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Mano de obra en Cuba

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A pesar del auge de la robótica y la quimera futurista de las IA`s nada ha podido sustituir a la fuerza de trabajo como elemento activo y primario de la producción y los servicios, desde las simas del mar hasta la exploración espacial. En todos los  países su nivel de explotación es un indicador por el que se vela cuidadosamente.

Desde el punto de vista humano, la existencia de una permanente sobrepoblación obrera, a merced de las necesidades cambiantes del capital, constituye una afrenta burguesa a la dignidad humana y una muestra de cómo el obrero constituye un apéndice de la máquina y no al revés. Por eso, al  triunfar gobiernos de vocación socialista  es natural que se tomen medidas para garantizar el pleno empleo y ahí aparece un nuevo problema: no es lo mismo tener a todos los obreros empleados que ocupados.

En el caso cubano, con una economía subdesarrollada y bloqueada, junto a un monto anual de inversión muy deprimido, la situación está como para ponerse a pensar hasta que los axones nos echen chispas. Veamos algunas aristas de la cuestión. A inicios del Proceso de Actualización (2006-2008) –por cierto: ¿alguien puede decirme cómo va eso?? se planteó que sobraba un millón y medio de trabajadores y que se haría un proceso de ajuste para dejar solo los necesarios según la lógica empresarial. Diez años después el ímpetu de aquellas proclamas se ha enfriado. Es que aplicar tal política masivamente rompería uno de los pilares del contrato social en el socialismo real.

Ocurre que cuando se establece este modelo los trabajadores empiezan a recibir determinados beneficios: educación y salud gratuitas, seguridad social para todos, igualitarismo, precios bajos y estables y, como pilar central, la garantía del pleno empleo. A cambio de sus derechos políticos enajenados por la burocracia hegemónica y su escasa participación real en la toma de decisiones, adquieren el derecho a gozar de esos privilegios paternalistas.

Por eso es que en la Cuba de los 90, ante la debacle del Período Especial y la decisión mayoritaria de preservar las conquistas del socialismo, fue esa una de las preservadas. No hubo más remedio político que mantener ocupados y asalariados a millones sin empleo real, aunque el valor del peso cayera por debajo del kilo. No obstante, hoy la situación no es ya la misma que hace veinte años pues se ha venido trabajando desde hace rato, pero ahora salen a la luz otras contradicciones.

En lo teórico, la decisión de buscar una eficiencia económica nunca antes lograda, plasmada en los Lineamientos del VI Congreso PCC (2011) y ratificada en el VII como “Lineamientos 2016-2021” y “Plan 2030”, pasa por la extensión de la lógica del capitalismo de estado que impregna desde hace un buen rato a su primo hermano: el socialismo de estado, lo cual implica emplear solo la fuerza de trabajo que requiera la empresa. De ahí la proliferación de las largas listas en las bolsas de empleo del turismo, mientras los aspirantes siguen con sus ocupaciones habituales.

En la práctica ha sido muy positivo el incremento sostenido de los empleados en el sector privado/cuentapropista y el cooperativo, los que ya asumen a más de medio millón de trabajadores provenientes del sector estatal. Pero este mecanismo puede ser un arma de doble filo pues los que se van para estos sectores –igual que los migrantes económicos– no se van porque sobraron, sino porque son de los mejores trabajadores de las empresas afines y migran en busca de mayores ingresos.

Por otra parte, permanecen en el limbo las soluciones ocupacionales para los sectores de la educación, cultura y administración pública –con el pretexto ominoso de que no producen? donde los incrementos salariales han sido mínimos y no se cierra el drenaje de sus plantillas hacia otras ramas de la economía cubana, o planetaria. Allí la problemática es crónica y poco falta para que empiecen a colapsar instituciones por la falta de mano de obra.

Un elemento archiconocido pero al parecer intocable es el de las trabas burocráticas en el tema de los empleos y los salarios. Ejemplo de ello es que empresas extranjeras hayan traído trabajadores indios para construir en Cuba, ante la mirada atónita e indignada de obreros y transeúntes, por los problemas que les acarrea la contratación de trabajadores cubanos.

En este entorno se hace necesario, además del añorado fin de la doble moneda y la subcontratación del personal cubano por entidades mediadoras, una nueva política salarial de país, moderna y uniforme, que ponga fin a experimentos absurdos y parcializados a nivel de empresas y sectores, guiados por la lógica capitalista más elemental. Asimismo, el incremento de las pymes –estatales, cooperativas y privadas? que, en toda América Latina, proliferan en la agricultura, la industria y los servicios. Porque al final estas emplean muchos más trabajadores que las grandes inversiones del capital trasnacional que, por demás, nunca acaban de venir.

El legado de Guiteras

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legado

Para entender las razones que tenemos para defender y mejorar nuestro proyecto social no basta con recordar en qué condiciones estábamos antes del 1959 cuando el país era gobernado por un corrupto que llegó a tener a un capo de la mafia como asesor de turismo, sino que tenemos que mirar en qué situación están los países del área que viven en el capitalismo tercermundista que nos tocaría a nosotros.

Si alcanzar el nivel de desarrollo de Noruega o Canadá es tan sencillo, como nos dicen, entonces ¿por qué ningún país del área lo ha alcanzado? Para comparar a Cuba obvian la situación de aquellos países donde impera la droga, las pandillas y la violencia y acuden siempre al caso de Barbados como ejemplo.

No pretendo diseccionar estadísticas para comparar a Barbados con Cuba, pero es inevitable mencionar algunos datos para hacer el análisis.

Según Index Mundi Barbados tiene una población de alrededor de 292 000 habitantes. La tasa de mortalidad infantil es de 10,5 por cada mil nacidos vivos y la expectativa de vida al nacer es de 75 años. Cuba tiene una población de 11.179.995 habitantes, con una mortalidad infantil de 4,5 y una expectativa de vida al nacer de 78, 7 años.

En el año 2016 en Barbados las exportaciones tuvieron un valor de 466, 7 millones de dólares. El 11,9 % de esas exportaciones fueron hacia los Estados Unidos. Las importaciones tuvieron un valor de 1575 millones de dólares. El 31 % de las importaciones proviene de los Estados Unidos.

Mientras Barbados es uno de los destinos preferidos por los turistas norteamericanos en el Caribe, con un crecimiento de más del 11 % en el 2017, a Cuba les está prohibido viajar libremente.

El bloqueo impide a Cuba exportar a los Estados Unidos y las escasas importaciones que se permiten deben ser pagadas en efectivo, algo que no ocurre en otro lugar del mundo.

Si se pretende realizar una comparación entre Cuba y otro país del área primero hay que ponerlos en igualdad de condiciones, en este caso habría que restarle a Barbados el intercambio comercial con los Estados Unidos y sumarle las limitaciones para que lleguen turistas de ese país.

Además, habría que tener en cuenta otros aspectos como la imposibilidad de realizar operaciones con dólares o adquirir productos que tengan más de un 10 % de componentes norteamericanos, entre muchas otras limitaciones que impide el bloqueo norteamericano a Cuba.

Hace más de 80 años Antonio Guiteras dijo que “… Para que la ordenación orgánica de Cuba en nación alcance estabilidad, precisa que el Estado cubano se estructure conforme a los postulados del socialismo. Mientras, Cuba estará abierta a la voracidad del imperialismo financiero.

Viendo la realidad que nos rodea, nada me convence de que la alternativa hoy sea otra.

Los millones de LJC

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millones

Ayer La Joven Cuba alcanzó los 4 millones de lectores. Lo hicimos sin entrar en los circuitos promocionales comunes en la política nacional, sin extremismos o la docilidad que premia tanto a cómplices de una política de cambio de régimen y quienes creen que una revolución se defiende silenciando sus problemas. Más orgullo aún, crecer en tiempos donde la crítica dejó de estar de moda, donde «hay que buscarse problemas» es una frase ausente del discurso nacional.

Hemos conocido buenos y malos tiempos. Hoy para criticarnos tienen poco por dónde agarrar en nuestros escritos así que apelan a nuestra participación en eventos y mis estudios de maestría en el extranjero, son razones falsas. Hace 5 años sin poner un pie en un avión e impartiendo clases en una universidad de provincia ya habían intentos de silenciarnos, de desaparecer LJC, de ahogar el bebé en la cuna porque un ejemplo de que se puede ser revolucionario sin necesidad de estar subordinado a una institución, era algo demasiado nuevo para ser tolerado.

Creamos LJC casi a escondidas y en los primeros meses algunos funcionarios del Partido en la universidad nos veían con recelo, mostrando poca o ninguna ayuda y sí esperando a que cometiéramos un error para mostrar que ellos siempre desconfiaron de nosotros. Y eso que los 3 fundadores de LJC éramos el secretariado de la UJC en ese momento. La administración fue mucho más consecuente porque nos conocía, la rectoría nos apoyó hasta donde le fue posible, hoy no sabemos si en algún momento pagaron un precio por ello.

Un día (creo que en el 2011) llegó a la universidad una camioneta del Comité Central, con funcionarios que se presentaron y pidieron vernos. Era la comisión de trabajo que en ese momento atendía a los emigrados y las relaciones con ellos, venían a conocer de nuestra experiencia y ver cómo podíamos aportar, conversamos con gusto. Fue una de esas reuniones en las que los críticos más recelosos de tu universidad, se convierten mágicamente en los mejores amigos y el mayor apoyo de LJC, tampoco los hicimos quedar mal.

También hubo buenos tiempos, participamos en eventos nacionales, hubo intercambio de experiencias con autoridades locales y nacionales, durante par de años hubo oficialmente una buena relación entre La Joven Cuba y las autoridades políticas del país, no con funcionarios e instituciones específicas como es ahora. Pero se demostró que era posible una relación de respeto y participación política con autonomía, porque en los momentos de mayor relación, también tuvimos total libertad editorial. El hecho de que el presidente animara a cambiar de mentalidad y promoviera el pensamiento crítico, sin dudas era una ayuda para que esto ocurriera.

En los días que cumplíamos 3 millones de lectores, esta relación fue saboteada por una alta funcionaria del país que ya nadie recuerda y prefiero no mencionar, durante 8 meses, del 2012 al 2013, lo tuvimos muy difícil para bloguear. Sin ninguno de los pretextos de hoy, el contenido de lo que decíamos era la razón para callarnos. Como una revolución no es tal si no tiene revolucionarios en ella, las fuerzas más progresistas dentro del Estado nos apoyaron y salimos adelante de esa crisis. Seguimos creciendo.

Cuando ocurrió el 14 de Diciembre de 2014 y se evidenció una nueva política de aproximación a Estados Unidos, en las que defenderíamos la soberanía no desde trincheras sino en el cuerpo a cuerpo político, a través de la interacción, interpretamos que ese método no era una prerrogativa de nuestros funcionarios sino que los ciudadanos también podríamos hacerlo. Empezaron entonces los eventos internacionales, donde defender el proceso de normalización de relaciones y la soberanía nacional fue un nuevo reto. No éramos ingenuos a las intenciones de quienes invitan, pero siempre creímos estratégico aprovechar nuevos espacios, evitar que los conquistaran otros, decíamos nuestra parte y apoyábamos la agenda nacional. No fue interpretado así por algunas autoridades.

En el 2018 todavía existen los que ven a la sociedad cubana como ente pasivo que se limita a apoyar políticas gubernamentales. Participar nosotros de forma autónoma, incluso apoyando las políticas de Raúl, se convirtió en el pretexto para descalificarnos luego. La realidad es que dentro del aparato gubernamental siempre han existido los que ven con recelo el proceso de cambios, y le han hecho resistencia pasiva al mismo Raúl, incluso a su nombre.

Ahora alcanzamos otro millón de lectores, sin que nos promuevan en la televisión o nos presenten en giras nacionales por universidades y centros de trabajo, sino escribiendo. Las campañas de descalificación no han hecho el efecto esperado, la intención de hacernos radioactivos para ahogar a LJC, ya no en la cuna pero sí nuestro ejemplo de ser autónomos, persiste. Frente a esa posición esquemática de algunas, oportunista de otros, e ignorante de nuestra historia por parte de otros, se enfrenta el sentido común de funcionarios del Estado y el Partido, intelectuales y amigos que nos siguen respaldando.

Ya regresarán Cuba y LJC a la normalidad, mientras tanto, celebremos no los números que alcanzamos sino el contenido de lo que hacemos, y el valor que esto tiene para el país.

Mientras espero

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Esporádicamente nos ofrecen noticias acerca de la zona franca del Mariel. Siempre contienen expectativas futuras. Es lo habitual en nuestros proyectos. Aunque ello contrasta con las informaciones que durante la fase de concepción y montaje del lugar se dieron a conocer. Era el megaproyecto. Y lo raro es que por los beneficios que prestan las zonas francas, tienden a progresar con rapidez. Mientras espero que esto ocurra, evidentemente sin prisas como todo lo nuestro, recuerdo una experiencia similar en la vieja república.

En la década del treinta hubo un hecho de trascendental significado para la expansión económica de la provincia de Matanzas. El 14 de septiembre de 1934, por decreto ley no. 490 del presidente Carlos Mendieta, el puerto yumurino fue declarado zona franca, es decir, las mercancías que recibía y exportaba estaban libres de impuestos. Comenzó sus operaciones ese mismo año y su atractivo eslogan era: “Zona franca de Matanzas. En el cruce de las Américas”. Apenas tres meses pasaron entre la aprobación y el funcionamiento, aunque la terminación definitiva de todas las instalaciones tuvo lugar en 1937.

Se ubicaba en el ala norte del puerto, y sus oficinas y almacenes ocupaban 83 acres. Estaba equipada con potentes equipos, los más modernos de la época, para garantizar el pronto despacho y entrega de las cargas, y sus almacenes eran amplios y seguros.

Por lo que parece, se vieron muy pronto los resultados y la recepción fue positiva. Hasta un danzonete se le dedicó, cuyo título era “Zona franca en Matanzas”, con música original de Aniceto Díaz –el Rey del danzonete–  y letra de Alberto Lovio, ambos vecinos de la ciudad. La partitura se conserva en los fondos del museo provincial Palacio de Junco, junto a fotos, correspondencia y diversas propagandas relativas al lugar.

Más de veinticinco años después, la zona franca de Matanzas fue intervenida por el gobierno luego del triunfo revolucionario, aunque no he logrado determinar la fecha exacta. La explicación era que había servido de fachada a múltiples negocios turbios, entre ellos al contrabando durante la dictadura de Batista. El dictador había sido derrotado, pudimos haber gestionado mejor la zona franca en lugar de clausurarla. Más de medio siglo después seguimos esperando. Quizás este sea el año en que la del Mariel empiece a mostrar los resultados que tanto necesitamos.

Revista LJC 16

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Puede descargar aquí el número dieciséis de nuestra revista digital, con un editorial dedicado al triste accidente aéreo el pasado mes de Mayo y 10 artículos que abordan la situación económica y política del país. Esta revista se distribuye por el Paquete Semanal y por correo electrónico. Quienes prefieran recibirla en una versión más ligera por correo electrónico, puede escribirnos a jovencuba@gmail.com o descargarlo completo en: https://goo.gl/8A6579

Las tristezas de Mayo

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Foto: Reuters

Editorial de la revista #16 de La Joven Cuba

Hay momentos donde nos sentimos ahogados, donde perdemos tanto, que solo pensar en seguir adelante se hace muy lejano. Las esperanzas, los sueños, los proyectos, la alegría se desvanecen, y como dice el sabio Pedro Luis Ferrer, la luz no alcanza para tanta neblina.

Este último mes ha sido para Cuba una tempestad y la naturaleza ha hecho gala de su sabiduría para también materializar lo que se ha vivido. Nada podrá deshacer los últimos sucesos, las pérdidas y las horas de desconsuelo. Pasarán los años y muchos volverán a recordar la mancha de humo en el cielo. Pero la vida sigue. La cotidianidad te golpea y obliga a avanzar.

Vuelven las sonrisas, los nacimientos, las metas cumplidas, los abrazos; y queda entonces recordar la solidaridad de muchos, la valentía de padres, hermanos, hijos en la búsqueda de sus familiares, la mano amiga, el trabajo de los médicos, de las autoridades, el acompañamiento del presidente y del mundo.

En La Joven Cuba vuelve a primar el color de la tristeza y desde ese sentimiento compartido seguimos haciendo lo que mejor se nos da. Opinar, debatir, analizar; porque tal vez, ese sea nuestro mejor aporte a la vida social de este país. Porque no queremos vivir momentos como estos, pero son los que estremecen, unen y nos dan la magnitud de cuan inesperados pueden ser los acontecimientos. Hacerlo lo mejor posible es lo que nos queda como proyecto.

Hoy volvemos la mirada a Cuba y lo que más deseamos es que sea, aun cuando se ha logrado mucho, un país mucho mejor. No perfecto, pero si capaz de reinventarse y ser auténticamente más revolucionario. En este devenir, desde nuestras lógicas y tropiezos, estamos ayudando. Lo más importante es no mirar atrás y preguntarse cómo hubiese sido, la movilidad es imprescindible para seguir.

Hay heridas que nunca sanan, pero se aprende a vivir con ellas. Se encuentra el equilibrio y entre tanta neblina, como un hilo que busca entrar en su aguja, aparece el sol.

La preocupación del servilismo

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servilismo

En una ocasión le preguntaron a Marx por el defecto que más despreciaba en los hombres. Sin dudarlo dijo que el servilismo. De seguro esa idea no era una simple delicadeza personal sino que él entendía lo dañino que puede ser el servilismo al pensamiento revolucionario, sus críticas a aduladores como Pieper y Lassalle son prueba de ello. Sin embargo, cuando el servilismo trasciende más allá de un hombre y es característico de una sociedad, es mucho peor, porque una sociedad donde impera el servilismo está muy lejos de ser revolucionaria.

Vale recordar un clásico del pensamiento latinoamericano: El hombre mediocre, de José Ingenieros. Con su ayuda podemos dibujar una pequeña descripción -lo más fiel posible- sobre una sociedad inundada de servilismo. Las comparaciones, si bien cuestionables cuando se traen de los pelos o se busca generalizar fenómenos complejos, son extremadamente útiles para encontrar regularidades históricas, analicemos con ese espíritu:

Es usual  que se comience a fomentar el servilismo en condiciones donde la sociedad ofrece ciertas ventajas universales a sus miembros. Muchos aceptan estas a cambio de algunas renuncias a otros elementos que se creen característicos de otras sociedades.

Existe un guardián del orden -al parecer servil- al que solo le basta con la condescendencia pasiva de sus miembros, con sus almas de siervos. La auto-domesticación facilita la lucha por la vida de estos últimos.

Empieza a florecer la burocracia. Esta teme al digno y adora al lacayo. El miembro ejemplar y destacado de esa sociedad es muy fácil de describir: está bien domesticado, o mejor dicho, es un buen siervo.

Ese hábito de servidumbre se revela como una ideología: la de la domesticidad, que sabe disfrazarse de correcta ante los demás y enjuiciar sin importar si son artistas, intelectuales o pueblo en general.

Predomina el respeto a las jerarquías, la disciplina ciega a la imposición, el homenaje decidido a todo lo que representa el orden vigente, la sumisión sistemática a la voluntad de los poderosos; en fin, predomina todo lo que refuerza  la domesticación, el servilismo.

Dentro de todo eso –claro- que no pueden faltar los hombres que tienen esa síntesis en su comportamiento[1]: el carácter. Pero es muy difícil que estos sean mayoría, porque al parecer donde hubo esclavos, se reproducen más fácilmente esos caracteres serviles. El tiempo y el ejercicio adaptan a la vida servil. Esa mala costumbre de obedecer genera una mentalidad doméstica.

Esas inclinaciones serviles por desgracia, son bien vistas entre cierta burocracia, que consideran al servil superior al digno. Los primeros, logran que sus voluntades claudicantes sean toleradas: su servilismo lo ocultan con esas acciones insignificantes de la vida cotidiana, pero cuando hay situaciones donde son obligados a buscar una solución, se agita la personalidad y se revela el siervo interior.

No obstante, aquel de carácter debe cuidarse. Cuanto más peligrosa es la verdad que dice,  más difícil será volverla a pronunciar; y es normal que sea así, porque en los mundos cargados de hipocresía, mucho se  conspira contra las virtudes civiles.

El guardián está siempre esperando por la ovación de los ungidos, con su arma filosa para agredir a un nuevo rebelde que anuncie herejía. La falta de tolerancia, lo describe.

Para los adoradores de las condiciones imperantes en la sociedad -que son otra de las clase serviles-, no falta la felicidad. Los adulones exhiben su domesticidad y afirman estar orgullosos de ella, en cada acto, en cada manifestación. No hay servidumbre legal, pero muchos hombres se auto-convierten a esta voluntariamente.

Si el guardián o sus sombras inferiores -otra clase de serviles- cometen lo inmoral, deberá ser olvidado por todos. Si  aquel del carácter intenta un acto heroico, será acusado de ególatra.

Las sombras buscan con mucho anhelo a gente firme, a pensadores e intelectuales libres, sin perdonarles el lujo del criterio propio. Lo hacen con más rigurosidad que el mismo guardián.

Como punto cumbre, esto puede acentuarse de tal forma que el hombre digno sufrirá del envilecimiento colectivo.  Para ese escenario, puede pensarse que los mediocres servilistas están llegando a sus extremos.

[1]José ingenieros asume una visión del carácter donde lo considera una síntesis de muchos factores internos.

Los avatares de la lucha ideológica

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Una sociedad en transición al socialismo no es una sociedad libre de conflictos. Todo lo contrario. Durante el proceso de transición, la sociedad es escenario de una lucha ideológica continua entre los diferentes grupos y clases sociales. Cada sector, según el lugar que ocupe en el proceso material, adoptará una posición ante el proceso de transformación. Incluso puede haber grupos que se opongan pertinazmente al avance del socialismo. Solamente el proceso natural de construcción de hegemonía decidirá si la transición avanza o retrocede.

La sociedad cubana, que se encuentra en ese proceso de transición, hace ya varios años que hizo una apuesta arriesgada desde el punto de vista ideológico. Con la adopción de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en su primera versión en el VI Congreso del PCC, Cuba apostó por aceptar una mayor presencia interna de relaciones monetario-mercantiles y una mayor interacción con el capitalismo internacional. Se inició el proceso de actualización del modelo económico, una serie de cambios que afectó a toda la estructura social del país.

Por un lado, el fomento de la inversión extranjera propició una mayor interacción entre los agentes económicos del capitalismo internacional y los actores de la economía cubana. Por otro lado, el desarrollo del turismo, que ya venía desde el período especial, favoreció la presencia en el país de una gran cantidad de personas consumiendo según los patrones del mundo capitalista desarrollado. Pero lo más novedoso fue la aparición de empresarios cubanos que, con licencia de cuentapropistas, contrataban a otros cubanos para hacerlos trabajar y beneficiarse de la plusvalía. Esto significó, de facto, la reaparición de la burguesía en Cuba.

Uno puede preguntarse: ¿Qué llevó a los comunistas cubanos a asumir estos riesgos, que incluían la restitución de la propiedad privada y del enemigo de clase? La respuesta está en que existían una serie de condiciones que exigían los cambios con urgencia. El estado cubano necesitaba, por una parte, aumentar la entrada de capitales extranjeros, indispensables para sacar al país de la crisis económica en que la había dejado el período especial. Y por otra parte, necesitaba liberarse de un sinnúmero de actividades económicas no fundamentales que sobrecargaban su presupuesto.

Pero lo más importante, es que cuando se comenzó el proceso de los Lineamientos existía la conciencia de que la Revolución era lo suficientemente fuerte como para resistir esos cambios. La manera en que se le dio inicio al proceso, llamando a la participación a todo el pueblo, es una muestra de que se esperaba llevarlo adelante bajo la égida del poder popular revolucionario. En ningún momento se pensó que la aparición de relaciones de mercado pudiese desbancar la hegemonía socialista en Cuba.

Sin embargo, el tiempo pasó, y la nueva burguesía creció y se desarrolló al calor del proceso de actualización. Su poder económico creció y- no podía ser de otro modo- pronto comenzó a buscar de un modo inconsciente formas para manifestarse ideológicamente. Surgieron una serie de medios privados, casi todos digitales, dedicados a temas de farándula, arte, actualidad, etc. Al mismo tiempo, se desarrolló una verdadera industria cultural asociada al reguetón y promotora de la banalidad, la enajenación y el consumismo. Las noches de La Habana se llenaron de bares, galerías privadas, paladares; en definitiva, de espacios en los que la nueva burguesía socializaba sus patrones de conducta. Comenzó una dinámica de recomposición de la hegemonía burguesa.

Llegado cierto punto, esos medios que servían para darle voz a la nueva burguesía empezaron a estructurar un discurso que capitalizaba simbólicamente el proceso de cambios. Estos ya no eran presentados como una estrategia de la Revolución para salir de la crisis, sino como una especie de camino natural hacia algo diferente. En su visión de las cosas el sujeto de las transformaciones no era el pueblo trabajador sino justamente la nueva burguesía. Al adoptar este discurso, que seguramente ellos mismos se creyeron, intentaron socializar un nuevo sentido común. En el fondo de su accionar latía una antigua creencia supersticiosa: si repites algo las suficientes veces, se hará realidad.

Ellos no lo decían expresamente, pero lo que sugerían con su discurso era que en Cuba estaba ocurriendo un proceso de restauración capitalista. Algunos medios, con mayores pretensiones, buscaron la forma de expresar ese espíritu de un modo que fuese reconocible como una posición política. Es así como se echó mano a la noción del “centro”: lo cual, dentro del contexto cubano, significaba no estar ni con el gobierno ni con la disidencia histórica. El centrismo fue la bandera de los más politizados heraldos de la nueva burguesía, tanto si eran conscientes de ese mandato clasista como si no.

No obstante, que la burguesía se desarrollara de esta manera no es algo sorprendente o preocupante. Esto era solo esa clase social siendo ella misma. Lo preocupante es que tuvieron cierto éxito y lograron venderle esa interpretación a una parte nada despreciable de la sociedad. Muchos jóvenes, fascinados por los fuegos artificiales de lo nuevo, comenzaron a compartir el sentido común que ellos desplegaban. Y ocurrió algo aun peor: muchos revolucionarios también aceptaron esa visión, y comenzaron a ver detrás de la actualización la sombra, para ellos horrible, de la restauración capitalista.

Cabe hacerse otra pregunta: ¿Cómo fue posible que los medios neo-burgueses tuvieran éxito para capitalizar simbólicamente los resultados de una política revolucionaria?

La única manera de explicar ese éxito es a partir de los errores en el trabajo ideológico por parte de las instituciones socialistas. En primer lugar, contaron con la ventaja de lo novedoso: traían un mensaje fresco, mientras que los medios de comunicación revolucionarios fueron ineficaces en renovar las formas de transmitir sus mensajes, dando la impresión de estar repitiendo siempre lo mismo con lo mismo. En segundo lugar, encontraron un terreno preparado de antemano para la aceptación de sus productos. La población cubana ya estaba acostumbrada a consumir en televisión nacional productos culturales de factura capitalista, promotores de valores capitalistas. Los mensajes neo-burgueses fueron fácilmente asimilados por una sociedad que, como consecuencia de la larga crisis económica, ya estaba mostrando síntomas de pérdida de valores, apatía y enajenación. En tercer lugar, contaron con un personal calificado de primera mano- diseñadores, fotógrafos, editores, etc.- al ofrecer salarios muy superiores a los que pagaba el estado.

Desde un punto de vista socioeconómico, la nueva burguesía pudo también mostrarse ante la sociedad como el sector de mayor crecimiento y movilidad social. Esto, en parte, se debió a las insuficiencias en las medidas adoptadas para enfrentar los grandes problemas del sector socialista de la economía. No lograron superarse el exceso de centralización, las barreras a la espontaneidad, la falta de productividad, la pirámide invertida, la doble moneda, etc.

Por último, la nueva burguesía comenzó a recibir apoyo internacional. No se trata solo del apoyo natural que viene en forma de inversiones de cubanos en el exterior e incluso extranjeros, sino también del apoyo interesado de quienes han querido utilizar a ese sector social como punta de lanza contra el socialismo cubano. Varios medios militantemente neo-burgueses surgieron con apoyo financiero de enemigos de la revolución cubana. El momento cúspide y símbolo de este apoyo externo fue la visita de Obama en el 2016.

Cuando se analiza el conjunto de la situación ideológica que se configuró en Cuba durante los últimos años del período de Obama, se hace evidente que la Revolución estaba perdiendo la iniciativa frente a los actores neo-burgueses. En aquel momento, el centrismo político se estaba convirtiendo cada vez más en la posición hegemónica. Solo la victoria de Trump los dejó completamente descolocados.

Como cualquiera puede recordar, en el 2017 se llevó a cabo la famosa lucha contra el centrismo, en la cual el blog La Pupila Insomne tuvo un papel protagónico. En el momento en que dicha cruzada fue llevada a cabo, se estaba haciendo necesario un enfrentamiento de los sectores revolucionarios contra esa corriente. Ya Fernando Martínez Heredia había llamado la atención sobre los intentos de resucitar bajo la categoría de “centro” un nacionalismo de derechas que solo era funcional a los intereses del imperialismo. La contraofensiva era necesaria; sin embargo, la manera en que fue llevada a cabo tuvo varios errores.

La crítica misma cayó bajo sospecha en un momento en que la Revolución más que nunca necesitaba criticarse a sí misma

Entre los defectos que tuvo la lucha contra el centrismo estuvo que se puso el mayor énfasis en denunciar los medios neo-burgueses por el tema del financiamiento desde el exterior, cuando hubiese sido mejor explicar por qué la Revolución y el Socialismo tenían razón por sobre todos ellos. No es que hubiera que perdonar los casos de verdadera traición a la soberanía nacional, pero en muchos de los casos las fuentes del financiamiento y sus razones caían más bien en la zona de lo ambiguo. Además, junto con la ofensiva se creó un ambiente refractario a la existencia misma de esos medios, un ambiente que sugería su desaparición como solución para todos los problemas. En general, se antepuso la crítica del enemigo a la autocrítica, como si nuestros errores no fuesen la causa principal del avance de la hegemonía burguesa. La crítica misma cayó bajo sospecha en un momento en que la Revolución más que nunca necesitaba criticarse a sí misma para evolucionar y sobrevivir.

Desde hace varios años, el pueblo cubano y su partido comunista expresaron la voluntad de avanzar desde un modelo de plaza cerrada hacia un modelo de plaza abierta. Se decidió avanzar hacia un modelo abierto a las influencias del exterior, en el que la hegemonía socialista debía ejercerse sobre la base de la coexistencia con mensajes divergentes. Debemos acostumbrarnos a que una sociedad más plural desde el punto de económico-social tendrá una mayor diversidad de criterios y manifestaciones ideológicas. No puede ser que, después de haber dado aquel importante paso, ahora nos asustemos ante las consecuencias y queramos regresar a un pasado imposible. Mucho menos podemos ponernos una venda en los ojos para no ver una realidad que está frente a nosotros, hacer como que en estos años no ha pasado nada.

Para ganar la lucha ideológica contra la nueva burguesía no es necesario tomar la contraproducente medida de cerrarle la boca para que no hable. Es mucho mejor dedicarnos a liberar nuestro sistema social de las taras del socialismo real. Si realmente somos socialistas y queremos que el Estado desaparezca, lo mejor es empezar de una vez por todas. Se debe tomar en serio el proceso de descentralización de la economía y la sociedad. Sería bueno que el Estado devolviera a la sociedad civil revolucionaria las cuotas de poder y los espacios de decisión que le ha enajenado, para así crear esa democracia popular de base que es el único remedio verdaderamente eficaz contra los intentos de la burguesía de restablecer su hegemonía.