El racismo persiste enraizado en la sociedad cubana…¿tenemos conciencia de esto?

Por: Jorge Morales

Soy cubano y negro, sin orgullos ni prejuicios, simplemente lo soy. Mi abuelo es español, mi tatarabuelo esclavo combatió con Quintín Bandera, y mi familia étnicamente es un ARCOIRIS.

Recientemente conversando con una compañera de trabajo me entero de orientaciones generales para promover en cargos de dirección a mujeres y negros. Me resultó risible esto, por que no veo condición en ninguna de estas características nada para obtener un cargo, simplemente veo la capacidad, inteligencia y transparencia como principales baluartes para tal.

La compañera me dijo que no entendía por qué esto y de hecho no sabía la existencia del racismo, y cuando conversé con ella y le di ejemplos, se quedó perpleja. En lo personal me molesta mucho la frase “es política de cuadros”, ¿y qué es un cuadro?, yo no tengo ni idea, pero mezclar racialidad o sexo con capacidad para ocupar un puesto, es cuanto menos risible, y esto lo digo como negro.

Miliciano Cubano. Foto tomada de Internet

Por Eduardo

¿Y tú que haces aquí?
Pregunta del Comandante en Jefe Fidel Castro al único mercenario negro de la Brigada 2506.

Hoy deseaba dedicar un post a la infame inclusión de Cuba, por parte del gobierno yanqui, en una espuria lista donde mi Patria clasifica entre los países practicantes del inmundo tráfico de personas. Sin embargo, la lectura del artículo de Tatu acerca de Laritza Diversent, así como la respuesta de la joven abogada, me motivó a cambiar el tema a abordar en mis comentarios, y referirme a un tema que conozco bien de cerca, y del que he leído un poquito, la cuestión racial en Cuba.

Me motiva asimismo la novedosa aparición de líderes negros dentro de la contrarrevolución cubana, que paradójicamente ha sido heredera de las tendencias más reaccionarias del pensamiento político cubano, lo cual incluye la discriminación al sector negro y mestizo de nuestra población. En nuestras guerras libertarias, el sector dirigente de la burguesía nacional, encabezado por Carlos Manuel de Céspedes, fue más lejos que ningún otro grupo revolucionario en la historia de América. Desde que se inició la lucha en la Demajagua, Céspedes otorgó la libertad a sus esclavos propios, y los llamó hermanos, y días después, ya en sus funciones de Jefe de la Revolución decretó la Abolición de la Esclavitud en el territorio de la República en Armas.