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Un pedazo de nuestra alma

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(Foto: Néster Núñez)

Hace unos días, apenas se conoció el terrible suceso en el que diecisiete personas perdieron la vida en la Base de Super tanqueros, un reclamo de la ciudadanía matancera —y cubana, incluso allende a los mares—, se compartió y comentó decenas de veces en las redes sociales: erigir un monumento al valor de esos hombres que enfrentaron el incendio.

Propongo que, a los muchachos del servicio, y a los bomberos víctimas del incendio se les haga una tarja, u obelisco, con su nombre a la entrada de la zona industrial para el que todo el que lo desee les coloque flores. Mis condolencias a los familiares. He visto las fotos… eran niños.

Adrián Socorro (artista matancero), 9 de agosto

En la raíz de esa convocatoria espontánea estaban el sufrimiento, la admiración, la empatía hacia sus familiares; el agradecimiento. Sostenidas por esos mismos valores, más adelante nuevas voces se sumaron, pidiendo esta vez que el monumento a erigir fuera costeado por la ciudadanía, y que esta sea quien decida el diseño, seleccionado entre varias propuestas, así como su posible emplazamiento.

Sin querer ser demasiado riguroso con los datos y la historia, me atrevo a afirmar que una acción así no se lleva a cabo en la Isla desde hace décadas. En los tiempos de la República era común que benefactores e instancias de la sociedad civil financiaran proyectos, como bibliotecas públicas, casas de beneficencia, y otros relacionados con la salud y la cultura.

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José Tomás Ventusa, Benefactor de Matanzas (Foto: Néster Núñez)

Más relacionado con el tema, y como un simple ejemplo de lo que se pudiera hacer, en 1899, apenas concluida la Guerra de Independencia y aún bajo la ocupación norteamericana, el periódico literario y artístico El Fígaro, lanzaba una encuesta para conocer qué estatua debía ser alzada en el Parque Central de La Habana.

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Para dar transparencia al escrutinio, la redacción de El Fígaro seleccionó un jurado integrado por distinguidas personalidades, entre los que incluyeron a Enrique José Varona y Diego Vicente Tejera. Los resultados de la votación fueron publicados en las páginas del periódico una vez cerrada la convocatoria al certamen.

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(Foto: Néster Núñez)

En 1906, un año después de inaugurada la estatua de José Martí en el referido Parque, el ilustre Dr. Ramón Luis Miranda Torres, con el apoyo de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, encabezó también una suscripción popular para levantar un monumento al apóstol en el centro de su ciudad natal: Matanzas.

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(Foto: Néster Núñez)

Ramón Luis Miranda Torres y Gonzalo de Quesada y Aróstegui habían sido muy cercanos a Martí. El primero fue su médico, mientras que Gonzalo fue considerado su hijo espiritual, y nombrado por el propio Martí como albacea de sus documentos literarios. En 1906 el Dr. Miranda y el escultor italiano Salvatore Bueni firmaban el contrato que daría inicio a la obra.

En Cuba se creó una comisión organizadora presidida por el Dr. Miranda, en la cual estaban incluidos también el propio Gonzalo de Quesada, Carlos Trelles, Enrique Barnet y Luis Rodolfo Miranda La Rúa, comandante del Ejército Libertador.

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(Foto: Néster Núñez)

Según consta en la enciclopedia cubana Ecured: «la comisión (creada para tal efecto) logró la autorización para realizar una cuestación popular, la cual, a pesar de la penuria y miseria del pueblo yumurino, fue exitosa, contribuyendo sobre todo los escolares quienes gustosos entregaron las pocas monedas que poseían».

Más abajo, la enciclopedia cubana agrega: «El Dr. Miranda, considerando no era posible alcanzar la cifra necesaria, le escribía preocupado a su hija y le pedía de ser necesario pusiera lo que pudiera faltar de su peculio personal (el cual no era amplio) con tal de ver su sueño cumplido».

Finalmente, el 24 de febrero de 1909, se inauguró en el parque, frente al Ayuntamiento, el conjunto escultórico que todos conocemos, el más importante de toda la provincia y valioso símbolo a la cultura, el patriotismo y la libertad.

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(Foto: Néster Núñez)

Aparte de este majestuoso monumento, en la ciudad de Matanzas son escasas las esculturas, estatuas u obeliscos que glorifiquen la memoria de los que fallecieron luchando por una causa noble y de provecho público. El Panteón de los Caídos por la Defensa, donde ahora reposan los restos de los valerosos bomberos, es una estructura rectangular de escasa carga simbólica y emotiva. Muy poco, o nada, dice su diseño del sentimiento del pueblo matancero hacia los que ahí yacen.

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(Foto: Néster Núñez)

La iniciativa cívica de construir en Matanzas un conjunto escultórico acorde a la altura de los cubanos fallecidos en el incendio de la Base de Super Tanqueros se dibuja mayúscula, más si se pretende que realmente sea desde las bases y con las bases, el pueblo simple. Seleccionar un comité gestor, convocar a que los profesionales del ramo presenten sus proyectos, convocar sufragios para elegir una de las opciones, recaudar los fondos y/o materiales determinados, elegir a los ejecutores, velar por la correcta realización de la obra, por el uso pertinente de los recursos…

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(Foto: Néster Núñez)

La sociedad cubana actual necesita un reto como este. Primero, porque son absolutamente sinceras la gratitud y estima del pueblo hacia quienes actuaron como un muro de contención entre una ciudad de 140 mil habitantes y el mayor incendio que ha afectado a la Isla en su historia; como sincera y profunda es también es la consternación por las vidas perdidas.

Segundo, porque siendo un proyecto de carácter magnánimo, más que político, sentaría las bases de algo que necesitamos con urgencia: ejercitar la participación real, masiva y democrática, tan dañada en estos tiempos de crisis, creando para ello mecanismos nuevos, independientes y efectivos, que lleven a buen término lo planeado.

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(Foto: Néster Núñez)

Tercero, porque sería un proyecto popular que nos recordaría a nosotros mismos, cubanos de la segunda década del siglo XX, y a las futuras generaciones, que nuestra alma nacional continua siendo sensible, solidaria, agradecida, valiente, pese a las críticas condiciones en que actualmente vivimos.

Ya sea esculpida en mármol o fundida en bronce, los cubanos queremos ver ese pedazo de nuestra alma representado en algún lugar de la ciudad de Matanzas.

El dinosaurio de una generación

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Dinosaurio - generación
(Foto: AP/J. Scott Applewhite)

«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Solo siete palabras bastaron a Augusto Monterroso para articular este relato que destaca tanto por su laconismo como por su significación. El micro cuento del escritor guatemalteco ha tenido, a lo largo de la historia, numerosas lecturas. Ahí probablemente radique su fuerza, en que sea el lector quien determine las múltiples aristas del escueto relato, y ofrezca, según su percepción o interés, un significado del mismo.

Recuerdo haber descubierto El dinosaurio cuando era un estudiante universitario. En una feria del libro, caminaba junto a un socio, recuerdo que hablábamos de filosofía, revoluciones, marxismo —conversaciones típicas de dos estudiantes de Historia— y nos cortó el paso un grupo de muchachos —estudiantes de Periodismo o Comunicación, según dijeron—, que filmaban una especie de corto documental sobre el cuento en cuestión y el significado que para los entrevistados tenía.

Habiendo escuchado nuestra conversación, el grupo que desarrollaba un proyecto de investigación, evidentemente quería una lectura política de aquella escueta historia. Sería oro, más en un país tan cerrado a la crítica como el nuestro, en el que esta clase de materiales resultan piezas de arte aunque poco transmitan realmente.

En aquella época yo no pensaba como ahora —bendita sea la dialéctica—, era un muchacho de provincia, de poco mundo y escaso contacto con la realidad. Nublado por el dogmatismo y la visión acrítica que tenía del proceso cubano, decliné dar respuesta a la interrogante: ¿qué representa para ti ese dinosaurio? Aquel momento, sin embargo, me ha perseguido toda una vida.

Unos años después, graduado e impartiendo Historia de Cuba, recurrí al micro relato de Monterroso. Formulé a mis estudiantes la misma pregunta que años atrás había declinado contestar. Las lecturas al mismo, en muchos casos, fueron sorprendentes, pero un elemento común las unía a todas, o a la gran mayoría: el matiz político. Para casi la totalidad de los estudiantes que se motivaron a interpretar la sintética línea, el dinosaurio representaba lo negativo de la sociedad: la burocracia, la corrupción, el egoísmo, etc.; y es lógico, más si se tiene en cuenta la enorme carga política que estos años han tenido para la sociedad cubana.

Dinosaurio - generación
Jóvenes alfabetizadores cubanos en la Plaza de la Revolución, La Habana, 1961. (Foto: Telesur)

Por estas semanas de asfixiante calor, altas transmisiones de dengue y constantes cortes eléctricos, me vino a la mente el cuento del dinosaurio. Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Dándole vueltas a las siete palabras, y cuarenta y una letras que lo componen, no puede evitar pensar en esta Isla, y en las múltiples generaciones que la habitan. Los apagones ayudaron a esas reflexiones, el tiempo muerto y la calma que conllevan, son propicios para la introspección o los debates en la casa, el barrio, o a través de las redes. Sin dar más vueltas, me explico.

Mis padres nacieron en el tercer año de las décadas del sesenta y setenta. La Cuba en que ambos vieron la luz tenía muy fresco en la memoria el recuerdo de la situación anterior al triunfo revolucionario: la amplia desigualdad, la pobreza extrema en las zonas rurales, la corrupción de las administraciones, el terror batistiano, etc.

Igualmente, aquella nación guardaba una vívida imagen de la lucha insurreccional, había coexistido con la alfabetización, Girón, la Crisis de Octubre, los constantes atentados y ataques terroristas estadounidenses, los movimientos de liberación nacional en el mundo, el enorme programa social de la Revolución. Frutos de ese nuevo país que intentaba erigirse, mis padres fueron partícipes del desarrollo de un proceso que parecía indetenible.

Cuando ellos eran jóvenes sobrevinieron los ochenta, la época dorada de la Cuba post 1959, la década en que la población, gracias en buena medida a la ayuda soviética, mejoró ostensiblemente su nivel de vida. Vivieron aquella época dorada pensando seguramente que los años de estoicismo irían siendo, de forma gradual, algo del pasado, un recuerdo vago.

Apenas puedo suponer lo que para ellos y millones de cubanas y cubanos representó aquel discurso de Fidel en Camagüey, durante un acto conmemorativo por el 26 de julio, en el que advertía sobre la posibilidad de la desintegración de la URSS y el campo socialista. Ninguno imaginaba que, tan solo dos años más tarde, Cuba recibiría la noticia de la desintegración del coloso de Europa del Este, y que los duros años iniciales serían nada frente a la austeridad que se impuso en los noventa.

El llamado Período Especial, representó no solo el colapso de la economía cubana y la quiebra de los felices ochenta; significó asimismo el fracaso de un modelo de socialismo identificado con la perfección, con una especie de entelequia. El referente ideológico había fracasado, desaparecido estrepitosamente, el socialismo cubano, de cierta forma, quedaba huérfano.

La difícil década supondría también un resquebrajamiento progresivo de varios de los indicadores de los cuales Cuba tanto se había vanagloriado en decenios anteriores; comenzaría a re-emerger la prostitución —nunca suprimida totalmente—, aumentaban el consumo de drogas, las actividades delictivas, la marginalidad, la pobreza; las brechas sociales, reducidas a diferencias insignificantes, se ensancharían abruptamente.

Todas estas y otras cuestiones asociadas al colapso del modelo, influirían lógicamente en la conciencia de millones de cubanas y cubanos y moldearían, en una Cuba muy distinta a la de sus predecesores, a las nuevas generaciones.

Los hijos del Período Especial, los que vinimos hacia el final relativo del mismo, así como los nacidos en el siglo XXI, somos gente desarraigada. Nuestros padres, aunque carguen con la contradicción de haber vivido dos Cubas diametralmente opuestas, poseen quizás mayor esperanza en la mejoría de la situación del país; nosotros, sin embargo, nacimos desanimados, nuestra memoria colectiva es huérfana de tiempos felices.

Nos queda solo el recuerdo transmitido por los viejos, las vivencias y experiencias que parecen lejanas y resultan, en no pocas ocasiones, meras idealizaciones. Nacimos y vivimos en un país carente de épica. Nacimos y vivimos en una nación con cada vez más amplias diferencias sociales, donde se erigen una vez más fastuosas casas frente a pírricas estructuras; en la Isla donde el salario languidece y amenaza con extinguirse sin rebasar la mitad del mes; en la Cuba de una escueta libreta de abastecimiento; de anaqueles desiertos la mayor parte del tiempo; de la descarnada oferta y demanda, de la corrupción y el egoísmo.

Nacimos y vivimos en la Cuba del Fidel en chándal, sin discursos vibrantes y largas y magnéticas disertaciones, en la época del discurso leído; somos hijos del triunfalismo, las consignas, la fraseología y los planes incumplidos; nacimos y vivimos en una Isla que ve partir a sus hijos, donde el sueño se reduce a surcar el mar, el aire, la selva o el río.

Para nosotros, los noventa eran historias de terror, la certeza de cuán peor podíamos estar. Pocos creímos que viviríamos de primera mano una especie de secuela de aquellos tiempos de apagones y escaseces extremas. Por estos días, en que la migración se ha disparado, en que las divisas campean y reducen a la insignificancia al peso cubano, en que los precios se desorbitan, en que el desabastecimiento agolpa la existencia y los cortes eléctricos minan la estabilidad emocional de cualquiera; los hijos del Período Especial, y de lo que vino después, estamos inmersos en una especie de crisis existencial colectiva.

La eterna espera y la desesperanza son el sino aparente de esta generación desarraigada, y ahí, precisamente, creo que está nuestro dinosaurio, en esa certeza y en la incertidumbre del futuro.

Uno más dentro de esta generación desarraigada.

De vuelta al quinquenio gris, persistencia de la memoria

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Quinquenio gris
(Foto: Pixabay)

La lucha por la concreción de la Revolución como proyecto fue compleja en el segundo lustro de los sesenta. Las tensiones ideológicas no solo se expresaban en el campo de la oposición, sino que incluso muchos revolucionarios se enfrentaron a la  imposición  del marxismo-leninismo como filosofía que sustentaría al modelo manifiesto del «socialismo real» implementado por la URSS y los países del campo socialista. Súmese a ello una serie de acontecimientos, como la muerte del Che en Bolivia y, años más tarde, en 1970, el fracaso de la «zafra de los diez millones».

Dadas las circunstancias económicas del país, en 1972 el gobierno cubano toma la determinación de ingresar en el CAME. Ello trajo como consecuencia, en el ámbito de la ideología, una subordinación a la hegemonía del pensamiento soviético que se contradecía con los principios enarbolados en los mismos inicios del proceso. En las Palabras a los Intelectuales, de Fidel Castro, se había establecido una especie de nudo gordiano, pues la exhortación a conformar un modelo de pensamiento artístico y literario auténtico, libre y propio; era frenada por el requerimiento constante a expresarse dentro de estrictos principios de disciplina, acatamiento y confiabilidad en todos los campos del saber, la ideología y la política.

En 1971 se celebró el Primer Congreso de Educación y Cultura. Como consecuencia del mismo, en la cultura artística se desarrolló —y no solamente entre 1970 y 1975 como muchos plantean—, lo que el ensayista cubano Ambrosio Fornet denominara quinquenio gris, período en el que, a nombre de la integridad, dignidad y moralidad ideológica de la Revolución, fueron segregados y condenados socialmente escritores y artistas de todas las manifestaciones.

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Ambrosio Fornet (Foto: Cubadebate)

Diversos escritos y análisis sobre este álgido momento de la cultura cubana, mencionan los nombres de los grandes escritores José Lezama Lima y Virgilio Piñera, como figuras que ejemplificaron, junto a muchas otras, el escarnio dado por las autoridades culturales a todos aquellos que tuvieran la condición de homosexuales. Sin embargo, la actitud de represalia asumida por los ejecutores de la política dictaminada en el Congreso, trascendió el marco de la homosexualidad —a pesar de ser este el aspecto más polémico a debate—; fueron repudiados igualmente todos aquellos cuyas actitudes se consideraron  «desviaciones ideológicas».

Se juzgaba por problemas de «diversionismo ideológico» a los que gustaban de escuchar música en inglés, fuera rock, baladas o jazz. Hallamos nombres como el de Pablo Milanés, que ya tenía un reconocimiento dentro de la música filinesca, vinculados con las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP);  correccionales donde se intentaba reformar la conducta de jóvenes que presentaran  esas supuestas desviaciones.

Allí fueron a parar religiosos de todos los credos, fundamentalmente católicos; homosexuales, delincuentes y no delincuentes. Sería un  momento propicio para saldar cuentas, saciar envidias de mediocres y pseudo-artistas y obtener reconocimientos con el fin de escalar puestos a partir de victorias pírricas.

No obstante, existe una arista del problema que por lo sensible ha sido poco abordada, y que hoy, a sesenta años de la fundación de la Enseñanza Artística, y a las puertas de someterse a referendo popular, el próximo 25 de septiembre, un nuevo Código de las Familias —que reprueba toda forma de discriminación por motivo de edad, sexo, orientación sexual, identidad de género o discapacidad; condena toda forma de violencia; aboga por la «autonomía progresiva» de jóvenes y adolescentes; otorga a los niños el derecho al protagonismo en sus relaciones cotidianas, su entorno familiar, la escuela y la comunidad; y confiere la prerrogativa a niñas, niños y adolescentes a ser tratados como sujetos de derecho—, sería conveniente retomar.

Se trata del impacto en las entonces nacientes Escuelas de Arte de aquella política cultural, autoritaria, sectaria y dogmática.

Las actitudes de franca  intolerancia de algunas de las direcciones de las Escuelas de Arte con sus estudiantes a partir de la puesta en vigor de lo declarado en el Congreso, evidenció no solo el extremismo y abuso de poder de los directivos, sino su falta de formación profesional para llevar a cabo el proceso docente educativo en un centro de esa índole; más aún, la ceguera e insensibilidad para dirigir escuelas en las cuales se formaban niños, adolescentes y jóvenes con talento artístico.

Estos tristes personajes protagonizaron los episodios más grotescos de castigos, vejaciones y expulsiones realizados en la historia de la educación cubana, ignominia que laceró y mutiló a una pléyade de futuros músicos, bailarines y estudiantes de artes  plásticas.

Es importante señalar que muchos dignos profesores pertenecientes a estos claustros defendieron a sus alumnos, lo que les trajo como consecuencia que fueran estigmatizados y consiguientemente aislados del contexto de la vida cultural de entonces; otros, por miedo a perder el puesto, o por chantaje, se vieron obligados a llevar una doble vida. 

En este proceso de «purga» desempeñó un papel fundamental la Unión de Jóvenes Comunistas que, dentro del estudiantado, sirvió como ejército de vigilancia y delación. Las actitudes juzgadas como desviaciones o diversionismo ideológico por parte de la militancia juvenil, eran informadas en asambleas de estudiantes celebradas semanalmente ante el Consejo de Escuela,  integrado por  dirigentes de organizaciones estudiantiles, militantes, profesores y el Consejo de dirección, y  en las cuales, «autocríticamente», los alumnos eran conminados a responder, delante de todo el estudiantado, de acuerdo con las acusaciones imputadas.

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1971. De la serie “Re-construcción. Quinquenio Gris”. (Imagen: Alejandro González)

Muchos adolescentes y jóvenes fueron víctimas de humillaciones y,  lo que es peor, de maltrato psicológico por simples conjeturas y malintencionada sospecha. Lo triste de ello es que muchos de aquellos  «militantes» que optaron por asumir actitudes extremistas no pasaron a las filas del PCC, otros renunciaron a esa organización, han abandonado el país o están hoy pujando por hacerlo.

De aquella realidad quedan amargas historias, como la del joven pianista matancero Fabio Hernández, al que se le auguraba un futuro profesional pleno y con el cual se ensañaron por hallarle «rasgos de homosexualidad». No solo fue expulsado de la Escuela Mártires de Bolivia, sino que le enviaron como correctivo a trabajar a una prensa en una fábrica de conformación de metales, donde generalmente, sin experiencia, el resultado podía ser la pérdida de una mano o un brazo.

Fue tanta la iniquidad y el menoscabo a su persona, y las heridas psicológicas,  que no pudo soportar y terminó suicidándose. Está el caso también de David Rodríguez de Armas, apenas un adolescente de dieciséis años, estudiante de piano de la misma escuela, reprimido por la misma causa; que un día desapareció y del cual nadie jamás volvió a tener noticias.  

¿Qué decir de la persecución a los estudiantes religiosos de todos los credos?, ¿cuántos tuvieron que  renegar de su Fe, o asistir a sus iglesias, casas de culto o templos corriendo el riesgo de ser delatados o expulsados de las escuelas? A ellos, por sus filiaciones religiosas, no se les consideraba «integrales» y, aun cuando tuvieran probado talento, no les otorgaban becas en el extranjero. Queda en mi recuerdo como docente el nombre de María Magdalena González, que obtuvo el número diecisiete en el escalafón para optar por estudios superiores y por ser metodista no le otorgaron la continuidad en la especialidad que solicitaba.

Sí, es incuestionable que cuando se fundó el Ministerio de Cultura, la política cultural intentó restañar aquellos errores, pero las heridas quedan en la memoria de toda una generación. Algunos artistas que fueron expulsados de aquellos centros docentes lograron hacer carrera en el extranjero. Otros, personas de sólida conducta social, a fuerza de talento se han impuesto y ostentan Premios Nacionales. Incluso, los hubo que por su intelecto y desempeño artístico ocuparon u ocupan cargos de dirección o técnicos; pero la marca indeleble de la injusticia permanece en cada una de sus historias de vida.

Olvidar todo eso sería imperdonable. La sociedad ha cambiado y el contexto aparenta ser diferente; no obstante, es reconocible que en medio de otras realidades aún subyacen reminiscencias de pensamientos y posiciones similares a las de aquella triste época. Ojalá  y  el nuevo Código de las Familias no sea solo el reflejo para el mundo de lo que queremos ser, mientras, en lo profundo de la sociedad, no somos ni estamos preparados para serlo. Ojalá no resulte letra muerta, y que los niños, adolescentes y jóvenes se conviertan en verdaderos sujetos de derecho, para que hechos como los que rememoro, y que sufrí, no se repitan en Cuba.

A medio año de la invasión rusa a Ucrania

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Invasión

El 24 de agosto es fiesta nacional en Ucrania. Se conmemora la Declaración de Independencia que la Rada Suprema proclamó en 1991, fecha en que se restaurara la soberana República Popular Ucraniana, que en 1921 había sido ocupada por Rusia e incluida como una de las quince repúblicas federadas en la URSS. Sin embargo, este día lo que el mundo entero evoca es el medio año de inicio de la invasión rusa y la heroica resistencia ucraniana. Dicho conflicto se halla hoy en un momento álgido y lleno de incertidumbres.

Un mes antes de que Putin proclamara el comienzo de su Operación Militar Especial —léase invasión—, con el pretexto de desnazificar Ucrania y proteger a los pobladores de origen ruso, escribí sobre «el revuelo político y mediático que causó en todo el mundo, a excepción del Gobierno cubano y su prensa oficial, la respuesta ambivalente del jefe de la delegación rusa en las conversaciones con EEUU» a una pregunta sobre si estarían dispuestos a desplegar cohetes en sus países amigos del Caribe.

Entonces aposté porque Rusia no provocaría a EE.UU. de esa manera: «Es más plausible que invadan a Ucrania a que instalen armas en Cuba y Venezuela  [pues]  el espacio vital ruso llega hasta el este de Ucrania y harán todo lo que consideren necesario para evitar que el Donbass sea recuperado por Kiev y convertido en una plataforma de emplazamiento de cohetes que apunten al corazón de su territorio».

No obstante, también quedé sorprendido por la magnitud e intensidad del ataque ruso del 24 de febrero y su avance impetuoso. Aunque no volví a escribir sobre el tema, el debate acalorado en mi muro de Facebook entre partidarios de uno u otro rival —conmigo, o entre ellos— se radicalizó de tal manera que me vi obligado a llamar al orden y respeto a los exaltados.

De entonces acá, la guerra ha tenido vaivenes. La feroz resistencia ucraniana y la enorme ayuda de Occidente —en hombres y pertrechos— ha obligado al alto mando ruso a abandonar su afán primerizo por ocupar Kiev para centrarse en la conquista y anexión del rico suroeste del país: Donbass, costas de los mares de Azov y Negro y la protección de Crimea.

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Combatientes del batallón Azov con una bandera nazi (Foto: WikiCommons)

En esta fecha tan señalada, analicemos sucintamente la marcha y perspectivas del conflicto, su connotación en la geopolítica mundial y sus interpretaciones desde nuestro archipiélago, tan lejos y tan cerca de ambos pueblos.

Los acontecimientos de los últimos meses suelen ser presentados por la mayoría como una sorpresiva operación rusa que tomó desprevenidos a los ucranianos. Nada más lejos de la verdad. Hay cinco aspectos que no deben ser ignorados para comprender esta manifestación actual del viejo conflicto ruso-ucraniano y sus diversas interpretaciones: a) la guerra no empezó el 24 de febrero; b) los ucranianos se habían preparado durante ocho años para la invasión; c) Occidente no es ajeno al estallido y mantenimiento del conflicto; y d) las sanciones a Rusia perjudican a todo el mundo, en particular a Europa.

a) La invasión actual es parte de una guerra que inició en febrero de 2014 cuando triunfó el Euromaidán, sublevación que derrocó al gobierno pro-ruso de V. Yanukóvich, quien desde 2010 había detenido el proceso de integración del país a la OTAN y la UE. Rusia respondió de inmediato con una intervención militar que incluyó:

  • intervención, ocupación y anexión de la República Autónoma de Crimea(febrero-marzo de 2014), sin que el nuevo gobierno ucraniano pudiera movilizar fuerza militar alguna para evitarlo;
  • traspaso a Rusia del 85% de la Flota del Mar Negro y el 50% del ejército asentado en la península;
  • inicio de la llamada guerra de liberaciónen Donetsk y Lugansk, que llevó inicialmente a la derrota aplastante de las debilitadas fuerzas ucranianas a manos de las milicias rusófilas, apoyadas por tropas especiales y equipamiento militar ruso (2014-2015). Con dificultad, el ejército ucraniano se recompuso y detuvo el avance separatista estabilizándose la línea del frente con esporádicas ofensivas y ataques que incluyeron bombardeos indiscriminados sobre poblaciones civiles.

b) Las fuerzas armadas ucranianas, aún en construcción, son una fuerza  poderosa de 250 000 efectivos y un millón de reservistas. Su industria militar es una de las mayores del mundo y es uno de los principales exportadores de armas, entre las que sobresalen diseños propios, como el moderno tanque T-84 Oplot. Los posibles escenarios de guerra habían sido estudiados y fortificados con tiempo, a partir de las experiencias en el Donbass.

El ejército ucraniano tiene amplia experiencia internacional en fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU (Bosnia, Croacia, Kosovo, Líbano, Kuwait, Afganistán, Irak, Congo, Angola, Sierra Leona, Liberia) y acciones conjuntas con países de la OTAN, en particular Polonia. No obstante, su alta corrupción hace esfumarse gran parte del presupuesto militar y perjudica la eficacia operativa de las diferentes fuerzas.

En el país existen varias milicias nacionalistas de corte filofascista e ideología antirusa que ganaron protagonismo militar con la guerra de 2014. Entre ellas, sobresale el Batallón Azov, de clara ascendencia nazi, que fue integrado al ejército regular y ha jugado un rol destacado en la resistencia.

Si bien la inteligencia estadounidense venía anunciando la intención de Putin de invadir Ucrania desde inicios del año, muchos dudaban que se atreviera a tanto; incluso, el propio Zelenski se negó a aceptarlo. El impetuoso avance ruso en cuatro frentes simultáneos parecía sobrepasar la capacidad del ejército ucraniano. Pero no fue así.

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Zelenski tuvo a Rusia como su enemigo número uno. (Foto: AFP)

Pronto los ucranianos demostraron la efectividad de sus tácticas de defensa territorial y el alto precio, en hombres y armas, que debieron pagar las columnas motorizadas rusas en la medida que se adentraban en las vastas llanuras centro-occidentales, con insuficiente apoyo logístico. Lejos de sus bases, quedaban a merced de los ataques sorpresivos del ejército y las milicias, que contaban con modernas armas antitanques, unidades móviles de alto poder de fuego, francotiradores, drones de asalto, aviones y helicópteros que se creían destruidos, y una eficaz información de inteligencia suministrada por Occidente.

En abril, ya Putin se vio obligado a «anunciar» –léase, reconocer? el fracaso de su ofensiva sobre Kiev y plantear una nueva estrategia: la liberación completa de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, solo reconocidas por Rusia, y la ejecución de campañas de tierra arrasada por artillería y misiles, exitosamente aplicadas en Siria. En la práctica, sus ataques van mucho más allá y pretenden consolidar un vasto corredor por la costa de los mares de Azov y Negro hasta Odessa, que provea a Rusia de grandes recursos naturales y una salida segura a los Dardanelos y el Mediterráneo.

c) El rechazo mayoritario del mundo al ataque ruso no puede opacar el reconocimiento de las maquinaciones occidentales para provocar y sostener el conflicto con el fin de empobrecer y humillar a Rusia, aunque ello implique enormes pérdidas humanas y materiales para ambos contendientes. Desde hace años existe un corolario en la política norteamericana: «Estados Unidos está dispuesto a ir a la guerra con Rusia hasta el último ucraniano».

Si bien son ciertas las pretensiones expansionistas e imperiales de Putin en su afán de establecer a Rusia como gran potencia euroasiática, no caben dudas de que la política de inclusión de los países exsocialistas y neutrales del este europeo en la OTAN, constituye un escenario muy difícil de aceptar por Rusia. Los compromisos de 1990-1991 con la URSS y Rusia —que llegó a solicitar su ingreso en la OTAN— de que la alianza atlántica no se extendería hasta sus fronteras fueron totalmente olvidados en la segunda mitad de los noventa.

Al incorporar a Hungría, Polonia, Chequia, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia, Lituania, Eslovenia, Croacia, Estonia, Letonia, Eslovenia, Macedonia Sur y Montenegro; la OTAN fue encimándose hasta alcanzar la frontera occidental rusa. Bielorrusia, Serbia y Ucrania quedaron pendientes. En esta última, la división de la población en torno a la incorporación a la UE se tornó cada vez más aguda y empeoró tras el Euromaidán (2014), cuando los gobiernos de Yushchenko y Zelenski proclamaron a Rusia como su enemigo número uno.

Tras el 24 de febrero, los países occidentales se han esforzado por castigar al agresor y extender la resistencia ucraniana por dos vías: el rearme constante de las FFAA ucranianas, y las sanciones contra Rusia. Decenas de miles de millones de USD y euros se han entregado a Ucrania en armamentos sofisticados, para beneplácito de los combatientes pero también de los mercaderes y las fábricas del complejo militar-industrial. Aunque la resistencia ha hecho buen uso de parte de ellos, muchos han terminado destruidos o confiscados por las fuerzas rusas, o en el mercado negro mundial de armas.

d) Las sanciones han perjudicado grandemente la economía rusa; pero con los enormes mercados chino e indio a su disposición y las contramedidas para proteger el rublo —hoy más fuerte que nunca—, no parece que sean suficientes para quebrar el esfuerzo de guerra de Putin. Por otra parte, muchos fabricantes, mercaderes y consumidores europeos comienzan a encontrar dificultades para producir, traficar y consumir sin la energía y los insumos rusos. El tiempo pasa, the winter is coming, y una pregunta comienza a preocupar a Occidente: ¿cómo sobrevivirá Europa al invierno 2022/2023 sin el petróleo y el gas rusos?

El resto del mundo tampoco escapa a los avatares del conflicto. Rusia y Ucrania son los principales suministradores de cereales y fertilizantes de la economía global y tienen un rol importante en varios otros. Los parlamentos comienzan a rumiar sus inconformidades y proliferan las críticas a Zelenski en la medida en que su anunciada contraofensiva demoledora no acaba de llegar.

Todo indica que el poco tiempo que resta al verano será fundamental para el alto mando ucraniano si pretende reconquistar territorios. Tampoco parece que los rusos, quienes apenas pueden proteger a Crimea de los bombardeos ucranianos, tengan fuerzas para avanzar a sangre y fuego hasta Odessa, como tanto han anunciado.

En su afán de vencer, uno y otro rival empiezan a acariciar la terrible opción nuclear. Los bombardeos ucranianos a la ocupada central de Zaporiya, la mayor de Europa, agitan el fantasma de un Chernóbil multiplicado; mientras, las amenazas de Putin de desaparecer al Reino Unido y a varias capitales europeas con sus misiles hipersónicos nucleares, no parecen simples fanfarronadas. Como bien han sostenido el Secretario General de la ONU, Antonio Gutérrez, y el Papa Francisco, solo las conversaciones y los tratados pueden traer paz y seguridad a los pueblos ruso y ucraniano y evitar un holocausto nuclear que destruya la civilización humana.  

Es interesante apreciar la actitud de las potencias emergentes del grupo BRICS (China, India, Brasil, Sudáfrica), América Latina (Argentina, México, Venezuela) y el Cercano Oriente (Irán, Golfo Pérsico); quienes si bien no apoyan la invasión, tampoco se adhieren a las represalias occidentales y, por el contrario, mantienen un creciente flujo comercial con Rusia que hace inoperantes las sanciones.

En escenario tan complejo, el gobierno cubano ha ido bajando el perfil inicial de cobertura al conflicto, a partir de los descalabros militares rusos y la necesidad de preservar el equilibrio precario entre la negación diplomática del uso de la fuerza como vía de solución de conflictos internacionales y su apoyo tradicional a Rusia, sostén histórico en su enfrentamiento con EE.UU. La escasa información oficial sobre el conflicto es una copia de los comunicados oficiales y medios rusos, donde la palabra invasión no es pronunciada y los crímenes de guerra solo son cometidos por el Batallón Azov.

Sin embargo, una gran parte de la población cubana —aun cuando muchos no compartamos la ideología del gobierno de Zelenski ni la rusofobia de la ultraderecha ucraniana— contempla admirada cómo los combatientes ucranianos han hecho realidad los postulados de la guerra de todo el pueblo y demuestran día a día que el más poderoso invasor puede ser repelido si los hombres y mujeres del pueblo están decididos a defender el suelo patrio y la soberanía de su añorada república frente a las apetencias imperiales del poderoso vecino. 

Mercado cambiario a cuentagotas

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Mercado cambiario
(Foto: La Nación)

A solo tres semanas del anuncio de que el gobierno cubano iniciaría la compra de divisas a un tipo de cambio «paralelo» al oficial, comenzará la venta de las mismas a través del sistema de CADECA (casas de cambio también oficiales). Se sigue apostando a la gradualidad excesiva sin tener en cuenta que el tiempo es una variable crítica y no hay más que perder ni experimentos que realizar.

Las limitaciones impuestas a este proceso indican que se tratará de la implementación de un mercado cambiario a cuentagotas. Solo se venderán divisas a personas naturales, en magnitudes diarias que no superen las que se adquirieren. Existirá un tope de 100 dólares estadounidenses (USD) o su equivalente para el caso de otras monedas aceptadas (euros, libras esterlinas, dólares canadienses, francos suizos y pesos mexicanos) por persona.

Asimismo, solo se han autorizado a treinta y siete CADECA en todo el territorio nacional, concentradas en las ciudades más importantes y en algunas cabeceras municipales. Mientras tanto, en el aeropuerto solo se comprarían divisas a los viajeros y no se venderían (lo cual carece de lógica si se piensa que a los turistas podrían sobrarles cierta cantidad de pesos cubanos, pero la tiene si la consideración predominante es la recaudación).

Así las cosas, este mercado solo podría tener sentido para quienes demandan pequeñas cantidades de divisas que puedan convertir en depósitos en moneda libremente convertible (MLC) para adquirir bienes en las tiendas dispuestas para ello (excepto los USD que no podrían depositarse a esos efectos). Quienes necesitan adquirir cantidades sustanciales para viajar al exterior o emigrar necesitarán acudir al mercado informal, por lo que éste seguirá gozando de buena salud.

Llama la atención que el ministro de Economía y Planificación Alejandro Gil reconozca que «el tipo de cambio es un precio muy importante en la economía» e insista en que «no se trata de decisiones voluntaristas» cuando en la realidad se persiste en ellas y en el desconocimiento de las realidades económicas que resultan de leyes objetivas.

El titular de la cartera comentó en la Mesa Redonda que la cubana «no es una economía de mercado». Y precisamente ese es uno de sus grandes problemas porque se persiste en una economía centralmente administrada que ha probado su ineficacia como modelo de desarrollo. Lo que requiere la economía es construir mercados transparentes, regulados pero no controlados por el Estado.

El gobierno cubano parece tener clara la apuesta de no ceder el control bajo ninguna circunstancia y por eso es incapaz de realizar las reformas profundas que necesita la economía y que deberían apuntar a la libertad de emprendimiento, al fomento de la producción sin limitaciones de tipos de propiedad; y al funcionamiento adecuado de los mercados de bienes y servicios, trabajo, capitales, inmobiliario, y cambiario, entre otros.

Mercado cambiario

Mientras no se realicen transformaciones estructurales de calado, la economía cubana no estará en condiciones de retomar una senda de crecimiento sostenido. Con sus decisiones erróneas en política económica y su escasa voluntad política para producir cambios fundamentales, las autoridades están siendo responsables del fracaso económico del país y ello tiene serias implicaciones políticas.  

En materia cambiaria, la medida más adecuada es establecer un tipo de cambio único a partir de la oferta y demanda de divisas que generen todos los actores en la economía doméstica. Esto significa que en un único mercado concurran los exportadores e importadores de bienes y servicios, turistas, viajeros al exterior, inversionistas, prestamistas y prestatarios de créditos foráneos, etc.

Esto no quiere decir que no existan diferencias entre los tipos de compra y de venta tal y como ocurre en todos los países. Por supuesto que deben existir, porque en esas diferencias reside la utilidad de la actividad cambiaria, como en las diferencias entre la tasa de interés de captación y de colocación reside una de las fuentes principales de las utilidades que reciben los bancos.

Como he expresado en otros textos, la persistencia de los tipos de cambio múltiples, diferenciados entre uno «oficial» y otro «de mercado», crea distorsiones en los precios relativos de la economía doméstica respecto a la internacional y, en consecuencia, reproduce los mismos problemas —a una escala diferente— que existían en los años noventa cuando se implantó la dolarización parcial y se segmentaron los mercados.

Mercado cambiario

Esas distorsiones emiten falsas señales respecto a la competitividad internacional de la producción doméstica. Por otra parte, el ministro Gil insistía en que «una cosa es el mercado cambiario y otra diferente es la actividad de exportaciones e importaciones» que funcionan con la tasa de 1 USD por 24 CUP. Precisamente eso es un problema porque esa desconexión es nociva para la economía.

En los mercados cambiarios de la mayor parte del mundo que usan regímenes flexibles, el banco central no es el que determina el tipo de cambio, sino que ejerce un papel regulador para evitar oscilaciones exageradas de estos por razones especulativas. En ocasiones puede influir indirectamente en el comportamiento de los mismos, comprando o vendiendo divisas extrajeras según sea el caso. Las medidas recientemente adoptadas demuestran que el Banco Central de Cuba carece del músculo para establecer un mercado cambiario en propiedad y para influir sobre él.

Una vez más se crearán condiciones favorables para que florezca la corrupción. ¿Cómo se podrá evitar que funcionarios de algunas casas de cambio retengan ciertas cantidades de divisas para favorecer a familiares o amigos o a cambio de algún tipo de comisión? ¿Cómo podrá evitarse que algunos logren comprar USD a 123,60 CUP y luego los vendan a 135 o 140 en el mercado informal?

Mercado cambiario

Si el banco central estuviera en capacidad de vender a 123,60 en cantidades significativas, el mercado informal tendría que bajar irremediablemente sus precios y de hecho desaparecería, si un mercado formal transparente —no necesariamente estatal— estuviera en condiciones de canalizar las ofertas y demandas de divisas incluyendo a todos los actores de la economía nacional.

Mientras se sigan adoptando medidas de urgencia, parciales y desconectadas entre sí, priorizando las apetencias centralizadoras y controladoras, en lugar de un programa de reformas estructurales, integral y sistémico, no se lograrán superar los actuales obstáculos internos que impiden el desarrollo económico de Cuba y el mejoramiento del bienestar de la sociedad. En consecuencia, la profundización de la crisis económica ahondará la crisis política, de la que ya existen evidencias más que visibles.

Matanzas. Radiografía de un incendio

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Matanzas
(Foto: Néster Núñez)

Desde el momento en que se percibió la magnitud del incendio en la Base de Super Tanqueros (BST) de la ciudad de Matanzas, donde resido, urbe con el enclave geográfico más bello de Cuba, comprendí que estábamos en presencia de un desastre humano, económico y ecológico. En efecto, diecisiete personas fallecidas (entre bomberos profesionales, jóvenes reclutas del SMO y civiles), decenas de heridos y lesionados, una costosa pérdida material para el país en el peor momento posible y una afectación al medioambiente aún no esclarecida.

El sitio se ubica a orillas de la bahía, una parte de la franja de costa de unos 128 km pertenecientes a las provincias de La Habana, Mayabeque y Matanzas donde se exploran y operan pozos de petróleo. La rada, amplia y de aguas profundas, resulta ideal para que los super tanqueros descarguen miles de toneladas de combustible que se almacenan en ocho enormes depósitos, junto al pesado crudo nacional. Su destino: alimentar las termoeléctricas de Matanzas y Mayabeque y ser distribuido a diversos lugares del país mediante carros cisternas.

El incendio

Las teorías comenzaron a la par de las llamas: ¿fue o no un rayo el detonante? y tener que soportar que algunas personas  insistieran en presentarlo como 1) un sabotaje que reforzara la imagen de inestabilidad política, 2) un auto-sabotaje del gobierno, 3) o de «la mano siniestra de los medios enemigos», y dudaran de quienes presenciamos una tormenta eléctrica, breve en el tiempo pero de gran intensidad, con un incendio desatado en ese mismo lapso.

¿Era parte de la salación a la que se ha referido el presidente Miguel Díaz-Canel?, ¿el efecto de un karma colectivo como afirmaron varios?, ¿un castigo de Dios que envió sus siete plagas como aseguraron otros?, ¿o el resultado de cuanta mitología criolla o foránea distrae de la verdadera cuestión? Para nada, la respuesta era muy materialista. Sí hubo un rayo, fenómeno habitual en temporada de verano, y fallaron los sistemas de respuesta contra incendios y los protocolos de seguridad que debían evitar la magnitud del desastre.

Asegurar que falló el sistema de protección contra incendios de la BST no es tener un «prejuicio contra el gobierno», «una perspectiva amarillista que termina en especulación», y mucho menos actuar de «mala fe», como han afirmado algunas personas. La propia prensa oficial, que el primer día del incendio notificó lo ocurrido, dejó muy claro eso, más por lo que calló que por lo que dijo. Los silencios también hablan.

Un texto de Ventura de Jesús, corresponsal de Granma en Matanzas, aparecido el mismo día 5 en la versión digital de ese periódico, tras anunciar que el impacto de una descarga eléctrica provocó un incendio en uno de los tanques de combustible, informaba:

Explicó Rigel Rodríguez, director de la división territorial de la Comercializadora de Combustibles Matanzas, que inmediatamente se activaron fuerzas para sofocar el incendio y evitar que las llamas alcanzaran otros recipientes similares situados en la zona.

Con el uso, básicamente, de agua y espuma, medios especializados del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias se unieron para controlar y sofocar el fuego (…)

Evert Eduardo Díaz, directivo de esa propia entidad, agregó que para apaciguar las llamas fue necesario, además, acarrear agua desde la cercana bahía.

Aunque las causas del accidente están por evaluarse, al parecer se produjo un fallo en el sistema de pararrayos, que no pudo soportar la energía de la descarga eléctrica.   

Matanzas
Primera fotografía del incendio publicada por el periódico Girón.

Ni el periodista que la redactó, ni uno solo de los directivos citados en esa nota de prensa se refirió a la existencia de un sistema de protección contra incendios instalado en la BST, ni aludió a un fallo del mismo, solo del pararrayos; sí enfatizaron en el intento de sofocar el incendio por vías externas a dicho sistema de protección: medios especializados que se unieron inmediatamente, agua acarreada desde la bahía.

¿No debió asombrarles que el sistema en cuestión no funcionara? ¿Por qué hicieron mutis sobre el asunto en esas primeras informaciones? ¿Y si no se sorprendieron, era porque sabían que dicho sistema de protección no iba a funcionar llegado el caso, como en efecto ocurrió?

A partir de ahí, los medios de prensa se enfocarían propiamente en el incendio, en las estrategias para enfrentarlo, la trágica desaparición de personas en la explosión del primer día, el heroísmo de tantos, el arribo de ayuda foránea, la actitud del gobierno norteamericano… entre otros temas. Y era lógico en aquellos primeros días; sin embargo, el incendio lleva extinguido varios y ningún medio oficial ha introducido el peliagudo tema de ¿qué falló y por qué en el sistema de protección contra incendios?

Un sistema de protección que no protegió

La BST en cuestión pertenece a la Unión Cuba Petróleo (CUPET), empresa petrolera más grande del país, estatal y manejada por el Ministerio de Energía y Minas, aunque opera en conjunto con el conglomerado CIMEX (de GAESA), una cadena de estaciones de servicio en MLC.

En Cuba no existen oficinas independientes del gobierno —no estoy defendiendo que sean privadas, sino que no se supediten a este—, que certifiquen la calidad en el funcionamiento de los sistemas de protección y los protocolos de seguridad. Ignoro si es GAESA quien supervisa las inspecciones —dada su relación con CUPET, vía CIMEX— y si estas son internas como es habitual en las instancias administradas por ese oligopolio. Sin embargo, todos los lugares donde se almacenan portadores energéticos son inspeccionados y deben ser certificados asimismo por la Agencia de Protección Contra Incendios (APCI), subordinada al Ministerio del Interior (MININT).

Sobre la certificación por la Agencia de Protección Contra Incendios de productos que la requieran (PDF)

Las infracciones de los sistemas contra incendios son frecuentes en el país. En una información del 3 de septiembre de 2015, la Agencia Cubana de Noticias (AIN) daba cuenta de cerca de trescientas infracciones detectadas en ochenta y seis centros de interés económico y social de La Habana, entre ellas: «Conexiones eléctricas desprotegidas, terminales “sueltos”, tendederas o tomacorrientes sin fijar adecuadamente», además de «insuficiente número de extintores en lugares de almacenamiento de productos químicos».

Es probable que en estos años de crisis y deterioro constante de la economía se hayan incrementado las infracciones. Los sucesos del Saratoga y de la estación de Felton, entre otros, indican posibles violaciones en los mantenimientos programados y normas técnicas.

No obstante, un lugar como la BST de Matanzas —posiblemente el sitio de Cuba donde se almacenan las mayores cantidades de combustible, contabilizadas en miles de toneladas—, ubicado próximo a sitios urbanizados, algunos incluso de valor patrimonial, como el Museo Nacional Castillo de San Severino; requería un sistema moderno y eficiente de respuesta ante incendios, un mantenimiento sistemático a dicho sistema, un apego absoluto a normas de protección y protocolos de seguridad y una calificación específica para lidiar con ese tipo de siniestros, cuyas estrategias de enfrentamiento tienen particularidades.  

Los tanques construidos en la segunda mitad de los ochenta, con financiamiento y asesoría soviética, contaron con un sistema de protección contra incendios y con normas rigurosas para mantenerlo en funcionamiento óptimo. Así testimonia mi amigo Sergio Peña (Sergito), mecánico de mantenimiento que trabajaba desde 1985 en la terminal original, conocida como 320 (antigua Texaco). Él fue de los primeros técnicos de ese lugar que fueron a Kiev a pasar cursos sobre las bombas y la mecánica. Actualmente reside en Estados Unidos, donde se desempeña en la misma profesión:

«Estoy muy disgustado con todo lo que ha pasado en Supertanqueros. Allí murió Fabián Naranjo, hijo de un amigo y sobrino de otro amigo que trabajamos juntos por doce años ahí mismo desde la primera piedra. Esa catástrofe no debió ocurrir, nosotros dejamos instalado y funcionando todo el sistema contra incendios, enfriamiento y espuma.

Se arrancaba y probaba semanalmente, no en esos tanques nuevos sino en los primeros que se construyeron con las normas soviéticas de acero (…) pero además, por aquella época estaba un inspector de los bomberos, creo que de apellido Bonelli, un señor bastante mayor que andaba en un yipi destartalado, con una maletica. Él no salía de allá y varias veces paró la 320 por violar códigos, por salideros y cosas así. De la vieja guardia quedan pocas personas allí. Me duele porque nosotros trabajamos muy duro, yo con dieciocho añitos, semanas, día y noche, bombeando agua desde el muelle probando todo eso (…)».

En la inversión más reciente, que montó otros cuatro tanques, se concibió un sistema de protección mucho más avanzado. Dos personas, que por motivo de su trabajo actual o antiguas responsabilidades conocen bien la BST, y que pidieron no ser identificadas, me confirman de manera independiente que durante muchos años se respetó rigurosamente el mantenimiento programado y se hacían comprobaciones sistemáticas del funcionamiento de dicho sistema.

Ambas coinciden, sin embargo, que en los últimos tres o cuatro años hubo una disminución ostensible de los mantenimientos programados al sistema de respuesta contra incendios y de las pruebas de comprobación de su efectividad. Aseguran que los censores y el sistema de enfriamiento estaban defectuosos, las tuberías que conectaban el sistema tenían roturas, las bombas no funcionaban y el nivel del agua en las grandes cisternas no era el óptimo.

Según una de estas fuentes, existían trabas burocráticas con las empresas que debían abastecer el agua a la BST, y ello explica la escasa disponibilidad en los depósitos. La misma persona afirma asimismo que la sustancia que al mezclarse con agua provoca la espuma, se substraía ilegalmente para ser vendida como detergente líquido en el mercado negro.

Una tercera fuente, vinculada directamente a la construcción del sistema contra incendios en los tanques más modernos (los que no se quemaron), me aclara que la línea del sistema contra incendios fue interconectada con el abastecimiento del agua y la espuma que se hizo en esa inversión; es decir, los tanques incendiados databan de los ochenta pero el sistema más moderno contra incendios los incluyó también.

— De esto solo puedo decirle que hasta donde tengo conocimiento, sí se hacían las pruebas todas las semanas e inclusive los compañeros de los bomberos, la ACPI, siempre estaban arriba de eso. Hasta donde sé, cada jueves se hacía la prueba del sistema. 

— ¿Sería posible que en los últimos años se hubieran relajado esas normas?

— Totalmente de acuerdo (…) Es un tema que siempre se llevó de la mano. Por el riesgo. Ya le digo. Si había algo que llevaban al pie de la letra era el estado del sistema contra incendio.

— O sea, ¿cree usted que el abandono o descuido del mantenimiento programado sea de los últimos años?

— No lo sé, pero la verdad todo apunta a eso. El sistema estaba preparado muy bien, por qué no funcionó debe de haber sido una irresponsabilidad de alguien, es lo que pienso. Ese es un mal bien profundo que nos ha traído las dificultades. Así está Cuba entera. Es lo que tenemos, y sin nada con que trabajar se hace muy difícil evitar estas cosas. Lo más triste es las vidas que se perdieron por esa causa, que no debió pasar.

— ¿Por qué falló todo el sistema de protección ante el incendio, no solo el segmento del tanque impactado por el rayo, sino de los contiguos?

— Es difícil saberlo, eso me imagino saldrá en la investigación, puede haber sido cualquier cosa, desde una válvula que nunca se abrió hasta una irresponsabilidad.

— En varias fotos se percibe a los bomberos al lado de los cañones de agua, ¿por qué no funcionaron los cañones de agua?

— No había agua en el sistema.

— ¿Por qué?

— Es lo que tendrán que investigar. Los tanques blancos que se ven arriba de los nuevos, uno es de agua y el otro de espuma. El agua es dulce y tienen un sistema de apoyo. Le digo que el rayo también fue fuerte. Yo estaba en La Vigía y las puertas, que son grandes, temblaron como si fueran a caerse. (…) Ahora esperemos una investigación, aprender de la experiencia y honrar a esos valientes temerarios.

Matanzas
Los cañones de agua del sistema contra incendios de la BST no funcionaron. En la foto, algunos bomberos junto a dichos cañones. (Foto: Periódico Girón)

Varias interrogantes emergen de estos intercambios. ¿El Ministerio de Energía y Minas puede demostrar que se efectuaban los mantenimientos programados? ¿Existen dictámenes de APCI que evidencien cuándo fue probado por última vez el funcionamiento del sistema de respuesta contra incendios?

En esta época es muy fácil constatar la veracidad de un informe. Para empezar, por la ubicación de la Base de Supertanqueros respecto a la ciudad, siempre fue visible desde muchas zonas la prueba de los cañones de agua que ahora no funcionaron. ¿Hace cuánto tiempo los citadinos dejamos de ver la imagen de los chorros cayendo?

Por otra parte, el incendio ocurrió un viernes en últimas horas de la tarde, ¿qué día de esa semana se probó el sistema? O más bien, ¿se probó el sistema en esa semana como exigían las normas y como durante tanto tiempo se hiciera? ¿Y si no se probó, quién o quiénes se responsabilizan con esa violación de protocolos? ¿El director de la BST?

¿El director general de CUPET, Juan Torres Naranjo, que acaba de ser promovido —apenas extinguido el incendio— a viceministro de Energía y Minas en lugar de estar con una medida cautelar bajo investigación? ¿El ministro de Energía y Minas, máximo responsable por ser quien dirige la instancia administradora de esa empresa? ¿Qué están premiando los que propusieron el ascenso del director general de CUPET a viceministro?

En entrevista a LJC, el arquitecto Maurys Alfonso Risco argumentaba:

«(…) si yo tuviera que participar de una investigación esclarecedora, la cual existirá sin dudas, haría hincapié en los sistemas y cumplimiento de los cronogramas de mantenimiento. He podido constatar —no solo en la Isla, también en la región—, que los incumplimientos o deficiencias en el Mantenimiento Preventivo o Proactivo son progenitores de todo tipo de desgracias en inmuebles e infraestructuras. Hay una tendencia, lamentablemente muy extendida, a centrarse en el Mantenimiento Reactivo, o sea, arreglar cuando algo se rompa».

Tal investigación, en mi opinión, debiera ser autónoma del Ministerio de Energía y Minas y del MININT —pues no se puede ser juez y parte. En ella deberían participar expertos independientes, una representación por parte de las familias que sufrieron la pérdida de un ser querido en el incendio y una representación de la ciudadanía local.

El período en que según las fuentes se debilitó la programación de los mantenimientos y se relajó la comprobación semanal del sistema, coincide con el arreciamiento de la crisis estructural, la tensa situación de pandemia y la nueva dirección ministerial. ¿Es posible que todos esos factores en conjunto hayan incidido en lo ocurrido?

Según la fuente relacionada con el montaje del sistema contra incendios, el pararrayo era el plan A, el sistema de respuesta contra incendios era el plan B, cuando ambos fallaron quedó el plan C: los bomberos.

Los bomberos

Pocas ciudades cubanas han enaltecido y preservado más la memoria de sus bomberos que Matanzas. Allí radica el primer museo de esa temática en Cuba, creado el 12 de noviembre de 1998 y denominado «Enrique Estrada». Los bomberos matanceros tienen una historia gloriosa que se remonta a la tercera década del siglo XIX. Participaban no solo en la extinción de incendios, sino auxiliaban en caso de inundaciones, derrumbes y otros servicios de utilidad.

Su actitud cívica de apoyo a los necesitados se materializó en acciones como la creación de una Estación Sanitaria para atender gratuitamente a la población que no contaba con recursos para acceder a otros centros de salud; o la fundación de un Dispensario para niños pobres que incluía un sillón estomatológico.

Leopoldo Torres y López fue el primer bombero matancero que pereció ante un siniestro, el 2 de julio de 1899. La lista de héroes se incrementaría en la madrugada del seis de agosto de 2022. 

En intercambio con el especialista en la instalación del sistema de protección contra incendios, indagué si en su opinión había existido una inadecuada percepción de riesgo por parte de los bomberos:

Bueno, yo no creo que no hubiera percepción del riesgo, más bien valentía en exceso. En parte los entiendo, los bomberos no están para atender ese fuego, para eso es todo el sistema contra incendio, y sin el arma fundamental debieron sentirse impotentes. Ellos son el apoyo para extinguirlos.

Teniendo Matanzas la mayor base de acopio de combustible en Cuba, debió tener el cuerpo de bomberos mejor equipado del país: carros modernos, mangueras de diámetro y extensiones mayores, un avión cisterna al menos, espuma y productos químicos, trajes y calzado más adecuados. Pero, sobre todo, debieron recibir entrenamiento para identificar las mejores estrategias de enfrentamiento a ese tipo de incendio. Con ese fin, bomberos matanceros y de las provincias vecinas debieron haber sido capacitados en países de la región con experiencia en el manejo de desastres similares, como Venezuela, Brasil y México.

Una publicación del grupo de Facebook Ciudad de Matanzas en Fotos explica que este incendio fue:

«(…) la peor catástrofe incendiaria a la que se enfrenta o ha enfrentado un bombero cubano, creo que nadie en Cuba estaba preparado para enfrentar un incendio de esas magnitudes, pudo alguien haber estado preparado teóricamente pero no prácticamente, era algo nuevo a lo que todos se iban a enfrentar por primera vez desde los más experimentados hasta los menos experimentados.

Cuba tampoco tenía los medios necesarios, ni los recursos que hacían falta para apagar este tipo de fuego, un fuego de estas proporciones, en el hidrocarburo, yo me pregunto si alguien alguna vez se tuvo que hacer la pregunta o hizo la pregunta de: ¿Qué haríamos si un tanque grande del supertanquero se incendiaba? ¿Cómo lo apagaríamos? ¿Qué recursos hacían falta, qué medios, qué logística, qué capacitaciones, qué prácticas, qué plan había contra ese tipo de incendio? Al parecer nunca nadie se hizo esa pregunta (…)».

Estas interrogantes finales nos conducen a una cuestión crucial: el manejo de la crisis a partir de que, ante el fallo del sistema de protección de la BST, el incendio comenzara.

La gestión de crisis ante el incendio

Lo sobrevenido en las primeras horas indica que nadie con responsabilidad de dirección y posibilidad de tomar decisiones se había preguntado en realidad qué hacer si ocurría un incendio en los depósitos de hidrocarburos de la BST.

Desde que comenzó, y hasta que acaeció la explosión que causó la muerte a las personas que allí estaban —entre ellos civiles de apoyo y soldados del servicio militar obligatorio sin entrenamiento para estar en primera línea—, transcurrieron alrededor de diez horas. Ese debió ser tiempo suficiente para que se hubieran decidido estrategias adecuadas.

Si nos remontamos a la comunicación ya mencionada del corresponsal de Granma, se menciona la intención de «sofocar el incendio» y «apaciguar las llamas», algo que pronto demostraría ser un costoso error de apreciación.

En lugar de crear inmediatamente una comisión de expertos que tomara decisiones y estableciera un mando único y un plan de acciones para instaurar las pautas que luego demostraron ser efectivas —no intentar extinguir sino controlar, no sacrificar a los bomberos infructuosamente, no permitir la entrada de personas sin preparación a la zona del incendio, erigir muros de contención para evitar la propagación al resto de la instalación de tanques, solicitar ayuda internacional—; se procedió a convocar a las autoridades y a periodistas como si aquello fuera un ciclón que pasaba.

Sucely Morfa, primera secretaria del Partido en la provincia, que había dicho en un tweet: «Autoridades, cuerpo de bomberos, MININT, las FAR estamos en el lugar», contaría después que tuvo que correr por su vida cuando la explosión del segundo tanque hasta el punto que resultó lesionada. El propio ministro de Energía y Minas se lesionó en el lugar. Hubo periodistas que narraron en detalle los momentos de angustia para ponerse a salvo en aquel infierno de llamas y calor intenso.

Un testimonio de la periodista matancera Lil Rodríguez Jiménez a Cubadebate expone con dramatismo la situación en la zona del incendio en la madrugada del 6 de agosto:

(…) llegamos después de las 4 am a la Comercializadora de Petróleo. Reemplazamos al otro equipo de prensa que estaba en el lugar. El ajetreo no cesaba. Nos dirigimos hacia una zona más cercana. Se hacía todo cuanto se podía para mitigar el incendio. Los camiones cisterna, uno tras otro, iban llegando. Junto a Melisa Blanco, periodista de Radio 26, buscaba información, dialogábamos con quienes hacían frente a aquella situación.

Nos dirigimos hacia el lugar donde se encontraba la primera secretaria del Partido (…). Caminaba y redactaba un pequeño texto para publicar que quedó a medias.

¡Corran! Gritaron. Esto se puso malo. Corrí junto a mi colega (…). El segundo tanque explotó. Sentía que los pies no me daban. Pensaba en Rigo [el camarógrafo] que tomaba unas imágenes más cerca, no lo veía. Seguía corriendo, tenía ardor en los pies producto del calor. ¡Sentía que me derretía!  

El presidente Miguel Díaz Canel había llegado a Matanzas en la madrugada del día 6. Sin embargo, no fue hasta las 9:37 am que un tweet de su cuenta, Presidencia Cuba, anunciara que en ese mismo minuto encabezaba una reunión donde impartía «instrucciones para enfrentar los daños del siniestro». Ya para entonces, hacía más de cuatro horas que diecisiete personas se hallaban desaparecidas y una gran cantidad de lesionados era atendida en el hospital. Habían transcurrido alrededor de quince desde el inicio del incendio.

La prueba fehaciente que pone al descubierto a todos los funcionarios mencionados, son sus propios videos y publicaciones. Haberse presentado en aquel lugar en medio del desastre evidenció su total desconocimiento y otorgó  un aval a la negligencia.

Si el presidente, en su calidad de Comandante en Jefe, presidió una comisión casi quince horas después de comenzado el incendio, ¿quiénes estuvieron tomando decisiones desde el inicio ante lo que ya se sabía que era un desastre? ¿Existió un mando único en esa operación? ¿Se trazó una estrategia conjunta? ¿Quiénes ordenaron que el comando del aeropuerto de Varadero se ubicara directamente en una zona de inminente colapso, pues el tanque les explotó casi acabados de llegar y provocó el trágico récord de la mayor cantidad de muertes en un mismo comando en toda la historia de los bomberos en Cuba?

En lugar de que el presidente, el ministro de Energía y Minas y la primera secretaria del Partido estuvieran metidos en la zona de desastre, donde no podían aportar nada, debieron estar desde muchas horas antes atendiendo al criterio de bomberos expertos, que desde las redes sociales alertaban del peligro y de las erróneas decisiones asumidas. Se demoraron además en solicitar ayuda y asesoría internacional, y cuando lo hicieron fue sin la perentoriedad que el caso requería.

Incompetencia, improvisación y precariedad, bajo un halo de patético triunfalismo, son rasgos que han distinguido a este gobierno; un gobierno que dura cuatro años ya, casi los mismos que según las fuentes se relajó el sistema de mantenimientos y de control efectivo en el sistema de protección contra incendios de la BST.

No importa que tales falencias se revistan de conceptos ampulosos, como el de resistencia creativa, es evidente que se está actuando erróneamente en todos los ámbitos de gobierno: desde el económico, que ha condenado a todo un pueblo, hasta el manejo de desastres, que ocasionó la muerte a muchas personas, entre ellas algunos jovencitos en la flor de su existencia.

De modo que es momento ya de que los medios oficiales y el gobierno expliquen cuándo comenzará a funcionar una comisión investigadora que determine claramente y con transparencia lo ocurrido. Es un derecho estar informados según la propia legislación cubana.

Matanzas
¿Quiénes ordenaron que el comando del aeropuerto de Varadero se ubicara directamente en una zona de inminente colapso, pues el tanque les explotó casi acabados de llegar y provocó el trágico récord de la mayor cantidad de muertes en un mismo comando en toda la historia de los bomberos en Cuba? (Foto: Periódico Girón)

El derecho a la información

Un jurista con gran experiencia en temas ambientales me explica que la BST está bajo un régimen de licencia ambiental. Esa base ha sido inspeccionada  por las autoridades ambientales en muchas ocasiones. Todos esos documentos tienen que ser públicos y se deben exigir a las autoridades. Los ciudadanos de esta ciudad no podemos ignorar el peligro latente en esa zona si, como todo parece indicar, no se están respetando los protocolos y normas establecidas para su funcionamiento seguro.

Esas instalaciones tienen estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgos, obligado por la Defensa Civil; por otra parte, sin las certificaciones de la Agencia de Protección Contra Incendios (APCI) esa base no podía operar, pero para emitir esas certificaciones se debía comprobar el funcionamiento adecuado del sistema de protección ante incendios.

Los documentos sobre su funcionamiento deben ser públicos según el Decreto ley no. 309 «De la seguridad química», publicado en la Gaceta Oficial no. 15, Edición Ordinaria, el 20 de marzo de 2013, que en su artículo 1 explicita como objetivos: «Proteger la salud humana y el medio ambiente de los efectos adversos que se derivan del manejo inadecuado de los productos y desechos químicos peligrosos, a partir del ordenamiento e integración de las actividades nacionales en materia de Seguridad Química», y «Contribuir al cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos por el Estado cubano en materia de Seguridad Química».

Dicha norma dedica la sección quinta al importante asunto De la Información y la Participación Pública. Específicamente en el artículo 22: Sobre el derecho de información, determina: «Toda persona natural y jurídica tiene el derecho a recibir información sobre la naturaleza y los riesgos que representan el manejo de los productos químicos peligrosos a lo largo de su ciclo de vida, así como las medidas de seguridad a adoptar en caso de emergencia química».

La ley obliga. Una ciudad y un país esperan por los resultados de la investigación. Como ciudadana matancera exigiré que la ley sea cumplida.

Cuadrar la cola

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Cola
(Imagen: Wimar Verdecia)

—¿Es el Departamento de Relaciones Públicas del Instituto de Información y Comunicación Social?

—Le dieron mal el teléfono. Somos el Instituto Cubano de Radio y Televisión.

—¡¿El ICRT?! Qué valientes: un año en la clandestinidad.

—¿De qué habla?

—Ustedes pasaron a mejor vida desde agosto de 2021, lo dice el decreto ley 41.

—Mientras sigan pagándome, poco importa si somos presupuestados o presuprestados.

—Me resbala en qué entresijo de la legalidad se encuentran. He llamado para comentar sobre «Cuadrando la caja», una propuesta televisiva «para debatir, cuestionar y llegar a consensos desde el socialismo cubano». Me cuadra, me encaja tanto como el socialismo cubano.

—Está bueno, ¿eh?… el programa digo.

—¿Que si lo está? Yo admiro a la conductora. Pararse ante las cámaras y aceptar que se llama Marxlenin, sin guardar rencor a sus padres… Vaya, que pudieron haberle puesto Enya, inspirados en Federico.

—Que quede entre nosotros: de chiquita le decían Malenita, fueron años felices para ella.

—Traumático pararse ante las cámaras el último domingo y preguntar dos veces sin inmutarse: «¿Son las colas un mecanismo de distribución?». Sus tíos políticos (Marx y Lenin) deben haberse revuelto en la sobrevida.

—Mi mamá marca a cada rato en la tienda de Toyo, y allí se distribuyen gaznatones de todos los colores.

—Porque hay gente que no aprende. Una mujer de 60 años declaró a la televisión desde el Mercado Único: «A lo mejor cuando das una vuelta para tu casa no cogiste nada, porque no puedo estar en la tienda el día entero, desde las cuatro de la mañana marqué, a ver si puedo. ¿Qué pasa?: que las personas marcan, pero unos se van, unos vienen, “delante de mí vienen cuatro”, “atrás de mí vienen cinco”, ¿qué vas a hacer?, el cubano es así».

—Estamos como estamos porque los cubanos somos cubanos.

—Así es. La periodista aseguró: «Algunas soluciones han sido más atinadas que otras. A pesar del desabastecimiento, en algunos lugares se han encontrado las vías para que las colas no sean el día a día de la población».

—Son el mes a mes. Solo puede comprarse una vez cada treinta días.

—«El almanaque de la Revolución tiene la capacidad de movilizarnos alrededor de la infinidad de hitos heroicos vividos a lo largo de estos sesenta y tres años», ha dicho Gerardo.

—Las colas son un hito.

—Y uno de los hitos del programa fue la intervención de un ingeniero en informática para hablar de la aplicación «colas.cu». Me estremeció saber que tienen el registro de 128 000 colas en 761 días en 671 puntos de venta, y («lo más contundente», apuntó el especialista): 1,5 millones de personas, con 3,8 millones de compras registradas.

—Casi tres productos por consumidor. Después hay que oír que la ciencia criolla no ha sido capaz de poner sus resultados en función del desarrollo socioeconómico del país.

—Claro que ese registro no refleja toda la riqueza del fenómeno, pues si dividimos las colas…

—Una cola dividida es un problema.

—…entre la cantidad de días arroja una cifra de 168 colas diarias para casi setecientos puntos de venta. Está flojo eso.

—Pa lo que venden…

—«Como último dato, y muy relevante, es que con el uso de la aplicación colas.cu, es decir, con la informatización de las colas, tenemos por el momento el dato de 522 000 beneficiados», explicó el tipo.

—Menos de la mitad de los que marcan. Los demás quedan marcados.

—Pero esos que regresan a casa cabizbajos, sin pollo pero sin pausa, lo hacen con la felicidad de participar de un análisis estadístico que será contenido de trabajo para decenas de centros científicos, y comidilla para los diputados, ¿entiende?

—Mejor si se convirtiera en almuercillo para todos.

—El clímax del programa fue la pregunta de la conductora: «Si se vende más, ¿cómo es posible que siga habiendo colas», y la posterior respuesta del ingeniero: «Algo a resolver con los economistas».

—¡¿Se está resolviendo el desabastecimiento?! ¿Son los economistas los que deben contestar esas preguntas?

—No se me ponga filosófica. Gracias a la aplicación, 83 000 personas (el cuatro por ciento de la población de la capital) pudieron comprar, pues fueron rechazados igual cantidad de individuos que son, según Marxlenita, «una de las molestias adicionales al problema de las colas»… Mire, acaban de reponerme la electricidad. Dijeron cuatro horas, se pasaron en nueve minutos.

—Esos nueve minutos representan la deuda de gratitud que a partir de hoy contraen las demás provincias con su circuito. En su caso, más que de solidaridad, puede hablarse de internacionalismo.

—Una pregunta adicional: esa última cola que se ha formado ¿es por 23 o por M?

—¿De qué cola habla?

—La que va del punto A al punto B.

Sandino: la fachada gris donde termina Cuba

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(Foto: María Lucía Expósito/LJC)

Crecí en un pueblo ubicado a unos doscientos kilómetros de La Habana. Sandino fue mi burbuja hasta los dieciocho años, cuando la universidad me invitó a migrar para estudiar Periodismo. Volvía cada seis meses a visitar a mi familia. El lugar dejó de ser la nube donde ignoraba al resto del mundo. Sus límites me parecieron más pequeños, una especie de claustrofobia a cuesta de nuevas verdades.

Percibí un sitio distinto viviendo fuera de allí. Varios textos e investigaciones con testimonios mostraron ante mí contextos diferentes sobre el origen de mi ciudad natal. Conocí en el trayecto a muchas personas que también sabían la historia enterrada del municipio, su relación con la región central y los sucesos que allí pautaron la realidad social. Otras imágenes aparecieron ante mis propias perspectivas y, junto a ellas, el interés por documentarlas.

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(Foto: María Lucía Expósito/LJC)

El nombre se relaciona con la figura del nicaragüense Augusto César Sandino. La comunidad Sandino se fundó el 22 de agosto de 1964 en áreas de una granja. En enero de 1965 pasó a ser su núcleo poblacional más importante; es decir, el poblado toma su nombre de la granja y el municipio de esta comunidad. En 1976 se fundó el nuevo municipio Sandino, que incluyó, además del anterior con ese nombre, al de Las Martinas, La Fe, Cayuco y buena parte del municipio Guane. Su extensión es la mayor de la provincia Pinar del Río y la quinta del país.

En esta ciudad, fueron reubicados, como parte de la Operación Jaula, más de 3000 ciudadanos procedentes de la zona montañosa del Escambray en la antigua provincia de Las Villas y catalogados como «colaboradores de los guerrilleros anticomunistas».

Una entrevista del diario Granma al combatiente y asesor de la serie televisiva La otra guerra, Luis Rodríguez Hernández, habla del plan que se implementó para quienes serían parte de la población que comenzó a habitar el municipio Sandino:

«Se enviaron a tribunales a aquellos colaboradores capturados e implicados en crímenes, otros fueron trasladados de la zona, fundamentalmente hacia Sandino, un pueblo que la Revolución estaba construyendo en el extremo oeste de la de Pinar del Río, destinado al desarrollo de la agricultura. Para acelerar la obra se involucraron constructores de todo el país».  

Los testigos que aún viven en Sandino rememoran que por mucho tiempo no pudieron salir del territorio y en contadas ocasiones les fue permitido ver al resto de la familia.

En 1976 fue ampliado el municipio con la nueva división político administrativa. Se organizó entonces en ocho Consejos Populares de los cuales seis mantienen una población mayoritariamente rural más el área urbana de Sandino como cabecera. La ciudad se fue integrando con nuevas familias. Sería también el nuevo hogar de asentamientos poblacionales dispersos y en condiciones de vida precarios.

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(Foto: María Lucía Expósito/LJC)

La mole de prefabricado tuvo en su concepción la mirada y el diseño de Javier Lisímaco Gutiérrez (Maco Gutiérrez), arquitecto de origen boliviano. El interés de Maco por temas urbanos y sociales quedó plasmado en este extenso conjunto residencial. La influencia vino de su paso por la Universidad de Chile, en un contexto donde se vivieron las transformaciones dejadas por la reforma en la enseñanza de la Arquitectura de mediados de la década de los cuarenta del pasado siglo.

Sandino es una de las mayores expresiones de viviendas colectivas desarrollada en Cuba en los años sesenta, época en que se propuso el trabajo con hormigón prefabricado para agilizar el proceso constructivo. El diseño del poblado partía de una comunidad con ordenamiento urbanístico: calles, casas a corta distancia unas de otras, pequeños solares y áreas de servicios y recreación.

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(Foto: María Lucía Expósito/LJC)

Las primeras viviendas tenían —y mantienen— la peculiaridad de ser un espacio dividido en dos. Eran dos casas en una, solo delimitadas por losas de canto, que compartían el patio y el traspatio. Así, las familias reubicadas desde Villa Clara, aparte de haber sido insertadas en las labores de construcción, convivieron con las familias nativas de la localidad en ese sistema, a más de 400 kilómetros de sus hogares naturales.

El espacio urbano se divide por zonas —de la A hasta la P— en sentido oeste-este, y lo conforma una serie de tipologías residenciales, edificios públicos y espacios abiertos a la comunidad. Las zonas A y P tienen más edificios multifamiliares que el resto.

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Detalle del centro comercial. (Foto: María Lucía Expósito/LJC)

Desde una mirada antropológico-social, la ciudad fue laboratorio para la interrelación de habitantes de distintas procedencias. Sus períodos han estado marcados con el abandono del país por causas políticas, las salidas ilegales desde costas aledañas y la migración interna desde las localidades hacia la zona citadina.

La población es de casi 36 mil habitantes, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas. Esta es la cifra más baja de los últimos cinco años respecto al conteo administrativo de 2015, cuando ascendió aproximadamente a 37 mil.

En distintos puntos de la geografía municipal siguen en pie, con aspecto fantasmagórico, treinta y una escuelas secundarias básicas en el campo. Ellas surgieron de un programa que, en 1971, formó en todo el país a miles de estudiantes que compartían el estudio y el trabajo.

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Escuela #29, de las 31 que se edificaron en 1971. (Foto: María Lucía Expósito/LJC)

Estas instalaciones, actualmente en desuso, fueron acondicionadas primero como escuelas latinoamericanas de medicina y luego, en 2012 según la prensa local, como «comunidades agrícolas para fomentar las actividades ociosas». Hoy la mayoría de estos centros permanecen vacíos, salvo uno adaptado a preuniversitario, otro que sirve de albergue a trabajadores y una escuela de agronomía y veterinaria.

Esta esquina de Cuba, vulnerada varias veces por los huracanes, recibió la ayuda del gobierno venezolano con la edificación de 159 viviendas para las familias damnificadas, la restauración de escuelas y la construcción de un grupo electrógeno entre el 2003 y el 2005.

Los más veteranos cuentan que Sandino fue de los territorios que mejor sobrevivieron al Período Especial por tener, además de sus valías agropecuarias, una envasadora de cítricos, una panificadora, una empresa de productos lácteos y confitería y una fábrica de pulpas y conservas. Las dos últimas, en explotación desde 1975, producían yogurt de soya y natural, queso fundido y queso frescal, refresco instantáneo y mezcla para batidos, cakes, dulces en almíbar, panetelas y diferentes conservas. Actualmente el estado constructivo de esas instalaciones es deplorable y la oferta apenas cubre el alto por ciento de la demanda.

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Nave de una de las fábricas en desuso. (Foto: María Lucía Expósito/LJC)

En el cruce de la calle principal y un camino de tierra por donde transitan más coches de caballos que vehículos con motor, se avista la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. El inmueble, inaugurado en 2019, es la primera iglesia católica construida en Cuba después de 1959, con ayuda de un donativo de 95 mil dólares hecho por los fieles en el exilio de la iglesia San Lorenzo, en Tampa.

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(Foto: María Lucía Expósito/LJC)

Mis abuelos cuentan que los apagones superan ahora las doce horas. En tanto, el alumbrado público es mínimo porque las autoridades decidieron ahorrar electricidad, en contraste con sitios más poblados del resto del país.

La fachada del cuerpo de concreto gris donde termina Cuba estará cumpliendo en dos días cincuenta y ocho años. En mis recuerdos de infancia por estas fechas llegaban los carnavales. Abundaban ofertas de comida en las tiendas y puestos del centro comercial. Noches de fuegos artificiales y carrozas.

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(Foto: María Lucía Expósito/LJC)

Con los cambios en la monetización, las tiendas recaudadoras de divisa TRD y Panamericana, junto al Cupet, se convirtieron en tiendas en MLC. La moneda nacional quedó relegada solamente a los mercados ideales y a una unidad de TRD que oferta únicamente agua y culeros desechables.

Los carteles todavía conservan en Sandino el estilo de los ochenta: prometen victoria y continuidad. Mientras, el tiempo ha pasado desapercibido sobre el clima inerte del prefabricado y de una multitud auto-confinada.

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(Foto: María Lucía Expósito/LJC)