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La educación cubana y sus retos

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Medios oficiales y alternativos han publicado disímiles noticias sobre el tan esperado aumento salarial del sector presupuestado en Cuba. Particular atención ha tenido el impacto que la medida provocó en la labor del magisterio a todos los niveles, una de las profesiones más deprimidas en la sociedad cubana actual. Un acto de justicia para maestros y profesores, cuya entrega incondicional ha estado presente, a pesar de sinsabores, ilusiones rotas y sueños que cumplir.

Mientras continuaba el éxodo de maestros hacia sectores mejor remunerados –dentro y fuera del país—, aumentaba el descrédito social por la labor del profesor y la desmotivación hacía mella en no pocos maestros que se mantuvieron incólumes en colegios y universidades.

El Ministerio de Educación aplicó medidas paliativas –como envío de profesores jóvenes de oriente hacia occidente, graduación de planes emergentes y utilización de estudiantes universitarios para suplir el déficit en las aulas, entre otras— que no solucionaban el problema de manera definitiva. No se atacaban las causas que permitieran extirpar el mal de raíz.

Desde hacía bastante tiempo, el gobierno y los economistas en Cuba se debatían en una contradicción que parecía no tener fin. Algunos consideraban que el aumento salarial al sector presupuestado era insostenible sin el respaldo de la producción nacional en determinadas ramas de la economía, y otras tesis defendían que impactaba en lo ideopolítico y era una cuestión impostergable para la sociedad cubana.

Durante mucho tiempo los maestros tuvieron que implementar sus estrategias para sobrevivir; de ahí que la ansiada medida constituía una necesidad, pues sus niveles de ingresos estaban por debajo del aporte e impacto social.

salario cuba

El retorno de miles de profesores a las aulas constituye uno de los resultados tangibles del aumento salarial en Cuba. Fuentes oficiales reconocen que más de 8 mil profesores se reincorporan a este curso 2019-2020, lo que representa una cobertura escolar superior al 90%. Sin dudas, esas cifras posibilitarán el cumplimiento de las plantillas en muchas escuelas y municipios –situación no vista desde hacía varias décadas— y el aseguramiento de la calidad en la Educación Cubana.

La medida representa una forma de reconocimiento social a los trabajadores del sector educacional, lo que constituirá un incentivo para los estudiantes que acceden a la Educación Superior, impacto que se verá reflejado en el incremento de la matrícula a las carreras pedagógicas. No podemos soslayar que los bajos ingresos a esas carreras universitarias eran resultado del desprestigio del sector educacional y la poca apreciación con que era percibida por la sociedad la labor del magisterio.

Justo en momentos en que se adoptan políticas para la restricción de importaciones y búsqueda del incremento de las exportaciones, la medida ha provocado un significativo impacto en la sociedad. Sus resultados han sido palpables y hubiera atenuado el éxodo de los profesores de haberse aplicado en otro contexto histórico, pero no nos dejemos llevar por los cantos de sirenas.

La medida en sí misma no cumple todas las expectativas si no se solucionan otros problemas materiales que afectan a los sectores más deprimidos de la sociedad cubana. Me refiero a cuestiones muy sensibles como: la vivienda, el calzado, la alimentación, la vestimenta, entre otros. El aumento salarial representa un alivio, es cierto, pero no soluciona el problema de manera definitiva, cuestión reconocida por el propio presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Si importantes resultan los cambios de tipo material, el sector de la educación necesita con urgencia transformaciones sustanciales en la dirigencia de sus ministerios. Entre «miedos, medios y modos», los anticuados métodos de la burocracia no han cambiado en los últimos años y los niveles de impunidad han traspasado los límites.

Si bien se han criticado en las redes sociales las parrafadas plagadas de imperfecciones de la Viceministra Primera de Educación Superior en Cuba, retomo el tema porque me preocupa que el aumento salarial sea tomado como una condición sine qua non para imponer formas de pensar, apegadas a encasillamientos pusilánimes que fragmentan a la sociedad cubana.

Por su parte, la Ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez Cobiella, publicó en su cuenta en Twitter: «Los que no viven en Cuba no tienen derecho a criticarnos». Como le respondí en aquel momento: «Solo deberíamos preguntarnos: ¿sin la crítica estuviéramos aquí hoy?

Reflexionemos sobre la importancia de la crítica, y quitemos el adjetivo constructivo. La crítica a secas, a la que no debemos temer los que llevamos en el corazón, las conquistas del maestro». Los que hoy vivimos fuera de Cuba también aportamos mucho mientras estuvimos allí, somos tan cubanos como las palmas y nada ni nadie nos quitará el derecho y el deber de desear lo mejor para nuestro país.

Mejor tarde que nunca

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Foto: Mesa Redonda

La mayoría de las carreteras en Cuba son un desastre: baches, badenes, irregularidades en los bordes, deficiente señalización horizontal, sin barreras en los cruces a nivel, animales sueltos, hasta una silla escolar en medio de la Vía Blanca encontré una vez.

Las patrullas son tan predecibles que cualquier chofer habitual sabe dónde se “esconden”. No hay un sistema automatizado para detectar violaciones del tránsito como en Europa. Eventualmente los medios informan de las acciones ejecutadas por la Comisión de Vialidad y Tránsito: aumento de las cifras de multas, retiros de licencias, etc. Por televisión nos han tratado de convencer de que ya no es posible obtener un certificado técnico con el carro defectuoso.

A pesar de ello, hasta junio de 2019 en Cuba perdía la vida por accidentes de tránsito una persona cada doce horas y se reportaba un lesionado cada 30 segundos. Tal estadística negativa probablemente haya aumentado, este último trimestre hemos tenido como promedio un accidente masivo cada 22 días.

Sin menoscabar los problemas arriba señalados y sin tratar de minimizar un ápice la responsabilidad gubernamental en su resolución; el dato espeluznante es que en 9 de los 10 accidentes masivos en Cuba, han existido por lo menos dos causantes atribuibles a la responsabilidad del chofer —incluso siendo muchos de ellos profesionales—, o sea, dos violaciones graves de la Ley de Tránsito.

Las más frecuentes: el exceso de velocidad respecto a las condiciones reales de las calles o carreteras, el adelantamiento indebido y el irrespeto al derecho de vía. Otra causa que en ocasiones genera alguna de las anteriores, es el cansancio acumulado. Se demuestra por estudios psicométricos que la fatiga genera ansiedad, lo que vuelve al chofer imprudente, incluso sin quererlo.

Un accidente de tránsito suele ser el suceso del día en la localidad donde ocurra. Mientras mayor cantidad de personas afecte, mayor será el impacto territorial que produzca. De los 150 conductores profesionales con los que he conversado, 148 aseguran que un siniestro en la vía hace que ellos extremen las medidas de precaución, pero solo los dos o tres días siguientes; porque el tiempo pasa y pronto lo dejan de lado.

Es verdad que después nos olvidamos. Y muchos vuelven a la “normalidad”, andan a más de 90 Km/h en tramos en mal estado, o salen sin una buena revisión técnica”, me cuenta Moralito, quien lleva más de 25 años manejando un ómnibus sin accidentes. Él y sus dos hermanos menores, Cuco y Amaury –choferes de ómnibus escolares—, pertenecen a una de esas familias que desde varias generaciones se dedican al oficio.

Si tú sabes que la carretera es estrecha, que no hay delimitadores en los bordes, que tu carro es alto, o que te encuentras de todo por la indisciplina de la gente, desde personas sentadas al borde hasta ‘arañitas’ —vehículo tirado por caballo— sin luces. Entonces no quieras ir a más de 70 u 80”, me explica Cuco.

Guevara maneja el ómnibus de la Orquesta Original de Manzanillo. Por las características de su trabajo sale a la carretera en horarios irregulares y, en ocasiones, durante muchas más horas que un colega de Transtur u Ómnibus Nacionales.

Somos mi compañero y yo y en la orquesta hay dos personas más que manejan bien, pero nosotros descansamos. Los músicos están tocando, y nosotros estamos tranquilitos recostados. En el hotel nada de bebidas por la mañana, aunque no tengas que manejar hasta la noche y si por alguna razón, a pesar de eso, los dos estamos ‘mataos’, o maneja Ramoncito, el mecánico, o a orillarse y a dormir un par de horas, que es mejor llegar tarde a no llegar”.

Indagando sobre este tema he estado monitoreando dos grupos de Facebook en los cuales interactúan diariamente cientos de choferes profesionales. El 93% de las conversaciones se refiere a las cualidades técnicas de los vehículos, uno pudiera llegar a pensar que aman más los equipos que a las personas, aunque sé que no es así. Cuando he compartido noticias sobre accidentes masivos, sólo 10% de los comentaristas ha mencionado la responsabilidad de los choferes. El resto, culpa al gobierno y sus entidades por, además de lo señalado en el primer párrafo, la obsolescencia técnica de buena parte del parque vehicular.

Propongo entonces realizar dos modelaciones ideales:

En la primera, las carreteras están en estado óptimo, los controles policiales humanos y tecnológicos están al nivel del primer mundo, y los vehículos son de última generación. Los choferes de este modelo andan a exceso de velocidad –como ese irresponsable que vimos en un video a 180 Km/h en un Chevrolet del 57 por nuestra autopista llena de baches, que muchos de sus colegas aclamaron como héroe—, ingieren bebidas alcohólicas, no descansan lo suficiente, a veces transportan personas de La Habana a Santiago, de noche y sin chofer acompañante, tomando Redbull para mantenerse despiertos… Todo eso lo he constatado personalmente.

En la segunda modelación tenemos condiciones de carretera como las actuales, incluso peores. Los choferes jamás exceden el límite de velocidad establecido y, en algunos casos, deciden ir por debajo. Jamás ingieren bebidas alcohólicas, descansan suficiente y si se cansan, se detienen. Nunca hacen adelantamientos indebidos. Revisan y exigen les revisen debidamente sus vehículos antes de salir. Para viajes largos con pasajeros llevan un acompañante capacitado y acreditado. Jamás cometen una infracción grave de la Ley del Tránsito.

¿En cuál modelo tendremos menos accidentes?

Comprendo que en Cuba no es posible comprobar la accidentalidad en el primer modelo pero sí en el segundo. El primer modelo depende del gobierno. El segundo, el de la responsabilidad individual y el respeto a la vida propia y ajena, depende de nosotros los peatones, choferes eventuales y profesionales.

¿Qué usted cree?

The Curious Case of an Honest Bureaucrat

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Photo: Granma

Few times have the words of a deputy minister stirred thought so much in Cuba as the ones published by Martha Mesa Valenciano last August 8. The attitude of ‘keeper of the faith’ and bureaucrat adopted by this official ?with a dogmatic spirit worthy of the National Council of Culture during the Quinquenio Gris (Grey Five-Year Period)? has brought about a wave of repudiation in the social networks. Her mistake was to commit an unforgivable sin for a bureaucrat in her trade: honesty.

Ever since bureaucracy blossomed in the nascent USSR and found in Stalin the leader who elevated it to the highest levels, bureaucrats adopted manners of behavior which have barely changed in a century. One of them is strict subordination of the lower levels to the higher ones (verticality), which implies knowing how to adapt, being pliable to superiors, not going around proclaiming your own ideas.

Therefore, the trade of a bureaucrat requires, as a sine qua non condition, a certain plasticity of character. That’s a hard feature to find in a true intellectual, as university professors should be. These people must be kept under strict control, but in such a way that censorship is indirect, rather a self-censorship, not a crude prohibition.

Bureaucracy as a school of thought has well-defined characteristics: mechanistic behavior, lack of creativity, routine, obedience, impunity, inertia, corruption, a system of patronage, apathy and excessive secrecy. That’s why bureaucrats learn not to ever speak the truth with a loud and clear voice.

Stalin himself never appropriated a theory of his own, but instead introduced his ideas with the name of Marxism-Leninism, so his concepts and those of his acolytes were received as continuity of the ideas of Marx and Lenin under new historical conditions.

In fact, the socialist bureaucracy is usufructuary of the decision-making structures. Great transformations, tasks which involve all the people, investments of everyone’s capital and positions in domestic and foreign policy which affect the fate of the entire nation are agreed upon and decided by the upper echelons of the bureaucracy. Actually, they ?the ones who know? usually think for the people, of whom they only expect acclamations and praise.

They abhor doubts, errors, contrary opinions, and even contradictions. Therefore, generally speaking, bureaucracy mistrusts the intellectual sector and only reluctantly tolerates it. As a principle, it bunches together the bearers of critical and novel ideas and labels them as dissident, subversive, renegade, nonconformist, hypercritical, soft, sniper, centrist, etc.

That’s why a good bureaucrat never speaks in a personal capacity, but always as the representative of general causes: the people in general/communism/history/the revolution/the interests of all the people/the mass of workers/the revolutionaries of yesterday, today and always/the women/the farmers/the children and youth…

All the mechanisms of socialist cultural power are engaged in order to establish bureaucratic hegemony. Theseideological apparatuses turn bureaucratic hegemony into the shared way of life for all social groups by means of cultural reproduction exercised in authoritarian education, spineless media, a centralized party and pro-administrative unions.

Bureaucracy fears the power of the word. That’s why the Cuban communists’ tradition of famous speakers ?from Mella to Fidel? was cast into oblivion. The school subject of Oratory was eliminated from Party schools, and the vibrant examples of it from years past were replaced by dull texts, always read out and previously revised, rectified and approved by the organizers. This is also where the current anxiety about the uncontrollable social networks comes from.

Today, Cubans are tasked with figuring out the question left us by Einstein about the socialist society: ‘How can individual rights be protected and how to ensure a democratic counterweight to the power of bureaucracy?’[1]

The deputy minister responds brazenly: no way; they will have civil rights on paper; intellectuals can only be out-and-out defenders of the decisions of the high bureaucracy, without criticism and with permanent optimism.

But all of us who have ever suffered a personal setback in facing bureaucratic power and have ended up licking our wounds to keep ourselves going, bearing the scars of the encounter, know that the experience is not without its charm. It reminds us, permanently, that such a hegemonic regime is not the free and democratic society we have fought so hard for throughout the centuries, and that the anti-bureaucratic revolution is yet to be fought.

[1] In ‘Why Socialism?’, Monthly Review, New York, May 1949, in http://www.rebelion.org/opinion/030618einstein.htm#

(Translated from the original)

Lo que enseña la vida

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Foto: Diario La República

Lo que la vida me ha enseñado, del teólogo, filósofo y escritor brasileño Frei Betto (Editorial Caminos, La Habana, 2017, traducción de Esther Pérez y prólogo de Raúl Suárez) es una lectura imprescindible para todo aquel que busca sabiendo que “toda la fruta (no) se acaba en la cáscara”. Es un libro que bien sirve de mapa de navegación a quienes quieren ir más allá de lo evidente y consabido con afán de crecimiento personal.

En un mundo acosado por las guerras, el deterioro del medio ambiente, el agotamiento de recursos como el agua o el petróleo, el desplazamiento de cuantiosos grupos humanos que huyen de la miseria y la violencia, el incesante afán consumista habitualmente exacerbado por la propaganda, la confusión política de votantes que eligen cambiar de bando solo por experimentar o por inercia, la extensiva comunicación virtual por lo general despojada de contenidos útiles, se hace cada vez más necesario un sujeto consciente, reflexivo, participativo para evitar desastres mayores.

Para ello sirve una lectura como esta. Porque de eso trata la obra a través de sus distintos capítulos: cómo alcanzar la condición luminosa y necesaria de lo verdaderamente humano.

Tal vez alguno imagine que por tratarse de textos de un fraile dominico nos hallaremos ante sagaces y persistentes llamadas a apegarse a un tipo de fe, como esas torpes campañas proselitistas que acometen algunas sectas. Para nada. El libro se ocupa más de la espiritualidad, certera y ampliamente entendida, que de una religión en particular (bien nos advierte allí que “Dios no tiene religión”).

No es que al autor se desdiga de su confesión católica; solo que, como individuo atento a la interrelación con lo otro y el otro, sabe que siendo un individuo profundamente convencido de lo que es, lo lleva a amar y respetar al prójimo (próximo), independientemente de su creencia. De lo que se trata es de hallar modos en que la supervivencia humana esté asegurada y lo esté a partir de la armonía, la tolerancia y el amor.

Este es un libro para quienes buscan una forma de existencia con sentido, que los lleve a la más plena y libre autorrealización, esos que tienen fe, aunque sea laica, porque la fe desborda toda religión. Ella viene a ser el arraigo y la esperanza en el empuje y la maravilla de la vida. Los textos reunidos son la expresión de alguien que por vivencias y estudios ha conseguido tener un conocimiento de la diferencia entre existir (asunto vegetal) y vivir, condición propiamente humana.

Alguien que ha llegado a ciertas claves para saber lo que es esencial y, movido por su fe, nada dogmática ni cristalizada, propone el desarrollo de la espiritualidad como vía más sana y fructífera para la salvación de las personas. Es su generosidad hacia el otro el que lo impulsa a compartir lo descubierto, no como una conclusión que todos deben aceptar cual dogma infalible, sino como las probadas lecciones que en el tránsito por una existencia acechada de peligros y vicisitudes ha logrado descubrir en carne propia.

La del autor ha sido una vida ardua, pero se ha alzado en ella con el ánimo intacto para reconvertir toda duda en certidumbre, todo dolor en luz y todo resentimiento en amor. Es un gesto acorde con su visión cristiana donde precisamente el amor es el aglutinante de toda realidad compartida.

Repasemos algunos asuntos fundamentales para mayor percepción del libro.

De inicio nos advierte que no es “…ni padre, ni afiliado a un partido político.” Aquí no se trata solo de humildad para decir que lo que expresa no está sostenido en autoridad sino en saber. Es una beneficiosa equidistancia de algún grupo de credo para comunicar la verdad descubierta, con toda la fuerza del individuo sensato y solidario que desea la armonía basada en la plenitud de conciencia. Así que se ve a sí mismo solo como “Un peregrino de Dios que viaja a bordo de una paradoja”, es ese viajero por entre contradicciones el que intenta sugerir un modo generoso e inteligente de hacer el viaje.

Nos dice: “Todos hacemos política. Por participación o por omisión…” Un aspecto esencial pues, si bien la política es solo una esfera de nuestra existencia, es una que decide en mucho su rumbo. Lo político es visto en el sentido aristotélico de interesarse por y participar en los asuntos que fundamentan la vida de todos. La participación por “omisión”, cuando pretendemos no ser políticos, es la más nefasta pues deja en manos de otros, no siempre los mejores, nuestro devenir.

De aquí que señala que la acidia es el peor pecado para una vida fructífera y benéfica, hay que involucrarse porque lo que está en juego es la propia vida. La acidia “…es desánimo de cultivar la vida espiritual e intelectual…”, es como no querer tener una existencia rica y plena, pues solo desde lo más ampliamente intelectual y espiritual es que damos versatilidad, colorido e intensidad a nuestros días sobre la Tierra.

En esta vida de emprendimiento de conductas que muevan a la consecución de una vida armoniosa distingue una relevancia al libro, la lectura. Plantea: “Esa es la fuerza de la literatura bajo las dictaduras: traduce el sufrimiento de las víctimas y dialoga con ellas”. Aunque esta es fundamental en las dictaduras, en todo orden de gobierno es así pues nos enfrenta a múltiples ideas, sentimientos, emociones para acceder a la más abierta diversidad del ser y la vida.

Aquí declara una conclusión primordial: “La literatura de ficción no tiene que ser de izquierda, ni de derecha. Tiene que ser bella”. La belleza es la verdad en las cosas y los actos. Lograr algo bello es acercarnos a lo que nos trasciende, nos colma la existencia de gozo y deseos. Lo humano que queda por encima de una artificial, a veces artificiosa, división ideológica, pues implica lo bueno, lo justo y lo auténtico en su esencia.

La significación de la literatura está muy vinculada con el peso de la imaginación en nuestras vidas. Nos recuerda que: “Todo lo que existe… fue fantasía de la mente humana antes de convertirse en realidad”. El hombre vive en un tiempo presente, pero tiene la mira en otro presente posterior donde accede a lo no conseguido y supera lo logrado, o sea, donde su existencia se acrecienta y para eso tiene que emplear la imaginación que es la clave a la salida del laberinto. Imaginar es fecundar el presente de posteridad. Tal vez por eso muchas vidas individuales sean tan pobres, pues no se viven con imaginación. De hecho, es lo que más falta a los malos conductores de pueblos.

Un aspecto al que le dedica buena parte de su libro es al desarrollo de la espiritualidad como forma de ser y superar la existencia dirigida al tener. Debemos estar apercibidos definitivamente de que no somos lo que poseemos, sino lo que efectivamente en espíritu somos. Así se lamenta: “¡A cuántas inutilidades les damos valor en la vida!” Vamos cerrando nuestro camino hacia el ser de miles de cosas que, definitivamente, son accesorias, pero que las adquirimos por imitación, competencia, complacencia con tendencias.

Por esto dice que es necesario desaprender. “El desaprendizaje es un arte para quien se propone cambiar de vida. En ese viaje cuanto menos equipaje y más ligereza…mejor y más rápido”. Se trata de deshacer toda atadura (convenciones, costumbres, obsesiones, falsificaciones, etc.) que nos desvíe de lo cardinal que es vivir a plenitud de nuestras capacidades.

Un elemento esencial para una vida armoniosa en común es la ética. “El fundamento de la ética es el amor”. Esto es una inoculación a la sociedad consumista, donde las cosas tienden a ser más importantes que el ser. “En este mundo secularizado, desencantado, se sustituyen los valores por las ciencias, el ser por el tener, el ideal por el deseo, el altruismo por el consumismo”.

En un mundo así: “Ya no interesan los principios, importan los resultados.” Y agrega: “Los valores de la modernidad se evaporan debido a la mercantilización de todo: los sentimientos, las ideas, los productos y los sueños”. Pues se piensa en la existencia como una operación de mercado tengo esto y lo cambio por aquello, sobre todo inducidos por un desapego a lo que se es en sí para acercarse a lo que las tendencias grupales inducen.

El autor destaca que las personas: “…cambian, cada vez más, la libertad por la seguridad”. Esto sin reparar en que solo la libertad posibilita el desarrollo pleno del ser. Libertad que no es hacer lo que nos venga en gana sino, precisamente, en romper todo esquema u obstáculo que nos impida ser. No nos percatamos que todo cuanto deseamos lograr implica un riesgo. Hay que arriesgarse a ser libres.

La cura, según el autor, a este mundo cosificado y egogregario es una que, mayormente depende de nuestra voluntad y nuestra dedicación. Lo resume: “No veo otra puerta de salida que no sea la espiritualidad, sumada a una nueva visión del mundo”.

Aquí hace una serie de observaciones muy atinadas y contundentes para conocer qué es en realidad la espiritualidad, algo que no tiene que ver con una creencia o lo supranatural: “¿Qué es una persona espiritualizada? Es aquella cuyo sentido de vida echa raíces en su subjetividad y cuyas opciones son movidas por ideales altruistas”. La subjetividad es el ser indiviso, pensante y creativo que llevamos en nuestro interior potencialmente.

La subjetividad se basa en el individuo, un ser íntegro, que no puede ser escindido. El uno múltiple para involucrarse en la vida diversa y amplia. Este individualismo humanamente sentido es poder ser eso que uno opta por ser y que incluye aceptar el ser distinto de los otros, lo cual enriquece la vida. No debe confundirse con el egoísmo, esto es, imponer nuestro modo de ser, querer que todos sean como nosotros.

La espiritualidad no es una mera contemplación de nuestro entorno. Significa acercarse y cooperar con el otro, sentir y actuar con él. “Las obras de justicia o el compartir son el fundamento de toda espiritualidad verdadera” Es por ello que “la espiritualidad es el fundamento, la base, la motivación de nuestra vida interior”. Una vida interior enriquecida se manifiesta exteriormente con coherencia y de igual modo reflexiva y versátilmente.

Añade: “La espiritualidad es nuestro yo verdadero, que muchas veces no logramos vivenciar. Ese yo, en realidad, es Otro Yo, que apunta siempre al rumbo cierto de nuestras vidas”. Ese ser uno mismo que intenta brotar, crecer y florecer, siempre en vínculo y armonía con la espiritualidad del otro es el que puede conseguir un mundo con sentido.

De modo que la espiritualidad es el otro yo que buscamos en la verdad, con amor y con respeto al otro ajeno, basados, sobre todo en el amor que permite la religazón y en la definitiva aspiración a ser más que a tener. De aquí que: “en la espiritualidad predominan la disposición al servicio la tolerancia hacia la creencia (o la incredulidad) ajena, la sabiduría de no transformar lo diferente en divergente”. Esto es de una utilidad tremenda apara organizar una sociedad sin desplazados ni rechazados.

Ojalá hayamos transmitido las ideas sustantivas de este libro. Al terminar su lectura uno desea solo salir a hallar la espiritualidad dondequiera que esté y a repartirla como una flor de dicha y bienaventuranza. El autor parece convidarnos seguro de que no tenemos tiempo que perder. La vida nos necesita hoy.

Protagonistas a secas

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Pintura de Zaida del Río

El pasado 23 de agosto se cumplió 59 años de creada de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Las redes se hicieron eco de la celebración, bien merecida, por su “natalicio” y transformaciones, mucho más profundas de lo que expresan los elogios sobre la magnitud de su labor: “Madres de cuba, aguerridas, luchadoras incansables, mambisas, rebeldes, continuadoras de la obra de Mariana y Vilma…”

Las mujeres cubanas quedamos ancladas en esos adjetivos, que han sido utilizados desde antaño para calificarnos, entrelazando las luchas de las féminas con la Revolución, moldeando la organización, sujetándola del brazo como si necesitara de guía constante para saber en qué sentido debe continuar. No seamos reduccionistas, somos eso y mucho más.

Quizás la frase más ilustrativa y controversial sobre la FMC sea llamarnos “protagonistas de la obra revolucionaria que les emancipó…”

El lenguaje construye realidades, proporciona sentidos, lógica y construye una verdad. Nuestra verdad ha sido construida a través del discurso revolucionario, del cual somos protagonistas sí; porque la generamos mano a mano, no porque nos emancipó.

La FMC en su conformación aglutina diversas organizaciones feministas ya existentes, que quedaron en una tangente de la historia, donde solo resaltan algunas de las muchas mujeres que fueron protagonistas de los derechos que hoy gozamos.

El Frente Cívico de Mujeres Martianas encarnado en Carmen Castro Porta, Aida Pelayo, Olga Ramos, Maruja Iglesias, etc. utilizaban el ideario martiano como parte de su programa político, participando en gran parte de las acciones políticas de los años 50, materializando la organización femenina del M-26-7. Otro grupo fundamental lo conformaban Las Mujeres Opositoras Unidas entre las que se encontraban Martha Fraide, Clementina Serra, Esther Noriega, Zoila Lapique y muchas otras.

De ambos grupos surgieron mujeres que compondrían el posterior pelotón femenino de la Sierra Maestra “Mariana Grajales”. También se fusionaron en la conformación de la FMC como frente único, las campesinas de la Unidad Femenina Revolucionaria, las militantes de la Columna Agraria, los Grupos de Mujeres Humanistas y otras organizaciones; dando paso a que en noviembre de 1959 una delegación compuesta por ochenta y una delegadas, encabezada por Vilma Espín fueran recibidas con honores en el I Congreso Latinoamericano de Mujeres, celebrado en Chile.

Analizar el papel desempeñado por las mujeres en nuestra revolución resulta paradójico. Los logros alcanzados hasta la fecha son una muestra fehaciente de lo conseguido en el ámbito político, generando un empoderamiento significativo, aunque no suficiente, en materia de estructura social.

Como organización de masas que representa los intereses de la mujer ha trabajado en pos de lograr una igualdad sustantiva desde sus inicios. Son innegables los progresos en materia de paridad, la autonomía generada por la incorporación masiva al trabajo en todos los sectores, la posibilidad de decidir sobre la maternidad teniendo los medios seguros al alcance, la orientación en materia de cuidados anticonceptivos, la educación universitaria y la representatividad en los órganos de decisión del Estado.

Contradictoriamente esto no sucede en los ámbitos privados donde la mujer sigue teniendo las mayores responsabilidades en el cuidado de infantes, adultos mayores y la responsabilidad de “atender la casa” lo cual supone una doble jornada no reconocida, ni remunerada en el caso de las amas de casa. Además, la violencia doméstica y a nivel familiar es uno de los grandes retos por conquistar aún.

¿Cómo se explica que la FMC, con tanta participación en los ámbitos de decisión, haya sufrido tal estancamiento (sobre todo posterior a los años 90) luego de haber propiciado en tiempo record, disímiles políticas públicas que colocaron a la mujer cubana en el status que hoy posee?

Para ser consecuentes, en necesario decir que el modelo socialista nos permitió asentar las bases de luchas de muchos años anteriores, profundizarlas en tiempos cortos; pero también restringió el debate.

Somos parte fundamental de esta revolución sin embargo haber quedado sujetas a ella como si fuese un ente y no un proceso, como un apéndice inamovible, anquilosó el pensamiento provocando lo que lastimosamente vimos reflejado en el último congreso de la Federación de Mujeres Cubanas: muchas consignas, reproducción de esquemas, mujeres dando “el paso al frente” ante los cambios por venir y poco debate acerca de las cubanas de este siglo.

Podemos decir entonces: de nada sirve que seamos pares en un sistema legislativo, si no tenemos voz propia. De esta forma dicha paridad continuará siendo formal y jamás llegará a ser sustantiva.

La visión homogeneizadora con que se pretendía construir “La Revolución”, llevó a pensar por mucho tiempo que no se debían discutir problemáticas particulares de las minorías, pues esto propiciaba la discriminación. De esta forma no se tienen en Cuba cifras precisas sobre ciertas cuestiones como el racismo, los femicidios no se encuentran tipificados y no es hasta el 2016 que se realiza una Encuesta Nacional de Igualdad de Género (ENIG).

La falta de puesta en actualidad de la organización, ha costado que si bien gran parte de las mujeres somos afiliadas, la incidencia social de las mismas ha ido mermando con los años. La desactualización en temas de género, las propuestas de superación en torno a tareas del hogar como corte y costura, maternidad, cuidado de la familia, entre otras; han alejado los debates de las condiciones actuales que viven las mujeres cubanas.

Fue notorio un cambio luego de la conferencia de Beijing en 1995. Se han gestionado nuevas políticas públicas con el objetivo de traer una discusión más contextualizada. Los cursos, capacitaciones, campañas e investigaciones aún son reducidas, pero es posible palpar una nueva forma de sacudir la organización social y en especial la vida privada de las mujeres cubanas.

Poco de todo esto sabe la mayoría de las federadas, reciben los derechos y los deberes venidos “de arriba” de esta forma quedan ajenas a la organización de la cual no se sienten parte activa. Buscar un trabajo conjunto que rompa con la verticalización de las políticas públicas que desarrolla la FMC parece imperante. Teniendo como premisa los derechos y deberes consolidados, comenzar a abordarlas “de abajo hacia arriba” incorporando a las mujeres de la organización (que somos todas) no solo como objeto de las mismas, sino como creadoras al unísono, será la única forma de revivir la FMC.

Nuestra América

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Arturo López-Levy, Luis Carlos Batista y Harold Cárdenas Lema

Recientemente hemos agregado a los contenidos en la web de La Joven Cuba un podcast: Nuestra América. Cada semana, Luis Carlos Battista (abogado y politólogo), Arturo López-Levy (profesor de Holy Names University, California) y Harold Cárdenas Lema (analista político y editor de La Joven Cuba), reciben invitados para comentar temas políticos, sociales y económicos del contexto latinoamericano.

Su nombre evidentemente proviene del ensayo de José Martí que fue publicado en Nueva York en 1891 y sirvió como título al reciente Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), celebrada en mayo de este año en Boston. En ese evento, los protagonistas del podcast junto a la investigadora Yasmin Silvia Portales Machado, ensayaron su primer debate. En búsqueda de una mayor representación de género y otras formas de identificación social, así como para atraer otros expertos, los autores del podcast tienen la intención de incluir invitados con frecuencia.

Si bien esta no es una iniciativa de La Joven Cuba, encuentra aquí un espacio donde albergar sus contenidos. Cada semana, un nuevo capítulo de Nuestra América se agregará a la página que hemos creado para ello y a la que se puede acceder desde nuestro menú principal. También podrán acceder al último programa desde el menú secundario a la derecha de cada texto en LJC.

Sabemos que muchos de nuestros lectores no tienen la conexión necesaria para reproducirlo en vivo, que solo acceden a nuestros productos a través del correo electrónico y no pueden costear la descarga de este programa, por eso saludamos las mejorías en esta dirección. Exhortando a los gobiernos, sectores empresariales y sociedades civiles de Cuba y EE.UU ha avanzar en un mejor acceso a la red de redes, y a normalizar las relaciones diplomáticas y entre las sociedades de los dos países desde el más estricto apego al derecho internacional.

Recordamos dos temas relevantes a múltiples resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobadas por mayorías abrumadoras: el acceso a Internet como parte hoy del derecho al conocimiento que incluye la progresiva conexión a la red de todos y cada uno de los ciudadanos, así como la necesidad del fin de la política de acoso y aislamiento de EE.UU contra Cuba, condenada por ilegal, inmoral y contraproducente.

A continuación compartimos con  nuestra audiencia el programa de la semana pasada, dedicado a los incendios en el Amazonas así como el ascenso internacional del populismo y el nacionalismo de derecha.

El podcast está disponible también en Spreaker, Spotify y Apple.

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El secuestro de la honradez

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honradez

La estrategia de la derecha en Cuba ahora es imitar a los retrovirus. Estos usan una enzima llamada retro transcriptas para replicar su código ARN monocateranio a través de un ADN bicatenario. Una vez culminado este proceso, el retrovirus se inserta en la célula ADN del organismo huésped como si fuera parte del código genético de ésta, de modo que el sistema inmunológico protector de ese cuerpo no puede detectarlo.

Basta asomarnos a las matrices comunicacionales de sus representantes para notar cómo usan las aspiraciones, los señalamientos, los escenarios que tradicionalmente la izquierda ha tomado como estandarte de sus luchas, para poner los sujetos beneficiarios de las políticas progresistas e igualitarias contra la izquierda misma.

De tal modo, el asalariado pro-imperialista y el activista de derecha, se solidarizan con los ambientalistas, se muestran a favor del respeto a los derechos de los LGTBI, abogan por la paz mundial, se suman a las campañas por el cuidado y el no maltrato a los animales, y defienden como nadie la pluralidad y el acceso igualitario a los soportes comunicativos.

En y respecto a Cuba, hay ejemplos fácilmente identificables. Resulta que estos personajes bien pudieran confundirse con un buen delegado al Poder Popular –de los buenos, de esos que sacrifican hasta su propia familia para ayudar a resolver los problemas de sus electores—, si nos dejamos llevar por lo que publica en sus sitios o muros sociales. O, en algunos casos, con un buen secretario político-ideológico de provincia: el futuro de la nación, el cumplimiento de los programas de igualdad social, el logro de la eficiencia económica, la lucha contra la corrupción, las ilegalidades y la burocracia, son reflejados y criticados en sus textos.

El objetivo del personero pro-imperialista –el mismo de sus patrones—, nunca será la resolución de tales problemáticas sino mostrarlas en función de la tesis de que la izquierda en el poder es incapaz de resolver aquello que promete.

Del mismo modo que un sistema inmunológico no puede identificar el ADN retrotranscripto infestado en una célula humana, el Departamento Ideológico del PCC parece incapaz de distinguir entre un blog como 14 y Medio, por ejemplo, de un blog como Cartas desde Cuba, de uno como La Joven Cuba, o Segunda Cita.

Para el funcionario político o administrativo, el doctor René Fidel González García tiene la misma secuencia de ADN político que cualquier otro profesor universitario al cual se le pudiera comprobar que recibe dinero de alguna embajada por tratar de subvertir a sus estudiantes con el análisis de las problemáticas que cotidianamente nos afectan a los cubanos.

Es por ello que en Facebook, la blogosfera y los sitios o periódicos adjuntos a organizaciones políticas o de masas, hay una legión de pretorianos defensores de la ortodoxia partidista, cuyos métodos parten de las mismas descalificaciones y tipos de falacias que usan aquellos otros pretorianos de la indecencia generada desde Miami (lo cual no quiere decir que Miami genere solo indecencia).Tampoco la ortodoxia partidista en sí misma es mala, ni tiene por qué constituir un freno para los cambios que el país necesita.

En un proceso transformador tiene y debe existir una cuota de ortodoxia, como contrapeso ante el desequilibrio que podría traer el exceso de entusiasmo o la vehemencia desmedida, o la irresponsabilidad de quienes pretenden cambios a ultranza sin tener en cuenta la interacción de la mayor cantidad de variables posibles, y sus consecuencias. Pero si esa cuota de ortodoxia –como el sistema inmunológico por no poder distinguir lo esencial de lo aparente, lo mutado de lo auténtico— queda impasible ante quienes desde, su aparente compromiso con la Revolución, destruyen el sueño con su desidia y oportunismo; y simultáneamente atacan sutil o virulentamente a quienes critican o proponen, en aras de la evolución a diferencia de los personeros de la derecha que critican y proponen en aras de mantener el problema… Entonces esa ortodoxia está favoreciendo la infección, lejos de combatirla.

La célula infestada por el retrovirus es doblemente víctima de la secuencia de ADN retrotranscripta y de su propio sistema inmunológico lo mismo que los personeros pro-imperialista, combinados con la ortodoxia partidista, tienen secuestradas en Cuba la honradez y la crítica auténticamente revolucionaria lejana del oportunismo y la conveniencia personal.

A escala celular, toda evolución biológica parte de estímulos exógenos que producen una serie de mutaciones o singularidades que, andando el tiempo, se generalizan para fortalecer el tejido que conforma. Hasta la aparición de los retrovirus, el sistema inmunológico podía distinguir entre una mutación de carácter infeccioso de una mutación de carácter evolutivo. El retrovirus, ciertamente, confunde esa cualidad del sistema inmunológico. Hasta el presente, el único modo bioquímico de aletargar la infección por VIH (el VIH es un retrovirus) ha sido con el uso de la Terapia Antirretroviral o TAR.

El TAR busca revertir el poder retrotranscriptor de un retrovirus y en cierta forma lo logra, pero en gran medida, a costa de mutilar o matar a la célula hospedera lo cual, en términos de funcionamiento del organismo, lo va debilitando mientras le aumenta la esperanza de vida. Es por ello, por ser reactiva, que la TAR a largo plazo se vuelve inoperante, pues hay que esperar que una célula esté infestada para aplicarla.

¿A qué se nos parece la TAR? ¿Acaso no se nos parece a esos blogs con prefijos en sus nominaciones, a esos muros con caritas en los perfiles, que están constantemente a la caza de “hipercríticos”, “neo-contrarrevolucionarios”, “centristas”, “seudo-revolucionarios” o “mercenarios” para marcarlos como enemigos políticos y desterrar la influencia en su ámbito?

¿Cuántas células sanas no mueren en ese proceso?¿Cuánto de honradez y compromiso auténticamente revolucionario no se pierde en esa terapia reactiva que nos aplica el Departamento Ideológico del PCC?

He aquí la explicación más lógica que he encontrado de “defender a ultranza la Revolución”, o sea, defenderla de cualquier célula marcada por la TAR como mutada sin distingo de si es de carácter infeccioso o evolutivo. Tal inoperancia, también le sirve al imperialismo.

La prehistoria del socialismo

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prehistoria

Uno de los grandes dilemas actuales del socialismo cubano es el de la conflictiva relación entre los derechos individuales –reconocidos en la nueva constitución cubana— y la hegemonía socialista —también registrada en ese documento—. No se trata solo de un problema teórico: la solución que se le dé impacta en algo tan real como la vida profesional de un profesor universitario. No obstante, reconozco con pesar que no creo que se encuentre una medida adecuada, por una sencilla razón: todos quieren la solución fácil.

Para algunos, todo se reduce a poner el énfasis sobre los derechos individuales, el pluralismo, etc. Un reverdecer del jacobinismo radical que aplaudo y comparto en gran medida, pero que peca de un carácter abstracto. Para otros, se trata de sostener los pilares de la hegemonía del socialismo cubano, encarnado por supuesto en el PCC, tal y como estos han existido hasta ahora.

A los primeros, los que repiten con buenas o malas intenciones el mantra de los derechos humanos, les respondería con una simple observación: el modo de producción capitalista debe ser superado; porque es un orden que mantiene a una gran parte de la humanidad en la pobreza estructural, y además nuestro planeta no aguanta el actual modelo de desarrollo. La construcción de una república, con derechos individuales garantizados, no es suficiente para evitar el capitalismo: recuerden como el Terror jacobino fue incapaz de impedir el ascenso de la burguesía girondina.

Las repúblicas liberales han sido, en realidad, un gran punto de apoyo para el capitalismo, ya que en ellas se concibe la libertad económica vinculada a la propiedad privada, exclusiva y excluyente. En ellas, el poder público solo está para defender el derecho a la propiedad, que puede extenderse a los medios de producción imprescindibles para la reproducción de la comunidad, con lo cual se prepara el camino para que la acumulación de capital se convierta en la relación social fundamental, a la cual se subordinan todas la demás.

En el marco de esas repúblicas liberales, la defensa de una concepción limitada de los derechos individuales va en contra de los derechos de la comunidad: a decidir democráticamente el modelo económico; a una vida digna para todos; a convivir pacíficamente con la Naturaleza; a la armonía social, entre otros.

Ahora bien, para los que ponen el énfasis en la defensa de la hegemonía socialista, también tengo algunas palabras.

Cuando Marx, allá por los mediados del siglo XIX, formuló su brillante crítica del capitalismo, su pensamiento giró alrededor de dos grandes problemas de ese sistema:

  • Primero, la explotación del hombre por el hombre, sobre todo en su consecuencia más directa, el deterioro de las condiciones de vida del proletariado. Esa debía ser una de las principales razones que llevarían a la clase obrera a la revolución.
  • Segundo, la enajenación. Marx fue un pionero en ver como el capitalismo convertía las capacidades intelectuales del hombre en fuerzas enajenadas fuera de su control. Esta vertiente de su pensamiento sería desarrollada en el siglo XX por Lukács, en su obra Historia y conciencia de clase, aportando la noción de «cosificación». Lukács mostró como el capitalismo generaba modelos de racionalidad que le eran consustanciales, los cuales consistían principalmente en mecanismos para objetualizar a las cosas y a los seres humanos, para así ejercer la dominación.

Más recientemente se ha añadido un tercer problema, el desastre ecológico, pero esa es otra historia.

A dónde quiero llegar es a lo siguiente: ¿cuán efectivos han sido los procesos de transición socialista que recoge la historia hasta ahora, incluyendo el cubano, a la vista de estos problemas?

A mí me gusta creer que, en esta vieja lucha contra el capitalismo, todavía falta mucha lluvia por caer, y que lo que conocemos hasta ahora es solo el primer puente que se construyó. Ese primer puente que se ha intentado es el que, sobre el papel, se llama dictadura del proletariado, aunque en realidad se caracterizó por un uso abusivo de la lógica de la vanguardia, lo que abrió el camino a que se estableciera una dominación burocrática.

Ese primer puente, ese modelo, ha sido relativamente eficaz en solucionar el problema de la explotación económica y la pobreza extrema generadas por el capitalismo. Eso se ha logrado redistribuyendo la riqueza y universalizando la seguridad social, la educación, la salud.

Sin embargo, ese sistema ha sido incapaz de combatir el segundo problema. Todo lo contrario, en ciertos aspectos lo ha agudizado. Los modos de dirección social de los modelos de transición socialista que se conocen hasta ahora están basados en mecanismos cosificadores, lo cual se hace evidente cuando se ve el papel primordial que toma en ellos el concepto de Administración.

Solo hay que ver los actuales debates sobre la economía cubana: todo gira alrededor de la proporción entre mecanismos económicos y administrativos. Los mecanismos económicos se asocian al libre desarrollo del mercado, los administrativos a la intervención del Estado. La preeminencia de los económicos se asocia al capitalismo, y la preeminencia de los mecanismos administrativos es considerada nada menos que como la marca distintiva del socialismo.

Socialismo igual a Administración.

¿Pueden imaginarse mayor afrenta a la intención libertaria del pensamiento marxista?

En los países del capitalismo desarrollado, la cosificación es un fenómeno que existe como el anverso dialéctico de la libertad individual, es el límite en el que esa libertad queda vaciada de contenido. Pero bajo la dominación burocrática, la cosificación es simplemente el lente cotidiano a través del cual es resuelto cada problema, cada trámite, cada asunto. Con la racionalidad administrativa se da la grotesca paradoja de que, lo que es el peor resultado ideológico del capitalismo, es tomado, por los que pretenden superar ese sistema, como punto de partida.

¿Por qué esta deformación? Hay muchas razones. Tiene que ver con el hecho de que esa transición se intentó en países atrasados, que tenían que pensar más en resolver el primer problema que el segundo. Además influye la feroz agresividad con la que los poderes del mundo capitalista han atacado a estos sistemas, favoreciendo que en ellos se desarrollara una mentalidad de cerrazón espartana.

Tiene que ver con que los hombres que se lanzaron al socialismo no han estado a la altura de un reto tan grande. Sus mentes en cierto modo seguían perteneciendo al viejo mundo, e intentaban solucionar los problemas que surgían con las herramientas mentales de ese contexto. Muchos socialistas creyeron que la racionalidad administrativa, con toda su aura de ilustración y cientificismo, era la joya que debía salvarse, la joya que los burgueses monopolizaban y que debía ser puesta al servicio del pueblo. Solo muy tarde se comprobó que esa joya era más bien una bola de pegamento, que los dejaba atrapados en la telaraña envejecida.

Estos primeros modelos de transición socialista, de dominación burocrática y estatista, probablemente serán recordados algún día como la prehistoria del socialismo, como aquellos locos intentos de construir el mundo post-capitalista usando mecanismos racionales y categorías económicas de ese sistema social; ni siquiera los del capitalismo más desarrollado.

El segundo puente, el del futuro, será el de la república socialista. Es decir, una república verdaderamente democrática, en la que el mundo de la producción económica se organice sobre bases no autoritarias, y en la que los derechos individuales se engarcen sin contradicción con los derechos de la comunidad. Debe desaparecer la propiedad exclusiva y excluyente sobre los medios de producción imprescindibles para la reproducción de la vida de la comunidad. Debe surgir la propiedad social, pública y voluntaria, de los trabajadores sobre los principales medios de producción.

No se tratará de administrar sino, de crear.

El pensamiento mecanicista, mercantilista y positivista será sustituido por el pensamiento complejo y dialéctico, impulsado hacia la cooperación y la solidaridad.

En esa república no habrá ningún problema en escuchar a los que estén en contra del orden social. Estos difícilmente lograrán que sus conciudadanos renuncien a los derechos y la seguridad alcanzados.

La gran pregunta es si se puede dar ese salto partiendo desde un sistema de transición socialista del viejo tipo, como desgraciadamente sigue siendo el cubano. Yo creo que la Revolución tiene el potencial, por muchas razones históricas, para dar ese salto de paradigma. Quiero creer que la nueva constitución es un reconocimiento tácito por parte de los que dirigen de que es necesario ese salto, esa radicalización republicana y socialista. Todo lo cual no significa, sin embargo, que finalmente se logre dar el paso.

Los viejos métodos, la cerrazón de la Guerra Fría, los intereses creados, el imperialismo, todo conspira. Menos se resolverán los problemas mientras se sigan buscando soluciones simples.