1 millón 812 mil, el 53% de las que tienen edad laboral.

Entonces, con edad laboral y que no trabajan existen 2 millones 481 mil personas, lo que representa el 35%.

Tenemos problemas en el índice de natalidad y con la proyección de trabajadores a largo plazo, pero a mediano plazo tampoco es pequeña la reserva laboral sin utilizarse. De ese total se puede estimar sin mucho margen de error que 1 millón 200 mil son estudiantes en edad laboral y/o movilizados para el servicio militar. A estos habría que añadir, para excluirlos también en la población económicamente activa neta en la fecha tomada como referencia, a los que, teniendo edad laboral en el momento dado, estén incapacitados para el trabajo, total o parcialmente, permanente o temporalmente o acogidos a uno u otro régimen de seguridad social.

Quedarían como desempleados formales alrededor de 1 millón 200 mil hombres y mujeres en edad laboral, el 17% de la población capaz de trabajar. Este número resulta un muy negativo índice tanto desde el punto de vista económico como social.

Ocurre además que como efecto de la aplicación de la acertada estrategia económica planteada y, dentro de ella, el ordenamiento monetario que prevé la indispensable y necesaria devaluación del peso cubano (CUP) en las relaciones inter-empresariales, muchas de las actuales empresas estatales resultarán irrentables. Por ello, tendrán que redimensionarse y producir una drástica racionalización de personal, generando un excedente laboral cuantioso que se ha calculado en cientos de miles de trabajadores.

Dar empleo a 1 millón de desempleados y de trabajadores racionalizados con un salario mínimo de 2500 pesos mensuales, supondría un gasto anual en subsidios de al menos 30 mil millones de pesos. Que el Estado desembolse esa suma sería completamente imposible. Tendría el Presupuesto para ello que afectar los fondos que se dedican a educación y salud.

No habría otra posibilidad para resolver este problema consustancial al ideal socialista que introducir como parte de lo que autoriza la Constitución de la República al capital privado, a través de las micro, pequeñas y medianas empresas –conocidas mundialmente como Pymes–, y a la inversión extranjera. Además, podría también flexibilizarse y facilitar el trabajo por cuenta propia, para que a mediano plazo encuentre empleo productivo toda esa enorme reserva laboral, lo que la convertiría en un factor complementario importante para el desarrollo del país.

A partir de que se determine el llamado Día 0, el cual marca el inicio del ordenamiento monetario largamente esperado e imprescindible para que la economía pueda comenzar a funcionar de manera eficiente, esa gran masa de cubanos para los cuales no habrá aumento de salarios, pero sí incrementos de precios, no tendrán otra alternativa para subsistir y sostener a sus familias –ya que para ellos la asistencia social seria solo un paliativo– que buscar en un empleo informal la solución de sus problemas económicos.

El empleo informal no es legal y propicia que las autoridades, incluidas las policiales, en su esfuerzo porque todas las actividades económicas se ejerzan según lo establecido en las leyes, lo consideren un delito por el cual se debe responder ante los tribunales. Pensar en aceptar eso es una visión kafkiana.

Llegar a los extremos en los cuales debamos convivir con esa inmensa masa de desempleados o de empleados de manera informal solo por no ser capaces de tomar las medidas adecuadas que viabilicen el desarrollo de las Pymes, no sería racional, aunque algunos retrógrados siguen pensando que solo las empresas estatales pueden salvar al socialismo en Cuba.

Tales retrógrados se consideran socialistas, sin embargo asumen en el afán de defender su posición atrincherada que puede concebirse un gobierno socialista, proclamado como tal, a pesar de que más de un millón de sus conciudadanos en edad laboral no puedan acceder a un empleo legal y que, de paso, son llevados a delinquir para lograr el sustento personal y familiar. Quienes así piensan o son unos ignorantes teórica y políticamente, o hay mala intención al pretender con su retranca solapada que los cientos de miles de cubanas y cubanos obligados a mantenerse en la ilegalidad para poder trabajar y sostener a sus familias, se conviertan en una reserva de oposición política.

Creo que se puede entender perfectamente, sin necesidad de ser economista, que a las empresas estatales sería más adecuado denominarlas como públicas. En ellas deben concentrarse los principales activos que determinan la estrategia del desarrollo económico y social del país. Pero creo también que igual se puede entender perfectamente, si se examina de manera objetiva la situación, que al sector estatal o público ya no le es posible desde hace décadas garantizar empleo útil y productivo a todos los recursos laborales graduados, en su inmensa mayoría, de nivel medio en adelante.

El no haberle dado una solución correcta a ese reto ha sido la causa fundamental de que miles de graduados de todas las especialidades, formados en nuestras escuelas y universidades, hayan abandonado el país no solo en busca de mejores condiciones económicas y de vida, sino también dónde emplearse según las capacidades adquiridas en su proceso de preparación docente. Lo que el mantenimiento de ese error en la conducción económica le ha costado al país, es incalculable. Una enorme inversión de decenas de años en preparación de sus recursos humanos con vistas a asumir el desarrollo económico se ha perdido.

No sería racional que ese error continuara y se repitiera en el contexto de la nueva estrategia económica trazada. La confusión ideológica sobre el papel de las micro, pequeñas y medianas empresas no debe impedir que un alto por ciento de hombres y mujeres en edad laboral del país puedan incorporarse legalmente a ganar su sustento y el de sus familias, y, además, contribuir decisivamente al desarrollo de la economía y el bienestar del resto de la población.

La política aprobada para el ordenamiento monetario les garantiza a todos los trabajadores que se mantengan vinculados al sector estatal de la economía y al resto de las actividades legalizadas una protección adecuada. Pero a los que no tengan un empleo legal, en la práctica se les condenaría a delinquir. Y esa no es ni puede ser una política revolucionaria y socialista.

Las Redes de Platón

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La personalización de los contenidos tiene efectos devastadores, porque a pesar de todas las realidades personalizadas, existe una legítima que se va perdiendo de vista

La percepción de la realidad es una de las preocupaciones vigentes del ser humano. La cantidad de realidades posibles y la capacidad o incapacidad del individuo para percibirlas en su justa medida son las principales interrogantes en este sentido. Lo cierto es que, si bien siempre ha sido asunto de filósofos y pensadores, la contemporaneidad ha insertado al resto de la ciencia en la cuestión: psicólogos, neurólogos, físicos y sociólogos.

Es un hecho científico que entre nuestra interpretación de la realidad y la realidad en sí, media nuestra subjetividad. Por eso cada cual la aprecia con matices propios, lo que no significa que todo ser humano perciba su realidad particular y viva en un mundo imaginario –quizás sí frente a un cuadro de Miró, pero no en asuntos de la vida diaria–.

La ciencia y la filosofía han llegado a consensos respecto al tema y todo el mundo contento: he ahí la realidad, y he aquí las subjetividades que le dan sus tonalidades individuales. Pero ¿qué pasaría si cada individuo tuviera la capacidad de generar realidades concretas, todos los días, todos los minutos? ¿Y qué pasaría si esas realidades generadas por un individuo fueran irreconciliables con las del otro? ¿Y si multiplicáramos las contradicciones entre realidades por algún número entre dos y siete mil millones?

Si bien la religión –al menos en Occidente– tuvo su milenio de fama en la explicación de la realidad, hoy el tema lo llevan los tecnócratas, ejecutivos y políticos, porque esta es una fuente de poder inagotable y debe estar al día su explotación. Para su diseño se han basado en los errores del pasado y han aprendido que no hay que intentar explicar una realidad conveniente a base de mentiras o eufemismos, porque ocurre una singularidad: indefectiblemente, la sociedad termina cansándose de esa «realidad impuesta».

Los nuevos administradores han aprendido a usar la misma singularidad en un diseño fresco: no explican la realidad, sino que inducen a cada cual a crear la suya propia. Sí, nadie se revela ante su propia creación. Ya este concepto andaba rondando al ser humano desde la Caverna de Platón, aunque quizás la saga de La Matrix, por contemporánea, sea la obra que mejor se aviene a nuestra actualidad, con la excepción de que en esta cada individuo tiene su propia Matrix, hecha por él mismo.

Si las máquinas de la película de los hermanos Wachowski tuvieran este diseño, otro gallo hubiera cantado para los héroes de la cinta –un gallo mecánico quizás–.

Nada ni nadie puede competir en materia de interactividad y generación instantánea de opiniones con las amistosas plataformas de las redes sociales y sus interfaces tan cómodas. Nadie, ni la televisión, ni la radio, ni el cine, ni los periódicos –aunque sean digitales–. De hecho, estos medios clásicos tienen sus propios espacios dentro de esas redes sociales. Ellas, tanto como los motores de búsqueda, están escritos con algoritmos inteligentes, idóneos para seguir los gustos e intereses de los usuarios, y son capaces de crear complejos perfiles psicológicos en pos de ofrecer a la gente una experiencia más rápida y personalizada.

He aquí un término a tener en cuenta: personalizada. Hasta ahora ha sido sinónimo de comodidad y contra él nadie puede levantar la voz, porque lo personalizado es bueno, tan bueno que responde a los intereses de uno mismo, y quién mejor que uno en materia de intereses. Pero ese asunto de la personalización llega a extremos de, incluso, personalizar las noticias y toda la información recibida del mundo exterior. Casi parecen preguntar: «¿Qué te gustaría que fuera verdad?».

Si eres seguidor de las tendencias culinarias, pues tus motores de búsqueda y tus redes sociales –que parecen algo distinto, pero no lo son tanto– inundarán tu computadora o teléfono con información relativa a estas cuestiones. No obstante, si además eres vegano y alguna vez expresaste tu preocupación ante el daño que causa el consumo de carne, pues muchas de las publicaciones que verás responderán a esta inquietud. No importa la veracidad, el caso es que resulta de tu interés y ahí te va.

Entonces se habrá creado a tu alrededor una muralla de información, una realidad diseñada por ti y ajustada a tus intereses de la que no puedes defenderte. En el ejemplo anterior no hay mayor daño que una dieta incompleta, porque la carne es buena –lo dicen algunas de las páginas de Facebook que sigo–.

Otro cándido ejemplo, casi una reducción al absurdo, es la renacida teoría del terraplanismo. Si buscas información sobre el tema, los algoritmos empezarán a enviártela y a sugerirte páginas, sitios y especialistas en la materia. Abrir estos enlaces implica que la cantidad de información que recibirás en el futuro sobre el tema sea mayor. Al cabo del tiempo estarás inmerso en un mar de fundamentos terraplanistas, y como reza un dicho muy cubano, el roce hace el cariño.

En este ejemplo el daño es que pudieras creer en una teoría que incluso en el medioevo era bastante tonta. La Tierra es esférica –esto no lo leí en Facebook–, lo veo cada día, a la vieja usanza, mirando por la ventana libre de Microsoft que hay en el cuarto.

Pero hay ejemplos actuales que lamentablemente no son tan cándidos. Para los seguidores de Trump resulta un enigma inexplicable el hecho de que uno de los presidentes más populares y bonachones de la historia de Estados Unidos, el hombre que estaba a punto de acabar con todos los problemas de la nación, el sincero, el fuerte, el amigo de los afroamericanos, no ganara las elecciones. Las miles de páginas de Facebook y perfiles de Twitter, los cientos de canales en Youtube que les fueron sugeridos a los seguidores del casi expresidente, les mostraban a un hombre así.

Por otra parte, también presentaban a un contrincante más que demócrata y también magnate, izquierdista, listo para poner fin a la libre empresa americana y dejar entrar a todos los enemigos del país, acercando a la nación al socialismo y con ello a la destrucción. Es el enfoque que este tipo de usuarios consume y a la vez genera en las redes, en una especie de retroalimentación que nada tiene que ver con la realidad.

Pero la personalización es mucho más precisa de lo que pensamos si vamos a lo particular: los votantes de Trump en Miami, específicamente dentro de la comunidad cubanoamericana, han dibujado su realidad con elementos auténticos, porque Biden, además, es comunista, tiene vínculos con los Castro y con Maduro, y todo es una conspiración para llevar a «América» el virus de las dictaduras, la escasez y la falta de libertad. Para ellos eso es real, lo ven todos los días en sus dispositivos móviles o en las pantallas de sus computadoras. Es la realidad.

Tampoco están equivocados los afroamericanos que culpan al casi expresidente de todo el racismo que los maniata como seres dignos, a pesar de que el racismo en ese país es sistémico e histórico. Ellos también ven a Trump desde sus pantallas como la encarnación de toda discriminación. Para ellos es real.

El tema entonces radica en cuántas realidades hay: parece ser que una por habitante, a gusto del usuario. Los efectos de esta personalización están siendo muchos y devastadores, porque a pesar de todas estas realidades personalizadas, existe una legítima que se va perdiendo de vista. Pero quizás el efecto más terrible sea la polarización, la constancia casi bíblica de que «Yo tengo la razón, porque todo lo que es audible o visible desde la pantalla lo está gritando». ¿Es que no lo ven? ¿Son ciegos?

De la polarización, de la necesidad de defenderme de esa otra gente que está tan equivocada, surge la violencia, los rifles de asalto y una bala reveladora que al final explica que la muerte no puede ser personalizada, es una realidad invariable y para siempre. Todo esto ya lo hemos visto en una misma nación, y ahora, por vez primera, las elecciones son asumidas como una guerra civil, desplegando la Guardia Nacional y tapiando las vidrieras de los negocios.

Nunca antes en la historia estuvimos tan polarizados y tan seguros de nuestra realidad. Nunca hubo tantas facciones políticas, sexuales, deportivas, culinarias y filosóficas chocando, temblando de rabia por la mera existencia de la realidad del otro, tan equivocado. Por supuesto que las redes sociales no son la simiente de todo el mal, son sólo una herramienta bien calibrada que puede exacerbar la polarización y el extremismo.

Quienes diseñaron estas redes quizás no tenían otro propósito que la comunicación y la concordia, y para eso sirven también, porque en ellas hay una utilidad que puede potenciar el desarrollo de la sociedad. Pero quienes las administran ahora mismo tienen un solo objetivo, ajeno a la política, la sexualidad, la culinaria: aumentar el tiempo que pasamos en ellas, porque cada segundo les genera dinero. Por eso, nos hacen sentir cómodos, que el mundo que vemos ahí sea lo más parecido a nosotros posible.

Entonces es muy fácil hundirnos en esa realidad personalizada, como prisioneros en la Caverna de Platón, luchando a muerte por imponer nuestro criterio sobre qué cosa es esa sombra que se mueve en la pared, sin reparar en el hecho de que, curiosamente, esa sombra se mueve a la par de nosotros.

La decisión de Carlos Prío

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En el momento del golpe de Estado, Carlos Prío Socarrás padecía de un Trastorno Depresivo Mayor, del cual había sufrido varios episodios anteriores.

En 1948 fue elegido como Presidente de la República de Cuba, Carlos Prío Socarrás, por el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). En su juventud había participado en las luchas estudiantiles y en la Revolución del 30. Cuatro años más tarde, el 10 de marzo de 1952, el antiguo sargento taquígrafo, devenido coronel, Fulgencio Batista Zaldívar, lo sacó de la presidencia mediante un golpe de Estado, que tomó como centro de operaciones al antiguo Campamento Militar de Columbia, convertido después de 1959 en la Ciudad Escolar Libertad.

A pesar del apoyo popular, especialmente de los estudiantes universitarios que incluso reclamaban armas para enfrentarse al emergente dictador, Carlos Prío no reaccionó y decidió partir al exterior, acompañado de su familia. Existe incluso una foto del presidente derrocado, diciendo adiós en el aeropuerto.

Al triunfar la Revolución Cubana, regresó. Fue de los primeros. Pero su estancia sería solo de dos años, pues partió posteriormente dada su franca oposición a la ideología marxista-leninista, proclamada en 1961.

Buena parte de la historiografía cubana ha tildado de cobarde y débil la actitud de Prío, al entregar su gobierno a Batista sin mostrar resistencia. Es la versión más extendida. Pero podría ser interesante ver otra dimensión, la psicológica y psicopatológica, que, en no pocas ocasiones, nos sirve para comprender los acontecimientos históricos.

El pueblo es quien determina la historia. El papel de las grandes personalidades es recoger las aspiraciones y necesidades de ese pueblo en un momento concreto. Pero la personalidad del líder marca significativamente la manera en que se desarrollan los hechos.

Por ejemplo, cuando Lenin, enfermo, en una carta escamoteada durante mucho tiempo, escribió sobre los rasgos negativos de Stalin y recomendó que lo pasaran a otro puesto que no fuera el de Secretario General del Partido Comunista, estaba hablando, en última instancia, de psicología y psicopatología. Sus argumentos se fundamentaban en los rasgos negativos del carácter de quien, a la larga, se convertiría, pese a la advertencia, en su sucesor. El tiempo le daría la razón.

Me contaba un amigo psiquiatra, quien a su vez había recibido la historia de otro psiquiatra, que en el momento del golpe de Estado, Carlos Prío Socarrás padecía de un Trastorno Depresivo Mayor, del cual había sufrido varios episodios anteriores. Si a esto se añade el generalizado rumor del consumo de drogas por el presidente puede ofrecernos este relato una pista para entender su conducta. Se asociarían un trastorno relacionado con el consumo de sustancias y un episodio depresivo mayor, lo que actualmente se conoce como patología dual.

No se trata de una justificación de la conducta de Prío, pero la severidad del cuadro depresivo impide al individuo no sólo tomar decisiones, sino además implica la falta de deseos para tomarlas. Prío eligió el camino más fácil: escapar. Intento comprenderlo. Una de las recomendaciones básicas que los psiquiatras hacen a sus pacientes es no tomar decisiones importantes durante la depresión porque incluso pueden ir contra ellos mismos. No se deprimió por el golpe, ya estaba deprimido y probablemente bajo tratamiento. Aquél solo agravó los síntomas ya existentes.

Cuento este hecho tal como me lo transmitieron y sólo quiero poner énfasis en la importancia de los factores psicopatológicos y psicológicos en la historia universal y de Cuba, llena de supuestos misterios y de explicaciones que no toman en cuenta las variables señaladas, dado su significativo carácter subjetivo y develador de la intimidad de las grandes personalidades, verdaderos agujeros negros del relato histórico.

El 5 de abril de 1977, el ex Presidente de la República Carlos Prío Socarrás se suicidó en su casa de Miami.

Una derrota no es el fin del trumpismo

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En Estados Unidos existe una facción autoritaria lista para inaugurar una autocracia estadounidense (Foto: Evelyn Hockstein/The Washington Post)

Tras cuatro años agotadores, Donald Trump finalmente ha sido derrotado, pero no el trumpismo. Sin duda, es motivo de celebración para la parte del mundo que cree en la ciencia, la razón, la igualdad racial y la democracia. Pero su muy estrecha derrota también es un aviso serio, un reflejo del descontento general de una población cuyas necesidades siguen ignoradas y un indicio de la existencia continuada de una facción autoritaria lista para inaugurar una autocracia estadounidense.

Estados Unidos tiene un sistema político moribundo que necesita de forma urgente grandes reformas para satisfacer los requerimientos mínimos de la democracia formal y proporcionarle a sus ciudadanos vidas dignas. Lo preocupante es que los resultados de la pasada elección no facilitarán que esas metas sean alcanzadas.

Los cambios políticos que EEUU necesita se dan en diferentes áreas: reformas de la Corte Suprema, que es antidemocrática; el Colegio Electoral y el Senado, los cuales representan demasiado a los estados con menos población; la práctica extraña de gerrymandering, que permite que el partido en el poder dibuje distritos congresionales más fáciles de ganar; el sistema de votación, que le niega el voto a mucha gente; y el financiamiento de las campañas electorales, el cual favorece tremendamente las grandes empresas y a los ricos.

Que un partido, el Republicano, con menos apoyo de la ciudadanía y políticas desfavorecidas por esta —lo que se demuestra en el hecho de que ha perdido el voto popular en siete de las ocho últimas elecciones— pueda gobernar debido a la sobrerrepresentación de una minoría en el sistema político, significa que el país está a punto de convertirse en una oligarquía.

Los mecanismos anticuados que frustran la voluntad popular deben ser actualizados, pero los republicanos y algunos demócratas conservadores que se benefician del status quo, se resisten a la reforma. Entonces, para que mejore el aparato del sistema político, se necesita una mayoría contundente en el Congreso, algo que no parece posible en tiempo cercano. Más allá de eso, si los demócratas al fin fracasan en su intento a ganar una mayoría en el Senado, su capacidad de legislar cualquier programa será nula.

Entonces, los problemas que crearon el fenómeno Trump permanecerán no resueltos. Sin un estímulo económico, la crisis provocada por el coronavirus empeorará. Sin medidas para reducir la brecha entre los ricos y los pobres, la gigantesca desigualdad económica seguirá creciendo. Sin medidas para controlar a la policía y los encarcelamientos masivos, la crisis de justicia criminal se exacerbará. La rabia, la paranoia, el resentimiento, el miedo, y la búsqueda de chivos expiatorios no se desvanecerán sin medidas concretas para solucionar los problemas diarios de la gente y darles confianza a quienes se sienten abandonados y sin perspectivas de futuro.

También perturbadora es la inevitable tendencia de muchos centristas y liberales a concluir que todo estará bien, ya que la amenaza anaranjada no ocupa la Casa Blanca. A esta conclusión arriban sin un análisis estructural de la situación política y agotados tras cuatro años de angustias. Fingir que Trump es anómalo, una desviación del progreso lineal de la historia estadounidense, es reconfortante y preserva mitos importantes sobre la fortaleza política y la integridad moral del proyecto estadounidense.

El resto del mundo también se sentiría más tranquilo pensando que la primera potencia planetaria, con un enorme arsenal de armas nucleares y un vasto imperio de bases militares, no cometerá el mismo error otra vez. Esta idea es tentadora y cómoda, pero falsa y reduce la probabilidad de conseguir las reformas cruciales que prevendrían la ascendencia de otro aspirante a caudillo.

Declarar la victoria y volver a brunch es la receta perfecta para el recrudecimiento de la crisis que enfrenta EEUU, pues aumenta las probabilidades de que alguien más suave e inteligente pueda ganar en 2024 y así completar el trabajo de destruir la democracia que Trump había empezado con gusto. Las consecuencias de esa autocomplacencia serían graves para todo el mundo, pero especialmente para las Américas, ya que es muy poco probable que un autócrata estadounidense sea pacífico con sus vecinos, particularmente con los de izquierda.

Aun así, a pesar de todo, hay razones para guardar algunas esperanzas tentativas: la izquierda tuvo una elección bastante prometedora, con numerosas victorias de candidatos con plataformas que responden a los problemas cotidianos de la gente.

Además, tanto ahora como en 2016, es seductora la idea de inferir conclusiones de una elección que presentó una selección binaria, pero deberíamos recordar que las selecciones de ese tipo son restringidas y que no nos dan toda la información sobre lo que la gente realmente piensa. La elección entre el neoliberalismo tibio de Biden y el neofascismo descabellado de Trump era extremadamente imperfecta. No hubo una opción por políticas de izquierda que abordaran los problemas reales de los trabajadores y los pobres. Solo vimos simples cuentas de votos, no conocemos las motivaciones detrás de la decisión tomada por cada votante.

Entonces, no se puede concluir lo peor basados en esa señal poca clara: cada votante de Trump no es necesariamente un racista irredimible. Es verdad que muchos trumpistas apoyan genuinamente el autoritarismo, pero no son los más de 70 millones de personas que votaron por él. Ahí existe una oportunidad de retrasar las líneas políticas para que sean más favorables a la izquierda.

Aunque parezca difícil, no es el momento de retirarse. Trump ha controlado la conversación y ha polarizado a la gente según las grietas más favorables para su agenda. Ahora, ya llegó el momento de reorganizarse, usando el populismo genuino para forjar una coalición nueva –multirracial, multigeneracional, de la clase obrera y la clase media–. Bernie Sanders trató de hacerlo dos veces, ojalá la tercera vez sea la vencida.

El camino sigue siendo el mismo: promover una plataforma con programas sociales concretos y populares, diseñados con la ciudadanía y con sus deseos en mente. En este momento, esas aspiraciones se traducen en una respuesta científica a la crisis de coronavirus, emparejada a medidas que protejan la economía; seguros médicos para todos; un Nuevo Acuerdo Verde que crearía millones de puestos de trabajo, establecería un sistema de infraestructura diferente, y mejoraría la resistencia contra el calentamiento global; la protección y expansión del derecho a organizar sindicatos; aumentos del sueldo mínimo; educación universitaria pública, gratuita, y de alta calidad; y mucho más.

Es preciso reconocer abiertamente que el sistema ha fallado a mucha gente. Simpatizar con su frustración es una parte importante para convencerlos de que la izquierda no quiere engañarlos. Igual de preciso es exponer a quienes están obstaculizando el progreso, sus móviles, y la manera de neutralizarlos. Seguramente tanto EEUU, como el resto del mundo, continuarán viviendo tiempos complejos. Según Trump, Joe Biden es «somnoliento». Su administración no podrá serlo de ninguna manera.

Las urgencias pospuestas: bienestar animal

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En Cuba, el proceso de elaboración del decreto-ley de bienestar animal ha transcurrido sin la aprobación de la experiencia del colectivo animalista de la isla (Foto: Gabriel Bianchini)

Es el 3 de mayo del 2017 en Manzanillo, Cuba. Un joven encierra a un perrito en un cajón. El perrito aúlla. El joven toma una botella de combustible. Su ayudante mira la cámara con estúpida satisfacción. Encienden una cerilla y prenden al animalito. Publico una nota sobre el deleznable suceso en mi muro de Facebook.  Sólo provoca que una legión de comunicadores virtuales me llenaran el chat de «advertencias constructivas» porque «estás exagerando en tu obsesión por desacreditar a tu ciudad y a tu Revolución. Y estás publicando algo que no puedes probar».

El 5 de mayo del 2017, llego a casa y me encuentro con varios compañeritos de Secundaria Básica de mi hija que miran un teléfono. Dos adolescentes lloran y un chico exclama: «Son unos p… esos tipos». Mi hija abraza a nuestro perro Pombo que no entiende la escena, que quiere jugar, y lamer, y correr como hace siempre que llegan los muchachos con su algarabía. Pero esta vez no hay júbilo, sino miradas de dolor y rabia. 

«Mira esto papá, mira esta mierda» –creo que es la primera vez que La Caro se atreve a decir una obscenidad en mi presencia. Me enseñan en video al perrito que corre envuelto en llamas. Uno de los perpetradores hizo el macabro audiovisual.

Esa noche La Caro duerme abrazada a Pombo. Enriquito, un niño de siete años vecino de la Calle Ancha donde ocurrió el hecho, tampoco quiso soltar a su perro Tobías. «Yo creo que mi hijo nunca se va a recuperar de la impresión» -me cuenta una madre.

El perrito asesinado es sepultado en silencio por su dueño: «¿Qué podía yo hacer? Soy un hombre viejo. Ellos dijeron que mi perro les había matado una gallina. Y la policía dijo que no había por donde juzgar a esos tipos».

Decido subir el video a las redes, más que para probar mi nota, para llamar la atención acerca de la crueldad contra los animales en Cuba. Se volvió viral. La radio local transmite un reportaje que, si bien condena tímidamente el hecho, se concentra más en mostrar que la mayoría de nuestros infantes aman los animales y los cuidan. El programa Haciendo Radio, de Radio Rebelde, fue más profundo e incisivo, y sus periodistas enfatizaron acerca de la necesidad de que la sociedad condene esos actos.

Los perpetradores fueron detenidos. Uno de ellos estaba con libertad bajo palabra y fue devuelto a un centro penitenciario. Otro fue únicamente multado por indisciplina social. «Ninguno pudo ser juzgado y condenado por el acto en sí mismo porque en Cuba no hay una legislación que lo permita» ?me explicó una ex fiscal, defensora del bienestar animal. 

Como resultado de aquellos sucesos, tuve mis primeros contactos con el Movimiento Cubano en Defensa de los Animales (CEDA), más que una organización, la integración de muchas organizaciones, micro-organizaciones e individualidades. Según me cuenta Valia Rodríguez, una de sus activistas y coordinadora, «CEDA surgió en Mayo del 2016, como un proyecto social y humanitario».

Tiene como pilares «la esterilización de animales domésticos, predominantemente callejeros, como un modo ético de disminuir superpoblaciones en las calles, la adopción responsable, y la educación de la sociedad, con énfasis en niños y jóvenes, en temas relacionados con la tenencia responsable y la lucha contra el maltrato y la violencia hacia los animales».

Una organización como CEDA hubiera sido la adecuada para promover, integrada a la institucionalidad estatal, un proyecto de intervención sociocultural en la zona donde se produjo la quema del perrito. Lo propuse públicamente. Lo conversé con quienes me aplicaron una especie de «profilaxis ideológica» para que no volviera a subir a las redes sucesos como ese. Nunca hubo respuesta. Según Valia Rodríguez, a raíz del suceso aquí narrado, enviaron cartas a Raúl Castro, Primer Secretario del PCC y a Miguel Díaz-Canel, entonces presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Pero CEDA no es la única organización en Cuba que ha abogado por el bienestar animal. En el reportaje Sin ley y sin voz, publicado en 2006 en la revista Juventud Técnica, por el periodista José Leonardo Vela Mayo, se asegura que: «Tanto la Comisión Nacional de Bienestar Animal (…), como ANIPLANT (Asociación Cubana para la Protección de Animales y Plantas) se oponen al enfrentamiento entre cualquier tipo de animales».

En 1988, cada una presentó al Ministerio de la Agricultura (MINAGRI) dos proyectos de ley que fueron engavetados. Como resultado de la consulta para la aprobación de una nueva constitución en 2018, las autoridades gubernamentales solicitaron información a los animalistas y se les hizo llegar un anteproyecto a través de un grupo denominado Protección de Animales de la Ciudad (PAC). Tampoco hubo respuesta inmediata, aunque a través de la prensa se anunció que un decreto-ley de Bienestar Animal se incluiría en el cronograma legislativo de la Asamblea Nacional para el 2020.

De tal modo, para Adriana, una protectora de Ciego de Ávila, «en nuestro país el proceso de elaboración del decreto-ley de bienestar animal ha transcurrido sin la aprobación de la experiencia del colectivo animalista de la isla». Cuenta además que «se ha reunido una comisión integrada por veterinarios, juristas, especialistas del CITMA, Higiene y Epidemiología, y zoológico, entre otros, coordinada por el Ministerio de la Agricultura, el cual –paradójicamente– en este caso además es parte interesada como parte del maltrato animal».

¿Por qué Adriana se refiere al MINAGRI como «parte del maltrato animal»? La clave pudiera aparecer en el artículo ya citado de Juventud Técnica: «Las lidias (de gallos) casi llegaron a desaparecer del territorio cubano hasta que, hace más de una década, el Comandante Guillermo García Frías creó el primer criadero de gallos finos regulado por el Estado». También aclara: «Hoy la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna, perteneciente al Ministerio de la Agricultura, supervisa los enfrentamientos que se realizan en las vallas autorizadas de cada provincia».

Todo ello está amparado en la Resolución 255/2006 del MINAGRI, que establece que «la cría y prueba de gallos de lidia tiene su fundamento en la tradición cultivada de la isla». Una descendiente de un muy reconocido gallero del municipio de Yara, me comenta que su padre entiende que la lidia de gallos es un símbolo de la valentía de los cubanos, una tradición fundada en nuestro patriotismo. «Esas «gunajás» –refiriéndose a las peticiones de protección para los animales– nos pueden debilitar» –afirma el gallero.

Otro contencioso no menos importante existe entre el Centro de Higiene y Epidemiología, subordinado al Ministerio de Salud Pública (MINSAP), y los animalistas. Se cuentan por decenas las denuncias públicas contra los procedimientos despiadados de los trabajadores del llamado «zoonosis» que, como única opción para el control de perros y gatos callejeros, usan la captura y posterior sacrificio.

Después de una marcha realizada por protectores de los animales en La Habana, a la que se sumaron prominentes personalidades como el cantautor Silvio Rodríguez, y una protesta frente a la sede de zoonosis en La Habana, se estableció un compromiso por parte de esa institución de trabajar en conjunto con animalistas para evitar procedimientos lesivos. Pese a ello, las recogidas y sacrificios de callejeros en las provincias han continuado haciéndose en muchos casos sin honrar ese compromiso.

Los animalistas comprenden la necesidad de regular la población de animales vagabundos por razones higiénicos-sanitarias, pero para CEDA, la solución está en la esterilización y en la educación que promueva la responsabilidad de los protectores y cuidadores, no en el sacrifico.

He aquí lo que parecen ser, visto de modo apriorístico, las principales contradicciones entre los animalistas y el gobierno. ¿Son insalvables? Por supuesto que no. Si el gobierno y sus instituciones aceptaran un diálogo sostenido y sistemático con las organizaciones que protegen a los animales en Cuba, si unos y otros se despojaran de los recelos mutuos que pudieran sentir y, sobre todo, si ni unos ni otros asociaran sus respectivas posturas a condicionamientos ideo-políticos que no son pertinentes, podrían llegar a una conciliación en aras del fomento y la educación del bienestar animal.

Lo que pueden hacer en conjunto instituciones estatales y el movimiento animalista cubano es mucho, muchísimo más, que la aprobación de una Ley de Bienestar Animal, de la cual, a un mes de finalizarse el año en que se anunció su aprobación, apenas se conoce una convocatoria con temas publicada por el MINAGRI, cuyos funcionarios públicamente dan indicios, aunque no lo digan de forma clara, de que no prohibirán las lidias de gallos, lo cual parece una burla.

Y sobre eso, sobre lo que pueden hacer juntos para evitar perritos quemados en plena calle, y niñas y niños durmiendo abrazados a sus mascotas debido a la brutal impresión a que fueron sometidos, volveré próximamente.