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El extraño caso de una burócrata sincera

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Foto: Roberto Garaicoa / Mesa Redonda

Pocas veces la intervención de una viceministra ha movido tanto el pensamiento en Cuba como la publicada por Martha Mesa Valenciano, el pasado 8 de agosto. La actitud de “veladora de la fe” que asume esta funcionaria ?con un espíritu dogmático digno del Consejo Nacional de Cultura del Quinquenio Gris? ha provocado una ola de repudio en las redes sociales. Su error fue caer en un pecado imperdonable para un burócrata de su oficio: la sinceridad.

Desde que la burocracia floreciera en la naciente URSS y hallara en Stalin el  caudillo que la encumbrara a lo más alto, los burócratas asumieron modos de actuación que apenas han cambiado en un siglo. Entre ellos el de la subordinación estricta de los niveles inferiores a los superiores (verticalismo), que implica saber amoldarse, ser dúctil ante los superiores, no andar pregonando ideas propias.

Por tanto, el oficio de burócrata requiere, como una condición sine qua non, de cierta plasticidad del carácter. Rasgo difícil de encontrar en un intelectual verdadero, como deben ser los profesores universitarios. Estos han de ser mantenidos bajo control estricto, pero de forma tal que la censura sea indirecta, más bien una autocensura, no una burda prohibición.

El burocratismo como corriente de pensamiento tiene rasgos bien definidos: mecanicismo, falta de creatividad, rutina, obediencia, impunidad, inercia, corrupción, clientelismo, indolencia y secretismo. Por eso los burócratas aprenden a no decir jamás la verdad alta y clara.

El propio Stalin nunca se adjudicó una teoría propia, sino que presentaba sus ideas con el nombre de marxismo-leninismo para que sus concepciones y las de sus acólitos quedaran como una continuidad de las ideas de Marx y Lenin en las nuevas condiciones históricas.

En realidad, la burocracia socialista es la usufructuaria de los medios de decisión. Grandes transformaciones, tareas que involucran a todo el pueblo, inversiones del capital de todos y posiciones en política interna y externa de las que dependen los destinos de la nación, son consensuadas y decididas por la alta dirigencia burocrática. De hecho, ellos –los que saben— suelen pensar por el pueblo, del que solo esperan aclamaciones y alabanzas.

Les son aborrecibles la duda, el error, la opinión contraria, e incluso, la contradicción. Por ello, de manera general, la burocracia desconfía del sector intelectual y lo tolera con reticencias. En principio, engloba a los portadores de ideas críticas y novedosas con etiquetas peyorativas: disidentes, subversivos, renegados, inconformes, hipercríticos, partes blandas, francotiradores, centristas, etc.

De ahí que el buen burócrata nunca hable a título personal, sino siempre como representante de causas generales: el pueblo en general/el comunismo/la historia/la revolución/los intereses de todo el pueblo/la masa de trabajadores/los revolucionarios de ayer, hoy y siempre/las mujeres/los campesinos/la niñez y la juventud

En función de establecer la hegemonía burocrática se ponen todos los mecanismos del poder cultural socialista. Esos aparatos ideológicos convierten la hegemonía burocrática en el modo de vida compartido por todos los grupos sociales mediante la reproducción cultural a través de la enseñanza autoritaria, los medios timoratos, el partido centralizado y los sindicatos pro-administrativos.

La burocracia teme al poder de la palabra. De ahí que sepultara en el olvido la tradición de oradores famosos de los comunistas cubanos. Desde Mella hasta Fidel. La asignatura Oratoria fue eliminada en las escuelas del Partido y las vibrantes piezas de esta manifestación de antaño sustituidas por insípidos textos, siempre leídos y previamente revisados, rectificados y aprobados por los organizadores. De ahí el desespero actual ante las incontrolables redes sociales.

Hoy le toca a los cubanos y cubanas resolver aquella pregunta que nos legara Einstein sobre la sociedad socialista: “¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?”[1]

La viceministra responde con desfachatez: ni modo, derechos ciudadanos tendrán en el papel, los intelectuales solo podrán defender a ultranza las decisiones de la alta burocracia, sin críticas y con permanente optimismo.

Pero todos los que alguna vez hemos sufrido un revés personal en el enfrentamiento con el poder burocrático, terminamos lamiéndonos las heridas para matar el hambre y guardamos cicatrices del encuentro, sabemos que eso también tiene su encanto. El de recordarnos, de manera permanente, que ese régimen hegemónico no es la sociedad libre y democrática por la que tanto se ha luchado durante siglos y que la revolución antiburocrática está todavía por hacer.

[1] En “¿Por qué socialismo?”, Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949, en http://www.rebelion.org/opinion/030618einstein.htm

Hablando claro

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claro

En el año 2016 fue noticia la negativa de la Universidad de Ludwig Maximilian (LMU) a la solicitud del joven alemán Kerem Schamberger de realizar su doctorado. La medida era puramente política y respondía a un decreto de 1972, en plena guerra fría que dice que toda persona que pretenda trabajar en el sector público debe tener una aprobación del servicio secreto alemán, para evitar el radicalismo.

Schamberger es comunista y a pesar de que el partido comunista alemán es legal, está controlado por la Oficina Federal de Protección Constitucional, que lo califica como extremista.

Por estos días han generado mucha polémica las palabras de la viceministra primera de Educación Superior en Cuba y razones no han faltado porque realmente fueron -cuando menos- desafortunadas sus declaraciones. Sin embargo, leyendo algunas de las críticas debo aclarar que no me distancio del todo, más bien sugeriría algunos cambios:

Donde dice:

El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario.”

Yo diría:

Aun cuando un profesor no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, siempre tendrá un espacio para ejercer su profesión y participar en la formación de las nuevas generaciones, respetando la decisión de la mayoría, de mantener y mejorar nuestro proyecto social.”

No hay razones para disfrazar nuestras intenciones. La derecha no lo hace cuando utiliza el Lawfare para encarcelar sin pruebas a los líderes de izquierda. No lo hace la prensa corporativa cuando se convierte en un partido político a favor de los más adinerados, que en definitiva son quienes la controlan. Tampoco los extremistas en Miami cuando impiden la actuación de un artista cubano porque no se opone públicamente al gobierno cubano o linchen mediáticamente a alguien solo por criticar el bloqueo norteamericano contra nuestro país.

En Estados Unidos el FBI visitó a cubanos residentes en ese país que apoyan públicamente la normalización entre los dos países. La intención era enviar un mensaje a Cuba de que estaban vigilando a sus espías en ese país. Los medios de prensa de Miami lo presentan así, con total normalidad. Si las autoridades cubanas visitan a algunos de los “disidentes”, los titulares serían de acoso, violación de derechos, etc.

En nuestras universidades no habrá nunca espacio para la contrarrevolución. No debemos tener el menor temor de expresarlo públicamente. Lo que no es lo mismo que decir que para estudiar en una universidad cubana hay que ser revolucionario.

No se establecen límites para la entrada de un joven a la universidad. El examen es el mismo para todos y luego una comisión de anonimato se encarga de doblarlos de forma tal que quien califique posteriormente no sepa ni el nombre ni la procedencia del estudiante. Las notas se hacen públicas y los estudiantes tienen derecho a reclamar.

La entrada a la universidad entonces depende únicamente de la capacidad del estudiante, pues en ningún momento se le pregunta si es revolucionario o no para otorgarle una carrera universitaria.

He estado en reuniones con estudiantes donde algunos han dicho que el socialismo es inviable, recuerdo incluso a uno que dijo que se le debía dar un chance al capitalismo a ver si es mejor. Sus propios compañeros fueron los que le aclararon que el capitalismo que le tocaría a Cuba no sería el canadiense o el europeo sino el mismo que tienen los países de América Latina, con sus grandes desigualdades.

Conozco profesores que profesionalmente son excelentes sin embargo no los verás nunca ni en la inauguración de los juegos deportivos de la universidad –mucho menos en el desarrollo del evento- y tampoco en la marcha del Primero de Mayo. Ninguno de ellos tiene problemas y gozan de todos los derechos.

No hay que ser revolucionario para estar en la universidad, pero no se puede hacer contrarrevolución en la universidad. ¿Qué es contrarrevolución? Ahí es donde pueden surgir, y surgen,  los problemas . A veces, por exceso de entusiasmo de algunas personas, otras por desconocimiento e incluso por mala fe, se pueden cometer injusticias.

Cualquiera que pretenda convertir nuestras universidades en un espacio para promover los intereses del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba estaría haciendo contrarrevolución y no debe ser admitida. Algunos dirán que decirlo así, a rajatabla, no es políticamente correcto, pero no tenemos razones para ocultarlo.

Criticar lo mal hecho y denunciar a los culpables, sean quienes sean, es un derecho y un deber revolucionario. Cuente conmigo entonces todo aquel que sufra una injusticia.

Habrá reunión en la Universidad de Oriente

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Foto: Caribbean News Digital

Habrá reunión entre los «factores» de la Universidad de Oriente (UO), mi experiencia me permite profetizar. Los compañeros del nivel superior, después de una larga introducción en la que argumentarán la tradición justiciera de la Revolución, alertarán acerca de «una campaña de linchamiento a los funcionarios estatales y dirigentes administrativos, provenientes de los enemigos de la Revolución Cubana, orquestada desde Miami, con el dinero de la FNCA y la USAID»…

Apelarán a los sentimientos patrióticos y auténticamente revolucionarios. Colarán frases como «no se dejen engañar», «no podemos ser ingenuos», «es la Revolución lo que está en juego, compañeros»…

Y cuando crean que ya el joven militante, la muchacha de la FEU, tengan un nudo en la garganta, vendrá la amenaza velada: «¿Vamos a permitir que una campaña orquestada desde la mafia anticubana nos divida?» «¿Vamos a permtir que nos recojan firmitas para intentar el linchamiento virtual de un abnegado cuadro de la Revolución?» ¿Vamos a dejar que nos confundan a algunos compañeros valiosos de la FEU de Mella, de José Antonio Echavarría, de Fidel y Raúl?»

Habrá reunión. Esta semana. A más tardar a inicios de la próxima. Y habrá elecciones en la FEU y….

Pero cuidado, que puede que, en unos días, LO QUE NO HAYA SEA CREDIBILIDAD NI MORAL, y eso sería peor para la Revolución que un bloqueo imperialista total por aire y mar. Sé que habrá reunión. ¿Habrá moral?

Miami in a bubble

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Miami
Photo: El Nuevo Herald

Who’s living in a bubble? Is it Havana or Miami? The question now gains relevance in light of the media campaign orchestrated against actor Fernando Echevarría, initially for appearing in a TV advertisement denouncing the Helms-Burton Act, and now for visiting Miami. It would seem that many are sore about the simple fact that the Cuban government has the capacity, the means and the support of professionals in order to articulate a response to aggressions. Deep down, the old dream of packing the bags to return to a capitalist Cuba still lingers.

It’s incredible that, in the era of the Internet and telecommunications, geography should have so much influence on the way of thinking. They think one thing in Miami and a different thing in Havana. With one difference: the island is the real country; the one progressing, or collapsing, or both. The ‘other Cuba’ in Miami is built on foreign soil, and by natural law can only be sustained in the popular imagination. Some may be sore about this, but that’s the way it is.

I’ve always found surprising how quickly those who live outside of Cuba –and especially in Miami– change their way of thinking. It’s like they were abducted by the ideological machinery of capitalism. Many come back considering obvious what they always deemed absurd in Cuba. But that ‘other’ worldview does not penetrate the island easily. The common sense of the Cubans in the island continues to have unshakeable certainties; because they are an organic product of the society they live in and are a part of.

An example of that is the blockade, that is, the Helms-Burton Act. Many in Miami have ended up approving that measure and deeming it necessary. It seems to be something in which they need to go the whole nine yards. But in the island common sense is overwhelmingly against the Helms-Burton. Everyone wants to return to the path of relatively peaceful coexistence and economic progress that was glimpsed under Obama’s administration.

To the prevailing mentality right now in Cuba, Fernando Echevarría’s TV ad is perfectly understandable. Perhaps some don’t like it from the artistic point of view. There will always be people who consider some of its lines excessive. However, few could disagree with the general message. Almost nobody here supports the blockade. And almost nobody would consider the participation of a Cuban actor in such material reprehensible or ethically questionable.

The wish to direct the Cuban historical process from the US seems to me, as I’ve said elsewhere, an absurd and criminal idea. And it’s not just a personal view: by now many here ask themselves why those who promote rebellion so vehemently from the other shore don’t come over to topple the government themselves. It’s very easy to behave uncompromisingly when you’re fairly away from danger.

Another thing which I’ve always found curious is how, in the last few years, the accusations made against the Cuban government seem to come not from advocates of capitalism, but from radical left-wing groups. Critics say there’s no food and that houses are collapsing. However, the norm in capitalism is that neither of those two things is a given right. Go ask the Puerto Ricans. The only system which guarantees the right to food and housing is socialism. So, are they proposing that we build a more perfect socialism?

Obviously, it’s all demagogy and hysteria.

Of course, Cuba and its social system have as many contradictions as there are cracks in an Old Havana tenement. But, if there’s one reason why inequalities and social ills have emerged, it’s because the government has ceased to be orthodox in its egalitarianism and has allowed room for the market. That is to say, Cuba, out of pragmatism, has moved closer to capitalism. And when social consequences surface, the defenders of staunch capitalism tear their hair out?

Their favorite accusation against the Cuban government is that it’s totalitarian; however, it’s them who expect lately that, in their territory –i.e. the US or Miami–, everyone should think as they do. They want to see the artists who live in the island expelled or censored. At the present time, by attacking Echevarría for visiting that city, they imply that those who do not think like them shouldn’t have the right to be there. Apparently, so much fighting against totalitarianism made them totalitarian.

Anyway, there are too many absurdities for my humble understanding. The most sensible attitude of all so far has been Fernando Echevarría’s, who has ignored the media commotion. And to those who still strive to impose their worldview on an entire nation, I have only to wish them luck in their impossible mission.

(Translated from the original)

The dark side of migration

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Photo: Infobae

With her face covered so it won’t show on camera and her voice faltering with grief, a Cuban young woman of only 22 years of age retells her hellish journey of migration to reach the ‘American dream’. Along with other women, men and children, she left Havana legally for Guyana, and their nightmare began when they set out on the ‘Central American route’ heading north. After much labor, accompanied by the pushes and shoves of several coyotes, they managed to get to Mexico. Turned into merchandise and exposed to all sorts of outrages, their lives depended on how much their nearly gringo relatives up north were willing to pay. She made it, but she didn’t hear about the rest…, she was too afraid to look back.

In Cuba, illegal migration is not a new phenomenon. Illegal routes have fluctuated depending on measures, policies and historical situations. In January 2017, the Barack Obama administration cancelled the ‘wet feet, dry feet’ policy. Along with that, the Department of Homeland Security announced a package of measures related to the issue of migration which constituted important steps to ‘guarantee regular, safe and organized migration’. However, illegal migration persists. Migratory routes have changed gradually, and hundreds of Cubans have been deported from countries in Central and South America and from Mexico for being illegal immigrants. Because of illegal human trafficking, some have not lived to tell their stories, and others are stranded in a sort of legal limbo in several parts of Mexico.

According to BBC News Mundo, Cuidad Juarez has become crowded with a multitude of migrants swarming in its streets. The renowned news portal informs us about the policy established by the White House that those seeking asylum in the US should wait in that Mexican city until they are called north of the border, depending on their turn in a list which, in mid-July, had over 17 000 names.

The United Nations General Assembly has requested the cooperation of involved states and international organizations in order to improve the governance of migration and generate policies which lead to a legal course providing for the ‘human rights perspective’; however, this hasn’t been observed in an optimum way. On the other hand, Donald Trump’s government creates new barriers for legal migration to the United States. The regulations are based on denying visas, permanent residency and citizenship to those legal migrants who may become a ‘public charge’. The foreigners who want to reside in the North American country must be able to support themselves, for the aid programs provided by the State should be reserved for nationals. Some sectors of American society have shown their disagreement with the above-mentioned measure, such as New York’s Attorney-General, who has considered it ‘yet one more example of his Administration turning its back on people fighting to make a better life for them and their families’, according to BBC News Mundo.

As Dr. Ana Elizabeth Villalta Vizcarra —a member of the Inter-American Juridical Committee— well says, the reasons for migration at a worldwide level can be ‘multiple, complex and heterogeneous’, but in the case of Latin America and the Caribbean, the ‘economic factor constitutes the main cause, as well as the development gaps between the country of origin and the country of destination, the imbalances in the labor markets of our countries, and the natural aspiration of people to overcome poverty and inequality.’

The North and the South —seen in their entirety as social and political realities in the style of Roberto Fernández Retamar— have been structured through historical, socio-economic, cultural and political relations, where the pairing wealth versus poverty has played a fundamental part. The inequalities between the so-called developed and underdeveloped countries widen excessively, and each day a greater number of people live in a situation of poverty.

That’s the way things are with the gaps between the North and the South —the dark side of migration. The organized crime networks fill their pockets at the expense of innocent lives who, in search for desires, illusions and hopes, put their lives at risk striving for an uncertain and unknown fate.

(Translated from the original)

La Cuba que queremos

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La Cuba


Por: Álvaro Francisco Pixá (Lic. en Derecho) e Ismael Tamayo (Lic. en Filosofía)

Hace varios días fue publicado por la Viceministra Primera de la Educación Superior, Martha del Carmen Mesa Valenciano un texto donde expone sus criterios de lo que debe ser un profesor universitario.

También circulan en las redes sociales y diferentes publicaciones, artículos que dan respuesta a la Viceministra, que, en su variedad de tonos, argumentos y estilos, demuestran la indignación generada en la ciudadanía y el gremio de los profesores universitarios ante la desacertada, limitada y autoritaria visión de la funcionaria. En ellos es evidente la preocupación de que tal documento sea la base de la política a seguir en las instancias del sector universitario.

Somos egresados de las carreras Filosofía Marxista y de Derecho de la Universidad de Oriente (UO), y estudiamos en dicha institución en los cursos comprendidos entre el 2011 y 2016, lapso en el que también realizaban en esta universidad sus labores administrativas y educativas la mencionada funcionaria Mesa Valenciano y el profesor Rene Fidel González García.

Como estudiantes y presidentes de la FEU de nuestras facultades, tuvimos la oportunidad de trabajar directamente con la actual Viceministra, otrora Rectora de la UO, y conocemos en alguna medida sus métodos de trabajo y actitud ante cuestiones pretendidamente “ideológicas”.

Al profesor René Fidel lo conocimos en el año 2011. Impartía la asignatura Historia de Estado y el Derecho y era el Profesor Principal del primer año de Derecho. Todo amor al magisterio y ternura intelectual, su presencia aglomeraba diariamente decenas de muchachos de toda la universidad en “el muro” de la Facultad antes y después de culminar sus clases.

Intachable como profesor y republicano confeso, a no pocos nos enseñó con su actitud diaria, su honestidad y respeto a las ideas de los otros, como su compañero y maestro Fernando Martínez Heredia, a sentir orgullo de ser comunista. Formaba valores dentro y fuera del aula.

Buscado por generaciones de dirigentes de la FEU de la Facultad de Derecho, y de la Universidad, a los que acompañó por su trayectoria anterior como dirigente estudiantil, era también miembro del Comité del Partido de la Universidad y un prestigioso integrante de la UNEAC en Santiago de Cuba, cuyos libros sobre ciudadanía y conferencias públicas, eran seguidos.

Si ahora escribimos es porque nos constan los nefastos resultados que tendrá la implementación de las ideas escritas por la actual Viceministra: René Fidel ya no es profesor de la Universidad.

A espaldas de sus estudiantes, de su núcleo del partido, de su sindicato, esa misma funcionaria que ahora se pronuncia regodeándose en su enorme poder, solicitó y obtuvo del Ministro de Educación Superior el despojo de la condición de Profesor Titular, y la de profesor, de nuestro maestro.

No reparó en medios para ello. Incluso, cuando la Decana de Derecho se negó a acceder a sus pretensiones después de meses de presiones la removió de su cargo.

Cuando fracasó su intento de cuestionar el carácter revolucionario de los artículos de nuestro profesor ante el abierto respaldo del claustro y el núcleo del PCC, indicó entonces a quienes ocupaban el cargo de Presidente de la FEU y de Secretario de la UJC en la Universidad, leyeran y dieran a firmar a cerca de ocho Presidentes de Brigadas de la FEU y Secretarios de Comité de Base de la UJC reunidos bajo el fantasma de la subversión, una “declaración de repudio” al profesor y sus artículos de intelectual revolucionario redactada  por ella misma y el nuevo Decano.

Cuando no pudo evitar que algunos de esos mismos estudiantes rechazaran de inmediato el contenido de la “declaración” por difamatoria y falsaria, dio entonces instrucciones para mentirles ya sin límites diciéndoles que el profesor era un agente de la CIA, un mercenario que recibía dinero por sus publicaciones, y ni así consiguió que firmasen todos el documento que luego el Ministro habrá recibido como evidencia de la pérdida de prestigio del docente y cuyo contenido, sólo se conoció porque el propio René Fidel, exigió se hiciera pública ante la organización partidista y el claustro de la Facultad.

¿Qué pérdida de prestigio social sería esta que tenía que ser mantenida en secreto?  ¿Acaso es lo mismo difamar y atentar impunemente contra el prestigio de una persona desde el poder que tomar en consideración hechos que así lo ameriten? Con vergüenza recordamos perfectamente que cuando incluso sus nuevos alumnos, a los que apenas les había impartido unos pocos turnos de clases, preguntaron con insistencia por él después de su salida, la respuesta cobarde y falaz que Luis Alberto Pérez Lody, el nuevo Decano y otro funcionario docente dieron, fue que se encontraba fuera de Cuba en viaje de trabajo.

Estos no son los métodos de la Revolución, los que nos enseñaron nuestros profesores, pero sí los que empleó e impuso esta funcionaria. Entonces ese es su prestigio social entre nosotros. ¿Soñará ella con ser Ministra y privar de la condición de profesor a todos los que enseñan en Cuba en pensar como hacía y aún hace René Fidel?; ¿con hacer desaparecer en el país, como lo hizo a base de cuestionamientos y objeciones con el Foro Social Universitario: Juventud y Revolución, cualquier espacio de reflexión profunda que reúna a los jóvenes universitarios?; ¿acaso con desatar el oportunismo y el arribismo para exhibir la limpieza de sangre ideológica de nuestros profesores? ¿con repetir la bestialidad de la parametrización?

Fuimos pacientes mientras nuestro profesor nos daba a todos una clase más de civismo activando sus derechos como ciudadano aunque recibiese el silencio como la única respuesta de las instituciones y los funcionarios que violan nuestra legalidad al no responderle.

Le respetamos y apoyamos, testimonio de ello son nuestras fotos rodeándolo con sus compañeros del claustro en presentaciones de libros y otras actividades en la que ha participado. Pero ya basta, tenemos que hacer más.

Algo muy cierto escribió el Profesor René Fidel a Silvio Rodríguez en su blog Segunda Cita, lo más grave es que estamos siendo defraudados. Por proteger los actos ilegales de esta funcionaria y del Ministro de Educación Superior, oportunamente denunciados por nuestro profesor, están violando todo en lo que creemos. ¿Acaso las leyes son nada más para ser cumplidas por nosotros los ciudadanos? ¿Qué ha cambiado en la Revolución que se pueden producir abusos de poder y atropellos impunemente? ¿Cómo es posible una vez que se haya puesto en marcha la maquinaria judicial, detenerla y dejar desprotegido un ciudadano?

No tiene, ni tendrá alguna vez justificación, que la Fiscal General de la República, e incluso el Presidente de nuestro país, violen los plazos de respuesta del Derecho a queja y petición que le concede a nuestro profesor y a todos los ciudadanos la Constitución.

Esto no es una patraña del enemigo, nos consta y es desgraciadamente público para todo el país.

Queremos que René Fidel vuelva a nuestra Universidad, a nuestra Facultad de Derecho, que formalmente se le devuelva su condición de profesor que no ha hecho más que honrar, necesitamos a los hombres cultos y de bien que, como él, confirman sus credos con la virtud martiana de la consecuencia, pero queremos también que se respete el Estado de Derecho. Esto es para nosotros, lo único revolucionario y decente. Es la Cuba que queremos.

Pulmón ardiente y voluntad paralizada

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Foto: BBC

El mundo entero clama ante las imágenes impactantes de la calcinación de millones de plantas y animales por los incendios que asolan la Amazonía. La mezcla entre el interés económico más egoísta, el oportunismo político y la cobardía generalizada consume sin remedio el llamado pulmón del planeta ante la mirada asombrada de los aliens que nos observan.

Aunque Einstein considerara que la estupidez humana parece ser lo único infinito, siempre me he resistido a la idea. La cuestión es que los llamados a la cordura y al instinto de conservación que han hecho muchos –desde el siglo XIX hasta la actualidad— encuentran oídos sordos ante el interés superior de la maximización de la ganancia que impone el capitalismo trasnacional hegemónico.

En otras palabras, la acumulación desenfrenada del capital trasnacional marcha a ritmos mucho más rápidos que la reproducción de los recursos naturales que devora. El planeta se agota irremediablemente y las condiciones materiales de existencia de la vida se esfuman en esa Boca de Sauron. Hoy, solo un milagro en forma de lluvia podría salvar a la Amazonía de la desaparición.

Si eso no ocurriera perderíamos un cuarto de la capacidad planetaria de producir oxígeno. Junto con ella se extinguirían miles de especies animales y vegetales, se afectaría toda la atmósfera por la colosal humareda y los países involucrados perderían inmensos recursos madereros. Si el milagro llega tarde los ecologistas radicales seguidores de la Hipótesis de Gaia dirán: “Esto es solo el comienzo del reacomodo planetario ante la injerencia destructiva de los humanos”.

Tras secar las lágrimas por las heridas tremendas a la Pacha Mama sería bueno ir a las causas principales del problema y entrarle con la manga al codo a su eliminación. Basta de hipótesis catastrofistas, llantos hipócritas y rezos colectivos: esto es una cuestión política y su solución definitiva hay que encontrarla en esa esfera.

Ya hoy los medios y las redes encontraron un culpable, Jair Bolsonaro, y un superhéroe, Enmanuel Macron. El escenario está listo para que el anfitrión de la Cumbre del G7 se luzca como salvador del planeta y promotor de un capitalismo de rostro más humano frente a los trogloditas Trump y Bolsonaro y la amenaza ambiental que representa la expansión industrial de una potencia como China.

Realmente ambos –por más que nos pese? son presidentes electos democráticamente que están cumpliendo con promesas hechas en sus programas de gobierno, apoyadas por millones de votantes en esos países. Todos ellos son culpables de lo que ocurre hoy. Si tanto rezaron los evangélicos brasileños por el triunfo de su Mesías, veremos si tienen el mismo éxito en apagar el fuego amazónico.

Macron ha hecho una movida política digna de un druida galo. De represor de los Chalecos Amarillos ha devenido en campeón del planeta. Lo cierto es que Francia, como todas las potencias colonialistas e imperialistas actuales, tiene gran responsabilidad en el saqueo y destrucción de los recursos naturales mundiales y en la imposición de un modelo económico depredador en áreas donde las comunidades vivían en equilibrio secular con la naturaleza.

No es fortuito que tanto Jair como Donald sean creacionistas, incrédulos ante el calentamiento global, repudien los tímidos tratados internacionales de protección del medio ambiente y desprecien al pensamiento ecologista más que al terrorismo y la venta de armas de guerra. Es que su tarea como políticos es quitarle cualquier retranca al capital global en su carrera consumista, en primer lugar, las ecológicas.

Minerales, animales y plantas son materias primas para el enriquecimiento capitalista. Hoy lloramos ante el incendio amazónico, pero en las hogueras de la industria moderna se consumen aún más recursos de manera innecesaria. Solo un gran acuerdo mundial para detener esa acumulación a costa del planeta podría salvarnos de la extinción.

Más oxígeno que los árboles amazónicos producen las algas y el plancton oceánicos y lo destruimos con la contaminación y el calentamiento global. Al ser la base de la cadena alimenticia en el mar su escasez provoca la muerte de miles de ejemplares de la fauna marina y mata más ballenas que los pescadores japoneses.

Es hora ya de establecer acuerdos mundiales que limiten el saqueo de la Tierra por los humanos sometidos al frenesí consumista del capital. Los derechos de la humanidad, de los seres vivos y del planeta entero tienen que imponerse ante los supuestos derechos individuales de unos pocos a maximizar las ganancias por encima de todo y de todos.

Ojalá la quema del pulmón del planeta obligue al cerebro político mundial a la toma de decisiones impostergables. Esto parece ser solo el principio, pero no sé si del fin o del recomienzo.

Macartismo, emigración patriótica y la burbuja en Miami

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macartismo
Foto: jpellgen (Flickr)

Sugiero leer el artículo «Miami en una burbuja» que expresa una percepción desde Cuba, bastante compartida, sobre la barbaridad macartista de montarle una campañita al actor cubano Fernando Echevarría por simplemente tomar la postura digna de oponerse a la ley Helms-Burton, que hasta los abogados del Departamento de Estado consideraron en su tiempo ilegal y violatoria de la soberanía cubana y de terceros países. Aquí va mi comentario:

El artículo contiene muchas verdades sobre una parte importante del exilio cubano, por cierto, no solo del histórico. Hay una serie de revolucionarios descontentos con la propia revolución, jóvenes y no tan jóvenes que arribaron a EE.UU en las últimas décadas que muestran mucha pasión u obsesión —para usar la palabra de Orestes Hernández Hernández— en limpiar su historial de «comedidos» y «obedientes» en Cuba no siendo contestatarios contra los nuevos mantras aquí, sino contestatarios y radicales contra lo que hay en Cuba. Han cambiado el software de a quién adorar y a quién vilipendiar, pero lo de comedidos para los cercanos y agresivos y sin ley ni escrúpulos contra los que discrepan se mantiene.

Le veo sin embargo al artículo dos problemas:

El primero, la falacia de convertir la parte en el todo. El segmento denunciado es un grupo grande, hasta mayoritario según encuestas en ocasiones, —recordemos que hay unos cuantos que quieren quitar el embargo porque no funciona, pero ante la pregunta de una posible invasión militar a Cuba, y ahora a Venezuela, para quitar a los gobiernos respectivos, dicen sí— pero no es el todo. Me ha ocurrido que le he mencionado a alguno el derecho internacional y contestan que les importa un bledo, sinceridad que se agradece, pues no hay derechos humanos sin derecho internacional, y aclaran su condición de anticastristas, no demócratas.  Ahora, y repito, está muy lejos de ser el todo.

Segundo, es en el resto donde esta una división importante que el artículo pasa sin tocar. Hay mucha gente que te dice que no le parece bien el embargo, ni la ley Helms-Burton justa ni apropiada, pero no tira un hollejo para que se quite. Por cierto, también entre las últimas camadas de emigrantes abundan. No es que no les importe Cuba, están más que informados o mal informados sobre lo que pasa en la Isla. Los hay que hasta te cuentan cómo se han repatriado para no perder las ventajas en un futuro país reformado o cambiado, pero no muestran disposición alguna a hacer nada por poner en una senda constructiva las relaciones entre Cuba y la gran potencia a noventa millas de sus costas. Esos cubanos existen desde la época del Padre Varela que era bastante realista en juzgar «el alma del negocio» de sus compatriotas. En aquella época Varela podía decir que España tenía políticas para quitar al criollo su sentido de pertenencia, pero ¿ahora?

Que me disculpe Yassel Padron Kunakbaeva, pero Cuba como tantas otras comunidades construidas —si toda la idea de pertenencia a una nación tiene una carga de construcción intersubjetiva a partir de una narrativa común— no puede partir hoy de dicotomías dentro/fuera que ignoran la transnacionalidad. Cubanos hoy, gracias a muchos sacrificios, van y vienen, viven entre la Habana, Holguín, Miami, México y también Madrid, entre otras ciudades y países del mundo.

Lo que quiero apuntar es que si el centro de la nación está por naturaleza en la Isla, ese centro es cada vez más poroso a pesar de los que les encantaría la idea en los dos lados de la separación. La emigración es parte indisoluble de la nación y es además un error político empujarla afuera, para los que como él, quieren acabar con las políticas inmorales, ilegales y contraproducentes como la ley Helms-Burton. No se puede reclamar la centralidad de Cuba, su gobierno y sistema político en el manejo de los asuntos nacionales, sin referirse a las responsabilidades que vienen convoyadas con ella.

Un Varela que se despierte en el siglo XXI, no puede decir que los cubanos que hoy llegan desde la Isla, convencidos que el embargo es criminal, y no hacen nada por quitarlo o incluso se identifican hasta en el interés de castigar al gobierno cubano a través de actos contra el país son resultado de que España no deja educar bien a los cubanos. En una construcción imaginada, como el patriotismo siempre es –repito— riesgoso imponer un relato en el que la única manera de ser patriota es identificarse con un partido político, un gobierno específico o una ideología.

Hay quien dice «si esa es Cuba, no quiero ser parte de ella». Lo cual es una respuesta en la cual el cubano recién llegado, no necesariamente una mala persona, ni un desarraigado, decide,  autoexcluirse de la competencia de narrativas por lo que Cuba es.  Obvio que en esa decisión cada cual es responsable y vivirá con su conciencia, si un día, Dios no lo quiera, por los errores, desidias y hasta pillerías de los cubanos o  las lógicas del poder internacional, en las cuales el imperialismo es opción viva y coleando, una invasión militar a Cuba o un colapso del estado cubano ocurriese.

Sin embargo, al margen de lo personal, hay razones estructurales que conviene indagar desde la centralidad para la isla que se reclama. ¿Por qué un número tan alto de compatriotas llega a Miami –como dice Yassel Padron Kunakbaeva— y adopta los mantras dominantes sobre Cuba en esa ciudad que son por cierto más intolerantes y hasta contrarios a los pilares de la cultura liberal estadounidense de la primera enmienda? ¿No habría que revisar lo que pasa en el país desde el que migraron apenas unos meses o días atrás en términos de ordenamiento político —que reproduce continuidades dolorosas entre militantes comunistas y anticomunistas— y formación patriótica?