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Che: el amor y la subversión

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El Che es referencia inevitable en la vida de un revolucionario. Ha sido una constante en mi vida desde que con 16 años cayó en mis manos El camino del fuego de Orlando Borrego. Desde entonces intento –fallidamente- seguir ese camino de esfuerzo que trazó.

Tanto buscar en su vida me llevó al héroe, al guerrillero, al ministro, al comandante y al teórico. Tantas dimensiones de un mismo hombre hacen difícil llegar a conocer que el Che era todo eso y mucho más. ¿Cuánto escapa ante mis ojos y los de quienes, por desconocimiento, lo convierten en piedra?

Recientemente he recibido acusaciones por especular lo peligroso y subversivo que puede ser el Che -o un espíritu como el suyo- en cualquier sociedad. Quizá lo que me faltó mientras exponía esa idea, fue mostrar lo que realmente era ese pequeño motor que echaba a andar al impresionante guerrillero.

Son muy conocidas las anécdotas de su vida, pero quiero detenerme en algunas que muestran la presencia en él de una palabra: amor. Muchos citan esa frase donde afirma: “Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”. Según me cuentan, por un segundo provocó casi la risa de un auditorio, hasta que muchos comenzaron a reflexionar ante semejante cosa ¿Cómo podía un hombre tan recto pensar de esa manera?

Lo cierto es que al Che lo que lo movía era sin dudas un inmenso amor, deseos de hacer de esta tierra un lugar mejor. Eso lo llevó consigo toda su vida, no solo en un proyecto de construcción social, sino en cada instante.

Una vez cuando niño, cuenta su padre que casi cae del techo intentando salvar a un pajarito que no podía volar. Aquel revolucionario en potencia de apenas pocos años no podía permitir que un ser vivo sufriera. Su amor a los animales, sin embargo, no cayó en las vacuidades y ecologismos sin sentido que ponen la vida animal por delante de la humana. Cuando tuvo que sacrificar alguno -o dejar que otros lo hicieran- para que su tropa se alimentara o sobreviviera, lo hizo, comprendiendo el valor de la vida humana.

Otra fase es el amor a sus padres, en especial, a Celia de la Serna. Cuando estaba en el Congo recibió la noticia de su muerte. Escribió en su diario que era el día más triste de su vida. También resalta, ese tan perdido relato titulado La piedra, donde sentencia: ‘’Sólo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga: “mi viejo”, con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos…’’ Dicen, que fue una de las pocas veces que lo vieron llorando en vida.

Era un gran amigo. Los fuertes regaños a los subordinados y los enfrentamientos producto de la seriedad que exigía su responsabilidad, y su decisión de asumir las órdenes de ocupar nuevos puestos, sus fuertes críticas a revolucionarios como Pablo Neruda, lo hacía parecer ante los ojos de quienes no lo comprendían como un amargado sin amigos. No hay nada más incierto, sin hacer mención de todos aquellos que lo querían y admiraban, él profesaba un inmenso cariño a sus compañeros. Prueba de eso es la anécdota de su tristeza ante la noticia de la muerte de Camilo o las notas del diario de Bolivia ante la de compañeros.

No puede dejarse pasar por alto el gran vínculo sentimental que lo unía a su esposa. Afirmó, que dos cosas personales llevaba consigo al Congo, y una era un pañuelo de su querida esposa, a la cual va dirigida esa carta titulada Mi única en el mundo.

Después de ver todo eso no dejo de pensar en que detrás de ese gran ser político, se escondía un hombre de buenos sentimientos, que comenzaban en la propia cotidianidad. Esa es una de las más importantes enseñanzas que dejó el Che, ser buena persona. Tal vez no sea exactamente lo mismo que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro, pero si aporta mucho. El reformador social, debe sentir un inmenso amor por la familia, los amigos, la naturaleza.

El modelo de revolucionario que nos dejó Che recuerda más a la teología de la liberación que a un cuadro obediente de la burocracia estatal

Por ahí se empieza a ser revolucionario, por la vida cotidiana y no por atracción hacia determinado ideal político. Creo que muchos se llaman «revolucionarios» y son más de lo segundo, seguidores de una idea política, como quien se hace fan de un artista. Quizá sea eso lo que marcó esa brecha entre el Che y todos los demás, es decir, hay una la diferencia entre un hombre que sentía el dolor ajeno y los adeptos de una doctrina. Parece que sí es el amor la verdadera fuerza que mueve.

A una persona que centra ese sentimiento en los de más atrás en la estructura social, no se le puede convencer con razones de obediencia de que “eso es lo que está establecido”. Por eso, Che era tan crítico con la burocracia y los serviles asalariados. Por eso sigue siendo altamente subversivo.

La carta que Granma no ha querido publicar

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granma

La Carta

Estimada Yailin Orta Rivera. Directora del Periódico Granma. Le transcribo íntegramente al final de ésta nota, la carta que le dirigiese al anterior Director, Pelayo Terry Cuervo, y que me fuera contestada el 11 de octubre de 2017 por éste, comunicándome, en esa oportunidad, que la misma había sido enviada a la Fiscalía General de la República para “su adecuada valoración y tratamiento”.

Han pasado 7 meses desde que recibí esa amable contestación y el silencio sigue siendo la única respuesta que se me ofrece. ¿Por qué? Han cumplido ustedes de forma ejemplar su deber en tramitar mi carta ¿y los destinatarios? ¿seguirá el silencio siendo la respuesta soberbia que se le ofrece a una ciudadana cubana y a su familia? Por esa razón pedí en aquella ocasión que se hiciera pública mi misiva en las páginas del Granma, como otras, de igual, o mayor importancia.

No le solicito ahora que incluya ésta nota, demasiada cargada de la amargura de la espera por la justicia, demasiada perpleja para ser publicada, solo que reproduzca el texto original, capaz, quizás, de lidiar por si solo contra la insensibilidad y la apatía de unos pocos.
Cordialmente,  Bertha Magalys García Rojas

Mi nombre es Bertha Magalys García Rojas, fui integrante del primer contingente de maestros voluntarios que inició la alfabetización de nuestro pueblo, el resto de mi vida lo dediqué con excelencia y pasión a la educación en valores y la instrucción de nuestros niños hasta mi jubilación. Fidel nos dijo una vez en Tarará, siendo nosotros muy jóvenes, que la Revolución era una rebelión contra las injusticias, y que de saberlas, el Gobierno Revolucionario no toleraría nunca ninguna, lo recuerdo perfectamente.

Mi hijo ha sido despojado de su condición de Profesor Titular de Derecho de la Universidad de Oriente de forma ilegal e ilegítima, y para hacerse tal cosa se han violado todos los procedimientos que establece la Ley por quienes estaban obligados a cumplirla, privándolo primero de la posibilidad de ser parte de un proceso administrativo que lo desposeyó de la condición de profesor, y luego del derecho de apelar la decisión tomada y lograr, por tanto, defender los derechos laborales que como a cualquier ciudadano le concede nuestra Constitución.

Habiendo solicitado él formalmente se restableciera la legalidad quebrantada, desde el 20 de enero del 2016 espera por una consulta realizada por la Fiscalía Provincial de Santiago de Cuba a la Fiscalía General en relación a no habérsele otorgado el derecho al recurso de apelación y otras incongruencias apreciadas por esa instancia, pero dos quejas presentadas por él con posterioridad en la Fiscalía General de la República, han tenido luego de muchos meses el silencio como respuesta.

Le escribo al Granma porque es el periódico de nuestro Partido, el mismo que Fidel fundó y que ha encarnado siempre, aún en las circunstancias más complejas, la transparencia de la institucionalidad revolucionaria para nuestro pueblo. A mi edad cargo con el dolor de madre y de revolucionaria ante una situación como ésta, pero sus compañeros de trabajo y sobre todo sus estudiantes de toda la Universidad, que le aprecian y admiran como intelectual y profesor prestigioso, esperan como ciudadanos porque se respeten y cumplan nuestras leyes.

Confío que ésta nota se publique, para que el silencio no sea, otra vez, la respuesta.

Fraternalmente,

Bertha Magalys García Rojas
Calle Santa Rosa 564 / Reloj y Calvario
Santiago de Cuba.

La respuesta

El 24 de mayo 2018, cartasaladireccion <cartasaladireccion@granma.cu> escribió:

Estimada lectora:
Tal y como ud. nos escribe, el pasado mes de octubre tramitamos su carta a la FGR y no ha recibido la esperada respuesta. Debemos aclarar que todo lo recibido no se publica, el caso descrito por ud. es muy específico y personal.

Dpto. Atención al lector

La coletilla

Hace poco más de un mes, de paso por éstas tierras del oriente cubano, un joven y noble cantautor matancero ya avecindado en la capital cubana, nos dijo en una extendida sobremesa que una periodista cubana a su llegada al periódico Granma había manifestado tener la pretensión de hacerlo “un referente para izquierda latinoamericana”. Sin embargo, la respuesta que ahora da el Departamento de Atención al Lector de esa publicación a una paciente e indignada ciudadana cubana señala, quizás, cuánto falta para que esa meta sea algo más que una pretensión personal.

Para quien conoce y admira la formación de los profesionales cubanos, es cuestión de buena fe y terquedad dudar que la respuesta más arriba referenciada fuese redactada por un periodista, pero es seguro que, en ella, en la aséptica burla de sus escasas y absurdas tres oraciones, en la implícita apuesta a la impunidad dentro del anonimato organizativo que hace, en el impúdico ninguneo de la injustica y lo ilegal a un caso muy específico y personal, se encuentran las trazas de lo burocrático, incivil y cobarde que en Cuba trabajan para extinguir al Socialismo como patria soñada de la dignidad humana.

¿Llegará el día que hombres y mujeres de toda Cuba empiecen a peregrinar, a dejar, acaso como un remedo de creencias ancestrales, acaso como la pequeña y última huella de su impotencia, sus cartas de dolor a los pies de una piedra horadada en el Cementerio de Santa Ifigenia? No lo sé, pero mientras escribo, en Pinar del Rio, un hombre joven y lúcido hace su propio peregrinaje contra la injusticia de forma patética y angustiosa, hermosa y terrible: devora su propio cuerpo.

Ahora que la Directora del periodico Granma participa en la redacción del proyecto de reforma constitucional que dentro de unos meses será sometido al pueblo de Cuba para que la dignidad siga siendo la Ley primera de la República, quizás sea necesario recordar que la decencia es también virtud constitucional.

US Vice President: Made In Cuba

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Desde antes de la aparición de los Estados Unidos como país, las relaciones de las Trece Colonias con Cuba eran muy intensas y se hicieron mayores en 1788,  tras el triunfo en la Guerra de Independencia y el establecimiento definitivo de aquella república. Muy por encima del resto del país, esas relaciones se establecieron con los puertos de La Habana y Matanzas, los más importantes de la Isla en la exportación de azúcar y mieles hacia el Norte y la importación de harinas, herramientas y maquinarias fabricadas allá para la creciente industria cubana del azúcar y su complejo entramado de ingenios, ferrocarriles, almacenes y puertos.

El escenario principal de esa interrelación fue el mundo de la trata y la esclavitud que imperaba en Cuba y en los ricos estados plantacionistas del sur gobernados por el Partido Demócrata. Desde que se habilitó el puerto matancero para el tráfico de esclavos, en 1816, fue in crescendo la entrada de los negreros yanquis a Matanzas, provenientes sobre todo de los puertos de Boston, Filadelfia, Rhode Island y Salem, lo que hacía realidad el adagio: “La esclavitud es el negocio del sur y la trata el del norte”.

Por eso, ya en 1818 se abrió en Matanzas el consulado norteamericano, y un año después se estableció una línea regular de cabotaje hacia EUA mediante el vapor Mississippi, adquirido por el rico aristócrata cubano Juan O´Farrill. A partir de entonces, el consulado expidió numerosos pasaportes a embarcaciones y personas provenientes de EUA hacia Matanzas.

Por este puerto se importaba?además de bozales, harina y máquinas, pescado, tasajo, madera aserrada, arroz, velas, ladrillos, cebollas y muebles. A más de numerosos visitantes, se hizo estable un flujo de trabajadores inmigrantes provenientes del norte, integrado por: carpinteros, herreros, labradores, pintores, retratistas, comerciantes y médicos. En 1830, durante la construcción del primer muelle real, contribuyeron importantes casas comerciales norteamericanas como Murdoch, Grace y Cía.; Alfonso, Knight y Cía.; Howland y Cía. y Durege y Monet.

Pero un hito inesperado en la relación EUA-Matanzas ocurrió en 1853 y alcanzó una relevancia extraordinaria. Todo comenzó el 5 de febrero, cuando  llegara a Matanzas el senador de los Estados Unidos por el estado de Alabama William Rufus King, con el objetivo de restablecer su dañada salud, minada por la tuberculosis. Mientras se instalaba recibió la noticia de que había ganado las elecciones de noviembre, donde  fuera elegido vice-presidente de su país junto al futuro presidente Franklyn Pierce, líder de los esclavistas sureños.

En tierras yumurinas el distinguido visitante aspiraba a recomponer ostensiblemente su salud, para lo cual se trasladó a la residencia del hacendado Juan Chartrand, en la campiña matancera. No obstante, cuando llegó el momento de  tomar posesión de su cargo aún no estaba en condiciones de viajar, por lo que el Congreso aprobó que, de manera excepcional, el acto de toma de posesión se efectuara en su sitio de convalecencia, allende las fronteras de la Unión.

Así, el día 24 de marzo de 1853, el cónsul norteamericano en La Habana, William L. Sharkey, expresamente autorizado por el Congreso para presidir el acto, tomó juramento a William Rufus DeVane King como decimotercer vice-presidente de la Unión en el escenario criollo de la casa solariega de Chartrand, en las inmediaciones del pequeño poblado matancero de Limonar.

Tras ese hecho, el primer y único vicepresidente estadounidense que ha jurado tan alto cargo fuera de su país se sintió altamente comprometido y regresó inmediatamente a su patria para cumplir con sus funciones, pero su resentida salud empeoró bruscamente y falleció tras solo 45 días en el cargo. De esa forma, peculiar y azarosa, Limonar y Matanzas entraron definitivamente en la historia de los EUA.

AMLO y el voto suicida

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Después de dos intentos y otros tantos despojos Andrés Manuel López Obrador (AMLO) gana la presidencia en México. Esta vez era más difícil robarle las elecciones por varias razones. La inmensa ventaja en las encuestas, un pueblo cansado de gobiernos corruptos y al suavizar su discurso, esta vez Estados Unidos no adoptó una posición frontalmente hostil contra su candidatura, quizás con un presidente demasiado ocupado construyendo un muro. La llegada de AMLO a la presidencia sin dudas es una buena noticia para la América Latina y sobre todo para el pueblo mexicano, pero no es ese hecho lo que me motiva a escribir sino la reacción de algunas personas, antes, durante y después de las elecciones mexicanas.

Ojalá algún sociólogo -psicólogo o psiquiatra- me explicara qué puede llevar a una persona a defender los intereses de una clase social a la que ni remotamente pertenecen, aún en contra de los suyos. Es comprensible que los más acomodados critiquen a los gobiernos de izquierda y apoyen a los de derecha, pero es difícil de entenderlo cuando lo hacen aquellos que no pertenecen a ese estrato social.

Algunos reproducían en las redes sociales las matrices de opinión creadas por aquellos que son enemigos acérrimos de todo gobierno que pretenda poner los recursos de un país en manos del pueblo. En este caso repetían una y otra vez que si elegían a AMLO entonces México se destruiría y quedaría igual que Venezuela. El país azteca es hoy poco menos que un estado fallido. Corrupción generalizada, violencia incontrolable, fosas comunes, miles de desaparecidos, sin embargo, los críticos de la izquierda jamás han cuestionado ese país y mucho menos asociado al gobierno o su sistema político con esos problemas. Todo lo contrario a lo que ocurre cuando se trata de Venezuela.

Es muy fácil criticar a los gobiernos de izquierda mientras viven en un país desarrollado. Sería interesante saber qué pensarían de esos gobiernos de derecha que defienden si vivieran en uno de esos países del tercer mundo.

¿Cómo puede ser que apoyen al candidato derechista en Colombia en lugar del progresista que propone un gobierno más preocupado por los problemas del pueblo? ¿Cómo apoyar al candidato que está en contra de la paz lograda en ese país después de décadas de violencia? Difícil de entender. Hace poco uno de mis amigos me eliminó de Facebook porque no estuve de acuerdo con una opinión suya. Es lo que generalmente ocurre, los críticos más acérrimos de los gobiernos de izquierda son a menudo los más intolerantes, pero les encanta denunciarnos de lo que ellos practican. Al parecer lo tendrán más difícil ahora en México, por suerte, por la lucha del pueblo mexicano y porque existe AMLO.

La libertad de Ariel

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Ariel Ruiz Urquiola fue liberado ayer después de una huelga de hambre de 16 días. Quien tuviera dudas que su sentencia de un año en prisión por desacato a la autoridad tenía un componente político, ahora debe explicarse si su libertad fue decidida solo en el ámbito ejecutivo. En un país tan politizado como el nuestro, cuesta creerlo. El biólogo de 43 años parece quedar en libertad en lo que solo puede ser una rectificación necesaria, un acto de justicia. Como lo más importante ha sido alcanzado, quizás es hora de analizar qué acaba de ocurrir.

Pronto veremos algunos adjudicarse el mérito de su liberación. A la oposición y sus medios les fascina presentarse como representantes de amplios sectores populares con capacidad de presionar e influir en la política gubernamental, nada más lejos de la realidad. Como la desconexión y el aislamiento no son buenos argumentos a la hora de solicitar fondos para el cambio de régimen político en Cuba, fomentar campañas con apoyo internacional es su especialidad pero con resultados dudosos. Aunque se haya movilizado a favor de Ariel, la oposición mueve poco o nada en la toma de decisiones del país, hay que mirar hacia otra parte.

Ariel estará en libertad en primer lugar porque su sentencia era injusta y parecía un exceso a todas luces, pero a veces eso tampoco es suficiente. Lamentablemente, sin hacer luz sobre la injusticia esta puede pasar inadvertida, hubo luz en esta ocasión. Los sectores de izquierda en Cuba que no necesitan guardar silencio esperando que se pronuncie el Granma, que no consideran culpable por defecto a un acusado, los revolucionarios de pensamiento y no de obediencia, se pronunciaron. Junto a ellos muchos otros cubanos dijeron lo suyo. Se expresó en contra de la sentencia un variopinto abanico ideológico, que fue escuchado.

No debió ser fácil la decisión. Al parecer Ariel no dudó en apelar a los medios de oposición para hacer valer su causa, lo cual más que una solución a veces se convierte en el  impedimento. Cuando La Joven Cuba estuvo en una situación injusta hace años (mucho menos grave que esta) y se nos acercaron dichos medios, tuvimos cuidado de no prestarnos a su agenda. Supongo que en ese momento definitorio salen las preferencias políticas de cada uno. No conozco personalmente al biólogo pinareño para valorar con justeza sus decisiones, quizás vale preguntarse a qué medios puede acudir un cubano cuando los estatales hacen silencio y los alternativos están más vulnerables que nunca. ¿Qué camino tiene quien ve fallar los canales oficiales y sabe que todo lo vinculado a oposición llama la atención que él necesita? Quizás algunas reglas actuales son la mayor fábrica de opositores, la mayor fuente de resentimiento.

A pesar de mis diferencias (y de otros supongo) con las decisiones del biólogo, injusticia es injusticia y no vale hacer silencio por conveniencia. Entre muchos se denunció la sentencia y fue derrotada. Ojalá esto traiga consecuencias positivas para todos. Que el aparato legislativo sea cuidadoso de no politizar el uso de la ley en Cuba y que el propio Ariel vea más allá de sus preferencias. En el pasado he combatido injusticias aplicadas a otros que piensan distinto a mí para luego verlos defender solo lo que conviene a su causa política. Mientras expresaba mi rechazo a la sentencia y leía a muchos desgarrarse sus vestiduras en Internet por Ariel, pensaba en cuántos de ellos lo habrían hecho por los Cinco.

¿Cuántos no utilizaron a Ariel para promover el derrumbe del socialismo en Cuba sin que este les importara realmente? Un pretexto más para atacar al Estado cubano. ¿Cuántos que les gusta llamarse revolucionarios y sabían del caso no hicieron silencio sobre esta injusticia porque no consideran a Ariel uno de los suyos? Si lo correcto es reaccionar a la injusticia, no puede detenernos que un adversario también lo haga, subordinar lo que es justo a bandos políticos es muestra de sectarismo ciego.

Hasta este momento no ha sido publicada una línea sobre Ariel en los medios estatales, quien pretenda disputar la relevancia del tema quizás deba leer algunas noticias nacionales intrascendentes que publica nuestra prensa. ¿No había siquiera una línea para este caso en el periódico Guerrillero de Pinar del Río?  Por su parte, los medios de oposición utilizarán la noticia para darse bombo y humillar al Estado, al carecer de mártires se agarran de lo que aparezca. Pero hasta que el biólogo no se recupere y salga en libertad este asunto no habrá terminado realmente.

En una revolución más que nada debe respetarse el Estado de Derecho y que la justicia no se politice. La historia de Cuba estuvo llena de revolucionarios que sufrieron abusos e injusticias legales en el pasado, imitar este comportamiento en el presente es el camino a la ruina moral. No necesito coincidir políticamente con Ariel para alegrarme de que se recapacite su sentencia. Me alegro por su salud y por esta obra social que llamamos Revolución.

Asignatura pendiente

MARIANA BAZO / REUTERS / LANDOV

Corría el año 1913 cuando el joven Fernando Ortiz publicó su libro Entre cubanos. Psicología Tropical. Allí nos describía como personas que asumían más de un discurso. Uno estaba dirigido a la esfera pública, donde rara vez expresábamos nuestra verdadera opinión, pero sí lo que convenía. Otro era más restringido, encauzado al ámbito privado compuesto por la familia y los amigos, en ese nos pronunciábamos con sinceridad. Parece que no hemos cambiado mucho, pues el fenómeno de la doble moral es asunto criticado con asiduidad en nuestros medios.

Hace pocos días el noticiero de televisión publicó el reportaje de una periodista que investigaba el desvío de combustible en la provincia de Cienfuegos. No recuerdo su nombre pero me gustó su estilo. Nada de identificar a las personas ni enfocar la cámara a su rostro, solo escuchábamos la voz y si acaso se distinguían las manos. De esa manera logró declaraciones más honestas que los entrevistados no se habrían atrevido a ofrecer abiertamente acerca del modo en que se produce la pérdida de enormes cantidades de gasolina y petróleo.

Los estudios masivos de opinión a través de encuestas que respeten el anonimato para la implementación y evaluación de decisiones políticas, resultan una asignatura pendiente en Cuba. Habiendo pasado por años iniciales de efervescencia revolucionaria, en los que pocos cuestionaban el modo colectivo y multitudinario de aprobar determinaciones gubernamentales en plazas, desfiles y actos políticos; convertimos este proceder en una manera controvertible de legitimar las disposiciones de nuestro gobierno. A tenor con esa práctica, extendida en etapas como la actual en que ya los consensos no son tan evidentes, hemos perdido la posibilidad de conocer las opiniones reales de las personas y sus tendencias porcentuales, desaprovechamos entonces al verdadero asesor de la política de los gobiernos: la ciudadanía.

En el imaginario social cubano la unanimidad ha sido erigida como valor intrínseco del patriotismo, mientras la incondicionalidad es una actitud políticamente correcta. Nuestros dirigentes aún suponen como positivo el estado político ideológico de una población o comunidad por los gritos eufóricos de apoyo de cientos de personas. De ahí entonces que pocos se atrevan a discrepar públicamente, so pena de ser tratados como disidentes, centristas y otras denominaciones; o, en el mejor de los casos, ser tachados de problemáticos e hipercríticos. Resultado de eso es que contadísimas personas manifiestan explícitamente sus opiniones políticas si piensan que ellas se desvían, aunque sea en una pequeña parte, de la norma oficial.

Los estudios de opinión pública, a pesar de ser una de las vías naturales de retroalimentación que obliga a los gobiernos a tener resultados en un plazo prudencial, le han sido incautados a las ciencias sociales en nuestro país. Son competencia exclusiva de las oficinas de opinión de la población adscriptas a las direcciones provinciales del PCC. Los científicos sociales cubanos no podemos realizar estudios de opinión sobre el gobierno y sus políticas. Hasta para aplicar una encuesta masiva relativa a la utilización del tiempo libre o a los hábitos de lectura debemos ser autorizados previamente.

Como secuela, las carreras universitarias que tienen un perfil social: Economía, Sociología, o Estudios socioculturales, entre otras que pudieran asesorar al gobierno, no logran cumplir con su rol de diagnosticadoras y transformadoras de la sociedad. La forma de culminación de estudios y posterior superación de los profesionales de esas especialidades casi siempre asume la forma de Estudios de Caso, una metodología que impide apreciar tendencias y generalizar opiniones sobre determinados aspectos o fenómenos.

Para lograr una verdadera actualización de la economía cubana hay que empezar por actualizar los métodos de la política. Uno de ellos es el manejo de encuestas que se apliquen de manera anónima para llegar a constatar los criterios verdaderos y honestos de las personas.  Seguir hablando del “pueblo en general” es convertirlo en una masa social inerte, que personificará una poderosa resistencia al cambio pues no se apreciará a sí misma como sujeto, sino como objeto de las transformaciones.

Es ese el talón de Aquiles de muchos de los proyectos socialistas fracasados, de ayer y de hoy, no lograr la verdadera participación popular al no incluir a las personas y sus opiniones específicas en los procesos de toma de decisiones. La relación entre lo individual y lo colectivo en la política fue el tema central del artículo “El porvenir de un continente”, del escritor ruso León Tolstoi para el periódico bonaerense La vida literaria, y que replicó en Cuba la Revista de Avance en su número 29, del 15 de diciembre de 1928. El autor de La guerra y la paz consideraba: “En  lo individual, el latinoamericano es el ser más liberal  del mundo; —más aún que el francés— pero en lo colectivo pierde su  identidad y se transforma en energía reaccionaria. En los sajones sucede lo contrario: el individuo es la esencia del absolutismo, la colectividad, el non  plus ultra del liberalismo (…)”.

Necesitamos contar con las opiniones reales de las personas que conforman la sociedad. No basta con los gritos movilizadores, las consignas y las declaraciones colectivas. Es imprescindible saber que un pueblo está formado por millones de individuos y que el anonimato en las opiniones es saludable, en primera instancia para el propio gobierno, que puede monitorear su funcionamiento y no llegar así a una enorme acumulación de errores difíciles de resolver; en segunda, para las personas, que se sienten de esa forma participantes activas en los procesos políticos. Es imperativo aprobar esa asignatura pendiente de la política cubana si queremos cambiar de hecho y no solo en apariencias.

Noticias del Verano

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noticias

Comienza el verano y con él llegan las ofertas televisivas de la programación especial. Próximamente la televisión cubana estrenará un nuevo programa titulado “Con censura”. Se trata de un espacio fílmico que contará con la conducción alternada de nuestros más prestigiosos críticos y especialistas del cine.

En este nuevo programa se presentarán, cada semana, aquellas películas que han sido censuradas a lo largo de la historia del cine en la Isla. Así, en las noches de la familia cubana desfilarán por las pequeñas pantallas historias y personajes prohibidos en diversos contextos. La emoción colmará los corazones de los cinéfilos y se ensancharán sus pechos con las escenas antes vedadas.

El objetivo del programa es visibilizar un segmento del séptimo arte cubano que no ha sido entendido por innumerables razones en otros tiempos. Contará también con una sección de correspondencia en la que los televidentes podrán hacer las propuestas de futuros filmes para el programa. Otra de las secciones de “Con censura” abordará, desde el punto de vista histórico, los casos contradictorios de aquellas películas que fueron censuradas en un momento y luego se desclasificaron. Así mismo se comentará sobre algunos filmes que, en su época, debieron ser censurados y libraron las prohibiciones por algún extraño azar.

Una de las secciones más interesantes del nuevo programa titulada “En proceso” estará dedicada a aquellas producciones que aún no están terminados, pero que ya se avizoran como filmes censurados.

Además de las atractivas secciones, en el espacio se comentarán los valores artísticos de la película y luego se exhibirá libremente sin cortes ni parches. Démosle la bienvenida al nuevo programa que, sin dudas, elevará los niveles de audiencia en los meses de julio y agosto. Una propuesta única de su tipo en la parrilla televisiva, una verdadera apuesta por la cultura y la educación sentimental de nuestro pueblo.

Porque, estos son otros tiempos. ¡Estos… son tiempos de verano!

(Nota de los Editores: El texto Noticias de Verano es broma, el contexto es muy real)

(Para leer más sátira cubana le invitamos a visitar la columna de Jorge Fernández Era)

Lo inevitable de lo privado

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El triunfo de la Revolución cubana marcó la posibilidad de una nueva forma de organizar el país. Una de las primeras medidas fue la nacionalización y expropiación de empresas extranjeras para alejar al capital imperial. La burguesía nacional, torpe y sin conciencia de clase, no supo aprovechar esto.

Durante el primer quinquenio de Revolución, el incipiente Departamento de industrialización[1] y el INRA, tuvieron que hacer esfuerzos titánicos por llevar adelante un país -industrial y comercialmente- casi detenido por la fuga masiva de capitales. No faltó, poco después, que esa pequeña burguesía no comprendiera la gran oportunidad que tenían con la expulsión del capital extranjero, y arremetieron contra el proceso revolucionario, a lo que se respondió con una excesiva “nacionalización”. Desde entonces, también hubo  que construir el socialismo con chinchales[2] estatales.

Aquello que parecía ser una mera medida coyuntural para dar salida al desabastecimiento generado por pequeños propietarios, terminó -como muchas cosas temporales- prolongándose en el tiempo. Si bien esto no fue el único factor, contribuyó enormemente a ese resentimiento arrastrado hasta hoy hacia la pequeña propiedad privada y su burguesía.

Sin embargo, más allá de la condena moral a la propiedad privada -la pequeña- este debate no cabe en un blog y considero que muchos no están preparados “ideológicamente” para enfrentarlo, va siendo hora de pensar en los condicionamientos y necesidades históricas que la generan y la fomentan.

Si se desea explicar la aparición de ciertos fenómenos-tendencias-políticas en Cuba, hay entonces que profundizar más y llegar a un por qué. Si apareció la propiedad privada, guste o no, sea para lo que sea, por algo fue. No se trata de que el gobierno y sus lineamientos lo permitieran. Estos solo terminaron por reconocer –legalizar- una parte de aquellos negocios privados que venían existiendo: paladares, cafeterías, profesores, cuidadoras, etc, porque era mejor reconocerlos y que aportaran a la economía del país que apasionadamente negar su existencia y necesidad.

Ya que no fue una fuerza política externa quien lo hizo, entonces hay que resignarse a que fue la propia dinámica social interna, sus necesidades y contradicciones quienes condicionaron a esa propiedad privada. El sector de los servicios, restauración, alquiler, entre otros muchos, cargaban a la contabilidad estatal de salarios y baja rentabilidad (por corrupción o falta de motivación de los trabajadores generalmente). Lo más natural, era que esos pequeños negocios que han sido privados tradicionalmente, volvieran a serlo.

El estado cubano mejoraba sus cuentas por un lado: no gastaba salarios e ingresaba impuestos. Es decir, el estado se ahorra más de un millón de sueldos a la par que se complementaba la economía (ejemplo, las habitaciones en el turismo). Así, ineficiencias del sector estatal, terminaron por ceder a esa propiedad privada. A diferencia de los 60, ahora nuestra burguesía naciente supo aprovechar la oportunidad de ocupar un espacio.

Si hoy el régimen de producción de propiedad privada explota -en un sentido de alta carga de trabajo- fuerza de trabajo, ha sido porque el sistema de regulaciones estatales no han sabido dejar bien claras las reglas del juego para esto, y se lo han permitido.

No hay que ser marxista, desde Smith y hasta Robert Reich, no es un secreto que el estado debe crear -y crea- el marco regulatorio al mercado y a la propiedad. Nuestra propiedad privada, su evolución y fuerza, ha sido responsabilidad de las políticas que se le han aplicado, es decir, las regulaciones nuestras se lo han permitido.

Su existencia -si se quiere culpar- debe apuntarse a la ineficiencia en nuestra producción que le abrió paso. Si se quiere que desaparezca lo privado, deberá pensarse en cómo hacer a propiedad estatal más eficiente.

El poder económico de la clase burguesa cubana -representante de la pequeña propiedad privada- que ha alcanzado hasta hoy, ha sido por esa mala gestión estatal, y no precisamente porque se hayan agrupado y consolidado como clase. Hacerle la guerra moral, no es más que atacar a los propios errores cometidos en su conducción dentro de la construcción de la sociedad socialista de quienes institucionalizan y administran en la sociedad. Cualquier juicio debe tener en cuenta lo que la hizo necesaria y lo que la favorece.

No creo que a la pequeña burguesía le haga falta agruparse y consolidarse como clase y tener su expresión como fuerza política –aun-, porque ya hay quienes hacen ese trabajo por ellos -a veces sin darse cuenta- cuando diseñan el marco regulatorio y dirigen empresas estatales ineficientes.

De todos modos, suponiendo el peor de los casos, la pequeña burguesía suele aliarse con las izquierdas cuando se fortifica como clase política, luchando casi siempre contra los grandes monopolios y por la restauración de lo que llaman libre competencia. El estado de estos dos elementos, dirá mucho sobre cómo será la lucha política de esa propiedad privada en Cuba.

[1]Posteriormente pasaría a ser Ministerio de Industria

[2]Expresión usada por el Che para referirse a los pequeños negocios. Este afirmó que el socialismo no se hacía con esos chinchales.