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¿Envejecemos con dignidad en Cuba?

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(Foto: Diario de las Américas)

Mi abuela materna tiene ochenta y tres años y se autodenomina una persona pobre. Su análisis está muy lejos de entrañar una visión marxista de conciencia de clase, mucho menos una lectura política del asunto; mi abuela solo cursó estudios hasta el sexto grado. Al referirse a su condición económica esgrime la corta lista de mundanas posesiones de su patrimonio y lo rápido que se esfuma una chequera de poco más de mil 300 CUP, fruto de su viudez hace dos años.

Hablar de pobreza en Cuba supone un tema difícil, en primer lugar, por la inconsistencia a la hora de brindar un panorama detallado de esta problemática. Según el Informe Nacional Voluntario de Cuba sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, publicado en 2021, las autoridades indicaron la existencia de cincuenta mil personas en condiciones de pobreza multidimensional, lo que representa apenas el 0,44 % de la población.

De acuerdo con el Informe, el concepto de pobreza multidimensional implica que «una potencial privación monetaria o material no impide el acceso, disfrute y resultados superiores en áreas como educación, salud, trabajo, impactos ambientales, condiciones de vida, seguridad y asistencia social y otras dimensiones del desarrollo humano».

El análisis anterior obvió, en cambio, los ingresos per cápita, indicador ampliamente utilizado para establecer la línea de pobreza que, por ejemplo, el Banco Mundial fija en 1.90 dólares por día. Como precisé en un texto anterior publicado en este espacio —si tomamos dicho valor como referente y, según una encuesta realizada en la Isla por la empresa alemana Statista— se puede concluir que ocho millones de cubanos viven por debajo del umbral de la pobreza.

¿Y qué pasa con los ancianos?

El contexto actual —marcado por la «Tarea Ordenamiento», pérdida de la capacidad de compra de la moneda nacional y desabastecimiento de productos de primera necesidad—, acrecienta las brechas entre quienes pueden, o no, acceder a ciertos bienes y servicios. En el último grupo se inserta un creciente número de personas de la tercera edad.

Para los ancianos cubanos, las carencias más urgentes se resumen en alimentación, medicamentos, espejuelos y mal estado de las viviendas. Así lo recoge un estudio a cargo del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, que también refiere como demanda de este grupo etario una mayor oportunidad de acceder a programas de asistencia social, actividades de ocio acorde a sus posibilidades y la necesidad de contar con agrupaciones formales que los representen.

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Para los ancianos cubanos, las carencias más urgentes se resumen en alimentación, medicamentos, espejuelos y mal estado de las viviendas. (Foto: Diario de las Américas)

Unido al hecho de que los adultos mayores pueden requerir ayuda para realizar actividades cotidianas o depender económicamente de terceros; basta contrastar el monto mínimo de las pensiones —mil 528 CUP— con el precio de la canasta básica —más de tres mil CUP—, para concluir que envejecer en Cuba puede tener un matiz dramático.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Envejecimiento de la Población —desarrollada por la Oficina Nacional de Estadística e Información en el año 2017—, el 52.5 % de los habitantes de la Isla superaba los cincuenta años. Entre los datos más preocupantes, resalta que el 57.4 % de los adultos con edades comprendidas entre 60 y 64 años, no sobrepasa la enseñanza media inferior.

Ello pudiera apuntar a que, de continuar con alguna actividad socioeconómica, dicho grupo poblacional recurrirá obviamente al trabajo informal o no profesional. De igual manera, esto significaría que al llegar a una edad más avanzada, tales personas no podrían seguir realizando la misma tarea si les demandara un esfuerzo físico considerable.

Por otro lado, también en 2017, el Fondo de Población de Naciones Unidas ubicó a Cuba como el país más envejecido del continente. La preocupación por el asunto gira en torno a que una población envejecida abre la puerta a una crisis de fuerza de trabajo y a un complejo panorama en el orden tributario, político y familiar; en tanto las posibilidades de movilidad social de los adultos mayores comienzan a verse reducidas, a la vez que disminuyen también sus capacidades para trabajar o auto-sustentarse.

La Encuesta sobre Envejecimiento revela que «para el 44,1 % de personas de 60 y más —y de similar proporción de las de 75 y más— sus viviendas presentan al menos una afectación en su estructura, donde predominan las averías en el techo y filtración, aunque también están presentes desperfectos en paredes y piso». En tanto, para los ancianos que viven solos, el 49% experimenta algún tipo de estos problemas en su residencia frente al 43% de quienes viven acompañados.

Otro dato preocupante es relativo al acceso al agua potable, pues uno de cada cuatro ancianos no cuenta aún con ese servicio conectado directamente por tuberías hasta el interior de las viviendas. Se trata de una problemática más grave para aquellos que no tienen amparo familiar o conviven con personas de edad avanzada.

El baby boom sesenta años después

Es en la presente década que corresponde la jubilación a los nacidos en el baby boom de los años sesenta, fenómeno que fuera expresión de la esperanza depositada por esas generaciones en las políticas de bienestar social impulsadas por la Revolución. A ello se sumaron la reducción de la mortalidad (materna, infantil y fetal) y el incremento de la esperanza de vida.

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Es en la presente década que corresponde la jubilación a los nacidos en el baby boom de los años sesenta.

El panorama actual es muy distinto. La crisis migratoria y el consecuente éxodo de mujeres jóvenes en edad fértil, así como un horizonte desalentador para los que se quedan —debido a la precariedad del fondo habitacional, las dificultades económicas y la baja tasa de fecundidad—, aportan señales negativas para una posible reversión del proceso, con no pocas repercusiones a nivel socioeconómico.  

El envejecimiento poblacional ha supuesto un incremento de pacientes con enfermedades crónicas y degenerativas, todo ello en medio de un sistema de salud que enfrenta una aguda falta de recursos. La situación se torna igualmente compleja a la hora de hablar de las pensiones, que correrán a cuenta de la población económicamente activa.

A lo anterior hay que añadir las tensiones propias de la convivencia intergeneracional, con agravantes como: hogares con poco espacio, insuficiencia de ingresos o efectos emocionales y sociológicos para quienes asumen como cuidadores. Emergen entonces dos desafíos ineludibles: 1. ¿Qué haremos como sociedad por nuestros ancianos, en especial aquellos en mayor desventaja socioeconómica?  2. ¿Puede Cuba a mediano plazo revertir esta situación?

Los esfuerzos gubernamentales para brindar atención diferenciada a las personas de la tercera edad remiten al Programa Nacional de Atención Integral al Adulto Mayor, aprobado en 1996 y coordinado por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Como parte del Programa, se encaminan voluntades en tres direcciones: atención comunitaria, institucional y hospitalaria.

Hasta el año 2021 Cuba contaba con trescientas Casas de Abuelos, con una capacidad de 10 258 plazas para ancianos no internos. Durante esta etapa aumentaron también las consultas especializadas en Geriatría y Gerontología, según publica el portal del MINSAP.

No obstante —sin analizar la calidad de la atención en estos centros, si las capacidades satisfacen la demanda, o qué cuidado reciben aquellos ancianos que viven solos y no forman parte del Programa—, destaca el hecho de que en Cuba predomina una perspectiva asistencialista, en lugar de una política integral que aporte herramientas a los ancianos para vivir mejor esta etapa de la vida.

Envejecimiento digno, activo y pleno

Como apunta la socióloga cubana Rosa María Voghon Hernández, en una investigación publicada en la revista Temas en el 2012 y titulada Empobrecimiento y sucesión generacional: un estudio sobre familias:

«La necesidad de pensar hoy en cuestiones vinculadas al alcance de objetivos de desarrollo implica reflexionar en torno a la superación de desigualdades de todo tipo (género, étnico-raciales, generacionales, territoriales) y en sus múltiples niveles de expresión (internacional-nacional-local); así como sobre las inequidades resultantes de las lógicas actuales de reproducción de los sistemas sociales que generan empobrecimiento y precarización de las condiciones de vida de grupos sociales cada vez más amplios».

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La atención integral y priorizada a los ancianos en Cuba compete a toda la sociedad y demanda políticas públicas que trasciendan la perspectiva médico-sanitaria. (Foto: Directorio Cubano)

Envejecer supone un proceso de cambios físicos y mentales, acompañado en ocasiones de la pérdida del vínculo laboral o la oportunidad de sentirse útil y participar en la toma de decisiones a nivel familiar y comunitario. Se trata de una etapa de pérdidas y ruptura con el estatus social, autoestima o realización profesional. Para los adultos mayores en desventaja económica este proceso se agrava debido a las limitadas oportunidades de que disponen para el disfrute pleno de esta etapa de la vida.

Cinco años después de publicarse la Encuesta Nacional de Envejecimiento, el panorama socioeconómico de la nación da cuentas de una crisis económica y un profundo desabastecimiento, que ha dejado desamparados a buena parte de los ancianos. Es importante actualizar los datos recogidos en 2017, en función de variables como el género, la inserción socio-clasista, nivel educacional, estado conyugal, lugar de residencia o color de la piel.

Resulta clave precisar entonces cuántos adultos mayores no cuentan con amparo familiar y cuántos requieren cuidadores a tiempo completo, el estado constructivo de sus hogares y sus medios de subsistencia. Apremia desterrar el mito del universalismo como varita mágica para suprimir las desigualdades. Urge dirigir la mirada a los factores que inciden en la persistencia de condiciones de pobreza para una generación que sostuvo al país en los últimos sesenta o setenta años.

La atención integral y priorizada a los ancianos en Cuba compete a toda la sociedad y demanda políticas públicas que trasciendan la perspectiva médico-sanitaria. Ante el envejecimiento poblacional de la sociedad cubana, necesitamos de la tercera edad como un grupo que aporte y sea tenido en cuenta. Como aseverara el teólogo judío Abraham Joshua Heschel: «La prueba de un pueblo es su comportamiento hacia el viejo. Es fácil amar a los niños, pero el cariño y el cuidado hacia los ancianos son las minas de oro verdaderas de una cultura».

Lectura antirracista sobre la muerte de otro joven afrocubano

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(Foto: Envato)

La muerte de Zinadine Zidan Batista Álvarez a manos de las autoridades policiales, fue reportada en horas de la tarde del viernes 1ro de julio de 2022 y ha conmocionado a gran parte de la sociedad cubana. Las primeras noticias que circularon en redes sociales, mediante videos y testimonios de los presentes, ilustran el incidente como resultado de un altercado que ocasionó el despliegue de un operativo policial que culminó en el fatídico suceso.

No pretendo asumir en este texto una perspectiva hechológica de las circunstancias en que se produjo la muerte de la víctima; procuro más bien arrojar luces sobre las condicionantes que ocasionan la reproducción de estos eventos, bajo dinámicas similares de una recurrencia llamativa, que han provocado el deceso de varios ciudadanos de piel negra en intercambios violentos con miembros armados del Ministerio del Interior.

Zidan Batista se suma a otros jóvenes afrodescendientes que recientemente han perdido la vida a manos de la PNR como resultado del uso letal de la fuerza. El listado está precedido por: Hansel Ernesto Hernández Galiano (24 de junio de 2020), Yamisel Díaz Hernández (5 de julio de 2020) y Diubis Laurencio Tejada (12 de julio de 2021). Este tipo de hechos se produce en circunstancias en que la oficialidad alega peligro para su vida como elemento justificativo de tales procedimientos.

En todos los casos predomina en la institucionalidad la ausencia de un protocolo para tramitar demandas ante las autoridades, así como la contratación independiente de profesionales para el esclarecimiento de los hechos e indemnización económica de los familiares afectados. En tal sentido, persiste un escenario de opacidad que favorece al aparato del Estado en detrimento de los derechos ciudadanos.

Este desamparo resulta aún más lacerante cuando quienes se ven involucrados en estos acontecimientos son personas que viven bajo condiciones de pobreza y preterición económica, como resultado de la histórica desventaja que caracteriza la diferenciación socioclasista. Dichos argumentos han sido avalados por estudios sociológicos, históricos y antropológicos que dan cuenta de la desigualdad que persiste entre los distintos componentes del país.

Según una investigación efectuada por el Centro de Antropología de la Academia de Ciencias de Cuba en los años noventa, el 58 % de los blancos considera que los negros son menos inteligentes, el 65 % de la muestra afirma que estos no tienen valores ni decencia, mientras que un 68 % asevera estar en contra del matrimonio interracial. El elevado porciento de personas con esa mentalidad se ampara en una racionalidad que reafirma el predominio de un imaginario racista ampliamente extendido.

En el 2019, un estudio desarrollado por el instituto alemán GIGA arrojó que el 98 % de las empresas privadas en Cuba son propiedad de personas blancas. El mismo análisis ratificó que el 50 % de este componente es poseedor de una cuenta bancaria contra el 11 % de personas negras. En cambio, solamente el 3 % de ellos alega haber viajado al extranjero, mientras el 31 % de las personas blancas ha gozado los beneficios de semejante privilegio.

La realidad descrita evidencia una gran diferenciación clasista por color de piel, elemento que incide en la reproducción de actividades al margen de la legalidad entre personas negras, sector que presenta además elevados niveles de desempleo según las cifras del último censo publicadas en el 2016.

Todo ello provoca que muchas de las actividades realizadas por las personas de mayor melanina en la piel estén ceñidas a normas cívicas que tipifican determinadas conductas en ámbitos carentes de condiciones para una vida digna, lo que contribuye a la extensión de patrones asociados a la marginalidad como elemento intrínseco de su comportamiento. A su vez, esto ocasiona que sean más proclives ante las autoridades a la solicitud de identificación, realización de cacheos, así como detenciones por sospecha de delito. Y aunque el estado cubano no ofrece datos estadísticos al respecto, los especialistas refieren que la mayoría de la población penal está compuesta por sujetos racializados.

El imaginario delincuencial sobre las personas negras y mestizas se encuentra sustentado, además, por condiciones de vida relegadas a los peores sitios de convivencia, caracterizados por el abandono estatal, la insalubridad y el deterioro de una infraestructura que deja pocos márgenes a la inserción social. Este proceder se agudiza por la extensión de estereotipos que visibilizan al negro(a) como no apto para determinadas actividades laborales, por considerarlo carente de condiciones acordes a empleos que demanden la presencia de un paradigma estético apegado a patrones eurocéntricos.

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El imaginario delincuencial sobre las personas negras y mestizas se encuentra sustentado, además, por condiciones de vida relegadas a los peores sitios de convivencia. (Foto: Hacemos Cuba)

¿Necropolítica?

La violencia episódica del accionar represivo está usualmente acompañada por el predominio de una violencia sistémica, que relega a los afrocubanos(as) a los peores espacios de remuneración, lo que incluye sitios de segregación que generan la expansión de desigualdades y una restricción en su capacidad de compra. Téngase en cuenta que por cada dólar que recibe un afrodescendiente, las personas blancas pueden ser capaces de apercibir hasta cinco veces más. A tenor con ello, se perpetúan sus condiciones de marginación, atendidas de manera poco eficiente por las autoridades, que proponen estrategias de reparación y asistencialismo epidérmico no dirigidas hacia la raíz estructural del fenómeno.

El contexto cubano no está caracterizado por la definición necropolítica, propuesta por el teórico y filósofo Achille Mbembe. Este autor enuncia que, como resultado del modelo neoliberal que tiene lugar en el continente africano, la vida humana se convierte en fin mismo de la acumulación capitalista; a diferencia del pasado esclavista de la modernidad, donde el sujeto negro era entendido como mero instrumentum vocale en los ciclos de obtención de las riquezas, a través de las relaciones sociales de producción establecidas.

No obstante, el escenario antillano adquiere expresiones más evidentes de capitalización que endurecen la vida de los afrocubanos(as). Dado su endeble situación económica, estos han pasado a ocupar los peores sitios del trabajo asalariado bajo deprimentes garantías laborales. A su vez, el aumento en los niveles de pobreza e inseguridad alimentaria inciden en su deterioro económico, al tiempo que los efectos de la escasez tributan hacia una severa restricción en sus niveles de consumo.

Estas condicionantes desvían parte importante de sus actividades al sector no legal del mercado, debido a la incapacidad gubernamental para garantizar la viabilidad de un modelo que ofrezca bienestar social por vías convencionales. De tal manera, esto contribuye a la extensión de estrategias criminalizadas que, sumado a la violencia sistémica en la reproducción de patrones de dominación, obstaculizan las alternativas autonómicas de emancipación y autoorganización, cuyo marco restrictivo lesiona su prosperidad e independencia económica, subordinada al verticalismo estatal y/o la servidumbre que implica la sujeción a las lógicas del capital privado.

El predominio de este depauperado escenario refleja la ausencia de posibilidades para el mejoramiento cualitativo en la vida de los subalternos. De igual forma, predomina la inexistencia de acciones afirmativas dirigidas a revertir los efectos de la desigualdad.

A su vez, resulta evidente la carencia de metodologías adecuadas en los órganos policiales para un tratamiento humanista hacia la población afrodescendiente, como debe caracterizar el desempeño descolonizado de las autoridades. Todo ello reafirma los enormes desafíos para enfrentar el racismo sistémico que predomina en la sociedad cubana, al tiempo que resulta indiscutible la responsabilidad del estado en su sostenimiento.

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El escenario antillano adquiere expresiones más evidentes de capitalización que endurecen la vida de los afrocubanos(as). (Foto: Eliana Aponte / The New York Times)

A pesar de que las instancias gubernamentales alegan la ausencia de racismo institucional, resulta aberrante la forma en que el Ministerio del Interior justifica el uso desproporcionado de la fuerza mediante la emisión de una declaración en la que reproduce los marcos estigmatizantes de la criminalización, cuando exalta —contra toda norma ética y accionar responsable— los antecedentes policiales del fallecido, acto que pretende resaltar un prototipo delincuencial en quien ha sido en realidad la víctima mortal del desenlace y padece las consecuencias orgánicas de la opresión. 

La solución debe ser estructural e inclusiva

Para el abordaje del fenómeno racial, las instancias gubernamentales han optado por atrincherarse en: discursos triunfalistas, omisión de estadísticas, adopción de prácticas excluyentes hacia el activismo crítico, predominio de una concepción paternalista/colonial de matriz estadocéntrica, instrumentalización de la racialidad en función de intereses populistas, a la vez que han adoptado estrategias que promueven la condición de «eterno agradecimiento» que se aparta de los propósitos emancipatorios.

La conjunción de esos factores poco contribuye a la resolución definitiva de un asunto complejo, que requeriría una transformación estructural y participación política inclusiva, tanto de la amplia composición ciudadana como de aquellos actores que han sido fundamentales en la visibilización del fenómeno.

La situación demanda además una extensión de valores antirracistas, potenciación de espacios culturales que reivindiquen las tradiciones afrodescendientes, gestión de alternativas económicas de reparación racial, consecución de nuevas herramientas teórico-metodológicas en los niveles de formación educacional, incorporación a los medios de comunicación de los numerosos aportes realizados desde diversos campos de las ciencias sociales, mayor transparencia de los informes públicos para la realización de análisis certeros y penalización de las acciones discriminatorias, como se ha realizado en otros países de América Latina.

Igualmente, es impostergable la adopción de estrategias integrales dirigidas a erradicar el flagelo de la composición social del país, al ser esta una de las deudas históricas del proyecto revolucionario jamás saldadas con la población residente de la Isla, a pesar de las reiteradas promesas instrumentales sobre su definitiva erradicación.

Sobre la violencia policial

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(Foto: Aduana General)

La muerte a manos de la policía del ciudadano cubano Zidan Batista Álvarez, ocurrida durante un episodio de violencia en un barrio de Santa Clara el pasado 1ro de julio, es un acontecimiento doloroso y preocupante para la ciudadanía.

En un país donde el uso de las armas de fuego por la policía ha sido mínimo desde 1959, el incremento de episodios de esta naturaleza —recuérdese los casos de Yamisel Díaz Hernández y Hansel Ernesto Hernández Galiano, ambas en 2020, y Diubis Laurencio Tejeda, durante las protestas del 11 de julio de 2021— es síntoma de una deficiente preparación de los agentes del orden ante situaciones de máxima tensión y, en algunos casos, de un peligroso sentimiento de impunidad policial.

Es importante enfatizar que tanto en el evento actual como en los anteriores, las notas oficiales enarbolan las conductas sociales, los antecedentes penales y las condiciones de marginalidad de las víctimas, como si esos elementos resultaran atenuantes o justificantes de sus muertes. En el último caso, la nota ni siquiera consigna el nombre del fallecido, también omite que tenía solo diecisiete años al morir.

Ante tales prácticas, La Joven Cuba recuerda a las autoridades que el uso de armas de fuego por parte de las fuerzas de seguridad debe limitarse a situaciones de peligro inminente de muerte o lesiones graves a los miembros de las fuerzas del orden o la ciudadanía. El entrenamiento de la Policía Nacional debe concentrarse en desescalar situaciones de peligro  y que el uso de las armas reglamentarias sea siempre la última opción. Este tipo de procederes, que el Estado condena otras naciones, no pueden normalizarse en Cuba. 

Asimismo, contrario a lo que ha sucedido en los casos anteriores, consideramos imprescindible que la ciudadanía sea informada de la marcha del proceso de investigaciones, así como de las medidas que se apliquen como resultado. De ese modo se garantizaría la tan necesaria transparencia.

Las situaciones de marginalización no son excusa para el uso de la violencia policialcontra ciertos grupos sociales. Las condiciones de pobreza, exclusión y vulnerabilidad de determinados sectores en la Isla no pueden utilizarse como justificación para la represión.

Es deber del Estado resolver esas situaciones, no con intervenciones cosméticas ni coberturas periodísticas edulcoradas, sino con acciones concretas que dignifiquen a las personas, respeten sus voces y eliminen las trampas de pobreza que se agudizan en el país.

Dulce Ambición

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Dulce
(Imagen: Wimar Verdecia)

?Así que siguen dándonos cuatro libras por la libreta. ¡No joda, jefe! Ahora hay que espantarse la mitad de azúcar prieta.

?Obvias que el azúcar crudo es producto de la evaporación del jugo de la caña. Sufre un procesamiento químico menos invasivo y, por tanto, conserva los nutrientes. Nos están alimentando más.

?Ese aporte extra de nutrientes frente al blanco refinado es prácticamente irrelevante, solo superado en irrelevancia por la cantidad de libras de azúcar que obtenemos de la cuota normada.

?Cuota normada que se mantiene a pesar del costo del endulzante en el mercado internacional. ¿Sabes a cuánto estaba la libra en mayo según Cubazúcar, empresa del Ministerio del Comercio Exterior y de Inversión Extranjera?: en el rango de 18,57 a 19,21 centavos de dólar la libra, con tendencia al alza.

?No tanto como en el mercado informal, donde se alza ya a unos 80 pesos, equivalente a 80 centavos norteamericanos. ¡Cualquier bolsa de valores tiembla ante nuestra bolsa negra!

?Eso acabará muy pronto. «El sector azucarero tiene suficientes potencialidades para revertir la involución tecnológica que hoy sufre». Lo ha dicho el presidente en una plenaria con los productores y representantes del Ministerio de la Agricultura y Azcuba.

?¡Haz Cuba, y si no puedes hacerla, retírate!, apuntaría yo de haber estado allí… Quizás lo esté llevando recio, ya no tiene ni asesor.

?…En esa reunión se examinaron los desafíos que tiene ante sí esta estratégica esfera. El primer secretario planteó que para salvar al sector que durante siglos lideró la economía nacional y superar los retos actuales en la industria agroazucarera es imprescindible hacer las cosas de manera diferente.

?Sí, la última zafra fue la más baja en más de cien años. Estamos haciendo las cosas diferentemente peor.

?La compleja situación está motivada en buena medida por los nocivos efectos del bloqueo estadounidense.

?Claro, porque fue George W. Bush quien cerró 70 centrales azucareros hace veinte años, con la Tarea Alvar O’Rey Noso.

?Pues mira, por primera vez el estudio y las universidades se abrieron como fuentes de empleo.

?Ja, y a partir de aquella histórica decisión pasamos de un producto interno bruto a un «producto interno inteligente».

?¿Quién iba a predecir que dos décadas después, camino a la prosperidad de la nación, el azúcar alcanzaría más de 500 dólares la tonelada?

?Gobernar es prever. Lo dijo Martí cuando se consumaban zafras superiores a estas molidas trapicheras de pleno siglo XXI.

?¡Bueno, ya!… que el apóstol dijo también que el amor a la patria no es el amor ridículo a la hierba que pisan nuestras plantaciones de caña, así que ponte a pensar en soluciones para salvar el único ingenio que queda con vida en el municipio. Si nos cae el vice Jorge Luis Tapia, va a cogerme como material de estudio para plantear que «el director tiene que ser el primer cuadro extensionista».

?¿Y eso qué es?

?Imagino que ser un cuadro en toda la extensión de la palabra. Si deseas que te consideren como tal en la próxima visita del Gobierno, propón al menos, como subordinado, una solución a la carencia de recursos en la zafra, a los «veintidós problemas de orden objetivo y subjetivo que lastran su quehacer».

?Fácil: se eliminan las cuatro libras motivo de discusión al inicio de nuestro intercambio matutino, y se le distribuye a cada núcleo una arroba de caña. La familia tendrá que responder por la diversificación de ese núcleo primario de desarrollo endógeno que ponemos en sus manos. Exigiremos más adelante que cada consumidor, para recibir lo que le toca, tendrá que sembrar y entregar al menos el doble de posturas de caña recibidas el mes anterior.

?La idea no es mala. Ahora mismo calculo, por lo bajito, la cantidad de petróleo que nos ahorraremos si la caña va directo del surco al mostrador de la bodega y del mostrador de la bodega a la economía de plantación. Vamos a tener «más exportaciones, más satisfacción, más bienestar para los trabajadores, más desarrollo del país y, en fin, más socialismo».

?Eso es lo de menos.

?¡¿Cómo que lo de menos?!

?Lo del combustible digo. ¿Se imagina cuánto guarapo podrán tomar nuestros niños para llegar con nuevos bríos a su escuela? Canel dijo que la trascendencia de la industria azucarera como parte intrínseca de nuestra historia, cultura e identidad implica en lo adelante producir, a partir de todos los usos que brinda la caña, alimentos, ganado, autoconsumo, frutales, madera, módulos pecuarios, alimento animal, acuicultura, materiales de la construcción…

?Y azúcar, ¿no?

?Ya usted pide demasiado.

Los escombros de la continuidad

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En septiembre de 2021, la Empresa Municipal de Comercio y Gastronomía del municipio Plaza comenzó a reparar un establecimiento en la calle 26 esquina a 15, El Vedado, lugar en el que hace años hubo una ferretería. Dijeron que para convertirlo en una tienda donde se venderían diferentes productos a crédito.

Han pasado casi diez meses y aún no concluye el arreglo del pequeño local de aproximadamente 120 metros cuadrados. Desde el comienzo de las obras decidieron verter los escombros en el exterior del inmueble, en un área paralela a la acera de la calle 15 que coincide con la entrada de mi edificio.

Desde entonces, la montaña de escombros ha crecido para convertirse en un insalubre criadero de ratas, mosquitos, cucarachas y alimañas de todo tipo; letrina de perros, gatos y humanos; depósito de basura y hasta de animales muertos cuyo hedor nos obliga a veces a cerrar las ventanas de la casa, situación insoportable en estos meses de verano.

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Hace dos semanas hablé con el administrador de la tienda, le expliqué la situación que estamos sufriendo los vecinos y le pedí que se ocupara de eliminar un foco de infección que afecta desde hace meses a tantas familias. Su respuesta no me sorprendió, pues está en la misma cuerda del tipo de explicaciones que durante más de sesenta años nos han repetido los funcionarios del Estado imposibilitados de ofrecer soluciones: «La brigada encargada de la construcción se fue y no tengo recursos para retirar los escombros,  ya lo informé a mi empresa».

Este es solo un pequeñísimo ejemplo más de cómo funciona la llamada Empresa Estatal Socialista, defendida obstinadamente por un grupo de hombres poderosos que desde sus oficinas refrigeradas y pulcras nos hablan de «continuidad», empeñados en seguir imponiéndonos un modelo disfuncional que ha hundido al país en el desastre lamentable en el que se encuentra hoy.

***

Esta queja ha sido enviada a LJC por Jorge Gómez de Mello.

¿Y mañana…?

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Mañana
(Foto: Twitter / @MMarreroCruz)

El nubarrón no deja de cubrir a Palacio. Hoy se anunció la inesperada muerte del General de División Luis Alberto Rodríguez López-Calleja y la noticia no puede llegar en peor momento para el sistema político en La Habana. No es mi objetivo analizar la vida y obra del finado, sino las consecuencias del deceso.

GAESA, del cual el general era timonel, controla un porcentaje sustancial de la economía de la Isla. Aunque se creó con el fin de hacer auto-sostenibles los organismos de represión del Estado, últimamente su rol se habría expandido para ocupar un papel predominante en el sector empresarial isleño. Virtualmente, GAESA controla o tiene intereses en todos los renglones rentables de la economía cubana.

El poder es elástico. Quienes hoy lo detentan, mañana no necesariamente lo harán. Desde el 2018, ha existido una tripartición de poderes à la cubaine. Por un lado, el sector político-partidista lo encabeza Miguel Díaz-Canel como presidente de la República y primer secretario del PCC. El sector militar aún lo conserva la vieja guardia, los de la Sierra; y el sector económico estaba liderado por el general López-Calleja y su equipo, entre los cuales se puede destacar a Manuel Marrero. La ausencia de una de las figuras de este triunvirato hará necesario un rebalance de poderes.

Si hubiese un beneficiario del poder que detentaba el finado, podría ser por lógica el actual Primer Ministro. Manuel Marrero, en su anterior rol de ministro de Turismo, controlaba el principal sector económico de la nación. Elevado a administrador del Estado cubano tras la aprobación de la nueva Constitución, está al tanto de las finanzas del gobierno como ningún otro dirigente, al tiempo que cuenta con la anuencia de Raúl Castro y el estamento militar.

Esta noticia ocurre precisamente cuando los números no pueden estar más rojos. Los países de la región pelean por cada centavo de la escasa inversión extranjera disponible, el turismo es prácticamente inexistente y la emigración se agudiza. Según algunos datos, desde octubre del 2021 más del 1% de la población cubana ha llegado a los Estados Unidos. Con una población económicamente activa en decrecimiento, el país va en picada. Como consecuencia, la dependencia de Cuba a la deuda exterior se vuelve más agónica. No solo para los nacidos, sino para los que están por nacer.

Como observador, es interesante lo que sucederá con GAESA. ¿Será despedazada o veremos a otro tecnócrata heredar la silla ejecutiva? Como patriota, poca importancia tiene. El futuro de Cuba no lo va a rescatar un conglomerado estatal con estados de cuentas ocultos al ciudadano, ni dirigentes en oficinas donde la rendición de cuentas sigue siendo un mito.

* Este texto en su párrafo 4 mencionaba incorrectamente que el Primer Ministro Manuel Marrero fue oficial en activo de las Fuerzas Armadas, fue corregido a petición del autor.

La Nueva Trova, transmutaciones de un símbolo

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Varios - 1985 - Festival de la Nueva Trova 1984 (En vivo), Vol. III

Al  triunfo de la Revolución cubana, la cancionística insular se distinguía por el modo de hacer filinesco que exaltaba el «sentimiento». Figuras como José Antonio Méndez, Cesar Portilo, Ángel Díaz, Ñico Rojas y Marta Valdés, entre otros, solidificaban sus creaciones en las voces de solistas y agrupaciones vocales como Las D’ Aida —cuyas integrantes fueron, a la postre, las intérpretes sempiternas de aquella forma de decir—;  Elena Burke, Moraima Secada y Omara Portuondo.

Sin embargo, los presupuestos estéticos de esa expresión musical para nada se identificaban con la epopeya revolucionaria; razón por la que la difusión del estilo fue disminuyendo desde inicios de los sesenta,  hasta que el Feeling quedó relegado a las peñas de sus cultores, muchos de los cuales no ostentan hoy una discografía que amerite su calidad y desempeño.

Paralelamente, en países de habla inglesa se estaba gestando otro tipo de  canción desde la década del cincuenta. Era un Movimiento de la Canción Protesta, con músicos como Joan Baez, Bob Dylan, los Rolling Stone y, en cierta medida, los Beatles. Por su parte, en España se desarrollaba La Nova Cancó, con figuras como Serrart, a la que se sumarían Ana Belén, Víctor Manuel, Massiel, y otros cantautores.

En América Latina  también se escuchaba una nueva canción. Brasil, Argentina, Uruguay y Chile estuvieron representados por personalidades como Mercedes Sosa, Viglietti, Violeta e Isabel Parra, Atahualpa Yupanqui, y Víctor Jara, entre otros muchos, con marcado sentido de enfrentamiento social a las dictaduras de la región.  

A comienzos de los sesenta, algunos jóvenes cubanos que contaban con apenas veinte años estaban creando una canción diferente en la Isla. No se podían definir como un grupo, pues sus integrantes estaban dispersos, no existía en ellos una unidad de criterio en cuanto a la composición musical y sus concepciones estéticas eran disímiles; no obstante, sus propuestas poseían más puntos de contacto con un estilo de canción protesta que con sus antecesores del Feeling.

Valorados como aficionados, juzgados por sus manifiestas influencias foráneas, censurados por la validez poética de sus textos; recibieron al comienzo de sus carreras el rechazo del público y de la censura artística. A pesar de sus individualidades, una regularidad les caracterizaba: el cambio.

En el marco de los conciertos «La Rosa y la Espina», auspiciados por Casa de las Américas en agosto de 1967, fueron convocados por Haydeé Santamaría, directora de la institución, quien fue capaz de percibir el  potencial de aquella  rebeldía que emanaba de las rupturas formales y expresivas de sus obras como una posible representación simbólica de la nueva etapa histórico-social que vivía el país. Solo era  preciso encauzar sus derroteros.

Nueva Trova

Por iniciativa de Haydeé, en febrero de 1968 se celebraron una serie de conciertos en los cuales los cantautores cubanos interactuaron con las figuras más representativas de la Nueva Canción en Latinoamérica y Europa. En esta oportunidad se puso de manifiesto un fenómeno, ya constatable en la Isla aunque no oficialmente expreso: la prohibición de música en inglés. Demostración de ello fue la escasa presencia en los conciertos de compositores-intérpretes relevantes de la Canción Protesta Norteamericana.

Alfredo Guevara, otro intelectual de probada militancia —al frente del Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficas (ICAIC), y que tenía en su acervo la experiencia de la canción brasileña—, compartía los propósitos de Haydeé respecto a estos jóvenes. Fueron  la Casa de las Américas y el ICAIC, en las figuras de sus presidentes, los pilares sobre los cuales se gestaría posteriormente la Nueva Trova, uno de los símbolos culturales más representativos del proceso revolucionario.

No obstante, para que estos creadores llegaran a constituirse parte del arsenal simbólico de la Revolución, era preciso que representaran el poder unificador y la  síntesis de todo el proceso social que se estaba viviendo. Por ende, su organización como grupo era un hecho impostergable. Para tales fines fue necesario un espacio con visión internacional, cosa garantizada por Casa de las Américas; asimismo, se requería un medio como el ICAIC, que cumpliera la doble función, laboral y  formativa, y les permitiera canalizar sus inquietudes y aspiraciones sociales y creativas.  

A pesar de ello, faltaba un aspecto clave: el responsable de la formación musical de los noveles compositores. Para cumplir este encargo fue designado quien devendría el músico contemporáneo más importante de Cuba del siglo XX y primeras décadas del XXI, en aquel entonces un joven de probadas formación, capacidad intelectual y artística: Leovigildo Brouwer Mezquida, que expresara al respecto:  

«(…) en unos meses se hablaba de la creación de un grupo donde se juntaría lo mejor de esos talentos que estaban dispersos y realizar un trabajo colectivo, serio, analítico, profundo, político y social de la música popular, ya no solo de la canción que era la que los caracterizaba a ellos».(1)

Nueva Trova
Leo Brouwer

El 1ro. de noviembre de 1968, Brouwer entró como plantilla al ICAIC con la función de dirigir al grupo.(2) Alfredo Guevara explicó la importancia de esa decisión y de la presencia de Leo como asesor musical:

«La creación del GESI  (Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC), fue un trabajo para convertir reveses en victorias, porque evitábamos confrontaciones y era dar un ejemplo de cómo se podía actualizar con pocos recursos y desde luego si llegaban los muchos también, como se podía hacer una búsqueda que permitiera que el sonido musical de Cuba alcanzara el nivel que internacionalmente tenía. Por supuesto, esto no era en ningún momento rechazo de lo que pudiera ser un conjunto musical tradicional, no se trata de olvidar, ni se trataba tampoco de superar sino de enriquecer. Y esto no lo podía hacer el que habla, eso lo pudimos hacer porque contamos con alguien del talento, de la cultura integral musical de Leo Brouwer».(3) 

En los primeros meses de 1969, pasaron a formar parte del GESI Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Eduardo Ramos. Luego se sumarían otros nombres, como Sergio Vitier, Leonardo Acosta y Sara González, la única integrante femenina.

En entrevista realizada a Pablo Menéndez por Isabelle Hernández, este ofrece su criterio sobre la necesidad de la creación del GESI en el contexto cultural de la Cuba de aquellos años: «En el sentido musical nuestra manera fundamental de ver las cosas era que había aparatos existentes tradicionales de la etapa capitalista y neocolonial, que habían cambiado solamente la consigna para seguir operando de la misma forma. El Consejo Nacional de Cultura no tenía una línea definida en cuanto a lo que era la cultura musical de la Revolución y de las transformaciones que se estaban haciendo».(4)

En estos «trovadores» se produjo entonces una búsqueda estética en la que lo nacional trascendió al individuo y, ocurrió asimismo la apropiación de convicciones que les conllevó a estar éticamente comprometidos con la Revolución. Pero el GESI adquirió además una innegable calidad. Los talentos que lo integraron, conducidos por Leo Brouwer, encaminaron la creación no solo hacia bandas sonoras para el cine, como fueron los casos de los documentales La Nueva Escuela, Cuba Va, etc.; sino que fueron consolidando su propia obra individual.  

El GESI proporcionó a sus integrantes un concepto interpretativo de la música cubana de alto nivel técnico-artístico, lograron fusionar géneros y estilos foráneos  con elementos propios y nacionales, estuvieron a la vanguardia de los conceptos tímbricos experimentales de la época al introducir en la música popular los instrumentos electrófonos. Las nociones armónicas y formales de la música, poseían las influencias contemporáneas que traía el caudal de información de Brouwer.

Sobre los cimientos del referido grupo, proyecto que duró aproximadamente siete años, se erigió el Movimiento de la Nueva Trova. Al ser inquirido sobre el proceso de constitución del mismo, el musicólogo e investigador Leonardo Acosta, consideró: «(…) hasta sus mismos creadores se muestran indecisos, pues ninguno sabía a ciencia cierta quien tiró la primera piedra (…) fueron varios los que de manera espontánea y casi simultáneamente comenzaron a hacer canciones de contenido político o social o canciones de amor bastante diferentes a las de unos años atrás».(5)

Un aspecto notorio en la etapa del naciente Movimiento de la Nueva Trova, fue el hecho de que, como fenómeno de la música popular cubana, estuvo objetado desde la propia acepción de su nombre. Noel Nicola tuvo que argumentar las razones del mismo en un artículo publicado por El Caimán Barbudo, titulado «¿Por qué Nueva Trova?»,(6) que constituyó una declaración de principios.

Según sus integrantes, ellos rescataron la trova tradicional porque aunque no se sometieron a sus parámetros estilísticos revivieron su espíritu. Se asumían como movimiento puesto que «no constituían una organización política, o gremial ni una secta religiosa».(7)

Nueva Trova
(Tomado de cubanbridge)

Entre los integrantes del GESI que lideraron el Movimiento de la Nueva Trova se encontraban dos figuras que hoy se consideran símbolos de una época por su obra, magnitud  social y cultural.

Pablo Milanés ya era reconocido en el mundo de la canción por haber formado parte de agrupaciones vocales como el Cuarteto del Rey y Los Bucaneros. Sus obras eran interpretadas por cantantes como Omara Portuondo y Elena Burke. Es considerado por los estudiosos del tema como la figura que enlaza dos generaciones de autores y tendencias: el Feeling y La Nueva Trova. Su pieza Mis veintidós años, es la concreción de un estilo y la proclama  de una nueva forma de decir la canción.

Sobre Pablo opinó el musicólogo Jesús Gómez Cairo:

«(…) Pablo reverdece en sus obras la potencialidad lírica de la cancionística cubana. Sus creaciones se suceden con referencias frecuentes a la tradición, aportando a la música alternativas morfosintácticas y entonacionales que impactaron a muchos seguidores en la composición (…) la guitarrística de Pablo es expresiva y dúctil a los traspasos estilísticos (…) desde la instrumentación y orquestación adjudica a los instrumentistas funciones concertantes muy elaboradas».(8)

El otro trovador cuya imagen y voz se convirtieron en paradigma fue Silvio Rodríguez. Impugnado a veces en su condición de músico, pues para algunos era  un poeta mientras para otros sus textos carecían de valor poético. Pero ello no fue óbice para que el compositor se situara como uno de los máximos exponentes de la canción cubana de todos los tiempos; con una producción de más de quinientas composiciones ya en ese período y  con una influencia estética que le permitió erigirse como modelo cultural que todos seguían y muchos imitaban.

Refiriéndose a Silvio, Gómez Cairo nos dice: «(…) su poética desnuda las letras de vuelos edulcorados, incorpora mensajes del discurso prosístico, agudas metáforas (…) las innovaciones musicales están en estrecha relación con sus afanes literarios».(9)  

Nuevas incorporaciones se produjeron en diferentes provincias: Augusto Blanca en Santiago de Cuba, Lázaro García en Villa Clara; profesionales, aficionados, cantautores como Amaury Pérez; agrupaciones como  Manguaré y Moncada, con marcada influencia de la música Latinoamericana, o Tema IV, que en su madurez artística pasaría a ser Síntesis, con un enfoque dirigido más hacia la música afrocubana.

En 1972, con la fundación oficial del Movimiento de la Nueva Trova en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba —sitio escogido como símbolo de continuidad—, se generó un proyecto de construcción de instituciones similares en toda la nación, con la finalidad de aunar, dar espacio y visibilidad al movimiento.

No obstante, ya para 1980 se advertía el declive del mismo. En su libro Del Tambor al Sintetizador, el musicólogo, e instrumentista Leonardo Acosta mostraba su preocupación al respecto:

«(…) como ha ocurrido con frecuencia a creadores individuales y a movimientos artísticos, el momento de mayor auge y aparente consolidación suele ser de los más peligrosos y a veces coincide con una cierta crisis o decadencia. En el  caso de la Nueva Trova su consagración nacional y su momento de mayor auge internacional han coincidido con un innegable, aunque apenas perceptible, estancamiento. Cuando ya nadie discute los méritos e importancia del Movimiento, es precisamente cuando su proyección actual y futura exige discusión. Pero es que ya el mismo hecho de que nadie discuta un fenómeno resulta de por sí preocupante y debía ponernos siempre en guardia, lo extraño es que nada de eso haya sucedido ni nadie se cuestione ni ponga sobre el tapete el problema».(10) 

Realiza además un análisis de las causas por las cuales esto sucedía. Según su opinión, el Movimiento de la Nueva Trova logró la meta de la masividad en los años setenta, pero en la siguiente década no surgieron nuevos trovadores con igual calidad y popularidad, entre otras razones porque no pudieron formar sus propios grupos debido a las dificultades para conseguir los medios necesarios. La relación de la Nueva Trova con el público nacional es indirectamente proporcional a la presencia de los trovadores en grabaciones o programas como Te doy una canción, que comenzó a salir en 1978.

Nueva Trova
Noel Nicola, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, el 18 de febrero de 1968, durante el recital en Casa de las Américas. (Foto: Tomada de Segunda Cita)

Ahora bien, este enfoque  de Acosta desnuda, más que describe, lo acaecido con el Movimiento. Nos recuerda la génesis de la Trova Tradicional cuando expone: «(…) poetas y trovadores, campesinos o artesanos de las ciudades, inician su faena —a menudo anónima— casi al unísono con nuestras luchas por la liberación nacional. Y el movimiento de la trova  alcanza su madurez expresiva a principios de este siglo».(11) 

Si comparamos el origen de la Trova Tradicional y de la Nueva Trova, confirmaremos que el último fue un fenómeno más inducido que espontáneo; prematuro en el tiempo, en tanto la inmadurez de sus concepciones estéticas iniciales, que no permiten considerarlo definido musicalmente como tendencia dentro de la canción; más dirigido a expresarse como creación simbólica de lo social y político que a lo propiamente  artístico. Sus cantautores se transformaron así en cronistas de la época y contaron para ello con el apoyo de la Unión de Jóvenes Comunistas y el Ministerio de Cultura.

Por otra parte, la convocatoria a la masividad que siempre ha caracterizado a todo empeño de los últimos sesenta años, es rectificada por la historia; la que decanta y pone en su lugar lo realmente valioso. De ahí que, más allá de críticas, posiciones filosóficas, políticas y pérdida de la carga simbólica del Movimiento de la Nueva Trova; los nombres de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés se convirtieron en símbolos con los cuales se identifica y vibran generaciones desde dentro y fuera de la Isla.

La música cubana, como parte de la cultura, es una construcción histórica, y como creación revela los cambios que se producen en la sociedad. Si durante la década del sesenta y parte de los setenta, la Nueva Trova reflejó la epopeya de la Revolución naciente, y en sus textos la individualidad se diluyó  en las  grandes tareas de la obra social; ello respondía a las necesidades del contexto socio-político.

En  los ochenta, sin embargo, los trovadores se reconocen en otro momento del devenir de la nación. Expresaron entonces sus conflictos, necesidades, frustraciones, aspiraciones y sueños en tanto individuos. Baste escuchar las creaciones de Carlos Varela, las del mismo Pablo, o comparar las composiciones del Silvio de Fusil contra fusil, con Oh, melancolía o El Unicornio azul.

A los  trovadores surgidos a partir de esa década del pasado siglo, se les identificó bajo una denominación que diera un  sentido de continuación al fenómeno musical: la Novísima Trova. Pero si disímiles eran las propuestas de la Nueva Trova desde lo estético y social; mayor variedad presentaba esta generación emergente, tanto sus solistas como las agrupaciones.

La  promoción de autores nacidos entre las ásperas realidades del Período Especial y que fueron depurando su estilo, hoy se identifican como creadores de lo que puede denominarse canción de autor; más singular, íntima, en la cual el decir es tan particular, como personalidades se expresan a través de ella. Con elementos de experimentación tímbrica, armónica y rasgos minimalistas, se empeñan en una búsqueda constante de sí mismos desde lo artístico, y desde su papel como individualidad en el hacer de la sociedad. Es una canción más de introspección, de replanteamientos, que de comprometimientos sociales.

Recontextualizar entonces la eficacia simbólica del mensaje de la Nueva Trova como movimiento representativo de la realidad cubana actual, es un aspecto bien discutible para la cultura musical. Cabría preguntarse ¿qué vigencia tienen los presupuestos enunciados por sus artífices a partir de lo acaecido en la sociedad cubana en los últimos treinta años?

La evolución de la canción en su sentido juglaresco ha ido señalando el proceso de transformación del significado del símbolo que constituyeron el GESI y la Nueva Trova, desde lo social; con su consiguiente lenguaje distintivo desde los medios expresivos de la música.

Sin embargo, las figuras cimeras del Movimiento, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, que han acompañado con sus creaciones estas trasmutaciones, se han depurado como símbolos culturales imperecederos. Sus canciones aún sirven para integrar las acciones, emociones e ideales de las personas que se reconoce en ellas y las asumen como un valor trasmisible, de generación en generación, porque expresan los más íntimos ideales de cubanas y cubanos.

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(1) Susana Lee: «Entrevista a Leo Brouwer», Boletín de Música Casa de las Américas, no. 39, 1973.

(2) Isabelle Hernández: Leo Brouwer, Editorial Bolívar y Cía., Bogotá. DC. Colombia, 2000, p. 119.

(3) Alfredo Guevara en entrevista realizada por José Padrón para el Noticiero ICAIC no. 1428.

(4) Isabelle Hernández: Op. Cit., p. 118.

(5) Leonardo Acosta: Del tambor al sintetizador, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1983, p.77.

(6) Noel Nicola: «¿Por qué Nueva Trova?», El Caimán Barbudo (92) julio, 1975.

(7) Leonardo Acosta: Op. Cit., p. 77.

(8) Jesús Gómez Cairo: «La Trova Cubana», en: Música cubana, Editorial Andante, La Habana,  2000, p. 182.

(9) Ob. Cit. p. 182.

(10) Leonardo Acosta: Op. Cit., pp. 81-82.

(11) Ibídem, p. 75.

La crisis estructural de la industria no azucarera en Cuba

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Industria
Vista general de la refinería de petróleo Camilo Cienfuegos. (Foto: Cubadebate)

Para nadie es un secreto que la economía cubana afronta una crisis estructural desde hace más de tres décadas. En este tiempo ha aumentado considerablemente la vulnerabilidad externa y se ha reforzado el subdesarrollo, entendido como incapacidad para el desarrollo. Desde los años noventa, tras la implosión del llamado campo socialista, comenzó a derrumbarse el tejido productivo nacional, tanto en la industria como en la agricultura. La dirigencia cubana apostó por un cambio estructural a favor del desarrollo del turismo, con escasos encadenamientos productivos internos.

En la actualidad, se ha deteriorado notablemente el patrón de inserción internacional del país, que depende de las importaciones para mal afrontar la mayor parte de sus necesidades, tanto de materias primas como de bienes de consumo en general, y muy especialmente de alimentos. Esto es insostenible económicamente, pero también desde el punto de vista social y político. Por eso resulta imprescindible superar la crisis que afecta al sistema productivo y abarca a la agricultura, la industria azucarera y la industria manufacturera no azucarera. Al análisis de esta última está dedicado el presente texto.

La industria no azucarera cubana: entre el desarrollo y el estancamiento

Antes de 1959 la economía cubana era altamente dependiente de la industria azucarera y aseguraba su inserción internacional a través de exportaciones de azúcar, tabaco y algunos otros bienes primarios. Sin embargo, es sabido que a partir de la década del cuarenta se habían comenzado a desarrollar varias ramas de la industria transformadora, entre ellas, la producción de alimentos, bebidas, manufactura del tabaco, textiles, prendas de vestir, calzado, papel y sus productos, imprenta e industria editorial, madera y sus productos, muebles y accesorios, cuero y sus productos, jabonería y perfumería, caucho e industria del plástico, productos químicos, metalurgia y manufacturas diversas.

A partir de informaciones del Tribunal de Cuentas, puede constatarse que en 1954 dichas industrias solo requerían un 11,5% de componentes importados.(1) Entre 1952 y 1956 se habían creado 154 nuevas plantas industriales, dieciséis generaban exportaciones y 117 sustituían importaciones.(2) Según datos del Consejo Nacional de Economía, en 1958 el 21% de la fuerza laboral empleada lo hacía en actividades industriales, y de acuerdo con Claes Brundenius, en su libro Revolutionary Cuba: The Challenge of Economic Growth with Equity (1984), en el año anterior al triunfo revolucionario, la industria no azucarera representaba el 32,2% de la producción material estimada.

El Gobierno Revolucionario —a través de la ley 890 de octubre de 1960— nacionalizó, mediante expropiación forzosa, la mayor parte de las empresas industriales, comerciales y de trasporte del país. Luego las nacionalizaciones se hicieron extensivas a otras empresas subsidiarias y colaterales, con lo que la estatización de los medios de producción fue casi total desde inicios de la Revolución. La mayor parte de las empresas, algunas previamente intervenidas, fueron puestas bajo la dirección de revolucionarios con escasos conocimientos profesionales y técnicos, lo que unido al idealismo predominante condujo a graves errores en su dirección, a la caída de la producción y de la eficiencia.

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No obstante, la industria ocupó un lugar central en la estrategia económica de los primeros años de la Revolución, en correspondencia con las ideas desarrollistas predominantes en América Latina y teniendo en cuenta la experiencia de otros países socialistas. Sin embargo, la excesiva centralización de las decisiones operativas y administrativas, el abandono de criterios financieros, los excesivos costos y el despilfarro predominante, lastraron rápidamente la actividad industrial.

La ruptura de vínculos económicos con Estados Unidos obligó a la mayor parte de la industria cubana, tanto a una reconversión tecnológica como a un cambio radical de proveedores de materias primas, maquinarias y equipos de repuesto. Pasó entonces a depender de suministros recibidos desde la Unión Soviética y otros países de Europa Oriental, en muchos casos tecnológicamente inferiores a sus similares procedentes de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón.

De hecho, se incrementó el componente importado en una serie importante de industrias. En su artículo «La planificación del comercio exterior» —Cuba Socialista, # 28 de 1963—, el futuro presidente del Banco Nacional Raúl León Torras, afirmaba que en 1962 la dependencia de insumos importados afectaba al 79% de la refinación de petróleo, 58% de la industria química, 44% de la metalurgia, 40% de la minería, 22% de la textil, 21% de la energía eléctrica, 12% de la construcción, 8% de la industria alimenticia y 4% de la azucarera.

A pesar del énfasis en el desarrollo industrial, la producción bruta de este sector tuvo una caída promedio anual de 2,7% entre 1960 y 1964. En consecuencia, a partir de la segunda mitad de los sesenta la estrategia de desarrollo se reorientó hacia la industria azucarera, aprovechando así el establecimiento de acuerdos ventajosos con la Unión Soviética, que posteriormente se readecuaron con el ingreso de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) a partir de 1972.

Ello no significaba abandonar la idea de la industrialización, sino utilizar la industria azucarera y a su mercado seguro y estable en los principales socios económicos de Cuba, como pivote del desarrollo posterior de una industria más diversificada. Más allá de tales intenciones, el resultado fue un reforzamiento del carácter monoproductor y monoexportador de la economía cubana.

No obstante, la industria no azucarera cubana se benefició de inversiones estatales y, sobre todo en los años ochenta, aparecieron algunas producciones industriales de relativamente baja calidad, orientadas al consumo nacional. Entre los principales rubros pueden mencionarse la industria alimentaria, con producciones de lácteos, embutidos, pastas alimenticias, cervezas, rones y aguardientes, maltas y refrescos, carnes deshuesadas y en conserva, pescados y mariscos; jabonería y perfumería; textiles; pinturas; materiales de construcción; fertilizantes; ensamblaje de ómnibus, camiones, vagones de ferrocarriles, montacargas; así como aparatos electrónicos para el hogar: televisores, radios y refrigeradores.

También se inició la fabricación de combinadas azucareras, aunque hacia el final de la década comenzó su descenso. En la segunda mitad de los ochenta se apreciaban descensos sostenidos en varios de los rubros industriales no azucareros.

Con el advenimiento del llamado Período Especial, la industria manufacturera cubana entró en su más profunda crisis, debido a múltiples factores, sobre todo: obsolescencia tecnológica; alta dependencia de componentes importados; escasez de combustibles, materias primas, maquinarias y demás insumos; así como escasa capacidad de ahorro e inversión del Estado cubano, propietario de todas las fábricas industriales de envergadura.

Industria
(Foto: Cibercuba)

A ellos debe añadirse el escaso interés de inversionistas extranjeros por dicho sector ante las dificultades del país para conectarse a cadenas globales, debido tanto a las restricciones impuestas por las sanciones económicas estadounidenses como a dificultades tecnológicas.

La situación actual de la industria manufacturera en la Isla es catastrófica. De acuerdo con cifras de UNCTADStat, basadas en datos oficiales cubanos, ella ha tenido una variación promedio anual de -1,14% en el período comprendido de 1989 a 2020. Entre 1990 y 1999 fue de -1,95%, desde 2000 hasta 2009 de 3,4% y entre 2010 y 2020 de -0,3%.(3) 

La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) de Cuba ha publicado recientemente el capítulo dedicado a la industria manufacturera del Anuario Estadístico 2021. El índice físico de producción de la industria no azucarera en 2021, respecto a 1989, es de 60,5, el más bajo del último lustro.

Ciertas industrias, como las de bebidas, productos del tabaco o fabricación de muebles, que en los últimos años habían logrado superar los niveles de 1989, volvieron a caer por debajo de la producción alcanzada en aquella fecha, que resultó previa al Período Especial pero que ya reflejaba una tendencia hacia el descenso. En algunos rubros, como equipos de transporte, aparatos eléctricos, papel y sus productos, cuero y sus productos, fertilizantes, productos textiles y prendas de vestir; los niveles de producción varían entre 0,1% y 8,8% del alcanzado a fines de los años ochenta.

El relanzamiento de la industria no azucarera cubana

La economía cubana en general y la industria en particular, enfrentan una grave crisis de la que no podrán salir si no se producen profundos cambios estructurales. El modelo de una industria estatal administrada centralmente probó su ineficacia porque la estatización de los medios de producción no condujo a su socialización, algo que ha lastrado toda la experiencia socialista contemporánea. No tiene sentido persistir en un modelo fracasado que lo único que hace es perpetuar y profundizar el subdesarrollo y agravar el deterioro del nivel de vida de la población.   

Con una economía esencialmente en manos del Estado, la inversión bruta fija ha sido de solo 8,28%(4) respecto al producto interno bruto entre 2000 y 2020, lo cual resulta a todas luces insuficiente para conducir a un proceso de crecimiento económico sostenido. Como es sabido, en los últimos años la prioridad inversionista del gobierno han sido los servicios empresariales, las actividades inmobiliarias y de alquiler, que incluyen todo el andamiaje de hoteles y servicios asociados al turismo; ello, a pesar de la persistencia de niveles insuficientes de ocupación hotelera.

Mientras, la industria, la agricultura, la educación y la salud han recibido muchos menos recursos de inversión. Entre 2017 y 2021, las actividades inmobiliarias y hoteleras atrajeron el 50,5% de la inversión del país, en tanto la industria no azucarera ha recibido el 11,3%, la azucarera 1,2%, agricultura 2,8%, educación 0,8% y salud 1,3%.

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Más allá de los insistentes cuestionamientos realizados por algunos economistas y otros profesionales sobre lo erróneo de esta política, la dirección del gobierno no ha sido conminada a explicar sus decisiones ante los organismos de control político —como debería ser la Asamblea Nacional— o de control fiscal —como debería ser la Contraloría General de la República—, a pesar de que los errores en política económica se traducen normalmente en deterioro del bienestar de la población.

Sin duda alguna se impone una reorientación de la política inversionista del gobierno hacia los sectores productivos y aquellos que tienen un mayor impacto en el bienestar material y social. Sin embargo, hasta ahora el reconocimiento público de sus errores y el enfrentamiento de sus responsabilidades no ha sido el punto fuerte de las autoridades cubanas.

Después de una larga sucesión de errores entre los cuales vale mencionar la Zafra de los Diez Millones que nunca se cumplió, la infructuosa siembra de café en el Cordón de La Habana, el desmonte de la mitad de las tierras sembradas de caña y el cierre de la mitad de los centrales azucareros, la dolarización parcial de la economía, unidos a los defectos de los mecanismos de dirección de la economía impuestos a contrapelo de la realidad; no quedan opciones diferentes al desmonte de una economía estatizada que no funciona.

La industria cubana no tiene futuro en manos de una burocracia incompetente. Sin embargo, entregarla a manos privadas sin la existencia de mecanismos democráticos transparentes, lo único que facilitará es que la supuesta propiedad del pueblo sea feriada a favor de intereses corruptos, no importa de dónde provengan. Por tanto, será necesario pensar en la combinación de alternativas verdaderamente socialistas con el estímulo a la inversión privada.

Ello podría lograrse, entre otras medidas, mediante la creación de  cooperativas obreras en ciertas empresas industriales; establecer el control democrático y directo de los trabajadores como representantes de la sociedad en aquellas que no se establezcan como cooperativas; «equitización» de empresas industriales, como ocurrió en Vietnam, donde se convierte a los trabajadores en propietarios de una parte considerable de las acciones emitidas por las empresas; arriendo mediante contratos a largo plazo de empresas estatales o de las partes que mantenga el Estado de las empresas «equitizadas» a inversionistas y gerentes privados para su gestión.

Finalmente, es imprescindible abrir la posibilidad al sector privado nacional y extranjero de crear empresas industriales privadas, eliminando las inmensas restricciones que pesan en la actualidad sobre las micros, pequeñas y medianas empresas.

Un proceso de esta naturaleza debe producirse en el contexto de la democratización de la sociedad, de forma tal que se evite la privatización corrupta de la propiedad que la Constitución define como «de todo el pueblo», pero que no lo es en realidad si el pueblo no puede decidir sobre ella.

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(1) Cálculos del autor a partir de datos del Tribunal de Cuentas de Cuba, citados por José R. Álvarez Díaz et al (1963) Un estudio sobre Cuba. Grupo Cubano de Investigaciones Económicas, University of Miami, página 1101.

 (2) Banco Nacional de Cuba. Programa de Desarrollo Económico. Informe 2, Ibídem, página 1102.

 (3) Cálculos del autor con base a UNCTADStat (2022) a partir de datos oficiales cubanos.

 (4) Ibídem.