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El apagón analógico

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Foto: Escambray

Orgullosos deben sentirse los espirituanos por tener el programa radial Con voz propia donde periodistas y público intercambian directamente con ejecutivos de nivel provincial de manera franca. La dirección y presencia ante los micrófonos de la reconocida y popular Elsa Ramos es garantía de sostenibilidad de ese espíritu.

El tema del que escuché el sábado 24 de agosto no era para cardíacos: el apagón analógico (AA) en las trasmisiones del Canal Educativo. Azares de la naturaleza motivaron que cinco municipios espirituanos fueran seleccionados para estrenarlo desde este mes de septiembre.

Desde ya, el que no tiene un receptor híbrido o una caja decodificadora no puede ver más dicho canal. Lo que más preocupa a los televidentes provinciales no es esto, sino que la señal de su querida Centrovisión Yayabo usa ese espectro y goza de una bien ganada preferencia.

El problema tiene varios matices que fueron puestos sobre la mesa por periodistas y televidentes en forma de tres preguntas generales: ¿cómo los pobres van a poder comprar un televisor hibrido en las TRD si cuestan entre 10,000 y 20,000 pesos al contado y 1000 la caja decodificadora, si la encuentras?, ¿Cuándo se otorgarán créditos para la compra de televisores híbridos?, ¿por qué no se dejan ambas señales por más tiempo, como se ha hecho en casi todo el mundo, incluida la propia China?

A favor de los ejecutivos de Radio Cuba hay que decir que respondieron todo, con claridad en el lenguaje y transparencia. Por ello fue posible lograr una comunicación fluida, aun en cuestiones de carácter técnico que podían hacerse esotéricas para el gran público. Para más rareza, en varias ocasiones tanto periodistas como radioyentes mantuvieron sus criterios diferentes tras escuchar las explicaciones de los cuadros.

La cuestión de fondo es que, a nivel de país, se decidió el AA para fecha tan temprana porque con ella se ahorrarán millones de pesos al eliminar la costosa y obsoleta trasmisión analógica y asumir solo la digital. Con ayuda de China se ha logrado dominar la tecnología aplicada por Huawei que es de las más modernas del mundo. El problema es que no se pueden importar televisores occidentales porque no serían compatibles con ella. Hay que comprarlos en la TRD.

El objetivo de modernizar y abaratar las trasmisiones televisivas es muy loable; su aplicación en un plazo tan corto, con los altos precios del módulo tecnológico imprescindible y sin alternativas ventajosas para los clientes de pocos recursos, me parece una imposición monopólica. Solo comparable con aquella generalización de la cocción eléctrica aparejada a la subida de las tarifas de consumo.

Las mayores quejas de los clientes se hallan en los altos precios del módulo de recepción, falta de créditos para comprar TV híbridos, dificultades para obtener los créditos y altos precios de las piezas y los arreglos. De hecho, la motherboard de la cajita cuesta 36 CUC, el 90% del valor total del equipo.

En este caso es muy positivo que el Estado haya previsto la asignación de un módulo de recepción libre de costo a los pensionados y casos sociales. El problema es para las miles de familias trabajadoras que no pueden gastar, de golpe y porrazo, esa cantidad de dinero –en el mejor de los casos, unos 500 CUC/12,500 CUP? porque muchas sencillamente nunca han visto esa cantidad de dinero junta en su vida.

A mi modo de ver las soluciones viables en un plazo inmediato giran en torno a: la ampliación del plazo para eliminar la señal analógica; el abaratamiento de los televisores híbridos y las cajas decodificadoras en las TRD; el ablandamiento de las condiciones para el otorgamiento de los créditos comerciales a los que los necesiten para comprar el módulo completo, no solo la caja decodificadora; la ampliación de los plazos de garantía y la creación de mejores condiciones materiales para el mantenimiento de los equipos.

La solución real y definitiva a situaciones como esta tendrá que esperar a que ocurran dos transformaciones mancomunadas: la eliminación de la multiplicidad monetaria y cambiaria, y una reforma general de salarios y precios que haga corresponder mejor el nivel de vida de los trabajadores y sus familias con el aporte de cada uno al bien común.

Como estas últimas están pendientes hace ya tanto, creo mejor concentrarnos en las viables de inmediato. Mientras, que los espirituanos sigan disfrutando de Con voz propia donde, al menos, periodistas, ejecutivos y radioyentes aprendieron a decirle al pan, pan y al vino, vino, sin tapujos.

Esteban Morales sobre el profesor René Fidel

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Foto: Raquel Pérez/OnCuba

El Dr. Esteban Morales Domínguez sumó su apoyo a la carta enviada al Presidente de la República por un grupo de graduados y profesores de la Universidad de Oriente y de la Universidad de Holguín Oscar Lucero.

Yo sufrí algo similar, pero no albergo ningún resquemor ni resentimiento al respecto. Y como sabrán, el Cro. Raúl Castro se encargó de solucionar el asunto, a quien le estoy muy agradecido. Pues hizo justicia, lo que me reafirmó aún más en el convencimiento de que la injusticia no tiene cabida entre nosotros. Como ahora tampoco la tendrá.

Y eso es lo que reclamamos todos. De manera insistente y sin ceder terreno.

Si se ensañaran con los firmantes de la carta, solo habría que arreciar la pelea, pues nunca podremos darnos por vencidos en esta situación, dado que resulta evidente para mí que se trata de una injusticia, lo cual no es permisible.

Mis notas en Facebook han sido muy duras, incluso las dirigidas al Ministro personalmente. Creo que bien pudo haberse quedado callado si no podía hacer otra cosa. No la infamia que cometió.

Si permitimos cosas como estas, habría que cerrar nuestras universidades, como ya lo he expresado también. Así como indicado mi posicion, de que cualquier nivel superior al de la Viceministra que asuma una posicion similar, como ha tenido lugar con el Ministro en la mas reciente Mesa Redonda, debe ser objeto tambien de nuestra crítica intolerante y más aguda.

Lo único en que debemos poner cuidado, es mantener la pureza revolucionaria del grupo que reclama, evitando que ningún oportunista del otro lado del espectro ideológico quiera sacar provecho de estas contradicciones entre revolucionarios.

Por lo demas, cuenten conmigo y mantenganme al tanto de cualquier acción que deseen realizar.

Con esta nota, como ya he expresado, pueden dar por firmada la carta de mi parte.

Saludos revolucionarios.

Un abrazo.

Dr. Esteban Morales Domínguez

El enalapril o cómo eternizar una coyuntura

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Foto: Hablemos Press

Cuando escucho la aspiración de nuestro gobierno de luchar por “una cultura del detalle”, no deja de sorprenderme una pretensión de tal magnitud en un país en que cuestiones que son enormes y evidentes se descuidan. Una de ellas es el contraste entre las declaraciones públicas de ciertos funcionarios a la ciudadanía y la constatación real de que nos han mentido de modo flagrante o, al menos, que han dicho solo una parte de la verdad, otro modo sutil de engaño.

Ya mucho antes de la coyuntura, la situación de escasez de medicamentos se había agudizado, por desabastecimiento total en algunos casos e insuficiencia notable en otros. El día que eran abastecidas, en las farmacias se formaban largas filas desde horas de la madrugada. Ancianos y personas enfermas que viven solas y no tienen quien les ayude, mostraban en sus rostros el esfuerzo extremo a que los sometía la situación.

A inicios del mes de julio se dedicaron dos programas consecutivos del espacio televisivo Mesa Redonda al tema de los medicamentos. Fueron invitados funcionarios del Ministerio de Salud Pública, del Grupo BioCubaFarma encargado de la parte productiva, y de la empresa de Farmacias y Ópticas, facultada para la distribución y comercialización.

Las explicaciones fueron minuciosas, se reconoció que en algunos casos, obligados por el bloqueo de EE.UU., se había cambiado de proveedores de materias primas y eso obligaba a comprobar la calidad de los medicamentos antes de sacarlos al mercado, en otros existieron problemas con los barcos que trasladaban las mercancías, en menor medida por insuficiencia tecnológica o roturas.

En particular, presté atención a lo que se decía acerca del enalapril, antihipertensivo que tengo prescrito desde hace varios años y que ha sido muy efectivo para controlar mi presión arterial. Este es uno de los medicamentos que ha tenido inestabilidad desde inicios de año. Ha faltado por largas semanas y se comenzó a vender solo una caja con 30 tabletas de 20 mg, la mitad de lo que tengo indicado en el tarjetón de control de medicamentos que se confecciona a partir de un certificado médico que indica la dosis a cada paciente.

Cuando en mayo escribí el artículo “Jugada Crítica” afirmaba: “Hace dos meses redujeron a la mitad las dosis de antihipertensivos y de otros medicamentos indicados por prescripción facultativa. El semanario matancero Girón intenta educar a la gente para que consuma medicina verde como alternativa”.

Para mi tranquilidad, en la Mesa Redonda se dijo que el enalapril se estabilizaría durante el mes de agosto. Unas semanas después de tales planteamientos, el periódico Granma dedicaba un extenso artículo al tema. Allí aparecía una tabla con la cobertura por días de los principales medicamentos en la red de farmacias. El enalapril se declaraba con 45 días de existencia.

A mediados de agosto, una vecina comentó que en la farmacia donde nos corresponde adquirirlo la administradora le había informado que sería definitiva la cantidad de 30 tabletas por paciente. La creí confundida y llamé para comprobar. Se me explicó lo mismo y solicité el número telefónico de la Empresa de Farmacias y Ópticas. Al plantear mi queja se me dijo que era sin dudas una confusión de la administradora.

Vuelta a comunicarme con la farmacia, la susodicha se comprometió a llamar “a Farma”, pidió mi número y en efecto me contactó para darme la siguiente explicación: allí le habían dicho que sí era cierto lo de la disminución a la mitad de las dosis, pero que debían ser los médicos y no las farmacéuticas los encargados de definir la cuestión; por razones obvias.

Hasta el momento he preguntado a cinco médicos, incluyendo a la que atiende mi área, y no tienen esa orientación. Al regresar a la farmacia a comprar el enalapril correspondiente a septiembre, la farmacéutica me confirmó que tenían una indicación escrita que determinaba que a los pacientes se les vendería solo esa cantidad, y que a todos los que presentaran un nuevo certificado —hay que renovarlo una vez al año—, se le cambiaría la prescripción para reducirla a la cantidad ya dicha.

A mi pregunta de ¿y al que le suba la presión entonces por insuficiencia del medicamento? respondió que tendría que presentar un expediente “de este tamaño”, y unió sus palabras con un gesto que describiría, por lo menos, a la Enciclopedia Británica.

Confieso que inicialmente desconfié de la veracidad de las farmacéuticas, pero ellas asumen la explicación sin vacilaciones, de manera pública, y orientan que quien tenga dudas verifique. Es difícil pensar entonces que se trate de una triquiñuela.

Busqué información sobre el enalapril y se dice que efectivamente debe comenzarse en dosis mínimas de 5 a 10 mg diarios, que puede ir subiendo pues la tolerancia es muy rápida y obliga a aumentar las dosis. Así fue como comencé a consumirlo hasta llegar a los 40 mg diarios que necesito.

Otra información consultada fundamenta: “Se debe ajustar la dosis según las necesidades del paciente hasta un máximo de 20 mg al día en pacientes de 20 a < 50 kg y 40 mg en pacientes de ? 50 kg”.

No hay que ser un especialista para constatar que el peso de los pacientes influye en las dosis. Amén con seguridad de otros muchos factores de los que no me atrevo a opinar pues no soy médico. Estoy en un grave aprieto, pues peso muchos más kilogramos de los que quisiera y, aun si decidiera hacer una dieta estricta, mi talla es de casi un metro ochenta, eso quiere decir que para bajar de los 50 kilos solo becada en un campo de concentración.

No me explico entonces por qué se ha tomado una decisión definitiva para algo que fue inicialmente coyuntural. ¿Se puede arriesgar la salud de las personas con una decisión que rescata el igualitarismo que tanto combate el discurso político?, ¿por qué los médicos no orientan estudios previos a la disminución de la dosis? Esto no es el pan de la bodega ni mucho menos.

El estrés es uno de los factores que pueden incrementar la presión arterial. Si algo nos sobra en medio de la situación coyuntural es eso. Al menos entonces no hagamos peligrar la salud del pueblo.

Message to the minister of higher education

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Photo: MES

Yesterday you appeared in the Mesa Redonda program at a time when your Ministry of Higher Education is the target of strong accusations of discrimination as a result of a text published by your deputy minister. There, you simplified the criticism by using the example of a professor with ties to the opposition, while you said nothing about professors with a distinguished revolutionary track record who have also been removed from their positions. It’s regrettable that you try to pass all those who have been ousted from the lesson halls off as members of the opposition, when you know that’s not the case.

You manipulated information, handpicking convenient examples to show to the people and articles to mention from the Constitution, when a few others would easily demonstrate your violation of the Rule of Socialist Law. Abuse of power, like in the case of professor René Fidel González at the University of Oriente, a party member expelled by the current deputy minister, does a lot more harm than an external campaign. How can it be explained that a defender of socialism be expelled too? It’s impossible. Better to focus on the enemy and silence internal contradictions.

Undoubtedly, your presence on television was supported from above. I reject the counterproductive stance of a high official who insists on maintaining outdated discourses and practices instead of listening to the criticism of the people, or who ignores that criticism because the opposition tries to use the issue to further its agenda. In politics, such inflexibility has a very high price that’s paid silently.

That a civil servant may call a person ‘mercenary’ in the absence of any legal process whatsoever and get away with it is an example of the fragility of the institutions and of a rule of law which is applied selectively. I do not share the opposition’s agenda, nobody in my family has, and I won’t be the first one, but I can’t stay silent when they go after the rights of others, whether an opposition-minded professor in Havana, a revolutionary in Santiago or an anarchist on the Moon. Rights are not negotiated.

Go and explain to René Fidel’s baby daughter why her father doesn’t have a job since she was born. Explain why you signed that expulsion in support of the current deputy minister’s personal grudge against the professor. Go after those students who today risk losing their courses or their jobs by signing a letter of support standing up against what they consider an injustice. Wasn’t that what they were taught was decent and correct?

Cuba has limitations imposed by external conditions, and some others brought about by domestic dynamics which the President has termed ‘internal blockade’ in the Mesa Redonda program. It is often difficult to tell one from the other, but it is clear enough here.

If there’s a real commitment to the rule of law and civil liberties in a socialist model, it should be clarified whether the proposed paradigm for what a university professor should be like is a result of external siege in a specific juncture (yes, I know), or the model being proposed by the Government and the Party in Cuba for the future.

I would like to finish by being explicit in my rejection for any form of workplace or educational discrimination on the basis of political preferences. If a revolution was made in Cuba by promising to eliminate the privileges of the few who could gain access to university, it is tragic that 60 years on there be ministers justifying exclusions with the support of the Government and the Party.

A revolution should be better than the system that precedes it, or it isn’t. In that case, it’s a whole different conversation.

(Translated from the original)

What’s expected of a president

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Photo: Radio Rebelde

There are no photos. I maintain it was a fact. The plain and simple fact that the President of Cuba pulled over at a bus stop very early in the morning and allowed as many people as he could to hitch a ride in his motorcade.

I wasn’t there; all I have is the testimony of several Internet users. One of them assures me that somebody told him it was all staged, and that those who got on the cars were personal security staff previously taken to the P1 bus stop. I have the story of a couple of former schoolmates, who are so committed to the opposition that they fear they could lose the trust of their employers by telling me they saw something inconsistent with their discrediting views of Cubans and their leaders.

Nearly eight months ago there was a video alright. But there was no fact. Or the fact was misrepresented and it went viral. Tons of bytes were written with all sorts of theories and arguments about the rejection of the President in Regla. I was there, not by chance, but because I had gone there to help. Based on that, and not on anyone’s account colored by their doctrines or uncritical attitudes, I can say there was a video in which the President apparently fled. But there was no fact, nor such flight.

Honest and coherent people expect to find that same coherence in others, and they place their belief in the honesty of others. Acknowledging that a people can be –and indeed is– imperfect, sometimes clumsy, and prone to extremes and fanaticism, should not drive us to impiety or lack of faith in those around us. A faithless people is not a wise people; it’s just an unhealthy gathering.

Imperialist ambition is, in my opinion, the biggest issue, the begetter of the whole assortment of problems we Cubans have. Since I would have to write a treatise in order to demonstrate such a proposition, I don’t even go to all the trouble of refuting the views of those who, in all their right, believe the opposite. I believe in that through faith, and faith is not debated in the realms of philosophy or science.

You either believe in something, or you don’t.

And I believe that the number one goal of right-wing ideology in Cuba is to deprive us of any spiritual refuge. It’s not only about tracking down financial transactions, or fining banks that grant us credit, or penalizing shipping companies that transport our fuel, while, at the same time, allowing their companies to sell us food we have to pay for cash down so that their soldiers of hate may shout on the web ‘What blockade?’. Meanwhile, hundreds of small entrepreneurs see their businesses affected by the travel ban on cruise ships, or the pediatrician of a hospital in Manzanillo has to decide which patient gets the last dose of Octanate left in stock.

It is the task of the right wing in Cuba to make us morbidly question each other and distrust the honesty of those next to us. They seek that, when we look in the mirror, we see ourselves incoherent and absurd, without hopes or dreams, with friends becoming foes and foes disguised as friends.

I also have faith that, if there was a Christ who multiplied the loaves and the fishes, and an Antonio Maceo who put his rice and chicken in the cauldron where the soup for his soldiers was stewing, and a Silvio Rodríguez who sings for the poor of this earth in their neighborhoods, there can be a Díaz-Canel who stops the presidential motorcade to pick up a few of his compatriots. Even though we know a lot more is expected from the President of a country. It’s even expected that he and his government staff may avoid the worsening of our already injurious crisis.

There’s belief in him when maintaining that the exclusion of diverse thought can only stir even further the hatred among Cubans. There’s support for the President when he is asked to request the resignation of a deputy minister who is clumsy at political communication. He is asked to give a response to Dr. René Fidel and force the Attorney-General of the Republic’s office to deal with the fair complaints of this citizen. The President is asked every day that he make institutions serve all Cubans equally, whatever their views and whatever their pronouncements.

While faith is necessary for the health of peoples, fanaticism and extremism, spitefulness and hatred, and catharses that prey on collectivity and solidarity, kill us as a nation. The only things to be defended at any price in life should be love for our neighbor and respect for those who practice it. That’s why, among others, I respect Christ, Antonio Maceo and –I now add– Díaz-Canel. And I do not forget that the latter still keeps me waiting for his answers. I don’t need photos of what happened at that P1 bus stop. That’s what’s expected of a President.

(Translated from the original)

La historia sufrió mucho

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historia

Triunfó la Revolución y buena parte del pueblo cubano espera un cambio resultante de la lucha revolucionaria que se gestó en las montañas y en los llanos. Por su parte, el Noticias del Hoy explica la caída del tirano como expresión de la crisis de la filosofía burguesa.     Fue algo tan extraño, que en Combate dijeron que en el Hoy estaban hablando en chino; bien enajenados andaban, diría yo.

El caso es que desde los propios inicios de la acelerada transformación social, la militancia comunista –guiada por su partido (PSP)—, arrastraba el dogma suministrado por la URSS. A pesar de haber presenciado un verdadero proceso popular y que su incorporación a la lucha armada fue tardía, seguían enfrascados en hablar en sus medios divulgación de “revolución proletaria” y todo el andamiaje correspondiente.

Ese grupo es el mismo que al ser presentado por Fidel en el proceso de unificación de las diferentes fuerzas revolucionarias, mientras aquel le adjudicaba la legitimidad del M-26-7 y del Directorio Revolucionario asociada a su participación, valor y protagonismo, marcó al PSP como “los que sabían”. Tal proclamación daba suficiente aval político ante los ojos del pueblo cubano, a las “facultades” que devendrían de los miembros de aquella organización.

“Los que saben” no dejaron de insistir en señalar camino. No tardaron nada, y las filas del las ORI se desproporcionaban con más miembros PSP que de otros grupos. Nunca fueron pocos sus intentos por ejercer el poder –intermedio, como un mayordomo medieval— que nos legaron polémicas en los sesenta, quinquenios y otros tantos momentos oscuros producto del entusiasmo militante de arbitrariedad, abuso de poder, etc. La tendencia del sentido común del clásico pesepista era a proyectarse cada vez más invasivo con las prácticas sociales, económicas, políticas, educacionales, culturales y en cada rincón que ha podido. Las ocasiones de extremismos provocados por el dogma no cabrían en este post.

Solo faltaba el fracaso del proyecto de industrialización y el posterior viraje hacia la URSS que se consolidó en los 70, para que aquella mentalidad del viejo militante tuviera el papel de mayordomo ya irrevocable. Sus portadores se adjudicaron el derecho a pensar y se lo quitaron a otros. Para el control de la ideología utilizaron todo cuanto pudieron. Aislaron las ideas, el debate, y los convirtieron en consigna.

La enseñanza de la historia

 La “revolución proletaria” la absorbió la Historia de Cuba; su estudio fue secuestrado por la sapiencia partidista con categorías y métodos esquemáticos. El noble saber se utilizó como poderosa arma.

Como toda conciencia teórica es un agente rectificador de la conciencia cotidiana, además de ser clave en la formación de valores y sentimientos de patriotismo que atraviesan la dimensión política de la ideología, se intentó poner al curso del tiempo en este archipiélago los encasillamientos economicistas de las formaciones económicas sociales, y se hizo. Los buenos pupilos, discutían si se era capitalista, esclavista o feudalista en tal cuál o más intervalo de años.

Se intentó también utilizar la historia para construir toda una narrativa teleológica que su finalidad era –y es— demostrar el liderazgo, el protagonismo y respaldar una legitimidad histórica del Partido y de la subjetividad que lo caracterizan. Así se plasma explícitamente en el estudio de la Historia de Cuba en la educación primaria, secundaria, y que aniquiló otras tradiciones patrióticas sí surgidas en Cuba, que son tan o más válidas que el injerto al Caribe de la mentalidad del manual.

El sentido común que caracterizó a un viejo comunista nos entra a los cubanos y se propaga –en parte— por cómo se enseña a pensar la historia, la misma que después se convierte en prisma de la cosmovisión política.

Teniendo todo un mecanismo de propagación de las ideas construidas sobre aquellas traducciones del ruso, se pueden formar ávidos estatólatras como los de hoy sin que tengan que pasar por el manual, y tal vez los hay que ni siquiera los conozcan.

Por ahí le entra una parte del agua al coco. Pero los guardianes del dogma comunista de antes, defendían algo que les llegaba de manera más directa –estudiaban seriamente los textos donde estaba la doctrina— y por lo cual de verdad daban la vida. Los de ahora reproducen lo que ha quedado para repetir hasta la saciedad.

Y la historia se da dos veces…

LJC ya está en Telegram

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telegram

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Pensar un país de trabajadores

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trabajadores
Foto: El País

El nacionalismo ha sido la corriente política por excelencia de la burguesía y de la burocracia. Cuando los patriotas cubanos preparaban la lucha por la independencia las pugnas internas entre nacionalistas y socialistas/anarquistas giraban en torno al modelo de país que se construiría. Solo la adopción mayoritaria del programa ideológico martiano hizo que los obreros radicales volvieran a creer en la necesidad de la independencia. Martí les prometió una república ideal, pero digna de luchar por ella, un país con todos y para el bien de todos.

Entonces, ya los aristócratas cubanos habían pensado y repensado a Cuba mucho y bien. Integristas, reformistas, abolicionistas y autonomistas tenían un cuerpo de libros y ensayos sobre los asuntos cubanos sin igual en América. Pero los campesinos, libertos, artesanos, obreros, profesionales, intelectuales y burgueses medianos y pequeños pensaban de otra manera. Querían soberanía e independencia, pero con libertad política y justicia social plenas.

En la República Burguesa estos anhelos no fueron ni olvidados, ni muertos. Siempre hubo movimientos políticos y sociales, grupos de intelectuales y artistas, e individuos preclaros que se esforzaron por hacer realidad los sueños pospuestos del mambisado. A ellos se sumaban las nuevas banderas del siglo XX: igualdad política entre las clases, justicia social mediante un Estado protector y el sentimiento antinjerencista y/o antimperialista, arraigado visceralmente en diferentes sectores de la población.

La Revolución Cubana reunió nuevamente a nacionalistas y socialistas, ahora en el poder, mediante una alianza coyuntural que se hizo perdurable por el liderazgo indiscutido de Fidel, la amenaza permanente de agresión imperial y el sueño de crear una sociedad nueva y superior. Desde un inicio, el guía había proclamado clasistamente: “Compañeros obreros y campesinos, ésta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, por los humildes y para los humildes”,[1] uniendo así los más caros anhelos de luchadores sociales y nacionalistas radicales en un proyecto de socialismo nacional tercermundista.

Con el tiempo la burocracia hegemónica fue consolidando un modelo de país donde los que piensan son los que gestionan los medios de producción, deciden por todo el pueblo y disfrutan como oligarcas del patrimonio colectivo. Es esa visión de país la que ha enajenado a importantes sectores de la población que han acudido a la actividad económica ilícita, los nexos con el exterior y el sálvese quien pueda como válvulas de escape ante el hegemonismo burocrático.

En la difícil coyuntura de estos días, propiciada por las medidas extremas que la soberbia imperial ha aplicado ante su incapacidad para doblegar a Venezuela, Nicaragua y Cuba, se extiende el llamado del presidente a Pensar como país en pos de encontrar las mejores soluciones a las urgencias del momento y vencer en esta batalla. Apoyo y participo activamente de su exhortación, al tiempo que hago dos observaciones.

Primera: el país de los burócratas y el país de los trabajadores no es el mismo. Mientras para unos es la dieta especial, la casa lujosa y los viajes de vacaciones por el mundo, para los otros es la búsqueda del día a día, la escasez sempiterna y el salario que no llega al fin de mes. Es preciso que este espíritu de solidaridad entre todos no se acabe con el retorno a la normalidad, sino que se vuelva el pan nuestro de cada día.

Pensar como país exige mucho más que parar el carro para recoger peatones en las paradas. Es también descentralizar el poder, el plan y los recursos; empoderar a los colectivos obreros; eliminar la censura; publicar todas las estadísticas económicas y sociales; informar del patrimonio de todos los funcionarios y sus familias y liberar las trabas absurdas que sofocan la actividad económica de las empresas estatales, cooperativas y privadas.

Segundo: aquí hay mucha gente que hace tiempo está pensando desde, para y por el país y no son escuchados. Sus ideas y propuestas, que circulan en publicaciones científicas, sitios web, correos electrónicos y redes sociales, son ignoradas olímpicamente. Ni siquiera saben si algún decisor las lee, critica o toma en cuenta. Es preciso un diálogo nacional, abierto y público, donde se excluya solo a los traidores probados y estén todos los demás, para acabar de sacudir la mata y dar respuesta a los problemas enquistados, pero no insolubles, que afectan al país de todos.

Yo siento que pienso y escribo como país. De mis problemas personales jamás digo algo. Se que los que me quieren se pondrían tristes, y los que me odian se pondrían alegres. Muchos hacen lo mismo desde hace tiempo, sin que medien estipendios mercenarios ni pretensiones de trepar en la escala social. Es que pensar como país no debía ser una consigna coyuntural para los obedientes, sino un acicate para los críticos y todos los que bullen de nuevas ideas. Crear es la palabra de orden.

[1] Discurso en el entierro de las victimas de los bombardeos a los aeropuertos. La Habana, 16-4-1961.