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Palabras con doble filo

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Mientras el agua helada del Atlántico Norte llenaba el interior del buque aquella noche, la Wallace Hartley Band no dejó de tocar. En medio de la catástrofe, los músicos se empeñaron en transmitir con sus acordes calma, normalidad y esperanza. Cuando entonaron las notas del himno Nearer, My God, to Thee, estaban seguros de que morirían. Esa fue su última plegaria: los ocho integrantes de la orquesta del RMS Titanic, junto a cientos de personas más, perecieron la madrugada del 15 de abril de 1912.

Acercarse a mucho de lo que se hace en materia de periodismo en y sobre Cuba —especialmente en los últimos dos años—, genera una sensación similar a la que debieron sentir los hombres y mujeres que viajaban en el mítico barco cuando escuchaban la música con la certeza de que no verían otro amanecer.

Como elemento fundamental de estrategia política, la comunicación periodística es la arena donde se libra uno de los combates más encarnizados entre actores diversos. Enfocarse en ellos priorizando una perspectiva que apunte a los extremos contrapuestos, sería errar en el análisis y perder de vista el espectro de posturas intermedias. No obstante, para desgracia del debate público, son esas fuerzas reaccionarias las más visibles. Después del estallido social del 11 de julio de 2021, sus posturas se han radicalizado considerablemente y, con ello, sus prácticas.

-I-

La espiral de radicalización comenzó en los medios cubanos bajo control del PCC mucho antes de la fecha de las protestas. Aunque el espacio no tenía tintes propiamente políticos, el uso de métodos que se han mantenido —difusión de chats de WhatsApp u otras plataformas, desprotección a la identidad de los involucrados, exposición pública de cuestiones privadas—, puede ubicarse en los denominados popularmente Tras la huella del Noticiero Estelar de televisión, en los inicios de la pandemia. Allí fueron mostradas operaciones contra personas que cometieron presuntos delitos, económicos sobre todo.

Aquellos reportajes, que llegaban de diferentes provincias y eran generalmente anunciados con entusiasmo por el periodista Yunior Smith, dieron lugar, ya con el Movimiento San Isidro actuando y en medio de un escenario político mucho más crispado, a la entrada sobre las tablas del abogado Humberto López.

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Humberto López durante una comparecencia en el NTV. (Foto: Canal Caribe)

Con ilimitada ironía, quien sería merecedor del Premio a la Dignidad de la UPEC y de un escaño en el Comité Central del PCC, llevó a plenitud prácticas más que cuestionables, ilegales algunas, con el fin de neutralizar el activismo político que por aquellos días tuvo un auge inusitado, en especial después de los sucesos del 27 de noviembre de 2020 frente al Mincult.

Cuando se combinaron la crisis estructural que ya se arrastraba, con la generada por la pandemia, las sanciones de Estados Unidos y la sempiterna mala gestión como telón de fondo; la crispación política aumentó. Dos elementos demuestran que desde el poder se percibió el fracaso de la campaña mediática: 1. al ocurrir las protestas de julio, ya el espacio había disminuido su frecuencia, y 2. tras el Congreso del PCC, en abril de 2021, fue designado Rogelio Polanco frente al Departamento Ideológico del Comité Central, y en su primera intervención en el espacio Mesa Redonda anunció un viraje —que a la postre no sucedió— al referirse a «la disposición a escuchar a los otros, la profundización en los estudios teóricos, acudir a nuestras ciencias sociales». 

Desde la otra orilla, con prácticas que parecen salidas del mismo manual, el influencer Alexander Otaola, el hombre de Trump en Miami, atizaba los ánimos de un sector de la emigración en esa ciudad. Para ello recurre igualmente a los asesinatos de reputación y la manipulación de pruebas y declaraciones. A él se suman, como en el caso de su contraparte insular, personajes, medios y espacios que contribuyen, con su permanente disposición al conflicto, a ofrecer las justificaciones adecuadas para que, de este lado, la vida siga igual.

Quien lo dude solo debe verificar los fondos destinados a este tipo de proyectos —aunque no todos son de ese cariz. «Por sus obras los conoceréis», como dijo Jesús en el Sermón de la Montaña— publicados por la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés). La radicalización del espectro político cubano es costeada allá con los dólares del contribuyente norteamericano y aquí con los magros fondos de las arcas de la República.

Como pitbulls que muerden los extremos de una soga, juegan estos radicales mientras, en medio, el pueblo de la Isla sufre los errores de políticas internas y el peso de las medidas de la primera potencia mundial. La intención de ambos extremos, para ser exitosos, es que sus adeptos vean solamente una de las caras de la moneda.

-II-

Como en otros aspectos de la vida nacional, el 11-J llevó la comunicación a terrenos inhóspitos. Para pensar cómo moverse en ellos, el Jefe del Estado y primer secretario del PCC se reunió con representantes de la prensa en fecha tan temprana como el 24 de agosto, poco más de un mes después del estallido. Algunas intervenciones diagnosticaron con precisión las afecciones y propusieron tratamientos. No obstante, casi un año después, está claro que igual que sucedió con lo dicho en los congresos de la UPEC, el diagnóstico no gustó y los planteamientos cayeron en saco roto.

Pese a que se alertó en ese encuentro acerca de los peligros de la radicalización, este año se ha visto como, desde lo formal, el discurso mediático ha permeado de palabras e ideas de origen militar o, en casos extremos, ha echado mano incluso a frases de la jerga de guapería barrial.

Desde el propio título de los programas —televisivos, radiales u otros—, se explicita una predisposición a la confrontación y la amenaza. Espacios como Con filo, Chapeando bajito, El ojo que te ve, o la peña de la Pupila Asombrada, que se nombra la Pupila Afilada, son algunos ejemplos. En la mayoría de los casos se evidencia una recurrencia casi fetichista a las imágenes del machete o el cuchillo como armas aguzadas para herir al oponente, o al ojo como símbolo de vigilancia.

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Igualmente, existe en muchos de estos programas un deseo de capitalizar «la verdad», enunciado también desde los títulos: Hacemos Cuba, Palabra Precisa, Las razones de Cuba.

Una característica compartida por ambos extremos del espectro comunicacional, es el que Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania Nazi, situaría como el primero de sus once principios: «el de simplificación y enemigo único». Individualizar al adversario es un recurso útil para atacarlo. Mercenario o ciberclaria, contrarrevolucionario o comunista; son cómodas etiquetas para matar al mensajero sin necesidad de introducirse en el mensaje.

Más allá de los medios en sus versiones tradicionales, las redes sociales han desempeñado en este último año un rol central. No solo son el foro de debates en torno a temas acuciantes y profundos, o el espacio para denunciar y visibilizar cuestiones que interesan a la ciudadanía, sino también han hecho gala de su dimensión lúdica.

A esto último ha contribuido la irrupción de personajes como la primera dama, con sus tuits ubicados a kilómetros del sentido común; u otros más esporádicos, como el héroe que alaba, desde un pullover, el miembro viril del presidente de la República. Gracias a ellos, y junto a frecuentes errores y meteduras de pata de los dirigentes, un enorme ejército de memeros tiene el pan de cada día asegurado.

La risa es una herramienta poderosa, lo sabía el monje que envenenó los libros de la abadía a la que nos traslada Umberto Eco en El nombre de la Rosa. La burla es un instrumento que desarma, y la democratización que implica la masividad de las redes sociales hace que sea casi imposible controlar la incursión en ellas de actores políticos y ciudadanos.

-III-

El 11 de julio pasado se publicó el anteproyecto de Ley de Comunicación Social, un sueño largamente anhelado por el gremio. Su artículo 5 consigna que «el Instituto de Información y Comunicación Social es el encargado, como organismo de la Administración Central del Estado, de articular la gestión del sistema de comunicación social en el país».

Muchos han visto en este cambio de manos, del Partido al Estado, una respuesta a la observación que hiciera el periodista y académico cubano Julio García Luis en su libro Revolución, Socialismo, Periodismo: «las pretensiones de arbitrar contenidos han tenido históricamente resultados paralizantes y desastrosos».

¿Seremos testigos del nacimiento del observatorio crítico que requiere el socialismo y al que aludiera el presidente de la UPEC en la convocatoria al XI Congreso de esa organización, bautizado con optimismo de la Transformación? Sin embargo, para responder tal interrogante no puedo evitar recordar la conocida frase del Rey Sol: «L’État, c’est moi». Aclimatándola al artículo 5 de nuestra Constitución, sería: Sobre el Estado, estoy yo.

La confluencia discursiva propiciada por el monopolio de propiedad estatal/partidista, contrasta con la línea generalmente crítica de los otros medios. Estas posturas contribuyen al binarismo del debate político, que divide a los cubanos en grupos permanentemente enfrentados, sin puentes que permitan algún tipo de acercamiento.

Hace algunos días, la Cinemateca de Cuba y el proyecto Aguacero abrieron un nuevo espacio con la película alemana Good bye, Lenin. Un hijo que ama a su madre enferma debe presentarle el tránsito de dos Alemanias a una. Sin embargo, termina representando no solo para ella, sino para sí mismo la obra de cómo él hubiera deseado que fuera el proceso. A los cubanos nos deja lecciones que no deberíamos ignorar.  

En la emisión final de su inventado noticiero, el cosmonauta Sigmund Jähn, devenido secretario general del Partido, lanza una idea hermosa y cardinal: «El socialismo no significa amurallarse sino acercarse al otro, vivir con el otro». ¿Es para los cubanos ubicados en los extremos del espectro y usufructuarios de una parte considerable del poder, tan difícil pasar por sobre sus diferencias y construir una nación en la que quepamos todos? Como en el Titanic, cuando suene Nearer, My God, to Thee, ya será tarde.

Agricultura y oportunidades perdidas entre Cuba y EE.UU.

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Agricultura
(Foto: Claudia Yilén Paz / Cubahora)

De manera ininterrumpida en las últimas seis décadas, las relaciones comerciales entre Cuba y Estados Unidos (EE.UU) llevan la marca de las sanciones y medidas coercitivas del segundo contra el primero. Sin embargo, debido a la cercanía geográfica de ambos mercados, una y otra nación suponen un potencial socio para el vecino.

Recientemente, la U.S. Agriculture Coalition for Cuba (USACC), comprometida con la normalización de las exportaciones de alimentos y productos agrícolas a Cuba, emitió un informe donde enuncia cuáles serían las áreas y productos de mayor potencial para ambos países.

Estos son diez aspectos positivos destacados en ese texto:

  1. Antes de 1960, Cuba era el noveno destino de la exportación agrícola estadounidense. En la actualidad, la Isla ocupa el lugar 53 en dicho ranking. No obstante, se estima que, en condiciones comerciales normales, Estados Unidos podría satisfacer el 60% de la demanda cubana de importación de alimentos.
  2. Cuba representa el mayor consumidor per cápita de arroz en el hemisferio occidental, de ahí que importe $250 millones en dicho cereal anualmente, adquiridos sobre todo en mercados alejados como Vietnam y Brasil. Teniendo en cuenta que el transporte desde la nación asiática tarda 45 días como promedio, es fácil deducir que obtenerlo en EE.UU sería más barato. Sin embargo, desde lo que supone el mercado natural más próximo, no existen exportaciones de dicho cereal.
  3. Para la producción de pan y otros alimentos, Cuba compra en el extranjero 700.000 toneladas anuales de trigo. Ello la convierte en el mayor importador de ese producto en el Caribe. Por otro lado, destaca el hecho de que EE.UU. representa el segundo país en exportaciones mundiales de trigo.
  4. El Ministerio de la Industria Alimentaria ha declarado que se necesitan exportaciones que complementen la demanda local de carne de cerdo, una de las más consumidas en la Isla. Dado que el maíz y la soya son los principales ingredientes en la alimentación porcina, EE.UU. figuraría como un potencial socio.
  5. El país norteño es el mayor productor mundial de soya y concentra aproximadamente la mitad de la producción a escala global. La soya cultivada allí tiene la ventaja de ser producida con semillas de calidad, equipos de alta tecnología y contar con el apoyo de centros de investigación en varias universidades.
  6. Se calcula que alrededor del 40% de las necesidades proteicas de los cubanos son satisfechas con la carne de pollo. En 2021 las exportaciones estadounidenses de carne de aves a la Isla fueron de $283 millones. La nación caribeña es uno de los tres principales mercados mundiales para los productores de pollo provenientes de UU.
  7. Actualmente Cuba importa $160 millones en leche en polvo. Con más espacios de cooperación entre los grupos ganaderos de ambos países, la producción y exportación de leche podría aumentar de forma sustancial, así como el empleo de técnicas propias de las ciencias genéticas para el mejoramiento del ganado.
  8. Cuba importa anualmente unas 850 mil toneladas de maíz, casi ninguna de EUU., principal exportador a escala planetaria.
  9. La papa, la yuca, la malanga y el boniato forman parte del patrimonio culinario nacional. EE.UU. pudiera proporcionar semillas de mejor calidad que estimularan el rendimiento de dichos cultivos en Cuba, favorecidos por el clima cálido y húmedo de la isla.
  10. El USDA y el Ministerio de Agricultura finalizaron un protocolo de importación/exportación de semillas de papa en diciembre de 2020. Ese mismo mes, EE.UU. envió un contenedor de semillas del tubérculo a la Isla para pruebas de campo. Aunque se trató de una iniciativa con un impacto positivo, supone apenas un ejemplo aislado de todas las oportunidades de colaboración que en materia científica y agrícola pudieran surgir entre ambos pueblos.  

La existencia de relaciones bilaterales normales, sin el lastre que representan las medidas unilaterales coercitivas de EE.UU. contra Cuba, implicarían la posibilidad de aprovechar las cercanías geográficas y los intereses de ambos mercados. En materia de oportunidades para productores de las dos naciones, los beneficios serían considerables, así como también para los consumidores cubanos, agobiados por precios excesivos a causa de la escasez. La agricultura, pilar en cualquier economía, puede ser un buen punto de partida para impulsar esa cooperación.

Desbarrancadero

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(Imagen: Jénot Jean Marie)

Muerto. Su niño, que seguía siendo niño a los 26 años por una condición especial de autismo y ceguera, estaba muerto. Necesitaba una ambulancia y no llegó a tiempo. Una doctora se deshizo en gestiones. Ninguna funcionó como debía. En las redes, entre el dolor, la rabia y la frustración, los mensajes sumaban miles. Pero ya nada era reversible. Ni lo será más allá de intentos de explicaciones.

Quien tenga hijos, quien tenga sobrinos, quien haya visto morir un ser amado, quien tan solo ame y sea sensible podrá aquilatar en alguna medida lo que habrá sentido esta madre cubana, habanera, Maritza Barrios, cuando tecleó el mensaje que confirmaba la noticia de la muerte de Andy: «Buenas noches discúlpeme por no contestarles después les daré los detalles pero desgraciadamente mí niño falleció a las 6 dela tarde y les agradezco su preocupación pero acaba de traer y tengo que vestirlo gracias por su preocupación» (sic).

Si uno pudiera alejar los malos pensamientos, si uno pudiera deshacerse de la imagen terrible de una madre vistiendo el cuerpo sin vida de su muchacho, quizá todo sería más fácil. Pero no es posible. No nos es dada esa facultad.

¿En qué realidad viven y gobiernan los que manejan y usufructúan el país? ¿Cuánto se ha dicho y repetido y gritado hasta perder las cuerdas vocales que muchos hospitales están derruidos, que en la bolsa negra hay medicamentos necesarios al precio de miles de pesos que no gana un trabajador promedio; que los médicos, enfermeras y personal paramédico, con todo y su profesionalidad, no pueden lograr milagros? Ya hacen lo extraordinario cuando en consultas donde a veces no tienen ni un jabón para lavarse las manos después de una cura, siguen salvando vidas y dejando en el camino la suya propia.

«Cuba importó 236 tractores en 2020 por 3,907 millones de USD, con un valor promedio de 16,555 USD/tractor. La menor inversión en una habitación de hotel según la Cartera de Negocios es de 165 mil USD/hab. Con el “ahorro” de una habitación de hotel se comprarían 10 tractores», meditaba hace poco el economista Pedro Monreal. Pero se siguen construyendo hoteles. Y no hay tractores, ni ambulancias, ni comida, ni viviendas suficientes.

¿Hoteles para qué, para quiénes? ¿Para los nuevos dueños cuando los altos cuadros partidistas terminen de metamorfosearse en potentados empresarios de la Cuba post-utópica? ¿Para los Meyer Lansky y Lucky Luciano del siglo XXI cuando el proyecto de casino caribeño cancelado en 1959 se retome? Quién sabe. Pero algo intuye Liborio, el soberano sin trono, y tiene claro que esas habitaciones de lujo no serán para él ni en esta ni en la otra era.  

Por eso huye. Junta a su grey y huye lejos del desbarrancadero. En un rapto que amalgama, para muchos, la mayor desesperación con la mayor rebeldía. Como una canción protesta entonada con los pies. A la desbandada, en estampida, sin frenos, a veces sin conciencia clara de hacia dónde van o qué pretenden.

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Liborio junta a su grey y huye lejos del desbarrancadero. (Foto: ABC)

En nueve meses del año fiscal en curso —desde octubre de 2021—, 157,339 cubanos han arribado por vía terrestre a suelo de Estados Unidos. Cifra que ya destrona los éxodos masivos de Camarioca (1965), el Mariel (1980) o la Crisis de los Balseros (1994). Y en la estadística del Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras estadounidense no se cuentan, por supuesto, los que se tragó el mar, los que alguna embarcación retornó antes de que llegaran a tocar tierra norteamericana, los que salieron a instalarse en otros destinos de Latinoamérica, Europa, África, Asia. ¿Cuántos serán en total? ¿200 mil? ¿Un cuarto de millón? Y dentro de ellos, ¿cuántas mujeres con niños pequeños?, ¿cuántos ancianos?, ¿cuántos profesionales?…

También la gente revienta. Sale a la calle a gritarle a puro pulmón a las fuerzas represivas y al que dicta la orden de combate desde su butaca encumbrada, las palabras que en la Isla ofenden más duro. Sucedió en Los Palacios. Aunque para las autoridades municipales y los sitios oficiales de prensa, todo se haya resumido a un leve «incidente», una «inconformidad con prolongado apagón por tormenta local». Rápidamente, y vulnerando a mansalva el derecho a la información, el monopolio ETECSA cumplió su papel cancerbero y apagó o ralentizó el servicio de internet, para que la pólvora de la insurgencia no se expandiera más allá de este terruño pinareño.

Pero esa venda forzosa, que todavía es un arma eficaz en manos del poder, poco a poco se va rasgando. Y hay imágenes que, dolorosamente, se resistirán al olvido.

El Papa Francisco y su visión de Cuba

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Papa Francisco durante su primera visita a Cuba (Foto: Vida Nueva)

Fui uno de los tres jóvenes escogidos por la Iglesia católica cubana para llevar al Papa Francisco la cruz de la Jornada Nacional de la Juventud durante su visita a la Isla en el 2015. Esa imagen en formato impreso y las palabras que el sucesor de Pedro nos regaló durante emotivo encuentro en el antiguo seminario de San Carlos y San Ambrosio, son un regalo invaluable que guardaré para siempre en el corazón.

Por estos días ha surgido un debate dentro de la sociedad civil cubana —redes sociales mediante—, con motivo de las palabras expresadas por el Sumo Pontífice a un año del estallido social del 11 de julio. Sin pretender abordarlo todo, deseo ofrecer algunas pistas sobre el pensamiento de Jorge Mario Bergoglio (Papa Francisco) que pueden ayudarnos a comprender su forma de interpretar nuestra realidad. Es lamentable que varios de los comentarios emitidos sobre el Papa se hayan elaborado a partir de lo que otros dicen, sin ver la entrevista completa donde expone sus declaraciones. Eso, sin dudas, resta fuerza al debate.  

Bergoglio detesta el intelectualismo abstracto, introducido siempre por una deriva ideológica, muros que cierran y distraen al ser humano de los problemas profundos que agobian su existencia. Por eso, para interpretar su frase de que: «Cuba es un símbolo, Cuba tiene una historia grande y yo me siento muy cercano a ella», es importante situarse en el contexto desde el que se hace esa reflexión.

Francisco es el primer Papa latinoamericano, y es jesuita, por eso, lo que plantea es observado invariablemente con lupa por un pensamiento rigorista —incluso dentro de varios sectores católicos cubanos— que se mueve a partir de lecturas incuestionables de la realidad, devenidas desde el centro occidental de Europa. El Papa es parte de una escuela de pensamiento surgida en Argentina en la década del setenta del siglo XX, conocida como Teología del Pueblo. Según el filósofo italiano Massimo Borguessi: «este pensamiento no constituía una alternativa conservadora a la teología de la liberación, sino una teología de la liberación sin el marxismo».

 La Revolución cubana es un símbolo de liberación para el sector de fe que se sumó a la lectura socio-religiosa de la realidad de nuestro continente ofrecida por la Teología Latinoamericana de la Liberación a partir de la década del sesenta del pasado siglo, y que puso como núcleo central de su reflexión la categoría pobre. Quien introdujo el término Teología de la Liberación en el contexto católico fue el dominico peruano Gustavo Gutiérrez. Él es también uno de los principales artífices de la unión entre teología y marxismo en el continente.

El propio San Juan XXIII, Papa que convocó al concilio Vaticano II, (1) tomó de ejemplo a la Revolución cubana en uno de sus comunicados para denunciar las consecuencias sociales que podrían llevar a todo un pueblo a unirse para derrocar mediante una guerra a un gobierno dictatorial. En la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín, en 1968, los obispos de nuestro continente continuaban viendo a Cuba y la lucha de su pueblo por la liberación como referente para otros pueblos de América Latina.  

Bergoglio no ha sido nunca un cura comunista. Decir eso lastra de antemano toda la seriedad de la persona que desee expresar un criterio acerca de sus últimas declaraciones respecto a Cuba. Francisco ha ido más allá de los mitos revolucionarios, comunistas o liberales —que se aúpan en la región bajo signos autoritarios—, para ponerse a la cabeza de los movimientos populares, a los que ofrece una salida diferente a la violencia para alcanzar sus metas emancipadoras.  

Él sí vio en el peronismo una defensa de los intereses populares, de la gente humilde, frente a gobiernos liberales de la alta burguesía. Ese tipo de peronismo se mantenía en la política como una vía para enriquecer la Fe. Bergoglio se mantenía en la fe, para desde ella enriquecer la política. Él decía que lo importante no era la ideología, sino el testimonio. Fue un cura peronista, no un peronista cura.

El Papa ha visitado nuestra Isla dos veces, lo que demuestra el interés eclesial que representa nuestro pueblo para su persona. La Fe no vive encerrándose sino abriéndose. Ya de Papa, Bergoglio diría que la Iglesia vive cuando sale de su propia autorreferencialidad.

 El juicio de Francisco sobre Cuba como símbolo, es también una forma de expresar su alegría cuando en la época de Obama y Raúl Castro, y con la mediación de la Iglesia católica, se logró una serie de pasos en pos del acercamiento de los pueblos cubano y norteamericano. Para él, la unidad verdadera no es uniformidad, sino unidad en la diferencia. Es interesante que durante la controversial entrevista expresara que de nuevo se están dando pasos en pos de un nuevo acercamiento, en este caso entre los gobiernos de Biden y Díaz Canel. ¿Será que la Iglesia, al igual que en otros momentos, vuelve a ser mediadora del acercamiento entre los gobiernos de ambos países?  

La referencia a Cuba y su Revolución como símbolo en el pensamiento del obispo de Roma es histórica, marcada por su formación intelectual. No hay que situarla necesariamente en lo que viene sucediendo en nuestro tejido social, sobre todo desde el afianzamiento de una clase política dentro de la nación que se aleja cada día más de la realidad existencial de un pueblo al que pretende callar mediante diferentes mecanismos de represión.    

Los grandes problemas humanos son sin dudas universales, y en cierto modo intemporales. Dentro del ámbito eclesial se ha juzgado bastante que el Papa plantee que tiene una relación humana con Raúl Castro. Desde que asumió su pontificado, Francisco asume sin temor las críticas por su intento de relacionar polos diversos como Obama y Raúl, y conciliarlos con la fuerza del Espíritu (del bien) que todo lo une.

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Encuentro entre el Papa y Raúl Castro en 2015. (Foto: Vatican Media)

La amistad social, entendida como tentativa de superar conflictos mediante el diálogo y la colaboración entre partes opuestas, se realiza de forma paciente en la paciente trama que no pretende negar los acentos, las diversidades concretas que subsisten al interior de los líderes de estos procesos. Algunos de los que acusan a Francisco de comunista por su relación humana con Raúl, se olvidan que ese gesto es evangélico, pues Jesús, fundador del cristianismo, tejía relaciones humanas para intentar salvar, incluso, a sus grandes enemigos.

Tener una relación humana con alguien no es un gesto de aprobación de su conducta, el propio Jesús no lo hizo así, por eso le dijo a la mujer infiel a quien intentaban apedrear: «yo te perdono, vete y no peques más». La filosofía del Papa Francisco suele mostrar al buen samaritano como símbolo de lo que debe ser una relación humana entre dos personas que incluso la sociedad define como opuestas por sus creencias. La pregunta del Evangelio sigue haciéndonos reflexionar hoy: «¿quién es tu prójimo?» (próximo).

Cuando habla sobre política en un programa de TV, el Papa puede ser interpelado incluso dentro del ámbito católico. Como ser humano, puede errar a la hora de emitir un criterio o con determinada actuación; pero los que por estos días lo denostan deben conocer que el diálogo político implica la superación de valores sectoriales y de los intereses de una parte, para mirar la totalidad de lo que se juzga.

No podemos dividir a la Iglesia de manera simplista: los que apoyan al Papa o los que lo critican, buenos y malos, justos y corruptos, patriotas y apátridas, de izquierda o derecha; la realidad de todas esas pociones humanas está cargada de matices. La democracia es compromiso, resolución de tensiones polares, superación del maniqueísmo. Su objetivo, a partir de la persecución del bien común, es la superación de las divergencias entre élites y pueblo, riqueza y pobreza, comunistas y cristianos.

Las declaraciones del Papa a propósito de Cuba, han salido en un contexto verdaderamente adverso para la mejor comprensión de su propósito, y es lógico el malestar que genera en diversos sectores de la sociedad civil y la Iglesia. Un joven líder católico —que ha sido incondicional con los esfuerzos por democratizar el tejido social de la nación, poniendo en juego muchas cosas importantes, como su libertad—, comentó que sentía esas declaraciones como un tiro a la voz del pueblo que salió el 11-J a las calles.

En ese sentido, es válido el esfuerzo de transmitir —en medio de una Iglesia que vive un proceso sinodal—, los criterios sobre la realidad del país recogidos por los católicos en las asambleas parroquiales, a alguna persona que los eleve al Vaticano. Pues, si difícil es para los propios cubanos comprender el proceso tan duro de precarización sistemática de la vida, ¿cómo será para los que nos observan desde fuera?

Deseo creer, apoyado en el criterio de otros amigos católicos, que Francisco intentó con sus declaraciones mover al gobierno actual del país a una zona de diálogo. Por supuesto, él es solo una voz, pero en medio de la inmovilidad que sentimos de cara a los grandes problemas que afronta la nación, cualquier esfuerzo por modificar la realidad en favor del pueblo, aunque sea un tilín, es importante.

Las palabras del Papa Francisco sobre Cuba, entendidas en sentido profundo y desafiante, pueden ser consideradas como la invitación a construir de un modo diferente la historia de nuestra Isla para el 2022. Para eso se hace oportuno instalar un ámbito social deseable por todos los cubanos, donde los conflictos, las tensiones y los opuestos puedan alcanzar una unidad pluriforme, que engendre un nuevo tejido social, marcado por el diálogo sincero, sin autoritarismos ni represión.

Para lograr ese sueño es importante descubrir qué provoca esta situación de desesperanza y fuga entre nuestro pueblo y desolidarizarse de esos elementos, sean personas, relaciones o estructuras. Pero también, optar por un estilo de vida que sea coherente con la realidad que deseamos instaurar.

***

(1) En el mes de octubre de 2022 se cumplirán sesenta años de este encuentro, que marcó una nueva época dentro de la Iglesia católica.

Los desafíos de la cuestión racial a un año del 11-J

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(Foto: Reuters)

La crisis social en Cuba, que halló su punto clímax durante las protestas del 11 de julio del 2021, se debe a razones estructurales padecidas por el modelo político-económico desde hace décadas. Tales elementos no han sido canalizados con la solidez y consistencia que reclama el momento histórico hacia una plena democratización de la sociedad, liberación de las fuerzas productivas y sinergia entre los actores económicos, de manera que sea posible el establecimiento de un régimen de prosperidad colectiva que satisfaga las necesidades materiales de la población, junto a los necesarios niveles de equidad y justicia social.

En el eslabón más débil se encuentran las comunidades pobres, que poseen una presencia mayoritaria de afrodescendientes según los censos realizados en los últimos años. Estas poblaciones sufrieron con mayor impacto los embates de la pandemia, la escasez de productos, las restricciones en sus niveles de consumo, la dolarización económica, la inflación monetaria, el encarecimiento de los servicios públicos, los sistemáticos apagones, los retrasos en el esquema de vacunación y los errores en el diseño e implementación de la «Tarea Ordenamiento».

La complejidad que caracterizó el escenario interno, se vio agravada por la persecución financiera estadounidense —dado el sostenimiento por el presidente Joe Biden de las medidas impuestas bajo el mandato de Donald J. Trump—. No resulta casual entonces que aquellos barrios que padecen con mayor rigor las consecuencias de la crisis, fueran protagonistas en los hechos acaecidos en julio de 2021.

La protesta social como expresión del conflicto de clases en Cuba

Desde el momento en que se reportaron los primeros incidentes de manifestación, ocurridos en el municipio San Antonio de los Baños, la reacción de los medios de prensa y el discurso oficiales fue la deslegitimación de la movilización popular. La mercenarización se convirtió en la estrategia comunicacional implementada por el Gobierno, que justificó de ese modo su convocatoria al enfrentamiento.

El lenguaje elitista, anti-popular y criminalizante del presidente Miguel Díaz-Canel evidenció una retórica similar a la proyectada por líderes políticos de modelos neoliberales en la región. Dicha postura intransigente no estuvo al margen de calificativos denigrantes, vista la composición de las personas que salieron a las calles ante la crítica situación socioeconómica y sanitaria.

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Racialización de la pobreza, Marianao, La Habana. (Foto: Alexander Hall)

La racialización de la protesta se percibió en el uso de calificativos como: «vándalos», «marginales», «anexionistas», «delincuentes», «malandrines», entre otros, que recayeron sobre una población contestataria con una presencia importante de personas negras y mestizas, que padeció así las consecuencias de la criminalización a su derecho de libre manifestación pública.

A dicha estrategia le había precedido una campaña mediática que abarcó los medios estatales dirigida contra las/os denominadas/os «coleras/os» y «revendedores», que por lo general resultan mujeres racializadas e inmigrantes internas en condición de pobreza. Hacia ellas se enfocó la mirada inquisitorial de las instancias policiales, al culpabilizarlas de los déficits en la productividad y distribución de los escasos bienes materiales de que disponía el país.

Tales prácticas, lejos de constituir mecanismos de enriquecimiento humano, resultaron estrategias de supervivencia, pues al carecer de oportunidades convencionales para su sustento, la cotización elevada de esos bienes en el mercado informal les permitía lo indispensable para la reproducción de su vida. De esta manera, resultaban el eslabón más endeble de una cadena de corrupción que se inicia en la gerencia de los comercios estatales.

Durante las jornadas de julio, no fueron pocos los hechos de detención arbitraria que culminaron en actos de procesamiento sobre personas en condiciones de vulnerabilidad que cometieron actos legalmente tipificados como delito. Sin embargo, el régimen punitivo expresado en largas condenas contra los imputados, sumerge las profundas contradicciones estructurales de la población residente en las comunidades empobrecidas, a pesar de las enormes problemáticas sociales que caracterizan sus modos de vida.

Tales aspectos inciden en la extensión de procedimientos apartados de la re-inserción social que, en lugar de optar por patrones de castigo severo, debieran adoptar estrategias encaminadas a disminuir los elevados niveles de población penal —de mayoría afrodescendiente—  en el territorio nacional.

De igual forma, el Partido/Estado ha preferido la cancelación de discusiones vitales, como la necesidad de un debate público en torno al abolicionismo carcelario, y la adopción de mecanismos para la prevención del delito, acordes a las nuevas teorías sociales con resultados comprobados de efectividad, apartados del recurso mimético de importación acrítica.

La estrategia gubernamental, signada por la deslegitimación de los manifestantes, contiene un fuerte carácter reactivo con el propósito de proteger los intereses de la cúpula partidista-estatal. Es desatendida así la grave situación que afecta la vida de las poblaciones residentes, marcadas por la precarización económica, el predominio de patrones de violencia transversalizados, elevados niveles de relegación social, deterioro agudo de la infraestructura habitacional, déficits en las redes de alcantarillado y dificultades en el acceso estable a los servicios de electricidad, agua potable, gas licuado, entre otros.

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Racialización de la pobreza, Marianao, La Habana. (Foto: Alexander Hall)

Las dinámicas reales en esos entornos han sido identificadas por los estudios sociológicos realizados desde antes de 1990. No obstante, dichos diagnósticos carecen del consistente amparo político-económico para la reversión de la preterición social y la marginalidad económica, cuyas propuestas resolutivas han sido largamente postergadas por las instancias decisócratas a nivel municipal, provincial y nacional.

La proyección mediática ante las protestas contenía una matriz discursiva criminológica que recibió el sustento de una represión inaudita, desplegada a lo largo y ancho del país. Ante ello, el estado añadió cuotas sustanciales de violencia policial a la violencia sistémica padecida por los habitantes de los entornos barriales que manifestaron de forma espontánea su descontento hacia el régimen imperante.

Si bien es cierto que parte de esa inconformidad se expresó en el saqueo a establecimientos comerciales —inaccesibles para el trabajador local al cotizarse productos de primera necesidad en moneda extranjera—, sumado a la agresión física de la población civil a numerosos agentes uniformados; la violencia estructural del orden social no resulta equiparable a los reclamos populares en la exigencia legítima de mayor acceso a medicamentos, alimentos, bienes de consumo y derechos sociales históricamente vetados.

Diversos enfoques ante la crisis estructural del modelo

Un sector de la intelectualidad orgánica al status quo, reprodujo las tácticas del poder en la deslegitimación de la manifestación social, acudiendo incluso a sustentos neoestalinistas aupados en el ejercicio de un marxismo dogmático. En la satanización de sus actos, se consideró la rebeldía de las masas como expresión de una ausente «conciencia de clase». Según la lógica de tales referentes, los manifestantes atentaban contra sus propios intereses existenciales al responder a los «designios de una potencia capitalista extranjera».

Estas perspectivas intentan identificar el derecho de protesta social contra las insuficiencias en la gestión del Gobierno con las proyecciones de sectores vinculados a la oposición tradicional, defensora en ciertos casos de banderas neoplattistas, cuya presencia en esos eventos resultó minoritaria y escasamente influyente. A pesar de los gritos de «Patria y Vida» en una parte de la ciudadanía, las movilizaciones estuvieron alejadas de los preceptos de absorción cultural o sumersión político-económica a la potencia del Norte que marcan los intereses de actores políticos vinculados a una agenda que persigue el cambio de régimen en la Isla.

Expresiones de ese tipo se sustentan en contra del imaginario sacrificial que ha distinguido el metarelato discursivo de la Revolución Cubana, pues resulta contrastante el modo de vida de su dirigencia con las penurias de la clase trabajadora en sus esfuerzos por contribuir a la productividad del país, abnegada además por los efectos de la hostilidad estadounidense y la incapacidad del Gobierno de la Isla en la articulación de un modelo que genere estabilidad económica para las masas desposeídas.

Los referidos sectores de esa intelectualidad omiten, consciente o inconscientemente, las falencias que tipifican el diseño anti-democrático de la sociedad, a pesar de su reivindicación como «socialistas» a nivel de discurso ideopolítico. Tales posicionamientos resultan incapaces de identificar los elevados niveles de sovietización —perceptibles en el predominio de una planificación autoritaria, centralización excesiva, institucionalización estadocéntrica, burocratización administrativa, unanimidad parlamentaria, restricciones a la libertad de expresión y una regulación institucionalista de la creación artística— que devienen lastres fundamentales para el desarrollo económico, social y cultural.

Desafíos
Racialización de la pobreza, Marianao, La Habana. (Foto: Alexander Hall)

La hegemonía discursiva de la propaganda oficial es respaldada por actores influyentes en el ámbito intelectual y académico latinoamericano, como han sido las voces de Néstor Kohan, Atilio Borón, Fernando Buen Abad y Frei Betto, entre otros. Dichas figuras sostienen una visión idílica del proceso de liberación de 1959, al considerar a Cuba una especie de «bastión del proletariado» o reducto del «socialismo internacional» a la altura de la tercera década del siglo XXI.

Esta visión, que asume los rudimentos del marxismo estalinista trasmutado en «ideología de Estado», resulta incapaz de analizar a profundidad las variables que condujeron a la caída de los regímenes de corte soviético durante el siglo XX, al convertirse en herramienta cognitiva para el sostenimiento de una estructura burocrática de tipo capitalista. En consecuencia, dicha elucubración permanece alejada de la realidad, así como de los intereses de transformación que la han distinguido como arma teórica de los movimientos anti-sistémicos del planeta.

En sus perspectivas sobre la situación cubana, las mencionadas figuras establecen atisbos de continuidad en los preceptos igualitarios que definieron las políticas sociales del proyecto histórico revolucionario. Sin embargo, su acomodo intelectual contrasta con la voluntad migrante e inconforme de las masas, las penurias socioeconómicas del pueblo y las reiteradas muestras de inconformidad percibidas en la micro-política del espectro ciudadano. A la vez, sus proyecciones discursivas resultan incapaces de valorar las numerosas expresiones de colonialismo interno, transdominación, y opresiones múltiples que tienen lugar bajo el modelo político insular.

En la antítesis de esta postura se encuentran destacadas figuras de pensamiento socialista, marxista, decolonial, feminista, antirracista y anti-capitalista que se han pronunciado en contra del autoritarismo en la Isla. Entre ellas resaltan: Gayatri Chakravorty Spivak, Alex Callinicos, Noam Chomsky, Eric Toussaint, Michael Löwy, Luciana Cadahia, John Molineaux, entre otros. Algunas de estas personalidades, apartadas de todo posicionamiento dogmático y desde militancias progresistas, han solicitado el cese de la represión política en Cuba y la concesión de una ley de amnistía para la reconciliación nacional que abra las puertas a un socialismo democrático de iguales.

Los desafíos del color ante la crisis político-económica

A un año del 11J la población cubana aún padece los efectos de la dolarización, la especulación de divisas, la escasez de medicamentos, alimentos, combustibles, insumos para el aseo y otros bienes indispensables para la vida. La crisis económica se acentúa ante el deterioro de los servicios públicos y  la pulverización del salario debido al ascenso generalizado de los precios. Sobre las comunidades empobrecidas recae con mayor rigor  las consecuencias de la crisis social.

Desde que fuera anunciado, en noviembre de 2019, el Programa Nacional contra el racismo y la discriminación racial, resultan escasas las políticas dirigidas a revertir los efectos de la precarización del «componente racial negro». Si bien resultó de vital importancia para la visibilización del flagelo y su reconocimiento institucional, las pautas desde su creación han estado signadas por la opacidad y la falta de incentivos en la promoción de los aportes científicos, artísticos, bibliográficos, etnológicos, históricos y culturales que respecto al tema se han producido en el país.

El enunciado programa suele recurrir a spots promocionales de carácter didáctico, signados por una retórica amparada en los recursos del mestizaje, el ajiaco ortiziano, el color cubano y la alusión al término «vestigios». El empleo conceptual de esos productos comunicativos evade la profunda dimensión sociológico-cultural que representa el flagelo.

Estos subterfugios se han constituido en métodos efectivos para la subestimación de las diferencias, a pesar de la crítica realizada por los estudios subalternos y decoloniales, que abarcan una presencia importante de exponentes marxistas, que identifican esas tácticas como mecanismos de poder para sostener el status quo y soslayar el abordaje de los abismos socioclasistas que separan a las poblaciones étnico-raciales.

Desafíos
Racialización de la pobreza, Marianao, La Habana. (Foto: Alexander Hall)

De esta forma, bajo el estandarte monolítico de unidad homogenizante, se acude a la retórica de falsa fraternidad democrática proyectada por las elites nacionalistas decimonónicas para fortalecer sus mecanismos de dominación, continuada en la región como una estrategia de los estados neoliberales mediante la promoción del multiculturalismo para fingir una convivencia afectuosa entre las diversas poblaciones.

La estrategia gubernamental en el manejo de la crisis se caracteriza por el triunfalismo que celebra la presencia negra en instancias parlamentarias y espacios de visibilidad mediática. Ello genera una falsa representatividad y oculta los problemas estructurales que padece su composición civil. Este recurso se refuerza con la implementación de estrategias populistas de «reanimación social», aunque dichas acciones no resuelvan las problemáticas de fondo que laceran la vida en dichos entornos, inducidos por una praxis paternalista instrumental que reproduce la colonialidad del poder.

Procedimientos como esos se apartan de la emancipación económica y ofrecen poca cobertura para la autoorganización, como puede ser la impulsión de valores socialistas, antirracistas, comunitarios y humanistas «desde abajo», que favorezcan el auto-reconocimiento identitario y el emprendimiento; frustrados por la centralización excesiva del poder político, el carácter burocrático de la nomenklatura y la discrecionalidad en el manejo del presupuesto del estado.

En tal sentido, los aportes de pensadores como Juan René Betancourt sobre el cooperativismo antirracista y la afro-reparación económica desde una crítica anti-capitalista radical, devienen referentes ineludibles para las actuales y futuras generaciones interesadas en la instauración de la igualdad plena entre cubanas/os, partiendo del reconocimiento de las diferencias históricas que separan a los diversos sectores.

La resolución de la problemática racial requiere implementar un debate público —largamente pospuesto por las instancias oficiales—, así como la materialización de una ley de asociaciones que permita el reclamo organizativo de sus demandas sociales, a pesar de ser un derecho refrendado por la Constitución de 2019 que se ha convertido en letra muerta al calor de las circunstancias actuales.

La visibilización de los aportes realizados desde las ciencias sociales sobre el tema, el fortalecimiento de la educación popular ante el blanqueamiento de las universidades, el financiamiento de proyectos económico-sociales para el mejoramiento de las condiciones de vida en las comunidades relegadas, la concesión de mayor autonomía y participación democrática en los gobiernos locales, bajo prácticas socializadoras alejadas de las lógicas de la privatización o la burocratización estatal que conducen a la concentración del poder y la riqueza en pocas manos; así como la puesta en práctica de otras alternativas sobradamente documentadas, constituirían estrategias acertadas para combatir el racismo, basado en la extensión de una cultura que proyecte el bienestar económico bajo preceptos de justicia e igualdad social.

Once

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once
(Imagen: Wimar Verdecia)

Paso a enumerar a las autoridades partidistas del municipio Diez de Octubre los pormenores de la manifestación pacífica que el pasado lunes 11 de julio, a contrapelo de las campañas de descrédito de los medios de desinformación enemigos, se realizó en el Consejo Popular Tamarindo en apoyo a la construcción socialista y contra el golpe de Estado vandálico.

En el sector de la Policía Nacional Revolucionaria de la calle Enamorados, contiguo a la Esquina de Toyo, donde hace un año nos viraron dos carros patrulleros, emplazamos un camión que, por su tonelaje, necesita para ser volcado no menos de Alí Babá y sus cuarenta ladrones (o lumpen o escoria o apátridas…, según el apelativo ad hoc con que se desee denominarlos). Por la proporción de vigilantes respecto a transeúntes (tres a uno), ello se hacía casi imposible, pero no conviene confiarse.

En el Parque Santos Suárez, sede central de la jornada de evocación, se ofertó al público asistente panes de calabaza, masarreales de levadura torula y panetelas ebrias. En la cola situamos a varios agentes nuestros, quienes marcaron sucesivas veces y compraron tanto pan que tuvimos que abrir otro quiosco para recuperar el dinero invertido.

Espero estén ustedes al tanto del llamado hecho en las redes para salir a las calles con pulóveres comunistas, y del revuelo ocasionado por el que exhibió en Twiter el coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución. Me vi compulsado a autorizar, con ánimo de no contradecir el equilibrio de género propugnado por la política de adelanto de la mujer del Gobierno (o mejor: «propugnado por el Gobierno para el adelanto de la mujer», no quiero se interprete que me refiero a la jefa de eventos del Ministerio de Cultura), que las integrantes del bloque 11 de la Federación de Mujeres Cubanas se aparecieran en la actividad con unos pulóveres que aludían a la secretaria general Teresa Amerelle Boué. Por respeto al respeto que a ustedes les prodigo, no reproduzco aquí lo que de ella se expone en dicha prenda de vestir.

Me tomé la atribución de impedir que un grupo de trabajadores por cuenta propia instalaran un parque de diversiones conformado por aparatos con botes, carabelas y otras naves de disímiles calados que pueden sembrar diabólicas expectativas en niños y jóvenes.

Quizás sea contraproducente que el 11 de julio, Día Mundial de la Población, en un país donde esta decrece de manera acelerada por la instalación de los parques del párrafo anterior, fomentemos el aumento de la población penal, pero nos sentimos obligados a realizar las siguientes detenciones de (como dice Abel Prieto) «gente desmoralizada desde el estado fetal»:

– En la actividad infantil se promovió por los altavoces una canción muy rara que reza: «¡Protesto, protesto y vuelvo a protestar!». Por la segunda parte de esa estrofa presuponemos fue compuesta en días recientes, pues es notorio el llamado a lanzarse otra vez a la calle. Hay varios inculpados, entre ellos una maestra de la primaria de enfrente que compulsó a que sus alumnos bailaran al son de la melodía con los brazos en alto y movimientos pélvicos.

El operador de audio alega que grabó el himno sedicioso desde un disco de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, y que el tema es supuestamente de un grupo de rock nombrado Los Yoyo. Increíble la desfachatez de esta gentuza, como si uno no atinara a darse cuenta de que la susodicha agrupación alude semánticamente a la verticalidad del ir y venir de la oposición en sus anhelos subversivos.

– Un individuo de mediana edad, parado en la esquina de Zapotes y San Indalecio y con mirada insegura hacia los cuatro puntos cardinales, preguntó a una señora que rellena fosforeras (con amplia hoja de servicios como colaboradora de las fuerzas del orden) si esa era la calle San Julio. Fue conducido de inmediato por dos razones: por confundido y por canonizar subliminalmente, con ese «San Julio», la fecha que conmemoramos.

– Un sujeto que dice ser humorista, conversando con otro de similar talante, insistió en el detalle de que nació un 11 del mes 11 a las 11 y 11 horas. Lo expresó casi con orgullo, pues, según el carnet de identidad que no portaba, este año arriba a su tercera edad. Se puso pesao y tuvimos que propinarle un golpe blando.

– Una señora traía encima de su estómago, adherida con alfileres en la blusa, una enseña nacional, pérfida crítica a la soberanía alimentaria que hoy defendemos con esos panes, esos masarreales, esas panetelas… Ella insiste en que llevaba la bandera a media asta en homenaje al fallecido exprimer ministro japonés.

– A un grupo de alrededor de treinta personas les tomamos sus datos y los enviamos a casa, fianza mediante. En el clímax de la actividad política, cuando el orador de turno recordaba la construcción socialista que se hace en el Solar de las Margaritas para convertirlo, con la «operacionalización» a la que alude el presidente, en una ciudadela digna con hacinamiento decoroso («un Tamarindo al que se le incrementa su dulzor»), dichos ciudadanos comenzaron a darle vivas al 11 de julio.

A juzgar por lo escrito en el periódico Juventud Rebelde por el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba («Resulta, al menos chocante o contradictorio, cuando algunos hablan del 11 de julio del pasado año en tono de celebración»), el hecho es condenable. Pero si nos atenemos a las palabras del compañero Díaz-Canel («Si algo vamos a celebrar es esa victoria del pueblo cubano, que es una derrota más del imperialismo»), merecen un diploma de reconocimiento. Ustedes dirán.

Charcos de paciencia

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Charcos

Ahora que cada vez somos más los cubanos que caminamos mirando hacia abajo, como pensativos, como avergonzados, como cansados ya de tanto esperar y esperar y sin obtener casi nada, deberíamos aprender a observarnos más en esos espejos casi naturales que son los charcos.

Según lo imagino, después que Colón terminó de decir: «Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto», dio un paso para adentrarse en ella… y metió la pata en un charco, así que de nada vale culpar al sistema, al gobierno, a los funcionarios, a la pésima planificación urbanística, a la insuficiencia de sistemas de alcantarillado, a la falta de mantenimiento de las conductoras de agua potable, al terrible estado de las calles, los baches, los huecos, la desidia, la escasez de recursos, el exceso de lluvia en algunas temporadas, al bloqueo o al maldito clima, de la actual proliferación de charcos por todas partes; porque, en Cuba, el charco siempre estuvo ahí. Nunca se ha secado.

Charcos

Para mí, y díganme romántico o atontado, los charcos son una fuente inagotable de belleza y aprendizaje.

Los gusarapitos, por ejemplo. Y las larvas de mosquitos. Y los huevos de rana en las orillas, entre el limo y las hojas descompuestas. Y los mosquitos crecidos, y las ranas comiendo y croando de noche, y los gatos hambrientos que a su vez se las comen… Todo eso he visto y, a veces, frente a ese flaco espejo de agua, me da por recordar que nosotros los cubanos, en los ochenta comimos ancas de rana, y en los noventa gatos (y hasta ratas, sin saberlo) y los mosquitos continúan comiéndonos a nosotros, por lo que es evidente que formamos parte de esos ecosistemas cerrados que son los charcos.

Ecosistemas, por cierto, bastante autosustentables. Y ahí, todavía agachado, me pregunto cómo es posible que en este país jamás se haya logrado la tan cacareada sustentabilidad alimentaria, y si me levanto de un salto y sigo mi camino un tanto asustado es porque me acuerdo que alguna vez los charcos fueron conquistados por las horrorosas clarias, con las que hacían picadillo y hamburguesas; aunque ya ni eso.

Cuando estoy cerca de un charco y veo que un niño lo atraviesa corriendo, o lanza un palo como jabalina, o lo utiliza para batear las aguas, pienso en la tranquilidad que en ese momento viven los padres porque sus hijos están creando anticuerpos, porque sus hijos están socializando con otros amiguitos, porque sus hijos no están perdiendo la vista y el tiempo y la salud frente a un Tablet o a una laptop mientras juegan a matar zombies inexistentes, a manejar carros fantásticos que en la realidad nunca tendrán.

Y cuando la madre pregunte: «¿Dónde andará el niño?, ya está oscureciendo…»,  pienso en la tranquilidad con que el padre le responda: «Dónde va a estar, mujer… ¿en el parque?, ¿en el área deportiva? Tú sabes que aquí en el barrio no hay nada de eso. El niño está bien, ahí, jugando en el charco de la esquina…». Lo que no sabe ninguno de esos padres es que en ese mismo charco sus hijos, quizás, estén aprendiendo a caminar sin hundirse, o a controlar a voluntad las aguas, a no temerles al menos, por si algún día deciden cruzar un río bravo o un charco realmente grande.

Son como espejos los charcos, pero más baratos, y nunca se rompen, no te traen siete años de mala suerte aunque continuamente le metas la pata. Y ya que los charcos van a estar en esta tierra, al parecer eternamente, deberíamos dedicar todo el tiempo que sea necesario a mirar en ellos nuestros rostros diversos, nuestros pensamientos diversos, hasta aceptarnos; y luego levantar la cabeza y continuar el camino así, como orgullosos, como valientes y decididos, de frente a la realidad durísima, sabiendo cada cual qué cosa hará para alcanzar sus sueños.

Las otras deudas del Estado

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Deudas
(Foto: Envato)

El jueves 16 de julio del 2020, en sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, fue aprobada la Estrategia económico-social para el impulso de la economía bajo la doctrina de que no se podía continuar haciendo lo mismo en el ámbito económico  porque de esa manera no se obtenían los resultados deseados.  Mañana se cumplirán dos años de que fuera certificada la mencionada estrategia, así como de la implementación de una serie de medidas para intentar vencer la crisis, y lo que sí resulta evidente es que hoy, veinticuatro meses después, no nos encontramos ni remotamente mejor que entonces.   

El panorama económico nacional sigue mostrando inusitado desabastecimiento,  enorme limitación productiva y precios que sobrepasan por mucho el poder adquisitivo de la gran mayoría. Es decir, la estrategia que —en medio del bloqueo y pensada para contrarrestarlo— debió marcar el inicio de una paulatina recuperación, lo único que ha dejado han sido más dudas y deudas que alegría en  la población.

Una de esas deudas radica precisamente en el propio discurso oficial; cabría recordar que al día siguiente de los anuncios, el presidente de la corporación CIMEX, Héctor Oroza Busutil, encargado de explicar el nuevo diseño monetario, explicó que «los productos de línea económica, principalmente de alimentos, aseo e higiene, se continuarían vendiendo y asegurando en la red del comercio tanto en CUP como CUC». Sin embargo, actualmente en las tiendas en CUP apenas se encuentran productos alimenticios, lo cual  genera malestar, violencia y colas,  mientras las tiendas en MLC son las únicas que muestran cierta presencia de esos productos, aunque a precios inalcanzables.

Por aquella misma fecha, el vicepresidente Salvador Valdés Mesa aseguraba que en Cuba nadie quedaría desamparado ni se tomarían medidas de choque. El uso de un lenguaje económicamente correcto resulta hoy bastante complejo y lleno de interpretaciones, pero lo cierto es que el desabastecimiento y la existencia de una moneda y un mercado inaccesibles para muchos, han llevado a situaciones de verdadero desconsuelo en un segmento de la población que carece de tales posibilidades. Asegurar que nadie quedará desamparado no es discurso aconsejable en estos momentos en una cola de dos días para adquirir un litro de aceite.

Deudas
Cola para adquirir aceite en la esquina de Toyo.

El mismo presidente Miguel Díaz-Canel, en su argumentación sobre lo que se consideraba una nueva fase estratégica, mencionó el loable objetivo de que esta se centraría en la producción de alimentos y el desarrollo de la soberanía alimentaria, para lo cual se han trazado cientos de medidas en el sector agrícola. Dos años después comprobamos que incluso el azúcar, que fue durante siglos el producto insignia de la nación, acaba de tener su peor desempeño histórico, en tanto las carnes, viandas y vegetales continúan con marcado incremento en sus precios.

Mucho más desalentador resulta escuchar los análisis de quienes se encargan de trazar la política de precios para los tan necesarios alimentos. En un texto publicado por Cubadebate —fechado el 21 de junio del 2022 y titulado «Precios estatales sin tope oficial, ¿inflar la inflación?»— Félix Granada, especialista de precios de CIMEX, detalló que importar un kilogramo de queso Gouda cuesta al país 113 CUP. No obstante, se sabe que su precio de venta ha llegado hasta los 14.75 MLC el kilogramo, lo cual dista mucho de la intención comercial de proveer un artículo y conseguir un margen lógico de ganancias.

 ¿Cuántos productos no pasan hoy por esa estrategia tan desatinada para estos tiempos? En su explicación, el directivo comenta a seguidas que muchas veces para fijar precios a producciones nacionales primero se analiza el mercado —¡entiéndase informal!— y en otros casos se valora cuánto costaría importar un producto con similar calidad al nacional para luego fijar su precio, lo cual incluiría trámites y procedimientos costosos de importación que igualmente van a parar al precio aunque el producto no pase por dichos trámites.

Los pueblos, las comunidades, los electores, desean escuchar de sus elegidos promesas concretas que involucren mejoría en sus niveles de vida y mayor acceso a empleos y alimentos. Quienes dirigen, llegan al poder gracias a esas promesas; pero dos años de gestión resulta tiempo suficiente para mostrar resultados incipientes o, al menos, esperanzadores. Ese no es el escenario que se vive en Cuba.  

En las referidas alocuciones, el presidente aseguró que se iban a mantener, «a un costo tremendo», un nivel de venta en las tiendas en CUC. Confieso que la expresión: «a un costo tremendo» me resultó tremendamente innecesaria entonces. Hoy, tras comprobar la situación de las ofertas existentes, tenemos que aceptar que lo menos criticable a la fecha fue precisamente aquella triste acotación.

Alejandro Gil, ministro de Economía, también ha hecho reiteradas afirmaciones que se constituyen en deudas. En un análisis sobre la posible solución al tema inflacionario, explicó que no se podía vender divisas para intentar reducir la tasa de cambio contra el CUP porque, de usarse esas divisas con tal objetivo, después no podría garantizarse la compra de los tan necesarios  barcos de pollo o de combustible.

En comparecencias anteriores se había anunciado que ya los bancos no podían continuar recibiendo depósitos en dólares. Si esos dólares, sea por exceso o por imposibilidad de uso, no circulan, ¿qué peligro implicaría llevarlos al mercado cambiario para reducir la inflación de la divisa, como han sido propuesto diversos economistas? También cabría preguntarse ¿cómo existe la opción de comprar el barco de pollo en dólares, como él afirmó y, sin embargo, no se puede seguir aceptando esa moneda?

Posteriormente, ante la quinta Sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional en su novena legislatura, el ministro de Economía anunció por fin la venta paulatina de divisas o MLC a «ciertos actores de la economía» que lo requieren para mejorar su gestión productiva. Dos meses después, aún la medida no se ha ejecutado, como si no estuviésemos urgidos de acciones inmediatas.

Siguiendo con el tema de las deudas, en octubre del 2021 el ministro Gil explicó, ante la Asamblea Nacional,  que de las ventas en MLC se habían utilizado más de 300 millones de dólares para surtir la red de comercio en moneda nacional. Y aquí se impone la pregunta: ¿qué significan 300 millones de dólares en materia de alimentos cuando el país requiere desembolsar anualmente más de 2000 millones con ese objetivo?

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Viceprimer ministro cubano y titular de Economía y Planificación (MEP), Alejandro Gil Fernández. (Foto: Irene Pérez/ Cubadebate)

¿Valdrá la pena realizar tal ecuación —¡con sus efectos!— por una décima parte de lo que necesita el país solamente para alimentos? ¿Es esta la única opción a mano, o la única que se ha querido ver?  ¿Se tuvo en cuenta la opinión de aquellos que no poseen dichas monedas? ¿Se podrá convencer a esas personas de que esta medida no es una terapia de choque?  

Otra de las deudas palpables, pasados dos años, se relaciona con el turismo y la cantidad de recursos dedicados al desarrollo del sector.  Al respecto, el profesor Juan Triana Cordoví  en su texto del 21 de febrero del 2022 señala que en este año, según el plan de la economía aprobado por la Asamblea Nacional, se proyecta la terminación de 4 mil 607 habitaciones nuevas para alcanzar una cifra de 84 mil 906 en el sector estatal.

Se aprobó también —nos dice el profesor— que 27 443,5 millones de pesos (el 24% de la inversión total del país) se dedicarán al turismo, a pesar de ser una industria riesgosa y requerir de inversiones en áreas de producción de alimentos para recobrar estabilidad en los precios además de una presencia más constante en tarimas.  

Para reafirmar lo erróneo de esta política, el aludido economista explica, en texto del 27 de junio pasado, que según la ONEI  la tasa de ocupación habitacional en el primer trimestre del 2022, para todo el país, fue de apenas 14%. Es decir, el 86% de la capacidad ocupacional en el sector se ha visto inutilizada o con un muy bajo nivel de retorno y, a pesar de ello, se decide continuar construyendo nuevas y lujosas instalaciones.

Tampoco se  ha esclarecido cómo se piensa reajustar el pésimo diseño que realizara la Comisión de implementación de los Lineamientos. Esto implicaría otro ordenamiento, que a la fecha no se vislumbra. La Comisión no solo no cumplió con su mandato, sino que diseñó un sistema salarial y económico causante de una inflación que hasta la fecha no se detiene, y nos coloca entre los países de más alta inflación reconocida.

A la cuantiosa deuda habría que sumar asimismo los salarios y gastos de representación que durante diez años recibieron los miembros de la Comisión para el supuesto diseño efectivo de cambios que nunca sucedieron. Entre estos anunciados cambios sobresale la eliminación de una  dualidad monetaria, que hasta la fecha se mantiene y agrava.

  Si tal comisión, en sus análisis, pensó y defendió la tesis de que la canasta básica era el punto de partida del salario —según enfatizara públicamente Marino Murillo—, hoy nuestros salarios apenas permiten acceder a otros productos que no sean alimentos y aseo y, hasta la fecha, ninguna nueva Comisión se ha expresado sobre la manera de revertir la situación. Esta parte resulta particularmente preocupante, pues se trata de una deuda contraída con la esperanza.

Otra explicación pendiente por parte de las autoridades resulta la presencia de tiendas virtuales, tipo Katapulk o Supermarket 23, que ofertan productos alimenticios desde cuentas foráneas y sacan así, de la escasa oferta de alimentos, a otros productos nacionales que se pudieran vender en la moneda de acceso común.  

Nada más pertinente para concluir este análisis que las palabras del presidente Díaz-Canel cuando alertó que no se pueden seguir aplicando medidas que aumenten la desigualdad social. Me detengo en esta frase porque resulta muy válido que un funcionario, a cualquier nivel en la escala gubernamental, sea capaz de reconocer que eso es precisamente lo que han venido promoviendo las medidas adoptadas en el plano económico. Encontrar soluciones efectivas en plazos de tiempo definidos es lo que más urge al país. Un buen ejercicio para ello sería empezar por responder estas interrogantes y deudas con el propio discurso oficial.