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Fábula nueva

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fabula
Pintura: Joanne Renaud

La palabra pérdida fue concebida en toda su magnitud tras el tornado del 27 de enero. “Perderlo todo” no es meramente quedarse sin un techo que proteja, una cama en la cual dormir, un plato donde comer o un abrigo para cubrirnos del frío.

El tornado destruyó asimismo cosas intrínsecas al mundo simbólico que las personas atesoran a través de generaciones y que, por tanto, son únicas e irrepetibles. Se trata de historias familiares que difícilmente pueden recuperarse: fotos de abuelos o padres fallecidos, imágenes de los hijos pequeños, retratos de bodas, cumpleaños, fiestas de quince, documentos significativos, cartas de amor, postales…

A diferencia de otros eventos meteorológicos, un tornado de la magnitud del que atravesó los barrios habaneros no distingue jerarquías, devasta con la misma facilidad viviendas de madera o de hormigón, techos de placa o fibrocemento. Igualitario en su ferocidad, convierte al solvente en pobre y al pobre en indigente. Advertidas las imágenes del desastre, hay que asombrarse, y agradecer, que las pérdidas humanas no fuesen mayores.

En apenas unos minutos la vida le cambió a miles de habaneras y habaneros. Al pavor de haber tenido la muerte frente a sí, de no entender qué ocurría, se sumaba el drama de perder, en muchos casos, el equivalente a una existencia de esfuerzos y sacrificios.

tornado cuba 2
Foto: Getty

La respuesta de nuestro gobierno fue rápida. Se tiene aquí gran experiencia en movilizar recursos para casos de catástrofe. Y a pesar de que era imposible pronosticar el lugar y hora exactos del tornado, ahí estuvieron muy pronto las brigadas de la Empresa Eléctrica, de Etecsa, de Acueductos y Alcantarillados, los camiones y rastras para despejar viales…

En cinco días se restauró la electricidad y, al parecer, el movimiento constructivo se organiza cada vez mejor. Creo muy acertada la disposición de edificar residencias permanentes y no albergues de acogida, en los que sabemos que pueden permanecer las familias por décadas, de hecho, el tornado destruyó un hogar temporal donde radicaban sesenta de ellas.

Pero se requería más. Tantas eran las necesidades, y tan perentorias, que desbordaron a una burocracia lenta para diligencias, con tendencia a la centralización y no acostumbrada a enfoques casuísticos. El énfasis con que se aseveraba que se cobrarían bajos precios por la comida y los materiales de construcción a los que nada tenían, a los que debían empezar desde cero, no era lo que esperábamos.

A esto hay que sumar la inveterada costumbre burocrática de concentrarlo todo en almacenes para distribuir posteriormente. El presidente Díaz Canel lo pide, lo exige en cada reunión del Consejo de Ministros: se necesita rapidez, no se puede perder tiempo en trámites.

La pretensión de que la sociedad esperara por la convocatoria del Estado para apoyar a los damnificados y de que este decidiera sobre las donaciones, práctica usual en Cuba, fue claramente ignorada.

A poco de la catástrofe se emprendieron acciones espontáneas, pero muy bien encauzadas a través de las redes sociales, que permitieron crear una trama cívica encaminada a localizar a las personas, familias y barrios más vulnerables, identificar y priorizar determinadas necesidades y garantizar que sobre todo los niños y ancianos recibieran apoyo inmediato.

La ciudadanía ha protagonizado actitudes de gran humanismo, alejadas del antiguo sentido de beneficencia, con su lastre peyorativo y clasista. Personas que ni siquiera se conocían solo querían servir, ser útiles a los compatriotas que más lo necesitaban. Los jóvenes han sido hermosos en esas jornadas. Y los artistas, los intelectuales, los psicólogos, y la gente que ha prosperado pero necesita apoyar al prójimo, y otros que tienen poco pero igual desean compartirlo. Las ONGs, las embajadas de otros países y las instituciones religiosas han ofrecido su mano solidaria. Y las cubanas y cubanos que desde fuera de la isla han creado todas las vías posibles para sentirse, como son, como nunca dejaron de ser, parte de este pueblo.

Claro que necesitamos un Estado con vocación social como el nuestro, solo él puede movilizar recursos en la proporción indicada para restablecer en breve la infraestructura destruida, las vías, las redes eléctricas e hidráulicas. Incluso, creo que es correcto organizar, sin que ello implique detener, el acceso de los que por su cuenta llegan a las zonas afectadas, con el fin de evitar accidentes. Los agentes del orden público deben facilitar -como al parecer está sucediendo tras confrontaciones iniciales- el apoyo espontáneo de los ciudadanos.

 En estas adversas circunstancias el Estado también ha aprendido algo.

Hemos demostrado que es preferible una ciudadanía espontánea, emprendedora y autónoma. Quizás no tan disciplinada como es lo políticamente correcto, pero en cambio más sincera, más decidida a ser un verdadero factor de transformación y mejoramiento social; movilizada por amor a los demás, no por consignas y convocatorias políticas -de cualquier signo-, que tienen resonancia demagógica en medio de la destrucción.

Como escribió alguien en Facebook: “El mejor voto de todos: Yo «voto» escombros”.

Las estructuras convencionales, como sindicatos y organizaciones políticas y de masas no fueron imprescindibles para que la gente se involucrara con activismo y civilidad, entre derrumbes y lágrimas. Una aguda publicación de Rafael Hernández en su muro de Facebook devela las lecciones que ofrece el escenario pos-tornado a la política en Cuba:

  • “La capacidad subutilizada de la sociedad civil para actuar en línea con los problemas del país, movilizando y aportando sus recursos, sin esperar orientaciones, con eficacia y prontitud, en coordinación con instituciones locales;
  • el imperativo de que esas instituciones respondan no solo a lo que viene de arriba, sino a canalizar lo que surge abajo, con la autonomía de un poder local real;
  • el significado de ese aporte voluntario y resuelto, dirigido a entregar directamente, donde más falta hace, como un acto de participación real, no de caridad momentánea o movilización formal;
  • la potencia cívica y cultural de esa experiencia para sus protagonistas: los que aportan, los que reciben, los que reparten, los que ayudan;
  • sentir, no nada más ver, la pobreza, la sociedad profunda, que la mayoría no vivencia ni comprende y sin cuyo rescate no hay bienestar ni justicia social para todos”.

Y concluye con preguntas cruciales:

“¿Podemos aprender de estas lecciones para el día a día de la política, arriba y abajo? ¿Para entender que una sociedad más justa no es simple crecimiento, sino seguridad y bienestar? ¿Que sin participar, involucrarse, motivarse, no hay educación política real? ¿Que las necesarias medidas de control y seguridad no pueden castrar o posponer la fuerza de esa sociedad para curarse a sí misma?

¿Que sin descentralización, autonomía, confianza en la gente, la renovación es solo consigna? ¿Que la unidad, sin tomar en cuenta esa sociedad real, es un conjunto vacío? ¿Que esa cultura es la que hay que  salvar? No hay conjunto de normas, ni Ley de leyes, que remplacen estas certidumbres”.

Habló el politólogo. Ahora que lo haga el poeta, el que hasta en su obra lírica nos transmitió sabiduría política, y humana. La fábula que Martí publicó en La Edad de Oro sobre la disputa entre la montaña y la ardilla bien puede servir en una hipotética controversia entre el Estado y la ciudadanía.

CADA UNO A SU OFICIO

(Fábula nueva del filósofo norteamericano Emerson.)

La montaña y la ardilla

tuvieron su querella:

—“¡Váyase usted allá, presumidilla!»

dijo con furia aquella:

A lo que respondió la astuta ardilla:

—»Si que es muy grande usted, muy grande y bella:

mas de todas las cosas y estaciones

hay que poner en junto las porciones,

para formar, señora vocinglera,

un año y una esfera.

Yo no sé que me ponga nadie tilde

por ocupar un puesto tan humilde.

Si no soy yo tamaña

como usted, mi señora la montaña.

usted no es tan pequeña

como yo, ni a gimnástica me enseña.

Yo negar no imagino

que es para las ardillas buen camino

su magnífica falda:

difieren los talentos a las veces:

Ni yo llevo los bosques a la espalda,

ni usted puede, señora, cascar nueces.

Sobre la burocracia

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sobre

No hay día en que no nos quejemos de la burocracia. Inevitablemente, la especialización de las actividades vitales y la necesidad de un determinado orden económico-social hacen que unos dirijan y controlen a otros que producen. Además mientras más centralizado es un sistema más imperioso se hace controlarlo todo y entonces se multiplica ese personaje indeseado, el burócrata.

No hablo de funcionarios dignos y esforzados, que los hay, y a quienes no considero burócratas, pero desdichadamente son minoría. Hablo de ese individuo formalista, que todo lo explica con regulaciones y resume con lemas, con los oídos y ojos siempre puestos en las instancias superiores y sin prestar atención a lo que en verdad acontece a su lado y cuyo hábitat son los refrigerados salones de reuniones.

facundo correcto
El personaje Facundo Correcto en el programa Vivir del Cuento, encarna algunas características del burócrata

Invariablemente, todo poder rector opera mediante un sistema burocrático. Lo anterior se corresponde con una cualidad pertinente a los seres humanos.

Según el historiador Yuval Noah Hariri, en su libro Homo Deus, lo que distingue a la sociedad humana de las de otros animales es la cohesión que aquella logra mediante redes de realidad intersubjetiva fundadas sobre un relato en el que creen. Es esto precisamente lo que posibilita la supremacía de la burocracia sobre cualquier grupo de individuos, pues esta posee un algoritmo preciso que les permite funcionar cohesionadamente, mientras que el resto de las personas no lo tiene por lo que su unión es débil y su relación poco consistente.

A esto se debe que un pequeño grupo de individuos debidamente organizados intersubjetivamente puede controlar y conducir a conglomerados más numerosos. Es la razón por la que pervive y rige la burocracia.

Si bien cierto nivel de burocracia es imprescindible, siempre que se mantenga en límites admisibles y esté bajo la fiscalización pública, su exceso es lo que produce el mal que entorpece todo desarrollo de las fuerzas que adelantan la sociedad, el burocratismo. Este es directamente proporcional a la ineficiencia de los que dirigen y a la sospecha de que todos somos pillos menos…quienes controlan, o sea, los burócratas.

Estos se escudan en normas y regulaciones que ellos mismos establecen para que nada se le vaya de las manos, o sea, para que todo se nos haga difícil. Porque el burócrata genuino no está para hacer funcionar las cosas bien en beneficio del común sino para cumplir lo que se le orienta (por supuesto añadiendo a esto su grado de ignorancia, prejuicios y oportunismo). Por eso todo debe ir “por los canales” y según “lo establecido”.

Además, como cuida su cargo, siempre tiene prejuicio con todo lo que se sale del marco estipulado, de modo que su postura es establecer lo que no se puede hacer, en lugar de buscar las vías para que las cosas se hagan, que sería lo innovador y provechoso. No hay creatividad ni riesgo. El no, es su constante respuesta a todo lo que supera a las directivas. Desgraciadamente estas normas no se aplican a quienes las instituyen pues siempre dejan una puerta de escape.

La burocracia es un síntoma de descomposición no solo funcional sino ética.

Sé que este no es un problema ni inventado en Cuba, ni único de este país. Prospera con más énfasis en los sistemas altamente centralizados y jerárquicos. El Egipto antiguo fue el modelo ideal. Mientras más reglamentada es una sociedad más burócratas necesita para verificar que lo ordenado se cumpla. Entonces se crea un círculo vicioso dictado por la minuciosa vigilancia y la duda, lo que lleva a controlar al que controla en una escala cuantiosa.

Tampoco la burocracia tiene que ver con un sistema específico. La ha habido en los países del llamado socialismo real y también hay burocracia en el capitalismo, y en cualquier sistema donde unos hombres intenten controlar a otros la habrá. Pero el mal de muchos no puede ser consuelo. No analizo al mundo sino al lugar donde vivo. Solo quiero para mi país una forma de vivir más justa, próspera, decente y plural, en fin, lo más humana posible, algo que entorpece e impide una estructura altamente burocrática.

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Hombre espera en oficina estatal en Cuba, Septiembre 2015. Foto: Eduardo Verdugo/AP

Así mismo, es verdad que en la situación creada es difícil prescindir de la burocracia. Todos la denuncian pero la mayoría cae en sus actitudes formularias, superficiales y entorpecedoras, pues la burocracia es insensible, nada inventiva y poco favorecedora (esto es en todos los lugares donde existe como clase, pues lo son incluso marxistamente hablando, pues, aun cuando no sean los dueños específicos de la empresa o servicio que dirigen, lo administran como señores feudales).

A ciertas reuniones que voy quienes las dirigen también culpan a los «burócratas» de los impedimentos para que las acciones se ejecuten eficientemente. El culpable es siempre el otro. Parece ser un alien que está por encima de todos.

Pienso que legislar mejor, no sobre la base de lo que “no se debe” hacer sino sobre lo que se puede hacer en beneficio, no de una ideología, sino del bienestar de todos y verificar que se cumpla la ley, es vital. Las leyes solo se violan cuando dejan de representar el horizonte de aspiraciones de las personas. O sea, cuando van contra la naturaleza de la vida.

Lo otro es el debate crítico sistemático y desembozado, con medios de comunicación que estén alerta y denuncien abiertamente estas prácticas perjudiciales a cualquier nivel, sin impunidad para nadie, con el solo compromiso de la verdad que es el bien del país. Eso implica además que nadie se sienta ajeno al problema y todos los ciudadanos asumamos nuestro deber cívico de enfrentar estas situaciones con coraje y honestidad. Hay muchos que cohonestan pues sacan provecho. Ya se sabe, a río revuelto…

El único límite a ese debate debe ser la veracidad de lo que se denuncia. Eso evitaría muchos problemas, tanto económicos como, principalmente, éticos. Quizá no los resolvería pues hay un fondo oscuro en el ser humano que lo empuja muchas veces hacia lo turbio, pero podría mantenerlo bajo un control mínimo. Es lo que pienso.

Ahora más que nunca: autogestión

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Foto: STR/AFP/Getty

Los recientes acontecimientos en la arena internacional muestran que el continente americano vive en un estado de guerra fría, con grandes posibilidades de convertirse en una guerra caliente. Aunque el centro de los ataques es Venezuela, es imposible no advertir que esta situación terminará impactando de una u otra manera a Cuba.

Tal vez la isla no cuente con suculentos recursos naturales pero el sector más anticomunista del establishment norteamericano no estará feliz hasta que  derribe al régimen de La Habana. En ese contexto, los cubanos deberíamos repensar una vez más por cuál modelo socio-económico vamos a apostar.

El devenir de los últimos años muestra que la isla ha optado por un modelo de capitalismo de estado, similar a los de China o Vietnam, con una fuerte presencia de la inversión extranjera. Eso es lo que se pretende, otra cosa es que se logre en la práctica: la experiencia ha demostrado que las resistencias prácticas e ideológicas han sido muy fuertes, por lo que no se ha logrado salir realmente del modelo de economía centralmente planificada.

No obstante, a pesar de los retrasos, existe un camino a seguir; la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, así como los pagos al Club de París, son una muestra de ello. Ahora bien, tal vez se trate de una apuesta hecha demasiado a la ligera.

La inversión extranjera ciertamente puede ser un complemento importante para la economía nacional: Cuba necesita créditos, tecnología, comercio, etc. Somos una isla, necesitamos tener una economía abierta. Pero no podemos olvidar que estamos construyendo un modelo de sociedad alternativo, lo cual provoca las reacciones agresivas de nuestro vecino del norte. Tal vez algún día estemos en paz con ellos, pero no podemos contar con eso.

Debemos pensar en movilizar todas las fuerzas internas que tengamos para construir una economía eficiente

La autogestión económica es uno de los caminos que tenemos a nuestro alcance para movilizar las fuerzas productivas. Algunos pueden creer que es algo muy difícil, pero en realidad se trata de algo muy sencillo: que los trabajadores tengan en sus manos los medios de producción y colectivamente lleven a cabo la producción y la distribución.

En Cuba ya se han dado experiencias de eso, cuando las microbrigadas, por ejemplo, también en los comienzos del Programa de la Agricultura Urbana, y en algunas cooperativas que han funcionado bien.

En otros tiempos, en Cuba se recurría, para llevar a cabo tareas económicas, a la movilización del factor subjetivo. Se llevaban estudiantes y trabajadores al campo para realizar labores agrícolas, se hacían trabajos voluntarios (aún los hay, pero en menor medida), y se lanzaban campañas económicas, como lo fue el Cordón de La Habana o, más recientemente, la Revolución Energética.

Para incorporar la autogestión a nuestra economía debemos en cierto modo recuperar esas viejas prácticas, con la corrección de aceptar una mayor iniciativa de los trabajadores mismos, en lugar de hacerlos depender de los llamamientos de una dirección política voluntarista.

Por supuesto que, para materializar eso, se necesitaría una gran audacia política. En parte, porque requeriría por parte de la burocracia estatal ceder una gran parte del control que ejerce sobre las empresas (que se supone son de todo el pueblo), y sobre el conjunto de los actores económicos. Y también porque sería necesario movilizar políticamente a un pueblo que poco a poco ha ido perdiendo, en los últimos años, la conciencia de que existe un proyecto colectivo en el socialismo cubano.

Sería necesario un relanzamiento en toda regla del proyecto socialista, algo que se ha postergado demasiado tiempo

Lo ideal sería, para aprovechar todo el potencial de la autogestión económica, que desapareciera el sistema del socialismo de estado basado en la lógica de la vanguardia. Sin embargo, la experiencia yugoslava muestra, que aún en un sistema de ese tipo, pueden abrirse espacios a la autogestión económica.

El primer paso, por el lado económico, podría ser crear un sistema más fuerte de democracia obrera en las empresas “socialistas de todo el pueblo”, y disminuir el control a las cooperativas para que puedan funcionar más autónomamente. No se trata de dejar de apostar por la inversión extranjera. Lo que pasa es que es una locura apostarlo todo a una sola carta.

En sesenta años, este país ha acumulado experiencias únicas de lo que es posible lograr a través de la voluntad colectiva organizada. Debemos construir todo lo que podamos construir con nuestras propias manos. Y si el futuro se sigue llenando de nubes negras, tal vez llegue el día en que la autogestión sea la única carta que nos quede para jugar.

El primer hombre que fumó en Europa

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Llevado al extremo, bien podríamos concluir que fumar lo paga uno con la vida, en muchos casos. Rodrigo de Jerez lo pago con la cárcel, y no con una noche en el calabozo, sino con 7 años de cárcel por fumar. Es cierto que eran otros tiempos y que ser un pionero nunca ha sido sencillo. Estamos hablando, probablemente, del primer europeo que fumó tabaco, o al menos uno de los primeros. Y esto fue en 1493, la primera vez que alguien se echó un cigarro a la boca en Europa.

Rodrigo de Jerez fue uno de los marineros que iban con Cristóbal Colón en el viaje del descubrimiento, en 1492. Cruzó el Atlántico a bordo de la Santa María y ya en los primeros contactos con los nativos de América les ofrecieron como presente hojas secas que desprendían una peculiar fragancia, según dijeron. Esto era tabaco. Ya vieron cómo con un tizón en la mano y unas hierbas, los nativos iban echando humo, literalmente. Poco después ser fijaron en cómo algunos metían el tabaco en hojas enrolladas y bebían el humo. Los recién llegados al continente copiaron esa costumbre y no hay duda de que la costumbre cuajó, y vaya si cuajó, porque más de cinco siglos después seguimos en la misma.

rodrigo de jerezNuestro amigo fumador volvió en 1493 a su casa en Ayamonte, esta vez navegando en La Niña. Y fue entonces cuando supo lo caro que iba a salirle fumar. Todos recelaban del fumador, hasta su mujer, que fue la que acabó poniendo el tema en manos de la Inquisición, que lo encarceló porque aquello de sacar humo por la boca no era algo propio de un hombre y sólo el diablo podía hacer tales cosas. Dio con sus huesos en la cárcel y para cuando salió, habían pasado 7 años. Tiempo en el que el vicio de fumar se había extendido y ya no era tan extraño ver a un hombre echar humo por la boca.

Supongo que Rodrigo de Jerez sí que echó humo cuando vio que otros fumaban sin problema y a él le había costado 7 años de presidio. Como decía, ser un pionero nunca es fácil.

Tomado de: Curistoria

Liberal o marxista

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communists
Foto: Txetxu via Flickr

El joven Marx fue un liberal. Lo mostraba al enfrentar el estado prusiano. Las publicaciones renanas eran ese escenario de batallas. El punto estaba claro: se bombardean con ideas críticas a las prácticas políticas, así como a la ideología que respaldaba a estas. La apuesta era tomar el cuarto poder.

Esta concepción no duró mucho en la cabeza de aquel Prometeo que iba y venía entre Feuerbach y Hegel. De la crítica, según Marx, no nacía la revolución. En consecuencia, el distanciamiento con los hermanos Bauer -y otros tantos jóvenes inquietos- llegó.

Sucede que las relaciones en la sociedad se dan todas a la par,  pero muchos enfoques y prácticas se empeñan en separarlas y solo quedarse con una de ellas, e intentar incidir sobre esta sin importar las demás.

En pocas palabras, Marx supo que lo que hacía, era tratar de entender un movimiento social haciendo ontología del pensamiento y la subjetividad sociales. Y ese no podía ser el camino.

El desarrollo de una conciencia teórica dialéctica materialista, llevaba a la ruptura con aquella forma de enfrentar dicho cambio social a partir de mover los estados de opinión, como si fueran independientes del resto de las dimensiones de la vida humana.

La opinión, como subjetividad, debe ser vista en relación con cómo se inserta el hombre en la producción del mundo y de sí mismo, a la par de la reproducción de sus necesidades (del estómago y de la fantasía). Criterio consecuente, con la tercera tesis sobre Feuerbach, y con la superación de la enajenación teórica.

Dibujo: Chad Crowe
Dibujo: Chad Crowe

Dado la lógica de este Marx ya «maduro», de que las subjetividades no se dan aisladas, sino con ajuste a las mencionadas necesidades, el destino del mensaje transmitido a una persona, no depende solamente de quién y cuánto lo trasmite. Dependerá también, de la capacidad y la necesidad del receptor de asumirlo. Por eso, se puede bombardear a alguien con una idea a través de la prensa, que lo asimilará en dependencia de una serie de factores. Tal y como afirman muchos desde la teoría de la comunicación, el receptor no está determinado por el emisor, este último, tiene la palabra final en el proceso.

Todo ello me hace pensar en Cuba y el actual clima mediático-oficial alrededor del 24F. Los medios oficiales, saturan de la entusiasta postura en pro del Sí, en un polarizado esquema de a favor o en contra de la Revolución. La postura del No, carece de espacio en los mensajes que se dan desde la propiedad socialista sobre los medios de producción. Ni siquiera cabe la posibilidad de la duda, todo es un rotundo Sí.

Sé que no tiene sentido difundir en un espacio oficial lo contrario a lo que es interés de este, pero siendo consecuentes con ese pensamiento del Marx maduro, el efecto del pronunciamiento por el Sí o el No, no cambiará mucho la cultura política cubana respecto a la votación, cuando más, será un catalizador de los estados de opinión y procesos de identificación política que anteceden al debate constitucional.

Los spots televisivos por el Sí, en muchos casos, carecen de la adecuación a códigos estéticos atractivos, y hay otros, que suenan a discurso vacío y repetido frente a una cámara. Sabemos, que tal publicidad no moverá mucho votos, que la mayoría de los Sí, vienen de la mentalidad unitaria arraigada a nuestra cultura política reciente.

¿Y la campaña por el No entonces? Negarle escena a esta, como representante de una postura validada por el derecho a elegir el voto, no es silenciarla, porque el no darle oportunidad no desaparecerá ese No correspondiente al sentir de algunos cubanos.

No sé si es que se tiene miedo a dejar visible el mensaje contrario al oficial para que no ejerza influencia sobre las subjetividades, o si se evita a sabiendas de que existen condiciones de peso para que ese mensaje encuentre y estimule a muchos receptores con las condiciones para asimilarlo. ¿Será esa práctica producto de una visión liberal de la realidad, o una conscientemente marxista?

La mujer sin miedo

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Imagen: Leonard Beard

Hace unos días le comenté una imagen notablemente feminista a una amiga en Facebook. Al ver mi reacción positiva, contraatacó al instante con una aclaración: “Quiero que conste que no soy feminista, pero mucho menos machista”. El comentario me hizo pensar: ¿qué entendemos las cubanas por feminismo?

El feminismo es entendido como una corriente de lucha que aboga por la igualdad y defiende los derechos de las mujeres desde hace más de 200 años. El derecho de la mujer a decidir sobre sus hijos, el derecho a recibir un trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres, el derecho al voto entre otros tantos, son consecuencia de las luchas en diversos lugares del mundo. Hoy se habla de una tercera ola del feminismo.

Las mujeres cubanas en su gran mayoría nada sabemos de ella. Tampoco es un invento, como a muchos hombres les gusta afirmar, intentando quitar relevancia a nuestra necesidad de  organizarnos.

Hay quienes afirman que son muchos feminismos. Mujeres blancas, mestizas, negras, kurdas, musulmanas, lesbianas, mujeres de pueblos originarios, trans, bisexuales…todas estamos atravesadas por diversas realidades. Sin embargo nos une la condición de féminas.

El 8 de marzo el mundo se paraliza, lo paran las mujeres que exigen derechos que sistemas patriarcales insisten en negarles. Las mujeres hacen paro laboral porque es la mejor manera de exponer que sin nosotras quedan vacías más de la mitad de los puestos de trabajo. Visibilizando que somos muchas voces pidiendo ser escuchadas. Se lanzan a las calles pidiendo aborto legal, pidiendo seguridad porque aún somos violadas, maltratadas y caminamos con miedo cuando volvemos solas a casa. Exigen igual salario y oportunidades laborales que los hombres. El derecho de decidir sobre nuestra imagen y nuestros cuerpos sin que ninguna heteronorma nos diga cómo ser.

Entre muchas otras, estas son las razones por las cuales millones de mujeres hoy se manifiestan constantemente exigiendo ser escuchadas.

¿Acaso las  mujeres cubanas no nos unimos al paro internacional porque nos sabemos poseedoras de muchos de esos derechos? Apenas cuatro años antes de la revolución tuvimos derecho al voto. El aborto legal, seguro y gratuito no sería un derecho hasta 1965.

Las mujeres cubanas estamos en una situación de privilegio. Muchas aún luchan y mueren por aquello que nosotras adquirimos hace años. Nuestra confianza nos hace naturalizarlos. No nos cuestionamos cómo llegamos a obtenerlos y mucho menos pensar que nos fueran negados.

Nos sabemos empoderadas, sin embargo nuestro talante ha sido ganado a fuerza de que otras sentaron precedentes y discutieron nuestro derecho a organizarnos, a replantearnos cuestiones que sólo nos atañe a nosotras y empujaron para ser parte de un proceso revolucionario en el que hoy somos un eslabón fundamental.

Vivimos en una sociedad patriarcal y machista que cosifica a la mujer e intenta restar importancia a nuestros criterios. Y para entenderlo debemos cuestionarnos las formas de relacionarnos: desde los famosos piropos hasta el concepto de amor romántico con el que nos criaron, en el cual la frase “eres mía” es de uso corriente.

El machismo es la actitud de pensar que el hombre es superior a la mujer y por más que nos duela siquiera comenzar a analizarlo, todas alguna vez nos hemos sentido tocadas por ese machismo que tan solapadamente convive en nuestro entorno cotidiano.

Pensar que machismo y feminismo son antónimos es creer que las mujeres buscan superioridad por sobre los hombres. El feminismo no se trata de una lucha de poder, sino de abrazar las diferencias, discutir sin vergüenza nuestros dolores y comenzar a construir desde donde nos sintamos plenas. Modifiquemos la creencia de que nos gusta que nos digan piropos desagradables en la calle, el estereotipo de que si nos vestimos corto es porque estamos provocando. Rompamos con los legados que nos hacer ver en otra mujer una amenaza para “nuestros maridos”. Repensemos la concepción de que es mejor que no anden muchas mujeres juntas porque es para problemas. Nos enseñan a creer que somos chismosas, que nos criticamos unas a otras.

¿No les parece raro que nos eduquen así? Yo digo que por algo será. Nos saben más fuertes cuando estamos juntas y las mujeres sin miedo asustan a muchos.

Siento que la respuesta de mi amiga es un reflejo de la forma en que nos enseñaron a pensar. Quizás es tiempo de reformular nuestras preguntas: ¿Puede una mujer de nuestros tiempos no ser feminista?

LJC estuvo en Paradigmas

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paradigmas

Del 22 al 25 de enero transcurrió en el recinto del Pabellón Cuba la edición número trece del Taller de Paradigmas Emancipatorios, auspiciado por el Instituto de Filosofía, el Centro Martin Luther King y la Fundación Rosa Luxemburg, entre otras instituciones. Participaron organizaciones y movimientos sociales sobre todo de América Latina, pero también de otros lugares del mundo. Contó con la participación de las organizaciones políticas y de masas cubanas, así como de la Red de Educadores Populares y del Proyecto Nuestra América. La Joven Cuba también estuvo presente allí, representada por Miguel Hayes y quien escribe estas líneas.

El evento transcurrió marcado por la diversidad cultural y la policromía simbólica. Fue interesante ver las diferentes formas en que se enfocan las luchas sociales en los diferentes territorios, desde el feminismo, la reivindicación de los derechos de los pueblos originarios, la defensa de los recursos naturales, la construcción de experiencias de poder popular, de autogestión y economía popular solidaria, la defensa de proyectos de socialismo del siglo XXI, etc. Y fue también conmovedor ver la presencia de la Revolución Cubana, su simbología y sus ideales.

Los sesenta años que se conmemoran fueron la ocasión perfecta para reflexionar sobre cuál es el escenario real en que se encuentra la revolución

Un momento realmente estremecedor del evento fue cuando se interrumpió el programa para hacer un pronunciamiento de solidaridad con Venezuela, el día que comenzó el intento de golpe de estado. La delegación de venezolanos tomó el estrado y se pronunció a favor del Presidente Nicolás Maduro y de la continuidad de la Revolución Bolivariana. En sus rostros se veía que estaban realmente preocupados por el futuro de su país.

Para mí, fue particularmente especial tener la oportunidad de conocer a Bertica, la hija de Berta Cáceres. Al hablar con ella, pude enterarme mejor sobre las luchas que se libran en Honduras, país que, en sus palabras, se ha convertido en un verdadero “experimento” de dominación capitalista. La hija de la luchadora asesinada me contó también de su admiración por Cuba y por la forma de ser de los cubanos.

Miguel y yo participamos en los talleres, intentando humildemente aportar algo en ese foro de la izquierda latinoamericana. Llevamos nuestra experiencia de jóvenes cubanos que utilizan las nuevas tecnologías para renovar los modos en los que se hace comunicación política desde la revolución.

Por otro lado, tratando de ser coherentes con lo que significa La Joven Cuba, llevamos allí la voz de la gente humilde de los barrios y campos de nuestro país, gente para la que las agresiones del imperialismo son algo lejano y difuso, mientras que sufren a diario los abusos de la burocracia.

El evento culminó con un llamado a la articulación de esfuerzos en la lucha contra el imperialismo y contra la ola derechista que asola la región. Es bueno ver que la izquierda todavía tiene ganas de echar la pelea, a pesar de las decepciones, los retrocesos, los errores, etc. Se trata de una lucha que tiene que ser continental, si se quiere tener posibilidades de éxito. Nosotros, desde La Joven Cuba, solo quisiéramos añadir una pequeña nota al pie: la lucha tiene ser contra todas las formas de dominación, vengan de donde venga.

10 propuestas para un tornado

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Foto: Reuters

Mis propuestas son:

  1. La UJC y el PCC convoquen a toda su militancia a sumarse a las tareas de recuperación.
  2. Que se use cada una de las escuelas, espacios vacíos, almacenes, hoteles, iglesias y cualquier otro edificio público para albergar gente que está durmiendo en la calle.
  3. Que se deduzca de los impuestos de los cuentapropistas cualquier gasto demostrable en ayuda a los damnificados.
  4. Que el Consejo de Ministros cree un puesto de mando 24 hrs en el área afectada.
  5. Que la comida y otros bienes de consumo y uso destinados a los damnificados sean totalmente gratuitos.
  6. Que se destine el 1% del presupuesto de la construcción de hoteles en La Habana para la reconstrucción, empezando por la viviendas.
  7. Que 1 de cada 5 de las casas que se construyen en la capital para otorgar a oficiales y funcionarios civiles de las FAR y el MININT, se entreguen a los damnificados (del tornado y a otros que llevan años esperando por cuestiones similares).
  8. Que se cree una cuenta central a la cual personas naturales y jurídicas cubanas y extranjeras puedan donar desde 1 peso para la recuperación, y que el monto de esta y el uso que se le da sean de dominio público.
  9. Que el Canal Caribe se dedique 24 hrs a reportar sobre el tema.
  10. Que se hagan públicas cada una de las acciones, reuniones y acuerdos que están teniendo lugar desde la dirección del país para enfrentar el desastre.

Seguro se me ocurren más cosas luego.