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El orden de los factores

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factores

La matemática tiene sus leyes. La política las suyas. En la primera, dos por tres arroja el mismo resultado que tres por dos. En la segunda no ocurre así. Por ejemplo, no se puede cambiar en la Constitución un artículo del lugar tres al diez sin que ello tenga implicaciones significativas.

El artículo 3 de la Constitución cubana, aprobada en 1976, afirma: “En la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado. Ese poder es ejercido directamente o por medio de las Asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado que de ellas se derivan, en la forma y según las normas fijadas por la Constitución y las leyes”.

A continuación se suceden los artículos referidos a los símbolos nacionales (4), el papel del PCC (5), el rol de la UJC (6), el reconocimiento a las organizaciones políticas y de masas (7), el carácter laico del Estado (8), las funciones del Estado (9), y el obligatorio acato a la legalidad socialista por parte de los órganos del Estado, sus dirigentes, funcionarios y empleados (10).

En el año 2002 el artículo 3 se modificó con el agregado de un párrafo, denominado más adelante cláusula de intangibilidad, que declaraba el carácter irrevocable del socialismo y el sistema político y social establecido en esa Constitución. Sin embargo, se mantuvo su lugar preponderante en el texto constitucional, solo precedido por los artículos que definen el tipo de Estado (1) y el nombre del país (2).

En el anteproyecto de Constitución que se somete a consulta popular la redacción de dicho artículo se conserva, aunque se agrega un término: “En la República de Cuba la soberanía reside intrans­feriblemente en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado (…)”. El término “intrans­feriblemente” fortifica la idea de que la soberanía popular no puede ser trasladada a ninguna persona u organización y que es el pueblo quien tiene la última palabra en la dirección de los asuntos públicos. No obstante, ese aparente fortalecimiento se pone en tela de juicio dada la ubicación actual del artículo, que fue descendido hacia el puesto número 10.

Fue muy interesante el intercambio de criterios entre una diputada —cuyo nombre no logré anotar durante la transmisión televisiva— y los dirigentes de la Comisión que elaboró el anteproyecto. Ella, con toda razón, manifestó su discrepancia con que la declaración de soberanía popular se pusiera por debajo de la del papel del PCC, la UJC, las organizaciones políticas y de masas, el Estado, etc.; ya que si todo el poder emana del pueblo —explicó— entonces las instituciones y organización que este se dé para gobernarse derivan de su carácter soberano y, en consecuencia, deben ir después en la estructura del articulado constitucional.

A pesar de que por simple lógica formal era un argumento irrebatible, Homero y Toledo se mostraron contrarios a él. El segundo, con la arrogancia que manifestó casi todo el tiempo al dirigirse a los diputados —“el engreimiento y el envalentonamiento que tanto daño le han hecho al Partido y a ellos mismos”, como había dicho Manuel Navarro Luna al enjuiciar la actitud de ciertos dirigentes comunistas del viejo partido—, fue tajante al declarar que la comisión había estudiado la cuestión y que no se debía cambiar la estructura. Al preguntarle Homero si mantenía su propuesta, la legisladora, contrariando la actitud habitual en la mayoría de sus colegas, insistió en su tesis, por lo que hubo que someterlo a votación por la Asamblea. Resultado: igual que Fuenteovejuna, todos a una contra el planteamiento. En consecuencia: las manos arriba, el pueblo abajo (en el orden del articulado quise decir).

Este tema no se circunscribe a una cuestión de formalidad, de buen tono democrático, o de educación cívica, al estilo de las damas primero. Aquí se dirime un asunto de justicia histórica. A diferencia de lo ocurrido en Rusia en 1917, donde el Partido organizó a la revolución; en Cuba, fue el pueblo, en sus disímiles clases y sectores, y dirigido por varias organizaciones con un centro unificado, quien derrotó a la tiranía de Batista e hizo triunfar a la Revolución. Cuando el proceso se radicalizó, una gran parte de ese pueblo aprobó por consenso el carácter socialista del mismo. Varios años después surgiría el actual Partido Comunista de Cuba. El Estado fue organizándose desde los mismos inicios con el apoyo popular, hasta 1976 donde se dota de una Constitución Socialista que, por muchos defectos que tiene, al menos en su estructura reconoce la precedencia de la soberanía popular ante cualquier organización o persona. No creo que debamos modificar ese lugar privilegiado. Recordemos que en política, a diferencia de en las matemáticas, el orden de los factores altera al producto.

La fuerza creadora del pueblo

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fuerza

Aquel que ejerce la crítica revolucionaria de la sociedad muchas veces se encuentra en una relación compleja con el pueblo. Por un lado, critica todo lo que hay en él de atrasado y retrógrado, por el otro, propone como solución construir una democracia que le de poder a ese mismo pueblo. Esta contradicción, sin embargo, es completamente natural y forma parte de la dialéctica de la crítica y de la praxis revolucionaria. Se trata de una contradicción dialéctica, objetiva, existente independientemente de la voluntad de los sujetos.

Desde un punto de vista marxista, la misma noción de pueblo es bastante problemática. Si se acepta como pueblo al simple conjunto de todos los individuos que conforman la sociedad, y se recurre a él como el sujeto que llevará adelante la revolución, entonces se ha caído en una concepción burguesa que tiene sus raíces en el siglo XVIII. Lo verdaderamente marxista consiste en diferenciar entre las diferentes tendencias de la sociedad, entre los diferentes grupos según el lugar que ocupan en las relaciones sociales de producción. Por tanto, cuando un marxista habla del pueblo y de lo popular, tiene en la mente a un conjunto complejo, susceptible tanto de estar bajo la hegemonía de los grupos dominantes como de construir una hegemonía centrada en las clases tradicionalmente explotadas. En este último caso, se trataría de un verdadero poder popular.

El pueblo, aunque se le llame soberano, no puede ser convertido en un fetiche. Es cierto que existe y siempre ha existido una sabiduría popular, pero también existen tendencias retrógradas que han sido marcadas en la conciencia social por siglos y siglos de sociedades de dominación. El mérito teórico de Gramsci estuvo en mostrar cómo en el “sentido común” de las masas populares se concentran rituales, hábitos y fragmentos de cosmovisión que sirven para apuntalar la hegemonía de los grupos dominantes. Esto permite explicar por qué tan a menudo se observa el surgimiento de sistemas políticos reaccionarios que cuentan con apoyo popular, así como el desgaste de procesos revolucionarios que se detienen y se quedan por debajo de su potencial de liberación.

La relación de los socialistas con las grandes mayorías siempre ha sido difícil. Lo más común es que la mayor parte del pueblo no entienda y no siga los ideales socialistas. La frustración más común entre los luchadores sociales es ver como las masas populares muchas veces son cómplices en mantener la hegemonía de los grupos dominantes. Sin embargo, el socialista no puede rendirse ante esa realidad: el apoyo popular no hace democrático a un sistema de dominación. Es necesario mantener la lucha por una forma superior de manifestación de la libertad política y humana.

El revolucionario que ejerce la crítica en primer lugar debe romper con el sentido común dominante. De eso se trata justamente ser vanguardia. Si los pueblos no se encontraran en una situación de atraso inducido, si no estuvieran necesitados de un proceso pedagógico-político, no sería necesaria la aparición de una vanguardia. Dicha vanguardia, como es natural, se encontrará al principio en minoría con respecto al conjunto de la sociedad.

Ahora bien, la gran pregunta es: Si el pueblo es tan atrasado, si está tan cargado de tendencias retrógradas, ¿entonces para qué darle el poder político? ¿No sería como poner un peligroso juguete en manos de un niño? Platón tenía sus razones para ser enemigo de la democracia. Una posible respuesta al dilema, muy tentadora, es la siguiente: Dado que la vanguardia fue capaz de saber lo que le convenía al pueblo, incluso antes que el pueblo mismo, tal vez sea justamente la vanguardia la que deba dirigir.

Esta es la tentación suprema y el peligro supremo, que ha echado a perder casi todas las experiencias de socialismo que se han conocido hasta hoy. La vanguardia, para ser coherente consigo misma, debe obedecer a un imperativo moral categórico: construir las bases para su propia disolución y finalmente disolverse a sí misma. El poder, la democracia y la libertad política deben ser entregados al pueblo, a pesar de su atraso político y sus tendencias retrógradas, porque justamente en el ejercicio de ese poder y esa libertad es que el pueblo se educará a sí mismo y alcanzará su mayoría de edad.

Dicho con palabras de Rosa Luxemburgo: Solo la vida sin obstáculos, efervescente, lleva a miles de formas nuevas e improvisaciones, saca a la luz la fuerza creadora, corrige por su cuenta todos los intentos equivocados (…) La vida socialista exige una completa transformación espiritual de las masas degradadas por siglos de dominio por la clase burguesa. Los instintos sociales en lugar de los egoístas, la iniciativa de las masas en lugar de la inercia, el idealismo que supera todo sufrimiento, etcétera (…) El único camino al renacimiento pasa por la escuela de la misma vida pública, por la democracia y la opinión pública más ilimitadas y amplias.

Constitución y libertad

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constitucion

La libertad ha ocupado la mente del hombre durante toda su historia. Muchas han sido las rebeliones, revoluciones y actos de rebeldía para intentar reivindicarla. Sentir su presencia, es una necesidad para nuestra especie.

Los cubanos, como otro de los tantos pueblos víctimas de la conquista y la colonización, sufrimos por siglos su falta. En su búsqueda, nació y creció la nación cubana. Continuas generaciones de hombres en este archipiélago han dedicado a ella su vida. Pareciera tal cosa, algo arraigado a nuestra condición de cubanidad.

Por desgracia, a pesar de que estuvo presente en gritos de ¡Libertad o muerte!, en ese “danos la libertad/con el machete”en la mano que rezaba Maceo ante cada combate. Hoy la palabra es parte de la fraseología de la oposición, de la disidencia y de una sentenciada contrarrevolución, en buena parte por insertarse su uso dentro de los programas de golpes blandos de la USAID y la CIA.

Para algunos, libertad es sinónimo de oposición, así corre peligro la Revolución de entregar su capital simbólico a la disidencia

Sin embargo, hablar de libertad, la de mambises, rebeldes, militantes de llanos o guerrilleros, en tiempos de redes sociales, sigue siendo un acto revolucionario y no un juego al imperio. Y no se trata de una libertad quimérica, utópica y romántica, sino una libertad política, cultural, de pensamiento, de ser pleno. En un ambiente de tal trascendencia como en el que vivimos hoy- de un proceso constitucional-, es imprescindible hablar de ella.

Para quitarle el contenido mítico, quizá pudiéramos resumirla en cosas tan simples como la formula griega de disminuir la desigualdad para aumentar la libertad, o en discursos de oportunidades sociales de elección, de superación.

Sin embargo, como marco referencial me gustaría usar al cubano más universal, que es más que un mármol, o a veces, un plástico con forma humana. Por eso, recordemos aquella sencilla enseñanza, por la que cada niño cubano pasó, donde la libertad es ese derecho de ser honrado, y de hablar sin hipocresía.

Si miro con detenimiento, veo una sociedad en la que las condiciones de subsistencia, ese salario que no alcanza, y la doble moral que este genera no fomentan esa derecho a la honradez. Un cubano que gana poco mas de 600, y que necesita más de mil para vivir, y con una familia que alimentar, no puede esperarse más de él -aunque no lo haga- que el acto de incurrir en eso que llamamos eufemísticamente lucha, invento, u otras formas. Necesidad que ya ha pasado por una especie de contrato social, y de la que no se habla, pero sigue presente a la hora de teorizar sobre el proyecto.

El derecho a un salario honesto falta en el proyecto de Constitución

Ese hombre genérico que es honesto, trabajador, pero el que más o el que menos, compra ese producto que en la tienda no hay y que sabemos de procedencia ilícita, luego olvida -tiene que hacerlo- su complicidad con la malversación, y regresa a su estado “revolucionariamente puro” de la conciencia. Como casi un dilema ontológico del cubano, hay que restar honradez-libertad- en pro de la supervivencia, pues no queda más remedio.

Por eso, en el hacer de la Constitución, debe pensarse en otorgarle al ciudadano esa honradez en la cual va parte de su libertad. Mientras vivir con salario bajo sea una realidad, se congelarán principios y el derecho a la honradez, y la libertad -que es algo muy real-, se verá afectada.

Buscando entre los párrafos de una futura Constitución, entre los derechos que como cubanos nos proclamamos, no aparece el de cada cubano a un salario digno, ni la obligación del Estado y su máxima dirección a garantizar esto. Al parecer, esas son cosas de otra índole, cuya importancia no tuvo carácter constitucional y que tendrá que seguir esperando a que esa libertad se convierta, cuando más, en una política impulsada por el Estado. Cuestión que a mi juicio debiera ser el eje central de todo el proyecto socialista.

Riqueza y propiedad

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riqueza

Los debates en torno al tema de la concentración de la propiedad y la riqueza en el proyecto constitucional suelen verse por separado, pero si hurgamos un poquito nada más veremos que eso es imposible. De hecho, son dos conceptos casi del mismo orden y se dan en estrecha relación con otros que no se pueden ignorar al abordar estos temas, como son: pobreza, desigualdad y tipos de propiedad.

Ni en el ideal del socialismo, ni en sus manifestaciones prácticas, se le concibió para generalizar la pobreza, sino la riqueza. Cuando triunfó la Revolución, a los grandes propietarios y las clases medias les fueron expropiados los medios de producción que empleaban como capital para explotar a los desposeídos. En cambio, las grandes masas de la ciudad y el campo ampliaron su propiedad personal y familiar (casas, tierras, disfrute de servicios a precios módicos…), tuvieron acceso masivo al llamado capital simbólico (alfabetización, títulos, bienes culturales…) y al usufructo de bienes públicos (museos, teatros, bibliotecas, áreas recreativas…) que llenaron de riqueza cultural su creciente tiempo libre.

El ideal de socialismo no se concibió para generalizar la pobreza, sino la riqueza

En la medida en que esos mecanismos sociales de redistribución de la riqueza colectiva se deterioraron, o desaparecieron, y se incrementaron las ofertas de consumo material y espiritual a precios de mercado, los niveles de pobreza crecieron sustancialmente. Una mirada a la sociedad cubana actual nos muestra, no solo el retorno de los limosneros, vendedores ambulantes, buzos y buscavidas de todo tipo, sino otras manifestaciones del empobrecimiento que suelen estar más invisibilizadas.

Una de ellas es la desproporción existente entre los sexos en las universidades cubanas, donde hoy matriculan más de cien mil mujeres que hombres en el curso regular diurno. A no ser que ellas se hayan vuelto más inteligentes que ellos en las dos últimas décadas, es de presumir que muchos empiezan a trabajar más temprano para poder cumplir el papel de proveedor que la sociedad –a pesar de los avances del feminismo- le sigue exigiendo a los varones de manera especial.

En este entorno social cada vez más competitivo, la tendencia es que la concentración de la riqueza y de la propiedad vayan de la mano. Los estudios sobre la composición de propietarios y proletarios en el naciente sector privado muestran que el arquetipo del emprendedor actual es el del hombre joven blanco proveniente de familias de alto nivel intelectual y, casi siempre, con apoyo de familiares en el extranjero. Por este camino: mujeres, personas mayores, negros y mestizos y los de origen humilde, tendrán pocos problemas con el tema que nos ocupa porque no van a tener, ni propiedad, ni riqueza que concentrar.

En los debates parlamentarios se vertieron opiniones acerca de por qué no se puede medir la riqueza en Cuba, con argumentos infundados y contraproducentes para los intereses de la nación. En este campo hay que apelar más a la estadística seria y hacer públicas las declaraciones del patrimonio y los ingresos de todos los ciudadanos y ciudadanas. Solo así se podrá delimitar quién tiene ingresos ilegales e inmorales y sobre él caerá el peso de la ley. Afirmar que no se puede por las características especiales de la realidad cubana, sería darle banderín abierto constitucionalmente al blanqueo de dinero mal habido, proveniente de la economía sumergida y los manejos de la burocracia, en forma de capital de supuestos emprendedores.

Hacer público el patrimonio e ingresos de todos los cubanos para eliminar la corrupción

Por otra parte, es preciso que esta conexión riqueza-propiedad se establezca no solo en el sector emergente de la propiedad privada nativa, sino también en el del capitalismo de estado (empresas mixtas, asociaciones, etc), en las empresas de capital extranjero puro y en el mayoritario sector estatal. Es vox populique muchos burócratas empoderados han lucrado con bienes públicos y prebendas de sus altos cargos por años, convirtiéndolas en fuentes de patrimonio personal y familiar.

La no existencia de la obligación de hacer declaraciones juradas de ingresos y patrimonio hace que estos corruptos no tengan que rendir cuentas a nadie de donde salen sus ingresos y gastos; aunque es obvio que poco tiene que ver su alto nivel de vida con los salarios correspondientes a sus cargos. En una sociedad donde el trabajo ha de ser la fuente principal del enriquecimiento personal y familiar es una necesidad perentoria que la conexión entre riqueza y propiedad -concentrada, o no- sea transparente y precisa como deber y derecho de todos los que hemos de vivir al amparo de la nueva Constitución.

El capitalismo está allá fuera

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Sebastián Piñera (Chile), Michel Temer (Brasil), Mauricio Macri, Juan Orlando Hernandez (Honduras), Juan Manuel Santos (Colombia) y Pedro Pablo Kuczynski (Perú). Foto: REUTERS

Mientras en Cuba, la supuesta dictadura da la posibilidad de que millones de personas participen en la elaboración de su Constitución, en otros países del área -definidos como democráticos- los políticos se burlan del pueblo, con el silencio cómplice de los principales medios de comunicación.

Veamos algunos ejemplos:

Brasil: Temer vende el país a pedazos mientras se utiliza el poder judicial para detener el empuje de la izquierda, aun cuando no tengan pruebas.

Colombia: Juan Manuel Santos integra al país a la guerrerista OTAN. Los líderes sociales son asesinados a diario y como un avance de lo que viene, ya el nuevo presidente incumplió su primera promesa electoral.

Ecuador: El traidor Lenin Moreno sigue poniendo el país en manos de la derecha. Es necesario recordar que Moreno llegó a la presidencia con un discurso de izquierda y luego ha puesto en práctica las políticas de la derecha. Se utiliza el poder judicial para detener el empuje de la izquierda, aun cuando no tengan pruebas.

Argentina: El presidente Mauricio Macri ha endeudado el país por 100 años. Este es otro que también engañó al pueblo e incumplió varias promesas electorales. Se utiliza el poder judicial para detener el empuje de la izquierda, aun cuando no tengan pruebas.

El capitalismo tercermundista que nos tocaría a los cubanos no será nunca la solución a nuestros problemas. Nos quieren engañar con falsos discursos, pero viendo lo que ocurre a nuestro alrededor, bastaría con recordar aquella famosa serie de televisión: La verdad está allá fuera, y no es nada agradable.

El Homo Cubensis

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Aunque los cubanos nos tenemos por seres especiales, pocos saben que hasta tuvimos un aspirante a homínido criollo antecesor del ser humano, bautizado como Homo Cubensis, u Homo de Sancti Spiritus. Quizás el único candidato americano en la larga lista de los eslabones perdidos entre el Homo Sapiens actual y los homininos del Mioceno, hace unos 4 millones de años, vaya que unos añitos más o menos no vendrían al caso.

Todo comenzó el 19 de junio de 1888, cuando la Real Academia de Ciencias Médicas y Naturales de La Habana comisionó al antropólogo cubano Luis Montané  y Dardé para dirigir una expedición a la Cueva La Boca del Purial y el Pico Tuerto del Naranjal, en las Lomas de Banao, en la región central de Sancti Spiritus, con el objetivo de buscar objetos arqueológicos y antropológicos para conformar el museo de la institución.

En pos de convencer a sus ahorrativos colegas, Montané presentó un argumento sorprendente: la caja con fragmentos de huesos antiguos encontrados en el sitio espirituano, que el sacerdote de Tunas de Zaza, Andrés Pertigón, hiciera llegar a su amigo José Torralbas un tiempo antes. La excavación sacó a la luz, según sus palabras: “una serie de cráneos que reposaban sobre un lecho de abundante ceniza” [que estaban] “dispuestos intencionalmente formando una semicircunferencia concéntrica”.[1] Además, recogió un valioso ajuar de piedra y concha y una mandíbula de simio que terminaría por ser el más importante de todos aquellos descubrimientos al tratarse de una especie fósil, el primero conocido de las Antillas, que fue bautizada en su honor como Montaneia antropomorpha.

El revuelo internacional en torno a este hallazgo se iniciaría por tres cráneos que la Academia enviara para su estudio al Laboratorio de Antropología de París, pues allí se propusieron varias cifras hipotéticas sobre su datación que asombrarían al mundo al cifrarla en millones de años.

La historia de los cráneos parecía muy bien contada: por ese entonces, Cuba formaba parte del terreno continental de lo que hoy llamamos América y estaba habitada por antepasados humanoides. Con el tiempo el terreno de Cuba se separó del continente y quedó aislado como una isla, de ahí que la evolución siguiera un curso diferente al resto del continente por lo que, al cabo de otros milloncitos de años, sus habitantes ya se diferenciaban tanto de los del resto del mundo que formaban la especie del pretendido Homo Cubensis y de ellos eran los restos de Banao. Pero la historia tenía un defecto: era verosímil, pero no verdadera desde el punto de vista de la metodología científica pues carecía de pruebas.

Su principal propagandista era uno de los más famosos antropólogos y paleontólogos de su tiempo: el argentino Florentino Ameghino, quien acuñó el término Homo Cubensis y propagó que se había descubierto un hombre fósil cubano autóctono de América. Pero rápidamente recibió la respuesta adversa del no menos famoso francés Ernest Hamy, uno de los descubridores del Hombre de Cro-Magnon y de los primeros en reconocer al de Neandertal como un tipo de homínido-, quien se oponía a esas afirmaciones. Para resolver el debate de manera científica, en 1904, el Congreso de Americanistas de Stuggart, solicitó a Montané que volviera a El Purial y obtuviera nuevas evidencias para confirmar, o negar, la hipótesis de Ameghino.

El cubano aceptó el reto, hizo una nueva exploración aún más concienzuda y, en el Congreso de Antropología y Arqueología Prehistórica de Mónaco (1906), presentó su ponencia “L´Homme de Sancti Spíritus” donde demostró que estaban erradas las teorías sobre un hombre fósil americano. Los restos de El Purial pertenecían a individuos que vivieron en comunidades pre agro-alfareras de aproximadamente 4600 años de antigüedad, según las pruebas de Carbono 14 del Laboratorio de Barcelona.

Gracias a sus expediciones a Banao y Santiago de Cuba (1892) este gran científico criollo recolectó un buen número de piezas arqueológicas y antropológicas que le permitieron fundamentar la existencia de grupos aborígenes pre-taínos, sin deformación craneal. Fue también uno de los primeros en dar a conocer los grupos descendientes de aborígenes, muy mezclados ya, que aún perduran en la región oriental.

No obstante, la existencia del homo cubensis ha sobrevivido en el reino del mito y durante la primera mitad del siglo XX todavía podían encontrarse referencias a su existencia en publicaciones pseudo-científicas. Aún hoy proliferan en la web las más fantasiosas interpretaciones de lo ocurrido en torno a este tema que muchas veces irrespetan la memoria de los grandes científicos que protagonizaron esta historia.

Nada que -con perdón de los que ya se hacían ilusiones- debemos asumir que, aunque los cubanos seamos los mejores, tampoco es que constituyamos una especie diferente del género humano. Ni siquiera los espirituanos.

[1]Citado por Armando Rangel en “Luis Montané y el Hombre de Sancti Spiritus”, revista Siga la marcha No 9-10, 1997, p. 74.

¿La dialéctica o la piedra?

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Uno de los aportes del marxismo fue la dialéctica desde una perspectiva materialista. Esto le permitió no solo identificar como decisivas las trasformaciones que tienen lugar en la vida material de las sociedades, sino percibir el rol de las contradicciones e incluso la posibilidad de los retrocesos en el desarrollo como consustanciales al movimiento social.

Para el marxismo, el devenir no transcurre de manera teleológica, es decir como resultado de un camino previsto que sigue siempre una pauta trazada. Por el contrario, la dialéctica marxista fundamenta que en la base de tales procesos se manifiestan rupturas y continuidades.

La tesis de que una vez victoriosa la revolución socialista no puede retroceder, y que en consecuencia la sociedad marchará siempre hacia adelante, se establece como una visión mecanicista y antimarxista de la historia. El derrumbe del campo socialista hizo trizas muchas constituciones que, como la soviética, declaraban la irreversibilidad de su sistema. No es la letra en un tratado legal lo que permitirá el avance sostenido, sino la implicación de las personas que encuentren en ese sistema la encarnación de sus aspiraciones, y que puedan modificarlo con ese objetivo.

Cuba no incurrió en ese error hasta después de la caída del campo socialista, lo que constituye una paradoja pues la historia acababa de dar una lección que evidentemente no se tuvo en cuenta. Fue en el 2002 que, ante amenazas provenientes del gobierno norteamericano, se modificó la Constitución de la República de Cuba, vigente, con la adición de un párrafo al artículo 3 del capítulo I:

El socialismo y el sistema político y social revolucionario establecido en esta Constitución, probado por años de heroica resistencia frente a las agresiones de todo tipo y la guerra económica de los gobiernos de la potencia imperialista más poderosa que ha existido y habiendo demostrado su capacidad de transformar el país y crear una sociedad enteramente nueva y justa, es irrevocable, y Cuba no volverá jamás al capitalismo”.[1]

Por su parte, el artículo 137 del capítulo XV establecía que la constitución solo podía ser reformada (se entiende que total o parcialmente) por la Asamblea Nacional del Poder Popular en votación nominal, por una mayoría no inferior a las dos terceras partes del número total de sus integrantes, “excepto en lo que se refiere al sistema político, económico y social, cuyo carácter irrevocable lo establece el artículo 3 del Capítulo I”. Subrayo con intención esa palabra, pues constituye un agregado que altera la redacción del artículo 3, donde no se hacía referencia al sistema económico.

El principal dilema de esta cláusula no era que se convertía en una inconsecuencia teórica con el marxismo y entraba en contradicción con el preámbulo de la constitución que nos considera “guiados por el ideario de José Martí y las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin”. Más grave que ello era el hecho de que al declarar irrevocable (cuyos sinónimos son: inevitable, inapelable, irremediable, necesario, fatal, indefectible, irreparable) no solo al socialismo, sino al sistema (método, régimen, técnica, procedimiento, gobierno, medio, vía, rumbo)  económico, político y social vigente en esa constitución, clausuraba el camino a transformaciones sustanciales, muchas de las cuales se reflejan en el articulado del anteproyecto constitucional que se somete en estos momentos a consulta popular.

Como consecuencia de tal desliz, muchas de las adiciones, modificaciones y eliminaciones presentes en el anteproyecto constitucional actual son inconstitucionales, pues revocan aspectos económicos, políticos y sociales del sistema. Y a ello no estaba autorizado nadie, ni la Asamblea Nacional ni los ciudadanos: artículo 137 dixit.

Son varios los ejemplos de que se modifica el sistema. Los más significativos, en lo económico: la aprobación de la propiedad privada; en lo político: el establecimiento de la Contraloría general de la República como parte de la estructura estatal que no existía antes, la compartimentación de funciones entre un jefe de Estado y un jefe de Gobierno, la eliminación de las Asambleas Provinciales del Poder Popular, la creación del cargo de gobernadores provinciales que son designados, la aprobación de intendentes para la dirección de los municipios que son designados; en lo social: la propuesta del matrimonio igualitario, el pago de la enseñanza postgraduada en algunas de sus manifestaciones.

Este tipo de cláusulas de intangibilidad, o contenidos pétreos (parece que de piedra caliza), siempre llegan a un punto en que se truecan en letra muerta, como muestra el anteproyecto en debate; pero al ser aprobadas se convierten en el modo de encubrir una verdad: lo que realmente se torna irrevocable con un artículo como ese es la burocracia dirigente. La manera en que la voluntad de un grupo superior trata de imponerle límites a la marcha de la historia podría convertir en real la siguiente aporía: si para el 2030 Cuba consiguiera ser una nación “soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible” y se pudiera entonces aspirar a llegar al comunismo, no podría hacerse pues la cláusula de intangibilidad no lo permitiría.

Yo no creo que el anterior dilema pueda manifestarse, pero como sí apoyo todas las transformaciones que sean necesarias para reformarnos y lograr esos seis objetivos, no votaría nunca por una cláusula que funcionara como obstáculo al desarrollo. Bien que se considere al socialismo irrevocable, pero evidentemente necesitamos transformar constantemente al modelo o sistema económico, político y social, para detenernos en este. Prefiero la dialéctica a la piedra.

[1]Ley de Reforma Constitucional, dada en la Sala de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Palacio de las Convenciones, Ciudad de La Habana, a los 26 días del mes de junio del 2002, «Año de los Héroes Prisioneros del imperio». (Publicada en la Gaceta oficial de la República de Cuba: 27-06-2002)

Los seguidores de doctrinas

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Poco se conoce sobre la obra de Pitágoras. Apenas dejó pensamientos a la posteridad y se considera que posiblemente no escribió nada. Sin embargo, los pitagóricos se encargaron de en su nombre, enunciar doctrinas y pensamientos.

A las formulaciones de Aristóteles, los lógicos posteriores le pusieron numerosas coletillas, haciendo de su obra un dogma, donde solo aquellos que como Hegel la pensaron contextualizada en una época, pudieron trascenderla.

Descartes nunca dijo que su método era el que todos debían usar y sentenció: “Si, habiéndome gustado bastante mi obra, os enseño aquí el modelo, no significa esto que quiera yo aconsejar a nadie que me imite.” A pesar su declaración, andan por ahí muchos “racionalistas” copiando -conscientes o no- toda una doctrina de este filósofo.

Marx, anunció no tener una teoría del socialismo cuando dijo: “…yo nunca he construido un sistema socialista” pero hoy no son pocos los que repiten hasta el cansancio las supuestas ideas de la revolución socialista de este, y en su nombre han erigido procesos y sociedades totalitarias.

Trotsky por su parte, intentó inculcarle a sus seguidores la idea de no atacar la URSS y los trotskistas, durante mucho tiempo no hicieron más que dedicarse  a todo lo contrario. Como me comentaba una vez el mismo profesor de economía que conversaba con Iramís: el principal problema de los trotskistas es que no seguían los mejores aportes de su pensador guía.

Por último, está toda esa masa de militantes herederos de la ortodoxia del antiguo campo socialista, que repite consignas como la lucha de clases y ¡abajo el mercado! como evangelios de Marx, sin más fundamento que la confianza en aquellos manuales que decretaron la muerte al debate y condenaron al socialismo a un monolito “marxista”.

Pudiera seguir poniendo ejemplos, pero con estos se observa algo: tras grandes pensadores o ideas, han seguido otros que solo buscan una doctrina en la que creer, algo a lo que aferrarse y seguirlo como en acto de fe.

A lo largo de la historia este tipo de comportamiento ha predominado sobre el campo de la ciencia, la política y la sociedad. Han sido esos seguidores de doctrinas los que han venido deformando el pensamiento y el legado de los grandes. Ya le advertía Proudhon a Marx que sus ideas solo sustituirían a una religión para convertirse en tal.

Han sido bastante perjudiciales al pensamiento humano, tanto así que Descartes expresó su opinión sobre estos, los seguidores de doctrinas: “… son como la yedra, que no puede subir más alto que los árboles en que se enreda… me parece que también los que siguen una doctrina ajena… no contentos con saber todo lo que su autor explica inteligiblemente, quieren además encontrar en él la solución de varias dificultades, de las cuales no habla y en las cuales acaso no pensó nunca.”

Tras tantos años de marxismo en Cuba, en un contexto donde este es constitucional, sigue siendo un contexto fértil para que se continúe reproduciendo esa yedra que versa sobre el pensamiento de Marx; aún más peligrosa cuando esta encarna la figura de filósofos oficiales del estado y el partido, Lassalles contemporáneos, supuestamente sustentados en el estudio del Moro y sus corrientes subyacentes, que endulzan al pueblo con discurso y consignas «revolucionarias». Esperemos que su presencia, en contra de toda lógica, no sea más perjudicial.