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Modificaciones al Proyecto de Constitución

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Tras varios meses de reuniones, debates y manos levantadas, en un proceso de consulta que contó con la amplia participación del pueblo, ya contamos con un Proyecto de Constitución. A través de los medios oficiales, hemos podido seguir la presentación del documento ante la Asamblea Nacional, incluyendo una intervención de Homero Acosta acerca de las principales modificaciones que este había sufrido. Gracias a ello, resulta posible hacerse una idea acerca de la naturaleza del futuro texto constitucional: cuáles serán sus virtudes y sus falencias.

Este Proyecto es el resultado de un proceso de consulta popular que ha sido en sí mismo cuestionado, por tener un carácter consultivo y no vinculante. Esa naturaleza consultiva es la que le da libertad a la Comisión Redactora para tomar en cuenta algunos planteamientos y otros no. Sin embargo, vale la pena recordar que este procedimiento es totalmente coherente con la constitución vigente, que le da facultades constituyentes a la Asamblea Nacional del Poder Popular. En rigor, en Cuba, cada vez que votamos, estamos votando por una Asamblea Constituyente.

Teniendo a la vista todo el proceso y sus resultados, puede sacarse una conclusión muy importante. El orden constitucional vigente le da espacio a la actual dirección del país para llevar a cabo una renovación controlada, una democratización atenuada paternalistamente. La burocracia civil y militar no renuncia a la lógica de la vanguardia, pero consiente una ampliación de los derechos políticos y sociales, al menos sobre el papel. Tienen la ley de su lado, y cualquiera que exija un mecanismo diferente de construcción directa de la Constitución, en realidad está pidiendo un cambio de régimen.

Algunos pueden estar inconformes con este proceso “tutelado”, pero el Proyecto de Constitución contiene muchos elementos que pueden ser motivo de alegría para los que defendemos la idea del socialismo en Cuba. Pueden ser el primer paso de un proceso de regeneración y redimensionamiento de la práctica política revolucionaria. Veamos algunos ejemplos:

Ha regresado la referencia al comunismo en la Constitución. La eliminación y posterior rehabilitación del término “comunismo”, propiciaron un fructífero debate en el que se puso de manifiesto que en Cuba todavía existe una preocupación por el carácter universal de nuestro proyecto revolucionario. Eso es una buena noticia, pues a veces corremos el riesgo de caer en una ideología banalmente nacionalista.

Cuba queda definida como un Estado Socialista de Derecho y Justicia Social. Se plantea así la voluntad de eliminar todo espacio a la arbitrariedad y la impunidad. El Derecho, y el principio de que todas las personas sean iguales ante la ley, son puestos en primer plano, recuperándose así una dimensión fundamental de la existencia republicana. No se olvida, sin embargo, lo que hemos ganado con nuestra revolución socialista, ratificándose el principio de la justicia social.

El artículo referente a la soberanía nacional pasó al número 3. Con ello queda claro que la soberanía popular es un principio más alto que el socialismo mismo. De manera formal, se elimina toda legitimidad para la aplicación de una lógica de la vanguardia pervertida burocráticamente, que esté por encima del principio del poder popular.

En el artículo 5 se cambió la expresión “marxista-leninista” por “marxista y leninista”. Con ello se eliminó un anacronismo estalinista que le daba muy mala imagen a nuestra Constitución.

El Partido quedó definido como “fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”. En el artículo 7, además, se precisó que las organizaciones, entidades e individuos se ajustan a lo establecido en la Constitución. Con la agregación del adjetivo “política” se intenta dejar más claro el papel que se le pretende asignar al partido, como organización política e ideológica que no tiene funciones estatales ni gubernamentales. El artículo 7 le pondría fin además a los equívocos acerca de la relación entre el Partido y la ley. De este modo queda también golpeada la lógica de la vanguardia, aunque todo dependerá de cómo se entienda la palabra “dirigente”. La manera en que esa palabra se entiende en el sentido común cubano es nefasta. Sería necesario esclarecer que se trata de una función espiritual, cultural, hegemónica en sentido gramsciano, para avanzar por el camino correcto.

Se ratifica el reconocimiento de la propiedad privada, precisándose que los sujetos que la detentan son personas naturales y jurídicas, nacionales y extranjeras. Se le pone fin así a un dogma muy antiguo, según el cual la propiedad privada era algo que se debía eliminar en el período de transición. Al mismo tiempo se deja claro que los cubanos nacionales no serán apartados de la posibilidad de tener propiedad privada.

Se reconoce el papel de los trabajadores en la administración y gestión de las empresas estatales. Aunque se les siga llamando “entidades empresariales estatales”, lo cual es una muestra del estatismo soviético del que no logramos desprendernos, es una gran noticia que se haya redactado incluso un artículo nuevo para dejar claro el derecho de los trabajadores a participar en la dirección de la economía. Vale la pena transcribir el artículo completo:

 “Los trabajadores participan en los procesos de planificación, regulación, gestión y control de la economía. La Ley regula la participación de los colectivos laborales en la administración y gestión de las entidades empresariales estatales y unidades presupuestadas.”

Aunque sería mucho mejor que se les llamara empresas públicas, porque son propiedad socialista de todo el pueblo, resulta un avance que queden reforzados en la Constitución los derechos que como dueños tienen los trabajadores sobre las empresas y los centros de trabajo en general. Quedan muchas expectativas con respecto a la Ley de Empresa que debe surgir.

Los yacimientos minerales y las playas son considerados propiedad socialista de todo el pueblo. El cuestionamiento acerca del destino de las playas puso de manifiesto que los cubanos no quieren romper del todo con lo que se conquistó en la Constitución de 1976.

Se establece la gratuidad de la educación hasta los estudios de posgrado. Una rectificación necesaria, que además puso de manifiesto lo sensible que es el pueblo cubano con lo que considera son las conquistas fundamentales de la Revolución.

Se eliminó el artículo 68, pero en la nueva formulación tampoco se habla de la unión entre un hombre y una mujer, sino entre los “cónyuges”. Con respecto al matrimonio igualitario, se le dio una solución política bastante hábil al asunto: se decidió posponer la cuestión para cuando se apruebe el Código de Familia. Ciertamente, lo más digno hubiese sido aprobarlo, porque en cuestiones de derechos la democracia y el pueblo no tienen nada que decir, pero en la política las cosas no siempre son en blanco y negro. Mantener el artículo 68 podría haber puesto en peligro innecesariamente el resto de la Constitución.

Cambió la manera en que se elige al Gobernador: ahora será propuesto por el Presidente pero ratificado por los delegados municipales del Poder Popular. Se mantiene el término Gobernador, de resonancias colonialistas, pero al menos la última palabra sobre su elección es puesta en los delegados de base.

Existen otros puntos en el Proyecto de Constitución que no cambiaron mucho del Anteproyecto al Proyecto, pero que por su importancia vale la pena recordar:

Se reconoce el derecho a la libertad de expresión, sin especificar que sea en función de los intereses de la sociedad socialista. Se consideran propiedad socialista de todo el pueblo solo los medios fundamentales de comunicación social. Se abre el camino hacia una sociedad más libre y más abierta a escuchar ideas diferentes. Además, surge la posibilidad de reconocer la iniciativa personal o privada para medios no fundamentales de comunicación, como tal vez puedan ser considerados los blogs y las redes sociales.

Se reconocen los derechos de reunión, manifestación y asociación. Una pequeña puerta se abre hacia un futuro en el que los cubanos tengamos una relación más abierta con nuestro espacio público, en la que este pueda convertirse de nuevo en un lugar desde el que se disputa el poder.

Se establece el principio de la autonomía municipal. Poco se ha hablado en el debate nacional sobre la autonomía municipal, la cual sin embargo, de concretarse, podría ser uno de los pilares de la democracia socialista en Cuba.

Hasta aquí pueden verse los elementos positivos en el Proyecto de Constitución. Sin embargo, también es posible hablar acerca de los elementos que no se modificaron:

No habrá elección directa del Presidente. De por sí, el sistema indirecto no está mal. Incluso se puede decir que refuerza la autoridad de los parlamentarios. Sin embargo, las propuestas de llevar a cabo la elección directa pueden ser un llamado de atención. Si en un país con tradición presidencialista como Cuba el pueblo plantea eso, es porque percibe que el “pollo del arroz con pollo” está en el presidente. Si se quiere legitimar un sistema indirecto, es necesario empoderar a los asambleístas, de tal forma que la gente pueda percibir que es en la Asamblea donde “se corta el bacalao”. Algo difícil, con nuestro parlamento que se reúne dos veces al año.

No habrá Tribunal Constitucional. Ciertamente, el Tribunal Constitucional no fue exactamente una demanda popular. Solo algunos intelectuales y juristas hablaron sobre él. Sin embargo, la ausencia de dicho Tribunal deja en cuestión como va a protegerse a sí misma la próxima Constitución, en caso de ser aprobada.

Muchas buenas noticias, ampliaciones de derechos. Sin embargo, queda una interrogante flotando en el aire. ¿Cómo haremos para que todo esto se materialice? En materia de derechos y de participación popular eso no se logra solo con un texto constitucional, es necesario que la gente común se apodere de esos derechos y los ejerza. Mucha gente en Cuba va a recibir los nuevos derechos con escepticismo e indiferencia. Se hace necesaria una ofensiva cultural, una voluntad para materializar en la vida cotidiana una existencia republicana, democrática y socialista. No basta con escribir un papel, es necesario convocar a la acción y actuar.

Por lo pronto, se impone cumplir con un deber patriótico: ir a votar.

Jesús no nació en Navidad

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Foto: BBC

No hay referencias bíblicas ni documentales que sugieran que Jesús nació en la madrugada del 25 de diciembre. La vida de Jesús no fue documentada por las autoridades romanas ni por los historiadores de la época: los recuerdos que quedaron en los testimonios orales del siglo I son alegóricos, simbólicos, ejemplificantes y no históricos. Así lo sostiene el profesor de Historia Antigua de la Universidad de los Andes, Jaime Borja. Para acercarse a la vida de Jesús, hay que diferenciar entre el Jesús simbólico y el histórico, según afirmó el profesor.

Jesús histórico pudo nacer el 25 de diciembre o en cualquier otra fecha, pero no es posible saberlo con precisión y no hay ninguna pista que lo sugiera dentro de la Biblia. Lo que existe, por el otro lado, son indicios que permiten pensar que no nació en diciembre. Por ejemplo, en el Evangelio de Lucas hay una referencia sobre su nacimiento. Antes de nacer el mesías, los pastores velaban mientras sus rebaños pastaban. El problema geográfico, evidente para quien conozca el clima en Palestina, es que los pastores no hacían vigilias en invierno por las bajas temperaturas. Las ovejas y los bueyes eran resguardados durante diciembre y enero.

Otro argumento para afirmar que Jesús no nació el 25 de diciembre es que los censos romanos, como el ordenado por Augusto que obligó a José y a María a viajar, no ocurrían en invierno. Un censo era una medida impopular: estaba relacionada con el pago de impuestos y el reclutamiento. Le recordaba a una región inestable como Palestina el poder de los romanos. Entonces, es muy poco probable que se tomara la medida en pleno invierno, cuando el mal clima dificulta desplazarse a las ciudades de nacimiento.

La conmemoración litúrgica del 25 de diciembre no está relacionada con el Jesús histórico, ni con el bíblico, sino con las religiones politeístas del Mediterráneo. Según el historiador de las religiones Mircea Eliade, el 25 de diciembre se conmemoraba el nacimiento de todas las divinidades solares orientales. De la misma forma, Jaime Borja afirma que ese día es el solsticio de invierno y se conmemoraban las fiestas saturnales en Roma, que representaban el triunfo del sol sobre las tinieblas. Lo que ocurrió fue que Jesús reemplazó al dios solar, que derrotaba cada año a las tinieblas.

En Roma convivían cientos de tradiciones religiosas del Mediterráneo. Isis, Set, Baal y Hera eran dioses populares: los veneraban desde las capas sociales más bajas hasta los emperadores. Por ejemplo, Cómodo (185-192) se había iniciado en los Misterios de Isis y de Mitra. Sin embargo, de todos los dioses el sol  había sido uno de los más venerados por griegos, romanos, persas y egipcios. Constantino (272-337), antes de convertirse al cristianismo, seguía al Sol Invictus y lo consideraba el fundamento del imperio. La arqueología es rica en pruebas: las inscripciones dedicadas al sol son recurrentes en las monedas y los monumentos.

La conversión del mayor seguidor del Sol Invictus al cristianismo determinó la mezcla de elementos solares en la iconografía y en la liturgia cristiana. Lactancio, un escritor cristiano del siglo IV, sostiene que Constantino fue advertido en sus sueños: debía grabar en los escudos el signo de la cruz antes de entrar en batalla de Milvio. Eusebio, obispo de Cesarea, lo describe de otra forma, en medio de la batalla, Constantino vio el signo de la cruz en el horizonte y oyó una voz que le decía, “Por ella vencerás”. Por la noche Cristo se apareció y lo invitó a convertirse.

Desde entonces, el cristianismo pasó a ser la religión imperial. Los cristianos ya no serían perseguidos, acusados de ateísmo, antropofagia, infanticio y de practicar orgías en las iglesias. Tampoco serían obligados a sacrificar animales en honor a los dioses romanos. Sin embargo, el mayor peligro al que se sometían los cristianos era más sutil y venía de adentro: el surgimiento de las herejías. Dentro de la iglesia no había canon, los apóstoles ya estaban muertos y circulaban una serie de textos diversos y contradictorios, como el Evangelio de Tomás, el Evangelio de la Verdad, el Evangelio del Pseudo Mateo, los Hechos de Pedro, los Hechos de Juan.

Dentro de las diferentes interpretaciones había unas más radicales que otras. 70 años después de Cristo, por ejemplo, Simón el Mago fue denunciado como el primer hereje por los cristianos. Simón consideraba a su pareja, Helena, una prostituta de un burdel en Tiro, la encarnación del pensamiento de Dios y una reencarnación de Helena de Troya. Simón rechazaba los contenidos del Antiguo Testamento y reducía el canon al Evangelio de Lucas y a las epístolas paulinas. Desde luego, había otras interpretaciones menos excéntricas. Arrio, sacerdote de Alejandría, discutió el concepto de la Trinidad con profundas reflexiones filosóficas e inició una herejía muy popular, el arrianismo.

Según el famoso teólogo alemán Walter Bauer, “el cristianismo primitivo era muy complejo y admitía expresiones múltiples y variadas, inclusive, las primeras formas que adoptó el cristianismo se aproximaban a las que pasado algún tiempo se considerarían heréticas”. Durante los primeros años, hubo muchas incorporaciones paganas, los cristianos influidos por las ideas gnósticas y platónicas dividieron al hombre en dos, uno psíquico inferior y otro espiritual que era superior. De ahí, la idea cristiana de despojarse del hombre carnal para hacerse puramente espiritual. Se tomaron muchos elementos prestados de otras religiones, por ejemplo, la ascensión del alma a un mundo celeste aparecen entre los mandeos, egipcios y persas.

El triunfo del cristianismo en Roma implicó que se fijaran cánones y las otras interpretaciones se volvieron heréticas, pero también implicó la incorporación de tradiciones religiosas del Mediterráneo, que se escogieron con mayor orden que durante los primeros años. Con el triunfo se le puso coherencia a corrientes religiosas contradictorias. Según Mercede Eliade, el Cristianismo de Roma surgió como una concepción religiosa organizada desde la razón, marcada por el pensamiento sistemático de la filosofía griega y mezclada con elementos jurídicos del orden romano, cargada de rasgos religiosos paganos con orígenes antiguos, como la Navidad.

Tomado de: Semana

Primera Dama en Cuba

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Foto: © REUTERS / Stringer

Su presencia ya no puede ser más obvia. Acompaña a su esposo en cada actividad cultural, recibimiento de jefes de estado y gobierno, así como viajes oficiales al extranjero.

Durante casi seis décadas, la figura de la Primera Dama en Cuba ha sido relegada del panorama político como si se tratase de una mala palabra o un suceso que nos acerca al modo de vida capitalista. Prejuicio que puede resultar innecesario o dañino a la transparencia que se demanda del máximo representante del gobierno nacional.

Desde abril de 2018 Cuba tiene un nuevo presidente que se ha visto junto a una dama en televisión, incluso antes del nuevo mandato. De hecho, recuerdo haberme percatado de su compañía durante las elecciones de los diputados en marzo. Díaz-Canel acudió a su colegio electoral en la provincia de Villa Clara de la mano de su esposa.

Hoy, Liz Cuesta Peraza asume el rol de acompañar al Presidente en cada una de sus visitas oficiales y participaciones en el extranjero. Estuvo a su lado en los días que el mandatario asistió a las Naciones Unidas y en su viaje por Rusia, Corea del Norte y otros países de Asia. Lo acompañó en la ceremonia de toma de posesión del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, donde, a pesar de estar a su lado, no fue nombrada como otras primeras damas.

Sin embargo, aunque su presencia es evidente en las imágenes que se transmiten, la prensa criolla evita mencionarla

No estamos hablando de un simple ornamento y la población se pregunta sobre la mujer que lo acompaña en todos los viajes o recibimientos oficiales, sin recibir una respuesta digna por parte de los medios estatales.

Acostumbrados a que ni Fidel ni Raúl habituaban a salir en público con sus parejas, y porque además Vilma murió muy poco después que su esposo asumiera la presidencia; el hecho es que esta “figura” parece ser cosa del pasado y al parecer la dirigencia del país sigue abogando porque así sea.

Solapadamente el puesto de “Primera Dama” fue ocupado por al menos 2 importantes figuras femeninas. Al comienzo lo ocupó Celia Sánchez y luego de su muerte la esposa de Raúl, Vilma Espín, también luchadora de la clandestinidad y la Sierra.

Fidel fue siempre celoso de su intimidad. Quizás con razón prefirió mantener en el anonimato la identidad de su familia como una forma de proteger sus vidas, pues no pocos intentos de asesinato sufrió durante los años al frente del país.

Escasamente se conoció a Dalia Soto del Valle durante la visita a Cuba del Papa Juan Pablo II en 1998, aunque habían contraído matrimonio 18 años antes. Su imagen y la de los hijos con Fidel, se hicieron más frecuentes en la prensa tras el retiro por enfermedad que lo apartó de la presidencia y los asuntos públicos.

No queda claro cuál es el rol de la primera dama porque la Constitución no lo establece. Renegamos del título creyéndolo propio del modelo capitalista cuando también lo son el de Gobernante y Alcalde; sin embargo estos últimos vienen incluidos en el actual Proyecto de Constitución y es probable que sean aprobados.

Las imágenes de la “pareja presidencial” personalmente me agradan. Entiendo correcto que el mandatario transparente su vida y transmita un mensaje consecuente a la actuación de cualquier hombre, sobre todo teniendo en cuenta que proviene de una vida civil, diferente a la educación militar. Tomar a su esposa de la mano y mostrar orgullo, confianza, amor; más si la mujer es su cónyuge de años, constituye un buen mensaje para el pueblo cubano que mantiene normas tradicionales con respecto a la familia.

Sobrados méritos debe tener esta mujer que se ha mantenido a su lado durante años. Como sobrados méritos tienen otras que en el futuro pueden asumir también el cargo presidencial en Cuba y hoy cuentan con el apoyo de sus cónyugues. No se concibe una revolución de izquierda que sea machista, no si se quiere ser revolución realmente.

Claramente Díaz-Canel está tratando de mostrar un lado más suave y empático del liderazgo; un mensaje más afín con el pueblo cubano.

Quizás todavía esté en proceso la decisión de cómo presentar a Liz Cuesta o cuál sería su papel y función, pero creo que ya es hora de que termine el análisis y llamemos a las cosas por su nombre sin utilizar eufemismos, aunque de estos últimos está repleta Cuba.

Transparentar esta figura y sus funciones es sinónimo del buen camino hacia una nueva forma de hacer política, de manera más transparente. Liz Cuesta es la Primera Dama de Cuba, gústele o no a algunos.

No dudemos nombrar las cosas como son, no necesitamos inventar términos o eufemismos cuando existe uno que se aplica perfectamente, no temamos a los calificativos y sí a los contenidos y sus significados. A mí particularmente, no me molesta una Primera Dama en Cuba. Eso sí, tiene que ser distinta a las que vimos antes de la Revolución, tiene que estar a la altura del pueblo cubano y sus sacrificios. Estaremos al tanto.

¿Mercado es igual a desigualdad?

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Foto: Sean Hughes

La revisión de los comentarios a mi último post me llamó a la reflexión. Da el pie forzado para tocar un tema del que ya he escrito: el mercado. Según pude apreciar, algunos consideran que entre mercado e igualdad social hay un antagonismo. Por tanto, debe escogerse si:

1- Tener mayor igualdad social -no hablo de igualitarismo-, con menos mercado,  más planificación central (más bien asignación central).

2- Más mercado, con mayor crecimiento económico, acompañado del aumento de la desigualdad. De forma tal, que no se pueden tener los dos a la vez -según el criterio en cuestión-.

¿Esas son las opciones? Lo primero que se aprende de la dialéctica, es a no aceptar opuestos ya establecidos formalmente: finito e infinito, ser y nada, concreto y abstracto – y en este caso mercado e igualdad social-, ya que nos obligan a seleccionar entre dos caminos que son ambos demostrables como verdaderos desde el punto de vista lógico. Fíjese que hay demostraciones y juicios muy racionales para defender un lado u otro (mercado acompañado de crecimiento o igualdad social). Por lo que me ahorraré ser parte de este ejercicio que termina en un debate de fe.

Siendo consecuente con esa dialéctica que menciono, se trata de rechazar la premisa de esos dos caminos, e iniciar la observación de la cuestión sin separar, para no caer en una falsa oposición, y escapar de ese partidismo. Sobre todo, porque el mercado y la igualdad social, no son fines de la sociedad en su mismos, sino expresiones de las dinámicas de esta.

Esa desviación del pensamiento de aislar formalmente y contraponer -aunque se ajuste a un modelo kantiano- no responde a la formación kantiana de quienes formulan tal antagonismo ?aunque la reproduzcan  inconscientemente-, sino a lo que  identifican por mercado, o mejor dicho, «libre mercado». Por eso, vayamos al grano.

Hay que señalar antes, que estas líneas van del mercado en el sector privado diferente del estatal, ya la forma mercantil también existe en la propiedad estatal.

Se piensa que el mercado es libre y esa libertad crea riqueza, pero lo hace generando desigualdad (ricos por un lado y pobres del otro). Pero, ¿cómo se hace rico el que lo logra? ¿En qué contexto, en abstracto? Sin incluir las respuestas a estas preguntas se estará hablando de mercado sin más, de un  mercado en cuanto tal, del «libre mercado», del «puro mercado».

Lo cierto es que nada es puro -no porque lo explique Hegel-, sino porque si miramos al mercado, este se da en un contexto social, político, moral, cultural, etc. Tal pureza solo tiene existencia en la abstracción, ya que existen en la sociedad todas esas dimensiones a la vez, y son inseparables. Por eso, ese puro mercado es -sin ofender- una auto-complacencia mental de algunos teóricos, que otros se han tragado como verdadera.

¿Está en algún lugar entonces aquel «libre mercado»? La noción del libre mercado, es la de un mercado que no es influenciado por nada, que está «puro», y es un pensamiento que olvida el conjunto de reglas en las que el mercado cobra vida. Por ejemplo, un productor necesita normalmente que su producción esté autorizada legalmente a circular, y a través de la publicidad, que la gente conozca y se sienta atraída a su consumo.

Ilustrémoslo un poco. Miremos a la bandera del capitalismo: EUA. ¿A qué se dedican las grandes empresas, solo a ese «puro y libre mercado»? En realidad gastan mucho dinero en publicidad, porque necesitan llevar el producto a la sociedad. También hacen lobby para comprar políticos y otros  mecanismos ya conocidos, porque necesitan un sistema legal y la superestructura que los respalde. Entonces ese «puro mercado», tiene que ir a lo social, lo político y demás, para poder garantizar su reproducción, es decir, la realización de los productos.

A quien le convienen las reglas del mercado (que ya vemos se crean desde afuera) como precios, subsidios, permiso de publicitar, control sobre las leyes, hacen abstracción de estas y hablan de libre mercado; y el que no se beneficia en ese marco, le suele dar por querer desaparecer al mercado, sin darse cuenta que lo que hay que hacer es cambiar las reglas de este. Lo que hace que el debate sobre el libre mercado, sea solo la lucha por conservar el ambiente del intercambio contra los que quieren cambiarlo.

En el caso de Cuba, entonces, ocurre que hemos venido construyendo un mercado en el sector privado desde hace varios, en el cual se crearon las reglas que favorecieron la desigualdad, que como todos, ni puro, ni libre.

Si hay personas en ese sector con altísimos ingresos (que no es necesariamente malo, sino solo un ejemplo), es porque nuestro sistema legal y su aplicación, las políticas económicas, y la cultura de consumo que se tienen en el país, lo han permitido. Es decir, han sido partícipe de ello.

Lo que no quiere decir, que de un día a otro se cambie el marco legal, y se ‘mueva» al mercado. Como ya mencioné, las separaciones solo tienen lugar en la mente, por tanto, ese mercado que puede ser cómplice de la desigualdad en Cuba, va acompañado de una moral, de una cultura, de lógicas de desenvolvimiento socioeconómicos y encadenamientos, de intereses ya creados, que no se desplazan mecánicamente al mover la cosificación de las leyes sociales: su forma legal.

Ese mercado fomentador de desigualdad hoy (que no es el único que lo hace), es el «monstruo» que nosotros mismos hemos creado, y cumple una función social a veces compatible con los intereses nacionales. Es el niño malcriado que comienza a dar problemas a los padres, pero que pudo ser evitado con la educación requerida: si en un país subdesarrollado donde los tipos socioeconómicos se dan anómalamente, se hubiese abierto curso a un mercado con un análisis de las reglas en las que se iba a insertar, y como construir estas en beneficio de la nación.

Tal vez cuando aprendamos que el mercado no es un mal necesario, sino simplemente necesario, resultado de la evolución social y como resultado de esta no puede escapar de su entorno, se comience o se mejore una política, en la que se le de un uso más racional. Después de todo, las transformaciones económicas en la Revolución, se hicieron para que el mercado (laboral, estatal, privado, monetario, etc) no continuara generando las desigualdades de aquel mercado que favorecía principalmente al capital extranjero y la burguesía nacional.

Las sociedades construyen las condiciones para generar el mercado que les sea orgánico a sus intereses (normalmente a las élites dominantes). Donde ha generado desigualdad, es porque así era necesario para quien lo impuso. En otros casos, donde el interés es por el bienestar social -aunque los menos-, han construido el mercado a lo interno en función de ello.

Evidentemente en Cuba se busca el bienestar social, pero si el mercado ha generado lo contrario, ha sido por su manejo torpe. Los que han avanzado en sus objetivos con su uso interno, no es que sean mejores sino que no se tragaron el cuento de que es libre y puro, sino que en realidad puede generar o no desigualdad. Solo hay que escoger para qué usarlo, y saberlo hacer.

Revolución televisada

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Foto: EPA/ERNESTO MASTRASCUSA

Por estos días, el Gobierno Cubano, encabezado por Miguel Díaz-Canel, anuncia la próxima aparición de un programa de televisión, un canal de Youtube y un sitio web para estar en contacto con el pueblo. Esta es una noticia muy buena para los que de una u otra forma creemos que la revolución cubana necesita recuperar su brillo y energía.

Algunos pueden creer que regresar a la vieja dinámica de un líder que le habla a un pueblo es algo reaccionario, cuando lo que se necesita es una mayor participación de la gente desde abajo. Pero los que así argumentan pasan por alto que la revolución cubana fue desde su comienzo una revolución transmitida mediáticamente, principalmente por la televisión. La pantalla chica es su medio natural, y un bastión que no puede darse el lujo de perder.

Cuando se cuenta la historia de la lucha contra Batista, muchas veces se olvida un factor que resulta fundamental. La sociedad cubana era líder en el mundo en lo que se refiere a difusión de la radio y la televisión. Ese elemento condicionó todo el proceso revolucionario: desde la creación de Radio Rebelde, que contribuyó a la victoria tanto como cualquier éxito militar, hasta la retórica de Fidel televisada, la inmortalización de varias escenas suyas, que llegaron directamente a los hogares del país. Dicen los teóricos de la comunicación que el medio condiciona al mensaje. Se puede decir, entonces, que la revolución cubana por su propia estructura ideológica está hecha para vencer en el terreno televisivo.

Mucho ha llovido desde entonces. Hoy sabemos que la televisión tiene la desventaja de una menor participación de los receptores. También sabemos que por su capacidad de llegar a grandes audiencias es uno de los medios favoritos de la propaganda. Las redes sociales se presentan como una alternativa más democratizada, aunque también tengan sus deficiencias. Sin embargo, la experiencia de los procesos de izquierda en América Latina durante el siglo XXI muestra que la televisión también puede ser usada de un modo participativo, si se les facilita a las personas una forma de interacción y de participación en los programas.

En Venezuela Hugo Chávez creó el antológico programa Aló Presidente, que abrió una nueva época en la comunicación política. En Ecuador existió Enlace Ciudadano, de Rafael Correa, también en Venezuela Nicolás Maduro creó el programa Diálogo Bolivariano, y en Bolivia surgió el programa Democracia Directa, con vistas a difundir los puntos de vista del gobierno de Evo Morales. Los resultados de estas experiencias fueron muy positivos. ¿Qué no se podrá hacer en Cuba, con la cultura televisiva que tenemos los cubanos, y donde, además, la televisión sigue siendo el medio de comunicación más consumido?

Por supuesto, hay que tener en cuenta que la televisión cubana también se ha convertido por muchos años en pasto para la desidia y la falta de renovación, tanto técnica como comunicativamente. Muchas personas hoy identifican la televisión, sobre todo en lo que se refiere al sistema informativo, con un teque gastado. No obstante, eso es más razón para que se cree un programa en el que la ciudadanía pueda acceder directamente al presidente de la República. La gente podrá así sentir que se les toma en serio, y que pueden interactuar con los decisores fundamentales. Eso abre el camino para una reconstrucción del consenso, y un aumento de la movilización en aras de resolver los problemas del país.

Desde que no tenemos a Fidel en la primera línea, nos acostumbramos a los discursos leídos en fechas importantes. Se ha trabajado mucho en estos años para sostener el país, se han hecho cambios importantes, pero no se ha hablado lo suficiente sobre ello. Si se quiere avanzar por el camino correcto, la voz de los dirigentes revolucionarios debe oírse más a menudo, para que todos puedan ver con claridad hacia donde nos dirigimos y por qué. Amén de las redes sociales, que van en ascenso, la televisión puede volver a ser el modo fundamental de transmisión de la Revolución.

Acuerdo MLB- Federación Cubana

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acuerdo mlb

Lo que era una «bola» ya es oficial y para mí la noticia del año en Cuba: Hay un acuerdo entre las Grandes Ligas (MLB) y la Federación Cubana de Beisbol para la contratación de cubanos en el mejor beisbol del mundo sin que estos tengan que abandonar su país como hasta ahora. Digo que es la noticia del año, pero para mí es una de las noticias más importante de las últimas décadas por lo que significa el beisbol para el pueblo cubano.

De nuestros funcionarios depende ahora, pero esto abre el camino para que el beisbol cubano recupere el espacio perdido. A mi juicio estos deben ser los primeros pasos:

  1. Llamar a todos los cubanos que andan por otros países a que regresen a Cuba y se incorporen a nuestra Serie Nacional. El funcionario que tenga prejuicios, que dé un paso al lado y que otro ocupe su lugar.
  2. Cambiar la estructura de nuestros campeonatos en todas las categorías, principalmente en nuestra Serie Nacional, jugando una primera etapa con 16 equipos y luego una serie especial con los primeros 6 equipos, reforzados con los atletas contratados en el exterior.
  3. Dinamizar el beisbol en la base. Ya no se justifica que los padres sean los que compren los bates y las pelotas, lo que trae consigo que se pierdan grandes talentos porque los padres no tengan dinero. Duele decirlo, pero sucede.
  4. Transparencia, mucha transparencia con el empleo del dinero recaudado por concepto de contrataciones. Explicar al pueblo en qué se utiliza.
  5. Convertir los juegos de pelota en un espectáculo, por ejemplo, vendiendo pulóver y gorras en los estadios a precios asequibles y no los exagerados que tienen ahora.

Esto es en frío, lo que se me ocurre, durante años, se han estado emitiendo propuestas sobre el tema y que ahora se pueden llevar a la práctica. Solo falta que los funcionarios escuchen a la prensa especializada y a los aficionados.

Grandes logros nos esperan, está vivo el beisbol cubano.

Una bola sobre el beisbol cubano

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Cuando el río suena es porque piedras trae, reza un viejo adagio y ojalá en esta ocasión sea cierto. Bien temprano en la mañana un amigo me pasa un link que habla de un posible acuerdo entre las Grandes Ligas y el gobierno cubano que permitiría la contratación de peloteros cubanos en la MLB sin que se vean obligados a abandonar su país como ocurre en la actualidad. ¿O es una bola sobre el beisbol cubano?

Según LA Times, citado por el Nuevo Herald el acuerdo permitiría que los clubes de Grande Ligas paguen “un 25 por ciento del bono de firma o entre un 15 o un 20 por ciento del total del valor garantizado del pacto a la Federación Cubana de Béisbol (FCB) para liberar a los jugadores”.

En lo personal lo veo difícil y ojalá me equivoque porque, aunque la inmensa mayoría de los cubanos de las dos orillas se alegrarían de un acuerdo como este, un pequeño grupo de personas con mucho poder político y económico se oponen pues lo que les conviene es que el deporte cubano se desangre cada día más.

Una salida ordenada de los peloteros cubanos y una fuente de financiamiento permitiría que el beisbol cubano recupere el espacio perdido porque permitiría mejores estadios, mayor remuneración para atletas y entrenadores y en definitiva un mejor espectáculo para el pueblo.

¿Ser cierta la bola? Esperemos que sí…

Discapacidad, no incapacidad

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discapacidad

Cuentan los que la conocen que es alegre, emprendedora y siempre busca una solución por difícil que resulte, pero en determinadas ocasiones parece enmudecer y se muestra inconforme con la innecesaria compasión de los que la rodean. Sus ojos se cubren de lágrimas al narrar su historia, y aunque disimula la tristeza tras enjugarlas con sus propias manos, detrás de las palabras se esconde la desilusión acumulada por los años.

«Crecí rodeada de comodidades, mi padre viajaba mucho y nunca supe lo que era pasar necesidades; sin embargo, lo material no lo es todo…», me asegura mientras degustamos un delicioso café. «No sé qué fue lo que pasó en realidad; mi mamá me dice que él siempre quiso un varón y por eso se sintió decepcionado cuando supo que yo era niña, aunque yo pienso que nunca me aceptó por mi discapacidad…, un día se fue y no regresó más… yo tenía 13 años y mami no supo manejar aquella situación… nunca dejó que me crecieran las alas para volar…, imagínate, si ni mi madre me entendía, ¿cómo esperar que los demás no me tratasen con lástima?

Las personas no comprenden que discapacidad, no significa incapacidad».

Lo narrado por «Malena»- nombre escogido para preservar su verdadera identidad-, nos conduce a reflexionar sobre la discriminación que sufren las personas con discapacidad y sus sutilezas en el imaginario social, aún presentes en la sociedad cubana contemporánea. El tratamiento internacional a las personas con discapacidad ha ido cambiando a lo largo de la historia, con marcadas diferencias en los enfoques, hasta la contemporaneidad. Durante la segunda mitad del siglo XX se generaron movimientos sociales dirigidos a la defensa de sus derechos y la instrumentación de estrategias que condujeran a su inclusión social.

Disímiles propuestas se han hecho eco desde entonces, y en la 54ª Asamblea de la Salud, celebrada en el 2001, fue aprobada la Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y de la Salud (CIF), que propició un nuevo marco teórico-conceptual para la comprensión de la discapacidad. Su aporte más loable fue la aplicación del modelo social de la discapacidad, cuyo principal propósito es sensibilizar y educar a las sociedades en que los niveles de desigualdad que viven estas personas no obedecen a causas inherentes a sus padecimientos, sino a condicionantes sociales y culturales.

En Cuba, los logros dentro de la Educación Especial son notables; sin embargo, coincido con la psicopedagoga Mirtha Leyva Fuentes cuando plantea que deben intencionarse acciones dirigidas a aplicar los enfoques de la CIF en la práctica educativa cubana para generar cambios en los modos de pensar y actuar, que conduzcan al disfrute pleno de sus derechos.

Las escuelas como centros rectores formativos y culturales tienen un peso fundamental en la aplicación del modelo social de la discapacidad, y esto no se ha logrado de manera óptima. Es cierto que en la Educación Cubana se le brinda atención diferenciada, atendiendo a las necesidades educativas especiales, pero el personal educativo no siempre asume esta tarea con la preparación y voluntad suficientes para ello.

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Foto: Granma

Resulta necesario destacar el esfuerzo realizado para introducir un enfoque integrado de género que posibilite visualizar la doble discriminación que padecen las mujeres con discapacidad. Los efectos de estas manifestaciones las reciben mujeres y hombres, pero en el caso de las primeras las situaciones pueden ser más agudas ante estereotipos patriarcales que las remarcan como desvalidas e incapacitadas para enfrentar determinadas tareas a nivel social, lo que restringe sus proyectos de vida.

El problema comienza por las concepciones y estrategias generadas por la familia, que muchas veces tratan de protegerlas en demasía, limitando sus derechos y oportunidades para el empoderamiento social.

Aún persisten enfoques reduccionistas como el escepticismo existente ante el hecho de que personas con discapacidad física puedan estudiar la carrera de Cultura Física, o los  casos de niños y niñas que han sido enviados a centros de diagnóstico y orientación (CDO) por dificultades para aprender, cuando en realidad necesitaban atención diferenciada ajustada a sus necesidades como educandos.

Mucho más complejo resulta la insensibilidad manifestada por algunas personas, como el incidente lamentable de septiembre de 2018 donde un chofer del transporte público de La Habana se negó abrir la puerta trasera para que arribara al ómnibus una muchacha que andaba en silla de ruedas.

La inclusión social de las personas con discapacidad requiere asegurar vías para potenciar habilidades y no exacerbar deficiencias y dificultades. A pesar del necesario aseguramiento de bienes y servicios médicos, la superación de los niveles de desigualdad que padecen no se logra sin la implementación de políticas que garanticen su participación activa y su aceptación desprejuiciada a nivel social. Escuchemos al escritor Víctor Hugo cuando preconizaba que «la primera igualdad es la equidad»; la verdadera razón está en nosotros mismos, aboguemos por un contexto social donde se respete la dignidad plena del ser humano.