El día de ayer se dio a conocer la inauguración de un Observatorio oficial sobre igualdad de género en Cuba, anunciado hace más de un año por la viceprimera ministra Inés María Chapman y la secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) Teresa Amarelle, como parte del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM).
Se trata de una acción conjunta entre la FMC y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), según lo expuesto en su sitio web, con la misión de «Analizar, evaluar, sistematizar y producir información sobre la situación y posición de las mujeres en comparación con los hombres y los procesos relacionados con la igualdad de género a nivel nacional e institucional».
La plataforma digital será actualizada una vez al año en el mes de junio y brinda información sobre el PAM, el marco jurídico y normativo cubano vinculado a las problemáticas de género, junto a cifras de siete indicadores principales: empoderamiento económico de las mujeres; medios de comunicación; educación, prevención y trabajo social; acceso a la toma de decisiones; legislación y derecho, marco normativo y sistemas de protección contra todas las formas de discriminación y violencia; salud sexual y reproductiva; estadísticas e investigaciones. Estos indicadores contienen varios datos desagregados como la tasa de fecundidad adolescente, la proporción de mujeres en cargos políticos y el acceso al empleo, entre otros.
Richi Herrera
Si bien la iniciativa constituye una propuesta útil y necesaria para visibilizar problemáticas y desafíos de la sociedad cubana actual en materia de equidad de género, además de un paso de avance en la transparencia para con la ciudadanía, resalta la antigüedad de algunas cifras —como la cobertura de anticonceptivos—, cuyas mediciones datan de tres años o más. Esto alerta sobre la necesidad de que sean actualizadas, principalmente a partir de los cambios ocurridos en el país luego de la pandemia y el llamado ordenamiento monetario, que han acrecentado brechas preexistentes. Unido a ello, se hace necesario adicionar instrumentos que midan otras formas de violencia vinculadas al género, como la homo/transfobia.
Las cifras del feminicidio
Una de las principales expectativas de los grupos feministas hacia el referido Observatorio era la posibilidad de contar, por primera vez, con cifras oficiales actualizadas sobre asesinatos de mujeres por razón de violencia de género (feminicidios). El indicador 5.4 muestra las «mujeres que han sido víctimas de homicidio intencional como consecuencia de la violencia de género, en los últimos 12 meses» y contabiliza en 2022, sobre la base de los procesos judiciales resueltos en los tribunales, 18 mujeres en todo el país «que han sido víctimas mortales por parte de su pareja o ex-pareja más aquellas asesinadas en otros contextos, a manos de otras personas diferentes a su pareja, por razones de género».
En contraste, el observatorio independiente Yo Sí te Creo en Cuba registró 33 feminicidios en igual período, utilizando como fuentes las denuncias ciudadanas y reportes de prensa comprobados por sus integrantes «con el apoyo de observadores independientes, activistas y periodistas».
La notable disparidad entre ambas cifras puede deberse a la diferencia entre las metodologías empleadas, pues el observatorio oficial contabiliza el feminicidio sólo cuando el caso judicial es resuelto completamente en tribunales, lo cual dejaría fuera otros asesinatos por razón de violencia de género que tarden meses o años en llegar a sentencia firme, se dilaten en el tiempo, o queden archivados. No obstante, si se asumen como verídicos los dos números, aproximadamente poco más de la mitad de los casos conocidos culminaron el proceso en los tribunales en el mismo año.
Cifras sobre feminicidio en Cuba
En adición, el observatorio oficial no brinda información por cada caso y se limita a desagregar las cifras por provincia, grupo de edad, color de la piel, condición de discapacidad y tipo de relación con el agresor. La metodología particular empleada disiente no solo con los observatorios independientes en Cuba, sino con sus homólogos en la mayoría de los países que contabilizan el feminicidio a partir de la información existente en el momento de la muerte y/o los expedientes abiertos por las autoridades policiales. Un ejemplo es el Atlas de Feminicidios de la Ciudad de México, coordinado entre la Fiscalía General de Justicia y grupos ciudadanos que brindan y organizan información en tiempo real sobre esta problemática.
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El Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género constituye un importante avance en el reconocimiento y monitoreo por parte de las instituciones del Estado a las problemáticas de género que afectan a la población cubana, en particular a mujeres y personas de colectivos históricamente vulnerados. Empero, resulta solamente un primer paso que deberá perfeccionarse sobre la base del diálogo constante con la ciudadanía, la observancia de las recomendaciones de organismos internacionales y la articulación con los activismos existentes en el país.
Me siento a conversar con Ahmel Echevarría Peré en la terraza de su casa, que ha sido durante los últimos años el lugar de creación que comparte con su esposa, la artista visual Cirenaica Moreira Díaz.
Me cuenta que tras graduarse de ingeniería mecánica en la CUJAE hizo el servicio social en una unidad militar. Era un civil, inversionista al que le sobraba tiempo. «En los primeros meses no tenía contenido de trabajo, tampoco oficina. Mi jornada transcurría en un parque, parte de ese tiempo lo dediqué a leer.
»Teniendo ya oficina, menos tiempo y más contenido de trabajo, empecé a escribir por el amor a una muchacha. En la unidad conocí a dos escritores: Abel de la Milera y Michel Encinosa Fú. El chino Encinosa me recomendó el taller de formación literaria Salvador Redonet, coordinado por el narrador Jorge Alberto Aguiar Díaz (JAAD).
»En el Redonet está mi verdadero kilómetro cero, el diamante del que parte este camino que he estado recorriendo. JAAD nos habló de literatura, no solo desde las técnicas narrativas, nos convidó a pensar la literatura, a entender la sociedad en que vivíamos y los vectores que la afectan».
Además de los talleres en el Salvador Redonet, también cursó el curso de Técnicas Literarias en el Centro Onelio Jorge Cardoso. ¿Cómo influyen estos cursos en un joven escritor?
«No son similares, en las experiencias de los alumnos en el Onelio, cada cual hace del curso lo que desea o necesita. Los hay interesados en aprehender los contenidos impartidos e ir a por todas, otros se quedan bajo el encantamiento de la buena vibra y la camaradería, que no está mal. Pero la literatura no suele ser cofradía, lamentablemente. El staff del Onelio pone recursos y contenidos a disposición de los alumnos,como en todo taller o curso de escritura creativa, la otra parte está en manos del estudiante. Este debe aprender a pensar, a ejecutar asociaciones, a sospechar, a poner en duda, en crisis».
Ahmel Echevarría / Cortesía del entrevistado
Algunos de los egresados de estos talleres formarían parte de la llamada Generación Cero, un grupo de escritores más unido por la irreverencia y la transgresión que por una temática, eran aquellos que habían sobrevivido su juventud durante los duros años 90 y que ahora, con la ligera calma que traía el 2000, necesitaban construir un nuevo paradigma. Sobre esto comenta:
«Existe cierta diversidad temática en los integrantes de la Generación Cero. Puede que las similitudes estén en la zona transficcional, en el punto donde las fronteras entre géneros se difuminan. Del cuento a la novela, de la ficción a la crítica literaria, del cuento a la poesía, y del realismo a lo fantástico o al absurdo. ¿Literatura menor a lo Deleuze y Guattari?
»Lo del escenario en el que se desarrollan las historias, y el Factor Cuba al interior de las ficciones, son categorías que le atañen a los estudios críticos, a la academia. Segmentan y etiquetan para estudiar. Necesitan arribar a conclusiones para propiciar un canon».
Ahmel Echevarría / Cortesía del entrevistado
Su graduación del Centro Onelio es una de las más prolífica. ¿A qué cree que se deba esto?
«Si no lo dices tú, no lo habría advertido. Tampoco tengo una respuesta. Pero tengo mis dudas al respecto, —sonrie— Está la primera promoción que también fue muy prolífica, aunque no pongo en dudas tus conclusiones».
¿En sus comienzos cómo escritor tuvo el apoyo o tutoría de algún otro exponente de la literatura cubana?
«Le di mi primer libro inédito y algunos textos sueltos a varios escritores: Amir Valle, Alberto Guerra, Orlando Luis Pardo, Eduardo Heras León. Cada opinión fue valiosa. He tenido una comunidad de afectos e intereses con Orlando Luis y Jorge Enrique Lage. Se ha mantenido en el tiempo, hemos puesto a circular entre nosotros textos, ideas, información. De ahí salió el e-zine de literatura irregular the revolution evening post. De nombrar un tutor, mentor o maestro, su nombre no sería otro que Jorge Alberto Aguiar (JAAD). Es una figura central para no pocos escritores de mi generación».
¿Tiene preferencia por alguno de sus libros?
«Nunca lo vi de ese modo. Cada libro mío respondió a un instante de vida. A intensidades diferentes, incluso a personas diferentes. Cada uno está conectado con una persona cuya biografía no es estrictamente esencial para la historia narrada, pero que parte de su vida, o su interacción conmigo, sirvió para activar algo que luego derivó en un libro.
»Pongamos que son dispositivos colectivos de enunciación. No hablan estrictamente de mí, ni de la persona en cuestión al interior de ese magma. Entonces, mi libro preferido es el que está en proceso de escritura debido a la investigación, la escritura, en especial por el desafío, la derrota o la pérdida implícita ?una frase un poco injusta e inexacta, que sirve para no escurrirle el bulto a tu pregunta».
Ahmel Echevarría / Cortesía del entrevistado
En estos momentos Ahmel Echevarría se encuentra en el proceso de creación de la novela Los perros. «Forma parte de lo que he llamado Trilogía del encierro. Un fragmento se tradujo al inglés para Review: Literature and Arts of the Americas, No. 105 (Havana Revisited: Evolving Connections), revista de The City College of New York, CUNY. Lo narrado allí transcurre en un campamento de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). La trilogía aborda varias formas extremas del encierro al que un individuo puede ser sometido. Tiene a Cuba como escenario».
¿Considera que escribir es un acto de rebeldía?
«Nunca lo pensé de ese modo. No creo que haya utilizado esa categoría para definir una toma de partido estética a contracorriente. Puede que lo sea. Me dan pavor ciertos sustantivos o adjetivos que asocian la postura artística o el arte con la jerga política o bélica. Por los usos. Por la manipulación.
»La escritura se instaura como el resultado de la observación, de la asociación. Debería contener preguntas que de antemano no sepamos su respuesta. Se trata de una alta apuesta en la que no faltarán detractores, ausencia de interlocutores, soledad. Cierta vez Orlando Luis me disparó esta frase en una entrevista que le hice: “la creación es una piscina vacía”.
»¿Qué puedes hacer con esa piscina? ¿Qué hacer en ella? ¿De qué manera deberías entrar, permanecer, salir? Me parece fundamental responderse lo siguiente: ¿en lugar de quién uno escribe? Desde ahí es preciso pensar y enunciar las preguntas».
Ahmel Echevarría / Cortesía del entrevistado
Para Ahmel Echevarría «el escritor de ficción tiene compromiso artístico con la realidad. Cualquier otro, no es literario». Desde ese compromiso fue uno de los artistas e intelectuales que se personó frente a la sede del Ministerio de Cultura el 27 de noviembre de 2020, en aquella protesta sin precedentes que estremeció la relación de los creadores con las instituciones culturales. Para él, su vínculo con aquellos sucesos se puede resumir en una fase de Lorenzo García Vega:
«Estuve ahí por varias razones, todas de orden personal. Fue hermoso, fue bonito mientras —la ilusión de muchos jóvenes— duró. “Vocación de narrador es vocación de testigo”, dijo Lorenzo García Vega. Al final de aquella larga y tensa noche, los elegidos para la reunión leyeron los acuerdos a quienes permanecieron frente al MINCULT. Uno de esos puntos más o menos decía: “Nos prometieron que podemos regresar a nuestras casas sin preocupaciones, no nos va a pasar nada”. La frase iluminó con luz negra la correlación de fuerzas, el verdadero lugar en donde todo estaba ocurriendo, un espacio que no solo era físico, sino también simbólico».
“Los inmigrantes no pueden escapar de su historia más de lo que uno puede escapar de su sombra.”
Zadie Smith
Soy cubano. Esa es mi respuesta cuando me preguntan. La emito con brillo en los ojos y una dosis de orgullo que, si bien es inferior a la que hubiese sentido hace diez años, todavía provoca que la frase salga disparada sin titubeos, como un acorde espontáneo en la sostenido dentro de un pentagrama nación que desafina.
Eso sí: soy un cubano con las heridas de la emigración a flor de piel. Conozco pocas familias en las que se respire tanta unidad como en la mía. Crecí bajo el calor de mi abuela Sara, mi madre Ileana, mis tíos, primos, amigos cercanos…
Sara orquestaba una sinfonía familiar en la que ausentarse sin razón de peso al almuerzo de los domingos era considerado sacrilegio, y en donde un fin de año llegamos a contar 32 personas en un apartamento de microbrigada en Mulgoba, todos con platos en mano compartiendo el puerco, los tamales y la yuca al ritmo de Van Van.
Ese pictograma familiar ahogado en el recuerdo no hay sutura sentimental que la contenga.
Imagen: AFP
Como miles de familias cubanas que sufren, viven y hasta se alimentan de los fenómenos asociados a la emigración, la mía se ha convertido en lágrimas de distancia, en un río caudaloso que por necesidad se ha desconectado de sus afluentes. Me separan casi 9.000 kilómetros de mi madre, a quien desde hace un año y medio sólo veo por videollamadas; casi 7.400 de mi padre en Martí, provincia de Matanzas; y unos 7.435 de la única tía materna que me queda en Cuba.
Ese rompecabezas se compone de piezas que las circunstancias, las necesidades de mejora y los sueños, no sin dolor, han llevado hacia Estados Unidos, España y Panamá, por solo mencionar los puntos cardinales más connotados de ese nudo familiar, otrora compacto, que fue desatado forzosamente tras la crisis del Período Especial en los ’90 del pasado siglo.
Móviles y el andar solitario de un oso
Los criterios sobre la posibilidad de emigrar nos golpearon con fuerza a mi esposa Madelaine y a mí, justo antes de irrumpir la pandemia de la Covid-19 en Cuba. Comenzaba a pujar la inflación como consecuencia de situaciones, que tocaban el umbral de la inseguridad alimentaria en muchos hogares. A ello se sumaba la bajísima producción agrícola y el consecuente desabastecimiento con ofertas casi inexistentes, así como políticas de gestión ineficaces en otros rubros económicos fundamentales.
A la agudización de la crisis institucional, con alcance en pilares históricos de la Revolución como la salud y la educación, se añadía el envejecimiento poblacional y el desprendimiento de casi todo patrón de arraigo o pertenencia para con el país, por parte de la generación nacida bajo los embates del llamado Período Especial.
Cortesía del autor
Este agravamiento del fenómeno de susbsistencia a niveles insospechados, trajo también como consecuencia una profunda depauperación de la sociedad, partiendo del criterio de que la necesidad es la peor enemiga de las buenas maneras, incluso las relacionadas con la tranquilidad y la seguridad ciudadanas.
Por otro lado, la llave de «oxígeno» que respiró una minoría al repuntar el sector turístico, con Estados Unidos como segundo emisor de viajeros a la Isla a raíz del levantamiento de restricciones por parte del entonces presidente Barack Obama, había sido cerrada por Donald Trump, su sucesor en la Casa Blanca.
Esos y otros agentes, como la política de reordenamiento económico implementada con el andamiaje desestabilizado y la ralentización de los procesos productivos y comerciales de la nación, incidieron en la decisión más compleja que he tomado en mi vida.
Despertar sin la posibilidad de poner un jugo o un paquete de galletas a mi hijo Enzo Samuel para su merienda del preescolar; estar desde las seis menos cuarto de la mañana en la cola de la Gacela 16 en Alamar para intentar llegar infructuosamente antes de las ocho a su escuela, ubicada en la Avenida Carlos III y Montoro, a dos cuadras de la céntrica Facultad de Estomatología; o estar al más puro estilo de los «cazafantasmas» detrás de un litro de aceite o un cartón de huevos en cualquier punto de la geografía habanera, fueron ganchos que hicieron blanco en mi anatomía y pensamiento.
Seis meses antes del día cero, mi madre con 61 años y con la certeza de haber convertido a su único hijo en un hombre de bien al verlo construir una familia sobre pilares y conceptos certeros, partió hacia Estados Unidos con las maletas de la separación y de la incertidumbre pasadas de peso, pero también con la esperanza de mejora.
Mi madre emprendió un viaje hacia el Norte con la experiencia de más de seis décadas vividas, de disímiles situaciones enfrentadas, de bonanza y apagones, del dólar a 170 pesos, de los mercaditos llenos y el Cerelac como única opción de desayuno. Su decisión fue otra flecha que hizo blanco en la diana de nuestros pensamientos y nos hizo sacudirnos de los miedos que gravitan sobre comenzar desde cero en un país extraño.
Tales temores son comunes en muchos de mi generación, porque a los nacidos entre 1979 y 1985, nos ha costado dilucidar el punto de no retorno.
Tomada de: Sin Permiso.
Unos porque se aferran a la esperanza de ser parte de un proceso de construcción de una Cuba mejor, donde el bienestar de las mayorías, lejos de ser una utopía arropada en consignas, sea una realidad cotidiana.
Otros porque desde su burbuja profesional intentan hallar infructuosamente el equilibrio entre realización e ingresos, y apuestan a disímiles mecanismos para satisfacer las necesidades básicas de sus familias, pues ante la imperante relación diabólica productos-precios, y las ineficientes políticas de remuneración estatal, urge diversificarse.
Mientras, una cifra mucho mayor padece del dolor de cabeza que provoca preguntarse qué ponerle a su plato al caer la tarde, y no tanto cómo vestirse o a dónde salir los fines de semana.
Melodía de una partida y nota aguda de lo nuevo
Llegar a España no fue sencillo. El proceso resultó tortuoso en toda la dimensión de la palabra. En un par de ocasiones nos fue denegada la solicitud de visado de larga duración por concepto de estudios, luego de tener aprobado el ingreso a la Maestría en Marketing Digital desde noviembre del año 2019 y cumplir con todos los requisitos que exigía el Consulado. Como consecuencia, la resolución de nuestro expediente alcanzó las instancias de los Tribunales de lo Civil de Madrid.
Transcurrirían 30 meses hasta junio de 2022, en los que sucedieron muchas cosas y cambiaron nuestras visiones respecto a un sinnúmero de situaciones; pero lo más importante para Madelaine y para mí era la presencia de nuestro hijo. Esa realidad se convirtió en espada y escudo de cara a cualquier toma de decisión.
Aunque salimos fortalecidos de la pandemia, comenzaba a mellar en nosotros el desaliento, aderezado con el paso del tiempo y la incertidumbre respecto a nuestra futura situación y posible partida. Mientras, la familia y nuestros amigos más cercanos no cesaban de apoyarnos y darnos aliento en aquellos días más sombríos, en los que decir cualquier palabra o tener puntos de vista encontrados podía desencadenar alguna discusión.
Cortesía del autor
Cerca de la una de la tarde del lunes 13 de junio desembarcamos en el aeropuerto de Barajas en Madrid, para iniciar esta nueva cruzada. Desde entonces, no hemos dejado de agradecer a quienes de una forma u otra nos ayudaron durante el proceso: mi madre Ileana, mi amigo y hermano Fernando y Karla su esposa, mis compadres Tony y Yisel, el Guille, el padrino Serafín, y en especial a Rosi e Isra, que nos albergaron en su casa durante casi ocho meses hasta que estuvimos en condiciones de independizarnos.
Ha transcurrido casi un año y por primera vez me atrevo a escribir. Durante este tiempo, no ha habido una noche en la que no me cuestione si hicimos lo correcto e intente adelantar el próximo paso en función de la seguridad y el bienestar de mi familia.
Los resultados parciales arrojan que sí, pese a que me he desdoblado en múltiples facetas: editor de madrugada, cuidador de perros, mozo de almacén, traductor in situ de inglés para mediar entre nigerianos y españoles en las naves de Supermercados Día, y actualmente asesor inmobiliario. De eso se trata, de darle el pecho a las situaciones y comerse el mundo para garantizar el bienestar de los tuyos.
La mayor satisfacción ha sido ver cómo Enzo se ha adaptado a la escuela, evidenciar sus progresos diarios insertado en un programa de enseñanza bastante diferente y complejo, así como de brindarle mayores posibilidades de cara a su futuro.
Tener la certeza de que con trabajo podemos acceder a la mayoría de las cosas que constituyen necesidades elementales, y que igualmente la educación y salud públicas son gratuitas y con altos estándares de calidad, deviene reconfortante en gran medida.
Esta enorme ciudad capital nos hace patentar un clima se seguridad, y aunque no está ajena a los impactos de una inflación global que hace mella en las economías familiares, no alcanza los niveles estratosféricos existentes en Cuba porque la oferta satisface la demanda, y la competencia diversificada permite opciones de compra más económicas para los de menores ingresos.
Por mi color de piel o mi condición de migrante, he sido víctima de racismo con sutileza similar a la de un avezado violinista para esculpir acordes de su instrumento. Me ha ocurrido en sitios insospechados como la cola del supermercado, la entrada del parque Wagner o el metro. Pero ese es otro fenómeno que aún en pleno siglo XXI y en vías de alcanzar el metaverso, arropa a no pocas personas.
Existen otros problemas como también otros caminos para su solución democrática, y está latente el flujo migratorio proveniente de otras naciones, así como de españoles que parten hacia destinos europeos más lucrativos.
Lo cierto es que, como yo, cada día miles de cubanos se plantean la opción de emigrar en busca de bienestar y acceso a un futuro que les permita materializar, o al menos luchar por sus sueños en un escenario más favorable. No importa si es hacia Estados Unidos, España, Chile, Angola, República Dominicana, Islandia, Egipto, Rusia o Serbia.
Ante esta realidad, el arraigo a tierra, tradiciones, costumbres y familia cada día pesa menos. No reparan en vender sus bienes más preciados para desafiar los peligros de una travesía de miles de kilómetros, varios pasos fronterizos, la selva del Darién, el Río Bravo, o residir sin documento legal de identidad luego del vencimiento de un visado en cualquier otro destino.
El periodo comprendido entre el 1 de octubre de 2021 y el 31 de diciembre de 2022 es considerado el más cruento de este nuevo episodio de crisis migratoria, pues según las estadísticas ascendió a 394.070 la cifra total de emigrados cubanos, de los cuales 334.430 entraron en territorio estadounidense.
Tales datos, son visiblemente superiores a crisis precedentes como la acontecida en el año 1965 cuando por el puerto de Boca de Camarioca salieron 5.000 cubanos; el éxodo del Mariel en 1980, durante el cual partieron otros 125.000 y la Crisis de los Balseros de 1994 que contempló el éxodo de unos 32.362.
Por mi parte, cargo y seguiré cargando con mi mochila de nostalgias, como hacen miles de cubanos que componen el caudal de una hemorragia migratoria que, en este minuto, carece de acciones de contención visibles a nivel de Estado.
Cortesía del autor
A eso le agrego el lastre y la valentía de dejar a mis padres y a parte de mi familia; mi hogar, refugio construido con tanto esfuerzo; mis costumbres, mis amigos, el ambiente del barrio; desprenderme de un pedazo de mi para enfrentarme a realidades muy distintas.
Pero aun así toco la melodía de mi vida, que en definitiva se compone de notas y acordes colocados en el pentagrama de mis decisiones, con el peso de cada una, con la fe puesta en un futuro mejor y sin remordimientos.
«La historia no es cera que se amolda a nuestras manos caprichosas, y no cabe en obra severa fantasear sobre motivos históricos». José Martí
I.Motivos del debate
En vísperas del 500 aniversario de la fundación de las siete primeras villas cubanas (2010-2015), las autoridades de esas ciudades se interesaron por tener su correspondiente fecha fundacional, a pesar de que ninguna había podido ser precisada con absoluta seguridad por historiadores y arqueólogos. La urgencia de las administraciones locales por delimitar un día para conmemorar el onomástico oficial de sus comunidades chocaba con la parsimonia metodológica de los científicos, requerida de evidencias contrastables para comprobar sus hipótesis y llegar a conclusiones válidas.
La decisión de las autoridades locales de Camagüey de asumir la fecha tradicional del 2 de febrero de 1514 para los festejos oficiales por el 490 aniversario de su ciudad en el marco de la Semana de la Cultura Camagüeyana2004 trajo consigo un debate historiográfico cuya solución se ha postergado por intereses extracientíficos, pues la necesidad de aparentar unanimidad en todo no tiene cabida en los predios de la ciencia.
Festejos por el 500 aniversario de Camagüey / Blog Televisión Camagüeyana
La cuestión no está en prohibir a una comunidad y sus autoridades escoger su fecha fundacional a partir de criterios culturales, —La Habana, por ejemplo, celebra su aniversario, no en su fundación como la quinta villa en 1514, cerca de Batabanó, sino la de la primera misa en su emplazamiento actual en 1519— lo discutible es que una decisión como la de Camagüey, avalada por criterios pseudocientíficos, provoque la alteración del orden fundacional de las primeras villas demostrado por la historiografía y su tratamiento en la historia oficial que se imparte en los diferentes centros docentes del país.
Transitando el año 520 de las fundaciones ?real una, supuesta la otra? parece llegada la hora de poner las cosas en su lugar; aunque no haya sido convocado ningún evento nacional sobre esta temática pese a los insistentes reclamos de la comunidad espirituana, su filial de la UNHIC, medios de prensa y personalidades del campo cultural.
II. Historiografía de las fundaciones
La causa última del supuesto dilema de la cuarta villa es el desconocimiento y/o menosprecio de las nuevas fuentes aparecidas a finales del siglo XIX en la profusa Colección de Documentos Inéditos de la conquista y colonización de las Indias publicada por el Archivo de Indias. A partir de ese momento, las tesis de los historiadores anteriores debieron ser contrastadas con los nuevos materiales que ellos no pudieron emplear en sus obras. Mas aún, cuando los más pertinentes fueron publicados por Hortensia Pichardo en el tomo 1 de su colección Documentos para la Historia de Cuba, 1971.
Tomada de: Fotos de La Habana
Aunque las actas fundacionales de las primeras villas cubanas nunca han aparecido, existen tres textos imprescindibles para arrojar luz sobre este proceso y servir de fuente primaria a los investigadores: las «Cartas de Relación del Repartidor de Indios Diego Velázquez a Su Alteza Fernando El Católico» (1 de abril de 1514) ?«el documento más interesante que se conserva sobre la conquista de Cuba», según Pichardo? y 1 de agosto de 1515 e Historia de las Indias, de Bartolomé de las Casas. [i]
Otros documentos de la época que contribuyen a revelar lo sucedido en aquellos años iniciales son: “Carta del Rey Fernando El Católico a Diego Velázquez, del 19 de octubre de 1514” y el Memorial de los Remedios, de Fray Bartolomé de Las Casas (Colección de Documentos Inéditos…, primera serie, t. VIII).
Fernando Portuondo, en su Historia de Cuba, manual empleado en las escuelas cubanas desde 1959 a los años 80, sostuvo que: «La Santísima Trinidad, Sancti Spiritus y San Cristóbal (La Habana) quedaron fundadas en la primera mitad de 1514. Mientras, en el verano de 1515 fue erigida Santa María del Puerto del Príncipe, en comarca cuyos indios trataba el conquistador de apaciguar primero».
En 1986, su esposa Hortensia Pichardo publicó un texto que devino en clásico sobre el tema: La fundación de las primeras villas de la Isla de Cuba, donde reitera a Sancti Spiritus como la cuarta. En consonancia con esa obra, la historiografía oficial más reciente: Historia de Cuba plantea: «Entre abril y mayo de 1514, ambas expediciones habían materializado sus objetivos. Narváez fundó la villa de San Cristóbal de La Habana y, casi simultáneamente Velázquez establecía la de Sancti Spiritus».[ii]
III. Argumentos espirituanos
Tomada de: Radio Reloj
El análisis de la Carta de Relación del 1 de abril de 1514 de Velázquez al Rey, demuestra que la erección de las villas de Puerto Príncipe y Sancti Spíritus nunca pudo ocurrir antes de esa fecha, pues el remitente no la menciona, olvido impensable en un informe de esa naturaleza. Desgraciadamente, la Carta de Relación del 1 de agosto de 1514, donde debió hacer referencia al origen de Sancti Spíritus y San Cristóbal de La Habana, no ha sido hallada jamás. Sin embargo, en la respuesta del Rey al Adelantado (19 de octubre de 1514) ya se habla de la existencia de Sancti Spíritus y no de la de Puerto Príncipe.
En su Historia de Las Indias, Las Casas proporciona los elementos principales para conocer en qué momento se encontraba ya establecida la villa de Sancti Spiritus y se procede a fundarla:
(…) Diego Velázquez con la gente española que consigo traía, se partió del Puerto de Jagua para hacer y asentar una Villa de españoles en la provincia donde se pobló la que se llamó de Sancti Spíritus, y no había en toda la Isla ni clérigo, ni fraile después de en el pueblo de Baracoa donde tenía uno, sino el dicho Bartolomé de Las Casas, llegándose la Pascua de Pentecostés, acordó dejar su casa que tenía en el río de Arimao, la penúltima luenga, una legua de Xagua, donde hacía sus haciendas, e ir a decirles misa y predicarles aquella Pascua.
En mi artículo: «El proceso fundacional de la villa de Santi Spiritus» concluí que el análisis de los criterios especializados sobre la fundación de la villa espirituana (Martínez-Moles, Marín García, Prieto Cápiro) con un enfoque de proceso (1514-1522) permite sostener que:
[…] entre los meses de abril y mayo de 1514 se inició el proceso fundacional, con el asentamiento de los colonizadores, aprovechando las bondades de la naturaleza de la región y de sus habitantes. No obstante, al no llevar el Adelantado un sacerdote en su hueste, la ceremonia fundacional debió haberse efectuado el 4 de junio, fecha de la festividad religiosa más importante del año consagrada a su tutelar, el Espíritu Santo, para la que Velázquez convocara a su amigo, el Padre Las Casas, encomendero en la villa de la Trinidad.[iii]
Tomada de: La voz de Cabaiguán
Sancti Spiritus es una de las pocas villas primeras que puede determinar con exactitud una fecha trascendental de los primeros años de su historia, momento en que debió haber ocurrido la ceremonia oficial de fundación, clímax de todo el proceso. La trascendencia histórica de aquel sermón fue tal, que este hecho solo hubiera bastado para conferirle al 4 de junio el carácter de fecha conmemorativa que Ie otorgaron las autoridades y el pueblo de esta localidad.
Al respecto la Dra. Pichardo señaló: «A la villa de Sancti Spiritus le cabe la gloria de que en su suelo se haya escuchado por primera vez en la Isla una voz clamando por la libertad de los naturales, voz que, si fue combatida por muchos, tuvo también muchos seguidores, y logró fijar la atención de los monarcas y del Consejo de Indias en el problema indígena y en la necesidad de hallarle soluciones mas humanas»[iv] (1986: 35).
Aunque Sancti Spiritus fue la Villa del Tuinucú solo por algo más de un lustro, en aquel asentamiento ocurrieron importantes acontecimientos que dejaron huella en la historia de la localidad, Cuba y América, como fueron el citado Sermón del Arrepentimiento del Padre Las Casas (1514); la partida del Capitán Francisco Fernández de Córdoba y su hueste para Tierra Firme, en un viaje que traería consigo el descubrimiento del Imperio Azteca y la llamada Rebelión de los Comuneros Espirituanos, que costó la vida al Alcalde rebelde Hernán López, muerto a puñaladas por el terrible Vasco Porcallo de Figueroa (1520), en un drama imperecedero que representó el primer conflicto entre los colonos y el poder central en la Isla.
IV. Sin razón de los argumentos camagüeyanos
Tomada de: Prensa Latina
En el texto de Elisdany López, Ana González y Gretel Díaz : «Fundación de las primeras villas: ¿El huevo, la gallina, Sancti Spíritus o Camagüey?»[v] se resumen varios de los argumentos pseudocientíficos, insuficientes y contentivos de aseveraciones falsas y/o confusas, que se esgrimen sobre la supuesta fundación de la villa de Puerto Príncipe, no de un simple asentamiento, en Punta del Guincho, Nuevitas, en 1514:
Hace más de 500 años que los camagüeyanos encomendaron su ciudad a la Virgen de la Candelaria, patrona de la ciudad, pues la tradición oral recoge que ese es el día de la fundación: 2 de febrero de 1514: ¿lo van a cambiar ahora si se demuestra que fue un poco antes o después?
Diferentes pruebas en este sitio hicieron sospechar sobre la presencia hispana en esas tierras antes de 1514, que pueden datar del bojeo a Cuba por Sebastián de Ocampo (1509). Seguro que ya se conocía lo que sería llamado Puerto del Príncipe.
Los hallazgos arqueológicos demuestran la data de instrumentos aborígenes y mayólica europea correspondiente al rango de los años muy próximos a 1514 según estudios de carbono 14 realizados en laboratorios de Argentina.
En la mayoría de los textos Puerto Príncipe aparece en 1514, por tanto no hay transgresión en lo absoluto.
Puerto Príncipe no fue fundado por Diego Velázquez, ni ninguna otra autoridad militar o eclesiástica de alto rango, pues el acceso al sitio de fundación no ocurrió por tierra, sino por mar por donde avanzaba el grupo de Vasco Porcayo de Figueroa que partió desde Baracoa. El Adelantado no tenía por qué estar al corriente de lo que pasaba por mar en la costa norte si él iba por tierra en una Isla aún inexplorada.
En Sancti Spíritus sostienen como irrebatibles los documentos de Velázquez y las Casas, cuando ambas personalidades no podían tener total conocimiento de lo que ocurría en toda la Isla en 1514 porque no había vías ni mecanismos de comunicación efectivos en un archipiélago selvático.
El proceso fundacional no es unidireccional. La conquista no fue conscientemente de Oriente a Occidente fundando villas, era un proceso exploratorio que aprovechaba los asentamientos aborígenes.
Esta polémica evidencia un trasfondo metodológico: la preferencia del documento escrito sobre otras fuentes, debido al apego mantenido al positivismo en las investigaciones sociales en Cuba. En cambio, este enfoque pondera la connotación cultural del establecimiento de los españoles en el lugar, el fenómeno de la “ocupación del espacio”, criterio no necesariamente simultáneo al del presumible acto oficial de fundación de la villa.
La memoria colectiva es uno de los pilares fundamentales de los análisis que desde siglos pasados se hicieron sobre el tema. Entre otros autores, Tomás Pío Betancourt en su Historia de Puerto Príncipe, publicada en las Memorias de la Sociedad Patriótica de La Habana (1839), reconoce la fecha de 1514 porque: «La tradición confirma esa verdad, y nuestros ancianos refieren haber oído que esta población estuvo primeramente en el puerto de Nuevitas».
Este autor debió consultar manuscritos generados en el XVIII principeño, cuyo paradero o destino final se desconoce, aunque Jorge Juárez Cano, en su obra Apuntes de Camagüey (1929) precisa la fecha de 1514 con el aval de un texto que parece tener a la vista, dada la prolijidad de la descripción del proceso ceremonial que, en analogía con otras villas, acompaña el acto de fundación.
Como sus antecesores, el texto de Pichardo de 1986 no sobrepasó el campo de las hipótesis, en tanto careció del expedito documento de fundación para validar sus conclusiones. Sin embargo, ya sea por la falta de recursos o el respeto académico a la exhaustiva labor de dicha autora, su tesis se convirtió en paradigma para los historiadores locales durante la década del 90, quienes, desde la entonces Sección de Investigaciones Históricas del Comité Provincial del PCC, principalmente en el libro Camagüey y su Historia, asumieron como válida la presunta fecha de 1515 con la consiguiente y difícil tarea de actualizar las afianzadas tradiciones de los habitantes desde siglos pasados.
Elda se acogió al enfoque de la existencia de un proceso fundacional que muchos hemos compartido y argumentado. Para ello se remite a las pruebas de la existencia de asentamientos españoles en el territorio que podrían remontarse a 1513 según una Memoria de la segunda mitad del siglo XIX del presbítero Antonio Miró, «Refracciones y aumento en dos naves de la Iglesia Mayor de Puerto Príncipe».
No obstante, su razonamiento acerca del texto de Las Casas Memorial de los Remedios donde apoya que se convierta en villa un asentamiento de colonos, prueba fehacientemente que esta no existía aún: «vuestra reverendísima señoría mande que una villa de los españoles, que estando yo allá querían hacer, que si no se ha hecho, que las hagan».
Esos asentamientos de Punta del Guincho y Caonao ?cuya ubicación tampoco ha sido localizada? podrían ser parte del proceso fundacional de Puerto Príncipe, pero no podía estar fundada la villa porque esa responsabilidad recaía únicamente en el Adelantado o un delegado expresamente designado por él para hacerlo, como fue Narváez en el caso de la sureña San Cristóbal.
Punta de Guincho / Tomada de: Miradas a mi Camagüey
Tampoco es aceptable su criterio de que si: «sus moradores e historiadores se debaten entre las heredadas tradiciones y los resultados académicos. ¿No sería de mayor connotación cultural respetar aquello que tiene mayor peso en la formación de la identidad?». Por supuesto que es una solución legítima, pero no puede confundirse tal decisión gubernamental/comunitaria con los verdaderos resultados científicos y anteponer la continuidad de la tradición local a las verdades de la historiografía basadas en fuentes primarias.
De lo que trata este dilema historiográfico no es de la fundación de cualquier asentamiento de colonos sino de VILLAS, núcleos poblacionales que solo podía acometer el Adelantado o personas por él comisionadas. El orden que se debate es el de las siete primeras villas, de lo contrario habría que añadir a esta lista otras localidades donde hubo asentamientos hispanos desde los primeros momentos de la conquista (Remedios) y aún antes (Las Tunas).
[i] Respectivamente en: Documentos para la historia de Cuba, tomo I. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1971, p.71 y Editorial M. Aguilar, Madrid, 1927.
[ii] Rey Betancourt, Estrella y César García del Pino: Historia de Cuba, Instituto de Historia, tomo I, Editora Política. La Habana. 1994. p. 84.
[iii]Sancti Spiritus. Aniversario 500. Fundación y conmemoración, edit. Historia, Instituto de Historia de Cuba, La Habana, 2014.
Conversamos en el patio interior de un hotel de Matanzas, la ciudad donde ambos residimos. Entre María Laura y yo solo hay una mesa y unas tazas de café ya vacías. Para terminar, le pido que mencione tres de sus deseos más urgentes. Ella mira hacia las ventanas coloniales del segundo piso y vuelve rápido con una respuesta que deja lugar a muchas dudas:
-Voy a responderte con el mismo texto que cierra mi obra: I want teatro, eso es lo primero. I want to come back, always come back. And I want to go home.
Que quiere hacer teatro por encima de todas las cosas, ya lo intuía. Ese fue precisamente el motivo por el que quise entrevistarla. No tanto para hablar de su reciente incursión en la dirección teatral, ni de Teatro Las Estaciones o El Portazo, dos grupos donde ha actuado o actúa y que le son vitales; ni de los premios obtenidos como actriz y dramaturga. Lo que yo quería saber de María Laura Germán era algo así como: Esa tenacidad tuya, ¿de dónde sale? ¿Por qué insistir en el arte? ¿Cómo es hacer teatro hoy en Cuba? ¿Has pensado en marcharte? Entonces, al final de todo, enumera en inglés sus deseos.
Yo, de inexperto, no llegué a preguntarle por qué en ese idioma. Como tampoco indagué en algo que ahora me parece aún más significativo: “I want to come back, Always come back”, dice… ¿Regresar desde dónde y hacia dónde? ¿Sería volver desde el presente al pasado, o desde el futuro al presente? ¿And to which home would you want to go to? ¿Al hogar de tu infancia? ¿O es que Cuba completa es ahora tu casa?
Para intentar comprenderla, hay que visitar su hoja biográfica. Pero antes le ponemos unos lazos azules en su pelo rojo, y un uniforme de niña de primaria.
Foto: Néster Núñez
Proveniente de una familia humilde y trabajadora, María Laura Germán nació en 1989 y sufrió, junto a su hermana mayor, los mismos apagones que todos los niños cubanos —y los adultos— en la década de los noventa del siglo pasado. Si algo la diferenció en esa época fue que sus padres no la dejaban mataperrear por el barrio con los coetáneos de ambos sexos, porque en la calle donde vivía había mucho tráfico y era peligroso. Por eso, se recuerda a sí misma detrás de una butaca en las tardes calurosas y las noches oscuras, no precisamente dando una perreta para que la dejaran salir. Al contrario, gozaba.
—Cogía los adornitos de arriba de los lápices, que eran gomas de borrar a veces con formas de muñequitos, y me inventaba unas obras de teatro para entretener a los amiguitos más pequeños. Ahí yo actuaba, dirigía y hacía todo: un unipersonal desde atrás de la butaca.
Foto: Néster Núñez
Cuando habla de la génesis de su creación, también recuerda los «festivales de arte» que hacía con su hermana, donderepetían canciones o poesías aprendidas en la escuela (a viva voz y con gestos glamorosos, imagino).
– Pero como yo era más inventora me ponía a cambiar las canciones, y mi hermana entonces decía: ¡Mamá mira, esa canción no existe, María Laura está inventando! Y ahí mismo se formaba.
«Y lo otro fue escribir. Desde chiquita imité a mi hermana, que era la que escribía unos cuentos de terror fabulosos. Empecé a escribir a partir también de la influencia de la lectura, de estar en la biblioteca todo el tiempo con mi mamá, que fue bibliotecaria desde que tengo uso de razón. Además, mi abuela por parte de padre me enseñó a mecanografiar, y viernes y sábados por la noche me dejaban darle a las teclas hasta tarde si había corriente, porque no tenía escuela al otro día.
»Ahí empecé a escribir mi primera novela. No recuerdo cómo se llamaba, solo que iba a tener 27 capítulos… Era algo de una isla con un tesoro. Bueno, claro, la influencia de lo que uno leía. Y tenía un mapa con un lago… Todo eso lo perdí. Pero son mis primeros acercamientos a la creación».
Foto: Néster Núñez
Quizá a esa infancia-isla feliz, pese a las carencias materiales, es a la que ella always wants to return. A una familia que apoyó y estimuló sus inquietudes creativas. Y no hablo de regresar en el sentido estricto de la palabra. Sería más bien permanecer, evitar que se pierda, que se separe, no la familia de ella, que sigue en el entorno cercano, sino la de muchos cubanos. Así de cruda es la realidad.
Quizá por eso en su I Want, la obra que escribió y dirige, están Pippa Medias Largas, Peter Pan y Dorothy, la dueña del perro Toto. Hijos todos de padres ausentes, de conflictos que María Laura no vivió pero que le preocupan,al punto de tener que sacárselo de adentro como si gritara.
—Yo creo que la importancia del arte, desde siempre y sobre todo ahora mismo, es esa posibilidad que te ofrece —como ser creativo que tienes una diferencia con la norma—, de gritar, de hacer una determinada demanda social.
Foto: Néster Núñez
Hay formas y formas de expresar las demandas, de salir a la calle, de gritar preocupaciones y dolores. Para María Laura es el arte. Escribe sus textos, actúa para los niños en Teatro de Las Estaciones bajo la guía de su padre Rubén, como gusta llamarle. Tuvo sus protagónicos en El Portazo de Pedro Franco y trabaja en el grupo dramático de la radio provincial. También imparte clases… Igual, tiene que luchar la comida y hacer las cosas que todo el mundo hace, pero a ella se le da de un modo distinto:
«Cuando tengo que hacer labores mundanas, como ir a la bodega… me gusta observar. No la metatranca, sino mirar a la gente… A veces me parece triste que haya gente que viva sin pensar en algo más allá de lo que está haciendo en ese momento: en levantarse, cocinar, fregar, buscar los mandados…
»Para mí es imposible vivir sin crear. No solo cuando uno ya está en el proceso de montaje de una obra, lo mismo como actriz que como dramaturga que como directora, sino el crear constante que está siempre en la cabeza del artista. Vas por la calle y ves una imagen y de pronto te haces una historia. A lo mejor sale algo y a lo mejor no. Pero dices: ¡Ño, si yo supiera fotografiar esto, sería tan buena foto!»
Habrá gente común que no la entienda, que diga que eso es evasión o estar en las nubes, y si pudieran le preguntarían: ¿Regresar al alquiler que tienes hasta que el dueño desee vender la casa? ¿Y cuándo vas a tener la tuya propia? ¿Y tus hijos? ¿Has pensado en tenerlos o te da miedo la inseguridad en la que vives? ¿Y qué haces de comida? ¿Y con el transporte?
No sé hasta dónde la realidad condiciona la felicidad de María Laura puertas adentro, cuando llega a las cuatro paredes que le sirven de refugio. Lo qué sí me dejó claro es que no se detiene:
«Hacer arte en Cuba es muy difícil, porque todo está muy difícil. Para el que crea y para el que no crea. Para el que cree y para el que no cree. Pero a lo mejor es que mi enseñanza viene de Rubén, que fundó Estaciones en el año 94, un periodo superdifícil. Y de una forma u otra, uno aprende del legado de sus padres. Tal vez verlo sacar adelante un proyecto que, por supuesto, ha tenido altas y bajas aun siendo uno de los mejores grupos de teatro de este país, me hace decir: Definitivamente, cuando se quiere se puede.
»Yo creo que todo el mundo piensa en algún momento en emigrar. En algún momento del día, una vez a la semana o al mes, me parece que pasa por la cabeza, si no de todo el mundo, de casi todos. No he pensado en hacerlo decididamente, sino que me ha pasado por la cabeza y me he cuestionado muchas cosas, y he estado harta, harta y agotada y triste y decepcionada, pero me sucede algo: y es que yo no puedo vivir sin hacer arte, y me asusta mucho irme a otro lugar solo para poder comprar comida y champú. No me parece justo. No me parece justo conmigo misma, que me he pasado la vida construyendo esto que estoy empezando a ser, o que soy… De pronto empieza a salir una María Laura de la que aquella niña que fui estaría orgullosa… y está de pin…, perdóname la palabra, irme y sí, llenarme el estómago y lavarme la cabeza y no tener caspa. Pero sin hacer arte, no puedo. Me muero de tristeza. Te lo juro. No tengo valor. Me parece que no voy a poder. No estoy dispuesta. Ahora mismo… no».
Ella quiere teatro. Por ahora no desiste. Pero el tiempo pasó y ya no es tan fácil como entretener a unos cuantos amiguitos desde atrás de la butaca. María Laura lo sabe.
Tras la pandemia de la covid-19 que afectó directamente a casi todo el planeta y las medidas de las dos últimas administraciones norteamericanas para acerar el genocida hostigamiento contra Cuba, se hizo evidente una muy difícil situación en la economía de la Isla que ha ido afectando diversos sectores y espacios de la vida.
Para algunos la situación de estos días supera las carencias del denominado Período Especial que vivimos entre 1991-1994. Sin embargo, lo que se relaciona con estas páginas es el hecho de cómo durante aquella etapa la escena cubana, acompañada por un público fiel y creciente, no solo fue capaz de resistir y sobrevivir, sino de legitimar nuevas modalidades, tal y como sucedió con el humor escénico, y de dar la bienvenida a nuevas agrupaciones artísticas, algunas aún entre nosotros.
Cual insignia de aquellos tiempos ha quedado en mi memoria la magnífica función de Manteca, por Teatro Mío, en el Festival de Teatro de La Habana de 1993, sin una luneta vacía, y la imagen soberbia de un público que llegaba a pie de todas partes y se extendía en su marcha a lo ancho de la calle Línea.
En las actuales condiciones, y a la distancia de treinta años, en el ámbito de las artes escénicas el fenómeno parece repetirse. Estos días han sido testigos del desarrollo, en condiciones extremas, de eventos provinciales que han vencido el aislamiento impuesto por la escasez de recursos y logrado la reunión feliz de artistas de varios territorios, ya sea en la geografía cienfueguera, matancera o villaclareña, mientras se suceden otros no menos significativos acontecimientos como el cumpleaños 31 de Teatro El Público, festejado junto a toda la audiencia en la función dominical correspondiente; la permanencia en escena, por más de cuatro meses, a sala plena, de Las brujas de Salem, a cargo de la Compañía Teatral Hubert de Blanck; la tercera temporada de La señorita Julia, el más reciente estreno de Teatro Buendía; los estrenos en la cercana ciudad de Matanzas del Teatro Icarón, que sostiene sobre los escenarios obras de gran significación cívica, en tanto en la ciudad de Bayamo el Teatro Andante produce, sin abandonar su acostumbrado esmero, un espectáculo tras otro y aprovecha cuanta oportunidad se presenta para exhibirlos en otras regiones junto a teatreros de toda la Isla.
Tal vez por ello no resulte inaudito el regreso a las tablas, a la entrega de cada noche, de la primera actriz Verónica Lynn, quien acaba de festejar su cumpleaños noventa y dos bajo los reflectores, rodeada de público y de colegas de varias generaciones.
Vuelve Verónica, y con ella su compañía, el Teatro Trotamundos, a la brega en complicidad con el primer actor Jorge Luis de Cabo, integrante de Mefisto Teatro, y lo hacen en la legendaria sala El Sótano, un espacio entrañable en la carrera de ambos.
La obra en cuestión es Frijoles colorados, un texto dramático de la versátil Cristina Rebull (Matanzas, 1960), quien se ha desempeñado como actriz, cantante, guionista, dramaturga y profesora, residente en la ciudad de Miami desde hace varios años. Finalista en la primera edición del Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera, en 2002, que convoca la casa editorial Tablas-Alarcos, la pieza subió sin demora a la escena de la mano de dos agrupaciones: Teatro D’Dos, en La Habana, y Teatro del Sur, en Unión de Reyes, Matanzas.
Foto: Aramís Arcute
No obstante, el presente retorno resulta un hecho histórico. Por tercera vez esta obra cubana contemporánea se representa de la mano de otro director y amparada por otra institución artística —algo inusual entre nosotros—, y resulta la base de la partitura con la cual esa leyenda que es Verónica Lynn nos permite disfrutar nuevamente su arte.
Verónica viene como protagonista y directora, y desde su conducción del espectáculo propone una lectura que va a lo raigal. Discrimina del original lo que no es absolutamente necesario y encauza el discurso espectacular, con mano maestra, sin mostrar las cartas, sobre el tema esencial de la defensa de lo propio: el espacio, la casa, la comunidad, la patria, la historia, la memoria…, en una relación de amplias resonancias en la cual cada quien selecciona su peculiar visión. Pero la construcción de la imagen final, armada sin darnos respiro, es un regalo con múltiples niveles de significación que apelan a la información y la cultura (también la cultura política) y colocan la obra en el mismo filo de nuestro acontecer como nación ahora mismo.
Foto: Aramís Arcute
La imagen, insólita, además de físicamente osada, recibe la carcajada que festeja todo feliz reconocimiento y la gratitud ante el cierre soberbio, y catapulta la ovación intensa, larga, que retribuye las magistrales actuaciones en esta jornada de tan buen teatro porque, por espacio de una hora, los dos intérpretes han recreado para nosotros, familiares, eventos, situaciones, roles diversos, con una absoluta economía de medios y una total sinceridad que los hace genuinamente vulnerables.
Sin dudas ha resultado una lección acerca del noble desempeño del actor —en una entrega sin artificios—, a la vez que un testimonio, brindado con legítimos recursos, de la imprescindible necesidad social del teatro.
Por su parte, la mayoría del público que allí se da cita realiza por estos días su particular hazaña para desplazarse por la ciudad y alcanzar las salas teatrales en condiciones de enorme constricción del transporte público y privado. Creo que ello también eleva el nivel de gozo con que identificamos a colegas, amigos, vecinos, en esta comunidad temporal que conforman las audiencias y este curioso hermanamiento que se produce incluso entre desconocidos. Una señal más del triunfo de la vida, de la belleza, del arte. De lo específicamente humano sobre los más primarios apetitos.
Algunos creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte. No estoy de acuerdo. El fútbol es mucho, mucho más que eso
Bill Shankly
El balón rueda. No importa si ocurre en las áreas o canchas de la Ciudad Deportiva, el Saborit en Playa, los terrenos de Punta Brava, Zulueta o cualquier otro rincón de la geografía cubana. En cambio, la pelota blanca con costuras rojas se ha adormecido, y es que desde hace buen tiempo en Cuba, el gol le ha ganado el pulso al jonrón.
Cuando se comparan ambas disciplinas a nivel global, cabe reconocer que el béisbol no compite con el bien llamado más universal de los deportes. Por ejemplo la FIFA, entidad rectora del fútbol, cuenta con 211 países asociados de manera oficial; en tanto la Confederación Mundial que agrupa al Béisbol y el Softbol cuenta con 190 naciones en las cuales se practica alguna de las dos modalidades.
(Foto: Irene Pérez)
Pero vayamos al terreno, que es donde los tacos rechinan, el césped se levanta, se protagoniza la danza de las gambetas y el son de bate y redonda. En esa puja intentemos dilucidar las causas que han incidido en que esa serpiente de diez cabezas llamada balompié haya engullido a un fenómeno de identidad nacional como la pelota, sobre todo en lo que a nivel de gusto y práctica se refiere entre las nuevas generaciones, entiéndase los menores de 40 años.
Primer asalto de un combate desigual
A mi juicio, la primera variable se asocia con la calidad desde la perspectiva del rendimiento de nuestras selecciones. Cuando digo calidad, no me refiero solo a la de los practicantes de cada uno de esos deportes en Cuba, donde la pelota continúa por encima del fútbol desde las categorías infantiles, amén de que más allá del avance a semifinales en el V Clásico Mundial de Béisbol, nuestras novenas desde hace buen tiempo no nos regalan notorias alegrías.
Pongamos ejemplos puntuales: solo asistimos, por invitación, a la Copa Mundial de la FIFA de 1938, aunque en las eliminatorias de CONCACAF para las ediciones de 1978 y 2006 se rindieron buenos performances con otros destellos generacionales, como aquel once antillano que casi le ganó a México en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz 2014, y que ya había lucido la camiseta en un Mundial Sub-20 del más universal.
A ello se suma que el fútbol tampoco ha escapado al fenómeno de la emigración y los mejores galones de la Tricolor, durante generaciones, han decidido probarse a otro nivel y romper su vínculo con la Asociación Cubana de Fútbol.
(Foto: Hola News)
Otro indicador de la calidad se asocia a las actuales transmisiones de ambos deportes en el canal Tele Rebelde. En los inicios del boom futbolero, se destinaban espacios como Gol 360, Gol Latino, los principales certámenes ligueros europeos, además de la Champions y la Europa League, que ofrecían partidos, documentales y otros materiales con elevada calidad.
En una pelea desigual se encontraban la pelota juvenil, Sub-23, las Series Nacionales y cualquier otro torneo beisbolero con participación cubana. Similar suerte corrían los circuitos ligueros profesionales del Caribe o Asia, y los partidos de la Major League Baseball no eran televisados.
Aunque se logró derribar ese muro levantado sobre pilotes políticos más que deportivos después del III Clásico Mundial en 2013, cuando el béisbol salió del programa oficial de las citas olímpicas de Londres 2012 y Río de Janeiro 2016, se excluyeron por no poco tiempo desafíos de franquicias en las que militasen o tuviesen protagonismo jugadores formados en Cuba.
Bajo marcados fenómenos de globalización en el deporte y ante el avance de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, era previsible que ese andamiaje en torno al fútbol irrumpiese en la Isla, con la idolatría de los niños a la imagen de Messi, Cristiano Ronaldo, Mbappé, Benzema, Haaland y otros, por encima de Luis Robert Moirán, Yordan Álvarez, Randy Arrozarena, Jorge Soler, Yuliesky Gourriel, o hasta Shohei Ohtani o Mike Trout, además de la apropiación de la mayor tajada del pastel comunicacional, mediático, de redes sociales y merchandising del fútbol, sin descuidar el fenómeno de los videojuegos e incluso, la cinematografía.
(Foto: Irene Pérez)
En este contexto, podría hacerse una encuesta entre los niños para determinar quiénes se decantan por el FIFA 2023 sobre el MLB 2023, y la balanza se inclinaría indiscutiblemente a favor del primero.
Si se agrega que como fenómeno social en muchos países, el fútbol se convierte en una especie de religión capaz de paralizar incluso las actividades cotidianas, la brecha se acrecienta pese a que hubo momentos en los que algún partido de béisbol, ya fuere de play-off en clásicos domésticos o en la arena internacional, causaba un efecto similar en millones de cubanos.
Corría la versión mundialista de México 1986 cuando comenzaron a transmitirse partidos en Cuba. Paradójicamente, sería Estados Unidos 1994 la primera edición de la Copa Mundial de la FIFA que tendríamos el privilegio de degustar completamente.
Entonces la pelota gozaba de efervescencia, encarnadas las pasiones en Linares, Kindelán, Pacheco, Germán y Víctor Mesa, Arrojo, el Duque, Ajete, Osvaldo Fernández y compañía. A esto se suman los topes de Millington con los Senadores de San Juan o los Sultanes de Monterrey como vitrinas de calidad.
Aquella era la época dorada de un béisbol que, si bien no confrontaba a nivel de selecciones con los mejores exponentes profesionales de las restantes potencias, campeaba por su respeto en cuanto escenario se presentase. Sin embargo, esa hegemonía beisbolera cubana yace adormecida desde los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, último torneo de rigor del cual emergimos campeones.
Para sellar este round recalemos en los ejemplos más recientes y connotados de ambas disciplinas: la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022 y el V Clásico Mundial de Béisbol. Según la FIFA, la final del Mundial de Catar entre Argentina y Francia fue vista en todo el mundo por 1.500 millones de personas, un 35 % más que la de Rusia 2018; en tanto, el desafío definitorio entre Japón y Estados Unidos registró 6.5 millones de televidentes solo en territorio estadounidense durante la transmisión combinada entre FS1 y Fox Deportes. Aunque representó un aumento de audiencia de un 69 % respecto a la final precedente, la diferencia respecto al fútbol es abismal.
Round dos: El demonio de la precariedad
Hay una cuestión que también incide y está ligada a la infraestructura: resulta mucho más sencillo montar un partido de fútbol que uno de pelota. Para lo primero basta con dos equipos de niños, un balón y en el peor de los casos dos vallas, palos o piedras que delimiten las porterías.
En el béisbol, además del bate y la pelota, se necesitan guantes y por las características, otro tipo de uniforme o dotación. En medio de la profunda crisis económica que vive Cuba en el deporte, el béisbol no escapa de ese agujero negro.
Nuestra industria deportiva es incapaz de producir implementos para satisfacer las necesidades de quienes practican pelota o cualquier otra disciplina en las diferentes categorías; y además, sustenta sus escasas producciones en materias primas mayormente importadas.
(Foto: AFP)
Si de cara a la Liga Élite y la Serie Nacional ha habido desabastecimiento con uniformes, bates y pelotas incluso con la firma Teammate, encargada de cubrir las necesidades de dichos certámenes, ¿qué pudiéramos esperar para otros similares de menor envergadura?
Es cierto que como país atravesamos por uno de los momentos más difíciles, pero una posible válvula de escape de cara al futuro pudiera ser el patrocinio de los equipos provinciales de pelota a los diferentes niveles, por parte de los principales actores económicos territoriales.
Podría pensarse además en descentralizar la gestión de los estadios de las autoridades deportivas provinciales y ponerlos en manos de modelos de gestión no estatal, buscando hacer del consumo beisbolero un verdadero espectáculo y así rescatar el sentido de pertenencia casi desaparecido.
A ello podría agregarse la creación de pequeños clubes que tributen a academias de talentos, capaces de abarcar todo o buena parte del proceso de formación de un pelotero hasta su edad juvenil.
La Federación Cubana de Béisbol, como organismo rector de la pelota, no desarrolla acciones a nivel estratégico en función de rescatar nuestro pasatiempo nacional. Limitaciones aparte, padece un ostracismo similar al de buena parte de las instituciones que mueven los hilos del país, independientemente de que la lid de Pequeñas Ligas pudiera considerarse una suerte de OASIS dentro de esa inercia.
Aún así, la serpiente de diez cabezas nombrada fútbol continúa ganando adeptos en Cuba y engullendo al béisbol como fenómeno sociocultural de la nación. De la llama que prendió el V Clásico Mundial de Béisbol y el rendimiento del Team Asere entre la población cubana, apenas se sostiene un halo de luz. La pelota no escapa al fenómeno de desprendimiento social o desentendimiento que manifiestan las nuevas generaciones respecto a elementos de identidad, halados con fuerza por la globalización de la industria del balompié.
Me gustaría pensar que en un futuro no lejano esa realidad podrá revertirse, y se verá en cualquier rincón de Cuba a niños armando pitenes de pelota, en lugar de correr tras una esférica blanquinegra. Pero a veces peco de ser muy optimista.
Es atractivo ser activista de derechos humanos. Te da un aire como de modernidad y justeza, como de quien está del lado correcto de la historia. Los derechos humanos son saco amplísimo en el cual caben las causas y el llanto de toda la humanidad, pero lo mejor de todo, es que no tienen ideología, ni escogen bandos, además, son reclamados desde cualquier lugar de enunciación. Sin embargo, la pregunta que siempre me hago es ¿qué derechos, para qué humanos?
La ciudadanía es entendida por el sociólogo británico Thomas Humphrey Marshall como el «status que se otorga a los que son miembros de pleno derecho de una comunidad […] [que] son iguales en lo que se refiere a los derechos y deberes que implica». No obstante, cabe preguntarnos si bajo las relaciones capitalistas de producción, partimos todos de la misma línea de meta. Si ese derecho mínimo de bienestar económico del que habla el autor es generalizado, o es solo el espejismo del capital y qué valores encarna ese «ser civilizado», ante qué estándares sociales. Por tanto, la concepción ideal y abstracta de la ciudadanía, proclamada desde los imperialismos de «la libertad», es el arma de manipulación más filosa de las sociedades modernas.
Durante la época medieval, según el teórico alemán Reinhard Bendix, no existían las clases sociales —como las entendemos hoy en día— y un hombre solo podía modificar el estatus por la «benevolencia personal» —y por ende arbitraria— de su amo. En este sentido, el dueño del feudo tenía —formalmente— más posibilidades de participación política que su vasallo o su mujer. Para el autor, es con la Revolución Francesa y la secuela napoleónica que se destruye ese sistema de privilegios y se «inauguran las democracias de masas del mundo moderno».
El 28 de agosto de 1789 en Francia se proclama la «Declaración de los Derechos del Hombre» que reconoce la propiedad como inviolable y sagrada, así como el derecho de resistencia a la opresión, la seguridad e igualdad jurídica y la libertad personal. Sin embargo, esos derechos no son entendidos para las mujeres y por esto en 1791 la feminista Olimpia de Gouges escribe la «Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana» en la cual señala que «la mujer tiene el derecho a ser llevada al cadalso y, del mismo modo, el derecho a subir a la tribuna…».
Retrato de Olympe de Gouges / Tomada de: BBC
Las mujeres que alzan su voz en esta etapa de inauguración de las «democracias» modernas, son reprimidas. Hasta la propia Olimpia es guillotinada por su participación en la política. No es hasta 1920, que tras la lucha de las sufragistas se aprueba el voto femenino en los Estados Unidos y no es hasta 2001 que en Países Bajos se aprueba por primera vez en el mundo el matrimonio igualitario. Lamentablemente, se tuvo que esperar hasta 1948 para que la esclavitud se declarase ilegal en la «Declaración Universal de Derechos Humanos» y la última nación en abolirla es Mauritania en el no tan lejano de la actualidad, 1981. Por ende, no podemos hablar de ciudadanos «iguales ante la ley» tras la revolución francesa.
Marxismo y ciudadanía
Desde el punto de vista de Marx, la ciudadanía moderna era un progreso limitado respecto al pasado feudal por su carácter meramente político y «porque el mercado, en el que ella se reproducía, enmascaraba la desigualdad económica de la sociedad moderna». Si bien, el marxismo tradicional señala el carácter clasista del concepto de ciudadanía moderna, no remarca otras particularidades y opresiones que también están encarnadas en el sistema capitalista y limitan el acceso a esa «libertad ciudadana».
Tomada de: Partido de los Trabajadores (Uruguay)
Según la académica y feminista marxista, italo-estadounidense, Silvia Federici, Marx no contempla que en el proceso de acumulación originaria no solo se separa a los campesinos de la tierra, sino que los procesos de producción y reproducción se dividen en la producción para el mercado y de mercancías, así como la producción desde los hogares de esa fuerza de trabajo.
Por ello, es insuficiente en el caso de las mujeres, por solo poner un ejemplo de la influencia de la opresión en sectores subalternos, la categorización de Marx como proletariado homogéneo, debido a que su condición de clase está atravesada por una doble explotación, la del capital y la del patriarcado. Cabe cuestionarse entonces, si al terminar la explotación del capital, terminaría, por transitividad, la explotación del patriarcado, la colonialidad y otros sistemas de opresión.
Derechos en la posmodernidad y violaciones trasnacionales
Eleanor Roosevelt primera Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos / Foto: Naciones Unidas
La Organización de Naciones Unidas (ONU) define a los derechos humanos como inherentes a todas las personas, más allá de la «raza, sexo, nacionalidad, origen étnico, lengua, religión o cualquier otra condición». Entre ellos se encuentra el derecho a la vida y a la libertad; a no sufrir esclavitud o torturas; a la libertad de opinión o expresión, a la educación; el trabajo y muchos otros.
La Declararación Universal de los derechos humanos es aprobada por la referida organización entre 1945 y 1948, como consecuencia del holocausto nazi, en el cual se exterminaron a unos 6 millones de judíos. Sin embargo, durante los procesos de colonización de África, llevados a cabo por potencias europeas, murieron muchos millones más y cuántas habrán sido «las brujas» llevadas al cadalso como De Gauges.
Se entiende como resultado de la evolución ética de la humanidad, la naturaleza del proceso evolutivo y cultural de ensayo error, que supone la formación de los Estados nacionales y la posterior articulación de organismos globales que velan por los derechos humanos; pero nada es casual: las condiciones para centrar la mirada en el discurso de los derechos humanos maduraron cuando los afectados fueron blancos europeos.
Por demás, es obvio que la existencia en abstracto de un compendio de derechos trasnacionales que deberían ser otorgados por nacimiento, no garantiza la no violación de estos. Basta mirar el resultado de las guerras en el medio oriente, patrocinadas por la injerencia de potencias imperialistas, para entender que el derecho a la vida o al no sufrir torturas ha sido violado sistemáticamente.
Prisioneros en la cárcel norteamericana de la Base Naval de Guantánamo / Tomada de: La Vanguardia
Cabe preguntarnos, además, el rol de la injerencia de los imperialismos —voceros por excelencia del discurso de los derechos humanos— en países tercermundistas y su violación de estos de manera directa o indirecta. ¿No es acaso el neoliberalismo el principal causante del desempleo, las violaciones de derechos laborales, las migraciones forzosas de índole económica y otros fenómenos que vulneran el régimen de derecho universal?
La socióloga, escritora y profesora neerlandesa, Saskia Sassen explicita que lo global trasciende los marcos del Estado-Nación y simultáneamente habita en lo local. Entender actualmente a los Estados como único contenedor de los procesos sociales y por demás como los vulneradores exclusivos de los derechos humanos, es cuando más aberrante.
El economista y sociólogo brasileño, Ruy Mauro Marini, plantea que tras el fin del ciclo de desarrollo capitalista tras la Segunda Guerra Mundial, con la recesión norteamericana de 1967, ocurre un proceso de exclusión económica y empobrecimiento de los países subdesarrollados. Nuevamente el tercer mundo danza a la par de lo que los teóricos de la dependencia plantean como países centrales. Aunque la teoría de la dependencia ha sido superada en disímiles aspectos por la realidad en el advenimiento del siglo XXI, la caída del muro y la evolución neoliberal de finales del siglo, vale la pena partir este análisis de la relación centro-periferia para entender algo muy simple: la violación de los derechos humanos tiene carácter trasnacional y su motor se encuentra en la esencia misma de los países que se dicen voceros por excelencia de estos.
Tomada de: oxfamintermon.org
Las economías trasnacionales son aseguradas por la presión de los países centrales a los periféricos, a través de mecanismos como la deuda externa, o el apoyo desde el exterior a las facciones políticas internas que más se adecúan a sus intereses. Una de las consecuencias de dicho proceso internacional de competitividad económica fue que, para crear saldos exportables, los gobiernos afectaron la calidad de vida de sus ciudadanos, mediante rebajas de presupuestos sociales con las consiguientes desprotecciones que presupone para los más vulnerabilizados.
Este simple análisis devela el mecanismo básico de cómo se exporta la violación de derechos humanos desde los centros de poder: injerencia en países de la periferia, dictaduras convenientes, la deuda externa como moneda de cambio y que la población paga con su sudor y marginalización.
No son los Estados nacionales los únicos y directos responsables de la violación de derechos humanos; de ahí que me parezcan absurdas las listas que tanto elaboran los organismos internacionales de Estados que violan tal y cual derecho; para empezar, los imperialismos que conforman los bloques de poder deberían encabezarlas.
Cuba en la encrucijada
Cuba lleva alrededor de 60 años bloqueada económicamente por los Estados Unidos, cada cierto tiempo asistimos al rechazo por votación de dicha medida de injerencia económica y política por parte de la mayoría de los países que conforman la Organización de Naciones Unidas, no obstante, es letra muerta y en intenciones se queda cualquier resolución.
La consigna de plaza sitiada es a su vez la excusa para aplicar mano dura en materia de disenso dentro de la Isla. Si bien la Constitución contiene buena parte de los derechos civiles, en la práctica no se cumplen, por factores que van desde la termidorización (proliferación de posturas conservadoras en una Revolución) de quienes detentan el poder político, hasta la influencia trasnacional de otros poderes hegemónicos.
Existe toda una línea de investigación académica que analiza los orígenes republicanos de los socialismos. Muy someramente, en el caso cubano podríamos decir que se trata de una mezcla insólita que bebe de lo que me gustaría plantear como dos tendencias reconocibles dentro de los sistemas y militancias socialistas:
La tendencia autoritaria, que a largo plazo se termidoriza. Los burócratas se enquistan en el poder, aplican mano dura bajo la excusa ideológica de que es necesario para mantener las conquistas ante la agresión externa, y a largo plazo se convierten de casta en clase, mediante brechas legales que suavemente les garantizan la propiedad de los medios de producción, sin, necesariamente, bajar las banderas del signo ideológico. Algo así ocurrió en la URSS, en este caso con el fin del sistema socialista, y en China con una transición hacia un sistema capitalista de Estado.
Tendencia hacia los socialismos democráticos a los que históricamente ha aspirado la «izquierda crítica cubana». Este sector tiende a ser crítico con la estalinización de las experiencias de izquierda y apuesta por salidas inclusivas de carácter comunitario y por la convivencia de libertades políticas, religiosas, culturales y de expresión en un régimen económico socialista de distribución de la riqueza
En Cuba tenemos de ambas, repartidas de maneras muy heterogéneas entre la sociedad civil y quienes ocupan posturas estatales, que se dirimen entre la estructura de oportunidades políticas cerrada que se configura en el contexto cubano, las prebendas que otorga el Estado, el asedio de los cuerpos represivos y por supuesto, la necesidad de migrar por cuestiones económicas, políticas o de superación intelectual. Lo triste es que muchas veces los intelectuales críticos en espacios estatales son vomitados por el sistema, les cae un rayo de los termidores o deciden salirse de las instituciones por contradicciones con su aparato burocrático.
El dilema de la transición al ¿socialismo?
Cuba pasó de ser colonia de España, con una economía extractivista, a un republicanismo subordinado a los intereses de los Estados Unidos, lo cual la convirtió en el laboratorio neoliberal de esa potencia para América Latina. Dicho estatus, si bien le permitió algunos privilegios, —grandes construcciones y llegada temprana de tecnologías— eran aprovechados principalmente en centros urbanos y por los estratos medios y altos, mientras, en los espacios rurales y periféricos prevalecía una altísima situación de precariedad.
Estas contradicciones, sumadas a los crímenes cometidos durante la dictadura de Fulgencio Batista, dieron paso a una Revolución cuyas aspiraciones de soberanía y protección a las clases más desfavorecidas entraron en disputa con los intereses imperiales del vecino del norte. Por otro lado, en un contexto de Guerra Fría, la naciente Revolución fue abrazada por la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que la convirtió en la vitrina de modelo de socialismo en América Latina.
Fidel Castro junto a Nikita Jrushchov, Leonid Brézhnev y Emilio Aragonés / Tomada de: Cubadebate
A partir de ahí, transitó hacia un Estado que construyó sus nuevas estructuras sobre las bases de un estalinismo que combina la protección con el autoritarismo: ha enseñado en sus escuelas el marxismo-leninismo de manual y posee un parlamento en el que prima la unanimidad y no el debate plural de todas las tendencias que hay en la sociedad, pero también ha garantizado derechos fundamentales como la educación y salud gratuitas —en menor o mayor escala de calidad y afectadas en los últimos tiempos por la crisis económica que le aqueja y el bloqueo económico norteamericano.
¿Qué tenemos hoy?
Hoy somos un Estado que pasó de la homofobia y ateísmo como política nacional, a la aceptación de libertades religiosas, la aprobación del matrimonio, reproducción y adopción igualitarios. Asimismo, concedió desde sus inicios derechos a las mujeres, como es el caso del aborto y todo tipo de garantías que viabilizan su inserción social equitativa, por el contrario, aún no reconoce la existencia del feminicidio en su corpus legal.
Un Estado que se dirime entre el parlamentarismo y la existencia de un partido único, que constitucionalmente está por encima de las estructuras del propio Estado. Se trata también de un sistema electoral que desde la base está controlado por la influencia de ese Partido, que, a pesar de no postular, más del 95% de los diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular son sus militantes directos o indirectos —del Partido Comunista de Cuba, o de su organización juvenil, la Unión de Jóvenes Comunistas—. Asimismo, aunque los integrantes del Parlamento son ratificados en la base, son seleccionados por una Comisión Electoral integrada, según la Ley, únicamente por las propuestas de las organizaciones de masas reconocidas oficialmente, y con un fuerte vínculo partidista.
Votación en el Parlamento Cubano / Tomada de: Cubadebate
Entonces, ¿Qué sucedería si una persona equis, con un historial de disenso político fuera propuesto como candidato en esas elecciones de base?, pues su carrera política pasaría por los filtros de la mencionada Comisión de Candidatura, que nunca lo dejaría convertirse en diputado. Además, su elección y posterior mantenimiento en el cargo de delegado de base estaría siempre siendo torpedeada por los Órganos de la Seguridad del Estado.
No bastaría con que toda la vecindad fuera alertada a nivel privado de las consecuencias de votar por esa persona equis, sino que suponiendo que se imponga la voluntad popular, a mayores instancias donde el voto se delega a los elegidos en otras comunidades, o propuestos por las organizaciones de masas, la orientación desde arriba sería que equis no pase el filtro para representar a la comunidad en la instancia superior.
¿Y qué pasa con el disenso?
En cuanto a la persecución del disenso en Cuba es necesario situar en contexto. Al inicio de la revolución cubana, parte del disenso venía en barco y con armas a protagonizar una invasión armada, no son pocos los ejemplos de ataques reales gestados desde los Estados Unidos para destruir desde adentro al nuevo sistema político que, a noventa millas de sus costas, proponía socialismo riéndose en la cara de años de aplicación de la Guerra Fría.
La figura del disidente se enquistó en esas condiciones y puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que ha sido un pilar de la creación de consenso en torno al enemigo común, porque se trataba de un país en guerra, de una plaza sitiada. Durante el llamado Quinquenio Gris (1971-1976), se aplicó mano dura a los llamados «desviados ideológicos» — homosexuales, artistas, rockeros, y otras personas que no se correspondían con la imagen del «hombre nuevo»—; se cometieron múltiples injusticias, como las expulsiones en las universidades y centros de trabajo, sumado el recrudecimiento de la censura, pero esto no significó para las mayorías esa ruptura de consenso en torno al sistema político, y esto quedó demostrado con la inmensa aprobación popular de la Constitución de 1976.
Heberto Padilla, uno de los intelectuales censurados y acosados durante en Quinquenio Gris / Tomada de: El Mundo
La criminalización del disenso en Cuba sí ha supuesto violaciones flagrantes de derechos humanos; pero si hago la lectura anterior del contexto en que ocurren estas violaciones, es porque el proceso de termidorización en la Isla tiene mucho que ver con la influencia norteamericana y el aislamiento y acoso internacional al que ha estado sometida. En guerra es difícil que florezca la democracia.
No limpio de culpa a los burócratas, no expío de sus errores a los «líderes históricos», pero, si bien en América Latina es el neoliberalismo el principal motor de la violación de derechos humanos, en Cuba es el aislamiento económico, la lucha por la supervivencia constante y las agresiones externas. Ese niño deforme llamado Estado cubano, nació bajo las balas, se configuró para resistir y heredó esa violencia y rectitud para sobrevivir, también educó a sus hijas e hijos para ello, aunque buena parte de las nuevas generaciones estén decidiendo partir y otros se le hayan rebelado.
Leonardo Romero Negrín en una protesta ciudadana
Curiosamente, muchos de esos hijos se han constituido también en una sociedad civil trasnacional y una facción no despreciable de esa sociedad civil se dirime en una polarización —también alentada por los centros conservadores internacionales— que promueve en ellos el rechazo y reacción de toda forma de izquierda, incluso hasta las menos autoritarias. Y no les culpo, en su propio país no pudieron realizarse económicamente, ni aspirar siquiera a acceder espacios de poder o al menos a una participación política real.
Por demás, parte de esa sociedad civil trasnacional se ha convertido en un arma de los imperialismos para continuar atacando a Cuba y así se replica el ciclo de las presiones políticas. Denuncias trasnacionales de violaciones de derechos humanos cometidas por un Estado sometido a las presiones de quienes se proclaman bandera de los derechos humanos —y también los violan en su territorio.
Es simple, vas a quejarte con tu abuelo de que tu papá te golpea y de paso, te conviertes en un golpeador furibundo de todo lo que te recuerde a tu papá. Así funciona la polarización, así se replica la violencia. Solo que en esta historia el abuelo y el padre son inmortales, como el capitalismo o el PCC.