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En Tiempos de Blogosfera

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(Palabras de presentación a su libro En Tiempos de Blogosfera)

La Joven Cuba y yo

Conocí a los editores del blog La Joven Cuba —Osmany Sánchez, Roberto Peralo y Harold Cárdenas— mientras trabajaba en la Universidad de Matanzas. Desde el principio valoré su empeño y lo mucho que han debido perseverar para mantenerse a costa de prohibiciones y desconfianza, ataques y etiquetas. A Harold en particular me une una entrañable amistad, de las que resisten al tiempo, la distancia y todo tipo de pruebas.

Me mantuve, sin embargo, como una lectora no muy sistemática del blog y rechacé con amabilidad sus solicitudes iniciales de colaboración. Reconozco sinceramente que me parecía un poco presuntuoso el convencimiento de aquellos muchachos en que el mundo de los medios digitales era la vía para proponer una transformación de la sociedad y la política cubanas que la prensa nacional no personificaba.

Discrepé con Harold muchas veces y le advertía, casi sermoneando, que los medios que la gente consume masivamente son los que debían encabezar las transformaciones, que todos no pueden navegar por internet y que el tradicional periódico o los noticiarios televisivos tendrían que asumir una postura más crítica y activa, exigida incluso por la dirección del gobierno.

Casi una década ha transcurrido. El blog LJC cumplirá sus primeros diez años en el 2020. Yo también cumplí cada uno de ellos y he dejado atrás mi actitud de antaño. En la actualidad estoy convencida de que por diversas vías se incrementa el número de cubanos que accede a internet: en sus lugares de trabajo, pagando las elevadas tarifas de conexión tanto en las zonas wifi como en los datos móviles, mediante los paquetes semanales, viajando a otros países, o con la solidaria costumbre de reenviar a través de cuentas y redes de amigos los artículos y noticias que consideran significativos.

Igualmente he renunciado a la esperanza de un cambio inmediato en nuestros medios de prensa, que parecen vivir en un aislamiento casi absoluto respecto a la realidad. Constaté también que saludables costumbres como la polémica, la contrastación de ideas y el debate de opiniones, desconocidos en la sociedad y en la mayoría de los medios nacionales, son normales en la blogosfera.

No necesitaba más para decir: sí, acepto; la próxima ocasión en que mi joven amigo me pidió un trabajo para su blog. Ahora me identifico con orgullo como una colaboradora habitual de LJC, que ya sobrepasa los cinco millones de visitantes. Cada semana hago un ejercicio de catarsis cívica y, sin pretender imponer mis criterios a nadie —eso no funciona así en la red de redes, con sus foros abiertos—, pago a mi conciencia una cuota de responsabilidad.

Antonio Gramsci, un marxista italiano que durante años fue invisibilizado en Cuba por la manualística soviética, recomendaba: «es mejor elaborar la propia concepción del mundo de manera consciente y crítica y, por lo mismo, en vinculación con semejante trabajo intelectual, escoger la propia esfera de actividad, participar activamente en la elaboración de la historia del mundo, ser el guía de sí mismo y no aceptar del exterior, pasiva y supinamente, la huella que se imprime sobre la propia personalidad».

Eso he tratado de hacer desde que descubrí que es el único modo de destruir la cárcel en que podemos llegar a encerrar al pensamiento. Mis escritos para LJC son parte del proceso.

Este libro reúne una muestra de los trabajos que he publicado durante casi dos años. Son una especie de híbridos entre el ensayo breve y el artículo de opinión. No soy periodista sino historiadora. No he podido —ni querido—, evitar entonces que la historia sea, más o menos de forma explícita, una protagonista de mis reflexiones. Lo que escribo nace del conocimiento del pasado y de las aspiraciones y necesidades que tengo en el presente, quizás muchas de ellas compartidas con los lectores.

ALH Matanzas, julio del 2019

Aquí puede descargar el libro En Tiempos de Blogosfera

Juan Vilar entrevista a Max Lesnik (I)

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Foto: CubaSi

La Habana. Agosto Pandémico del 2020.

A Ricardo Figueredo: lo que se sabe, no se pregunta.

A diferencia de casi todo el universo conocido, en Cuba el deja vú no cumple su función de sorpresa o de recuerdo, porque el lento pasar de los días se repite intacto salvo la vejez que como ley natural y drama humano, tiene descrita su finitud de antesala de la muerte. Los cubanos, generalmente, morimos viviendo en circunstancias similares a las que nacemos: la misma casa, la misma escuela, las mismas ropas, los mismos recuerdos, los mismos parques, los mismos cines, la misma historia, los mismos Pablo y Silvio, los mismos líderes y el mismo porvenir… Quizás por eso aquella vieja entrevista que no publiqué podría salir cualquier miércoles o lunes o jueves del futuro.

Nuestra vida es como la rueda del molino de agua que carga la misma cantidad y la vierte en el mismo cauce. Solo el viento cambia de dirección mientras mueve las aspas que repiten velocidad y destino. Esa es mi impresión hoy 15 de agosto del 2020 mientras a mi madre la sacude otra isquemia transitoria. Nada nuevo ha ocurrido, al menos nada impredecible, después del 17 de diciembre del 2014 cuando el general de ejército Raúl Castro y el presidente Barack Obama entraron juntos de la boca en la historia de Cuba, queriendo resolver un conflicto al que Fidel no le puso mucho entusiasmo, a pesar de dedicarle casi todo su tiempo de vida. Tan solo un mes después del punto de giro del 17D el comandante publicó: “No confío en los Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra”.

Hasta el momento en que el general presidente -al decir del abad Eusebio Sieyès Leal- y el primer presidente negro en la historia de los Estados Unidos aparecieron simultáneamente en la televisión, los dos eran una anécdota en el tiempo, porque sé que la historia del mundo se circunscribe y acomoda a numerosas batallas recordadas para gloria de un solo nombre: Atila, Julio César, Luis XIV, Napoleón, Martí-Gómez-Maceo… Solo los estudiosos, los específicos, los memoriosos, recuerdan los nombres de aquellos que acompañaron la grandeza de unos pocos.

Los arqueólogos y los antropólogos estudian rigurosamente el pasado para comprender el futuro, mientras la filosofía y la historia documentan la relación entre los hechos y el presente. Es la zona lúdica de la experiencia humana en que se mueven la mayoría de los autores que solventan la vanidad: descubrir, alertar, escribir su nombre propio en letras doradas. Pero el reconocimiento llega tan pronto como el después intuido por el tango: “Que importará el después. Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud, que me ha dejado acobardado, como un pájaro sin luz.”

Primera parte: La Habana. Diciembre finales del siglo XX.

Lo vi atravesar el lobby del Hotel Nacional de Cuba acompañado por su hija y perderse en el elevador. Intenté abordarlo en la Catedral de La Habana pero el contexto no era favorable: demasiados moros en la costa. Recién visitó a Jimenito acompañado por Alfredo Guevara y Roberto Cavada. La visita me inquietó. ¿Por qué Alfredo lo acompañó a visitar a Jimenito: el gran perseguido? Que se hayan conocido en el pasado nunca es una buena razón; al menos, en política, suficiente razón. Un amigo común que siempre lo acompaña en sus vistas a Cuba le comentó mi interés por entrevistarlo a lo cual gentilmente accedió Max Lesnik.

“La revolución del 33 la capitaliza Grau San Martín, digamos que por temor reverencial de la nueva generación. Aquella generación no se sentía capaz de sustituir a los “Veteranos y Patriotas” y “Generales y Doctores”. Por suerte apareció Antonio Guiteras, motor de ese movimiento revolucionario antiimperialista”.

JP: ¿No fue una revolución liderada por los comunistas?

ML: Los comunistas no entendieron la situación del momento y se colocaron en posiciones extremas que le hicieron el juego a la embajada estadounidense, al incipiente movimiento fascistoide de los abecedarios (por sus siglas A.B.C.) y a la derecha que quería derrocar a Grau. Del 33 quedó una revolución frustrada y el surgimiento del Partido Revolucionario Cubano Auténtico; herencia del partido de Martí.

JP: ¿Por qué los comunistas pactan con Batista?

ML: Moscú dio la instrucción de que todos los partidos tenían que pactar con la realidad, y la realidad podía llamarse Batista en Cuba, como podría ser cualquier otra dictadura. No había alternativas; o aceptabas o te ibas. Y fíjate donde voy a llegar, los Auténticos se convierten en la izquierda política del país, y el Partido Comunista con contadas excepciones, se va aislando y amarrando a la situación electoral con Batista.

JP: ¿Qué representa el Partido Ortodoxo?

ML: La ortodoxia representa la rebeldía frente a la corrupción. Nosotros encarnamos la línea recta de la revolución que arranca de Varela, Martí, Mella, Guiteras, Grau es la frustración y Chibás recoge las banderas.

JP: ¿Por qué se suicida Chibás?

ML: Porque no tuvo la sanidad mental para plantear el debate con Aureliano en términos más pragmáticos. Chibás era un revolucionario populista; se acorraló en su propia palabra. Tenía cultura, conocía el marxismo y la dialéctica, pero no tenía el entrenamiento para dar un paso atrás. Si hubiera leído a Maquiavelo hubiera comprendido que El Príncipe no puede cumplir su palabra cuando lo que está en juego es su política. Pero quiso cumplir su palabra con unas pruebas que no tenía, y va al suicidio para probárselo al pueblo que lo había abandonado.

JP: ¿Pero su entierro fue multitudinario?

ML: Yo soy testigo de excepción. Estaba ese sábado montado en su cuña conversando con él, que me invitó a pelarme en una barbería que había en el Hotel Inglaterra. De la esquina una multitud le gritó burlándose: ¡Chibás saca la maleta! (en alusión a las pruebas). Le vi el rostro constreñido; la vergüenza. Lo mató la vergüenza y se suicidó.

JP: Algunos piensan que el suicidio es un acto de cobardía.

ML: Yo respeto ese criterio, pero conozco muchos buenos revolucionarios que se han suicidado por la vergüenza o por la vida. Y en la propia revolución cubana los hay.

JP: ¿Quiénes componían la ortodoxia?

ML: Lo mejor de esa generación que se llamó del Centenario. Gente joven que quería estar en contacto con las masas para influir de verdad en ellas. Y si tú te lees el documento que hizo la Juventud Ortodoxa en 1948 -donde yo soy uno de sus exponentes- afincando el pensamiento político e ideológico de la juventud cubana, te vas a encontrar que ahí proclamamos primero que somos socialistas, segundo, se esbozan planteamientos radicales para cualquier país de América Latina en la actualidad.

JP: ¿Por ejemplo?

ML: Los sistemas de salud, educación y deportes que existen están planteados en ese documento por nosotros con las limitaciones de la época. El concepto de las nacionalizaciones de las industrias básicas empezando por la azucarera. La nacionalización de las compañías extranjeras de petróleo. La reforma agraria para repartir las tierras a los campesinos a través de cooperativas. El enfrentamiento a la política norteamericana de mantener el control de la economía y la política del país. También dijimos que el enfrentamiento con los comunistas no era por razones de ideología, porque hicimos un análisis marxista de la situación, sino porque el P.S.P, que debía ser una fuerza motor del proceso, estaba aliado a otro bando.

JP: ¿Cuál era la estrategia inmediata de ustedes como fuerza revolucionaria para llevar a cabo ese programa?

ML: Influir en el proceso cubano y en las dos generaciones. Lo que estaba planteado en el país era corrupción o no corrupción y pensábamos que lo lógico era liquidar la corrupción para llegar a las reformas sociales en el futuro.

JP: ¿Por qué no darle prioridad a las reformas sociales?

ML: Porque plantear las reformas sociales como si fueran lo fundamental convertía nuestro programa en más radical que el que tenían los comunistas.

JP: Eso no me parece mal.

ML: Es que también eran un partido browderista. Ellos decían que el socialismo en Cuba era consecuencia del socialismo en Estados Unidos; nosotros no. Ah, tú estás esperando a que Lenin tome el poder en la General Motors. No por casualidad la mayoría de los que hoy están en la disidencia, eran comunistas. Se acabó Moscú, entonces vamos a mirar para Washington. Todos estaban al servicio de la política de los norteamericanos, empezando por el viejo Blas Roca.

JP: No te simpatizan mucho los comunistas.

ML: Cada vez que veo un radical, pero que al final no hace otra cosa que esperar que otros hagan lo que a él le corresponde, me surgen graves sospechas.

JP: Sin embargo, ustedes aceptaron abundantes contribuciones de gente que no era muy católica que digamos.

ML: De gente muy rica y poderosa asqueada de la corrupción. Gente conservadora como Fico Fernández Casas; también contribuyente del 26 de Julio. No estoy hablando de gente que cuando sonó la palabra revolución se mandó a correr, no. Se mandó a correr cuando las contradicciones lo llevaron a perder sus intereses.

JP: La muerte de Chibás deja un vacío…

ML: …que se llena con una candidatura electoral creada por un golpe de mano de factores del partido que se aprovechan de las circunstancias, y escogen a Agramonte, un profesor honorable candidato a vicepresidente, pero sin condiciones políticas para dirigir el partido.

JP: Muchas son las opiniones que rodean el 10 de marzo de 1952. ¿A tú juicio, por qué se produce el golpe?

ML: Fundamentalmente por dos cosas: Grau no tiene prestigio y Chibás está muerto. Si Grau llega a tener prestigio no hay golpe de estado. Y si Chibás está vivo tampoco. No porque Chibás vaya a Columbia a disputarle el poder a Batista, sino porque a Batista no se le ocurre darlo.

JP: ¿Ustedes tenían alguna relación con el ejército?

ML: En 1950 nos reunimos en el Hotel Nacional, Ugalde Carrillo, Chibás y yo. Hablaron aparte, pero después Chibás me contó que Carrillo vino a ofrecerle un golpe de estado. Chibás le contestó -después lo dijo por radio sin mencionar el nombre- que lo único que quería era que la unidad de jóvenes del ejército que estaba descontenta por la corrupción, le garantizara las elecciones libres. Salvó al corrupto Prío para sostener la institucionalidad.

JP: ¿Después del golpe de estado, cuál es el panorama político que se observa?

ML: Comienzan las inquietudes estudiantiles y juveniles pero no hay partidos políticos, porque los tradicionales -conservador y liberal- se fueron con Batista. Los auténticos, encabezados por Prío -que tenía dinero- y Aureliano, en desbandada; la ortodoxia sin lideratura, pero con muchas masas.

JP: ¿Y el P.S.P (comunista)?

ML: Buscando dialécticamente donde ubicarse. Batista no los puede llamar de nuevo porque los americanos le dicen que no, pero ellos tampoco adoptan una línea de confrontación porque entienden creo, y no les faltaba razón, que la represión más violenta iba a ser contra ellos. Se mantienen en oposición pero cuidando que sus cuadros no los vayan a matar Ventura o Carratalá, porque les costó mucho trabajo formarlos.

JP: ¿Por qué dices que ustedes no tienen líder?

ML: Recuerdo la frase que me dijo Agramonte el día del golpe cuando va a tocarme la puerta: ¡Todo el mundo boca abajo! Era realmente eso, porque hay un golpe de estado. ¡Pero esa no es la respuesta de un líder!

JP: ¿El poco liderazgo de Agramonte influye en las filas ortodoxas?

ML: Divide el partido entre agramontistas y millistas, que es la corriente frustrada, porque es a Millo Ochoa al que le correspondía ser el candidato presidencial. Los agramontistas se abroquelan en la independencia política de no pactar con nadie, lo cual les permitía mantener la supuesta pureza del partido. Los millistas, que es la corriente a la que pertenezco yo, viendo que teníamos la mayoría del pueblo de Cuba y no contábamos con recursos pactamos con los Auténticos, lo que se conoce como el Pacto de Montreal.

JP: ¿Pero los Auténticos son los corruptos?

ML: Se supone que es el esfuerzo conjunto de dos partidos que en un momento dado tuvieron una misma ideología, ahora separados por la corrupción. Como no están en el poder dejan las diferencias para después e intentan reconquistar el sistema democrático. Dentro de esas fuerzas estaba Fidel, que era de Millo, aunque ellos dos no tenían buenas relaciones.

JP: Algo que siempre me gusta hacer en Miami es tomar café en el Versalles, digamos que a las siete de la mañana. La inmensa mayoría de las personas de más de sesenta años con que converso dicen haber conocido a Fidel en su época de agitador. ¿Era realmente popular antes del Moncada?

ML: En la universidad si. Era conocido por los elementos más jóvenes y bien conocido en La Habana, porque no te olvides que Fidel aspiró a Representante de esa provincia por el Partido Ortodoxo. Además, tenía una hora de radio…

JP: La Hora de Pardo Llada.

ML: No, no. Pardo Llada tenía un noticiero muy popular que servía de caja de resonancia de la gente más inquieta de la izquierda, incluyendo a los comunistas. Pardo era el vocero y Fidel lo utiliza.

JP: Entonces su popularidad antes del Moncada es parte del mito.

ML: Bueno, dentro de las filas del partido si era muy conocido; logró una militancia fidelista. Era el más caracterizado acusador, aunque no era radical. Es más, los elementos de la juventud ortodoxa ideológicamente se expresaban de una forma más radical. Como aspiraba a Representante tenía el cuidado de no colocarse en una posición extremista, porque ni contribuía con eso a su éxito, ni al del Partido; y tampoco podía hacer mucho por esas ideas.

JP: Fue una buena estrategia de su parte. ¿El Moncada?

ML: A partir del asalto al Moncada evidentemente se concreta una nueva lideratura generacional que no tiene lo que llamaríamos el temor reverencial de la del 33, y pudo establecer la conciencia de que podían.

JP: De alguna manera desestimas a la generación anterior.

ML: La generación nuestra es distinta. Cuando entregamos parte del poder público a gente mayor no es porque nos consideramos incapaces, sino porque hace falta enmascarar la juventud de nuestro movimiento para que nos crean. Tan es así, que siendo Fidel el líder indiscutido de todo el movimiento revolucionario -desde el punto de vista generacional-, el frente político no se consolida hasta que suben a la Sierra Raúl Chibás y Felipe Pazos.

JP: ¿Y Urrutia?

ML: ¿Qué es Urrutia? Un Grau San Martín sin talento. Grau se pudo robar el movimiento cuando los estudiantes le entregan el poder porque sabía más que los estudiantes. Pero cuando Fidel le entrega la presidencia a Urrutia, Fidel sabía más que Urrutia. Esa es la realidad.

JP: ¿Cómo recibe el movimiento revolucionario el asalto al Moncada?

ML: El grupo ortodoxo de Agramonte ve una complicación en un hecho que provocó, digamos, temor justificado, pero temor. El grupo de Millo lo vio bajo la misma óptica que los comunistas: como una aventura. Porque todas las aventuras que no tienen éxito son aventuras. Los ortodoxos de Millo sienten que Fidel se adelantó al Pacto de Montreal; la revolución, el golpe que nunca llegaba.

JP: ¿Cuál es la reacción inmediata de Batista?

ML: Cogió preso a auténticos, ortodoxos y comunistas. Ahí entonces se refleja abiertamente por parte de los pesepianos una actitud de crítica, como que era un golpe puchista.

JP: Tengo entendido que Carlos Rafael condena el hecho durante el juicio a los comunistas.

ML: No conozco ese hecho, pero si leí lo que publicó La Carta Semanal. Hay un grupo de comunistas que no aceptan esa línea como César Vilar y Alfredo Guevara, que se va para México. Es el tránsito hacia una posición más revolucionaria.

JP: Franqui también.

ML: Lo de Franqui fue anterior. Carlos Franqui se va del partido porque no le dan la dirección del periódico Hoy; no se va por contradicciones ideológicas. Y después, resentido con los comunistas, adopta una posición antibatistiana y llega a ser un personaje dentro del 26 de Julio. Ahora, Guevara y ese grupo de gente se van con Fidel porque lo conocen de la universidad. Ellos no van al vacío.

JP: ¿Y los Auténticos?

ML: Por supuesto que se desentienden. Fidel los ha fustigado duro.

JP: El Moncada pone sobre la mesa la lucha armada. ¿Qué hacen ustedes?

ML: Estábamos a favor de la lucha armada por la vía clásica de derrocar al gobierno con apoyo del ejército. Eso es lo que se enseñaba en todas las escuelas revolucionarias.

JP: Entonces Fidel no asistió a la misma escuela que ustedes.

ML: Tampoco quiere decir que estuviera contra el ejército totalmente, pero si como institución. Fíjate la diferencia. Fidel dice: si hay buenos en el ejército que vengan al lado revolucionario y que se acabe la institución, que es la que está atada a históricos convenios con los Estados Unidos.

JP: ¿Cómo eran tus relaciones con los estudiantes?

ML: Cuando ocurre el asalto al Palacio Presidencial yo estaba en la dirección de la Juventud Ortodoxa, muy vinculado a la Universidad que era el centro -otra laguna de la historia-, y no participo porque factores dentro de la F.E.U. se oponen diciendo que el ala política de la ortodoxia era de los Auténticos. No obstante, mantengo el vínculo con los estudiantes. Conservo en Miami una carta de Carbó Serviá antes que lo mataran en Humboldt 7, dándome las gracias por las colaboraciones que yo le había hecho, y dice además, que otros lo han abandonado refiriéndose a Carlos Prío.

JP: ¿A través de los estudiantes te alzas en el Escambray?

ML: No, a través de elementos ortodoxos que ya estaban en el Escambray, como Sargén; no el que está en Miami, que es un farsante, sino el hermano que ya murió. En La Habana la cosa se había puesto muy difícil; la represión era violenta y yo estaba bastante huérfano de relaciones revolucionarias.

JP: ¿Todos los alzados eran ortodoxos?

ML: Éramos un frente popular donde también habían del 26 de Julio y elementos estudiantiles. Cada cuál llevaba su brazalete. Comunistas no habían.

JP: Se ha dicho que ustedes nunca combatieron.

ML: Lo que no había era lucha ideológica interna, cada cual tenía su pensamiento. Un frente común era luchar contra el ejército de Batista en las Villas, pero no había luchas internas. Eso comienza a tomar más fuerza ideológica cuando llega el Che.

JP: ¿El enfrentamiento con el Che los convierte en una fuerza estigmatizada dentro del movimiento revolucionario?

ML: En política siempre las cuestiones personales gravitan mucho y luego se revisten de diferencias ideológicas. El Che que llega al Escambray viene con la instrucción de la Sierra Maestra de unir a todos los elementos bajo un mando, pero eso ya existía allí; era Menoyo, con una escisión del Directorio que no lo aceptaba. Mira, en lógica política el entendimiento del Che debió ser con Menoyo.

JP: ¿Pero es el Directorio el que pacta con el Che?

ML: Lo que pasa es que es muy difícil poner las cosas en su lugar hoy día. Pero el Che llega al Escambray sin conocer Cuba, sin conocer a los cubanos. Y si tú llegas a un país extranjero y tienes un amigo que te dice las cosas, tú le crees. El Che llega con una visión educada, con cierta preparación política, y la opinión de los pesepianos que se le han sumado en el camino.

JP: Además tropieza conque entre ustedes no hay comunistas.

ML: La estrategia comunista no era alzarse, y nosotros no íbamos a decir: Blas Roca, ven para que te alces con nosotros.

JP: ¿Por qué piensas que lo lógico debió ser un pacto entre Menoyo y el Che?

ML: Porque el Directorio le disputaba al 26 de Julio la hegemonía de la revolución. El asalto a Palacio es un golpe de los auténticos para impedir que la Sierra Maestra y la insurrección generacional, controlen el proceso revolucionario.

JP: Esas son conjeturas sectarias.

ML: Fíjate que cuando el Che viene para La Habana, la instrucción que le da Fidel, y eso estará en algún libro por ahí, es que no venga con el Directorio. ¿Después del triunfo con quién fue la bronca, con nosotros o con el Directorio? ¿Por qué el Directorio toma Palacio? ¿Por qué toman la Universidad? ¿Por qué se llevan las armas de San Ambrosio? ¿Para qué?

JP: ¿Y ustedes qué hicieron?

ML: Sabíamos que habían problemas, pero no tomamos ninguna posición militar porque ya Fidel había ganado y no queríamos confrontación. Lo hubiéramos hecho primero que nadie, porque la primera tropa que llegó a La Habana fue la de Menoyo; fuimos nosotros. Eso está en la historia. El que mandó a acuartelar a la policía de Batista fui yo, que llamé al jefe y le dije: Guárdenme las perseguidoras porque las vamos a tirotear.

JP: Sobre ustedes pesan acusaciones de asesinatos en el Escambray.

ML: Anoche estábamos hablando con Manuel Piñeiro sobre el tema de Carreras y los asesinatos. Las seis personas que mató están bien muertas pero mal matados, porque Carreras en vez de establecer un juicio formal, él mismo ajusticiaba a los que había que matar. Ahora, ningún tribunal revolucionario hubiera absuelto a ninguna de las personas que él mató.

JP: También tiene un enfrentamiento personal con el Che.

ML: Carreras estaba molesto con el manifiesto de la Sierra para que todos los soldados del 26 se incorporaran al Che. Carreras tomaba. Tienen una discusión que agrió las relaciones con toda nuestra organización, hecho que fue aprovechado por algunos elementos.

JP: ¿Cómo ves las cosas desde hoy?

ML: El Che las tuvo que haber visto de otra manera; es permitido. Pero Menoyo también. El Che no era un político y Menoyo dejaba pasar las cosas; no tenía lideratura política, no tenía estatura para ver las consecuencias de ese enfrentamiento.

JP: La cuestión no es quién tiene la razón. La cuestión es el respaldo popular.

ML: Lo mejor es tener la razón y la fuerza, pero si tienes la razón y no tienes los medios para imponerla, o para convencer a la mayoría de que tú tienes la razón, de que vale.

JP: Han pasado cuarenta años. ¿Qué piensa Max Lesnik?

ML: Si tú analizas mi pensamiento político a la luz de lo que yo te he contado, la revolución que yo soñaba era una revolución sin Washington y sin Moscú. En la línea martiana, mellista…

JP: ¿Te refieres a Julio Antonio Mella, que era comunista?

ML: No es verdad. Mella era ideológicamente comunista, pero tan cubano como la Palma. Si esa hubiera sido la línea de la revolución en el 59 los americanos nos hubieran arrasado. Ninguna, ninguna revolución hubieran permitido. Ni la más pequeña; y menos comunista.

JP: ¿De qué se dio cuenta Fidel que ustedes no?

ML: Que al igual que en la guerra, el enemigo le da cierto margen al adversario para que se mueva a posiciones negociables.

JP: ¿Pero muchos lo siguieron desde entonces?

ML: El problema es que yo no sé si lo entendieron. No es lo mismo entender a Fidel que seguirlo y decir: él sabe lo que hace. Porque no creo en Mandrake. Prefiero cuarenta años después reconocer que no tenía la razón, a haber adoptado sin creer toda una doctrina filosófico-religiosa.

JP: ¿Religiosa?

ML: ¿A quién tú crees que respeta más Dios, al que dice que no cree, porque no cree, o al que dice creer y no cree? Ahí es donde está la clave de la cuestión: si yo no creo, no te sigo.

JP: Para finalizar, ¿Fidel y usted no fueron enemigos?

ML: No, nunca; en lo personal siempre fuimos amigos. Siempre hubo una buena relación.

(La segunda parte de esta entrevista será publicada el jueves 20 de Agosto)

La Ofensiva Revolucionaria

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Foto: Peter Stackpole

“(…) hay que decir que no tendrán porvenir en este país ni el comercio ni el trabajo por cuenta propia ni la industria privada ni nada. Porque el que trabaja por cuenta propia que pague entonces el hospital, la escuela, lo pague todo, ¡y lo pague bien caro! (…)” Estas palabras fueron dichas por Fidel en el discurso pronunciado el 13 de Marzo de 1968 en la escalinata de la Universidad de La Habana, en un acto conmemorativo del asalto al Palacio Presidencial. Las repercusiones que tuvo el discurso son bien conocidas: anunció el inicio de lo que hoy se conoce como La Ofensiva Revolucionaria de 1968.

El objetivo fundamental de esa campaña fue acabar, de una vez y por todas, con los vestigios de la época pre-revolucionaria, lo cual era fundamental para la construcción de una sociedad nueva y la forja de El Hombre Nuevo, que no era más que el concepto del revolucionario austero y virtuoso, dispuesto a cualquier sacrificio y alejado de todo tipo de ambición material.

Debo confesar que este hecho me era por completo ajeno, pues nací mucho después, y además no es algo de lo que se hable con frecuencia. Ni siquiera lo enseñan en la escuela, y nunca he oído que celebren el aniversario de aquel discurso, que tuvo consecuencias directas en la vida cotidiana de los cubanos. Me parece sospechoso dado su significado y connotación, siendo nosotros tan dados a enaltecer los grandes hechos históricos, que aquello se haya mandado al país del olvido. Y al parecer sin pasaje de vuelta.

El gobierno revolucionario ya había nacionalizado las grandes empresas y compañías a inicios de la década de los sesenta. La socialización de los grandes medios de producción era un paso indispensable en la conformación de una sociedad socialista. Sin embargo, la expropiación de pequeñas y medianas empresas y de cualquier tipo de negocio privado era un paso radical que iba más allá. Muchos no entendieron de qué manera incidía la expropiación de un puesto de pan con croqueta en la construcción del socialismo, pero como dije más arriba se pretendía la destrucción total del viejo paradigma social. Sobre las ruinas de la anterior se erigiría una sociedad nueva, formada por seres humanos incorruptibles, monásticos y virtuosos, y, por encima de todo, revolucionarios y sacrificados, dispuestos a inmolarse por la patria nueva.

Y es verdad, era un ideal digno por el cual luchar, porque en eso consiste la belleza de los ideales, sirven de faro y guía para ser mejores, pero ese deseo no puede ser impuesto, ni ir en contra de las lógicas más elementales. Fueron expropiados comercios de víveres, carnicerías, bares, establecimientos de comida, a saber, restaurantes, cafeterías, etc. También lavanderías, barberías, zapaterías, talleres de mecánica automotriz, talleres de artesanía, carpinterías y todo aquello que representara un atisbo de independencia económica y autosuficiencia. Por supuesto, aquello no tenía cabida en la nueva sociedad socialista, ya que, en esa sociedad, sería el estado el garante absoluto de la satisfacción de las necesidades del pueblo, de todas las necesidades del pueblo.

Definitivamente, la belleza de los ideales es tentadora. ¿Qué razones se esgrimieron para este golpe definitivo al emprendimiento individual? Según el discurso al que ya hice referencia, se habla en primer lugar de las ganancias que dejaban estos negocios. Otro argumento es la actitud revolucionaria y moralidad de sus dueños y de la clientela. También se refiere a la legalidad, tanto en los documentos como en las fuentes de suministros. Se expresa dudas sobre las condiciones higiénicas e incluso se cuestiona que la mayoría de estos establecimientos no prestaban ningún servicio social a la comunidad. Pero si la venta de alimentos al por menor no es un servicio social a la comunidad, entonces no entiendo el concepto.

Es curioso cómo en dicho discurso se arremete contra los bares. Por las expresiones usadas puede inferirse que estos eran vistos como focos conspirativos, donde la degradación de la moral revolucionaria era demasiado grande como para no tenerla en cuenta. Y yo me pregunto: ¿no hubiera sido más beneficioso si en lugar de suprimir el sector privado se hubiera llevado a cabo un reordenamiento de este en función de una relación armónica y complementaria con la empresa estatal? Ah, sí, es lo que van a hacer ahora…cincuenta y dos años después.

¿Acaso no había nadie que alertara de las consecuencias que esta Ofensiva podía traer, y que de hecho aún sufrimos hasta el día de hoy? Hay muchos otros elementos relacionados con la ofensiva que no menciono aquí porque no haría sino repetir lo que ya está dicho de manera detallada, con abundante información en varios medios digitales. No obstante sí quiero hacer referencia a uno del que no se habla mucho, y que es para mí el más importante: el ser humano.

Muchas de estas pequeñas y medianas empresas, o negocios privados, como quieran llamarle, que fueron confiscadas en la Ofensiva Revolucionaria de 1968, formaban parte del patrimonio familiar de muchos cubanos que, por generaciones y con gran esfuerzo, sacaron adelante para garantizar a sí mismos y a sus descendientes una vida mejor. El despojo de los bienes que  con tanto sacrificio adquirieron, tuvo costos humanos irreversibles. Familias enteras quedaron en la ruina, algunos enloquecieron, otros buscaron la salida en el suicidio, otros emigraron, y muchos vivieron el resto de su vida desahuciados.

La alta dirigencia revolucionaria haría bien en pedir disculpas, porque, además de ser políticamente correcto, sería un alivio a tantos rencores y amarguras contra la Revolución, que al día de hoy son heridas aún sin cerrar, y que tuvieron su origen en aquellos días de 1968, cuando creíamos que los ideales se cosían a mano y que teníamos el paraíso a la vuelta de la esquina.

El país de falda corta

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falda
Foto: EFE/ Yander Zamora

Cuba es un país machista. No importa que tengamos trescientas, quinientas, mil mujeres en cargos de poder. Mientras sigamos discriminando por la identidad sexual, achacando el trabajo doméstico al sexo femenino y los congresos de la FMC hablen de producción agrícola y bloqueo pero no de asuntos que afectan particularmente a las mujeres, seguiremos siendo una nación donde el discurso y el enfoque de género caminan en pañales.

Cada vez somos más l@s cuban@s que nos acercamos al feminismo y al género desde una perspectiva crítica, por eso no son de extrañar las frecuentes polémicas ante manifestaciones que resultan misóginas. No nos engañemos, el machismo, como el dinosaurio de Monterroso, estaba ahí, no es nuevo, no llegó con las redes sociales, solo que no reparábamos en él. Ha pasado de una generación a otra, junto con la receta del lechón asado y la yuca con mojo. Lo hemos masticado, tragado y hasta saboreado.

El machismo en la isla es esencialmente cultural.

A mi entender ese es el más peligroso, porque la cultura es parte intrínseca de las personas, y las personas habitan las calles, las casas o la alta dirección de un país. Y aunque es cierto que tenemos políticas públicas progresistas en este sentido, la visión triunfalista nos hace aceptar, normalizar y hasta banalizar expresiones de maltrato.

El aborto, que en Cuba es legal desde 1965, se sigue viendo como “un pecado”, una opción vergonzosa de la cual nadie a nuestro alrededor se debe enterar. Las parejas gays, lésbicas, o las madres solteras, aun no pueden acceder a tratamientos de reproducción asistida, adopción, casarse o heredar bienes del otro en caso de muerte. La inserción de personas trans en espacios laborales, las operaciones de reasignación de sexo y el otorgamiento de una nueva identidad, llevan un andar demasiado lento. Y las leyes contra la violencia de género han quedado a la espera, mientras el acoso y los abusos se hacen cada vez más comunes. ¿No son estos, temas de los que aún deberíamos ocuparnos?

Creer que se ha logrado la igualdad entre mujeres y hombres, que se ha erradicado el racismo o que las personas homosexuales o trans tienen sus derechos garantizados, no es más que abono para la violencia. Con frecuencia vemos chistes y comentarios de mal gusto sobre personas obesas, negras, discapacitadas, homosexuales, con identidades diversas, sobre el acoso, el abuso sexual y l@s que no cumplen con los roles tradicionales de cada sexo.  Con el pretexto de que “vivimos en igualdad” asumimos como bromas o casos aislados algo que no tiene otro nombre que discriminación. Y algunos entienden como “libertad de expresión” la posibilidad de segregar a otros.

El ámbito político no escapa a esta realidad. A pesar de ser un gobierno de izquierda, se pueden apreciar posturas bastante conservadoras que alimentan la  falta de sensibilidad respecto a estos temas. Nuestro gobierno, que no aplica la pena de muerte y supuestamente protege a los ciudadanos homosexuales, bi o trans, se ha abstenido en reiteradas ocasiones ante propuestas de la ONU para la eliminación de la pena de muerte por orientación sexual. Y más recientemente ha aprobado una constitución que incluye al matrimonio igualitario, pero exige una votación popular que respalde dicha ley, como si fuéramos un país que somete todas las decisiones a consulta ciudadana.

Los derechos humanos no requieren plebiscito.

El parlamento, por otra parte, a pesar de tener una composición mayoritariamente femenina, no había aprobado antes de la reciente constitución, una ley que tuviera relación directa con las mujeres, desde las debatidas en el Código de Familia de 1975. Y no da muestras tampoco de que este porciento mayoritario en la representación del país, implique el tratamiento más recurrente de los temas que nos afectan.

Productos comunicativos que refuerzan cánones patriarcales, el hecho de que en pleno 2020 censuremos besos gays y “voces platinadas”, así como la falta de campañas de bien público con perspectiva antirracista y de género, solo nos dan la medida del largo trecho que debemos recorrer.

Trabajar, respetar y educar, son las claves fundamentales para lograr equidad. Necesitamos más sensibilidad y menos alarde de triunfos incompletos. Defender a los más vulnerables un día, y al siguiente abandonarlos a su suerte, no nos hace mejores, solo nos convierte, -como se diría en términos machistas- en una sociedad de moral distraída, de doble cara, de falda corta. Ese no es el país que merecemos.

Fidel and the problem of subjectivity

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subjectivity

‘Hail, Cesar, those who are about to die salute you.’ The loudspeakers multiplied Fidel’s voice along the city streets. It was a popular march, and my generation, those born in the 1990s, paraded together with the other generations of Cubans. We raised our little Cuban flags and repeated the slogans. For us, that march, like the Battle of Ideas, was a way to get a small taste of the revolutionary epic we hadn’t lived through. It was those marches that taught us who Fidel Castro was.

Years later, when I studied Philosophy and learned the Marxist way of understanding the subject category, I reached an immediate conclusion: in Cuba the subject was Fidel. Among the Cuban people, he was the only vortex from which reality was produced. Despite the passing of years, of decades, Fidel remained an unstoppable will. However, the fact that only he was the subject for so many decades has profound implications. How did that affect us Cubans? Was it positive or negative?

In Cuba the subject was Fidel.

The existence and transcendence of the Fidel Castro phenomenon cannot be explained from structuralist neo-Spinozism, which only knows subjects as subjected subjects. No structure was able to subject Fidel; on the contrary, structures collapsed in his path. In order to theoretically approach him, Ernest Bloch’s theory on utopias may be much more useful. According to the German philosopher, there’s always subjectivity where there’s a utopia, where there’s a project, where there’s a foreshadowing of a better future. There’s no need to say that the Comandante perfectly fits this definition: he was always looking ahead, speaking of things we were unable to imagine, on the verge of delirium and prophecy.

The greatest controversy to have existed within Cuban socialism has been the alternative between voluntarism and objectivism. That was the center of the dispute between Che Guevara and Carlos Rafael Rodríguez in the 1960s. How can one get a country’s economy off the ground? Is it done through willpower or by following the course of the objective laws of history? The sugar harvest of 1970 – the peak of voluntarism – failed, and Fidel had to come to the fore and assume responsibility. From that moment on, in a formal manner, the thesis that privileged historical objectivism triumphed. Cuba changed into the lane of the Soviet model.

However, the mere presence of Fidel at the helm of the Cuban revolution meant that objectivism was never able to consolidate its victory. At any time, the Commander in Chief could come up with a new mission, with some crazy dream able to mobilize the masses. The subject character of that man was manifested I such a titanic way that no structure managed to function or gain strength.

It is now possible to say, with hindsight, that a significant part of Fidel’s utopias went unfulfilled. My generation got to see the failures of the Battle of Ideas, the fiasco that social workers turned out to be, the formalism of the oaths of Baraguá, etc. Just walking in the streets of Havana is enough to see how far we are from being a perfect society. And yet, Elián came back home. The Five Heroes returned. Cuba now has a pharmaceutical industry that was born from a dream of the Comandante.

It’s not easy to give a verdict on Fidel and on the quality of his utopias.

Bloch made a distinction between concrete and abstract utopias. Those whose possibility has an ontological basis on the structures of reality are concrete; those which lack such basis are abstract. Today we could say that some of Fidel’s utopias were concrete and others were abstract; however, by making that distinction with hindsight, our theory would be playing the role of Minerva’s owl, which only flies at sunset. It’s really about constructing a theory that can play the role of the red rooster at dawn, and for that, we could study more thoroughly the thought of the tireless prophet the Commander in Chief was.

What we can assert at present is that, due to the existence of Fidel, the role and functioning of structures in Cuba has been considerably eroded. What’s universally proclaimed today isn’t true: that human structures can function mechanically, and that from that mechanism human happiness may arise. No human social structure may exist if it’s not sustained as a project. The healthiest capitalist societies are those which manage to maintain their aura of collective projects. However, we Cubans have had an excess of subjectivity, at a time when the world works with structures that are increasingly complex and objectified. Cubans have probably witnessed one of the greatest irruptions of subjectivity in recent history.

Now that this storm has passed, we have to organize our life somehow.

The fact that Fidel has been the subject for so long also implies that we, the rest of Cubans, have not. More precisely, we may say that the Cuban people were amalgamated with the revolution into a collective subject, a subjectivity of millions of people which condensed around a single man. In the same way that the individual identity of a human being is constructed around a trauma, the identity of the collective subject that is the Cuban people was constructed around the trauma that was the triumph of the revolution on January 1, 1959.

It was as if a man who has long waited for love were suddenly surprised by the woman of his dreams, and she planted a warm, sweet, and long kiss on his lips. The Revolution fulfilled in one sweep the accumulated aspirations of a people; it was a kind of secularized redemption. And that redemption had a name: Fidel! Fidel! Fidel!

Che Guevara offered one of the best analogies to understand the relationship between Fidel and the people: two tuning forks vibrating in resonance. It’s about empathy, the basis for all collective subjectivity. However, that subjectivity wasn’t constructed horizontally, but rather almost entirely vertically; it was built on the model of paternalism. He became the Great Father for all Cubans. Paternalism will always be an ambiguous relationship because it implies authoritarianism, but it also implies love. Many of us didn’t want that father to let go of our hands.

For a long time, Fidel shone as a sun in the sky. His light overshadowed that of any other Cuban. It was a pride to have him among us, but it was also a heavy burden. He has now physically left us. He leaves us his legend and a strange slogan that goes like this: I am Fidel! We’re almost unable to walk without him, and now is the time to walk for those of us who are alive. That slogan should help us realize that we have to be the subject. We certainly need firmer and more efficient structures than the ones we have, but the paradox is that, in order to build them, we need to be subjects. The greatest and final service Fidel could offer us would be the one of dispersing into and be multiplied in all of us.

Translated from the original

Fidel y el problema de la subjetividad

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Tiempo después, cuando estudié filosofía, y aprendí de un modo marxista el significado de la categoría sujeto, llegué a una conclusión inmediata: en Cuba el sujeto era Fidel. Dentro del pueblo cubano, solo él era el vórtice a partir del cual se producía la realidad. A pesar del paso de los años, de las décadas, Fidel seguía siendo una voluntad indetenible. El hecho de que durante tantas décadas solo él haya sido el sujeto tiene, sin embargo, profundas implicaciones. ¿Cómo nos afectó a nosotros, los cubanos? ¿Fue algo positivo o negativo?

En Cuba el sujeto era Fidel.

La existencia y la trascendencia del fenómeno Fidel Castro no se pueden explicar a partir del neo-espinocismo estructuralista, que solo conoce a los sujetos en cuanto sujetos sujetados. Ninguna estructura fue capaz de sujetar a Fidel; por el contrario, las estructuras se quebraban ante su paso. Para acercarse teóricamente a su figura puede ser mucho más útil la teoría de Ernst Bloch sobre las utopías. Según el filósofo alemán, hay subjetividad siempre allí donde hay utopía, donde hay proyecto, donde hay prefiguración de un futuro mejor. No es necesario decir que el Comandante entra perfectamente en esta definición: él siempre estaba con la mirada puesta hacia delante, hablando cosas que nosotros no podíamos concebir, rozando el delirio y la profecía.

La mayor polémica que ha habido hacia el interior del socialismo cubano ha sido la de la alternativa entre voluntarismo y objetivismo. Ese fue el centro de la disputa entre el Che Guevara y Carlos Rafael Rodríguez en los sesenta. ¿Cómo se saca hacia adelante la economía de un país, a base de fuerza de voluntad o siguiendo el curso de las leyes objetivas de la historia? La zafra del setenta- momento cúspide del voluntarismo- fracasó, y Fidel tuvo que salir a la palestra pública a asumir la responsabilidad. A partir de ese momento, de un modo formal, triunfó la tesis que privilegiaba el objetivismo histórico. Cuba entró en el carril del modelo soviético.

Sin embargo, la mera presencia de Fidel en el timón de la revolución cubana hizo que el objetivismo nunca pudiera consolidar su victoria. En cualquier momento, el Comandante en Jefe podía aparecer con una nueva misión, con algún sueño loco capaz de movilizar a las masas. El carácter de sujeto de ese hombre se manifestaba de un modo tan titánico que ninguna estructura lograba funcionar ni consolidarse.

Ahora es posible, desde la distancia, decir que una buena parte de las utopías de Fidel se quedaron sin cumplir. A mi generación le tocó ver los fracasos de la Batalla de Ideas, el fiasco que fueron los trabajadores sociales, el formalismo de los juramentos de Baraguá, etc. Basta caminar por las calles de La Habana para ver lo lejos que estamos de ser una sociedad socialista perfecta. Y sin embargo, Elián regresó a su casa. Los Cinco Héroes volvieron. Cuba posee hoy una industria farmacéutica que nació de un sueño del Comandante.

No es fácil dar un veredicto sobre Fidel y la calidad de sus utopías.

Bloch hizo una distinción entre utopías concretas y abstractas. Concretas son aquellas cuya posibilidad tiene un fundamento ontológico en las estructuras de lo real; abstractas son aquellas que no cuentan con ese fundamento. Hoy podríamos decir que algunas de las utopías de Fidel fueron concretas y que otras fueron abstractas; sin embargo, al hacer esa separación a posteriori nuestra teoría estaría jugando el papel de la lechuza de Minerva, que solo levanta el vuelo al atardecer. De lo que se trata es de construir una teoría que pueda jugar el papel del gallo rojo del amanecer, y para eso podríamos estudiar más minuciosamente el pensamiento de ese profeta incansable que fue el Comandante en Jefe.

Lo que sí podemos afirmar en la actualidad es que, por razón de la existencia de Fidel, en Cuba se ha deteriorado mucho el papel y el funcionamiento de las estructuras. No es cierto lo que se proclama hoy a nivel universal: que las estructuras humanas pueden funcionar mecánicamente, y que de ese mecanismo puede surgir la felicidad humana. Ninguna estructura social humana puede existir si no es sostenida como un proyecto. Las sociedades capitalistas más saludables son aquellas que logran conservar su aura de proyecto colectivo. Sin embargo, nosotros los cubanos hemos tenido un exceso de subjetividad, en una época en que el mundo funciona a partir de estructuras cada vez más complejas y cosificadas. Probablemente los cubanos hemos sido testigos de una de las mayores irrupciones de la subjetividad en la historia reciente.

Ahora que este huracán pasó, tenemos que organizar nuestra vida de alguna forma.

El hecho de que Fidel haya sido el sujeto durante tanto tiempo implica también que nosotros, el resto de los cubanos, no lo hemos sido. Más precisamente, podemos decir que el pueblo cubano se construyó a partir de la revolución como un sujeto colectivo, una subjetividad de millones de personas que se condensó alrededor de un solo hombre. Tal y como la identidad individual de un ser humano se construye alrededor de un trauma, la identidad del sujeto colectivo llamado pueblo de Cuba se construyó a partir del trauma que fue el triunfo de la revolución, el 1ro de enero de 1959.

Fue como si a un hombre que durante mucho tiempo ha esperado el amor le sorprendiera de repente la mujer de sus sueños, y le estampara en la boca un beso caliente, dulce y prolongado. La Revolución cumplió de un tirón las aspiraciones acumuladas de un pueblo, fue una especie de redención secularizada. Y esa redención tenía un nombre: ¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel!

El Che dio una de las mejores imágenes para entender la relación entre el Fidel y el pueblo: dos diapasones que vibran en resonancia. Se trata de la empatía, la base para toda subjetividad colectiva. Sin embargo, esa subjetividad no se construyó de un modo horizontal, sino que se construyó de un modo casi del todo vertical, se construyó sobre el modelo del paternalismo. Él se convirtió en el Gran Padre para todos los cubanos. El paternalismo va a ser siempre una relación ambigua, porque implica autoritarismo, pero también implica amor. Muchos no queríamos que ese padre soltara nuestras manos.

Durante mucho tiempo, Fidel brilló como un sol en el firmamento. Su luz opacaba la de cualquier otro cubano. Fue un orgullo tenerlo entre nosotros, pero también una pesada carga. Ahora nos ha dejado físicamente. Nos deja su leyenda y una extraña consigna que reza así: ¡Yo soy Fidel! Casi no sabemos caminar sin él, y ahora es el momento de caminar para los que estamos vivos. Esa consigna debería servirnos para darnos cuenta de que tenemos que ser sujeto. Necesitamos, ciertamente, estructuras más firmes y eficientes que las que tenemos, pero la paradoja es que para construirlas tenemos que ser sujetos. El mayor y último servicio que Fidel podría ofrecernos sería el de repartirse y multiplicarse entre todos nosotros.

Publicado originalmente en Rebelión, 07/12/2017