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Libertarios del streaming

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Foto: KarlitoMadrid/Facebook

Son tiempos de celebrities en las redes sociales que venden entretenimiento como si fuera política, pero no lo es. Es odio. Tiempos en que convocar desde la ignorancia y la vulgaridad es motivo de orgullo. Son días en que los representantes de los sentimientos más viscerales, arrastran hordas de repetidores y aplaudidores de una realidad que no entienden. Con la ilusión de que dicen cosas verídicas cuando son víctimas de la manipulación más básica. Y terminan convertidos en soldados de ese odio.

Sorprende lo fácil que es secuestrar el sentido común y envenenar la inteligencia, pero tampoco es nuevo. Cuba se suma tarde pero con paso acelerado a las dinámicas más nocivas de las redes sociales, alimentadas en este caso con mucho dinero dedicado a provocar un cambio político en la isla. Somos una sociedad sumida en la posverdad y la urgencia de la vida cotidiana. Mucho más ahora, en tiempos de un confinamiento y distanciamiento social. Ahora más que nunca la humanidad socializa en una dimensión digital donde, paradójicamente, es más frágil  su sentido crítico de la realidad exterior.

No me había permitido mirar los aquelarres televisivos de Alexander Otaola, hasta ayer, porque me considero vigía insomne del contenido que no aporta. Pero la nube de lodo ya hace ruido, impacta a artistas y personas que admiro, y fue lo que me hizo entrar a mirar el ritual. La composición del cuadro muestra dos sillas rojas con fondo amarillo, mientras un personaje en una de ellas, colorido y extravagante, grita e insulta mientras hace sonar un manojo de pulseras en uno de sus brazos, intercalando entrevistas de lenguaje chabacano.

Se respira mala vibra con el eco del sonido amateur, el chroma key mal depurado y la figura dantesca de un hombre con barba, gorra y anteojos, que gesticula nervioso. Pero es solo para disfrazar el mensaje. Lo que parece un programa de mero espectáculo con una batería de sponsors, se revela pronto como una vista oral macartista, en la que se acusa a otros cubanos como si estuvieran vinculados a una ideología pagana sacrílega que explota las bilis del sector más recalcitrante de la comunidad emigrada en USA, esa ideología no es otra cosa que el comunismo.

A menudo se pronuncian palabras mágicas que funcionan como conjuro anticomunista para excitar a la audiencia: libertad, dictadura, régimen, castrista. Mueven las fibras de una identidad que se considera como la única legítima y busca anular el disenso. Para estos actores, tomar café en una taza de color rojo y leer el Granma, es un imperdonable performance comunista. Todo lo que no es condenar, detectar y señalar comunistas, se convierte en una enfermedad cancerígena para ellos.

Este comportamiento intolerante no es nuevo en Estados Unidos

Recordemos aquel discurso de Edward R. Murrow en televisión, que mirando al senador de Wisconsin que detectaba comunistas hasta en la leche, dijo: “la línea entre investigar y perseguir es muy fina. No debemos confundir disenso con deslealtad. Debemos siempre recordar que acusación no es prueba.” Yo digo que también hay una línea muy fina entre el terror y la loa.

Me cuesta mucho creer que la mayoría del público otaolense no ve la intención malsana cuando señala con el dedo, denigra y difama. Condena a la hoguera a sus víctimas como si fuera un senador anticomunista en los 50, desde el bastión de su fondo amarillo, con la impunidad de la aparente gratuidad de sus palabras. Y lo aplauden miles, desde la hipnosis que provoca la escasa cultura política, que celebra una afirmación banal por el solo hecho de que suena a verdad dicha con valentía. ¿Cómo logran estos activistas políticos y celebrities de redes sociales, anular el sentido crítico de toda una audiencia? ¿Cómo la aumentan? ¿Cómo un centenar de personas eleva estos haters a la categoría de posibles líderes en la Cuba fantástica construida por algunos en el exilio?

Y la habladuría entretiene, duerme. Crea juicios falsos que se contagian más rápido que el Covid-19. El odio es morbo. La velocidad con que es preciso generar nuevo contenido en tiempo real, anula el análisis del contenido anterior. Exagera anécdotas banales, explota contenido audiovisual ambiguo, carga al adversario errores propios, responde a los ataques con más ataques y construye argumentos a partir de fuentes no fidedignas. Moviliza a la diáspora desde un dolor histórico no superado y sabe crear un enemigo, convocar a combatirlo, a una audiencia que no busca profundidad,  ni investigación, ni está acostumbrada a cuestionarse tal contenido. Solo da likes y contribuciones.

Entonces, ¿qué enseñan estos personajes del mundo youtuber, en tiempos donde la polarización y radicalidad de un sector en la Florida ganan espacio?

Los intelectuales y artistas cubanos se harían un pobre favor bajando a este escenario de politiquería militante. Sería darle a estas personas una mayor celebridad, los que lo han hecho y se han dejado provocar, han pagado altos precios. Pero hay una tarea pendiente y urgente del sector intelectual y académico de la sociedad cubana, que no está mirando cómo este discurso sensacionalista gana terreno; es necesario revisar qué espacios alternativos se ha entregado a estos grupos, qué vulnerabilidades existen en la sociedad cubana dentro y fuera de la isla, que los hacen susceptibles de consumir el odio como discurso político. No basta con crear espacios de mayor profundidad si no tenemos quien transmita en un lenguaje más potable y rápido de ser captado por la inmensa mayoría.

Hay un componente de marketing que se está obviando y que hace potable cualquier contenido. Existen académicos que han multiplicado su influencia al utilizar un discurso más accesible, como el caso de Darío Sztajnszrajber, filósofo y ensayista argentino que ha sido premiado por su labor divulgativa, llevando la filosofía a un estrato más cotidiano y realizando una labor comunitaria más enfocada a militar el pensamiento. Pienso en economistas que van a programas televisivos de diferente corte ideológico y exponen sus ideas de forma que miles de personas los entienden. Usar recursos expresivos y de comunicación que ayuden a despertar otros criterios, desde la verdad científica y la transparencia, que ayuden a desenmascarar la estridencia del activismo reclutante en la Florida. Pienso en jóvenes figuras en Estados Unidos que cada vez adquieren mayor significancia, como Yadira Escobar, que ha “bajado” a estos canales y participado en debates con estos youtubers, y ha salido siempre triunfante.

¿Nos estamos quedando sin estrategas o le dimos las armas a la gente que no era?

No se trata de entretener, ni volver nuestros pensadores en influencers vacíos y gritones, se trata de diseñar campañas efectivas, que ilustren el efecto práctico de las sanciones a Cuba, que expliquen cuán necesaria es la reconciliación entre emigrados y residentes de las dos orillas. Y buscar a los mejores comunicadores para eso.

No fue hasta el final de la Guerra Fría que los norteamericanos vieron el daño terrible que había hecho Joseph McCarthy: un clima de terror anti americano, guiado por su sed de poder y reconocimiento mediático. Estos personajes que hoy dividen y marcan a otros con letra escarlata en nombre de la libertad, descalificando a otros  según les parezca, no tienen cabida en ninguna sociedad sana. El terreno donde son débiles, es precisamente  el del conocimiento, las ciencias, la historia y la verdad. Los cubanos de ambas orillas, académicos, artistas, y los de a pie, no debiéramos jamás desistir en acercarnos unos a otros, nunca en acentuar las diferencias. La libertad no se alcanza por el camino del odio sino por el conocimiento y el respeto a nuestras diferencias. Cuenten conmigo para eso.

La oferta minorista en Cuba

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Foto: Tribuna de la Habana

Recientemente se presentó por televisión una caracterización de los problemas surgidos en el ámbito del comercio electrónico en Cuba (actualmente con las plataformas “tuenvio” y “enzona”). Los que pudimos ver la información nos llevamos la impresión de que esa iniciativa no funciona como debía esperarse.

Según publicó Granma en el 2018, la tienda electrónica de 5ta y 42, pionera en esta modalidad, comenzaría a funcionar ese verano (antes de presentarse la emergencia de la pandemia) y tendría limitaciones importantes: no se harían entregas a domicilio, ni siquiera en los alrededores de la tienda, y además la oferta estaría limitada a alimentos, bebidas y licores. Aun cuando soy fanático del progreso no le presté mucha atención al ofrecimiento, ya que de todas formas no me libraba de la molestia de visitar la tienda.

Después vi en las noticias que por la pandemia estaban tratando de impulsar esta iniciativa, y vi el reportaje de los problemas que habían surgido.

Hay que tener en cuenta que el sistema de tiendas “shopping”, del cual es heredero nuestro comercio electrónico, siempre presentó deficiencias que se fueron ampliando desde que fueran inauguradas a principios de la década de los años 90. Problemas que conducen permanentemente a la insatisfacción de la demanda y de la atención al cliente:

  • Escaso surtido de los renglones en venta.
  • Inestabilidad en los productos ofertados. Por lo regular ningún renglón perdura más de algunos meses en el mercado, su oferta se descontinúa y eventualmente es sustituido por otros productos similares.
  • Falta de garantía post venta para los bienes duraderos, especialmente en cuanto a piezas de repuesto.
  • Poca variedad de tallas en lo que a ropa y calzado se refiere.
  • Muy escasa oferta de producción nacional.
  • Elemental o deficiente envasado de las compras hechas por los clientes.
  • Ausencia de un sistema de entregas a domicilio para el caso de que el cliente así lo requiera.
  • Poca formación profesional en el personal que atiende al público e incluso tratamientos incorrectos, lo que ha hecho necesario emitir una legislación específica sobre los derechos de los clientes la cual se cumple pobremente.
  • Formación de precios arbitrariamente elevada en comparación con los costos de los productos ofertados.
  • Pobre extensión de la actividad hacia las capitales de provincias y/o sus principales ciudades.
  • Corrupción manifiesta de algunos empleados y administradores que ante la escasez orientan la venta de productos hacia compradores preferidos esperando por tanto un beneficio personal por parte de esos clientes.

Estas deficiencias provienen básicamente del propósito inicial de esas tiendas. No fueron creadas para satisfacer las necesidades del consumidor sino para recaudar divisas, especialmente de aquellos sectores de la población que disponían de ella para después redistribuir por el Estado las divisas obtenidas hacia los sectores de población menos favorecidos.

Al ser mercados destinados principalmente a vender productos importados, a medida que ha pasado el tiempo y se ha deteriorado el valor real de los certificados de divisa en manos de la población (CUC) cada vez menos se justificaba el uso de divisas en importaciones para captar los CUC circulantes, trayendo por consecuencia que hayan venido disminuyendo las asignaciones de divisa para la reposición o ampliación de los inventarios de estas tiendas.

A todos estos problemas y deficiencias se suman ahora el recrudecimiento del bloqueo, la falta de divisas y el estancamiento de la economía tanto por la situación antes de la pandemia como por los efectos en la economía de la paralización por el combate al Coronavirus.

Este escenario ha generado una dramática crisis de la oferta que ha convertido a dichas tiendas, independientemente de su tamaño, en un escenario de colas extensas en espacio y tiempo, precisamente en momentos en que se requeriría que como defensa contra la pandemia no se produjeran estas colas.

El comercio electrónico es una alternativa viable para Cuba.

Se debe señalar que en otros países el comercio electrónico es una actividad muy exitosa, al extremo de que su surgimiento dio como resultado la aparición de la fortuna más grande del planeta en su momento en la década del 90. A su vez el comercio electrónico tiene un importante antecedente en la venta por catálogos la cual tuvo su auge desde finales del siglo XIX en otros países.

En nuestro país no existe el antecedente de la venta por catálogos, pero si el antecedente antes de 1960 de las órdenes por teléfono a tiendas de los más diferentes tamaños. Esto conducía a que usando el teléfono un consumidor podía comprar prácticamente todo lo que necesitara sin tener que concurrir a los mercados o tiendas. No había Internet ni teléfonos celulares, pero por el periódico se anunciaban las ofertas de productos rebajados de precio y con eso bastaba. Además no había ninguna tienda importante o mediana que no tuviera servicio de entrega a domicilio sin costo adicional.

No es mi propósito analizar las causas por las cuales se perdió el objetivo de satisfacer al cliente y que surgieran todas las deficiencias que antes señalé. Considero que ya a más de 60 años nuestro sistema de ventas minoristas por el Estado es incapaz – por su filosofía de funcionamiento, su estructura, sus medios y sus antecedentes – de brindar en general una oferta y un servicio que satisfaga a la población; estos objetivos se perdieron ya hace mucho tiempo.

Además estos problema ahora no son responsabilidad ni de los trabajadores de las tiendas, sus dirigentes, las cadenas de tiendas, el Mincin o el Gobierno. Todos ellos y el país hemos heredado este desastre; al igual que heredamos el buen sistema de salud pública que ahora nos defiende de la pandemia. Pero antes de entrar a considerar el uso del comercio electrónico se requiere cambiar aspectos fundamentales del sistema de distribución a la población.

Necesitamos alternativas que mejoren la oferta de productos.

Si de acuerdo a nuestros principios económicos vamos a utilizar el mercado en función de la planificación, es una tarea importante promover la oferta y la demanda de manera tal que permita el crecimiento de la economía. Pero siendo así, el Estado no puede en estos momentos asumir un incremento significativo de la oferta.

Para empezar consideraría la posibilidad de concertar con empresarios extranjeros o cubanos con experiencia en las ventas al por menor y que no estuvieran afectados por las medidas del bloqueo yanqui, para que instalaran en Cuba tiendas destinadas a la venta en moneda libremente convertible con amplio surtido en renglones de todos los tipos y dándole la capacidad de importar los renglones que necesiten directamente del exterior financiando ellos mismos esas importaciones no el Estado.

De adoptarse una medida como ésta el Estado en primer lugar se libraría de garantizar la oferta a los consumidores que dispongan de moneda libremente convertible y se podría concentrar en garantizarle el consumo a los sectores menos favorecidos, no a toda la población. Además obtendría ingresos en divisas por concepto de impuestos a las nuevas tiendas y de aranceles por la importación de productos, aranceles estos que deberán estar orientados en lo fundamental a proteger a la industria nacional con vistas a que pueda competir con los productos importados en el suministro en moneda libremente convertible tanto a las nuevas tiendas como a cualquier otro destino. El Estado también tendría ingresos adicionales por el alquiler de locales o terrenos al inversionista.

Por último, una iniciativa como ésta influiría en el volumen de empleo al personal cubano, al cual se le debe permitir contratarse libremente para el trabajo en estas tiendas y no a través de agencias empleadoras estatales. Al elevar el nivel de ingresos del personal cubano que labore en esas tiendas así como en otros sectores, se contribuye al aumento en la demanda de servicios para satisfacer la cual pueden jugar un papel fundamental las ofertas de servicios del sector estatal, principalmente en lo referido al turismo, sector éste que necesitará más que ningún otro de iniciativas que le ayuden a superar la vaticinada crisis en dicha actividad como resultado de la pandemia.

Para finalizar, si se compara esta propuesta con la venta de artículos de alta gama que se inició en las tiendas estatales en moneda libremente convertible, los ingresos del Estado por concepto de impuestos y aranceles en moneda libremente convertible, podrían ser superiores al participar el Estado en un volumen de operaciones de mayor envergadura y sin necesidad de aportar ni un centavo en divisas para su captación.

Una iniciativa como esta no es imposible y ayudaría a destrabar un importante elemento de la avizorada recuperación.

Jimenito, otra vez ninguneado

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Guillermo Jiménez Soler
Foto: Natacha del Río Bolívar / Cibercuba

Acaba de morir el comandante del Ejército Rebelde Guillermo Jiménez Soler, “Jimenito”, un hombre leyenda. El Noticiero Nacional de Televisión en sus emisiones dominicales no lo mencionó; busqué alguna nota necrológica en Cubadebate y en la versión digital de Juventud Rebelde, y no encontré ninguna referencia a esta pérdida. Nuestra “prensa” no se ha enterado de que ha fallecido, a los 83 años, uno de los hombres gracias  a los cuales fue posible el triunfo de enero de 1959 contra el régimen de Fulgencio Batista. Lo han ninguneado.

Cuando las tropas de la columna 8, comandadas por Ernesto Guevara, llegaron al territorio de la provincia entonces llamada Las Villas, estaban cansadas, hambrientas, con los pies llagados, con  la ropa destrozada, y algunos combatientes estaban enfermos. Faltaba mucho para llegar a La Habana, ¿podrían, en esa condiciones, enfrentar al ejército gubernamental? Aceptemos que tal vez sí, aceptemos que aún así hubieran podido combatir, e incluso ganar algunas escaramuzas. Pero, ¿tomar Santa Clara? No sé qué opinarán los especialistas militares, pero a mí me parece que hubiera sido realmente muy difícil, por no decir imposible, tomar Santa Clara y provocar el colapso del régimen con las tropas en aquellas condiciones.

Sin embargo se ganaron las batallas, se tomó Santa Clara, se desplomó el gobierno, y en enero de 1959 los rebeldes entraron en La Habana. ¿Ocurrió un  milagro? Milagro, sí. Si damos ese nombre a la existencia en las montañas del Escambray de una zona rebelde donde operaban algunos grupos guerrilleros con acciones más o menos limitadas, y un vasto territorio prácticamente liberado, donde estaban establecidas las tropas del Directorio Revolucionario 13 de Marzo.

Ese mismo Directorio Revolucionario que, destrozado el 13 de marzo de 1957, se organizó de nuevo en pocos días, en medio de la más feroz persecución policial; otra vez destrozado el 20 de abril, volvió a reorganizarse. Nunca se dio por vencido. Y terminó por abrir un frente guerrillero en las montañas del centro de la isla grande. Ese frente al que llegaron agotadas, las tropas de Ernesto Guevara.

En esas reorganizaciones, y en la apertura y la organización de ese frente guerrillero, estuvo, en primera línea, el comandante Guillermo Jiménez Soler, el hombre a cuyo fallecimiento nuestra prensa no dedicó una línea.

En el territorio donde operaba el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, prácticamente territorio libre, había una organización tal que se contaba con escuelas, servicios médicos (que incluían una ambulancia que llevaba el nombre de José Luis Gómez-Wangüemert) y hasta estación de radio. Las tropas de la columna 8 pudieron descansar y reponerse al llegar y, con posterioridad, gracias al apoyo de las tropas y las armas del Directorio, y la contribución de sus redes clandestinas en Santa Clara y otras poblaciones, emprender las batallas decisivas.

Después del triunfo de enero de 1959, el comandante Guillermo Jiménez Soler ocupó responsabilidades en el Minint y el Minfar. Seguramente habría tenido una brillante carrera en cualquiera de las dos instituciones, pues cultura, inteligencia y capacidad de trabajo le sobraban, pero de repente le quitaron el uniforme y lo enviaron a dirigir una fábrica sin importancia durante diez años.

Fue el primer gran ninguneo a uno de los puntales de triunfo del movimiento revolucionario contra Batista. ¿Su pecado? El mismo de la combatiente Martha Jiménez: Realizar, contra viento y marea, las investigaciones que llevaron ante los tribunales a la persona que delató ante Esteban Ventura el escondite de los combatientes del Directorio Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, José Machado y Juan Pedro Carbó.

¿Por qué eso fue un pecado? Cada cual que haga sus conclusiones, pero lo cierto es que se trata de un tema tabú de la historia reciente cubana: Quienes tienen información no la comparten. Recomiendo el documental “Los Amagos de Saturno”, de Rosario Alfonso Parodi (y sus respuestas a algunos periodistas que a raíz de su proyección la entrevistaron) a quien quiera hacerse una idea aproximada de la esencia del misterio.

Después de la fábrica, Guillermo Jiménez Soler ocupó algunos puestos en el Banco Nacional,  y realizó colaboraciones periodísticas sobre temas políticos y económicos.

Ninguneado el héroe, no se dejó vencer; se dedicó a estudiar, a recopilar información, a escribir. “Si no lo hacía me volvía loco”, me comentó en alguna ocasión. A su esfuerzo se deben dos títulos imprescindibles para los estudiosos de la historia de Cuba: “Las empresas en Cuba-1958” (Miami, 2000; La Habana, 2004, 2008, 2014) y “Los propietarios de Cuba-1958” (La Habana, 2006, 2007, 2008, 2014), Premio de la Crítica, 2007. Dos volúmenes que completarían esos estudios han quedado inéditos.

A pesar del manto de silencio sobre su existencia, “Jimenito” se convirtió  en un referente ético para sus antiguos compañeros y para quienes, en algún momento, tuvimos el honor de conocerlo. En varias ocasiones tuve oportunidad de comprobar con cuánto respeto lo trataban los excombatientes del Directorio. Al respecto, recuerdo que, cuando investigaba para mi novela “Empecinadamente vivos”, le expresé que deseaba hablar con cierto asaltante al Palacio, y me proporcionó la dirección. Al terminar la entrevista con ese combatiente, fue hacia el teléfono y me comentó: “Ahora voy a decirle al jefe que ya cumplí”. Le pregunté a qué se refería, y me contestó: “Es que yo no recibo a nadie, ni doy entrevistas; si hablé contigo es porque Jimenito me dijo que lo hiciera”.

Combatiente, intelectual, amigo, revolucionario en el sentido prístino de la palabra, ese hombre enamorado de la historia de Cuba, memoria viva del Directorio Revolucionario, Guillermo Jiménez Soler, ya no está entre nosotros. Pero ni siquiera con la muerte le han levantado el ostracismo. A nuestra prensa le ha cabido el deshonor de ningunearlo hasta después de muerto. Jimenito descansará en guerra, como vivió.

De todos los crímenes de que son capaces los seres humanos, ninguno es más contrario a las leyes de la naturaleza que la ingratitud, escribió un filósofo inglés. Parece que entre quienes deciden qué es historia y qué no es historia en Cuba hay mucha desmemoria…, o mucha ingratitud. No seamos tambien nosotros ingratos a su memoria.

Magdalena, mi madre

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magdalena

Cuando lo supo, a mi madre no le molestó llevar el nombre de una supuesta ramera, de una mujer de sombras, provocadora de controversias teológicas, censuras y dudas científicas. Hija de padre ateo-comunista y de creyente-laica, mi madre no se había acercado a las sagradas escrituras. Había vivido aferrada al marxismo-leninismo lo mismo que un monje medieval al dogma escolástico, hasta que la caída del supuesto campo socialista le sacudió sus pilotes ideológicos, y ciertos jefezuelos viviendo por encima de los humildes le revolvió la indignación.

Fue en esa época cuando leímos juntos La Biblia. Era yo un joven de 23 años y ella una señora de 48. Yo estaba entonces enamorado de una muchacha bautista cuyos padres me pusieron como condición la conversión al cristianismo para aceptar el noviazgo, y me regalaron una edición del Libro de Libros que pasó en casa de mano en mano, y provocó tertulias y discusiones filosóficas durante los meses en que, finalmente, aquel amor de juventud emigró a los Estados Unidos, y nunca más supe de la muchacha en una época en que aun no existía Facebook.

Cuando mi madre descubrió el nombre de Magdalena en uno de los libros del Nuevo Testamento, me ordenó le buscara información acerca de su legendaria tocaya, –y digo ordenó porque La Vieja solía ordenar. Como ya su corazón expiraba y le imposibilitaba trabajar, asumí aquello como un modo para que se entretuviera, y le propicié leer con voracidad las múltiples versiones de la mítica y supuesta –por algunas interpretaciones-, compañera de Jesucristo.

Un día me sorprendió con la aseveración de que María Magdalena, de haber existido, habría sido de las primeras feministas de la historia lo mismo que Jesús, el primer socialista no estalinista ni maomista ni Fidelista ni ningún otro ¨ista¨…

«¿Y ese disparate, Vieja?» le pregunté estupefacto.

«¿Te atreves a contradecirme? Acuérdate lo que te pasó con Jessica Lange, Meryl Streep y KRAMER CONTRA KRAMER».

Me hizo recordar aquella discusión que habíamos tenido años antes en la que yo, flamante estudiante de Cine, Radio y Televisión del I.S.A., le aseguraba que la actriz contendiente de Dustin Hoffman en la memorable película no había sido Meryl Streep sino Jessica Lange, y Ramón Cabrera me sacó vergonzosamente de la equivocación.

Por eso, cuando mi madre se puso a darme los argumentos extraídos de los evangelios gnósticos de Tomás y de Felipe, -que ni idea tengo de donde los obtuvo en una época donde no teníamos Internet-, preferí sonreír y callar ante la certeza de que La Vieja, una vez más, celebraba su triunfo sobre mi ignorancia de intelectualito de vanguardia, como me solía calificar.

Una semana después, víspera de Navidades, ante la dubitación de un clínico en ciernes en el Cuerpo de Guardia del Hospital, mi madre me tomó una mano y me dijo tranquilamente: «Me voy a perder la adolescencia de La Caro. Dile a ese matasanos que es un infarto. El Infarto».

La miré tal vez con la misma expresión de incredulidad ante sus anteriores argumentaciones sobre María Magdalena y Jesús, y ella debió de percatarse porque agregó con su última sonrisa: «Acuérdate de KRAMER CONTRA KRAMER y de que me llamo Magdalena». Entonces habló brevemente del futuro. Murió con la esperanza de que dentro y afuera, en el país dónde viviría La Caro: gnósticos y agnósticos, ateos y creyentes, izquierdos y derechos, aprenderíamos a compartir y abrazarnos.

Al menos eso me pareció aquella tarde-noche de Navidades en que le conté a La Caro de cinco años y medio que su abuelita «había partido a un largo viaje hacia el cielo», y la niña me miró seria replicándome: «Ah, pá, yo no creo todo lo que dicen en la televisión». Y ante mi mirada perpleja, agregó: «Soy niña, no boba. Mi abuelita se murió».

Humanidad vs mercantilismo

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mercantilismo

No es novedad que los medios hegemónicos recorten la realidad. Seleccionan qué parte mostrar acorde a sus intereses, mientras desvirtúan otros fenómenos. Para este tipo de medios, lo fundamental no es construir un sujeto crítico sino subjetividades. Las notas van dirigidas a la audiencia de consumidores y la realidad que reflejan va dirigida a sus accionistas. Muestran la cotidianidad de forma que los sujetos actúen acorde a sus intereses.

Recientemente algunos diarios se han hecho eco de una campaña mediática hacia las brigadas médicas cubanas. En Argentina, una serie de notas comenzaron a generarse ante la posibilidad de que una brigada con 200 médicos arribara al país. Clarín, Infobae, La Nación, entre otros, alegan que es una importación inexplicable, peligrosa incluso para el prestigio del sistema de salud nacional, entre otras barbaridades.

Estos medios, algunos de ellos multinacionales, son los mismo que encarnaron el lawfare en la Argentina durante los últimos años. Tienen negocios en conjunto y asociaciones con empresas estadounidenses. El grupo Clarín, sin ir más lejos, incorpora como socio minoritario a Goldman Sachs (The Goldman Sachs Group, Inc.) en 1999, uno de los grupos de banca de inversión más grandes del mundo. Entonces sabemos a qué intereses responden, no sorprende su lenguaje macartista cuando abrimos las tapas de noticias de dichos diarios. Sin embargo resulta inquietante que algunas corporaciones médicas se hagan eco del mismo mensaje.

El descrédito sobre nuestra idoneidad como profesionales de la salud, la fantasía acerca de una colonización comunista, el delirio generado en torno a la retribución monetaria  y la autocomplacencia al afirmar que se menosprecia al personal de salud argentino, resulta ridícula en boca de profesionales formados. Demuestra cuán hondo han calado las cruzadas anticomunistas en nuestra América, gravemente exacerbadas con la llegada al poder de Trump y el auge de presidentes de derecha como Bolsonaro, Macri y Piñera. Pero más que eso, demuestra el carácter elitista de algunos sectores de la comunidad médica argentina. Los argumentos casi infantiles, solo esconden el temor ante la posibilidad de mostrar una manera más humana de ejercer.

La corporación Médica Argentina es un actor social y económico importante en este país; nos comenta Noelia Poggi especialista en medicina integral y graduada de la ELAM. “Está íntimamente vinculada con todo lo que hace el mercantilismo de la Salud, hablamos de una corporación que utiliza la enfermedad como forma de acumular capital y se oponen a quienes muestran que otra forma de abordar la salud es posible. Creo que esta campaña dirigida a la medicina cubana tiene una intencionalidad política, pues Cuba representan un modelo que amenaza el imperante en Argentina. La medicina es la misma en todo el mundo, la diferencia es cómo se aplica, la mirada desde donde se abordan los problemas de salud”, afirma.

La brigada médica llegaría al país en el momento más crítico de la pandemia.

Esta decisión del gobernador de la provincia de Buenos Aires, se basa en la situación crítica que poseen zonas vulnerables, específicamente el cono urbano bonaerense. Ante las opiniones antes mencionadas, el Ministro de Salud de la Provincia, Daniel Gollan, declaró a A24 que esta posibilidad toma mayor auge al constatar que de 500 médicos generalistas inscritos para asistir a la Provincia ante la emergencia del Covid-19; el 70% desistieron al saber las condiciones: no están dispuestos a trabajar en hospitales públicos de zonas sensibles de la ciudad como es La Matanza, municipio con mayor cantidad de habitantes y vulnerabilidad; su altruismo es selectivo.

Voces de múltiples sectores firmaron una proclama dando a conocer su apoyo a los médicos de la isla. Entre quienes se encuentran la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; la escritora Stella Calloni, el sociólogo Atilio Borón, el senador nacional por Chubut Alfredo Luenzo, las actrices Cecilia Roth y Cristina Banegas, etc. En la proclama “Nunca más a la politización de la salud” afirmaron: “el rechazo a la sola posibilidad de que vengan médicos cubanos se alinea con la campaña de Estados Unidos contra la colaboración médica cubana en el mundo. Que hoy es parte de la agresividad y recrudecimiento del bloqueo contra ese hermano país

De igual forma emitió un comunicado la Federación Argentina de Medicina General (FAMG) “rechazando toda forma de discriminación y descalificación a los colegas extranjeros, que en estas circunstancias especiales, podrían sumarse a trabajar en la emergencia Covid-19”. Se manifestaron también miles de graduados argentinos en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) y afirmaron que no ven más que excusas políticas ante un apoyo solidario.

Nos une la identidad y la integralidad como profesionales” cuenta Paula Artesi Herrera, referenta de la Agrupación Argentina de Graduados en Cuba, conformada en el año 2010. Desde su creación se fueron sumando profesionales de distintas especializaciones y provincias; más de 1300 Argentinos son graduados en la Isla. Los espacios que abarcan actualmente son disímiles: gestión pública, secretaría de deporte, proyectos comunitarios, proyectos laborales integrales, asesoramiento a nuevos egresados, congresos. Médicos y médicas argentinas que formaron parte de la brigada “Henry Reeve”, asistiendo ante la emergencia del terremoto de Haití y que hoy se encuentran muchos en la primera línea de ayuda ante esta pandemia.

A veces nos dicen: ahí vienen las cubanas y es que nuestra forma de práctica profesional es muy similar aunque somos de distintas carreras y se lo debemos a nuestra formación” afirma Paula. La red creada por quienes se graduaron en Cuba recorre la Argentina, justamente en aquellas áreas donde las corporaciones no asisten. Su labor engloba desde programas nacionales del Ministerio de Salud como “el tren sanitario”, los dispositivos de salud móviles y articulaciones entre la Secretaría de Deporte para construir playones comunitarios, hasta labores en el Ministerio de Desarrollo Social.

Libia Tujuayliya Gea Zamora, médica de origen Wichí, formada en la ELAM en Cuba, habló en el programa “Voces del Mundo” sobre su experiencia: “siempre tuvimos presente que nos formábamos para volver a nuestras comunidades, el internacionalismo en nuestra formación se convierte en una aspiración profesional”. En la misma también calificó de ridículo el cuestionamiento acerca de la idoneidad de los médicos cubanos.

Al hablar de su preparación, Noelia Poggi comenta que además de las enseñanzas teóricas, agradece haber tenido mucha práctica y ejemplos sobre cómo actuar en situaciones de emergencia donde a veces los recursos escasean. “En nuestra formación tuvimos conocimientos sobre epidemiología, prevención, protocolos de estudio y atención ante este tipo de situaciones, así como cursos intersemestrales para situaciones de emergencia y desastre. Elementos que son base de nuestra formación e imprescindibles en estos momentos”, afirma.

Actualmente 23 brigadas médicas “Henry Reeve“ y aproximadamente 1400 profesionales cubanos de la salud atienden pacientes de Covid-19 en naciones de Europa, África, Medio Oriente , América Latina y el Caribe.

Brigadas que desde su creación en 2005 han asistido en casos de desastres y pandemias a distintos países; siendo reconocido su trabajo por varios gobiernos e organizaciones internacionales. Labor por la cual en el año 2017 la Organización Mundial de la Salud (OMS) le otorgó el Premio de Salud Pública en Memoria al Dr. Lee Jong Wook, en reconocimiento a los 250 especialistas que ayudaron en África a luchar contra el ébola.

Ante este panorama solo puedo afirmar que ojalá no sean necesarios nuestros médicos en Argentina, ojalá el trabajo de prevención hecho hasta la fecha sea suficiente. Pero de no serlo, sé que se escucharán los aplausos de bienvenida por encima de los alaridos mercantilistas.

La reforma pospuesta y los ojos del pescado

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Mi abuelo era un buen discutidor que solía usar como argumento lapidario algún refrán de la inefable escuela de la calle. Uno de ellos era: “Compraron pescado y le cogieron miedo a los ojos”. Lo recuerdo cada vez que pienso en cuál ha sido el destino de los Lineamientos, la Conceptualización, los Objetivos de la Estrategia 2030 y la Constitución 2019. En la práctica, el grupo de poder hegemónico reniega de ellos pública y constantemente.

Las exigencias de la cuarentena por la COVID-19 han puesto al desnudo las inconsecuencias del discurso oficial respecto a las reformas al modelo. Si se acordó que el perfil económico-social del país sería el de una economía mixta, con un sector socialista predominante y una amplia presencia de otros tipos económicos, hoy está claro que al Partido/Estado no le interesa desarrollar la autogestión socialista de los colectivos laborales, la propiedad cooperativa, las micros, pequeñas y medianas empresas (mipymes) de ningún signo, y mucho menos la propiedad privada.

¡Ahora, hasta resulta que las experiencias de China y Viet-Nam, tan alabadas en su momento y largamente estudiadas por una comisión ad hoc de funcionarios que dedicaron una buena cantidad de recursos públicos a recorrer ambos países, no son aplicables a Cuba! ¡Eso lo sabíamos sin necesidad de ir a China! Bastaba con estudiar lo mucho que se publica sobre ambos países en todo el mundo. Hasta el propio secretario del PC de Viet-Nam vino acá y dictó una conferencia magistral sobre la Du-Moi.

Lo que se hizo en países tan diferentes al nuestro solo es válido como referente para adoptar un modelo propio. Hace siglos que Varela: “nos enseñó primero en pensar”. No a copiar, sino a pensar con cabeza propia; a crear, como diría Martí. Las soluciones propias tienen que partir de los debates internos entre propuestas nacidas de los que vivimos y conocemos la realidad cubana y de veras queremos “cambiar todo lo que deba ser cambiado”. Y esto no equivale a que vivan fuera, o dentro del territorio nacional. Aquí tampoco: “son todos los que están, ni están todos los que son”.

Es increíble que ahora los voceros de los que defienden a capa y espada los intereses del capitalismo de Estado en Cuba, aliados a poderosos grupos del capital transnacional, se rajen las vestiduras cuando alguien habla de potenciar las mipymes, como si eso no estuviera en la letra y el espíritu de los dos últimos congresos del PCC y gozara de amplio consenso popular. Para ellos no importa que sea la vía más expedita para paliar la grave escasez de alimentos y el espectro del desempleo que ya se cierne sobre decenas de miles de trabajadores.

A los que acusan de apologetas de la propiedad privada a cualquiera que critique la ineficacia sempiterna de monopolios estatales impuestos a la fuerza y defienda un modelo de economía mixta ya aprobado por el pueblo cubano, tanto en consultas oficiales como en la economía real, debía darles vergüenza. No he leído a nadie que critique la gestión estatal en la producción biofarmacéutica, o minero-energética, pero sus desbarajustes en la agricultura, el comercio y la producción y distribución de alimentos son ya insostenibles.

Tampoco creo que sea el mito de la propiedad privada lo que conduce a la sangría constante de recursos humanos que agobia a Cuba desde hace años. De hecho, son muy pocos los emigrados que devienen capitalistas, la inmensa mayoría se pasa la vida trabajando para otros; por tanto, no dejan de ser proletarios. Como tampoco son TCP los que hacen lo mismo dentro de Cuba al emigrar hacia el sector privado, aunque la versión oficial cubana no quiera admitirlo y meta a patronos y obreros en el mismo saco.

En medio de todo este debate de larga data se enfrentan dos actitudes opuestas. De un lado está una minoría soberbia de cubanos incompletos –sietemesinos les llamaba Martí?, que no creen realmente en la capacidad del pueblo para el autodesarrollo. Esos siempre aspiran a encontrar por el mundo un poder externo que los mantenga en su lecho de rosas. Antes eran España, USA, o CCCP; hoy son las transnacionales, o cualquier gobierno afín por razones geopolíticas.

Del otro, están los que aspiramos a un desarrollo nacional autóctono a partir del  talento y la capacidad de resiliencia del pueblo cubano. Es esa mayoría humilde que siempre busca como salir adelante, dentro y fuera de Cuba. La forman científicos y guajiros, emprendedores y amas de casa, artistas y empleados, intelectuales y obreros, burócratas y soldados, religiosos y ateos, comunistas de verdad y patriotas de cualquier signo.

Para estos hace tiempo que el bloqueo es una constante en sus análisis, no una variable que dependa de la supuesta solidaridad internacional, o de que llegue al poder en los USA un gobierno que nos quiera. Cuba tiene tantas riquezas humanas y naturales que, bien conducida y movilizando todas sus potencialidades, podría alcanzar niveles mucho más altos de desarrollo, aún con el bloqueo y en plena COVID-19. Pero, hay que acabar de reformar la eco (casa) de todos, o, como diría mi abuelo: “Cuando llegue el sombrero ya no hay cabeza”.

Dos extremos de un mismo odio

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extremos

Ambos tienen audiencia. Lo mismo quienes siguen a Alexander Otaola que los poquísimos que leen PostCuba. Y los que no estamos en uno ni en otro extremo, también la tenemos. La relación de cada individuo con la mediación que los comunicadores hacen de la realidad, tiene un componente orientado a satisfacer la masa y otro determinado por la individualidad.

Cuando PostCuba arremete contra cualquiera que considere un adversario ideológico y lo hace sin dar un solo argumento, ni mostrar evidencia alguna, a los ojos de su audiencia acrítica y condicionada podrá parecer que defiende la Revolución. Pero la hunde. La hunde tanto como Otaola. La hunde ante la conciencia de quienes, a solas con la almohada, no pueden dejar de ser honrados consigo mismos y reconocer que las razones de los otros, la de los críticos equivocados o no, también son las razones de Cuba. Porque es propio de la condición humana decir hacia adentro lo que para afuera se calla por conveniencia política, oportunismo o lucro.

Los estudiosos de la comunicación social saben que todo mensaje tiene primero un efecto efímero y luego un  efecto de trascendencia. Cuando Otaola publica chats escandalosos de un periodista cubano defensor del gobierno, o llama “agente castrista” al editor de este blog, por ejemplo, está provocando una reacción efímera. Busca intimidar, descalificar, desequilibrar a su víctima. La legión (falsa y verdadera) de sus acólitos que dejan mensajes a sus víctimas con nuevas ofensas, amenazas y conatos de chantaje emocional, forma parte del intento de crear un efecto que trascienda.

Porque Otaola y PostCuba saben que su mensaje inicial es efímero.

Nadie ha sido juzgado en Estados Unidos, en Cuba o alguna parte, por una revelación hecha en su show. Nada o poco será validado en el tiempo por una investigación histórica o criminal de ninguna índole. Tampoco le hace falta. Lo que necesita es un punching bag para mantener en su audiencia el odio y la búsqueda de venganza. Y tengo que decir que lo logra con éxito. Mucho mejor que la pretendida unidad en torno al Partido y la Revolución que preconizan –pero no incentivan- los autores de PostCuba y algunos que pasan por el periódico Granma.

Los textos de la pandilla de PostCuba tienen el mismo objetivo descalificador hacia sus adversarios que el show de Otaola, sólo que más torpes y con menos seguidores. Porque miles de revolucionarios honrados y decentes, aun en desacuerdo con La Joven Cuba, no los siguen. Si fuera por sus escritos, a José Daniel Ferrer, por ejemplo, le hubieran aplicado la cadena perpetua. Sin embargo el tribunal condenó al “sultán de Palmarito” a uno o dos añitos de reclusión domiciliaria. ¿Fue condescendiente el tribunal de Santiago de Cuba con un enemigo de la Revolución?  ¿O es que cuando las acusaciones de PostCuba se someten al escrutinio de un tribunal, no se sostienen por falta de evidencias? No importa la respuesta. El objetivo es político, crear suficiente indignación y repulsa en el cubano de pueblo, y enfocarlo en la victimización del gobierno que, cierta y sostenidamente, es agredido desde los círculos del poder imperialista. Lo que de ningún modo debería dispensarlo de sus torpezas.

Cuando en PostCuba escriben que la doctora Alina B. López Hernández o un servidor somos mercenarios, o respondemos a intereses de medios miamenses, ¿pueden probarlo? No pueden ni podrán. Tampoco les interesa. Saben que en Cuba, con este Estado Socialista de Derecho, es escasa la probabilidad de que un fiscal acepte y tramite una acusación a ellos de cualquiera de sus víctimas por injuria o difamación. Aquí hay una diferencia con la posición de Otaola. Aquel puede ser demandado civilmente por un ciudadano de Estados Unidos ante un juzgado. Probablemente no en Miami Dade pero sí en uno para cuyos magistrados Cuba y los cubanos seamos un país como otro cualquiera. Aquí PostCuba y su pandilla se sienten impunes, y lo son, por obra y gracia de los políticos que rigen los destinos de este país.

Los ataques de Otaola contra PostCuba, y viceversa son escasos. Atacan la moderación, no el extremo.

Uno pudiera pensar que esos respectivos odios se complementan, muestran una simbiosis en función de mantener a la audiencia en los extremos. Con el principio: “o te alineas conmigo o te intento asesinar moralmente”. Esa simbiosis quizás explique que el youtuber Guerrero Cubano denuncie que uno de los patrocinadores de Otaola tiene casas y negocios en Cárdenas y Varadero. Y no vemos a PostCuba cuestionarse cómo es posible que el gobierno permita tales propiedades y negocios en Cuba a un enemigo de la Revolución. ¿Será que los extremos se necesitan? ¿O será que no es cierto?

Ambos fenómenos provocan una fauna depredadora de la decencia. Con una audiencia singularmente ladina, que se les pega tanto a unos como a otros pero es incapaz de ofrecer una alternativa viable a los problemas de la nación. Y si el bando de Otaola no tiene el valor ni la entereza de enfrentarse a verdaderos represores y en cambio se codean con herederos de torturadores, los de PostCuba defienden la Revolución desde la comodidad del patronato y el tráfico de influencias. El problema de los extremos es que en el tiempo se vuelven radioactivos y se destruyen por sí solos. Cuando ocurra, La Joven Cuba y nosotros seguiremos aquí. Sin pertenecer a un extremo. Y sin odio.

Paradojas de la juventud cubana

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paradojas

El filósofo alemán Ernst Bloch utilizó la palabra “asincronicidad” para referirse a la coexistencia, en un mismo tiempo y una misma sociedad, de diferentes formas de concebir la realidad que se suponen correspondientes a épocas diferentes. Es una categoría que muy bien se podría utilizar para Cuba, donde coexisten a la vez una realidad de Guerra Fría, y un sector de la sociedad que a nivel subjetivo ha dejado atrás ese paradigma, al sentir que este ya no responde a sus necesidades. Esta asincronicidad ha sido bien retratada en una conocida frase, esa de que actualmente hay muchas Cubas dentro de una misma Cuba.

Esta contradicción entre épocas que coexisten se hace especialmente traumática en lo que se refiere a las generaciones más jóvenes. Muchos de sus representantes se sienten ajenos al discurso del socialismo cubano, manifiestan rechazo a la propaganda oficial y buscan refugio en paradigmas de la cultura de masas globalizada y postmoderna. Sin embargo, esto no debería ser leído de forma simplista como un fracaso de la Revolución, o un avance de ideas conservadoras dentro de Cuba. Más bien se trata del resultado lógico de un éxito parcial.

El modelo de socialismo de Estado burocratizado que vio la luz en la URSS, principalmente de la mano de Stalin, ha sido descrito por Isaac Deutscher como un socialismo de analfabetos. Su modelo de sociedad, en el que esta es vista como una gigantesca fábrica en la que los cuadros del Estado dirigen todos los procesos, resultó ser eficaz para sacar a millones de personas de la pobreza, darles educación, etc., pero no para crear sujetos emancipados.

Esto tiene una explicación muy simple: en un primer momento lo que necesita toda persona es un grupo de condiciones mínimas que dignifiquen su vida, un techo, una escuela, un hospital, y cualquier sistema que le garantice eso será perfecto para ella; acto seguido, una vez satisfechas esas necesidades, esa persona querrá ser sujeto de la cultura, de la política, tener voz en las decisiones de la comunidad, y entonces chocará con ese mismo Estado, para el cual ella no debe ir nunca más allá de ser una pasiva estadística.

En Cuba se aplicó una versión del socialismo de estado burocratizado, el socialismo para analfabetos.

La experiencia cubana tuvo menos acento en el productivismo y la disciplina pero la misma pretensión de tutelaje eterno de la sociedad por parte de un Estado paternalista. Como era de esperar, los resultados han sido semejantes. Se ha logrado la hazaña de garantizar servicios sociales para todos durante décadas, lo cual ha permitido que los cubanos seamos como promedio más informados y saludables que la media latinoamericana.

Sin embargo, este modelo de Estado se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo material y espiritual de quienes no están en una situación de precariedad, sino que se encuentran en capacidad para hacer un aporte desde su creatividad, tanto a la economía como a la cultura y la política.

Entonces tenemos la paradoja de que el propio éxito de la Revolución se vuelve en su contra. El Estado, con sus servicios sociales, es el creador de sujetos que entran en contradicción con él. Dicho de otra manera, el mismo Estado al cual los individuos le deben parte de su bienestar, se convierte para estos en fuente de frustración.

Esta contradicción explota de manera particular en los jóvenes, que no vivieron el primer momento de expansión de bienes y garantías sociales, que consideran todo esto como un derecho dado por la naturaleza, y que se encuentran existencialmente en el segundo momento, el del sistema como obstáculo al desarrollo del individuo.

Lo que aquí se ve es el resultado de intentar construir una sociedad superior recurriendo a paradigmas obsoletos. En esta prehistoria del socialismo en la que vivimos, todo se ha querido resolver con paliativos y parches. Tanto el modelo de la gran fábrica como el del Estado-Padre pertenecen a épocas superadas del capitalismo, si no a un pasado más remoto.

Nunca ha existido un modelo de empresa socialista, solo camisas de fuerza administrativas para maniatar el mercado. Estos paliativos que en un primer momento resuelven problemas, se convierten en cascarones vacíos que son barridos por la historia, pues no dan a luz un nuevo principio de realidad.

El ideal marxista de que desaparezca la separación entre el Estado y la sociedad civil ha sido sistemáticamente malinterpretado. La idea original era que el Estado se disolviera en la forma de sociedad civil organizada, y hasta cierto punto se puede afirmar que en los primeros años de la Revolución Cubana la cosa iba por ahí. Sin embargo, desde entonces ha llovido mucho, y la ecuación se ha resuelto a favor del Estado. De un modo macabro, el ideal terminó justificando la petrificación de la sociedad civil bajo un paradigma de lo que es el Estado nada liberador.

Frente a lo que tenemos actualmente, es preferible defender la autonomía de la sociedad civil.

Esto nos lleva a las paradojas de la consciencia en los jóvenes cubanos. No es que en Cuba no haya jóvenes progresistas: por el contrario, tras sesenta años de Revolución Cubana, la mayoría de los jóvenes están de acuerdo con la universalidad de los derechos sociales, el aborto, la igualdad de género, e incluso se manifiestan en contra de las prácticas imperialista en el plano internacional.

La paradoja está en que no ven al Estado cubano como una fuerza progresista, al percibirlo como un obstáculo a su desarrollo individual, tanto económico como espiritual. Incluso a muchos que agradecen los beneficios sociales, les cuesta defender un Estado que tiene prácticas estalinistas, sobre todo en el modo de tratar a críticos y opositores.

Y aquí es donde está la tragedia, porque la Guerra Fría sigue existiendo, aunque algunos no quieran vivir en ella. El bloque de poder que se opone al gobierno cubano, o sea, el de las oligarquías latinoamericanas y la plutocracia norteamericana, es tan reaccionario y fascista que el gobierno cubano aparece como un aliado objetivo, casi una coraza protectora. Muchos no quieren verlo de este modo, porque estas elucubraciones de la geopolítica son algo lejano, y lo que se percibe existencialmente es al Estado como barrera, pero no por ello deja de ser real.

Para los jóvenes cubanos, esos a los que la Revolución ha hecho inteligentes, sanos y preparados, y que son los que se encuentran más representados en las redes sociales, el capitalismo liberal es muy atractivo. Es normal que así sea, porque el liberalismo postula una autonomía de la sociedad civil y del individuo que no encuentran en la sociedad que se ha construido en Cuba. Pero olvidan muchas cosas. Olvidan que no existe ese capitalismo abstracto y hermoso, sino formas reales de capitalismo que pueden ser desastrosas.

Es triste, porque parece que estamos en un proceso indetenible. Una parte importante de la juventud cubana cada vez más abraza los ideales del liberalismo, seducida por plataformas y formas de manipulación de la conciencia, sin darse cuenta de la catástrofe que sería que Cuba se rindiera en su pulso con el capitalismo realmente existente. Y muchos de los que perciben que hay valores positivos en la Revolución Cubana, se encuentran desmoralizados, sin argumentos para defender un Estado que no deja atrás su modelo burocratizado, y que se encuentra por debajo de las expectativas existenciales de toda una generación.

La mayor crisis del socialismo real es su falta de imaginación.

Todas las revoluciones han caído por no ser lo suficientemente radicales. Pero esto nos lleva a otro problema: ¿acaso se le puede exigir imaginación a un Estado que se bate todo el tiempo a la defensiva, entre bloqueos, deudas, desabastecimiento y ahora pandemias? No parece muy realista.

Esto me hace pensar que el bloqueo ha tenido otro impacto deseable para nuestros enemigos: aunque no ha logrado la rendición por hambre, ha sido efectivo en mantener al socialismo cubano como un prehistórico y nada liberador socialismo de guerra. Les basta sentarse a esperar, para ver cómo los mecanismos que creamos para defendernos nos destruyen desde adentro.

Analizar hoy lo que está pasando dentro de la mente de los jóvenes cubanos, equivale a asomarse al futuro. Los tiempos no están como para optimismos, y ninguna solución va a caer del cielo.