El matrimonio igualitario es uno de los temas más debatidos dentro de este nuevo Código de las Familias como muestra de una latente percepción social heteronormativa y de la exigencia de derechos por parte de la comunidad LGBTIQ+ y sus aliados.
La opinión sobre los respectivos artículos ha eclipsado casi la totalidad de los cambios propuestas en el Código. Ello puede deberse a la fuerte campaña de las iglesias en desacuerdo, al tratamiento -en ocasiones monotemático- por parte de los medios de comunicación y al empleo de estos acápites como propaganda antigubernamental.
Si bien el proyecto fue aprobado por el Partido Comunista de Cuba puesto a debate, las leyes tienen un reflejo sobre las familias cubanas y no sobre la situación política actual.
En el tercer y último capítulo de Visiones del Nuevo Código de Familias presentamos un panorama opinativo con declaraciones a favor y en contra del proyecto basadas solo en los artículos sobre la comunidad LGBTIQ+.
Vale destacar que estas opiniones pueden influir en los resultados del referendo, pero no revierten la existencia de parejas homosexuales, de hecho, y/o núcleos monoparentales ya formados en Cuba, ni el respaldo legal que necesitan para consolidar su familia.
La Dirección General de Tropas Guardafronteras del Ministerio del Interior, de conjunto con las autoridades partidistas y gubernamentales de los municipios costeros del archipiélago, hacen saber que desde el pasado miércoles 21 de septiembre se ha visto incrementada en cifras alarmantes la cantidad de personas que acuden a nuestras costas y otean en las aguas próximas a estas, no precisamente como integrantes de los destacamentos «Mirando al mar», ni siquiera como futuros componentes de los contingentes «Voy tumbando en lo que sea».
Al indagar con los aludidos el motivo de comportamiento tan sospechoso, se ha conocido que el día de marras fue publicado en el diario Granma un artículo en el que se anuncia que el Centro Internacional de Buceo María la Gorda y el Parque Nacional Guanahacabibes, con el apoyo del Acuario Nacional de Cuba y el Centro Nacional de Áreas Protegidas, organizan la VI Campaña de Control y Manejo del Pez León, a realizarse ?que quede claro? entre el 4 y el 6 de noviembre.
Aunque en las bases de la campaña se informa que los participantes pueden ser profesionales especializados, pescadores y buzos nacionales e internacionales, y que los equipos que le irán con todo al Pterois antennataestarán conformados por dos integrantes, se ha conocido de la composición de verdaderos trabucos de entusiastas que competirán por hacerse de la mayor cantidad de especímenes, dado que en la prensa se cometió el error de agregar que acudiría también «la comunidad local» y ?más preocupante? que dichos peces son comestibles y podrá presentarse un plato con los ejemplares capturados, con el objetivo de promover su consumo entre la población y los turistas.
A los ciudadanos ?acampados sobre arrecifes, manglares y sustratos movedizos? se les ha impuesto sobre el peligro de la picadura venenosa de esos vertebrados de llamativas aletas pectorales y comportamiento irritable. Sus glándulas (las de los peces) inoculan una toxina que puede causar parálisis respiratoria, insuficiencia en la circulación y fiebre. Insuficientes han sido las fuerzas del orden, no han logrado la parálisis de la circulación hacia la costa en lo que se presume una nueva fiebre de captura. La respuesta de los involucrados en el irresponsable episodio ha sido más irritable que la del pez. Han hecho colocar sobre las uvas caletas pancartas que rezan: «¡Que venga la fiera, que la estoy esperando!». No se sabe si están dirigidas al pez león o a los agentes.
«Los especialistas estiman que la invasión del pez león es probablemente el peor desastre ecológico artificial jamás visto, está dejando fuera de competencia a las poblaciones de peces nativos de otras especies marinas, por su capacidad de sobrevivir mejor, procrear más rápidamente y conseguir alimento con más éxito», ha dicho el periódico. «De nuestra capacidad de sobrevivir, mejor ni le hablo ?declara uno de los pescadores furtivos?. ¿Podemos procrearnos si no hay cómo conseguir alimento con más éxito?».
El pez león tiene un alto valor nutricional, con una proporción importante de grasas omega 6 y omega 3, de ahí que se especule que los miles de ciudadanos que se han situado en nuestras costas a la espera de la aparición de los espinosos seres hayan sido influidos también por la lectura de otro artículo, replicado por Juventud Rebelde, donde se menciona un estudio que ha revelado «la conexión interna entre cerebro e intestino», por la cual la grasa que llega a este «desencadena una señal que es transmitida al cerebro por medio de los nervios y provoca el ulterior deseo de volver a ingerir comida grasa. Eso que podríamos llamar coloquialmente como un antojo».
A contrapelo de que «estas observaciones abren la puerta a la posibilidad de interferir en esa conexión intestino-cerebro, para cortar el deseo de más grasa, ayudar a elegir opciones más saludables y abordar el creciente problema mundial causado por el exceso de comida», y de que «los investigadores han concluido que también con el azúcar se activa el mismo mecanismo intestinal hacia el cerebro», nuestro país, en espera de «modos farmacoterapéuticos de interrumpir esa conexión intestino-neuronal», hace ingentes esfuerzos para cortar el deseo no solo de más grasa y más azúcar, sino de cualquier cosa masticable.
«Vivimos en tiempos sin precedentes, en los que el consumo excesivo de grasas y azúcares está causando una epidemia de obesidad y trastornos metabólicos», así que urge evitar que se propague María la Gorda.
Llamamos a todos los que hoy se aglomeran en playas, salientes y deltas de los ríos a que abandonen el antojo. La VI Campaña de Control y Manejo del Pez León tendrá como sede únicamente al Parque Nacional Guanahacabibes, en el extremo occidental, que forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. En sus zonas está prohibido todo tipo de pesca comercial, deportiva, recreativa y submarina, salvo para… profesionales especializados.
En momentos en que nuestro pueblo acude a dar el sí por un documento que en su capítulo II del título III establece las pautas sobre la obligación legal de dar alimentos, pedimos a los posibles involucrados en el delito de pesca ilegal de especies marinas que concienticen en que serán quince mil crías las que quedarán abandonadas a su suerte por cada hembra leona que sea ensartada por los arpones. La familia Scorpaenidaetambién merece su Código.
Julio Antonio Fernández Estrada. (Foto: Embajada de Suiza en Cuba/Facebook)
El 25 de septiembre de 2022 es la fecha en que el gobierno cubano llevará a votación popular el nuevo Código de las Familias. ¿Pero cuánto camino ha tenido que recorrerse para llegar hasta aquí? ¿Por qué se han generado tantas polémicas, algunas muy amargas incluso, alrededor suyo? ¿Cuánto representa al pueblo? ¿Es realmente una voluntad política de otorgar derechos o un juego político del Gobierno?
Tras veinticuatro anteriores versiones, la comisión redactora llegó al texto que se someterá a referendo popular. Una comisión redactora que apenas nadie conoce y que no contempla entre ellos a ningún actor de la sociedad civil involucrado en las largas luchas por defender y garantizar derechos que hace mucho ya debían haber sido otorgados a la sociedad cubana.
Porque es justo parte de esa sociedad, como la comunidad LGTBIQ+ y la comunidad por la defensa de los derechos de las mujeres, quienes comenzaron a reclamar derechos para ellas y, en extensión, para otros sectores, como la infancia, las personas de la tercera edad y personas con discapacidades.
Sin embargo, la mayoría de esos reclamos y los activistas de estas comunidades han sido enfrentados a lo largo del tiempo con censuras, represiones, ninguneos, humillaciones. Pero, a pesar de ello, estas comunidades han logrado crear mecanismos independientes de observación, denuncia, redes de apoyo… Mecanismos que, si bien responden a necesidades sociales reales que el Estado no cubre, este tampoco deja que se articulen y desarrollen de manera paralela a él.
Resulta hasta cierto punto entendible, entonces, que gran parte del pueblo desconfíe o no se interese por aquello que venga de ese mismo gobierno que cada día más lo deja desamparado. En un contexto de profunda crisis económica, con un nuevo Código Penal más represivo —que no fue llevado a consulta popular—, la discusión del Código de las Familias puede ser considerado como un lavado de imagen del gobierno o un entretenimiento político.
Pero más allá de la tan llevada y traída frase de “los derechos no se plebiscitan”, hay elementos en el texto que responden a todos los sectores de la sociedad en la Isla. Y justo uno de los principales dilemas que entraña la votación del próximo 25 de septiembre es el sopesar el costo político y social de un Sí o un No para el desarrollo de la sociedad cubana, más allá de estar o no de acuerdo con lo que refleja este nuevo Código de las Familias.
Por ello, Hypermedia Magazine conversa con Julio Antonio Fernández Estrada, profesor, historiador y doctor en ciencias jurídicas, cuyos textos y análisis recorren diferentes medios independientes cubanos y sobre Cuba.
En teoría, este Código de las Familias representa un salto legal y social hacia adelante en comparación con el anterior, e incluso con el de otros países. ¿Opinas lo mismo? ¿Cuáles son los aspectos más destacables, tanto a favor como en contra, reflejados en su texto?
Creo que es una ley muy progresista, un objeto anacrónico y perturbador en el panorama jurídico cubano actual. Por eso es que ha sido tan polémica, aun siendo claramente una gran ley, la mejor, tal vez, que se ha hecho en Cuba en décadas. Es una ley del siglo XXI, donde han puesto las manos y los cerebros grandes juristas, como el profesor Leonardo Pérez Gallardo, el más importante civilista cubano —fuera de la práctica judicial y notarial, donde hay grandes juristas también— del presente siglo y parte del anterior.
Es un Código que nos regresa jurídicamente a la época de los grandes documentos. Refinado, casi voluptuoso, pero extrañamente equilibrado entre las necesidades del pueblo cubano real, sus problemas y carencias sociales y de justicia, con lo más progresista del pensamiento mundial, desde un punto de vista jurídico y social.
Creo que es una ley que ha nacido en un momento demasiado complicado para Cuba. Los cubanos y cubanas se están debatiendo entre la vida y la muerte de la nación. La vida de nuestro pueblo, con su identidad y su historia. Estamos en medio de la más grave crisis migratoria de la historia de Cuba, de una crisis política sin precedentes, después de una fatigante y mortífera epidemia que mató muchos más miles de cubanos los que el Estado reconoció, de nuevo, de forma indecente e inolvidable. Ha venido al mundo, al menos antes de la decisión popular final, en un momento de crisis muy grande y deberá cargar con esa cruz, lo que también lo hace un documento histórico desde su creación intelectual.
Es un Código para un país ideal, un Código para el país que yo quisiera, pero no para el país que existe en realidad. Estamos luchando por el pan y los antibióticos, y nos cuesta trabajo mirar hacia la parte de la justicia que se esconde debajo de nuestra supervivencia material y básica.
Es un Código exhaustivo, como ya no puede serlo el pueblo de Cuba. De avanzada, para un pueblo que hoy es producto, también, de una larga crisis educativa y cívica. Para un contexto enrarecido, donde se nota la paradoja insalvable de un Estado que presenta una ley mejor para las familias y encarcela a cientos de personas por defender otros derechos humanos, también e igualmente inmanentes y universales.
Su texto incluye un Glosario muy útil, con una regulación sobre Derecho Internacional Privado, ejemplar, que modifica, caminando en puntillas de pie, para que no se noten las pisadas, una parte importante del Código Civil. Es una ley que, en el mismo cuerpo, abandona instituciones jurídicas del Derecho Romano, superadas, como la Patria Potestad, y acoge otras, también de nuestra fuente original de conocimiento jurídico más trascendente, como los Pactos de los particulares.
Asimismo, eleva la autonomía de la voluntad a un lugar que no existe en el resto del Derecho Civil cubano y lo hace en un momento en que los operadores jurídicos en el país también están emigrando, lo cual será un reto para los nuevos notarios y para los tribunales de justicia, porque habrá una gran cantidad de Derecho de Familia que se podrá resolver desde la voluntad de las partes.
Todo esto hace que el Código sea moderadamente liberal. Hace que el Estado —siguiendo el síntoma comenzado desde las reformas económicas y la nueva Constitución de 2019— se retire de muchas relaciones jurídicas. En este caso, haciendo que el Derecho de Familia vuelva a ser, en parte, una rama jurídica de Derecho Privado y no de Derecho Público, como era, en esencia, desde 1975.
(Imagen: Yucabyte)
Una de las frases más utilizadas en los últimos tiempos alrededor del plebiscito del Código de las Familias es “los derechos no se plebiscitan”. ¿Cuáles pudieran ser para ti los pros y los contras de esta frase?
Es un principio del Derecho producido como ciencia y como instrumentos internacionales de derechos humanos que estos no se plebisciten, porque su carácter universal quedaría afectado por el posible voto de las mayorías. Es decir, el derecho humano a la dignidad no tiene que ser popular, sino protegido. No se trata de consultar su necesidad o no, porque los derechos humanos son, además, inmanentes y no negociables. Por tanto, deben ser asumidos y respetados por todos los Estados.
Llevarlos a plebiscito es ponderar la posibilidad de su aceptación o no. ¿Si plebiscitamos los derechos de familia, por qué no hacemos lo mismo con el derecho a la vida? ¿Si el pueblo está de acuerdo en que no tengamos derecho a la vida, dejamos de tener todos derecho a la vida? No es así. O no debe ser así, porque el derecho humano a la vida debe ser inmanente, inalienable y universal. Es decir, para todos los seres humanos, no solo para los que han aceptado vivir con ese derecho o han luchado por él.
Los derechos humanos son un resumen incompleto pero importante de luchas y reivindicaciones sociales de pueblos y culturas en la historia de la humanidad. No debemos prescindir de derechos relacionados con la existencia digna ni de derechos relacionados con la participación política en nuestros Estados y sociedades, sin los cuales yo creo que tampoco hay dignidad.
Los derechos humanos no son solo un límite jurídico y ético a la actuación de los Estados. También son un límite a la idea de soberanía nacional y popular, porque se colocan en una posición de privilegio frente a los ordenamientos jurídicos nacionales, con excepciones como la cubana, haciendo que la consulta en plebiscito sobre el reconocimiento o no de un derecho humano sea inoperante o al menos ilegítima.
Por otro lado, los referendos en los que se confirma la validez o no de una Constitución son una consulta plebiscitaria que incluye aceptación o no de derechos humanos. Por tanto, se están plebiscitando derechos de forma indirecta o solapada, como es el caso del plebiscito para darle validez al Código de las Familias en Cuba.
Peor y más disparatado es que ya este Código ha sido publicado como Ley por la Gaceta Oficial, con un número propio incluido. Esto resulta un procedimiento ilegal e inconstitucional porque ese proyecto de ley no puede ser ley hasta que el pueblo lo decida en plebiscito.
La Asamblea Nacional es el único órgano legislativo y constitucional en Cuba; pero no tiene más poder que el pueblo. En este caso, es un mandato constitucional, del pueblo cubano, que esa ley, específicamente, se lleve a referendo, lo que cambia la forma regular de aprobación de leyes en el país. O sea, en este caso, el Código de las Familias no puede ser ley sino por decisión popular en referendo.
Llama la atención el nivel de impunidad y torpeza con el que se está haciendo política y derecho en Cuba porque, en este caso, no era muy difícil entender que este Código no podía ser ley hasta que el pueblo no lo confirmara. Ahora, en caso de que el Código de las Familias no sea aprobado por el pueblo, tendremos una ley aprobada, promulgada, publicada y numerada, que no se podrá aplicar a no ser que se le dé un golpe de Estado a la Constitución vigente.
¿Crees que este nuevo Código de las Familias realmente brinda una protección a distintos sectores de la población cubana en cuanto a los derechos humanos?
El nuevo Código de las Familias es una ley mucho más garantista e inclusiva que la vigente. Resulta una norma jurídica progresista, protectora de derechos humanos de muy diversos tipos. Es pormenorizada, abarcadora de relaciones jurídicas que no se tomaban en cuenta en el Código de 1975.
No es solo un Código que hace justicia a derechos de la comunidad LGBTIQ+, sino que protege a la mujer de una forma más intensa y amplia, como hace con la infancia, los adultos mayores, las personas con discapacidad. A los padres que se alejen de los códigos de la familia patriarcal con comportamientos dignos, responsables e implicados con la educación de los hijos. También protege a familias y matrimonios diversos y con necesidades e interés de comenzar una relación parental y que no han podido hacerlo por vías biológicas directas. Igualmente, protege a personas cuidadoras, que no estaban previstas antes en el Derecho cubano. Además, brinda más posibilidades de trabajo bajo un régimen jurídico de seguridad y de protección legal a los notarios públicos, a los Tribunales Populares y a la Administración Pública en general.
¿Cuán válido o no resulta que el Gobierno cubano instrumentalice el Código de las Familias? ¿Qué sucede cuándo hay una instrumentalización de los derechos de los ciudadanos?
Hay una instrumentalización buena, necesaria, que ocurre cuando un derecho debe convertirse en una política pública, en un instrumento real de acción ciudadana, en una garantía real para lograr que el derecho de que se trate sea verdaderamente defendido. Y los derechos que no se instrumentalizan en este sentido carecen de mecanismos, instituciones, políticas, procesos, funcionarios, que hagan viables la existencia del derecho.
Sin embargo, hay una instrumentalización de los derechos como herramienta política, de propaganda, de solidificación de la hegemonía estatal, que está dentro de las posibilidades de la política real. Esta, solo es posible enfrentarla con un Estado de derecho sólido que deslinde lo que se dice de un derecho de lo que la ley permite o protege en realidad.
Si el gobierno cubano convierte los nuevos derechos consagrados en el Código de las Familias en un instrumento político,está politizando un asunto que no es esencialmente político, aunque también lo sea en parte. Ningún gobierno, como parte de un Estado, puede hacer otra cosa que política. Por tanto, es un poco ingenuo pedir a un gobierno que no convierta en un instrumento político a su favor lo que sale de su esfera de influencia y puede relanzarlo, en este caso, como un gobierno que propicia la inclusión de grupos históricamente discriminados o que actualiza relaciones jurídicas petrificadas como la patria potestad, la adopción, la tutela, el matrimonio y su contenido económico.
Éticamente, es cuestionable que un gobierno haga propaganda política para cantar a su humanismo y carácter democrático, cuando al mismo tiempo tiene presos de conciencia; pero este comportamiento es bastante común en el funcionamiento de Estados y gobiernos.
Repito, hay una instrumentalización esperable, que sería aquella que convierta en políticas e instituciones útiles y efectivas lo que este Código recoge en forma de normas jurídicas.
Por ejemplo, es necesario que se materialice la defensoría de la que habla la ley; que se cambien los criterios de protección de las mujeres sobrevivientes de violencia de género para que puedan ser salvadas en realidad, como sujetos de derecho, no como objetos de protección, con garantías para su vida económica y social; que cambien, también, los protocolos que se usan hasta ahora para asegurar la vida de una víctima de violencia de género o intrafamiliar. Instrumentalización buena sería que hubiera nuevas políticas para hacer que la vida de los adultos mayores sea digna y con bienestar, más allá de principios y enunciados.
Todos los Estados hacen propaganda, política, alrededor de su legislación más avanzada, más inclusiva. Es imposible evitar eso. El Derecho es en sí un instrumento estatal, cosa que solo puede ser matizada a favor de la justicia si existe un Estado de derecho.
Lo ideal sería que, además de instrumento político del Estado, los derechos fueran, sobre todo, instrumentos políticos y jurídicos de la ciudadanía. Si esto se logra, importa menos el discurso.
(Imagen: PCC)
Según datos de la ONU, en 2019, Cuba tenía más de un millón y medio de emigrados, lo que representaba casi 15% de su población, cifra que ha aumentado considerablemente, sobre todo en el último año. Sin embargo, aunque muchos de estos emigrados aún mantienen vigentes sus derechos como ciudadanos cubanos, solo tendrán derecho a votar por el Código de las Familias aquellos cubanos que se encuentran cumpliendo misión en el exterior. ¿Qué representa que este por ciento de la población emigrada que aún mantiene vigentes sus derechos como ciudadanos cubanos no sea considerado para el voto?
Esa población cubana tampoco fue considerada para votar en el referendo constitucional. No puede firmar una propuesta de iniciativa legislativa ni constituyente, a no ser que vaya a Cuba a pedir un certificado de elector, que no le han dado a nadie todavía.
La Constitución cubana de 2019 tiene muchas deudas, muchas lagunas políticas de injusticia y olvido. Una de ellas es la no mención ni consideración de la importancia, presencia y necesidad de participación de la población cubana que vive fuera de Cuba.
Creo que el futuro inmediato y mediato de Cuba, si lo queremos de justicia, democracia, soberanía del pueblo cubano, protección de los derechos humanos, debe incluir la participación de los ciudadanos cubanos. Cualidad esta que el Estado cubano solo considera para obligarlos a entrar al país con un pasaporte cubano y aceptar, sin vergüenza, que mantengan a sus familias en la Isla, poniendo dinero en sus cuentas en MLC o en sus teléfonos móviles; momento en que su dinero sí es bueno y no producido en el capitalismo o bajo la ideología imperialista.
Creo, simplemente, que todos los ciudadanos cubanos deben tener derechos políticos, a no ser que les sean limitados por causas legítimas, distintas en cualquier caso al hecho de vivir en otro país.
DemoAmlat ha puesto a disposición de los cubanos en la diáspora una plataforma digital para que se empadronen y puedan votar. ¿Qué puede esto representar desde lo práctico y lo simbólico?
Desde lo práctico, lo que significa es lo importante que resulta lo simbólico. Lo simbólico es importante en política y no solo en el campo de lo imaginario, utópico o representado, sino en el campo de la política real, porque la política real se produce desde el poder, pero también desde la sociedad civil que la sostiene y le da cuerpo.
Todo dato político es importante, no solo cuando es un dato vinculante. Si solo lo vinculante fuera importante, ¿entonces qué podríamos decir de las decisiones de la Asamblea General de Naciones Unidas que todos los años declaran que el embargo es injusto y contrario al Derecho Internacional?
Esta votación no definirá nada dentro del proceso de referendo en Cuba, pero es un ejercicio legítimo de participación política fuera de los ámbitos reconocidos por el Estado; que, dicho sea de paso, no es el único ente de la sociedad humana que puede decir qué es político y qué no.
Estos datos pueden convertirse en una forma de presión al interior de la sociedad cubana y sobre el Estado cubano, al ser un modo de arrojar otra vía de recopilación de votos, dada la desconfianza que muchas organizaciones, instituciones y personas manifiestan acerca del sistema electoral cubano y sus procesos de participación, escrutinio y publicación de resultados. No obstante, no puede tener una repercusión directa en los resultados que finalmente se brinden a la opinión pública cubana e internacional de la votación sobre el Código de las Familias en Cuba.
Han sido usuales en los últimos años ejercicios semejantes de participación impulsados por diferentes organizaciones de la sociedad civil cubana no legalizada, como encuestas en redes sociales, recogidas de firmas para apoyar campañas políticas o peticiones al gobierno de Cuba. Y es menos usual que este tipo de esfuerzos salga de plataformas extranjeras, académicas, de investigación. Aun así, creo que el tema cubano cada vez interesa más a las sociedades civiles de América, aunque no de la misma forma a los gobiernos y Estados de la región y del resto del mundo.
Desde un punto de vista jurídico, ¿cómo se explica que el gobierno haya decidido llevar a referendo popular el Código de las Familias y no el Código Penal?
Esto no se puede explicar de otra forma que políticamente. Es una de las paradojas típicas de la política cubana, de la actuación del Estado cubano ante diversos problemas a los que se enfrenta y que considero que también manifiestan los niveles de contradicciones y desacuerdos al interior de los grupos y cuerpos políticos de decisión más importantes de Cuba.
El Código Penal ha nacido para recordar que el Código de las Familias es solo una parte de la verdad, pero no toda. Hay una verdad, una cara de la política cubana, que es producto de un pensamiento y acción progresista y democratizadora a su interior. Mas hay otra que defiende regresar a los métodos represivos para contrarrestar el activismo de los opositores políticos cubanos y el derecho de manifestación de la ciudadanía.
El Código Penal es una ley más punitiva que la anterior, con algunos puntos altos como la protección un poco más abarcadora, pero insuficiente todavía, de los derechos de las mujeres víctimas de violencia de género. Sin embargo, tiene más delitos que incluyen la pena de muerte en su marco penal sancionador y sobre todo tipos penales que tienen el único objetivo de criminalizar la protesta en Cuba, el trabajo de la prensa independiente y de parte de la sociedad civil que vive de la cooperación internacional.
La inclusión de la pena de muerte en este Código, después de casi veinte años de moratoria política de su aplicación en Cuba, es inconstitucional, al menos desde dos puntos de vista. Por una parte, la Constitución de 2019 consagra el derecho a la vida como un derecho humano y una ley no puede entonces prever la muerte como sanción penal. Por otro, el artículo 5 declara que el Partido Comunista cubano dirige al Estado, lo que significa que si el Partido decide que no se aplique la pena de muerte es inconstitucional que se incorpore en una ley aprobada por la Asamblea Nacional, que no puede contradecir al Partido en esa indicación política de relieve constitucional.
El argumento de que la inclusión de la pena de muerte en la ley no significa que se aplique, es falso. En la práctica, lo que se ha hecho es mantener la pena de muerte como una sanción para delitos políticos, con mínimas excepciones, lo que significa que esta sanción es usada como mecanismo de represión al disenso.
Durante años, el gobierno cubano ha reprimido de distintas maneras a los activistas o disidencias por exigir parte de los derechos ahora incluidos en el Código de las Familias. Sin embargo, a pesar de que el propio gobierno ha realizado una enorme campaña oficial a favor de este, sigue reprimiendo a muchos de esos activistas, cuyos proyectos, agendas y campañas también van encaminados a favor del Código. ¿Qué mecanismos permiten que el Gobierno pueda llevar a cabo una campaña, pero criminalice por lo mismo a cualquier ciudadano cubano, residente en Cuba?
Esta realidad es parte de las mismas paradojas que ya he enunciado antes. Para el Estado cubano es muy distinto, siempre lo ha sido, que él, Estado magnánimo y paternalista, produzca o impulse un Código de las Familias inclusivo y garantista de más derechos humanos, a que un activista, un grupo o una comunidad luche por sus derechos.
Agradecer está bien, al Estado cubano hay que agradecerle. Luchar ya es otra cosa. Se puede luchar por los derechos… de las personas en Chipre, como dijo magistralmente un gran humorista una vez. Para el Estado cubano, la única política posible se produce desde él o con él, lo que al instante criminaliza la política alternativa.
En Cuba no se reconocen de forma legal oposiciones ni opositores, ni organizaciones políticas con ideologías distintas a la oficial; que no se sabe cuál es. Tampoco se reconocen activismos ni activistas distintos a los que existen arropados por las organizaciones sociales históricas, considerando a la historia algo que casi solamente ha sucedido desde 1959.
Por otro lado, las campañas son manejadas a discreción por el gobierno. Es conocido que muchas iglesias cristianas han trabajado duro y durante años para contrarrestar lo que el Código de las Familias trae de nuevo sobre el matrimonio igualitario, la responsabilidad parental, la adopción igualitaria, la reproducción asistida, entre otros temas. Se les permitió organizar eventos, manifestaciones y declaraciones públicas contra el Código de las Familias. Cosa que me parecería bien si fuera una práctica generalizada, siempre que no sean violatorias de derechos humanos de personas, grupos y comunidades.
De nuevo está presente aquí el doble rasero del gobierno cubano, que evidentemente negocia, acepta, tolera, retrocede, cuando le conviene, como hacen todos sus homólogos en el mundo. Pero siempre vuelvo al mismo punto: todo esto sería aceptable en un ambiente de Estado de derecho, de rendición de cuentas del Estado sobre su gestión, sobre lo que se ha gastado en una campaña política u otra, en total transparencia de los procesos de consulta popular y de votación posterior.
La falta de coherencia en la actuación del gobierno cubano en cuanto a lo que se permite o no a los defensores u opositores del Código de las Familias, creo que dice más de su impunidad, autoritarismo, falta de controles, irrespeto a la institucionalidad y la legalidad, que a su postura en un lado u otro de la paleta de colores ideológicos, políticos, jurídicos y éticos, sobre los contenidos de este texto.
El gobierno cubano está en un momento de mucha fragilidad económica, financiera, energética, de legitimación social, de aceptación de su discurso y su propaganda, debilidad política, ideológica y de sentido, de emergencia por una crisis humanitaria migratoria y por una crisis de decrecimiento poblacional sin políticas visibles que la enfrenten de forma integral. En ese escenario, son decisivas las opiniones y posturas de las iglesias cristianas, que cuentan con miles de creyentes en sus estructuras religiosas, de la iglesia católica, de la sociedad civil cubana y del pueblo cubano fuera de Cuba. Pero las prioridades de la política dependen de la coyuntura específica en que se vive.
(Foto: Excelenciascuba)
Muchas de las personas que sostienen la campaña #YoNoVoto argumentan que ir a las urnas el 25 de septiembre solo fortalece al Estado y al gobierno cubanos, así como este referendo, que es para ellos también anticonstitucional e ilegal. ¿Cómo se analizaría esta afirmación desde un punto de vista jurídico y político?
Creo que cada grupo, organización y persona decide la postura política que quiere asumir frente al Estado cubano. Creo también que enfrentarse al totalitarismo frenando una legislación defensora de derechos humanos y jurídicamente de avanzada es un error político porque, si bien intenta molestar a la maquinaria de poder, limita los derechos de las personas que también han sido víctimas del totalitarismo.
Los que voten contra el Código de las Familias lo harán a favor del Código de 1975, propio de una sociedad que no tomaba en cuenta las diferencias ni las comunidades diversas, ni a las orientaciones sexuales otras ni las identidades de género distintas a las habituales. El Código que conservaría su vigencia es el que declara que la familia debe educar a las niñas y niños en la ideología comunista, cosa que no hace el actual. Es menester sopesar lo que algunos creen que se pierde, con la diversidad que se asume con la nueva ley y lo que ya existía en Cuba.
Si bien es cierto que la administración pública cubana, su sistema de justicia y su aparato burocrático, no podrán hacer realidad los contenidos de este Código como la gente piensa, porque es una ley demasiado profunda y abarcadora de una enorme cantidad de relaciones jurídicas, que llevará un largo tiempo metabolizar por las instituciones y el funcionariado cubanos, el Código de las Familias es una ley necesaria que nos acerca más al tipo de sociedad que queremos tener quienes deseamos vivir con bienestar material y espiritual. Es decir, con más justicia y más derechos.
Creo que hay que tratar de no hacer activismo contra el Estado socialista por medio de la limitación de derechos de las personas favorecidas por este Código. La negación de todo lo que hace el Estado cubano como propio del totalitarismo es una lectura reduccionista de la verdadera política. Este Código de las Familias se ha producido contra un Estado que también tiene defensores de las estructuras sociales patriarcales y machistas. Por tanto, no es un Código del Estado, sino de las nuevas oportunidades que brinda.
En algunas plataformas digitales, como Telegram, se han realizado encuestas informales sobre la votación del Código de las Familias. Los resultados han arrojado un pobre por ciento de votos a favor, siendo la mayoría repartidos entre aquellos en contra o las abstenciones. ¿Hasta qué punto estas encuestas informales pueden tenerse en cuenta como un indicador de lo que sucederá realmente en las urnas? ¿Consideras que, a pesar de estos resultados, ya está decidida la suerte del nuevo Código de las Familias?
No considero que esas encuestas sean muy abarcadoras, aunque deben tomarse en cuenta como cualquier esfuerzo de recopilación de datos e información. Más bien, yo creo que el Código de las Familias será aprobado. Ninguna votación promovida por el Estado cubano ha tenido un resultado distinto al que el Estado espera desde 1959. No tiene ahora por qué ser distinto. No es un buen momento para empezar a mostrar debilidades en el consenso.
Además, creo que una gran parte de la población cubana, la mayoría, según mi criterio, vota en la línea de la propaganda política oficial. No hará falta ningún fraude para que la gente vote por este Código, como hicieron con la Constitución de 2019. En el caso que votaran Sí, lo estarían haciendo por una gran ley.
Que los derechos de una minoría se lleven a referendo.
…
…
Dejo la lista abierta pues no tendría para cuando acabar si enumerara todas las cosas que nunca debieron suceder en este país. Me refiero solo a estos dos temas porque la situación de los ancianos me duele, como me duele la discriminación, cualquiera que sea. Me refiero únicamente a estas dos, porque mañana se decidirá si se aprueba o no el nuevo Código de las Familias. (Aquí, ya lo veo, saltarán algunos a decir que esa votación es una farsa, que será un fraude, que el SÍ es la única opción para el gobierno; y yo mismo tuve esa certeza, aunque ya no tanto).
El sábado pasado, en Matanzas, acompañé a dos voluntarios de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba (ICM) a repartir almuerzos. Algunos de los beneficiarios almuerzan en la iglesia. Esa vez se atendió a quince ancianos. Aunque los de la ICM quisieran, no pueden ser más. Las donaciones que reciben solo alcanzan para esos pocos. Me cuentan que han recibido ayudas del Seminario Evangélico, del Centro Martin Luther King… También de personas normales, cubanos que viven dentro o fuera de la Isla: arroz, viandas, dinero en efectivo… Algunos pagan un combo una vez al mes, o una vez al año. Toda ayuda se agradece.
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Hay en Cuba una realidad que está ahí mismo pero que no vemos, que no queremos ver porque duele, que no existe en los medios de comunicación oficiales por otras conocidas razones. Cuando esa realidad te da de golpe en la cara, como me sucedió, enseguida te preguntas: ¿qué es esto? Y después caen otras preguntas en cascada: ¿Cómo es posible, en un país que se dice socialista? Personas que aportaron a esta sociedad toda su vida… ¿esto es lo que obtienen? ¿Esto es lo que podemos esperar del futuro? ¿Dónde están los familiares de estos ancianos? Y otra vez: ¿Cómo es posible?
La imparable emigración de los jóvenes, el envejecimiento poblacional, las tiendas en MLC, la crisis económica, la falta de medicamentos y la crisis del sistema de salud… ¿Cuánta soledad deben sentir estos ancianos en medio de un apagón nocturno? ¿Cuánta hambre, cuánta desesperación? El nuevo Código de las Familias exige responsabilidad de los familiares hacia los ancianos.
(Foto: Néster Núñez/LJC)
Sin embargo, la pregunta que se hace una de las voluntarias de ICM es: «¿Cómo ayudar mejor?». «El señor fue un enfermero de mucho prestigio en la ciudad», me dice cuando salimos. Me cuenta que hace poco le llevaron sábanas nuevas. Las sábanas ya no están. Que el señor no tiene hijos. Que los encargados son unos parientes muy lejanos cuya intención, evidentemente, es solo quedarse con la casa. Si a eso se le puede llamar casa. Lo que fueron sala y saleta no tienen techo. La habitación de dormir, sí. Por suerte no llueve. La muchacha de ICM todavía está espantada, como yo. Y desde su impotencia, desde la imposibilidad de hacer más, sufre.
La gente de ICM también sufre los apagones, la falta de MLC en sus cuentas de banco, la escasez de transporte y el exceso de calor, de mosquitos y de dengue. Quiero decir, son cubanos como el resto. Los he visto hacer donaciones a los damnificados del tornado en La Habana. En los peores momentos de la Covid-19, cuando los hospitales estaban atestados y se viralizó en las redes el SOS Matanzas, su sede se convirtió en uno de los centros de recepción y distribución de medicinas y alimentos donados desde España y EE.UU. Igual sucedió recientemente, cuando ayudaron a los lesionados en el incendio de la Base de supertanqueros.
(Fotos: Néster Núñez/LJC)
Ayudar, servir a los necesitados, es parte de la misión de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana en Cuba. Su ministerio es radicalmente inclusivo, según lo define su pastora principal, Elaine Saralegui. No hay discriminaciones de ningún tipo en el seno de esta iglesia, lo he visto yo mismo. La espiritualidad es la base de todo. Algún que otro miembro recibió la mano de Orula. El pulso verde y amarillo se percibe en sus muñecas. El templo lo han prestado para que se reúnan los practicantes del budismo zen. Y adoptaron allí a perros y gatos que antes vivían en las calles.
Las próximas visitas en el barrio La Marina reconfortan un poco. Pese a la situación económica extrema, ambas ancianas son atendidas por sus familias. La hija de una recibe las donaciones muy agradecida, pero con vergüenza. Explica que no tiene con quien dejar a su madre y por eso tuvo que abandonar su trabajo. Para darle ánimos, y para darme a mí mismo, le digo que el nuevo Código de las Familias contempla alguna remuneración económica para casos como el de ella. Ambos sabemos que ni diez salarios mínimos alcanzarán, pero sonreímos un poco porque la esperanza también vale.
Las muchachas de la ICM se despiden. La señora que me acaba de conocer, desde su sillón de ruedas, les pide que pasen a conversar con más frecuencia. Si ven la puerta abierta, que ni avisen, que entren. Que siempre está ahí, con muchos deseos de hablar con alguien. Ellas prometen volver después, ahora tienen que entregar los últimos almuerzos.
(Fotos: Néster Núñez/LJC)
Salimos a la calle. Las muchachas de la ICM toman un rumbo y yo otro. Las veo alejarse caminando, muy cerca una de la otra pero sin tomarse de manos, como seguro desean, dichosas de hacer el bien. Dentro de su templo pueden ser ellas mismas, y en su casa, pero no en la calle. Los hombres las miran con lujuria. Se meten con ellas. Les dicen cosas groseras. Invaden su espacio, su vida, su intimidad, como si fuera lo más normal del mundo. Las muchachas son novias, pero cuesta expresar en público su afecto, como una pareja cualquiera.
Ojalá prevalezca el SÍ cuando mañana se plebiscite el nuevo Código de la Familia. Aunque, repito, nunca debió suceder que nosotros decidamos sobre el derecho que tienen estas muchachas a casarse legalmente, a ser felices. Desde que se creó en Cuba, la ICM ha estado luchando con determinación por esta causa. Como ya dije, su ministerio es radicalmente inclusivo: han bendecido la unión ante Dios de personas que se aman. No discriminan a nadie. El amor es la base.
(Fotos: Néster Núñez/LJC)
Sé que muchos van a marcar el NO como voto de castigo a la mala gestión del gobierno. Comparto sus razones, pero no esa decisión. Todavía hay tiempo para leer el Código. Entre todo lo malo que estamos viviendo, el Sí representa un avance.
En los últimos meses, el debate en torno al plebiscito para aprobar un nuevo Código de las Familias ha acaparado la atención mediática en Cuba con una consecuente polarización de la opinión pública. Aunque reconocemos el análisis político, que transversaliza cualquier consulta popular y que ha formado parte indiscutible de cómo la ciudadanía, los medios, organizaciones gubernamentales y sectores religiosos han asumido la propuesta; consideramos asimismo que impulsar una codificación legal coherente con las dinámicas familiares que hoy vivimos constituye una necesidad incuestionable.
El colectivo de La Joven Cuba ha promovido la vocación democrática e inclusiva y visibilizado la labor científica e investigativa de profesionales que, desde sus ámbitos de actuación, analizan y proponen alternativas para el diseño efectivo de políticas públicas orientadas al bien común.
Es en consonancia con este principio, que defendemos la igualdad de derechos para todos los ciudadanos, con independencia de su religión, origen étnico, estrato social, forma de pensar, identidad de género o preferencia sexual, tal y como expresa la Declaración de los Derechos Humanos y la Constitución de la República de Cuba.
El Código de las Familias constituye un proyecto necesario y justo, en tanto supone una actualización de conceptos y esquemas coherentes con la realidad de hace más de cuarenta años, pero que en el panorama actual reproducen una cultura patriarcal, autoritaria, machista y heteronormativa, que las sociedades modernas están llamadas a superar.
En ese sentido, apoyamos también la voluntad del nuevo Código de reivindicar a colectivos que demandan políticas de atención integral, como los ancianos, por demás, en un país con alarmantes índices de envejecimiento poblacional. Es el Código, asimismo, una garantía para la preservación de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, al dotarlos de autonomía progresiva en cuestiones relativas a su formación y crecimiento, protegerlos del abuso y prohibir el matrimonio infantil.
En un período en que parece resurgir el fundamentalismo religioso, así como manifestaciones de radicalización y extremismo político; el Código se presenta como oportunidad para avanzar en el respeto al derecho del otro, algo consustancial a cualquier sociedad que aspire a la democracia y la justicia. Es por ello que invitamos a los cubanos a asumirlo como lo que es: un ejercicio cívico, cuyo fin será que los derechos se conviertan en garantías comunes a todos, y no en privilegios de determinados sectores.
Mucho queda por hacer, pero el Código de las Familias es un paso muy acertado. La Joven Cuba expresa su respaldo al texto e invita a la ciudadanía a votar Sí el próximo domingo 25 de septiembre.
La Torre K vista desde la Universidad de La Habana. (Foto: @HavanaSkyline)
Con más de 10 mil 600 millones de CUP invertidos entre enero y junio de este año, los servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler —que incluyen lo relativo a la construcción de hoteles—, encabezan la lista de distribución sectorial de inversiones en Cuba, según los últimos datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
El número, que en puntos porcentuales equivale al 33.8% del total de las inversiones ejecutadas (se reduce en 1.4% con respecto a 2021 y en casi 12% con respecto 2020), resulta alarmante si se compara con los fondos destinados a la actividad agrícola y ganadera, que en un contexto de marcada escasez, representa apenas un 2.6% del total del presupuesto invertido, es decir, unos 830 millones de CUP.
De acuerdo con un análisis del economista cubano Pedro Monreal, el peso relativo de la inversión en servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler fue menor que en el pico de 2020 (45,6%), pero sigue «siendo irracionalmente alto». En aquel entonces, el primero superó al segundo en 7.7 veces, mientras que ahora, la brecha asciende a 13 veces.
Entretanto, el turismo internacional en la mayor de Las Antillas reporta una tasa de ocupación media de 14.4, que si bien supera al 5.1 reportado en 2021, continúa en desventaja con la de 2020 (25.4) y los años precedentes.
(Tabla: El Estado como tal)
Mientras las inversiones centradas en actividades empresariales y turismo siguen acaparando los focos de prioridad, aún en contextos desfavorables para esas actividades económicas, sectores clave para el sustento y desarrollo del país reciben una atención insuficiente.
Al 2.6% de presupuesto destinado a la agricultura, ganadería y silvicultura, se suman unos exiguos 0.7% para la industria azucarera y 0.65% a la pesca, dos actividades que tributan de forma directa a la alimentación.
La superación de la crisis agropecuaria en el país requiere de mayores inversiones en el sector agrícola y de políticas económicas encaminadas a la producción y distribución efectivas. De acuerdo con Monreal, el sector agrícola necesita para su recuperación del 8% de la inversión nacional total, es decir, de 5 a 6 mil millones de pesos anuales.
Entrada principal a la Catedral de La Habana. (Foto: Otmaro Rodríguez/OnCuba)
El triunfo de la Revolución cubana propició un proceso en el orden social, político y económico de carácter inédito, no solo en la Isla, sino en América Latina. Ninguno de los proyectos populistas o revolucionarios en el continente había generado las transformaciones profundas que provocó aquí el terremoto revolucionario.
La movilidad social se convirtió en un hecho constatable y masivo. Los campesinos, obreros, negros, mestizos, mujeres, incluso no pocos desclasados, ingresaron en escuelas primarias, secundarias, preuniversitarias, técnicas, universidades, puestos de dirección en la economía o en el ámbito político. Un ciclón social se hizo común en la nación; cambiaron costumbres, se abolieron tradiciones, que tan solo a partir de los noventa han comenzado a reemerger; pero la batalla se hizo más difícil en el orden moral, marcado por más de cuatro siglos de tradición judeocristiana.
No pocos dirigentes del nuevo proceso habían sido formados en colegios religiosos, católicos o protestantes. Otros, de extracción más humilde, arrastraban consigo la educación española protocatólica, que enseñó por siglos quiénes debían ser incluidos en procesos de dirección social o política y quiénes no, teniendo no pocas veces en cuenta como única cualidad indeseada, por ejemplo, una orientación sexual fuera de la heteronormatividad. Casi todo lo demás, salvo la poca confiabilidad ideopolítica, era admisible; por tanto, el conservadurismo moral del viejo régimen permanecía a flor de piel.
Muchas prácticas discriminatorias contra minorías sexuales o las mujeres quedaron intactas, y en algunos casos se ideologizaron, lo que complejizó aún más el proceso de comprensión y aceptación futura de esas realidades. Eventos disímiles lo corroboran, por ejemplo, se mantiene como una herida social no enjuiciada aún con profundidad, el escarnio que constituyeron las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).
En el caso de las féminas, y regularizado por leyes o decretos, estas se fueron incorporando al torbellino social como nunca antes. Según datos del censo de 1958, las mujeres eran menos del 30 % de la fuerza laboral activa. La mayoría se dedicaba en lo fundamental a la docencia, algunas a trabajos profesionales, tanto técnicos como universitarios donde eran minoría, y casi todas las que accedían a estos puestos procedían de la clase media o alta. Por el contrario, la parte en funciones de servicio doméstico era a dónde iban a parar las de origen muy humilde, sobre todo negras y mestizas.
Algunas se visibilizaban en el mundo del espectáculo y el entretenimiento, y otras en el oficio más antiguo del mundo, muy común en Cuba dado su rol en el sistema de relaciones económicas regionales e internacionales, con crecientes servicios de turismo y placer para ricos nativos o visitantes extranjeros.
El desafuero era visible, pero pocas veces los impugnadores de «conductas morales dudosas» condenaban su dudosa moralidad en referencia al placer en cualquiera de sus manifestaciones, siempre que se preservara intachable la «hombría», uno de los valores más defendidos por nuestra ancestral cultura machista.
Al triunfar la Revolución, no alteró en lo fundamental esas normas, aunque hizo ingentes esfuerzos para eliminar la prostitución, como también una gran campaña contra el juego y la droga. Las mujeres se irían sumando a todos los oficios y profesiones que demandaba el nuevo modelo social, pero con gran resistencia de sus compañeros.
Se inició una nueva etapa para educar a la sociedad en esa perspectiva, aliviando el machismo pero sin superarlo en lo fundamental. En muchos casos los educadores necesitaban también ser educados sin distinción de rango, y ello no se ha conseguido totalmente, lo que evidencia que el conservadurismo moral nunca fue derrotado. A pesar de avances, de Retrato de Teresa, Hasta cierto punto y Fresa y Chocolate. ¡Se puede ser revolucionario en ciertas actitudes y profundamente retrógrado y conservador en otras! Nuestra historia pasada y reciente está colmada de ejemplos.
Fresa y chocolate?, largometraje cubano de 1993 codirigido por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío.
Males como la violencia de género, los feminicidios y el bulling contra las minorías sexuales, siguen a la orden del día, generan debates y encontronazos a nivel social pero no se solucionan en lo fundamental porque son actitudes no derrotadas en las mentalidades de decisores y subordinados, ¡y en no pocos órdenes hay silenciosa complicidad entre todos!
Ese espectro histórico estaba vivo cuando se discutió el proyecto constitucional en 2018. Recordemos que para aprobarse como Constitución de la República, el 24 de febrero del 2019, las fuerzas conservadoras y fundamentalistas —religiosas o no—, consiguieron suprimir de la propuesta el artículo que pretendía la aceptación del «matrimonio igualitario» y otros derechos para la comunidad LGBTIQ.
Por tanto, esas posturas son aquí ideológicas más que teológicas, y tienen combustible suficiente para no ser derrotadas. La compleja relación entre fe y política no es asunto de importancia menor para entender la evolución del fundamentalismo y el conservadurismo religioso en Cuba.
Fe y política
Hablar de esta relación hace inexorable que nos remontemos a la historia. Durante cuatrocientos años —desde el inicio hasta el fin de la colonización—, el Estado Español que operó en la Isla fue confesional, por tanto, tuvo una religión oficial: la católica. Los españoles la consideraban garantía de unicidad del espíritu hispano, y por eso los acompañó hasta su entrada en la modernidad como ente espiritual que calzaba las estructuras políticas de la monarquía. Esto, con altibajos, se entronizo en el sistema político colonial cubano.
Luego llegó la ocupación norteamericana. Durante esos años, el Estado que se instituyó en Cuba fue por primera vez de carácter laico, es decir, separaba la religión del Estado, como era en la nación norteña. Con ellos se sistematizó un proceso interesante de evangelización protestante de la nación, sobre todo con misioneros norteamericanos.
Concibieron que la aceptación del protestantismo por los cubanos pudiera fomentar la influencia estadounidense. Ese proceso tuvo éxitos y contravenciones, pues hubo sectores dentro de la sociedad, sobre todo políticos, que descubrieron el peligro que la expansión protestante podría tener en la Isla.
La llegada de la República en 1902, con la Constitución de 1901, volvió a declarar el carácter laico del Estado. Tanto en esa Constitución como en la de 1940 la religión se consideró formalmente un ente separado del Estado, pero ambos modelos constitucionales exigían a la ciudadanía el cumplimiento de la moral cristiana como presupuesto de su comportamiento cívico.
Ahí hubo cierta subordinación de la actitud cívica — y por tanto, hasta cierto punto de la actitud política—, a determinadas normas de la tradición católica presentes en el país, lo que generó inquietudes en otros sectores del mundo religioso insular. Esto evidenció que aunque el Estado iba a operar de manera independiente a la religión en la toma de decisiones, no iba a desentenderse de la influencia que esta podía tener en el control del comportamiento de los ciudadanos.
Tras la Revolución, sobre todo a partir de la década del sesenta, la cohabitación religión-Estado fue denostada tremendamente, en especial luego del conflicto del nuevo poder con la Iglesia católica, vinculado a disímiles causas que no son objetivo del presente texto. Se empezó a operar entonces un proceso atípico en la historia de las construcciones políticas en Cuba. Y es que dentro de las cimentaciones de identidad política y filiación política al nuevo gobierno, se exigía casi como condición la ruptura o negación de toda fe religiosa.
Dentro de las cimentaciones de identidad política y filiación política al nuevo gobierno, se exigía casi como condición la ruptura o negación de toda fe religiosa.
Por tanto, la religión empezó a operar no como estructura que acompaña al Estado, sino como estructura que es negada por el Estado. Tal actitud se hizo política a partir de 1975, con el Primer Congreso del PCC, y en 1976 con la nueva Constitución, considerada la primera de carácter socialista de nuestra historia. Su lectura descubre una raigambre profundamente atea.
No obstante, en el alma de la nación seguían casi intactos los valores morales que la catolicidad primero y la tradición protestante después, fueron acunando en la identidad de lo que somos. Y ello resulta una paradoja, pues la Revolución dijo apostar por formar un hombre nuevo. Y sí, se delinearon políticas para ir constituyendo ese prototipo de hombre, por cierto, a la usanza de la época, cuando se definía hombre y dicho término incluía a las mujeres y excluía a todos los demás
El difusor de esa idea en nuestro ámbito fue Ernesto Che Guevara, quien aseguraba que para formar el hombre nuevo era imprescindible crear la sociedad nueva. Sin embargo, en el caso cubano el modelo económico siempre tuvo altas y bajas que conspiraron contra el proyecto inicial, mucho peor que en Europa Oriental y en la extinta URSS, que ya fue bastante.
Aunque se consiguieron muchas realizaciones, no pudo evitarse todo tipo de carencias materiales, que han enrarecido la satisfacción de las necesidades humanas, una meta definida pero jamás cumplida en las proyecciones de lo que se ha dado en llamar nuestro socialismo.
El hipotético hombre nuevo, más que preocuparse por su nueva altura ética, ha tenido que crear estrategias para sobrevivir en circunstancias económicas complejas; mientras, en el orden moral, ese proyecto de hombre nunca superó la tradición.
A partir de los setenta, cuando fue cediendo la euforia de los primeros años, la sociedad cubana, en su ámbito político, económico e ideológico, se fue integrando al canon de socialismo real del bloque soviético. Actuamos igual que allí, donde las diferencias de género nunca fueron superadas y —con la tímida excepción de la RDA—, poco se hablaba de variantes de la sexualidad humana, o se hacía con denostación.
Por ende, el paradigma de realización del socialismo incluía, además de la tradición mantenida, el deber ser del nuevo modelo de sociedad, que era profundamente homofóbico. Ello se vinculaba al conservadurismo que las religiones seculares de esas sociedades habían instrumentado en las mentalidades de sus poblaciones durante siglos de dominación simbólica —fuese la Iglesia Ortodoxa, la Católica o el Islamismo—; y que los Partidos Comunistas, con sus variantes y diferencias de nombre, tuvieron a bien mantener, a pesar de las políticas ateístas que aplicaron inexorablemente.
De ello no escapó nadie, ni siquiera la católica Polonia, un error que allí se pagó muy caro, quizás más que en otras de las naciones donde se intentó mal construir el socialismo.
Todo ello ha sido caldo de cultivo para que el conservadurismo religioso tenga no poco éxito en estas sociedades, antes y tras la caída del llamado socialismo real.
El líder polaco Lech Walesa y el Papa Juan Pablo II. (Foto: Mike Person / Getty Images)
Fundamentalismo y conservadurismo religioso en Cuba
El fundamentalismo religioso en Cuba ha crecido o por lo menos se ha visibilizado significativamente a partir de 2018, tras la discusión del proyecto constitucional aprobado al año siguiente como Constitución de la República. Es una actitud que reúne los rasgos esenciales que esta tendencia manifiesta en casi cualquier lugar del mundo.
El fundamentalismo se genera básicamente en aquellos sistemas religiosos que cuentan con un libro sagrado del cual suelen hacerse lecturas literales. Las manifestaciones de fundamentalismo más comunes en Cuba se presentan en ciertas iglesias evangélicas y protestantes, en las que son usuales lecturas literales de la Biblia que pretenden que el mundo se constituya, se explique, se manifieste, exista y además se gobierne y estructure, según esos principios.
En Cuba el leit motiv básico, aunque no único, de manifestación del fundamentalismo, está vinculado a asuntos de orden moral. Es un fundamentalismo que se expresa, por el momento, contra aquellas prácticas y actitudes que procuran defender maneras de amarse de grupos humanos que no encuadran dentro del canon heteronormativo de la moral religiosa cristiana, presuntamente vindicada por los textos sagrados.
El fundamentalismo religioso tiene diversas formas de expresarse: dentro de las estructuras estatales, de forma semi estatal, o extra estatal. Esta última se consuma donde los poderes fácticos de esas iglesias pueden tener cierta influencia sobre las instituciones y la funcionalidad del Estado, aunque no formen parte de él. También puede expresarse a nivel comunitario.
Si bien en Cuba la primera de las formas mencionadas no es evidente, sí hay sujetos que comienzan a sentir que pueden tener alguna influencia en la toma de decisiones en determinados diseños de políticas del Estado. Esa idea lo empieza a develar como un actor político aún cauto, tenue, pero con alguna atribución en ciertas disposiciones de políticas públicas, sobre todo en asuntos relativos a los derechos civiles de las minorías sexuales. Y pueden pretender más.
Lo más común en nuestro medio es que el fundamentalismo se exprese esencialmente en el ámbito comunitario. De hecho, ahí está teniendo un éxito significativo pues existen muchas denominaciones inscritas en estas posturas que han creado verdaderas redes de ordenamiento de la vida social en sus comunidades, con frecuencia caracterizadas por ser vulnerables en el acceso a bienes y mostrar síntomas de pobreza. El éxito de su gestión lo han conseguido sobre todo porque asisten a esos grupos humanos no solo con ayuda material, sino también con asistencia espiritual. Eso es importante tenerlo en cuenta.
En consecuencia, muchas de esas iglesias y denominaciones insisten en cambiar las dinámicas de aprehensión de lo religioso en sus comunidades, y tienden a dirigir su denostación hacia formas tradicionales identitarias nacionales de religiosidad, que juzgan enajenantes o demoníacas. De este modo, y poco a poco, van creando quinta-columnas que pueden tender a la intolerancia, e incluso a la violencia, contra aquellos grupos y estructuras sociales que dentro de la nación no corresponden con sus credos y posturas éticas, filosóficas, teologales, e incluso estéticas.
Los ataques de estos fundamentalistas, en tanto parte del cuadro religioso cubano, están direccionados básicamente a las religiones de origen africano, a las que demonizan en sus discursos; lo que está teniendo incidencia en ciertos sectores sociales. Además, los fundamentalistas están aspirando a participar en la educación espiritual y real de los ciudadanos. Lo hacen ahora en las estructuras de acompañamiento comunitario que han creado, pero desean más, pueden aspirar a entrar en los sistemas educativos formales y ahí transmitir su palabra. Es importante no perder esto de vista.
Existen investigadores que hablan de la posible conformación futura de verdaderos barrios evangélicos, donde con la movilidad de ciertos recursos y la existencia de liderazgos carismáticos en algunas de estas iglesias, estos grupos puedan fortalecer su poder de convocatoria en las comunidades, a nivel barrial e incluso más allá. Se constata que están teniendo éxito en eso, para refutar las posturas de otros o procurar demostrar que las suyas son las válidas.
Estamos frente a un fundamentalismo que, por el momento, ha tenido notoriedad en el ámbito comunitario; primero en las zonas rurales y en el oriente del país, donde eclosionó en la década de los noventa, para extenderse hoy a toda la nación, especialmente en barrios y zonas desfavorecidas. Sin alarmismos, pero con preocupación, puede considerarse —y lo es—, un actor social, espiritual y hasta político, a tener en cuenta.
(Foto: Iglesia Metodista de Cuba-Facebook)
Fundamentalismo no religiosos
Además del fundamentalismo religioso, existen otras expresiones de fundamentalismo, el económico, el político, e incluso el estético. Existen ahí donde un grupo humano, o ciertos líderes, procuren demostrarle a los demás que sus verdades o sus códigos son los únicos adecuados, los únicos correctos y los únicos que todos deberían seguir o respetar.
Vivimos en un mundo donde esta tendencia tiene éxito en ámbitos no solo religiosos, lo cual es peligroso porque cuando entran a la esfera de la política y empiezan a tener múltiples seguidores, crean actitudes de intolerancia a otras posturas o actitudes políticas. Esto puede condicionar una desregularización de la democracia, donde la haya, o fortalecer posturas autoritarias o dictatoriales donde existan regímenes con ese carácter, que casi siempre se basan en presupuestos políticos fundamentalistas.
Es decir, si en la religión el fundamentalismo lo puede representar un pastor, un ayatolá, un rabino, un obispo o un sacerdote; en la economía puede ser un líder de opinión, un investigador de temas económicos que se haya convertido en adalid, y en la política lo puede ser un líder carismático. Hay disímiles tipos de fundamentalismos y todos ellos son peligrosos porque son intolerantes, porque exigen una lectura literal de ciertos textos que consideran sagrados o casi sagrados, y que habría que respetar a todas luces y sin objeciones para cumplir con su presupuesto de verdad.
¿Fundamentalismo es sinónimo de conservadurismo, o son cuestiones distintas?
No se debe confundir conservadurismo religioso con fundamentalismo religioso. Sin embargo, hay una línea delgadísima que los separa. No son necesariamente iguales, aunque en algunos órdenes pueden coincidir y se confunden. El conservadurismo permite interpretaciones contextuales de sus textos sagrados, en ciertos órdenes de la reflexión teológica.
Es decir, hay posturas conservadoras en la religión que pueden tener interpretaciones bien estructuradas sobre un asunto tan complicado desde el punto de vista teológico y conceptual, como puede ser el problema de la trinidad. Estas no hacen necesariamente una lectura literal de la Biblia para entender la trinidad, sino que le procuran una explicación, una interpretación, en relación a su tradición teologal o denominacional.
Puede manifestarse también en torno a la presunta santidad de María, la madre de Jesús (en el mundo cristianismo, y católico en particular, ahí donde María tiene seguidores). Son tradicionales lecturas diversas sobre la naturaleza sagrada de la Madre de Jesús, en ese orden permiten interpretaciones de textos o tradiciones orales u escritas. Pero cuando se trata de principios de la fe, o de postulados de orden moral, por ejemplo, pueden ser muy conservadoras, muy defensoras de la llamada tradición.
Para ese tipo de presupuestos, no necesariamente de carácter teológico sino de representación funcional de su «orden» dentro de la comunidad religiosa, e incluso, con la pretensión de que se asuman fuera de ellas; son defensores de las actitudes que presuntamente vindican los textos sagrados, o por el contrario, en el caso del catolicismo —donde es muy común el conservadurismo, no así el fundamentalismo (aunque tiene presencia)—, el respeto a la palabra de las figuras más significativas de esta Iglesia, como pueden ser el Papa, los obispos etc.
El conservadurismo se evidencia cuando se procura conservar ciertas normas o tradiciones que la institución religiosa considera que no son cuestionables. Esto se dirige en lo fundamental al mantenimiento de conductas morales, a la conservación de ciertas estructuras sociales o políticas con las que estas instituciones religiosas conservadoras se pueden sentir identificadas, o a la preservación de principios que consideren inviolables.
Las posturas del conservadurismo siempre están en el fundamentalismo, de una manera u otra. Lo que distingue al fundamentalismo es que, además, no permite ninguna interpretación de los textos sagrados. Exige siempre una lectura literal de esos textos como ya se explicó, y demanda que la comunidad religiosa deba actuar y operar desde esa lectura.
Todo esto demuestra que frente a «desafíos» como las posibles transformaciones legales en la forma que se entienden la familia, sus funciones y responsabilidades dentro de la sociedad —cambios que inevitablemente alteran el viejo deber ser de la «tradición»—; u otras movilidades en el orden social o político que «trastornen» lo establecido por estas instituciones, y no necesariamente hayan asumido las subjetividades de la totalidad de sus miembros, sus líderes se lanzarán a «controlar el rebaño».
Procurarán que se asuman tales cambios como agravios, no solo en el orden de la fe, sino presentándolos como dislocación absoluta de lo que hemos sido como pueblo. Actitud vista por la historia de la humanidad una y otra vez, como si fuese ley el eterno retorno.
En el acto de clausura del Primer Congreso de Alfabetización (5/9/1961) Fidel, refiriéndose a los profesionales que abandonaban el país ante el agravamiento del conflicto con EE.UU. y el establecimiento del socialismo, afirmó:
«[…] a esa gente hay que quitarle la ciudadanía porque esa gente algún día va a mendigar aquí, a las puertas de este país que la dejen regresar […]. Cuando esa gente se indigeste de yankismo y cuando esa gente esté cansada de desprecios y de malos tratos, y cuando esa gente esté cansada de la idiosincrasia de los amos imperialistas, llegará el día en que vengan a tocar aquí todos esos técnicos, a las puertas de este país, ingenieros, arquitectos, médicos, profesores, pidiendo que los dejen entrar, y ese es el momento en que nosotros tenemos que ser duros (APLAUSOS) y yo creo sinceramente, nosotros sugerimos, y somos partidarios, de que seamos duros con esa gente.
Es decir que a esa gente le digamos: “No, ustedes dejaron de ser cubanos hace mucho rato, porque cuando nuestro país estaba luchando contra el extranjero explotador, contra el extranjero agresor, contra el extranjero poderoso, ustedes se fueron a lamerle las botas al amo extranjero poderoso” (APLAUSOS). […] No, cubano no es el que nació aquí, cubano es el que ama este país, cubano es el que lucha por este país, cubano es el que defiende este país».
Mucho ha llovido desde entonces y las filas de los que se fueron siguen engrosando día a día con los que se van. Más aún, el dinero de los emigrados constituye una de las fuentes principales de ingresos —sino la principal— de la economía cubana. ¿Cómo se ha llegado a este retruécano histórico, en que los que supuestamente iban a mendigar su regreso a los que se quedaron, ahora son los que les ponen recargas, compran comida y llevan a veranear a Varadero, o a Punta Cana?
De hecho, se ha creado un modo de producción sui generis, no capitalista ni socialista; no productivo-exportador ni de servicios; sino remesista e importador.
-I-
Las remesas constituyen una expresión de la globalización económica actual junto al trasiego de capitales, bienes, servicios, trabajadores e insumos semielaborados. Sin incluir a China, ellas constituyen la principal fuente de ingresos externos de los países de niveles de desarrollo medio y bajo. En 2021, los que más recibieron a nivel planetario fueron: India, México, China, Filipinas y Egipto. Hasta junio de 2022, los tres que más lo hacían eran: Nigeria, Alemania y Bangladesh.
(Tabla: La República)
El panorama es muy distinto en cuanto al papel de las remesas en el PIB. Los países donde tuvieron más participación en 2021 fueron: Líbano (54%), Tayikistán (34%) y Kirguistán (33%). Sin embargo, para los grandes receptores que son a su vez naciones desarrolladas —como China, Alemania y Francia—, representan menos del 1%.
En América Latina y el Caribe (LATAMEC) fue donde más crecieron las remesas en 2021: 25,3% (131 000 millones de USD) y casi todos los países reportaron incrementos de dos dígitos por la recuperación del empleo en USA. Los mayores receptores fueron: México (51 594 millones), Guatemala (15 296 millones) y Dominicana (10 402 millones). Para países de menor desarrollo, como Haití, Honduras y El Salvador, las remesas constituyeron más del 20% del PIB.
El costo promedio de enviar USD subió un 6% en 2021 a nivel mundial —el doble que el año precedente—, y 5,6 para LATAMEC. No obstante, para Cuba, a partir de las sanciones de Trump a FINCIMEX, el costo para el envío de remesas mediante plataformas digitales y mulas escaló hasta un astronómico 30-40%.
Cuba no es de los países que más remesas recibe, ni en el mundo ni en LATAMEC; pero su monto y papel en la economía son decisivos y, a la vez, difíciles de conocer. Como el Gobierno no emite informaciones oficiales al respecto, es preciso remitirse a cifras de otras fuentes. El Departamento de Estado estimó que, desde 2012 hasta 2016, las provenientes de EE.UU. promediaron entre 1400 y 2000 millones de dólares anuales. Según Havana Consulting Group, en 2019 ascendieron a 3128 millones, para caer en 2021 a solo 1084, a contracorriente de la tendencia alcista predominante en LATAMEC.
La cifra de 2019 aportada por Havana Consulting Group colocaba a las remesas como segunda fuente de ingresos en divisas, solo detrás de los servicios médicos y por delante del turismo y el níquel. Asimismo, superaba el valor total de las importaciones de ese año. Además, a las remesas monetarias habría que sumarle el valor de las llamadas remesas en especie, esas que identifican a los viajeros hacia la Isla en cualquier aeropuerto por la cantidad de bultos que portan.
A ellas se añaden igualmente los envíos postales y los que entran subrepticiamente mediante mulas, equipajes diplomáticos y de funcionarios y tripulaciones en barcos y aviones. A pesar de la carencia u opacidad informativa, existen disímiles evidencias que permiten abordar el tema y revelar su papel en la crisis actual.
A las remesas monetarias habría que sumarle el valor de las llamadas remesas en especie, esas que identifican a los viajeros hacia la Isla en cualquier aeropuerto por la cantidad de bultos que portan. (Foto: Yamil Lage/AFP)
-II-
Tras dos décadas de abierta confrontación entre Cuba y EE.UU., que incluyó altas dosis de violencia, física y simbólica; a fines de los años setenta se efectuaron los primeros contactos entre el Gobierno y un grupo de personas representativas de la comunidad cubana en el exterior, bajo el título de Diálogo 1978.
Aquel encuentro formó parte del período de distensión iniciado con la llegada de J. Carter a la presidencia, y con la apertura de las respectivas Secciones de Intereses. Además de la liberación de unos 3600 presos políticos en Cuba, hizo posible que los cubanos residentes en el exterior, no incluidos en la lista de terroristas del Gobierno, pudieran visitar la Isla y reencontrarse con familiares y amigos. El acuerdo trajo consigo el retorno —en modo visitante VIP— de miles de comunitarios. La jerga popular aseguraba que los gusanos se habían convertido en mariposas.
Con la crisis y reestructuración económica del Período Especial, reformas de Raúl, administración Obama y reanudación de las relaciones diplomáticas; el factor emigración, visto en todas sus interacciones, cobró cada vez más importancia para la economía insular… hasta que llegó Trump en 2017.
El argumento que esgrimió para limitar el derecho de los ciudadanos y residentes a enviar remesas a Cuba: «Cada país debe vivir de lo que produce, no de las remesas», es falso. Como se ha explicado antes, estas forman parte de la práctica cotidiana de la economía mundial actual, en particular las remitidas desde los EE.UU. hacia LATAMEC. Pero, cuidado; no es sano para la seguridad nacional de ningún país crearse un modo de producción que dependa en lo fundamental de las remesas y las visitas de su población emigrada. Y eso precisamente es lo que ha ocurrido en Cuba.
El problema principal es que la política del Gobierno/Partido/Estado, en lugar de encaminarse al fortalecimiento de los productores nacionales (estatales, cooperativos y privados), y del peso como moneda propia; ha fortalecido cada vez más la dependencia del país a las remesas, el turismo y las importaciones. Esto ha ocurrido tanto en el sector productivo como en el consumo doméstico.
Un vistazo a las medidas tomadas en los últimos tres decenios da fe de esta predilección. Desde que en agosto de 1993 se decretara la despenalización de las divisas extranjeras y la dualidad monetaria se enseñoreara en el mercado cubano, el Gobierno comenzó a implementar vías ineludibles para recolectar la totalidad de las remesas. Al control de los envíos mediante la Western Union, otorgado a empresas de CIMEX, como FINCIMEX, se añadieron las casas de cambio (CADECA); una extensa red de tiendas revendedoras, en USD, de productos importados; y la apertura de cuentas bancarias en esa misma moneda. La adopción al año siguiente de un avatar nativo del USD: el Cuban Currency (CUC), vino a consolidar tales medidas.
La creencia en que la obtención de divisas extranjeras mediante remesas y los viajes a Cuba de los emigrados ha de ser el ingreso primordial de la economía insular es un mal muy grave. (Foto: Jorge Rey/Getty Images)
De todos los males que el mantenimiento prolongado de la dualidad monetaria y la pluralidad cambiaria trajeran consigo, uno de los más graves es la creencia en que la obtención de divisas extranjeras mediante remesas y los viajes a Cuba de los emigrados ha de ser el ingreso primordial de la economía insular. Este mito devino objetivo principal de la política económica, al cual debieron supeditarse todas las demás actividades político-económicas, sociales y culturales de la nación.
Con ese fin, se consolidó un encadenamiento productivo infalible: remesas/turismo de emigrados/comercio interno (minorista y mayorista) en MLC, controlado por una superentidad empresarial de origen castrense —GAESA—, cuyos ingresos no son accesibles al público ni auditables por las autoridades estatales al estar protegidos por el secreto militar.
Este nuevo modo de producción, parasitario y dependiente de las importaciones y asociaciones con extranjeros, terminaría por opacar —y/o arruinar— al resto de las actividades económicas, a excepción de los servicios profesionales en el exterior mediante contratos gubernamentales, o producciones únicas como el tabaco.
La concentración de los esfuerzos e inversiones públicas en esta megaempresa ha desmantelado la economía civil, y entre sus víctimas, directas o indirectas, se cuentan: agroindustria azucarera, pilar de la identidad nacional; ganadería y sus derivados; agricultura; minería; industrias básica y ligera —menos la biofarmacéutica que goza de un esquema propio de reproducción—; infraestructura general; fondo de viviendas y edificios públicos; gastos sociales (salud, educación, cultura, deportes, recreación, seguridad y asistencia social) y administración pública.
Entre los daños colaterales de esta política se incluye el incremento de la deuda externa. La prioridad otorgada a los gastos e inversiones en el sector remesista/turístico/comerciante, tornó ineficaces los exitosos procesos de renegociación con importantes acreedores foráneos, condonación de deudas anteriores que varios países hicieron a Cuba a raíz del fracasado deshielo con EE.UU. (2014-2017), y los sacrificios hechos por el pueblo a partir del 2015 para pagar, en tiempo y forma, las nuevas obligaciones.
La más aberrante de las prácticas de GAESA es la de emplear el fondo de acumulación —proveniente de sus ingresos por la vía de las remesas, turismo y comercio cautivo— para la creación de nuevas capacidades hoteleras; en un ciclo cerrado empresarial de producción/ahorro/inversión que no ha tenido en cuenta los intereses nacionales en otros campos. Ni siquiera en medio de la crisis pandémica, con el incremento de la tasa de mortalidad y el creciente despoblamiento del país, se modificó tan funesta tendencia.
El pueblo cubano es muy trabajador, creativo y emprendedor para tener que soportar por secula seculorum ser esquilmado impunemente por un oligopolio ineficaz e incompetente, dueño de un mercado obtenido no por su éxito competitivo, sino por decisión del Poder. Si las instituciones del Gobierno/Partido/Estado —incluyendo al propio MINFAR— no ponen en su lugar a este holding que desangra las fuentes productivas de la nación —tanto en el archipiélago como en el exterior—, tendrá que hacerlo la sociedad civil, antes de que termine por colapsar el país.