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Igualdad desigual

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Foto: Alexas_Photos / Pixabay

Soy mujer, soy cubana, soy privilegiada. Jamás me sentí inferior ante un hombre, se lo debo a mi familia y a la Revolución.

Puedo decir con orgullo que en mi tierra no existe diferencia salarial entre hombres y mujeres. El aborto constituye un derecho al cual podemos acceder de forma libre, gratuita y segura. Mi condición de fémina jamás fue impedimento para asumir responsabilidades, ocupaciones, cargos, estudios o expresarme ante mis iguales. En disímiles ocasiones caminé sola de madrugada para volver a mi casa; siempre tuve cuidado, pero nunca sentí miedo. Sin embargo, la violencia psicológica, verbal y física hacia la mujer es moneda corriente.

Si nos comparamos con mujeres de países como Argentina, México, Colombia o Brasil; por mencionar algunos, nos encontramos en situación de privilegio. En Cuba hombres y mujeres somos iguales ante la ley, pero no en nuestra cotidianidad. Si la ley no contempla la sociedad que legisla, será ineficiente. Negar que vivimos en una sociedad donde se reproducen conductas machistas propicia que dichas acciones se sigan transmitiendo generacionalmente.

¿Podemos hablar de femicidios en Cuba?

El 4 de Octubre de 2015, la directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) Mariela Castro Espin, en una entrevista al diario “Tiempo Argentino” resaltó que en Cuba no los tenemos, lo cual asegura es un efecto de la Revolución.

No culpo a nuestra diputada por repetir a vivas voces una sensación imprecisa acerca de la problemática en la isla, lastimosamente sigue siendo del criterio de nuestros dirigentes que visibilizar ciertos temas crean inseguridad en la población. Ni siquiera la ONU tenía detalles de las cifras de femicidios en la Isla.

La prensa del boca a boca cuenta otra historia:

  • Hace 2 semanas la madre de un amigo fue tirada desde el balcón de su casa, la empujó el esposo durante una discusión.
  • Unos años atrás supe que a una chica de Alamar la encontraron muerta y violada en Cojimar, dicen que fueron 2 hombres de la zona 10.
  • Una conocida de Cárdenas me contó que descuartizaron a una muchacha de su pueblo hace dos años.
  • A través de un contacto de Facebook supe que mataron a una mujer a puñaladas frente a sus hijos, por celos.
  • Cuando era niña, una madrugada pasó una pareja gritando: él la llevaba agarrada de los pelos; los niños jugábamos en la acera, los adultos hablaban por lo bajo “Esa es la que vive por los sitios, creo que engañó al marido”

Si sigo escribiendo hago prensa amarillista, si digo femicidio, tendré puristas defendiendo lo indefendible. Creo que todas las personas que vivimos en Cuba hemos escuchado “historias” como estas. Algunas las sabemos ciertas, otras las creemos confiando en quien nos la cuenta.

Llamémoslas por su nombre; son FEMICIDIOS

¿Qué características las define como tal? En 1970 se acuña el término como alternativa para diferenciar del neutro “homicidio”. Tiene como fin visibilizar la discriminación, la desigualdad y la violencia sistémica contra la mujer, que muchas veces termina en la muerte de las mismas.

Lo que diferencia ambos términos es la situación que las propicia. Un hombre que mata, violenta o agrede a una mujer por su condición de mujer. Por la certeza machista de que le pertenece, de que es superior a ella tanto física como socialmente. El conteo de mujeres que murieron en manos de sus esposos, ex esposos, novios, hombres cercanos o desconocidos, figura dentro de los cómputos de homicidios del Anuario Estadístico de Salud sin diferenciación alguna de los homicidios.

Mucha agua cayó desde la declaración de Mariela. Cuba comienza a tener una voz alternativa a través de las redes sociales. Aquellas “historias” incomprobables son hoy una certeza que se visibiliza cada vez con más frecuencia.

En el reciente Foro de los países de América Latina y el Caribe sobre el desarrollo sostenible, celebrado en Chile en abril del presente año, Cuba reconoció por vez primera las cifras de femicidio en la isla. Declaró en el marco de dicho evento, los resultados de la Encuesta Nacional de Igualdad de Género realizada en 2016, exponiendo que en los 12 meses antes de la encuesta, 26,7 por ciento de las mujeres sufrieron violencia en el seno de la pareja y otro 39,6 por ciento en algún momento de su vida.

Si bien esta información aun no es de dominio popular, constituye un salto sin precedentes para la visibilización y posterior tratamiento del tema en Cuba.

Tenemos un Estado presente y tozudo, que hace más de hace 50 años sentó las bases institucionales para luchar contra la desigualdad, las formas de discriminación y la violencia. Es innegable que gracias a eso tenemos una tasa de femicidios mucho más baja que en el resto de América Latina; sin embargo, la realidad demuestra que los mecanismos creado por los órganos del Estado no son suficientes.

Disímiles organizaciones cuentan con investigaciones y trabajos con enfoque de género en nuestro país: UNFPA Cuba, el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), el Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), el Proyecto “Todas contracorriente”, el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), la Federación de Mujeres Cubana (FMC), Campaña únete, colectivo Nosotrxs, por solo citar algunas.

Lamentablemente, su labor constituye un trabajo paliativo ante una problemática que no se puede solucionar solamente con información, acompañamiento, charlas o consejos.

Todo lo anterior lleva a cuestionarme ¿Qué sucede con el trabajo de dichas organizaciones? ¿Acaso el Estado no considera una problemática atendible la violencia de género? Disculpen el atrevimiento, pero me parece que falta una parte imprescindible de la diada para afrontar el conflicto.

No basta con educar, dar apoyo emocional, investigar. Esta forma de tratar la violencia ha llevado a falsos criterios, como aquel dicho popular que reza: “si la golpea es porque ella se lo busca o le gusta” logrando así que muchas mujeres que sufren de violencia de género callen por miedo o por prejuicios.

La necesidad de una Ley sobre violencia de género, así como la inclusión del término femicidio en el código penal, es imperiosa. El sistema penal deja muchas lagunas ante las denuncias. Mientras el acoso, las amenazas y los casos de violencia familiar caen en un agujero legal, donde las víctimas poco pueden hacer hasta que no ocurra el peor desenlace. La falta de visibilización lleva a la mitificación, la desacreditación y por consiguiente la falta de apoyo hacia las mujeres que conviven con violencia de género.

No existen soluciones particulares para una mujer que enfrenta situaciones violentas. Lo personal es político; si el Estado no contempla legalmente los femicidios también es responsable de las muertes.

Y si la violencia de género deja marcas, la falta de una ley deja femicidios.

In medias res publica

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Desiderio Navarro, investigador y crítico de literatura y arte

Siempre he creído que un ensayo es un manojo de ideas nuevas que el autor pretende comunicar al lector de manera más o menos literaria. Si lo logra, su lectura provoca un deslumbramiento inolvidable. Por eso no creo útil estar releyéndolos como si fueran cuentos por mucho que me hayan gustado. Mas, tengo dos excepciones: “Nuestra América” (José Martí, 1891) e “In medias res publica” (Desiderio Navarro, 2000). El primero porque encierra la quintaesencia del pensamiento martiano; el segundo por ser un desafío permanente a los intelectuales cubanos. Vale la pena glosarlo en vísperas de sus veinte años.

Según Desiderio, su interés al escribirlo era “contribuir a la comprensión del papel de la intelectualidad artística en la esfera pública en la Cuba revolucionaria”. Fue su aporte al evento El rol del intelectual en la esfera pública convocado por la Fundación Príncipe Claus de Holanda, en Beirut, Líbano, entre el 24 y 25 de febrero del año 2000. Su primera oración me aturde como un mazazo: “En medio de la cosa pública: es ahí donde están llamados los intelectuales a desempeñar su papel en cada país”.

El ensayo comienza replanteando varias de las preguntas cardinales que quedaron pendientes en aquella famosa entrevista grupal de Fidel con la vanguardia artística y literaria de 1961 y que hoy permanecen en un limbo interpretativo:

  • ¿Qué fenómenos y procesos de la realidad cultural y social cubana forman parte de la Revolución y cuáles no?
  • ¿Cómo distinguir qué obra o comportamiento cultural actúa contra la Revolución, qué a favor y qué simplemente no la afecta?
  • ¿Qué crítica social es revolucionaria y cuál es contrarrevolucionaria?
  • ¿Quién, cómo y según qué criterios decide cuál es la respuesta correcta a esas preguntas?
  • ¿No ir contra la Revolución implica silenciar los males sociales que sobreviven del pasado prerrevolucionario o los que nacen de las decisiones políticas erróneas y los problemas no resueltos del presente y el pasado revolucionarios?
  • ¿Ir a favor de la Revolución no implica revelar, criticar y combatir públicamente esos males y errores?

A seguidas, Navarro nos retrotrae a la segunda mitad de los sesenta cuando aún Fernández Retamar proclamaba con sano orgullo, a nombre de la intelectualidad revolucionaria:

«Con medidas incorrectas hemos topado, y ellas plantean, por lo pronto, un problema de conciencia a un intelectual revolucionario, que no lo será de veras cuando aplauda, a sabiendas de que lo es, un error de su revolución, sino cuando haga ver que se trata de un error. Su adhesión, si de veras quiere ser útil, no puede ser sino una adhesión crítica, puesto que la crítica es «el ejercicio del criterio» (…) de alguna manera, por humilde que sea, contribuimos a modificar ese proceso [la revolución]. De alguna manera somos la revolución.»

El análisis penetra entonces en el dramático año 1968 y sus antípodas. Su apertura con el Congreso Cultural de La Habana, verdadera luna de miel con los intelectuales del mundo y de Europa en particular, precisamente por intervenir en la esfera pública con protestas y combativas movilizaciones en favor de causas como las de Cuba y Viet Nam. Luego vendría el divorcio abrupto, lleno de ataques y recriminaciones a esos mismos intelectuales por sus críticas al Gobierno Revolucionario tras el Caso Padilla y el apoyo a la invasión soviética a Checoslovaquia.

El autor nos presenta sucintamente los momentos de apertura y cierre de las válvulas de la crítica revolucionaria, pero su tarea no se limita a lo histórico, es mucho más ambiciosa: desentrañar “no las medidas administrativas, sino el discurso que las legitima y, en general, la ideología y las prácticas culturales movilizadas contra la actitud crítica del intelectual, el carácter público de su intervención y hasta contra la propia figura del intelectual en general.”

Al hacerlo, Desiderio hará desfilar ante nosotros los pretextos de los censores de siempre y sus argumentos más socorridos: la Razón de Estado y el Síndrome del Misterio. Para combatirlos acepta la ayuda de grandes campeones (Retamar, Che, Haydeé, Alfredo, Engels, Mañach, Brecht, Bourdieu…), quienes entran al texto y parecen quedarse por ahí, como rumiando otras ideas que hubieran querido decir.

En particular, me encanta cuando hurga en “El socialismo y el hombre en Cuba” y saca a la luz esta tesis guevariana ignorada olímpicamente por nuestros burócratas y sus acólitos: «No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni ‘becarios’ que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas». Aún más grata me resulta su mención a la obra crítica de los artistas plásticos de los años 80.

Es que para mí, graduado de una universidad pedagógica de provincia, que tuviera la dicha de cursar la inolvidable Facultad de Superación de la UH en 1987 y 1989, aquella zambullida en un arte contestatario dentro de la Revolución formó parte indisoluble de mi educación postgraduada. Por eso coincido con la cita de Gerardo Mosquera que Desiderio comparte: «Las artes plásticas (…) constituyen ahora la tribuna más osada. Su crítica social analiza males muy reales en busca de la rectificación». Y menciona algunos de esos males: «burocracia, oportunismo, autoritarismo, rectificación pero no mucha, pancismo, centralismo antidemocrático…»

Valga esta nueva visita al texto de Navarro como una invitación al lector para releerlo a la luz de los nuevos tiempos, donde tanto tiene todavía por hacer. No obstante, creo que somos muchos los trabajadores intelectuales que podemos decirle hoy, en el segundo aniversario de su deceso:

“Maestro, aquí estamos, como Ud. nos exigió: ejerciendo la crítica revolucionaria, en medio de la cosa pública”.

Una Cuba sin bloqueo

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Foto: Ramon Espinosa / AP

Para nadie es un secreto la existencia del bloqueo, un tema que en estos días retoma importancia. Sus efectos sobre la economía interna son indiscutibles. Las cifras que lo respaldan, pueden ponernos los pelos de punta. No me cuestiono su veracidad pero su efecto merece ser pensado con detenimiento. El determinismo de Estados Unidos sobre Cuba no ha sido totalmente abordado.

Las pérdidas a la nación que ha ocasionado el bloqueo ascienden a más de $930 mil millones según cifras oficiales. 10 veces el PIB cubano. Ese es todo el dinero que hemos dejado de tener, ya sea en costos reales o costos de oportunidad. De no existir el bloqueo, todo ello se tuviera gastado o invertido en algo. En un ejercicio de abstracción, se pudiera construir un escenario donde el bloqueo nunca hubiese existido e incluir todas esas pérdidas en nuestros movimientos económicos, aunque no todo el monto tributase al PIB.

Suponiendo que una parte fuera a inversiones y al consumo interno, la calidad de vida de los cubanos mejoraría ostensiblemente. El PIB per cápita se incrementaría rápidamente y el IDH sería mayor. Con una política económica inteligente, priorizaríamos la infraestructura y la inversión inicialmente en lugar de gastarlo todo de una vez en proyectos sociales que luego no tienen base económica para ser sostenibles.

¿Qué no se puede hacer con 930 mil millones?

¿Quién no querría vivir en una isla socialista con una economía capaz de generar tanta riqueza? Dada la connotación de las cifras, la cosa del bloqueo es  ciertamente seria. El grado de indignación de los cubanos debería ser incalculable. Cuando se hace un análisis comparativo de los números, no parece haber forma de exagerar sobre los efectos del bloqueo en nuestra economía de escasez. Tiene mucha responsabilidad en que el programa del Moncada sea una asignatura pendiente.

Sus números revelan el mundo posible que se nos privó. Se puede pensar que en Cuba se hubiesen juntado las condiciones para la sociedad superior a la que aspiraron nuestros padres. Si las de Asia son Tigres, ¿qué seríamos nosotros, leones? Pensemos dónde estaríamos hoy con esos 930 mil millones de dólares más, que nos arrebataron. ¿Hubiésemos tenido una economía que generara tanto de no ser por el bloqueo? Quizás no.

Especular sobre cuál sería el uso de ingresos que nunca tuvimos, es un ejercicio estéril

El crecimiento económico nunca ha sido garantía de desarrollo doméstico, menos en la historia de Cuba. Además, las últimas décadas explican cómo la relativa bonanza económica en Cuba se tradujo en la postergación de cambios necesarios, o la dilapidación de recursos en quimeras.  Entonces, toca seguir luchando contra el bloqueo pero conscientes de que nuestros problemas no son solo ese, hay otros internos que a diferencia de una política estadounidense, está en nuestras manos cambiar.

Nuestra causa contra esta medida arbitraria que afecta la vida de todos los cubanos -dentro y fuera-, es justa. Pero su daño es mucho más grande que cualquier cifra, porque también ha provocado una mentalidad de barricada y reacciones internas dañinas que costará mucho erradicar. En eso es lo que hay que enfocarse, cambiar lo que puede, y debe ser cambiado.

Un pensamiento serio

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Ilustración: Gesha Kim

Usualmente publico notas sobre distintos aspectos de la realidad que me interesan y que, creo, pueden interesar a otros. No me creo en posesión de LA verdad (líbreme Dios de tal soberbia) y únicamente presento los asuntos como yo los veo. Por tanto mi fin no es imponer un criterio ni hacer que nadie piense como yo. Solo quiero mover a los demás a reflexionar sobre estos asuntos e incitarlos a realizar sus propias elaboraciones. Siendo así entiendo que alguien discrepe de mis puntos de vista. Siempre que lo haga con argumentos y respeto, pues lo acepto y hasta lo aprovecho para enriquecer mi visión. Lo que rechazo es la superficialidad y el irrespeto.

Hace poco hablé positivamente de Marx y algunos reaccionaron desde una posición contraria y exaltadamente, pero no con razones, más bien burlescamente. Me referí a Marx porque, habiendo leído sus escritos, creo que hay mucho de positivo en ellos y que lo que se ha hecho argumentándolo como marxista ha sido generalmente inconsecuente. No lo hago un santo. Fue un hombre con virtudes y defectos, pero también fue un notable pensador humanista. El propio José Martí en sus palabras a la muerte de aquel dice: “Porque se puso del lado de los pobres merece mi respeto”.

Marx no puso bombas, no hizo fusilar a nadie, no mandó a nadie a campos de concentración ni los obligó a expatriarse, como tampoco propuso la estatalización burocrática y policial de la sociedad. Básicamente pensó que el capital, tal y como se desarrollaba en el siglo XIX, se fundaba en mucha opresión y abuso de una enorme mayoría de seres, por lo que proponía un cambio radical encabezado por los oprimidos para alcanzar una sociedad más equitativa y masivamente justa.

Y su obra ¿fue la panacea universal y eterna para la construcción del paraíso terrenal? Para nada. Fue el análisis razonado de un fenómeno especifico en su momento crucial, el capitalismo industrial. Básicamente un intento de deducir causas a la injusticia socioeconómica derivada de aquel fenómeno y proponer formas para una transformación redentora. Solo otro peldaño en la escala inagotable del conocimiento. Su teoría tuvo tan deficientes expositores y ejecutores que hacia el ocaso de su vida el propio Marx declaró no ser marxista, lo que indica su dialéctica crítica.

¿Se logró la estructura económico-social que él concibiera? No. ¿Por qué? Por muchísimas razones, desde cualidades de la personalidad de los líderes, los intereses de los poderosos, los contextos socioeconómicos correspondientes, hasta la idiosincrasia de los pueblos. De hecho, los desarrollos de la realidad en los siglos XX y XXI han derribado muchos de sus postulados y han hecho necesaria la elaboración de nuevas estrategias teórico-prácticas. Como todo, el marxismo no es ni infalible ni inmutable. El pensarlo así fue el máximo error de muchos de sus seguidores.

Alguien se refirió a que su tumba debe ser custodiada para que no la mancillen. Esto no habla de Marx, sino de la condición humana. Ninguno de sus libros, empezando por su obra mayor, El Capital, da razones para ejecutar barbaries como las apuntadas. Siempre he pensado que no se puede culpar al martillo porque alguien mate a otro a martillazos. Tampoco se puede condenar a libros o pensadores por una lectura fundamentalista y nociva de los mismos.

La Biblia ha sido utilizada para fundamentar decenas de crímenes. Véase, por poner el caso, lo que hizo el Movimiento de Restauración de los Diez Mandamientos de Dios en Uganda el 17 de marzo de 2000, cuando mató a 1000 personas. El Corán ha sido libro principal para organizaciones como Al Qaeda y Boko Haram que han asesinado a miles de ciudadanos en templos, estadios deportivos, comercios y centros de recreación. Un ser tan pacífico y alejado de las ideologías como Jerome Salinger escribió una novela que varios criminales emplearon para justificar actos como el atentado a Ronald Reagan o la muerte de John Lennon. Y no por eso se puede decir que La Biblia, El Coráno El Guardián en el trigal inciten al mal. Es que sujetos con cierto grado de aborrecimiento o perversión necesitan argumentar sus actos con otro individuo, obra u organización para descargo de sus conciencias.

Y sobre la vejación de la tumba de Marx, no es un hecho único. En el cementerio de mi ciudad, numerosas tumbas han sido dañadas, se han robado las macetas de flores, los cristales de los ataúdes, han hecho necesidades fisiológicas alrededor de ellas e, incluso, han hurtado huesos para trabajos de ciertas sectas. Y esos muertos fueron sencillamente personas comunes que no propusieron ningún sistema social, ni mucho menos detentaron el poder. Alguno habló de orinarse sobre la tumba de Marx, pues le digo que no es original. Ya se ha hecho, y bastante, sobre muchas tumbas inocentes. De todas maneras pienso que cada día necesitamos actitudes más responsables, informadas y civilizadas para afrontar los requerimientos cambiantes de la existencia y salir airosos. Creo yo que es lo único que puede mejorar el mundo.

Leer a Marx no daña a nadie, antes bien lo ilustra (porque uno se instruye hasta con lo antagónico, ya que leer verdaderamente es establecer un diálogo con el texto) y, si el individuo no está de acuerdo, pues tal vez se convierta en un pensador interesante que haga propuestas significativas para el mejoramiento humano. Sin embargo el mero choteo, las actitudes irresponsables y el gesto chusco o violento solo consiguen sacar a flote lo peor de la humanidad y estimular a reacciones similares. El choteo engendra choteo. La violencia genera violencia. La estupidez y la malevolencia no son de ningún bando político sino del peor costado de la imperfección humana. Solo la inteligencia y la sensibilidad responsables y cultas producen actitudes generosas y bienhechoras.

Comunista: con problemas ideológicos

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Foto: Anson Tang

«Soy militante de los de verdad, un revolucionario que no hace concesiones» se enorgullece El Girovagante delante del consejo de dirección. «Mis convicciones no me permiten eso de andar criticando las decisiones de EL PAÍS, ni de la REVOLUCIÓN. La crítica y la religión sólo le hacen el juego al enemigo”.

Mientras: los trabajadores bajo su  guía no tienen agua potable en su centro. Deben aceptar que más de la mitad de la gasolina del auto estatal se use para resolver los problemas personales del «Jefe». Problemas tan personales, como mandar a su chofer en busca del hijo al politécnico, y llevarlo a casita a defecar porque «al niño no le gusta el baño de la escuela».

Tengo un amigo.

Nunca se ha jactado de ser revolucionario ni militante comunista aunque lo sea desde los 14 años y ya pase de los cincuenta. Cuando ha tenido que embarrarse las manos para pintar el centro de trabajo, lo ha hecho. Cuando hubo que picar marabú, se pasó ocho meses movilizado entre mosquitos y mala alimentación, durmiendo casi a la intemperie. Mi amigo tiene la más alta calificación técnica en su profesión y lo demuestra cada día con la calidad de lo que crea.

Cuando se trata de un asunto de “Patria o Muerte” -que, extrañamente, está fuera del Plan de Producción de la emisora- no quiere cobrar por su trabajo.  Cada mes tiene que hacer malabares para vivir con el salario que le pagan. No puede usar camisetas Adidas -como el Girovagante- ni le alcanza para comprarse un móvil. A mi amigo el gobierno no le ha otorgado un apartamento en el centro de la ciudad.

Los hijos de Mi Amigo no tienen un auto estatal a su disposición para ir a casa a… ya saben. Se han hecho a pulmón: uno es bodeguero, otra es oficinista, una tercera se casó con un extranjero y más o menos cambia la precariedad por la nostalgia. En casa de Mi Amigo escuchan música de la trova tradicional y a Silvio, Pablo, Sara Gonzalez, Omara Portuondo, Liuba María Hevia, Ray Fernandez, Frank Delgado, y se habla de Félix Varela, José Martí, Rubén Martínez Villena, Cintio Vitier y Leonardo Padura. En los consejillos de dirección del Girovagante se habla de La Belleza Latina, los Grammy latinos, los restaurantes privados y la entrada de los cruceros a La Habana.

Para el Girovagante, Mi Amigo tiene problemas ideológicos.

Porque Mi Amigo se atreve, en primer lugar, a ser mi amigo y a decirlo, a recibirme en su casa y compartir un pan con croqueta conmigo. Porque expresa en las asambleas sus desacuerdos, tiene dudas, se hace preguntas y lo expresa públicamente. «Y un revolucionario de verdad no anda cuestionando las cosas, sólo defiende la revolución sea lo que sea», dice el Girovagante cuando se refiere a Mi Amigo.

Hace unos días nos encontramos Mi amigo y yo. Llora. Literalmente llora.

“¿Qué carajo pasa contigo?” -no me gusta ver a nadie llorar y menos a un negro noble y ‘entimbalao’ como éste.

“Me sancionaron por el Partido, me trataron de mentiroso. Yo no soy ningún mentiroso, cojones”.

Y sobre lo sucedido no puedo arrancarle una palabra más.

“No puedo decirte. Te conozco. Irás corriendo a publicarlo”.

“Y si lo publico, qué?” Le digo retador.

“No, coño, porque lo van a generalizar los ‘malos’, van a decir toda esa mierda de que la Revolución devora a sus propios hijos. ¡Y no es la Revolución, coño, son los que viven de ella…!”

Y calla. Y se marcha.

Al rato alguien me cuenta lo sucedido con detalles. No puedo publicarlo por respeto a la voluntad de Mi Amigo.

Sólo digo que para el Girovagante y su núcleo del Partido, Mi Amigo tiene problemas ideológicos por exigir agua potable, pedirle a El Girovagante que rinda cuentas del combustible que usa,  que explique a dónde va la asignación de alimentos para el desaparecido pantry del centro y que responda las inquietudes de los trabajadores. Pero sobre todo, por ser mi amigo.

El peso inconvertible

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El peso inconvertible, el dólar paralelo y los “subsidios” estatales al sector privado

Por: Eduardo Pérez Castel  (@eddyElGallo)

De pelota como de economía, en Cuba, todos son expertos. O al menos creen serlo. Innumerables son los debates que empiezan con las inquisidoras frases: “en cualquier lugar del mundo…”, “eso pasa porque en este país…”, “lo que hay que hacer es…”. Frases proféticas que anuncian tajantemente que los problemas económicos de Cuba se resuelven haciendo esto o aquello, casi siempre algo bien simple.

¿Será que durante tantos años a ningún dirigente político y/o económico en Cuba se le habrá ocurrido implementar tan evidentes y geniales ideas?

Desgraciadamente en la mayoría de las profecías subyace un gran desconocimiento de las normas básicas que rigen la economía en general y de aquellas normas particulares que solo se aplican en Cuba por aquello de ser un país bloqueado por el mayor imperio que haya existido en la historia de la humanidad. Tema, este último, siempre ausente de los más acalorados debates, que coincidentemente suelen ser los más errados. Con esto no pretendo dar una clase de economía, pero sí mi opinión sobre temas que considero son muy importantes y necesarios de estudiar bien antes de iniciar cualquier debate que pretenda ser medianamente serio sobre la economía cubana.

El peso inconvertible

En Cuba todos saben que circulan dos monedas, el peso cubano (CUP) y el peso cubano convertible (CUC). No ahondaré en la historia de ambos, solo diré que el origen de esta bicefalia monetaria no fue un capricho de algún economista, ni fue un sueño trasnochado. Fue el resultado de un análisis bien profundo de las alternativas políticas y económicas existentes en la Cuba de 1993. Una década que todos recuerdan con tristeza pero que nunca ha sido fielmente descrita, ni tampoco correctamente analizados los milagros económicos que se realizaron en aquellos tiempos titánicos de resistencia de todo un pueblo.

Solo gracias a aquellos milagros económicos (el CUC incluido), diseñados por brillantes economistas liderados por nuestro querido Fidel, se puede explicar el hecho que hayamos resistido y que aún estemos aquí, frase esta última que se repite bastante y con orgullo, pero muchas veces sin entender realmente cómo fue posible. Quien diga lo contrario insulta la inteligencia colectiva.

No obstante, lo cierto entonces y ahora es que ni el CUP ni el CUC eran, ni son, convertibles internacionalmente. O sea cualquier entidad cubana, sea estatal o privada, que desee importar algún producto del mundo para venderlo luego en Cuba, no puede hacerlo con CUP o CUC.

Un pequeño ejercicio mental sobre el ciclo importador nos ilustra fácilmente cómo cualquier entidad cubana sea estatal o privada compra fuera en divisas y luego vende en Cuba en monedas inconvertibles. La única forma de repetir ese proceso y hacerlo rentable es cambiando sus ganancias en CUC y CUP por divisas realmente convertibles. Este simple y último paso es clave para entender la trampa del importador: el importador nunca genera divisas sino que las extrae del sistema. O lo que es lo mismo, el importador en dependencia de sus prioridades e intereses, usa las divisas que generó otro para traer algo que puede ser útil o no, que puede ser prioritario o no para el país.

O sea la disyuntiva en la que se encuentra el gobierno cubano es permitir que las pocas divisas que generan sus empresas estatales se usen para importar ropa, zapatos, gafas y cuanta gangarria de marca “Supreme” exista desde Haití, Guyana o Panamá o que se usen para importar comida, medicinas, guaguas y petróleo desde Vietnam, China y Venezuela.

La trampa del importador es tan generalizada como países existen en el mundo dado que monedas inconvertibles son la mayoría. Es inconvertible el peso argentino, es inconvertible el real brasileño, es inconvertible la lira turca, es inconvertible el rand sudafricano, es inconvertible el rublo ruso, es inconvertible el won sudcoreano y muchas monedas más que harían muy largo este párrafo. Solo alrededor de 10 miembros tiene el selecto club de monedas convertibles internacionales.

Entonces si es tan común este problema ¿cómo funcionan otros países con monedas inconvertibles?

La respuesta es muy sencilla, la mayoría de los gobiernos del mundo solo se preocupan por el 1% de su población, así es muy fácil gobernar. Son bien conocidas las mafias importadoras que explotan a los países de América Latina y se dedican a aplastar el desarrollo de la industria nacional por mezquinos intereses privados. Muchos de esos países están quebrados debiéndole al FMI o a otros más del 100% de su PIB. La mayoría de los gobiernos del mundo no podrían gobernar si les tocara ocuparse del desarrollo de sus países y del bienestar del 100% de su población como hace Cuba.

Los pocos países responsables del mundo, como Cuba, que se preocupan por el 100% de su población deben, casi siempre enfrentando además una guerra económica impuesta por EE.UU., implementar medidas que impidan una fuga descontrolada de capitales, de acuerdo a su situación concreta. El control y equilibrio del flujo de divisas que salen y entran de un país es vital para mantener la salud de cualquier economía. Gracias a ello se pueden utilizar esas divisas para satisfacer las necesidades básicas y crecientes de la población. En Cuba comprar gangarrias “Supreme” es lo menos importante.

Desconocer o negar esta verdad económica absoluta no es síntoma de agudeza o de ser brillantes, sino más bien de todo lo contrario. Plantear que una de las soluciones mágicas para Cuba o para cualquier país es permitir la salida libre de las divisas para comprar cualquier cosa, es tan absurdo como pretender apagar el fuego con gasolina. Permitir una fuga de capitales descontrolada equivale a quebrar al país, cualquier país. Los ejemplos sobran pero el caso de Argentina es tan gráfico que no es necesario poner otro.

El componente político de estas “brillantes ideas” no es menor pues la implementación de alguna de ellas significa un retroceso en el camino hacia  la construcción de esa sociedad mejor por la que tanto se ha luchado. Propuestas tan “visionarias” como privatizar el comercio, tanto interno y externo, han sido históricamente rechazadas puesto que el consenso popular y político existente  en cada momento ha determinado que están fuera de los límites de lo que concebimos por Socialismo.

La Habana no es Cuba y Cuba funciona por consenso, por lo tanto antes de implementar cualquier medida, primero hay que crear el consenso. Las propuestas del párrafo anterior les pueden gustar a algunos pero son rechazadas por gran parte del pueblo cubano.

Las calles son nuestras

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nuestras
Foto: Reuters

En los últimos días, mucho se ha tecleado sobre lo ocurrido el sábado durante la marcha de los activistas LGTBIQ. Se trata de un acontecimiento triste, que le ha hecho mucho daño a la imagen del país en un momento crítico. A los que defendemos el proyecto social de la Revolución, nos ha dejado sin aliento, decepcionados, fragmentados, en fin, debilitados. Sin embargo, es importante tratar de sacar conclusiones.

Según la versión oficial, el CENESEX suspendió la conga debido a la difícil coyuntura internacional. Esta simple explicación dice mucho, porque muestra hasta qué punto pesa la mentalidad de Guerra Fría en la toma de decisiones políticas en la Cuba de hoy. Frente a las agresiones del imperialismo, algunos funcionarios del Partido y el MININT creen que se debe continuar con una política de “tolerancia cero” hacia las manifestaciones públicas espontáneas, una estrategia claramente sacada del libro del socialismo MADE IN URSS.

La falta de perspectiva de estos dirigentes puede ser, incluso, que les lleve a creer que el mantenimiento de ese esquema de “espacio público congelado” es una ventaja con respecto a otros países como, por ejemplo, Venezuela. Ya habrá alguno que crea que ser así como somos, cerrados, es lo que evita que ocurra en Cuba un fenómeno Guaidó.

La lógica que hay detrás de la suspensión de la conga del CENESEX es, presumiblemente, la siguiente: se debe evitar cualquier posibilidad de conflictividad callejera, la conga puede ser utilizada por grupos provocadores para lanzar al mundo imágenes y mensajes contrarios al gobierno, puede haber respuesta por parte de las iglesias y sectores anti-LGTBIQ, choques urbanos, todo lo cual puede justificar una agresión pacificadora contra Cuba. Solución: no se hace la conga, nadie tiene chance de hacer nada, y le damos al mundo una imagen de tranquilidad paradisíaca.

Este razonamiento es obtuso, y olvida muchas cosas. La primera de ellas, que hace pocos meses se aprobó una nueva Constitución, donde se garantiza el derecho de libre manifestación. En fin, no pueden seguir manteniendo políticas de seguridad típicas del socialismo de Estado clásico, porque está en contradicción con la Constitución. Lo segundo que olvida, es la madurez que ha alcanzado la sociedad civil, y la capacidad que han ganado los grupos opositores para movilizarla. Los resultados de la decisión hablan por sí mismos.

Querían evitar fotos e imágenes que mostraran una Cuba en conflicto y eso fue lo que provocaron

Salieron, a darle la vuelta al mundo, fotos de agentes del orden reprimiendo a manifestantes pacíficos pro-LGTBIQ. Sí, represión, aunque no haya sido con balas de goma ni gases lacrimógenos. Una vez que el CENESEX renunció a la conga, le regalaron ese espacio a grupos alternativos y opositores.

Si hubo alguna mala intención, algún interés provocativo, aun así no hay forma de culpar a los activistas que organizaron la marcha independiente, porque fue el Estado el que golpeó primero, el que lanzó la prohibición. En política los errores no se perdonan, los enemigos del Estado Cubano actuaron bien y esta vez ganaron la batalla simbólica por goleada.

Yo puedo estar seguro de que la Revolución Cubana es el proceso más humanista, el eje de la historia de Cuba. Pero, ¿cómo le justifico a alguien que los agentes del orden golpeen a activistas, en una manifestación dónde no todos eran mercenarios, y que solo exigían el respeto a un derecho humano? ¿Quién puede creer que eso era vital para la seguridad nacional?

Dicen algunos que la marcha fue permitida, y que la violencia solo se desató porque los manifestantes no quisieron disolverse al llegar al final del recorrido. Pero de nuevo, la marcha se aceptó a regañadientes, rodeada de efectivos policiales. Algunos de los organizadores fueron arrestados para que no pudieran asistir. ¿Con qué legitimidad las fuerzas del orden podían exigirles disciplina a los manifestantes, o ponerles un límite en su recorrido?

Todo esto muestra lo urgente que es que se promulgue en Cuba una Ley de Manifestaciones, para que se haga efectivo el derecho constitucional, y todos los grupos puedan utilizar el espacio público para hacer sus actividades, siempre y cuando cumplan con ciertos requisitos. Solo con una Ley como esa, que permita las negociaciones previas y ofrezca garantías, podrá normalizarse la protesta pública y las fuerzas del orden tendrán legitimidad para reprimir a los que violenten el orden social.

La Revolución se hizo para que el pueblo se adueñara de su país, incluyendo sus calles. Las calles le pertenecen a todos, no solo a las organizaciones políticas y de masas autorizadas. La expropiación de la calle y del espacio público en general, realizada por el Estado, es una de las peores herencias que tenemos de la Europa del Este. Es hora de corregir el rumbo y abandonar las viejas mentalidades de la Guerra Fría.

Creo que todavía estamos a tiempo de cambiar. Fue por eso por lo que votamos el 24 de febrero. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de vivir una espiral de manifestaciones espontáneas y represión, un remake de mala calidad de lo que fue la historia de los últimos años de la RDA, cuyo final es completamente predecible. ¿Es ese el mundo ideal al que quieren llevarnos los dirigentes que decidieron suspender la conga?

Magineras: tiempo de contar su historia

magineras
Carmen María Acosta, Irene Esther Ruiz, Daisy Rubiera, Mirta Rodríguez Calderón, Nerina, Xiomara Blanco, Mariana Pita, Sonnia Moro y Pilar Sa. Al centro, Reyita. Foto: IPS

Hace varias semanas y a propósito del post Un congreso gris, me escribieron Sonnia Moro y Mirta Rodríguez Calderón a nombre de las magineras. Yo había citado a Margaret Randall, que en su libro Cambiar el mundo. Mis años en Cuba se refería a Magín, una organización feminista surgida a inicios de los noventa del pasado siglo y que fue obligada a desactivarse dada la intolerancia de la FMC y las autoridades políticas. Estaban felices de ser recordadas y amablemente me invitaban a visitarlas. Acepté de inmediato.

El 27 de abril pasado, con mi amiga Janet como guía, toqué a la puerta del apartamento de Mirta Rodríguez. Un pequeño grupo me esperaba, apenas una representación de las magineras. Con una excepción, eran mujeres comprendidas entre los 65 y los 82 años de edad. Las presentaciones y la cálida acogida nos familiarizaron al instante: además de Mirta y Sonnia, conocí a Irene Esther Ruiz, Norma Guillard, Consuelo Elba y Zaida Capote, la más joven que no era parte del grupo original pero entró después. Se esperaba a la poeta Georgina Herrera, pero no pudo llegar, por teléfono conversamos y le dije lo orgullosa que me sentía de ser jovellanense como ella.

La conversación y los recuerdos fluyeron con naturalidad. Yo les entregué unos ejemplares del texto de Margaret y ellas me obsequiaron Magín. Tiempo de contar esta historia, libro de testimonios coordinado por Daisy Rubiera y Sonnia Moro, aparecido en el 2015 sin sello de edición, pues ninguna de las editoriales a las que acudieron accedió a publicarlo.

Lo primero que saltaba a la vista era el cariño que las unía. Pronto conocí más de sus historias personales: Mirta, Sonia y Consuelo fueron luchadoras clandestinas contra la dictadura batistiana; Consuelo incluso, apenas con 15 años de edad subió a combatir a la Sierra Maestra. En sus diversos campos de acción eran comunicadoras: Mirta, periodista; Consuelo, directora de televisión y documentalista; Irene Esther, especialista en televisión y documentalista; Norma, psicóloga y publicista; Sonnia, historiadora e investigadora; Zaida, ensayista e investigadora literaria.

Magín surgió en un momento muy difícil de la historia de Cuba. Dejemos que su libro testimonial lo evoque:

Se vivían entonces los peores años de la crisis económica de los noventa, que en esa sola frase no alcanza a explicar la real dimensión del suceso  en la vida de las cubanas: muchas abandonaban el empleo y regresaban al hogar; algunas postergaban para nunca el deseo de tener un hijo; no pocas sacaban fuerza y creatividad de donde no había para, casi en acto de magia e inventiva, sostener la higiene, la salud y la vida de su núcleo familiar; unas emigraban, otras se quedaban, algunas se prostituían y la gran mayoría resistía el golpe de la crisis para sí y para los suyos.

Cuba casi toda se movía en bicicleta, fabricaba sus jabones, innovaba en fórmulas culinarias, hacía malabares entre alumbrones de luz eléctrica y vivía con lo mínimo.

Las mujeres tienden a experimentar las consecuencias de las crisis con mayor rapidez y a beneficiarse más lentamente de la recuperación. Nuestro país no fue una excepción en tal sentido; así lo fundamenta un interesante artículo de Ailynn Torres Santana aparecido en OnCuba. Sin embargo, la Federación de Mujeres Cubanas, organización femenina —que no feminista—, en su discurso de entonces, como en el de hoy, priorizaba la defensa de las conquistas revolucionarias a través de la unidad férrea de los cubanos. Esa unión monolítica invisibilizaba las necesidades y aspiraciones específicas de las féminas.

A fines de la década del sesenta el mundo se había hecho eco de la revolución cultural, y el mayo francés del 68 encabezó un movimiento internacional contra todo tipo de autoritarismos y jerarquías: familiares, sociales, artísticas y educativas. Esa etapa impulsó la causa del feminismo militante, que ganó adeptas y adeptos en muchas regiones.

feminismo

En Cuba ello coincidió con un período de radicalización extrema del socialismo —la Ofensiva Revolucionaria—, y con el paulatino alineamiento al modelo soviético. A nivel ideo-político el discurso se empobreció y se tornó dogmático. No era un buen momento para el feminismo. En realidad no lo era para ninguna concepción que intentara particularizar en algún componente del cuerpo social.

En consecuencia, a pesar de los muchos beneficios que el proceso revolucionario dispensara a las mujeres cubanas —planes de becas para estudiar, fomento de empleos, apoyo para la crianza de los hijos, igualdad salarial, etc.—, las nuestras se fueron quedando rezagadas en conceptos y discursos, y no disponían de las herramientas teóricas de género.

Sería en los noventa, en medio de la crisis, el momento en que algunas profesionales, que por la naturaleza de su labor se relacionaban con los medios, se percataron de esas carencias. Quedó clara para ellas la necesidad de asumir una ideología de género; de desterrar lenguajes y símbolos sexistas; de tratar de otra manera sensibles problemáticas emergentes en aquellos años, como la prostitución y la pobreza. También les alarmaba el uso de la imagen femenina en los productos dirigidos al turismo y el tratamiento de la mujer negra en los medios.

Así se fueron acercando hasta conformar un grupo que, mediante un Comité Gestor de quince mujeres y otras asociadas que se incrementaron a lo largo de sus tres años de existencia en aproximadamente trescientas, funcionaron como una red de amigas, aunque llegaron a tener también miembros varones. Ellas encontrarían paulatinamente su liderazgo, no por elección sino por consenso, en Mirta Rodríguez, profesional de gran experiencia como comunicadora. Ese fue el origen de Magín, palabra que integraba las ideas de imagen e imaginación, y que en castellano antiguo significaba inteligencia, creatividad.

Sus propósitos eran variados: fortalecer la autoestima femenina a partir de potenciar una ideología de género; construir alianzas; informar, educar y concientizar mediante productos comunicativos con enfoque de género.

Para lograrlo contaron con el apoyo y la asesoría de la oficina de la UNICEF en Cuba, y de la Oficina Regional del Caribe (OXFAM UKI), además de que intercambiaron con destacadas representantes del feminismo internacional provenientes de EE.UU., Canadá, América Latina y otras regiones. Fueron visitadas por la activista afroamericana Angela Davis, por la escritora Alice Walker y la periodista Karen Wald, entre otras figuras.

Su funcionamiento fue la antítesis del centralismo y el formalismo propios de algunas organizaciones en Cuba. Se respetaba y buscaba la opinión ajena, se potenciaban la libertad de expresión y la camaradería,  se aplicaban modernas técnicas de trabajo grupal y se aprobaban decisiones en forma colectiva, como fueron, por ejemplo, el nombre y el logotipo de la organización. En su corta existencia celebraron más de cincuenta talleres de crecimiento individual, adoptaron un Programa de Desarrollo y publicaron dos cuadernillos, que serían separatas de una soñada revista que nunca vio la luz.

Uno de los objetivos del programa fue inscribir a Magín en el Registro de Asociaciones. Sintiéndose parte del proceso revolucionario se acercaron a la FMC buscando apoyo para encaminar dicha aspiración, sin embargo, su secretaria general nunca quiso recibirlas. La condición que se les puso era irrecusable: primero se disolvían como grupo y luego podrían hablar.

Me contaron de sus gestiones para intentar ser reconocidas. Si no provenían de organizaciones establecidas no podrían hacerlo. La UNEAC y la UPEC aceptaban solamente a las mujeres que componían su membresía, pero eso dejaría fuera a gran parte de las integrantes y ellas no querían renunciar a una sola de las magineras.

Finalmente, en septiembre de 1996, algunas integrantes del Comité Gestor de Magín fueron convocadas al Comité Central del PCC. Allí estaban sentados también los secretarios generales de sus respectivos núcleos del Partido y, delante de ellos, las carpetas con sus expedientes.

Se les indicó que debían desactivarse inmediatamente, pues la organización feminista podía ser utilizada para intentar penetrar a la revolución a través del Carril 2 de la Ley Torricelli. Las trataban como ingenuas e inexpertas a pesar de su sólida formación profesional e historial político. Todas las convocadas aceptaron la decisión pero no estuvieron de acuerdo, nunca lo han estado.

Se hizo un gran silencio en ese momento de la historia. Mirta, que fue menos locuaz que el resto durante la tertulia, y que miraba con una expresión de afecto y tristeza a sus amigas, me preguntó: ¿crees tú que fue un error haber aceptado la desactivación? Mi primer impulso fue responder afirmativamente, pero comprendí que no podía ser categórica, hay que ponerse siempre en los pies del otro, y fui sincera al decirle que posiblemente también hubiera cedido a las presiones en aquel momento.

Ahora es fácil emprender una campaña, las personas se han acercado más en el mundo de Internet y de las redes sociales, y pueden recabarse apoyos y simpatía para una causa como esa; sin embargo, ellas estaban solas. La propia Mirta vio cómo se le cancelaban proyectos y se le cerraban puertas y no tuvo otra alternativa que trabajar durante varios años en República Dominicana como docente. Apenas desde hace pocos años se ha desenterrado parte de esta historia para la opinión pública.

En el intercambio expuse mi criterio de que antes de que pueda triunfar en Cuba una agenda que represente los intereses de cualquier sector: mujeres, comunidad LGBTI, organizaciones de personas negras, etc., deberemos encauzar un activismo que garantice la posibilidad de que tales asociaciones tengan un marco jurídico que les permita existir de acuerdo a la ley. Será el modo de garantizar que no se repita un final como el de Magín.

Ahora, cuando la recién aprobada Constitución del 2019 entra en vigor, hay que lograr que los especialistas jurídicos que estudian la legislación complementaria que deberá ser aprobada, tengan muy en cuenta los artículos  14 (El Estado reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, que agrupan en su seno a distintos sectores de la población, representan sus intereses específicos y los incorporan a las tareas de la edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista.

La ley establece los principios generales en que estas organizaciones se fundamentan y reconoce el desempeño de las demás formas asociativas); y 56 (Los derechos de reunión, manifestación y asociación, con fines lícitos y pacíficos, se reconocen por el Estado siempre que se ejerzan con respeto al orden público y el acatamiento a las preceptivas establecidas en la ley).

La aprobación definitiva de esa legislación dará nueva vida a Magín, estoy segura. La mayor parte de las testimoniantes del libro y de las mujeres maravillosas con las que compartí ese día siguen sintiéndose magineras. Ellas fueron precursoras del feminismo militante en la etapa socialista de nuestra historia. Su ejemplo deberá ser tenido en cuenta por las más jóvenes. Al menos para mí fue un honor que me aceptaran como parte del grupo. Quiero concluir entonces parafraseando su lema: “Nunca dejen de sentirse estrellas”.