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El tiempo perdido

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tiempo
Foto: Pedro Szekely via Flickr

Ya es casi mediodía. Llevo cuarenta minutos en la parada esperando el milagro del transporte público. Sí, porque quién lo duda, que una guagua aparezca y te puedas montar en ella, es un milagro en toda regla. Hoy decidí que debía salir en busca de algo para comer. Pasé toda la mañana dando vueltas por la ciudad, y el panorama aterrador de las grandes colas casi me hizo desistir de mi propósito. Casi.

El hambre es una mala palabra con el don de la tragedia, así que me involucré en una de esas colas. Después de ver que en las dos horas y algo que estuve allí apenas habían entrado seis o siete personas, y haciendo un poco de cálculo elemental, viendo la multitud que tenía por delante, desistí con resignación. Estar todo el día parado al sol, o sentado en la acera como un perro triste, no me hacía ninguna gracia, más cuando había la posibilidad de no alcanzar el paquete de muslos de pollo que allí vendían.

Y seguí en la búsqueda infinita y paciente, no de la sabiduría ni del bienestar del espíritu, sino del básico sustento que te ayuda a ir tirando. Y es que el asunto de la comida es una cosa seria. Puedo pasar días lavándome la boca sin crema dental, bañándome con una lasca de jabón llevada hasta la miseria misma, reciclando a más no poder el pomito de desodorante que sientes como si te mirara con lástima cada vez que intentas resucitar su contenido.

Hay escaseces tolerables hasta cierto punto cuando no te queda más remedio, pero no puedes pasarte quince días o un mes sin comer, a no ser que una fe poderosa te lleve a una huelga de hambre por una buena causa. Pero eso no me toca a mí, no tengo madera de héroe.

Y seguí mi caminata. Salí de la casa a eso de las siete. A las diez de la mañana todavía daba vueltas de aquí para allá, y solo pensaba que para la cena no tendría con qué acompañar el fufú de plátano. Sí, fufú de plátano, o es que no sabes que el arroz de la tan llevada y traída canasta básica normada no da ni para quince días, y que el arroz liberado desapareció por completo. Gracias que ha habido plátano todos estos meses, no ha faltado. Es raro, porque no he oído de ningún sobrecumplimiento en las noticias.

En fin, bien que dicen que la esperanza es lo último que se pierde, que nunca es tarde cuando la dicha llega, que a mal tiempo, buena cara, que la suerte es loca y a cualquiera le toca… así que me encontré con uno de esos establecimientos de fachada insignificante, y al que se suele ignorar en tiempos de crisis, al menos acá en Cuba: una carnicería. Claro que no había ningún cárnico en oferta, por algo se ignora su existencia en tiempos de crisis.

Y no me pregunten por qué se le sigue llamando carnicería. Supongo porque la costumbre es más fuerte que el amor. Croqueta conformada… 50 ctvos, decía la tablilla de ofertas, ¡y sin cola! ¿Pueden creerlo? Cincuenta croquetas, pálidas y derrengadas (no se me ocurre otra palabra) cayeron en mi jabita de nailon y salí de allí raudo y veloz, con la moral en alto y los pies adoloridos de caminar.

Y ahora estoy aquí en la parada, hace cuarenta y pico de minutos, esperando la guagua para regresar a casa. Con la pequeña alegría de cincuenta croquetas en la jabita de nailon, dentro de la mochila (esos pequeños sueños que ayudan a vivir). Estoy cansado, hambriento, con un calor que ni el demonio en los mil infiernos. Y por más que le doy vueltas, solo una idea persiste con la misma tenacidad del sol que me hace sudar a chorros.

¿Cuánto tiempo he invertido en busca de algo para comer? ¿Cuántas horas que pude haber empleado en concebir nuevas ideas, nuevos proyectos de vida? Horas y horas que pude haber usado en mejores propósitos, horas enteras invertidas en cincuenta croquetas anémicas que al tercer o cuarto día empiezan a echarse a perder.

Entonces me vienen a la memoria todas las horas desperdiciadas desde mi niñez: actos políticos de “reafirmación revolucionaria”, castigados bajo el sol mientras algún funcionario daba su discurso oportunamente ubicado bajo la sombra, caminatas en conmemoración de alguna fecha histórica, las sacrosantas escuelas al campo (todavía me pregunto qué podía aportar a la producción un puñado de muchachos a los que nos importaba un rábano lo que íbamos a hacer allí).  Las becas masivas en el campo, que le quitaban a la familia el papel que debía tener en la formación de los hijos.

También me vienen al recuerdo aquellas grandes movilizaciones agrícolas, especialmente una en la que estuve, que justo en el momento en que íbamos a almorzar, después de pasar la mañana pegados al surco, aparece un fulano del partido a reunirse con nosotros: hora y pico duró la perorata, y nosotros ahí, sudorosos, hambrientos, queriendo despellejar vivo al inoportuno visitante. También los mítines, las reuniones, las marchas, las tribunas… ¿Y para qué? Tantas horas retenidas, tantos días y meses malgastados, tanto tiempo secuestrado, ¿a dónde fueron a parar? ¿De qué sirvió tanto derroche inútil?

Yo solo sé que llevo mes y pico lavándome la boca sin pasta dental, que ya casi no me acuerdo de lo que es un baño decente con un jabón de verdad, y que hoy para la cena tengo plátano y croqueta. Poco me importa de quién sea la culpa. Es como dice la canción, es todo el tiempo perdiendo el tiempo.

In Times of Blogosphere

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Foreword to the book En Tiempos de Blogosfera (In Times of Blogosphere)

La Joven Cuba and me

I met the editors of the blog La Joven Cuba —Osmany Sánchez, Roberto Peralo, and Harold Cárdenas— while I worked at the University of Matanzas. From the beginning, I appreciated their determination and a great deal of perseverance they have had to exercise to remain above prohibitions and distrust, attacks, and labels. With Harold, in particular, I’m joined by a deep friendship, of the kind that withstands time, distance, and all sorts of trials.

I remained, however, a rather occasional reader of the blog, and kindly turned down their initial requests for collaborations. I sincerely recognize I considered a bit presumptuous the conviction those guys had that the world of digital media was the way to propose a transformation of Cuban society and politics which wasn’t embodied by the national press. I disagreed with Harold many times and I warned him, almost lecturing him, that the media people consume on a massive scale are the ones which should lead the transformations, that not everyone can access the web and that the traditional newspaper or the TV newscasts would have to assume a more critical and active stance, which even the leaders of the government demanded.

Nearly a decade has passed. The LJC blog will celebrate its first ten years of existence in 2020. I also celebrated each of them and I’ve left my old attitude behind. Now I’m convinced that the number of Cubans who access the internet in a variety of ways is growing: at their workplaces, paying the high connection rates both in Wi-Fi areas or through mobile data, through the weekly packages, traveling to other countries, or with the helpful habit of forwarding the articles and news, they consider relevant to the accounts and networks of friends.

I have equally given up the hope of immediate change in our press media, which seems to live in almost complete isolation with respect to reality. I also confirmed that healthy habits such as controversy, the contrasting of ideas, and the debating of opinions, unknown in society and in most of the national media, are commonplace in the blogosphere.

I needed nothing else to say: ‘Yes, I’ll do it’ the next time my young friend asked me for a piece for his blog. I now proudly identify myself as a regular collaborator of LJC, which already exceeds five million online reads. Each week I carry out an exercise of civic catharsis and, without meaning to impose my views on anyone —it doesn’t work like that on the web, with its open forums—, I pay my conscience a share of responsibility.

Antonio Gramsci, an Italian Marxist who for years was made invisible in Cuba by the Soviet manuals, recommended: ‘[It is] better to work out consciously and critically one’s own conception of the world and thus, in connection with the labors of one’s own brain, choose one’s sphere of activity, take an active part in the creation of the history of the world, be one’s own guide, refusing to accept passively and supinely from outside the molding of one’s personality.’ That’s what I’ve tried to do since I discovered it’s the only way to destroy the prison we can unwittingly build for thought. My writings for LJC are a part of the process.

This book compiles a sample of the works I’ve published over nearly two years. They are a sort of hybrid between a brief essay and an opinion piece. I’m not a journalist but a historian. Therefore I’ve been unable —and unwilling— to avoid making history, more or less explicitly, a protagonist of my reflections. What I write originates from a knowledge of the past and of the aspirations and needs I have in the present, perhaps many of them shared with the readers.

ALH Matanzas, July 2019

Translated from the original

Comunismo y subdesarrollo

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subdesarrollo
Foto: ElkinsEye via Twenty20

Comunismo suena a subdesarrollo y por eso todo el mundo lo desprecia. Es comprensible. Pero, ¿es correcto hacer tales asimilaciones? No a mi humilde parecer. Hagamos un ejercicio de reflexión objetiva antes de tirarnos las cazuelas en una bronca intelectual/emocional. Tenga en cuenta que no soy comunista.

Comencemos por la ortodoxia de la teoría y reconozcamos que Marx nunca pensó en una sociedad comunista subdesarrollada. Al contrario, Marx consideraba la sociedad comunista como una evolución superior en la historia de la humanidad. Así que el comunismo, tal como lo pensaba Marx, no puede sino emerger en una sociedad post-capitalista. La sociedad comunista adviene cuando la sociedad en su conjunto ha desarrollado altos índices de desarrollo y sus ciudadanos existe empatía colectiva suficiente como para socializar los medios de producción y poner fin a la enajenación como consecuencia de un trabajo sin sentido para el asalariado.

Ya sé que se le han erizado los pelos con esta afirmación, pero ¿conoce usted el origen del verbo “trabajar”? Si no lo sabe, déjeme darle un empujoncito. El verbo trabajar tiene su origen etimológico en el término tripalliare – del latín -, cuyo significado tiene más que ver con el “tormento” y la “tortura” que con el culto que se le hace hoy día en las sociedades industrializadas. Cabría entonces preguntarse si los seres humanos están realmente hechos para “trabajar”. Y esta no es una pregunta retórica, ya que quizás le hayamos cambiado el sentido al término sin darnos cuenta. Así que, desde un punto ético y evolutivo, el comunismo no es sinónimo de subdesarrollo. Al contrario.

En el plano de lo empírico, las cosas son más difíciles de evaluar. Al parecer, casi todas las Repúblicas que se han declarado “socialistas” y han sido gobernadas por un partido único y “comunista” han vivido con altos índices de subdesarrollo económico, político y social. El caso de la URSS es interesante ya que esta última fue considerada como una potencia mundial capaz de rivalizar con una superpotencia capitalista. Pero todos sabemos que eso fue una fachada y que aquello se desmoronó dejando ver las fisuras del edificio socialista. En el caso de Cuba, la economía del país no ha elevado sus índices de producción para salir, por sí sola, del subdesarrollo, sobre todo después de la declaración socialista de 1961. En China, sobre todo en la época de Mao y antes de la capitalización de la economía en la República asiática, también había signos fuertes de subdesarrollo. La Revolución cultural de Mao no se tradujo, por así decir, en desarrollo económico – utilice usted los indicadores que desee para medirlo. A esos casos hay que añadir otros más, como Corea del Norte, Vietnam y Venezuela. Todos han tenido altos índices de subdesarrollo en algunas de las fases de desarrollo socialista. Así que es fácil estimar a través de estos casos que “comunismo” y “subdesarrollo” van de la mano.

Ahora, ¿es acertado afirmar que el comunismo genera subdesarrollo? No. Lo primero a tener en cuenta es que todas las Repúblicas que se declararon socialistas eran de antemano sociedades agrícolas con una estructura feudal: subdesarrolladas comparativamente a las sociedades industrializadas. La Revolución de octubre de 1917 se hizo sobre la base de una sociedad feudal que no mostraba hasta aquel entonces los índices de industrialización de la Inglaterra del siglo 19, la cual fue el caso de estudio de Marx. La Revolución cultural de Mao y la Revolución cubana también se consolidaron sobre la base de una sociedad eminentemente agraria y feudal con altos índices de subdesarrollo, de pobreza y de analfabetismo. Además de eso, muchas Repúblicas declaradas socialistas y con partido único han sido objeto de sanciones económicas que han ejercido una gran presión sobre la economía de esos Estados. Cuba, Vietnam, Corea del Norte y Venezuela, por no citar que ejemplos socialistas, han buscado justamente desarrollar la economía nacional bajo el peso de sanciones económicas que no buscan sino crear descontento y apatía en la población, así como un cambio de régimen provocado por sublevación popular. En la periferia del sistema internacional no llueve café sino sanciones.

Me dirá usted que es justo sancionar a esos Estados ya que son dictaduras y violan sistemáticamente los derechos humanos de sus ciudadanos. Y le doy razón en que las dictaduras son alérgicas a los derechos humanos y que los últimos debieran predominar sobre lo primero en toda sociedad. Pero la situación es más compleja de lo que parece y el pensamiento mágico no resuelve necesariamente las injusticias en el mundo. Mire usted. El campeón de las sanciones internacionales, los Estados Unidos, ha apoyado a dictaduras que violan sistemáticamente los derechos humanos de sus ciudadanos. ¿Ejemplos? Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, Brasil, Argentina, Uruguay, Egipto, Arabia Saudita, Yemen, Indonesia, Vietnam del Sur, Nicaragua, Perú, Venezuela, República Dominicana, Haití, Irán, Irak, Romania, Filipinas, Omán, Bahréin, Túnez, etc.

Queda claro que esos Estados, aún sin ser comunistas y recibiendo apoyo de las democracias occidentales, mantienen altos índices de subdesarrollo, de corrupción y de violaciones a los derechos humanos. Entonces, ¿cómo se explica el subdesarrollo cuando la variable “comunismo” está ausente? La pregunta parece tonta, pero no lo es. Ya que, si la explicación al subdesarrollo reside en la naturaleza o la lógica del sistema de producción, deberíamos entonces observar un alto índice de desarrollo en todas las Repúblicas cuyo sistema de producción es eminentemente capitalista. Pero este no es el caso. Si tenemos en cuenta que hoy día existen no menos de 193 Estados soberanos y que solo un pequeño porcentaje se ha declarado socialista, me parece evidente concluir que la mayoría de los Estados caen en el bando del capitalismo. Ahora, la mayoría de esos Estados no son considerados por sus semejantes -otros Estados- como “países desarrollados”.

Al contrario, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reúne a solo 37 Estados del planeta. Esto significa que el resto de las repúblicas capitalistas, a la excepción de Costa Rica, miembro en devenir de la organización -el número 38-, no ha alcanzado los índices de desarrollo necesarios para ser parte de este selecto club de países desarrollados. Si a esto le suma usted el hecho de que en el fondo de la plataforma se encuentran países que no se consideran socialistas, se puede llegar a la conclusión de que el subdesarrollo económico, político y social, no es producto directo del comunismo.

Esto me lleva a la pregunta incómoda: si el subdesarrollo en Cuba no se puede justificar con el comunismo, ¿de dónde viene entonces? Y recuerde, antes de responderme o comentar, que no soy comunista.

Tomado de El Patio Americano

Alina’s Book

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homenaje

Prologue to the book En Tiempos de Blogosfera (In Times of Blogosphere), by Alina Bárbara López Hernández

Ever since Shakespeare wrote that what’s past is prologue, many books begin by looking back in order to explain the present. In Times of Blogosphere is not the exception; these texts are part of the brief and disorderly history of digital public debate in Cuba. Its context is that of a country about which many readers have in-depth knowledge, with the doses of national struggle and old dogmas that brought us here. Whoever seeks boring, complacent reading should abandon all hope.

Personal blogs arrived in this country with the new century, the founding fathers being precocious students and journalists on the internet. The variety of topics and tones was (and is) visible in these national platforms, but its political segment, which we discuss here, soon captured many people’s attention. By the end of the first decade of the 21st century, there already was a wide rift between opposition blogs encouraged by external actors and blogs promoted by the Communist Party to ‘multiply the truth of Cuba’. The polarization was centrifugal; their leading figures often sacrificed nuances and objectivity in order to score a point for their ideological preferences.

The blog La Joven Cuba appeared in early 2010, along with other voices which were not a product of political intention, but a spontaneous civic phenomenon. Three young professors from the University of Matanzas created this space to add some color to a reality that, until then, was mostly described in black and white. Thus, we advocated for home-grown socialism which wouldn’t succumb to the same maladies of its European counterparts in the 20th century, but we ended up giving visibility to the political spectrum of the Cuban left and its various strands of thought.

As you may imagine, such a practice had its defenders and its critics from the beginning. While Raúl Castro promoted a change of mentality, we experienced the need for it. Thanks to the trust of some officials and intellectuals, we survived attempts at censorship, harassment, and demonization. And thus we reached five million online reads, always relying on the trust of our leaders remaining stronger than their fears.

It took years to convince Alina López to write a text for the web. One of our national tragedies has been that part of our solid professional and intellectual sector has remained on the sidelines of online political debate. Technological limitations and the underestimation of the medium also did their part; but when it was most necessary, she sat down to write her first post.

It was September 2017 and the blogosphere was living through its darkest hour. The response of some actors in the Cuban State to the effects of the normalization of relations with the United States was to organize a campaign, throughout the spring and the summer of 2017, against what they called ‘centrism’. Instead of turning it into a struggle against political ambiguity or against the sectors that, without defining themselves as opposition, were complicit in the regime change policy aimed at the country, they used the label at their own discretion, more concerned with obedience to the government structures than with political commitment.

La Joven Cuba was brought into the fray. When Silvio Rodríguez, Israel Rojas, Aurelio Alonso, and other members of the civil society complained, perhaps the greatest domestic political debate since the E-mail War took place. While Donald Trump started to make everything worse, the new purge seemed to be the priority that summer. Public pressure and the rains of hurricane Irma put out the campaign, which had its consequences nonetheless.

Alina is an exceptional intellectual any opinion medium would be proud to have. My years-long insistence, so she would join the digital debate, was because I knew her voice was necessary. I think she agreed to write for an internet blog reluctantly, like someone making concessions to her profession. Asking her to cut down her texts was like demanding that she choose between her daughters. I shared her joy when she began to get reactions from readers and to build up the audience that now waits to read her work every week. She won’t receive any international awards, because she understands the circumstances of the Cuban government, nor the recognition of national political authorities, who will find her too critical. Alina doesn’t write what others want to read.

The texts you will find in this book identify the problems in our reality without making concessions. They discuss historical events from which we’ve learned little or nothing. They tackle the dangerous disconnect between a part of the political discourse and everyday practice, with no fear of entering controversy with other authors.

Some readers might ask about the purpose of that criticism or will demand that the successes of the revolutionary process be mentioned more often, but the author has reasons for such emphasis. Her analysis must compensate for the silences that have prevailed in the political discourse and for the limitations of a media ecosystem that’s prevented from carrying out its social function. Alina is willing to take on that burden, even if they accuse her of being hypercritical.

Her articles deal with the contradictions of a country in revolution and the effects of a trench mentality. She appropriately calls attention to the old practice of keeping silent about our mistakes until there are suitable conditions to do so, which never arrives. In The Culture of Terrorism, Noam Chomsky does something similar when he describes how the horror of the obedient Soviet intellectuals regarding the crimes of the United States contrasted with their benevolent look at domestic sins.

This book is a blow to the wretched circumstance of having so many intellectuals on the sidelines of digital public debate, because they wrongly underestimate it, or have no way of reaching it, or are guided by a mistaken concept of political discipline which makes them remain silent. It is also a testimony to the talent of the author and to the maturity of the institutions that recognize her worth.

This is the proof that Alina López decided to accompany a blog of young people with no journalistic training, which dealt with topics ignored by the traditional media, with limited technological capacity and under the centrifugal force of political tendencies that demand obedience under penalty of ostracism or discredit. Hers is an honest contribution to the daily exchange happening in the digital public sphere; it reflects the hopes of a people who deserve more than they have, and whose intellectuals are beginning to look into the future. The past will be prologue, but the future is built by those who, like her, follow the poet’s advice: by hand and without permission.

You can download the book here: En Tiempos de Blogosfera

Translated from the original

La semiótica del Durakito

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durakito
Ilustración: Arí / Cubadebate

El fenómeno del subdesarrollo, más allá de la economía, atraviesa un aspecto mucho más subjetivo e igual de difícil de superar: el pensamiento. El subdesarrollo individual impide el desarrollo económico, y este a la vez lastra de vuelta al desarrollo individual. Esta serpiente que se muerde la cola es el laberinto de los países pobres.

Después del 1959 en Cuba se intentó cortar este círculo vicioso empezando por el individuo, que es lo que había más a mano. La universalización de la educación y los programas culturales dieron sus frutos acaso en la década de los ochenta, coincidiendo, no casualmente, con el período de mayor abundancia y mejor distribución material de la historia de Cuba.

El período especial de los noventa invirtió la realidad económica pero ya había generaciones completas formadas antes de la crisis que sostuvieron, quizás por quince años más, el estandarte de la educación. De esa forma hubo un período de pobreza acentuada en el que de todas formas no nos parecíamos en pensamiento a ningún país de la región. Éramos una nación atípica con economía de subsistencia y conciencia social.

Entre errores internos, políticas extranjeras, meteorología y patógenos la economía cubana ha fluctuado de aquí para allá pero en esencia sigue siendo de subsistencia, sin embargo la conciencia social ya no nos acompaña.

Las generaciones que se formaron en el período especial vivieron otra realidad: las carencias, los apagones de doce horas, el hambre y la supervivencia del menos lastrado por conceptos éticos; los códigos morales aceptaron la corrupción y surgió una ideología informal que justificaba cualquier acción en provecho propio. Pero los protagonistas aquí son los hijos de la generación del 90.

Jóvenes de 13 a 20 años han creado una semiótica tras la cual Cuba vuelve al subdesarrollo más difícil, el del pensamiento.

Este regreso al subdesarollo no va de particularidades lingüísticas -puesto que toda nueva generación deforma el idioma a su gusto- sino de formas de vestir, de la desesperación por romper axiomas. La infancia y la adolescencia son influidos por tres elementos: escuela, familia y sociedad.

Es este triángulo de influencias el que potencia y orienta al individuo; pero es menester que sea un triángulo, y para que sea así debe haber tres ángulos según la geometría básica de la primaria –que todavía recuerdo-. No obstante, la principal influencia en estas generaciones viene de sus coetáneos, de sus socios, de sus amigos, de su grupo.

En Cuba la escuela tiene organizaciones dedicadas a aunar a los jóvenes, entre otras, la FEEM y la FEU. El problema está en que estas no se parecen en nada a los jóvenes que intentan convocar, ellos buscan a sus semejantes en opiniones y gustos estéticos, son sus semejantes quienes los evalúan y regulan, es Vygotskiano y es cierto.

Lamentablemente las organizaciones estudiantiles comparten estéticas que responden a otros momentos históricos del país, y sus esfuerzos con entronizar en el gusto de las nuevas generaciones, a pesar de ser bien intencionados, son estériles y muchas veces burdos.

He aquí que en este triángulo la escuela pierde, porque además, luego del período especial, la enseñanza ha entrado en una crisis de recursos humanos, ha descubierto la corrupción y ha simplificado los programas de estudio ¿El triángulo desaparece? Para nada, es mágico, donde se desdibuja un ángulo aparece otro.

Los jóvenes tienen acceso completo a la multimedia y a los contenidos actuales de las redes sociales, he aquí la “otra escuela”. Consumen estos contenidos sin control y sin orientación. La familia, la generación anterior no puede orientarlos en un espacio que apenas conoce por su novedad tecnológica. Es el espacio mismo quien los orienta o desorienta, quien los informa o desinforma sin criterios éticos o estéticos.

Las consecuencias son jóvenes homologados por el mercado, idénticos en moda, gustos y criterios puesto que consumen los mismos productos audiovisuales. Durakitos. Y he aquí un aspecto de gran peligro ya que estos productos comúnmente muestran ídolos que van desde figuras de la cultura cuyo mayor logro es ostentar bienes materiales hasta narcotraficantes, son casi ausentes los modelos de conducta positivos.

Los jóvenes van creando toda una subcultura alrededor de la violencia y lo material que es parte ya del ideario adolescente de miles y miles de individuos. Aunque todo depende de la situación geográfica, y en el caso de La Habana del municipio o del barrio, actualmente pocos lugares se libran de esta semiótica, llamémosla del mal gusto, aunque gusto es un término relativo, llamémosla entonces del gusto por lo fácil dentro de la música, el cine, los shows de televisión o los canales de YouTube: la semiótica del durakito, así, con k.

Ropa, teléfono, zapatos, bisutería, lugares de moda, migración, he aquí todas y cada una de las aspiraciones, que en principio no están mal, siempre que se tengan otras aspiraciones de fondo, y aquellas no sean las primeras. La nueva semiótica también implica la imposibilidad de crear o entender juicios complejos porque los productos audiovisuales simplifican el mundo, exponen una visión en blanco y negro, en buenos y malos, en tener y no tener.

La sexualización de la mujer es otra de las constantes en esta semiótica.

Muchas de las adolescentes, he aquí lo triste, tienden a sexualizarse porque es lo que la “otra escuela” les ha enseñado y muchas veces carecen de otro punto de vista y de orientación. Así, hay un aumento alarmante de embarazos e ITS en menores de edad y en la población joven en general a pesar de todos los programas nacionales de orientación sexual.

Además hay un altísimo índice de consumo de alcohol en menores de 16 años. Todo esto obedece a que, muchas veces, hay poco control parental y carencia de respeto por las figuras de autoridad, sean cívicas o filiales, he aquí una de las principales enseñanzas de la “otra escuela”.

Estos grupos etarios llegan a ser partícipes activos en la corrupción, por ejemplo, la compra-venta de exámenes en las instituciones educativas, con o sin la complicidad de los padres. Pero todo ello tiene incluso un lado más oscuro, y es la propensión a la violencia, a la violencia más pura, la de hierro y arma blanca. En Cuba desde hace algunos años ha habido un incremento de las organizaciones criminales juveniles: las pandillas, las bandas.

Ya no están caracterizadas por reunir individuos de la misma cuadra y molestar al vecino, quizás abusar de otros jóvenes; ahora tienen nombres, lemas, incipientes códigos de honor, y matan. De más está decir que no existen estadísticas públicas sobre el tema, pero un juicio empírico, y lo pequeño de la ciudad arroja una visión nada positiva sobre el tema.

Nunca es bueno hacer generalizaciones, los adolescentes arrastrados hacia la nueva semiótica no son todos, menos de la mitad quizás, pero son suficientes para desmembrar un país, cambiar el ideario nacional, lograr que el subdesarrollo individual se sume al económico, que la serpiente se muerda la cola otra vez. La solución no está a la vista.

Por lo pronto apuntalar la escuela podría ser un analgésico pero hay que saber qué hacer con el resto de los componentes del triángulo: familia y sociedad, tan dentro del subdesarrollo económico que muchas veces no tienen fuerzas para combatir el de pensamiento, tan arraigado que incluso superando la crisis económica, pudiera demorar décadas en ser erradicado, décadas en el mejor de los casos.

Sin esperar orientaciones

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orientaciones
Foto: Carsten ten Brink via Flickr

Para los que vivimos en Cuba, es fácil desilusionarnos de las posibilidades de cualquier actividad cívica. En lo que se refiere a mi generación, los nacidos entre finales de los ochenta y principios de los noventa, la mayoría no quiere escuchar hablar de política y menos intentar participar en la vida pública. Esto es consecuencia directa de tantos años de una política oficial encartonada y rígida, décadas en las que se ha exigido de nosotros únicamente resistencia y cumplimiento de las orientaciones.

No obstante, desde hace muchos años han aparecido alternativas a esa rutina gris, que han servido para que muchos recuperemos o aprendamos el gusto por la participación, entre las cuales se encuentran el activismo y el periodismo no institucionales.

Sí, fue necesario buscar un camino fuera de las instituciones establecidas. La vieja organización estudiantil, o la UJC, resultaron incapaces de ofrecer un camino atractivo y fecundo para los que tuvieran inquietudes cívicas, incluso en el caso de los que nos acercamos a ellas sin prejuicios y con convicción. De reunión en reunión, entre acta y acta, mientras los más pedestres problemas se quedaban sin resolver, todos fuimos aprendiendo que allí no había nada que hacer. Además, nos quedó la experiencia de lo que significa una organización internamente enferma, falta de vida, aplastada bajo su propio peso.

Muchas de las instituciones de la Revolución surgieron del maremágnum de hace sesenta años, y es evidente que en aquel momento estuvieron llenas de vida. Pero como dije en mi artículo Movimientos tectónicos, ocurrió una especie de congelamiento en el cual la lava acabó convertida en piedra. Toda la vida de una institución u organización, le viene de su nacimiento en el horno de la sociedad civil que se auto-organiza. En ese sentido, es el pueblo en su multitud de individualidades, el soberano, la única fuerza instituyente.

Al convertirse las viejas organizaciones más en un obstáculo que en una vía para el ejercicio de la actividad cívica, se hizo necesario el surgimiento de nuevas formas de auto-organización de la sociedad civil. El comienzo de este proceso puede rastrearse hasta finales de los años ochenta con el proyecto Paideia, o quizás más allá. Sin embargo, sería a partir de los años noventa cuando habría una explosión de proyectos comunitarios en todo el país, cuando comenzarían a desarrollarse nuevas formas de activismo antirracista, feminista, ecologista, etc. Muchas veces estos proyectos actuaban en espacios muy reducidos sin que pudieran ser conocidos, en una sociedad donde no existía aún Internet y donde los medios oficiales no les daban cobertura.

Este proceso continuaría en el nuevo siglo. Algunos proyectos tenían una perspectiva comunitaria, centrada en el barrio, otros tenían un objetivo más intelectual, de análisis teórico de la realidad cubana. En este sentido, no puede dejar de mencionarse la experiencia de Observatorio Crítico, con sus aciertos y desaciertos. También debe ser recordado el papel de Espacio Laical, una revista de la Iglesia Católica, en la difusión del pensamiento de una parte importante de la intelectualidad cubana.

Mi generación llega con los Lineamientos, Internet y la normalización con EE.UU.

Muchos de los viejos proyectos surgidos en décadas anteriores ya han desaparecido o se han debilitado, mientras que muchos nuevos han surgido. Se han consolidado experiencias de activismo, en los campos del feminismo, el antirracismo, la lucha por los derechos de la comunidad LGTBIQ, el ecologismo, etc. También ha aparecido una blogosfera, y en general una nueva hornada de medios de comunicación digitales no institucionales, como El Toque, OnCuba, Periodismo de Barrio y La Joven Cuba, entre otros. El periodismo fuera de las instituciones oficiales se convierte en la vía para que una nueva generación, ávida de decir muchas cosas y a su manera, pueda expresarse.

Las relaciones entre este mundo del activismo y las instituciones nunca fueron sencillas. Hubo proyectos que, por diversas razones, entre ellas haber hecho alguna clase de cuestionamiento político, fueron atacados desde la oficialidad y forzados a desaparecer. Otros fueron deliberadamente invisibilizados. Pero también ha habido experiencias de articulación efectiva, casos en los cuales las instituciones se han convertido en facilitadoras para llevar adelante esas causas, y donde muchos activistas han podido realizar su actividad bajo su manto. Estoy pensando por ejemplo en el Centro Martin Luther King, el Instituto de Filosofía o el CENESEX, que han realizado un trabajo valioso.

Siempre ha habido disposición, sobre todo entre los activistas que se ven a sí mismos en el campo de la izquierda y aún perseveran en creer que el sistema cubano es en alguna medida coherente con el proyecto socialista, para buscar articulaciones con las instituciones del Estado. Pero esto no quiere decir que esa articulación sea el único camino válido y efectivo para el activismo. Vamos a tener las cosas claras: el elemento activo en todo este escenario ha sido el impulso de los activistas que han decidido llevar adelante sus causas con o sin el Estado.

El caso de las instituciones que han sido vías efectivas para el avance de esas causas ha sido siempre un caso excepcional. En su mayoría, las instituciones solo han estado para poner trabas, obstáculos, o para cooptar los activismos y llevarlos a un punto en el que se pierda su filo crítico y se burocraticen.

Al día de hoy, la lava volcánica del impulso popular en la lucha por darle solución a los problemas de nuestra sociedad, late en el activismo y el periodismo que se hace desde fuera de las instituciones. En aquello que se hace porque sí, porque le nace de adentro a las personas, porque les quema el interior. En la medida en que algunas instituciones han logrado canalizar esa fuerza y reverdecerse, maravilloso. Pero pretender a estas alturas que es la vinculación con el Estado lo que da la llave para diferenciar una lucha auténtica de lo que es una “histeria irresponsable destinada a la manipulación”, es hacer gala de un vulgar espíritu carcelario.

Esa exigencia de pureza, de estar anotado en la nómina, solo cabe en la cabeza de los que se sienten cómodos con la rutina de cuartel y quieren que todos nos jodamos junto con ellos.

Por supuesto que en una transición socialista puesta sobre sus pies, las instituciones deberían convertirse en nada más que la sociedad civil organizada. Ese es el punto de vista socialista, por oposición al liberal. El problema es que hoy, desde la oficialidad, se comparte el punto de vista liberal de ver la sociedad civil como algo ajeno.

Para comenzar a salir de la situación a la que hemos llegado, habría que empezar por sacar adelante una nueva Ley de Asociaciones que permita que se ponga de manifiesto la verdadera estructura de la sociedad civil, una Ley de Prensa que le otorgue un espacio de legitimidad a los medios no institucionales que estén dispuestos a cumplir con la legalidad, y hace falta un trabajo político creativo que provoque un realineamiento de la sociedad civil con el proyecto socialista.

Es cierto que los proyectos surgidos fuera de la institucionalidad se han visto sometidos a otro peligro, el de ser cooptados por intereses extranjeros a través del financiamiento, muchas veces con dinero destinado por EEUU para el cambio de régimen en Cuba. Por lo general, este proceso termina teniendo un efecto similar a cuando son cooptados desde el Estado: caen en una propaganda vacía y se pierde tanto su filo crítico como su compromiso por la comunidad. Pero de este lamentable proceso no se puede sacar la conclusión de que la sociedad civil es un arma en manos del enemigo, como parece que piensan algunos teóricos de las guerras culturales.

La sociedad civil es el lugar de donde nace todo socialismo auténtico.

Dentro de este mundo fuera de las instituciones, que como decía más arriba, es donde late con más fuerza la lucha por la solución de nuestros problemas como sociedad, hay algunos proyectos de activismo o periodismo que han aceptado financiamientos de la NED o la USAID. Eso es, en muchos casos, una derrota para la Revolución. Cuando EEUU construye un fantoche de organización opositora en Cuba, sin vínculos reales con la sociedad, eso no tiene mayor trascendencia.

Pero cuando se trata de un grupo de jóvenes formados por la Revolución, que deberían compartir sus valores, y que tienen raíces dentro de la sociedad y una audiencia, se trata de una auténtica derrota en primer lugar de los que no crearon las condiciones para atraer y comprometer a esos jóvenes con el campo revolucionario.

Sin embargo, la sociedad civil no se reduce a esos grupos que han aceptado un financiamiento norteamericano, ni se la puede concebir como un arma en manos del enemigo. Tampoco se le puede exigir a la sociedad civil una disciplina partidista cuando, al revés, es el Estado el que no debería ser otra cosa que la sociedad civil organizada. Para los que sienten placer en cortar alas, debería llegar este claro mensaje: los tiempos están cambiando, y cada vez serán menos los que se sentarán a esperar que les den las orientaciones.

Juan Vilar entrevista a Max Lesnik (II)

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Foto: REUTERS/Joe Skipper


(Puede consultar aquí la primera parte de la entrevista)

La Habana. Agosto Pandémico del 2020.

Continuando la lógica del molino de agua me seduce la viejísima idea griega de que el agua que corre no es siempre la misma a menos que se estanque y se convierta en agua que muere y apesta, no obstante, nuevas formas de vida surgen de la cochambre y el mal olor. Las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba carecen de información popular como al populo le importan un bledo las rutas e intereses que van dando cuerpo a las relaciones entre nuestros gobiernos. Muy poco cambia la realidad cotidiana del cubano de a pie y mucho beneficio logran los pícaros, los lobistas de allá y de aquí, y los oportunistas que inundan bodas y cumpleaños reales.

El 17D convirtió a los caminantes en esperanzados de la zapatilla de cristal, y a la burocracia partidista en coquetos Lady Di. Pero la historia es cíclica en las aspiraciones de los políticos, a veces lo que ayer se percibe de un modo, hoy cobra modernidad y buen provecho en el contexto de mañana. En este sentido, no hay nada nuevo en la villa del Señor.

Recuerdo que cuando llegué a New York en mayo de 1992 llamé a mi padre y le dije: ¡Estoy en New York! A lo que él me respondió: ¿Están el Empire State, el Yankee Stadium y el Waldorf Astoria en el mismo lugar? Quedé en silencio. Él comprendió y me dijo:

JP: Avísame cuando descubras algo nuevo.

ML: Con la ascensión de Reagan a la presidencia y la creación de la Fundación Cubano Americana se establece un nuevo tipo de relación entre el gobierno de Estados Unidos y la comunidad cubana conservadora de Miami.

JP: ¿Por qué esta alianza no se rompe durante el primer mandato de Clinton?

ML: Porque la Fundación desarrolla una labor de circunferencia que penetra a través de ciertos intereses económicos. Ya no es una alianza ideológica, sino una alianza de mutua conveniencia a través de la ayuda económica a políticos. Además, existe una corriente más sensata en el proceso político norteamericano mirando hacia Cuba, que no escatima esfuerzos en tratar de convencer al gobierno para que, al menos, levante ciertas restricciones en cuanto a medicinas y alimentos; esa es la batalla.

JP: El planteamiento está entre embargo o no embargo. ¿Cuál sería la posición más sensata ante esa disyuntiva?

ML: Apoyar el levantamiento parcial, que sería su política más inteligente. Pero ellos no pueden hacer esa concesión porque implica una pendiente que puede terminar con el levantamiento total. Además, la derecha militante de los que hablan por radio, los extremistas, no van a permitir ningún cambio de posición.

JP: A pesar de los escándalos, hay analistas que piensan que la Fundación ha fortalecido sus vínculos con la Administración.

ML: Es muy difícil que en el juego de la política norteamericana actual un político mantenga relaciones estrechas con una organización cuyos integrantes están vinculados a corrupción y terrorismo. Y digo actual porque en otras ocasiones se ha practicado tanto la corrupción como el terrorismo a gran escala, incluido el terrorismo oficial. Pero en la situación actual esas dos cosas no son aceptables en el juego político estadounidense.

JP: ¿Qué papel juegan los sectores liberales?

ML: Bueno, esa posición que se ha dado en llamar liberal no es homogénea. Contiene gente que sin haber sido revolucionaria, no ponen ninguna condición al gobierno, hasta otros que habiendo sido revolucionarios, ponen condiciones para mantener el diálogo.

JP: ¿Cuáles son las posiciones?

ML: Los que en el exterior están con la revolución y de acuerdo con su línea; los que en el exterior están de acuerdo con los principios generales de la revolución, pero que consideran que hay que realizar aperturas de tipo económica y política. Y dentro de esos están los que supeditan esos cambios a que Estados Unidos cambie su política hacia Cuba; no lo plantean como condición para el diálogo.

JP: ¿Sobre qué bases plantean la discusión?

ML: No se puede hacer una abstracción de la realidad del embargo -esa es mi posición-, y de la presión mercantilista y el impacto que esto tiene en la realidad cubana,  porque sería una ingenuidad política.

JP: Pero el gobierno cubano debe continuar con la apertura.

ML: Pero no cualquier tipo de apertura, porque cualquier apertura aunque sea al más legítimo de los intereses cubanos en el exterior, o al más legítimo de los intereses cubanos en el interior, representa una brecha por la cual van a entrar otros que no son tan buenos y cuya intención real no es dialogar.

JP: En el toma y daca de estas discusiones existen dos demandas fundamentales: de un lado el pluripartidismo y del otro el levantamiento total embargo. ¿Cómo lo ves?

ML: La pregunta que yo siempre hago cuando discuto con algún dirigente del gobierno cubano es: ¿el pluripartidismo es una cuestión de principios o es una cuestión coyuntural? Y la respuesta ha sido que es una cuestión coyuntural, lo cual me hace pensar que si no es una cuestión de principios, entonces es posible. Los que no quieren otra solución que no sea el desplome, plantean que el gobierno cubano usa el embargo de pretexto para mantenerse en el poder. Esa es la ecuación que hay que despejar: en tanto el embargo no se levante, no va a haber cambios en Cuba.

JP: ¿Y si se levantara el embargo y el gobierno cubano no continúa los cambios?

ML: No podría sostener esa posición, porque hasta los más leales defensores de la revolución van a preguntarse por qué si no hay enemigo. Y como el gobierno tendría que inventar sus propios enemigos, la revolución terminaría devorando a sus hijos.

(Puede interesarle: Entrevista de LJC a Max Lesnik, primera y segunda parte)

Indefensión y desidia en Manzanillo

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manzanillo
Foto: Martin Cathrae via Flickr

“En mi núcleo del Partido fue el primer lugar donde hablé”, me dice la Master en Ciencias y Profesora Consultante de Filosofía, Onelia Méndez. Estamos en su casa, aquí vive con su hijo, su hija y su nieto. Un piso en el segundo nivel de un inmueble ubicado en la calle Aguilera entre Martí y José Miguel Gómez, en la ciudad cubana de Manzanillo. Durante más de tres décadas, los manzanilleros hemos visto deteriorarse el edificio ecléctico colindante con la vivienda de Onelia, ubicado en la esquina de las calles Aguilera y Martí, en pleno centro histórico urbano.

Allí estuvo antes de 1959 la sede de la llamada Clínica Piña por lo que, al ser nacionalizada luego del triunfo revolucionario, funcionó como sede del policlínico número 1, hasta que chapuceros e incompletos mantenimientos, modificaciones y reparaciones parciales no pudieron evitar que se volviera inhabitable y la dirección de Higiene y Epidemiología dictaminara su cierre hace 15 años. No se aplicó un correcto criterio de conservación y preservación.  Con una de esas modificaciones, en 1985, comenzó el drama de Onelia Méndez:

Voltearon un camión de cal justo al lado de la ventana de la habitación donde dormía mi hijo recién nacido, lo cual le provocó una afección respiratoria durante su niñez. En esa misma reparación, los constructores se pusieron a jugar ‘a las piedrecitas’ y nos rompieron el calentador de agua solar que llevaba más de 20 años funcionando“.

A pesar de que entonces Onelia se quejó en su núcleo del Partido y en la Asamblea de Rendición de Cuentas del Delegado, no pudo evitar que modificaran la caja de aire común, y construyeran una cubierta intermedia para instalar un equipo de Rayos X. Ni Onelia ni su esposo, fallecido recientemente de cáncer, supieron nunca si al equipo de Rayos X le rodearon las condiciones de seguridad mínimas.

“Años después mutilaron el diseño original de la fosa, por lo cual desde hace más de 20 años no se ha podido limpiar. Rompieron una pared colindante del primer piso, para hacer una puerta con el riesgo de afectar la estructura de mi casa, obstruyeron con escombros el conducto de aguas pluviales y los respiradores de los lavaderos de la azotea y rompieron la tapa del tanque de agua potable, sin siquiera decirnos nada, por lo cual, sólo gracias al mal olor, nos dimos cuenta que había caído un murciélago –uno de tantos que habitaron el edificio- y estábamos en riesgo de consumir agua putrefacta”.

Las mil palabras que habitualmente escribo para este medio, no bastarían para contar las quejas que Onelia Méndez ha formulado verbal y por escrito, a todas las instancias, desde su delegado de circunscripción hasta el presidente de la república, desde su núcleo hasta el secretario del Comité Provincial del PCC.

Este año presentó una demanda ante la sala civil del tribunal municipal. Fue declarada “sin lugar” a partir del criterio de que la documentación para la ejecución de la remodelación del policlínico No. 1, es correcta y contempla no afectar la vivienda de Onelia. Lo máximo que ha logrado es el compromiso verbal de algunos funcionarios de Salud del municipio de que no será nuevamente afectada. Un compromiso en el que, naturalmente, Onelia no cree.

“¿Estás consciente de las reacciones que puedes recibir una vez que publique tu historia?” le pregunto a la profesora de postgrado de la Universidad Médica de Granma, y me responde: “soy consciente, pero ya me quedé sin opciones oficiales donde acudir. Por la sala de esta casa han pasado muchas autoridades, un vicepresidente del gobierno que se fijó en ‘lo buena que está para una fiesta’, representantes de Salud, la Vivienda, el gobierno provincial.

Hasta el Primer Secretario del PCC en Granma prometió se resolvería lo de la fosa, la tapa rota del tanque, la tupición del conducto de aguas pluviales y un bombillo que alumbre el interior del edificio para evitar que proliferen murciélagos que luego entran a mi casa. Pero no se ha resuelto nada”.

Durante las conclusiones de la primera visita a Manzanillo del presidente Miguel Díaz-Canel, una enfermera le planteó las condiciones precarias en las que se encontraba trabajando el colectivo del Policlínico No. 1, cuyo servicio de emergencias y algunas consultas fundamentales, radicaban en un cuchitril en pleno centro histórico del municipio.

El presidente se interesó e indicó resolver esa situación, por lo que las autoridades locales retomaron la aspiración de miles de manzanilleros de que se remodelara el edificio de la antigua clínica Piña. Sí, el colindante con Onelia, la profe de Marxismo de Ciencias Médicas; el que fue convertido en la sede del Poli 1; el que fuera chapuceramente reparado y modificado en 1985 y la década del 90, y nadie respondiera por ello; el que fuera cerrado a principios del siglo XXI y sirviera de hábitat a ratas, ratones y  los gatos que les cazan, y parejas de jóvenes enamorados sin posadas para tener relaciones sexuales.

A principios de 2019, un tuit del vicepresidente del Consejo de Estado, Roberto Morales Ojeda, ratificaba la decisión de rehabilitar el edificio referido durante el 2020. Hace un par de meses, llegaron los trabajadores de la construcción, levantaron una tapia alrededor e inutilizaron la mitad de las dos cuadras perpendiculares por las que se accede y… ¡nada más! La obra está detenida.

La alegría inicial de miles de manzanilleros ahora se convierte en la pregunta: “¿Cuándo estará?”, la misma que nos hacemos con el edificio del Palacio de Pioneros, cuya reapertura fue anunciada para el inicio de un curso escolar que ya está acabando, y ahora mismo está estancado.

Pero Onelia Méndez tiene otras preguntas, otras incertidumbres. Ya no sólo si le resarcirán los perjuicios y los daños que ya le han hecho sino, sobre todo, si el futuro no le deparará nuevas afectaciones, más estrés, más indignación ante la indefensión ciudadana por la desidia y el desamparo. Ya les contaré.