…ya hablé demasiado en otros tiempos para no decir nada.
Ahora mi discurso tiene una finalidad.
Albert Camus, La caída
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Pensar en voz baja
Leí en estos días El cuidado al adulto mayor en escenarios cubanos. Lecturas en clave sociológica, cuya coordinadora es Ángela Peña Farías, destacada profesora del Departamento de Sociología de la Universidad de La Habana. En el plano metodológico la investigación resulta impecable. La mirada social está presente, elaborada en su mayoría por especialistas experimentados. Hay maestría en la distribución de los temas e importantes aristas que rozan a este sector de la población. Imagino que reciba algún premio por el impacto que el estudio supone.
Ese análisis colectivo, publicado recientemente, hace un recorrido por varias instituciones que se dedican a esta imprescindible actividad, incluso, aparece un artículo dedicado al sector privado, otro donde se destaca la labor de las agencias de cooperación, es decir, lo que se puede lograr con el apoyo internacional como es el caso del Convento de Belén y la sociedad civil en general; asimismo, se resalta la labor tremenda que despliega la iglesia católica a través de la Orden de las Carmelitas Descalzas en el hogar de San Francisco de Paula.
Algo que preocupa respecto a la ancianidad —dadas las actuales circunstancias que vivimos—, es la tibieza extrema con que es valorado el papel del Estado en el tratamiento a esta cuestión, mientras se le enseña a los estudiantes que la Sociología es «una ciencia que incomoda». Comprendo que es complicado sostener una posición diferente a la que exponen, y que una crítica bien fundamentada al mal desempeño oficialista en tales asuntos conllevaría la posibilidad de la no publicación, además de hacer peligrar incluso la estabilidad laboral, etc. Sin embargo, una cosa es el tema y otra el contenido de verdad de una obra. Ojalá estuviesen unidos, pero no siempre es así.
Mi objetivo no consiste en hacer trizas un texto porque sí, o recrearme en su simple detracción, estoy muy lejos de ese «enfrentamiento» inútil; al contrario, honrar honra, por ello saludo el trabajo de un grupo dedicado a reflexionar sobre la vejez. Concuerdo con Gilles Delauze, quien explicó que el tipo de crítica abierta y despiadada hacia determinados libros convertía a estos autores que juzgan a otros seres con un aire de superioridad a fuerza de ser tontos, pues lo importante es encontrar un tipo de bibliografía que llegáramos a amar.
Tuvo mucha razón el filósofo francés. José Martí, que no era amigo de murmuraciones implacables, escribió sobre ello en la Revista Universal de México el 29 de junio de 1875: «La crítica es siempre difícil y solo una vez noble: cuando […] censura las ideas esenciales con alteza de miras, e imparcialidad y serenidad de juicio». Lo que más deseo es que estos juicios míos sean serenos a la manera martiana. La verdad no requiere trompetas ni altavoces. Pero pensar en voz baja es una manera de mentir.
Esta afirmación contundente del mencionado libro parece describir otro contexto: «(…) se diseñan estudios y políticas de carácter general o enfocados en las diferentes etapas de la vida. Dentro de estos, se otorga particular atención al alcance de una longevidad satisfactoria, con calidad de vida para los ancianos». Es muy contradictorio afirmar algo así en un país donde resulta estremecedor constatar que ni los ancianos ni la población en general pueden acceder a medicamentos específicos para preservar la salud, y por tanto, la calidad de vida de los adultos mayores está deteriorada.

La situación es extremadamente tensa, se carece de muchas condiciones de vida con el riesgo a la salud que ello implica, lo que convierte en vulnerables a millones de personas que viven en territorio cubano. Es reciente el reclamo en las redes de la única sobreviviente del accidente de aviación ocurrido en mayo de 2018 en La Habana, en el que fallecieron 112 personas, para continuar con su tratamiento de cuadriplejia. A partir de él, se ha suscitado un debate entre defensores y críticos que la tildan de malagradecida. La joven bastante tiene ya con lo que sufrió y sus circunstancias actuales.
Es un hecho evidente que la alimentación es en extremo precaria y requiere largas filas y horas de espera enajenante; que impera una inflación monetaria, pensiones y salarios de miseria, el transporte continúa muy ineficiente, muchas edificaciones en ruina, una impactante falta de higiene en las ciudades acompañada de imágenes decadentes, apagones por tiempos prolongados que enervan a la población afectada, realización de juicios ejemplarizantes debido a las protestas del 11 de julio del 2021, destierros, emigración galopante de una gran parte de la sociedad eminentemente joven… Esas razones convierten a Cuba en un pueblo vulnerable en toda la extensión de la palabra.
Llamó mi atención sobremanera un artículo del texto que describe una residencia destinada a cuidar ancianos con excelencia como ejercicio privado. Esta noticia resulta alentadora. No obstante, aunque aparecen en el estudio bajo anonimato, se conoce que están destinados a personas cuyas familias pueden pagar precios prohibitivos para un sector mayoritario de la población. En el momento en que se realizan las entrevistas, en el 2017, las familias pagaban mediante remesas en ese entonces 100, 200 y 300 CUC.
Ahora sería esa cantidad en dólares o euros. Me pregunto, ¿por qué tanto secretismo en ese análisis meramente descriptivo y ambiguo? ¿Dónde radica ese maravilloso lugar? En el reparto Kohly existe una residencia de ancianos que pertenece a una clínica exclusiva para la élite cubana.
La Sociología como moral
Un hecho que me impactó en el artículo mencionado fue la respuesta de una cuidadora familiar a la socióloga que la entrevistó. La pregunta expresaba un distanciamiento con el objeto de estudio, hasta ahí es normal. Es necesario un no involucramiento con las personas que se estudian, eso los especialistas lo tienen muy claro, como mismo un médico no puede permitirse llorar cada vez que atiende a un paciente grave. Pero la valoración de la entrevistada demuestra que este tipo de aseveraciones e interrogatorios requiere una meditación pausada. El automatismo metodológico no debe impedir una pedagogía del testimonio. A continuación transcribo el párrafo:
«Fueron pocas las entrevistadas que expresaron encontrar ventajas en dedicarse a esta labor; algunas hasta cuestionaron la veracidad de la interrogante cuando se les formuló: “¿En serio, después de todo lo que te he contado me preguntas por las ventajas que tiene mi situación?”. Reacciones como esta y otras asociadas a silencios profundos, actitudes pensativas o simplemente el no contestar reflejaron las encrucijadas que experimentan estas mujeres».

Fíjense de nuevo en esta llamada de atención de la entrevistada, a mí me parece muy significativa: «¿En serio, después de todo lo que te he contado me preguntas por las ventajas que tiene mi situación?». Lo que intenta esta persona es transmitir una única experiencia, su dura realidad. La experta no fue capaz de bajar de su tarea y enterarse que el discernimiento también es sensibilidad.
La filósofa María Zambrano destacó que «ver con el corazón» es una forma primordial del conocimiento. Los sociólogos se desentienden muchas veces y solo se enfocan en el aspecto técnico de esta ciencia, van a los meros datos. Pretender encontrar en la labor estoica y resiliente de una cuidadora de un familiar enfermo una «ventaja» es intentar encontrar otros datos, lo que demuestra la ausencia de una reflexión ética que mida con otros parámetros la realidad. Salvador Giner, el español que era y ya es por siempre un grande de la Sociología, lo afirma de manera contundente en el prólogo a una publicación mía: El momento del agua. Papeles de Civismo (2011): «La sociología es la ética de la modernidad».
Lo que no ve
Otro aspecto digno de tener en cuenta es la situación de los indigentes, que ya tuve ocasión de explicar hace unos meses y que son los grandes ausentes en el mencionado estudio. ¿Quién cuida a estos seres humanos sin techo, sin SAF (Sistema de Atención a la Familia) y sin nada? Una cosa es el decir y otra el mostrar, son dos formas expresivas donde la primera es lenguaje y la segunda silencio; esta última tiene ruidos.
Hace pocos días se efectuó un encuentro entre varias instituciones estatales y no estatales con el objetivo de coordinar y ejecutar en La Habana la conversión del Municipio Plaza en una «ciudad amigable» ¡Por Dios! ¿De qué estamos hablando? Con solo caminar algunas calles palpamos el peligro de alguna caída, algo fatal en estos tiempos de oscuridad, cuando no se dispone ni del material requerido para inmovilizar un hueso. ¿Con cuántos ómnibus se cuenta para adaptarlos a las necesidades y peculiaridades de la gente envejecida físicamente? ¿Una ciudad amigable con seres humanos comiendo de la basura?
Encontré en Internet una foto en la que se veía a un señor estaba acostado en una acera bebiendo directamente de un charco de agua que se encontraba en un cantero con fango. Preocupa que la mayor parte de los comentarios sobre esta estremecedora foto fueran burlas; es decir, se aprecia una indolencia total que manifiesta el estado moral en que nos encontramos.
Una cosa es el choteo como modo de sobrevivencia, típico de la identidad cubana; otra el abandono de la preocupación por el Otro, la ausencia de la más mínima solidaridad por el sufrimiento ajeno; precisamente la manera en que nos relacionamos con los demás es lo que nos hace ser mejores o peores. La responsabilidad por esos otros, que solo pueden expresarse desde su silencio, desde su grito, desde el dolor, es lo que nos hace seres humanos o monstruos.
Las Ciencias Sociales en Cuba deben vivir con los tiempos, ejercer su derecho a la crítica. Algo que daña su ejercicio es la hipocresía de ese derecho.
































