Con la Asamblea de Cineastas asistimos al ejercicio de un modelo de diálogo y participación ciudadanos que está sentando cátedra en nuestra historia de las últimas seis décadas. El suceso, nacido en relación con el cine, lo trasciende y pide convertirse en la gran y permanente realización cultural de esta nueva Cuba con todos y para el bien de todos.
En días recientes el Grupo de Representantes de la Asamblea de Cineastas Cubanos convocó desde su página en Facebook a una nueva sesión plenaria de la Asamblea para este 20 de septiembre en su habitual espacio del cine 23 y 12.
Las declaraciones del resto de los integrantes de la Asamblea destacaron por su concisión, precisión, honestidad y firmeza. Altura intelectual y cívica como no recuerdo haber visto reunidas antes en un auditorio.
Durante el período especial la escena cubana, acompañada por un público fiel y creciente, no solo fue capaz de resistir y sobrevivir, sino de legitimar nuevas modalidades y de dar la bienvenida a nuevas agrupaciones artísticas. La obra en cuestión es Frijoles colorados, un texto dramático de la versátil Cristina Rebull (Matanzas, 1960), quien se ha desempeñado como actriz, cantante, guionista, dramaturga y profesora, residente en la ciudad de Miami desde hace varios años.