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La liebre y la tortuga

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La República Popular China (RPCH) conmemora el 40 aniversario del inicio de las reformas que, propuestas y encabezadas inicialmente por Den Xiao Ping, se plasmaron en la creación del llamado socialismo con características chinas basado en la economía de mercado socialista. El modelo chino se concibió como una forma radical de socialismo de mercado donde el Estado se abstendría de fijar los precios y favorecer a sus empresas, pues todos los sujetos económicos competirían en un mercado único donde los precios se formarían libremente mediante la competencia.

En este lapsus de casi medio siglo la RPCH ha avanzado como un gigante de siete leguas, a un promedio de elevación del PIB del 7,5% anual. Su economía pasó del lugar 24 al 2 a nivel mundial. Hoy se le considera el taller del mundo y ocupa primeros lugares en renglones tales como: producción industrial, valor de las exportaciones, monto del capital exportado e importado, reservas internacionales, nuevas patentes y licencias de alta tecnología, entre otras.

En lo social, no solo eliminó la hambruna y la malnutrición, sino que de sus 1340 millones de habitantes, unos 360 millones pasaron a la clase media. Mas, no todo es positivo en la RPCH. Es un país con un alto nivel de desigualdad social y regional y, a escala global, se le considera un gran contaminante, succionador voraz de recursos naturales y materias primas del Tercer Mundo. Políticamente, sigue siendo un país socialista, gobernado por el partido comunista más grande del planeta. Como superpotencia, es un protagonista de la geopolítica mundial, abanderado del multilateralismo y la libertad de comercio.

Nos guste o no su socialismo de mercado, lo cierto es que los éxitos del modelo chino superan con creces sus deficiencias. Intentar hacer una comparación entre ese gigante y la pequeña Cuba no pasaría de ser un ejercicio mental intrascendente, pero sí existen algunos aspectos en que la experiencia china –replicada por Viet Nam y Laos a su manera- pudiera ayudar a responder algunas preguntas que hoy se plantean a la realidad cubana.

Teniendo en cuenta que ya llevamos treinta años con problemas de crecimiento –desde antes del período Especial- bien podríamos cuestionarnos: ¿el crecimiento de la desigualdad social y territorial es un precio posible a pagar por el auge económico sostenido?; ¿puede un país socialista atraer a su emigración para incorporarla, de manera ventajosa, como factor de crecimiento económico sin que se vuelva una fuerza política subversiva?; ¿el fomento de la iniciativa privada y cooperativa llevaría al debilitamiento y crisis al sector socialista de la economía y pondría en peligro la hegemonía del PC?.

Las respuestas que la historia china de los últimos cuarenta años brinda a estas preguntas se resumen en que vale la pena correr tales riesgos para avanzar por el camino de la consolidación del modelo socialista escogido y aumentar los niveles de prosperidad y felicidad del pueblo. Para eso no se puede dar un paso adelante y dos pasos atrás constantemente, ni creer que aplicando los mismos métodos se van a alcanzar resultados diferentes.

Los comunistas chinos han demostrado también que hay que apostar por la renovación periódica de la dirigencia. Solo así es posible que nuevas ideas, enfoques y modos de actuación accedan a posiciones de liderazgo que permitan relanzar el proyecto de reformas socialistas según vayan transformándose las variables internas y externas más importantes.

La descentralización, a través del empoderamiento de los colectivos obreros y los territorios, aunque inicialmente provoque desigualdad, tiende a debilitar a la gran burocracia y fortalece al socialismo a nivel nacional. El sector estatal sobre los medios de producción fundamentales se fortalece en la competencia con otros tipos económicos y su papel se acrecienta en la medida en que se robustece el socialismo en su conjunto.

Las condiciones de partida de la Cuba de hoy para una transformación radical de su modelo socialista son muy superiores a las que tenía China al inicio de la reforma en 1978. Por demás, los países del fosilizado socialismo real también se transformaron radicalmente, solo que lo hicieron hacia el capitalismo. Otro elemento a tener en cuenta es que la cuestión del modelo de crecimiento y desarrollo que se postule, hay que plantearlo como proyecto prospectivo al pueblo y al mundo de manera clara, sincera y transparente. Y aquí sí hacen falta consignas precisas y orientadoras para cada etapa.

Al paso seguro, pero lento y pusilánime de la tortuga nunca se construirá ningún proyecto real de desarrollo, aunque para saltar como una liebre haya que correr riesgos dolorosos, caerse y levantarse, rectificar y dar rodeos, pero seguir adelante chapeando la maleza sin misericordia. Por el éxito que obtuvieron en el camino que se trazaron: ¡felicidades a la experiencia del socialismo con características chinas en sus primeros cuarenta años!

Para qué los intelectuales

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La ideología siempre ha sido un mecanismo de dominación. La ciencia, que a veces también es ideología, le intenta hacer frente. Por eso la ideología en el poder ha ejercido control sobre la ciencia, incluso en el socialismo.

Ya en los sofistas, se podía ver que  la ciencia estaba orgánicamente al servicio del poder. Pero las fisuras entre esta y la ideología dominante, no hicieron llegar la sangre llegar al río.

El caso del medioevo es interesante, su filosofía estuvo estrechamente ligada a la religión como ideología dominante pero a pesar de ello, alguno que otro grupo (como los aristotélicos integrales) se esforzaban en separarlas. Para estos había dos caminos de entendimiento: el de aquellas lecturas acríticas a las concepciones aristotélicas del mundo increado, y la de la teología.

Como se pueden imaginar, tal relación no fue muy pasiva. La filosofía teorizaba, pero debía ser constatada. Para ello, la teología señalaba lo correcto. Si la primera llegaba a una conclusión que no le convenía a la segunda, entonces debía auto-revisarse.

Con ello, la filosofía (la ciencia) dependía de una fuerza extrínseca que le señalaba sus límites. Debía someterse a la ideología dominante, a la iglesia católica. Sucesivamente y con más fuerza que nunca desde entonces, el conocimiento que no sirve al poder y su ideología, es desechado. O el hombre creador de ese conocimiento, en algunos casos.

El capitalismo por su parte, con su llamada “ideología de mercado”, no ha sido la excepción de esa regla, pero a veces utiliza una práctica algo más inteligente: suma a los herejes a su mundo. Si  lo que se desea esencialmente es neutralizar las ideas que atentan contra la ideología dominante, ese método es muy válido.

Por eso, nos encontramos a figuras como Noam Chomsky dando clases en MIT, y muchos pulloveres del Che dentro del sistema capitalista. De una forma u otra, las ideas y símbolos pasan por las reglas del sistema ?aunque se opongan a este en su discurso-, para quedar neutralizado su carácter de catalizador revolucionario. Después de todo, los diez mecanismos de manipulación mediática, le sirven al dominado pero también al dominante. El Che alimenta la rebeldía, pero genera ingresos por toda la bisutería de su imagen. Tal parece que en ocasiones, cuando le conviene al capitalismo, encausa  y aprovecha para su bien aquel pensamiento que le pueda ser perjudicial.

Entonces, la ideología dominante puede asumir al pensamiento de dos formas: lo rechaza y elimina, o lo convierte en aliado.

Por otro lado el socialismo ?real, tiende a retomar los métodos duros del medioevo, la primera vía. Solo basta recordar la “limpieza” a la intelectualidad que hizo Iosef. Este rescató el papel de la iglesia católica frente a la ciencia. Llegó a afirmar: ??una teoría, cuando es verdadera, proporciona a los que realizan, la práctica, la fuerza de la orientación, la claridad de la perspectiva, la seguridad en el trabajo y la fe en la victoria de nuestra causa?. Con ello, la ciencia debía regirse por una fuerza extrínseca nuevamente, por una ideología, esta vez la de la élite burocrática socialista. Si no, se convertía en enemiga, y el tratamiento no siempre fue el mejor de los posibles.

Parte de aquel criterio de la fe en la victoria lo heredamos, ?que no significa que los copiamos. Por eso, ante juicios técnicos de la imposibilidad de la Zafra del 70, más de uno resultó ofendido. De la misma manera, par de economistas que hablaban de fomentar eso que hoy llamamos eufemísticamente trabajo por cuenta propia, en épocas en que no se soñaba aún esa necesaria apertura, fueron tachados de pro-capitalistas.

Hoy se sigue enfrentado el mismo cerco (?en menor medida claro) en materia de ciencia social. De ahí que esta, si no reafirma la postura oficial dominante, automáticamente es catalogada de ciencia burguesa o enemiga para ciertos grupos que al parecer, cuentan con la capacidad de calificar y descalificar la ciencia. Por eso duele ver cómo cada vez son más los académicos e intelectuales cubanos que son descalificados por funcionarios que desconocen las aéreas del saber de aquellos, para convertirlos en enemigos ideológicos.

Tampoco falta, en ciertos espacios ?alternativos? la sustitución de la palabra académico por academicista (?ofensivo esto) y la palabra intelectual es utilizada entre comillas, como poniendo en duda dicha condición. Casi un rechazo al ejercicio intelectual, para apostar simplemente por la fe en el socialismo.

Seguirá perdiendo la ideología oficial a la intelectualidad mientras no sepa utilizar el potencial de esta. Mientras sea el comprometido (con el poder y con la satisfacción personal de ascender dentro de la estructura) quien sea el tanque pensante y tenga luz verde en los asientos para hacer el diseño del armazón de la constitución, y se deje fuera un gran grupo de expertos y científicos que ha formado el país.

A la par, seguirán ocurriendo esas meteduras de pata administrativas que cometemos más frecuente de lo que podemos permitirnos, los vacíos y errores que los medios independientes no pararon de señalar en el proyecto de Constitución.

Todavía se arrastran esos lastres ideológicos de las etapas más oscuras del socialismo, donde a la intelectualidad se le miraba con resentimiento y hay evidencias de que se sigue apostando por la misma solución que en aquel socialismo. Espero que todas esas prácticas no sean porque se afecta la hegemonía ideológica de las elites burocráticas dominantes. De ser cierto, estamos a inicios de año, puede arreglarse.

Nadie se deje engañar

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Voy a partir de un hecho, la nación cubana es algo más grande que su Revolución. La primera no salió de la segunda, sino a la inversa. Cuba ya estaba antes y seguirá estando aquí después de la Revolución.

Ambas nos son lo mismo. La década del 60, la agresión imperialista, la respuesta inevitable y casi única que se podía dar, generaron ese fenómeno lingüístico donde Cuba es igual a Revolución y estos a gobierno.

Este nuevo signo, ha perdurado en las subjetividades y aunque la historia da razones para destruirlo, se deconstrucción durará tiempo. Lamento decir lo obvio, pero es que hay tanta personas que lo olvidan.

Por otro lado, el gobierno, dueño del símbolo que es la nación y la Revolución, lo usa a su favor. La oposición, tan eufórica como la euforia a la que responde, repite el discurso en su postura. Por eso, esta última se opone al calificativo de revolucionario y condena al «régimen comunista».

Este tipo de hegemonía sobre el símbolo y las respuestas metafísicas que genera, no es nueva ni dejará de repetirse. De ahí que tenemos filosofía irracional; que ser progresista suene a pequeñoburgués; y que Hatuey rechazara el cielo porque en él estaban los españoles.

Aunque ese tipo de fenómenos no hay quien los pare, y cada vez que ocurre algo, lejos de atacar el hecho tal cual, se termina con la guerra de bandos, que pasa a ser la de los calificativos, algunos debemos intentar al menos no dejarnos llevar por eso. Así que aclaremos.

Es régimen cubano, sí lo es, como lo es el régimen capitalista. Además de que en la traducción del ruso que se usa en Cuba de El Capital, se habla de régimen de producción. Por tanto, Cuba no, todo país es un régimen. Quien quiera ofender con eso, no dice mucho y quién se ofenda, le toca por desconocer lo que debería.

¿Comunista? Distan mucho nuestros dirigentes de tener una idea bien clara, medianamente clara de lo que es el comunismo. No por nada malo pero si Marx no lo dejó tan evidente, más bien difuso, ¿de dónde pueden tener ellos su idea de comunismo? Del manual estalinista que sí fue ampliamente difundido. Tendrán ideales pero su comunismo, de etiqueta ideológica, no pasa.

De ahí deriva que a este régimen, le falta mucho para ser comunista, es decir, de estar en el desconocido comunismo, o cerca de él.

Por eso, todas esas etiquetas no llevan a ninguna parte y más allá de la filiación ideológica de cada cual, no aportan mucho. Así que es mejor ir a lo que ocurrió, sin poner tantas etiquetas.

El hecho es que Frei Betto dijo: “De Cuba, los contaminados por la propaganda del consumismo capitalista creen que El dorado queda al norte del Río Grande.” 

El quién lo dijo y dónde no lo exonera, al contrario, lo agrava.

Ningún cubano que se va de Cuba es más o menos que el que se queda. Las personas vienen al mundo a realizarse como individuos, -dadas sus capacidades y aspiraciones-, van a intentar luchar por sus deseos ?condicionados socialmente y no a cumplir con una ideología o lugar; ello es elección de cada cual.

Hay quien es feliz salvando vidas, hay quien trabajando, hay quien sin hacer nada. Todos somos resultados de nuestra realidad, así que si hay que culpar a alguien sería a las circunstancias, que los llevaron a ello. No se puede atacar a una persona por ser producto de su realidad. Al menos, no más de lo que ya se hace.

Por otro lado, casi cada familia cubana tiene un miembro fuera del país y la mayoría siempre llama, manda algo necesario, o establece contacto.

Esos “contaminados” son parte de la familia cubana, y aportan alrededor de 3 mil millones de dólares a la economía. Además de que son la fuente de ir a un restaurante o unos días de vacaciones, para los amigos y familia cuando vienen de visita. Entonces, nos unen lazos sentimentales, y ellos colaboran -aunque sea así, con remesas- con el país y su gente.

Solo puede acusarse de contaminados, desde lejos, desde el desconocimiento y la frialdad que ello siempre lleva, y sin vivir esta maravillosa realidad.

Dicho artículo que descalifica a una parte de los cubanos, fue publicado en Cubadebate, que al ser un medio oficial, deja ver cierta intencionalidad.

Llevemos las cosas por dónde son.  Hubo una ofensa, seria, que toca de cerca a muchos cubanos, y merecen una disculpa por ello. Es humano, cubano, y revolucionario reconocer el error. Espero que la soberbia no ciegue y se sepa dar el paso.

¡Cubanos somos todos! Y vivir dentro o fuera no nos hace contaminados, que nadie se deje engañar.

Cuba plural

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Foto: Jorge Royan

La llamada “disidencia” cubana es uno de los grupos más desprestigiados de la historia. El propio gobierno norteamericano reconoce que están desconectados de la sociedad, que solo piensan en las visas y el dinero. A pesar de toda la maquinaria mediática que tienen detrás, no han logrado en todos estos años debilitar al gobierno cubano. Ahora hacen campaña para que la nueva constitución no sea aprobada porque dicen que en Cuba no hay pluralidad.

Es imposible que no exista pluralidad en un país donde millones de personas participan y opinan con total libertad sobre documentos tan trascendentales como la propuesta de lineamientos económicos o la propia constitución. Cientos de miles de intervenciones y opiniones demuestran lo plural de nuestra sociedad, lo que sucede es que para los “disidentes” solo hay pluralidad cuando se elige la opción del capitalismo y en el caso de Cuba el capitalismo tercermundista, como todos los países del área. porque es el que nos tocaría, no el noruego o el canadiense.

Muy contentos están ahora con la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil, al que llaman demócrata y luchador por los derechos humanos. Es curioso que critiquen a Cuba por tener un solo partido y por blindar constitucionalmente al país contra el capitalismo, cuando ellos demuestran que si tomaran el poder algún día no dejarían piedra sobre piedra en Cuba. ¿Exagero? Verán que no.

El demócrata Bolsonaro ha declarado una verdadera cruzada contra el comunismo y la izquierda en general. Ha afirmado que hará una limpieza a fondo en Brasil y acabará con “los marginales rojos”, que serían “borrados del país”. Entre sus propuestas está la de tipificar como terroristas al Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y al Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST). Como de tal palo tal astilla, el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, dijo que “basta con un soldado y un cabo para cerrar el Superior Tribunal Federal (STF)”

Pero hay más. El propio Eduardo Bolsonaro presentó el proyecto de ley Nº 5358/16 que propone criminalizar la apología al comunismo y el fomento a la lucha de clases y condenaría a penas de dos a cinco años de cárcel y multas a quien “comercialice o distribuya símbolos de propaganda que utilicen la hoz y el martillo, o cualquier otro medio de divulgación favorable al comunismo.”

Los cubanos ya vivimos esto cuando Cuba era “libre y democrática” pues en Cuba existía el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC) que bastantes jóvenes asesinaron durante la dictadura de Batista, la misma etapa añorada por los “disidentes” y sus patrocinadores.

No son solo los Bolsonaros los demócratas, también la diputada Ana Carolina Campagnolo pide que se permita que los estudiantes puedan denunciar a los profesores que expresen opiniones críticas sobre el presidente electo. Han llegado al extremo de sembrar odio contra las ideas del eminente pedagogo brasileño Paulo Freire cuyo legado quieren expurgar en las escuelas de ese país.

A esto debemos sumarle las amenazas de Bolsonaro a los medios de prensa que lo criticaron durante la campaña.

¿Es Cuba un país plural? Depende del cristal con que se le mire. Para los que creen que pluripartidismo significa democracia y que el imperio de medios de comunicación esté en manos de unos pocos significa libertad de prensa, definitivamente no lo es. Para la gran mayoría de los cubanos sí. Pensar que la revolución se ha mantenido durante sesenta años sin el apoyo del pueblo es un gran absurdo. Basta conocer solo un poco de la historia de Cuba para saber que cuando un gobierno no ha sido aceptado, fue sacado del poder. Machado y Batista son dos ejemplos.

Nadie que se defina como revolucionario puede estar de acuerdo, ni tangencialmente, con el discurso de la contrarrevolución cubana. Ellos podrán simular querer lo mismo que nosotros, pero habría que ser muy ingenuo para creerles.

Hoy nos toca aprobar la constitución y seguir construyendo un país cada día mejor. Podemos tener discrepancia con uno o varios aspectos, pero la constitución es para todos. El momento de opinar ya pasó y lo aprovechamos. No empleemos más palabras que las necesarias, digamos por lo claro que daremos el sí a la nueva constitución. #YoVotoSi

Muchas Cubas en una Cuba

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Cuba llega al 2019 con su nueva constitución aprobada por la totalidad de los diputados/constituyentes y lista para ser refrendada por el pueblo en el referéndum del 24 de febrero. Con los cambios que se le hicieron tras el proceso de discusión popular ganó en democratismo y coherencia, aunque los mecanismos para preservarla e impedir que le pasara lo mismo que a la actual quedarán para la próxima.

El planteamiento de muchos tradicionalistas, relativo a no dar carácter constitucional al matrimonio igualitario, fue resuelto de manera salomónica. Realmente, la solución fue la más correcta y muchos creímos desde un inicio que el tema no debió llevarse nunca a discusión. Por su naturaleza, los derechos humanos son consustanciales a todos y su reconocimiento no debe ser resuelto por votación ni consenso. Un decreto puede resolver el problema y no será nada extraño a la gobernanza cubana.

No obstante, llama la atención que la opinión de una masa fundamentalista, aunque activa y presionante, haya hecho sacar un artículo del proyecto constitucional.  Esto constituye un hito en el debate de temas peliagudos en Cuba. En otros casos –desde la aprobación de mayores edades de jubilación, hasta las actuales regulaciones a los transportistas privados en la capital-, las medidas impopulares sencillamente se han decretado y hay que cumplirlas de porque sí.

¿Será que el reconocimiento a la diversidad y la opinión de las minorías va a establecerse como una práctica en la vida política cubana? Eso sería extraordinariamente beneficioso para la res pública a la que muchos aspiramos. No obstante, su extensión a otros ámbitos va a ser difícil, entre otras cosas porque  el discurso de la identidad es sumamente grato a la hegemonía burocrática.

Desde que se estableció en la Rusia Soviética, la dictadura burocrática socialista no habla nunca sino a nombre de entelequias indeterminadas, tales como: la causa del comunismo internacional/los intereses de todo el pueblo/la masa de trabajadores/los revolucionarios de ayer, hoy y siempre/las mujeres/los campesinos/la niñez y la juventud, etc.

A partir de esta supuesta cohesión y unidad imprescindibles ante las acechanzas -reales, o exageradas- del enemigo interno y externo, la alta burocracia puede medrar a sus anchas con el poder que la sociedad delega en ella. En el caso cubano, no se cansan de manipular conceptos de valor sentimental para las mayorías, como: la Revolución, el pueblo, las masas trabajadoras, la niñez y la juventud, y otros términos generalizadores.

Que haya diversos derechos políticos, económicos y culturales que no se reconozcan plenamente en Cuba y, en cambio, que se haya sido tan respetuoso con los opositores al matrimonio igualitario no lo veo como una negación, sino como un paso de avance. Mejor aún, es un antecedente para exigir también el reconocimiento de otros derechos inalienables, como la libre expresión ideológica y política, el establecimiento de salarios y precios acordes al mercado cubano, la unificación monetaria, el empoderamiento real de los colectivos laborales y los municipios, entre otros.

Desde principios de los años ochenta, el reconocimiento de la diversidad ha adquirido cuerpo en la gobernanza internacional y es hoy un principio de la ciudadanía mundial. Cuba hace bien en defenderlo con uñas y dientes en el plano internacional, tan cargado de unipolaridad y pensamiento único. Así lo hicieron también los recién nacidos comunistas cubanos cuando lucharon por su reconocimiento político entre 1925-1938, aunque por entonces fueran una sección de la Internacional Comunista, creada bajo los auspicios de un gobierno extranjero.

Ese mismo espíritu de respeto hacia el otro debería primar en todos los ámbitos de la sociedad cubana, con la excepción de aquellas actitudes proclives a renunciar a la soberanía nacional en pos de salvar sus mezquinos intereses. Reconocer en el debate constitucional que somos iguales y diferentes; que hay muchas Cubas en esta pequeña Isla y que todas merecen igual consideración y respeto, es un buen augurio para el 2019. Hallo que nos acerca aún más a la república “con todos y para el bien de todos” de que hablara el Maestro, donde como él exigiera, se respetara: “La unidad del pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión”.[1]Es que la verdadera unidad en estos tiempos ha de ser la unidad en la diversidad.

[1]“Generoso deseo”, OC. T1, p. 424.

Pulgas y dragones

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Foto: Ben Kucinski | Flickr

Cuando Marx concibió el método de la dialéctica materialista, pretendía entender y trasformar la sociedad de su época. Recuerdo a mi profesora de Historia Antigua, que utilizando las leyes y categorías del marxismo explicaba de manera excelente la crisis del Imperio romano de occidente. Ahí radica la genialidad de Marx, su método puede ser aplicado al análisis de cualquier época y sistema social. Sin embargo, en aquellos países donde ha triunfado el socialismo, el marxismo muta en un procedimiento apropiado únicamente para diseccionar al “decadente” sistema capitalista.

La incorrecta interpretación de sus ideas, puesta de moda tempranamente entre sus seguidores, provocó que Marx, hablando de algunos de sus discípulos, citara en una ocasión las palabras de Heine: “He sembrado dragones y he cosechado pulgas”.

La eliminación del guión entre las palabras marxismo y leninismo, que fue aprobada en la nueva constitución cubana, no garantiza que actuemos como marxistas consecuentes. Solo cuando sometamos a una crítica detallada el diagnóstico y el pronóstico de la actualidad nacional, cuando seamos capaces de realizar una radiografía total a nuestro maltrecho socialismo utilizando el método de Marx, estaremos en condiciones de defenderlo.

Existen tres cosas que es imposible volver atrás: la flecha lanzada, la palabra dicha y la oportunidad perdida. Ahora tuvo lugar una reforma total de la constitución, que incluyó una convocatoria a debate popular. Fue una oportunidad parcialmente desaprovechada ante la tozudez de la burocracia dirigente en admitir solo aquellos cambios que no competieran a la esfera política. Pudieron favorecer las modificaciones que demandaba la ciudadanía para fiscalizar mejor al sistema, pero valió más el apego al control de los mecanismos, por décadas en manos de un grupo de poder que solo ha cambiado en apariencia.

Como ciudadana, apoyo la mayor parte de las modificaciones aprobadas al proyecto de constitución, muchas esclarecen conceptos esenciales, otras visibilizan mejor los derechos individuales. Pero ello no es suficiente, coincido con las personas que plantean que los cambios fundamentales que se requieren en Cuba para lograr avances económicos y sociales, son políticos.

El pensamiento metafísico es conservador pues sus concepciones son inmutables, entre los fenómenos erigen “tabiques impermeables”. Un sistema es la interrelación holística de sus partes, pero la política incide en todas las demás (economía, sociedad), pues puede potenciarlas o estancarlas. Sin un efectivo control ciudadano en la vida política, en el modo de nominar y elegir a quienes gobiernan, no podremos sustituir a los incompetentes, atajar a los corruptos y controlar los medios de producción fundamentales, que en teoría son de todos pero en la práctica son gestionados y administrados por una capa burocrática.

En Cuba se manifiesta un estancamiento de las fuerzas productivas, reprimidas por relaciones de producción que se deciden a nivel político, por ello, sin cambios en esa esfera no avanzaremos. El marxismo considera como una ley la correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, pues cuando no se manifiesta tal correspondencia, se abre un camino que puede determinar la transición de un régimen social a otro.

En la economía cubana nada es verdaderamente lo que parece. Las relaciones de propiedad, núcleo de las relaciones de producción, se manifiestan como una mistificación de la realidad: la propiedad socialista no es verdaderamente social, ya que ha sido suplantada por una propiedad estatalizada que escapa al control de los trabajadores; y la propiedad privada —reconocida en esta constitución— no es suficientemente privada, dados los excesivos obstáculos con que la rodean las determinaciones políticas. La propiedad cooperativa no despliega sus alas a pesar de todas las declaraciones y lineamientos que en el mundo son.

Este no ser realmente lo que se pretende, nos ha llevado a un punto de inmovilidad. El nuevo presidente recibió una encomienda que parece hecha a la medida de Tom Cruise. Pero con su loable actitud de una mayor comunicación mediática ha enjuiciado abiertamente lo que era evidente desde inicios del año anterior: la crisis se ha agudizado, lo seguirá haciendo en el próximo año y la economía insular apenas crece. En las intervenciones del ministro de economía se critica el modo en que se había administrado hasta ahora ese sector, se adivina la intención de renunciar a prácticas equivocadas, pero no se distingue un proyecto novedoso y bien concebido para generar cambios.

Mi opinión es que presenciamos el agotamiento definitivo de un modelo político, el modelo de socialismo burocrático. Nuestros gobernantes no logran hacer progresar la nación con los viejos métodos, pero no son capaces de aceptar formas más participativas, con un peso mayor de la ciudadanía en la toma de decisiones.

Como resultado, en Cuba se vislumbra hoy una situación que, en dependencia de diversos factores, puede tornarse revolucionaria o contrarrevolucionaria. Cuando Lenin fundamentó su teoría de una situación revolucionaria, lo hizo para explicar el contexto ruso tras los sucesos de 1905. Trotsky la aplicó para la Inglaterra de 1931 y la Francia de 1936. ¿Qué impide que la utilicemos para entender lo que ocurre en Cuba actualmente? Si obviamos las marcas de contexto en que ambos dirigentes revolucionarios actuaban nos queda lo esencial, veamos:

  • “La primera y más importante premisa de una situación revolucionaria es la exacerbación intolerable de las contradicciones entre las fuerzas productivas y las formas de propiedad. La nación deja de avanzar”. (Trotsky: ¿Adónde va Francia?, 1936).
  • No basta con que los de abajo no quieran seguir viviendo como antes. Hace falta, además, que los de arriba no puedan seguir administrando y gobernando como hasta entonces. (V. I. Lenin “La celebración del Primero de Mayo por el proletariado revolucionario”).

Que los de arriba no pueden seguir gobernando como antes es bastante evidente, y la cuestión que objeto no es que exista un partido único o un gobierno elegido indirectamente, sino que ambos, Partido y Gobierno, deben mostrarse efectivos en sus respectivos campos de acción, pero eso solo se logra con resultados, no con consignas.

De que los de abajo no quieren seguir viviendo como antes existen síntomas palpables desde hace mucho tiempo, el más grave es que nuestros hijos ya ni exigen que nos pongamos “la manzana en la cabeza”; cansados, se van con su ballesta a otra parte. En el debate del proyecto de constitución fueron expuestos valiosos criterios encaminados a la reforma de  la estructura política del país, y los que dirigen no deben perder de vista que ante el creciente acceso de los ciudadanos a la red de redes cualquier reacción se visibiliza y difunde con rapidez.

Hay que insistir en el tema de los cambios políticos para lograr un sistema más controlable por las grandes mayorías. No importan las críticas y las ofensas, las etiquetas y los supuestos cargos atribuidos en hipotéticos gobiernos de “nuevos revolucionarios”. Opondremos a los puntos de vista y consignas falsos las ideas y los métodos creadores del marxismo. Debemos ser dragones y no pulgas.

Mejor del 2018: Los nuevos ricos y Cuba

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Foto: Artur Staszewski


(El siguiente texto fue publicado el 3 de Agosto de 2018)

Por: Miguel Alejandro Hayes

Se debe tener cuidado y combatir el capitalismo, pero también hay que ser objetivos. Tenemos intelectuales acomodados, pequeños propietarios de negocios, pequeños capitalistas y cierta clase media acomodada, nuevos ricos considerados en nuestra tradición más extremista como burgueses (y lo son) pero habría que revisar su papel social.

Esa pequeña burguesía es mal vista, se cree que engendra capitalismo. Debemos resaltar que el capitalismo como forma dominante no surge del capital comercial, y ese es el que tenemos en Cuba. Desde el siglo XIII en Europa se advertía capital de usura y comercial, pero no fue hasta el capital industrial siglos después que el capitalismo se hizo hegemónico. Esto tampoco fue resultado de la competencia capitalista, ocurrió en la medida en que la superestructura social se iba transformando, como en Inglaterra, donde los nobles se convirtieron en burgueses.

El capitalismo como forma dominante no surge del capital comercial

Marx aclara que el capitalismo nace de manera violenta separando la fuerza de trabajo de los medios de producción, no podía hacerse de manera independiente y aislada. Para que una nueva forma económica emergiera, debía moverse todo el aparataje jurídico, moral entre otros de la sociedad. Con eso, Marx desmentía el mito de que el capitalismo surge de los ahorros de un hombre trabajador, quedando desmontado el mito del buen emprendedor.

No fueron emprendedores quienes instauraron el capitalismo sino las fuerzas dominantes del feudalismo quienes movieron la sociedad hacia el capitalismo. No fue el libre mercado quien consolidó al capitalismo, sino la necesidad que tenía su clase dominante de pasar a una forma socioeconómica superior.

No fueron emprendedores quienes instauraron el capitalismo sino las fuerzas dominantes del feudalismo

En Cuba la izquierda sigue despreciando a los pequeño-burgueses, en cualquiera de sus formas, y sigue perdiendo un aliado importante. Al hacerlo olvida que el capitalismo no ha sido solo un hecho económico, sino cultural, político, jurídico, conducido desde las clases dominantes. Cuba no debe ir a ese capitalismo donde la pequeña burguesía se imponga de manera natural, esto sólo podría ocurrir con la complicidad del poder político y entonces el enemigo no sería sólo la burguesía.

El tránsito al capitalismo en Rusia no fue porque bares y hostales privados tomaron el poder, sino cuando se eliminó la propiedad social-estatal sobre grandes medios de producción, ocurriendo lo que Marx describe como el hecho que da origen a la acumulación originaria: separando la fuerza de trabajo de estos, pasando a manos de dueños privados. Todo con la complicidad del poder político, por supuesto.

El tránsito al capitalismo en Rusia no fue porque bares y hostales privados tomaron el poder

Estudiando a Marx identificamos cómo sería la llegada del capitalismo a Cuba, si ocurre. Tendrá de manera general esa forma de Rusia a través de la emblemática acumulación originaria que Marx describe, en la medida que el pueblo vaya siendo alejado (jurídicamente o no) de los medios de producción. Cierto optimismo y confianza hacen dudar que eso ocurra, señalamos entonces el peligro de esa gran burguesía que existe fuera de Cuba y nosotros no tenemos.

Los pequeño-burgueses, que distan de ejercer hegemonía o hacer tambalearse la sociedad, históricamente no han sido precursores del capitalismo. Esperamos entonces que en nuestra isla no tengan apoyo político para apoderarse de los medios de producción. Si se les da un papel útil en Cuba, aprenderemos que no son tan malos, ni tan enemigos.

Mejor del 2018: Los hijos bastardos de la Revolución

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(El siguiente texto fue publicado el 17 de Julio de 2018)

Por: Harold Cárdenas Lema

La heterodoxia es la posición más incómoda y digna que puede asumir un revolucionario en Cuba. Desde que Julio Antonio Mella fuera expulsado del partido comunista que fundó, han sido incontables los que han conocido el fuego amigo, la intolerancia de los suyos, parametración y etiquetas. Empujados al borde del abismo, no pocos han saltado a los brazos de la derecha, dando la razón a sus acusadores. Otros han dado lecciones éticas a sus verdugos, pero toma décadas quitarse un cartelito que cualquier funcionario puede atribuir a la ligera y por cualquier motivo. Son muchos los hijos de la Revolución cubana que han sido rechazados por lo que se consideraba la vanguardia en su momento, de hecho, los grandes héroes del pasado siglo en algún momento fueron excomulgados por el movimiento comunista o el Partido. Estar hoy en esa posición es casi una tradición.

El presidente acuñó el pasado domingo la nueva frase que delimitará la condición de revolucionario en el país: “se es o no se es”. Quizás nuestra experiencia con frases ambiguas no es suficiente, quizás no hemos aprendido lo que hacen funcionarios entusiasmados con ganas de acumular méritos, cuando le sugieren que tienen aprobación gubernamental para cualquier exceso. La alusión a Shakespeare no podía estar más equivocada, en su soliloquio del tercer acto Hamlet se refiere a la duda entre suicidarse o vivir, mientras ahora se utiliza para hablar de definiciones políticas. Me gustaría saber quién está ejerciendo esa influencia en el presidente, pasando imprecisiones y una visión deformada de los asuntos, pero ni siquiera sabemos quiénes componen el equipo de nuestros funcionarios públicos.

El socialismo en Cuba siempre ha tenido dos caminos: uno de excesos y dogmas, otro de herejía y liberación. El presidente llega al cargo heredando estructuras ideológicas deformadas en un país que vive a la defensiva desde hace medio siglo. Más aún, llega a la presidencia en un contexto de depuración y purga de la esfera pública nacional, encabezada por un sector fundamentalista afincado en estructuras de poder. No poco de lo que se decide en ideología, está permeado por relaciones personales entre funcionarios y aspirantes a cargos políticos, que compartiendo eventos nacionales y tertulias en casa tienen la capacidad de hacer lobby e influir en la toma de decisiones. Ninguno de los que por juventud o fatalismo geográfico estamos lejos de esos círculos, podemos competir con esa influencia diaria en el presidente.

La Revolución cubana no es la única que ha generado el rechazo a los suyos, esto es casi una regularidad histórica en modelos comunistas. Empezando por la URSS, donde Trotsky se exilió, pero continuó escribiendo. Como su sola existencia era peligrosa para la corriente estalinista que aspiraba a implantar un camino y modelo de revolucionario único, fue asesinado. Vale destacar que fueron varios intentos de atentado en su contra, desde Siqueiros hasta Mercader, los asesinos encontraron santuario siempre en Cuba, protegidos por representantes de una línea dura dentro del movimiento comunista cubano que hoy intenta sobrevivir.

Si hubiera que enumerar la herejía dentro del movimiento comunista cubano habría que empezar por la expulsión de Julio Antonio Mella. El sectarismo era tanto que llegaron a escribir al Partido Comunista mexicano afirmando que el recién llegado a sus tierras era “(…) un perfecto y descarado saboteador de los ideales comunistas, a quien le tenéis que negar toda relación (…) un líder extraviado que no descansa en sabotear, por infinitos medios, nuestra heroica labor (…)”. De más está decir que los aztecas no les hicieron caso pero el lenguaje de la misiva no puede parecerse más a los bodrios descalificadores con los que hoy se acusa a los desobedientes en Cuba y se les meten en el mismo saco ya sean contrarrevolucionarios, revolucionarios u otros que hasta hace poco sentían que podían tener un espacio dentro del proyecto político cubano.

Al triunfo de la Revolución, el desenlace de la discusión entre Alfredo Guevara y Blas Roca, fue una victoria contra el dogma en las filas comunistas. Esos años no estuvieron exentos de errores, pero todavía se aspiraba a la construcción de un socialismo cubano, Fidel mantenía a raya lo más fanático del Partido Socialista Popular y el Che se lanzaba contra el Realismo Socialista. Los jóvenes profesores del Departamento de Filosofía comenzaron a dar clases en las Escuelas de Instrucción Revolucionaria, bajo la asesoría de un hispano-soviético al que pronto dejaron atrás. La búsqueda de un nacionalismo marxista, ajeno a manuales y dogmas soviéticos, coincide con el conflicto entre Fidel y los soviéticos después de la Crisis de Octubre. El hecho de que Fidel hubiera sido proscrito también en su momento por el Partido Comunista debió darle perspectiva, desde entonces se aseguraría de rodearse no solo de cuadros políticos sino de herejes, algo que el presidente actual pudiera aprender.

Cuando comienza en 1971 la importación del modelo soviético después del fracaso azucarero, la ortodoxia inicia su pase de cuentas, adiós revolución autóctona. El cierre de Pensamiento Crítico y la demolición del Departamento de Filosofía fueron un mensaje claro para nuestros abuelos. Afortunadamente, José Miguel Miyar Barruecos (Chomi) en su condición de rector de la Universidad de la Habana, tuvo la lucidez de darle espacio a los proscritos en su centro. El hecho de que hoy eso sea imposible, incluso si tuviéramos un Chomi, habla de cuánto espacio ideológico se ha perdido en las instituciones. En los 80 otros factores como la Glasnost y la Perestroika trajeron nuevos problemas, luego hubo crisis con pintores y plásticos, no pocos terminaron en la emigración.

En 1996 hubo otra purga con el cierre del Centro de Estudios de América. El CEA era demasiado lúcido y hereje en un momento en que la expectativa del IV Congreso del Partido ya menguaba y ser políticamente incorrecto dejaba de parecerle sexy a las autoridades. No pudieron hacerles mucho más porque su constelación de intelectuales consagrados tenía formas de sobrevivir, pero acusados de quinta columna del imperialismo y estar al servicio de la CIA, estaban varios de nuestros mayores pensadores actuales. Hoy existen contradicciones entre jóvenes cineastas y las instituciones, la lucha por una ley de cine que no llega y la ausencia de una figura como Fidel que tenga la autoridad y voluntad de darles la cara y buscar una solución en conjunto. La noción actual de que toda discrepancia se debe al coqueteo o influencia del enemigo, no es más que un facilismo para rehuir el debate. Da vergüenza mirar atrás y ver cómo en años de invasiones y crisis nucleares, había mayor capacidad de diálogo interno.

Los sectores más conservadores del aparato ideológico nunca fueron citados por Raúl. Desde que el presidente actual asumió su cargo estos buscaban ese respaldo para utilizar su capital simbólico, ya lo consiguieron. Que Díaz Canel confíe en los funcionarios y estructuras que tiene a su alrededor era de esperar, de hecho, sus recientes palabras seguro tranquilizan a la línea dura que temía fuera demasiado aventurado. Lamentablemente sus palabras hoy significan luz verde para nuevas purgas y repetir viejos errores. Reducir el espectro político cubano a una dicotomía de “ser o no ser”, que usa como modelo positivo a lo más ortodoxo en las filas gubernamentales, no solo es un cambio radical de la línea fidelista que daba espacio dentro de la Revolución a todo el que no fuera militante contrarrevolucionario, es un grave error teórico y político.

El texto que cita el presidente, mezcla fenómenos reales con cruzadas y rencillas personales mal disimuladas. Según Lagarde, los asalariados del pensamiento oficial cubano no existen, la alusión le es tan incómoda que actúa como si el Che no se hubiera referido a nuestra burocracia e intenta desviar la atención hacia otras fronteras. Acostumbrado a las asignaciones verticales, habla de “aceptar” una beca de estudios como si fuera un regalo del jefe, no tiene idea de cuántos jóvenes cubanos estudian fuera ni los sacrificios que implica una beca condicionada a la excelencia académica. Habla de unión, pero convoca a purgas y depuraciones. Omite el apoyo y vinculación a movimientos internacionales de izquierda porque necesita sugerir doble moral en su acusación. Su exposición totalitaria necesita aniquilar a quien difiera, no sabe que Cuba lo necesita tanto a él como a los nuevos revolucionarios que quiere denunciar, que sin uno solo de ellos le faltaría un pedazo.

Los fundamentalistas de la ideología criolla son expertos en dañar, marginar, excluir y etiquetar a otros sugiriendo subordinación a Estados Unidos. Hacer daño no solo a uno sino también a tu familia, tus amigos, para dejarte solo. Todo en nombre de la Revolución. La apuesta de la ortodoxia cubana es convertirlo a uno en lo que no es, radicalizar a través de la marginación para demostrar que tenían razón en su acusación. Hoy disfrutan del acceso y las primicias que dan el respaldo institucional. Quieren una esfera pública con disciplina de trinchera y no de parlamento. Cuando no pueden imponer su posición, apelan a legitimarla a través del presidente o los medios masivos a que tienen acceso. Quieren una blogosfera vertical a imagen y semejanza de La Pupila Insomne, con control y hegemonía de las fuerzas de izquierda. Coqueteando con el poder político para garantizar su influencia.

Martí habló de una República con todos y para el bien de todos, principio que se mantiene en el anteproyecto de la nueva Constitución. En una reunión en el Comité Central, alguien escuchó al presidente sugerir que entre todos debemos hacer lo que Fidel hacía solo. La Joven Cuba quiere incluirse en ese “todos” pero hoy se nos acusa precisamente por ser cada uno nuestro propio Comandante en Jefe. En los últimos meses Miguel Díaz-Canel Bermúdez ha estado en las calles, enfrentando la corrupción, promoviendo transparencia en la gestión de los funcionarios públicos y ahora anuncia que se hará una cuenta de Twitter. Su discurso de clausura es en un congreso donde los periodistas votan presidente de la UPEC al hombre que desde hace años en La Joven Cuba estamos proponiendo sea promovido a más.

Que el presidente se haga eco del fundamentalismo cubano porque crea o le hagan creer que eso logrará unir algo en Cuba, puedo vivir con eso. Leyendo su referencia al texto de Lagarde, recuerdo a un joven Abel Prieto corrigiendo a Fidel: “usted no sabe el peso, que tienen sus chistes”. Como no sea una broma, tengo suficiente perspectiva y convicción para seguir apoyando al dirigente que conocí de niño en Santa Clara. Si me lo siguen haciendo más difícil: tengo 32 años, soy la tercera generación de revolucionarios en mi familia y el sentido político de mi vida es demostrar que el socialismo cubano no tiene que ser ortodoxo. Hagan lo que quieran.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com