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Pánico y colas en La Lisa

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Foto: Ramon Espinosa/AP

Esta es otra entrega de la serie #LosNuestros, pequeñas historias de cubanos que dentro y fuera de la isla viven de cerca la pandemia del #coronavirus. Hoy traemos el testimonio de María Luisa Reina Herrera , joven de 21 años que trabaja como secretaria en el municipio habanero de La Lisa.

Mi experiencia se reduce a muchas, pero muchas colas, casi todos los días. En La Lisa el ambiente es de pánico. La gente tiene miedo que se pierdan los productos básicos, los de aseo, los alimentos. Sí, es verdad que hay menos personas en la calle. Es cierto que hay también un por ciento que se dedica a tomar, a fumar, a conversar en las esquinas… pero la mayoría de la gente lo que anda es desesperada buscando comida. En los agros, en las tiendas: las colas del pollo son infernales. La gente hace cola hasta para comprar toallitas húmedas.

Por aquí, si no tienes nasobucos, no te dejan entrar a las tiendas, hacer colas. Están multando a la gente, cerrando establecimientos de esos donde vendían ron y tabacos pa que la gente no se aglomere. En todas las colas hay policías que te mandan a tomar una cierta distancia. Ves que la cola se alarga, se alarga… se empiezan a colar, marca una persona y trae a quince más…te pasas el día entero en una cola para un producto que no puedes comprar. Te pones en riesgo tú y no resuelves tu necesidad.

Por ejemplo, cuando se dictó la cuarentena a principio de la semana pasada, hubo una crisis en la Lisa con los nasobucos. Un atelier estatal empezó a venderlos y a los dos días dijeron que los que iban a hacer eran para Salud Publica, que la gente tenía que traer sus telas. La gente empezó a traer sus telas y al otro día dijeron que no se lo iban a hacer a mas nadie.

Entonces, ¿de qué estamos hablando?

Quieres crear una consciencia de que tenemos que protegernos, ¿y tú, una atelier estatal, que básicamente no produces nada y que no me lo vas a hacer de gratis, que yo te voy a llevar la tela, así y todo no lo quieres hacer?
Desde mi hogar, nosotros lo llevamos bastante bien. Yo vivo con una anciana de 88 años a la que le he infundido el miedo. Le he dicho que el virus se hizo para personas mayores, para matar viejos. Es la única manera que encontré de que se quedara en la casa.

¿Las medidas que se han tomado en Cuba…? Bueno, hijo, si bien no son las más eficaces- si bien la cobertura mediática con el coronavirus no es la ideal- por lo menos intentan que la gente se quede en casa. No creo que de que la forma en que lo abordan desde los medios nacionales realmente haga consciencia, ni que salir a grabar el Coppelia todos los días signifique mostrar la realidad del país, como dicen en Buenos Días. Pero algo es algo.

Yo no sé cuándo se va acabar esta situación de cuarentena. Creo que debe de ser el 21 de abril, como informó el gobierno, pero mucha gente me han dicho, por ejemplo, que las guardias en los centros laborales están planificadas hasta finales de mayo, así que lo más probable es que se extienda. Ese es el miedo de la gente: que se extienda. Que empiecen a escasear los productos y se vea una crisis más allá de la que diariamente vivimos.

Ceres, please, come soon!

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Foto: Canal Caribe

The Mesa Redonda (MR) of Monday, March 30, devoted to agriculture and transportation, managed to make me overcome my usual agnosticism and awaken my hidden polytheistic religiousness. I remembered that, in the Roman pantheon, Ceres was the goddess of agriculture, harvests, and fertility. From her offspring –the cereals– came the tasteless energy-giving paste which was the staple food of Latium. Her cult was related to plebeians, who dealt with the production and trading of agricultural products.

Her task was so complex and important that Jupiter assigned her a brigade of twelve minor gods to tend to the specific aspects of agriculture: Vervactor plows the land for sowing; Reparator prepares it; Imporcitor breaks it; Insitor sows; Obarator tills the surface; Occator channels it; Sarritor weeds it out; Subruncinator thins out the seedlings; Messor does the harvesting; Conuector transports the harvest; Conditor stores it; and Promitor distributes it.

Watching that MR I realized that, in Ceres’s last visit to Cuban fields –I am yet to pinpoint when that was– she only left a few to look after them. According to official information regarding sowing and more sowing, you can see Insitor has grown fond of us; while Messor, Conuector, Conditor, and Promitor barely come around. Or maybe they do it incognito, because at least in the TV News Bulletin there’s always produce somewhere in Cuba; you only have to find out when, where and at what price.

In the words by the Minister, centered on the need to substitute imports –of the 2 billion spent on food, it is estimated that between 600 and 800 million can be saved through national production–, there were plenty of directions and promises, and a lack of concrete answers to the uncertainty surrounding the production and marketing of produce. Particularly, I was surprised by two cardinal omissions: the absence of economic-financial indicators in the discourse of such a high authority, and the concealment of the role of private farmers in agricultural results.

The former is an old shortcoming of information and economic decision-making in Cuba. We should remind ourselves that in all guiding documents of the Party/State, since the 1970s until today, there’s an emphasis on the need to apply the economic-financial categories for the analysis of economic matters, yet here there was a distinct lack of them.

Nothing was said of the value and quantities of productions taken to market and their relation to the plans, the volume of needs and the effective demand for each of them –although both ministers repeated that nothing would get to satisfy the apparently insatiable demand/need (?) of the population–; of the amount and effectiveness of investments; and, more importantly, of what to expect specifically at this time regarding controlled or rationed distribution, regardless of the rising prices in the free market.

And nothing was said at all about the use of credit or fiscal mechanisms to help producers. They didn’t even explain why the Cuban agricultural system, with 6.4 million hectares of arable land –it wasn’t specified whether that’s a total figure or what the Ministry of Agriculture controls–, only farms 2.5 million and merely 7% is irrigated. Additionally, if 2.3 million were given to around 250,000 usufructuaries who are exploiting them, or they would lose them, how much is really being exploited by government-run companies and cooperatives?

The most unbelievable part is that the territorial structure of Cuban agriculture was manipulated when they said it’s divided between 4,800 cooperatives, without making the indispensable distinction between them. The truth is that there are three very different kinds in Cuba: credits and services cooperatives (CCS), which gather private farmers for a number of actions and where the land and the produce belong to the farmer; agricultural production cooperatives (CPA), with the classic model of associates and paid workforce; and the basic units of agricultural production (UBPC), public entities subordinated to large companies.

With nearly a million workers (20% of the total), agriculture currently contributes only 3.6% of the GDP.

Although 80% of the land belongs to the State, a large part of it is managed by UBPCs, usufructuaries and about 30,000 individual producers. However, according to official statistics, the majority of the most important productions are made by CCSs, that is, the private sector.

Faced with the current crisis, accented by the pandemic and the intensification of the blockade, which adds to what already existed, there were no proposals made that went beyond meetings with producers (!?), repeated slogans, general commitments and unnecessary appeals to the honor, commitment, and creativity of farmers and workers, who have always given their all to producing and supplying food for the people.

With the repetition of such bureaucratic methods, of proven obsolescence and inefficiency, we can hardly aspire to different results. Ceres, please, come by soon with your entire brigade, or we’ll be no better off in saecula saeculorum!

Translated from the original

Todo es un caos

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caos

Aimee Reyes y yo nos conocimos hace casi diez años. En aquel tiempo vivía en Guantánamo. Estábamos en el preuniversitario, en la misma aula. Éramos amigos. Cuando estaba en doce grado, Aimee salió de Cuba. Desde ese día no nos hemos vuelto a ver. Ahora vive en la Florida, en el condado Miami-Dade. Seguimos en contacto a través de las redes sociales. No como quisiera. La extraño. Hace unos días le escribí. Necesitaba saber cuál era su estado. Ya el coronavirus había llegado a Estados Unidos. Estas fueron sus respuestas:

«Cerraron las universidades del estado, pero hasta hace una semana las playas estaban llenas de estudiantes universitarios hartándose de cerveza. Ahora todo está colapasado. Los vecindarios están sombríos, pero vas a un supermercado y es como una fiesta de compras. No hay sanitizer, ni toallas, ni un carajo. La gente magnifica todo. Las autoridades actúan muy lento.

Todo es un caos aquí.

El problema es que no todo el mundo puede hacerse la prueba. Tienes que ser una persona mayor con síntomas o haber viajado fuera del país. Hay mucha gente que tiene dinero y no se puede hacer el examen. Y el problema no es que se mueran, sino que se lo peguen a alguien con problemas respiratorios o a quienes sean mayores. Hay unos cuantos cuantos muertos por donde vivo, sobre todo en el condado de arriba, Broward. La mayoría personas mayores.

Es difícil la relación con mi novio.

El viernes cumplimos 4 años y no nos pudimos ver. Más que nada porque él tiene que seguir trabajando y está en contacto con gente todo el día. Hacemos videollamadas. Nos escribimos. Así es como uno se mantiene a flote. Y sí, algún día nos veremos. Eso si llego mentalmente sana al final de esta crisis.

Llevo casi dos semanas encerrada. Fui una de las primeras en irme de cuarentena por el asma. Estoy trabajando y dando clases desde la casa. Los días no pasan, todo es coronavirus. He leído tres libros, y voy por el cuarto. He aprendido como decir “estoy cansada de esta mierda” en francés. He aprendido cómo tocar “Mad World” en el piano y la verdad es que ya no sé qué más hacer. Ya no sé qué día es. Ya no sé quien soy.

Y Trump… ya no sabe donde poner el huevo. Vamos, lo de siempre.»

Lo que no cuentan los medios sobre el coronavirus

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Foto: La Demajagua

Pancho vive de la yerba y los encargos. A las cuatro de la mañana ya está sobre el triciclo heredado de su padre. Pedalea entre 5 y 10 Km hasta potreros y tierras baldías perdonadas por el marabú, y corta lo suficiente para llenar varios sacos. Sobre las diez de la mañana ya está de regreso  a su barrio de El Dagamal, en la periferia de Manzanillo, con  el dinero obtenido de los cocheros.

Entonces se baña y se pone con los socios a jugar dominó y oír reguetón, bajo una mata de almendra, en espera de que aparezca alguien que quiera le lleve un tanque de agua a cualquiera de los barrios donde el ciclo de abasto puede durar hasta diez días. Hace una semana, un tipo de la mesa le comentó sobre “eso malo que anda”.

Antes de dormir, Pancho sintoniza Radio Enciclopedia por la caja decodificadora acoplada a un televisor al que “se le fundió la dichosa pantalla y no da la plata pa arreglarla”, porque “me cae mal la muela de los noticieros”. El lunes Pancho notó que los ciclistas “tenían puesto un trapo en la cara”. Al llegar al punto de control policial, el uniformado le hizo una seña para que arrimara.

“Muy extraño, desde los 18 años me dedico a esto de la yerba y ya tengo 23, y nunca me habían parado”. El agente  le recrimina y lo amenaza con multarlo sino vira a ponerse el nasobuco. No se iba a dar por vencido y abandonó la carretera en busca de un atajo. Al regresar a su casa su hermano Tato lo estaba esperando “a una hora en que normalmente está en lo suyo”, y el barrio estaba revuelto con unas enfermeras que explicaban “no sé qué cosa”.

Tato vive de las colas. Tiene un fondo de inversión. En las tiendas y las ferias compra artículos de alta demanda. Los traslada –en el triciclo de otro socio, no en el de Pancho, porque “mi hermano no tiene móvil y no tengo como localizarlo”- , y los revende en la periferia. “Esto del virus ha puesto cabrona la cosa”, le dice a su hermano. “La policía está cuidando las colas, no hay molote ni ‘marcadera’ doble, y así soy out por regla”. En cada lugar donde Tato se provee hay un “punto” que lo llama y le avisa: “mañana a tal hora vamos a sacar pollo, pasta de dientes, lo que sea”.

Laritza* es una trigueña linda, “punto” de Tato en un importante establecimiento: “Hace días que no ‘hago’ nada. Con esta película del coronavirus los mandantes han decidido salir de sus oficinas y dejar sus reuniones, y no dejan que uno ‘evolucione’”.

Explica Laritza de regreso al  vecindario con su tapabocas perfectamente combinado con los colores del uniforme: “Los mandantes no tienen líos, tienen lo suyo garantizado de un modo u otro, no han dejado de andar en sus carros y se quitaron de arriba el problema de estar recogiendo a la gente en las paradas. Ya nadie habla de eso pero los trabajadores tenemos que seguir luchando un transporte cada mañana y cada tarde. Menos mal que yo tengo a Bartolo*”.

Bartolo es chofer y comprador autorizado de un centro asistencial de salud de la provincia de Granma. “Desde que comenzó esto de la pandemia no tengo vida. Es dale para aquí y dale para allá. Fíjate que yo nunca he querido que me pongan un chofer y pasar a la plaza de comprador porque, vaya, se malea la cosa. Pero creo que voy a pedirlo hasta que todo esto pase.

La ‘jevita’ se molesta porque últimamente no la voy a buscar yo mismo y la mando en moto eléctrica para la casa, pero a uno no le queda tiempo ni para comerse un coquito”. Si bien en el refrigerador de Bartolo no faltan las carnes, viandas y hortalizas, a él lo que le encantan son los dulces de coco.

Jorge Luis, El Coquitero, hace días que no sale a vender. “Imagínate, me agarró la policía y me puso una multa por andar sin nasobuco, y me dijeron que si me agarran de nuevo vendiendo sin patente me lo decomisan todo y me ponen una multa de 1000 pesos. Y esto no da para eso”. A efectos legales no es un trabajador por cuenta propia. Él mismo elabora sus coquitos y los vende pero cada dos días trabaja como guardia nocturno en un atelier del Estado, “por un salario que no da ni para atender la casa una semana, y ahora con mi hermana sin pega, hay que ayudarla con mami».

Su hermana, en las mañanas es doméstica “en el hogar de un señor que viaja a Guyana y Panamá”. “A él lo aislaron por el virus y su mujer cerró el negocio y está en casa cuidando a los niños. No me necesitan. Así que a nosotros se nos ha puesto fea la cosa. Ahora sólo nos queda la chequera de 300 pesos de mami porque mi hermano tiene su propia familia…”

Todas esas historias nos las cuenta Dalila*, una estudiante de medicina que anda de pesquisas en busca de personas con problemas respiratorios. “Hoy he caminado como nunca en mi vida, creo”. Conoce a mi hija y en casa ha roto el protocolo. Ha pedido agua. “Hay que ver cómo vive gente por ahí”, dice, y  vuelve a acomodarse el nasobuco que sólo deja al descubierto su mirada hacia el televisor. Un reportaje muestra cómo, en alguna ciudad de Cuba, unas integrantes de la Federación de Mujeres Cubanas visitan a los ancianos y les hacen sus compras para que no tengan que salir a la calle.

Se siente el claxon de un auto: “Es mi papá, lo llamé para que viniera a buscarme”. Al padre lo conozco de la época en que tenía algún vínculo de trabajo con el gobierno provincial. Anda en una camioneta Hyundai con chapa estatal y tiene su propio chofer. Dalila se despide de nosotros. El nasobuco sólo le deja descubierta la mirada. Podría jurar que va llorando.

*Se ha cambiado el nombre y algunos datos para proteger la identidad de las personas mencionadas.

Los diez años de La Joven Cuba

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Han sido diez años difíciles pero la mayor victoria de La Joven Cuba es que sigue aquí. De ser un blog de hombres blancos pasó a ser un medio de opinión política con balance de género y racial, más parecido al país que lleva en su nombre. Su composición hoy va desde estudiantes universitarios a los más altos grados científicos. Su línea política es progresista, y a riesgo de entrar en etiquetas podríamos llamarle socialismo democrático. Aún así, la persecución a nuestros integrantes persiste por la insistencia de algunos funcionarios ideológicos a los que queremos decirles: El acoso te atrasa. Evoluciona!

Desde un inicio, hemos tenido momentos de tensión y distensión con el gobierno y el partido cubano. Hemos visto administraciones estadounidenses dispuestas al diálogo y otras obsesionadas con imponer su ideología en Cuba. Hemos visto que el contexto de apertura crítica en el que se fundó este espacio hace una década fue reemplazado por intentos de obediencia impuesta, incluso antes de la llegada de Trump. Lo vimos y seguimos.

Hace unos meses celebrábamos cinco millones de visitas a nuestra web.

LJC no disminuye su ritmo, recientemente rompimos nuestro récord de visitas con 23,000 accesos a un texto que se publicó hace dos semanas. Sin embargo, la calidad de un medio digital no se mide por el número de visitas. Mucho menos en tiempos donde el número de seguidores de un influencer o activista digital puede ser inversamente proporcional a sus credenciales para abordar un tema. Es un contexto donde la propaganda y la apelación a bajos instintos se diseminan como pólvora ante una audiencia que sólo busca aquello que satisface sus ideas preconcebidas. Nuestras redes sociales y los medios digitales últimamente parecen el Coliseo romano.

Especial reconocimiento merece este equipo. Desde los autores más veteranos hasta los que hoy empiezan. En un contexto tribal donde unos defienden ciegamente la gestión gubernamental minimizando desafíos internos, y otros buscan un cambio de régimen político omitiendo los logros sociales de la Revolución y maximizando los defectos gubernamentales, LJC propone una mirada más mesurada. Sin el respaldo mediático y el sistema de premios que disfrutan los proyectos apoyados por la administración Trump o el gobierno cubano, la supervivencia de iniciativas como esta es la garantía de un espacio crítico no-radicalizado en Cuba.

LJC propone el camino socrático de poner en duda nuestros dogmas y prejuicios.

En los últimos años son varios los proyectos que han desaparecido en la esfera pública cubana. La presión creciente de una administración estadounidense corrupta, así como el fortalecimiento de sectores conservadores en el gobierno y el partido cubano, hacen difícil existir políticamente sin oscilar hacia algún extremo. Sin embargo, LJC ha logrado mantener su línea editorial. Las autoridades cubanas pueden cambiar de opinión una y otra vez sobre nuestro trabajo, que seguiremos publicando y proponiendo cambios que conduzcan el país a una mejor gobernanza y la preservación de la soberanía.

Ha sido una década difícil pero fructífera. Gracias a los amigos que fundaron este proyecto conmigo, gracias a nuestra audiencia, y gracias a este equipo que pone mucho en riesgo sin esperar nada a cambio. Como dijera un célebre pensador cubano: seguimos en combate.

Vindicación de la libreta

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Mi generación creció escuchando las historias de cuando la libreta de abastecimiento era un libro gordo, e incluía la distribución de artículos tan variados como la ropa interior y los juguetes. Más recientemente, Pánfilo ha sabido utilizar el papel destacado que tiene la libreta en el imaginario de los cubanos, como una de las características más destacadas del período revolucionario. A decir verdad, el racionamiento se ha convertido en una parte integral de nuestra cotidianidad, y ya lo vemos casi como una segunda naturaleza.

Recuerdo aquellos años lejanos del 2011, cuando se plantearon los Lineamientos. Uno de ellos era eliminar progresivamente la libreta de abastecimiento. Yo, al igual que muchos otros, estuvimos de acuerdo con aquella medida, pues la idea era liberar al Estado de las pesadas cargas presupuestarias en las que se encontraba. La gran ilusión en aquellos años era dejar atrás el modelo de planificación soviético, y crear las condiciones para el mejor desenvolvimiento de una economía mercantil.

Finalmente, aquel lineamiento no se hizo realidad, aunque fueron sacados varios productos de la libreta. Debemos decir: por suerte, no se eliminó la libreta de abastecimiento. El tiempo y la reflexión me han hecho darme cuenta de que esa herramienta es extremadamente importante y necesaria. Basta solo ver la situación en la que se encuentran algunos barrios periféricos, donde la vida se ha precarizado continuadamente, para darse cuenta de que la desaparición de la libreta podría arrojar a miles de personas a la extrema miseria.

Desde el 2011, a la pobreza en que ya vivían muchas personas se le ha sumado el aumento de la desigualdad. La vida cotidiana no es igual en algunos lugares donde viven personas de mayores ingresos y en barrios humildes, donde la  lucha por conseguir lo mínimo indispensable para vivir puede ser agónica. Muchas personas viven en el gris borde de la ley. Si se quiere saber cómo sería la vida de muchas personas en caso de desaparecer la libreta, basta con ver el ejemplo práctico de los barrios de emigrantes del oriente del país, los famosos llega-y-pon, donde los recién llegados no tienen acceso regular a los derechos sociales.

La libreta de abastecimiento representa una renta básica universal de los cubanos.

Así como está, que no dura más que para una semana, que cada vez le quitan algo más, es algo. Sería peor que no existiera. Y Aunque fuese una carga para el Estado, creo que se debería mantener por cuestiones de principio.

Sigo creyendo que Cuba necesita desarrollar una economía mercantil. Sin embargo, debemos evitar que las relaciones capitalistas se apoderen de nuestra sociedad. Una de las formas de lograrlo es manteniendo y ampliando esa renta universal. Si algo es antagónico a la implantación del capitalismo, es que las personas no estén privadas de los recursos fundamentales para vivir. El derecho a la vida y el capitalismo son contrarios. No solo creo que la libreta debe mantenerse, sino que soy partidario de que si en algún momento la economía mejora, se amplíe el surtido de productos. Como era en la década de los ochenta o más.

Algunos consideran que la libreta no debería ser universal, que los más adinerados no deberían recibir lo mismo, y que se deberían concentrar los recursos en las personas más necesitadas. Pero por ese camino se corre un peligro, que es el mismo para todos los servicios cuando no son universales. Habría que crear una engorrosa burocracia para decidir quién sí y quién no. La experiencia ha demostrado que terminan formándose bolsones de personas a las que no llegan los derechos sociales. Es más radical y eficaz mantener la universalidad.

En medio de esta crisis por el coronavirus, muchas personas han planteado que los productos más importantes sean regulados a través de la libreta de abastecimiento. Ello permitiría garantizar el acceso, y además evitar mejor las aglomeraciones en los establecimientos comerciales. La iniciativa popular no es descabellada, y nos hace recordar que ya contamos con una herramienta creada que puede servir en tiempos de coronavirus.

Las autoridades de Comercio Interior, hasta ahora, se han negado a normar los productos.

Plantean que no hay suficientes existencias para llegar a cada persona. Sin embargo, no han dicho nada de si sería posible llegar a cada núcleo, por ejemplo, una experiencia que se ha aplicado en otras ocasiones. Mientras tanto, la situación con el detergente es crítica, y en los establecimientos donde aparece se forman colas inmensas. A pesar de la intervención de la policía, se convierten en situaciones óptimas para la propagación del coronavirus.

Si la crisis empeora, creo que el gobierno debería analizar seriamente usar la red de productos normados para distribuir lo necesario para las familias. Además de que las bodegas pueden ser, dada la tradición comunitaria que las rodea, un mejor espacio para controlar las colas y mantener las distancias apropiadas.

Estas y otras son las reflexiones que me provoca pensar en esa vieja, vilipendiada pero querida libreta de abastecimiento. No deberíamos olvidar las cosas buenas que hemos creado en estos sesenta años de resistencia.

Ceres, por favor, ¡ven pronto!

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Foto: Ministerio de Agricultura de Cuba

La Mesa Redonda (MR) del lunes 30 de marzo, dedicada a la agricultura y el transporte, logró hacerme superar mi agnosticismo habitual y despertar mi oculta religiosidad politeísta. Recordé que en el panteón romano Ceres era la diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. De sus hijos ?los cereales?, se hacía la pasta energética insípida que constituía la base de la comida latina. Su culto estaba ligado a los plebeyos, quienes se encargaban de la producción y el comercio de productos agrícolas.

Tan compleja e importante era su tarea que Júpiter le asignó una brigada de doce dioses menores para atender los aspectos específicos de la agricultura: Vervactor pone la tierra en barbecho; Reparator la prepara; Imporcitor, la rompe; Insitor, siembra; Obarator, ara la superficie; Occator, la canaliza; Sarritor, escarda; Subruncinator, entresaca las siembras; Messor, cosecha; Conuector, transporta lo cosechado; Conditor, lo almacena; y Promitor, lo distribuye.

Al ver la MR de marras me di cuenta que en la última visita de Ceres a los campos cubanos –que no he localizado aún cuando fue? solo dejó atendiéndonos a algunos de ellos. Según las informaciones oficiales sobre siembras y más siembras, se aprecia que Insitor nos ha cogido cariño; al tiempo que Messor, Conuector, Conditor y Promitor, apenas se llegan por aquí. O quizás lo hacen de incógnito, porque al menos en el NTV siempre existen productos del agro en algún lugar de Cuba; solo es preciso saber: cuándo, dónde y a qué precio.

En la intervención del ministro, centrada en la necesidad de sustituir importaciones ?de los 2,000 millones que se gastan en alimentos, se considera que se pueden ahorrar entre 600 y 800 con producciones nacionales? sobraron las orientaciones y promesas y faltaron respuestas concretas a la incertidumbre que rodea la producción y comercialización de los productos del agro. En particular, me fueron sorprendentes dos omisiones cardinales: la falta de indicadores económico-financieros en el discurso de tan alta autoridad, y el ocultamiento del papel de los campesinos privados en los resultados agrícolas.

Lo primero es un déficit de vieja data en la información y las decisiones económicas que se adoptan en Cuba. Vale recordar que en todos los documentos rectores del partido/Estado, desde los años 70 hasta hoy, se hace énfasis en la necesidad de aplicar las categorías económico-financieras para el análisis de los asuntos económicos, pero aquí brillaron por su ausencia de manera especial.

Nada se dijo de valor y cantidades de las producciones llevadas al mercado y su relación con los planes; volumen de las necesidades y la demanda efectiva de cada una de ellas –aunque ambos ministros reiteraron que nada llegaría a satisfacer la aparentemente insaciable ¿demanda/necesidad? de la población?; monto y efectividad de las inversiones y, lo más importante, qué podremos esperar concretamente en estos momentos para la repartición controlada o normada, más allá de los precios en alza del mercado libre.

Ni hablar del uso de mecanismos crediticios o fiscales para ayudar a los productores. Ni siquiera se explicó por qué el agro cubano, con 6,4 millones de hectáreas de tierra cultivable –no se especificó si son totales, o en manos del MINAG? solo cultiva 2,5 millones y se riega apenas el 7%. Además, si se entregaron 2,3 millones a unos 250,000 usufructuarios que las tienen en explotación, pues de lo contrario las pierden: ¿qué cantidad es la que explotan realmente las empresas estatales y cooperativas?

Lo más increíble es que se manipuló la estructura territorial del agro cubano al decir que está dividido entre 4,800 cooperativas sin hacer la imprescindible distinción entre ellas. Lo cierto es que en Cuba existen tres tipos muy diferentes: las de créditos y servicios (CCS) que reúnen a campesinos privados para determinadas acciones y donde la tierra y lo producido pertenece al campesino; las de producción agropecuaria (CPA), clásicas cooperativas de socios y asalariados y, las unidades básicas de producción agropecuaria (UBPC), entidades paraestatales subordinadas a grandes empresas.

Hoy el agro, con cerca de un millón de trabajadores (el 20% del total), solo aporta el 3,6% del PIB.

Si bien el 80% de las tierras son estatales, gran parte de ellas están gestionadas por UBPC, usufructuarios y unos 30 mil productores individuales (patieros). No obstante, según las estadísticas oficiales, la mayor parte de las más importantes producciones la hacen las CCS, o sea, el sector privado.

Ante la crisis actual, acentuada por la pandemia y el recrudecimiento del bloqueo, que viene a sumarse a la que ya existía, no se plantearon propuestas que fueran más allá de reuniones con productores (¡?), consignas repetidas, compromisos generales y apelaciones innecesarias al honor, compromiso y creatividad de campesinos y obreros que siempre lo han dado todo para producir y abastecer al pueblo.

Con la repetición de tales métodos burocráticos, probadamente obsoletos e ineficaces, difícilmente podrá aspirarse a resultados diferentes. ¡Ceres por favor, llégate pronto por acá con toda tu brigada, o seguiremos en las mismas por secula seculorum!

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

Medicina en Cuba: realidades dispares

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medicina
Foto: Gustavo Machín

Cifras oficiales de la OMS sostienen que alrededor de un tercio de la colaboración médica en el mundo es brindada por profesionales cubanos. La nación caribeña posee alrededor de 30 mil trabajadores del sector salud en más de 60 países.

En los últimos meses se ha acrecentado la persecución a la colaboración médica cubana por parte de varios gobiernos de derecha en la región, rectorados por Estados Unidos. Miles de médicos retornaron a la isla tras la ruptura de los convenios de cooperación en Brasil, Ecuador y Bolivia luego que la administración Trump criticara sus programas de asistencia médica en estos países, acusando al gobierno antillano de explotar a los trabajadores de la salud y difundir propaganda comunista.

Ante la pandemia de coronavirus que afecta a las mayoría de las naciones del orbe y que ha causado el colapso de los sistemas de salud de varias naciones, incluidos países del primer mundo, La Habana respondió con el envío de 52 médicos a la región italiana de Lombardía, y de 39 al principado de Andorra. Además, otros profesionales de la isla se encuentran salvando vidas en Venezuela, Granada, Nicaragua, El Salvador, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, Surinam y Jamaica.

medicos cubanos europa
Foto: Gustavo Machín, Embajador de Cuba en España.

Recientemente, el Departamento de Estado de EE.UU. ha advertido a varios países a no aceptar la ayuda en materia de salud ofrecida por la nación caribeña.

“Cuba ofrece sus misiones médicas internacionales a los afectados con #COVID19 sólo para recuperar el dinero que perdió cuando los países dejaron de participar en el abusivo programa. Los países anfitriones que buscan la ayuda de Cuba para #COVID-19 deberían analizar los acuerdos y poner fin a los abusos laborales»,tuiteó la cuenta de la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado de EE. UU. el pasado miércoles.

La cadena CNN en español publicó el pasado 27 de marzo el reportaje: Países afectados por el coronavirus están pidiendo ayuda médica a Cuba. ¿Por qué se opone Estados Unidos? en el que arrojó que los trabajadores cubanos de la salud desplegados en misiones, generalmente reciben solo alrededor del 20% de los salarios que los países anfitriones pagan por su asistencia, un salario reducido, pero mucho mayor que el recibido en las instituciones de salud de la isla, donde ronda los 60 dólares al mes.

Muchos son los galenos que han desertado en misiones en el exterior. La mayoría señala que resulta insuficiente, y hasta degradante, que del salario elevado que recibe el país, se le designe una pago tan bajo después de cumplir una colaboración internacionalista que implica varios años de sacrificios lejos de la familia.

Lamentan, además, que de no regresar, automáticamente pierden el dinero acumulado en una cuenta de banco, a la cuál resulta imposible acceder desde fuera de la isla. No se sienten dueños de su dinero. No pueden decidir qué hacer con lo que es suyo.

Sin embargo, el gobierno cubano aboga que los fondos recibidos de los programas de cooperación médica en el exterior, son utilizados para sufragar los gastos del sistema de salud nacional.

En la IV sesión ordinaria de la IX legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular la ministra cubana de Finanzas y Precios, Meisi Bolaños, señaló que en el presupuesto del Estado para el año 2020, se destinarían para la salud pública y la asistencia social 12.740 millones de pesos (530 millones de dólares).

Sobre el financiamiento, agregó que se permitiría la prestación de más de 200 millones de consultas médicas, el respaldo de los servicios médicos que se prestan en centros hospitalarios e institutos, así como la atención primaria de salud. Resaltó, además, que se brindaría cobertura financiera a 1,4 millones de ingresos hospitalarios, con el consumo de los medicamentos necesarios por los pacientes incluido.

«Cuba es uno de los cinco países de Latinoamérica que asegura seis o más por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) al aseguramiento y bienestar de la salud de su población», aseguró Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), durante la Tercera Convención Internacional de Salud Pública, Cuba Salud, 2018.

Trabajo organizado… y cuestionado

El sistema de salud cubano es gratuito, incluida la enseñanza en las especialidades de las Ciencias Médicas; además, se prepara a estudiantes de varias naciones que cursan la carrera de medicina, eso incluye a alumnos provenientes de los Estados Unidos. Desde el año 2000 la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) ha graduado casi 200 jóvenes de la nación norteña.

Hace solo unos días varios países del Caribe incluidos los miembros de la Mancomunidad Británica de Naciones, denegaron el atraque del crucero británico MS Braemar que con 682 pasajeros y 381 miembros de la tripulación se encontraba en una situación sanitaria compleja tras registrar cinco casos confirmados de COVID-19 a bordo y 52 personas con síntomas de la enfermedad.

El gobierno cubano organizó en coordinación con las autoridades británicas el arribo a territorio nacional de los cruceristas para asegurar el retorno seguro e inmediato al Reino Unido en vuelos charter de compañías aéreas a ese país. Varios medios internacionales reflejaron que detrás de la misión humanitaria se encontraban marcados intereses económicos del país antillano al recibir una supuesta retribución de dos millones de dólares. Esta nunca existió. Al menos que se sepa.

campana descredito cuba
Diario El Político, uno de los medios ligados a la campaña de descrédito contra Cuba.

Sin embargo, Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación Económica y Política de los Estados Unidos, recientemente pidió al gobierno de Trump que levante las sanciones económicas a Cuba, Irán y Venezuela como parte de la lucha contra el coronavirus.

«Ahora, a medida que los sistemas de atención médica de otros países fallan, es probable que más médicos cubanos estén en la primera línea de la pandemia. Esos esfuerzos deberían hacer que el gobierno de Estados Unidos reconsidere el embargo comercial de casi 60 años a Cuba», resaltó.

La Red Nacional de Solidaridad con Cuba en EE.UU. es una de las organizaciones que se han mostrado en contra de las sanciones a Cuba y en búsqueda de facilitar la ayuda humanitaria en medio de la Covid-19.

«La campaña de desprestigio del Gobierno de los Estados Unidos es inmoral en todas las circunstancias. Es particularmente ofensiva para Cuba y el resto del mundo, en tiempos de una pandemia que nos amenaza a todos, y cuando todos deberíamos esforzarnos por promover la solidaridad y ayudar a los que lo necesitan», declaró.