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El doctor Rafael

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rafael

Rafael es a lo que le llaman, al menos en las series que nos llegan de Netflix, mi casero. Lo conocí cuando necesité mi primer alquiler para irme a vivir con mi novio. Y entonces, imbuidos en el universo paralelo de los alquileres, encontramos esta pareja de cuarentones que, por unos pocos centavos, de la más periférica de nuestras monedas, nos rentaron un cuartico a más kilómetros del centro habanero de lo que imaginan.

En realidad, el espacio pertenece a Dianet, la esposa de Rafael. Quizás el doctor, especialista de 1er Grado de Medicina Interna y Msc en Urgencia Médica le quedan grande estas andanzas de rentas y pagos. Pero qué importa que solo sea la retaguardia de este negocio, cuando en realidad hace unos cuantos días está en la primera línea de combate. Rafael Cortina Ramírez es uno de los tantos galenos que desde diversas posiciones luchan contra la pandemia de la Covid-19. Para él parece sencillo.

Los médicos de profesión no tienen miedo, si no, no pueden serlo.

Y entonces me parecen tan lejanas nuestras conversaciones en el sillón de la casa, y esa persona que llega y te mira serio: –Un cafecito, ¿no?

Hace poco más de dos semanas Rafael está haciendo un trabajo diferente al que acostumbra con sus pacientes en la consulta de Lesión Cerebral del Hospital Julio Díaz, donde trabaja hace 17 años. Ahora con su bata blanca pertenece al equipo de doctores que en otro hospital habanero: Clínico Quirúrgico de Diez de Octubre, atienden a personas que, por sus enfermedades, se consideran entre los grupos vulnerables al virus.

El trabajo no es complicado como en los hospitales Covid 19, dígase Naval, Covadonga, IPK (Instituto Pedro Kourí). Aquí se estructura esto para prever la propagación de la enfermedad con pacientes ingresados o referidos, ancianos vulnerables por sus patologías clínicas.

Se trata de personas que llegan por Hipertensión Arterial, Diabetes Mellitus, las cardiopatías descontroladas, sospechosos de infecciones respiratorias agudas como Neumonía, Bronconeumonía y enfermedad pulmonar obstructiva crónica, sin haber tenido contactos de interés. Algunos han sido positivos a la Covid 19. Pero son los menos- me cuenta Rafael vía WhatsApp.

El Clínico de Diez de Octubre funciona como centro de apoyo en la contención del SARS-CoV-2. En este caso, me cuenta el doctor, los pacientes no están asilados. Los casos que han resultados positivos se trasladan a centros de tratamiento.

Hoy, por ejemplo, yo indiqué 6 estudios de PCR en tiempo real después de 5 días en la institución, si dan negativos y están controladas están enfermedades de base, incluyendo procesos sépticos respiratorios van de alta a su casa.

Tras 35 años de trabajo, el doctor Rafael asegura no haber trabajado en situación similar, ni siquiera cuando cumplió Misión Internacionalista en Etiopía, país en el que estuvo desde mayo de 1988 hasta septiembre del año siguiente. Entonces el joven médico estaba recién graduado, pero ni la lozana inexperiencia, ni el estar en un país extranjero parece compararse con la pandemia que ha puesto al mundo en un cara a cara con la muerte.

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Foto: @FotoArtist via Twenty20

Bueno, en realidad el término pandemia lo dicta la OMS. En mis años primera vez que se asume esto. Epidemias como tal, dígase dengue, influenzas, siempre han existido y hemos trabajado en eso. Fíjate, como dice el profesor Durán, el IPK tiene identificados en Cuba 16 virus respiratorios típicos del trópico; pero este virus y sus características epidemiológicas de trasmisión es algo, desde el punto de vista médico, inaudito por la clínica que tiene y sobre todo la alta transmisión.

Nuestro país siempre ha apostado por la salud. Es evidente. La gestión del gobierno y de las instituciones médicas cubanas pueden considerarse ejemplo en medio de tan compleja situación sanitaria. Tan es así, que según datos aportados por el portal cubano Cubadebate “Vuelos con médicos, enfermeros y técnicos de laboratorio salieron en menos de diez días hacia unos 14 países: Italia, Andorra, Venezuela, Nicaragua, Surinam, Jamaica, Dominica, Belice, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, España”.

Entonces le pregunto a Rafael sobre las condiciones que tiene para trabajar. Muchos focos de (des)información han tratado de boicotear los logros cubanos. Los menos agresivos hablan de ocultar información y especialistas descontentos. Para ser sinceros, ya sea por el bloqueo que la administración Trump ha llevado a límites insospechados o por la mala gestión interna, el sistema de salud cubano se ha visto resentido. Falta de medicamentos, condiciones deplorables en los centros de atención y alguna que otra pérdida de sensibilidad es hoy el escenario.

Sin embargo, aquí no se aplica eso de limón, limonero, los extranjeros primero.

Nuestro país es pobre pero con un excelente sistema de salud. Tiene dificultades como en casi todos los lugares, pero todas con resolución, por lo menos comida, cama y disposición para trabajar tengo. Nunca me voy a quejar, ahora que estoy más viejo todo se resuelve en el camino. Es posible que exista deterioro en nuestro sistema de salud, por motivaciones e intereses personales y/o económicos, pero no es la generalidad. Yo voy a cumplir 35 años de graduado y continúo haciendo las cosas bien. Es por amor a la profesión. 

Sin embargo, intento contrarrestar su firmeza que parece obvia. Hay países como Vietnam o Corea del Norte que tienen resultados mucho más loables que el caso nuestro.

Te dije que el sistema de salud es excelente por la organización del mismo y lo que he visto. Pero las personas no tienen percepción de riesgo. El cubano se cree imbatible y por las indisciplinas aquí, en España e Italia, se han incrementado muchos casos. Por eso hay que ser más severos. El caso de Vietnam es excepcional al igual que Corea del Norte, pues cerraron fronteras temprano y no tienen hasta hace días fallecidos. Incluso se están haciendo estudios genéticos para saber quién va a padecer la enfermedad. Se dice que el grupo sanguíneo O es menos vulnerable. Son muchos factores, pues es una entidad nueva.

La conversación sucede a ratos, siempre entrada la noche. El ajetreo del día para Rafael y el resto de nuestros médicos es sofocante, pero confían. ¿Será el espíritu de resistencia que ante las adversidades han desarrollado los cubanos?

El estado de ánimo de los pacientes es bueno. Claro, teniendo en cuenta el tipo de paciente. No es lo mismo tratar a un joven que un anciano; pero en general, es bueno. Aun con las dificultades el cubano se ríe hasta de la Covid 19.

Tanto Rafael como el resto de los doctores estarán en el hospital por 14 días y luego irán otros 14 a aislamiento. Cumplido el término le harán el PCR en tiempo real y si resultan positivos se someten al tratamiento concebido.

¿Yo solo me pregunto cómo es posible resistirse al miedo, la incertidumbre, la agonía? Acaso sea la razón por la que jamás pensé hacerme médico. Mientras le doy vueltas a la idea la pantalla de mi móvil se enciende y sale el ícono de una notificación de WhatsApp. Es tarde, pero despierto con la risa a todo el barrio. Es un mensaje de Rafael.

– Solo estoy haciendo mi trabajo. Eso de salir por el Granma me da mucha pena.

Hablemos de Marx

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Foto: Hans Wurst via Pixabay

Todo parece indicar que el interés sobre la figura de Karl Marx está a la orden del día en la escena intelectual cubana. Lo que es perfectamente comprensible, pues los cubanos estamos en un momento de repensarnos a nosotros mismos,  nuestro orden social, y existe una gran disputa entre corrientes por configurar un determinado sentido común. Una de las cosas que están en cuestión es la pertinencia del marxismo, socialismo y comunismo en nuestra sociedad, y eso lleva directamente a Marx.

Todavía recuerdo como hace dos años se proyectó la película El Joven Marx en el cine 23 y 12. No era una proyección normal de temporada sino que tenía cierto matiz conmemorativo y político. No era casualidad que estuviera presente en primera fila el héroe René González y el cine se llenó. Desde ese día me di cuenta de que la disputa alrededor de la figura de Marx se haría cada vez más importante. El tiempo no ha hecho sino darme la razón.

En el artículo Marx vs Marx, publicado en esta misma página, pueden leerse las opiniones de Carlos Abel Olivera sobre el ilustre pensador alemán. Me interesa responderle, pues sus argumentos me parece que ilustran las críticas que se le hacen a la teoría marxista cuando se quiere sustentar ideas conservadoras. Sobre todo, me resulta muy interesante la tendencia a contraponer un Marx a otro, un aspecto de su obra al resto.

Para discutir los argumentos de Olivera decidí separarlos en tres: separación del Marx teórico del revolucionario, ataque a la teoría del valor-trabajo y cuestionamiento del papel central de la lucha de clases.

Separación del Marx teórico del revolucionario, el viejo y el joven

En su texto, Olivera traza una línea clara que separa al Marx de la genialidad teórica, analista de los modos de producción y el Marx de la plusvalía y la revolución comunista. Esto no es nuevo, durante el siglo XX corrieron ríos de tinta intentando fundamentar esa separación. Se quiso, por ejemplo, establecer una distancia radical entre el Marx de los años de juventud, romántico y revolucionario, y el maduro, frío teórico del modo de producción capitalista (división a la que Althusser incluso llamó corte epistemológico). Esta línea de pensamiento responde, por supuesto, a una pulsión ideológica.t

De lo que se trata es de la vieja cuestión que definiera Rosa Luxemburgo: revolución o reforma. Por supuesto, respecto al capitalismo. Los que no pueden concebir la lucha revolucionaria como vía para superar el capitalismo, no pueden conciliar esa idea con la genialidad manifiesta del autor de El Capital en el resto de su obra. Entonces no les queda más remedio que considerarla un añadido extraño, producido por un romanticismo de juventud, las limitaciones de la época, un error teórico, o por deshonestidad intelectual.

Sin embargo, lo cierto es que la vinculación entre teoría y práctica revolucionaria es algo inherente a la producción teórica de Marx. Sugiero leer las Tesis sobre Feuerbach. Marx fue un crítico de toda la teoría tradicional contemplativa, que pretende establecer una relación inmediata con el objeto. Entonces, cuando se le quiere reducir a ser el autor de una explicación sobre los modos de producción, y se le reprocha la referencia a un deber ser extraño, en realidad se le está intentando leer como un teórico tradicional, algo que expresamente él pretendía no ser.

Este error es común entre los economistas que estudian a Marx, incluso entre los que cultivan la economía política marxista. Lo estudian (y enseñan) como si fuera el fundador de una escuela dentro de la ciencia económica. Pero lo cierto es que la obra de Marx es teoría revolucionaria desde el principio al fin. Esto solo se puede entender cabalmente cuando se tiene una comprensión clara de la Filosofía Clásica Alemana, y del lugar que ocupa Marx con respecto a ella.

No se trata, por supuesto, de que Marx subordine la teoría a las necesidades de una ideología vista como algo externo. Desde el punto de vista marxista, lo importante es superar los peores reflejos ideológicos de la modernidad, que son los inconscientes, los que hacen que los paradigmas epistemológicos pretendidamente objetivos de las ciencias tradicionales sean estructuralmente apologéticos de la sociedad burguesa. Esto se logra de la manera más eficaz siendo intelectualmente orgánicos a una práctica anticapitalista.

¿Se puede decir que el Marx de los años de madurez abandonó estas posiciones? ¿Que retrocedió con respecto a su oncena tesis sobre Feuerbach? Yo creo que no.

Puede conducir al error la evidente inclinación de Marx hacia el estudio de lo existente, más que a pensar los escenarios de la revolución, también el pathos teórico que se respira en sus obras y su acercamiento a Hegel. Sin embargo, esto respondía a las circunstancias que le tocaron vivir, donde todo el estudio del modo de producción capitalista estaba por hacer, así como la crítica de la economía política burguesa. Marx era un hombre que amaba pensar, pero demasiado consciente de lo que lo separaba de Hegel y la teoría tradicional para caer en la exaltación de la contemplación y el teoricismo.

Sí, es cierto que se acercó a Hegel, porque las categorías hegelianas son útiles para captar las relaciones dentro de una totalidad orgánica en un momento dado de su desarrollo. Y cuando se dirige la mirada hacia el pasado y el presente es inevitable que aparezca la tentación de la lechuza hegeliana. Sin embargo, en El Capital la crítica teórica se mantiene inextricablemente unida a la crítica ético-práctica y la referencia a la sociedad comunista como solución a los problemas del modo de producción capitalista. La teoría de la plusvalía solo se puede entender a partir de esta referencia implícita a un futuro donde cada cual reciba lo que le toca. No se trata tampoco de una utopía abstracta, es dialéctica enfocada hacia el futuro, previsión a partir de la contradicción inmanente del sistema.

Decir que Marx fue hegeliano es impreciso. El marxismo es un producto de la disolución del hegelianismo, y como tal se encuentra en una posición polémica permanente con la posición contemplativa del hegelianismo. Es necesario estudiar a Hegel para entenderlo, pero sobre todo es necesario entender lo que lo separa de Hegel.

La teoría del valor-trabajo

No es casual que se ataque con virulencia y tan a menudo a la teoría del valor-trabajo. Con el ascenso de la extrema derecha en los últimos tiempos, han surgido en Latinoamérica y el mundo hasta youtubers que le dedican espacio a refutar la teoría del valor-trabajo. No es nuevo. Desde hace más de 100 años los pensadores orgánicos al capitalismo atacan esa teoría, sobre todo muchos economistas. A su vez, han corrido ríos de tinta explicándola y defendiéndola.

No es casual. Sin duda responde a que la teoría del valor-trabajo es la base de la teoría de la plusvalía, la cual es el más profundo fundamento teórico de la lucha política anticapitalista. Todos los escépticos o enemigos de esa lucha la cuestionarán. En el contexto cubano eso adquiere gran importancia, pues de lo que se trata es de si ahora tiene sentido o no ser comunista y antimperialista.

En el artículo mencionado más arriba, Olivera nos dice que la teoría del valor-trabajo no tiene fundamento racional, que quienes la defienden lo hacen por fe, e incluso nos da un veredicto en materia de teoría económica: el valor es subjetivo. Estos son viejos tópicos de la crítica burguesa. No me es posible exponer aquí en su totalidad la teoría del valor-trabajo. Exposición que un economista podrá hacer mejor que yo. Me limitaré a dar algunos elementos.

La mayoría de las incomprensiones con respecto a esta teoría provienen del desconocimiento de la naturaleza del método dialéctico. Un desconocimiento que desgraciadamente han compartido tanto críticos como defensores. Por ejemplo, se acusa a la teoría del valor-trabajo de un objetivismo vulgar, como si esta postulara que basta con poner un reloj en las fábricas para saber el valor de los productos. Bueno, resulta que en efecto la interpretación más popular de la teoría del valor en los manuales dogmáticos de la Unión Soviética era así: groseramente objetivista. No obstante, eso está muy lejos de ser lo que aparece explicado en el primer capítulo de El Capital.

Primero es necesario entender que en el método dialéctico la exposición que explica un sistema siempre comienza por un momento abstracto, que a su vez expresa un aspecto esencial de ese sistema. Lo que Marx explica en el Capítulo I es una sociedad ideal de puros productores de mercancías. Un mercado ideal. Se trata de algo que nunca ha existido, pero que tampoco es una fantasía. Es una abstracción útil al modo en que lo es la teoría del gas ideal en la física termodinámica. Entonces, se puede decir que Marx solo pudo escribir el Capítulo I luego de un gran trabajo de procesamiento de información empírica: no se trata de un punto de partida sino de un punto de llegada.

Marx llega a establecer la relación entre el valor de una mercancía y el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla a través de un complejo rodeo deductivo. Jamás se le habría ocurrido pensar que el valor se pudiera calcular de manera vulgar midiendo tiempo, porque él sabía que en una sociedad mercantil es solo en el intercambio donde se hace efectivo el carácter social de los trabajos privados como eslabones del trabajo colectivo: un carácter social que implica la igualdad de todos los trabajos y el intercambio de cantidades equivalentes de trabajo.

Porque además, Marx sabía que existen trabajos complejos que aparentemente equivalen a una mayor cantidad de trabajo simple de un trabajador manual. Eso que se le llama valor agregado. Solo que aquí de lo que se trata es de que en el trabajo de un artista, por ejemplo, están concentrados años de estudio, preparación y recepción de experiencia acumulada culturalmente. Hay tiempos que equivalen a más tiempo, algo que puede parecer absurdo a mentes positivistas, pero no a Marx, que se había educado en la escuela de la Filosofía Clásica Alemana. Pero hay una forma de evitar esta apariencia de paradoja: Marx siempre habla indistintamente del tiempo de trabajo socialmente necesario como gasto de fuerza de trabajo humana socialmente necesaria, una expresión que hace más simple entender su punto de vista.

Los productores no tienen que medir ese gasto de fuerza de trabajo humana para intercambiar sus mercancías. Es el mercado el que, cuando se estabiliza, expresa en la relación del valor de cambio de las mercancías una proporción tal que permite a los productores intercambiar cantidades equivalentes de trabajo. De ese modo, el cambio, la distribución y el consumo se pueden manifestar como momentos coherentes con la estructura de la producción. Cada productor recibe una parte del producto global acorde a su parte en el gasto global de fuerza de trabajo de la comunidad, y puede actuar como un eslabón de una totalidad orgánica que se reproduce.

De modo que sí, para Marx existe un fundamento objetivo del valor de cambio en la cantidad de fuerza de trabajo gastada durante la producción. Solo que esa correlación nunca se establece de manera directa, sino a través de la mediación que representa la sociedad mercantil.

A esto hay que añadir que en el Capítulo I se refiere solo a esta sociedad mercantil ideal. Todavía no está hablando de las interferencias que introduce la existencia del resto de las categorías de la economía: las diferentes formas de capital, la plusvalía, la oferta y la demanda. Todas esas categorías establecen más y más mediaciones en la formación del precio, hasta llegar a la sociedad capitalista que vemos. Lo que Marx está diciendo es que todo ese castillo se sustenta sobre la célula básica de la mercancía, y que es en ese gasto de fuerza de trabajo humana donde hay que buscar en última instancia el fundamento del valor. Espero haber aportado algo de luz sobre el tema.

La colaboración o la lucha

En el artículo Marx vs Marx, Olivera nos habla acerca de la colaboración entre los seres humanos, lo cual contrapone a la lucha de clases. Pone como ejemplo de colaboración, entre otras cosas, la construcción de las pirámides y antiguos canales. Realmente, me cuesta pensar que la relación que existía entre el faraón y los trabajadores a pie de obra sea un ejemplo modelo de cooperación.

Este es otro de los viejos tópicos antimarxistas, la minimización de la lucha de clases. El cual lleva de nuevo a la exaltación de la reforma por encima de la revolución. Detengámonos a pensar: ¿Es realmente así?

Desde luego que la historia de la humanidad no es solo la lucha de clases. También es cierto que el Manifiesto Comunista no puede ser tomado como una obra de validez universal: su función era inmediatamente política y divulgativa. Sin embargo, la lucha de clases y la confrontación revolucionaria han tenido un papel insustituible en la historia.

Las estructuras económicas que han conocido las sociedades humanas han sido, hasta hoy, estructuras de dominación. Eso significa que han existido intereses objetivamente contrapuestos, irreconciliables en última instancia dentro de esa estructura económica. La coexistencia pacífica entre las clases, la paz social bajo un sistema político, han puesto en un segundo plano esas contradicciones; las políticas reformistas logran que el pacto social se mueva en un sentido o en otro, dándole un respiro a los explotados y alargando la vida del sistema. Pero llega un momento en que el sistema ha agotado sus capacidades para soslayar las contradicciones.

En esa circunstancia, las clases dominantes se aferran a sus intereses y no hay ningún diálogo o reforma que permita cambiar el status quo. No queda más remedio que una salida revolucionaria, donde se puedan construir nuevas relaciones en contra de la voluntad de los viejos poderes.

Tal vez en los países centrales del capitalismo existe aún hoy espacio para encontrar caminos dentro de la política reformista que pueden mejorar la vida de la gente dentro de los marcos del sistema. En los países periféricos esas posibilidades son muy inferiores. La propia estructura económica global, el intercambio desigual, el carácter retrógrado de las oligarquías, reducen hasta lo ínfimo dichas posibilidades. Es por eso que para los países del Sur el camino que queda muchas veces es el revolucionario, lo cual no necesariamente significa un alzamiento armado.

Frente al círculo vicioso del atraso económico y la falta de soberanía política, se abre para los países subdesarrollados la opción de una revolución socialista de liberación nacional.

Quedaría mucho más que decir al respecto. Sobre todo hablar sobre las complejidades del momento actual que vive el mundo bajo el capitalismo, y el estado de la lucha contra ese sistema. También sobre el lugar que ocupa Cuba en ese contexto. Pero la idea central era hablar de Karl Marx y aspectos de su pensamiento que a menudo son cuestionados, malinterpretados o falsificados. Defender el sentido auténtico de las ideas del Viejo es una tarea impostergable.

Martí con los pobres de la tierra

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Foto: Bernhard Stärck via Pixabay

Este texto provocará reacciones vehementes y puede ser considerado uno de los mayores dislates del autor, pero ser libre es expresar lo que se piensa, aun a riesgo del ridículo o la peor argumentación. El consenso de los estudiosos es que Martí no fue un conocedor profundo del marxismo en tanto Teoría del Conocimiento. Tampoco yo lo discuto. Al referirse a Carlos Marx, el propio Martí dice: “La Internacional fue su obra”, o sea, esa era la referencia que tenía, la actuación meramente política. Que no muestra, ni podía mostrar, la genialidad científica del filósofo.

Porque si desde la actualidad entender la obra de Marx sólo en su dimensión de la praxis sociopolítica, o sea, de la ideología política, es sesgarla tendiente a una u otra postura antagónica, también lo es la intención de atribuirle a José Martí una interpretación profunda y acabada del marxismo en aras de manipular la opinión pública a favor o en contra de una u otra postura.

Cualquier referencia que Martí tuviera de Marx, por heurística que fuera, debió relacionarlo al filósofo con las luchas de los explotados contra los explotadores. Lo demuestra la tantas veces citada nota que escribe sobre la muerte del alemán: “Karl Marx ha muerto. Como se puso al lado de los débiles merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias temerosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blanco al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros”(1).

Cabría pensar que Martí no estuviera de acuerdo con el método de la lucha de clases, o que confundiera la fundamentación teórica de la  lucha de clases con “el bárbaro evangelio del odio”.(2) Nada más apetecible para los oligarcas y opresores –y sus corifeos desclasados-  que un Martí que reduzca, a la mera manifestación del rencor, el derecho de los oprimidos de librarse de la explotación del modo que sea.

Pero: ¿Acaso sería lógico pretender que el hombre que, de niño, tembló de indignación antes las injusticias vistas en Hanabanilla, no entendiera la legitimidad de la lucha de los desposeídos aunque, como sujeto social forjado en el humanismo decimonónico, prefiriera un camino sin echar a los hombres sobre los hombres? Yo digo que no es lógico. Y lo demuestra el hecho de que Martí jamás quiso buscar una solución diplomática ni conciliada con el opresor español. ¿Por qué habría de esperarse de él una solución conciliatoria entre los pobres de la tierra con quienes quiso echar suerte y aquellos que propician “el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros”?

¿Es que Martí, su obra y vida, demostraron fuera tan “light” como para pretender que les llamara “bestia” a quienes se ponen al lado de los oprimidos, en franca oposición al camino que él mismo ha escogido con La Guerra Necesaria? Evidentemente para Martí “bestia” es quien oprime, quien explota, quien forja el bienestar propio sobre la base de la miseria ajena, y usa su poder económico y autoridad política para perpetuarse. Tampoco es lógico pensar que Martí, aun sin conocer en profundidad lo que denominaran marxismo, entendiera tal abestiamiento en un hombre de quien escribe: “Karl Marx estudió los modos de enseñar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos” (3)  o “Él {Marx} veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha” (4). Semióticamente “lo alto” en Martí, significa “lo justo”, “lo bueno”.

Ahora bien, en 1880, cuando publica la nota a propósito de la muerte de Karl Marx,  Martí ya está conspirando. Y todo buen conspirador muestra sólo una parte de sus propósitos. Martí se ha dirigido a Gómez (20 de julio de 1880) y le ha informado de los trabajos en la organización de la insurrección, y ha solicitado de éste su adhesión y consejo para oponerlo a quienes “favorecen vehementemente la adhesión de Cuba a los Estados Unidos” (5). Con similar propósito envía cartas a Flor Crombet y a Antonio Maceo. En una de estas misivas habla de “las necesidades prácticas, del partido revolucionario”(6). O sea, ya en 1880 Martí tiene clara la idea de un partido que aglutinara en el propósito independentista a todos los cubanos posibles, y ya había identificado a aquellos que pretendían la anexión a los Estados Unidos, y la necesidad de no permitirla sin renunciar a la participación de esos cubanos, ni de ningún otro.

(Puede interesarle: Martí y el Socialismo)

Lo mismo que Marx es un ser político y, como tal, escribe El Manifiesto Comunista en aras de aprovechar la fuerza telúrica que para la Revolución constituiría el sufrimiento histórico de los desposeídos, Martí también es un ser político que pretende aprovechar lo mismo pero no en una dimensión clasista, como aquel, sino patriótica y nacionalista. No puede desdeñar la incipiente burguesía criolla y patriota, ni siquiera puede darse el lujo de no aprovechar para su causa al sujeto liberal  capitalista estadounidense.  Pero  ya  dirá que ha de estar en la Patria la justicia “tan alta como las palmas” (7).

¿Habría de conformarse con una república en la cual un grupo concentrara las riquezas del trabajo honrado en detrimento de las mayorías? Yo digo que en el ideal “con todos y para el bien de todos” está implícito el derecho que todo ser humano tiene a, una vez agotadas todas las vías razonables de equilibrar las libertades, irse a las armas para conquistarlas si el opresor no dejara margen a ninguna conciliación. ¿Y qué es una revolución proletaria, clasista, si no la ruptura violenta con la utópica esperanza de conciliación con la burguesía? Y en circunstancias tales no veo a Martí al lado de los oligarcas o sus corifeos, sino al lado de los desventajados y oprimidos.

En 1891 Martí expresaría: “El necio desdeña la riqueza pública, o pretende mantener la riqueza de unos sobre la miseria de los demás”. Nada más cercano al pensamiento político de Marx que no quiere decir, de ningún modo, que un José Martí estadista hubiera asumido el marxismo como ideología política o la lucha de clases como estandarte de la búsqueda de su perpetuidad en el poder. Especular sobre tales y adjudicarle presumibles etiquetas cercanas a las praxis “marxistas” del siglo XX es ofender profundamente su memoria y su legado.

Pretender que un Martí reconocedor de la legitimidad de la lucha de los explotados contra los explotadores, hubiera sido favorecedor de la perpetuidad de una nueva clase totalitaria y burocrática es un dislate e indignidad propia de quienes así lo manipulan. Tanto como de aquellos que pretenden ubicarlo en una posición de antagonismo con la dimensión libertaria que el marxismo posee y que, aun, no hemos sabido llevar a la praxis política en nuestro pueblo.

  1. Nota sobre Karl Marx, En: Diario “La Nación”, marzo 29, 1883. Reproducida en : Martí Pérez, José. Obras Completas. Tomo IX. 1963.
  2. Idem
  3. Idem
  4. Idem
  5. Carta de José Martí a Máximo Gómez, 20 de Julio de 1880, es Obras Completas, Tomo 6.
  6. Carta de José Martí a Antonio Maceo. Idem.
  7. Discurso “Con todos y para el Bien de Todos”.

Para contactar con el autor: grmilanes@gmail.com

No se pueden pedir peras al olmo

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Foto: wal_172619 via Pixabay

Por ser historiador no creo que en el devenir de la humanidad las cosas hayan sucedido siempre de la forma que fueron porque respondan a determinadas leyes de la historia. Estas solo actúan como grandes tendencias –en última instancia, dirían Hegel y Marx?. Cuando algunos políticos las usan para hacerse del poder, o refutar a sus contrarios, hacen con ellas lo mismo que otros con la religión, los mitos, las costumbres, o las filosofías: manipularlas fuera de contexto.

Tales reflexiones me asaltan tras leer, con detenimiento y placer, el reciente debate sobre Marx en este blog. La cuestión es que para Marx ?como hombre de mediados del siglo XIX, no del XX ni del XXI?, el objetivo de la ciencia era revelar las leyes de la realidad. Los problemas del llamado socialismo del siglo XX no fueron culpa suya.

Como científico del XIX hay poco que objetarle. Estudió su objeto (el modo de producción capitalista) donde más maduro estaba: Inglaterra; partió de la crítica al  pensamiento anterior acumulado en la mejor biblioteca del mundo: la Británica, y despojó su análisis de todo cuanto era intrascendente (carácter de los individuos, oferta y demanda, nivel del salario y las ganancias, exportación de capitales) para llegar a descubrir la ley económica fundamental de aquella sociedad: la de la plusvalía.

Aunque le pese a algunos, nada ni nadie la ha refutado hasta hoy. En este 2020, a más de un siglo y medio de revelada, la humanidad está más dividida que nunca entre una mayoría proletaria y una minoría burguesa que acumula la mayor riqueza explotando al planeta de manera suicida. De ahí que Marx y El Capital sigan siendo estudiados en la mayoría de las universidades del mundo, no solo en economía, sino en muchas carreras de diverso perfil.

De hecho, considerar que el socialismo fracasó como régimen social porque las experiencias históricas del siglo XX que asumieron ese nombre naufragaron, no demuestra el fracaso de Marx como científico. Sobre todo porque hubo muy poco de él en el socialismo estatizado y burocrático que, hasta ahora, ha degenerado siempre hacia un capitalismo de Estado como antesala del retorno al capitalismo.

Elementos como la imposición del Estado sobre los factores de la sociedad civil, el partido único, y la limitación de los derechos democráticos, poco tienen de Marx. Acusarlo de proponer la dictadura del proletariado como tiranía de un grupo de poder burocrático es falso. Para él todos los Estados representaban democracias o dictaduras para los miembros de una clase, según fueran dominantes o dominados en una época determinada.

Su trascendencia actual es como científico social, no como político. Él investigó con las mejores herramientas de su tiempo, las del positivismo científico-naturalista y la dialéctica hegeliana. No existían las teorías del caos, del juego, la complejidad, la bioética, o el holismo ambiental.  Sin embargo, los creadores de todas ellas lo citan entre sus precursores, o coinciden con él en múltiples aspectos.

En lo político fue superado por las circunstancias históricas hace rato, pues su concepción decimonónica de la revolución socialista la concebía como un proceso mundial, que se iniciaría en los países europeos más desarrollados y solo después se trasladaría al resto del mundo. Nada más lejos de lo que ocurrió. Pero ni siquiera fueron Lenin y los bolcheviques los que abandonaron sus ideas sobre la revolución, como nos han hecho creer.

La Revolución de Octubre se hizo coyunturalmente, solo para que sirviera de motor pequeño que echaría a andar la revolución mundial. Los fracasos de las rebeliones comunistas en Alemania y Hungría y el ascenso al poder de la burocracia estalinista en la naciente URSS demostraron que en los asuntos humanos es difícil profetizar. La burocracia soviética y Stalin se encargaron de reinterpretar el pensamiento de Marx, desmocharlo y convertirlo en la petrificada doctrina del marxismo-leninismo.

De hecho, es complicado acercarnos al marxismo legítimo en las condiciones actuales de Cuba. Para un experto en el tema: el problema de en qué consiste el marxismo de Marx resulta sumamente difícil para nosotros en la actualidad. Lo es en sí mismo, al menos por cinco razones: carencia de fuentes directas suficientes, muy escaso manejo de los estudios calificados que se han hecho sobre el tema, gruesa capa acumulada de vulgarizaciones y discursos absurdos que se reclamaron marxistas y se nos impusieron como requisitos ideológicos, exigua participación real del marxismo de Marx en los ámbitos teóricos de nuestras ideas y trabajos científicos, y pérdida reciente de interés en el marxismo.[1]

Extraer a Marx de su contexto decimonónico es una manipulación. Citarlo hoy ?o cualquier otro pensador del pasado? para fundamentar posiciones políticas actuales es una muestra de holgazanería de políticos que no quieren –o no son capaces? emplear un discurso propio. La disminución del rol político del proletariado industrial, la crisis ecológica, el fracaso del “socialismo” en Europa del Este y, la postmodernidad, entre otros, son fenómenos que no estaban en el análisis marxista.

No soy de los que creen en el fin de la historia ?hasta Fukuyama abandonó esa teoría hace rato?; el futuro de la especie no es posible si se mantiene el nivel de explotación de los recursos humanos y materiales del planeta que ha impuesto el capitalismo globalizado. Buscar nuevas alternativas para la humanidad, y/o los países por separado, son desafíos actuales insoslayables. Habrá que crear nuevas teorías de transformación social y menos quimeras demagógicas. Para eso, habrá que releer una y otra vez a Marx, y a otros de los imprescindibles.

[1] Fernando Martínez (2012). «Historia y marxismo», en La historia y el oficio de historiador, Edit. Imagen Contemporánea, p.322.

Por algún sitio

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sitio
Foto: @Mehaniq via Twenty20

Se los vinieron a llevar en  cuatro guaguas azules. Estaban concentrados ya, en el punto dispuesto. Por la mañana una comisión de médicos y epidemiólogos pasó por sus casas, los notificó. Eran tantos.

A la hora dispuesta -a eso de las ocho y pico, cree recordar Alina- las guaguas azules comenzaron a llevárselos a una casa de visitas climatizada en la costa. Horas más tarde, autoridades del Ministerio del Interior y del Consejo de Defensa Provincial de la ciudad de Matanzas colocaron barreras físicas en las dos entradas del reparto.

Al levantarse, Alina Bárbara López Hernández se levantó en un país otro.

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El día después de su cumpleaños, Rocío Salima Vilela se tomó un Alka-Seltzer para bajar el estómago a su sitio. La oración anterior es mentira. Despiertas con un dolor de barriga tremendo y dices: Alka-Seltzer. No hay. Abuelo te prepara medio vaso de agua, jugo de limón y bicarbonato.

Rocío come poco y restringido. Tiene una dieta y una rutina muy activa. Hace demasiado ejercicio, deportes. Cada vez que se celebra algo su estómago sufre. Rocío se impone una alimentación, dice, consciente. Teniendo claro qué es lo que come, qué propiedades tiene, qué le hace a su cuerpo. Se abstiene y se siente limpia. (Aunque, a veces, ansiosa. Dejar de comer carne tiene algún parecido con dejar de fumar)

¿Ya dije que Rocío es rara?

Y yo me pregunto: ¿de que te sirve tanta ejercitación aleatoria del cuerpo, tanto crossfit y Taekwondo y areobios y coreografía de reguetón si comer un poco de carne de puerco por el aniversario de tu llegada te desarregla los jugos intestinales? Medio vaso, de un trago. Leve sabor a truenos contenidos en la boca.

Ya es una niña grande, la Rocío. Dieciocho años brillantes como un penique nuevo en la cuneta. Cumplidos, por supuesto, en tiempos de pandemia. En encierro. En Cuba.

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El jueves 2 de abril el Consejo de Defensa Provincial de La Habana aprobó “la estrategia para el incremento de las medidas de aislamiento social del Consejo Popular El Carmelo, Vedado, Plaza de la Revolución”. El cierre del acceso al consejo popular -informó Cubadebate- se definió para el viernes 3 de abril a partir de las ocho de la noche.

El presidente del Consejo, Luis Antonio Torres Iríbar, dijo que solo podrían salir del Carmelo algunos residentes que resultaran imprescindibles fuera del consejo, previa extensión de un salvoconducto y del sometimiento a una prueba de detección de la COVID-19. Dijo, además, que “ningún ómnibus podrá pasar por la zona, que tendrá de cuatro a seis entradas y salidas”, y que “ se garantizará el aseguramiento de los recursos necesarios para la población residente en la zona de aislamiento”.

Alex Fleites es poeta, curador de arte, editor, crítico, guionista, periodista…y residente del Carmelo. A este cubano nacido en Venezuela el 7 de mayo de 1954 le envié un cuestionario el 7 de abril para, en la medida de lo posible, dilucidar qué estaba pasando en el Carmelo. Aquí les va, con las preguntas acortadas:

“— ¿Cómo se enteró de la noticia de que el Carmelo sería puesto en aislamiento?

—Por el noticiero de la noche. El jueves 2 dieron el anuncio.

— Las medidas anunciadas, ¿se correspondieron con la realidad?

—No. Desde el inicio hubo gran presencia de agentes del orden en las calles, pero a las personas no se les impedía transitar libremente. La policía intentaba poner orden en las colas para alimentos, e indicaba que se usara nasobuco. Una patrulla con parlante daba instrucciones para mantener el aislamiento social y observar las medidas de higiene.

—¿Alguna autoridad competente los avisó de las medidas?

—¿Te refieres a venir a las casa y explicar? No, nadie.

—Se nos ha dicho que una patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria, y cito, “Pasa diciendo que por favor se queden en las casas”. ¿Es esto cierto?

—Sí, es cierto. Pasan aleatoriamente. Lleva el mismo mensaje que ya sabemos –y que no todos observamos: distancia entre personas, cero actividad social, desinfección constante… No viene a las casas. Es un carro con parlante.

—Se nos ha dicho, y cito, que “Yo no he visto policía aquí más allá de los que organizaron la cola del pollo.” ¿Es esto cierto?

Ha habido mucha presencia policial, de varios cuerpos y fuerzas. Los he visto cuidando cercas perimetrales que no se han activado, también deambulan. Llaman la atención a los ociosos que se encuentran en la calle, los que no usan nasobucos, los que beben en la vía pública. Su presencia es disuasoria, hasta el momento.”

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 (Marcharemos juntos en esta historia, como en la Marcha sobre La Habana, ¿recuerdas? El Caballo iba adelante, conduciendo a los otros, como mi tío Carlos, por ejemplo. Ahora nosotros también tendremos nuestra marchita, menos importante, y que no aparece en los libros de historia. ¿De acuerdo?)

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A propuesta del Consejo de Defensa Provincial (CDP)- y con la aprobación de la máxima dirección del país- el viernes 10 de abril se declaró la cuarentena restrictiva para 13 edificios del Reparto Armando Mestre, en la ciudad de Matanzas. El vicepresidente del CDP, Mario Sabines Lorenzo, explicó a la prensa que la medida “responde al propósito de mantener la salud de los habitantes de la zona ante la detección de 6 casos positivos al Covid-19 en días anteriores”.

Son once edificios aislados y dos biplantas, me aclara Alina. De ellos los vecinos no pueden salir. 308 núcleos familiares -3 mil personas. Por mensajeros les llevan los mandados, la comida, el gas, medicamentos. El CDP prevé la distribución y el abastecimiento por pasos de escaleras o mediante sogas a los apartamentos superiores.

Hablamos por teléfono. Alina B. López Hernández tiene la voz plácida, como un cangrejo en la arena. El Reparto Armando Mestre (El Naranjal), si bien no queda alejado de la ciudad, resulta fácil de aislar, dado que solo tiene dos entradas principales. Una, por la Avenida Martín Díhigo; la otra, por la Calzada del Naranjal. En ellas, dispuestas, barreras físicas. Militares haciendo su trabajo y pidiendo carnets tanto al que sale como al que entra. Si en tu carnet no dice que vivas en la zona, no entras.

El gobierno dispuso una carpa-cafetería en el reparto, donde se vende congrí, carne, cajitas de veinticinco pesos. Como en las zonas de desastre. Una opción más para los 14 mil habitantes del Reparto. Dice Alina que se había dicho de poner mensajeros a la población de riesgo, como se hizo con los aislados de los edificios. El día que hablamos por teléfono- el 10 de abril- todavía dicho sistema no funcionaba.

Hay muy poca gente en la calle, dice. Frente a su casa hay un parque infantil, vacío. Los columpios oxidándose microscópicamente. Cada cierto tiempo pasan carros con altavoces montados, proclamando las medidas de seguridad y pidiéndole a la población quedarse en casa. Ella -editora- y su esposo -investigador- no salen ya de casa si pueden evitarlo. La hija -estudiante de tercer año de medicina- se les unió el miércoles. Ahora andan quietos. Calma y tranquilidad.

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A las doce del mediodía del 6 de abril, Rocío Salima Vilela fue con su perro pinareño a buscar el pan. Cierra la puerta de su casa y sale con Membrillo, su perro sato -blanco con manchas en la piel. Al pie de la escalera el vecino y su padre parrillean carne. El humo se difunde en volutas por el cielo de Pastorita. Los dos hombres bajan vasitos de whisky escocés Clan Campbell.

— Coge— le dicen, y le alcanzan un vaso.

— Ay, no…

— Dale, dale, que ya eres mayor de edad.

La calle está vacía. Alguna que otra persona entra a la tienda que hace camino a la panadería. Membrillo, intranquilo, ladea para todos los lados. Un anciano, asoleándose como tortuga sobre un muro, le dice a Rocío que el perro es el mejor amigo del hombre.

Rocío entra a la panadería, compra, vuelve a su casa por la calle vacía. Simplemente ayudar a los padres a cocinar (ensalada fría, puerco y demás), hacer las típicas anécdotas de cuando su hermano y ella eran pequeños.

Rocío quiere subir a la azotea. Nunca lo ha hecho, en los tres años que lleva aquí. Espera a que lleguen los amigos que puedan venirse. Subir, mirar el cielo. Tener una experiencia  rara y única de cumpleaños.

Luego, el abuelo llega con botellas de vino.

Luego llega su mejor amigo y la novia.

Luego se pone a contestar llamadas de felicitación. Habla con la tía, los primos, la abuela.

Anochece. Al final se le olvida.

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El 4 de abril, el periódico Granma informó de la reunión del Consejo de Defensa Provincial de Ciudad de La Habana. En ella, su presidente aclaró que “ No se trata de una cuarentena, sino de incrementar las medidas de aislamiento en el consejo popular El Carmelo”. Además, precisó que los residentes en la zona no necesitarían salvoconducto, aunque si se habilitarían puntos de entrada y salida. Respecto al transporte público, se aclaró que continuaría funcionando, aunque se reforzarían las acciones para desinfectar las paradas.

“— ¿Cómo evaluaría usted la actitud general de la población del Carmelo? ¿Ha cambiado en algo, sobre todo en cuanto a percepción de riesgo, dada esta situación?

— Ha aumentado la percepción de riesgo, pero no lo suficiente.

— ¿Qué opina usted de las medidas que ha tomado el gobierno, tanto a nivel nacional como en la zona del Carmelo?

— Creo que lo están haciendo bien. Que lo pudieran hacer mejor. Todo es perfectible.

— ¿Cómo ha cambiado su rutina ahora que se encuentra en cuarentena?

— Trabajo en casa. Mi rutina se parece bastante a esta que llevo. Sólo extraño mis caminatas de la tarde por el malecón.

— ¿Ha salido usted de su casa luego de haberse decretado el aislamiento?

— He salido. No se pide permiso. Hubo, al parecer, una contraorden, dictada por la realidad objetiva. El tema de los abastecimientos precarios no calza con el total aislamiento. Se espera que todo esto cambie drásticamente.

— Una vez enterado del aislamiento, ¿Qué hizo en el margen de tiempo entre el anuncio y la puesta en efecto de la medida?

— Salir a comprar víveres. Sin éxito. Larguísimas colas.

— Estamos en tiempos de infodemia. ¿Cómo ha reaccionado la gente en el Carmelo ante las medidas?

— No puedo hablar por “la gente de El Carmelo”. Yo me informo por la TV y por Internet. Hay más información de la que puedo digerir.”

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(Si esto fuera una obra de teatro, fuera así:

Se abre el telón.

Tres personas. Una revisa su teléfono. Otra lee el periódico. La tercera mira al público, distraída.

Cae el telón. Se abre el telón.

Tres personas, cada una con un nasobuco.

Cae el telón. Se abre el telón.

Tres personas. Una tiene el nasobuco al cuello. Otra tiene el nasobuco en la cabeza.

La tercera ya no está)

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En el Reparto Armando Mestre había, hasta el 22 de abril- según informó el periódico Victoria de Girón en reportaje publicado ese día- 7 casos confirmados con coronavirus, 4 altas y 3 ingresados. En el Reparto hay pesquisas activas, 3 consultorios y una posta médica las 24 horas. “Si no se reportan nuevos casos terminaría el período el próximo 28 de abril”, afirmó el Victoria.

Hablé con Alina por última vez el 28 de abril. Siguen en cuarentena restrictiva, dice. Alina cuenta que todo se les complica porque están relativamente alejados de las zonas céntricas de la ciudad, donde están los comercios principales. Al no haber transporte ni abastecimientos suficientes en el reparto, hay que caminar bastante para llegar a comprar. Cuando se tiene suerte, dice.

Otros servicios, como la venta de pan, han funcionado muy bien. Por lo demás todo sigue igual. Esperando cada uno con disciplina a ver qué pasa.

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A las doce de la noche del 6 de abril, en un apartamento en el cuarto piso edificio del Reparto Camilo Cienfuegos- Habana del Este- un hermano de quince años dice:

— Tata, felicidades.

Rocío lo mira en el mismo momento en que le llega un SMS de su novio, felicitándola.

 — Oye, hazme caso—  le dijo el hermano.

Rocio Salima Vilela, en este preciso momento -dieciocho recién cumplidos y el pelo como cerdas de cepillo- yace en su cama personal. Se apoya en la baranda que tendió a lo largo de la cama para ver mejor su computadora, se le impulsa arriba a su hermano, lo abraza. Él, que nunca tiene muestras de cariño con ella, le besa la frente. Rocío, luego, se queda dormida. Luego se despierta.

Los días de su cumpleaños Rocío siempre los pasa en casa. Dice que es el único lugar donde nada le puede ir mal. En los años pasados había un cake con velas que soplar. Este año, ningún dulcero tenía cake. El cake como símbolo.

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“— ¿Pudiera describirme su rutina actual?

— Escribo, leo, veo películas y/o series, cocino, hago un poco de ejercicios, juego dominó con mi pareja, amo, respondo correspondencia, cuento los días.

— ¿Cómo se siente ser un poeta, narrador y editor en esta situación?

— Sigo trabajando inalterablemente. La pandemia no es un tema literario para mí. Aún no he metabolizado todo el drama que ello implica.

La escritura es un trabajo solitario. El aislamiento es el estado natural del escritor; al menos una buena parte del día.

— ¿Piensa usted que ha cambiado algo en el país con esta situación?

— Mucho. Pero no sé qué.

— Última pregunta: ¿Qué piensa Alex Fleites que pueda pasar?

— ¡Vaya pregunta! Estoy convencido de que saldremos de esta. La humanidad siempre ha rebasado las epidemias, casi siempre a un costo enorme. Unos sobrevivirán, otros no. Me gustaría quedar entre los primeros. Pero en esto no soy nada original.”

***

 (“—Ah, he allí la voz del especialista de nuestra misión —dijo el patricio—. Solamente confío… ¿qué pone en su insignia, capitán Zanahoria?

—El lema de la misión, señor. Morituri nolumus mori. Lo ha propuesto Rincewind.

—Ya me lo imagino —dijo lord Vetinari, observando con frialdad al mago—. ¿Y le importaría proporcionarnos una traducción coloquial, señor Rincewind?

—Esto… —Rincewind vaciló, pero lo cierto era que no tenía escapatoria—. Esto, en líneas generales, quiere decir: «Los que vamos a morir no queremos».”)

***

En el vídeo, Darell luce saco de lino blanco, zapatos blancos, sombrero de ala blanco a lo Daniel Plainview y gafas ahumadas, mientras gesticula entre cortinas doradas. Luego C. Tangana rompe con el coro:

“Pronto llegará

  (Ey)

 El dia en que tú me quieras”

Rocío se imagina así cada vez que escucha salsa o bolero: ropa elegante de hombre y movimientos fluidos. Ya comieron mientras veían a los Simpson, ya empezaron a vaciar las botellas de vino casero Mama Juana. Ahora van desde Bad Bunny a Tito Puente en sonidos.

 “Pronto llegará

  (Wuh)

 La noche que te tenga”

Fueron tres botella de vino casero, más dulces y ensalada fría. Optaron por ella porque era lo mas suave que tenían y a Rocío no le parecía buena idea emborracharse en casa.

Tomando, sin prisas, desde la tarde hasta la madrugada. Ligeramente borrachos y ligeramente felices.

 “Pronto llegará

 (Eso es)

 La-la vida que me espera”

La música la transporta a otra época, a la Rocío. Se imagina con ropas de otra época, con otra manera de percibirlo todo

Otra luz.

 “Pronto llegará

  Sé que pronto,pronto,

 Ya”

Un escape. Al carajo la COVID-19, la muerte y la degradación. Rocío baila.

***

El último en quedarse no podrá apagar el faro. Pienso: es tan de madrugada, y me falta un cierre. Si estas líneas dijeran algo, sería que estamos vivos, todavía. Un cierre. Que conduce a otro sitio. Delante de mí, un bowl rojo, y en él restos masticados de coditos y picadillo de soya. Comida italiana y cubana. Sonrío. Tengo los dientes manchados de salsa italiana y cubana. La libra de coditos, acá, cuesta lo mismo en la bodega que la libra de arroz por la calle: quince pesos. Un detalle, casi absurdo.

Amanece. El sol se viene, por algún sitio. Hay, ahora mismo, sesenta y nueve muertos de coronavirus en Cuba. Se escribe fácil, pero son más persona que las que hay, digamos, en un aula universitaria. (Digamos: ha muerto, quizás, la posibilidad de un país nuevo. O cincuenta y ocho personas. Que no es lo mismo. Pero casi.)

Y dos mil trescientos cuarenta y un ingresados. Que son, pienso, más héroes que los súper héroes presumiendo. Compatriotas que de repente pueden descubrir que tienen un virus en el cuerpo y se pueden morir, así, como quien va a comprar el pan.

Y más de tres millones de infectados. Más personas de las que hay en La Habana. Una ciudad de candidatos a irse. Hay algo terrible en todo esto. Números que la cabeza no puede envolver. Estadísticas.

En medio del todo: decretos censores, istmos cool, fotos prohibidas, estafas homeopáticas y un míster de turbante queriendo expulsar gente del país. Otro señor de guayabera, de ven en cuando, alude a los enjambres anexionistas. Guerra, por debajo.

La historia continua. Los odios intestinos. Quizá las semillas estén allí, en eso- diría el capitán Rudolf Wegener. Se devorarán unos a otros, y el resto quedará con vida diseminado por el mundo, aquí y allá. Un número suficiente como para edificar, confiar y hacer planes, pocos y simples.

Son tiempos de esplendor.

Marx vs Marx

El pasado cinco de mayo fue el aniversario del natalicio de Carlos Marx, por ese motivo rememoré en Facebook el artículo que le dedicara en este blog hace dos años. Como resultado, se suscitó un interesante intercambio entre dos amigos, matanceros por demás, que considero de gran valor, primero porque muestra que es posible polemizar desde la diferencia manteniendo el respeto y la cordialidad; segundo, porque indica que es viable enriquecer los puntos de vista sobre una teoría que, como el marxismo, se considera la base sobre la que se erige el proyecto cubano.

Carlos Abel Olivera Rodríguez es licenciado en Economía y master en administración de empresas y en gestión turística por la Universidad de Matanzas. Reside actualmente en Uruguay y es Constructor de negocios a nivel internacional. Mirta Casañas Díaz es una excelente profesora y doctora en Ciencias Filosóficas, tiene varios textos de filosofía publicados y además es autora de libros de ficción, cuentos y novelas. Reside entre Cuba y Canadá. A continuación replico el intercambio.

Carlos Abel Olivera Rodríguez: Marx es quizás, una de las personas que, con sus ideas y escritos, más odio y división ha generado en los últimos dos siglos.

Basado en la Teoría Objetiva del Valor (me reservo comentarios al respecto), su concepción de que solo la fuerza de trabajo genera valor, y por tanto, que la apropiación por parte del capitalista, de parte de ese valor (plusvalía) es ilegítima, está en las bases de su «lucha de clases» (reduccionista y pobremente definidas en base a la propiedad sobre los medios de producción). Esa concepción: victimizadora del empleado (que termina requiriendo inevitablemente de un «protector»), ha calado profundamente en la cultura, sobre todo de América Latina. Yo la he visto en acción, cerrando empresas contra los «explotadores», dejando miles de familias sin sustento. Subyace en el recelo del empleado contra su contratante y viceversa que les impide trabajar de conjunto (como pasa en otras latitudes) hacia un futuro más próspero.

El socialismo marxista se ensayó durante el siglo XX en las realidades y culturas más variopintas, incluyendo la URSS, China, Mongolia, Corea del Norte, Vietnam, Laos, Cambodia, Europa del Este, Yugoslavia, parte de África y en América: Cuba, Nicaragua, Venezuela… Ningún otro experimento social ha logrado tal extensión y tan estrepitoso fracaso. Con una casuística tan amplia y diversa, indudablemente el problema está en la teoría, que por su simplismo y pretensión absoluta, es la encarnación de la soberbia. Como dijo alguien: «si los alemanes no pudieron hacer funcionar el socialismo, entonces nadie puede».

Alina Bárbara López Hernández: Carlos Abel Olivera Rodríguez, entiendo tu punto, pero también se percibe en él un punto de inflexibilidad, realmente no soy economista, pero ¿no importa aquí el hecho de que Marx generó su teoría en el siglo XIX, y en el país capitalista más avanzado de la época? Incluso, su concepción del socialismo fue planteada como la lógica de un proceso de socialización de la propiedad en una sociedad capitalista extremadamente desarrollada.

Carlos Abel Olivera Rodríguez: Alina, totalmente. La teoría de Marx está plagada de contemporaneidad decimonónica e inglesa. Eso es justamente lo que no entienden sus partidarios. Yo lo leo como a Ricardo, o Smith, pero no como a un profeta. Lo someto al juicio de la empiria, y este le ha pasado factura ampliamente. No digo que no sea interesante (y hasta necesario) de leer, pero de ahí a entrar al ciclo de: “construimos socialismo”, “fracasa socialismo”, “eso no era verdadero socialismo”, va bastante distancia. La sociedad de lucha de clases de Marx, en la cual los proletarios explotados tomarían el poder como consecuencia de las contradicciones, no sucedió y no parece que vaya a suceder. Por el contrario, el mundo ha avanzado (afortunadamente) bajo la premisa de que colaborando avanzamos más.

De Marx es rescatable mucho de su método de análisis económico/social (siempre con ojo crítico). Yo mismo uso las categorías de modo de producción, fuerzas productivas, relaciones de producción etc. Me resultan útiles. Su gran metedura de pata fue la plusvalía, el conflicto disfuncional y el odio consecuente. Extrapoló la injusticia del capitalismo industrial temprano (con mucho de feudalismo aún) a un problema estructural del sistema: soberbia de generalización. Y ese sentimiento de injusticia llevado a teoría se convirtió en la bandera de lucha en un mundo que por pura evolución ha ido mejorando ostensiblemente y ya no tiene nada que ver con el que él vivió. A él, en el siglo XIX se le puede perdonar, pero hoy… después de tanta evidencia contraria… seguir defendiendo sus tesis como la base para construir una nueva sociedad… creo que no tiene sustento.

Mirta Casañas Díaz: Carlos, en mi opinión la teoría de Marx se corresponde con su momento histórico, no fue un profeta, estudió el capitalismo de su época y creo que ningún economista niega las aportaciones que hiciera en El Capital incluyendo la teoría de la plusvalía. Sus obras fueron publicadas parcialmente, todavía muchas de ellas esperan por una edición y fueron traducidas las que más convenían. No creo que hay que hacerlo responsable de lo que ha sucedido con el socialismo porque en ningún caso su teoría fue escrita para esas condiciones. Entonces honremos al hombre de ciencia.

Carlos Abel Olivera Rodríguez: Mirta, Marx no es inocente de lo sucedido con la implantación del socialismo a nivel mundial, comenzando por Rusia. Acá le dejo, a modo de un simplísimo ejemplo, las 10 propuestas del Manifiesto Comunista:

«Expropiación de la propiedad de la tierra y empleo de la renta de la tierra para los gastos del Estado.»

«Fuertes impuestos progresivos.»

«Supresión del derecho de herencia.»

«Confiscación de la propiedad de todos los emigrantes y sediciosos.»

«Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital estatal y monopolio exclusivo.»

«Centralización del transporte en manos del Estado.»

«Multiplicación de las fábricas nacionales, de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.»

«Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.»

«Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.»

«Educación pública y gratuita de todos los niños. Abolición del trabajo infantil fabril en su forma actual. Unificación de la educación con la producción material, etc.»

Por supuesto que es una reacción al siglo XIX, pero estas recetas fueron las seguidas en el siglo XX. Disculpe que lo diga con tanta crudeza, pero Marx está en cada autocracia socialista que siguió su guía, y por tanto en cada muerto, cada escasez y cada libertad cercenada. El fundamento moral de estos desmanes es justamente la inmoralidad de la plusvalía, y la presunción de que la historia de la humanidad es la de la «lucha de clases». No puedo honrar a un hombre que sembró una semilla de odio que tanta calamidad ha traído. Esto no quiere decir, como le comentaba a Alina, que no utilice parte de su herramental, como el de cualquier otro autor. Eso lo hago desde la objetividad científica, pero de ahí a honrarlo… Tampoco quiere decir que no respete a quienes lo honran. Sus razones tendrán. Yo no las encuentro. Gracias por el intercambio!

Mirta Casañas Díaz: Carlos, yo respeto su criterio y he leído el Manifiesto unas cuantas veces. Y precisamente por los elementos que se pueden usar de su obra — en su conjunto— para entender una época y un proceso es que pienso que se le puede honrar. La verdad que lamento no tener tiempo para un debate por esta vía, pero me llama mucho la atención su punto de vista sobre la inmoralidad de la plusvalía, lo que me conduce a pensar que considera que esa teoría es falsa, ¿no hay plusvalía en su criterio? Y también que niegue la lucha de clases a lo largo de la historia de la humanidad, aunque tal vez lo haga por el concepto de clases, porque no creo que pueda negar la lucha, aunque tal vez ha desarrollado usted una teoría con otros argumentos. Le agradezco sus comentarios porque me ha motivado a pensar desde otra óptica sobre estos elementos.

Carlos Abel Olivera Rodríguez: Mirta, el tiempo dedicado es un regalo que nos hacemos. Creo en este caso específico vale la pena, pues Marx, en Cuba y otros contextos, es incuestionado. Craso error para mentes científicas. Nada ni nadie está por encima del espíritu inquieto. Usted comenta que encuentra valor histórico en los escritos de Marx. Eso yo no lo niego. Si usted considera eso digno de honrar se lo respeto. Yo no, pues pongo en la balanza la inconsistencia de su doctrina y todo el daño causado comentado con anterioridad. Pero insisto, respeto su posición.

En lo que atañe a la plusvalía, tal y como está descrita por Marx tiene una connotación ética negativa: es valor creado por el empleado y no retribuido por el capitalista. Es por tanto, en esta concepción, un robo. El problema viene de más atrás: la Teoría Valor-Trabajo, estableciendo que el valor creado de una mercancía es objetivo y es generado por la fuerza de trabajo (tiempo de trabajo socialmente necesario), de esta forma el capital no genera valor y por tanto no tiene derecho legítimo a apropiarse de él.

Según esta Teoría, la pintura de la pared de mi casa, que puede tomar una semana de trabajo, valdría más que un Picasso hecho en una mañana. Eso es totalmente insostenible. El valor es subjetivo. La propia definición genérica de «valor» (significación positiva que adquieren ideas, objetos…) establece su carácter subjetivo. Desmantelando la Teoría Valor-Trabajo el concepto de plusvalía como «tiempo de trabajo no remunerado» y por tanto como «robo» no tiene sentido. Nótese que hablo de «plusvalía», el concepto marxista, no del «margen de ganancia», el cual no tiene connotación moral.

Sobre las clases sociales, concuerdo con que existen, pero han sido y son, muchas más que la simplificación (burda) de: «quienes son dueños de los medios de producción» versus «quienes no son dueños de los medios de producción». La simplificación y agrupación son métodos válidos cuando el «grupo» o «clase» tiene características comunes que permiten definirlo y estudiarlo. Decir que el señor dueño de un puesto de frutas con un empleado, pertenece a la misma clase que Bill Gates, es simplemente un disparate. Lo mismo que un programador de Silicon Valley sea un «proletario explotado» al igual que un minero de carbón en China. No resiste el menor análisis.

Por otro lado, decir que «La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.» es otra simplificación burda. La historia de la humanidad es sobre todo la de la coordinación: los grandes canales, pirámides, acueductos, máquina de vapor, vacunas, hombre en el espacio, son resultado de la coordinación y no de la «lucha». La lucha de intereses entre grupos (diversos, múltiples y cambiantes) es parte de la historia, pero no es «la historia». Saludos!

Mirta Casañas Díaz: Carlos, muchísimas gracias por sus comentarios, satisface con sus respuestas mis expectativas y sería muy oportuno que escriba un artículo con sus consideraciones para que llegue a otros lectores que no usan esta vía y se pueda debatir y profundizar más al respecto. Coincido con usted en la objetivación excesiva del marxismo, recuerdo que Engels, ya muerto Marx, en la cartas del 90 alertó que fue necesaria porque estaban tratando de demostrar el papel de la economía, de la base económica, pero indiscutiblemente eso le hizo mucho daño a la teoría porque la subjetividad prácticamente fue anulada y las consecuencias fueron nefastas. El marxismo occidental de alguna forma desarrolló estos elementos y estoy pensando en un Bloch, Lukács, Gramsci, Poulantza, entre otros muchos, pero lo que predominó fue el esquematismo y el dogmatismo porque convenía, la crítica fue eliminada y considerada un delito hasta hoy.

Carlos Abel Olivera Rodríguez: Mirta, muchas gracias por el comentario. La verdad, rara vez escribo sobre aspectos teóricos. Sí me gusta debatir e intercambiar con amigos al respecto. Llevo muchos años metido en la gestión empresarial y largo de cuando en cuando reflexiones sobre aspectos más «terrenales». Creo lo peor en lo que se puede caer es en la apología, y eso ha pasado con muchos teóricos del marxismo, incluso los críticos y ni hablar de los «implementadores».

Por ejemplo: nunca he encontrado nadie que me de elementos sólidos defendiendo la Teoría Valor-Trabajo, solo subterfugios argumentativos sin capacidad de contrastación empírica. Quienes la defienden (al menos conmigo) lo hacen desde la fe, y la fe no se discute. Entonces, si la Teoría Valor-Trabajo queda refutada, ¿dónde se sostiene todo el andamiaje que lleva a la construcción de una sociedad basada en ideas del marxismo? ¿No será ese error en los cimientos la causa del extensísimo fracaso en la implantación? Esa es mi hipótesis. Un saludo, seguimos en contacto y que viva el debate!!!

Mirta Casañas Díaz: Ha sido un placer intercambiar contigo. La verdad que yo no puedo ofrecerte esos elementos, estudié economía política como una asignatura, pero hace muchísimos años y me ha resultado muy interesante tu postura. Yo sí creo que la causa del fracaso del socialismo está en los cimientos, tanto en la estructura económica que se asumió como en la estructura política, ambos se complementaron y se asumió como un hecho que el desarrollo de la fuerzas productivas conduciría al socialismo a escala internacional, obviando que el capitalismo también se transformaba en correspondencia con el ritmo de la ciencia y la tecnología. En mi época de estudiante esto aparecía en todos los manuales y se tomaba como argumento la explicación que daba Marx en el Prólogo de la contribución a la Crítica de la Economía Política. Sí hubo desarrollo de la teoría, pero no fue tomada en cuenta y, por el contrario, los que lo hicieron fueron considerados revisionistas. Bueno la historia que tú conoces. La falta de democracia hizo la otra parte. Hoy se habla de países socialistas que en realidad no lo son, si nos ajustamos a la teoría marxista clásica y en realidad yo no sé ni cómo podrían llamarse para diferenciarlo de un Capitalismo de Estado. Si te embullas puedes escribir varios artículos de opinión.

Carlos Abel Olivera Rodríguez: Mirta, muchas gracias. Para mí también ha sido un placer. Le dejo un artículo que publiqué hace unos años y Alina Bárbara López Hernández tuvo la gentileza de relanzar hace poco en La Joven Cuba. En él abordo (con el aparato categorial de Marx, para que vea que el tema no es personal con el señor de la barba) algunas ideas sobre el Socialismo, Capitalismo y lo que puede llegar a ser una sociedad Postcapitalista. Aclaro que de lo que escribí hace 5 años, ya hay puntos en los cuales tengo opiniones distintas jjj. Cualquier comentario es bienvenido. Saludos!

Mirta Casañas Díaz: Muchas gracias, me lo leeré.

Mirta Casañas Díaz: Carlos, leí tu artículo, muy interesante, coincido contigo, solo no entendí la última frase cuando dices: Hoy, en el siglo XXI, queda claro que el mejor Marx ha vencido y por paliza. Qué quisiste decir con esto. ¿Marx ha vencido o ha sido vencido?

Carlos Abel Olivera Rodríguez: Mirta, yo distingo dos versiones de Marx, incluso contradictorias. La primera es la que utilizo en el artículo. Objetivo y analítico, que aporta categorías como Fuerzas Productivas, Relaciones de Producción, Modo de Producción y sus interacciones. Es un Marx no condicionado por un sentimiento o idea. El segundo es el Marx de la Lucha de Clases, de la Dictadura del Proletariado y por tanto de la Teoría Valor Trabajo y la Plusvalía, que dan la impresión de ser el intento de sustento teórico y ético para reafirmar su odio (sí, lamentablemente odio) a la burguesía, a la que a la vez (increíblemente) admiraba. Este Marx no es intelectualmente honesto: tiene una intención y por tanto su rigor científico es cuestionable.

Digo que es contradictorio, porque si uno sigue desapasionadamente la lógica de los Modos de Producción y consiguientes Formaciones Económico- Sociales, es claro que la sociedad humana ha ido evolucionando positivamente hasta llegar al capitalismo actual, y por tanto, lo predecible es que siga ese curso hacia cualquiera que sea el Modo de Producción Post Capitalista. ¿Cómo explicar entonces la suposición de Marx de que los obreros serían cada vez más pobres y que por tanto se sublevarían y acabarían con la propiedad privada? ¿De pronto, después de 6000 años de Historia, se volvía todo el mundo loco? Contradice totalmente su propia lógica, y por tanto es una presunción forzada. No es casual que ni el empobrecimiento (la humanidad vive cada vez mejor) ni la sublevación (al menos sostenible) tuvieran lugar, lo que valida la lógica (o victoria) del «primer» Marx (riguroso y científico) y la derrota del «segundo» (ideologizado y con juicio comprometido). Es a esa victoria que me refiero: Marx contra Marx. Pensándolo bien, este último tema creo merecería (como sugiere) un artículo de opinión. Gracias!

Mirta Casañas Díaz: Carlos, si no lo dudo merece efectivamente un artículo donde puedas ofrecer y explicitar tus argumentos. Bueno para algo ha servido el intercambio si te ha motivado a escribir y a mí me ha servido para hacer muchas analogías, porque efectivamente son muchos los que rompen la lógica de su propia teoría para cumplir con determinados fines políticos. Si voy a la historia de la filosofía lo hizo Hegel, cuando se olvidó de la dialéctica para decir que el estado prusiano era la máxima expresión de la idea absoluta. Te confieso con toda sinceridad que no había notado esa arista en Marx y valoré sus incongruencias como resultado de su época. También en esto voy profundizar. Te reitero el placer por este intercambio tan civilizado jajaja. Como debe ser.

Carlos Abel Olivera Rodríguez: Mirta jajaja, pocas veces se da la oportunidad de un buen debate, ni siquiera en la academia, y mucho menos sobre obras de personalidades como Marx, incuestionable para unos y denostado por otros. La objetividad, la búsqueda de la verdad (hablando de filosofía) desde la duda sincera y el pensamiento científico, son bienes escasos. Un abrazo grande y ojalá nos crucemos en otra publicación de Alina, si no la aburrimos con nuestra ida y vuelta jaja.

Alina Bárbara López Hernández: Carlos para nada, en esta realidad virtual, a veces más nutricia en cuanto a posibilidades de intercambiar ideas interesantes sobre estos temas y otros, siempre serán bienvenidos amigos como tú y Mirta. Un abrazo y gracias por hacernos pensar aunque no estemos de acuerdo en todo, he ahí lo interesante.

Alina Bárbara López Hernández: Carlos lo otro, la invitación para el artículo Marx vs Marx está hecha, y el espacio para que se publique también.

Isla en Seis

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Cuando llegó el virus a Cuba, mi abuela quiso adoptar la costumbre de levantarse con la madrugada. Lo hizo una vez, a las cinco de la mañana, y se fue a comprar pan a la Zona 6. Hay que guardar por si la cosa se pone mala, decía. Otro día lo volvió a hacer. Quiso volver a hacerlo una vez más, pero ya para entonces las cifras de personas infectadas en Cuba habían aumentado. Mami y yo la convencimos, con mucha cautela -mi abuela tiene exabruptos de capitana- de no salir más a la calle. Eso fue hace tres semanas.

Aquí está, sin tocar la acera, al borde de una apoplejía o de mandarnos al carajo. Anda protestona, con miedo. Ve todas las noticias, y nos pregunta si no entiende. A veces llora. A veces, después de ver la Mesa Redonda o el Noticiero, nos dice que esta Revolución es muy grande. Mi abuela tiene 70 años y la Revolución le cambió la vida. Por eso ahora, aunque esté en desacuerdo con algunas cosas, se conforma.

Al ser humano le aterra no tener el control. A mi abuela le pasa así. No poder salir, y que entre mami y yo hagamos las labores de la casa la pone irritable. Bela- así le digo- está acostumbrada a llevar los pantalones, ordenar, que le cumplamos y le rindamos cuentas. Pero ahora es al revés.

***

Bela vio la Conferencia que, en voz del director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, doctor Francisco Durán, se ofrece cada día para actualizar la población sobre la expansión de la epidemia en Cuba, y anotó los datos en un papel a rayas. A la cifra total le restó los fallecidos, los evacuados, y las altas. La consuela ver una cifra de infectados activos menor. Se quedó unos minutos meciéndose, mirando el techo y dejando que el ventilador la refrescara.

Ahora prepara el almuerzo. Hace arroz amarillo con el último pollo de la casa. Revisa el refrigerador. Hay picadillo, jamonada, y pescado como para una semana, pero hay que buscar algo fuerte. Se detiene el sonido del ventilador. El backup de la computadora comienza a pitar. Bela lo apaga. Se fue la luz.

Bela saca el pollo de la olla eléctrica y prepara la cazuela con mucha calma. Ya está sudando. La cocina es muy estrecha y, aunque da al patio, el vapor se concentra. Enciende el fogón y coloca sutilmente la cazuela grisácea con el arroz, el pollo en trocitos, ajo, puré de tomate y aceite, cubiertos de agua en la hornilla pequeña. Remueve todo el contenido con una espumadera y luego lo tapa para que se cocine a fuego lento.

El vapor le empaña los espejuelos. Mi abuela es una señora de rasgos finos y con cara de pesar por los golpes de la vida. Poco amor.

Aprendió el arte de hacer magia en la cocina con sal, aceite y amor a los 7 años. Incluso si este arroz amarillo solo tuviese esos ingredientes, todas en casa mataríamos por quedarnos la cazuela. El pollo estaría de más. En realidad, a Bela y a mi no nos gusta mucho, pero es lo más asequible y, ¡hay que alimentarse!

En casa nos salvamos a veces porque mi mamá consigue carne de segunda mano. Cuesta más barata. Estamos esperando que el muchacho diga si hay. La trae a la casa.

***

Padecer asma me da miedo, pero a veces prefiero no pensarlo. “Los datos que manejan los especialistas sanitarios que han atendido a los infectados, tanto en China como en Italia, coinciden en que el 20 por ciento de las personas que han contraído la infección tienen alteraciones pulmonares relevantes que requieren de ingreso hospitalario. De ellos, se calcula que la mitad tendrán una evolución grave o muy grave y necesitarán de apoyo ventilatorio suplementario”, leí en un artículo- Covid-19 y asma, mala combinación, por Mónica M. Bernardo- publicado en el sitio El Médico Interactivo.

Owen Tsang Tak-Yin, director médico del Centro de Enfermedades Infecciosas de la Autoridad en el Hospital Princess Margaret, explica que después de chequear a una docena de pacientes recuperados de la Covid-19, comprobó que a dos o tres de ellos les resultaba muy difícil realizar sus labores diarias sin agitarse.

«Jadean si aceleran el paso», explicó Tsang y agregó que después de la recuperación, «algunos pacientes pueden tener una reducción de su capacidad pulmonar de entre el 20% y 30%». Los efectos a largo plazo aún se analizan. Es mejor no pensar, no leer, no curiosear a veces.

El 16 de marzo fui al policlínico para darme un aerosol, a las 2:00 pm, luego a las 6:30pm y por último, cuando faltaban pocos minutos para las 12:00 am. La tercera vez ya tenía una crisis de asma muy fuerte y el médico de guardia decidió ponerme un tratamiento diferente: hidrocortisona endovenosa y otro aerosol, para ver como evolucionaba.

-Déjame ver si allá atrás queda alguna jeringuilla. Aquí se acabaron, dijo la enfermera y se dirigió al salón de vigilancia de los pacientes con complicaciones. Mientras esperaba, recordé entonces la conversación por Wattsapp que tuve con un amigo, Leonardo Fernández Otaño. Está en España con motivo de su investigación doctoral en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina y el Caribe, de la Facultad de Historia y Filosofía de la Universidad de La Habana. Allá lo atrapó la pandemia del coronavirus así que, preocupados por la situación de cada uno, mantenemos contacto casi a diario.

“Es una experiencia desoladora percibir la proximidad de la muerte, el sufrimiento humano, la fragilidad que te atrapa cuando sabes que, en manos de un sistema de salud de calidad como el español, mueren casi 10 mil personas. El sistema colapsó”, dijo Leo.

– Mira, te salvaste. La última endovenosa en todo el policlínico. Si no, hay que cambiarte el tratamiento – interrumpe la enfermera. Me senté y me puse los audífonos antes de inyectarme. Lo hago para evadir el miedo. Siempre le he temido a las agujas.

-Solo te pido que me busques bien la vena. Las mías son saltarinas y siempre me pinchan varias veces. La enfermera me mira con cara de “eres un poco atrevida”.

-No te preocupes. Solo mantente tranquila y abre y cierra la mano– dice y aprieta mi brazo con una liga. Aquella liga amarillenta es molesta, pero logra que, poco a poco, mis venas afloren. La luz insoportable se me cuela en los ojos hinchados por no dormir -eran ya la 1 de la madrugada-, el silbido inquisidor, sus dedos primero palpando dónde operar, luego deslizando el algodón con alcohol que anuncia la irrupción de un cuerpo extraño. Me siento mal. Casi no respiro, pero es asma. Es asma y no Covid.

Finalmente el tubillo metálico entra lento, estable. Es fresco, pero arde. Mi brazo tiembla. Ella me mira. No puedo temblar. Puse play a la música con la mano que estaba libre. Sonó bajito: “Puede que las redes traigan cuellos rotos, negras plumas de cormorán, que tiemblen los semáforos, las radios callen y se derrumbe la ciudad”. Principio de Incertidumbre, Ismael Serrano. La enfermera, atenta, me pide que me cuide. Yo veo sus manos finas, bien pintadas, suaves. Sí que encontró la vena a la primera.

***

El WhatsApp es por estos días mi ventana de escape, aunque tomar aire allí es un poco costoso. Por esa vía me preocupo, me desahogo, medito con los amigos que no puedo ver.

– Es cierto que tenemos buenos médicos, pero en cuanto a tecnología, locales, hospitales con la adecuada infraestructura, no estamos preparados lo suficiente- me dijo Julio.

Julio Rigal es el director de Equilibrium, una banda de ElectroJazz. Vive en Centro Habana. Por allá hay más de 65 infectados.

-Llegué a pensar que tenían un as bajo la manga, pero no. El Interferon te ayuda, pero no te cura. O sea, si estás con las defensas bajas y dos o tres patologías: con o sin Interferon…

El Interferón Alfa 2B Recombinante (IFNrec), comercializado como Heberon Alfa R, es un medicamento que se produce en Cuba desde 1981 por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). El VIH-Sida y la Hepatitis B y C figuran entre las enfermedades que combate.

Santiago Dueñas Carrera, Vicegerente General de Chang Heber, empresa mixta entre Cuba y China que produce el medicamento, explicó que el Interferón Alfa 2B Recombinante es empleado en el país asiático mayormente en formato aerosol, y se aplica también al personal de salud que interactúa con los pacientes afectados por el SARS-CoV-2 para fortalecer su sistema inmune.

En repetidas ocasiones, el Doctor Durán ha explicado a la población en las conferencias de las 11 am que el Interferon no cura el virus, pero países como China, Venezuela e Italia lo reportan como eficiente en el tratamiento de la Covid-19.

– El ambiente está bastante raro. Hay quien anda buscando comida para confinarse en casa cuando pongan la cuarentena nacional. Esa que no acaban de declarar, – dijo Julito.

En Cuba la cuarentena se decreta según se confirmen casos de transmisión local. El primer Consejo Popular en acatarla fue El Carmelo, del municipio Plaza de la Revolución.

– La debieron decretar hace rato. Hubo una etapa en la que pudimos salvarnos, pero no sé en qué estaban pensando cuando tomaron la serie de determinaciones que al final nos conducen al hoyo, al hueco.

-Esto va para largo – le dije.

Cuando tuvimos esta conversación era 1 de abril y no se sabían las actuales predicciones matemáticas sobre el pico. Yo sigo sin ver el límite porque la efectividad de las previsiones depende de la actitud de  personas que, a decir verdad, disciplinadas no son.

-El ambiente está raro -insistía Julio-. Hay un montón de gente en la calle, sin percatarse de la magnitud del problema. Menos mal que con los mensajes de las redes sociales y los medios de comunicación ha disminuido el flujo de personas.

– Así mismo.

-Pero sigo diciendo que simplemente decidieron ir como el salmón, contra la corriente. En mi opinión, uno siempre trata de ser humano pero… no entiendo- me dijo Julito.

Amigos, amigas. Marissa vive en Prato, Italia. Es licenciada en Ciencias de la Información y bibliotecaria del Instituto Lazzerini. Está confinada hace más de dos meses. Me contó que allá, al principio, pasaron buen trabajo para conseguir las mascarillas. Pero ya un grupo de voluntarios llega hasta el vecindario para repartirlas entre las familias.

“Estoy muy agradecida de que Cuba sea uno de los primeros en ayudarnos. Las medidas que ustedes han adoptado son muy válidas porque su sistema de salud está entre los mejores del mundo, con médicos de mucha profesionalidad”.

Quienes están de misión libran una fuerte batalla. Un trabajo arduo. Y no lo digo por replicar comentarios, sino porque vi fotos de un hospital de campaña montado por un grupo de médicos cubanos en un fin de semana.

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92 camas en medio de un centro cultural de Torino que donó su espacio para estos menesteres. 56 de cuidados intermedios y 36 de cuidados intensivos.

Mi mamá es maestra de profesión. Muchos de sus alumnos en el Pre-universitario ahora la sorprenden con la noticia de que están en la zona roja. Por eso recibo las fotos en directo. Raúl González es uno de ellos. Mandó fotos de sus manos rojizas, despellejadas por los guantes apretados que mantiene de 11 de la noche a 4 de la mañana, cuando está en la zona de peligro. Por demás, dice que sobre esos guantes lleva otros que cambia por cada paciente. Los médicos de aquí y los que se marchan se la están jugando.

-Lo peor es que no se sabe cuando terminará.

Según los reportes por países, los casos confirmados con la Covid-19 aumentan. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, dijo en una conferencia de prensa el 27 de abril: «La pandemia está lejos de terminar».

***

Mami cuenta que el panorama está lleno de colas, gente irresponsable, otras preocupadas. Y de tantos nasobucos en las tendederas.

-Ya la gente se hace un nasobuco de cualquier cosa- me dice-.

Lava el suyo y lo deja reposar con cloro. Yo me aparto. Y es que en mi casa solo ella lo utiliza. A la mayoría de los asmáticos el cloro nos hace daño. El olor es insoportable. Se me cuela de la nariz hasta la garganta. Carraspeo. El olor se esparce por toda la casa. Mi abuela carraspea también.

-Ay, Lisi. Imagínate. Tengo que quitarme todo esto. Tómate la Loratadina, anda.

-Ya me la tomé, ma. Ahorita se me pasa.

Lo que más envidio de las salidas de mamá es la posibilidad de mirar a las personas solamente a los ojos. Si la voz se empaña por el atuendo y solo quedan los ojos sin barreras, puede que sea muy difícil mentir.

-La gente va por la calle como autómata. Caminan rápido. Llenan las jabas según vencen la colas. Miran al suelo midiendo el metro de distancia. Entran a las tiendas. Ojean los mostradores. Apurados. También por el sol.

***

El 17 de marzo, en una de esas conversaciones con Leo por Wattsapp, me actualizó de las cifras en España. 150 muertos y mil contagiados en un día. Luego me contó que estaba bien, cuídándose. Sin salir del Convento Jesuíta donde previó quedarse el tiempo de la investigación.

– Ya me tildaron de falta de valores en las redes por decir que los distintos sectores sociales han hecho reflexionar al gobierno cubano sobre la necesidad de cerrar las fronteras, pero no me van a coaccionar. Me hace falta libertad. Creo que esta cuarentena me ha hecho recalcular la importancia de mi libertad personal.

-Bendito tú que puedes reparar en ella. Pero, Leo, tus comentarios siempre son de miedo así que no deberías impresionarte.

-¿Acaso tú no sabes que estoy acostumbrado a que me señalen como lo incorrecto?

Bien que lo sé. Desde que lo conozco es “lo diferente”. Tanto así que fue el único profesor del Pre-universitario que me enseñó la Historia donde ni el malo es tan malo ni el bueno tan bueno, Cultura, Política y humanidad. A él los planes de clases estáticos no le hacían gracia.

– Las imprudencias son mundiales, mi niña – así me dice-. En España, por ejemplo, se realizó la huelga del 8 de marzo. Yo concuerdo con los postulados del feminismo, pero fue imprudente realizarla. En cuanto a Cuba, creo que se tardaron mucho en cerrar los colegios y las fronteras, pero bueno, las medidas que se han tomado después han sido fuertes, necesarias, y se va caminando, ¿no?.

***

En las últimas semanas se han sumado a la cuarentena territorios como Nueva Gerona (Isla de la Juventud), la zona La Ceiba en Guane (Pinar del Río), el Consejo Popular Buenos Aires-Bellavista (Camagüey), Marimón y Cuabitas en la ciudad de Santiago de Cuba, cuatro áreas del municipio de Cabaiguán en Sancti Spíritus y Gibara (Holguín). En tanto, estudiantes de Medicina visitan las casas para identificar algún sospechoso y prestar atención médica con urgencia.

– Desde que llegué a Cuba no he salido de mi casa para nada. El 25 ó 26 de marzo vino el médico de la familia. Me preguntó por mi estado de salud, incluso se llevó mi número de teléfono. También vinieron los muchachos haciendo la pesquisa como dos veces. Les informé que me sentía bien y no tenía ningún síntoma- dice Belkys Rodríguez.

Belkys Rodríguez, vecina mía, llegó el 22 de marzo de Estados Unidos. Fue por una temporada para ver a su hijo. Pensaba regresar el 21 de abril, pero ante esta situación decidió volver cuanto antes.

Cuando arribó al país, las autoridades la chequearon para descartar una síntomatología respiratoria. Luego, pudo regresar a casa con la indicación de cumplir una estricta cuarentena por 14 días y avisar en caso de presentar síntoma de alerta.

-Yo estaba en Tampa. En lo que llegué y comenzaron a aparecer casos, solo pasaron 10 días. Nos apuramos por el temor de no poder entrar al país. De allá, bueno… decirte que mandaban a algunas personas para las casas. La seguridad estaba en las tiendas, nos ponían desinfectante en las manos. Había control sobre algunos productos, pero en general estaba bastante tranquilo porque los casos eran pocos.

Madelyn Plascencia vive en Brooklyn, Nueva York: epicentro de la pandemia en Estados Unidos y visita Cuba con frecuencia para participar en en MarHabana. Por Wattsapp me contó que allá es opcional llevar mascarilla, o cualquier otra protección. Los negocios están cerrados, salvo la farmacia, el supermercado y las bodegas. En los pisos hay cruces marcadas cada 1.83 metros para que las personas mantengan la distancia y se regula la cantidad de personas dentro de los establecimientos, dice.

– La situación es bien atemorizante porque uno no sabe quien puede tenerlo. Por ejemplo, hace unos días hablé con una amiga que debía salir a comprar víveres y me dijo: “Yo quiero ir, pero tengo miedo”. Imagina el nivel de temor.

A Madelyn no le queda más que cuidarse. Es su país de residencia. Pero por suerte a Belkys le dio tiempo a anclar el barco de este lado. El 7 de abril, fue al consultorio médico a preguntar por el test.

-El médico me dijo que no se me hacía el test rápido porque en el transcurso de los 14 días de cuarentena no  había presentado ningún síntoma. Que estoy de alta.

-¿Y no te hacen más exámenes?

– El test es para quienes tienen síntomas. No obstante, el médico me indicó un examen de sangre del que espero los resultados pronto. De todas formas estaré al menos 14 días más sin salir.

Mientras cumplía la cuarentena la vi pocas veces. En una ocasión, me saludó entre los balaustres de su ventana. Tenía puesto un nasobuco negro aunque estaba sola en su casa. Otras veces la veía porque los vecinos le traían suministros, aunque su hijo mayor también traía por las tardes cualquier cosa que ella pidiera.

Trajeron las papas al mercado y Omar, otro vecino, se las compró. Con un nasobuco puesto le puso la jaba con las papas frente a la puerta, tocó el timbre y se alejó unos metros. Luego Belkys abrió, también con un nasobuco, tomó la jaba pesada y la entró. Las gracias desde lejos.

***

Mami ya termina con este ritual depurador al que se ha resignado. Ha limpiado los zapatos y se ha lavado las manos y la cara meticulosamente. La Ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, informó que en los mercados se darán módulos de aseo. Poco segura de cuándo será – y preocupada por encontrarnos más alimentos, medicamentos y productos de aseo por si el confinamiento se aplica con mayores restricciones-, mami regresará mañana a la batalla.

No es la única. La preocupación en Cuba, al parecer, es si darán abasto los recursos de primera necesidad. Su escasez en este momento es una suerte de amenaza. El agua caliente está lista y mami se dirige al baño, pero antes me cuenta:

-Tuve que ir a la zona 6 -muy cerca de donde mi abuela compró el pan-. Es el único cajero de todo Alamar que funciona.

Es de imaginar la semejante cola en el exclusivo cajero de metal – ese en el que sobrevive el virus alrededor de 12 días- por el que pasarán miles de personas a por sus ahorros o su salario. Hay un pomo de agua con cloro, con más cloro que agua –me explica- que no todos emplean.

No lo dice, pero tuvo miedo.

***

Leo ya perdió la cuenta de los muertos en España. Es el segundo país más afectado por la Covid-19 con 232.138 infectados y 23. 822 muertes hasta el 28 de abril. Cifras que asustan.

Fue él quien me envió la promoción del “Servicio de Línea. Ayuda Psicológica” que brinda el Centro Loyola de Centro Habana para aminorar las consecuencias del aislamiento social. Este Centro pertenece a la Compañía de Jesús de la Iglesia de Reina. A raíz de la Covid y aprovechando la red de psicólogos de su equipo, abrieron líneas telefónicas para dar apoyo, puesto que “esta situación puede provocar ansiedad, depresión, angustia”.

Es un servicio gratuito que funciona desde el 6 de abril de 9 a 11 am y de 4 a 6 pm.

“Loyola te escucha y acompaña”, dice la promo en letras rojas, seguida por fotos de varias personas con las manos en los oídos indicando su disposición a escucharte, a escucharnos. Leo se mantiene al tanto de cuanto pasa aquí. Debe volver pronto. Nada ni nadie lo asegura, pero prefiere poner su fe en que algo bueno sucederá. Mientras, tira el ancla hacia acá, hasta esta isla desnuda.

¿Ya les había dicho que fue él quien me enseñó amar Cuba?

-“Cuba tiene muchos rostros y es plural. Animo a los cubanos de todas las tendencias y proyecciones políticas, culturales, religiosas,… en fin, a todos, a hacer lo mejor por nuestro país. Es el momento de la solidaridad y la reconciliación. Hay que volverse Isla”.

¿Qué pasará cuando no estemos?

38
Célula dirigente del DR13 en Cienfuegos. Enero 1959.

Se van en silencio, con ese sino que ha marcado a los héroes que un día de septiembre crearon el Directorio Revolucionario 13 de Marzo (DR13). Los más afortunados recibirán una nota pequeñísima, perdida entre noticias de éxitos y metas cumplidas, otros, ya invisibles como mi abuelo, no recibirán nada.

Generaciones de cubanos no han escuchado jamás sus nombres. Para algunos, incluso, puede que sean no más que un puñado de suicidas. En todas las ciudades de Cuba viven y se olvidan los sobrevivientes, «empecinadamente vivos», que hace sesenta y un años dieron un paso atrás —en aras de una unidad que nunca los incluyó— para evitar que esta vez, como le había pasado a sus padres en el 33, los muertos cayeran en vano.

Cuba les debe.

Les debe haber evitado la guerra civil, parte del triunfo del 59, las ciudades intranquilas que no dejaban dormir a los batistianos, les debe incluso las armas que Frank País —ese segundo héroe byroniano de la República— subió a la Sierra. Les debe el socorro y restablecimiento de los invasores que desfallecidos arribaron al Escambray. Sin el auxilio de las redes del DR13 en ciudades como Cienfuegos, a esos hombres les hubiera sido difícil tomarlas.

La célula dirigente del DR13 en esa ciudad sureña, dirigida entonces por Miguel Cañellas —mi abuelo, el hombre del que aprendí a sangrar por la herida por la que que aún sangran los miembros de la organización— recibió la orden directa del Comandante Fauré Chomón de ponerlo todo en función del socorro a los invasores. Nada sería más importante que surtir las montañas con toda la logística necesaria para ello, según la ordenanza que todos los sobrevivientes manifiestan recordar.

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Comandantes Faure Chomón y Ángel Quevedo. Parque Martí. Cienfuegos, 19 de febrero de 1959.

El silencio nos envuelve. Somos culpables: los que nunca llegamos a colgar una bandera del DR13 un 1ro de enero, los maestros que no hablamos más de ellos, los docentes universitarios que dejamos que siguieran siendo anónimos… Se ha empezado a cerrar el círculo de la historia que no fue porque no está. Dentro de veinte años, cuando un 20 de abril mi hija lleve a mis nietos a la calle Humboldt a poner flores en una acera, como ha hecho con su padre, ¿sabrán ellos por qué? Hoy nadie se acuerda de Pío Álvarez, Ivo Fernández, o Calixta Guiteras. El círculo de la historia los dejó fuera.

Como me dijo en una entrevista Natalia Bolívar, miembro del DR13: “¿Qué pasará cuando no estemos?”. Yo debo, y pago como puedo, pero si nos quedamos impasibles también somos culpables.

Aún hay tiempo, la historia del Directorio Revolucionario todavía puede hacerse estando algunos de sus miembros vivos. Algo se ha logrado, aunque con poca divulgación. A pesar de que la mayoría ya no quiere hablar, sí están dispuestos a hacerlo si es para salvar, no su papel, sino el de sus muertos. Lo pude constatar en Cienfuegos, cuando les pregunté si permitirían que en unos años nadie supiera quienes fueron el Comandante Ángel Quevedo, Juan Olaiz, o incluso Fructuoso Rodríguez. Y respondieron.