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La relación del presente con el futuro no es inversa

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Foto: Periódico Invasor

La economía política que orbita alrededor del socialismo y que se respira en Cuba, emplea una dicotomía en clave de temporalidad. Con ello crea una especie de trade-off en el que la decisión se basa en: o apostar por el presente, o por el futuro; o que la dirección del país refuerce gastos en el consumo de la población, subsidiar servicios, etc.; o que invierta en industrias y aquellos sectores que tradicionalmente se asocian al desarrollo. De ahí se desprenden escolásticos debates de, por qué intervalo de la otredad del espacio[1] decidirnos para salvar para la construcción social; y de paso se crea otra antinomia socialista.

A la par, se da una apropiación colectiva inconsciente del binarismo en cuestión –mecanicista en ocasiones—. Así, casi sin percibirlo, cargamos –como pueblo— con la decisión de, si “comer” en el presente y dejarle a la posteridad el desastre, o por el contrario, sacrificarnos, “pasar trabajo” y “ahorrar más” –y no hablo de electricidad, sino de austeridad— para producir, invertir, y trabajar fuertemente y legar un buen futuro a las generaciones siguientes. La orientación de arriba, es por esto último.

La racionalidad que está detrás de tal visión no solo tiene su dosis de error, sino que es un poderoso instrumento político para los llamados forzados a recortar el consumo personal, a la calma, a la resistencia y a robustecer la economía de plaza sitiada –la favorita de la burocracia—. A lo que habría que agregar que el simplificado esquema de consumo/producción con discursividad socialista, ignora la inseparabilidad de los momentos antagónicos de una economía; es decir, que en la práctica no tiene que ser necesariamente “pan para hoy y hambre para mañana”, o su inverso de entre lo que se debe elegir. Más bien, el riesgo es que “el hambre de hoy” sea posiblemente lo mismo para mañana.

Relación de producción y consumo

El llamado Marx economista, luchaba en el campo de la ciencia correspondiente contra los mismos enemigos metodológicos que el maestro de la dialéctica. Uno de ellos –y no el principal—, es la falta de visión sistémica en la economía. Si bien todo el mérito no recae en el Prometeo, ya que en Ricardo quedaba planteada la secuencia del ciclo de la producción hasta el consumo –incluyendo sus elementos mediadores[2]–, es en el alemán donde se logra la visión más elaborada sobre el tema.

En los modestos Grundrisse, se desarrolla la relación entre producción y consumo y cómo la comprensión de este vínculo inseparable se puede extraer desde la mayor superficialidad de cualquier enfoque económico.

Así, resulta visible a la reflexión que un acto de consumo –en el sentido estricto— es de lo producido; es, por tanto, consumo productivo; y que cierra el ciclo productivo. Además, que la producción es siempre el consumo de determinados insumos y, consumo de la capacidad creadora directa del hombre; o lo que es lo mismo, que la producción demanda emplear fuerza de trabajo y recursos producidos por otro. De lo que deriva que declarar que se apuesta por, “o producir o consumir”, es ignorar la relación entre ambos –y que niega la exclusión que se le intenta atribuir—.

Por otro lado, el estado de esa relación producción-consumo siempre es resultante –en mayor o menor medida— de cómo se comportaba la dupla en la temporalidad instantánea anterior, y las anteriores; de ahí que el mañana sea resultado de la gestación ese ciclo hoy. Una sociedad que trabaja actualmente, es más empleo, más salario, más compras. Si no se van teniendo mejorías como acompañantes del esfuerzo laboral, no aparecerán de la nada el dinero y el bienestar al paso del tiempo.

Apuntarse debe, que las ideas anteriores, no son ni ningún plus ultra del pensamiento teórico de Marx, ni propiedad de este; pueden identificarse, claramente, por ejemplo, en los enfoques keynesianos de la economía. Por lo que valdría la pena preguntarse, ¿cómo se explica entonces, el trade-off que usa el discurso político del socialismo real?

Cuba no es la excepción. El futuro desde el hoy

En la economía cubana –a pesar de sus particularidades— al igual que en todas, si se apuesta en el corto plazo por el sector de los medios de consumo[3], lo que debiera ocurrir, es que estos puedan servir para generar la demanda que cerrará el ciclo económico de lo que logre ser consumido, que se estimule la producción de ciertos productos –al menos los de facturación nacional—, y estos, demanden factores de producción; si por el contrario, se escoge invertir más en medios de producción[4] e industrias tradicionales, igual esto puede servir de motor para crear enlaces y tejidos económicos con nuevas o viejas instalaciones productivas, que de la misma manera usarán recursos e insumos y fuerza de trabajo que, al ser pagados, terminará parte del dinero en manos de trabajadores que consumirán más.

Pero la dirección del país reproduce la falsa problemática planteada en la lógica cronológica que aquí nos ocupa, lo que deja oculto el verdadero tema, que es el que gira en torno a que, si las acciones emprendidas como resultantes de las decisiones que nos marcan el camino, contribuyen a fomentar las conexiones internas para que puedan trasmitirse y provocar efectos favorables, o no.

Se trata, para esforzarnos por una mejor nación, no de que como sociedad tengamos que es escoger –como si no se tratara de la vida humana— entre la actualidad y el porvenir, sino en pensar y lograr que el lado de la economía por el que se apueste como punto de partida de las políticas económicas, sirva para estimular e impulsar el resto del sistema productivo, monetario, cambiario, laboral, y se prolongue en el tiempo.

Cuando se quiere construir y no se parte de la nada (imagino que 60 años de historia no cuentan como “nada”), no se lucha o por el presente o el futuro, sino por ambos a la vez. El segundo no es más que la acumulación sostenida de lo vayamos creando en el primero. No tenemos buen futuro con un presente perdido; su relación es directa, no inversa. El llamado al esfuerzo sin resultados visibles en poco tiempo, es negar el papel creador del trabajo y, sobre todo, es querer tapar las deficiencias crónicas –sistémicas— de una economía incapaz de generar los eslabones mediadores del ciclo productivo y de materializar el sacrificio de la capacidad humana.

Hay que ir dejando de construir y difundir el mensaje de un supuesto antagonismo que pone a la conciencia sobre la base de la forma quimérica de separación de temporalidades. Eso no solo hace daño a futuro, también en el presente.

[1] El tiempo.

[2] Los mediadores son distribución y cambio.

[3] En la literatura económica marxista, se habla del sector de los medios de producción en la economía (Sector II). Tal y como indica su nombre, es el que se dedica a producir medios de consumo.

[4] Del mismo modo, se identifica el sector I, que es en el que se producen medios de producción, tanto para el propio sector de I, como los necesarios para el sector I. Esa lógica es la empleada en la teoría marxista de la reproducción del capital.

Todos los tonos del gris

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tonos
Foto: Kaos en la red

Recientemente, la profesora Alina publicó su artículo “Sea breve presidente”, en el que discutió alguna de las frases e ideas de mi artículo “La buena semilla”. Debo agradecerle el haber abierto la polémica, pues eso me da pie para expresar de un modo más meditado y completo mi pensamiento. De más está decir que se trata de un debate amistoso entre camaradas, y que mi respeto por la profesora es el mismo de siempre.

Lo primero que me gustaría dejar claro, es que detesto las etiquetas y las descalificaciones sin fundamento. Soy un partidario de la inclusión: creo que en nuestra sociedad el reto es sumar, porque restar es muy fácil.

Nuestra discrepancia original fue acerca de cómo interpretar la frase de Fidel que citó el Presidente Díaz-Canel el día de su elección. Quisiera decir que, en realidad, entiendo perfectamente la frustración de quienes han vivido décadas esperando por un futuro que nunca llega. Me parece banal discutir aquí si es más importante el futuro o el presente. Ni siquiera voy a valorar la efectividad discursiva de esa cita en particular, en el contexto específico en que fue enunciada. Me limitaré a recordar que, para una sociedad que se pretende en transición socialista, la dimensión de futuro es algo esencial.

También quisiera, si la coyuntura me lo permite, ahondar un poco en el problema de la responsabilidad del intelectual revolucionario, sobre todo en las condiciones de la Cuba actual.

I

El socialismo no se trata solamente de justicia social. No es educación y salud gratuita. Ni siquiera se trata solo de la ampliación de derechos, entendidos estos en un sentido individual. El socialismo, en la vertiente que nace de Marx y Engels, es también la capacidad de la sociedad para estructurarse como sujeto colectivo de su propio destino. Esa dimensión comunitaria no se puede perder. El camino hacia el comunismo, para los fundadores, pasaba por la creciente capacidad de la sociedad para construir de manera consciente nuevas relaciones sociales, que favorecieran la emancipación de los seres humanos.

Para remarcar esto, voy a citar a Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico, aún a riesgo de ser acusado de clasicista. Dice el cofundador del marxismo sobre el socialismo:

“(…) La propia existencia social del hombre, que hasta aquí se le enfrentaba como algo impuesto por la naturaleza y la historia, es a partir de ahora obra libre suya. Los poderes objetivos y extraños que hasta ahora venían imperando en la historia se colocan bajo el control del hombre mismo. Solo desde entonces, éste comienza a trazarse su historia con plena consciencia de lo que hace. Y, solo desde entonces, las causas sociales puestas en acción por él, comienzan a producir predominantemente y cada vez en mayor medida los efectos apetecidos. Es el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad.” [1]

Una sociedad en transición socialista es una sociedad que se traza su historia de manera consciente. La conciencia, en cualquier proceso humano, implica la creación y proyección hacia el futuro de modelos ideales. En el socialismo, no se puede prescindir ni del futuro ni del Proyecto.

Por otro lado, para la sociedad de un país del Tercer Mundo, la necesidad de tomar control de su historia es crítica. Ello se debe a que la división internacional del trabajo, y la estructura geopolítica correspondiente, confina a esos países a un atraso estructural y crónico. Las reglas de la economía capitalista no juegan a favor de que los países atrasados puedan entrar al club de los países ricos. Esas naciones subdesarrolladas necesitan más que cualquier otra de la independencia y el control sobre su destino que les puede proporcionar una revolución socialista.

Esa es la situación de Cuba, que solo con el socialismo pudo conquistar su completa independencia política. La pequeña isla del Caribe se rebeló contra la posición que le tocaba en el tablero del mundo. Eso le permitió hacer realidad algunos sueños que parecían imposibles, como son la educación y la salud universales.

Por supuesto, a la larga Cuba no se ha librado completamente de los condicionantes geopolíticos. Eso es porque el socialismo no puede triunfar en un solo país. Pero se puede afirmar que el proyecto de transición socialista es uno de los pilares de la independencia política cubana.

II

Planteado lo anterior, se hace necesario reconocer que los mecanismos creados para que la sociedad cubana avance por la ruta del socialismo han sido muy precarios e ineficaces. Cuba, al igual que todos los socialismos del siglo XX, optó por un modelo de socialismo de Estado, lo cual tiene su explicación en la propia historia de ese siglo. El aparato burocrático estatal y partidista se convirtió en un mediador encargado de tomar todas las decisiones administrativas y de llevar a la sociedad hacia la construcción del socialismo.

Ese establishment burocrático ha resultado ser un ente sumamente contradictorio, pues por un lado es el principal encargado de asegurar la reproducción de toda la sociedad, incluyendo aquellas conquistas obtenidas por la revolución socialista, mientras que por el otro utiliza en su funcionamiento métodos retrógrados propios de las sociedades de dominación: discrecionalidad y verticalismo en el ejercicio del poder, mentalidad administrativa y tendencia al mimetismo, es decir, a aplicar métodos, técnicas y formas de racionalidad propios de las sociedades capitalistas. A lo cual hay que añadir que concibe la planificación económica de un modo fútilmente antimercantilista.

Me gusta llamarle, a esta clase de modelo, la prehistoria del socialismo. Se caracteriza por la permanencia, en la nueva sociedad, de lógicas enajenantes y métodos retrógrados. No es de extrañar que, en las sociedades donde se ha implementado ese modelo, se produzca tarde o temprano un camino de regreso al capitalismo.

¿Qué forma toma ese retroceso? La respuesta es fácil: tarde o temprano surgen dentro de la burocracia grupos e intereses particulares que tienden objetivamente, ya sean conscientes o no, hacia el capitalismo. Yo le llamo a esos grupos “capitalismo interno”, aunque no es una expresión del todo exacta.

La relación de esos grupos con el conjunto del establishment burocrático es contradictoria, pues mientras que por una parte ese establishment, con toda su falta de transparencia, les sirve de cobertura perfecta para sus actividades corruptas, por la otra es una traba a la completa satisfacción de sus ansias de acumulación, ya que no pueden vulnerar el pacto social nacido de la revolución socialista.

El carácter contradictorio del establishment burocrático no pasó desapercibido para un estudioso como Herbert Marcuse, en su libro El marxismo soviético:

“La burocracia soviética no parece, por tanto, poseer una base para la perpetuación efectiva de intereses especiales, contra las exigencias generales dominantes en el sistema social, del que ella vive. La burocracia constituye una clase separada, que controla a la población subyacente, a través del control de las instituciones económicas, políticas y militares, y el ejercicio de ese control engendra una serie de intereses especiales, que se afirman gracias a él; sin embargo, esos intereses deben transigir y, en última instancia, sucumbir ante la política general, que ninguno de los intereses especiales puede modificar en virtud de su poder especial.” [2]

Si esto vale para la burocracia soviética, aún más vale para la cubana, toda vez que en el caso cubano es evidente que la hegemonía del socialismo depende del mantenimiento del pacto social revolucionario, el cual consiste en dos elementos fundamentales: la defensa de las garantías sociales, y la preservación de la independencia nacional.

El surgimiento de grupos e intereses particulares dentro de la burocracia es una grave amenaza para una sociedad de transición socialista. Los estudiosos Roger Keeran y Thomas Kenny, en su libro “Socialismo Traicionado, Tras el colapso de la Unión Soviética”, abordan con profundidad el problema de la Segunda Economía en la sociedad soviética, esa parte de la economía que se movía en las sombras, en el mercado negro, y que vivía de la corrupción y de los privilegios de muchos burócratas. Los autores llegan a afirmar que una de las principales causas de la caída de la Unión Soviética hay que buscarla en el crecimiento exponencial de la Segunda Economía, lo que propició el surgimiento de grupos con intereses particulares, para los cuales el sistema socialista ya era un obstáculo que había que eliminar. [3]

En Cuba también tenemos ese problema. El capitalismo interno vive agazapado en las casonas de Siboney, en los bares de los parientes de los dirigentes, en las casa de alquiler de Trinidad, en las mafias del mundo de la industria musical, en el negocio del robo de combustible, etc. Al igual que en la Unión Soviética, tiene una relación contradictoria con el establishment burocrático, que le resulta tanto una cobertura como un freno. Es posible que llegue el día en que quiera eliminar ese establishment y también el socialismo.

No obstante, también existe la amenaza del capitalismo externo, de la cual hablaré a continuación.

III

Sería absurdo negar que existen grupos de poder en todo el continente americano, vinculados a las burguesías y oligarquías de la región, interesados en el hundimiento del proyecto cubano. Es cierto que ya Cuba no representa un tema tan urgente para esos grupos como lo fue en los sesenta. Sin embargo, para el sector de cubanos que domina la política de La Florida, el tema Cuba es trascendental, y utilizan su influencia sobre ese enclave electoral para asegurar una política norteamericana hostil hacia la isla.

En cierto modo, se puede decir que en América la Guerra Fría no ha terminado. Los problemas socio-económicos son caldo de cultivo para el desarrollo de las fuerzas de izquierda, y el bloque de poder en el continente se opone a ellas con un feroz anticomunismo. Durante la Administración Trump esto se ha hecho evidente, dada la escalada de agresividad contra Cuba y Venezuela. Tanto Bolsonaro como Donald Trump utilizaron el podio de las Naciones Unidas para lanzar imprecaciones contra el comunismo.

En esta continuación de la Guerra Fría los EEUU utilizan la experiencia acumulada durante el enfrentamiento a la Unión Soviética. Instrumentalizan los medios de comunicación, lanzan campañas mediáticas, presionan económicamente, etc. Intentan por todos los medios crear quintas columnas al interior de sus países enemigos, para destruir la hegemonía de sus gobiernos. La diferencia de esta Guerra Fría con la anterior es que en Latinoamérica nadie tiene armas nucleares, así que nada evita que se pueda llegar a una guerra caliente.

Durante la segunda mitad del siglo XX, los EEUU aprendieron mucho sobre como destruir “pacíficamente” a sus enemigos. Entre otras cosas aprendieron el servicio que a esa causa pueden brindar los intelectuales, y sobre todo los intelectuales de izquierda renegados. Nadie conocía mejor que ellos el movimiento comunista, y le aportaban a la causa el entusiasmo de los conversos. Los servicios de inteligencia aprendieron, además, a manipular a intelectuales que, sin ser renegados, eran críticos hacia los gobiernos comunistas.

El libro de F. S. Saunders La CIA y la Guerra Fría Cultural es el resultado de una minuciosa investigación sobre los manejos de los servicios de inteligencia norteamericanos en el mundo intelectual. Allí puede leerse lo siguiente:

“El Consorcio que construyó la CIA (…) fue el arma secreta con la que lucharían los Estados Unidos durante la guerra fría, un arma que, en el radio cultural, tuvo un enorme radio de acción. Tanto si les gustaba como si no, si lo sabían como si no, hubo pocos escritores, poetas, artistas, historiadores, científicos o críticos en la Europa de posguerra cuyos nombres no estuvieran, de una u otra manera, vinculados con esta empresa encubierta (…). Entre los miembros de este consorcio había un surtido grupo de intelectuales radicales y de izquierda cuya fe en el marxismo y el comunismo se había hecho añicos ante la evidencia del totalitarismo estalinista.” [4]

Los norteamericanos supieron apreciar, quizás mejor que los soviéticos, la influencia que pueden llegar a tener los intelectuales en un proceso histórico. A la larga sus esfuerzos tuvieron éxito.

La desintegración de la Unión Soviética no fue solamente una consecuencia de los apresurados cambios hacia una economía de mercado, ni de la repartición del país entre los altos dirigentes del PCUS. Esa desintegración estuvo precedida del desarme ideológico y la desmoralización del Partido. El papel de la Glasnost (campaña impulsada por Gorbachov que liberalizó los medios de comunicación) no puede ser minimizado. El historiador Eric Hobsbawm lo deja claro en su libro Historia del Siglo XX:

“Los reformistas, y no sólo en Rusia, se han sentido siempre tentados de culpar a la “burocracia” por el hecho de que su país y su pueblo no respondan a sus iniciativas, pero parece fuera de toda duda que grandes sectores del aparato partido-estado acogieron cualquier intento de reforma con una inercia que ocultaba su hostilidad. La glasnost se proponía movilizar apoyos dentro y fuera del aparato contra esas resistencias, pero su consecuencia lógica fue desgastar la única fuerza que era capaz de actuar (…). Lo que condujo a la Unión Soviética con creciente velocidad hacia el abismo fue la combinación de glasnost, que significaba la desintegración de la autoridad, con una perestroika que conllevó la destrucción de los viejos mecanismos que hacían funcionar la economía.” [5]

Por supuesto, la máxima responsabilidad por la Glasnost les corresponde a Gorbachov y a sus aliados en el Politburó. No obstante, es imposible concebir esa Glasnost sin los intelectuales que tomaron los medios de comunicación y los utilizaron para atacar indiscriminadamente al Partido, cayendo incluso en la tergiversación de la historia, y desdibujando la contradicción histórica entre socialismo y capitalismo. Lo peor es que muchos de los cuadros políticos y los intelectuales que participaron en ese proceso se llamaban a sí mismos socialistas y justificaban su acción como un intento de reformar y renovar el socialismo.

La desintegración de la Unión Soviética estuvo precedida de la victoria cultural del bloque capitalista liderado por EEUU. Ellos lograron que todos creyeran en la incompatibilidad entre socialismo y libertad. Llegó el día en que incluso en la Unión Soviética se puso todo el énfasis del discurso político en la contradicción entre burocracia y ciudadanía, bajándose la guardia frente al peligro del capitalismo. Los intelectuales y disidentes de la Glasnost actuaron, en fin, como intelectuales orgánicos del capitalismo.

En el caso de Cuba, los EEUU utilizan las mismas estrategias que con la Unión Soviética. No se pueden comprender de otro modo las ingentes contribuciones de la USAID y la NED a las llamadas organizaciones de derechos humanos en Cuba, a los grupos disidentes, e incluso a supuestos artistas contestatarios.

Sin embargo, en el fondo, ellos tienen interés en que las nuevas posibilidades que nos ha brindado el Internet, las cuales nos han llevado a una glasnost digital de facto, sean utilizadas para desarmar ideológicamente al Estado-Partido, aunque ellos no estén detrás. Un intelectual que por sus propias convicciones lleve al paroxismo la contradicción burocracia-ciudadanía, ciertamente puede considerarse a sí mismo un ciudadano decente, pero no dejará de ser indirectamente orgánico al capitalismo externo que embiste contra Cuba.

De ese modo, el intelectual crítico cubano se encuentra también en una relación contradictoria con el establishment burocrático. Sabe que este se merece toda su crítica. Pero corre el peligro, en su labor intelectual, de propiciar la victoria de las fuerzas imperialistas, las más interesadas en la destrucción de ese Estado-Partido.

IV

Además de los peligros del capitalismo interno y externo, que asedian la torre de establishment burocrático desde el frente y la retaguardia, está el problema de que Cuba sí necesita cambios estructurales. Cambios que son, además, extremadamente complejos.

Cuba necesita modificar su modelo de planificación de la economía para que este sea coherente con una economía mercantil. Debe permitir la acumulación privada de capital, un corolario necesario para cualquier economía contemporánea. Todo ello con vistas a que Cuba pueda integrarse de algún modo a las cadenas globales de valor. Solo por esa vía se podrá aumentar la productividad, el ahorro y el consumo.

Por otro lado, tiene que hacer todo ello sin que la nueva burguesía, incipiente ya en el capitalismo interno del que antes hablábamos, tome el control político y destruya el pacto social surgido con la revolución. Para ello, la única vía es fortaleciendo la base económica del poder socialista, la empresa de todo el pueblo, que debería llamarse pública y no estatal. Ello requeriría el fortalecimiento de la democracia obrera. Además, sería necesario fortalecer la democracia política para que hubiese transparencia y control social sobre el conjunto de la economía. Como se ve, son cambios políticos de gran calado.

Para impulsar esos cambios, sin ceder un ápice al capitalismo interno y externo, sería necesario conformar un frente de lucha revolucionaria, una alianza entre individuos y grupos interesados en sacar adelante un socialismo mejorado. El gran problema, en mi opinión, es que en las condiciones actuales, sobre todo con el aumento de la hostilidad norteamericana, es imposible crear ese frente. Estamos empantanados en una situación de tensión entre la ciudadanía, los intelectuales y el establishment burocrático, en la que todo es nebuloso y no hay forma de distinguir claramente quienes son orgánicos al socialismo y quiénes no.

Los que defienden al establishment burocrático tienen razones para decir que son defensores del socialismo. Después de todo, ese establishment es el que posee una sólida hegemonía sobre la sociedad cubana, al encargarse de la reproducción del pacto social nacido de la revolución. Es imposible distinguir quiénes apoyan al Estado-Partido porque le sirve de cobertura a sus manejos corruptos, quiénes creen sinceramente, porque son viejos comunistas con mentalidad de guerra fría, que el modelo tal y como es con todo su verticalismo es el camino correcto, y quiénes saben que se debe cambiar hacia formas más democráticas, pero consideran que de momento hay que ponerse de parte del Estado.

Del mismo modo, hay de todo en el sector que ataca al establishment burocrático. Están los que se vendieron hace tiempo y son procapitalistas conscientes, están los que genuinamente pugnan por cambios necesarios, y están los que, dignos herederos de la Glasnost, están deslumbrados por las maravillas de los países capitalistas desarrollados, y están convencidos de que la burocracia es el único obstáculo para construir una Suecia tropical. Resulta nebuloso decidir quiénes son orgánicos al socialismo o al retorno al capitalismo.

Así vivimos, en un baile de máscaras, entre todos los tonos del gris. Es muy difícil alcanzar la claridad sin un debate público amplio, en el que participen todos los actores.

Probablemente, la única fortuna para el socialismo cubano es que los capitalistas que pueden destruirlo, los de fuera y los de adentro, también están divididos. Ambos grupos, pero sobre todo el de Miami, quieren la isla completa. Eso los mantiene enfrentados e impotentes.

V

Profesora Alina, todo lo que he planteado hasta ahora, lo he hecho para concluir que no hay condiciones en la actualidad para crear un frente revolucionario, y que este no se puede construir sobre la contradicción ciudadanía-burocracia.

Para que no haya confusión, no estoy hablando de movimientos políticos. Un medio de comunicación, como puede ser La Joven Cuba, La Pupila Insomne o el Granma, no es lo mismo que un movimiento político. Un intelectual no equivale tampoco a un movimiento político. Pero un intelectual, cuando utiliza un medio de comunicación, contribuye a la creación o ruptura de consensos, contribuye a la creación de un clima de época. Es por eso que es tan importante el sentido de la responsabilidad intelectual: tenemos que saber que bolas de nieve echamos a rodar.

Me parece que este momento histórico es de fermentación de contradicciones, y que pasará todavía un buen tiempo antes de que se pueda formar un claro frente revolucionario. También creo que sería un despropósito que jugáramos el mismo triste papel que los impulsores de la Glasnost soviética.

Mi hipótesis es que el Presidente Díaz-Canel será un actor importante en la conformación de ese frente. Lo digo basándome en su trayectoria, sus palabras y sus acciones. Pero se trata de una hipótesis mía que usted no tiene por qué compartir. Puedo estar equivocado.

Del mismo modo estoy convencido de que el establishment burocrático es el eje de la hegemonía del socialismo cubano. Todos estamos con él en una relación contradictoria. Creo que tal y como es en la actualidad, con él no llegamos a ninguna parte. Pero que sin él o contra él tampoco llegamos a ninguna parte, como no sea al capitalismo. Su transformación debe partir de él mismo, con la participación de la ciudadanía.

La alternativa es la victoria del capitalismo, de una u otra forma, y probablemente también la pérdida de la independencia nacional efectiva.

Le repito, estas son mis ideas y mis hipótesis. Lo importante es polemizar desde el respeto y la consideración, que no están reñidos con las diferencias de pensamiento.

  1. Carlos Marx y Federico Engels: Obras Escogidas, Editorial Progreso, Moscú
  2. Herbert Marcuse: El marxismo soviético, Editorial de la Revista de Occidente, Madrid, 1967
  3. Roger Keeran y Thomas Kenny: Socialismo Traicionado, Tras el colapso de la Unión Soviética, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2015
  4. Frances Stonor Saunders: La CIA y la Guerra Fría Cultural, Editorial Debate, Madrid, 2001
  5. Eric Hobsbawm: Historia del siglo XX, t. 2, Editorial Crítica, Buenos Aires, 1998

La redolarización electrónica

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Foto: IPS Cuba

Tras años de prestar oídos sordos a las propuestas de economistas y otros muchos que solicitamos medidas para retener los millones de dólares que se fugan al extranjero por concepto de compras de particulares, el gobierno da una respuesta de índole financiera y comercial.

Esta especie de redolarización electrónica incidirá favorablemente sobre la situación de los consumidores, pero deja muchas dudas sobre su encadenamiento eficaz a otras transformaciones imprescindibles aún pendientes. El problema es que estas son mucho más importantes para encauzar la economía productiva y lograr el crecimiento sostenido del PIB que abrir un nuevo segmento de mercado.

Lo primero que llama la atención es que, a un lustro de esperar la necesaria unificación monetaria y cambiaria, se abra el mercado nacional a un tercer sujeto: el antes repudiado US dollar. También es cierto que el susodicho nunca fue expulsado realmente, pues el CUC no es más que su sobrevalorado representante. Aunque dudo mucho que, después de tanto acuñarlo alegremente, alguien sepa a ciencia cierta cuanto de dólar queda en un CUC.

Es cierto que los consumidores tomamos un respiro con estas medidas. Si se cumple que tanto en el mercado en dólares como el de CUC los precios se liberen del enorme impuesto ahora llamado aporte recaudatorio y se pongan en correspondencia con los similares de nuestra área geográfica ?no los de New York o Londres?, los ingresos de todos aumentarán de manera relativa. Solo las llamadas mulas[1] se verán afectadas, pero parcialmente.

El énfasis puesto en que se venderán en las tiendas especializadas en dólares –a las que propongo llamar TED? los indefinidos productos de gama alta y media, deja abierto un amplio segmento del mercado para las mulas. El tiempo dirá hasta cuándo. Lo cierto es que precios similares, buenas marcas y servicios de garantía como Dios manda  ofrecen ventajas inobjetables a las nuevas TED respecto a los comerciantes por cuenta propia.

Mas, el objetivo declarado de que estas medidas logren reactivar la industria nacional no me queda claro. Primero, porque si se toman las miserables ganancias de estas 70 TED iniciales para hacer inversiones en un sector productivo casi en ruinas, será como darle un vaso de agua a un bote lleno de náufragos. Y no habrá recursos para ampliar la cadena al resto del país y el volumen de sus ventas.

Segundo, si los bancos prestan estos nuevos fondos en dólares al gobierno para realizar inversiones productivas… ¡Dios nos coja confesados! Serán muchos los que, quizás por primera vez en sus vidas, se preocuparán por la buena marcha del plan de  inversiones del país y rezarán porque los bancos no caigan en un default  que termine en un corralito, o peor, en una moratoria indefinida de pagos a los ahorristas.

No obstante, esto último no tiene por qué ser así ya que los dólares entrarán pero solo serán extraídos mediante la tarjeta magnética. Según entendí, las extracciones en metálico de esas cuentas se harán en CUC, al cambio oficial. Por eso hablo de redolarización electrónica y creo que falta más. Sospecho que se avanza a marchas forzadas hacia la criptomoneda cubana. Lo que sería otra manera de absorber divisas descarriadas para las arcas estatales a cambio de electrones.

En sentido general le doy mis parabienes a la medida y creo que repercutirá en un mejoramiento y reacomodo del mercado cubano. Ese que cada vez tendrá que ser más segmentado y diferenciado si quiere modernizarse y acomodarse a la realidad socioeconómica cubana del momento.

Solo me preocupa que sigamos por las ramas y el tronco de la economía permanezca intocable, asfixiado en los moldes estrechos del mecanismo económico burocrático. Ni apertura a las relaciones de mercado socialistas al estilo asiático, ni empoderamiento de los colectivos obreros mediante la autogestión socialista. Para el Estado el lema parece seguir siendo: “¡Que nadie toque nada, Yo solo puedo tocar!”.

[1] Mulas: personas que se dedican a comprar grandes cantidades de productos de todo tipo fuera de Cuba y lo revenden en la Isla a precios desorbitados. Aunque siempre más barato en comparación con lo ofrecido por el Estado en tiendas recaudadoras de divisas. (Nota de la editora).

Mr. President, please be brief

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Photo: Granma

Ideological differences cannot be insurmountable barriers. I learned that by studying the old Republic, where Juan Marinello and Jorge Mañach stood at ideological antipodes, and yet remained united by their love for Cuba, by common cultural projects and by a friendship which was kept separate from discrepancies and personal vicissitudes.

This conviction allows me to collaborate with a blog such as LJC, in which all participants are respected and we have a space to voice our opinions, even though on many occasions we do not share the same views or –as in this case– we may have amicable controversy.

The article ‘The Good Seed’ by my friend Yassel Padrón Kunakbaeva has two essential elements: on one hand, there’s absolute trust in the Cuban government and in the figure of its President –something that’s respectable, yet debatable on many levels–; on the other hand, there’s an intention to reduce those who diverge from its line of thought to labels and pejorative designations –a frankly unacceptable element.

Yassel is upset about what he considers a misinterpretation of Fidel’s words quoted by President Miguel Díaz-Canel in his October 10 speech at the National Assembly of People’s Power: ‘The Revolution is not a fight for the present; the Revolution is a fight for the future. The Revolution always looks ahead, and the homeland we envision, the society we conceive as a just and honorable society of men, is the homeland of tomorrow.’

The quote is from a speech Fidel delivered in 1962, only three years after victory over the tyranny, and one year after the declaration of the socialist character of the process. It was logical that he would express himself like that; that he would make offerings to the future. He was promising a better tomorrow to the first generation of people born with the Revolution, and to all those who, in adulthood, became integrated with enthusiasm and were willing to suffer countless hardships so their children and grandchildren could enjoy, later on, a better life.

Because what Yassel must be clear about is that a revolution, and the sacrifices it imposes, are accepted in order to change and improve the lives of people. The period of time to achieve that cannot be eternal. And that was the point of view of the revolution that triumphed in Cuba, which, in the words of its leader and in frantic times, announced: ‘We have lost more than fifty years, but we will quickly make up for that. We will make up for that time. They made us waste fifty years in the beginnings of the Republic. We shall recover them.’[1]

In accordance with those times, government offices in 1959 had signs which read: ‘We have lost 50 years —we must make up for that— be brief’. Trust in the future became palpable. According to a survey carried out by Hadley Cantril in the mid-1960s, 74% of Cubans polled anticipated a favorable future.[2]

Yassel says that ‘any speech contains phrases which, taken out of context or placed under a certain light, make the author look rather bad.’ Quite true. That’s exactly what happened when President Díaz-Canel —or his advisors?—, decided to quote something that was a happy proposition for 1962, but that now, in 2019, when a fourth generation of Cubans has been born under socialism, is an unwise mention which lays bare the lack of concrete, short-term goals and continues to delegate the possibility of transforming the present, the here and now.

Would the President of Cuba be bold enough to carry out a survey, independently from the PCC, to confirm whether the citizens are as confident in the future as he proved to be in his speech? It would be an exercise to provide some feedback on his work.

If we’re going to quote Fidel, I would rather pull out of my archive this 1966 statement that our bureaucrats never bring up: ‘This revolution is, fortunately, a revolution of young men. And we earnestly hope that it may always be a revolution of young men; we earnestly hope that all revolutionaries, as we grow biologically old, be able to understand that we’re becoming biologically and regrettably old.’[3]

They obviously failed to understand any of that. They are old, and so is their model of bureaucratic socialism, which no country has been able to keep going for more than seven decades. We have just completed our sixth; I think it’s time we woke up.

Some analysts have referred to the departure of the old guard from the new Council of State, but it’s irrelevant that they be absent if their archaic legacy endures: their ideas on the development of society. The idea that, once victorious, the socialist revolution may not retreat and, consequently, society shall always march forward, towards a glorious future, has imposed a mechanistic view of history which causes excessive confidence in the course of the process.

The worst thing about that teleological perspective is that it delegates everything of consequence to the future. For nearly fifteen years, the highest leadership of the country has publicly acknowledged the need to achieve monetary and exchange unity, a necessary condition in order to normalize or update the national economy, but, against all common sense, this is still an aspiration which does not seem imminent. In order to think of a future, we should have to set off on a path to it in the present.

While trying to defend it, Yassel doesn’t realize how much of a disservice he does to the Cuban socialist model when, in an act of resignation, he points out that ‘we must make do with what we have’. You propose a Homeric task, dear friend. We must not fear our critical thinking; that which common sense indicates.

In the crumbling of socialism in the former USSR, the attacks of Soviet intellectuals on the Party were not as decisive an element as Yassel states. It was rather the fact that the Party itself contributed to the process of returning to capitalism, since after so many years accumulating political power and economic benefits, socialism became a hindrance for the leaders themselves. If you want to verify that, check how many of the current Russian millionaires and businessmen come directly from the nomenklatura or are related to the main leaders of the CPSU.

In Yassel’s opinion, speaking of the future is what politicians do. I watched as AMLO took office in Mexico, when he introduced his six-year program. For the Mexican president, the future means six years. I don’t know whether he will achieve it, but it impressed me a lot more than our President’s speech, in which he put off the transformations in Cuba until the twelfth of never.

If I agree with Yassel on something, it’s with his affirmation that the grave mistake some are making is ‘expecting too much’ of the new President. I also accept that his style of work is dynamic, more like that of a younger person. However, based on the new Constitution, I’m not so sure about the true influence he may have on the decisions that could justify this offering of a future.

In Cuba there’s the PCC as ‘the superior leading force of society and the State’. Now the President of the Republic will not lead the Council of State, and will soon designate a Prime Minister who will take charge of the Council of Ministers. In my opinion, which may be wrong, his functions are notably reduced. Will such a promise be within his power to fulfill?

In the above-mentioned speech, President Díaz-Canel reiterated his certainty about ‘the optimism and confidence in the future’ our people have. Perhaps I’m in the category Yassel created of the ‘unconsciously biased’, but I would rather not let emotions cloud my judgment, and I would like to respond to him in the words of Senel Paz, in a 1993 interview by Magda Resik, that hold very true today:

An exaggeratedly positive message, instead of creating an example and acting as a motivation, acquires a demoralizing and conservative character, not to mention what happens when it is so out of line with reality that it begins to lose credibility. In this case, it has no effect on the social dynamics, and it may even be rejected as ludicrous.

If you want us to be optimistic, please be brief, Mr. President, we have wasted too much time with promises of the future. We want the present.

[1] In Revolución, July 7, 1959, p. 20.

[2] Quoted by Louis A. Pérez Jr.: Estructura de la historia de Cuba. Significados y propósitos del pasado (Structure of the History of Cuba. Meanings and Purposes of the Past), Editorial de Ciencias Sociales, Havana, 2017, p. 355.

[3] Speech given by Fidel at the University of Havana on March 13, 1966, on the occasion of the 9th anniversary of the assault on the Presidential Palace.

(Translated from the original)

La Joven Cuba está en WhatsApp

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WhatsApp es una aplicación que permite enviar y recibir mensajes instantáneos a través de un teléfono inteligente (smartphone). El servicio no solo posibilita el intercambio de textos, sino también de audios, videos, documentos y fotografías.

Su nombre procede de un juego de palabras de la lengua inglesa. En dicho idioma, se emplea la expresión “What’s up?”, que puede traducirse como “¿Qué hay de nuevo?” o “¿Cómo andas?”. Además, se utiliza la palabra “app” para referirse a una “application” (es decir, a una aplicación). La combinación de “What’s up?” y “app” derivó en WhatsApp, una aplicación informática que sirve para estar en contacto con otras personas.

Un dato relevante es que la compañía creadora de esta app, fue comprada por Facebook en el 2014.

En Cuba, WhatsApp se ha hecho muy popular por permitir la comunicación con un gasto mínimo de megas de datos móviles. Entre los rasgos más destacados se encuentra su interfaz, clara y fácil de entender para todos: en cuanto iniciamos la aplicación, nos lleva directamente a nuestra lista de contactos, y basta con pulsar sobre cualquiera de ellos para comenzar una conversación por texto o bien para leer las anteriores.

También permite la creación de grupos, a través de los cuales se comunican múltiples usuarios, y se comparten contenidos.

Por todas estas ventajas, y por la popularidad de la aplicación, el equipo de La Joven Cuba ha creado un grupo de WhatsApp. Entre al grupo y recibirá de manera rápida, eficaz y directa nuestros contenidos sin necesidad de salir de la aplicación.

The Good Seed

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Photo: Granma

This October 10, Miguel Díaz-Canel was ratified as President of the Republic. From the speech he gave as he took office, the media singled out one phrase: ‘The Revolution is not a fight for the present; the Revolution is a fight for the future.’ As could be expected, the social networks reacted to the event, with messages ranging from emphatic support to the deepest contempt.

Some argue that, after so many decades of fighting for a future that never arrives, it’s about time we fought for the present. Others remind us that our present is the future of our parents and grandparents, who were also called in their time to fight for a bright future. They are right, of course, and they have every right to voice their criticism of the President’s speech. The problem begins, in my opinion, when a will becomes evident to attack and insult anything that comes from the government; when there’s a desire to make every speech, action or gesture look bad.

It’s very easy to be biased. Any speech contains phrases which, taken out of context or placed under a certain light, make the author look rather bad. The question is why people become biased. Some are part of a professional opposition, and in their case it’s all easy to understand, since they have a direct interest in affecting the Cuban government. Others, however, while not being necessarily antagonistic toward this government, have accumulated so much disappointment and bitterness that they are unconsciously biased. The latter, I believe, have allowed emotions to cloud their judgment.

Sometimes, intellectuals have a tendency to see castles in the air, and they forget about the most basic things. I mean that as criticism and self-criticism. In the case of the Cuban political situation, for example, some intellectuals dream of alternative forces and social-democratic third options. But modest people, in that sense, will not be fooled: they know that, in the case of Cuba, there are only two forces with the economic, political and military clout to be taken into account. One is the governing Communist Party of Cuba; the other is the exiles in Florida, who have the support of the United States. The people know that you’re either with one or with the other.

Then, if you do not agree with the capitalist restoration proposed by Miami, and if you do not harbor dreams of a perfect democracy and a developed capitalism at the end of the rainbow either, you have to realize that we must make do with what we have. You may not like the predominant socialist state model in Cuba, or you may consider that the time has come for indispensable change, but what you can’t do is fall in the trap that many Soviet intellectuals fell in with perestroika, when they attacked the Party so much that they contributed to the victory of capitalism.

In the midst of all that we have Díaz-Canel. The grave mistake many are making is expecting too much of him. One man, no matter that he be the President of the Republic, cannot do the work of the whole society. Besides, he does not govern alone; he must act in coordination with other forces at the heart of the State, in the midst of the complex process of generational change. Only with the passing of time, as his leadership strengthens, will we be able to know precisely how much we can expect of him.

It’s also a mistake to expect too little. We must only appreciate the efficiency with which he has handled the successive crises during his still short term in office to realize that it is fortunate to have someone like him in the presidency. Díaz-Canel has also been the greatest promoter of informatization and Electronic Government. He’s the one who’s brought the word transparency into political discourse. One could write, in short, a long list of the merits he has accumulated as a leader.

However, more important than Díaz-Canel himself is what he represents: the possibility that what’s noblest and purest in the Revolution may prevail in the Cuban leadership forces. Here and there, the Revolution sowed values which are still present in people of all walks of society. There were also those, of course, who sowed arrogance, intolerance, corruption and selfishness. But the good seed is still there, and if you look after it, if you fight negative forces with intelligence, it may sprout yet.

Nothing’s clear when it comes to Cuba. The day may yet come when it becomes evident that the Revolution has been definitely lost. Everything’s possible. Fidel himself said that we could put an end to it ourselves. But it seems to me that we still have time to fight one last battle for the regeneration and the redirection of the process.

This last battle, as I see it, will be a battle that shall take a long time, and that shall largely be fought in the field of ideas. It will not be won, of course, by being biased, or by becoming a sounding board for radical opposition. It’s about watering the good seed wherever it may be, with a gardener’s care, and about fighting weeds with strong shears.

Of course, Díaz-Canel had to talk about the future. That’s what politicians do. But still, the future is all we’ve got. To find the paths for the solution to our problems, we can only project ourselves forward. I never forget that song by Silvio Rodríguez in which he said: Te convido a creerme, cuando digo futuro (I invite you to believe me, when I speak of the future).

(Translated from the original)

Desmontando mitos

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desmontando

Recientemente me han acusado de promover la ideología de género dentro de mis textos y por ende en la Revolución. Nuestra revista abre una puerta al debate, por tanto, me siento en la obligación de comenzar desmontando ciertos mitos y aclarar ciertos conceptos para que ese debate tenga una base coherente.

La ideología, desde la filosofía, sería el estudio de las ideas. Podemos decir que constituye un sistema de ellas, que crean una visión del mundo y una moral social particular.

Desde las ciencias sociales, se reconoce la ideología como un sistema de ideas y valores de la clase dominante, así como al discurso destinado a legitimar y mantener dicho dominio. En particular imponiéndose a sí mismo como discurso de la verdad.

Por otro lado, género es un término específico de las ciencias sociales: alude al conjunto de características diferentes que cada sociedad asigna a hombres y mujeres.

Entonces; ideología de género más allá de un argumento sexista, constituye una incongruencia.

En la década de los 70, comienzan a instaurarse formalmente dentro de la academia “Los estudios de género”. Se realizan publicaciones desde diversas universidades que abordan el término como una herramienta analítica. En los años ochenta el vocablo se vuelve de uso corriente; al punto de utilizar sexo o género indistintamente, incluso en el lenguaje coloquial.

A este panorama se suma la inclusión de la categoría “género” en las Conferencias Internacionales a favor de los derechos de las mujeres. En la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) conocida como “El Cairo 1994”, se define por primera vez el reconocimiento internacional del derecho a la “planificación familiar”. Su Programa de Acción exhorta a los gobiernos a considerar que los abortos en condiciones de riesgo, son una causa importante de mortalidad materna.

Posteriormente, en la IV Conferencia Internacional de la Mujer de las Naciones Unidas –realizada en Beijing en 1995— se reconocen los derechos reproductivos vinculados con la salud de las mujeres.

Sectores conservadores intentaron modificar la inclusión del término, generando “estudios” sobre cómo estos acercamientos, denominados “feminismos radicales”, rompían con el orden natural de la sociedad.

Esta concepción de “inminente peligro” comienza a ser patente en 2004, cuando el Pontificio Consejo para la Familia escribió una carta a los Obispos de la Iglesia Católica, resaltando el potencial del “género” en la destrucción de los valores femeninos importantes para la iglesia, refutando la distinción natural y jerarquía entre los hombre y las mujeres, en los cuales se basa la familia y la vida social.

Desde entonces ha tomado popularidad entre los defensores del orden “natural y/o “religioso” de la vida. “La ideología de género” se esgrime como una estrategia de comunicación y persuasión. Una amenaza fantasmal donde depositar todos los argumentos conservadores, sin poner al descubierto construcciones patriarcales que ya no son bien vistas.

matrimonio lgtb cuba

Estos sectores, generalmente de derecha, han colocado la mal llamada “ideología de género” como caballo de Troya, a punto de romper lo considerado “normal” y aceptable dentro del orden social. La posibilidad de concebir el género como una construcción cultural, la cual puede ser diferente del sexo asignado al nacer, hizo poner los pelos de punta a muchos.

Como afirmara la senadora colombiana Claudia López: “La ideología de género no existe en la ciencia o en la academia; pero si en el lenguaje y en la política”.

Este término ha tomado cierto auge en nuestro país a partir de un creciente pensamiento entorno a la construcción de género. Más notoriamente durante el referéndum constitucional que planteaba la necesidad de otorgar los mismos derechos a todas las personas.

¿Qué abarca entonces este invento llamado “ideología de género”?

  1. Las teorías feministas: cuyo objetivo radica en la comprensión de las desigualdades y la opresión histórica de las mujeres, dentro del orden eminentemente patriarcal.
  2. Los estudios de género; que centran su atención en los procesos de construcción social de la identidades femeninas y masculinas, así como los estudios sobre las personas Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales, Intersexuales y Queers (LGTBIQ).
  3. Movimientos feministas; que abogan porque las mujeres posean las mismas oportunidades y derechos que los hombres, en el marco de una sociedad menos sexista y más igualitaria.
  4. Los movimientos por los derechos de las personas LGTBIQ; en busca del reconocimiento pleno de sus derechos humanos y el derecho a la dignidad.

Se han visibilizado en las últimas décadas durante manifestaciones, como argumento en contra de los derechos humanos, la educación sexual y el aborto no punible. En países donde existe un movimiento feminista y LGTBIQ visibles, esta consigna polula entre algunos medios, miembros de la iglesia y sectores conservadores de la política. La ideología de género solo existe en los carteles de los antiderechos.

Si miramos detenidamente, la teoría de género no posee nada diabólico ni adoctrinador. Aboga por una sociedad más equitativa donde sean respetadas las individualidades, los derechos humanos y la dignidad.

Aquellos que temen a una sociedad más igualitaria, se encuentran más cercanos a un derechista y homófobo como Agustín Laje Arrigoni o Jair Bolsonaro, que a Nuestra Revolución. No seamos eco de manuscritos sin fundamentos.

Los regalos del pueblo

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Foto: Cubaron

Puede ser algo grande o pequeño, caro o barato, antiguo o moderno, todo regalo es bien recibido. Pero, ¿qué pasa cuando lo recibe un funcionario? ¿A quién pertenecen los regalos que van a las manos del presidente y sus familiares en el ejercicio de un cargo público? Para construir un modelo nacional en Cuba vale estudiar nuestra historia y aprender de otros países del continente, con mayores y menores diferencias.

Desde 1787 la Constitución de Estados Unidos reglamentó que “ningún funcionario del gobierno deberá aceptar sin el consentimiento del Congreso, presente tangible de algún tipo, por parte de rey, príncipe o país extranjero”. Pero la corrupción de gobiernos como el de Warren Harding hizo que se adoptaran regulaciones adicionales. En 1989 el presidente George H. W. Bush estableció un código único para los funcionarios públicos.

La regulación actual sobre la recepción de “regalos” se aplica desde el presidente hasta el funcionario de menor rango. Los presentes son registrados por el Archivo Nacional y en el caso de los mandatarios pueden exhibirse en las Bibliotecas Presidenciales cuando terminan sus periodos. La ley solo les permite conservarlos durante su tiempo en el cargo ejecutivo.

La normativa prohíbe al presidente y su familia inmediata conservar obsequios entregados con carácter diplomático que superen los $375. La Oficina de Protocolo del gobierno norteamericano hace pública cada año una lista de los regalos que recibe el presidente de Estados Unidos. A pesar de ello, Trump ha estado envuelto en escándalos, como entregarle a su hijo Barron el balón de fútbol que le obsequió Vladimir Putin. Años antes, Angela Merkel había hecho un regalo parecido a Malia y Sacha Obama que ellas no pudieron conservar.

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Putin le da a Trump un balón de fútbol y le dice ‘ahora el balón está en tu cancha’. Foto: The Hill

En Venezuela no existe una constancia oficial y pública sobre regalos presidenciales, solo aquellos donde la prensa cubre la noticia. Sin embargo, el país cuenta con un Código de Conducta de los Servidores Públicos, aprobado en junio de 1998 por el entonces presidente Rafael Caldera. Este establece que: “Los servidores públicos deberán rechazar en el ejercicio de sus funciones los regalos, invitaciones, favores, dádivas, pago de viajes, uso de medios de transporte o cualquier clase de halagos, beneficios materiales o inmateriales, ofrecidos por personas o grupos interesados en obtener decisiones favorables o de cualquier tipo”.

En Ecuador, el expresidente Rafael Correa firmó en noviembre de 2014 el decreto #501, especificando que todo regalo que reciba cualquier funcionario público con valor superior a un salario básico, es considerado patrimonio de la nación. Su idea fue más allá cuando el terremoto de 2016 afectó el país, 8 meses después el presidente anunciaba en Twitter: “hoy iniciamos la subasta de regalos que recibimos a nombre del pueblo ecuatoriano”. La venta fue consultada con los países que entregaron los obsequios en gesto de cortesía diplomática. El dinero recaudado se empleó para construir casas en una comunidad indígena.

En mayo de 2017, días antes de que concluyera su último mandato, Correa inauguró el Museo de la Casa de Gobierno, ubicado en la planta baja del Palacio de Carondelet. En el sitio se exhibieron 11000 obsequios, valorados en 2,5 millones de dólares. Según sus declaraciones: “yo me podía llevar estos obsequios a mi casa y hubieran resuelto la parte económica de mi vida (…) pero eso hubiera sido un robo, no hubiera sido ético”.

También Bolivia cuenta, desde febrero 2017, con un museo que exhibe los regalos diplomáticos del presidente Evo Morales en sus primeros 11 años de gobierno. El Museo de la Revolución Democrática y Cultural fue construido en la localidad de Orinoca, pueblo natal del mandatario y exhibe más de 13000 regalos, que incluye, asimismo, una colección de sombreros típicos y camisetas de fútbol.

En Argentina, la Ley 25.188 norma desde 1999 el ejercicio ético de los funcionarios públicos y establece que estos no podrán recibir regalos, servicios o bienes, en el desempeño de sus funciones. La Oficina Anticorrupción tendría el poder de reglamentar cómo se procedería con regalos de carácter diplomático y en qué casos y cómo serían incorporados a la economía nacional. Esta reglamentación no ocurrió, ni Cristina Fernández ni los ex presidentes Néstor Kirchner, Eduardo Duhalde, Fernando de la Rúa o Carlos Menem, regularon el artículo. En 2016 Mauricio Macri firmó un decreto reglamentando su cumplimiento.

Si bien la reglamentación de regalos diplomáticos data de hace tres siglos en países más desarrollados, en otros es una práctica fácil de incorporar, solo requiere voluntad política. El caso de Cuba es trágico, después de siglos luchando por su independencia, vio nacer la república condicionada a los antojos de otra potencia. Así, se sucedieron gobiernos corruptos y dictaduras donde la desfachatez presidencial era la norma.

fulgencio batista
Fulgencio Batista huyó de Cuba en la noche del 1 de enero de 1959, hacia República Dominicana, en posesión de un maletín con 3 millones de dólares y otras propiedades en el extranjero.

La revolución del 59 prometió desligarse de tales prácticas, pero la hostilidad de Estados Unidos, la poca institucionalización y la naturaleza de los héroes guerrilleros relegaron la transparencia a un segundo plano.

En el libro Cien horas con Fidel, el líder cubano explica al periodista Ignacio Ramonet: “Yo entregué un día a Eusebio Leal, el Historiador de la Ciudad de La Habana, unos 17 mil regalos (…) ahí yo entregué pijamas, hasta relojes de esos que valían 6 mil o 7 mil dólares, obras de arte, de todo; es decir, buenas pinturas, objetos de valor, antigüedades”.

En un rápido ejercicio matemático, si en 11 años Evo Morales recibió 13000 regalos y en 10 años Rafael Correa reunió 11000 regalos, ¿cómo en cuatro décadas Fidel Castro sólo recibió 17000 regalos? Aunque no existe constancia de que Fidel fuera menos propenso a recibir regalos, si ese fuera el caso, tampoco existe un mecanismo institucional o legal que regule con transparencia la entrega de tales obsequios, así que no tendremos manera de saberlo.

Cuba necesita un Código de Ética del Funcionario Público.

No podemos reclamarle al presidente Miguel Díaz-Canel la falta de transparencia en gobiernos anteriores, pero sí en el suyo. Una medida fácil de implementar y de alto impacto político sería reglamentar el destino de los regalos presidenciales. Convertirlos en patrimonio popular sería un buen ejemplo y estaría en concordancia con la rendición de cuentas que exige a su gabinete. Debería aprender las buenas prácticas de Correa en Ecuador.

Ha transcurrido más de un año desde que asumiera la presidencia. Hizo un ciclo de visitas oficiales donde recibió y entregó regalos de carácter diplomático. Es hora de que los cubanos conozcan el destino de obsequios que se hacen a los servidores públicos, así como a quién están destinados los que se pagan con sus impuestos. Pocos saben en Cuba, por ejemplo, que antes de abandonar la Casa Blanca, Obama recibió de Raúl Castro un busto de madera de Abraham Lincoln junto a 205 cigarros cubanos, una botella de ron y dos libros. El resto de su familia recibió $2354.78 en regalos cubanos. El presidente de Estados Unidos entregó todos los regalos al Archivo Nacional de su país, los cubanos nunca nos enteramos de ellos.

castro obama regalos
Obama y su familia entregaron $2500 en regalos cubanos a la Oficina de Protocolo. Foto: Newsweek/Getty

Llevar un registro de obsequios contribuye a reducir riesgos de corrupción e influencia externa, aumenta la confianza de la ciudadanía en sus funcionarios, marca límites a la conducta de estos e incrementa la transparencia, el control institucional y ciudadano. Además de una cuestión ética, es una necesidad económica para Cuba. ¿Acaso no son necesarios los recursos provenientes de una eventual subasta de regalos presidenciales? Solo habría que delimitar cuáles serían patrimonio de la nación cubana y cuáles no.

Quizás muchos se pregunten si existe en Cuba un mercado para subastar regalos de alto valor. El ejemplo de Ecuador demuestra que la mayoría de los compradores residían en el extranjero, lo que demuestra que esta puede ser otra vía de adquirir divisas internacionales. Ninguno de los países que mencioné, excepto Venezuela, presenta una economía tan deprimida como la cubana. En ellos urge menos reglamentar la posesión de los obsequios que reciben sus funcionarios.

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El presidente Raúl Castro y Su Santidad Kirill intercambian regalos en Cuba. Foto: Granma

Los regalos de carácter diplomático pertenecen al Estado y necesitan ser inscritos. Esta información debe ser de carácter público con sus detalles: quién lo entregó, en qué consiste el regalo y dónde quedará. Aún habría que ver si se respetan realmente los decretos presidenciales y códigos de conducta que existen en los países mencionados, pero la institucionalización de la transparencia es por lo general una exigencia de todos los pueblos.

Como he señalado antes, quizás algunos obsequios podrían estar en posesión del presidente, pero siempre debería haber un registro público de estos y considerarse patrimonio ciudadano. Reglamentar los regalos del pueblo no solo es urgente, sería una victoria política fácil para quien lo haga. No se me ocurren motivos legítimos para no hacerlo.

El presidente debería dar pasos en este sentido. La práctica cubana actual respecto al intercambio de regalos diplomáticos es contradictoria con la retórica socialista y recuerda demasiado a los gobiernos que le precedieron. Que un funcionario promovido temporalmente a una función pública reciba un presente, no significa que sea suyo. Debería ser el canal a través del cual este obsequio viaje a su verdadero destino: el pueblo.