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Aquí tampoco se rinde nadie

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Foto: MES

Ya lo esperaba. Justo cuando la mayoría de los cubanos cerramos filas ante la agresión, cuando hay ejemplos de solidaridad, cuando la gente reconoce con admiración a los que cumplen con su deber a pesar de la escasez, cuando hasta algunos de los pagados por la USAID niegan que se alegran de las vicisitudes que pasan sus compatriotas. Justo entonces, el Ministro de Educación Superior da un espaldarazo en la Mesa Redonda a las declaraciones de su Vice-Ministra.

¿Será que cree que vamos a confundir caracoles con babosas? ¿Nos cree tan cobardes que piensa amedrentarnos con el artículo 5 de la Constitución? Para colmo, echa mano a una frase de Fidel para sostener sus ideas, ¿tendrá argumentos propios? ¿Creerá José Ramón Saborido que me asusta al reducir a «cubanólogos» y contrarrevolucionarios, la crítica al discurso excluyente de su viceministra? Cientos de cubanos, algunos de ellos profesores universitarios y militantes del PCC, ejercieron tal crítica en el mismo Cubadebate.

El Ministro reduce las declaraciones de la Vice-Ministra al caso específico de una profesora. En lo personal, no conozco a esa profesora y no puedo opinar sobre ella. Nadie me ha demostrado los delitos contra la seguridad del Estado Socialista de Derecho que haya podido cometer esa profesora a la que se refirió el Ministro.

Nadie ha tenido la decencia política de hacer públicos los análisis que ese claustro, supuestamente, hizo con esa profesora para demostrar que le está haciendo daño al país, o que está poniendo a Cuba a merced del imperialismo, o está poniendo en peligro con sus clases la sobrevivencia de la Revolución. Haga eso, ministro, y yo podré opinar.

El ministro del MES esgrime el argumento de una profesora de la que sólo conozco lo que dicen de ella los dos extremos de la contienda. Supongamos que yo decida depositar mi fe en él, y creerle que esa profesora es nociva para Cuba, o para la Revolución… ¿Y el profesor René Fidel González García también? ¿El doctor René Fidel también?

¿El exfiscal que no ha renegado de su condición de revolucionario a pesar de que su Vice-Ministra primera le quitó su condición docente y lo expulsó de la Universidad? ¿Esa decisión también la pidió el claustro? ¿La pidieron los estudiantes en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oriente, señor ministro? ¿Por qué ni la mismísima Presidencia de la República le ha dado una respuesta a René Fidel?

Porque esa Constitución que usted esgrime para justificar las declaraciones de su Vice-Ministra, señor, esa misma Constitución que yo, como ciudadano de este país refrendé, tiene un montón de artículos más que lo obligan a usted, al Fiscal General de la República y al Presidente del Consejo de Estado, a darle una respuesta a René Fidel.

Una respuesta, tal como establece la Constitución, señor Ministro. ¿O es que se esgrime el artículo 5 para soslayar el resto de la Carta Magna? No espero que me responda, sé que alguien le hará llegar su «versión» de mis preguntas. Sepa que donde está este cubano, TAMPOCO SE RINDE NADIE.

Cuando quiera debatimos frente a frente.

Mensaje al Ministro de Educación Superior

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Foto: Mesa Redonda

Ayer usted se presentó en la Mesa Redonda en un contexto en el que su ministerio sufre fuertes acusaciones por discriminación a propósito de un texto de su Viceministra. Allí, simplificó las críticas utilizando el ejemplo de una profesora con vínculos en la oposición, mientras guardó silencio sobre profesores de marcada trayectoria revolucionaria que también han sido separados del cargo. Es lamentable que usted intente hacer pasar por opositores a todos los que han sido separados de las aulas, cuando sabe que no es así.

Manipuló la información, escogiendo a dedo los ejemplos que conviene mencionar al pueblo y los capítulos a mencionar en la Constitución, cuando otros fácilmente probarían su violación del Estado de Derecho Socialista. Los casos de abuso de poder como el del profesor René Fidel González en la Universidad de Oriente, militante del partido expulsado por la actual Viceministra, hacen más daño que una campaña externa. ¿Cómo explicar que un defensor del socialismo también sea expulsado? Imposible, mejor concentrarse en el enemigo y silenciar las contradicciones internas.

Sin dudas su presencia en la televisión, es un espaldarazo desde más arriba. Rechazo la postura contraproducente del alto funcionario que insiste en sostener un discurso y prácticas arcaicas en lugar de escuchar las críticas del pueblo, o que las ignora porque la oposición intenta utilizar el tema para avanzar su agenda. En política tal enquistamiento tiene un precio que se paga caro y en silencio.

Que un funcionario público califique a una persona de «mercenaria» sin que exista proceso judicial alguno y se salga con la suya, es ejemplo de la fragilidad de las instituciones y un estado de derecho que se aplica discrecionalmente. Yo no comparto la agenda opositora, nadie en mi familia lo ha hecho y no seré el primero, pero no guardo silencio cuando van por los derechos de otros. Ya sea una profesora opositora en La Habana, un revolucionario en Santiago o un anarquista en la luna. Los derechos no se negocian.

Vaya a explicarle a la hija pequeña de René Fidel por qué su padre no tiene trabajo desde que ella nació. Explique por qué usted firmó esa expulsión apoyando a la actual Viceministra en su rencilla personal contra el profesor. Persiga a los estudiantes que hoy arriesgan perder su carrera o el trabajo al firmar una carta de apoyo enfrentando lo que consideran una injusticia. ¿No fue eso lo que les enseñaron era decente y correcto?

Cuba tiene límites impuestos por condicionamientos externos y otros por dinámicas criollas a las que el Presidente se ha referido en el programa Mesa Redonda como «bloqueo interno». A menudo cuesta diferenciar uno del otro pero ahora es evidente.

Si se tiene un compromiso real con el estado de derecho y las libertades ciudadanas en un modelo socialista, debería aclararse si el esquema propuesto sobre cómo debe ser un profesor universitario es producto del asedio externo y coyuntural (sí, lo sé) o es el modelo que proponen el gobierno y el Partido en Cuba para el futuro.

Quiero terminar siendo explícito en mi rechazo a cualquier forma de discriminación laboral o educacional sobre la base de preferencias políticas. Si se hizo una revolución en Cuba prometiendo eliminar los privilegios de unos pocos que podían acceder a la universidad, es trágico que 60 años después haya ministros justificando exclusiones con apoyo del gobierno y el Partido.

Una revolución debe ser mejor al sistema que le precede, o no lo es. En ese caso la conversación es otra.

(Puede interesarle: Aquí tampoco se rinde nadie)

Nuestra Voluntad

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Foto: CMKC

Nosotros, ciudadanos cubanos, profesores y egresados de la Universidad de Oriente y la Universidad Oscar Lucero Moya de Holguín, suscribimos la Carta Abierta: La Cuba que queremos, por el regreso a la docencia del profesor René Fidel González García, escrita por Álvaro Francisco Pixá Aliaga e Ismael Tamayo y al amparo de los valores, principios y el espíritu de la Constitución de 2019 por nosotros aprobada manifestamos nuestro deseo de que esta, nuestra voluntad, sea tomada en cuenta.

Rosa María Pixá Aliaga, Lic. en Periodismo, Universidad de Oriente

Roxana Romero Rodríguez, Lic. en Periodismo, ex Coordinadora Académica del Modelo de Naciones Unidas de la Universidad de Oriente y organizadora del Foro Social Universitario «Juventud y Revolución»

Amanda Rachel Morales, Lic. en Derecho, Universidad de Oriente

Dayana Mesa Guiralt, Lic. en Periodismo

Pedro Antonio Sánchez, Lic. en Filología. Universidad de Oriente

Dairon Martínez Tejada, Lic. en Periodismo, ex-Secretario del Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas de la Facultad de Humanidades por 5 años

Maiyelis Almodóvar García, Lic. en Derecho, ex Jueza

Rachel Caridad Ramos Palau, Lic. en Periodismo, Universidad de Oriente

Yelena Rodríguez Velázquez, Lic. en Periodismo, Universidad de Oriente

Yorgenis Duanis Pombert. Lic. en Comunicación Social, Universidad de Oriente

Claudia Montero. Lic. en Periodismo,Universidad de Oriente

Bertha Elena Sánchez Viamonte. Lic. en Periodismo. Ex Jefa de Brigada y miembro del Secretariado FEU de la Facultad de Humanidades

Yaritza Brooks, Lic. en Derecho, Consultora Jurídica

Daime Martha Rojas Oliver, Lic. en Derecho, Universidad Oscar Lucero Moya, Holguín

Edelman Henríquez Pons, Lic. en Periodismo, Universidad de Oriente

Elizabeth Reyes Canova, Lic. en Periodismo, ex Presidenta de la FEU de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Oriente

Raimundo Lora Freyre, Profesor Consultante y Titular de la Universidad de Oriente

Rafael Eligio Torres Rivera

Elvis Vera Vidal. Lic. en Derecho. Universidad de Oriente

Andrés Fernández Campanioni, Profesor Consultante y Titular de la Universidad de Oriente, ex-vice rector

Dayana Natacha Romero, Lic. en Periodismo, Universidad de Oriente. Ex Coordinadora Académica del Modelo de Naciones Unidas de la Universidad de Oriente y organizadora del Foro Social Universitario «Juventud y Revolución»

Javier Labrada García. Lic. en Periodismo, Universidad de Oriente

Maité Palacios Herrera. Lic. en Lengua Inglesa, Universidad de Oriente

Rosa Panadero Vega. Lic. en Periodismo, Universidad de Oriente

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Lo que se espera de un presidente

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Foto: Presidencia/Cuba

No hay fotos. Sostengo que hubo un hecho. El hecho sencillo y llano de que el presidente de Cuba se detuviera muy temprano en la mañana, frente a una parada, y montara en los autos de su comitiva a todo el que pudiera.

No estuve allí, apenas tengo los testimonios de algunos usuarios de la red. Uno asegura que alguien le contó que todo fue un montaje y los que subieron a los autos eran de la misma seguridad personal llegados previamente a la parada del P1. Tengo el relato de un par de excompañeros de escuela, tan opositores ellos, que están temerosos de perder la confianza de sus empleadores al contarme que vieron algo inconsecuente a su matriz descalificadora de los cubanos de la Isla y sus dirigentes.

Hace casi ocho meses si hubo un video. Más no hubo hecho. O el hecho no fue como lo presentaron y se hizo viral. Se escribieron toneladas de bytes con todo tipo de teorías y argumentaciones sobre el rechazo al Presidente en Regla. No por casualidad, sino porque había ido a ayudar, yo estaba allí. Por eso y no porque nadie me lo contó apegado a sus doctrinas y acriticismos, sostengo que hubo un video donde aparentemente el Presidente huía. Pero no hubo hecho, ni tal huida.

El honrado y coherente, espera encontrar esa misma coherencia en los demás y deposita su creencia en la honradez de los otros. Reconocer que un pueblo puede ser –y es— imperfecto, a veces torpe, tendiente a extremos y fanatismos, no debería ponernos a expensas de la impiedad o falta de fe en quienes nos rodean. Un pueblo sin fe no es un pueblo sabio, es un conglomerado insano.

La aspiración imperialista es en mi opinión, el problema mayor, el padre de toda la gama de problemas que tenemos los cubanos. Como tendría que escribir un tratado para demostrar tal proposición, ni siquiera me tomo la molestia de rebatirle a quienes, con todo derecho, piensan lo contrario. Creo en ello por fe, y la fe no se debate en los predios de la filosofía ni las ciencias.

Se cree en algo, o no se cree.

Y yo creo que la primera tarea de la ideología de derecha en Cuba es dejarnos sin asideros espirituales. No solo perseguir las transacciones financieras, o los bancos que nos otorgan créditos, o las navieras que transportan nuestros carburantes mientras, a la vez, permiten que sus compañías nos vendan comida que hay que pagarles al contado para que luego sus pretorianos del odio vociferen en las redes “¿Cuál bloqueo?”. Mientras, cientos de pequeños emprendedores ven afectados sus negocios por la prohibición de los cruceros, o la pediatra de un hospital manzanillero tiene que decidir a quién le pone la última dosis de octanate que le queda en existencia en ese momento.

Es tarea de la derecha en Cuba que dudemos enfermizamente unos de otros y no confiemos en la honradez del que nos acompaña. Que al mirarnos en el espejo, nos veamos incoherentes y absurdos, sin sueños ni esperanzas, con el amigo convertido en adversario y el adversario disfrazado de amigo.

También tengo fe en que, si hubo un Cristo que multiplicó panes y peces, y un Antonio Maceo que lanzó el arroz con pollo al caldero donde se cocinaba el caldo de la tropa, y un Silvio Rodríguez que le canta a los pobres de la tierra en sus barrios, puede haber un Díaz-Canel que detenga la caravana presidencial para montar a unos pocos de sus coterráneos. Aunque sepamos que es mucho más lo que se espera del presidente de un país. Se espera incluso pueda evitar con su equipo de gobierno, la agudización de nuestra ya perniciosa crisis.

Se cree en él mientras se sostiene que la exclusión del pensamiento diverso solo atiza más el odio entre cubanos. Se apoya al presidente mientras se exije que pida la renuncia a una ministra torpe en comunicación política. Se le demanda que responda al doctor René Fidel y obligue a la Fiscalía General de la República darle curso a los justos reclamos de este ciudadano. Se le pide al presidente cada día que la institucionalidad atienda a todos los cubanos por igual, piensen como piensen y se expresen como se expresen.

Si bien la fe es necesaria para la salud de los pueblos, el fanatismo y el extremismo, los rencores y los odios, las catarsis depredadoras del colectivismo y la solidaridad, nos matan como nación. Lo único defendible a ultranza en esta vida debería ser el amor al prójimo y el respeto a quienes lo practiquen. Es por ello que, entre muchos otros, respeto a Cristo, Antonio Maceo y ahora agrego a Díaz-Canel. Sin olvidar que este último me sigue haciendo esperar por sus respuestas, no necesito fotos de lo sucedido en aquella parada del P1. Es lo que se espera de un presidente.

The bad bureaucrat

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Some of us use the term bureaucracy a lot in our analyses, and we do not realize that it may be somewhat confusing for our readers. The way in which we scientifically use the concept may be slightly at odds with the popular representations existing in common knowledge regarding ‘bureaucracy’ and ‘bureaucratism’. In our country, most people associate these terms with red tape, absurd delays, poor service and irritating procedures. We also have a notion of what a ‘bureaucrat’ is: that repetitive and servile being when looking upwards and authoritarian when looking downwards, who has often been the target of local humor.

The concept of bureaucracy has been developed by many authors, including the brilliant German sociologist Max Weber. I do not mean to carry out a thorough discussion of his ideas in this article, for which I recommend the texts by Mario Valdés Navia in this very site. I would only like to say that many of us are influenced by the notion of bureaucracy developed by Trotsky in works such as The Revolution Betrayed, in which he portrays it as a new class that usurps the leadership of society.

When we say bureaucracy, we do not only mean dysfunctionality in public administration. We are making reference, above all, to the disproportionate empowerment of State officials. We say that those who should be public servants are exploiting their positions to exert domination and grant themselves privileges.

However, it’s not about building a narrative about the wickedness of those who occupy positions as public officials. Personally, I believe there’s no real basis for the stories some would construct about the evil character of leaders; conspiracy theories which depict them as power-hungry beasts. These are representations handled by the radical opposition, which, in my opinion, are very far from the truth.

It’s not a question of individuals, but a question of structure.

Real life shows us many examples which contradict what they mean to sell us with that discourse. There are honest leaders, company directors with poor roofing on their private homes, and who do not consume more fuel than they are allocated. There are people who assume positions of responsibility no one else would, because they imply a major risk of bringing trouble on oneself. There are leaders who listen to the humblest of workers and take their opinions into account.

The inefficiency of bureaucracy has the flip side that, in some sectors, one can find highly efficient civil servants. These people are well qualified in their fields, and if they can’t do more it’s because the general mechanisms keep them from doing so. In that sense, it must be said that not everyone deserves to be described as a ‘bureaucrat’.

In order to understand the characteristics of Cuban bureaucracy and assess its performance, one must resort to history. This structure appeared as a response to specific issues, and it hasn’t changed much since then.

The Cuban Revolution was very successful at destroying most of the forms of private domination existing in the neocolonial past. Private property over the means of production was almost completely eliminated. However, once the State assumed control over nearly everything, it became the victim of an inevitable paradox: it could not eliminate the division between intellectual, administrative and leadership labor and manual labor. With the inexistence of non-authoritarian ways to organize labor, it had to be organized in a centralized manner.

Domination is never based only on the exploitation of man by man and on the appropriation of surplus. It is also an inevitable result of the division of labor, which long ago separated the leadership function as a special task and promoted authoritative ways to organize labor. That separation of functions is essential, for it allows the appearance of that darkened space around the leaders, which lets them exploit those at the bottom with impunity.

In Cuba, the forms of private domination were eliminated, and there was an attempt to eliminate the exploitation of man by man. But the figure of the person in leadership continued to exist, which extended public domination by the State. Since the leaders are in a position beyond the control of those at the bottom, the space is created for impunity and temptation, something human beings are unlikely to resist. Through that gap, the exploitation of man by man and the appropriation of surplus creep in.

The Cuban bureaucracy has been very effective in achieving that for which it was created: to manage the whole process of production and –what’s been more important in the long run– distribution. If the authoritarian organization of production has been determinant, then an even more significant role –in these days when nothing much is really produced– is played by the authoritarian organization of distribution, which materializes in the centralized distribution of resources, that is, fuel, foodstuffs, finances, etc.

That bureaucracy has also been very effective in avoiding the resurgence of forms of private domination. Major domestic private property has still not reappeared. However, it has been unable to avoid becoming a mechanism of public domination, which is exerted in the usual manner of contemporary times: through corruption and the creation of privileges.

The great solution for this problem would be, obviously, the complete socialization of the main means of production and the construction of non-authoritarian ways for the division of labor. But this is much easier said than done. Cuba, as an underdeveloped country, is subject to the old paradigms of thought and authoritarianism, even through Spanish inheritance. There would still be much to be learned from the popular education methods of Paulo Freire.

On the other hand, the latest improvements in robotics and cybernetics, the social networks and the new methods of management based on innovation are some of the most recent advances which allow us to glimpse the possibility of non-authoritarian ways to organize labor. But these advances have become the norm in developed countries, not in Cuba. If Cuba should wish to become a developed country by modern standards, it should start in a lower rung, by strengthening the authoritarian methods of production, like China did.

Then all we need to do is to give the issue a political solution, by creating mechanisms of popular control over the bureaucracy. Domination would still exist, but at least the citizens would have a way to reduce the space for impunity.

However, the Cuban bureaucracy, as the Soviet bureaucracy was in its day, is a closed system which covers all of society and has no counterweight. This also has a purpose: to avoid any breach which may be used by the Revolution’s many and powerful enemies to destroy it. In that sense, we must also acknowledge that the purpose has been fulfilled. The downside is that it gets rid of any means to counteract the public domination exerted by the State.

The Cuban bureaucracy has been, until now, a closed system, because the citizenry has a very limited capacity to control those who become members of it and what positions they hold. That’s all controlled by the Party through its Cadre Policy, so the leadership becomes almost a caste, as the Soviet nomenklatura once was.

As one can see, it is not a question of individual evil: other people in the same positions would make similar mistakes. That’s why this is not an issue that can be resolved with moralizing campaigns or with slogans in the media. That some corrupt leaders be punished from above may have a temporary effect, but it doesn’t provide a lasting solution either. Structural problems can only be solved with structural changes.

Meanwhile, as was said back in the day, the struggle continues.

(translated from the original)

Cuban Education and Its Challenges

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Photo: Radio Rebelde

Official and alternative media have published various news items about the long-awaited rise in wages in the Cuban state-budgeted sector. Specific attention has been paid to the impact that the measure has had at all levels on the teaching profession and overall education, one of the most depressed lines of work in present-day Cuban society. It has been an act of justice for teachers and professors, whose unconditional dedication has endured, in spite of difficulties, broken illusions and unfulfilled dreams.

While the exodus of teachers continued to better-paid jobs in other sectors –both in Cuba and abroad–, the social disrepute of academic work increased, and lack of motivation affected quite a few teachers who remained steadfast in schools and universities. The Ministry of Education applied palliative measures, such as sending young professors from the eastern provinces to the west, graduating teachers in emergency programs and using university students to compensate for the shortage of academic personnel, among others, which did not provide a definitive solution to the problem. There was no tackling of the underlying causes in order to root the problem out completely.

For quite some time, the Government and the economists in Cuba had been struggling with a seemingly endless contradiction. Some believed that the rise in wages for the state-budgeted sector was unsustainable –in economic terms– without the support of domestic production in certain branches of the economy, while other theories held that it had an ideological and political impact and was a matter which could not be put off in Cuban society. For a long time, teachers had to implement their own strategies to survive; that’s why the long-awaited measure was a necessity, for their income levels were well below their social contribution and impact.

The return of thousands of teachers to the classrooms is one of the tangible results of the wage rise in Cuba. Official sources recognize that more than 8,000 teachers rejoined the educational sector for this 2019-20 academic year, which represents a school coverage of over 90%. Undoubtedly, these figures will enable full staffing in many schools and municipalities –an unheard-of situation for several decades– and the guarantee of quality in Cuban education.

The measure represents a form of social recognition for the workers in the educational sector, which will constitute an incentive for the students gaining admittance to Higher Education, an impact to be reflected in a greater enrolment for pedagogical courses. We cannot overlook that low enrolments for those university courses were the result of the loss of prestige of the educational sector and of the little appreciation society had for the teaching profession. At the very moment in which policies are being adopted for the restriction of imports and the search for an increase in exports, the measure has brought about a significant impact in society by reducing the levels of consumption for certain products.

Its results have been palpable, and it would have alleviated the exodus of teachers had it been applied in another historical context, but we didn’t allow ourselves to be cheered by siren calls. The measure itself will not fulfill all expectations if no solutions are given to other material problems affecting the more depressed sectors of Cuban society. I make reference to sensitive questions such as housing, footwear, food and clothing, among others. The wage rise brings relief, that’s true, but it doesn’t solve the problem permanently, something which has been admitted by President Miguel Díaz-Canel Bermúdez himself.

While material changes are important, the educational sector urgently needs substantial transformations in the leadership of its ministries. Between ‘fears, means and modes’, the antiquated methods of bureaucracy have not changed in recent years, and the levels of impunity have gone over the limit. Although there has been criticism in the social media of the highly flawed rant by the Cuban Senior Deputy Minister of Higher Education, I come back to the topic because I am worried that the rise in wages be taken as a sine qua non condition to impose ways of thinking attached to forms of fainthearted pigeonholing which fragment Cuban society.

For her part, the Minister of Education, Ena Elsa Velázquez Cobiella, published in her Twitter feed: ‘Those who do not live in Cuba have no right to criticize us’. As I responded at the time: ‘We should only ask ourselves: would we be here today without criticism? Let us reflect on the importance of criticism, and do away with the adjective “constructive”. Pure and simple criticism, that of which those of us who carry in our hearts the conquests of the Teacher should have no fear’. Those of us who live outside of Cuba today also made significant contributions while we were there. We are as Cuban as the royal palm tree, and nothing and no one shall deprive us of the right and the duty to desire what’s best for our country.

(Translated from the original)

No es un problema de buenos y malos

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Ilustración: Cubadebate

Algunos utilizamos mucho el término burocracia en nuestros análisis, y no nos damos cuenta de que eso puede confundir un poco a los lectores. El uso que le damos científicamente al concepto puede chocar un poco con las representaciones populares que existen en el sentido común sobre “burocracia” y “burocratismo”. En nuestro país, la mayoría de las personas asocia ese término con la lentitud de los trámites, con las demoras absurdas, los malos tratos, los procedimientos engorrosos. También tenemos una noción del “burócrata”, ese ser repetitivo, servil hacia arriba y autoritario hacia abajo, que ha sido presa habitual del humor criollo.

El concepto de burocracia ha sido desarrollado por muchos autores, entre ellos el genial alemán Max Weber. No pienso hacer una exposición exhaustiva de él en este artículo, para lo cual recomiendo los textos de Mario Valdés Navia en este mismo espacio. Solo quisiera decir que muchos de nosotros estamos influidos por la noción de burocracia que desarrolló Trotsky en obras como La revolución traicionada, en donde la muestra como una nueva clase que usurpa la dirección de la sociedad.

Cuando decimos burocracia, no estamos hablando solo de la disfuncionalidad en la administración pública. Nos estamos refiriendo al empoderamiento desproporcionado de los funcionarios del Estado. Decimos que aquellos que deberían ser servidores públicos, están explotando sus posiciones para ejercer la dominación y construirse privilegios.

Sin embargo, no se trata de construir una narrativa sobre la maldad de esas personas que ocupan posiciones como funcionarios públicos. Personalmente, creo que no tienen base las historias que algunos quieren construir sobre el carácter macabro de los dirigentes, teorías de la conspiración que los pintan como bestias sedientas de poder. Son representaciones que se manejan en la oposición radical, muy alejadas, a mi entender, de la verdad.

No es un problema de individuos, sino de estructura.

La vida real nos muestra muchos ejemplos contrarios a lo que nos quieren vender con ese discurso. Existen dirigentes honrados, directores de empresa a los que se les está cayendo el techo, y que no consumen más gasolina que la que tienen asignada. Personas que toman posiciones de responsabilidad que nadie quiere tomar, porque implican un gran riesgo de buscarse problemas. Dirigentes que escuchan al más humilde de los trabajadores y toman sus opiniones en cuenta.

La ineficiencia de la burocracia tiene el reverso de que, en algunos sectores, uno se encuentra funcionarios muy eficientes. Gente muy bien preparada en sus campos que, si no pueden hacer más, es porque los mecanismos generales no se lo permiten. En ese sentido, hay que decir que no todo el mundo se merece el calificativo de “burócrata”.

Para poder entender las características de la burocracia cubana, y valorar su desempeño, es necesario recurrir a la historia. Esa estructura surgió para dar respuesta a una problemática, y desde entonces no ha cambiado mucho.

La Revolución Cubana fue muy exitosa en destruir la mayor parte de las formas de dominación privada existentes en el pasado neocolonial. Fue eliminada casi por completo la propiedad privada sobre los medios de producción. Sin embargo, una vez que el Estado tomó el poder de casi todo, fue víctima de una paradoja inevitable: no podía eliminar la división entre trabajo intelectual, directivo y dirigente, y trabajo manual. Al no existir formas no autoritarias de organizar el trabajo, este tuvo que ser organizado de una manera centralizada.

La dominación no se fundamenta nunca solo en la explotación del hombre por el hombre y en la apropiación del excedente. Ella es también, un resultado inevitable de la división del trabajo, que hace mucho tiempo separó la función dirigente como una función especial, y promovió formas autoritarias de organizar el trabajo. Esa separación de funciones es lo esencial, pues ella permite que surja, alrededor del que dirige, ese espacio de oscuridad que le permite explotar a los de abajo impunemente.

En Cuba se eliminaron las formas de dominación privada, se intentó eliminar la explotación del hombre por el hombre. Pero siguió existiendo la figura del dirigente, con lo cual se amplió la dominación pública por parte del Estado. Al estar el dirigente en una posición en la que los de abajo no lo controlan, se crea el espacio para la impunidad, y la tentación, algo que los seres humanos difícilmente pueden rechazar. Por esa fisura entra la explotación del hombre por el hombre y la apropiación del excedente.

La burocracia cubana ha sido muy efectiva para conseguir aquello para lo que fue creada: administrar todo el proceso de producción y, lo cual ha sido a la larga más importante, la distribución. Porque si ha sido determinante la organización autoritaria de la producción, más determinante es, en estos tiempos en los que no se produce realmente mucho, la organización autoritaria de la distribución, lo cual se manifiesta en la distribución centralizada de recursos, dígase la gasolina, los alimentos, las divisas, etc.

Esa burocracia también ha sido muy efectiva en evitar el resurgimiento de formas de dominación privada. Sigue sin reaparecer la gran propiedad privada de origen nacional. Sin embargo, no ha podido evitar convertirse en un mecanismo de dominación pública, la cual se ejerce del modo en que esta ha funcionado en la contemporaneidad.

La gran solución para este problema sería, evidentemente, la completa socialización de los principales medios de producción y la construcción de formas no autoritarias de organizar el trabajo. Pero esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Cuba, como país subdesarrollado, está sujeto a los viejos paradigmas del pensamiento y al autoritarismo, también por la herencia hispánica. Habría que aprender todavía mucho de los métodos de la educación popular de Paulo Freire.

Por otro lado, los últimos adelantos de la robótica y la cibernética, las redes sociales, y los nuevos métodos de gestión basados en la innovación, son algunos de los adelantos más recientes que permiten vislumbrar la posibilidad de formas no autoritarias de organizar el trabajo. Pero esos avances están a la orden del día en los países desarrollados, no en Cuba. Si Cuba quisiera llegar a ser un país desarrollado según el paradigma actual, lo que debería hacer es empezar por un escalón inferior, fortaleciendo los métodos autoritarios de producción, tal y como hizo China.

Entonces solo queda darle una solución política al asunto, creando mecanismos de control popular sobre la burocracia. Seguiría existiendo la dominación, pero al menos los ciudadanos tendrían un modo de reducir el espacio para la impunidad.

Sin embargo, la burocracia cubana, como en su tiempo lo fue la soviética, es un sistema cerrado que abarca a toda la sociedad y no tiene contrapeso. Esto también tiene un objetivo: evitar cualquier brecha que puedan utilizar los múltiples y poderosos enemigos de la Revolución para destruirla. Y en ese sentido, también hemos de reconocer que se ha cumplido el objetivo. Lo malo es que desaparece cualquier medio para contrarrestar la dominación pública por parte del Estado.

La burocracia cubana es, hasta ahora, un sistema cerrado, porque la ciudadanía tiene escasa capacidad para controlar quienes pasan a ser miembro de ella y qué posiciones ocupan. Todo eso se controla desde el Partido a través de la Política de Cuadros, por lo que los dirigentes pasan a ser casi como una casta, como en su tiempo fue la nomenclatura soviética.

Como se ve, no es un asunto de maldad particular: otras personas en las mismas posiciones cometerían errores similares. Por eso no se trata de un problema que pueda resolverse con campañas moralizantes, o con consignas a través de los medios de comunicación. El que castiguen a algunos dirigentes corruptos desde arriba, puede tener un efecto temporal, pero tampoco aporta una solución duradera. Los problemas estructurales solo se solucionan con cambios estructurales.

Mientras tanto, como se decía en otro tiempo, seguimos en combate.

Mi compañera de viaje

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viaje
Foto: Granma

En su excelente libro La agonía de Mariátegui, Alberto Flores describe al pensador peruano “(…) obsesionado siempre por situarse, definir su circunstancia, entender su época”. En el campo intelectual e ideológico cubano se vive hoy una situación similar. Es una época que permite difundir con rapidez las opiniones y se piden, algunos exigen, posicionamientos y definiciones que deslinden, con precisión milimétrica, las más mínimas motivaciones políticas. Como siempre, la variable reacción del gobierno norteamericano se torna protagónica.

Esto ha ocurrido a raíz de la ola de críticas por las declaraciones de la viceministra primera del MES acerca del rol de los profesores en las universidades cubanas. El gremio ha mostrado una exaltación que recuerda la guerrita de los correos del año 2006, en la que intervinieron intelectuales cubanos residentes en la Isla y en otros países, con algunas diferencias importantes: primero, en aquel momento no existían posibilidades de difundir la información y crear estados de opinión con la prontitud actual; segundo, el gobierno cubano de entonces, tomando a la UNEAC como vocera, tranquilizó rápidamente a los que temían una vuelta a la política cultural del Quinquenio Gris. Una nota —cierto que críptica—, aparecida en el periódico Granma, aquietó el ambiente.

Ahora la situación es más complicada, pues el artículo de la referida funcionaria se hizo viral en poco tiempo, así como las discrepancias con respecto al mismo. Pero, contrario a lo que el sentido común demandaba, todavía se espera por una respuesta del gobierno, que, al callar, ha apoyado una declaración anticonstitucional que desconoce además el Estado Socialista de Derecho aprobado por la mayor parte de la ciudadanía el pasado mes de febrero.

El gobierno de los Estados Unidos ha aprovechado, como siempre hace, como seguirá haciendo, para condenar a Cuba por este asunto. Y curiosamente se han levantado voces que claman porque las personas que firmamos la carta pidiendo a nuestro gobierno una postura clara sobre el tema, nos desmarquemos de la actitud norteamericana, como si necesitáramos probar… ¿qué exactamente?, ¿que no apoyamos al bloqueo?, ¿que estamos en contra de la manipulación que hace EE.UU. para justificar las medidas que toma contra la economía cubana y que empeorarán las precarias condiciones de existencia de las personas? En mi caso estoy contra todo ello. Lo he dicho aquí y lo dije en Miami en julio del 2017, cuando el periodista que cubría para el Miami Herald el evento de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana preguntó mi opinión. Podría firmar otra carta, e incluso, de ahora en lo adelante, ponerle a  todo lo que escribo una posdata al estilo de: “el gobierno de los EE.UU. no puede hacer uso de mis opiniones para atacar a Cuba”.

¿Y qué resolvería con eso? Es de una ingenuidad patética pensar que se abstendrían de hacerlo. Entonces, ¿qué se nos propone?, ¿esperar a que el diferendo entre los dos países se resuelva para realizar cualquier crítica?   Existen intelectuales que desde fuera de Cuba hacen enormes esfuerzos por la normalización de las relaciones entre la Isla y el Norte, esa es su prioridad. Los respeto, apoyo y deseo fervientemente que puedan lograrlo. Pero mi prioridad es, por sobre todas las cosas, armonizar las relaciones entre nuestro gobierno y los ciudadanos, que ningún funcionario esté por encima de la Constitución acabada de aprobar por la gran mayoría y que cese la discriminación en las universidades por motivos ideológicos.

Gobernantes como Donald Trump son parte de una ecuación geopolítica que tenemos que asumir en cualquier proyecto que emprendamos. Sin embargo, a lo interno sí hay elementos novedosos en los últimos tiempos, a saber: un proceso de debate en torno al proyecto de Constitución que dejó más preguntas que respuestas y varias insatisfacciones, que coincidió con la ampliación sin precedentes del acceso a Internet a través de datos móviles, con la aspiración de un gobierno electrónico y con la apertura de cuentas en la red Twitter de los dirigentes de Cuba. Con toda lógica, estas transformaciones amplían las posibilidades de interacción de la ciudadanía con el gobierno y pueden generarse campañas cívicas que no necesariamente sean críticas.

Hay que adaptarse a los tiempos y no podemos permitir que sea el gobierno de EE.UU. el que dicte la pauta a los cubanos sobre lo que es conveniente o no hacer. Esas voces que consideran inoportuna la firma de la carta por lo que pueda influir en la relación precaria entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, deberían preguntarse qué razones han motivado al nuestro a ser blanco fácil de críticas que podían evitarse si se hubiera separado de su cargo a la funcionaria que hizo las declaraciones.

¿Prepotencia?, ¿espíritu de casta?, ¿falta de habilidad para lidiar con una ciudadanía definitivamente visible?

Es cierto que entre los críticos de la viceministra no todos comparten las estaciones de llegada, algunos pretenden un cambio de sistema y otros esperan un verdadero socialismo democrático. Si la terquedad política de los que nos dirigen ha motivado que encuentren un punto de contacto en tema profundamente cívico de sí como es el acceso a las universidades, entonces hay que pedir cuentas a la falta de estrategas entre nuestros dirigentes.

Se ha llegado a hablar de compañeros de viaje para referirse, peyorativamente, a los firmantes de la carta abierta al gobierno. En mi caso tengo una que nunca falla, mi conciencia, a ella me he atenido siempre para tomar cualquier decisión.