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2019: el año que llega

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2019

Se nos acabó el 2018, lentamente fueron pasando los últimos días para el esperado 31 de diciembre y hace semanas ya estaban los paladares, cafeterías, hoteles, con sus propagandas navideñas por el festejo mundial del que -cada vez más evidente- somos parte, tan distinto a los primeros años de la Revolución cuando todas estas imágenes y símbolos no era tan bien vistos como ahora donde es difícil encontrar una avenida principal sin alguna referencia a la fecha.

Ver cómo a pesar del esfuerzo del pueblo, de utilizar sus ahorros en gran medida para tener un buen fin de año, o de empeñarse hasta lo imposible porque no falte de nada, de buscar, dejar de trabajar incluso para “resolver” los artículos propios de estas fechas se hizo tan difícil. Las cadenas de tiendas, la sección de mercado se comportó – al menos en la capital- con el desabastecimiento más importante del que he sido testigo en años. Las habituales marcas de los productos más solicitados como Sidra no se encontraron con facilidad, e incluso otras de mayor precio –no necesariamente mayor calidad- también escasearon, las cervezas con sus idas y venidas habiendo hoy más marcas que años atrás no las hubo siempre, los turrones completamente desaparecidos y cuando aparecieron… ya ustedes saben cómo nos comportamos cuando aparece algo así. Lo que siempre hubo y hay, quizá a mayor precio que en otros años es la carne de cerdo en cualquiera de sus variedades. Impresionantemente encontré bastante tomate en los topados a precio constante que ya había olvidado que existía, pero no es este el plato fuerte de fin de año, ni los desaparecidos huevos, ahora a $0.9… no hablaré de la crisis de la harina de hace unas semanas que ya ha mejorado, ha dado paso como siempre a ingeniosos chistes y publicaciones en las redes sociales. Ha sido una plaga en el sector alimenticio esta temporada, en la que normalmente hay bastantes personas en casa, se reúne la familia de todo el país incluso la residente fuera del territorio nacional y la mayor preocupación del anfitrión con, o sin dinero, es la comida. Sin caer en requerimientos que alguien pueda etiquetar como burgueses, he mencionado sólo lo mínimo que acostumbradamente se consume por estas fechas. 

Es interesante presenciar todo esto, sin mencionar el reiterado –no por ello menos real- asunto de los salarios, al menos los estatales y su imposibilidad de adquirir una canasta para navidad sin quedarse como popularmente se dice “con una mano adelante y otra atrás”, y en medio de esta tormenta silente –no porque no merezca el ruido, sino porque ya lo vemos normal aparecen personajes poco presenciales de nuestra sociedad en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) hablando del crecimiento de la economía, de planes para mejorar y presupuestos… ¿ve la población realmente la mejoría?, ¿se interesa por escuchar mientras ve subir los precios para nunca bajar?, ¿acaso esos ministros no miran fuera de la ventanilla de sus autos oficiales?…o es que solo leen informes y miran estadísticas para luego repetir.

En todo el pueblo, el de a pie, no necesariamente los que viven en un capitalismo disfrazado, se respira la inseguridad por este nuevo año, por la escasez como de un período especial menos propagandeado y más recrudecido por la evidente existencia de clases sociales, cada vez más marcadas y lejos de igualarse…en medio de todo esto ¿hablan de comunismo en la constitución?…Sí, y no entiendo cómo.

Este 2019 será como permitamos que sea, con nuestras limitaciones, principios y deshonradez, oportunismo y solidaridad…la mezcla en la que nos hemos convertido como pueblo, reparando en escasas excepciones.

NO queda de otra, FELIZ AÑO NUEVO, Feliz aniversario 60 del triunfo de la Revolución…en ese orden.

Mejor del 2018: Avatares de la lucha ideológica

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(El siguiente texto fue publicado el 21 de Junio de 2018)

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Una sociedad en transición al socialismo no es una sociedad libre de conflictos. Todo lo contrario. Durante el proceso de transición, la sociedad es escenario de una lucha ideológica continua entre los diferentes grupos y clases sociales. Cada sector, según el lugar que ocupe en el proceso material, adoptará una posición ante el proceso de transformación. Incluso puede haber grupos que se opongan pertinazmente al avance del socialismo. Solamente el proceso natural de construcción de hegemonía decidirá si la transición avanza o retrocede.

La sociedad cubana, que se encuentra en ese proceso de transición, hace ya varios años que hizo una apuesta arriesgada desde el punto de vista ideológico. Con la adopción de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en su primera versión en el VI Congreso del PCC, Cuba apostó por aceptar una mayor presencia interna de relaciones monetario-mercantiles y una mayor interacción con el capitalismo internacional. Se inició el proceso de actualización del modelo económico, una serie de cambios que afectó a toda la estructura social del país.

Por un lado, el fomento de la inversión extranjera propició una mayor interacción entre los agentes económicos del capitalismo internacional y los actores de la economía cubana. Por otro lado, el desarrollo del turismo, que ya venía desde el período especial, favoreció la presencia en el país de una gran cantidad de personas consumiendo según los patrones del mundo capitalista desarrollado. Pero lo más novedoso fue la aparición de empresarios cubanos que, con licencia de cuentapropistas, contrataban a otros cubanos para hacerlos trabajar y beneficiarse de la plusvalía. Esto significó, de facto, la reaparición de la burguesía en Cuba.

Uno puede preguntarse: ¿Qué llevó a los comunistas cubanos a asumir estos riesgos, que incluían la restitución de la propiedad privada y del enemigo de clase? La respuesta está en que existían una serie de condiciones que exigían los cambios con urgencia. El estado cubano necesitaba, por una parte, aumentar la entrada de capitales extranjeros, indispensables para sacar al país de la crisis económica en que la había dejado el período especial. Y por otra parte, necesitaba liberarse de un sinnúmero de actividades económicas no fundamentales que sobrecargaban su presupuesto.

Pero lo más importante, es que cuando se comenzó el proceso de los Lineamientos existía la conciencia de que la Revolución era lo suficientemente fuerte como para resistir esos cambios. La manera en que se le dio inicio al proceso, llamando a la participación a todo el pueblo, es una muestra de que se esperaba llevarlo adelante bajo la égida del poder popular revolucionario. En ningún momento se pensó que la aparición de relaciones de mercado pudiese desbancar la hegemonía socialista en Cuba.

Sin embargo, el tiempo pasó, y la nueva burguesía creció y se desarrolló al calor del proceso de actualización. Su poder económico creció y- no podía ser de otro modo- pronto comenzó a buscar de un modo inconsciente formas para manifestarse ideológicamente. Surgieron una serie de medios privados, casi todos digitales, dedicados a temas de farándula, arte, actualidad, etc. Al mismo tiempo, se desarrolló una verdadera industria cultural asociada al reguetón y promotora de la banalidad, la enajenación y el consumismo. Las noches de La Habana se llenaron de bares, galerías privadas, paladares; en definitiva, de espacios en los que la nueva burguesía socializaba sus patrones de conducta. Comenzó una dinámica de recomposición de la hegemonía burguesa.

Llegado cierto punto, esos medios que servían para darle voz a la nueva burguesía empezaron a estructurar un discurso que capitalizaba simbólicamente el proceso de cambios. Estos ya no eran presentados como una estrategia de la Revolución para salir de la crisis, sino como una especie de camino natural hacia algo diferente. En su visión de las cosas el sujeto de las transformaciones no era el pueblo trabajador sino justamente la nueva burguesía. Al adoptar este discurso, que seguramente ellos mismos se creyeron, intentaron socializar un nuevo sentido común. En el fondo de su accionar latía una antigua creencia supersticiosa: si repites algo las suficientes veces, se hará realidad.

Ellos no lo decían expresamente, pero lo que sugerían con su discurso era que en Cuba estaba ocurriendo un proceso de restauración capitalista. Algunos medios, con mayores pretensiones, buscaron la forma de expresar ese espíritu de un modo que fuese reconocible como una posición política. Es así como se echó mano a la noción del “centro”: lo cual, dentro del contexto cubano, significaba no estar ni con el gobierno ni con la disidencia histórica. El centrismo fue la bandera de los más politizados heraldos de la nueva burguesía, tanto si eran conscientes de ese mandato clasista como si no.

No obstante, que la burguesía se desarrollara de esta manera no es algo sorprendente o preocupante. Esto era solo esa clase social siendo ella misma. Lo preocupante es que tuvieron cierto éxito y lograron venderle esa interpretación a una parte nada despreciable de la sociedad. Muchos jóvenes, fascinados por los fuegos artificiales de lo nuevo, comenzaron a compartir el sentido común que ellos desplegaban. Y ocurrió algo aun peor: muchos revolucionarios también aceptaron esa visión, y comenzaron a ver detrás de la actualización la sombra, para ellos horrible, de la restauración capitalista.

Cabe hacerse otra pregunta: ¿Cómo fue posible que los medios neo-burgueses tuvieran éxito para capitalizar simbólicamente los resultados de una política revolucionaria?

La única manera de explicar ese éxito es a partir de los errores en el trabajo ideológico por parte de las instituciones socialistas. En primer lugar, contaron con la ventaja de lo novedoso: traían un mensaje fresco, mientras que los medios de comunicación revolucionarios fueron ineficaces en renovar las formas de transmitir sus mensajes, dando la impresión de estar repitiendo siempre lo mismo con lo mismo. En segundo lugar, encontraron un terreno preparado de antemano para la aceptación de sus productos. La población cubana ya estaba acostumbrada a consumir en televisión nacional productos culturales de factura capitalista, promotores de valores capitalistas. Los mensajes neo-burgueses fueron fácilmente asimilados por una sociedad que, como consecuencia de la larga crisis económica, ya estaba mostrando síntomas de pérdida de valores, apatía y enajenación. En tercer lugar, contaron con un personal calificado de primera mano- diseñadores, fotógrafos, editores, etc.- al ofrecer salarios muy superiores a los que pagaba el estado.

Desde un punto de vista socioeconómico, la nueva burguesía pudo también mostrarse ante la sociedad como el sector de mayor crecimiento y movilidad social. Esto, en parte, se debió a las insuficiencias en las medidas adoptadas para enfrentar los grandes problemas del sector socialista de la economía. No lograron superarse el exceso de centralización, las barreras a la espontaneidad, la falta de productividad, la pirámide invertida, la doble moneda, etc.

Por último, la nueva burguesía comenzó a recibir apoyo internacional. No se trata solo del apoyo natural que viene en forma de inversiones de cubanos en el exterior e incluso extranjeros, sino también del apoyo interesado de quienes han querido utilizar a ese sector social como punta de lanza contra el socialismo cubano. Varios medios militantemente neo-burgueses surgieron con apoyo financiero de enemigos de la revolución cubana. El momento cúspide y símbolo de este apoyo externo fue la visita de Obama en el 2016.

Cuando se analiza el conjunto de la situación ideológica que se configuró en Cuba durante los últimos años del período de Obama, se hace evidente que la Revolución estaba perdiendo la iniciativa frente a los actores neo-burgueses. En aquel momento, el centrismo político se estaba convirtiendo cada vez más en la posición hegemónica. Solo la victoria de Trump los dejó completamente descolocados.

Como cualquiera puede recordar, en el 2017 se llevó a cabo la famosa lucha contra el centrismo, en la cual el blog La Pupila Insomne tuvo un papel protagónico. En el momento en que dicha cruzada fue llevada a cabo, se estaba haciendo necesario un enfrentamiento de los sectores revolucionarios contra esa corriente. Ya Fernando Martínez Heredia había llamado la atención sobre los intentos de resucitar bajo la categoría de “centro” un nacionalismo de derechas que solo era funcional a los intereses del imperialismo. La contraofensiva era necesaria; sin embargo, la manera en que fue llevada a cabo tuvo varios errores.

La crítica misma cayó bajo sospecha en un momento en que la Revolución más que nunca necesitaba criticarse a sí misma

Entre los defectos que tuvo la lucha contra el centrismo estuvo que se puso el mayor énfasis en denunciar los medios neo-burgueses por el tema del financiamiento desde el exterior, cuando hubiese sido mejor explicar por qué la Revolución y el Socialismo tenían razón por sobre todos ellos. No es que hubiera que perdonar los casos de verdadera traición a la soberanía nacional, pero en muchos de los casos las fuentes del financiamiento y sus razones caían más bien en la zona de lo ambiguo. Además, junto con la ofensiva se creó un ambiente refractario a la existencia misma de esos medios, un ambiente que sugería su desaparición como solución para todos los problemas. En general, se antepuso la crítica del enemigo a la autocrítica, como si nuestros errores no fuesen la causa principal del avance de la hegemonía burguesa. La crítica misma cayó bajo sospecha en un momento en que la Revolución más que nunca necesitaba criticarse a sí misma para evolucionar y sobrevivir.

Desde hace varios años, el pueblo cubano y su partido comunista expresaron la voluntad de avanzar desde un modelo de plaza cerrada hacia un modelo de plaza abierta. Se decidió avanzar hacia un modelo abierto a las influencias del exterior, en el que la hegemonía socialista debía ejercerse sobre la base de la coexistencia con mensajes divergentes. Debemos acostumbrarnos a que una sociedad más plural desde el punto de económico-social tendrá una mayor diversidad de criterios y manifestaciones ideológicas. No puede ser que, después de haber dado aquel importante paso, ahora nos asustemos ante las consecuencias y queramos regresar a un pasado imposible. Mucho menos podemos ponernos una venda en los ojos para no ver una realidad que está frente a nosotros, hacer como que en estos años no ha pasado nada.

Para ganar la lucha ideológica contra la nueva burguesía no es necesario tomar la contraproducente medida de cerrarle la boca para que no hable. Es mucho mejor dedicarnos a liberar nuestro sistema social de las taras del socialismo real. Si realmente somos socialistas y queremos que el Estado desaparezca, lo mejor es empezar de una vez por todas. Se debe tomar en serio el proceso de descentralización de la economía y la sociedad. Sería bueno que el Estado devolviera a la sociedad civil revolucionaria las cuotas de poder y los espacios de decisión que le ha enajenado, para así crear esa democracia popular de base que es el único remedio verdaderamente eficaz contra los intentos de la burguesía de restablecer su hegemonía.

Dialéctica de continuidad y ruptura

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ruptura

El período por todos conocidos como Revolución en el Poder cumple ya 60 años, casi la misma cantidad de tiempo transcurrido desde la intervención norteamericana de 1898 hasta el triunfo revolucionario de 1959. En algunos lugares el acontecimiento es celebrado a contrapelo; pero la mayoría de los cubanos lo reciben con escepticismo político y confusión. Y es que el mundo de la política se le presenta al cubano común como un laberinto, donde todos los caminos llevan a una trampa sin fondo. Por eso, este prefiere perderse en su destino personal, que tampoco lo lleva a ningún lado, pero que al menos es suyo.

El laberinto de la política cubana -sobre el que, a fin de cuentas, alguien debe intentar arrojar luz- parece arrojar solo dos opciones, que como unas Escila y Caribdis postmodernas lanzan sus dentelladas hacia nosotros: la continuidad o la ruptura. Se trata de una de esas encrucijadas ante las que la mayoría de la gente prefiere dar media vuelta y regresar a casa. Muchos nos preguntamos: ¿Por qué tenemos que elegir entre una continuidad y una ruptura cada cual más catastrófica que la otra? ¿Es que no existe el camino de la sensatez?

La mera continuidad del orden vigente, que se hace llamar a sí mismo Revolución, es una opción muy cómoda para muchos, pero suicida a largo plazo para los impulsos emancipatorios de nuestra historia. Por muchas razones, que también tienen que ver con el bloqueo y las agresiones del imperio norteño, en Cuba se instauró un socialismo organizado burocráticamente, un socialismo real en toda regla. Algunos creen que esa es la única forma de socialismo que realistamente puede intentarse en las condiciones de excepción en que vive Cuba. Sin embargo, se daría así la extraña paradoja de que para salvar el socialismo sacrificamos todo, incluyendo el socialismo mismo.

La simple continuidad es el fin de la Revolución Cubana, su sustitución por una ideología del pasado, de los mártires y de las efemérides. Hoy por hoy, el vibrante ideario de la revolución es achatado en la práctica hasta verse en el límite de convertirse en una ideología de clase dominante. No están muy lejos nuestros dirigentes de convertirse en una de esas clases dominantes que, muchas veces a lo largo de la historia, han vivido imbuidas en su propia ideología rosadamente clásica, engañándose a sí mismas sobre su verdadero papel explotador. Para llegar a ese escenario, solo falta que se corten algunas amarras.

Pero la ruptura tampoco nos trae otra cosa que espinas. A ella la presentan de muchas maneras distintas, por la derecha, por el centro socialdemócrata y por la ultra-izquierda, sin que nadie sea capaz de explicar cómo va a hacer esa Cuba rupturista para evitar caer en las garras de los grandes poderes transnacionales y de sus sátrapas miamenses. La historia ha demostrado que la gran burguesía norteamericana sigue siendo imperialista, y que solo renuncia a imponerse allí donde encuentra una resistencia tenaz. Cuba y su revolución han sido para ellos una piedra en el zapato, y no van a perder la oportunidad si un día ven abierto el camino para la venganza. Creer otra cosa es ser un iluso.

Además, ponerse radicalmente del lado de la ruptura implica casi siempre, para el que elige ese camino, perder el contacto con esencias fundamentales de la nacionalidad cubana. Algunos desde el comienzo, al prestarse para ser parte de un cambio de régimen orquestado desde Washington, toman el camino de los que traicionan a su patria. Pero incluso los que beben de las ideas de izquierda, y solo le encuentran defectos al proceso y a la ideología de la Revolución, olvidan que fue en ese crisol en el que se fundió el auténtico nacionalismo revolucionario cubano con las ideas de justicia social que aportó el socialismo. El ideario de la Revolución Cubana es un tesoro de símbolos irrenunciables, que junta en sí las luces de Martí y de Marx, y que se templó en la sangre de los valientes. No se le puede rechazar de un tirón.

Para salir de este laberinto solo parece haber una opción muy difícil: encontrar un equilibrio entre continuidad y ruptura. Los alemanes tienen una palabra, aufheben, que puede servir para explicar lo que habría que hacer. Hegel y Marx la usaron para expresar el proceso dialéctico, y significa algo así como levantar, en el sentido de conservar y superar al mismo tiempo. Aufheben es lo que debemos hacer: superar el orden y los dogmas que se reclaman hijos de la Revolución, conservando al mismo tiempo los horizontes e impulsos emancipatorios de esa Revolución.

La dirigencia cubana hace un tiempo pareció estar consciente de todo esto, y mostró algo de audacia al llevar a cabo un grupo de reformas muy necesarias. En la medida en que todavía pueda ser audaz para “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, se puede decir que todavía existe la Revolución que ellos lideran. El problema está en la paranoia que se apodera de algunos sectores, que sienten que la ruptura es demasiada, y entonces la dirección vuelve a poner el acento sobre la continuidad.

Tal vez ha llegado la hora de darnos cuenta del daño que nos ha hecho el paternalismo, y de que una Revolución en la que la vanguardia siempre tiene la última palabra es solo media Revolución. Muchos cubanos tienen la percepción de que este socialismo que se intenta construir es un socialismo que le pertenece a la burocracia, que es de ellos, no de nosotros. Lo que se necesita es algo tal vez demasiado difícil: que por primera vez en mucho tiempo los cubanos decidan apropiarse de su  Revolución y su Socialismo, para hacer de ellos propiedad efectiva del pueblo.

En la medida que la Revolución Cubana pueda dejar de ser lo que ha devenido, siendo a su vez ella misma, podrá seguir rompiendo su victoriosa proa contra las olas de la historia. ¡FELIZ ANIVERSARIO!

La Joven Cuba: balance 2018 y planes 2019

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El 2018 ha sido el tercer año más leído en la historia de La Joven Cuba. Con más de medio millón de visitas y 170 000 visitantes, ha sido un año de crecimiento para nuestro equipo. Hoy LJC tiene el triple de sus miembros iniciales, cubre varias provincias del país y es un medio alternativo reconocido por su trabajo desde hace varios años. 1163 personas se han suscrito para recibir nuestros textos a diario por correo electrónico.

Los países donde más se lee LJC son Estados Unidos y Cuba respectivamente, por esta razón nuestras prioridades siguen siendo apoyar la normalización de relaciones entre ambas naciones y el fin del bloqueo, así como los cambios internos que hagan de la isla un modelo de democracia socialista viable.

En el 2018 logramos estabilizar la publicación de nuestra revista digital en PDF y su distribución nacional a través de el Paquete. Aún no estamos satisfechos y el próximo mes estaremos reorganizando el funcionamiento de la revista para mejorar en calidad y alcanzar un público mayor.

En 2018 también se incrementaron nuestros vínculos con otros blogs y proyectos como La Trinchera y La Luz Nocturna. Varios de sus miembros hoy también forman parte de LJC. En particular nos satisface ver cómo el ecosistema de blogs comienza a diversificarse nuevamente en la esfera pública, fenómeno que haremos todo lo posible por apoyar y así contribuir a recuperar la diversidad, lazos de fraternidad y colaboración mutua que una vez existieron entre blogs cubanos.

En el 2019 LJC comienza un proceso evolutivo para dejar de ser un blog y convertirse en un medio de opinión política. Preservando nuestro espíritu original pero mejorando en calidad y alcance de nuestros contenidos. Nuestra intención es registrar algún día LJC como una publicación nacional, pero no intentaremos hacerlo en ningún otro país que no sea el nuestro, lo haremos cuando sea posible y las instituciones estatales maduren más en su mirada hacia los medios alternativos.

Ha comenzado la mayoría de edad de LJC en un momento clave para la historia de Cuba y el destino de su Revolución. Aquí estaremos como sujetos históricos con el encargo de construir un país mejor y esta herramienta que es LJC, para lograrlo.

Feliz fin de año para todos y mañana nos vemos con nuestro primer texto del 2019, dedicado al 60 aniversario del triunfo revolucionario y los desafíos que vienen. Un abrazo colectivo y hasta el nuevo año.

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Mejor del 2018: Hegemonía de izquierda

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(El siguiente texto fue publicado el 13 de Junio de 2018)

Por: Harold Cárdenas Lema

Que la derecha mundial controle el flujo de la información a su favor es una injusticia, que los gobiernos de izquierda a veces la imiten, es una tragedia. En la Cuba de hoy no basta con ser de izquierda, apoyar las instituciones del país y condenar el bloqueo, también se exige algún tipo de subordinación. Hasta hace unos años los cambios promovidos por Raúl permitían ser revolucionario por cuenta propia, es decir, participar de forma autónoma en el debate político nacional, como ciudadanos que hemos hecho de la política un patrimonio del pueblo, hoy eso es imposible. Quien se resista a dicha subordinación conocerá lo que es la hegemonía, ya no la de Estados Unidos y sus aliados sino la doméstica.

La capacidad hegemónica del Estado cubano no es comparable con la de la derecha mundial, que tiene más recursos y puede ser más sutil en sus métodos, pero esto no significa que a lo interno sea menos real. El solo hecho de tener tal control sobre otros implica una responsabilidad pública sobre la que se debe rendir cuenta al pueblo. En un gobierno revolucionario, esta debe ponerse en función de amplios intereses sociales, evitando utilizarla para favorecer a grupos o interpretaciones específicas de la economía o la política que no cuenten con el respaldo de la mayoría.

Abusar de la hegemonía, convierte el poder revolucionario en poder en sí mismo

Entre revolucionarios no se debe dar voz a unos y omitir la de otros. No se puede publicar en Granma y Cubadebate lo que dicen algunos funcionarios ideológicos y a la vez ignorar la opinión de intelectuales o Silvio Rodríguez cuando dice algo que no se quiere escuchar. No existe tal cosa como revolucionarios de segunda categoría, lo que sí existe es el ejercicio de la hegemonía para favorecer individuos. En una revolución que hizo confluir en el poder a distintas fuerzas en el 59, que supieron poner a un lado sus diferencias por algo mayor que ellos mismos, es trágico que sesenta años después se alimente jerarquías que premian la carrera política de unos a costa de la enajenación de otros. Como si la microfracción de Aníbal Escalante ganara hoy, sin la presencia de Fidel para evitar que avancen sectores dogmáticos con agenda propia.

Más allá de la izquierda militante, se utiliza la hegemonía a discreción. Ejemplo de ello es la reacción oficial hacia el periodista uruguayo Fernando Ravsberg y su blog Cartas desde Cuba. No es necesario coincidir con él para saber que si logran silenciarlo, sus lectores no irán a parar a Cubadebate sino a El Nuevo Herald y medios de oposición. Quizás el objetivo de nuestros estrategas ideológicos sea aumentar la polarización, porque todas sus acciones desde hace un año van provocando ese efecto, pero cuesta ver un efecto positivo en el aumento de la discordia interna y la promoción personal de quienes alimentan el fuego de las antorchas. Matar al mensajero nunca es método de quien tiene la razón.

Resulta que Ravsberg no es el más crítico de los periodistas extranjeros, pero sí el que más presiones recibe, no por lo que dice sino porque es leído. Es fácil prohibirle trabajar en Cuba, en su lugar deberían ir a la raíz del problema y preguntarse por qué llegan a él sus lectores. La solución seguramente será hacer un periodismo mejor, que problematice el país y sea creíble. El día que esto se logre los cubanos no necesitarán buscar en un periodista uruguayo el reflejo de su realidad, pero la hegemonía crea hábito cuando el decisor no necesita asumir públicamente sus sentencias. Será otro error más a la cuenta de la Revolución.

En lugar de una política que maximice los aliados y minimice enemigos, regresan las purgas digitales y el uso de la fuerza sobre la razón

Las instituciones políticas del país deberían reflexionar en las razones por las que sus blogueros de vanguardia son tan poco leídos e incapaces de generar empatía. Por qué ni siquiera apelando a los medios masivos, promoviéndolos en cuanto escenario televisivo, conferencia universitaria o grupo de extranjeros que visita nuestro país, su mensaje no termina por calar entre la gente. Quizás tener la hegemonía no significa necesariamente tener la razón, quizás tampoco pueda hacerse el futuro con las armas melladas del socialismo, y quizás, piénsenlo bien, la disciplina no sea el principal valor de un revolucionario. A los sesenta años no se puede tener la enfermedad infantil del izquierdismo que señalara Lenin, se tienen otras enfermedades muy distintas.

La hegemonía que no entiende de autonomía, incluso entre sus propias fuerzas, resulta efectiva en desmovilizar políticamente. Numerosos blogs que nacieron espontáneamente hace años, desaparecieron para ser reemplazados por una blogosfera de fantasmas que escriben por encargo. Conozco a quienes tuvieron que escoger entre su bitácora o su empleo, ninguno de ellos fue ni es contrarrevolucionario, pero no eran parte del plan concebido. Por suerte para ellos, mis amigos blogueros que hoy en lugar de participar en la política nacional trabajan para acumular riqueza, viven en paz con sus familias, resulta que hacer dinero en Cuba es más políticamente correcto que escribir y opinar en Internet.

La Joven Cuba es un blog sobreviviente, recuerdo de tiempos mejores. Nos van regresando intencionalmente al año 2010 en que la Cuba digital se dividía en las absurdas categorías de “oficialistas” y “disidentes”, como si el cambio de mentalidad y el pensamiento crítico que promovió Raúl, fueran borrados y quienes lo siguieron pasaran a convertirse en desfasados o daño colateral.

Últimamente cuando un blog autorizado a opinar sobre Cuba no logra captar la atención deseada o pierde un debate digital, se le publica entonces en Cubadebate o Granma. Estos piñazos digitales sobre la mesa son muestra de hegemonía, pero no de tener la razón. En un país con alto nivel de instrucción debería confiarse en la inteligencia colectiva y el tribunal de la opinión pública, pero no es así. Tampoco fue así en los modelos comunistas que perecieron en el siglo XX. Triste destino depara a las revoluciones que en manos de su burocracia terminan convertidos en poder en sí y dejan de ser poder revolucionario, porque los burócratas entregarán la Revolución primero al capitalismo que a quienes desde sus filas propongan un camino distinto al suyo. Lo hicieron en la URSS y tratarán de hacerlo acá.

Hoy existen en Cuba revolucionarios buenos y revolucionarios malos, los autorizados para hablarle al pueblo y los que no, existe hegemonía y piñazos sobre la mesa con tal de ganar una discusión o que llegue solo la parte conveniente en un debate. Ojalá regresemos al camino de la razón y el pensamiento de hace unos años, porque la injusticia hegemónica de derecha sabemos enfrentarla, pero la hegemonía nacional de izquierda, cuando se usa irresponsablemente, termina por parecerse a la otra. Y entonces para qué diablos se hizo una revolución.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

Mejor del 2018: ¿Qué nos dejó la URSS?

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Foto: Eduard Pesov/RIA Novosti

(El siguiente texto fue publicado el 12 de Marzo de 2018)

Por: Mario Valdés Navia

Aunque Stalin ha pasado a la historia como una especie de Señor Oscuro del Socialismo, no todos los males del modelo soviético pueden achacársele. Lo cierto es que durante su largo mandato (1924-1953) la URSS vivió el milagro económico más grande que se haya visto jamás, al convertirse de país atrasado y secundario a nivel europeo, en la segunda potencia económica mundial, con independencia de la falta de legitimidad -y humanidad- de muchos de los métodos empleados para lograrlo. Ningún otro gobernante soviético tuvo tales éxitos y, en cambio, ni superaron radicalmente los errores del estalinismo, ni dejaron de añadirle otros nuevos al devenir del llamado Socialismo Real.

Al triunfar la Revolución Cubana, el sucesor de Stalin, Nikita Kruschov, ejecutaba la etapa conocida por El Deshielo (1955-1964), un proceso tímido y parcial de desestalinización de la sociedad soviética y del campo socialista, iniciado con su famoso Informe Especial –realmente nunca fue secreto- al XX Congreso del PCUS (25-2-1956). Su mandato estuvo salpicado por los arranques y timonazos del líder en política interna y externa, que condujeron a su sustitución tras un golpe de estado palaciego mientras se encontraba de vacaciones. De este modo se le abrieron las puertas al poder máximo a Leonid Brezhnev, quien condujo a la URSS durante casi veinte años (1964-1982), época en que se fortaleció la relación cubano-soviética, sobre todo a partir de 1971.

Si los males del estalinismo se asocian a la muerte de millones de personas por asesinatos, hambrunas y trabajos forzados, es imposible identificar a la experiencia de la Revolución Cubana con tales desmanes. Sin embargo, de la era Brehznev es bastante lo que se ha heredado y mantenido hasta los días de hoy. Uno de estos elementos es el de priorizar el desarrollo por métodos extensivos (extensionismo), en detrimento de los intensivos.

Prueba de ello fueron, en los años 70, las campañas masivas de desmonte  para extender las tierras de labranza y pastoreo más allá de las posibilidades reales de las granjas estatales, que trajeron consigo la proliferación del marabú y el aroma en los campos desatendidos. Aún puede apreciarse el afán extensionista en las costosas e interminables inversiones por hacer un trasvase este-oeste en Holguín a fin de hacer fértiles tierras áridas, mientras las mejores del país siguen improductivas o poco explotadas.

En este aspecto quizás lo peor haya sido la adopción extensiva de maquinarias altamente derrochadoras de combustible, pues este llegaba a raudales y barato de la URSS en momentos en que el mundo pasaba a aplicar tecnologías ahorradoras para superar la crisis mundial del petróleo de los 70 que apenas conocimos en Cuba.

Otro aspecto del brezhnevismo que se aplatanó fue el del triunfalismo, que allá alcanzara el cenit con la nueva Constitución de la URSS (1977) donde se decretaba la llegada a la “sociedad socialista desarrollada [como] paso natural, lógico en el camino hacia el comunismo”. Esto se hacía cuando ya era evidente, dentro y fuera del país, el creciente estancamiento de la economía y la sociedad soviéticas. En Cuba, las declaraciones triunfalistas en lo económico se sucedían sin cesar con el expediente de tomar hechos aislados para fundamentar supuestos éxitos que no lo eran.

De la era Brehznev es bastante lo que se ha heredado y mantenido hasta los días de hoy

Así, el esfuerzo por alcanzar una Zafra de Diez Millones de toneladas (1969-1970) se presentaba como la puerta al desarrollo industrial del país; el vuelo de un cosmonauta cubano (1980) en una nave soviética ponía a Cuba como pionera de la investigación espacial en Latinoamérica, mientras que el record Guinness de la vaca Ubre Blanca en la producción de leche (1982) nos hacía ver como una potencia mundial en la ganadería. Todas eran quimeras sin fundamento real.

Pero lo más terrible de la influencia brezhneviana fue la creciente burocratización del país, inspirada en la copia de los sistemas de organización estatal y partidista de la época en la URSS, que llenaron las plantillas de cargos y responsabilidades similares en ambas instituciones, mientras descendían los niveles de personas ocupadas en la esfera productiva, sobre todo en la agricultura. Aún se sienten esas influencias perniciosas que es imprescindible atajar y transformar en pos de un socialismo más moderno y cubano.

Stalin pudo ser el Voldemort del Socialismo en el siglo XX pero no influyó tanto en Cuba como su homólogo Brezhnev. Al final el triunfalismo, la economía extensiva y la burocratización, han perdurado en el tiempo más que la ayuda soviética.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

Mejor del 2018: Camino a un error

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Foto: REUTERS/Stringer


(A partir de hoy compartimos con nuestros lectores los textos más leídos del 2018. El siguiente texto fue publicado el 26 de Enero de 2018)

Solo dos de los Cinco Héroes han sido nominados diputados a la Asamblea Nacional, lo cual no sería extraño de ser un hecho fortuito pero todo indica que forma parte de cierto favoritismo en la política de cuadros del país. Un criterio de selección que tememos, sea basado en la obediencia y no en la capacidad política, que ha hecho mella en los espíritus y ayer tuvo su expresión. Escribimos porque este es un momento de definición, no respecto a un enemigo externo sino entre nosotros.

En La Joven Cuba se publicaron casi 380 artículos y 111 Cartas a Obama dedicadas a la campaña por el regreso de los Cinco. Tuvimos una relación de comunicación con varios de ellos, nuestro logo original fue dibujado a mano por Gerardo Hernández cuando estaba en prisión. No hubo alegría mayor que su regreso, pero siempre tuvimos cierta aprehensión por tenerlos de vuelta, el temor de que nuestras contradicciones internas y errores conocidos alcanzaran a nuestros héroes.

Esta situación ocurre por tener un mecanismo invisible de selección de cuadros, que ha permitido privilegiar líneas de pensamiento determinadas dentro de las fuerzas que componen la Revolución

Vimos el proceso ocurrir poco a poco. Quizás comenzó a gestarse durante la campaña de las cintas amarillas, idea de René González que cargada de simbolismo, movilizó a Cuba entera, quizás demasiado. Hubo recelos desde entonces, falta de respaldo institucional, celo quizás porque las instituciones creadas para cosas así, quedaban a la saga. Una sola oportunidad tuvo René de hacer algo por sí mismo y fue lo más exitoso en comunicación política de la última década, ¿se imaginan si alguien así estuviera al frente de la ideología en nuestra país? ¿En un país tan necesitado que le recuerden que sigue siendo una Revolución?

Pero a algún jefe no le gustaron las cintas amarillas, secreto a voces en ciertos círculos, vergonzoso para quien se siente revolucionario de verdad

En Noviembre de 2015 Osmany Sánchez publicó su artículo Cinco cargas para matar bribones donde expresaba: “Quiero que ver a los Cinco asumir responsabilidades en la dirección de nuestro proyecto social!!!” Así, con tres signos de exclamación, y no menciona a dos ni tres, cinco. Luego aclara sus razones: “No se trata de poner a dirigir a alguien solo porque es “confiable”, los Cinco han demostrado que además de ser magníficos revolucionarios, son también excelentes profesionales“.

Osmany va más allá en su análisis: “Sé que algunos no estarán cómodos con mi propuesta, se sentirán amenazados. La corrupción y los corruptos son un gran enemigo de este país. Lo dijo Esteban Morales y más tarde Raúl le dio la razón. No nos basta con una carga para matar bribones. Necesitamos Cinco“. Luego, a mediados de 2016 ya ocupaban responsabilidades laborales que a todos nos parecían honrosas como paso necesario antes de asumir empeños mayores.

Pero estábamos preocupados, conversábamos el tema pero nunca lo exteriorizamos por disciplina y fe en el sentido común.

Aún así, con sutileza alertamos del problema. En Junio de 2016, Harold Cárdenas publica su artículo El destino de los héroes, donde expresa: “La persona que decidió a dónde irían a trabajar los Cinco debe ser muy segura de si misma. ¿Cómo se asigna responsabilidades a los hombres más legitimados en la historia reciente de Cuba?“. Luego agrega: “con mucho menos esfuerzo otros han llegado muy lejos en la pirámide sociopolítica“. Quizás nuestras preocupaciones se resumen en una frase del texto: “Los países crean héroes y luego no saben qué hacer con ellos“.

Ayer Olga Salanueva compartió un mensaje en su muro de Facebook que enseguida fue reproducido masivamente en redes sociales y varios medios internacionales, con intenciones muy variadas. Como conocemos la humildad de Olga, el sacrificio que ha hecho su familia y lo justo de sus palabras, vaya a ella nuestro apoyo. Nuestra admiración por su familia no ha hecho más que crecer en las últimas horas. Resulta reconfortante también ver los cientos de personas que compartieron su mensaje. Triste ver otros criticar su mensaje apelando al recurso de no darle armas al enemigo o sugiriendo hacerlo en el “lugar y momento adecuado” (que nunca aparece). Su actitud es cómplice de este intento por hacer distinciones entre los Cinco.

A partir de hoy, se puede escuchar a los cubanos que desean verse representados por todos ellos como diputados o en responsabilidades mayores, se puede ignorar una petición que fácilmente lograría apoyo masivo de llegar a los medios, o incluso peor, tomar el camino de las represalias discretas contra los héroes de nuestra generación. En cuál sea la respuesta, va la ética de la Revolución. Tristemente, no nos sorprende haber llegado a este punto. Reproducimos sus palabras a continuación:

Mensaje de Olga Salanueva en Facebook:

Queridos amigos

Desde su regreso, en cuanto salgo de mi casa o de otro lugar con mi esposo, soy testigo de las múltiples y continuas muestras de cariño, afecto, admiración y también agradecimiento que pone de manifiesto todo el que se siente patriota y se cruza con Rene. Siempre me da la impresión, por la forma tan cercana en que se dirigen a él, de que es como cuando te encuentras a tu amigo de la infancia o a tu hermano de pronto en la calle, que sabes que no lo ves hace tiempo pero nunca lo dejaste de tener presente. Unos le dicen hermano, otras lindo, otros cuídate, te amamos, te queremos, tu eres nosotros, que Dios te bendiga, ustedes hacen falta a Cuba, pa’qué decirles, hasta uno quiso que la esposa lo besara y de las fotos ni hablar..

Digo todo esto porque estoy segurísima que el pueblo se ve representado en ellos y así se los manifiesta. Desde hace varios días muchas personas en la calle y otros en los medios nos vienen preguntando unos y dando por seguro otros, que los cinco saldrían candidatos a diputados en estas elecciones. Quiero aclarar que digo NOS porque a mí también me preguntan a diario, supongo que esto también le sucede al resto de los familiares de los cinco.

Al salir el listado de los candidatos, ha sido como una explosión de opiniones que nos llegan y les aseguro que no tengo respuesta para muchas de las interrogantes, He decidido entonces responder a las que puedo y decirles lo único que sé en cuanto a René González Sehwerert y las elecciones. Quisiera aclararles a algunos amigos que tratando de dar explicación a la no inclusión de tres de ellos realmente cometen errores.

René González regresó a Cuba en 1961 y desde entonces para los efectos de nuestras leyes es cubano porque así lo decidieron primero sus padres y luego él. Como tal pasó por tres años el servicio militar y luego voluntariamente estuvo 2 años en Angola como soldado de esta patria. Como cubano se le llamó a cumplir su misión en Estados Unidos aunque allí permaneció con sus derechos de nacimiento. Todos recordamos que renunció a la ciudadanía norteamericana para poder regresar a su pueblo y con su familia 23 años después. Aclarado esto no hay por qué pensar que René no es cubano.

Otros han tenido dudas respecto a que no tengan disposición de ser diputados y representar a su pueblo ante la Asamblea. Duele en el alma nada mas de pensar que alguien se le haya ocurrido tal idea. Jamás dudó René un segundo en dar su disposición ante la tarea de representar a su pueblo en las entrañas de la mafia de Miami, a riesgo de su vida y dejando en pleno año 1990 a su esposa y su hija de seis añitos, pasando ellas por la vergüenza de ser familia de un desertor. El resto de la historia la mayoría la saben.

A la oficina de René un día llegó un representante del sindicato de Cultura, al cual él pertenece por ser vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí. Le dejaron una planilla a llenar con sus datos personales alegando que había sido propuesto por este sindicato a candidato a diputado. El la llenó y la entregó. Al resto de los cinco les sucedió de igual manera propuestos por diferentes lugares. Hasta ahí lo que sabemos, nunca más fue consultado, ni llamado, ni nadie se le acercó para pedirle ni opinión ni otra disposición.

René siguió trabajando como siempre lo ha hecho y lo he visto hacer desde hace 35 años en cada tarea que se le ha asignado, entregado en cuerpo y alma, con tremenda alegría y optimismo que todo el que lo conoce bien sabe que siempre lo acompañan, con su tremenda transparencia y acometida contra lo mal hecho. Todo a pesar de que esta tarea no tiene nada que ver con su vocación, y de que ni siquiera puede ejercer la profesión que ama. Hasta ahí lo que sé, ayer de pronto el listado de los candidatos y la avalancha de preguntas.

Mi respuesta: Pregúntenle por favor a la comisión, yo no encuentro razón alguna para que los cinco no sean diputados. Se lo merecen en primer lugar, están más probados que el chocolate, Cuba los necesita también a ellos. Es muy de mal gusto tratar de establecer diferencias entre los cinco, cuando el imperio lo intentó con todo su poderío se cogió el c… con la puerta. Siempre serán hermanos y revolucionarios probados.

Una amiga en facebook manifiesta: “Dudo que alguna comisión de candidatura los haya excluido porque sí, esas comisiones están integradas por gente de bien. Dudo que alguien pueda obviar a los Cinco, porque son el corazón mismo de esta Isla. Alguna otra razón debe haber, supongo…”

Compañera, siento decirle que no hay error alguno. Tres de los cinco fueron obviados por la comisión, lo que representa, en mi opinión, una nueva y gran injusticia contra los cinco héroes de la República de Cuba.

Revolucionariamente siempre.

Olga Salanueva Arango.

Algo pasa, pero falta

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pasa
Foto: V.Shirokov/ITAR-TASS

Me satisface observar lo que ocurre en las actuales Mesas Redondas y sesiones de la Asamblea Nacional, junto a las medidas tomadas por el gobierno para enderezar algunas de las infelices travesuras jurídicas diseñadas por el pensamiento burocrático para supuestamente dirigir y controlar mejor a los TCP y al polémico campo cultural. Son señales que hacen pensar que algo está cambiando, para bien, en la gobernabilidad cubana.

En las últimas semanas aprecio también una liberalización del espectro de comentarios en el visitado portal Cubadebate que abre paso a la socialización de opiniones críticas, antes inusuales en los medios oficiales. En muchas ocasiones, estas contienen ideas que por su nivel de madurez parecen más el fruto de largas meditaciones de los autores sobre cuestiones cubanas que meros comentarios de ocasión.

La presencia sistemática de ministros/as y viceministros/as como protagonistas de las Mesas Redondas, orientada por el presidente Díaz-Canel para que rindan cuentas de los pormenores y resultados de su gestión, es una muestra de transparencia y respeto que los enaltece. Al mismo tiempo, permite al pueblo/soberano valorar directamente el nivel de profesionalidad y el carácter de cada uno en una comparecencia pública.

Con el tiempo, este modo de actuación hará que las explicaciones sean cada vez mejor diseñadas desde el punto de vista comunicativo. Seguramente, estarán también mejor fundamentadas y ganarán en credibilidad, de modo que no nos dejen, como ocurre en ocasiones, con las ganas de verlos concluir presentando sus cartas de renuncia.

La intervención del presidente en la comisión donde se debatía la cuestión de la informatización de la sociedad cubana abre expectativas de cambios que irían más allá del tema en cuestión. En particular, es grato escucharlo cuando retoma el texto de la Conceptualización del modelo socialista cubano, pues cuando se intentan sin cesar medidas de freno y demora a las transformaciones en curso, valdría la pena contraponerlas siempre a la letra y el espíritu reformista de ese documento.

El nuevo esquema de desarrollo hasta el 2030, esbozado por el ministro de economía y refrendado por el presidente, parece enfocado en acabar de diseñar un modelo de desarrollo socialista afincado más en las capacidades, fortalezas y oportunidades de la Cuba actual y menos en la esperanza de ayuda internacional y el añorado fin del bloqueo.

Pero para eso hallo que hay dos factores de los que se habla poco, o nada. El primero es la renegociación del contrato social al interior de la sociedad  cubana, lo cual pasa inexorablemente por resolver las tareas pendientes de la reunificación monetaria, la reforma general de salarios y precios y la apertura de nuevas formas de participación ciudadana en la transformación del país, que nos saque definitivamente de la modorra prevaleciente hoy y reviva el entusiasmo colectivo.

Lo segundo es la liberación de las fuerzas productivas del pueblo, atenazadas por una hegemonía burocrática que da por bueno el orden establecido. Esta cuestión es esencial pues las fuerzas productivas están formadas, en primerísimo lugar, por la fuerza de trabajo y es ahí donde radican, al unísono, las mayores fortalezas y debilidades de nuestra economía.

Las primeras por el alto nivel de preparación y creatividad del capital humano disponible, y las segundas por los desestímulos existentes para la realización económica de los trabajadores y sus familias a partir de ingresos bien habidos. Una sociedad de trabajadores donde el trabajo honesto no sea la fuente principal de vida no puede crecer ni desarrollarse, con, o sin bloqueo norteamericano.

A esto se añade la cuestión de los frenos a la iniciativa económica de los cubanos y cubanas. Nótese que no me refiero solo a la privada y cooperativa, sino también a la de los colectivos de las empresas estatales. Aunque de estos últimos se habla mucho menos, son ellos los que producen la masa fundamental del PIB y, por postulado constitucional, constituyen “el sujeto principal de la economía cubana”.

Es increíble que sea en ellos donde las oportunidades de prosperar, aportar iniciativas, ejercer la autogestión sobre los medios de producción y elegir democráticamente a los cuadros se tornen mucho más difíciles, cuando no imposibles.

La sociedad cubana pide a gritos una renovación del socialismo en pos de un modelo más democrático, próspero y participativo, pero eso pasa por lo que el Granma llamó, en 1967: “la revolución que aún no se ha hecho en otros lugares (…) ¡La revolución antiburocrática!”.[1]

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1]“La lucha contra el burocratismo: tarea decisiva”, publicado en El Orientador Revolucionario No 5, del Granma, 12 de marzo de 1967. “Lecturas de filosofía”, tomo II. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968, pp. 647.