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La neblina del ayer

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Foto: Sven Creutzmann · Mambo Photo · Getty

Corría el año 1993 que ahora nos parece una neblina. En aquel entonces se sentía en todo el país la caída de la época de bonanza, de aquel tiempo de carne, compota y queso crema. El abismo de nuestra industria, ahora reducida a la mínima expresión, dejaba un solo camino para este David con forma de caimán: apretarse el cinturón y resistir.

Sabio aquel que comprendió que controlar y conducir la sociedad llevaba necesariamente dominar la ideología, y más en ese entonces. Por eso aprovechó todo ese camino donde aún esa ideología era una; donde era un bloque firme y seco sobre el cual hacíamos el socialismo, y con ello reforzó todo la superestructura que ayudaba a sobrevivir. Así, la disciplina, el ejemplo, el fomento del buen hábito de lectura, estudio y esfuerzo personal, y agrandar la imagen del enemigo, eran algunos de los recursos que no faltaron en el aún más fuerte despliegue ideológico en aquellos fatídicos 90 y los menos malos inicios del siglo XXI.

Definitivamente no eran tiempos normales, lo dejó bien claro Fidel en aquel histórico congreso de periodistas del año 93. Se requería un alto sacrificio para que hoy tuviéramos algo de socialismo. En el país había condiciones morales para demandar eso del pueblo, para pedirle sacrificio y espera.

Pero los tiempos cambian. Vivimos ahora en otro país. Ya no tenemos esas calles donde vestíamos más o menos igual, y la bicicleta era normal. Ya los hijos de dirigentes y obreros no acceden a los mismos espacios de recreación. Ya no gozamos de esa equidad social  que le podíamos restregar en la cara a la mejor socialdemocracia.

Ahora tenemos propiedad privada capitalista. Tenemos nuevos ricos, a veces como privados en el sentido clásico, a veces como altos funcionarios y familia. Hoy la medida de desigualdad es un número que no es de dominio popular, no entre académicos, sino en su divulgación en los grandes medios cubanos.

Hoy vemos a extranjeros disfrutar las bellezas y tranquilidad de nuestro país, que hemos construido entre todos y muchos no pueden acceder. Vemos hoteles de lujo alrededor de una Habana destruida, vemos los ricos de afuera y dentro  disfrutar de bienes y servicios ajenos a la gente humilde.

Soportamos un bajo salario en nombre de las garantías sociales, pero ahora, el  posgrado se pretende cobrar -si no cambia eso en el proyecto de constitución, claro-. Toda esa realidad, dista de aquella en la que había más elementos, para en su nombre, hacer sacrificios.

Por eso, aunque sigo viviendo en una plaza sitiada, advierto cómo esta muestra rasgos de ese mundo exterior capitalista que nos cuestionamos, al que se supone no deberíamos parecernos.

No se le puede pedir a alguien que trabaje más, que resista, que aguante, que no diga eso, que el Partido lo guiará al paraíso, cuando tiene mil carencias y ve otros cubanos ganando y viviendo mucho mejor que él. Otros que están mejor no necesariamente por esfuerzo personal sino por el marco discriminatorio en material salarial que estamos construyendo.

Las brechas de equidad van destruyendo la confianza en el proyecto. La gente humilde por la que se hacen revoluciones, se irá decepcionando en la medida que sienta esas diferencias en su piel.

Un discurso humanista no convence cuando sus promotores participan, fomentan y reproducen esa desigualdad en la sociedad -conscientes o no-.  Mucho menos puede demandarse disciplina, esfuerzo, obediencia, no ahora que Cuba es diferente de cuando se podía pedir. No ahora, que ya no es antes.

Noticias de fin de año

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noticias

Estos meses de fin de año han sido de malas noticias para la contrarrevolución cubana. La rectificación de las medidas relacionadas con el trabajo por cuenta propia (TCP), internet en los celulares o la -al fin- presencia de los principales dirigentes del país en las redes sociales y en la Mesa Redonda ha sido como un mazazo para aquellos que ven la manipulación de la realidad cubana como su único objetivo.

Hace pocos días un cubano residente en el exterior me preguntó vía Facebook que cómo veía a Cuba. Le respondí que no tan bien como queremos la mayoría ni tan mal como desea una minoría. Si tuviera que darle una calificación, diría que está “en avance” y eso es lo importante, que avance, rectificando lo que tenga que rectificarse como en el TCP o dando la cara y explicando a la población como en el Decreto Ley 349.

De todos los acontecimientos recientes, lo que más los ha golpeado sin lugar a dudas es el regreso de miles de médicos cubanos de la misión Más Médicos en Brasil. A la contrarrevolución no le interesa el bienestar de los médicos cubanos, de hecho, apoyan el bloqueo que afecta a todos los cubanos y por supuesto menos les interesa la salud de millones de pobres en Brasil. Lo único que les importa es descargar su odio y de paso vivir de eso.

Desde Miami han desplegado una intensa campaña para lograr que no regresen a Cuba la mayor cantidad de médicos posibles desde Brasil, de hecho, lograron que su ahora colaborador y flamante presidente de ese país les ofreciera el asilo político al que decida quedarse. Llegaron a decir que no menos de la mitad se quedarían y como siempre los cálculos le han salido mal.

Se entiende que califiquen a los médicos cubanos como “esclavos” porque jamás entenderán que alguien pueda viajar a miles de kilómetros de su casa para salvar vidas humanas, arriesgando su vida como en el caso de los que lucharon contra la epidemia del ébola en África.

Aquí quiero hacer una acotación. ¿Es la motivación económica lo único que mueve a los médicos cubanos a cumplir una misión en el extranjero? Antes de responder esa pregunta hay que ir al contexto, porque a diferencia de otros países, la carrera de medicina en Cuba no es elitista, no acceden a ella solo aquellos que provienen de una familia adinerada o los que corren con la suerte de obtener una beca. En Cuba para estudiar medicina, basta con tener vocación y aprobar las pruebas de ingreso a la universidad.

No están exentos entonces los médicos de los problemas económicos comunes en nuestro país y las misiones médicas constituyen una vía para poder satisfacer esas necesidades. Esa es una realidad tan grande como el corazón de nuestros médicos, porque nadie que actúa solamente por dinero puede lograr el reconocimiento que ellos han alcanzado en los lugares donde han actuado.

Al gobierno cubano le corresponde actuar con serenidad y entender que muchos de los que hoy no regresan es porque formaron una familia en Brasil y eso no necesariamente significa romper con la revolución cubana. Desde Miami intentarán manipularlos con promesas, desde Cuba no se puede hacer otra cosa que respetarles su decisión y dejarles las puertas abiertas por si algún día deciden regresar e incorporarse al sistema de salud cubano.

Cada buena noticia para los cubanos que quieren un país cada día mejor es una mala noticia para los que no tienen otro objetivo que regresar a la Cuba de antes del 59 o para los que creen que el capitalismo tercermundista que nos tocaría sería capaz de resolver todos nuestros problemas.

La dirección del país se enfrenta a una gran deuda acumulada, deuda que no es posible revertir en poco tiempo, pero sin dudas las noticias de fin de año son halagüeñas. Las predicciones dicen que el 2019 será un año difícil y esa frase la vengo escuchando desde hace mucho tiempo, pero me gusta ver el vaso medio lleno.

Cámbiese lo que tenga que ser cambiado y todo tiempo futuro será mejor.

Los múltiples rostros del estalinismo

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rostros

Para romper armas en defensa de la verdad, cual caballero andante de los medios digitales, no basta poseer apellidos de ilustre resonancia. Si se procura incursionar con seriedad en los terrenos de la polémica, hay que acompañarse también de miradas certeras y muchas lecturas. Vista así la cuestión, solitario marcha al combate Carlos Luque Zayas Bazán. Al menos es lo que se deduce de un breve artículo que publicó en Rebelión donde me acusa de mentir por dos criterios que esgrimí en el post Los otros.

La primera cuestión de la controversia es su aseveración acerca de que “en La Pupila Insomne no se ha declarado «enemigo de la revolución» a cualquiera que explicite inconformidades con la marcha del proceso, la burocracia dirigente y la dirección y velocidad de las transformaciones en la Isla (…) No creo que los colaboradores de La Pupila Insomne hayan demostrado ser tan obtusos como para pretender como válida semejante gratuita generalización (…)”.

Esclarecer este aspecto es muy sencillo. Al parecer, Luque no ha leído todo lo publicado en LPI, de ser así habría topado con un extenso artículo del doctor en Ciencias Históricas Orlando Cruz Capote, colaborador asiduo del blog. Su título es: “El tránsito socialista: rumbo estratégico al comunismo. Unas primeras notas reflexivas inconclusas. (1ra parte)”.

En la nota 24 de ese escrito, el autor se refiere al modo en que se manifiesta “la lucha de ideas alrededor de la Constitución”, y afirma:

Algunos escriben en distintos espacios de internet —Facebook, blogs, páginas web, etc.,— y han ido derivando en opositores, adversarios y enemigos de la Revolución Cubana, como pueden ser: La Joven Cuba, Espacio Laical, Casa Cuba, Cuba Posible, OnCuba, Bloggers Cuba, El Toque, El Toque Cuba, Voces Cubanas, CiberCuba, Diario de Cuba, BBC Mundo, Havana Times, Voces desde Cuba, 14 y medio, La Chiringa de Cuba, Periodismo de Barrio, Salir a la Manigua, Cuba Decide, El Nuevo Herald, Progreso Semanal, Cubanet, Otro 18, etc. (…)

El subrayado es mío, para que Luque constate que sí se ha hecho esa generalización gratuita, o para ser más exactos, esa aseveración tan desacertada. Sin embargo, prefiero pensar que lo desconocía, pues de lo contrario sería él quien estaría faltando a la verdad que defiende con brioso ímpetu.

El segundo tema en controversia ofrece la oportunidad de esclarecer un error común cuando se trata de juzgar al estalinismo. Es costumbre que se conceptualicen bajo ese término los crímenes ordenados por Stalin, que incluyeron eliminación física, torturas y reclusión de personas en gulags o campos de  trabajo. Ellos fueron denunciados en el Informe Secreto al XX Congreso del PCUS, leído por Nikita Khrushchev el  25 de febrero de 1956.

Los efectos de esa criminal política de Estado no se extrapolaron a Cuba, y en eso coincidimos Luque Zayas Bazán y yo. Aun cuando sostengo la opinión de que debimos desmarcarnos absolutamente de los crímenes de Stalin no recibiendo en nuestro país a un hombre como Ramón Mercader, que asesinó a Trotsky por sus órdenes expresas; y más si tenemos en cuenta la imprudente recurrencia que tal decisión evidenciaba, ya que el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, que estuvo vinculado a un anterior intento de asesinato de Trotsky y era buscado por la policía de su país, también recibió una calurosa acogida en Cuba en 1943, en el período en que el Partido Comunista —para la fecha Unión Revolucionaria Comunista (URC)— formaba parte de la coalición gobernante, con Batista como presidente.[1]

Sin embargo, esa política físicamente represiva, que se exhibe como la cara más terrible y notoria del estalinismo, no fue su única característica y, de hecho, se abandonó como práctica sistemática tras la muerte de Stalin en 1953.

El estalinismo dejó asimismo otras huellas, menos sanguinarias pero más duraderas, que se manifestaron en la desviación teórica e ideológica que significó respecto al marxismo y que sí afectaron a Cuba desde mucho antes de su entrada al sistema socialista mundial.

En el propio Informe Secreto se admitía: “(…) nos veremos obligados a examinar críticamente, desde un punto de vista marxista-leninista, muchos de los errores derivados del culto a la personalidad que se hallan presentes en nuestros estudios históricos y filosóficos, en nuestra posición económica y en otras ciencias como también en la literatura y en las bellas artes”.

La ley del reflejo condicional, fundamentada por el fisiólogo ruso Iván Pavlov a partir de sus experimentos en animales de laboratorio, sostenía que los actos de la vida no son más que reflejos. En principio se creó en el orden orgánico, pero más tarde se aplicó también en el orden psicológico. Esta ley fue extrapolada mecánicamente a la teoría del conocimiento, y, como resultado, se le confirió un rol exclusivo, más que decisivo, a la influencia del medio exterior sobre el aprendizaje y la conducta de los seres humanos. Esto despojaría al individuo de aportes debidos a la subjetividad, como la meditación, la reflexión y la abstracción; limitaría la actitud consciente e individual de las personas a respuestas preconcebidas ante una influencia que, con carácter instrumental, actuaba cual un Dios todopoderoso, y restringiría el papel revolucionario del sujeto a responder ante convocatorias de un liderazgo u organización superior.

Cuando Emma Pérez, crítica literaria del diario Noticias de Hoy, recomendaba  a los lectores cubanos el texto Conferencias y discursos de Stalin sobre Lenin—editado en Moscú en 1939 y a la venta en la editorial Páginas, propiedad de Unión Revolucionaria Comunista—decía que contenía “(…) enseñanzas vivas que le roturan a uno la comprensión como un arado surca la tierra”.[2]Esta manera de concebir las influencias, reforzada por el criterio de Stalin de que los artistas eran “ingenieros de almas”, visibiliza el carácter instrumental que se le otorgó al arte, a la educación e incluso a la política. Por cuestiones de espacio, solo me referiré a la influencia del estalinismo en el campo de la política.

La práctica política socialista fue permeada de esta seudofilosofía. Los mensajes seguirían la siguiente dirección: emisor-receptor-respuesta, generando relaciones verticales, de “ordeno y mando”, propias del sistema estalinista en la URSS y luego asimiladas a la experiencia de los partidos comunistas en esa época. La obediencia y aceptación de decisiones superiores caracterizó las relaciones entre militantes comunistas. Y ello se unió a la idea de que mientras más enérgico fuera el mensaje y más explícita la voluntad de los líderes, mejores serían los resultados. Los efectos fueron lógicos: del lado de los dirigentes voluntarismo y prepotencia; del de los dirigidos obediencia y disciplina.

En el Informe Secreto se reconoce el daño que esa errada perspectiva de dirección les ocasionó: “Esto llegó a tal punto que los trabajadores del Partido, aún en las sesiones de mínima importancia, leían sus discursos. Todo esto facilitaba la burocratización y el aniquilamiento del Partido”. Del mismo modo, fue altamente perjudicial para el país. De eso también se habló en el referido documento:

¿La posición adoptada por Stalin descansaba en datos de alguna clase? Claro que no. En tales casos, los números no le interesaban. Si Stalin decía una cosa, tenía que ser así… Al fin y al cabo era un genio y el genio no necesita contar, le basta con mirar e inmediatamente sabe cómo deben hacerse las cosas. Cuando él expresa su opinión, es un deber repetirla y admirar su sabiduría. ¿Pero, cuánta sabiduría encerraba su proposición de aumentar en 40.000 millones de rublos los impuestos de los agricultores? Ninguna, absolutamente ninguna, porque esa proposición no se basaba en un estudio cuidadoso de la situación, sino en las fantasías de una persona que vivía alejada de toda realidad.

Los comunistas cubanos asumieron tempranamente estos hábitos. Para que no crea infundado mi comentario, recomiendo a Luque la lectura del artículo “Malas costumbres que deben ser desterradas de nuestro Partido”, publicado en Noticias de Hoy en 1941 y del que reproduzco algunos fragmentos:

Durante los últimos tiempos ha surgido la idea (…) de que es mejor dirigente (…) aquel que es más exigente y enérgico.

Pero (…) no la exigencia y energía al modo que la interpretan muchos compañeros que creen que exigir quiere decir “gritar”, ponerse “serios” y ser “duros” y cuando alguien da un puñetazo en la mesa se piensa que es muy enérgico.

Esta opinión (…) procede de que en algunos casos, usando una exigencia extrema, se han conseguido algunos éxitos en la realización de tal o cualquier compañero responsable, sin pararse a analizar sus resultados ulteriores.

Este modo de entender la exigencia ha conducido y conduce a que algunos organismos y compañeros para no buscarse la “bronca” prometen cumplir tareas, que a sabiendas están convencidos que no las van a cumplir (…)

Y esto ha engendrado una mala costumbre. Me estoy refiriendo a la costumbre de prometer para no cumplir (…)

Esta costumbre lleva al compañero que la tiene, a, primero, aplicarla en tal o cual tarea y después a todas las demás, convirtiéndose en un charlatán indisciplinado.

Y ahora no es raro que prometan dos para cumplir uno, y lo más peligroso es que ello se hace consciente, aceptando de antemano que si se cumple la mitad es un triunfo y que hay que exigir dos si se quiere que se cumpla uno. ¿Desde cuándo es esta la norma de conducta del Partido? ¿Desde cuándo nos engañamos a nosotros mismos?

No quiero analizar las consecuencias que esta costumbre pueda traer al Partido, pues pienso que todos los compañeros lo comprenden.[3]

Siete años después de la exhortación del articulista, el poeta y militante comunista Manuel Navarro Luna se quejaba de esta forma a Juan Marinello: “Quizás andando el tiempo, puedan muchos de nuestros dirigentes quitarse de encima el engreimiento y el envalentonamiento que tanto daño le han hecho al Partido y a ellos mismos”.[4]

El tiempo pasó. En 1959 triunfó una revolución que derivó hacia el socialismo. En 1965 se refundó el Partido Comunista, pero las secuelas del estalinismo, vivas en las raíces del viejo Partido, serían incorporadas a las prácticas políticas de la nueva organización.

Mantengo esta opinión aunque contraríe a Luque Zayas Bazán. No soy enemiga de la verdad. Tampoco su dueña. Apenas soy alguien que cada día se informa, lee, indaga y, sobre todo, aprecia la sociedad en que vive, pues la verdad histórica está en permanente construcción pero hay que acercarse a ella sin absolutismos, con honestidad y sentido crítico. A ello lo invito.

[1]Debido al intento de asesinar a Trotsky —en la madrugada del 23 al 24 de mayo de 1940—, que se consumó finalmente tres meses después por mano de Ramón Mercader, Siqueiros tuvo que exiliarse a Chile en 1941. Arribó a Cuba a fines de 1943 de paso para Nueva York, pero quedó estancado en la isla por problemas consulares, ya que la orden de captura que había librado contra él su gobierno motivó que se le negara la visa de entrada a EE.UU. Durante su estancia realizó una significativa labor, apoyado en sus relaciones con los comunistas cubanos, e incluso creó tres pinturas murales. (Para profundizar recomiendo mi artículo “Un muralista mexicano visita La Habana”, en la columna Páginas olvidadas de la historia republicana, que sostengo en el boletín del Centro Cultural Pablo de la Torriente. Todos los datos que manejo ahí fueron tomados del diario Noticias de Hoy, órgano oficial del Partido Comunista donde se le dio gran publicidad a la estancia del artista mexicano).

[2]Emma Pérez: “Un precioso libro valioso. Conferencias y discursos de Stalin”, Noticias de Hoy, 1939.

[3]Resultado de la Segunda Asamblea Nacional de URC y publicado bajo la firma de Rubén Calderío el sábado 23 de agosto de 1941.

[4]Carta a Juan Marinello, 7 de noviembre de 1948. Fondo Manuscrito Juan Marinello, no. 623, Sala Cubana, Biblioteca Nacional José Martí.

El Decreto 349 y una política cultural justa

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decreto 349

Es difícil tomar posición frente a una medida como el Decreto 349, detrás de la cual hay muchas buenas intenciones pero que implica serios riesgos para la producción cultural. En un artículo anterior dejé caer algunas observaciones al respecto; ahora, cuando las autoridades de la cultura nacional se han manifestado e incluso ha comenzado un serio debate sobre el Decreto 349 en las instituciones culturales, es posible llegar a algunas conclusiones más sólidas. No pretendo decir la última palabra, pero sí poner sobre la mesa una postura, que puede ser tan válida como cualquier otra.

En las diferentes explicaciones sobre la naturaleza y el objetivo del Decreto 349, no ha quedado del todo claro cuál es el centro de la cuestión. Sobre todo, en lo que se refiere a la contravención que más claramente afecta al contenido de las obras artísticas, es decir, aquella que consiste en la difusión de productos que contengan violencia injustificada, pornografía, uso indebido de los símbolos patrios, etc. No queda claro cuál es el objetivo que se pretende lograr, por lo que prefiero analizar los posibles objetivos por separado.

  1. a) Si de lo que se trata es de proteger el espacio público y defender el derecho de las personas a no consumir un producto cultural agresivo, entonces el decreto tiene una razón de ser. Sin embargo, se debe delimitar muy bien en qué condiciones se aplica ese decreto.

El arte es algo muy subjetivo y se debe tener mucho cuidado a la hora de decidir sobre cuáles son sus límites, sobre todo cuando la carrera y la libertad efectiva de un artista pueden depender de esa decisión. ¿Quién puede decidir, a ciencia cierta, cuándo la violencia en un producto cultural es injustificada? ¿Quién decide los límites entre erotismo y pornografía? Una norma que implique bloquear la difusión de ciertos productos culturales, debe dar el menor margen posible para interpretaciones arbitrarias que terminen en una legitimación de la censura.

Por ese motivo, el Decreto 349 solo debería aplicarse a aquellas situaciones en las que un espacio público es utilizado para la difusión de ciertos productos culturales, de tal modo que personas que no lo desean son obligadas a consumir dicho producto. Un espacio perteneciente a una entidad estatal o privada, en el que solo son expuestos a la difusión del producto cultural personas que han aceptado consumirlo, no debería ser objeto de aplicación del decreto. Se trata de reducir al mínimo indispensable las situaciones en las que se aplique la coerción contra una manifestación cultural.

  1. b) Si de lo que se trata es de defender las jerarquías culturales, tal y como se ha manifestado en algunos casos, entonces creo que se ha cometido un error al promulgar ese decreto. No es que no sea necesario crear y desarrollar jerarquías culturales ante la crisis por la que pasa la cultura cubana. El problema es que no tiene sentido que una política cultural socialista defienda sus contenidos a base de decretos, multas y medidas contra otros contenidos.

De existir una mayoría entre los cubanos que defendieran los valores culturales del socialismo, o por lo menos el simple buen gusto, entonces los contenidos culturales asociados a esos valores deberían prevalecer por la sola fuerza de su difusión hegemónica. Si, por otro lado, la realidad fuera que la mayoría de los cubanos prefieren los contenidos asociados al consumismo, el machismo y la vulgaridad, entonces querer hacerlos consumir otros contenidos a fuerza de multas y decretos solo puede ser una expresión de esa injustificada lógica de la vanguardia que, desgraciadamente, sigue siendo el peso muerto de nuestro socialismo.

En lugar del Decreto 349, lo que la cultura cubana necesita es un debate a nivel de toda la sociedad sobre qué tipo de cultura queremos.

Y si la vanguardia política pretende que los valores culturales del socialismo sean hegemónicos, entonces debe llevar a cabo una gran campaña de concientización con toda la población. Por supuesto, no podría ser una campaña de esas donde se emite un mensaje de arriba hacia abajo, sin retroalimentación, a las cuales los cubanos somos inmunes por sobre-exposición. Se necesitarían métodos novedosos, creativos, horizontales, así como la participación de los principales dirigentes del país.

***

Por lo que se refiere a la otra parte del Decreto 349, la que tiene que ver con la prestación de servicios artísticos, se trata de un asunto muy complejo. La norma consolida el papel de las instituciones culturales oficiales como representantes universales de los artistas. Sin embargo, lo más interesante es que lo que allí se regula es casi una repetición de lo que aparece en normas anteriores, todavía hoy vigentes. Lo único que se añade nuevo es lo relacionado con el trabajo por cuenta propia.

Varios elementos se juntan para justificar la preponderancia que se le da a las instituciones culturales en el ámbito cubano. Por un lado, es evidente que una sociedad en transición socialista debe evitar que la libertad de sus artistas se mueva en el ámbito de las relaciones mercantiles. Se supone que las instituciones culturales les den a estos un apoyo material, brindándoles así una alternativa frente al mercado. Por otra parte, existe también una concepción profesional y gremial del arte, según la cual solo aquellos que han sido reconocidos oficialmente por la institución deben poder ganarse la vida como artistas.

El problema es que existe un principio que no siempre es tenido en cuenta: que en el socialismo la libertad del artista debe ser mayor a la que este posee en el capitalismo. Por lo menos en el capitalismo el artista tiene la opción, falsa en esencia pero real, de no recurrir a las empresas que dominan el mercado. Si nosotros obligamos por ley a los nuestros a pertenecer a una empresa para ganar dinero con su arte les estamos dando un rango de libertad menor. El objetivo debe ser que los artistas quieran ser parte de una empresa, que vayan a ella en busca de soporte y apoyo.

Para que una decisión sea libre siempre debe haber varias opciones. Tal vez sea una buena idea, tal y como existe la figura del trabajador por cuenta propia, darles un estatus jurídico a aquellos artistas que realicen su trabajo de manera independiente. De esa forma pueden realizar su trabajo y pagar sus impuestos, sin necesidad de pertenecer a una empresa. Un principio fundamental es que se debe eliminar lo más posible los riesgos de que un artista sea limitado de difundir su obra sobre la base de criterios discriminatorios.

No discriminar a los artistas por su nivel educacional, reconocimiento alcanzado o ideología política.

Más allá de las soluciones concretas a corto plazo, se impone también un fuerte análisis filosófico sobre el papel del arte y el artista en la sociedad socialista, y sobre qué clase de socialismo queremos. Tal vez eso nos ayude a cuestionar viejos paradigmas dentro del socialismo, como aquellos dentro de los cuales el artista es visto meramente como un productor, en el sentido más chato de la palabra.

Existen muchos problemas difíciles de resolver, pero si todos aportamos nuestro grano de arena tal vez podamos construir una política cultural que sea justa y racional.

¿Socialismo sin acumulación?

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Foto: Getty

Si bien escribí sobre la imposibilidad de concebir un sector capitalista cubano sin reproducción ampliada o acumulación capitalista, tampoco puede existir economía socialista a partir de una reproducción simple o parcial. Quizás alguien piense que en medio del bloqueo norteamericano, el de la burocracia y El Niño, Cuba no puede crecer; y hasta pudiéramos darnos por satisfechos con lograr una reproducción parcial que nos permita subsistir; pero lo cierto es que sin crecimiento económico no hay socialismo posible.

Ambos modos de producción requieren ampliarse constantemente, aunque los argumentos ecologistas han puesto en entredicho la vieja definición de la ley económica fundamental del socialismo como: la satisfacción de las necesidades siempre crecientes de la sociedad mediante el crecimiento ininterrumpido de la producción. El agotamiento de los recursos naturales y el calentamiento global demuestran que el consumo tiene que racionalizarse en todo el mundo, pues la Pacha Mama no es un barril sin fondo.

En el caso cubano, el problema del subdesarrollo agudiza la necesidad del crecimiento, por lo que es hora de encontrar soluciones endógenas a la cuestión del ahorro productivo, un problema que no puede esperar a que llegue un gobierno a la Casa Blanca que elimine el bloqueo, o a que a los chinos les dé por invertir masivamente en Cuba.

Realmente me preocupa la reproducción en general del sector socialista, no solo la ampliada. Nunca oigo hablar del empleo por las empresas de los fondos de reposición del capital fijo, o activos fijos tangibles. Tal parece que la reproducción simple tampoco se prioriza. ¿Será por eso que los mantenimientos casi nunca se efectúan en tiempo, y que la renovación de los equipos, los combustibles y las materias primas se vuelven un problema aunque la empresa sea costeable financieramente?

Esto me recuerda la pregunta que me hizo un alumno de inquietas neuronas: “¿el trabajo de los obreros en las empresas socialistas también crea valor, o eso solo ocurre en el capitalismo?”. Rememoré aquel instante cuando supe lo que ya se informa oficialmente: la economía cubana solo crecerá un 1% en el 2018.

Busqué mi bitácora personal -el planificador de mi cell convertido en diario- y constaté que este año no nos afectó ningún ciclón, terremoto, sequía aguda ni cataclismo de ningún tipo. Las torrenciales lluvias de mayo llenaron las presas de todo el país para el resto del año. Recordé que numerosos colectivos obreros desfilaron por la TV haciendo gala de sus resultados, miles de caballerías fueron sembradas –y espero que cosechadas, aunque esa parte no recuerdo haberla visto–. Las formas no estatales pagaron sus impuestos; los médicos, informáticos y científicos crearon producciones y servicios de alta tecnología y se sucedieron los reportes de las nuevas inversiones efectuadas en el turismo, ETECSA y otras ramas.

A punto estuve de llegar a la misma conclusión que mi alumno, porque: ¿adónde fue a parar todo el nuevo valor creado por los millones de trabajadores cubanos: obreros, campesinos, científicos, trabajadores de la educación y la salud, deportistas, TCP, artesanos y artistas durante este año?

Este magro resultado macroeconómico solo puede interpretarse como que, o bien hubo grandes pérdidas en la gestión económica por causas no explicadas, o las nuevas inversiones de casi 500 millones anunciadas para el año, más todo lo que entró por la inversión extranjera vía remesas, solo ampliaron en un 1% nuestro PIB, algo inconcebible para un proceso inversionista de esta magnitud en una economía de mediana escala como la cubana.

Constantemente se repite que la falta de fondos de inversión lastra el posible crecimiento económico, pero si ya la mayoría de las empresas estatales son rentables y los gastos del estado se han contraído con el adelgazamiento de los subsidios a las empresas y a la población, el paso de miles de trabajadores al sector no estatal y el ahorro de fondos de la reserva ante el benigno estado del tiempo: ¿qué más hace falta para que pueda crecer el PIB aunque sea un 2%?

Lo que debe estar claro para todos es que, tal y como ocurre en los negocios capitalistas, una parte de las ganancias de las empresas socialistas han de pasar a engrosar el ahorro productivo. Ellas son la fuente principal para la acumulación socialista y la renta nacional no se puede seguir gastando por el Estado sin apenas dar cuenta pública de sus gastos en el pago de compromisos internacionales que no sabemos cómo se originaron ni fueron gastados.

Es ilógico el desprecio por el mercado interno cubano. No puede ser que los médicos produzcan miles de millones de dólares en el exterior y ninguno en Cuba, como si no hubiera un presupuesto de salud; o que el sabroso daiquirí de un cantinero cubano tenga valor si se lo toma un turista foráneo y ninguno si lo hace un cubano que lo paga en CUP, en el bar de la esquina, al cambio de la CADECA.

Con estas contradicciones en el registro y ponderación del manejo económico nunca habrá acumulación socialista, ni fondos de reposición, ni mantenimientos, ni crecimiento. Si los valores creados por los trabajadores cubanos se esfuman estadísticamente, o no se explica al pueblo su utilización de manera pública y transparente por las autoridades competentes digo como Hamlet: “algo no anda bien en Dinamarca.”

América Latina: progreso en retroceso

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Foto: Reuters/Ginnette Riquelme

Los triunfos electorales de individuos como Donald Trump en Estados Unidos y ahora Jair Bolsonaro en Brasil, por solo mencionar dos casos, no pueden menos que llenarnos de estupefacción. Uno no logra entender cómo es posible que candidatos con un discurso tan contrario a determinados valores que la tradición demócrata ha conquistado y que han signado la tendencia del movimiento progresista en el mundo consigan una votación popular tan favorable.

A veces pienso que reflexiono sobre una realidad tan inconsistente como arena movediza. Tal vez sea así porque la información que poseo, la que poseen la mayoría de las personas comunes, es una mediatizada. Ha pasado por el prisma de distintos medios de difusión los cuales se adhieren a una perspectiva específica. Esto tiñe dicha información de determinados intereses y subjetividades que la convierten en una realidad otra, bastante distorsionada.

No obstante, es sobre esa realidad mediatizada que puedo y debo operar. Aun así, conociendo su mixtificación, la mente que sabe leer entre las líneas de la madeja mediática no deja de hallar sustento para cierto análisis sensato.

¿Cómo es posible que, según se nos dijo, si el Partido de los Trabajadores sacó adelante al Brasil de la extrema pobreza, la extensa miseria y la inseguridad que lo corroían, ahora quede tan detrás por decisión de un notable número de sus beneficiarios? ¿Cómo puede ser que alguien que promueve el blindaje militar de una nación, la más desenfrenada privatización de los medios económicos y esgrime un pensamiento contrario a determinadas minorías, consiga ser elegido por una diferencia considerable sobre su rival de más nobles intenciones en su proyecto según se nos informó?

Los analistas de izquierda hablan de la nociva influencia de operaciones mediáticas bien pensadas y dirigidas a serruchar el piso del Partido de los Trabajadores y sus líderes, así como de planes de la derecha internacional con Estados Unidos a la cabeza para desmontar el sistema progresista conseguido. Sin embargo cuesta creer que quienes votaron por Bolsonaro, unos 80 millones 850 mil brasileños de todas las clases, sean todos unos embaucados sin criterio propio.

Como una práctica sistemática se sigue culpando a agentes externos de las causas que originan nuestros problemas. Por supuesto sabemos que los medios de información tienen su agenda particular y en cada caso su información está sesgada por ella. Igualmente conocemos que los gobiernos de signo contrario también tienen sus planes para sacar del juego a los que no se alinean en sus tendencias. Esto no deja de afectar el desarrollo normal de los procesos políticos en los distintos países y de ser causante de muchos entuertos. Sin embargo ello incide pero no decide.

Recordemos a San Carlos Marx, uno de los apóstoles principales de la izquierda. Él señalaba que, por la ley de la unidad y lucha de contrarios, todo fenómeno estaba condicionado por determinadas contradicciones, unas externas y otras internas. Pero si las externas influyen son las internas las que determinan. La izquierda ha vivido buscando un enemigo externo a sus propias limitaciones y errores. En su absoluta seguridad de tener toda la razón, hacerlo todo bien y por tanto tener el triunfo garantizado, los postulados suplantaron la verdad, el entusiasmo diluyó la crítica y el compromiso atenuó la moralidad. Ello ha dado paso no solo a la falsificación del estado real de los asuntos sino, además y aun peor, a la corrupción (que por supuesto también se da por otras razones en la derecha) que corroe y genera como respuesta desencanto en sus seguidores.

El examen de los factores externos que afectan a un determinado proceso político-social no está mal si viniera acompañado de un análisis minucioso de la propia actuación de los implicados. Esto ha acorralado a la izquierda en asombrosos descalabros. Es indispensable que ella se aparte de los dogmas y eufemismos optimistas y se empeñe en autoanalizarse con estudios más profundos y realistas de sus procesos internos. Solo así estará apta para superarse y conquistar de nuevo un lugar fiable en la sociedad con más amplia base social.

Evidentemente nos falta un conocimiento veraz y exacto sobre el contexto en que se movieron contrincantes como los ya mencionados y otros más. Pienso que las personas de espíritu progresista deben contar con un sentido más crítico y objetivo de la realidad para evitar fiascos teóricos así como estos frustrantes impactos. Bien decía el escritor Álvaro Mutis que optimista es alguien a quien le faltan los datos. Es obvio que nos han faltado datos.

En muchos casos a la izquierda latinoamericana la ha obnubilado ese optimismo panglosiano sin sustento en la verdad verdadera

En un análisis reciente que hacía el expresidente de Ecuador, Rafael Correa, sobre los retrocesos de la izquierda latinoamericana en el momento actual, este llegaba a interesantes conclusiones. Las mismas nos pueden servir de pautas para nuevas aproximaciones mesuradas y verídicas de nuestra realidad. Plantea Correa:

“Tenemos personas que superaron la pobreza y que ahora —por lo que se llama muchas veces prosperidad objetiva y pobreza subjetiva— pese a que han mejorado muchísimo su nivel de ingreso, piden mucho más, y se sienten pobres no en referencia a lo que tienen, peor aun a lo que tenían, sino a lo que aspiran”

Más adelante, en un tono metafísico poco común entre analistas de izquierda aborda un concepto principal en la filosofía tradicional occidental. Se interroga acerca de la izquierda: “La pregunta es, ¿estará luchando contra la naturaleza humana?” (Rafael Correa, “El desafío estratégico de la izquierda latinoamericana”, Granma, lunes 19 de febrero de 2018)

Aquí aparecen dos conceptos clave: las aspiraciones y la naturaleza humanas. Son estos puntos esenciales para una reflexión más concordante con las circunstancias que atravesamos.

Los seres humanos están movidos por sus aspiraciones pues en estas ponen en acción y se demuestran las potencialidades de realización que tienen. La vida humana más que cumplir ciertas funciones biológicas consiste en desempeñar las potencialidades existenciales, físicas y espirituales de cada individuo. Esta es una carrera sin límites, pues el único que se le presenta es el fin de la vida. Todo ser humano desea superarse a sí mismo, ir más allá de lo logrado. De no ser así, todavía estuviéramos en las cavernas, satisfechos y tranquilos. Esto precisamente es lo que conforma la naturaleza humana, su nivel de sueños, de aspiraciones, de vida creativa y espiritual, en fin, de trascendencia. Y tal entramado de deseos y anhelos es sumamente diverso y complejo.

No se puede ver a toda la sociedad como algo homogéneo que puede adaptarse a un único programa socio-económico. Tratar de homogeneizarla es cortarle sus potencialidades y, por tanto, promover conflictos. Si eso no se entiende no se puede conformar un proyecto humano sensato y enriquecedor. Otro error ha sido el considerar que, por ser portadores de buenos propósitos, los de la izquierda no solo poseen la verdad sino que además todo cuanto hacen es bueno y no es necesario mejorarlo.

Pienso que muchas veces la izquierda ha obviado esto y ha visto su instalación en el poder y la erradicación de ciertos problemas desarrollados históricamente como la meta y no como un punto de ascenso que debe ser elevado cada día. Ha dado por satisfechas las necesidades de sus súbditos como si estas fueran algo finito y definitivo sin posibilidad de renovación. De modo que ha sido poco dialéctica.

Hay que renunciar a la idea de la sociedad como una colectividad de sujetos aunados en torno a un plan social de enfoque único e irrevocablemente categórico. Ninguna dictadura es buena, ni la de las minorías sobre la mayoría, ni las de la mayoría sobre las minorías. Se impone rescatar el sentido prístino de democracia, aquel sistema donde todos contribuyen por diversas vías de acción ciudadana a concertar las opciones más beneficiosas y menos lesivas para todos, con independencia a sus diferencias de toda índole. La democracia no es tal si está dictada por el estado que se asume como intérprete de los intereses de todos. El estado no tiene que interpretar solo hacer cumplir y arbitrar para que se cumpla justamente lo que soberanamente sus individuos conciertan.

Ninguna dictadura es buena, ni la de las minorías sobre la mayoría, ni las de la mayoría sobre las minorías

Lo curioso es que la izquierda siempre ha flameado la bandera de la utopía, sin embargo han pretendido mantener al ser humano en un topos predeterminado desde un núcleo de poder (casi siempre el partido) y único para todos. Si en algo tiene valor el término utopía es como búsqueda de lo ansiado y no como acomodo a lo obtenido.

Personalmente no creo que la humanidad llegue algún día a ese estado idílico donde todos piensan, actúan, sueñan y tienen lo que necesitan puntualmente. Dejaría así de ser humanidad, seres sintientes, sufrientes y anhelantes. Ya el hombre tuvo su etapa de comunismo primitivo y lo abandonó para internarse en la interminable aventura humana de avanzar a aspiraciones mayores.

Es esa la gran tensión que presupone el progreso: cómo ser justos sin dejar de ser y soñar diferentemente. Es algo que todos, la izquierda y la derecha, deben entender de una vez para poder llegar a un estado de bienestar y paz imperfecto pero practicable por y soportable para todos. Tal vez con inteligencia y buena voluntad lo consigamos un día antes que el sol se apague definitivamente.

Nuestro subdesarrollo

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El subdesarrollo que vivimos es evidentemente un fenómeno de causas exógenas. Lo que no quiere decir que tengamos además que construir un subdesarrollo irresponsable, desde adentro. Le digo así, porque no se le puede llamar de otra manera a los resultados de los errores (evitables) que se cometen en el manejo de la economía. Ejemplos sobran.

A la hora de procesar la inversión extranjera, hay largos periodos que se tarda en dar respuesta a inversionistas, y con ello contribuye a restar un potencial atractivo al país a los ojos de ese capital extranjero- del que ahora está de moda hablar-. Y eso no es positivo, pero si solucionable.

La importación torpe y con intencionalidad clasista continúa, y es otra muestra. Se siguen viendo en las tiendas unos productos claramente importados, que en ocasiones son malos, que responden a patrones de consumo que no se ajustan con el nuestro (comidas chatarras asociadas al consumismo) y que muchos tienen precios asequibles solo por ricos y clases medias; a la par que escasean otros que satisfacen necesidades a sectores de menos ingresos ¿Quién importa? ¿No compra en nuestras tiendas esa persona?

También se le pone freno a la gestión empresarial nacional, -privada o estatal, no importa-. La primera, ya sabemos, ida y traída, con un marco regulatorio complicado y extraño, donde su actividad y la forma específica en que se realiza se ven limitadas por políticas –con mala suerte, irracionales- que vienen de arriba, y que incluso a veces llegan a ir contra la propia ley. Pero también está la pobre -y al parecer olvidada ahora- empresa estatal, atada en sus precios, inversiones, estructuración, etc.

Todo ello, por no mencionar la interminable reclamación de la ruptura del ciclo del productor agrario y acopio donde se pierden siempre cosechas.

De seguro se encuentran muchos más casos que llenarían una larga lista de condicionantes  de nuestro subdesarrollo irresponsable, que por cierto, no es algo intrínseco del socialismo, ni de la planificación; y que las desproporciones que genera, pueden ser un catalizador de situaciones adversas para el modelo cubano.

Esa compra de productos innecesarios no es algo ocasionado propiamente por el bloqueo, sino una cuestión de decisiones que se toman, que representa un gasto de divisas-esas que tanto necesitamos y que no tenemos-, y que pudieran ser aprovechadas en comprar una mayor cantidad de esos bienes que se pierden. En una economía donde cada divisa cuenta, esto es algo de mucha importancia.

Es sabido que el mercado mundial puede ser cruel con los países más débiles, pero si vamos a interactuar con él, debemos saber negociar, en función del beneficio propio y de lograr esa inversión foránea.

De la sobreproducción capitalista -aun cuando sea en los marcos del bloqueo- debemos comprar para el mercado interno lo que haga falta, con sentido de la realidad, para mejorar, no para llenar estantes.

¿Cómo pueda nuestra economía avanzar si su tejido empresarial,  si su célula fundamental no puede moverse libremente (al menos más autónoma)? Si se le suma lo relacionado con la inversión extranjera: ¿con que se impulsará el despegue productivo que necesitamos? Así no desarrollaremos las fuerzas productivas. Su efecto se ve en la misteriosa productividad empresarial.

En un momento económico como el que se atraviesa, no son desapercibidos socialmente ni las fallas del aprovechamiento de nuestras capacidades, ni sus consecuencias.

Sabiendo que se pueden hacer mejor las cosas, y que los mismos esquemas de actuación al repetirse no suelen dar resultados diferentes, tal vez debamos revisarnos en cómo se deciden las políticas económicas, cómo se discuten propuestas ministeriales, cómo planificamos y otras tantas prácticas ya deformadas; y de seguro dejaremos de construir un subdesarrollo irresponsable, ese fenómeno de un subdesarrollo que no  es consecuente con su situación, y se da el lujo de no hacer las cosas lo mejor posible.

Nota: Subdesarrollo irresponsable fue una expresión utilizada en contexto similar por el marxista Ernest Mandel, para una URSS que administraba centralmente mal sus recursos. Ver Mandel, E. (1996). El derrumbe de la URSS. Revolucionarios .

En el pórtico del 2019

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portico
Foto: Desmond Boylan/Reuters

Estamos en el pórtico de diciembre. Mes de júbilo y festividad en todo el mundo. Otro año concluye y con él las esperanzas de que la situación económica de los cubanos mejore. A mediados del 2017 el anterior presidente del Consejo de Estado y de Ministros explicó que la economía decrecería en el segundo semestre de ese año y aún para el primero del 2018, pero que después de esa fecha se apreciaría una recuperación en los suministros y una tendencia hacia la mejoría.

Nuestro gobierno, una vez más, ha sido incapaz de un vaticinio correcto en el corto plazo. Los pronósticos del 2018 fueron particularmente erróneos y pendulares. Si el verano comenzó con una campaña totalmente enajenada del contexto insular, donde se le pedía a la familia cubana que disfrutara Cuba con alegría; el año casi finaliza y sabemos que la economía apenas creció un 1%, y en las reuniones del presidente Díaz-Canel con el consejo de ministros se ha insistido en que van a disminuir todavía más las importaciones.

Diciembre, que debería ser un mes alegre, se torna sombrío. La escasez de harina ha reducido la producción de pan y existen largas colas en las panaderías; el precio de la carne de cerdo asciende por días en un mes de tradicional aumento de la demanda, y ya es exorbitante; el importe de los vegetales es tal, que parecen cosechados en invernaderos del ártico para ser vendidos en el trópico; el detergente y el aceite son acaparados, pues vox populi dice que los proveedores vietnamitas de detergente no garantizan el producto hasta que no se les pague lo adeudado, ¿será cierto?

Muchos se refieren a un nuevo período especial, aunque nunca hemos salido del primero. Lo que sí se constata es que las reformas económicas implementadas no evidencian sus primeras señales de éxito. Y si en el corto plazo son tan errados los cálculos, qué pensar entonces de visiones más prospectivas.

La intención explícita de los cambios en Cuba es que “las transformaciones que prevén los Lineamientos y el Modelo son económico-sociales, no políticas”.[1]La tardanza extrema de las reformas en indicar avances demuestra que no es posible concebir un proceso de cambios sin una visión dialéctica que visibilice y respete las necesarias interrelaciones entre los aspectos de la realidad. No debe perderse de vista que al modificarse, unos fenómenos afectan a otros. La idea de totalidad, esencial para el marxismo, aplicada al análisis histórico-social supone la interrelación del todo y las partes y de las partes entre sí.

Considero que es imposible conseguir trasformaciones efectivas en la esfera económica  y social sin formular asimismo cambios políticos. Como bien se sabe, la política es la expresión concentrada de la economía.

El término transformaciones políticas es recibido con gran desconfianza por los ideólogos oficiales, que temen en él la oreja peluda del capitalismo. Sin embargo, los debates suscitados acerca del Proyecto de Constitución muestran que la ciudadanía reclama cambios políticos para un verdadero socialismo.

Un parlamento profesional con mayor representación de los diversos grupos y sectores de la sociedad y menos preeminencia de la burocracia; elecciones directas de todos los cargos políticos; mecanismos de control de la ciudadanía sobre las decisiones económicas; transparencia política, es decir,la obligación del gobierno de dar cuenta a los ciudadanos de todos sus actos, especialmente del uso del dinero público y prevenir así los casos de corrupción, además de proporcionar información sobre los costos reales de los proyectos, el manejo de los fondos y sobre los mecanismos instituidos de acceso a la información… Estos son solo algunos ejemplos de los cambios políticos que podrían potenciar las reformas económicas y sociales.

Un cambio de actitud de los dirigentes ante la ciudadanía, que los haga “gobernar obedeciendo”, también es parte inherente de los requerimientos políticos. En el umbral del 2019 es imprescindible convencer de nuevo, pero no con los ardientes discursos de un liderazgo carismático propio de una época ya fenecida; sino con un plan científicamente elaborado, donde las cubanas y cubanos vean reflejadas sus necesidades y aspiraciones y donde sean actores participantes y no meros espectadores.

Debe ser un plan concreto, con estaciones de llegada en corto, mediano y largo plazo, pues el tiempo de la ciudadanía no es el tempo de la burocracia, y no puede serlo dada la notable diferencia entre sus modos de vida. En lugar de visitar empresas, cooperativas y centros de trabajo para explicarle a los trabajadores que el país necesita mayor laboriosidad y dedicación; es necesario que los que dirigen indaguen de los trabajadores qué necesitan ellos y cuál es su opinión sobre la forma en que se administra el país y, sobre todo, viabilizar que participen en esa administración.

En su discurso a los mexicanos desde la plaza del Zócalo, el presidente López Obrador presentó un plan ciertamente ambicioso y proyectado para seis años, aunque parece muy bien concebido. ¿Lo logrará?

En Cuba la Revolución va a cumplir en muy poco sesenta años. Faltan once para arribar al 2030, fecha en la que nuestro gobierno pretende una nación “soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible”. Visto lo mal que se despide la economía cubana el 2018, ¿lo lograremos?

[1]Martha Prieto (Profesora titular de Derecho Constitucional de la Universidad de La Habana), en la sección Controversia ¿Qué pasa con las leyes? Legislación, política y reordenamiento, en Temas, nros 89-90, enero-junio de 2017.