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Gozar la papeleta

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papeleta
Foto: Alamesa

La Habana es una ciudad con muchos rostros. Uno de ellos es el que muestra en las noches, cuando se enciende de bares, fiestas, y conciertos de reguetón. Es una ciudad para el disfrute, la embriaguez, el dejarse llevar. Algunos jóvenes salen para la calle con su mejor pinta, celulares inteligentes a mano, a veces con más dinero de lo que corresponde al sueldo mensual de un trabajador. Otros llevan la insoportable bocina portátil, se suben al transporte público y obligan a todos a oír la música de su preferencia. Hay también quienes tienen gustos más cool, entran a bares de precios prohibitivos, y pasan la noche entre cervezas y cigarrillos de buena marca.

El hedonismo fue una corriente filosófica en la Antigüedad, que planteaba el disfrute sensual como el mejor camino para enfrentar la vida. La escuela cirenaica fue la mayor promotora del hedonismo. Varios siglos antes, las bacanales en honor al dios Dionisos habían surgido como celebraciones dedicadas al puro goce carnal. Desde entonces, la cultura occidental se debate entre la cultura de la disciplina, el trabajo productivo y la represión de los instintos sexuales, por una parte, y la cultura del Carpe Diem, el consumo desenfrenado y la alienación de las drogas, por el otro. Es la vieja disputa entre Apolo y Dionisos.

La sociedad cubana ha visto, en las últimas décadas, cómo crecen los espacios dedicados al disfrute hedonista. El surgimiento en avalancha de actitudes que antes no se veían, o se veían menos: el resurgir de la prostitución, más o menos velada, el consumismo, el afán por las marcas, la discriminación económica. Todo ello potenciado por el desarrollo del turismo y la consiguiente llegada de un sinfín de visitantes: ávidos buscadores de la isla de su fantasía, hecha de playas, ron y mulatas.

No son pocos los revolucionarios de viejo cuño que identifican el auge de este hedonismo con el renacer de los valores capitalistas en Cuba.

Y no les falta razón, en cierto modo. El error estaría en condenar en bloque la cultura del disfrute, de la risa, y de la liberación de los instintos, en aras de una cultura de la disciplina y de la ética espartana, como si esta no pudiese ser también funcional a las dinámicas capitalistas.

La relación entre el capitalismo y el disfrute sensual es muy compleja. En los primeros siglos de su desarrollo, el capitalismo estuvo acompañado del desarrollo de una ética del trabajo y de la austeridad, fundamentalmente protestante, tal y cómo bien describió Max Weber. Esto fue así porque, en ese modo de producción, es necesario que el capitalista dedique una cantidad reducida al consumo y al ahorro, y que la mayor cantidad posible de dinero se convierta en capital y se reinvierta. Todavía hoy, las sociedades capitalistas desarrolladas son sociedades disciplinadas, donde se trabaja mucho y se promueve la ética de la responsabilidad.

Las culturas latinas, que van en el último vagón de Occidente, llegaron tarde al capitalismo, y en muchos aspectos se mantuvieron con rezagos feudales, incluyendo un mayor apego al hedonismo carnavalesco; demasiado apegados a lo familiar, a lo comunitario, con una gran capacidad para producir trovadores y saltimbanquis.

La sociedad cubana, además de la herencia latina, se formó en la periferia del sistema mundo. Ciertamente, el Caribe fue el campo de juego del naciente capitalismo, y el central azucarero fue un experimento de crueldad. Pero la industria azucarera fue siempre un Frankenstein en el que convivieron dinámicas modernas y arcaicas –como la esclavitud—. La sociedad cubana nunca ha conocido la disciplina que implicó la revolución industrial en el mundo desarrollado. Por el contrario, la influencia cultural africana nos llenó de otras maneras de sentir, de explotar la sensualidad, que nos han llevado a ser lo que somos.

Nuestro atraso, dentro del esquema-mundo del capitalismo, nos ayudó en cierto modo a vivir más libres. La Revolución misma le dio un golpe final a la disciplina social burguesa. Nos permitió ser uno de los países más libres en el sentido de tener más tiempo dedicado al ocio.

Un grave error sería, en nombre del socialismo, querer atacar la cultura del disfrute, desde una posición modernista limitada. Porque cuando se tiene una concepción tan pobre de lo que es el desarrollo, en realidad se está en posición capitalista ingenua. Se está queriendo, sin saberlo, reconstruir el capitalismo del siglo XIX europeo. Me parece que algunas de estas concepciones limitadas estuvieron detrás del experimento del Decreto 349.

Por otro lado, es cierto que no se pueden desconocer los desafíos culturales que plantea el capitalismo del siglo XXI. Este capitalismo, que ha surgido como evolución de aquel del XIX, que ha sobrevivo al embiste del socialismo soviético, que ha llegado a una fase post-industrial en lo económico y post-moderna en lo cultural, ha encontrado la forma de pervertir y deformar todas las expresiones culturales que nacen desde el campo popular. Este es el capitalismo de la industria cultural, que convierte incluso el grito de la criatura oprimida en una mercancía.

En estos tiempos, incluso la más remota puerta hacia el disfrute carnal ha sido marcada con el signo del dólar. La fábrica de sueños de la industria cultural se encarga de que incluso tus sueños más íntimos, incluso tus fantasías sexuales, salgan de sus factorías. Para una sociedad como la cubana, abierta a las influencias que le llegan del resto de Occidente, que además fue la primera neocolonia del imperialismo norteamericano, el sitio dónde se llevaron a cabo todos los experimentos tecnológicos y culturales, resulta imposible librarse del influjo de esa maquinaria.

Lo liberador y lo alienante se entrelazan en la mayoría de esos espacios habaneros dedicados al disfrute hedonista. El ocio, que es de por sí el espacio privilegiado de la libertad, le es robado al sujeto sin que se dé cuenta. Ese sujeto es estafado desde el instante en que deja de disfrutar realmente de la compañía o del amor de los que lo rodean, para disfrutar, o sufrir, por la marca, la ropa o el dinero.

Es necesaria una ofensiva cultural en Cuba en el campo del socialismo, desde lo humanista y emancipador. Pero sería un despropósito hacerlo desde posiciones represivas, o promoviendo una seudocultura de lo revolucionario, hecha de cartón-tabla. No se combate a la fábrica de sueños con consignas ni con grandes fotos de los héroes. Se la combate con utopías y sueños liberadores.

Lo contrario del hedonismo mezquino y alienado no es la disciplina del trabajo, ni la épica de las hazañas revolucionarias, mucho menos el celo partidista. Lo contrario de ese hedonismo es el disfrute de los cuerpos rebeldes y libres. Siempre mi memoria regresa al aula, al patio de la escuela, cuando nos dedicábamos a “gozar la papeleta”, en una recreación sana de verdad, no impuesta por una orientación.

El pueblo cubano en los sesenta le daba una solución muy simple al problema: vivir en revolución, gozar la revolución, bailar la revolución, hacer el amor en revolución. ¿Y nuestra revolución pa’ cuándo?

El retorno del rey

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Indudablemente el incremento de salarios al sector presupuestado ?y de las pensiones? constituye una medida que, unida a los aumentos ocurridos en los últimos años en el sector empresarial, manifiesta una creciente tendencia a restituir al salario su función de reproductor vital de la fuerza de trabajo y vía principal para su estimulación. Pero: ¿será suficiente este proceso para devolverle al rey de los incentivos el trono cedido durante décadas a los poderosos senescales que reinaron por él?

Basta con echar una mirada al Anuario Estadístico para darse cuenta de lo disparatada que ha llegado a ser la situación  de la estimulación en Cuba. Un vistazo al de 2017 muestra claramente la paradoja entre el salario nominal (SN) y los ingresos reales de los trabajadores. El sector de “Restaurantes y hoteles” es el tercero que menos SN devenga entre las 18 categorías, con un promedio mensual de 546 CUP, inferior al nacional que llegó a 767 CUP.

Lo increíble es que ese sector es el que ha estado recibiendo la afluencia constante de trabajadores de todas las demás ramas durante años. En él pueden encontrarse médicos, ingenieros, licenciados, investigadores y ex-funcionarios que realizan trabajos más simples: camareros, porteros, maleteros, taxistas, jardineros, almaceneros, etc. Si el móvil económico que los mueve no es el salario, es porque emigran hacia allí en busca de propinas, pagos en divisas y facilidades para resolver productos que luego se revenden en el mercado negro.

Como en el último cuarto de siglo el SN no se incrementó en la misma proporción que la inflación, la población consumidora ha estado pagando con ese déficit salarial el costo de la crisis que se inició en 1990. En todo este tiempo, la depreciación del salario y la jubilación se agravó al persistir la doble moneda por más de dos decenios (1994-¿2019?), período en que el grueso de ellos han sido en CUP, mientras crecía el volumen de las mercancías de la canasta básica familiar vendidas en CUC. Así las llamadas TRD (Tiendas de Recaudación de Divisas) se convirtieron en TRTTI (Tiendas de Recaudación de todo tipo de Ingresos).

El largo declinar del salario como entrada principal se manifiesta mejor al compararlo con la magnitud alcanzada por otras vías de retribución, tales como: ingresos de los campesinos individuales, cooperativistas y TCP; propinas; subsidios; créditos; y los estímulos en especie, que algunos organismos distribuyeron en forma de las añoradas jabitas de aseo y alimentos. Lo peor es que cuando la parte móvil del salario adopta la forma de estímulos en CUC, la ONEI ni siquiera los reconoce como tales por lo que no aparecen en sus cifras.

A las mencionadas fuentes de ingreso se suman otras dos que considero las más importantes de todas: las remesas del exterior, y los obtenidos en la poco conocida y estudiada economía sumergida, que fácilmente podría equipararse a todo el PIB anual reconocido oficialmente pues abarca a numerosos sectores de la producción, el comercio, los servicios y hasta la variada esfera artística e intelectual.

La disparidad entre el rol del debilitado rey y sus poderosos senescales se revela crudamente cuando lo comparamos con el valor de las remesas. En el año 2017, estas se estimaban en unos 3,000 millones de dólares, equivalentes a 75,000 millones de pesos al cambio oficial de 25×1, cifra que superaba con creces al fondo de salarios con que el Estado pagaba a sus trabajadores en ese año: 41,184 millones CUP.

Ante la imperiosa necesidad de garantizar el sustento familiar diario, muchos trabajadores respondieron de manera desesperada buscando otras vías para  aumentar su salario real (SR). Fue así que aparecieron disímiles actividades –casi siempre sin permiso y, por tanto, ilegales?, que les permitieron completar su producto necesario. Con ello se difuminaron totalmente los vínculos entre el SN, la demanda efectiva y el nivel de vida de los trabajadores.

Para los estudiosos de los asuntos cubanos esta situación distorsiona completamente los hechos económicos y sociales. A ello se suman la carencia de datos confiables por el secretismo estatal y la persistencia de la multiplicidad monetaria y cambiaria. De ahí que el análisis científico se torne bien complicado y los investigadores se vean obligados a apelar constantemente a informaciones dudosas, sesgadas y especulativas para completar sus hipótesis y llegar a conclusiones y recomendaciones.

Aunque parezca una paradoja no soy un defensor del trabajo asalariado per se. La existencia de un Estado-patrón, aunque sea uno de vocación socialista, reproduce la esclavitud asalariada. Creo en el socialismo autogestionario, donde los ingresos de los trabajadores se formen por vías cada vez más directas de distribución del producto necesario y no excluyo ni las modalidades en especie. Mas, en las circunstancias actuales, el papel del salario como vía principal de distribución hay que impulsarlo y desterrar a los extravagantes senescales.

Ojalá la anunciada reforma integral del sistema salarial fortalezca la tendencia a su perfeccionamiento como vía de estimulación, al tiempo que se vayan disminuyendo y debilitando las otras, sobre todo las relacionadas con la economía sumergida. Es hora de que el estandarte del rey vuelva a convocar a los trabajadores honestos y sacrificados a dar lo mejor de sí por el bien individual y colectivo.

Cubans on a Dangerous Journey

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Picture: El País

A few months ago, a young man who now lives in Ecuador came back to my neighborhood to visit. During his stay, he urged his Cuban friends to embark on a complex and quasi-adventurous journey: “Buy a passport and a ticket and go to Guyana, things then get easier, you just have to cross over into Brazil, at the border maybe, and from there you can get on a flight to Chile. Life’s good in Chile.” More recently, I learned that the brother of a friend had reached the US: “he set out from Ecuador and travelled across all those countries, then he had to wait a bunch of months at the Mexican border, but he’s in the Yuma now”, he tells me cheerfully.

Not long ago, I learned from an Arturo López-Levi article that several American congressmen –Alexandria Ocasio-Cortez among them– had brought to light the situation of some Cuban migrants in US detention centers. They found a group of women who had been put in a room without running water, where they were told they had to drink water from the toilet and that they could only wash themselves every 15 days.

This journey of Cuban migrants is long and full of dangers, and its last stop is the hellish agony of the border. They travel across jungles and borders; they put their lives in the hands of human traffickers. They are exposed to abrupt closings, like the 2015 one in Nicaragua. Finally, they end up waiting months for their turn to ask for asylum on this side of the border, and in Juárez, no less. Ciudad Juárez, one of the twenty most violent cities in the world, now accommodates thousands of Cubans, many of them living under bridges, suffering extortion, threats and kidnappings at the hands of criminals. There are so many Cubans that restaurants in the area have added congrí (traditional Cuban rice and beans) and pork chop to their menus.

It should be commonplace that a Republic –especially one which claims to be of the humble, with the humble and for the humble– must concern itself about the fate of all the nation’s children wherever they may be, in any corner of the world. It’s true we have a complex history of confrontation, in which excessive passion drove people to call those who left gusanos, escoria, contrarrevolucionarios (maggots, scum, counterrevolutionaries), among other degrading epithets. But those times have passed. Today, revolutionary humanism has brought about rectification and the view that migration is the right of every person. An attitude coherent with that view is to devote every possible attention to the fate of migrants.

The ideal course of action would be to create in Cuban society the capacity of offering opportunities to all its children, so that no one or very few would feel the need to migrate. But provided that such a scenario isn’t possible, for many reasons, including the terrible blockade imposed by the US on our country, help must be given to those who are migrating, and to those who live in other countries, insofar as it is possible.

We cannot wash our hands of them.

The US government displays the issue of migration with the usual treachery. They use it against Cuba, for political ends. They do everything, except observing the migratory agreements reached under Clinton. There’s much they could do to guarantee stable and safe migration. But it’s not in their interest. With Trump, they don’t even pretend it is, though it serves them to have that long line of Cubans passing through an unsafe Central America, the “evidence” of the failure of communism.

It’s time for Cuba to show its humanism on a higher level. This means really going against old mentalities, but Cuba could declare its support for those migrants. It could use its diplomatic influence on the region’s governments to guarantee certain conditions for them, or at least denounce mistreatment or abuse. Perhaps something is being done, away from the public eye, it’s difficult to know for sure, but that’s not the message being sent out; the message being sent out is that those migrants are being left to their fate.

Devoting attention and efforts to the fate of migrants also means thinking as a country, as a nation. That most Cubans choose to maintain a socialist project doesn’t mean that those who go seeking a better economic life elsewhere, in capitalist countries, cease to be Cubans. The Republic belongs to all, even to those who are not happy with the political project of the majority, and even to those who feel life’s too short, and that they’d do better in the United States.

(Translated from the original)

How to Raise the Real Wage

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Since the President announced the rise in wages and pensions for August, a number of opinions have followed about the hazard of an inflationary rebound which might wreck the expected benefits. It’s an essential question, since what determines the standard of living for workers and their families is not the magnitude of the Nominal Wage (NW), but the amount of goods and services they can acquire with it, that is, their Real Wage (RW).

The latter depends on three factors: the magnitude of the NW, the supply-demand correlation and the value (price) of the money in which the NW is paid. The much-expected measures have a decisive influence on the first factor, but the necessary control over the other two remains a question mark. The biggest concern is that the congenitally depressed supply in our economy may not be able to cover the added demand, thus triggering an inflationary spiral.

The government itself has voiced its concerns on this matter, and measures have been announced to bring offers in tourism and telecommunications to those who, presumably, may now set aside more money for such ends. The suggestion was also made to multiply summertime recreational offers, the sale of construction materials and of any other idle or slow-moving products lingering in warehouses so as to raise short-term supply for the newly plentiful wallets.

I honestly don’t believe the rise will go a long way for government employees and pensioners. The fundamental problem to be solved in the day-to-day life of any Cuban family without a special diet, or their own farm, is the same from San Antonio to Maisí: buying food. If this aspect of supply increases, both in quantity and diversity, is it to be presumed that this single factor, practically by itself, might siphon off most of the additional monetary mass.

According to economists’ estimates, Cuban families set aside as an average between 50% and 70% of their income for purchasing foodstuffs. Never before in history had Cubans spent so much to fill their plates. In accordance with Engel’s Law, that indicator places Cuba among the poorest countries, where income is drained off by this product group to the detriment of all others, which are also necessary if you go by the old adage that man shall not live by bread alone.

But, how to bring more food to the markets if production plans fail to be met year after year?

In Economics there’s little room for brilliant ideas and strokes of genius that yield positive results, moving past propaganda and slogans. I see only two paths: to increase imports, or to invest more in national production.

My childhood memories take me back to a similar situation in the early 1970s, when salaries were raised as part of a policy of increasing material incentives and, in contrast, the enormous inflation amassed in the 1960s dropped sharply. The main cause for the apparent miracle was a flooding of Cuban markets with an abundant and inexhaustible stream of products imported from the socialist bloc which were sold at fixed and reasonable prices to most consumers.

Such a gush of imports is hardly possible now, but if only 320 million dollars were to be spent in the purchase of additional foodstuffs, the 8 billion pesos’ worth of the raise –considering the 25 to 1 CADECA exchange rate– could be covered in a flash and at purchase prices. When the taxes of our TRD shops are added, the raise would need to be doubled so that the products could be sold.

However, the path of investing more in agricultural producers seems to be the more expedite one to promoting health in our foreign finances and a promising future to national agriculture and industry. I would do it in correspondence with the place now occupied by the different forms of production in national food manufacturing: first, independent farmers; second, cooperatives (Agricultural Production Cooperatives, CPAs and Basic Units of Cooperative Production, UBPCs); and third, government-run companies.

Avoiding or postponing these economic measures –or others like them– by replacing them with slogans, appeals, visiting leaders and lists of capped prices which are impossible to control in practice, would only lead us to making true again that sonnet from the 1990s that poet Guillermo Rodríguez Rivera entitled “Ode to the Food Plan”:

See the yucca that comes from Lithuania

And the mango, the sweet fruit of Krakow,

Taste the yam, which hails from Warsaw

and drink the coffee from Pomerania.

The taro corms we bring from Romania,

Moldavian potatoes sure are sweet;

Siberian mamey with pleasure we eat

and the plantain that’s grown in Albania.

We lack all that; the fault’s not ours.

But in the drive to meet the Plan

a harsh, vigorous battle rages.

Here’s proof that in our sleepless hours

the mighty work being done is grand:

there’s food on TV and the papers.

(Translated from the original)

Cómo aumentar el salario real

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Desde que el presidente anunciara el incremento de salarios y pensiones para el mes de agosto, se han sucedido los criterios sobre el peligro de un rebrote inflacionario que de al traste con los beneficios esperados. La cuestión es medular pues lo que determina el nivel de vida del trabajador y su familia no es la magnitud del salario nominal (SN), sino la cantidad de bienes y servicios que pueda adquirir con él, o sea, su salario real (SR).

Este último depende de tres factores: la magnitud del SN, la correlación oferta-demanda y el valor (precio) del dinero en que se paga el SN. Las añoradas medidas influyen sobre el primero de manera determinante pero el necesario control sobre los otros dos está por ver. La mayor preocupación es que la sempiterna oferta deprimida de nuestra economía no pueda cubrir esta demanda agregada y se desate una espiral inflacionaria.

El propio gobierno expresó sus inquietudes al respecto y anunció medidas para elevar las ofertas del turismo y las telecomunicaciones hacia aquellos que, presumiblemente, podrán dedicar ahora más dinero a estos fines. También se planteó el multiplicar las ofertas recreativas del verano, la venta de materiales de construcción y de cuanto producto ocioso o de lento movimiento dormite en los almacenes, en pos de aumentar la oferta a corto plazo para las nuevas billeteras abundantes.

Realmente yo no creo que el aumento nos de para tanto a empleados estatales y pensionistas. La cuestión medular a resolver en el día a día de cualquier familia cubana sin dieta especial, o finca propia, es una, desde San Antonio a Maisí: la compra de alimentos. Si este rubro se incrementa, en cantidad y diversidad, es de suponer que prácticamente ese solo factor pudiera asumir la mayor  parte de la masa monetaria adicional.

Según los cálculos de los economistas, las familias cubanas destinan como promedio entre el 50% y el 70% de sus ingresos a comprar alimentos. Nunca antes en la historia el cubano había gastado tanto en el condumio. Según la Ley de Engel esto coloca a Cuba entre los países más pobres, donde los ingresos se van en este indicador en detrimento de todos los otros. Esos que también son necesarios por aquello de que: De pan solo no vive el hombre.

Pero ¿cómo poner más alimentos en el mercado si los planes se incumplen año tras año?

En economía hay poco espacio para las ideas luminosas y genialidades que den resultados positivos, más allá de la propaganda y el consignismo. Solo veo dos caminos: importar más, o invertir más en la producción nacional.

Mis recuerdos de niño me retraen a una situación similar a inicios de la década del 70, cuando los salarios subieron como parte de la creciente estimulación material y, sin embargo, la enorme inflación acumulada en los 60 descendió bruscamente. La causa principal del aparente milagro fue la inundación de los mercados cubanos por una caudalosa e inagotable corriente de productos importados del campo socialista que se vendían a precios fijos y asequibles a la mayoría.

Ahora no es posible tal despliegue importador, pero si se gastaran solo 320 millones de dólares en la compra de alimentos adicionales se podrían cubrir los 8000 millones de pesos del incremento –según la tasa de cambio de CADECA de 1×25?, de golpe y porrazo y a precios de compra. Cuando se le añadan los impuestos de nuestras TRD haría falta duplicar el aumento para poderlos vender.

No obstante, el camino de invertir más en los productores agropecuarios parece el más expedito para promover la salud de nuestras finanzas exteriores y un futuro prometedor al agro y la industria nacionales. Yo lo haría en correspondencia con el lugar que ocupan en la actualidad las diferentes formas productivas en la producción nacional de alimentos. Primero, los campesinos independientes; en segundo lugar, las cooperativas (CPA y UBPC) y; en tercer lugar, las empresas estatales.

Evitar o posponer estas medidas económicas, u otras similares, sustituyéndolas por consignas, visitas de dirigentes y listados de precios topados, imposibles de controlar en la praxis, solo nos llevaría a hacer realidad nuevamente el soneto de los 90 que el poeta Guillermo Rodríguez Rivera titulara: “Oda al Plan Alimentario”:

La yuca, que viene de Lituania.

El mango, dulce fruto de Cracovia,

El  ñame, que es oriundo de Varsovia

y el café que se siembra en Alemania.

La malanga amarilla de Rumania,

el boniato moldavo y su dulzura;

de Siberia el mamey con su textura

y el verde plátano que cultiva Ucrania.

Todo eso falta, y no por culpa nuestra.

Para cumplir el Plan Alimentario

se libra una batalla, ruda, intensa.

Y ya tenemos la primera muestra

de que se hace el esfuerzo necesario:

hay comida en la tele y en la prensa.

Celebración imprudente

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En 1949 Carlos Rafael Rodríguez, uno de los dirigentes del Partido Comunista de Cuba —desde 1944 Socialista Popular—, calificaba al ideal social de la Juventud Ortodoxa como “socialismo subjetivo”. Estas eran sus razones: “aunque el socialismo a que dicen aspirar es un socialismo verdadero, solo se dirigen a él subjetivamente (…) El socialismo parece considerarse como la conclusión de un proceso evolutivo, parlamentario, que ha de gravitar naturalmente, una vez que se conquiste la libertad nacional”.[1]

Sin embargo, cuatro años después, y ya bajo la dictadura batistiana, eran los comunistas los que parecían tomarse de manera muy subjetiva la posibilidad de reaccionar de manera radical ante la violación de la Constitución del 40. Al menos eso es lo que puede colegirse si se compara la actitud de algunos representantes de ambas organizaciones un día como hoy, pero sesenta y seis años atrás.

El 24 de julio de 1953, mientras un grupo de personas, mayoritariamente de la Juventud Ortodoxa, se dirigía a la granja Siboney, cercana a Santiago de Cuba, desde la que irían a asaltar el cuartel Moncada, y a varios de ellos apenas les quedaban cuarenta y ocho horas de sus cortas vidas; la plana mayor de la organización comunista almorzaba en un céntrico restaurante santiaguero para celebrar el cumpleaños 45 de Blas Roca Calderío, su secretario general.

La dirección del Partido de la entonces provincia de Oriente lo había organizado todo. Rita Vilar, hija de César —en aquellos momentos un alto dirigente del PSP—, en su testimonio a Newton Briones le dice: “Esto da una idea de lo desvinculado que estaba el Partido con el hecho de tanta relevancia que estaba por producirse. Si no nunca se les hubiera ocurrido reunir a la crema y nata del Partido en Santiago, donde Fidel estaba a punto de asaltar el Moncada”.[2]

Ese mismo día Noticias de Hoy, órgano oficial del PSP, anunciaba el onomástico con los habituales elogios y adjetivos desmesurados que habían copiado los comunistas nativos del tratamiento a Stalin en la URSS, aunque, desde luego, sin referirse al almuerzo en cuestión:

Hoy cumple un año más de vida Blas Roca, Secretario General del Partido Socialista Popular de Cuba, el máximo guía del proletariado y del pueblo cubano, el estratega de la lucha de nuestras masas por la paz, el progreso, la independencia nacional y el socialismo. El nuevo aniversario de su vida de trabajo y de lucha, de estudio y de combate, será celebrado por las masas del partido de los pobres, de los humildes, de los patriotas y de los justos, con una gran jornada en favor del fortalecimiento ideológico suyo, de la conquista de nuevos combatientes, soldados del partido de la Paz y de la Libertad, con tareas en favor del desarrollo de la prensa popular y revolucionaria, con nuevas victorias contra los enemigos de Cuba, de la humanidad y del progreso. El homenaje, así, será adecuado a la grandeza sencilla y sabia del gran dirigente (…) Hoy saluda con cariño y respeto al gran dirigente popular y obrero, (…) perspicaz y certero de las masas, levantando en su honor sus banderas de triunfo y ratificándole su decisión de combatir sin tregua a los enemigos de Cuba, de la clase obrera, del pueblo, de la paz, de la humanidad. ¡Loor al gran intérprete y orientador de los problemas y necesidades de las masas! ¡Larga vida desea Hoy al guía certero de la lucha por la Liberación Nacional y el Socialismo![3]

La celebración festiva del 24 de julio se producía en un contexto internacional poco halagüeño para los comunistas del área. Eran momentos en que la guerra de Estados Unidos contra Corea se interrumpe por la firma de un armisticio —refrendado al siguiente día del asalto al Moncada—, que exacerbaba la política anticomunista del macartismo en el país norteño; se vivía un período de agudización constante de tensiones con el recién nacido campo socialista europeo: la Guerra Fría; en Chile, donde los comunistas habían sido miembros de la Cámara y el Senado igual que los de Cuba, se había promulgado la Ley maldita de 1948, que proscribió su participación política.

Paradójicamente en Cuba, tras un año y cuatro meses del golpe de estado de Batista, ocurrido en marzo de 1952, los comunistas seguían siendo un Partido legal y publicaban su diario haciendo propaganda en favor del socialismo.

De hecho, la idea de que Batista diera un golpe de estado había sido barajada por los propios comunistas que, dada la política represiva del gobierno de Prío en su contra, veían en el cuartelazo una vía de escape. A quienes piensen que esta afirmación es falsa, les recomiendo la lectura del extenso artículo: “El madrugón del 10 de marzo tuvo un largo proceso de gestación”, publicado el 15 de marzo de 1952 en Noticias de Hoy y firmado por Blas Roca y Juan Marinello. Este fue el análisis que hiciera la Comisión Ejecutiva Nacional del PSP sobre el golpe de estado, en sesión extraordinaria celebrada dos días antes, como se explica allí. Ciertamente se muestran contrarios a la toma del poder de facto, pero las razones que esgrimen son francamente interesadas:

La dirección ortodoxa rechazó nuestra exhortación para que, sin pactos, formulara un programa popular e hiciera un llamamiento a Batista para que facilitara la derrota del gobierno. Esto, de haberse hecho, le hubiera quitado el pretexto a Batista que le sirvió para reagrupar los mandos militares a su alrededor, el pretexto de que los ortodoxos, de ganar, los perseguirían con más saña que Grau o Prío.[4]

La frase “que facilitara la derrota del gobierno” no puede ser más clara. Los comunistas en verdad pretendían una especie de golpe de estado de frente único, que no fue lo que ocurrió. Y, según evidencias, continuaron proponiendo un acercamiento a Batista, con el cual habían mantenido excelentes relaciones como parte de la Coalición Socialista Democrática, que fue el gobierno constitucional de este país entre 1940 y 1944.

El historiador Newton Briones me facilitó un dato interesante. Al parecer, la dirección del PSP utilizó como enviado a Raúl Lorenzo, que era ministro de comercio de Batista, para ser la persona que hablara con el general sobre un acercamiento mayor con el Partido. Batista dio la respuesta, dijo no, pero lo consultó con los norteamericanos y no lo aprobaron. Lorenzo se marchó de Cuba en 1959, pero después regresó y Newton tuvo la oportunidad de entrevistarlo, el 23 de septiembre de 1998 en La Habana.

¿Mentía Lorenzo? es posible, cualquier testimonio corre ese riesgo. No obstante, la contrastación de fuentes permite razonar que los comunistas cubanos no sentían una gran presión del dictador hasta 1953. La desdichada casualidad de estar en Santiago en el momento menos oportuno les jugó una mala pasada, a partir de esa fecha fueron ilegalizados y prohibida la publicación de su órgano oficial. Debe ser por eso que defendieron “a capa y espada”, como dice Newton, no estar inmiscuidos en los sucesos del Moncada. Pero esa es otra historia que será contada muy pronto.

[1] Carlos Rafael Rodríguez: “El pensamiento de la juventud ortodoxa,” Letra con filo, t. I, Editorial de Ciencias sociales, La Habana, 1983, p. 73.

[2] Newton Briones Montoto: Una hija reivindica a su padre, entrevista a Rita Vilar, Ruth Casa Editorial, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2011, p. 64.

[3]S/A: “Cumpleaños de Blas Roca”, Noticias de Hoy, La Habana, viernes 24 de julio de 1953, pp. 1 y 8.

[4] En Noticias de Hoy, La Habana, sábado 15 de marzo de 1952, pp. 1 y 4

El mismo reto

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reto
Foto: Trabajadores

Las revoluciones son grandes cambios sociales. Para que no queden solo en el plano del signo político, su influencia debe llegar hasta la cotidianidad de los ciudadanos. El proceso que se inició en 1959, parece repetir las circunstancias que ameritan esa hazaña.

En el país que aparecían cadáveres en las calles, no fueron pocos los retos a enfrentar para el intento de construcción de una nueva República alejada de aquella decadente y sin solución.

La vanguardia encabezada por un grupo de guerrilleros era el conjunto social en el que se personificaban las expectativas de muchos, y sobre todo, una alternativa a todo lo que era representado por Batista. En consecuencia con lo que de ellos se esperaba, actuaron.

La incógnita sociedad –hasta que se proclamara socialista— a la que la mayoría de los cubanos se habían sumado a construir, exigía de gran heroicidad, como mínimo el ámbito de la nación. Así lo demostraron los hechos demandantes del héroe cubano.

Aquel que apoyó la Reforma Agraria contribuyendo con su dinero; aquel casi niño que alfabetizó en lugares ubicados a miles de kilómetros de su casa; el que estuvo ahí en la nacionalización; el que defendió aeropuertos; el que luchó en Girón creyendo que vencía al yanqui; el dispuesto a todo en Octubre del 62; fue un héroe. Pero sobre la base de esos  momentos a pie de cañón –como un campamento— no se construye la nueva sociedad, como recordara Gómez  y otros que señalaron ese punto de fuga en el socialismo real.

Si bien ya con la Crisis de Octubre se llega a la cumbre dentro de la conformación –estabilidad— del sistema de ideas sobre la que se sostuvo la Revolución, el país necesitaba además producir alimentos, ropas, zapatos, industrializarse. La Revolución también debía hacerse en el reino de la cotidianidad, como lo era el entorno y la actividad laboral. Esfera, que ya en época de Girón mostraba rasgos negativos. Desde ese entonces, se dedicaron más fuerzas a combatir la indisciplina laboral que comenzaba a normalizarse, sobre todo el ausentismo.

El problema no era solo que el pueblo heroico desafiante del imperio era el mismo que podía ser tildado de contrarrevolucionario, sino que en la cotidianidad se mezclaran la adoración por los símbolos de héroe épico y de nación, con las malas prácticas laborales que revivían la casi enterrada leyenda negra del cubano. Dicha relación –antagónica o no—, dejaba como reto el más difícil de los heroísmos: el cotidiano. Solo con este, la Revolución podía cumplir la producción necesaria para sostenerse como proyecto.

A pesar de que hoy el ausentismo no es el mayor de los males de lo que a la dimensión laboral concierne, otros igual de dañinos a la obtención de eficiencia y eficacia productiva persisten, entre ellos, los asociados a la corrupción, uso indebido de recursos y el no cumplimiento de la norma laboral a pesar de estar físicamente en el trabajo –mutación posmoderna de aquel ausentismo—.

Arrastramos varios años donde lo que logró hacerse normal, fue ese conjunto de prácticas nada favorables a un proyecto nación más justa, tanto así, que su existencia son un secreto a viva voz.

Ante los llamados desde la máxima dirección del país, ahora no a eliminar el ausentismo –pero sí a una mayor responsabilidad ante el trabajo—, el reto sigue siendo el mismo de la joven Revolución de la que se afirma heredera: la transformación de la cotidianidad, de forma tal que esta devenga en una normalidad orgánica al proyecto planteado.

Cubanitos en travesía peligrosa

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peligrosa
Foto: REUTERS

Hace algunos meses, a mi barrio regresó de visita un joven que actualmente vive en Ecuador. Durante su estancia, incitó a sus amigos cubanos a lanzarse en una compleja y cuasi-aventurera travesía: “Compren pasaporte y pasaje y lleguen a Guyana, ya después la cosa es más fácil, nada más hay que cruzar para Brasil, puede ser por la frontera, y de ahí mismo sale un avión para Chile”; “En Chile la cosa está buena”. Más recientemente me enteré de que el hermano de un amigo había llegado a los Estados Unidos: “atravesó desde Ecuador todos esos países, después tuvo que esperar una pila de meses en la frontera de México, pero ya está en el yuma”, me cuenta alegremente.

Hace poco, me enteré por un artículo de Arturo López-Levy, de que varios congresistas norteamericanos, entre ellos Alexandria Ocasio-Cortez, sacaron a la luz la situación de algunas migrantes cubanas en centros de detención en los Estados Unidos. Se encontraron un grupo de mujeres, que habían sido puestas en una habitación sin agua corriente, donde se les dijo que debían beber agua del inodoro, y que se podrían bañar cada 15 días.

Es un viaje largo, repleto de peligros. Los migrantes cubanos atraviesan selvas y ponen sus vidas en manos de traficantes de personas. Se aventuran a cierres abruptos de las fronteras como el que ocurrió en Nicaragua en 2015. Finalmente, terminan esperando su turno para pedir asilo de este lado, nada menos que en Juárez, durante meses. Ciudad Juárez, una de las veinte ciudades más violentas del mundo, alberga a miles de cubanos, muchos de ellos viven en puentes, son extorsionados, amenazados, secuestrados. Son tantos, que los restaurantes de la zona han añadido el congrí y la chuleta de cerdo a sus menús.

Debería ser un lugar común que una República, mucho más una que pretende ser de los humildes, con los humildes y para los humildes, el preocuparse por el destino de todos los hijos de la nación allí donde se encuentren. Es cierto que venimos de una historia compleja de confrontación, en la que el exceso de pasión llevó a llamar a los que se iban “gusanos”, “escoria”, “contrarrevolucionarios”, entre otros epítetos degradantes. Pero esos tiempos quedaron atrás. Hoy el humanismo revolucionario ha permitido que se rectifique, y que migrar sea considerado un derecho de toda persona: la actitud coherente con esto, es cuidar en lo posible, de la suerte de los migrantes.

Lo ideal sería propiciar que la sociedad cubana estuviera en condiciones de ofrecer oportunidades a todos sus hijos, de tal modo que nadie o muy pocos sintieran la necesidad de migrar. Pero en la medida que eso no es posible, por muchas causas, entre ellas el bloqueo terrible que Estados Unidos impone sobre nuestro país, hay que ayudar a los cubanos que están migrando.

No podemos desentendernos de ellos.

El gobierno de los Estados Unidos muestra en el tema de la migración su habitual perfidia. Los utiliza contra Cuba, con fines políticos. Hace cualquier cosa, menos cumplir con los acuerdos migratorios que se lograron con Clinton. Ellos podrían hacer mucho para garantizar una migración estable y segura, pero no es de su interés. Con Trump les conviene tener esa caravana de cubanos atravesando la insegura Centroamérica; lo que evidencia «el fracaso del comunismo».

Es la hora para Cuba de mostrar su humanismo en un nivel superior. Significa realmente ir en contra de viejas mentalidades, pero podría manifestar su apoyo por esos migrantes. Utilizar su influencia diplomática sobre los gobiernos de la región para garantizarles a esos cubanos ciertas condiciones o al menos denunciar los maltratos o los atropellos. Tal vez se esté haciendo algo, fuera del dominio público, eso es difícil de saber: pero no es la percepción que se brinda.

La percepción es que los migrantes son dejados a su suerte.

Preocuparse y ocuparse por los migrantes es también pensar como país, pensar como nación. Que la mayoría de los cubanos opten por sostener un proyecto socialista, no significa que los que vayan a buscar otra vida económicamente superior en otras latitudes, en países capitalistas, dejen de ser cubanos. La República es de todos, incluso de los que no están conformes con el proyecto político de la mayoría, o de los sienten que la vida es muy corta, y que les irá mejor viviendo en los Estados Unidos.