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Los avatares de la lucha ideológica

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Una sociedad en transición al socialismo no es una sociedad libre de conflictos. Todo lo contrario. Durante el proceso de transición, la sociedad es escenario de una lucha ideológica continua entre los diferentes grupos y clases sociales. Cada sector, según el lugar que ocupe en el proceso material, adoptará una posición ante el proceso de transformación. Incluso puede haber grupos que se opongan pertinazmente al avance del socialismo. Solamente el proceso natural de construcción de hegemonía decidirá si la transición avanza o retrocede.

La sociedad cubana, que se encuentra en ese proceso de transición, hace ya varios años que hizo una apuesta arriesgada desde el punto de vista ideológico. Con la adopción de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en su primera versión en el VI Congreso del PCC, Cuba apostó por aceptar una mayor presencia interna de relaciones monetario-mercantiles y una mayor interacción con el capitalismo internacional. Se inició el proceso de actualización del modelo económico, una serie de cambios que afectó a toda la estructura social del país.

Por un lado, el fomento de la inversión extranjera propició una mayor interacción entre los agentes económicos del capitalismo internacional y los actores de la economía cubana. Por otro lado, el desarrollo del turismo, que ya venía desde el período especial, favoreció la presencia en el país de una gran cantidad de personas consumiendo según los patrones del mundo capitalista desarrollado. Pero lo más novedoso fue la aparición de empresarios cubanos que, con licencia de cuentapropistas, contrataban a otros cubanos para hacerlos trabajar y beneficiarse de la plusvalía. Esto significó, de facto, la reaparición de la burguesía en Cuba.

Uno puede preguntarse: ¿Qué llevó a los comunistas cubanos a asumir estos riesgos, que incluían la restitución de la propiedad privada y del enemigo de clase? La respuesta está en que existían una serie de condiciones que exigían los cambios con urgencia. El estado cubano necesitaba, por una parte, aumentar la entrada de capitales extranjeros, indispensables para sacar al país de la crisis económica en que la había dejado el período especial. Y por otra parte, necesitaba liberarse de un sinnúmero de actividades económicas no fundamentales que sobrecargaban su presupuesto.

Pero lo más importante, es que cuando se comenzó el proceso de los Lineamientos existía la conciencia de que la Revolución era lo suficientemente fuerte como para resistir esos cambios. La manera en que se le dio inicio al proceso, llamando a la participación a todo el pueblo, es una muestra de que se esperaba llevarlo adelante bajo la égida del poder popular revolucionario. En ningún momento se pensó que la aparición de relaciones de mercado pudiese desbancar la hegemonía socialista en Cuba.

Sin embargo, el tiempo pasó, y la nueva burguesía creció y se desarrolló al calor del proceso de actualización. Su poder económico creció y- no podía ser de otro modo- pronto comenzó a buscar de un modo inconsciente formas para manifestarse ideológicamente. Surgieron una serie de medios privados, casi todos digitales, dedicados a temas de farándula, arte, actualidad, etc. Al mismo tiempo, se desarrolló una verdadera industria cultural asociada al reguetón y promotora de la banalidad, la enajenación y el consumismo. Las noches de La Habana se llenaron de bares, galerías privadas, paladares; en definitiva, de espacios en los que la nueva burguesía socializaba sus patrones de conducta. Comenzó una dinámica de recomposición de la hegemonía burguesa.

Llegado cierto punto, esos medios que servían para darle voz a la nueva burguesía empezaron a estructurar un discurso que capitalizaba simbólicamente el proceso de cambios. Estos ya no eran presentados como una estrategia de la Revolución para salir de la crisis, sino como una especie de camino natural hacia algo diferente. En su visión de las cosas el sujeto de las transformaciones no era el pueblo trabajador sino justamente la nueva burguesía. Al adoptar este discurso, que seguramente ellos mismos se creyeron, intentaron socializar un nuevo sentido común. En el fondo de su accionar latía una antigua creencia supersticiosa: si repites algo las suficientes veces, se hará realidad.

Ellos no lo decían expresamente, pero lo que sugerían con su discurso era que en Cuba estaba ocurriendo un proceso de restauración capitalista. Algunos medios, con mayores pretensiones, buscaron la forma de expresar ese espíritu de un modo que fuese reconocible como una posición política. Es así como se echó mano a la noción del “centro”: lo cual, dentro del contexto cubano, significaba no estar ni con el gobierno ni con la disidencia histórica. El centrismo fue la bandera de los más politizados heraldos de la nueva burguesía, tanto si eran conscientes de ese mandato clasista como si no.

No obstante, que la burguesía se desarrollara de esta manera no es algo sorprendente o preocupante. Esto era solo esa clase social siendo ella misma. Lo preocupante es que tuvieron cierto éxito y lograron venderle esa interpretación a una parte nada despreciable de la sociedad. Muchos jóvenes, fascinados por los fuegos artificiales de lo nuevo, comenzaron a compartir el sentido común que ellos desplegaban. Y ocurrió algo aun peor: muchos revolucionarios también aceptaron esa visión, y comenzaron a ver detrás de la actualización la sombra, para ellos horrible, de la restauración capitalista.

Cabe hacerse otra pregunta: ¿Cómo fue posible que los medios neo-burgueses tuvieran éxito para capitalizar simbólicamente los resultados de una política revolucionaria?

La única manera de explicar ese éxito es a partir de los errores en el trabajo ideológico por parte de las instituciones socialistas. En primer lugar, contaron con la ventaja de lo novedoso: traían un mensaje fresco, mientras que los medios de comunicación revolucionarios fueron ineficaces en renovar las formas de transmitir sus mensajes, dando la impresión de estar repitiendo siempre lo mismo con lo mismo. En segundo lugar, encontraron un terreno preparado de antemano para la aceptación de sus productos. La población cubana ya estaba acostumbrada a consumir en televisión nacional productos culturales de factura capitalista, promotores de valores capitalistas. Los mensajes neo-burgueses fueron fácilmente asimilados por una sociedad que, como consecuencia de la larga crisis económica, ya estaba mostrando síntomas de pérdida de valores, apatía y enajenación. En tercer lugar, contaron con un personal calificado de primera mano- diseñadores, fotógrafos, editores, etc.- al ofrecer salarios muy superiores a los que pagaba el estado.

Desde un punto de vista socioeconómico, la nueva burguesía pudo también mostrarse ante la sociedad como el sector de mayor crecimiento y movilidad social. Esto, en parte, se debió a las insuficiencias en las medidas adoptadas para enfrentar los grandes problemas del sector socialista de la economía. No lograron superarse el exceso de centralización, las barreras a la espontaneidad, la falta de productividad, la pirámide invertida, la doble moneda, etc.

Por último, la nueva burguesía comenzó a recibir apoyo internacional. No se trata solo del apoyo natural que viene en forma de inversiones de cubanos en el exterior e incluso extranjeros, sino también del apoyo interesado de quienes han querido utilizar a ese sector social como punta de lanza contra el socialismo cubano. Varios medios militantemente neo-burgueses surgieron con apoyo financiero de enemigos de la revolución cubana. El momento cúspide y símbolo de este apoyo externo fue la visita de Obama en el 2016.

Cuando se analiza el conjunto de la situación ideológica que se configuró en Cuba durante los últimos años del período de Obama, se hace evidente que la Revolución estaba perdiendo la iniciativa frente a los actores neo-burgueses. En aquel momento, el centrismo político se estaba convirtiendo cada vez más en la posición hegemónica. Solo la victoria de Trump los dejó completamente descolocados.

Como cualquiera puede recordar, en el 2017 se llevó a cabo la famosa lucha contra el centrismo, en la cual el blog La Pupila Insomne tuvo un papel protagónico. En el momento en que dicha cruzada fue llevada a cabo, se estaba haciendo necesario un enfrentamiento de los sectores revolucionarios contra esa corriente. Ya Fernando Martínez Heredia había llamado la atención sobre los intentos de resucitar bajo la categoría de “centro” un nacionalismo de derechas que solo era funcional a los intereses del imperialismo. La contraofensiva era necesaria; sin embargo, la manera en que fue llevada a cabo tuvo varios errores.

La crítica misma cayó bajo sospecha en un momento en que la Revolución más que nunca necesitaba criticarse a sí misma

Entre los defectos que tuvo la lucha contra el centrismo estuvo que se puso el mayor énfasis en denunciar los medios neo-burgueses por el tema del financiamiento desde el exterior, cuando hubiese sido mejor explicar por qué la Revolución y el Socialismo tenían razón por sobre todos ellos. No es que hubiera que perdonar los casos de verdadera traición a la soberanía nacional, pero en muchos de los casos las fuentes del financiamiento y sus razones caían más bien en la zona de lo ambiguo. Además, junto con la ofensiva se creó un ambiente refractario a la existencia misma de esos medios, un ambiente que sugería su desaparición como solución para todos los problemas. En general, se antepuso la crítica del enemigo a la autocrítica, como si nuestros errores no fuesen la causa principal del avance de la hegemonía burguesa. La crítica misma cayó bajo sospecha en un momento en que la Revolución más que nunca necesitaba criticarse a sí misma para evolucionar y sobrevivir.

Desde hace varios años, el pueblo cubano y su partido comunista expresaron la voluntad de avanzar desde un modelo de plaza cerrada hacia un modelo de plaza abierta. Se decidió avanzar hacia un modelo abierto a las influencias del exterior, en el que la hegemonía socialista debía ejercerse sobre la base de la coexistencia con mensajes divergentes. Debemos acostumbrarnos a que una sociedad más plural desde el punto de económico-social tendrá una mayor diversidad de criterios y manifestaciones ideológicas. No puede ser que, después de haber dado aquel importante paso, ahora nos asustemos ante las consecuencias y queramos regresar a un pasado imposible. Mucho menos podemos ponernos una venda en los ojos para no ver una realidad que está frente a nosotros, hacer como que en estos años no ha pasado nada.

Para ganar la lucha ideológica contra la nueva burguesía no es necesario tomar la contraproducente medida de cerrarle la boca para que no hable. Es mucho mejor dedicarnos a liberar nuestro sistema social de las taras del socialismo real. Si realmente somos socialistas y queremos que el Estado desaparezca, lo mejor es empezar de una vez por todas. Se debe tomar en serio el proceso de descentralización de la economía y la sociedad. Sería bueno que el Estado devolviera a la sociedad civil revolucionaria las cuotas de poder y los espacios de decisión que le ha enajenado, para así crear esa democracia popular de base que es el único remedio verdaderamente eficaz contra los intentos de la burguesía de restablecer su hegemonía.

El ocio de la tierra

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Los espirituanos formamos un pequeño género humano que se caracteriza por muchos atributos, pero el más llamativo es la mezcla de  urbanismo y ruralidad que siempre nos acompaña. A pesar de tener más de 500 años, Sancti Spiritus es una ciudad donde el campo está tan presente que vivimos orgullosos de ser guajiros. Por eso me duele tanto ver tanta tierra desatendida por todo el país y dejada a merced de su hado protector: el marabú, en medio de tantos llamados infructuosos a alcanzar la soberanía alimentaria.

Lo peor es que hace 189 años, en 1829, ya el Segundo Descubridor de Cuba,  Alejandro de Humboldt, se había quejado del problema y advertido la gran contradicción que aún encierra: “nos encontramos con una importación anual de comestibles de siete y medio millones de pesos que exige anualmente al comercio exterior una población de menos de un millón de hombres libres, colocada sobre el suelo más fértil, y el más capaz, por su extensión, de alimentar a una población por lo menos seis veces más considerable.”

La persistencia histórica del problema tiene varias causas pero una es sostenida: el predominio del latifundio. En toda nuestra historia su tendencia ha sido cada vez más creciente: en la colonia fueron las plantaciones esclavistas; en la república, las grandes propiedades de los monopolios azucareros yanquis y los terratenientes criollos y en la Revolución, la consolidación de las inmensas granjas/planes estatales que unificaron decenas de fincas y colonias en inmensos latifundios socialistas.

El pensamiento económico cubano ha estudiado este fenómeno desde la colonia hasta nuestros días pero, siendo optimistas, vale decir que el cuartico está igualito. Desde José A. Saco, F. Frías, R. de la Sagra y R. Guerra, hasta el investigador actual Armando Nova González, los estudiosos han revelado sus insuficiencias y mostrado el modo de superarlo que es común para todas las épocas: sustituir el paradigma latifundista por el de la mediana y pequeña producción, diversificada, tecnificada y ecológicamente sustentable.

Pero parece que los intereses de los grandes propietarios se han mostrado siempre más fuertes que los argumentos de sus detractores. En la etapa socialista, la decisión de no repartir las tierras nacionalizadas con las leyes de reforma agraria de 1959 y 1963, sino mantenerlas unidas en granjas estatales tipo sovjoses, para dedicarlas a la producción extensiva, fue el germen del nuevo latifundio. Sus extensiones se ampliaron  posteriormente con la política anti-ecológica del desmonte masivo para ampliar las tierras de labranza, a lo que se sumó el proceso de cooperativización, reforzado a partir de los 70, que condujo a la creación de CPA tipo koljoses, algunas muy productivas y otras ya desaparecidas.

Desde que se inició la Actualización se planteó la necesidad de entregar tierras ociosas a los cubanos que quisieran trabajarlas –no dudo que en cualquier momento se apele a colonos extranjeros, como era común en otras épocas? y se emitió el decreto-ley 259 que permitió entregar más de un millón de hectáreas a productores familiares. El proceso ha sido lento y cargado de trabas pues se inició sin suministros, créditos, ni compras mayoristas, cuestiones que ya se han introducido parcialmente de tal forma que sus frutos son evidentes en varias ramas y regiones del país.

Pero lo peor es que queda más de un millón de hectáreas ociosas por distribuir y no se puede hacerlo porque las empresas propietarias no las entregan ni con los guardias. Esta paradoja de índole kafkiana no ha podido ser superada ni por los ucases de la alta dirección del país en los eventos más importantes, ni por la apelación patriótica a la seguridad alimentaria como un componente estratégico de la seguridad nacional.

Todo parece indicar que hará falta una tercera ley de reforma agraria que le arrebate las tierras ociosas a los grandes propietarios actuales, o en cualquier momento aparecerá una versión cubana del MST que empezará a auto-apropiarse de las excelentes tierras que las grandes empresas acaparan para sí. Sospecho que esto se debe a que quizás se enteraron de que el marabú entró a Cuba como planta ornamental y consideran que así coadyuvan a adornar las márgenes de nuestra autopista nacional y, de paso, evitan el ocio de la tierra.

La Bastilla ideológica

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Aunque me gustaría, no suelo responder a los comentaristas de LJC, no dispongo del tiempo y las posibilidades de conexión que me lo permitan; sin embargo, leo siempre con atención sus criterios. Con algunos concuerdo, con otros no, agradezco en lo interno el respeto con que me trata la mayoría de ellos. Eso es lo normal. O debería serlo. Hoy me siento obligada a hacer una  excepción.

En el trabajo Amigos sin barreras, alguien que se refugia bajo el paradójico seudónimo de Visor cubano motiva estas meditaciones. El referido lector, a todas luces un fraseólogo revolucionario (ningún argumento, postura absolutista, determinaciones rotundas, fe ciega, apelación al principio de autoridad y etiquetas, muchas etiquetas), lanza una serie de acusaciones que son bastante habituales y que no me hubieran movido a escribir una letra.

Por ejemplo, en el campo ideológico soy una «neoliberal» y «simpatizante de la tercera vía»; en el campo intelectual una «ignorante». Pero seguida a esas denostaciones, y con el mismo desprecio, me atribuye lo que parece ser para él el non plus ultra de las ofensas: la palabra ciudadana.

El Visor quizás desconozca que para llegar a ese estatus que deplora, se inmolaron durante décadas miles de compatriotas de todas las clases y sectores sociales. Ríos de sangre corrieron en esta isla para que los cubanos dejáramos de ser súbditos de una monarquía y nos convirtiéramos en CIUDADANOS de una república.

Así mismo había ocurrido antes en la Francia de 1789. Allí, al grito de ¡Avancez, Citoyens!, marcharon juntos las más disímiles personas: artesanos, panaderos, verduleras, medianos y pequeños propietarios, intelectuales, sacerdotes de las pequeñas parroquias, soldados, mujeres de vida alegre, los sans culottes, que serían en el argot de un fraseólogo “el pueblo en general”. Desconocidos entre ellos, unos ricos y otros pobres, instruidos unos e iletrados muchos; al proclamarse ciudadanos se paraban en pie de igualdad, dignos y desafiantes, frente a la nobleza que los despreciaba.

Una pregunta es crucial para aquellos que tachan de ciudadanos, como si escupieran la más vil infamia, a quienes discrepan de ellos. Si nosotros somos los ciudadanos, entonces ¿quiénes son ustedes? En Francia estaba bien definido, y la historiografía atribuyó el concepto de ancient regimen a la sociedad feudal inmovilizada, empobrecida, llena de privilegios que se transmitían por derecho divino y herencia; minoría selecta que se veía a sí misma cual elite social y que terminó adorando al doctor Guillotín en sus momentos postreros.

¿Quiénes son ustedes que se adjudican esos nombres de estirpe orwerliana como visores, pupilas y observatorios ideológicos? Y sobre todo, ¿a quién representan si no es a la ciudadanía? Deberían ser más prudentes en sus declaraciones, pues pudiéramos pensar que habitan una fortaleza blindada, construida de medias verdades y ocultamientos, privilegios y falsedades, aislada de los ciudadanos; una fortaleza que puede caer y dejar desnudos a sus habitantes, como ocurrió con la Bastilla.

Las listas del Camaján

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http://www.granma.cu/granmad/2007/01/09/nacional/artic01.html

Si algo ha caracterizado a la llamada “disidencia” cubana es la falta total de escrúpulos a la hora de manipular la realidad cubana. No importa si son personas sin la menor credibilidad, igual siguen recibiendo dinero y atención mediática como es el caso del farsante Elizardo Sánchez Santa Cruz, alias El Camaján.

Su trabajo es confeccionar las listas de los supuestos presos políticos en Cuba en las que incluía por ejemplo a Ernesto Cruz León, un terrorista salvadoreño que por dinero vino a poner bombas en Cuba. Igual la lista la integran deportistas famosos, cantantes, escritores del siglo XIX, en fin, que si de poner nombre se trata pue a poner nombres.

En la más reciente lista resaltan varios nombres de “presos políticos” vamos a ver solo el ejemplo de Elías Pérez Bocourt a quien El Camaján señala que está preso por “intento de piratería”

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Aparentemente Pérez Bocourt intentó secuestrar un yate para salir del país y entonces lo acusaron a 30 años de cárcel, por eso ahora la «disidencia» reclama su libertad, pero ¿Cuál es la verdad?

El 9 de enero de 1992 Elías Pérez Bocourt junto a un grupo de personas armados de dos machetes,  una daga fabricada de una bayoneta, una navaja y una llave de extensión intentaron secuestrar una embarcación en la base náutica de Tarará.

El resultado es conocido por todos, cuatro jóvenes asesinados en lo que se conoce como el crimen de Tarará. ¿Es Elías Pérez Bocourt un prisionero político o simplemente un asesino que cumple su condena?tarará

Lo que sufrimos los cubanos

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Por mucho que parezca distante hoy, el periodo especial está ahí. Algunos ya lo olvidaron, otros como yo no lo recordamos, pero pasó. Digo que está no para decir que está aquí (en el presente), sino que es objetivo, histórico, real, ¡ocurrió!

Me han contado tanto que no puedo distinguir donde termina la realidad y donde empieza esa rica mitología popular, donde las cosas se convierten -como diría Eduardo Sacheri– en el recuerdo de un recuerdo. Pero hay algo que sí tengo claro: el cubano pasó mucho trabajo.

De entre las cosas reales, puedo distinguir algún que otro holocausto. El colapso del transporte marcó el uso masivo de la bicicleta (en un país con un buen parque automotriz), y reafirmó las teorías más clásicas de la distribución de la población subordinada al desarrollo de la infraestructura: muchos dejaron o cambiaron de trabajo por las dificultades de transporte.

La crisis de la alimentación, que de seguro habrá por ahí quien la niegue -a lo mejor a ese no le faltó mucho-, aunque no se murió nadie de hambre, si hubo hambre. Me explica mi madre, que ese apetito voraz de la juventud que poseo, no es otra cosa que un gen que “se me activó” durante la etapa tan especial. Sé que tal cosa no es cierta pero sí se ha formado toda una cultura y hábitos influenciados por semejantes vivencias de las que no podemos desprendernos.

¿Cuánto trabajo hemos pasado los cubanos? Ha sido algo casi cíclico en nuestra historia. Primero nuestros nativos, fueron brutalmente exterminados. En la colonia, destaca la Reconcentración, que al terminar la guerra de independencia dejó un país con una población casi exterminada. El punto cumbre de la República neocolonial legó la mitad de un país analfabeto y sumido en la miseria. En revolución, ocurrió esa pérdida de la que se habla en este post.

Todavía veo la foto donde aparecen mi madre y mi padre en la década del 90. Ella con la delgadez-que envidiaría ahora- y él, con ese bigote tan poco poblado -como el mío- y su delgado cuerpo bailando dentro de una camisa. No siento, -como han intentado inculcar algunos en sus discursos-, ningún orgullo nacional de semejante cosa, sino una inmensa tristeza.

Por suerte los tiempos han cambiado, pero como dice Frank: hay que saber mirar hacia atrás. Todo aquello que sufrimos no debe verse como una escuela, como algo que nos preparó para cualquier desafío. Mirar ese pasado no es para dar una lección de auto-castidad revolucionaria, sino para hacer conciencia del peligro que se corre cuando se toman decisiones incorrectas. Digo esto, porque el juego de ir en los hombros del hermano soviético, pasó una elevada factura a la hora de caminar solos: Cuba apenas podía andar.

En realidad, solo recuerdo el periodo especial, para tener presente cómo es que no podemos estar. Lo recuerdo para alimentar un deseo, un sentimiento humanamente político, de que la gente que uno quiere no esté en semejantes condiciones, de nuevo.

Quien intente hacer del sufrimiento del pueblo una “victoria de la Revolución” o de liderazgo, debería sentir vergüenza. No hay que borrar de la historia algo que es parte de nosotros, pero sí es necesario darle el papel que le corresponde dentro de la tradición revolucionaria. Recordar lo que se sufrió es para tener bien claro y pensar, -sin hacer leña del árbol caído-, ese pasado inmediato que por ninguna circunstancia debe repetirse.

Che y el intelectual revolucionario

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Por: René Portuondo

La izquierda revolucionaria y las clases trabajadoras han contado desde casi sus mismos inicios con un fuerte movimiento intelectual que ha acompañado sus procesos revolucionarios. Desde el surgimiento de los primeros movimientos que abogaban por la superación del orden capitalista, muchos han sido los que han contribuido desde la teoría al fortalecimiento de estos. Incluso antes, en el tiempo de las revoluciones burguesas-como la paradigmática Revolución Francesa-, fueron los intelectuales revolucionarios los que se posicionaron al frente de dichas revoluciones.

El marxismo y toda la cosmovisión que de él se desprende, ayudó a dotar al movimiento comunista de la base científica para guiarse en una lucha contra el gran capital y la clase burguesa -devenida en clase reaccionaria tras el agotamiento de sus inicios como fuerza progresista-. El papel de cierta intelectualidad en todo eso es innegable.

Entre ellos se destacan los que han estado además de con sus ideas, también en la trinchera junto a las clases trabajadoras y que en más de una ocasión han dado su vida en este empeño. De ahí resalta  Ernesto Guevara, uno de los revolucionarios-intelectuales más grande de su época. Su participación en varias gestas guerrilleras y lo mítico, tiende a veces a opacar la profundidad y grandeza de su trabajo intelectual.

El trabajo intelectual del Che no es solo en el seno de la Revolución Cubana, sino que venía desde su juventud. Sin embargo es más conocida su labor como dirigente cubano. Aquí realizó un trabajo de preparación en lo económico que le permitiría llevar adelante las duras tareas del tránsito socialista, para las cuales estaba convencido era necesario un hombre superior.

Sometió a las más duras críticas a muchos de los postulados del llamado Manual de Economía Política de la Universidad de Ciencias de la URSS,  en un texto que hoy conocemos como Apuntes Críticos a la Economía Política. En estos trató de contextualizar muchos de los aspectos allí tratados, para acercarlos a la realidad latinoamericana. Aunque menos conocido también tiene gran importancia sus Apuntes Filosóficos, en los cuales reflexionaba sobre mucho de los retos que tendría por delante el período de tránsito.

Quizás su trabajo más conocido El socialismo y el hombre en Cuba, es considerado uno de los textos más importantes del marxismo latinoamericano y de inicios de la Revolución. Ahí defiende una postura que lo llevaría en muchas ocasiones a chocar con los fuertes dogmatismos que en su época dominaban la mente de muchos revolucionarios. Para hacer el socialismo hace falta no solo crear la base material del mismo, sino también la base humana, el ser socialista que llevaría adelante dicha trasformación, afirmaba.

Lo fundamental en estos textos del Che no fueron en muchas ocasiones las respuesta que dio, sino las preguntas que se hizo, muchas aún sin resolver a más de cincuenta años de su muerte.

Lo que si nos dejó el Che, fue el paradigma de lo que debería ser un intelectual revolucionario; un hombre que con sus ideas contribuya al desarrollo de una sociedad más justa y humana, desde la lucha diaria junto aquellos que siguen lo  justo y no desde los altares que se erijan para venerar a los conductores inapelables de la sociedad comunista.

En muchos de los países del ya extinto campo socialista la intelectualidad revolucionaria se subordinó a la égida de una burocracia obrera que terminó por desvirtuarla -a esa intelectualidad- y a la revolución misma.

El dogmatismo de gran parte de los intelectuales soviéticos y del campo socialista respondía en gran medida a las condiciones políticas en las que se enmarcaba. La intelectualidad revolucionaria, acostumbrada a su papel dentro de la oposición al régimen capitalista, no logó brillar en su papel de guía en el período de construcción del socialismo.

El intelectual revolucionario muere como tal cuando sus teorías dejan de tener como punto de partida la realidad que los rodea y mueren como revolucionarios cuando este alejamiento ocurre a causa de la obtención de beneficios personales y la posibilidad de mantener en una sociedad muy difícil una situación privilegiada.

Lo progresista de un hombre y de una clase como generalidad puede medirse por su relación y posición ante el poder dominante. Es siempre más importante el pensamiento crítico que nos permite avanzar superando nuestros errores, que la defensa a ultranza de una orden social, posición que tiende a caer en posturas fanáticas que pierden contacto con la realidad que desean trasformar. Es en este dilema de posturas donde quedan en medio nuestros intelectuales. Será su elección la que decante -a favor o en contra- el juicio inapelable que sobre ellos hará la historia. El Che como intelectual, decidió ser también un revolucionario ¿qué harán los intelectuales de izquierda hoy?

Tomado de: La Trinchera

La hegemonía de izquierda

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Foto: Robert Greatrix / Rolling Stone

Que la derecha mundial controle el flujo de la información a su favor es una injusticia, que los gobiernos de izquierda a veces la imiten, es una tragedia. En la Cuba de hoy no basta con ser de izquierda, apoyar las instituciones del país y condenar el bloqueo, también se exige algún tipo de subordinación. Hasta hace unos años los cambios promovidos por Raúl permitían ser revolucionario por cuenta propia, es decir, participar de forma autónoma en el debate político nacional, como ciudadanos que hemos hecho de la política un patrimonio del pueblo, hoy eso es imposible. Quien se resista a dicha subordinación conocerá lo que es la hegemonía, ya no la de Estados Unidos y sus aliados sino la doméstica.

La capacidad hegemónica del Estado cubano no es comparable con la de la derecha mundial, que tiene más recursos y puede ser más sutil en sus métodos, pero esto no significa que a lo interno sea menos real. El solo hecho de tener tal control sobre otros implica una responsabilidad pública sobre la que se debe rendir cuenta al pueblo. En un gobierno revolucionario, esta debe ponerse en función de amplios intereses sociales, evitando utilizarla para favorecer a grupos o interpretaciones específicas de la economía o la política que no cuenten con el respaldo de la mayoría.

Abusar de la hegemonía, convierte el poder revolucionario en poder en sí mismo.

Entre revolucionarios no se debe dar voz a unos y omitir la de otros. No se puede publicar en Granma y Cubadebate lo que dicen algunos funcionarios ideológicos y a la vez ignorar la opinión de intelectuales o Silvio Rodríguez cuando dice algo que no se quiere escuchar. No existe tal cosa como revolucionarios de segunda categoría, lo que sí existe es el ejercicio de la hegemonía para favorecer individuos. En una revolución que hizo confluir en el poder a distintas fuerzas en el 59, que supieron poner a un lado sus diferencias por algo mayor que ellos mismos, es trágico que sesenta años después se alimente jerarquías que premian la carrera política de unos a costa de la enajenación de otros. Como si la microfracción de Aníbal Escalante ganara hoy, sin la presencia de Fidel para evitar que avancen sectores dogmáticos con agenda propia.

Más allá de la izquierda militante, se utiliza la hegemonía a discreción. Ejemplo de ello es la reacción oficial hacia el periodista uruguayo Fernando Ravsberg y su blog Cartas desde Cuba. No es necesario coincidir con él para saber que si logran silenciarlo, sus lectores no irán a parar a Cubadebate sino a El Nuevo Herald y medios de oposición. Quizás el objetivo de nuestros estrategas ideológicos sea aumentar la polarización, porque todas sus acciones desde hace un año van provocando ese efecto, pero cuesta ver un efecto positivo en el aumento de la discordia interna y la promoción personal de quienes alimentan el fuego de las antorchas. Matar al mensajero nunca es método de quien tiene la razón.

Resulta que Ravsberg no es el más crítico de los periodistas extranjeros, pero sí el que más presiones recibe, no por lo que dice sino porque es leído. Es fácil prohibirle trabajar en Cuba, en su lugar deberían ir a la raíz del problema y preguntarse por qué llegan a él sus lectores. La solución seguramente será hacer un periodismo mejor, que problematice el país y sea creíble. El día que esto se logre los cubanos no necesitarán buscar en un periodista uruguayo el reflejo de su realidad, pero la hegemonía crea hábito cuando el decisor no necesita asumir públicamente sus sentencias. Será otro error más a la cuenta de la Revolución.

En lugar de una política que maximice los aliados y minimice enemigos, regresan las purgas digitales y el uso de la fuerza sobre la razón.

Las instituciones políticas del país deberían reflexionar en las razones por las que sus blogueros de vanguardia son tan poco leídos e incapaces de generar empatía. Por qué ni siquiera apelando a los medios masivos, promoviéndolos en cuanto escenario televisivo, conferencia universitaria o grupo de extranjeros que visita nuestro país, su mensaje no termina por calar entre la gente. Quizás tener la hegemonía no significa necesariamente tener la razón, quizás tampoco pueda hacerse el futuro con las armas melladas del socialismo, y quizás, piénsenlo bien, la disciplina no sea el principal valor de un revolucionario. A los sesenta años no se puede tener la enfermedad infantil del izquierdismo que señalara Lenin, se tienen otras enfermedades muy distintas.

La hegemonía que no entiende de autonomía, incluso entre sus propias fuerzas, resulta efectiva en desmovilizar políticamente. Numerosos blogs que nacieron espontáneamente hace años, desaparecieron para ser reemplazados por una blogosfera de fantasmas que escriben por encargo. Conozco a quienes tuvieron que escoger entre su bitácora o su empleo, ninguno de ellos fue ni es contrarrevolucionario, pero no eran parte del plan concebido. Por suerte para ellos, mis amigos blogueros que hoy en lugar de participar en la política nacional trabajan para acumular riqueza, viven en paz con sus familias, resulta que hacer dinero en Cuba es más políticamente correcto que escribir y opinar en Internet.

La Joven Cuba es un blog sobreviviente, recuerdo de tiempos mejores. Nos van regresando intencionalmente al año 2010 en que la Cuba digital se dividía en las absurdas categorías de “oficialistas” y “disidentes”, como si el cambio de mentalidad y el pensamiento crítico que promovió Raúl, fueran borrados y quienes lo siguieron pasaran a convertirse en desfasados o daño colateral.

Últimamente cuando un blog autorizado a opinar sobre Cuba no logra captar la atención deseada o pierde un debate digital, se le publica entonces en Cubadebate o Granma. Estos piñazos digitales sobre la mesa son muestra de hegemonía, pero no de tener la razón. En un país con alto nivel de instrucción debería confiarse en la inteligencia colectiva y el tribunal de la opinión pública, pero no es así. Tampoco fue así en los modelos comunistas que perecieron en el siglo XX. Triste destino depara a las revoluciones que en manos de su burocracia terminan convertidos en poder en sí y dejan de ser poder revolucionario, porque los burócratas entregarán la Revolución primero al capitalismo que a quienes desde sus filas propongan un camino distinto al suyo. Lo hicieron en la URSS y tratarán de hacerlo acá.

Hoy existen en Cuba revolucionarios buenos y revolucionarios malos, los autorizados para hablarle al pueblo y los que no, existe hegemonía y piñazos sobre la mesa con tal de ganar una discusión o que llegue solo la parte conveniente en un debate. Ojalá regresemos al camino de la razón y el pensamiento de hace unos años, porque la injusticia hegemónica de derecha sabemos enfrentarla, pero la hegemonía nacional de izquierda, cuando se usa irresponsablemente, termina por parecerse a la otra. Y entonces para qué diablos se hizo una revolución.

Corea del Norte, USA y la historia 

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La noticia recorre el mundo. Corea del Norte promete eliminar su programa nuclear y Trump dice «Kim es un hombre muy talentoso que ama mucho a su país» . Según los medios, ambos mandatarios trabajarán para establecer “nuevas relaciones” entre EEUU y Corea del Norte.

Según el acuerdo firmado: El presidente Trump se comprometió a proporcionar garantías de seguridad a la RPDC. «Estamos preparados para comenzar una nueva historia y escribir un nuevo capítulo entre nuestras naciones» afirmó Trump y el presidente Kim Jong-un ratificó su firme e inquebrantable compromiso de completar la desnuclearización de la península de Corea».

No estoy en contra de la reunión ni del acuerdo entre Estados Unidos y Corea del Norte, pero hacemos un poco de memoria no se puede ser tan optimista. Retrocedamos unos años y analicemos un caso similar. Las negritas en el texto son mías para señalar algunos puntos interesantes:

Periódico La Prensa. 20 de diciembre de 2003:

El Ministerio de Relaciones Exteriores libio indicó en un comunicado que Libia ha decidido por propia voluntad (…) eliminar completamente las armas de exterminio prohibidas internacionalmente?…

Por su parte, el presidente George W. Bush destacó en Washington las posibilidades de que Libia mejore notablemente sus relaciones con Estados Unidos, si cumple su compromiso de desmantelar sus armas de exterminio, e instó a otros líderes a seguir el ejemplo.

El primer ministro británico, Tony Blair, por su parte, calificó de valiente e histórica la decisión de Libia de renunciar a su programa secreto de desarrollo de armas de destrucción masiva.

El jefe del Gobierno libio, Muamar el Gadafi, renunciará a ese tipo de armas tras nueve meses de negociaciones con Gran Bretaña, Estados Unidos y la ONU, dijo Blair en una declaración en Durham (norte de Inglaterra).

Periódico El Mundo. 20 de diciembre del 2003:

El Gobierno libio ha admitido que ha tratado de desarrollar armas de destrucción masiva y se ha comprometido a desmantelar esos programas, según ha declarado el presidente de EEUU, George W. Bush. El anuncio fue hecho de forma simultánea por el primer ministro británico, Tony Blair, ya que EEUU y Reino Unido fueron los negociadores del acuerdo.

El líder libio, Muamar Gadafi, «ha aceptado inmediata e incondicionalmente permitir a los inspectores internacionales entrar en Libia» para investigar los programas de armas químicas, biológicas y nucleares del país, dijo Bush en un anuncio en la Casa Blanca.

Esos compromisos, «una vez cumplidos, harán a Estados Unidos más seguro y al mundo más pacífico», añadió el presidente de EEUU.

A pesar de que Libia y EEUU han mantenido una abierta hostilidad durante las últimas décadas, Bush dijo que «los viejos conflictos no deben durar siempre» y dejó claro que los países que renuncien a sus armas de destrucción masiva tendrán mejores relaciones con Washington y sus aliados.

«Los líderes que abandonan la búsqueda de armas químicas, biológicas y nucleares y los medios de lanzarlas encontrarán un camino abierto para mejores relaciones con Estados Unidos y otros países libres», sentenció.

BBC mundo. 22 de diciembre de 2003:

El director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Mohamed El Baradei, declaró que visitará Libia la próxima semana con un equipo de expertos, con el fin de evaluar el programa nuclear de ese país.

El presidente de la Unión Europea, Romano Prodi, dijo que la decisión de Libia es «un paso más hacia el establecimiento de las condiciones adecuadas para la restauración de las relaciones diplomáticas en su plenitud, entre Libia y la UE«.

Periódico El País. 17 de marzo de 2011

La ONU da luz verde para atacar Libia

El Consejo de Seguridad impone una zona de exclusión aérea sobre el país. La votación es acogida con vítores en Bengasi, último bastión rebelde. Los primeros bombardeos pueden ser inmediatos para evitar la caída de Bengasi. EE UU cuenta en el Mediterráneo con fuerzas para actuar urgentemente.- Francia dice que hay que responder «en cuestión de horas o días»

Un portavoz del Pentágono manifestaba este jueves que Estados Unidos dispone ya de recursos militares en el Mediterráneo como para actuar de inmediato…

La reunión recién realizada entre los presidentes de Corea del Norte y Trump es una evidencia de las razones que tenían los coreanos del norte para desarrollar su programa nuclear. Si no los han borrado del mapa –como hicieron con Libia– es precisamente por tener armas nucleares. Veremos qué nos depara la historia, ojalá que dentro de unos años un nuevo presidente -o quizás el actual- no fabrique algún pretexto para agredir a la entonces indefensa Corea del Norte.