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De humildes y marginales

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Cacerolazo en La Habana el 29 de septiembre. (Foto: Yamil Lage/AFP)

Mucho pregona la propaganda oficialista aquella sentencia que Fidel pronunció en el Vedado el 16 de abril de 1961: «Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida». Ese día se esbozó, entre la efervescencia, el compromiso del nuevo gobierno con los sectores históricamente explotados, con los marginados, con los desposeídos, con los desempleados, con los humildes.

Cuentan que a los vítores de: «¡Vivan los humildes!» que lanzaba el joven líder, respondían los presentes con ensordecedores: «¡Viva!». Quizás ese momento marcó un nuevo amanecer —al menos al pálpito de la esperanza— para los millones de personas que en Cuba no tenían nada.

La Revolución, desde aquella etapa prematura, se presentó como el proceso de integración social del pobre, del obrero, del campesino; con la ilusión de encauzar su prosperidad. Sesenta y tantos años más tarde, encontramos en ruinas aquella pretensión socialista que, entre metamorfosis y cerrazones, devino un estado totalitario donde la gestión del gobierno, así como sobrados factores internos y externos, tienen sumida la Isla en una crisis económica, política y social sin precedentes.  

Los últimos días se han vestido de historia. Luego del paso del huracán Ian, se evidenció la poca preparación que tuvo la dirección del país para hacer frente a este evento meteorológico, y las serias afectaciones del sistema electroenergético tuvieron en apagón de varios días a casi toda la región (probablemente escribo mientras aún hay familias sin electricidad).

Esta situación, potenciada por el creciente rechazo popular a la gestión del gobierno, desencadenó una serie de protestas en varios lugares del Occidente, con mayor incidencia La Habana, donde la población se manifestó para reclamar su derecho al fluido eléctrico en primera instancia, pero que luego trascendió esas necesidades básicas para pedir libertad o la dimisión de las máximas autoridades del país.

La ciudad se llenó de rostros hastiados de tanta pesadumbre, mal vivir, miseria. Rostros que, al sentir el cuerpo ligero y sin miedo, tomaron las calles. El timbre metálico de los calderos percutidos se coló por cada rincón oscuro como símbolo del descontento generalizado que nos ahoga.

La avenida 51 fue plaza de esos reclamos, lo que se relata en un texto publicado en Cubadebate y firmado por Ariel Díaz. Este último, en tono inadecuadamente liviano y vejatorio, hizo gala de un elitismo banal. Desde la sarta de ofensas que profirió a sus vecinos —marginalizándolos de la planta al pelo— pretendió restar peso a que, aun sabiendo que la represión es una constante, las personas cerraran la calle y reclamaran sus derechos.

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El texto fue originalmente publicado en el perfil de Facebook de su autor, de donde lo tomó Cubadebate. Al momento de esta publicación, el post original había sido eliminado.

¿Sabrá Arielito, La Élite, que la marginalidad a que están sometidos esos sectores es consecuencia de años y años de pésima gestión gubernamental, donde siempre el más pobre y desfavorecido tiene las de perder? ¿En qué lugar aprendió, él que se autoproclama de izquierda, las falacias revolucionarias que enuncia? ¿Cómo puede un militante de la «Revolución de los humildes» menoscabar la integridad de sus compatriotas argumentando que se comportan como marginales?

La pobreza normalizada en Cuba propone escenas de desconsuelo, como algunas que con intención burlesca intentó relatar el susodicho cronista en Cubadebate. La alusión a un «paliativo», constituido por sirope y arroz amarillo «grasiento», denota el irrespeto a la población. Muchos perdieron toda su reserva alimenticia a causa del prolongado corte energético, otros tantos no podían cocinar por depender de equipos electrodomésticos.

Por tanto, el intentar suplir el desespero, luego de que es tarea titánica conseguir alimentos, dados el desabastecimiento y los precios estratosféricos del mercado, con una comida de no muy buena elaboración, y por demás a un precio que ni remotamente le corresponde —en mi barrio, Cayo Hueso, también vendieron las cajitas de arroz amarillo y sirope—, es otra vejación a la cual estuvieron sometidas las personas.

Asimismo, se establece en el texto a los «dientes de oro», «los zapatos de marca» o «el iPhone», como elementos anacrónicos en la realidad de estos individuos, incitando a un doble juicio viciado y estableciendo arquetipos que insinúan un prejuicio latente. A su vez, darle un enfoque peyorativo al reggaeton como «violentador sexual» y cuestionar tácitamente la sapiencia o nivel cultural de quienes lo consuman, además de una torpeza inefable, es una forma más de instaurar élites dentro de la sociedad.

Tomando en cuenta estadísticas publicadas por la ONEI, al finalizar septiembre del 2021 solo el 0.5% de los fondos públicos había sido destinado al sector educacional y el 1.0%, a salud y asistencia social. Estos números contrastan estrepitosamente con el 42.3% destinado a inmobiliaria y construcción hotelera. Tales cifras son testigos de la vulnerabilidad de una parte importante de la población cubana, la cual —excepto una minoría privilegiada— presenta altos índices de pobreza.

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Protestas en La Habana a causa del prolongado apagón. (Foto: El Toque)

Al mismo tiempo, la deficiente formación ofrecida en las diferentes instancias educativas, potenciadas por el adoctrinamiento, la corrupción docente, el clasismo, los privilegios de militancia, así como las precarias condiciones de los centros, incentiva el desinterés de un amplísimo sector por la superación y la posterior integración social. Tal realidad se repite en el plano laboral, donde los insuficientes salarios principalmente y otro sinfín de males, y conlleva a que las personas prefieran vías ajenas al estado — en algunos casos, la delincuencia— para sustentarse.

A su vez, las décadas de baja inversión estatal en infraestructura —según datos de la ONEI, a la construcción se dedicó hasta septiembre de 2021 el 2.0% de los fondos públicos—, como la constante migración del resto del país hacia La Habana, entre otros males, tiene a muchas personas viviendo hacinadas y en situaciones paupérrimas. Así, un sinnúmero de personas residen en ciudadelas, viviendas multifamiliares o albergues, sitios donde la propia situación contextual condiciona la marginalidad.

Lo hostil de esos medios desvirtúa la  civilidad de sus habitantes, quienes no tienen, en la mayoría de los casos, otra salida —al menos desde lo que su percepción les permite — que asumir patrones de vulgaridad, tendencias antisociales, escasa conciencia cívica, lastres de delincuencia, y por supuesto, marcada pobreza.

El individuo responde inequívocamente al entorno en que se desarrolla y es harto difícil desligarse de sesgos como los que anteriormente describo, por tanto, en estos casos, el gobierno tiene doble responsabilidad. Descreer las necesidades de estos sectores automáticamente invisibiliza un problema latente en Cuba. La insuficiencia de oportunidades que sufren estas personas los marginaliza.

Marginal, y cito textualmente a la RAE, es una persona o un grupo que vive o actúa, de modo voluntario o forzoso, fuera de las normas sociales comúnmente admitidas. Es evidente, sobre todo en la capital, como estos sectores crecen en las narices del gobierno, que no muchos esfuerzos vuelca en reescribir la realidad.

Desestimar acciones como las sucedidas en la Avenida 51, bajo la retórica de que son orquestadas por el enemigo, por delincuentes, por marginales, no hace más que ridiculizar la postura gubernamental ante reclamos de la ciudadanía, toda vez que desnuda la intolerancia de la élite de poder y sus privilegiados respecto a los más vulnerables. Manifestarse es un derecho. Que el pueblo haga público su descontento no puede ser satanizado por ningún gobierno que se plantee democrático, como tantas veces se nos pinta este.

Parafraseando a Cintio Viter, esos a quienes llaman marginales, delincuentes, antisociales, irresponsables, son, en todo caso, los marginales, delincuentes, antisociales e irresponsables de la Revolución; porque, como bien señaló Fidel en aquella sentencia que recordé al principio del texto, la Revolución se hizo para ellos y no puede admitir que continúen siendo subproductos suyos.

Si existe la marginalidad en la sociedad cubana, es consecuencia del desapego gubernamental, que no logró integrar estos sectores en la dinámica a la que se aspiraba, al menos en teoría. No obstante, soy de la opinión de que la Revolución, romántica y narcisista como la conocemos, murió hace varios años, quizás al poco tiempo de nacer, sin haberse desarrollado.

El tema del clasismo y el abierto rechazo a los marginalizados —que ahora llaman vulnerables— es otro atropello contra la ciudadanía. La discriminación de estos sectores es, sin duda alguna, una falta gravísima en el esquema de gobierno que plantea la élite de poder en Cuba.

No está de más recordar que las muertes de Diubis Laurencio o Zidan Batista a manos de la policía, fueron justificadas bajo el infame argumento de que eran individuos de pésima conducta social, lacras, marginales. O lo ocurrido tras el 11 de julio, cuando trataron de opacar la manifestación más grande de los últimos sesenta años en Cuba con la falacia de que los manifestantes eran mercenarios, contrarrevolucionarios, marginales.

Yo crecí en un solar, donde ese arroz amarillo grasiento que el susodicho describe en Cubadebate era probablemente la comida más sabrosa que probáramos en toda una semana; donde mis primos —Goliats aunque sin muelas de oro—, se vieron obligados a dejar la escuela y trabajar desde los nueve años para mantenerse; mi tía, con cinco hijos, tuvo que dejar su profesión de maestra y dedicarse a limpiar pisos parar ganar más dinero. Donde mi primo, con diecitantos años y tenicitos de marca como los del texto, no tuvo la oportunidad de defenderse cuando lo llevaron preso por «peligrosidad».

En ese solar ninguno tendrá derecho a una pensión cuando esté viejo, porque siempre han trabajado por su cuenta y así intentaron malvivir. Escuchábamos reggaetón todo el tiempo y hubiéramos salido a manifestarnos para defender nuestra propia revolución: la de los marginales.  

La marginalización, la segregación, la misoginia, el machismo, la LGBTIQ+ fobia, el clasismo, así como el carácter ofensivo, son constantes en varios voceros gubernamentales, donde la retórica del bienestar social merma ante sus propias torpezas. Las últimas jornadas y los tantos desenmascaramientos, vienen a demostrar que de esa «Revolución de los humildes» ni la consigna queda.

El desastre de Ian: una jugada cantada

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(Foto: digitalnewsqr)

Para los romanos, septiembre era el séptimo mes de su calendario y estaba bajo la protección de Vulcano, dios del fuego. Lo destructivo de ese elemento está marcado en algunos de los acontecimientos del período. Por ejemplo, el día 19 en tres años diferentes, México ha sido sacudido por sismos de gran magnitud. En Cuba, a la lista de ciclones que han impactado el país en ese mes del presente siglo, como Iván en 2004 e Irma en 2017, se suma ahora Ian

El cuarto huracán de la temporada, cuyo paso por la zona occidental la madrugada del 27 dejó un saldo de tres fallecidos y daños materiales cuantiosos, vino a eclipsar los resultados del referendo popular que terminó con la aprobación del nuevo Código de las Familias. Sin embargo, por estar gran parte de la atención dedicada a ese suceso legislativo, él mismo fue recibido con inusitada tibieza mediática e insuficiente preparación previa a la catástrofe .

Cinco días después de su visita, aún persisten las afectaciones al Sistema Electroenérgetico Nacional (SEN), que sufrió un colapso y dejó toda la isla a oscuras. Las labores de recuperación constituyen un desafío mayor de lo acostumbrado, pues desde hace meses el país atraviesa una crisis con el suministro de energía a los hogares y el abastecimiento de productos de primera necesidad, como alimentos, aseo y medicinas.

Pese a que se ha achacado a Ian las afectaciones al SEN, el parte de la UNE publicado en la cuenta en Twitter de la Presidencia de la República correspondiente al 23 de septiembre, mostraba una situación nada alentadora: ocho unidades de diferentes termoeléctricas fuera de servicio y la CTE Antonio Guiteras completamente apagada, lo que generaba un déficit 1063 MW.

Con un panorama desolador es fácil entender la ola de protestas iniciada el jueves 29, mayormente en La Habana y zonas cercanas. Los manifestantes han demandado, sobre todo, la restitución del servicio eléctrico, aunque en no pocos casos se escucharon gritos de «Libertad» e increpaciones por la mala gestión del Gobierno. En algunos sitios, las autoridades locales fueron al encuentro de los manifestantes para escucharlos y ofrecer explicaciones, también se dieron cortes de Internet y despliegues policiales y de militares vestidos como civiles.

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Protestas en La Habana por el prolongado apagón. (Foto: CNN)

Ciclones pasados, ¿tiempos mejores?

Desde 1851, septiembre se posiciona con un récord de 637 eventos meteorológicos ocurridos en la cuenca atlántica, incluidos depresiones tropicales, tormentas y huracanes. De el período, en el área se han contabilizado sesenta y ocho huracanes de categoría tres en la escala Saffir-Simpson; cincuenta y ocho de categoría cuatro y trece de categoría cinco.

Una revisión a los resúmenes de temporada, publicados por el Instituto de Meteorología (Insmet), así como el seguimiento a reportes de prensa correspondientes al paso de los huracanes más severos que han afectado Cuba en el siglo XXI, arrojan luces sobre la estrategia gubernamental seguida antes y después de Ian, así como respecto a la atención que el Estado le otorgó a la etapa preventiva.

Puesto que preservar las vidas humanas figura como primer objetivo frente a cualquier desastre natural, el total de personas evacuadas es un buen punto de partida para el análisis. En el caso de Ian, aunque el dato no ha sido precisado, se conoce que al menos en Pinar del Río fueron resguardadas cerca de 50 000 personas.

Si bien no en todos los casos las fuentes consultadas diferencian entre cuántos ciudadanos se reubicaron fuera de sus hogares en refugios del Estado y cuántos encontraron resguardo con familiares y amigos; las cifras correspondientes a huracanes como Michelle (2001), Iván (2004), Paloma (2008) e Irma (2017) muestran una alarmante diferencia con respecto a Ian.

IanAnte la llegada de Paloma y Ike en 2008, la cantidad de evacuados superó, en el primer caso el millón de personas; en el segundo la cifra se duplicó. Tan solo con Ike, el número de refugiados representó el 23% de la población.

El trabajo de la Defensa Civil en estas décadas, unido a la disciplina ciudadana, permitieron que ni con Gustav ni con Paloma hubiera pérdida de vidas humanas; mientras que en otros casos el número de muertes se asocian, en su mayoría, a negligencias de las personas. Aun así, generalmente han estado muy por debajo que las del resto de países del área.

Quizás uno de los fenómenos a los que más recuerda Ian, sea al ciclón Gustav de 2008, que también pareció ensañarse con Isla de la Juventud y, sobre todo, con Pinar del Río, donde dejó numerosas pérdidas en los municipios de San Cristóbal, Los Palacios, Viñales, Bahía Honda, Consolación del Sur, La Palma, Minas de Matahambre y Candelaria.

El saldo de Gustav se tradujo en daños a 120 mil 509 viviendas, 314 instalaciones de salud y 370 escuelas, además de 21 mil 941 derrumbes totales. Todo ello, junto a los destrozos ocasionados a la telefonía, los servicios de electricidad y la agricultura, fueron cuantificados por el gobierno cubano en una suma de 2 097 millones de USD. En otras ocasiones, el monto de los daños se comportó como muestra el siguiente gráfico:

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Daños ocasionados por huracanes de gran intensidad en Cuba en el siglo XXI

Como reflejan estos datos obtenidos a partir de los resúmenes del Insmet y medios de prensa, es posible establecer un valor promedio de 1 600 millones de USD en concepto de pérdidas provocadas por huracanes de gran intensidad durante el siglo XXI en Cuba.

Ian, un huracán desatendido

Días antes de la llegada del fenómeno, publicaciones de usuarios en redes sociales resaltaban el poco tratamiento mediático que se le había dado, en contraste con situaciones similares anteriores en que, aun siendo organismos ciclónicos de menor intensidad, se saturaban los canales de comunicación con mensajes relacionados a las acciones de prevención.

En su parte de las 5:30 a.m. del 23 de septiembre, el Insmet alertaba sobre la peligrosidad de la depresión tropical Nueve. Al día siguiente, a las 8:00 a.m., la Defensa Civil emitía su primera nota, en que decretaba la Fase Informativa para las provincias desde Pinar del Río hasta Cienfuegos. A las 5:30 a.m. del 26, en su Aviso de Ciclón Tropical #13, el Insmet anunciaba que Ian era ya un huracán y que tenía todas las condiciones para fortalecerse. Desde un inicio, el cono de probabilidades coincidió en que el fenómeno afectaría el occidente y la Isla de la Juventud.

La jugada estaba cantada, como reza la frase popular. No obstante, un análisis de las cuentas en Twitter de algunos gobiernos y autoridades demuestra que, efectivamente, Ian fue asumido con considerable frialdad.

Por ejemplo, el perfil de Presidencia Cuba, que tiene 312.7 mil seguidores, generó los días previos a la llegada del huracán —o sea 23, 24, 25 y 26 de septiembre— treinta y cinco tuits. De ellos, veintidós fueron dedicados al referendo y posterior aprobación del Código de las Familias, y solamente siete al paso del meteoro y el peligro que implicaba.

Algo similar sucede con la cuenta de Miguel Díaz-Canel, quien además de presidente de la República, lo es también del Consejo de Defensa Nacional en situaciones de desastre. Este usuario generó trece tuits para sus 700.2 mil seguidores. De ellos, nueve sobre el Código y únicamente tres sobre Ian.

Bastante más alarmante resulta en este sentido el contenido de la cuenta de Yamilé Ramos Cordero, primera secretaria del Partido Comunista en Pinar del Río, provincia con mayores afectaciones. En el período analizado, la funcionaria, con una cuenta especialmente activa, compartió más de treinta tuits sobre la legislación por aprobar y el referendo, casi todas consistentes en imágenes acompañadas de alguna consigna.

En contraste, solo ocho publicaciones están relacionadas con el huracán, mayormente caracterizadas por la vaguedad («Puntualizamos las medidas para enfrentar la tormenta tropical Ian y minimizar los daños en #PinardelRío #Cuba #CódigoSí» – 6:25p.m. del 25 de sept.) y un notable apego al consignismo («Ian se ha convertido en Huracán categoría I. Proteger las vidas humanas, palabra de orden en #PinardelRío» – 6:59 a.m. del 26 de sept.).

La cuenta del Gobierno Provincial mostró un comportamiento más a tono con la situación meteorológica, pues de dieciocho tuits, nueve fueron destinados a reportar la evolución del huracán y a cubrir las reuniones del Consejo de Defensa Provincial. Sin embargo, faltaron en este canal las orientaciones concretas a la población así como los datos de lo que el territorio estaba haciendo para prepararse.

Con una actividad mucho menor, la cuenta del Gobierno Provincial de Artemisa publicó solo siete tuits, de los cuales uno estaba relacionado al huracán. Asimismo, de los once mensajes generados por Gladys Martínez Verdecia, primera secretaria del PCC en ese territorio, solo uno fue para el ninguneado ciclón.

Por su parte, el saldo más dispar de las cuentas analizadas en el período lo arroja la de Luis Antonio Torres Iribar, primer secretario del PCC en La Habana: de cuarenta y dos tuits generados, treinta y ocho fueron sobre el Código de las Familias y solo uno sobre Ian.

Si bien Twitter no es el único canal de comunicación que existe, ni los analizados son todos los perfiles a tener en cuenta, los resultados son reveladores, dado que reflejan una tendencia que se vio también en los medios tradicionales de difusión, como la televisión: el referendo por la aprobación del Código de las Familias acaparó la atención mientras la tormenta —literalmente en este caso y no solo como refrán popular— avanzaba hacia nosotros.

¿Qué esperar después de Ian?

En una reunión sostenida el pasado miércoles por el presidente Miguel Díaz-Canel y altos funcionarios del gobierno para evaluar el impacto del huracán, trascendieron las primeras cifras asociadas a pérdidas en la agricultura, de la cual 8 mil 583 hectáreas han sido afectadas. El número anterior se corresponde en su mayoría a siembras de plátano (5 233 ha), café (1350 ha), yuca (937 ha), tomate (112 ha) y arroz (313 ha), entre otros cultivos.

Un encuentro posterior del mandatario con presidentes de los consejos de defensa provinciales de la zona occidental reveló que 228 familias en Pinar del Río no tienen hogares a los que regresar. Además, se registraron alrededor de 36 mil viviendas afectadas entre ese territorio y Artemisa, así como 2 mil 213 derrumbes totales en la provincia más occidental.

Luego de una etapa preventiva deficiente, que distó de lo implementado en otras circunstancias, la pregunta que se impone es: ¿qué esperar después de Ian? Una parte de la respuesta podría buscarse en las experiencias de recuperación de la última década con Sandy (2012), Matthew (2016) e Irma (2017).

De acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), un año después del paso de Sandy por Santiago de Cuba, la mitad de las trescientas mil viviendas dañadas habían sido reconstruidas. Asimismo, una nota publicada por el diario Granma, precisa que en abril de 2018 se había recuperado el 83.8 % de las casas afectadas por Matthew (2016) e Irma (2017). Destaca además el texto que de las 43 mil 689 viviendas que sufrieron algún impacto, 9 mil 449 quedaron listas tan solo cien días después.

También con respecto a Irma, el reporte de temporada del Insmet sostiene que: «Fueron protegidas 1 863 589 personas (…), 11 689 continuaron recibiendo apoyo estatal hasta mucho después del paso del huracán, con alimentos y otros recursos de primera necesidad, en las provincias de Ciego de Ávila, Camagüey, Villa Clara, Holguín, Sancti Spíritus, La Habana, Las Tunas, Matanzas y Guantánamo».

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Instalaciones para el tabaco destrozadas por Ian. (Foto: Diario de Cuba)

Ante los males a consecuencia de Irma, el gobierno cubano asumió el 50% del precio de los materiales de la construcción que se comercializaron a las personas damnificadas, una práctica que también ha implementado en otras ocasiones y que ha anunciado repetirá con los damnificados actuales.

Sin embargo, hoy el panorama es otro. Debe tenerse en cuenta la devaluación progresiva de la moneda nacional y el consecuente aumento del valor del dólar en el mercado negro, unido a los insuficientes salarios y las carencias materiales que enfrenta la sociedad cubana. Por ejemplo, según el Anuario Estadístico de Cuba. Enero-Diciembre de 2021, publicado por la ONEI, en Pinar del Río, provincia más afectada por Ian, el salario medio mensual en entidades estatales y mixtas es de solamente 3 917 CUP (35.60 USD al cambio en CADECA y aproximadamente 19.58 USD en el mercado negro).

Que el Estado haya decidido hacerse cargo de la mitad de los gastos, no eximirá a muchas familias de un prolongado calvario mientras intenten obtener una nueva vivienda o consigan reparar la propia.

La crisis sistémica que atraviesa el país se ha visto también reflejada en lo relacionado a este evento hidrometeorológico: insuficiente preparación y capacidad limitada de respuesta gubernamental ante los problemas generados. Asimismo, es notable la opacidad informativa y las coberturas mediáticas que apelan constantemente a lo emocional como recurso para esconder la falta de datos concretos o la impericia.

Pese a saberse su recorrido y posible intensidad con antelación, el huracán afectó zonas por las que ni siquiera pasó y dejó en evidencia tanto la precariedad económica e infraestructural del país, como la volatilidad de su situación política. No obstante, todavía es muy pronto para valorar sus efectos. El panorama que dejó Ian es mucho más desalentador que el que encontró. Y lo peor es que a la temporada ciclónica todavía le quedan dos meses. Como dijo el emperador romano Julio César, «la suerte está echada».

Sanciones y oposición desleal en tiempos de crisis

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(Foto: Naturaleza Secreta)

Dos días después de que el Wall Street Journal reportara que el gobierno cubano solicitó ayuda a su homólogo estadounidense para mitigar los daños del huracán Ian, el Departamento de Estado y la embajada norteamericana mantienen silencio ante la petición. Mientras tanto, varios opositores al sistema político cubano recogen firmas para promover más sanciones en momentos de crisis.

Sobre el primer punto, cabe recordar que el último episodio en que la Isla pidió asistencia internacional ocurrió durante el pasado agosto, a raíz del incendio en la base de supertanqueros de Matanzas. En aquel entonces, el auxilio norteamericano no tuvo lugar de forma directa, pues según las autoridades de ese país, Cuba no hizo una petición oficial específica, como sí ha ocurrido ahora.

Un factor a tener en cuenta en el inmovilismo diplomático son las protestas que durante los últimos días han tenido lugar en varias zonas del país, como consecuencia de los cortes eléctricos y la agudización de la crisis.

Dichas manifestaciones, que han transcurrido mayormente de forma pacífica, son apreciadas por una parte de la oposición cubana como una nueva oportunidad para el colapso del sistema político en Cuba, por lo que la negativa o la indiferencia del gobierno de Biden podría beneficiar su agenda política.

Así por ejemplo, una reciente declaración firmada por activistas opositores como Anamely Ramos, Carolina Barrero, Tania Bruguera, Camila Acosta y El Funky, rechaza todo tipo de «oxigenación a la dictadura cubana», insta a que otros países sancionen a Cuba de forma coordinada y sostiene que medidas así «son necesarias cuando se trata con un régimen totalitario que ha militarizado también la economía y que impone la violación de los derechos humanos en cada negociación comercial».

De la misma forma en que La Joven Cuba ha defendido el derecho a la manifestación pacífica y ha instado al gobierno cubano a reconocerla como forma de participación ciudadana, señala el silencio del gobierno estadounidense como un acto de hipocresía hacia el pueblo cubano. Asimismo, condena las posturas de una oposición que prefiere ver a sus coterráneos asfixiados, si ello sirve como catalizador para el cumplimiento de sus programas políticos.

Ian sin nada

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Ian
(Imagen: Brady Izquierdo)

?¡Ese noticiero no aprende! ¡Ni reuniéndome con ellos todas las semanas logran darme un respiro! ¿Tú viste el de hoy al mediodía, cuadro?

?¿Qué pasó?

?Que los mexicanos nos enviaron el primero de una decena de aviones con cien toneladas de insumos para restablecer el sistema eléctrico.

?Está bien divulgarlo, ¿no?

?¡Pero a quién se le ocurre poner a una funcionaria del aeropuerto de Varadero declarando sin más que «Cuando arribaron estas aeronaves, ustedes vieron que estaba lloviendo fuerte, y además coincidía con el cambio de turno de los trabajadores: los que salían por la mañana y los que entraban». Más fuerte que la lluvia fue imaginarme a la nave aérea dando vueltas y vueltas sobre Matanzas hasta quedarse sin combustible, en espera de que un turno relevara al otro.

?Peor fue perder la oportunidad de celebrar el aniversario 62 de los CDR con una gran caldosa donde la gente echara la comida que tenía en los refrigeradores. Total…

?Hay que tomar medidas. Comunícate con el presidente…

?¿Con Canel?

?…del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba. Que unifiquen los cambios de turno en todos los aeropuertos, y que en base a eso las compañías aéreas reestructuren sus horarios de llegadas y de salidas… o cualquier día ocurre una desgracia.

?¿Más desgracia que esa mujer diciendo tal barbaridad?

?No fue la única. Si el presidente…

?¿Del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba?

?…del Consejo de Estado y de Ministros, que se supone que es el presidente, ha dicho más de una vez que para resolver el problema de la vivienda hay que construir una diaria por municipio…

?…y nadie le hace caso.

?¿Cómo van a dejar que aparezca el director de la vivienda en Pinar del Río expresando que alrededor del sesenta por ciento del patrimonio habitacional de la provincia ha sido dañado por el huracán Ian, es decir, más de cincuenta mil viviendas? ¿Nadie saca cuenta de que, aun cumpliendo con Canel, y con once habitáculos diarios, la provincia no resolverá el problema ni en una década? ¿Será que no aterrizan?

?Por el cambio de turno. Se demuestra que no es lo mismo una visita del presidente al barrio La Guayaba, que una guayaba del presidente.

?La propia periodista confesó que Pinar del Río, desde otros ciclones, arrastra un déficit de seis mil viviendas. ¿Pensará ese que en el futuro no habrá más meteoros en la región occidental?

?No es por justificar al director de Vivienda de Pinar, pero si el primer secretario sugiere que hay que construir más consistentes las casas de tabaco, es loable que alguien se preocupe por las casas de los que se lo fuman.

?¿Se te ocurre algo en esa dirección, alguna propuesta que pueda ser considerada un aporte a la resistencia creativa?

?No sé si sabe, jefe, que en materia de viviendas tenemos cuatro tipologías constructivas. La tipología 1 se constituye de paredes y cubierta sólidas.

?Las nuestras.

?Tipología 2, con paredes sólidas y cubierta de tejas francesas o criollas.

?Las de La Habana Vieja.

?Tipología 3, paredes sólidas y cubierta ligera.

?Volaron sus techos en la mayoría de los casos.

?Y la cuarta tipología, de paredes de madera de quinta categoría y cubierta ligera inclasificable.

?Las que perdieron todo. ¿Según tú la solución es construirlas con tipología 1?

?Con tipología 5.

?No mencionaste esa.

?Habría que inscribirla a nombre nuestro como innovación. Cogemos la tipología 4 y le adicionamos en los cimientos un refugio. Los vietnamitas tienen experiencia en eso. Marrero anda por allá y podría pedirles asesoría.

?No está mal.

?Le quitamos medio metro a cada habitación y agregamos al proyecto arquitectónico un altar, para que la gente rece ante cada parte meteorológico.

?Magnífico. Ayer mismo pensaba en todas esas familias sin techo y se me ocurrió, fiel a nuestra divisa de convertir los reveses en victoria, que entre los ministerios de Educación y de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente podría firmarse un convenio para crear en dichas comunidades Círculos de Interés de Astronomía, aprovechando que cada uno de esos hogares, de cierta manera, se ha convertido en un planetarium.

?¿Y si la población no entiende?

?La mandamos a 23 y M.

?¿A la televisión?

?No, a la sede del Partido Provincial de La Habana. Que Torres Iribar los atienda. ¿No es él quien dice que protestar es un derecho?

Apagones, protestas e Internet

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protestas
Foto: Pixabay

Desde las 8pm del pasado jueves se reporta un corte general al acceso de Internet en #Cuba, vinculado a protestas mayormente en la capital del país. Esto ocurre en un contexto de malestar ciudadano por los cortes eléctricos agudizados por el huracán Ian, frustración con la gestión gubernamental y agitación política de sectores opositores dentro y fuera del país.

En una noche caracterizada por la falta de información sobre la recuperación energética en el país, la naturaleza de las protestas y la reacción gubernamental, La Joven Cuba insta a la ciudadanía a que ejerza con civismo su derecho constitucional a manifestar sus preferencias políticas, y al Estado a que respete las formas de expresión pacífica del pueblo.

En una coyuntura de abundante propaganda y polarización política en las redes sociales y medios digitales, La Joven Cuba mantendrá su compromiso de seguir informando a sus lectores.

Después de Ian

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El huracán Ian deja cuantiosos daños materiales en su paso por Cuba. Foto: Yander Zamora/EFE

El paso del huracán Ian por el occidente de Cuba ha dejado una estela de daños humanos y materiales, graves afectaciones en el Sistema Electroenergético Nacional y las telecomunicaciones, y un sentimiento generalizado de tristeza y vulnerabilidad.

La compleja situación económica que vivía el país antes del impacto del meteoro y la crisis que atraviesa la generación eléctrica, pronostican que la recuperación a corto plazo será un desafío para el pueblo cubano.

El equipo de La Joven Cuba, que también ha sufrido las afectaciones de los últimos días, se compromete a mantener informados a nuestros lectores y apoyar las iniciativas de solidaridad. Llegue nuestro abrazo y mejores deseos a todas las familias cubanas.

Derechos, cascabeles y espejos

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Derechos, cascabeles y espejos
(Foto: Freepik)

Finalmente, ¡habemus Codex! Después de una de las campañas más agresivas que puedo recordar —sobresaturación se le llama en el argot de la comunicación—, el Código de las Familias ha sido aprobado. Como dice una de las muchas consignas que ha acompañado el proceso, ciertamente Cuba es hoy un país mejor.

Para muchos, esta es una de las pocas buenas noticias en materia política y jurídica de los últimos tiempos; para otros, tiene el tufo sulfuroso de los fogones del Averno. No obstante, más allá de las opiniones polarizadas y de las ganancias en materia de derechos que trae para los cubanos este texto, cuanto lo ha rodeado deja algunas lecturas que no debemos desatender.

1. Se ha llevado a referendo popular una ley inclusiva y justa, por tanto, se ha sometido a la opinión de las mayorías algo tan importante como que determinados grupos sociales deban o no tener derechos que hasta el momento les eran negados.

Sin embargo, un Código Penal que parece escrito por Hammurabi fue también aprobado sin que a la ciudadanía se le preguntara demasiado. En él se establece por ejemplo, la pena de muerte como castigo a veinticuatro figuras delictivas, casi todas relacionadas con crímenes contra la seguridad del Estado.

2. Entre los resultados de la votación en la Asamblea Nacional del Poder Popular y los del referendo del pasado domingo existen diferencias abrumadoras. Mientras en el máximo órgano de poder del Estado, donde supuestamente descansa la voluntad del pueblo, no hubo objeciones destacables, como es costumbre en ese monocromático foro, el referendo arrojó que solo el 46.6% de los ciudadanos con derecho al voto, lo hicieron por el Sí.

¿Dónde está la representación de ese millón 950 090 que votó No y cuya opinión no fue defendida en el legislativo por ninguno de los más de seiscientos diputados? ¿Por qué dos millones 195 681 ciudadanos decidieron no votar en un país donde tradicionalmente los índices de participación han sido altos? ¿Están representados en algún sitio —puesto que obviamente no es en la Asamblea Nacional— esos casi cuatro millones de personas?

Derechos, cascabeles y espejos

3. Por otro lado, más allá de lo referido a la representación, es llamativo que el 25% de los registrados para votar no acudiera a las urnas. La lectura común que se hace en casos como estos, que suceden en los procesos electorales de todo el mundo, es de desentendimiento, crítica negativa, incredulidad, falta de atracción, o desencanto. La no participación es una forma de participación en sí, del mismo modo que el silencio es una respuesta.

4. Igualmente muy sugerente ha resultado la campaña comunicacional desplegada por favor de las dos opciones. De un lado, el aparato estatal —incluidos medios que, según cuenta la leyenda, son públicos— en apoyo únicamente al Sí; por el otro, medios, organizaciones y perfiles en redes sociales llamando al No.

Sin embargo, lo que me ha parecido digno de resaltar es el hecho de que representantes de sectores históricamente oprimidos y que denuncian el autoritarismo y las prácticas excluyentes del Gobierno/Estado —miembros de la comunidad LGBTIQ+ o religiosos, por ejemplo—, asumieran posturas muy similares a las que critican.

Vi a personas tachar de ignorantes y mojigatos a quienes, haciendo uso de su derecho, votaban No; también a otros que, pretendiendo ofender, etiquetaban de homosexuales o pervertidos a quienes, ejerciendo el mismo derecho que los anteriores, votaban Sí. Ataques de esa naturaleza, más si vienen de personas que han sufrido discriminación, son una triste muestra de las carencias cívicas que tenemos. Democracia es escoger libremente entre opciones o incluso, decidir no participar.

Al margen de estas lecturas, queda una realidad: el nuevo Código de las Familias es la fachada de una casa que requiere ser (re) construida. Sus habitaciones abarcan realidades muy diferentes, por lo que la obra no es ni remotamente sencilla.

Por ejemplo, la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo no implica que de golpe se erradiquen los prejuicios contra la comunidad LGBTIQ+. Que la legalidad sirva de amparo es un paso de considerable importancia pero requiere el apoyo de un sistema educativo que instruya en el respeto a la diversidad —no solo de preferencias sexuales o identidad, sino también política, étnica, religiosa—, algo que evidentemente falta.

Ese sistema, que se debe a nuestros niños, adolescentes y jóvenes —protegidos por el Código—, ha recibido desde 2014 hasta 2021 como promedio solamente el 1% de las inversiones que se han realizado en el país, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). No extrañan entonces sus condiciones generalmente malas.

Derechos, cascabeles y espejos
(Fuente: ONEI)

Tampoco las de los hospitales a los que acudimos cuantos estamos al amparo de tan novedosa legislación, pues el sistema de salud pública y asistencia social ha recibido como promedio en el mismo período el 2% de las inversiones. Asimismo, no debe sorprender la falta de alimentos en muchas de las mesas de quienes votamos porque «el amor se hiciera ley», pues en agricultura, ganadería y silvicultura en similar lapsus se ha dejado aproximadamente un penoso 5.73% de lo gastado.

Si la preocupación por las familias y el deseo de resolver las situaciones que las perjudican es genuino, debería revisarse, además de la estructura de las inversiones que poco las benefician, la política de prohibir la entrada a Cuba a los médicos que abandonen sus misiones en el extranjero o a activistas que se oponen al Gobierno. También podrían implementarse medidas acertadas que frenen el éxodo que ha llevado a aproximadamente 180 mil cubanos a la frontera sur de Estados Unidos en más o menos un año, con la consecuente fractura de afectos que eso implica.

Por otro lado, es muy positivo que esté codificada la protección a los ancianos, pero, ¿es esta real y no solo en papeles si del casi un millón 700 mil pensionados, más de la mitad recibe la jubilación mínima, o sea 1 528 CUP que al cambio en el mercado negro (200 CUP por 1 USD) son unos míseros 7.64 USD? Intentar vivir durante un mes con esa cantidad de dinero, es estar tan protegidos como caminar desnudos bajo el sol del Sahara.

Con el salario medio, fuente de subsistencia de tantos núcleos familiares, sucede algo muy parecido. ¿Puede vivir al menos una persona —no se diga ya varias— con el salario medio de 3830 CUP (19.15 USD) al mes? No es necesaria una respuesta. Con tales pensiones y salarios es imposible que una familia pueda tener una cena digna o disfrute en sus vacaciones de los numerosos hoteles que se construyen por doquier y a los cuales les hemos (han) destinado desde 2014 hasta 2021 como promedio un desmesurado 32.35% del dinero de las arcas de la República.

La casa cuya fachada ha sido remozada con la aprobación del Código de las Familias tiene muchas más estancias que las mencionadas. La desatención, la crisis y los contextos adversos de los últimos años las han dañado casi hasta la ruina, en su mayoría. Esta ley que los cubanos nos hemos dado es un paso en la dirección correcta. Sin embargo, que como a los nobles aborígenes que poblaban estas tierras, no nos entretengan demasiado el tintinear de los cascabeles y los rostros en los espejos.  

Mientras tanto… los cubanos se mueven

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(Foto: Diario de Cuba)

Hace una semana, en La Habana, un grupo de jóvenes aspirantes a la facultad de medios de la Universidad de las Artes (FAMCA) realizaba sus exámenes de aptitud. Para el ejercicio final debían imaginar una historia, que en forma de película o dramatizado radial tenían que exponer ante el tribunal. Se les dieron varios pies forzados (¿extraídos de un cancionero de Ricardo Arjona?), invitándolos a construir sus relatos a partir de motivaciones muy generales como: desde mi ventana descubrí…,  te miré a los ojos y no te encontré, o yo nunca me fui, siempre he estado aquí.

No es la primera vez que se aplica este tipo de ejercicio, donde ellos pueden mostrar creatividad, habilidades para narrar, desarrollar personajes, idear una puesta en escena y ciertos conflictos. Debo decir que alrededor de cuarenta estudiantes de todo el país llegaron a esta instancia luego de superar varias pruebas. El proceso eliminatorio es duro, tenso y en múltiples ocasiones se torna dramático, porque de cierta forma está en juego el futuro de muchos de ellos.

Imagino sus rostros, sus angustias, deseos. Yo también pasé alguna vez por ahí, así que puedo fácilmente reconocerme en sus miedos, incertidumbres, sueños. Pienso especialmente en los muchachos que han llegado a La Habana desde sus provincias para presentarse a estos exámenes, conjurando todo tipo de adversidades, no solo formativas o económicas, sino también existenciales. ¡Cuántos sacrificios de sus padres y de ellos, pues algunos crecieron en ámbitos donde apenas existen prácticas artísticas!

Por eso no me sorprende que detrás de esas historias haya mucho de sus vivencias. Los relatos sobre violencia y separaciones, desarraigos y exclusiones, no fueron casuales. Sus miradas, lágrimas, gestos, no son impostados. No se habla con tanto sentimiento de la soledad, la vejez, los intentos de suicidio, la falta de afectos o el desamor, sin haber transitado por esos territorios. Dramas realistas, contemporáneos y descarnados, donde siempre alguien parece escapar hacia alguna parte.

Recuerdo que las historias que se contaban en otros años, también trasmitían angustia y temor ante la vida. Muchachas violadas o maltratadas, matrimonios rotos, padres agresivos, profesores corruptos, entornos criminales donde alguien engañaba o imperaba una doble moral. Nada que ver con la imagen idílica que mostraban los medios oficiales sobre nuestras escuelas y adolescentes. No eran simples ficciones. Era el testimonio de sus experiencias en los preuniversitarios en el campo o las ciudades, el servicio militar, la vida que conocían en sus barrios y comunidades.

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Jóvenes cubanos en el servicio militar. (Foto: Archivo)

Algunos colegas se preguntan cómo puede haber tanta oscuridad y desesperanza en la mente de estos jóvenes. Bueno, solo están siendo fieles al mundo que les rodea. Esa es también la imagen de Cuba grabada en sus ojos.  

Mientras tanto, en la televisión nacional el presidente se reunía con trabajadores de la empresa eléctrica. El país lleva meses prácticamente paralizado ante el crónico déficit de energía, pero el sector no solo enfrenta los problemas de obsolescencia tecnológica, sino que también carece de fuerza laboral porque sus empleados están renunciando. La única solución que se le ocurre al mandatario es decirle a los administradores que demoren el papeleo, o los convenzan para que no abandonen, porque toda esta situación pasará muy pronto. Es algo transitorio, afirma el presidente, quien prometió que para diciembre todo el problema electro-energético estará resuelto.

A veces pienso que nuestros dirigentes creen que los ciudadanos tenemos amnesia; pero ya hemos pasado por ahí, no una, sino múltiples veces. Proyectos, campañas, discursos, planes y consignas triunfalistas han inundado y acompañado nuestra existencia durante décadas.

Promesa y sacrificio, son el feliz matrimonio que hace apenas dos años celebraba en la Cuba revolucionaria sus bodas de diamante. No hay pareja que guste más a las autoridades y sus voceros que esta. La táctica es mantener siempre a la gente ocupada en alguna «grandiosa» labor, que los llevará hacia adelante y hará de la Isla un país mejor. De ahí que todo cuestionamiento sea visto como impugnación al sistema o modelo, siempre trazado por el Partido, que «sabe lo que hace».

Así, tuvimos una Campaña de Alfabetización, un Plan Niña Bonita, un Cordón de La Habana, las UMAP, una Ofensiva Revolucionaria y una Zafra de los diez millones. Luego, cuando el sueño se vino abajo, aparecieron la Rectificación de errores, el Plan alimentario, los hidropónicos, el plátano microjet y los Contingentes de la construcción. Más adelante, la Batalla de ideas, los Lineamientos y ahora el Ordenamiento. ¿Cuántos recursos han consumido esas… tareas? ¿Y cuánto de nuestras mejores energías, tiempo de vida y esfuerzos hemos empleado en ellas?

De un macroproyecto pasamos a otro, que en esencia es el mismo pero con diferente nombre. Todo vuelve a repetirse, pero en una espiral cada vez más perversa en la medida que son actos que —especialmente en las últimas décadas—, no generan beneficios duraderos ni progreso real. Tal cuestión no le importa al Partido, totalmente consumido por su propia inercia, palabrería y soberbia. Lo terrible es que en ciertas instancias consideran que así mantienen viva a la Revolución.

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¿Cuántos recursos han consumido esas… tareas? ¿Y cuánto de nuestras mejores energías, tiempo de vida y esfuerzos hemos empleado en ellas? (Foto: ¡Ahora!)

Como los primeros que la han destruido —anulando sus propósitos y significados—, son muchos de los que dicen defenderla, cada día hay más ciudadanos que toman distancia de todo ese teatro de ilusiones y apariencias. La gente se cansa, abandona, se agota. No es solo una cuestión de ideología, es también ya un distanciamiento que se produce en lo físico, manifestado en los cientos de miles que emigran o se apartan.

Renunciar a un puesto de trabajo, pedir licencias, no cumplir un servicio social, abandonar los estudios, buscar una beca, proyecto o práctica fuera del país, quedarse incluso en casa para «luchar», son articulaciones que muestran también un disenso hacia lo que el Estado representa o promueve. Una forma de decir: ¡basta!

Ni siquiera el aumento de salarios o los incentivos que en algunos sitios se han aplicado para atraer a nuevos trabajadores, tienen ya significado. Sectores como el turismo o las telecomunicaciones, que años atrás resultaban tentadores y competitivos para el mercado laboral, tienen ahora mismo miles de plazas vacantes. Con una moneda tan depreciada el valor del trabajo carece de utilidad, porque la vida hay que buscársela en otra parte.       

Deportistas, intelectuales, médicos, profesionales y técnicos se marchan en cuanto tienen la primera oportunidad. Ya es raro encontrar alguna familia que no esté viviendo la angustia de esas partidas y separaciones, pendiente de las llamadas o noticias de sus hijos, quienes cruzan no solo el mar, sino también las selvas y el desierto.

Como una mueca a la historia y a toda la vacua propaganda oficial emitida durante décadas, la gran mayoría de esos emigrantes, gente talentosa y joven, tiene como destino y horizonte de realización personal al «imperio del mal».

Cuba es hoy un país completamente dependiente del capital extranjero, no importa si lleva el nombre de remesas, préstamos, ayudas o inversiones. Una nación endeudada y por tanto debilitada que, como un peón, debe moverse en el tablero de la geopolítica según los intereses de las grandes potencias. Ya no es faro de nadie, porque ni siquiera tiene energía para mantenerlo encendido.

¡Revolución, tanto que nadaste para morir en la orilla!

Mientras tanto, en Europa, Canadá y Estados Unidos el cine cubano independiente se abre paso. No son películas del ICAIC, no han sido aún exhibidas en Cuba. Quizás demoren en hacerlo. Sus realizadores o artistas alguna vez pasaron por la facultad de medios y también contaron o inventaron las historias de sus vidas.

Es lo que hace ahora Carlos Lechuga al presentar su más reciente filme Vicenta B (2022), rodado en localidades del Vedado y Guanabo hace un par de años. Inspirado en la vida de su propia abuela, Carlos desea hablar de la familia cubana y de cómo esta, cada vez más, siente la pérdida de toda esperanza. Vicenta ha visto partir a su hijo y eso la ha dejado sin fuerzas.

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Ella, que siempre fue capaz de leer el futuro a través de las cartas, ahora no tiene respuesta a las incertidumbres y angustias de los que la visitan pidiéndole ayuda. Miedo, parálisis, exilio, renuncias, vacío. Sensaciones extrañas que Carlos Lechuga conoce muy bien, pues transitó por todas esas experiencias cuando su obra anterior, Santa y Andrés (2016), fue prohibida por el entonces ministro de Cultura, Abel Prieto.

Censurar, amenazar, silenciar. Tres acciones que rodearon la vida del poeta Heberto Padilla a inicios de los años setenta. Pavel Giroud, desde España, lleva a la pantalla el vía crucis del conocido intelectual cubano, rescatando para su documental, El caso Padilla (2022), imágenes de archivo, testimonios y momentos inéditos que desnudan el macabro juego del poder contra las figuras que le son incómodas.

El socialismo nunca se ha llevado bien con sus críticos, menos aún si estos son intelectuales que denuncian, a través de sus obras, los males del proceso. Padilla fue detenido por «conspirar contra la Revolución» y luego de casi cuarenta días de arresto apareció en la UNEAC haciendo su famosa autoinculpación. El mea culpa fue tan exagerado y absurdo que se ha interpretado como una burla a sus propios captores.  

Como en otros filmes documentales de cineastas cubanos en años recientes, Pavel revisita la Historia desde otras perspectivas, adentrándose en uno de sus episodios más oscuros y olvidados, para encontrar no solo las claves de su nación, sino también para develarnos cómo los instrumentos del mal operan sobre las conductas humanas.

Pavel sabe que todas esas articulaciones perversas del poder siguen presentes en la Cuba de nuestros días. Los interrogatorios, las denuncias, el acoso, las regulaciones y la vigilancia no terminaron con el caso Padilla.

CubanosMientras esto sucede, un conglomerado de medios financiados por el Partido y su Departamento Ideológico se expande aceleradamente por las plataformas oficiales de comunicación.

Los nuevos empoderados no tienen freno, y muchas veces ni siquiera ética, porque no se puede emitir un discurso crítico hacia tus rivales (que no estaría mal) y reproducir los mismos gestos o métodos que cuestionas. Dime de qué alardeas y te diré de qué careces. Acomodados en su tribuna, la televisión y prensa nacionales, pueden decir lo que quieran, atacar o sembrar sospechas, sin permitir luego el debate o la réplica de sus víctimas en el mismo espacio, así que: ¡Yo hablo y tú te callas!

¿Dónde está entonces el punto? ¿Por qué debo abrazar sus ideas, si responden a un fundamentalismo que debe ser superado? Nuevos conductores, blogueros, influencers, realizadores y periodistas se consideran la fuerza moral de la Revolución, sus salvadores, no importa si tienen que utilizar rostros y perfiles falsos para ello, a fin de cuentas, en el mundo virtual a quién le importa eso. Son los actores y actrices que cumplen disciplinadamente su rol en el teatro o juego de apariencias en que se ha convertido la Revolución.   

Como una secta, se citan en determinados espacios donde siempre confluyen las mismas personas, a escuchar a dos o tres artistas que les siguen la corriente y deben rotarse para cubrir las actividades del mes. Mientras conversan y beben, en las pantallas del local se pasan videos de Buena Fe y del programa Con Filo, así cargan energías para enfrentar a los «enemigos y mercenarios» un día después.    

Obsesionados con «desmantelar las manipulaciones del imperio», se entretienen en todo tipo de boberías mediáticas, armando editoriales, «artículos de opinión» e intervenciones públicas alrededor de ello. Descalificar al sujeto resulta esencial. Un post de Facebook, un comentario en redes sociales, las directas que un bloguero cualquiera emite en su canal personal; son sobredimensionadas y tienen que ser respondidas de inmediato por nuestros «especialistas de la comunicación», empleando tiempo, recursos y energía.

Es la cultura de la guapería institucionalizada por el poder. Son como los niños de una escuela primaria, que se citan a las cuatro de la tarde para caerse a piñazos en el patio de la escuela.

Y es que no puede hablarse de ética, valores y principios, si no se empieza por limpiar toda la basura que tienes en tu propia casa. Pero no, es más cómodo y seguro hablar de lo mal que está el planeta porque, a fin de cuentas, la UJC o el Partido les dieron casa y privilegios en La Habana.  

¿Qué más da lo que sucede en otras partes, si aquí ocurren cosas similares o peores? ¿Dónde están tu integridad, tu moral, tus principios si miras hacia otra parte mientras el país se derrumba a tus pies? Las estadísticas no me sirven. No resuelven la miseria, el hambre o la violencia que ahora mismo se expande por toda la Isla. No consuelan a los padres que ven partir a sus hijos, ni a las niñas o mujeres que son maltratadas y asesinadas. No ponen alimento en la mesa, no arreglan una vivienda, no hacen mejor la vida de los ciudadanos.

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No ponen alimento en la mesa, no arreglan una vivienda, no hacen mejor la vida de los ciudadanos. (Foto: Laura Rodríguez Fuentes/CubaNet)

¿Cómo puede hablarse de un socialismo más humano si tenemos un sistema que cada día, por su ineficacia y algunas leyes, empuja a los ciudadanos hacia la deshumanización?

Si desde el Gobierno o Partido (que son la misma cosa) se emite una disposición que genera enorme descontento popular, o coloca a la ciudadanía al borde del colapso, el problema no está en «los enemigos de la Revolución» ni en el bloqueo, sino en aquellos que la suscribieron utilizando su nombre.

Rechazar, protestar, ejercer el activismo social en alguna de sus formas, no es ir contra la paz de la nación, es oponerse a los que, al dictar tales leyes, parecen empeñados en provocar el caos. Un cartel contra el gobierno, una canción, un filme, no generan ningún tipo de crisis social. En cualquier caso, serían un eco, una señal que debe atenderse, de que las cosas marchan mal.

Sin embargo, una ley dictada por el gobierno caerá sobre los hombros de millones de ciudadanos y sus familias. Si hay alguien a quien debe sancionarse por desestabilizar al país, no es a aquellos que escriben un texto, hacen un performance artístico, un video, o se expresan en las redes sociales; pues sus «gestos subversivos», por demás legítimos, no tienen el más mínimo impacto en la vida de los ciudadanos, como sí lo tienen las decisiones del gobierno.

Ni el imperialismo, ni la CIA, ni el bloqueo pudieron con la Revolución cubana. No les hizo falta. Ella fue derrotada por los propios revolucionarios.